Argentina: frente a Lula y Bolsonaro, independencia de clase

por Jorge Altamira //

Atilio Boron ha tomado como pretexto un ballottage entre Fernando Haddad, del PT, y el agente militar, Bolsonaro, para volver a cuestionar el voto en blanco del FIT, en octubre de 2015, para reclamarnos el apoyo político a Haddad en un segundo turno electoral en Brasil.

¿Pero Boron cree de buena fe que el FIT se equivocó en 2015?

Pareciera que a Boron no le alcanza el gran número de los gobernadores, diputados y senadores elegidos por el FpV que han sido los puntales del gobierno macrista en estos años. Olvida que Macri gobierna gracias a ellos y que ahora le van a votar el Presupuesto del FMI. Que han votado 110 de leyes y validado los decretos de necesidad y urgencia y los vetos de Mauricio Macri, y la designación de Rosenkrantz y Rosseti, los magistrados del 2×1. Ante estas evidencias, Atilio Boron se refugia en una falacia de décima cuarta categoría: que Scioli habría sido un adversario más amigable, en una suerte de “votá por tu verdugo preferido”. El mismo argumento se usó para llamar a votar a Menem contra Angeloz, en 1989, y a De la Rúa-Chacho Alvarez, diez años después. Menem convocó enseguida a Alsogaray y Chacho a Cavallo. La confianza en “el verdugo preferido” dificulta mucho la lucha de los trabajadores. Esto no quiere decir que todo sea lo mismo, porque ni siquiera uno es igual a si mismo con el paso del tiempo, como lo demuestra la larga fidelidad de la familia K al menemismo.

Boron no parece haberle prestado atención al triste destino de Rafael Correa, que designó a Lenín Moreno, que se convirtió “al macrismo”. Advertimos contra el “Scioli” ecuatoriano antes (y no después) de las elecciones en Ecuador; a Boron, sin embargo, no le ha servido de escarmiento. O el caso de Daniel Ortega, convertido en agente del capital extranjero y en un Bolsonaro de Centroamérica luego de haber intentado imponer una reforma previsional “a la Macri”. Macri y Scioli tenían como denominador común la adhesión al reclamo de financiamiento internacional, por parte de la burguesía argentina. Es lo que había intentado sin éxito Kicillof cuando pagó al Club de París, indemnizó a la vaciadora Repsol, firmó el acuerdo “off shore” con Chevron (que el macrismo sigue manteniendo en secreto), devaluó el peso en enero de 2014 y procuró arreglar con los buitres por medio de Fábrega y Brito -el dueño del ‘cartelizado’ Banco Macro-.

¿Qué tenemos ahora en Brasil? Bolsonaro es el representante capitalista del revanchismo militar. Por esta misma razón, la derrota de los Bolsonaro no la producirá una papeleta electoral sino una lucha de masas con capacidad de desmantelar el aparato militar. La intención del PT de detener, por medio de maniobras parlamentarias y del cepo a la huelga general, el golpe de estado que destituyó a Dilma Rousseff, resultó un fracaso completo. El golpe se incubó en las entrañas del PT: su aliado Michel Temer y el PMDB. Dilma incorporó al Caputo brasileño, el banquero Joaquim Levi, al ministerio de Economía. El PT seguía una tradición: Lula había designado a un banquero del Boston para manejar el Banco Central, Henrique Meirelles. Si la dupla Lula-Dilma se negó a enfrentar el golpe con las masas en la calle, ¿por qué habría de hacer algo distinto Haddad? A lo mejor se le ocurre integrar a los militares al gabinete como Salvador Allende hizo con Pinochet.

Boron no cuenta que el PT se presenta en alrededor de 15 estados en un misma lista con los partidos golpistas. Reparte con ellos los escaños que se ganen. Estos representantes aliados, ¿defenderán a Haddad, ante una arremetida de los militares de Bolsonaro, o se inclinarán por su vocación golpista? Boron no plantea nada para combatir a Bolsonaro y al alto mando – usa a Bolsonaro como un espantapájaros para justificar el apoyo político a Haddad-. Haddad ya dio su okey a la reforma previsional, que el FMI considera la “madre de todas las reformas”.

El carácter del ballottage, por último, dependerá del realineamiento de fuerzas, luego de la primera vuelta. The Economist ya advirtió que, para el capital europeo, Bolsonaro y un golpe militar serían los males mayores.

Lo que importa, por fin, es lo siguiente: el apoyo a partidos y coaliciones de colaboración de clases es una vía de derrota para los trabajadores.

* Referente del Partido Obrero, Argentina.