La Asamblea General de las Naciones Unidas rechaza el anuncio de Trump sobre Jerusalén

por Jordan Shilton //

La Administración Trump sufrió una humillante derrota en la Asamblea General de las Naciones Unidas el jueves cuando 128 países condenaron el anuncio del presidente el 6 de diciembre reconociendo a Jerusalén como la capital de Israel. La votación de 128-9, con 35 abstenciones, refleja el aislamiento extremo de Estados Unidos y propicia un enfrentamiento violento en Oriente Próximo.

La votación fue precedida por una agresiva campaña de matonismo e intimidación por parte de Trump y otros funcionarios. El miércoles, Trump amenazó a cualquier país que votara contra EUA con reducir su asistencia al desarrollo. “Toman cientos de millones de dólares e incluso miles de millones de dólares, y luego votan en contra de nosotros”, dijo Trump. “Bueno, estamos viendo esos votos. Dejen que voten contra nosotros. Vamos a ahorra mucho. No nos importa”.

La embajadora estadounidense ante la ONU, Nikki Haley, se sumó a las amenazas en su discurso en la Asamblea General del jueves pasado. “Estados Unidos recordará este día en el que fue señalado en la Asamblea General por el derecho de ejercer nuestro derecho como nación soberana”, declaró Haley. “Y lo recordaremos cuando acudan a nosotros muchos países, como lo hacen a menudo, para pagarles más y para usar nuestra influencia en su beneficio”. Luego, procedió a informar arrogantemente que, sin importar el resultado de la votación, Washington no cambiará su política.

Solo Togo, las Islas Marshall, Micronesia, Palau, Nauru, Guatemala y Honduras se alinearon con Estados Unidos e Israel en apoyo del reconocimiento de Jerusalén. Treinta y cinco países se abstuvieron y 21 se ausentaron de la votación, una indicación de que las amenazas de Trump y Haley tuvieron algún impacto.

En toda una serie de otras resoluciones en la ONU, Estados Unidos se ha encontrado a menudo en una pequeña minoría de apoyo a Israel. No obstante, la disposición de tantos Estados a desafiar tan explícitamente a Estados Unidos pone de manifiesto el recrudecimiento de los antagonismos interimperialistas y el prolongado declive del capitalismo estadounidense.

Los aliados tradicionales de EUA, Reino Unido, Francia y Alemania, que han tendido a abstenerse en las resoluciones relacionadas con Israel, votaron por condenar el anuncio de Trump. Incluso Canadá, posiblemente el aliado más cercano de EUA y un país que ha votado repetidamente en defensa de Israel en la ONU, se abstuvo.

El hecho de que las bravuconas amenazas de Trump causaron tan poca impresión y el rechazo decisivo a la posición de Washington solo aumenta el peligro de que EUA pueda expandir agresivamente su intervención en Oriente Próximo y desencadenar un conflicto regional catastrófico.

El matonismo y hostigamiento característicos del Gobierno de Trump están ligados a la disposición de recurrir a conflictos entre grandes potencias, como lo elabora la estrategia de seguridad nacional de Trump publicada la semana pasada. Habiendo participado en una serie de guerras virtualmente ininterrumpida por más de un cuarto de siglo, cobrando la vida de millones en el proceso, la clase gobernante estadounidense ahora contempla abiertamente conflictos militares a una escala que no se había visto desde las dos guerras mundiales del siglo XX.

Si Trump cumpliera su amenaza de recortar la ayuda financiera a aquellos Estados que se oponen a su línea en Jerusalén, esto solo intensificaría las grandes tensiones de poder en Oriente Próximo. Egipto, Jordania, Afganistán, Irak y Pakistán desafiaron a Washington al apoyar la resolución. Las potencias europeas, lideradas por Alemania, interpretaron la decisión estadounidense sobre Jerusalén como una oportunidad para expandir su influencia en la región a expensas de Estados Unidos y llenarían rápidamente el vacío dejado por cualquier reducción de asistencia norteamericana. Rusia y China, los principales obstáculos en el impulso agresivo de Washington para asegurar un dominio indiscutible en esta región rica en fuentes energéticas, también aprovecharían la oportunidad.

El voto de la Asamblea General, que no es vinculante, se produjo tres días después de que Haley emitiera el único voto en contra de la misma resolución en el Consejo de Seguridad, vetando su aprobación.

La decisión de Trump en Jerusalén puso fin al fraude de décadas de la llamada solución de dos Estados para el conflicto entre Israel y Palestina promovida por Washington y las otras principales potencias imperialistas. Al mismo tiempo, dejó al descubierto la bancarrota de la perspectiva nacionalista burguesa que afirma que los palestinos pueden asegurar sus aspiraciones democráticas y sociales al lograr un trato con las potencias imperialistas.

