Tony Cliff: el Capitalismo de Estado (1999)

¿Por qué sobrevivía el régimen estalinista?

¿Cuál era la naturaleza de las “Democracias Populares” de Europa oriental? ¿Qué decía sobre la naturaleza del régimen estalinista su creación? La teoría del capitalismo de Estado fue desarrollada intentando contestar a estas preguntas.

El primer documento en que definí a la Unión Soviética como capitalista de estado fue un largo escrito de 142 páginas, redactado en 1948 y titulado “La naturaleza de clase de la Rusia estalinista”. Sin embargo, para entender el génesis de la teoría es útil considerar a las “Democracias Populares”, esos países invadidos por el ejército ruso al final de la Segunda Guerra Mundial. Napoleón dijo, “Une armée dehors c’est l’état qui voyage” (Un ejército en el extranjero es el Estado en viaje), y esta máxima se aplica muy bien a lugares como Polonia y Hungría, cuyos gobiernos no eran más que extensiones del Estado ruso. Por esto, el estudio de los mismos daba una imagen del régimen de la “madre patria”.

En 1950 se publicó “La naturaleza de clase de las Democracias Populares”. Su punto de partida era que si los Estados de Europa oriental eran realmente Estados obreros, debería haber tenido lugar allí una revolución social; y recíprocamente, si no había ocurrido allí una revolución social, entonces la naturaleza de los Estados de Europa oriental debía ser reevaluada.

La discusión se desarrolló alrededor de la teoría del Estado de Marx y Lenin. Marx frecuentemente repitió la idea de que la supremacía política de la clase trabajadora es un requisito previo para su supremacía económica. Los trabajadores no pueden poseer los medios de producción colectivamente —esto es, volverse la clase económicamente dominante— a menos que el Estado que posea y controle los medios de producción esté en sus manos; en otras palabras, a menos que la clase trabajadora conquiste el poder político.

A este respecto, la clase trabajadora es fundamentalmente diferente de la burguesía. Esta última tiene la propiedad sobre la riqueza; por consiguiente, no importa la forma de gobierno, si la burguesía no es expropiada, no dejará de ser la clase dominante. Un capitalista puede poseer su propiedad en una monarquía feudal, en una república burguesa, en una dictadura fascista, en una dictadura militar, bajo Robespierre, Hitler, Churchill o Attlee. Por el contrario, los trabajadores están separados de los medios de producción y es este hecho el que los vuelve esclavos de un salario. Si surge una situación en que el Estado es quien concentra los medios de producción, pero este se halla totalmente separado de la clase trabajadora, ella no será la clase dominante. 38

El Manifiesto Comunista afirma que: … el primer paso de la clase trabajadora en la revolución es elevar al proletariado a la posición de clase dominante, ganar la batalla por la democracia.

El proletariado usará su supremacía política para arrebatar gradualmente todo el capital a la burguesía, centralizando todos los instrumentos de producción en manos del Estado, esto es, del proletariado organizado como clase dominante… 39

La revolución de los trabajadores es la victoria en “la batalla por la democracia”. El Estado obrero es “el proletariado organizado como clase dominante”. ¿Cómo puede una “revolución social estalinista” ser impuesta enteramente desde fuera por los tanques del Ejército Rojo, sin cuestionar la concepción marxista del papel de la conciencia de la clase trabajadora en la revolución?

Marx repitió centenares de veces que la revolución de los trabajadores sería la acción consciente de la propia clase trabajadora. Por esto, si nosotros aceptamos que las “Democracias Populares” eran Estados obreros, la afirmación de Marx y Engels de que la revolución socialista es “la historia consciente de sí misma” estaría refutada.

Lo mismo ocurriría con la siguiente afirmación de Engels: Sólo desde este punto en adelante [la revolución socialista], los hombres, con plena conciencia, harán su propia historia; sólo desde este momento las causas sociales que los hombres han puesto en movimiento tendrán, en forma dominante, creciente y constante, los efectos buscados por los hombres. Esto significará para la humanidad el salto del reino de la necesidad al reino de la libertad. 40

Y también estaría equivocada Rosa Luxemburg, cuando al referirse al lugar de la conciencia de la clase trabajadora en la revolución, escribía: En todas las luchas de clases del pasado, se imponían los intereses de las minorías, y para usar las palabras de Marx, “todo el desarrollo tuvo lugar en contra de las grandes masas de la población”. Una de las condiciones esenciales para esto, era la ignorancia de estas masas respecto a los objetivos reales de la lucha, su alcance material, y sus límites. Esta diferencia fue, de hecho, la base histórica específica del “papel principal” de la burguesía “ilustrada”, y del rol que correspondió a las masas como sus dóciles seguidores. Pero, Marx escribió ya en 1845, “cuando la acción histórica se profundiza, el número de masas implicadas en ella debe aumentar”. La lucha de clase del proletariado depende de la más “profunda” de todas las acciones históricas hasta nuestros días, implica hasta la más baja de todas las capas de la población y, desde el momento en que la sociedad se dividió en clases, es el primer movimiento que está de acuerdo con los intereses reales de las masas. Por esto la claridad de las masas respecto a sus tareas y los métodos son una condición histórica indispensable para la acción socialista, así como en los períodos anteriores la ignorancia de las masas era la condición para la acción de la clase dominante. 41

Pablo y Mandel buscaron una manera de rodear este problema hablando del camino “bismarckiano de desarrollo de la revolución proletaria”, trazando una comparación con la manera en que el capitalismo alemán creció bajo la dirección política del Canciller del Kaiser y del grupo de viejos terratenientes, los junkers. Estos trotskistas esperaban demostrar que la revolución social de la clase trabajadora podía ser llevada adelante sin la acción revolucionaria de los trabajadores, fruto del “propio impulso” de una burocracia estatal. Esta idea, si bien era concebible, llevaba a las conclusiones más absurdas.

Es verdad que la burguesía tomó el poder de muchas y variadas formas. Hubo sólo un caso puro en que ella de hecho llevó hasta el final la lucha revolucionaria en contra del feudalismo —este era el de Francia después de 1789. En el caso de Inglaterra la burguesía logró compromisos con los terratenientes feudales. En Alemania, Italia, Polonia, Rusia, China y Sudamérica logró hacerse del poder sin una lucha revolucionaria. En Norteamérica, la inexistencia casi completa de remanentes feudales permitió a la burguesía evitar una lucha revolucionaria antifeudal.

