En los cien años de la Revolución Rusa y en el Chile de hoy

por Ibán de Rementería//

A cien años de la Revolución de Octubre la pregunta que tienen que ser hecha es porque ésta  termina en los gobiernos de Gorbachov, Yeltsin y Putin, todos ellos productos políticos de esa revolución. ¿Cómo esa revolución política que realizó una revolución social terminó como ya sabemos? ¿Cómo el saber de los bolcheviques convertido en poder soviético –poder de consejos de obreros, campesinos y soldados-, transformaron ese país agrario y feudal, en un país estatista e industrial, para convertirlo finalmente en un país capitalista, extractivista e industrial retrasado?.

Si bien las revoluciones son políticas, son procesos vertiginosos de redistribución del poder, de crecimiento de la democracia, sus propósitos son siempre de redistribución de la riqueza que colectivamente toda la sociedad produce. La Revolución Francesa fue principalmente una reforma agraria, la Revolución Rusa fue una reforma agraria y la estatización de los principales medios de producción, lo que le aseguraba al estado la apropiación del excedente económico y el poder discrecional para hacer uso social y económico de él.  

Cuando en la historia occidental se habla de revolución se refiere a la Revolución Francesa (1789) y a la Revolución Rusa (1917), se consideran como revoluciones también a la Revolución Inglesa (1630) y la Revolución Americana (1774), pero  sólo en aquellas los pueblos francés y ruso –en lo concreto los pueblos de París y Petrogrado – respectivamente, tomaron la iniciativa y mantuvieron el protagonismo hasta que el orden político institucional se los apropio. Allí el Consulado y el Imperio, allá el Estado Soviético.

La Revolución  Rusa se asumió como terror rojo con los bolcheviques en su conducción desde la toma del Palacio de Invierno hasta las purgas estalinistas de 1937-1938, de igual manera como la Revolución Francesa  se asumió como el Terror, a secas, cuando los jacobinos radicalizados se tomaron el poder en el momento de mayor peligro para ella, aplicándole la guillotina a todo el que representara la aristocracia, incluidos el Rey y la Reina, como a cualquiera que se opusiese a ella o no mostrase suficiente lealtad con ella,  el líder de este procedimiento de salvación nacional, Robespierre terminará él mismo aguillotinado para tranquilidad tanto de sus enemigos como de sus asociados, la mayor hazaña del jacobino Napoleón Bonaparte fue la represión del pueblo de Paris, el 18 de brumario, luego Napoleón le podrá orden institucional a la revolución y en su intento de volverla así universal –europea imperial- terminará su aventura en la derrota militar de Waterloo. Pero las cosas nunca volvieron a ser las de antes, los pueblos siguieron intentado librarse de la dominación y luchando por la emancipación en 1830, 1848 y de manera radical el pueblo de Paris en 1871. Los desacuerdos sobre la distribución del poder político, territorial y de la riqueza en Europa más o menos se resolvieron mediante dos guerras mundiales (1914 y 1939), movilizando a grandes masas de población como en la revolución.

La Unión Soviética fue una invención política de un partido político, el Partido Comunista, un partido con una ideología estructurada, en lo concreto representar los intereses políticos,  económico y sociales de los trabajadores asalariados –los proletarios- frente a la burguesía industrial, comercial y financiera que los explota para hacer reproducción ampliada del capital, por lo tanto contaba con un proyecto político específico para representar en cada momento y lugar los intereses de aquellos.

No se necesita ser un avezado científico político para cerciorase que el jacobinismo radicalizado de la facción bolchevique –la mayoría- del Partido Obrero Social Demócrata de Rusia terminó absorbido en el autoritarismo organizativo e ideológico instalado por el estalinismo, conduciendo a sus militantes y cuadros a la despolitización. Como es sabido el  “poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. El  intento democratizador de Gorbachov fue derrotado por la fracción burocrática del Partido Comunista de la Unión Soviética y ambos anulados entre sí fueron desplazados por la facción neo liberal encabezada por Yeltsin, hecho internacionalmente celebrado, quien puso fin a la Unión Soviética, asunto no previsto ni por la CIA ni por la KGB, y dejó al Partido Comunista en la oposición donde no es una amenaza para nadie, vive de la nostalgia y la celebración de Stalin como fundador de la Rusia moderna. 

