Borges: “La Pesadilla” (Conferencia 1977)

El 15 de junio de 1977, Jorge Luis Borges ofreció una conferencia en el teatro Coliseo de Buenos Aires llamada La Pesadilla, que posteriormente fue publicada por el Fondo de Cultura Económica en Siete Noches, que reúne ésta y otras seis conferencias más. 

“Los sueños son el género; la pesadilla, la especie”, y es así como Borges ordena su discurso, no sin antes expresar su decepción por los libros de psicología, ya que éstos hablan de los instrumentos o de los temas de los sueños, pero no de lo asombroso y extraño del hecho de soñar, razón por la cual todos sus argumentos hacen referencia a poetas, seguramente por el carácter estético que desentrañan los sueños. Cuando leí el texto acudí de inmediato a buscar la imagen que encabeza este artículo. Su autor es el suizo Johann Heinrich Füssli (1741-1825), quien ejerció una honda influencia en los artistas del romanticismo. Hay dos versiones de la pintura, y al parecer los biógrafos no se ponen de acuerdo en las fechas de su creación. Borges explica las pesadillas más famosas de la literatura, ya sea de obras que fueron generadas a partir de dichos sueños, o bien de las experiencias de algunos personajes, asimismo cuenta sus propias pesadillas y algunas de otros artistas, todo esto para profundizar en el horror característico que suscitan. Habla de una posibilidad de interpretación teológica sustentada en las etimologías de la palabra pesadilla en distintas lenguas, puesto que en todas ellas se sugiere algo sobrenatural. En seguida transcribo el fragmento que alude a dicha intuición:

«No será inútil recordar los nombres de la pesadilla. El nombre español no es demasiado venturoso: el diminutivo parece quitarle fuerza. En otras lenguas los nombres son más fuertes. En griego la palabra es efialtes: Efialtes es el demonio que inspira la pesadilla. En latín tenemos el incubus. El íncubo es el demonio que oprime al durmiente y le inspira la pesadilla. En alemán tenemos una palabra muy curiosa: Alp, que vendría a significar el elfo y la opresión del elfo, la misma idea de un demonio que inspira la pesadilla. Y hay un cuadro, un cuadro que De Quincey, uno de los grandes soñadores de pesadillas de la literatura, vio. Un cuadro de Fussele o Füssli (era su verdadero nombre, pintor suizo del siglo dieciocho) que se llama The nightmare, La pesadilla. Una muchacha está acostada. Se despierta y se aterra porque ve que sobre su vientre se ha acostado un monstruo que es pequeño, negro y maligno. Ese monstruo es la pesadilla. Cuando Füssli pintó ese cuadro estaba pensando en la palabra Alp, en la opresión del elfo.

Llegamos ahora a la palabra más sabia y ambigua, el nombre inglés de la pesadilla: the nightmare, que significa para nosotros “la yegua de la noche”. Shakespeare la entendió así. Hay un verso suyo que dice I met the nightmare, “me encontré con la yegua de la noche”. Se ve que la concibe como una yegua. Hay otro poema que ya dice deliberadamente the nightmare and her nine foals, “la pesadilla y sus nueve potrillos”, donde la ve como una yegua también.

Pero según los etimólogos la raíz es distinta. La raíz sería niht mare o niht maere, el demonio de la noche. El doctor Johnson, en su famoso diccionario, dice que esto corresponde a la mitología nórdica —a la mitología sajona, diríamos nosotros—, que ve a la pesadilla como producida por un demonio; lo cual haría juego, o sería una traducción, quizá, del efialtes griego o del incubus latino.

Hay otra interpretación que puede servirnos y que haría que esa palabra inglesa nightmare estuviese relacionada con Märchen, en alemán. Märchen quiere decir fábula, cuento de hadas, ficción; luego, nightmare sería la ficción de la noche. Ahora bien, el hecho de concebir nightmare como “la yegua de la noche” (hay algo de terrible en lo de “yegua de la noche”), fue como un don para Víctor Hugo. Hugo dominaba el inglés y escribió un libro demasiado olvidado sobre Shakespeare. En uno de sus poemas, que está en Les contemplations, creo, habla de le cheval noir de la nuit, “el caballo negro de la noche”, la pesadilla. Sin duda estaba pensando en la palabra inglesa nightmare.

Ya que hemos visto estas diversas etimologías, tenemos en francés la palabra cauchemar, vinculada, sin duda, con la nightmare del inglés. En todas ellas hay una idea […] de origen demoníaco, la idea de un demonio que causa la pesadilla. Creo que no se trata simplemente de una superstición: creo que puede haber —y estoy hablando con toda ingenuidad y toda sinceridad—, algo verdadero en este concepto.»

Borges, Jorge Luis. “La pesadilla” en Siete Noches. Fondo de Cultura Económica, 1992, México. (Tierra Adentro