Chile, de la escasez en la política

por Ibán de Rementería //

De alguna manera hemos pasado de la despolitización de los partidos políticos a la despolitización de la política. El debate nacional sobre si se debe o no llamar la atención a quienes son convocados al parlamento y sus comisiones por presentarse allí sin corbata, simboliza cabalmente la despolitización de la política. Veamos cómo se viene la mano.

Mientras el Gobierno logra sus triunfos con algunos convites de importantes militantes del Frente Amplio (FA) a sus comisiones pre legislativas, también recurre a mediáticas y ya vistas intervenciones antidelincuencias, así como a propuestas reformadoras de las fuerzas policiales bien usando la debilidad de estas en sus desprestigios moral –“pacogate”- e investigativo –“caso huracán”-, donde la medida más concreta es volver a las funciones originales de Carabineros de prevenir  o disuadir el delito, e Investigaciones de pesquisar los mismos. La forestal “guerra de Arauco” sigue sin novedad ya con 30 sabotajes incendiarios en lo que va corrido del año y sin ningún imputado conocido, tampoco víctimas personales. En economía no pasa mucho, el crecimiento del PIB sigue en y se le prevé por debajo de un 3% anual, pese al crecimiento de la inversión, hay seño fruncido por la guerra arancelaria entre la República Popular China y los Estados Unidos de América, no por razones de principios, sino por el precio del cobre; el cierre de la fábrica  Maerks de contenedores y el anuncio de cierre del IANSA, como quien dice no es nada dulce, e indica la baja competitividad industrial de Chile en el mercado global, también hay una angustia íntima, pero a flor de piel, por el derrumbe de las políticas económicas de Presidente Macri y el FMI en Argentina. En lo estratégico, pese a su derrota parlamentaria el Gobierno no se siente acosado ya que bien sabe que puede hacer lo que quiera sin nuevas leyes, ya que la política de los acuerdos de la Concertación y la Nueva Mayoría lo tenía todo previsto para cualquiera que gobernase.

Entretanto, la oposición, o las oposiciones, dicen estar absorbiendo la derrota presidencial y no saber muy bien qué hacer con el triunfo parlamentario en las pasadas elecciones generales, aparte de haber elegido para presidentes del Senado y la Cámara de Diputados a un y una socialista, el partido menos golpeado en las pasadas elecciones, pero que sufrió una estruendosa derrota en la RM a favor del FA.

En lo social el movimiento No + AFP se desinfla desmovilizando a sus adherentes con la propuesta de pedir la instauración constitucional de la iniciativa popular de ley, para una vez aprobado aquello pedir una reforma del actual sistema de pensiones basado en la capitalización individual, en lugar de negociar de una vez en el Parlamento y con los partidos políticos un nuevo sistema previsional solidario y con pensiones decentes.   La ofensiva feminista terminó donde comenzó, en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, las estudiantes pidieron la salida del profesor Carlos Carmona, ex presidente del Tribunal Constitucional por abuso sexual y laboral en contra de su alumna y ayudante, Silvia Brito, pero los “señoros”, y algunas señoras, de la Facultad consideraron ilegal sancionar con la expulsión a tan importante señor, como lo establece el código laboral, y consideraron más que suficiente la sanción administrativa de suspensión por tres meses, al parecer por pagarle a su ayudante por un cargo ad honorem. Del movimiento  estudiantil, solo sabemos que están recibiendo reprimendas por unos casos puntuales de vandalismo incendiario en algunos establecimientos escolares públicos.

En fin, ni el Gobierno lleva adelante grandes reformas de derecha, sino que hace trampitas  por la vía de la “potestad reglamentaria” en la ley de aborto o en la gratuidad de la educación. La oposición, por su parte, no tienen mucho a que oponerse, solo a ciertos nombramientos, o con fracasadas acusaciones constitucionales, o denuncias administrativas por “indelicadezas” en viáticos y pasajes.  El Partido Socialista (PS) quiere aparecer como negándole “la sal y el agua” al Gobierno, y con el oportunismo que lo caracteriza en los últimos años  se declara “partido feminista”. La Democracia Cristiana (DC) y el Partido por la Democracia (PPD) tratan de arreglar sus maltrechas cargas internas después de sus respectivos desastres electorales sin novedades significativas aún.  El FA veleidosamente acepta los convites pre legislativos del Gobierno y no logra ni coherencia política, es decir propositiva, ni organizativa, vale decir movilizadora para lograr tales propuestas de poder. En la derecha los temas valóricos como el aborto, la eutanasia, el matrimonio homosexual, la adopción homoparental y, claro está, las plenas garantías a los derechos de la mujer, o mejor dicho como ellas dicen, la absoluta igualdad de género, tienen alterado al cotarro de la derecha y la centro derecha, pero no es nada grave y les sirve para diferenciarse en algo en su homogeneidad en la defensa cerrada de las políticas de los acuerdos. Ahora la derecha busca su futuro en la “integración social”, sobre todo en el desarrollo urbano, como lo pone en práctica el Alcalde Lavín, incluida fotos de mano cogida con el Alcalde Sharp.