El camino “bismarckiano” no era una excepción para la burguesía, sino casi la regla. Francia era la excepción. Si la revolución de la clase trabajadora no necesariamente debía concretarse a través de la actividad de los propios trabajadores, sino que podía hacerlo fruto de la actividad de una burocracia estatal, la Revolución rusa habría sido indudablemente la excepción, mientras que el camino “bismarckiano” sería la regla. La conclusión era entonces —para los trotskistas— que no era necesaria una dirección revolucionaria independiente.

Pero, el ascenso de la burguesía fue posible mediante la movilización de las masas y su posterior engaño: es el caso de los sans-culottes franceses o de los soldados de Bismarck. Si una revolución de la clase trabajadora puede concretarse de esta forma, la “ley de la menor resistencia” determinaría que la historia escogiera el camino de la revolución llevada adelante por pequeñas minorías que engañan a las mayorías. 42

Mi trabajo “La naturaleza de clase de las Democracias Populares” finalizaba señalando que aunque los miembros de la Cuarta Internacional repetían los conceptos básicos del marxismo —de que la liberación de la clase trabajadora sólo puede ser obra de la propia clase trabajadora, y de que los trabajadores no pueden utilizar el aparato estatal burgués, sino que deben aplastarlo y establecer un nuevo Estado basado en una democracia de los trabajadores (los soviets , etc.)— persistieron en llamar Estados obreros a las “Democracias Populares”.

La razón para esto radicaba en concebir a la Unión Soviética como un Estado obrero degenerado. Para ellos la Unión Soviética era un Estado de este tipo, aunque los trabajadores estuvieran separados de los medios de producción, ni que decir del control de la economía, y estuvieran sometidos a la maquinaria estatal más monstruosamente burocrática y militarista.

No había razón entonces que impidiera el surgimiento de nuevos Estados obreros, sin la actividad consciente e independiente de la clase trabajadora, y sin la destrucción de los aparatos estatales burocráticos y militaristas. Bastaba con que la burocracia fuera capaz de expropiar a la burguesía, mientras mantenía “en su lugar” a los trabajadores, para que la transición del capitalismo a un Estado obrero se consumara.

La teoría marxista-leninista de la revolución había sido puesta cabeza abajo hasta considerar a las “Democracias Populares” como un tipo de Estado obrero. ¿Cuál era entonces la naturaleza de los propios Estados obreros? 43

El punto de partida para el análisis de este problema fue el examen crítico de la caracterización realizada por Trotski de la Unión Soviética como un Estado obrero degenerado. ¿Puede un Estado que no está bajo el control de los trabajadores ser un Estado obrero?

En los trabajos de Trotski encontramos dos definiciones diferentes y bastante contradictorias de Estado obrero.

Según una de ellas, el criterio para definir un Estado obrero es si la clase trabajadora tiene control directo o indirecto, no importa con cuantas restricciones, sobre el poder estatal: es decir, si la clase trabajadora puede librarse de la burocracia a través de reformas, sin la necesidad de una revolución. En 1931 escribió:

El reconocimiento del actual Estado soviético como un Estado obrero no sólo significa que la burguesía no puede conquistar el poder por otro camino que no sea el levantamiento armado, sino también que el proletariado de la URSS no ha perdido la posibilidad de someter a la burocracia, revivir nuevamente al partido y transformar el régimen de dictadura, sin una nueva revolución, con los métodos y por el camino de la reforma. 44

Trotski expresó esta idea aun más claramente en una carta, probablemente escrita a fines de 1928, donde respondía a la pregunta, “¿La degeneración del aparato y del poder soviético es un hecho?”.

No hay ninguna duda de que la degeneración del aparato soviético se adelanta considerablemente con respecto al mismo proceso en el aparato del partido. No obstante, es el partido el que decide. Aunque, en la actualidad, esto significa el aparato del partido. La pregunta se reduce a lo siguiente: ¿el núcleo proletario del partido, ayudado por la clase trabajadora, es capaz de triunfar sobre la autocracia del aparato del partido, que está fundida con el aparato estatal? Quien quiera responder de antemano que no es capaz de hacerlo, habla por lo tanto no solo de la necesidad de fundar un nuevo partido, sino también de la necesidad de una segunda y nueva revolución proletaria. 45

Y más adelante en la misma carta, Trotski dice:

Si el partido es un cadáver, un nuevo partido debe construirse y esto debe decirse abiertamente a la clase trabajadora. Si termidor [el movimiento reaccionario durante la Revolución francesa que detuvo y puso marcha atrás al proceso revolucionario] se completa, y la dictadura del proletariado se liquida, el estandarte de la segunda revolución proletaria debe desplegarse. Así es como actuaríamos nosotros si el camino de la reforma que hoy sostenemos, se demostrara equivocado. 46

La otra definición de Trotski expresa un criterio fundamentalmente diferente. No importa cual sea la independencia del aparato estatal respecto de las masas, e incluso si la única manera de deshacerse de la burocracia es la revolución. Mientras los medios de producción pertenecen al Estado, el Estado permanece como un Estado obrero con el proletariado como clase dominante.

Tres conclusiones pueden ser deducidas de lo anterior:

(a) La segunda definición de Trotski del Estado obrero, niega la primera.

(b) Si la segunda definición es correcta, el Manifiesto Comunista estaba equivocado al decir que “el primer paso de la clase trabajadora en la revolución es elevar al proletariado a la posición de clase dominante”. Además, en este caso, ni la Comuna de Paris ni el gobierno bolchevique eran Estado obreros, porque el primero no estatizó los medios de producción y el segundo no lo hizo durante un período.

(c) Si el Estado concentra los medios de producción y los trabajadores no lo controlan, ellos no poseen los medios de producción —esto es, ellos no son la clase dominante. La primera definición admite esto; la segunda lo evita pero no lo refuta.

La definición de la URSS como Estado obrero y la teoría marxista del Estado

La consideración de que la Unión Soviética era un Estado obrero degenerado, llevaba inevitablemente a conclusiones directamente contradictorias con la teoría marxista del Estado. Así lo demuestra un análisis de lo que Trotski llamó revolución política y contrarrevolución social.

