Las teorías marxistas del imperialismo

por Claude Serfati //

Esta reseña de lectura tiene como objetivo dar una idea de la diversidad de enfoques contemporáneos de las teorías marxistas del imperialismo. No pretende ser una recensión exhaustiva de la literatura sino, más modestamente, enunciar algunos temas que siguen de actualidad.

La reseña comienza con una breve presentación de las teorías clásicas del imperialismo elaboradas a comienzos del siglo XX, después se revisa la actualidad de estas teorías a la luz de un cierto número de autores contemporáneos. Finalmente, explica la cuestión del fin de las guerras inter-imperialistas y de la consolidación del militarismo, un reto ampliamente ignorado en la literatura marxista contemporánea sobre el imperialismo

1. Complementariedad de los análisis

Hobson redactó en 1902 la primera obra crítica documentada sobre la expansión imperialista del capitalismo, cuyo nacimiento sitúa en 1870 y su pleno desarrollo a mediados de los años de 1880 1/. Hobson es un liberal que piensa que el libre intercambio es necesario para poner fin a los males del capitalismo que consisten en una tendencia permanente al bajo consumo y a las desigualdades sociales y a la necesidad de combatir el parasitismo del capital financiero. El capital financiero de Hilferding se publicó en 1910, pero fue escrito durante años por su autor. Es una obra fundamental que aborda la cuestión del imperialismo. El imperialismo es, según Hilferding, “la política económica del capital financiero” 2/. Se basa en el proteccionismo impuesto por los cárteles que constituye un poderoso estímulo para el crecimiento de las exportaciones de capital e implica necesariamente una política de expansión del imperialismo. Igualmente, otros autores marxistas han analizado el imperialismo. La obra de Lenin, El imperialismo, estado superior del capitalismo, sin duda, es la más conocida. En esta obra el capitalismo se describe como “el capitalismo ha llegado a un punto de desarrollo en el que se produce el dominio de los monopolios y del capital financiero, en el que la exportación de capitales ha adquirido una importancia de primer plano, donde el reparto del mundo ha comenzado entre los trusts internacionales y donde ha acabado el reparto de todo el territorio del globo entre los mayores países capitalistas”. Lenin consideraba su trabajo sobre el imperialismo como una contribución a un trabajo colectivo. Las diferentes obras de Bujarin 3/ y de Luxemburg son también fundamentales, especialmente, en las discusiones actuales sobre la pertinencia del concepto de imperialismo.

El punto común de los análisis marxistas de inicios del siglo XX es que el imperialismo se desarrolló a partir de las características fundamentales del capitalismo que suponen un nuevo periodo histórico. El análisis de Marx según el cual “la tendencia a crear el mercado mundial existe junto a la noción de capital” 4/ está plenamente confirmado.

En este marco las teorías del imperialismo aportan dos innovaciones importantes que están resumidas en las definiciones complementarias dadas por Lenin y Luxemburg. Para Lenin: “Si hay que definir el imperialismo de la forma más breve posible, habría que decir que es el estadio monopolístico del capitalismo” 5/. Para Luxemburg: “El imperialismo es la expresión política del proceso de acumulación capitalista que se manifiesta por la competencia de los capitalismos nacionales” 6/. Estas fórmulas resumen las dos transformaciones más importantes que caracterizan la entrada en la época imperialista. Por una parte, las dinámicas de acumulación y reproducción del capital llevan a la formación de un capital monopolístico financiero que controla, a partir de ese momento, los diferentes tipos de capitales destinados a una valorización: capital productivo, capital comercial, capital crediticio, capital hipotecario e inmobiliario, etc 7/. Por otra parte, la formación del espacio mundial -término que se adecua mejor que el de mercado mundial– es indisociable del papel de los Estados que juegan un rol central en el periodo de expansión internacional del capital monopolístico financiero y que diseñan una nueva configuración del sistema interestatal, “el sistema de los estados”, como lo llama R. Luxemburg.

La cuestión que se debate hoy es la de las relaciones entre las dinámicas económicas y geopolíticas. Harvey considera que son dos lógicas autónomas. Callinicos considera que están entremezcladas 8/ sin que, sin embargo, puedan ser reducidas la una a la otra y pone como ejemplo la guerra de Irak decidida por W.G. Bush en 2003. El control de los recursos petrolíferos era al mismo tiempo un medio para consolidar la posición geoeconómica de Estados Unidos frente a sus competidores económicos.

En todo caso, tener en cuenta el papel de los Estados en la formación del capital monopolístico financiero y del imperialismo sigue estando en la línea de los trabajos de Marx. Los análisis hechos en El Capital han sido, a menudo, interpretados como relativos a un capitalismo cuyas leyes de reproducción puramente económicas sobrepasarían ampliamente al Estado. Esta lectura es errónea. Una lectura atenta de Marx, y más exactamente de sus notas sobre el colonialismo, muestra no solamente que, de entrada, ha construido su análisis partiendo del mercado mundial, sino que lo concibe como construido con ayuda de la intervención de los Estados europeos 9/. De este modo, los procedimientos violentos de la acumulación primitiva que implican la coerción de los Estados no están reservados a la fase inicial del desarrollo capitalista, sino que se producen de forma permanente. Complementan a la acumulación normal durante la que las personas asalariadas y quienes las emplean se enfrentan como contratantes libres. La globalización hace hoy coexistir e interactuar formas normales y primitivas de acumulación ilustrando una de las modalidades del desarrollo desigual y combinado.

