Argentina: ya tiene media sanción la ley de aborto legal, seguro y gratuito.

de Partido Obrero Revolucionario (Argentina) //

Por 131 votos a favor, 123 en contra y 1 abstención se voto en la cámara de diputados este elemental derecho. Es una victoria de los miles de trabajadores que nos movilizamos y fundamentalmente de las mujeres trabajadoras que desde los sindicatos, desde los barrios y lugares de estudio se pusieron a la cabeza de esta lucha.

Es una derrota de este Congreso que viene de votar el saqueo a los jubilados y que amenaza con votar la reforma laboral. Tambien es una derrota de la Iglesia, del Papa Bergoglio y de todo el oscurantismo religioso.

Algunos diputados peronistas y kirchneristas que están armando un frente “anti-Macri” como el diputado peronista Gioja o sectores del FPV votaron en contra. Ahora Cristina Kirchner que se opuso fervientemente a que si quiera se trate la ley de aborto legal por sus concepciones religiosas y oscurantistas, ahora dice que votará a favor en el Senado.

Todas las fuerzas políticas burguesas ya sea nacionalistas o proimperialistas como el PRO, pasando por Libres del Sur y el Movimiento Evita (que están en una alianza estrecha con el Papa y son parte del triunvirato piquetero que concilia con el Macrismo garantizándole la “paz social” a través de los planes sociales que administra la ministra de desarrollo social Carolina Stanley) quieren capitalizar este movimiento de masas electoralmente.

Más que nunca debemos tener presente en que podemos confiar pura y exclusivamente en nuestras propias fuerzas y que si impusimos esta media sanción de la ley fue por medio de la movilización en las calles de cientos de miles, por los métodos de acción directa y no por métodos parlamentarios. Los estudiantes secundarios son un ejemplo ya que tomaron muchísimas escuelas por la aprobación de la ley y contra el artículo que introdujeron algunos diputados burgueses de que las chicas menores de edad de 13 a 16 “deben contar con el permiso de sus padres”, es decir seguir fortaleciendo la familia y quedando a merced de la mentalidad más o menos atrasada de los padres.

También la introducción de la “objeción de conciencia” es otra limitacion que impulsaron estos sectores. No es cierto que con esta elemental conquista se cae el patriarcado como sostuvo una diputada kirchnerista. La instauración del patriarcado (herencia por vía paterna) fue producto del surgimiento de la propiedad privada. La opresión sobre la mujer surge históricamente como resultado de la pérdida del carácter social del gobierno del hogar, que se transformó en un servicio privado y la mujer quedó relegada de la producción social.

La historia de la opresión sobre la mujer es la historia del nacimiento de las sociedades de clase, por tanto, la opresión sobre las mujeres es de clase. Cada salto en el desarrollo de las fuerzas productivas es acompañado por un trastocamiento de las relaciones sociales. Lo que conocemos como familia ha cambiado a lo largo de la historia (gens, familia es- clavista, familia feudal, familia moderna), acomodándose a las necesidades de cada estructura social.

La desigualdad legal de la mujer respecto del hombre en todas las sociedades basadas en la propiedad privada no es causa sino efecto de la opresión económica de la mujer. La historia de la esclavitud de la mujer es la historia del nacimiento de la esclavitud familiar. No hay fin de la esclavitud de la mujer si no se acaba con la esclavitud familiar. La gran industria le ha abierto las puertas a la mujer, proletarizándola re-incorporándola, en otros términos, a la producción social. Luego la ruina de las clases medias urbanas arrojó también a las mujeres de la pequeña burguesía a golpear las puertas por empleos.

Este proceso ha ido minando las bases de la supremacía del hombre en el hogar proletario y de la familia misma tal y como la conocemos. La mujer siempre ha trabajado a lo largo de la historia, produciendo riqueza y valores, aunque sea corriente omitir su contribución a la reproducción de la especie y a la reposición diaria de la fuerza de trabajo a través del invisible pero efectivo trabajo doméstico como a la economía de subsistencia.

Ninguna formación social basada en la explotación del hombre por el hombre podría haberse desarrollado sin la apropiación o complemento del trabajo doméstico realizado en la unidad familiar por las mujeres. En la familia contemporánea el “amor” aparece como mediador de esta relación económica. La mistificación del patriarcado consiste en definir el trabajo de la mujer no como trabajo sino como acción de amor.

Los bajos salarios fuerzan a buscar modos de supervivencia y la unidad familiar es lo único con lo que cuentan los individuos bajo el sistema capitalista, donde la intensificación del trabajo doméstico es la variable para compensar la reducción del poder adquisitivo del salario. El capitalismo ha cargado sobre los hombros de la mujer obrera un peso que la aplasta, la ha convertido en obrera sin aliviarla de la posición a la que se ve sometida como ama de casa y como madre.

