Documental “Cantalao”, de Diego del Pozo: El robo de un sueño

por Rodrigo Torres Quezada //

Hace un tiempo estuve en Isla Negra. Y como una clásica postal turística, quise visitar el sitio donde yacen los restos de Pablo Neruda y su última esposa Matilde Urrutia. Sin embargo, desistí de ello por dos cosas: una, era el precio. Me pareció extremadamente caro para tratarse de la tumba de quien en vida afirmaba estar del lado del pueblo. Y la otra, era por la sensación amarga que subyacía tras todo aquel aparataje mercadotécnico que se había tejido en torno al vate. El documental de Diego del Pozo, titulado Cantalao: El secuestro de un legado (2017), hizo que entendiera lo que me había pasado aquella vez en Isla Negra.

De Pablo Neruda se pueden decir muchas cosas. Hace poco fue muy debatida su confesión de una violación, por ejemplo. Pero lo que no es objeto de mayor intercambio de ideas, es que contribuyó en posicionar a Chile, junto a Gabriela Mistral, en el podio más alto de la poesía conocida en aquel entonces. El documental de Diego del Pozo nos habla del sueño de Neruda por construir una pequeña “ciudad”, llamémosle un espacio, un mundo solo rodeado por el batir de las olas y el color de las flores, para que los poetas pudiesen vivir un tiempo y ahí inspirarse para poder crear. En este aspecto, el documental rescata puntos importantes y que, al igual como ha sucedido con Gabriela Mistral, el discurso oficial ha acallado por distintas lógicas políticas: Neruda comprendía la poesía como una verdadera militancia a la cual había que entregarse en cuerpo y alma. Ser poeta no era solo hacer odas a la naturaleza, sino que conllevaba convertirse en una especie de soldado de la palabra. De ahí que fuese tan importante y significativo para él, su proyecto de Cantalao. Este concepto, como bien se explica en el documental, es un sitio inventado tal cual como pasó con Macondo para García Márquez.

Otro punto de importancia es que el poeta nunca tuvo nada que ver con quienes detentaron el poder de la Fundación Neruda, apenas falleció. Es aquí donde el documental de Diego del Pozo cobra mayor fuerza puesto que a la vez que se erige como una especie de homenaje a Neruda, es también un documento histórico y político sobre el Chile antes, durante y después de dictadura. Antes del golpe de Estado somos testigos de un país donde se homenajeaba a estadio lleno a un poeta. Hoy en día, en el contexto de la sociedad actual en que vivimos, eso sería impensado. En nuestros días los que llenan estadios o teatros son aquellos vendedores de humo que dan charlas motivacionales a la vez que ofrecen sus panfletos. Pero no poetas. Por ello este documental es una fuente para observar cómo las lógicas del capital han transformado la sociedad.

Por otro lado, y es el principal objetivo del documental, comprendemos el nacimiento de una pequeña corporación que de a poco fue consumiendo todo rastro del Neruda político hasta convertirlo en un mero títere. Un simpático adorno por el cual pagar para decorar la casa. ¿Y Cantalao? ¿Qué pasó con el sueño de darles herramientas a  los poetas para que pudiesen vivir y sentir su arte? Pues quedó en nada. La Fundación Neruda no avanzó con este sueño pues ya no tenía mucha cabida en la visión práctica del mundo, donde solo tiene valor aquello que da dinero. Si la creatividad no hace a alguien millonario, ¿para qué sirve?

Es así como Diego del Pozo nos entrega un gran documento histórico que, más allá de lo que cada quien piense de Neruda, tiene el enorme valor de enseñarnos el estado actual del arte: pequeños enclaves, grupúsculos con poder, que se han apropiado de espacios para la creatividad y los han anulado para darle prioridad al merchandising.

Y usted, la próxima vez que vaya a Isla Negra, ¿se llevará su figurita o souvenir con la cara de Neruda como recuerdo?

Tomado de Cine y Literatura