2. El desarrollo desigual y combinado

La hipótesis de que la acumulación dominada por el capital financiero monopolístico toma posición en el marco de un sistema interestatal jerarquizado está en las antípodas de las teorías de convergencia económica que está en la base de los modelos teóricos dominantes y que ha sido el sustrato ideológico de las políticas económicas llevadas a cabo desde los años 1980 a escala internacional. Esta cuestión ha pasado a la historia como la del desarrollo desigual y combinado abordado por Trotsky en su Balance y Perspectivas de la revolución rusa de 1905. El desarrollo del capitalismo no se implanta en un solo país aislado de los otros países, en consecuencia:

“el privilegio de una situación histórica atrasada -ese privilegio existe – autoriza a un pueblo, o más exactamente, lo obliga a asimilar de golpe lo anterior, saltando una serie de etapas intermedias (…). De esta ley universal de desigualdad en los ritmos se deriva otra ley, que a falta de una denominación más apropiada, se puede llamar la ley del desarrollo combinado, en el sentido de la aproximación de diferentes etapas, de la combinación de fases distintas, de la amalgama de formas arcaicas con otras más modernas” 10/.

Hilferding también había señalado este “privilegio de las naciones atrasadas pero sin desarrollar este punto:

“Hoy el capitalismo se ha implantado en un nuevo país en su más alto y desarrollado nivel a consecuencia de los efectos revolucionarios con una fuerza mayor y un tiempo mucho más corto que, por ejemplo, el capitalismo holandés o británico 11/. Por supuesto que este privilegio de las naciones atrasadas solo conduce a una pequeña minoría del país a alcanzar a los países más desarrollados. Por su parte, Lenin, considera que el desarrollo político y económico desigual es una ley absoluta del capitalismo” 12/.

La teoría del desarrollo desigual y combinado está intrínsecamente vinculada con las teorías del imperialismo. Efectivamente, tiene en cuenta la doble dinámica que configura el imperialismo. Por una parte, el desarrollo de países atrasados se hace bajo “el látigo de las necesidades exteriores” 13/ -es decir: bajo el impulso de la acumulación de capital. Por otra parte, el espacio mundial está basado en un conjunto de países cuya interdependencia económica no suprime las especificidades concretas y menos aún, las diferencias de nivel de desarrollo 14/. No se puede reconocer mejor la persistente realidad de los Estados en el capitalismo contemporáneo más que mediante el minucioso análisis que une lo global con lo local.

Las críticas hechas por los marxistas a las teorías clásicas del imperialismo -es decir, al corpus que acaba de ser presentado– suponen una gradación. Se puede distinguir por comodidad, tres corrientes. De entrada, algunos autores cuestionan la misma validez de su descripción de la situación de inicios del siglo XX. A continuación, otros consideran que, si bien eran exactos en su época, estos análisis no son válidos hoy. Así que lo que hay que preservar de las teorías del imperialismo depende del grado de características nuevas que estos autores encuentran en la coyuntura contemporánea. Por último, otros autores, menos numerosos, buscan en los fundamentos de las teorías del imperialismo los elementos que permiten analizar la configuración actual de imperialismo.

3. Las teorías del imperialismo han sido siempre inadecuadas

Quienes defienden la tesis de que las teorías del imperialismo son poco útiles para comprender el mundo contemporáneo son muchos entre los marxistas. Una parte va más lejos y afirma que estas teorías siempre han sido inadecuadas. Son los marxistas contemporáneos influyentes quienes adoptan esta posición. Harvey, que contribuyó a la comprensión de las dimensiones espaciales de la producción y la distribución del valor 15/, afirma que las teorías del imperialismo se han separado de la teoría de la acumulación elaborada por Marx 16/. Cómo hacer derivar la necesidad del imperialismo de la “lógica interna” del modo de producción capitalista tal como fue analizado de forma “abstracta” por Marx (las comillas son de David Harvey). De hecho, según Harvey, Marx decidió hacer abstracción de todas las contingencias a fin de actualizar las dinámicas de acumulación, de ahí la dificultad de hacer derivar de la teoría “a-espacial” de Marx, una teoría del imperialismo que postula por el contrario la centralidad de los combates geoestratégicos y geopolíticos entre los estados nación 17/. Harvey considera que “las teorías del imperialismo no eran adecuadas ni siquiera en su época” 18/. Las teorías de Lenin, Luxemburgo Bujarin, Kautsky, etc. no tienen interés para una teoría coherente del imperialismo contemporáneo.

El veredicto propuesto por Panitch y Gindin contra las teorías clásicas del imperialismo es igualmente severo: “Eran defectuosas en su lectura de la situación, en su tratamiento de las dinámicas de acumulación de capital y en su transformación en una ley inmutable de la globalización capitalista en un momento de rivalidades inter-imperialistas muy circunscritas” 19/. Sus críticas son abundantes: subestimación del papel de los países subdesarrollados en la exportación de capitales provenientes de países desarrollados, aumento considerable del nivel de vida de la clase obrera en los países desarrollados.

Dos críticas importantes son formuladas por Panitch y Gindin a continuación: las teorías clásicas del imperialismo están basadas en una concepción mecanicista que considera que el capitalismo se desarrolla por fases (cf. Lenin) y que es periódicamente golpeado por crisis económicas. Otro error de estas teorías es su tratamiento reduccionista e instrumental del Estado. Esto lleva a considerar que las guerras han sido la prolongación directa de rivalidades económicas nacionales, a objetar el pretendido paso de una era de librecambio al proteccionismo, característica del imperialismo subrayado desde Hilferding por todos los teóricos del imperialismo. Ahora bien, al contrario de esta afirmación, a lo largo del siglo XIX, el librecambio y el imperialismo habían formado una buena pareja en lo que dos historiadores llamaron, en una tesis famosa (y muy discutida) contra el análisis de Lenin, el imperialismo del librecambio 20/. La conclusión de Panitch y Gindin es inapelable: el análisis del imperialismo capitalista debe estar basado en una extensión de la teoría del Estado capitalista en lugar de estar derivada directamente de una teoría estatalista del desarrollo del capitalismo o estar vinculada a las crisis económicas del capitalismo.

