Turquía: colapso económico total

por Michael Roberts //

La lira turca está en una crisis total. Ha perdido un 40% de su valor frente al dólar en los últimos seis meses y cayó casi un 20% en la última semana. Ha llegado la hora del juicio final para la economía del país y la errática política económica de su autocrático líder (recientemente reelegido), Recep Tayyip Erdogan.

Lo que ha desencadenado la crisis ha sido el bloqueo de activos en EEUU ordenado por Trump contra Abdulhamit Gul, ministro de Justicia, y Suleyman Soylu, ministro del Interior, por su presunta participación en la detención de Andrew Brunson, un pastor protestante estadounidense. El Sr. Brunson, que ha dirigido una pequeña iglesia en Turquía durante dos décadas antes de ser arrestado en octubre de 2016, está acusado de participar en una conspiración para derrocar a Erdogan. El pastor ha calificado los cargos como “calumnias”. Su detención es sólo uno de varios desacuerdos entre Turquía y EEUU, desde sus posturas divergentes sobre Siria hasta la compra de armas en Estados Unidos.

El pasado viernes, Wilbur Ross, secretario de Comercio de Estados Unidos, anunció que EEUU duplicaría el arancel sobre las importaciones de acero turco para situarlo en el 50 por ciento, porque el 25 por ciento aplicado actualmente no había sido suficiente para reducir las exportaciones turcas a EEUU. “Duplicar el arancel sobre las importaciones de acero procedentes de Turquía reducirá aún más estas importaciones que el Departamento [de Comercio] considera que amenazan la seguridad nacional”, dijo Ross.

Ese fue el gatillo, pero no la pistola que ahora se apuntó a la cabeza de la economía de Turquía. La pistola ha sido el rápido deterioro de la situación económica. Después del fallido golpe militar contra él en 2016, Erdogan puso en marcha un boom de crédito para impulsar la economía, mientras detenía a miles de personas y despedía de sus trabajos en universidades públicas y el gobierno a otras tantas. Insistió en mantener las tasas de interés bajas y bloqueó cualquier medida del Banco Central de Turquía para frenar la inflación desbocada, calificando los tipos de interés como “la madre y el padre de todos los males”.

La economía capitalista de Turquía no lo soportó, justo en el momento en el que se fortalecía el dólar estadounidense tras la subida de las tasas de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos. El problema para Turquía, un país sin recursos energéticos y que cuenta sólo con su mano de obra barata y cualificada es que la gran mayoría de los fondos para su desarrollo industrial, la construcción y el sector inmobiliario viene del exterior: los inversores americanos y europeos. Los ciudadanos y las empresas de Turquía se endeudan de forma importante en dólares y euros.

El aparentemente rápido crecimiento económico de los últimos dos años se ha producido sobre pies de barro (crédito y préstamos del exterior), mientras las importaciones inundaban la economía las exportaciones y la rentabilidad del capital se redujeron sustancialmente en Turquía. El aumento de las tasas de interés y del dólar a nivel mundial acabaron con la fiesta y han enfrentado a Erdogan a las realidades del capitalismo global.

Los bancos y las empresas turcas están en graves problemas. Los pasivos en moneda extranjera de las empresas no financieras de Turquía ahora superan a sus activos en divisas en más de 200 mil millones de dólares.

Los bancos y las empresas del país tienen que hacer frente a miles de millones de dólares de deuda en divisas que vencen. Los bancos de Turquía deben pagar 51.000 millones de dólares el próximo año, mientras que los restantes 18.500 millones corresponden a las empresas no financieras. Estos pagos vencen en un momento en el que el endeudamiento de las empresas alcanza el 62 por ciento del PIB y la mitad de esas deudas es en moneda extranjera (dólares y euros, en su mayoría).

A los inversores extranjeros les preocupa que Turquía no sea capaz de financiar esos pagos. En relación con su deuda externa a corto plazo, las reservas de divisas de Turquía han caído a nuevos mínimos.

Así que el capital ha huido del país y la lira se ha desplomado.

La preocupación esencial para el capital global es que si los bancos y las empresas de Turquía dejan de pagar el servicio de su deuda, los bancos europeos podrían sufrir pérdidas significativas en sus propios balances – lo que los mercados llaman ‘contagio’: la extensión de las pérdidas y las bancarrotas a nivel internacional. Algunos de los bancos de Turquía son de propiedad extranjera y los mayores prestamistas de Turquía son el BBVA de España, UniCredit de Italia y el francés BNP Paribas.

Los bancos turcos tendrían un montón de reservas y los préstamos a Turquía son sólo una pequeña parte del total de los préstamos realizados por estos bancos extranjeros. Pero incluso las pérdidas ‘marginales’ pueden a veces suponer un punto de inflexión cuando las ganancias son escasas. Y la morosidad en los bancos ya han ido en aumento (ver el % de la deuda ‘mala’ en el siguiente gráfico)

¿Cómo puede Erdogan zafarse de este desplome de la lira turca? La solución capitalista es subir los tipos de interés de forma astronómica para bloquear nuevos préstamos. El gobierno debería recortar drásticamente el gasto público y aumentar los impuestos (es decir, la austeridad fiscal) y utilizar el ‘ahorro’ para rescatar los bancos y cumplir con los pagos de la deuda externa. Turquía también debería recurrir al FMI para un préstamo, al estilo griego. Según las reglas del FMI, podría pedir hasta 28 mil millones de dólares para financiar futuros pagos de la deuda, pero quedaría sujeto a los dictados de las medidas de austeridad del FMI. Esta solución capitalista significaría una fuerte crisis de la economía turca, que golpearía a los ciudadanos turcos y dañaría   seriamente el apoyo de Erdogan en el país.

El gobierno podría introducir controles de capital y bloquear cualquier salida  de capital del país. Pero esto significaría que los prestamistas extranjeros dejarían de prestar, llevando a la economía a una depresión de todos modos. O Erdogan podría tratar de obtener financiación de Rusia, China o Arabia Saudí (como Pakistán acaba de hacer). Desafortunadamente para él, no tiene las mejores relaciones con estos países. Erdogan se resiste a todas estas opciones por el momento, pidiendo a sus seguidores que “confíen en Dios” y él.

El mayor problema es la creciente crisis de la deuda de las economías emergentes. Esto es lo que escribí en mayo después de las elecciones generales en Turquía: “El aumento de las tasas de interés mundiales y la creciente guerra comercial iniciada por el presidente de EEUU, Donald Trump, van a golpear a las llamadas economías capitalistas emergentes como Turquía. El coste de los préstamos en moneda extranjera va a aumentar mucho y es probable que se frene la inversión extranjera … ..Turquía está en primera fila para sufrir una crisis de la deuda, junto con Argentina (donde ya ha estallado), Ucrania y Sudáfrica “.

Así que la cosa ira a peor.

(tomado de Sin Permiso)