Brasil: el primer lugar de Bolsonaro

por Miguel Andrade

Las elecciones generales brasileñas realizadas el domingo han producido la elección del Congreso más derechista desde el final de la dictadura militar respaldada por Estados Unidos de 1964-1985 y le dieron al fascista ex capitán de la reserva del Ejército Jair Bolsonaro una amplia ventaja en la contienda presidencial.

Al no ganar una mayoría absoluta de las papeletas, Bolsonaro enfrentará una segunda vuelta el 28 de octubre contra el candidato del Partido de los Trabajadores (PT) Fernando Haddad. Bolsonaro ganó el 46 por ciento de los votos, apenas un 4 por ciento por debajo de la victoria en la primera ronda. Haddad, un ex alcalde de Sao Paulo, llegó en un segundo lugar distante, con un 29 por ciento, que corresponde a aproximadamente 30 millones de votos. La abstención y las boletas viciadas alcanzaron un récord —40 millones de votos— una cifra significativa considerando que la votación es obligatoria en Brasil y la abstención reiterada se castiga con multas, la retención de pasaportes y, más importante, la exclusión de la función pública.

El doce por ciento votó por Ciro Gomes, del Partido Democrático Laborista, el partido burgués más antiguo de Brasil, heredero de la política corporatista del dictador Getúlio Vargas (1937-1945) y está asociado con la oposición burguesa al régimen militar de 1964-1985.

Geraldo Alckmin, del ex partido tradicional de derecha de Brasil, el Partido de la Democracia Social Brasileña (PSDB), fue testigo de la destrucción electoral de su partido: cayó del 48 por ciento de los votos en la segunda vuelta de 2014 contra el PT a sólo el 5 por ciento en la votación del domingo. Marina Silva, ex ministra de medio ambiente del PT quién desde el 2010 dirigiera el apoyo de secciones de grandes empresas como la poderosa heredera del banco privado más grande de Brasil, Neca Setúbal, vio cómo su voto colapsó del 21 por ciento en 2014 a solo el uno por ciento.

La principal oposición autodeclarada de “izquierda”, la alianza morenista-pablista de la pseudoizquierda, el Partido Socialismo y Libertad (PSOL), obtuvo solo el 0,6 por ciento de los votos, una disminución del 1,6 por ciento en 2014 y muy lejos de su primera Elección en 2006, en la que ganó el 7 por ciento de los votos en base a sus críticas a las políticas neoliberales del PT.

Las elecciones se vieron ensombrecidas por la peor crisis económica en la historia de Brasil, con una caída del PIB entre 2015 y 2016 —la más grande desde la caída de 1929—, y la recuperación más lenta de la historia: según los economistas burgueses, los niveles del empleo y los ingresos medios de 2013 retornarán sólo en el 2027.

Todo el sistema político ha sido completamente desacreditado por el escándalo de corrupción masiva centrado en el gigante energético estatal Petrobras, expuesto en la investigación denominada “Lava Jato” (Lavado de automóviles), que hasta el momento ha descubierto 12 mil millones de reales (US $4 mil millones) públicos robados vía sobornos y pagos ilegales. Además, se demostró que este esquema es parte integral de la llamada política de “campeones nacionales” de favorecimiento de monopolios nacionales en la industria, infraestructura y de agronegocios en los mercados nacionales e internacionales, cuya expansión fue posible gracias al auge de las materias primas a fines de la década del 2000.

El PT, habiendo supervisado el esquema de corrupción masiva y el inicio de la crisis económica, fue testigo de una deserción generalizada de los votantes de la clase trabajadora en las regiones que históricamente había dominado, principalmente en el sur industrial del país, con Bolsonaro ganando una mayoría absoluta del 52 por ciento de los electores en São Paulo como en Río Grande do Sul y un sorprendente 60 por ciento en el estado de Río de Janeiro.

El colapso del apoyo al PT, combinado con las principales protestas de los jóvenes y la clase trabajadora contra el brutal programa de austeridad y privatización impuesto por la sucesora de Lula, la presidenta Dilma Rousseff, comenzó el primer día de su segundo mandato con la nominación del “Chicago Boy ” Joaquim Levy como su ministro de finanzas, lo cual alentó a la extrema derecha a presionar por la destitución de Rousseff en 2016. Aunque su destitución inicialmente fue opuesto por los banqueros, empresarios de agronegocios e industriales como algo “disruptivo”, finalmente le dieron su apoyo para acelerar el programa de austeridad que ella misma había implementado.

A medida que se desarrollaba la investigación Lava Jato, interminables relatos de hombres de negocios encarcelados sobre sus relaciones corruptas con funcionarios del PT, siendo el primero y más importante Lula, proporcionaron medios adicionales para el debilitamiento del PT y, finalmente, el encarcelamiento del propio Lula. La condena de Lula por el cargo de recibir un penthouse frente al mar a cambio de manipular contratos de Petrobras erosionó aún más la posición del PT, sacando a Lula de la carrera electoral. Si bien inicialmente fue el candidato a la presidencia por primera vez, con un 30 por ciento de apoyo, también enfrentó un 50 por ciento de rechazo de los encuestados, mientras que una clara mayoría ha indicado su oposición a su liberación de la prisión.