4. La configuración contemporánea del capitalismo

¿Por qué reemplazar las teorías clásicas del imperialismo? A las críticas sobre su fundamentación teórica presentada hasta aquí, es conveniente añadir las que consideran que analizan correctamente la realidad de su época pero que hoy son herramientas inadecuadas para comprender el capitalismo contemporáneo. Sin sorpresa, la hipótesis de una fusión de los intereses del Estado y de los grupos financieros multinacionales, que es compartida por los marxistas de comienzos del siglo XX y llevada al paroxismo por Bujarin en los trusts capitalistas nacionales (o del Estado) 21/, está considerada como la más caduca por la crítica contemporánea. Desde ella, se puede verificar la obsolescencia de las teorías clásicas en dos puntos. Por una parte, la era de las rivalidades inter-imperialistas que se desataron durante las guerras está acabada y, por otra parte, las formas transnacionales del capitalismo contemporáneo hacen al capital y a las clases dominantes, más que a los estados nación, actores dominantes y motores de las transformaciones actuales.

Fin de las rivalidades inter-imperialistas: el imperio (americano)

Panitch y Gindin son los defensores más consecuentes de esta tesis. Una mirada retrospectiva indica que la tendencia del capitalismo a alcanzar la acumulación tiene resultados diferentes. La gran crisis de 1873 alentó las rivalidades interimperialistas y arrastró finalmente a una guerra y la de 1929 se tradujo en una contracción del capitalismo más que por su expansión. Finalmente, la crisis de 1973, al contrario de la precedente, amplió considerablemente la expansión del capital. Por tanto, conviene no subestimar los condicionantes estructurales y considerar que el régimen capitalista es siempre una construcción social contingente. La globalización no es un desarrollo mecánico de las ondas largas del capitalismo, sino un proyecto histórico específico cuya configuración depende tanto de las contradicciones presentes como de los episodios precedentes de la globalización. De forma que el lugar ocupado por EE UU en la historia no estaba predeterminado ni era fruto del azar. Se reforzó después de la Segunda Guerra Mundial, cuando las élites europeas aceptaron la dominación americana. El apoyo de EE UU fue necesario para restablecer las relaciones sociales capitalistas en un contexto en el que las clases dominantes de los países de Europa eran demasiado débiles y/o demasiado desacreditadas para volver a poner en marcha solas la acumulación del capital 22/. Esta estructuración del orden mundial alrededor de EE UU les parece sólidamente establecida gracias a la interpenetración de los capitales nacionales a la que corresponde una internacionalización de los Estados más poderosos, es decir, su capacidad de gestionar el capitalismo global. Esta gestión del orden mundial no está amenazada pues al contrario de lo que habitualmente se afirma, no hay ningún signo de declive de la hegemonía económica americana. Este punto de vista es criticado 23/.

Ellen Meiksins Wood : finalmente, el imperialismo (el imperio del capital)

E.M. Wood, cuyos trabajos y los de Robert Brenner han sido calificados como marxismo político, publicó en 2003 El Imperio del capital 24/. La expresión puede sorprender, pero el objetivo es a la vez desprenderse de las connotaciones pasadas, incluyendo las precapitalistas, del término imperialismo y de subrayar que la nueva era que se ha abierto después de la Segunda Guerra Mundial, ha extendido por fin el poder del capital a escala mundial. Evidentemente, Wood no ignora el periodo calificado por el historiador P. Bairoch de primera globalización (1880-19149) y estima que las teorías marxistas del imperialismo lo analizaron correctamente (su punto de vista es diferente al de Harvey). Sin embargo, el imperialismo clásico,tal como funcionaba antes de 1914, estaba todavía marcado por las barreras políticas -las que erigían los estados nación. No obstante, Wood recuerda que el capitalismo está definido por una lógica totalmente singular, precisamente, una forma de extracción de valor creado por los productores que obedece a un impulso interno (o endógeno) (“¡acumulad, acumulad”! Es la ley de los profetas” 25/, escribe Marx). Así se distingue de los modos de producción anteriores, en los que las clases dominantes habían recurrido, inevitablemente, a métodos coercitivos extra-económicos para apoderarse del valor creado por los productores.

Se reconoce aquí la gran importancia que Wood concede en sus trabajos a la separación de lo político (la coerción), de lo económico (el mercado) como criterio singular del capitalismo. Según ella, esta separación era todavía parcial –aunque ampliamente comprometida– en la época del imperialismo clásico. Los marxistas tenían razón al tener en cuenta la interacción entre economía y política -dicho de otra forma, la “fusión de los Estados con el capital”, que culmina en las guerras. Sin embargo, después de la Segunda Guerra Mundial, “los imperativos económicos fueron suficientemente poderosos y profundos para formar instrumentos sólidos de la dominación imperial” 26/. Los Estados, organizados en un sistema internacional, no desaparecen con la llegada del imperio del capital y su papel sigue siendo determinante. Sin embargo, los medios coercitivos, cuando se ejecutan en los procesos de trabajo (proceso de acumulación primitiva) reflejan la no conclusión de las lógicas de la acumulación tal como Wood las analiza y cuando consisten en instrumentos militares (por Estados Unidos) son política y económicamente costosos y contradictorios con la dinámica del capitalismo 27/.