En la izquierda y centro izquierda el debate sobre la provisión de los principales derechos sociales en salud, educación y seguridad social, demandas planteadas por el movimiento social en 2011, más aún desde la “marcha de los pingüinos” el 2006, y cuya promesa  llevó por segunda vez a Michelle Bachelet a la Presidencia de la República, no aparece como tema político, ni en el debate público, ni en el académico, menos aún el asunto de cómo la provisión de esos derechos sociales se van a financiar: ¿con aumento de los impuestos? ¿con nuevos endeudamientos? ¿o se trata sólo de demagogia y populismo?  Hay o no disposición y voluntad política para que el Estado recupere las rentas y utilidades sobre los recursos naturales, las obras publicas y los servicios públicos privatizados primero por la Dictadura Militar y luego por los gobiernos de la Concertación y la Nueva Mayoría.

Las encuestas indican (CADEM N°235, segunda semana julio) que según los consultados sean: “dependiente de su posición política, ¿Usted aprueba o desaprueba el trabajo que está desempeñando….?”: respondieron a favor de Chile Vamos el 43%, ex Nueva Mayoría el 24% y Frente Amplio el 30%, cierto es que la oposición sumaría el 54%, pero esta es una ficción electoral que replicaría los acontecido en las pasadas elecciones generales, triunfo de la centro izquierda en las parlamentarias y de la derecha en las Presidenciales.

Por ahora, la política en centro izquierda aparecer reducida a la búsqueda desesperada del centro por la DC, el PPD y el Partido Radical (PR), así como la angustiosa construcción de la centro izquierda por los mismos más el PS, donde éste se considera el “centro de la centro izquierda”, invitando para completar el arco político progresista al FA, el cual no parece muy interesado pero tampoco “se va de negativa”.

Lo claro en términos electorales próximos es que la derecha unida por su Gobierno con su 43% se puede quedar con la mayoría, de las alcaldías del país si la ex Nueva Mayoría y el FA no van juntos, en el caso de las elecciones de Gobernadores Regionales Vamos Chile puede arrasar en todas ellas. Para la centro izquierda solo las primarias o la segunda vuelta “os salvarán”, pero para eso se necesitan reformas a leyes constitucionales y contar con algunos votos de la derecha. Será una vez más necesario volver a la política de los acuerdos para terminar con “la política de los acuerdos”: dudoso parece ser.

Finalmente, el fantasma de la corrupción que recorre América y el mundo, también asoma la cola en Chile, cuando hay ex concertacionistas ilustres y de la mayor importancia política que firman una carta en defensa de “Lula” da Silva dirigida al Poder Judicial del Brasil, promovida por el ex senador, ex socialista, Carlos Ominami, quien no está siendo procesado por emisión de boletas falsas y corrupción en el caso SQM, simplemente por prescripción –que sobreviene a los tres años-, genera inquietudes de sospecha. Aquello señala que hay una solidaridad interesada en relativizar la corrupción ante la alta política del progresismo, como ha dicho alguien: “la lucha contra la corrupción no nos permite ver la desigualdad”. Esto obviamente es impresentable para los electores y atenta gravemente contra la legitimidad de nuestras instituciones políticas en Venezuela, Nicaragua o Brasil, pero también aquí en Chile. Será por eso que el ex Presidente Lagos Escobar se hace el desentendido de firmar la carta en referencia. Este asunto, aquí localizado, puede traernos sorpresas en la política contingente y también en la alta política.  Si la política es la práctica de la gestión de la distribución del poder, aquí está muy pobre.

(el autor milita en el Núcleo Valparaíso Socialista (IS) del Partido Socialista)