El avance en el trabajo asalariado de la mujer mina la estructura de la familia actual. Sin embargo los capitalistas tienen miedo de ir demasiado lejos en considerar los intereses de la clase obrera, se dan cuenta de que el viejo tipo de familia es la mejor arma para ahogar los esfuerzos del proletariado hacia su libertad. La preocupación de lo que le pueda pasar a su familia puede privar al obrero de toda su firmeza.

De acuerdo a los datos de los Censos que se llevaron a cabo en nuestro país, a comienzos del siglo XX del conjunto de los trabajadores, las mujeres representaban menos del 20%, creciendo progresivamente a una tasa mayor que la ocupación general, sobretodo a partir de mediados de siglo, alcanzando un 25% en 1970, 31,9% en 1997 y 42% en 2010.

Decimos que las mujeres trabajadoras cargan con una doble opresión, tanto por el capital y luego por la familia, por el trabajo no reconocido que realizan, necesario para la reproducción de la sociedad. Como demostró la Revolución Rusa, la igualdad legal de la mujer respecto al hombre puede resolverse de inmediato. Nada más que la sed de ganancia de los capitalistas obstaculiza dicha igualdad total respecto al hombre en lo que refiere a salarios, participación política, derecho al aborto, etc. Sin embargo las bases materiales para la igualdad no solo legal sino real entre hombres y mujeres solo podrán comenzar a sentarse bajo la dictadura del proletariado en la construcción del comunismo, cuando todas las tareas que las mujeres realizan en el ámbito privado se desarrollen como industria social, colectiva.

Para diversos grupos feministas la consecución de la igualdad de derechos con los hombres en el capitalismo representa un fin lo suficientemente concreto en sí mismo, la igualdad de derechos para las mujeres proletarias es parte de la lucha para avanzar contra la esclavitud económica de la clase obrera. Estos grupos ven a los hombres como el principal enemigo, las mujeres proletarias piensan en los hombres como sus compañeros, ambos esclavizados por las mismas condiciones sociales.

En el seno de las clases medias se han gestado las teorías feministas sobre el “machismo” que encuentran raíces individuales o al margen de la sociedad de clases para explicar la penosa situación de la mujer en la sociedad moderna. La política proletaria rechaza estas teorías que hablan de opresiones que no serían de clase sino de género. La primacía del hombre sobre la mujer no puede eliminarse con medidas educativas o punitivas, pues responde a la estructura social basada en la propiedad privada.

El patriarcado y la familia monogámica son las formas sociales que se desarrollaron al existir la propiedad privada de los medios de producción. Bajo el capitalismo todas las formas de opresión surgen de la explotación capitalista del trabajo asalariado. Las corrientes feministas son el resultado de la creciente precarización de las clases medias que llevaron a las mujeres de la pequeña burguesia a incorporarse a la producción social en distintos sectores y posi- ciones, disputándose con los hombres esos puestos.

Como expresión de la pequeña burguesía, muchas veces plantean soluciones individua- les reduciendo el problema de las mujeres y la familia a una cuestión de “valentía” o a cuestiones educativas.

Los revolucionarios luchamos por todas las reivindicaciones, por más mínimas que sean, que enfrenten la opresión capitalista sobre la mujer y desarrollen las tendencias objetivas a la incorporación de las mujeres a la producción social, la disolución de la familia burguesa y el paso de las tareas domésticas y el cuidado de los niños a una res- ponsabilidad social.

La liberación e igualdad de la mujer será posible con la reincorporación de todo el sexo femenino a la industria social, la colectivización de las tareas del hogar y la disolución de la familia como unidad económica de la sociedad. La economía doméstica se convertirá en un asunto social, así como el cuidado y la educación de los hijos.

Para luchar por la liberación de la mujer, para acabar con toda forma de opresión, es preciso derribar el capitalismo, la clase obrera debe erigirse como caudillo de la nación oprimida y dirigir la revolución proletaria que acabe con la propiedad privada de los grandes medios de producción.

Para conquistar el derecho al aborto ahora queda el sector más reaccionario del congreso, que es el Senado. El día que se decida a sesionar, volveremos a ser cientos de miles para que las diputados burgueses que están ahí adentro no puedan cajonear una vez más esta ley. Es necesario que sigamos tomando los métodos de la clase obrera, como son la movilización y el corte de calles y es necesario impulsar una huelga general que incluya está y otras reivindicaciones.

-Por la aprobación del aborto legal seguro y gratuito en el hospital.

-Por la expropiación e incorporación de las clínicas privadas y las obras sociales levantando el Sistema Único Estatal de Salud.

-Salario igual a la canasta familiar, igual trabajo igual salario, contra todos los despidos, reparto de horas de trabajo entre todos los trabajadores, luchar contra todos los despidos.

-Rechazar la reforma laboral y el acuerdo con el FMI, nacionalizar sin pago y bajo control obrero los servicios públicos y el petróleo desde su generación hasta si distribución, para derrotar los tarifazos y la carestía de la vida.

-Nacionalizar la banca y el comercio exterior para evitar que se sigan fugando millones de dólares.

¡Viva la lucha obrera!