El problema de la unidad de la izquierda

por Ibán de Rementería // 

Ya no se sabe si el problema de la unidad de la izquierda en Chile ha sido puesto de presente por la contundente derrota que la derecha le propinó a la centroizquierda en las pasadas elecciones presidenciales, o lo es por la aparición y consolidación electoral de una nueva izquierda representada por el Frente Amplio (FA). Este último hecho es el primer resultado de la reforma electoral que termina con el binominalismo electoral y político, reinstaura los tres tercios en la política nacional, incluso los cuatro tercios considerando a la Democracia Cristiana (DC) que aún lucha por conservar su unidad manteniendo su ubicuidad, pero que aspira a ser el partido pivote entre el gobierno y la oposición. Dicho sea de paso, no es el único que quiere lograr ese privilegio, también tenemos a la Federación Regionalista (FR), ex CDs de centro derecha, además, seguramente surgirán desprendimientos de centro derecha desde el Partido por la Democracia (PPD), el Partido radical (PR) y el Partido Socialista (PS) también. Para contribuir a la confusión general en la primera vuelta ganó la centro izquierda y la izquierda, por eso pueden tener la mayoría en el parlamento, y en la segunda vuelta ganó la derecha, que por eso tiene la Presidencia de la República. Para muchos todo está dado para volver a la “política de los acuerdos”. Es en este ambiente político en construcción donde se plantea el asunto de la unidad de las izquierdas.

Primero, hay que preguntarse si es necesaria la unidad de la izquierda según los propósitos políticos que sus partes constitutivas quieren alcanzar, en el sentido de que esos propósitos pueden ser tan diferenciados e incluso llegar a ser antagónicos que no hacen posible o, más aún, no hacen conveniente esa unidad.

Segundo, la unidad del FA depende de su diferenciación con la Nueva Mayoría, más aún con el espíritu exitoso de la Concertación. El FA agrupa a catorce organizaciones y movimientos políticos de diverso origen ideológico, importancia política (cuantitativa) y capacidad organizativa, donde su diferenciación tajante con la coalición política frente a la cual disputa por el mismo contingente social de intereses económicos, culturales y políticos, es precisamente la condición de su propia unidad.
Tercero, el carácter conservador de la centro izquierda representada por la NM, más de centro que de izquierda, no tanto en lo valórico –aborto, matrimonio igualitario, identidad de género, despenalización de la provisión y consumo de drogas, etc.-, sino que, y sobre todo, en el campo de la conservación y promoción de determinados modelos de inversión privada y reproducción ampliada de capital en: la educación, la salud, la seguridad social, los recursos naturales, las obras públicas y los servicios públicos, etc. Este modelo de “inversión, crecimiento y desarrollo” no hace posible un encuentro entre el FA y la NM. Este conflicto sobre la reproducción ampliada del capital en la prestación de los derechos sociales, los recursos naturales, las obras públicas y los servicios públicos es el eje de la crisis política al interior de la DC, y fue el espectro del inmovilismo político del Gobierno de la Presidente Bachelet y ,ahora, de la derrota de la candidatura presidencial de la NM.

El fantasma de ese modelo de inversión crecimiento y desarrollo que se impuso en el programa de Alejandro Guillier fue el que desmovilizó para la segunda vuelta al contingente social de izquierda que había votado por otras opciones en la primera y no movilizó a los abtencionistas de izquierda que así rechazan ese modelo.

Hasta ahora los análisis desde la perspectiva de la centro izquierda, sean sus expertos o dirigentes pues aún no hay análisis de las direcciones políticas de los partidos de la NM, soslayan los contenidos programáticos de las propuestas presidenciales de Alejandro Guillier, sus ambigüedades de propósitos e inconsistencias de financiamiento, remarcando solamente la “campaña del terror”, las campañas de desinformación sobre propuestas programáticas y encuestas, el predominio mediático de la derecha, etc. El caso más simbólico de este fracaso electoral es el caso del Partido por la Democracia (PPD), que es la mejor expresión oportunista de la Concertación y la NM, en origen una partido instrumental que hizo del clientelismo doctrina, el cual fue ahora el más castigado por sus electores, perdiendo más de la mitad de ellos.

Es por eso que la reorganización de un Bloque por el Cambio, o como se le quiera llamar, que sea capaz de reunir a los partidos de izquierda de la NM, o a sus sectores que desde allí se reclaman, y el FA deberá discernir muy claramente sus propuestas políticas sobre la superación del actual modelo de reproducción ampliada de capital y acumulación de riqueza conocido como el neoliberalismo. Tal discernimiento consiste en aceptar o no la inversión privada en la explotación de los recursos naturales, principalmente el cobre, el litio y los recursos pesqueros, así como otros, en las obras públicas y los servicios públicos, etc., o si, por el contrario, esos bienes públicos deben ser gestionados por el Estado para que sus rentas y utilidades monopólicas financien el acceso universal a aquellos derechos sociales a la educación, la salud y la seguridad social.

Además, un programa alternativo tanto al Gobierno del Chile Vamos como a los saldos de la Nueva Mayoría derivada en organizaciones socio liberales, debe establecer el discernimiento entre una Constitución Política que sea el aggiornamento realizada por sus incumbentes a la de Pinochet-Guzmán, o por el contrario producto del debate y la decisión democrática de los representantes del soberano que es la nación chilena, en la Asamblea Constituyente, donde quede claramente redistribuida la gestión del poder para así garantizar la redistribución de la riqueza nacional.

En el campo de la redistribución de la riqueza hay dos asuntos específicos pendientes, primero en las relaciones laborales entre trabajadores y empleadores, capitalistas o el Estado, solo se pueden aproximar a una situación de equidad en la medida que se asegure la negociación colectiva por rama y se asegure el pleno derecho de huelga de los trabajadores sin otro límite que la seguridad de terceros. Segundo, en la regionalización la transferencia a sus gobiernos del recaudo impositivo y de las rentas públicas que en sus jurisdicciones se generan: sobre puertos y aeropuertos, autopistas, recursos naturales, obras y servicios públicos, etc.

(Núcleo Valparaíso Socialista)

(Imagen: El sueño de los justos, Antonio Berni, 1954)