El Kremlin recibe el centenario de la Revolución de Octubre con temor y hostilidad

por Clara Weiss //

La oligarquía del Kremlin recibió el centenario de la Revolución de Octubre con una mezcla de temor y hostilidad, caracterizando falsamente los acontecimientos de 1917 y atacándolos desde una base nacionalista y de extrema derecha.

Virtualmente no hubo celebraciones oficiales del centenario El Kremlin promocionó un desfile militar en la Plaza Roja de Moscú, recreando un evento de 1941, durante la Segunda Guerra Mundial. El Partido Comunista (KPRF, por sus siglas en ruso), una organización derechista que glorifica los crímenes del estalinismo y mantiene lazos con agrupaciones xenofóbicas e ilegales, fue el organizador de la conmemoración.

La hostilidad extrema de la oligarquía hacia 1917 se reflejó particularmente en la campaña televisiva financiada por el Estado contra la revolución y, más notablemente, contra León Trotsky, quien, además de ser el colíder con Lenin del levantamiento y el fundador del Ejército Rojo, fue el más importante opositor marxista de la traición nacionalista de la revolución que llevó a cabo la burocracia estalinista.

Durante la semana pasada, se transmitió una serie con ocho episodios de alto presupuesto sobre Trotsky en el Canal 1, el más visto por televisión en Rusia. Emplea desvergonzadamente clichés antisemitas y ultraderechistas, retratando a Trotsky como un adicto sexual y un ególatra asesino. Otro “documental” del mismo canal, llamado “El demonio de la revolución”, revive las viejas injurias de que los bolcheviques fueron financiados por los alemanes.

El presidente Vladimir Putin, un multimillonario según todos los registros, se distanció de todas las conmemoraciones públicas de la revolución. El último mes, expresó hostilidad hacia el acontecimiento, indicando frente a académicos, “¿No hubiese sido posible seguir un camino evolucionario en vez de atravesar una revolución? ¿No pudimos haber evolucionado por medio de un avance gradual y consistente en vez de a través del costo de destruir nuestra condición de Estado y el fraccionamiento de millones de vidas humanas?”.

Durante el último periodo, el Kremlin ha tenido dificultades en encontrar cómo manejar el legado de la Revolución Rusa. En tratar estos acontecimientos y sus implicaciones políticas ha oscilado entre tres tendencias principales.

La primera, una campaña neoestalinista, se ha expresado en la forma de libros elogiando a Stalin y justificando sus crímenes contra la revolución, incluyendo el terror de los años treinta. La segunda, la divulgación de ataques ultraderechistas y antisemitas contra la revolución y sus líderes, ha sido destacada en obras denunciando a Trotsky como un agente de los “Rothschilds” y llamándolo un “devorador de hombres”. La tercera tendencia y la más reciente ha consistido en un esfuerzo del Kremlin para presentar la revolución esencialmente como un evento nacional—la “Gran Revolución Rusa”— que tenía como fin salvar al “Estado ruso”. Esta falsificación ha sido consagrada a un nuevo libro de historia asignado a escuelas alrededor del país.

Esta ofensiva contra 1917, que muchas veces recrea los ataques a la revolución y a Trotsky que acostumbraba la contrarrevolución blanca, es una medida de la extrema debilidad económica y política de la oligarquía rusa que surgió de la restauración del capitalismo en el país.

Dicha reimposición del mercado en Rusia ha constituido un desastre sin descanso para la vasta mayoría de la población del país. Ha creado una capa de oligarcas parásitos que gobiernan una economía altamente desigual y dependiente de las exportaciones energéticas.

Según un reporte del 2016, el 10 por ciento más pudiente controla un 89 por ciento de toda la riqueza de los hogares en Rusia, un 2 por ciento más que en el 2015. En comparación, esta cifra es del 78 por ciento en Estados Unidos y del 73 por ciento en China. Nada menos que 122 000 individuos de Rusia pertenecen al 1 por ciento más pudiente a nivel global, mientras que hay alrededor de 79 000 millonarios en dólares y 96 individuos con más de mil millones de dólares en Rusia.

Alrededor del 56 por ciento de los trabajadores rusos gana menos de 31 000 rublos ($531) al mes y el 29,4 por ciento de la población —unos 43 millones de personas— vive con menos de $256 al mes.

La extenuación social y la privación se expresan agudamente en las devastadoras epidemias del VIH y de las adicciones de heroína. Más de un millón de personas (alrededor del uno por ciento de la población) están infectadas con el VIH, un porcentaje superado solo por África subsahariana. En el 2013, había casi 2 millones de personas consumidores de drogas inyectables en el país. Desde 1991, más de un millón de personas se han suicidado. La población ha caído a poco más de 140 millones.

Más allá, Rusia se enfrenta a la amenaza de verse repartida entre las potencias imperialistas y de una guerra nuclear. La élite gobernante rusa oscila entre las amenazas militaristas y las apelaciones desesperadas a los imperialistas para que cambien su curso.

Bajo estas condiciones, es inevitable que los ideales centrales de la Revolución Rusa, de oposición a las guerras imperialistas y a la desigualdad social, se vuelvan nuevamente atractivos para capas importantes de la población. Estos sentimientos, los cuales se ven reflejados en una nostalgia indefinida hacia la Unión Soviética, se encuentran necesariamente bajo un manto de confusión. Después de décadas de falsificaciones históricas y de los crímenes del estalinismo —incluyendo ante todo los asesinatos del conjunto del Partido Bolchevique, gran parte del Comintern y del mismo León Trotsky—, no son conocidos los hechos básicos sobre la Revolución Rusa y la lucha posterior de la Oposición de Izquierda contra el estalinismo.

Es por esto que la oligarquía gobernante, la heredera histórica de la burocracia estalinista, está haciendo todo lo posible para confundir a la población sobre los orígenes y el programa de la Revolución Rusa, fomentando el nacionalismo ruso y atacando al revolucionario más estrechamente asociado con la batalla contra la traición nacionalista de la Revolución, León Trotsky.

Sin embargo, esta campaña de falsificaciones históricas está basada en cimientos extraordinariamente inestables. ¿Quién le prestará credibilidad a moralismos y ataques contra la revolución y sus líderes provenientes de una burguesía sumida en la criminalidad, el parasitismo y una depravación moral como ninguna otra?

A medida que se intensifica la crisis socioeconómica y de guerra y se acercan capas cada vez más grandes de la clase obrera internacional a luchas sociales, una nueva generación de jóvenes y trabajadores se orientará al evento histórico más monumental de Rusia y el mundo en el siglo XX.

Urgimos a los trabajadores y jóvenes de Rusia a que estudien el material producido por el Comité Internacional de la Cuarta Internacional sobre el centenario de la Revolución Rusa y que se unan a la lucha por la continuación de la revolución socialista mundial que fue comenzada por los bolcheviques en Rusia en 1917.

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