La producción simbólica en la lucha política: el caso de Michelle Bachelet

por Ibán de Rementería //

La época actual en la lucha por el poder se caracteriza por la pérdida de contenidos en los discursos políticos, la necesidad  de las políticas de los acuerdos y los pactos exigen incluso la sustitución del discurso por el relato, no se trata ya de hacer una propuesta de redistribución del poder  que mejore la redistribución  de la riqueza que es socialmente producida por todos, para así  por lo menos garantizar el acceso universal, gratuito y de calidad a los derechos sociales universales como son la salud, la educación y la seguridad social; sino de instalar mediante un relato un producto que ofrezca un conjunto de atributos satisfactorios para los ciudadanos, tales como: liderazgo, capacidad, respeto, energía, credibilidad, confianza, cercanía, etc. Aquí  el sujeto de los atributos es precisamente el o la líder. El presente en lo comunicacional se caracteriza por la sustitución creciente del concepto por la imagen –“una imagen vale por mil palabras” dicen los publicistas-, más aún, el concepto es sustituido por el algoritmo –un conjunto de instrucciones-,  en la gestión del poder el concepto político es sustituido por el liderazgo, lo que puede estallar en el populismo.

Por ejemplo, la ex Presidenta Bachelet construye el símbolo de su liderazgo en su apariencia bondadosa (¿la bonhomía? – “afabilidad, sencillez, bondad y honradez en el carácter y en el comportamiento”-) de su aspecto personal, atributo que le ha permitido ganar dos elecciones presidenciales en 2005 y 2014. Ese atributo de su aspecto bondadoso la instala en su primera competencia presidencial a partir de su  imagen como Ministra de Defensa en un tanque en un día de emergencia climática. Pero lo cierto de la historia política reciente fue  que la falta de discursos programáticos y la carencia liderazgos políticos movilizadores hizo que en la primera vuelta presidencial de año 1999 prácticamente empataran Ricardo Lagos (47,95%) y  Joaquín Lavín (47,51%) candidato de la derecha, frente al político y estadista  por excelencia de la centro izquierda, este solo logró triunfar en la segunda vuelta con el apoyo implícito del Partido Comunista y otros sectores de izquierda. La falta o renuencia a tener discursos políticos y la crisis de los liderazgos masculinos se hace manifiesta por el hecho que en los últimos 13 años, desde el 2005, solo Michelle Bachelet  ha logrado llevar al poder a la Concertación y luego en  2014 a la Nueva Mayoría.

Aquí la crítica simbólica a hacer reposar la práctica política en la bondad del liderazgo, en el caso de la ex Presidenta Bachelet  la hemos abreviado con la expresión “la buena señora”, empleando la ironía para interpelar al abuso del uso de la imagen de la bondad, que pretende sustituir la necesidad de  discursos y prácticas políticas efectivas que suponen la asunción del liderazgo.

Otro componente esencial del relato político actual, en sustitución de discursos propositivos en las prácticas de redistribución del poder y la riqueza, en su producción simbólica, es la infantilización  del destinatario del relato, en la actualidad asistimos no tan solo a esta reducción infantil de la política, sino que además, a un gradual crecimiento de infantilización de la cultura, que se hace manifiesta en una creciente producción por la gran industria cinematográfica de películas infantiles destinadas a un audiencia adulta, muchas veces con contenidos sexuales explícitos y usos descarnados de la violencia, que las convierte en cine infantil para mayores. Lo mismo acontece con gran parte de los contenidos destinados a las redes sociales. En general, caracterizados como relatos fantasiosos, de baja complejidad dramática y alto empleo de recursos técnicos, una saga cinematográfica representativa de este género es “La guerra de las Galaxias”.

Hace unos días, el 4 de mayo, la ex Presidenta Bachelet hizo un posteo en  homenaje a la saga en referencia que decía: “¡Porque la lucha contra el lado oscuro de la Fuerza nunca termina, defendamos juntos los logros ya alcanzados!/ Gratuidad en la educación superior, interrupción del embarazo en 3 causales, y 10 veces más áreas marinas protegidas, entre otros /May-The 4th BeWithYou”. La explicación de este posteo en términos de relato fantasioso lo hace el experto asesor en redes sociales  del Ministerio de Energía Cesar Leyva, quien dice: “… se decide hacer una referencia a la princesas Leia porque entendíamos que ella había compartido mensajes de despedida cuando había fallecido (Carrie Ficher, la actriz que la interpretaba). Entonces sabíamos que le gustaba Star Wars”, añade, “como esto era una imagen presidencial se lo mandamos a la Presidencia, se lo mostraron a ella le pareció interesante, dio su visto bueno para subirlo”. Leyva  remarca así su explicación y justificación del relato fantasioso: “El personaje de la Princesa es super adorable, entonces quizás ella ve una asociación de personalidades. Son dos personajes potentes a través de nivel conceptual” (“Cocreador de ‘Bach-Leia’: Sabiamos que le gustaba Star Wars”. La Segunda, lunes 7 de mayo 2018, p.6).

Dos días después de ese posteo,  el domingo 6 de mayo, aparece un impacto real de la “Bach-Leia”  en el programa político matinal de la Televisión Nacional  “Estado Nacional”, allí Ignacio Walker, el ex Presidente de la Democracia Cristiana, quien se caracterizó por la constante crítica a las mediadas transformadoras del  Gobierno de la Presidenta Bachelet, pese a ser parte de la coalición gobernante, llegando a decir que él no había leído el Programa de la Nueva Mayoría,  durante su participación en ese  programa de TV reconoció que se había sentido identificado con la referencia de la ex Presidenta al “lado oscuro de la fuerza”.

Finalmente, la crítica semiológica política tiene sus riesgos cuando hace la crítica al relato simbólico que pretende rehuir  y quiere sustituir el discurso político, si en el relato simbólico sometido a crítica está implicada la figura de una mujer , esa crítica y su autor pueden ser tildados y sancionados como misóginos, machistas y antifeministas.

(el autor milita en Núcleo Valparaíso Socialista, Izquierda Socialista del PS)