Durante las revoluciones políticas burguesas, por ejemplo las revoluciones francesas de 1830 y 1848, la forma de gobierno cambió en mayor o menor medida, pero el tipo de Estado se mantuvo independiente a las personas y sirviendo a la clase capitalista.

Pero hay una conexión necesariamente mucho más íntima entre el contenido y la forma en el Estado obrero, que en cualquier otro tipo de Estado. Por esto, aun cuando asumimos que esas revoluciones políticas puedan tener lugar en un Estado obrero, una cosa es clara —el mismo aparato del Estado obrero debe continuar existiendo luego de la revolución política de los trabajadores, como antes.

Si la Unión Soviética efectivamente era un Estado obrero, y el partido de los trabajadores llevaba adelante entonces una revolución política, podría y debería usar el aparato estatal existente para hacerlo. Por otro lado, para restaurar su poder, la antigua burguesía no podría usar la maquinaria estatal existente, sino que se vería obligada a aplastarla y construir otra sobre sus ruinas.

¿Eran éstas las condiciones existentes en la Unión Soviética ?

Trotski evitó parcialmente aplicar las lecciones de la teoría marxista del Estado, diciendo que el partido revolucionario empezaría por la restauración de la democracia en los sindicatos y en los soviets . 47 Pero ya no habían realmente ni sindicatos ni soviets en la Unión Soviética , en donde la democracia pudiera restaurarse. El Estado obrero no se restablecería reformando la maquinaria estatal estalinista, sino quebrándola y construyendo una nueva.

Si la clase trabajadora tenía que aplastar la maquinaria estatal existente para tomar el poder, entonces la burguesía podría usarla y la Unión Soviética no era un Estado obrero. Creer que la clase trabajadora y la burguesía podían utilizar la misma maquinaria estatal como instrumento de su supremacía, era sinónimo de refutar el contenido revolucionario de la teoría del Estado expresada por Marx, Engels, Lenin y el propio Trotski.

La forma de propiedad considerada independientemente de las relaciones de producción: una abstracción metafísica

Una característica de la Unión Soviética que Trotski señaló con el fin de probar que era un Estado obrero —aunque degenerado— era la ausencia de propiedad privada a gran escala y la predominancia de la propiedad estatal. Sin embargo, es un axioma del marxismo que la consideración de la propiedad privada independientemente de las relaciones de producción, implica crear una abstracción suprahistórica.

La historia de la humanidad conoció la propiedad privada en el sistema esclavista, el sistema feudal y el sistema capitalista, todos los cuales son fundamentalmente diferentes entre sí. Marx ridiculizó el planteo de Proudhon de definir a la propiedad privada independientemente de las relaciones de producción:

En cada época histórica, la propiedad se ha desarrollado en forma diferente y bajo tipos de relaciones sociales totalmente diferentes. Por esto, definir la propiedad burguesa exige presentar al conjunto de las relaciones sociales de producción burguesas. Tratar de dar una definición de propiedad como una relación independiente, una categoría aparte —una idea abstracta eterna — no puede ser más que una ilusión de la metafísica o la jurisprudencia. 48

El capitalismo como sistema es la suma total de las relaciones de producción. Todas las categorías que expresan las relaciones entre las personas en el proceso de producción capitalista —valor, precio, salario, etc.— constituyen una parte integral del mismo. Fueron las leyes de movimiento del sistema capitalista las que definieron el carácter de la propiedad privada capitalista y su contexto histórico, y la diferenciaron de otros tipos de propiedad privada. Proudhon aisló la forma de propiedad de las relaciones de producción, “enredó la totalidad de estas relaciones económicas [las relaciones capitalistas de producción] con la concepción jurídica general de la “propiedad”.” Por esto, “Proudhon no pudo ir más allá de la respuesta que Brissot dio en un trabajo similar ya antes de 1789, en estas palabras: «la propiedad es un robo».” 49

La propiedad privada puede tener distinto carácter histórico, pudiendo ser la fortaleza de unas clases u otras, como era muy claro para Marx. Lo mismo se puede aplicar a la propiedad estatal, aunque no parezca tan evidente. Esto es así, principalmente, porque la historia fue testigo de la lucha de clases teniendo por base a la propiedad privada. Casos de diferenciación de clases no basados en la propiedad privada no son ni muy numerosos ni muy conocidos. Sin embargo han existido.

Como ejemplo tomemos a la Iglesia católica en la Edad Media. La Iglesia tenía enormes extensiones de tierra, en las cuales trabajaban cientos de miles de campesinos. Las relaciones entre la Iglesia y los campesinos eran las mismas relaciones feudales que las existentes entre los señores y los campesinos. La Iglesia como tal era feudal. Al mismo tiempo ninguno de los obispos, cardenales, etc. tenía derechos individuales sobre la propiedad feudal. Eran las relaciones de producción las que definían el carácter de clase —feudal— de la propiedad de la Iglesia, a pesar de que no era privada.

La burocracia soviética —¿un gendarme que interviene en el proceso de distribución?

Otro elemento de la teoría de Trotski sobre la URSS como un Estado obrero degenerado, era que el régimen estalinista no constituyó una nueva clase dominante. En lugar de esto, tenía el papel de una burocracia. Él creía que esto ocurría porque en la Unión Soviética la escasez de productos obligaba a los consumidores a hacer colas y la función de la burocracia sería la del gendarme que controlaba dichas colas.

¿Esto era así? ¿La función de la burocracia se limitaba al proceso de distribución o también estaba implicada en todo el proceso productivo, del cual lo primero era solo una parte subordinada? El tema es de enorme importancia teórica.

Antes de intentar responder a estas preguntas, examinemos el pensamiento de Marx acerca de la conexión entre relaciones de producción y de distribución. Él escribió que:

Para el individuo la distribución se presenta como legalmente establecida por la sociedad, determinando su posición en la esfera de la producción… y por lo tanto ella precede a la propia producción. En el comienzo el individuo no tiene capital ni es propietario de tierras. Desde su nacimiento es asignado al trabajo asalariado por las fuerzas sociales de distribución. Pero esta misma condición de ser asignado al trabajo asalariado es el resultado de la existencia del capital y la propiedad de la tierra como agentes independientes de producción.