David Harvey y el nuevo imperialismo

Harvey data la emergencia del imperialismo capitalista a mediados del siglo XIX cuando la burguesía toma el poder en los países europeos y su datación sigue la de Hannah Arendt. Diferencia en el imperialismo dos lógicas que, en realidad, forman la trama de la historia del capitalismo: una lógica de acumulación pero también una lógica territorial. Porque el capitalismo enfrentado a una sobreacumulación del capital encuentra en su expansión geográfica uno de los vectores más poderosos para hacerle frente 28/. La incesante expansión territorial es una tentativa de hacer frente a los periódicos impasses de la acumulación y uno de los medios más eficaces para realizar la plusvalía, un proceso que designa con el término difícilmente traducible de “spatial fix”. El imperialismo es la modalidad adoptada por el capitalismo para proseguir esta expansión. Sin embargo, Harvey observa que la fusión de las dos lógicas encuentra hoy obstáculos, incluso si la integración de China y la URSS dio un nuevo aliento al capitalismo. Estos obstáculos se deben al hecho de que la acumulación de capital para controlar el espacio exige una inmovilización enorme de capital fijo, en el sentido de inversiones a largo plazo que aseguran, en el mejor de los casos, una rentabilidad del capital en un horizonte temporal lejano. De ahí los esfuerzos del capital por remontar estos obstáculos a su conquista del espacio mediante el recurso a la acumulación por desposesión, una noción que, a pesar de lo que él dice, está bastante alejada de la de acumulación primitiva utilizada por Marx. J. Smith considera que Harvey, en realidad, niega el concepto de imperialismo 29/.

El imperialismo transnacional

Las tesis del imperialismo transnacional se oponen más o menos a los análisis precedentes sobre la cuestión del Estado. De hecho, la extensión internacional del capital a lo largo de los tres últimos decenios, calificada de globalización, representa para algunos autores marxistas un cambio radical, a menudo calificado de imperialismo transnacional. W. Robinson lo resume así:

“la globalización representa una nueva época en la evolución del capitalismo mundial, caracterizada por la llegada de una producción y de un sistema financiero mundial integrado, la emergencia de una clase capitalista transnacional y el nacimiento de un aparato del estado transnacional” 30/.

La clase capitalista transnacional está compuesta de accionistas y dirigentes de grandes empresas multinacionales, de élites burocráticas de las instituciones internacionales, pero también de dirigentes de los partidos políticos dominantes, los conglomerados que controlan los medias, las élites de tecnócratas y altos funcionarios de los países del Sur y del Norte así como de intelectuales orgánicos que suministran la argumentación ideológica 31/.

El trípode sobre el que se apoya esta nueva era histórica, producción y finanzas globales-clase capitalista transnacional-estado transnacional, reproduce así a escala mundial los procesos seculares del desarrollo de los países capitalistas en el marco de los estados nación. Las teorías clásicas del imperialismo eran fundadas, pero fechadas históricamente. De hecho, hoy, la globalización opera en las esferas económicas, políticas y cultural-ideológicas 32/. El sistema global que emerge es pues, más amplio que el capitalismo global, incluso si las fuerzas capitalistas son las principales responsables de su advenimiento.

Esta tesis del imperialismo transnacional, a menudo, está identificada como próxima de la conjetura sobre la emergencia de un ultra-imperialismo formulada por Kautsky en plena guerra mundial. Kautsky explica que las rivalidades inter-imperialistas no son inevitables y que “la consecuencia de la guerra mundial entre los grandes países imperialistas podría ser la formación de una federación de los más poderosos de ellos que formarían una federación y renunciarían a la carrera armamentística”33/.

Es esta suposición de un capitalismo pacífico esbozada por Kautsky, que se podía ya encontrar implícita en escritos anteriores y no la tesis expuesta por Lenin, la que se cumplió efectivamente, al día siguiente del fin de la Segunda Guerra Mundial, según algunos marxistas (por ejemplo Panitch y Gindin) y solamente después de 1980, para los partidarios del imperialismo transnacional. Los analistas marxistas clásicos consideraban que algunos Estados perderían lo que otros ganarían. Pero las críticas de las teorías clásicas del imperialismo afirman que el desarrollo de los intercambios económicos no es un juego de suma cero, sino positivo para el capitalismo, lo que puede explicar la situación de paz entre países imperialistas. Esta afirmación es criticada a su vez, pues se apoya en una identificación de interdependencia económica y de cooperación interestatal mientras que solo es una de las modalidades de la competencia entre capitales y por extrapolación, de los Estados 34/.

La tesis del imperialismo transnacional ha sido objeto de varias críticas. La integración efectiva de una clase transnacional no parece confirmada por estudios empíricos de las redes de dirigentes de las grandes empresas transnacionales. De hecho, la formación de redes transnacionales a la cabeza de los grandes grupos mundiales es innegable; sin embargo, se apoya en las bases nacionales que resisten 35/. Además, esta tesis mantiene una concepción instrumental del Estado que supuestamente se adapta a las necesidades del capital transnacional. La situación actual reproduciría un esquema de adaptación del Estado a las necesidades del capital idéntica a la que se realizó hace dos siglos en el marco nacional. Esta tesis denota la falta de comprensión del modo de formación y del papel del Estado 36/. Se puede añadir que identificar los flujos financieros que atraviesan el planeta con la emergencia de un capitalismo global –un término que es eminentemente discutible– es añadir confusión al debate pues las relaciones capitalistas son relaciones sociales y como tales, son políticamente construidas y territorialmente definidas 37/. El capital-propiedad, que se encarna en los activos financieros, claro que puede circular a la velocidad de la luz alrededor del planeta, pero su valoración depende finalmente de la producción de valor gracias a los procesos de trabajo que continúan localizados y diferenciados según los países en los que radican. Esta desigualdad de situación es consustancial al capitalismo. Finalmente, los aparatos militar-securitarios que están arraigados sobre los territorios nacionales no tienen como objeto solamente la defensa (o el ataque) contra los países enemigos, son un elemento también dirigido al mantenimiento del orden interno del país en las coyunturas en las que la reproducción pacífica de las relaciones sociales está amenazada 38/.

