Borde Costero y Patrimonio Cultural en Valparaíso

por Ibán de Rementería //

En esta quincena son constatables dos hechos atinentes al destino portuario y patrimonial de la Ciudad Puerto. Se anuncia que el Informe de Evaluación de Impacto Ambiental para la ampliación del Terminal 2 ha sido aprobado por la Comisión de Evaluación Ambiental de la Región de Valparaíso, presidida por el Intendente Jorge Martínez, antiguo oponente a dicho proyecto.

Con esto se da por aprobada la construcción de un terraplén de 12 hectáreas y dos frentes de atraque para navíos post panamax en medio del anfiteatro portuario. Representantes del movimiento social porteño informaron de su decisión de judicializar esa autorización por afectar el patrimonio porteño y, eventualmente, la salud de sus habitantes, lo que ya mostró su éxito con el fin del Mall Plaza Barón por la Corte Suprema.

El no convertir el Muelle Barón en un espigón con dos frentes de atraque para navíos post panamax, haciendo uso marítimo portuario de las 16 hectáreas allí disponibles como zona de respaldo con la finalidad destinar ese espacio para recreación, deporte y comercio mediante jardines y equipamiento urbano, y a la vez, oponerse a la ampliación del Terminal 2 en el actual espigón de atraque, es dejar a Valparaíso como puerto sin pan ni pedazo. El destino portuario de Valparaíso para el siglo XXI, de ser el puerto pivote junto con Buenos Aires que articule el Asia Pacífico con el Atlántico sur, se diluye en la incuria de sus autoridades y los liderazgos locales.

Los grafitis son la droga del expresionismo cultural que manifiestan por el mundo, y aquí, la desazón y rebeldía expresiva de los jóvenes, su cooptación turística patrimonial invitando a los visitantes a hacer maldades permitidas, son la principal causa de la ruina patrimonial que afecta a las fachadas de la ciudad puerto patrimonial de la humanidad, en su principal recurso que es el patrimonio arquitectónico.

Esas agresiones turísticas han estallado recientemente como una colección de gigantescos figurines pintados a todo lo alto de numerosos edificios, entre los cuales se destacan los edificios de la Plaza Victoria, de la Plaza de la Intendencia, de Av. Brasil con Las Heras, de Pedro Montt con Freire, de la bajada Urriola con calle Prat, etc. Estas agresiones culturales gigantes han sido cohonestadas y financiadas por las autoridades patrimoniales correspondientes. Estas intervenciones descomunales, al estilo figurín de Carmen Aldunate, realizadas por profesionales del mamarachismo no son ninguna expresión de un muralismo porteño que le sale al paso del grafitismo popular, es solo el buen negocio de un “grafitismo autorizado” que ocupe el espacio mural para inhibir el grafiti popular y resistente.

Hace 45 años la República, que en esta semana celebramos, fue destruida de raíz y sustituida en su totalidad por un mando militar único que duró 17 años y perdura hasta el presente con la espuria constitución Guzmán – Pinochet. La conmemoración de este hecho terrible en lo político, lo económico, lo social y lo humanitario sirvió para comprobar cómo la memoria podía ser enjaulada, así el monumento a los detenidos y desaparecidos en Valparaíso durante la Dictadura Militar, en la Avenida Brasil entre las calles Las Heras y Rodríguez, fue encerrado con una malla de acero aferrada por pilares metálicos que cierran su perímetro, se dice que para así evitar la acción profanadora mediante grafitis realizada por los saldos restantes del pinochetismo nostálgico. Esta memoria enjaulada es toda una metáfora de cómo aquello que merece ser cuidado –la curatoría- como cultura puede ser enjaulado para un buen negocio, como en el siglo XIX se hizo con indígenas chilenos llevados encadenados como bestias a los circos, parques y museos de Europa.

En fin, todo lo anterior, tanto autorizar el mega Terminal 2 contraviniendo las recomendaciones de la UNESCO de proteger los derechos de vistas del anfiteatro de la bahía de Valparaíso, como los figurines gigantes espanta grafitis y la memoria del horror enjaulada, serían buenos motivos para que la UNESCO pusiese a la Valparaíso en la lista de los sitios patrimoniales en peligro. Así vamos inexorablemente camino para dejar de ser “puerto principal” y sitio patrimonial de la humanidad.