Desde el punto de vista de la sociedad como un todo, la distribución parece anteceder y determinar la producción también de otra manera, como un hecho pre-económico… Un pueblo conquistador divide la tierra conquistada entre los suyos, estableciendo entonces una cierta división en la forma de propiedad de la tierra y determinando el carácter de la producción; o convierte al pueblo conquistado en esclavos, haciendo del trabajo esclavo la base de la producción. O una nación mediante la revolución divide las grandes propiedades en pequeñas parcelas de tierra y mediante esta nueva distribución otorga a la producción un nuevo carácter. O la legislación perpetúa la propiedad de la tierra de las grandes familias, o distribuye el trabajo como un privilegio hereditario y lo vincula a castas. En todos estos casos, todos ellos históricos, no es la distribución la que parece ser organizada y determinada por la producción, sino la producción por la distribución.

Para la concepción más superficial de la distribución, esta última aparece como la distribución de productos y hasta este punto como una forma extendida y casi independiente de producción. Pero la distribución antes de significar distribución de productos, es primero distribución de los medios de producción, y segundo, lo que es prácticamente otra forma de decir lo mismo, es una distribución de los miembros de la sociedad entre los varios tipos de producción (el sometimiento de los individuos a ciertas condiciones de producción). La distribución de productos es evidentemente un resultado de esta distribución que está limitada al proceso de producción y determina la propia organización de éste último. 50

Lo esencial de este extracto de Marx se repite de tiempo en tiempo a lo largo de sus trabajos, y es suficiente como punto de partida para el análisis del lugar de la burocracia estalinista en la economía.

¿La burocracia sólo administraba la distribución de medios de consumo entre las personas, o también administraba la distribución de las personas en el proceso productivo? ¿La burocracia sólo ejercía el monopolio sobre el control de la distribución, o también sobre el control de los medios de producción? ¿Sólo racionalizó los medios de consumo o también distribuyó los tiempos de trabajo totales de la sociedad entre acumulación y consumo, entre la producción de medios de producción y la de medios de consumo? ¿Las relaciones de producción que prevalecían en la Unión Soviética no determinaban las relaciones de distribución que eran una parte de ellas? Estas preguntas se responden mirando la realidad histórica concreta.

La URSS estalinista se vuelve un Estado capitalista

El análisis del capitalismo realizado por Marx, involucra una teoría de las relaciones entre explotadores y explotados, y de los explotadores entre sí. Los dos rasgos principales del modo de producción capitalista son la separación de los trabajadores de los medios de producción, transformándose la fuerza de trabajo en una mercancía que los trabajadores deben vender para vivir, y la reinversión de la plusvalía —la acumulación de capital— a la que están forzados los capitalistas individuales fruto de la lucha competitiva entre ellos.

Ambos rasgos caracterizaron a la Unión Soviética durante el primer Plan Quinquenal (1928-32). La colectivización de la agricultura en aquellos años fue análoga a la expropiación del campesinado inglés —el cercamiento de los campos que Marx analizó en el capítulo “La acumulación primitiva de capital” de El Capital . En ambos casos los productores directos fueron privados de la tierra y por consiguiente fueron obligados a vender su fuerza de trabajo. ¿Pero la economía soviética estaba obligada a acumular capital? Sobre esto escribí lo siguiente:

El Estado estalinista está en la misma posición respecto al tiempo de trabajo total de la sociedad rusa, que lo está un dueño de fábrica respecto al trabajo de sus empleados. En otros términos, la división del trabajo se planifica. ¿Pero qué es lo que determina realmente la división del tiempo de trabajo total de la sociedad rusa? Si la Unión Soviética no tuviera que competir con otros países, esta división sería completamente arbitraria. Pero como sí lo tiene que hacer, las decisiones de Stalin están basadas en factores fuera de su control, a saber: la economía mundial y la competencia mundial. Desde este punto de vista, el Estado ruso está en una posición similar a la del dueño de una empresa capitalista que compite con otras empresas.

La tasa de explotación, —es decir, la relación entre la plusvalía y los salarios (P/V)— no depende de la voluntad arbitraria del gobierno estalinista, sino que está dictada por el capitalismo mundial. Lo mismo se aplica a los adelantos técnicos o, lo que es prácticamente una frase prácticamente equivalente en la terminología marxista, a la relación entre capital constante y capital variable, es decir, entre maquinaria, edificios, materiales, etc., de un lado, y salarios por otro (C/V). Lo mismo, por consiguiente, se aplica a la división del tiempo total de trabajo de la sociedad rusa entre la producción de medios de producción y de medios de consumo. De aquí que, cuando se contempla a Rusia en el marco de la economía internacional, las características básicas del capitalismo pueden ser observadas: “la anarquía en la división social del trabajo y el despotismo en el taller, son condiciones tanto en una como en la otra”. 51

Fue durante el primer Plan Quinquenal en que el modo de producción en la URSS se volvió capitalista. Por primera vez la burocracia buscó crear rápidamente una clase trabajadora y acumular capital. En otros términos, buscó completar la misión histórica de la burguesía tan rápidamente como le fuera posible. Una rápida acumulación de capital sobre la base de un bajo nivel de producción, de un pequeño ingreso nacional per cápita , reduciendo drásticamente el consumo de las masas y su nivel de vida. Bajo tales condiciones, la burocracia se transformó en la personificación del capital, para quien, la acumulación de este es el principio y la finalidad de todo, eliminando todos los remanentes del control obrero. Tuvo que sustituir la convicción en el proceso de trabajo por la coerción para someter a la clase trabajadora, y constreñir toda la vida social y política dentro de un molde autoritario.

Era obvio que la burocracia, en el proceso de acumular capital y someter a los trabajadores, no tardaría en hacer uso de su supremacía social en las relaciones de producción, para obtener ventajas para sí misma en las relaciones de distribución. Así fue que la industrialización y la revolución técnica en la agricultura (“colectivización”) en un país dirigido bajo las condiciones de un estado de sitio, transformó a la burocracia de capa bajo la presión y el control directo o indirecto de la clase trabajadora, en clase dominante.

La dialéctica del desarrollo histórico, llena de contradicciones y sorpresas, determinó que el primer paso que la burocracia dio con la intención subjetiva de acelerar la construcción del “socialismo en un sólo país”, se convirtiera en el cimiento para la construcción del capitalismo de Estado. 52

Durante el primer y segundo Plan Quinquenal, el consumo fue completamente subordinado a la acumulación. La proporción de bienes de consumo en el producto total cayó de 67,2% en 1927- 28 a 39,0% en 1940; en el mismo período la proporción de bienes de capital subió de 32,8% a 61,0%. Esto se halla en contraste con el período 1921-28 cuando, a pesar de la deformación burocrática del Estado soviético, el consumo no se subordinó a la acumulación, sino que tuvo lugar un crecimiento más equilibrado de producción, consumo y acumulación.