Asimismo, podemos preguntarnos qué dicen las teorías del imperialismo transnacional de los efectos de la crisis abierta en 2008. Esta agudizó la crisis de competencia entre las grandes empresas multinacionales (EMN) en los mercados próximos a –o ya alcanzados por– la saturación. La crisis produjo un reforzamiento de las medidas proteccionistas que los gobiernos más poderosos pusieron en marcha para proteger el capital presente en su territorio. ¿No significa esto la confirmación de la permanente rivalidad entre las burguesías nacionales? Esto no es el aviso de Robinson que declara que las capas más conscientes (enlightened) de la élite transnacional quieren un aparato del estado transnacional más fuerte para reforzar la dominación de clase capitalista transnacional 39/. No parece que estas corrientes tengan mucho que decir sobre el ascenso de las tensiones y rivalidades entre los países occidentales con China y Rusia y esto al margen de lo que se piense de la naturaleza imperialista o no de estos dos países.

¿Un imperialismo UE ?

Los desarrollos institucionales de la Unión Europea 40/ incitaron a los marxistas a interesarse por su configuración 41/. Ernest Mandel diagnostica muy pronto la aparición de un capital europeo y considera que las tendencias cada vez más fuertes hacia la internacionalización del capital empujan a la creación de un Estado imperialista supranacional en Europa 42/. La configuración previsible es la de una fusión de capitales a escala continental que refuerce el capital europeo y agudice la rivalidad inter-imperialista con dos diferencias respecto al esquema leninista: la reducción a tres potencias imperialistas (EE UU, Europa, Japón) y la desaparición de las guerras inter-imperialistas mundiales, lo que no excluye guerras inter-imperialistas locales (por medio de terceros), de conquista colonial o contra los movimientos revolucionarios 43/.

Esta hipótesis es retomada por Guglielmo Carchedi, que considera que “desde su origen la UE tenía el virus imperialista inscrito en sus genes” 44/ y que la creación del euro fue un elemento determinante en la formación de un bloque imperialista europeo. Esto para nada significa el fin de los Estados-nación que tienen su propias relaciones con los otros países dominados. El desarrollo de la capacidad militar de la UE es inevitable hasta tal punto que se convertirá en un rival de EE UU, “capaz de defender sus intereses incluso, si es necesario, contra los de EE UU” 45/. Este punto de vista se opone a las tesis sobre el imperio americano que han sido presentadas en este artículo y a las de Poulantzas, que consideraba que la penetración de capitales americanos en los capitales de otros países llevaría a una “interiorización” de los intereses del imperialismo americano por las burguesías europeas. No obstante, Poulantzas no tiene en cuenta el proceso inverso, el de los capitales europeos que penetran en el territorio americano 46/. Sin embargo, Carchedi considera que puesto que Estados Unidos es el único país hegemónico, es el único que dispone de instrumentos de apropiación sistemática del valor creado. En consecuencia, puede apropiarse del valor proveniente de los países dependientes y también de los otros países imperialistas (de los de la UE) 47/. Esta tesis de la explotación de los países desarrollados por parte de EE UU es bastante discutible 48/.

Otro elemento discutible en su argumentación es que el capital productivo es hoy dominante y no el capital financiero 49/. No es posible desarrollar en este artículo la cuestión central del capital financiero, que sigue siendo un concepto pertinente 50/, aunque la mayor parte de los marxistas lo sustituyen por financiarización. La literatura sobre la financiarización está, a menudo, desconectada de la del imperialismo. Deben destacarse los trabajos de Prabht y Utsa Patnaik, que consideran que el imperialismo contemporáneo es el imperialismo de las finanzas internacionales sostenido por los Estados-nación.

Apenas existen dudas de que la UE, cuyos países miembros influyentes han estado en el corazón del desarrollo imperialista desde hace más de un siglo, constituyen un vector importante y una pieza maestra del imperialismo contemporáneo. Sin embargo, es inútil esperar el desarrollo de una defensa única a imagen de la creación de la moneda única. El euro era un proyecto político compartido por la mayoría de los Estados miembros y se correspondía con los esfuerzos conjuntos de las burguesías europeas de acentuar los ataques contra las personas asalariadas. No existe un proyecto europeo único en materia de defensa (aunque existan las alianzas y las convergencias), ni siquiera un proyecto de término medio de la pareja franco-alemana en este ámbito. La polarización de Francia sobre su ventaja competitiva militar -tanto desde el punto de vista tecno-industrial como operacional– difiere de la de Alemania cuyo poderío industrial asegura hasta hoy a sus clases dominantes una posición que se considera satisfactoria. Además, los otros Estados miembros influyentes no están dispuestos a aceptar que la dinámica securitaria (y militar) que se ha comprometido en Europa desde hace años coloque a Francia en un papel de líder continental.

Las cuestiones de defensa europeas llevan una vez más a la necesidad de tener en cuenta las dobles dimensiones -económica y político-militar– de la posición de un país en el espacio mundial.

5. La cuestión del fin de las guerras inter-imperialistas

Como se ha visto, el fin de las guerras inter-imperialistas desde 1945 marca el fin de las teorías clásicas del imperialismo para la mayoría de los autores. De hecho, las guerras mundiales fueron el resultado de la formación de capital monopolístico en sus Estados nacionales y la competencia inter-capitalista se transformó en guerra inter-imperialista. El dato del fin de estas guerras tal como es interpretado, en mi opinión, supone un daño colateral importante: la marginalización del lugar del militarismo en el análisis del capitalismo contemporáneo 51/. La cuestión del militarismo cuando se aborda (muy raramente) en el campo de la economía mundial tiene casi siempre como respuesta el papel de gendarme del mundo de Estados Unidos. Las divergencias se refieren sobre si este papel se ejerce a cuenta de los intereses del capital americano o de la clase dominante transnacional que ha surgido.

