Los especialistas del Ministro Santelices

por Paulo Gnecco // 

La propuesta de Emilio Santelices, anunciada por Piñera, de crear especialistas en Atención Primaria de Salud (APS), es de un clasismo imperdonable: crear médicos pobres (en términos de su formación profesional, con especialidades de medio pelo) para la atención de los más pobres. Seguro él no se atenderá con estos profesionales si lo requiriese, y ese solo hecho nos hace ver lo mal enfocada que está la política que propone, y lo disruptiva que es con la tradición de rigor académico y profesional que han tenido las especialidades médicas en nuestro país a la fecha, gracias al trabajo de las universidades y las sociedades científicas.

En la Cuenta Pública del Presidente Piñera, al abordar del tema de salud, hizo un anuncio que no dejó indiferentes a los médicos de Chile: la creación de médicos especialistas en Atención Primaria de Salud (APS).

Este anuncio, cargado ya sea de ignorancia o de mala fe, venía a ratificar algo que el ministro Santelices ya había revelado en algunas reuniones con distintas agrupaciones de los médicos de Chile, y era hacer una o varias “especialidades médicas” inexistentes en otros países OCDE, hipersegmentadas, de poca preparación académica, para resolver algún problema concreto (un ejemplo: cardiólogo de atención primaria en circunstancias en que para ser cardiólogo en Chile hay que, una vez terminados los 7 años de medicina general, hacer 3 años de medicina interna y luego 2 años más de subespecialización en cardiología).

Y, de seguro, si el plan prospera, estará también la intención de poder anunciar grandilocuentemente, al final del Gobierno, que se aportaron tantos especialistas más que en los gobiernos anteriores, sin hacer ninguna mención respecto a la calidad de estos.

Este anuncio tiene múltiples consideraciones amenazantes que deben ser conocidas por médicos y por los ciudadanos en general.

En primer lugar, hay que señalar que el anuncio es deshonesto, pues desde 1982 en Chile está formalizada la especialidad de Medicina Familiar, de 3 años de duración (una vez completados los 7 años de pregrado), que se imparte en múltiples escuelas de medicina a lo largo del país. Esta es, en Chile y en el mundo, la especialidad médica encargada de potenciar la APS, puerta de entrada al sistema de salud. Está orientada tanto a los aspectos clínicos que permitan una mayor resolución de las patologías frecuentes de todo ámbito, como asimismo a la gestión de los centros de salud desde los niveles más básicos, como un CECOSF, hasta hospitales de diversa complejidad y roles de dirección en los distintos Servicios de Salud.

Esta especialidad, creada como respuesta al modelo de hiperespecialización surgido principalmente en EE.UU. (donde por cada dolencia hay que ir a un especialista), permite un abordaje integral de las personas asumiéndolas como un todo, más satisfactorio para ellas, ya que no tienen que ir con un especialista para cada cosa, sino que la mayor parte de sus dolencias o problemas de salud se pueden resolver con un solo profesional.

Además, esta visión permite algo muy importante: tener mejores resultados en salud a menores costos (conocido es el caso de que EE.UU. es el país que más porcentaje del PIB gasta en salud, pero está lejos de ser el que tenga los mejores resultados).

En segundo lugar, si bien hay que reconocer que el alcance de la formación en Medicina Familiar, desde su creación oficial a la fecha, ha estado lejos de ser el esperado (como ejemplo, en Canadá, uno de los países con mejores resultados en salud en el mundo, más del 50% de los médicos se especializan en Medicina Familiar), y esto por múltiples razones, entre ellas, la poca disponibilidad de herramientas para la resolución en Atención Primaria (tanto en fármacos como en exámenes) y la subvaloración interpares (me atrevo a decir cada vez más en retirada), entre otros.

No obstante aquello, no se inventa la rueda dos veces, y si es que la especialidad existe y en otros países del mundo se ha demostrado que su expansión como camino profesional permite mejores indicadores sanitarios, la respuesta del Ministerio de Salud debiese estar orientada precisamente a mejorar los aspectos de resolutividad de los que hoy en día la Atención Primaria no dispone, para fortalecer esta vía de especialización, en vez de reemplazarlas por especialidades inexistentes en otros países, sin rigor académico ni profesional.

Un tercer aspecto a mencionar tiene que ver con el estado de las cosas en nuestro país. Sabiendo que el alcance en formación de postítulo para la especialidad de Medicina Familiar no ha tenido el impacto que se hubiese querido, el rol de la Atención Primaria cae relegado muchas veces al médico general. Para ser médico en Chile hay que haber estudiado 7 años de pregrado (excepto en la P. Universidad Católica de Chile, donde redujeron hace algunos años la carrera a 6 por privilegiar el enfoque de especialización). Son estos profesionales los que en mayor proporción se hacen cargo de la Atención Primaria en Chile. Ya sea contratados directamente como médicos municipales o, como se ha incentivado desde hace algunos años a través de los distintos Servicios de Salud, en la modalidad de Médicos Generales de Zona, que han tenido una expansión en cargos disponibles precisamente para llevar recurso médico ya no solo a lugares remotos geográficamente (idea original de esta política), sino que también a sectores urbanos donde se produce una marginación económica.

El estímulo, en la mayoría de los casos, es optar a especialidades con todas las de la ley una vez completados entre 3 a 6 años de trabajo en el lugar respectivo. Si bien el aspecto rotativo, perjudicial para la población más vulnerable, es algo a perfeccionar, los casi 2.500 médicos que están con este régimen desde Visviri a Puerto Williams permiten disponer hoy de médicos generales recientemente egresados, con conocimientos actualizados para el manejo de pacientes en Atención Primaria, ya sea en contexto rural o urbano.

Probablemente idear un modelo que permita conjugar el trabajo del médico general, donde se incentive a que su trabajo sea en el sistema público, donde independientemente del régimen contractual se vislumbren reales posibilidades de desarrollo profesional posterior; sumado, por otro lado, al potenciamiento de la Medicina Familiar como especialidad rectora de la Atención Primaria, formada para dar tratamientos farmacológicos de avanzada (y disponer de dichos fármacos en los recintos asistenciales), hacer procedimientos diagnósticos y terapéuticos (endoscopías digestivas altas, ecografías abdominales, informe de radiografías de tórax), gestionar y administrar los recintos con la independencia profesional necesaria para enfocarlos en las reales necesidades sociosanitarias (y no a los caprichos del alcalde de turno), sea la mejor forma de resolver la encrucijada a la que se enfrenta la medicina en la Atención Primaria del país, instancia de atención promovida por todos los organismos internacionales como la más relevante para obtener como resultado una nación sana y plena, pero que en Chile, a pesar del paso de los gobiernos, no se ha potenciado aún lo suficiente.

La propuesta de Santelices, por el contrario, es de un clasismo imperdonable: crear médicos pobres (en términos de su formación profesional, con especialidades de medio pelo) para la atención de los más pobres. Seguro él no se atenderá con estos profesionales si lo requiriese, y ese solo hecho nos hace ver lo mal enfocada que está la política que propone, y lo disruptiva que es con la tradición de rigor académico y profesional que han tenido las especialidades médicas en nuestro país a la fecha, gracias al trabajo de las universidades y las sociedades científicas.