Esta caracterización de la Unión Soviética como capitalista de estado se basó en la teoría de la revolución permanente de Trotski, tomando al sistema mundial capitalista como marco de referencia básico. Representa un paso más allá del análisis de Trotski del régimen estalinista, presente en La Revolución Traicionada y en otros lugares, que toma en cuenta la presión de capitalismo mundial en el modo de producción y en las relaciones de producción que prevalecían en la Unión Soviética. La explicación de Trotski no revelaba la dinámica del sistema. Se restringió a las formas de propiedad, en lugar de centrarse en las relaciones de producción. No proporcionó una economía política del sistema. La teoría del capitalismo de Estado posibilitaba ambas cosas.

Nos permitió la claridad gracias a pararnos sobre los hombros de un gigante, León Trotski, con su teoría de la revolución permanente, su oposición a la teoría del “socialismo en un solo país”, y su lucha heroica en contra de la burocracia estalinista, sin lo cual no hubiera sido posible comprender al régimen que esta dirigía.

Fue la posibilidad de observar al régimen estalinista años después de la muerte de Trotski, lo que hizo posible desarrollar la teoría del capitalismo de Estado . Fue la transformación de Europa oriental bajo el mando de Stalin, lo que nos llevó a cuestionar si era adecuada la descripción de Trotski de la Unión Soviética como un Estado obrero degenerado.

¿Por qué Trotski no renunció a la teoría de la URSS como un Estado obrero?

Se tiende a mirar el futuro en el marco del pasado. Durante muchos años los socialistas que luchaban contra la explotación, se enfrentaron a la clase social que concentraba la propiedad privada: la burguesía. Cuando Lenin , Trotski y los demás dirigentes bolcheviques decían que si el Estado obrero de la Unión Soviética permanecía aislado estaba sentenciado, imaginaban esa condena de una forma bien definida: la restauración de la propiedad privada —mientras que la propiedad estatal se veía como un fruto de la lucha llevada adelante por la clase trabajadora. De aquí a la conclusión de que la propiedad estatal seguía existiendo en la Unión Soviética fruto del “temor a la clase trabajadora” que tendría la burocracia, había un solo paso; y a la inversa, se suponía que si la burocracia luchaba por incrementar sus privilegios (entre ellos el derecho a la herencia), luchaba por restaurar la propiedad privada.

La experiencia del pasado era el principal impedimento para que Trotski viera que un triunfo de la reacción no siempre implica la vuelta al punto de partida, sino que puede llevar también a una caída en espiral donde se combinen elementos del pasado revolucionario y prerrevolucionario, subordinándose el primero a este último. En estas circunstancias el antiguo contenido capitalista de clase volvía a surgir en una nueva forma “socialista”, sirviendo así como una confirmación de la ley del desarrollo desigual y combinado —ley a cuyo desarrollo tanto aportó el propio Trotski.

En resumen, se puede decir que al mismo tiempo en que Trotski aportó incomparablemente más que cualquier otro marxista a la comprensión del régimen estalinista, su análisis topó con una grave limitación: un apego conservador al formalismo, que por naturaleza es contrario al marxismo, el cual subordina siempre la forma al contenido.

Hacia el final del régimen estalinista

La asunción de que el régimen estalinista era sustancialmente superior al capitalismo, o de que era más avanzado, estaba resumido en la aseveración de Trotski de que en la Unión Soviética las fuerzas productivas se desarrollaron muy dinámicamente, en contraposición a su “estancamiento y declinación en todo el mundo capitalista”. 53 Y es claro que para un marxista el avance relativo de un régimen sobre otro, está expresado sobre todo en su habilidad para desarrollar en mayor medida las fuerzas productivas.

En el mismo sentido de la afirmación de Trotski de que el régimen soviético demostró la habilidad de desarrollar rápidamente las fuerzas productivas, más allá de lo que el capitalismo fue capaz de lograr, Ernest Mandel escribía en 1956:

El Unión Soviética mantiene un ritmo similar de crecimiento económico, plan tras plan, década tras década, sin que el progreso del pasado pese en las posibilidades de futuro… todas las leyes de desarrollo de la economía capitalista que provocan un freno en la velocidad del crecimiento económico son eliminadas. 54

En el mismo año, 1956, Isaac Deutscher profetizaba que luego de diez años… ¡el nivel de vida en la Unión Soviética superaría al de Europa occidental!

La teoría del capitalismo de Estado en la URSS apuntaba exactamente en la dirección contraria: la burocracia era y se volvería cada vez más, un freno para el desarrollo de las fuerzas productivas. En 1948, en el trabajo “La naturaleza de clase de la Rusia estalinista”, había señalado que el papel de la burocracia había sido el de industrializar a la Unión Soviética elevando la productividad del trabajo, pero también que este proceso había disparado grandes contradicciones:

La tarea histórica de la burocracia es la de elevar la productividad del trabajo. Al hacer esto, la burocracia entra en profundas contradicciones. Para elevar la productividad del trabajo más allá de cierto punto, el nivel de vida de las masas debe subir, porque trabajadores que están mal alimentados, mal alojados y son incultos, no son capaces de impulsar una producción moderna. 55

Hasta cierto punto la burocracia pudo elevar la productividad del trabajo mediante la coerción, pero esto no podía continuar indefinidamente. El fracaso en elevar el nivel de vida podía estar ya ocasionando un declive en las tasas de crecimiento de la productividad, así como “desarrollos desiguales de la producción”. 56

El método de Stalin para enfrentar cada nuevo fracaso o dificultad era aumentar la presión y el terror. Pero este rígido método no sólo se volvió más inhumano sino también más ineficaz. Cada nuevo crujido del látigo aumentó la tenaz, aunque muda resistencia de la gente… la opresión estalinista se volvió un freno para el progreso de la industria moderna. 57

El libro presentaba un detallado examen de cómo el régimen estalinista se volvió un obstáculo en todas las ramas de la economía. Sobre la crisis en la agricultura el mismo dice:

El legado que Stalin dejó al campo es una agricultura hundida en un pantano de estancamiento que ha perdurado más de un cuarto de siglo. La producción de granos en 1949-53 era sólo un 12,8% mayor que en 1910-14, mientras que en el mismo período la población había aumentado un 30%. La productividad del trabajo en la agricultura soviética no llegaba ni a una quinta parte de la de Estados Unidos.