Las causas de este desinterés por el militarismo son múltiples y si se sigue a Alexander Anievas, no se refieren solo a la época contemporánea porque él señala que incluso en lo que concierne a la Primera Guerra Mundial, los “pensadores marxistas (al menos en el mundo anglófono) solo prestaron poca atención a la teorización del origen de la guerra” 52/. El error cometido por numerosos análisis es no comprender la economía política del militarismo que acompañó la expansión capitalista y que culminó en la guerra mundial. Marx y Engels sitúan en la guerra franco-prusiana la consolidación del militarismo en las relaciones sociales capitalistas. Las formas estatales se transforman pues “el ejército se ha convertido en el objetivo fundamental del Estado, se ha convertido en un fin en sí mismo; los pueblos solo están para suministrar soldados y alimentarlos. El militarismo domina y devora Europa”. En su análisis de este “militarismo que domina y devora Europa” 53/, Engels encuentra varias causas de este ardor que considera inevitable: las rivalidades geoeconómicas forman la trama explicativa; a continuación, la “carrera de la tecnología militar” es hasta ese momento sin límites aunque iguale las capacidades destructoras de los estados dominantes; finalmente, cada vez pesa más en las finanzas públicas hasta el punto de llevar a la bancarrota de los estados amenazando el edificio capitalista entero.

Estas observaciones de Engels son interesantes por un doble motivo. Por una parte, sugieren que el militarismo, evidentemente, tiene una función de movilización contra los enemigos externos. También tiene una vocación ideológicainterna que apunta a la movilización de la población alrededor de la defensa de la patria de forma que los enemigos internos que cuestionan esta visión deben ser reprimidos por los medios coercitivos adecuados. K. Liebknecht, solamente algunos años más tarde de Engels, también se interesó en estas funciones externas pero también internas del militarismo 54/. Por una parte, el análisis de Engels invita a no oponer las dinámicas de acumulación del capital que tomaron en su época una dimensión internacional a la formación del sistema interestatal de la era imperialista que comienza algunos años después. El militarismo se instala en el corazón de los países europeos y va a influir de forma duradera en la evolución del orden mundial. Rosa Luxemburg es de todos los teóricos y teóricas del imperialismo, la que vio con más claridad las múltiples funciones del militarismo. El capítulo con un título significativo (“El militarismo, campo de acumulación del capital”) es el esfuerzo más elaborado por abordar las dimensiones económicas del militarismo. Menos conocido pero ya clarividente, es un artículo aparecido en 1899 55/.

En suma, no se puede reducir el militarismo que arraiga en el imperialismo del siglo XIX a su expresión (a su final) en las guerras inter-imperialistas. En el momento álgido de la Primera Guerra Mundial, Lenin lo opone irónicamente el periodo de 1871-1914 durante el cual el capitalismo se extendió “pacíficamente” (las comillas son de él) sobre inmensos territorios de tierras aún desocupadas y de países aún totalmente arrastrados por el huracán del capitalismo 56/. Añade que para el 90% de la población de los países avanzados, para centenares de millones de personas en las colonias y en los países atrasados, no fue una época de paz, sino de opresión, de torturas, de horrores aún más terroríficos porque parecían no tener fin.

La subestimación del papel del militarismo en la configuración del capitalismo contemporáneo conduce a menudo hoy a considerar que la única forma de relaciones internacionales en los decenios de formación del imperialismo (los años 1880) fue la de la rivalidad militar y las guerras entre grandes potencias. Sin embargo, la cooperación internacional de los grandes grupos nacionales -bajo forma de cárteles, de fusión de empresas, de sindicatos bancarios internacionales, etc.– ocupa un lugar central en los escritos de los teóricos del imperialismo clásico. De hecho, incluso los traficantes de armas de países rivales –Francia y Alemania, Inglaterra y Alemania– cooperan frecuentemente para abrir nuevos mercados 57/.

La cuestión del lugar del militarismo en la cuestión del imperialismo no pertenece al pasado. La mínima atención dedicada por la mayoría de los investigadores contemporáneos al análisis del militarismo en el periodo abierto después de la Segunda Guerra Mundial también es lamentable.

La supremacía indiscutible de EE UU ha hecho imposible un enfrentamiento militar entre las potencias capitalistas dominantes. Sin embargo, la coyuntura mundial que emerge de la Segunda Guerra Mundial da un lugar determinante a lo militar. De entrada, ese fue el caso de EE UU, que interiorizó en las relaciones políticas internas el papel de gendarme del mundo de este país (cf. el lugar del complejo militar-industrial). También fue el caso de Gran Bretaña y de Francia 58/, los dos países vencedores del conflicto mundial, incluso si en el caso de Francia ese estatus se dio gracias al apoyo de los países vencedores. Estos tres países, que se encuentran en una posición jerarquizada, forman el armazón de lo que se llama el bloque transatlántico. Este no es un espacio geográfico, sino geoeconómico. Este bloque está integrado a la vez por el plano de la producción y de los intercambios financieros e industriales y organizado bajo la forma de alianzas en el plano militar. Así que incluye a Estados Unidos y a Europa, pero también los países con los que existen alianzas militares. (Australia 59/, Israel, Japón, etc.). El bloque transatlántico debe hacer frente a la competencia geoeconómica de otras potencias, de entrada, las que disponen de un un puesto de miembro permanente (China, Rusia) y después, los países que aspiran a consolidar su plaza regional (Irán).

El bloque transatlántico no es un conjunto homogéneo y está atravesado por la competencia económica por lo que el potencial político-militar cuenta. Porque el espacio mundial sigue estando estructurado por la doble dinámica de la acumulación de capital y del sistema interestatal, mostrando la permanencia de estos dos elementos en la configuración contemporánea del imperialismo (ver más arriba). De forma que el lugar ocupado por un país en el espacio mundial depende a la vez, de sus rendimientos económicos -que sin duda, incluyen su capacidad de captar valor creado en otros países- y de su poderío político-militar. Este descansa sobre una gama de instrumentos “pacíficos” (soft power) como la cultura, las redes diplomáticas y la influencia particular en la ONU, etc.-, pero también de herramientas militares. Los instrumentos de potencia militar se utilizan de forma indirecta -amenazas y/o ayuda a los países bajo influencia económica y política (por venta de armas, apoyo militar, etc.), etc.- y directa mediante intervenciones militares abiertas, operaciones especiales, etc.

