Por aquí pasó el Negro Calderón

por Colectivo de la Escuela de Periodismo de la  ARCIS //

Nombre: Mario Eduardo Calderón Tapia
Lugar y fecha de nacimiento: Valparaíso, 23 de mayo de 1943
Especialidad: Periodista, egresado de la Universidad de Chile de Valparaíso el 1971.
Lugar y fecha de muerte: Detenido desaparecido, arrestado en Santiago el 25 de septiembre de 1974
Actividades: Dirigente de la JDC, presidente de la FECH de Valparaíso en 1963, cronista de La Unión, docente en Periodismo, trabajador de EMPORCHI, corresponsal de El Rebelde y dirigente del MIR.
Situación judicial (1996): Causa radicada en el Tercer Juzgado del Crimen de Santiago, Rol 130923. Se encuentra en, estado de sumario.

“Por aquí pasó El Negro Calderón” decía el graffitti grabado en la muralla de una celda para prisioneros incomunicados del recinto Cuatro Álamos, en Santiago. Susana Calderón Tapia leyó el mensaje-testimonio que su hermano estampó, entre sesión y sesión de tortura, al ocupar el mismo camarote en agosto del año 1975. Junto a la huella de Mario había una consigna del MIR fechada en mayo de ese año. Allí se perdió su rastro.
Reportero, docente universitario, impulsor de la prensa obrera, dirigente político de la JDC y más adelante del MIR, Mario Eduardo Calderón Tapia escribió con su trayectoria en Valparaíso la mejor crónica contra el olvido. Egresado de la Escuela de Periodismo en 1971, pasó a integrar la oficina de comunicaciones de la Empresa Portuaria de Chile, EMPORCHI. Trabajó como reportero del diario La Unión de Valparaíso, donde publicó reportajes que reflejaban su sensibilidad social. “Los hombres que trabajan de noche”, “Las elecciones presidenciales del 70”, “Actividades de la salud” se titularon algunos de sus temas.
Simultáneamente, se desempeñó como profesor ayudante de las cátedras de Periodismo Interpretativo y Publicidad y Propaganda en la Escuela de Periodismo. Fue corresponsal de El Rebelde, el periódico del MIR, y dirigió, además, periódicos obreros como El Tomatín y Despertar Obrero.

Los padres
En su hechura como organizador, activista, agitador y líder natural influyó de manera determinante Mario Calderón padre, militante falangista, fundador del Partido Demócrata Cristiano. De profesión practicante, demostró su compromiso y coherencia política como dirigente de la Federación de Trabajadores de la Salud. Su madre, Alicia Tapia, dueña de casa, busca sin cesar las huellas de su hijo desde 1974. En 1979 asumió la Presidencia de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos de Valparaíso. Ese año intentaron atropellarla en tres oportunidades, cerca de su domicilio, para detener su búsqueda.
En una carta escrita al calor de la protestas antidictadura de agosto de 1983, la señora Alicia le escribío al Presidente de la Corte Suprema Rafael Retamal: “El recuerdo de mi hijo me fortalece y ha hecho que surja en mí la mujer que hoy soy. Todo ha sido difícil para mí. Debí enfrentarme al mundo exterior y asumir responsabilidades nuevas. He aprendido a sobreponerme a la perdida brutal de mi querido Mario”.

Estudio y trabajo
Mario Calderón se formó en Colegio La Salle, de 1949 a 195S Comenzó su actividad política como estudiante secundario, y a los 17 años ya era dirigente juvenil de la DC. En su carta al ministro Retamal, la madre evoca esos años: “La niñez y adolescencia de mi hijo transcurrieron como la mayoría de las vidas de los hijos del pueblo. El aprendió conocer las limitaciones de los recursos económicos insuficientes; conoció de cerca los sufrimientos y carencias de las familias marginadas, y definió desde muy joven sus ansias de conocimiento”.
En 1961 Mario comenzó a estudiar derecho en la Universidad de Chile. Dos años después, en representación del ala izquierdista de la JDC, ganó la Presidencia de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile de Valparaíso. Además de estudiar y militar, Mario obtuvo su primer puesto de trabajo en el Colegio de Practicantes de Chile. En 1965 tuvo que interrumpir sus estudios para ingresar como empleado a la EMPORCHI, donde se desempeñó como actuario en la Fiscalía de la Administración del Puerto y luego, como subjefe de la sección Ascensores. Más adelante, se desempeñó como liquidador de carta de atraque y ayudante de inspector de faenas, planificación y estadística, en la sección Faenas del puerto.