Esto último se vio claramente jueves, cuando los funcionarios de la Autoridad Palestina aplaudieron la aprobación de una resolución que esencialmente reafirma el statu quo bajo el cual Israel ha oprimido despiadadamente al pueblo palestino durante décadas. El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, cuyo régimen ha servido lealmente como guardia de seguridad para el imperialismo estadounidense y es ampliamente odiado entre los palestinos, celebró la votación como una “victoria para Palestina”.

“Continuaremos nuestros esfuerzos en las Naciones Unidas y en todos los foros internacionales para poner fin a esta ocupación y establecer nuestro Estado palestino con Jerusalén Oriental como su capital”, agregó Nabil Abu Rdainah, portavoz de Abbas.

En realidad, Washington ha dejado en claro que no está preparado para tolerar el surgimiento de tal Estado. Las potencias imperialistas europeas realmente no ostentan preocuparse más por crítica situación de los palestinos, pero esperan explotar la incapacidad de Washington para negociar un acuerdo entre los israelíes y los palestinos, y la crisis de su intervención militar en Siria, para avanzar sus propias ambiciones depredadoras en Oriente Próximo

Los regímenes árabes burgueses, que utilizaron la Asamblea General para atacar la política de Trump, son completamente cómplices de las terribles condiciones que enfrentan los palestinos. Todos estos regímenes fueron informados por adelantado sobre el anuncio de la política de Trump. Arabia Saudita, que desea ganar el apoyo israelí para su política de confrontar militarmente a Irán, citó a Abbas a una reunión a Riad en noviembre para dictarle los términos de un acuerdo que implicaba aceptar el control israelí de Jerusalén y reducir el territorio palestino a unos pocos y pequeños enclaves apartados.

La decisión estadounidense sobre Jerusalén fortaleció la mano del Gobierno derechista de Benjamin Netanyahu, el cual ha herido a más de 1900 palestinos, arrestado a más de 200 y asesinado a 10 palestinos en las dos semanas desde el discurso de Trump, en las que las fuerzas de seguridad israelíes respondieron a las protestas de masas con municiones real. La decisión de Estados Unidos también ha hecho que Tel Aviv siga burlando el derecho internacional en los territorios ocupados, incluso al insistir en su programa de asentamientos ilegales.

Previsiblemente, Netanyahu pasó a la ofensiva después de la votación. Tachando el resultado como “absurdo”, proclamó que Jerusalén “siempre fue, siempre será” la capital de Israel.

La política de Trump en Jerusalén está ligada a los esfuerzos por construir una alianza antiiraní en Oriente Próximo con el objetivo de prepararse para una guerra con Teherán. Desde que visitó Arabia Saudita en mayo para pronunciar un discurso ante los líderes árabes reunidos, en el que pidió la formación de una alianza sunita para combatir a Irán, Trump y sus altos funcionarios han escalado las tensiones con Teherán y sus aliados en cada oportunidad.

El reconocimiento de Trump de Jerusalén como la capital de Israel se produjo menos de dos meses después de que se negara a certificar el cumplimiento de Irán del acuerdo nuclear acordado en el 2015 bajo la Administración Obama. Además, le ha exigido al Congreso adoptar sanciones más severas, incluso en cuando al programa de misiles balísticos del país.

El período previo a la votación de la ONU del jueves solo subrayó la profundización de las tensiones en todo Oriente Próximo. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, denunció las amenazas de Trump de reducir la ayuda financiera y pidió a la comunidad internacional que le enseñe a Estados Unidos “una buena lección”. “Señor Trump, no puede comprar la voluntad democrática de Turquía con sus dólares. Nuestra decisión es clara”, continuó. “Llamo al mundo entero: no se atrevan a vender su lucha democrática y su voluntad por miserables dólares”.

Si bien tales comentarios acarrean mucha politiquería, con Turquía tratando de explotar el tema de Palestina para reforzar su posición en la región, los comentarios de Erdogan reflejan la disputa cada vez más tensa entre Ankara y Washington. Erdogan se ha reunido con el presidente ruso Vladimir Putin siete veces este año y su Gobierno ha indicado su intención de comprar un sistema de defensa antiaéreo ruso. Además, parece que el Gobierno turco llegará a un acuerdo con Rusia e Irán sobre la presencia de representantes kurdos en las conversaciones de paz en Siria, de las cuales Washington ha sido en gran parte excluido.

(Fotografía: Ismail Haniye, líder de Hamas, concurre a protesta contra decisión de Trump)