La mezcla entre rendimientos económicos y potencia político-militar varía según los países, incluso en los que podemos calificar de imperialistas. Basta comparar Francia y Alemania para convencernos de ello. La utilización diferenciada de las influencias económicas y militares de los dos países está aún más diferenciada desde el momento 2008 60/. La distribución nacional de esta mezcla refleja la posición internacional de un país en el espacio mundial, pero, recíprocamente, las transformaciones de este espacio mundial deben ser el punto de partida del análisis de la situación concreta de un país que combina siempre de forma singular la evolución de la economía y la geopolítica internacional (el desarrollo desigual y combinado).

Se verifica aquí una hipótesis totalmente ignorada en la literatura, a saber: que el imperialismo es, por una parte, un periodo histórico cuya configuración ha cambiado desde hace un siglo y, por otra parte, un conjunto de prácticas concretas llevadas a cabo por los países más poderosos 61/.

Claude Serfati es investigador asociado en el IRES (Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales).

http://revueperiode.net/guide-de-lecture-les-theories-marxistes-de-limperialisme

Traducción: viento sur

Notas:

1/ Hobson J.A. (1902), Imperialism: A Study, New York, James Pott and Co.

2/ Hilferding, Le Capital financier, Les Éditions de Minuit, 1970 (première édition 1910).

3/ En particulier Boukharine, L’Économie mondiale et l’impérialisme, Anthropos, 1967 (première édition 1916).

4/ Marx, Fondements de la critique de l’économie politique, tome 2, Éditions Anthropos, 1968, p.364-365.

5/ Rosa Luxembourg L’accumulation du capital (I). Contribution à l’explication économique de l’impérialisme. François Maspero, Petite collection Maspero, n° 47, Chapitre 7, 1969 (première édition 1913).

6/ Chapitre 31. Boukharine fait une critique injustifiée, L’impérialisme et l’accumulation du capital, chapitre 4.

7/ La naturaleza de la crisis constituye un punto de desacuerdo fuerte y Bujarin pone en el punto de mira a Rosa Luxemburg. Henryk Grossman vincula el desarrollo del imperialismo a la necesidad de hacer frente a la sobreacumulación de capital (demasiado capital en relación a la masa de benefcios) y al restablecimiento delos beneficios. Marx sitúa “el comercio exterior” (en realidad, utiliza este término para definir lo que hoy en día se conoce como inversión directa en el extranjero) como uno de los medios para contrarrestar la reducción de la tasa de beneficio. Grossman se apoya en pasajes de la obra de Marx para mostrar las múltiples funciones de la expansión imperialista; Grossman, The Law of Accumulation and Breakdown of the Capitalist System, Pluto Press, 1992. Ver también, Michael Roberts, Imperialism, globalization and the profitability of capital, Rupture magazine, Issue 1, 2017 ; disponible en : https://rupturemagazine.org/2018/01/25/imperialism-globalization-and-the-profitability-of-capital/.

8/ Alex Callinicos Imperialism and Global Political Economy, Polity, Londres, 2009, Cf : “The state system is treated as a dimension of the capitalist mode of production”,p.83.

9/ Lucia Pradella “Imperialism and Capitalist Development in Marx’s Capital”, Historical Materialism, 21.2., 2013. Ver también Kevin Anderson, Marx aux antipodes. Nations, ethnicité et sociétés non occidentales, Syllepse, 2012.

10/ Trotsky, Histoire de la révolution russe, Seuil, 1950 (écrit en 1929 et 1932), p.41-42.

11/ Le capital financier, op. cit., chapitre 22.

12/ Sotsial-Demokrat, n°. 44, 23 août 1915.

13/ Trotsky, op.cit., id.

14/ Para utilizar el cuadra analítico en la Unión Europea, ver Claude Serfati, “The European integration as a structural uneven process”, Research in Political Economy, n°30, 2015.

15/ Harvey, The Limits to Capital, Chicago, The University of Chicago Press, 1982.

16/ Harvey, The Spatial Fix: Hegel, Von Thunen, And Marx”, Antipode, 13, No.3, 1981, p.10.

17/ Harvey, “In What Ways Is ‘The New Imperialism’ Really New?“, Historical Materialism 15, 2008, p.58.

18/ Id., p.57

19/ Leo Panitch et Sam Gindin, “Global Capitalism and American Empire”, Socialist Register 2004: The New Imperial Challenge, p.5.

20/ John Gallagher and Ronald Robinson, ‘The Imperialism of Free Trade’, The Economic History Review, VI(1), 1953.

21/ Para un análisis de los trabajos de Bujarin, ver Maurice Andreu, “Boukharine et la question de l’impérialisme”, Contretemps, revue de critique communiste, https://www.contretemps.eu/boukharine-imperialisme/

22/ Leo Panitch & Sam Gindin, The making of global capitalism: The political economy of American empire, Verso, 2013, p.90.

23/ Voir Radhika Desai, Geopolitical Economy, London, Pluto Press, 2013

24/ E. M. Wood, Empire of Capital, London, Verso, 2003.

25/ Marx, Le capital. Critique de l’économie politique, Éditions sociales, 1969, livre 1, chapitre 24.

26/ Wood, Empire of Capital, Verso, 2003, p.117.

27/ Bob Sutcliffe, “Imperialism Old and New: A Comment on David Harvey’s The New Imperialism and Ellen Meiksins Wood’s Empire of Capital”, Historical Materialism, 14.4, 2007, p.64

28/ Harvey, op.cit

29/ John Smith, Imperialism in the twenty-first century: globalization, super-exploitation, and capitalism’s final crisis, Monthly Review Press, 2016.

30/ William Robinson, “Global Capitalism Theory and the Emergence of Transnational Elites”, Critical Sociology, 2011.

31/ William Robinson, A Theory of Global Capitalism: Production, Class, and State in a Transnational World, Johns Hopkins University Press, 2004, p.75-76.

