Abstención y clientelismo en la segunda vuelta

por Ibán de Rementería //

La abstención y el clientelismo son los dos grandes marcos dentro de los cuales se desenvolverá esta segunda vuelta de la elección presidencial. Ya conocemos la correlación de fuerzas que quedó esclarecida en la primera vuelta, un 56% que se abstuvo, del 44% que votó  un 37% lo hizo por  Piñera, el 23% por Guillier y un 20% por Sánchez, si sumamos aritméticamente la centro derecha, por una parte, y la centro izquierda y la izquierda por la otra, la polarización sería 45% para el candidato de Vamos Chile y el 55% el de la Nueva Mayoría (NM), pero bien sabemos que los asuntos electorales son bastante más complejos que las encuestas y las estadísticas.

Es probable que la abstención se aproxime más a la del 65% de la pasada elección municipal, pero lo cierto es que afectará más a la candidatura de la NM, ya que es conocido que los electores de centro derecha y derecha son mucho más leales a sus liderazgos, en cambio los electores de centro izquierda e izquierda son críticos y díscolos con los suyos.

Además, es un error estratégico de la conducción de la NM, y las expresiones poco afortunadas, descorteses y a veces francamente ofensivas  de sus bases, tendientes a culpabilizar al Frente Amplio (FA) de la eventual derrota de Guillier, por no dar su apoyo irrestricto a la candidatura de aquella convocando a una supuesta unidad intrínseca de la centroizquierda, la izquierda histórica, y la nueva izquierda, lo cual es una forma en cubierta de “terrorismo político”, culpabilizando a un eventual aliado renuente a los resultados de sus errores históricos cuando, precisamente, el FA surgió como una alternativa a la NM en un proceso de diferenciación ideológica, política, programática y organizativa con esta.

La tarea de la NM y sus nuevos aliados es, en primer lugar, impedir que segmentos importante de sus votantes eventuales no se sientan convocados y se abstengan, además, en segundo lugar, y esto es lo estratégico, convocar a los electores del FA a que voten por  Alejandro Gullilier, el candidato de la NM, a que no se abstengan o voten por Piñera.

El clientelismo es una forma forzosa de fidelización política, sea por la vía pagos efectivos, regalos, colocación en puestos públicos o privados, prebendas de la administración pública o municipal, negocios con el estado o algún municipio, etc. El clientelismo puede fidelizar de manera orgánica a los militantes y simpatizantes de los partidos políticos, así como a sectores sociales referidos por actividad económica o ubicación social o pertenencia territorial, es el caciquismo que complementa y vuelve capital electoral al clientelismo. Las pasadas elecciones muestran al interior de la NM un grave deterioro de la estructura clientelar y cacical, todos sus partidos políticos perdieron algo así como la mitad de sus electores y de sus representaciones parlamentarias, incluida la DC, el único partido de la NM que resulta indemne a esto fue el Partido Socialista (PS), que conservó su participación electoral, mantuvo su representación parlamentaria, incluso eligió senadores sin muchas expectativas, incluido su Presidente. Aquí la estructura clientelar y cacical ha mostrado toda su eficiencia, esto que por ahora puede parecer muy positivo, antes que después terminará haciendo efectiva la actual crisis ideológica, política y organizativa que padece el Partido Socialista, precisamente porque se verá crecientemente drenado por las expectativas que el FA está generando entre sus militantes cautivos pero cada vez más desengañados y avergonzados por los incumplimientos políticos y las conductas inaceptables de sus liderazgos, como el caso del Alcalde Aguilera, ex vicepresidente del Partido, pero que sigue siendo uno de sus tres más grande electores internos.

Lo más característico de los partidos y organizaciones que conforma el FA es su baja estructura clientelar y cacical, tanto por ser organizaciones nacientes y en formación como por expreso propósito político organizativo de sus liderazgos,  como otro criterio de diferenciación con los partidos de la NM,  además del político programático, es por eso que las orientaciones electorales de sus liderazgos tendrían un bajo efecto y, más aún, podrían ser contraproducentes, pero sobre todo sería una grave trasgresión a su principio de diferenciación con la NM: “no acarreamos”, “no somos los dueños de los votos de nuestros electores”. Es en este sentido que el liderazgo del FA  haya puesto la decisión de votar o no por Guillier en sus electores mismos ha sido no tan solo una decisión atinada con su coherencia política y organizativa, también lo es para la candidatura presidencial de la NM.

Lo que se debe tener en claro es que el mensaje profundizador de las reformas políticas y económicas para garantizar los derechos sociales universales debe estar dirigido a los votantes del FA y no a sus supuestos liderazgos personales, políticos  u orgánicos, aquí es donde hace sentido el “avanzar sin transar”. Véase como el programa del FA no tan solo está haciendo profundizar el programa de Guillier, también el de Piñera ya que este no tan solo se aviene condonar parte de CAE (Crédito con Aval del Estado), asimismo a revisar el monopolio previsional de las AFP (Administradoras de los Fondos de Pensiones).

Una pregunta imaginaria, pero violenta lo reconozco, es estimar cuantos militantes del PS irán a votar por Guillier no tanto motivados por el liderazgo del Partido, sino más motivados por el llamamiento oblicuo del FA, tanto más aquí en Valparaíso convocados por el Alcalde Sharp.

 

(el autor milita en el Núcleo Valparaíso Socialista, PS)

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