El estancamiento se volvió una amenaza al régimen por varias razones. En primer lugar, luego de que el desempleo existente en el campo fue eliminado, se volvió imposible desviar trabajadores hacia la industria en la escala anterior, sin aumentar la productividad del trabajo en la agricultura. En segunda instancia, también se volvió imposible hasta cierto punto desviar importantes recursos de la agricultura para favorecer el crecimiento de la industria. El método de Stalin de la “acumulación primitiva de capital” de convirtió de un acelerador, en un freno que enlenteció toda la economía. 58

¿Y qué hay de la industria? Aunque ésta se había expandido masivamente por más de tres décadas, la tasa de crecimiento estaba disminuyendo. Una productividad que, en los años treinta había crecido más rápidamente que en Occidente, estaba ahora estancada en un nivel considerablemente más bajo que el de Estados Unidos, el mayor rival de la Unión Soviética :

A finales de 1957, el número de obreros industriales en la URSS era un 12% mayor que en Estados Unidos… No obstante, según las propias estimaciones soviéticas, en 1956, la producción realizada anualmente en la industria soviética era la mitad de la de Estados Unidos. 59

Debido a la crisis en la agricultura, el menor nivel de productividad en la industria no podía seguir siendo compensado por un masivo crecimiento en el número de obreros industriales. Así que la burocracia soviética tuvo que prestar creciente atención a la proliferación de una producción de menor calidad dentro de su economía.

Algunas de las fuentes de pérdida eran explicadas en el mismo libro: el aislacionismo que llevó a las empresas a producir internamente mercancías que podían ser producidas en otra parte a menor costo; 60 la acumulación de suministros por gerentes y trabajadores; 61 la tendencia de los gerentes a resistirse a la innovación tecnológica; 62 el énfasis en la cantidad a expensas de la calidad; 63 el descuido en el mantenimiento; 64 la proliferación del papeleo burocrático y los trámites engorrosos; 65 el fracaso en establecer un mecanismo de costos eficiente y racional, que los gerentes requerían para medir la eficacia de las diferentes fábricas. 66 La conclusión era:

Si por la expresión “economía planificada” entendemos una economía en la que todos los elementos que la componen son ajustados y regulados a un ritmo, en el que las fricciones se llevan al mínimo, y sobre todo, en el que la previsión prevalece a la hora de tomar decisiones económicas, entonces la economía soviética es cualquier cosa menos planificada. En lugar de un plan real, son desarrollados métodos estrictos de dirección gubernamental para llenar los huecos dejados en la economía por las decisiones y las actividades del propio gobierno. Por consiguiente, en lugar de hablar de una economía soviética planificada, sería mucho más preciso hablar de una economía dirigida burocráticamente. 67

Muchas otras personas ofrecieron descripciones de las ineficiencias de la industria soviética. Lo que diferenciaba al análisis anterior era la manera en que el desperdicio y la ineficiencia eran vistos como producto de la naturaleza del sistema, o sea, del capitalismo de Estado. Las causas básicas de la anarquía y el derroche en la industria soviética se mantuvieron como expresiones de la acumulación de capital en una economía aislada —que poseía altos objetivos de producción, al mismo tiempo de sufrir un pobre abastecimiento.

Ambas variables presionaron a los gerentes, alentándolos a hacer trampa, a ocultar las potencialidades de producción, inflar las necesidades de suministros y equipamiento, a asegurarse la acumulación de recursos, y en general a actuar conservadoramente. Esto llevó al derroche, y por ende a una mayor carencia de suministros, y esto a crecientes presiones sobre los gerentes, que a su vez los llevaban a hacer trampa una vez más, y así sucesivamente en un círculo vicioso.

Los altos objetivos y los bajos suministros también llevaron a un creciente departamentalismo, donde se cuidaba el sector propio a expensas de la economía en general —nuevamente un círculo vicioso. El mismo problema llevó a los gerentes a priorizar unas cosas u otras. Pero estos sistemas de prioridades y métodos de “campaña” carecían de una clara medida cuantitativa y llevaron a distorsiones y al derroche. Para combatir estas deficiencias se implementaron múltiples sistemas de control, los que en sí mismos significaban un gasto superfluo y en su falta de sistematización y armonía provocaron incluso un mayor derroche. Como consecuencia, surgió la necesidad de un mayor control, más pirámides de papeles y una plétora de burócratas. De nuevo, otro círculo vicioso. El círculo vicioso resultante del conflicto entre planes demasiado ambiciosos sobre la base de pobres suministros se aplicó, mutatis mutandis , al efecto del mecanismo del bajo precio. Esto animó a su vez, un mayor departamentalismo, más campañas de prioridades y la multiplicación de controles.

Detrás de todos estos problemas subyacen imperativos capitalistas —la competencia mundial por el poder y el tremendo gasto militar requerido para sobrevivirla.

La baja productividad no fue causada sólo por la mala administración descrita anteriormente, sino también por la resistencia de los trabajadores. Es imposible juzgar exactamente hasta qué punto esta baja productividad era el resultado de la mala administración y los errores de los de “arriba”, o de la resistencia de los trabajadores. Los dos aspectos naturalmente no podían divorciarse. El capitalismo en general, y su manifestación burocrática vinculada al capitalismo de Estado en particular, se preocupa más por recortar costos y elevar la eficiencia, que por satisfacer las necesidades humanas. Su racionalidad era básicamente irracional, al alienar al trabajador convirtiéndolo en una “cosa”, un objeto manipulado, en lugar de un sujeto que amolda su vida a sus propios deseos. Por esto, los trabajadores saboteaban la producción. 68

El capítulo sobre los trabajadores soviéticos concluía con estas palabras:

Una preocupación central de los líderes soviéticos hoy, es cómo aumentar la productividad del trabajo. La actitud de los trabajadores hacia su trabajo nunca significó tanto para la sociedad. En su esfuerzo por convertir al trabajador en una pieza integrante de la maquinaria productiva de los burócratas, estos han matado lo que más necesitan de él: la productividad y la habilidad creativa. La explotación racionalizada y acentuada crea un impedimento terrible para el incremento en la productividad del trabajo.