La JDC del puerto
La Juventud Demócrata Cristiana de Valparaíso, dirigida en la época, por jóvenes de procedencia social popular, tuvo posiciones más izquierdistas que la JDC del resto del país. Arnaldo Torres Ramos, amigo y compañero de ruta del Negro Calderón recuerda ahora: “Los dirigentes demócrata cristianos de esa época eran hijos de obreros y de sectores muy populares, mientras que los militantes de izquierda, más destacados, eran hijo de profesionales acomodados”.
“El Negro Calderón” perteneció a una generación de jóvenes DC que se radicalizó y terminó por abandonar esas filas para militar en partidos y organizaciones de izquierda o formar partidos nuevos, como el MAPU y la Izquierda Cristiana. Su evolución personal se nutrió, entre otras fuentes, de su propia experiencia en la JDC como organizador y propagandista del Movimiento Nacional de Liberación Campesina, donde los jóvenes realizaron trabajo de agitación en favor de la Reforma Agraria.
Dirigentes juveniles como Rodrigo Ambrosio, e intelectuales como Jacques Chonchol y Julio Silva Solar, al reivindicar el derecho a la revolución y a cuestionar la propiedad privada, alimentaron también ese proceso, matizado de vivencias con obreros y campesinos en las minas y en los campos.

El “Naranjazo”
En su alejamiento de la Democracia Cristiana, influyó en “El Negro Calderón”, el apoyo de la derecha a Eduardo Frei Montalva en las elecciones de 1964, tras el “Naranjazo” de Curicó, sorprendente victoria electoral del socialista Oscar Naranjo en una zona tradicionalmente influida por la derecha. Fueron comicios extraordinarios para reemplazar a un diputado fallecido, precisamente el padre del elegido.
El reacomodo de las fuerzas políticas que participarían en las elecciones presidenciales de ese año fue el detonante que estimuló la organización de los disidentes en la DC. La derecha retiró las postulaciones presidenciales de sus candidatos Julio Durán y Jorge Prat para apoyar la candidatura de Freí Montalva.
En el verano de 1964/65, con Freí ya en la Presidencia, Mario Calderón, todavía activo en la JDC, participó en los trabajos voluntarios, del grupo que construyó la Escuela Pública de Los Maitenes, en Casablanca. El 11 de marzo de 1966, durante una huelga de la gran minería del cobre, ocho personas fueron asesinadas por fuerzas policiales en el mineral El Salvador.
Arnoldo Torres: “Luego de la masacre de El Salvador tuvo lugar una. Junta. Nacional de la. JDC en la que participó una treintena de disidentes, entre ellos Mario Calderón. Cuando entró Freí a la Junta, le gritamos “¡Asesino!”. Fue un momento muy fuerte, unos gritando y otros aplaudiendo”.

Viaje decisivo
A los 25 años, en 1967, ingresó a Periodismo en la Universidad de Chile de Valparaíso. Pronto fue invitado a Cuba. Sus camaradas recuerdan que regresó transformado, ganado para la Revolución Cubana, y con la firme resolución de romper con su partido. Su entusiasmo y convicción resultó contagiante. “El regreso del “Negro” confirmaba que estábamos mal ubicados al interior del PDC”, recordó su amigo Arnaldo Torres.
Por esos años, el Negro Calderón conoció en Viña del Mar a Miguel Enríquez, el jefe del MIR. “Nos sentimos identificados con las posturas del MIR, dijo Torres. Cincuenta jóvenes demócrata cristianos se fueron al MIR liderados por Calderón, mientras otros disidentes formaban el MAPU o se integraban a los partidos Comunista y Socialista.

Dirigente del MIR.
Calderón integró la dirección regional del MIR en Valparaíso, trabajó en las áreas estudiantil y sindical, a la vez que laboraba en EMPORCHI y proseguía sus estudios de periodismo. Eran tiempos de lucha por la reforma universitaria. El Negro Calderón dirigió la huelga en la Escuela de Periodismo y trabajó en la brigada de comunicaciones que mantenía contacto con los sindicatos porteños. Tenía dotes naturales de orador. En las concentraciones populares siempre se le vio en la tribuna.
Arnaldo Torres: “El MIR llegó a tener un trabajo sindical muy importante, por el arraigo que Mario tenia en los sectores populares. El 80% de los militantes del MIR de Valparaíso eran obreros. Después de las marchas, decenas de compañeros se quedaban para preguntar cómo se ingresaba al MIR”.
Torres estima que esta composición de clase del MIR en el puerto provocó conflictos con su dirección nacional, constituida fundamentalmente por intelectuales, profesionales y estudiantes.
En Valparaíso los dirigentes no comprendían el énfasis de su partido en las diferencias con socialistas y comunistas y se preguntaban por qué era necesario votar en contra del PS o del PC. “El conflicto interno entre la base sindical y la dirección se prolongó hasta los días del golpe”, afirmó Torres.