32/ Leslie Sklair, “The transnational capitalist class and the discourse of globalisation”, Cambridge Review of International Affairs 14 (1), 2000, 67-85

33/ Voir, Socialism and Colonial Policy (1907), en particulier le chapitre 9, : https://www.marxists.org/archive/kautsky/1907/colonial/index.htm.

34/ Christakis Georgiou, “Un capitalisme global pacifié? A propos du livre The Making of Global Capitalism: The Political Economy of American Empire de Leo Panitch et Sam Gindin”, 2016 : https://www.contretemps.eu/un-capitalisme-global-pacifie-a-propos-du-livre-the-making-of-global-capitalism-the-political-economy-of-american-empire-de-leo-panitch-et-sam-gindin/

35/ W.C. Carroll, The making of a transnational capitalist class?, Zed Books, 2010

36/ Wood E.M., “A reply to critics”, Historical Materialism 15, 2007.

37/ Serfati, «The new configuration of the Capitalist class », in L.Panitch, G.Albo and V.Vhibber (Eds) , Registering Class, Socialist Register 2013.

38/ K. Van der Pijl , “Globalization Or Class Society In Transition?”, Science & Society, Vol. 65, No. 4, Winter, 2001-2002.

39/ Robinson, “Debate on the New Global Capitalism: Transnational Capitalist Class, Transnational State Apparatuses, and Global Crisis”, International Critical Thought, Volume 7, Issue 2, 2017.

40/ Utilizo el acrónimo para simplicar.

41/ En los países dominados, algunos marxistan avanzaron la hipótesis de un subimperialismo cuya intersección con las teorías de la dependencia son claras. Uno de sus mayores exponentes, Ruy Mauro Marini, propuso en los años 60 ese marco analítico para Brasil. Para un examen crítico reciente, ver Richard Fidler y Claudio Katx “Imperialism Today: A Critical Assessment of Latin American Dependency Theory Imperialism », MRonline, marzo 2018.

42/ Ernest Mandel, Le troisième âge du capitalisme, Éditions de la Passion, Paris, 1997 (primera edición en 1972), P.260

43/ Id. P. 264.

44/ Guglielmo Carchedi : “Imperialism, Dollarization And The Euro”, Socialist Register, 2002, p.163.

45/ Carchedi, “The Military Arm of the European Union”, Rethinking Marxism: A Journal of Economics, Culture & Society, 2006, p.335.

46/ En 2017, le total cumulé des investissements directs (ID) des entreprises européennes aux États-Unis atteignait 2700 milliards de dollars, et celui des ID des entreprises américaines en Europe atteignait 2000 milliards de dollars.

47/ Archedi, op. cit, p..157.

48/ Una pequeña nota al respecto. Una de las medidas para evaluar la captación del valor realizado por un país lo da la diferencia (o el saldo) entre las rentas de inversiones directas retiradas por las empresas de un país del resto del mundo y las que los países del resto del mundo retira de ese país. Francia es uno de loa principales beneficiarios, con un saldo positivo total de 403 mil millones de euros para el período 2005-2016. En el mismo período, el saldo entre Francia y EE UU fue muy favorable a Francia con un superativo de 60 mil millones. De ahí a concluir que Francia explota a EE UU….

49/ Carchédi, op. cit. p.166.

50/ Serfati, “La domination du capital financier contemporain : une lecture critique de Hilferding » dans Bellofiore, Cohen, Durand et Orléan, Monnaie, Finance et Capital. Contributions en hommage à Suzanne de Brunhoff, Presses Universitaires de Rennes, Rennes et François Chesnais (2016) Finance Capital Today. Corporations and Banks in the Lasting Global Slump,Leiden/Boston, Brill

51/ Serfati, Impérialisme et militarisme. Actualité du vingt-et-unième siècle, Éditions Page2, 2004

52/ Anievas, “La théorie marxiste et les origines de la Première Guerre mondiale”, Période, http://revueperiode.net/la-theorie-marxiste-et-les-origines-de-la-premiere-guerre-mondiale/

53/ Friedrich Engels, Anti-Dühring, Éditions sociales, Paris,1973, p.199.

54/ Karl Liebknecht, Militarism & Anti-Militarism, Rivers Press Limited, Cambridge, 1973, (escrito en 1907) :https://www.marxists.org/archive/liebknecht-k/works/1907/militarism-antimilitarism/index.htm

55/ Rosa Luxemburg (1899), “The Militia and Militarism”, Leipziger Volkszeitung, 20-26 febrero, https://www.marxists.org/archive/luxemburg/1899/02/26.htm

56/ Prefacio a Boukharine, L’économie mondiale, op.cit

57/ Ver algunos ejemplos en Claude Serfati, Le Militaire, une histoire française, Éditions Amsterdam, 2017, capítulo 1.

58/ Jörg Nowak y Ekrem Ekici, de forma extraña, clasifican a Francia entre los sub-imperialismos, junto a “Canadá, México, Brasil, Rusia, India, Turquía, Egipto, Corea del Sur, Taiwán, etc. “The return of the national imperialist state“, Rupture Magazine, Issue 1, 2018.

59/ Ver el significativo refuerzo de la cooperación militar, tanto industrial como estratégica entre Francia y Australia, “único país en el mundo, con Francia y Estados Unidos a estr presente tanto en el Pacífico como en el océano ïndico”., Revue stratégique défense et sécurité nationale 2017, p.44.

60/ Serfati, “Le «moment 2008“¡ et le rebond militaire de la France “, Les Possibles, n°13, 2017, https://france.attac.org/nos-publications/les-possibles/numero-13-printemps-2017/dossier-militarisation-et-controle-social/article/le-moment-2008-et-le-rebond-militaire-de-la-France

61/ Serfati, “France and Imperialism: A Marxist Perspective”, Historical Materialism, 2015. Claude Serfati