Mientras más calificado e integrado esté el trabajador, no sólo se resistirá más a la alienación y a la explotación, sino que también mostrará un desprecio creciente por sus explotadores y opresores. Los trabajadores han perdido el respeto por la burocracia como administradora técnica. Ninguna clase gobernante puede continuar manteniéndose mucho tiempo enfrentando tal desprecio popular. 69

El capitalismo de Estado estaba hundiéndose en una crisis general cada vez más profunda. Como Marx explicó, cuando un sistema social se vuelve un freno para el desarrollo de las fuerzas productivas, la época de la revolución llega.

Una autopsia al régimen estalinista

La autopsia revela la enfermedad que afectó a una persona antes de su muerte. De igual forma, el momento de la muerte puede ser también el momento de la verdad para un sistema social. Cuando en otoño e invierno de 1989 los regímenes de Europa oriental instalados por el ejército ruso empezaron a derrumbarse, seguidos por el derrumbe del “comunismo” en la propia Unión Soviética , el juicio sobre la naturaleza del régimen estalinista se volvió más sencilla.

La percepción del régimen estalinista como un régimen “socialista”, o incluso como un “Estado obrero degenerado” —esto es, como una etapa en la transición del capitalismo al socialismo— implicaba considerarlo más avanzado que el capitalismo. Para un marxista esto significaba, en primer lugar, que era capaz de desarrollar más eficazmente que el capitalismo las fuerzas productivas. Sólo necesitamos recordar las palabras de Trotski:

El socialismo ha demostrado su derecho a la victoria, no en las páginas de Das Kapital , sino en una arena industrial que comprende a la sexta parte de la superficie de la tierra, no en el idioma de la dialéctica, sino en el idioma del acero, el cemento y la electricidad. 70

De hecho es el idioma del desarrollo industrial el que explica los eventos en Europa oriental y en la Unión Soviética. Pero lo que había ocurrido no era ninguna victoria, sino una reducción en la velocidad del crecimiento económico a finales de los años 70 y principios de los 80, que llevó al estancamiento a estos países y a una creciente brecha entre ellos y los más avanzados de Occidente.

En la Unión Soviética la tasa anual de crecimiento del producto bruto interno evolucionó según los datos siguientes: durante el primer Plan Quinquenal (no obstante una demanda exagerada), 19,2%; entre 1950-59, 5,8%; ente 1970-78, 3,7%; entre 1980-82 fue de un 1,5%; y durante sus últimos tres o cuatro años tuvo un crecimiento negativo. 71

Si la productividad del trabajo hubiera sido más dinámica en Europa oriental y en la Unión Soviética que en Occidente, uno no podría entender por qué los gobernantes de estos países en determinado momento se volvieron admiradores del mercado. En tal caso, la reunificación de Alemania debería haber visto florecer a la industria de Alemana oriental en comparación con la de Alemania occidental. Pero, la economía de Alemania oriental se ha derrumbado desde la reunificación. El número de trabajadores empleados en Alemania oriental en 1989 era de diez millones, mientras que diez años después sólo era de seis millones. La productividad del trabajo en Alemania oriental era sólo el 29% del nivel occidental. 72

Si la Unión Soviética hubiera sido un Estado obrero —aunque degenerado— y el capitalismo lo hubiera tomado por asalto, es obvio que los trabajadores habrían salido a defender su propio Estado. Trotski siempre consideró axiomático que los trabajadores de la Unión Soviética saldrían en su defensa si esta era atacada por el capitalismo, a pesar de la corrupta y depravada burocracia que la dominaba. Una analogía favorita de Trotski era entre la burocracia soviética y la burocracia sindical. Hay diferentes tipos de sindicatos —militantes, reformistas, revolucionarios, reaccionarios, católicos— pero todos son organizaciones que defienden la porción que corresponde a los trabajadores en la riqueza nacional. Trotski argumentaba que, a pesar de lo reaccionario que sean los burócratas que dominan los sindicatos, los trabajadores siempre estarán “apoyando sus pasos progresistas y… defendiéndolos en contra de la burguesía.”

Cuando llegó la crisis de 1989, los trabajadores de Europa oriental no defendieron “su” Estado. Si los Estados estalinistas eran Estados obreros, no se puede explicar por qué sus únicos defensores fueron los servicios de seguridad, como la Securitate en Rumania, la Stasi en Alemania oriental, o por qué la clase trabajadora rusa apoyó a Yeltsin, un claro representante del mercado.

Si el régimen en Europa oriental y la Unión Soviética era poscapitalista y en 1989 hubo una restauración del capitalismo, ¿cómo es que esta restauración se logró con tan asombrosa facilidad? Los eventos no cuadran con la aseveración de Trotski de que la transición de un orden social a otro debe ser acompañada por la guerra civil. Él escribió que:

La tesis marxista relativa al carácter catastrófico de la transferencia del poder de una clase a otra se aplica no solo a los períodos revolucionarios, cuando la historia arremete locamente hacia delante, sino también a los períodos de contrarrevolución, cuando la sociedad va hacia atrás. Quien afirma que el gobierno soviético cambió gradualmente de proletario a burgués está solo, por así decirlo, pasando para atrás el film del reformismo. 73

Las revoluciones de 1989 en Europa oriental se destacaron por la ausencia de violencia y de conflicto social a gran escala. Salvo en Rumania, no hubo ningún conflicto armado. De hecho, hubo menos choques violentos en Alemania oriental, Checoslovaquia y Hungría que los que tuvieron lugar entre los mineros en huelga y la policía en la Gran Bretaña de Thatcher.

La transición de un orden social a otro, necesariamente va acompañada por el reemplazo de una maquinaria estatal por otra. Los aparatos estatales fueron escasamente afectados en 1989. En la Unión Soviética , el ejército, el KGB y la burocracia estatal están todavía en su lugar. En Polonia, el ejército ayudó a promover el cambio. El General Jaruzelski, arquitecto del golpe de 1981, y el ministro del interior y administrador principal de ley marcial, el General Kizcak, jugaron un papel crucial en las mesas redondas donde se negociaron los acuerdos con Solidaridad, y en la formación del gobierno de coalición de Mazowiecki.