Bailarín y buenmozo
Sus amigos lo recuerdan sensible, bonachón, cariñoso, amante del cine y del teatro y un estudioso incansable. “Era un lector riguroso: subrayaba los libros, tomaba apuntes y siempre andaba con su libretita..”, recordó Arnaldo Torres.
Los dirigentes socialistas y comunistas de la época lo describen como un joven buenmozo, asediado por las mujeres. Ni el activismo ni su amor por la lectura le impedían bailar toda la noche en las fiestas universitarias, salir a tomar cerveza con los amigos o participar con entusiasmo en la organización de las fiestas de recepción de los mechones.

La detención
“El Negro Calderón” pasó a la clandestinidad el 11 de septiembre. Partió de Valparaíso a Santiago. Su amigo Torres reveló que en ese período tuvo una compañera con quien compartió una secreta y clandestina relación”. Fue detenido el 25 de septiembre de 1974, a las 9.50 de la mañana, por agentes de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), en las calles Bandera y Catedral. Esa noche allanaron la habitación que arrendaba en Dardignac 89. La propietaria del inmueble, Dolores Galdames, relató que dos agentes de inteligencia sacaron todas las pertenencias de Víctor Rodríguez, nombre con el que ella conocía al Negro Calderón. Le indicaron que su arrendatario se encontraba detenido en un lugar que no podían revelar.
Antecedentes de la Vicaría de la Solidaridad del Arzobispado de Santiago indican que fue trasladado al recinto DINA de José Domingo Cañas 1367, donde fue torturado. Con posterioridad, fue visto en Villa Grimaldi y en Cuatro Álamos, de donde desapareció en la segunda semana de noviembre de 1974.

Los testigos
Además de su hermana, cinco sobrevivientes testimoniaron el paso del “Negro Calderón por las prisiones secretas de la DINA. Rosalía Martínez Cereceda, detenida el 23/9/74, y Edmundo Lebrecht, actor, detenido el 30 /9/74, lo vieron y conversaron con él en José Domingo Cañas. También Cristian Van Yurick Altamirano lo vio en pésimas condiciones físicas.
Raúl Alberto Iturra, detenido el 4 de enero de 1974, lo vio en Cuatro Álamos. El ciudadano español Helios Figuerola Pujol, detenido en la misma fecha que Mario, declaró bajo juramento: “Entre el 4 y el 9 de octubre de 1974 llegó a la celda el señor Mario Eduardo Calderón Tapia, acompañado de otros dos detenidos, los señores José Jara Castro y Aldo Pérez. Calderón Tapia llegó extenuado. Su ojo izquierdo mostraba un hematoma y sus testículos, marcas de quemaduras, por la aplicación de choques eléctricos”.

La desaparición
Calderón le contó a Figuerola Pujol que fue detenido por agentes de la DINA comandados por Osvaldo Romo Mena, entre ellos, un sujeto llamado “El Muñeco”, quienes lo torturaron en José Domingo Cañas. Figuerola declaró que una madrugada de la segunda semana de noviembre de 1974, la DINA se llevó de la celda a Calderón, José Jara Castro y Aldo Pérez. Los tres son desaparecidos.
Los militares jamás reconocieron la detención de Mario Calderón Tapia. En la llamada “Operación Colombo”, la DINA incluyó su nombre entre “Los 119” muertos en ficticias luchas internas en el exterior, cuyos nombres aparecieron en las apócrifas revistas Lea de Argentina y O ‘Día de Brasil, que carecían de editor responsable y sus direcciones resultaron falsas. Periodistas chilenos, adscritos al servicio exterior de la época, intervinieron en esta perversa maniobra destinada al engaño.
La madre logró que Susana, su adolescente hija detenida, fuera expulsada del país. Luego, inició un largo ciclo de diligencias judiciales y administrativas. El 11/5/1975 la Corte de Apelaciones de Santiago rechazó un recurso de amparo interpuesto el año anterior. El caso pasó al Tercer Juzgado del Crimen de Santiago. La juez María Antonieta Gutiérrez sobreseyó temporalmente la causa el 29/4/1975. En mayo, la familia presentó una denuncia por presunta desgracia ante el Segundo Juzgado del Crimen de Santiago. El juez instructor rechazó la petición de constituirse en Villa Grimaldi, en tanto la policía civil informaba al Tribunal, el 25 de mayo, que en ese lugar no existían ni detenidos ni prisioneros. El 29 de octubre de 1975 la Corte de Apelaciones de Santiago sobreseyó temporalmente la causa.

“El Negro Calderón” pasó por Cuatro Alamos y dejó su firma. Pero en Valparaíso dejó mucho más que eso. Por eso, hablar de “El Negro Calderón” es hablar de Valparaíso.

(Este trabajo de Investigación periodística fue realizado por un colectivo de estudiantes y docentes de la Escuela de Periodismo de la Universidad ARCIS, coordinado por la periodista Gladys Díaz, directora de la Escuela).