La retórica anticorrupción, junto con la agitación ultranacionalista contra la “venta” de activos brasileños a China y las inversiones brasileñas en países africanos y latinoamericanos (denunciadas como “limosnas”), combinada con demagogia contra el crimen y antiinmigrante sirvieron como los principales recursos de la cruzada de extrema derecha contra el PT. Deliberadamente fue dirigida hacia la clase trabajadora de lugares olvidados, especialmente las regiones industriales en declive o que luchan por sobresalir.

La investigación Lava Jato se convirtió en una herramienta importante para un giro violento hacia la derecha. Después de la acusación de Rousseff en 2016, su vicepresidente y sucesor, Michel Temer, impuso una reforma laboral que permitía la liberación del trabajo tercerizado en las empresas al mismo tiempo que diezmaba las normas de salud y seguridad. Su gobierno más tarde impuso una congelación del gasto de 20 años a través de una enmienda constitucional. Ante cada ataque, el PT no estaba dispuesto y era incapaz de movilizar a la clase trabajadora. Junto con su confederación sindical afiliada, la CUT, suspendió en el último momento una serie de huelgas generales, incluso frente a la inmensa militancia de la clase trabajadora, fortaleciendo así los llamamientos ultranacionalistas y de extrema derecha para los trabajadores.

Con la clase dominante de Brasil decidida a librar una guerra de clases contra los trabajadores, Bolsonaro ha obtenido un apoyo decisivo de los círculos de negocios, que solían oscilar entre el PSDB y el PT, principalmente la llamada bancada “Biblia, carne y balas” que creció hasta comprender un tercio del Congreso durante los 13 años de mandato del PT y brindó a sus gobiernos un apoyo decisivo para las políticas de derecha en muchas ocasiones.

Lo más importante es que la bancada fue el caldo de cultivo del fascista Bolsonaro, quien ha ocupado un asiento como representante del estado de Río de Janeiro en la cámara baja durante siete períodos consecutivos desde 1991.

En 1999, expresó su deseo de “una audiencia” con el entonces presidente venezolano Hugo Chávez, declarándolo “una esperanza para América Latina” y declarando que ni él ni Chávez eran “anticomunistas”. Por estas posiciones supuestamente “nacionalistas”, Bolsonaro no solo fue tolerado en la alianza del Congreso liderada por el PT, sino que su voto fue considerado importante en contra de las medidas neoliberales que el propio gobierno del PT aceleró durante más de una década —como la reforma de las pensiones del 2003— lo que le permitió tener una fraudulenta pose de populismo de derecha y llamado nacionalista.

Viniendo de Río de Janeiro, una ciudad que el PT transformó prácticamente en un protectorado federal para construir la infraestructura para albergar la Copa Mundial de Fútbol del 2014 y los Juegos Olímpicos del 2016 ante la oposición masiva de los desalojos; la financiación insuficiente de la salud y la educación; las operaciones militares en los barrios de la clase trabajadora, Bolsonaro pudo explotar una percepción generalizada de la traición del PT a los trabajadores en favor de las grandes empresas. También hizo un llamamiento al miedo al crimen con una retórica pro-armas y pro-militar: el gesto característico utilizado por el candidato y sus partidarios ha sido apuntar sus dedos como si estuvieran disparando armas. Bolsonaro ha pedido que sea más fácil para la policía matar criminales, en un país en donde la policía mató a más de 5,000 personas el año pasado.

Bolsonaro enfrenta una tasa de rechazo del 45 por ciento en las encuestas, comparado con el 40 por ciento de su adversario del PT, Haddad. Si este rechazo generalizado es suficiente para que Haddad lo derrote el 28 de octubre, el resultado será un retorno al poder por parte del PT al frente del gobierno más derechista desde el final de la dictadura militar.

Bolsonaro ha indicado que su derrota en las urnas sería ilegítima y ha apelado abiertamente a los militares, que recientemente han intervenido en la política de una manera sin precedentes desde el final de la dictadura, en busca de apoyo.

Mientras recurren a grandes empresas para obtener apoyo y tratan de improvisar una “alianza antifascista” que abarque a desmoralizados políticos “democráticos” de derecha en el PSDB e incluso a conglomerados de medios desacreditados que han producido reportes anti-Bolsonaro, como la red derechista O Globo y la revista Veja, el PT, un partido completamente burgués, no puede ni está dispuesto a hacer un llamamiento de clase a la clase trabajadora.

Las políticas del PT solo fortalecerán la extrema derecha y aumentarán la amenaza de un retorno a una dictadura aún más sangrienta que la que gobernó el país durante dos décadas a partir de 1964.

La única respuesta a estos peligros es la construcción de un nuevo liderazgo revolucionario en la clase trabajadora a través de la construcción de una sección brasileña del Comité Internacional de la Cuarta Internacional.

(Tomado de WSWS)