Si una contrarrevolución hubiera tenido lugar, o si hubiera ocurrido una restauración del capitalismo, debería haber habido el reemplazo de una clase dominante por otra. En cambio, fuimos testigos de la continuidad en la cúspide de las mismas personas. Los miembros de la nomenklatura que administraban la economía, la sociedad y el Estado durante el “socialismo”, ahora hacen lo mismo en el capitalismo. Mike Haynes, en un excelente artículo, “Clase y crisis: la transición en Europa oriental”, escribe:

En lo que [el Estado] ha tenido éxito, ha sido en cambiar la base institucional de su poder… En el proceso ha habido una cierta movilidad ascendente dentro de la clase gobernante y entre los ocasionales nuevos integrantes. Ha habido también un cambio en el equilibrio de poder entre secciones dentro de la clase gobernante. Pero, contrariamente a aquellos que afirman que lo que estaba en juego era la substitución del modo socialista de producción… por una sociedad capitalista, no hay ninguna evidencia de que un cambio fundamental haya tenido lugar en la naturaleza de la clase gobernante. Lo que es más llamativo es cuan pequeño es realmente el cambio ocurrido. Quitar a un general y promover a un coronel, difícilmente constituye una revolución social, de la misma manera que vender una empresa estatal a sus gerentes o renacionalizarla con un grupo similar de personas al mando. Más bien sugiere que lo que está en juego es una transformación interior dentro de un modo de producción, en este caso, un cambio en la forma de capitalismo de un capitalismo estatal fuerte a un modo mixto de Estado y de mercado. 74

Chris Harman describió esto como “moverse hacia el costado”: o sea, cambiar una variante de capitalismo por otra, el capitalismo de Estado por el capitalismo multinacional. Si la Unión Soviética y los países de Europa oriental hubieran tenido un orden social y económico poscapitalista, ¿cómo era posible que una economía de mercado capitalista pudiera adherirse al mismo? Uno puede injertar un limonero en un naranjo, o viceversa, porque los dos pertenecen a la misma familia de los cítricos; pero no se puede injertar una papa en un naranjo. Mike Haynes describe el exitoso injerto del capitalismo de mercado en la economía estalinista, diciendo:

Precisamente porque ambos lados de la transición muestran los mismos rasgos estructurales, es que posibilitaron el oportunismo individual en la escala que hemos analizado. No estamos observando meramente sociedades de clase, sino sociedades de clase arraigadas en un modo común de producción donde lo que ha cambiando ha sido la forma más que la esencia. A menos que esto sea comprendido se vuelve imposible entender cómo, ante un cambio en la cima de la sociedad, las mismas personas, las mismas familias, las mismas redes sociales aún poseen su buena fortuna en los 90, de al igual forma que lo hacían en los años 80. Es verdad que cuando ellos charlan y socializan, en ocasiones pueden pensar en algunos de sus amigos ausentes, pero no pierden de vista el hecho de que a pesar de los cambios todavía están en la cima. Por debajo de ellos continúa la misma clase trabajadora, aún llevando la carga de sus riquezas, privilegios e incompetencia, tal como lo hacía en el pasado. 75

Quienes eran las verdaderas víctimas del viejo orden, son también ahora las víctimas del nuevo. 76

Si la expansión del capitalismo de Estado en Europa oriental cuestionó la teoría de los Estados obreros degenerados, el derrumbe del régimen estalinista respaldó ese cuestionamiento de forma inequívoca. En ambos casos la teoría del capitalismo de Estado demostró ser como una alternativa eficiente. El trabajo de Trotski, al analizar la degeneración de la Revolución rusa y el surgimiento del estalinismo, como producto de la presión del capitalismo internacional sobre un Estado obrero en un país atrasado, fue un esfuerzo pionero. Trotski jugó un papel crucial oponiéndose a la doctrina de Stalin del “socialismo en un solo país”. Su estudio del régimen estalinista, completamente marxista, histórico y materialista, fue crucial para el desarrollo de la teoría del capitalismo de Estado . Es necesario defender el espíritu del trotskismo, a la vez de rechazar una lectura al pie de la letra de lo dicho por Trotski.

Mi crítica de su posición tenía la intención de retornar al marxismo clásico. El desarrollo histórico —sobre todo después de la muerte de Trotski— ha demostrado que la teoría de un Estado obrero degenerado no era compatible con la tradición marxista clásica que identifica al socialismo con la autoemancipación de la clase trabajadora. Para conservar el espíritu de los escritos de Trotski sobre el régimen estalinista, era preciso sacrificar una lectura al pie de la letra de sus palabras. El fin del falso socialismo en la Unión Soviética y en Europa oriental abrió oportunidades para el redescubrimiento de las ideas realmente revolucionarias de Lenin y Trotski, y el verdadero legado de la Revolución de Octubre. A pesar de la llamada “caída del comunismo”, las palabras con las que terminaba mi obra Capitalismo de Estado en la URSS son tan verdaderas hoy como cuando fueron escritas:

El último capítulo sólo pueden escribirlo las masas, movilizadas en forma independiente, conscientes de sus objetivos socialistas y de las formas de alcanzarlos, y encabezadas por un partido marxista revolucionario.

La definición del régimen estalinista como capitalista de estado continuó la teoría de Trotski de la revolución permanente, tomando al sistema capitalista mundial como marco de referencia básico:

…cuando se contempla a Rusia en el marco de la economía internacional, las características básicas del capitalismo pueden ser observadas: “la anarquía en la división social del trabajo y el despotismo en el taller, son condiciones tanto en una como en la otra…”. 77

Esta teoría pudo explicar el sometimiento de la clase trabajadora en la Unión Soviética a la dinámica de la acumulación capitalista, poniendo al régimen estalinista en su contexto global: la situación internacional de un sistema dominado por la competencia militar.

Tomado de “El trotskismo después de Trotsky“, Capítulo II

Redactado:  En inglés, a fines de los 1990s.
Primera publicación: En 1999 con el titulo de Trotskyism after Trotsky, por Bookmarks Publications.
Traducción al castellano: Marina Rivero, militante de Izquierda Revolucionaria (Uruguay).
Fuente de la presente edición digital: En Lucha, cuyo folleto presenta una versión reducida del texto original de Tony Cliff.
Esta edición: Marxists Internet Archive, 2010.