La Revolución Rusa nos ha dejado dos lecciones históricas fundamentales, primero, que para hacer una revolución política, la toma del poder, y realizara una revolución social, económica, cultural y tecnológica se necesita una organización política y una ideología de clases, en este caso de los trabajadores, se requiere un partido político revolucionario; segundo, que la revolución debe ser democrática, constantemente redistribuidora del poder, o merece ser puesta en una jaula con otros objetos políticos curiosamente perversos, ya que de lo contrario indefectiblemente terminará en manos de líderes personalista como Napoleón o Stalin y así el poder retornará a las clases dominantes.

Aquí, después de 17 años de dictadura militar y 27 años de democracia tutelada por la constitución Pinochet-Guzmán, regida por la economía neoliberal extractivista y rentista con un estado socialmente subsidiario, produjo un modelo de control político y social altamente privatizador y concentrador de la riqueza, conocido como la exitosa transición, conducida por los partidos de la Concertación. Pero este modelo manifiesta sus primeros signos de crisis con la derrota de Lagos Escobar por Joaquín Lavin en la primera vuelta presidencial en 1999, no obstante aquel logra triunfar en la segunda vuelta convocando al PC y al resto de la izquierda no institucionalizada en la Concertación, constituyéndose su gobierno en el paradigma de cooperación público privada y el reformismo político, luego la elección de la carismática  Michel Bachelet en 2006 salva la situación. Pero, ese modelo de control social y político despolitizador de la ciudadanía –medido en abstencionismo creciente- fracasará estruendosamente con la elección presidencial de Sebastián Piñera en 2010. Entonces, en el año 2011 el movimiento social se expresa a lo largo de todo el país protestando por las consecuencias locales inaceptables del modelo económico extractivista y rentista, ahí “la calle” pone en jaque al gobierno y en crisis de representación al conjunto de los partidos políticos, el liderazgo del movimiento social lo asumen los estudiantes, quienes establecen que la principal causa de la desigualdad es el acceso selectivo o negado a la educación en general y a la superior en particular, en ese momento el movimiento social estableció el programa mínimo de gestión de la distribución del poder y la riqueza, constituido por el derecho al acceso universal, gratuito y de calidad a la salud, la educación y la seguridad para todas y todos los habitantes del país; además para hacer ese proceso de redistribución de la riqueza estableció que es absolutamente necesario hacer un proceso de  redistribución del poder político mediante una Asamblea Constituyente. En 2014 la candidata indiscutible de la Concertación para recuperar el poder es nuevamente Michelle Bachelet,  que más el Partido Comunista conforman la Nueva Mayoría, quien hace suyo como programa presidencial la demanda de la calle por la plena satisfacción de los derechos sociales fundamentales en salud, educación y seguridad social. El nuevo gobierno para financiar esas reformas acomete la reforma tributaria y mejorará la capacidad negociadora de los trabajadores con la reforma laboral, pero las negociaciones cupulares intra y extra Nueva Mayoría no dejan conforme ni a beneficiarios ni afectados: ni a trabajadores ni a empresarios; la reforma tributaria vuelve al conocimiento tributario en una ciencia compleja; la reforma educativa no convoca ni satisfaces a estudiantes, ni a docentes, ni a rectores, ni a propietarios de las instituciones educativas; la constituyente y la regionalización se diluyen entre los intereses de los incumbentes tanto en el Gobierno como en el Parlamento; la reforma del sistema de seguridad social, pese a ser demandada por el segundo movimiento social masivo luego del estudiantil, con la consigna: “No más AFP”, es remitida a “comisiones” especializadas.

Lo anterior y la situación electoral actual plantean tres escenarios y una sola coyuntura. La mayor novedad política es que el movimiento social conducido por los estudiantes se configura como un tercer actor político, el Frente Amplio, conformado por un conjunto de 15 partidos y movimientos políticos originados entre los estudiantes y diversos proyectos de izquierda frustrados.

Cada escenario queda definido por la propuesta política que se propone realizar cada uno de los contendientes presidenciales en relación a la satisfacción de los tres derechos sociales fundamentales, propuestos por el movimiento social  y que intentó implementar el Gobierno de la Presidenta Bachelet.

El primer escenario es el eventual triunfo de Sebastián Piñera, quien se propone dar marcha atrás en esas tres reformas, eso generará movilizaciones sociales de resistencia tanto más fuertes cuan profundas sean las contra reformas, todo lo cual provocará una creciente polarización social y política. Una primera manifestación de esto fue que José Antonio Kast, candidato presidencial de la extrema derecha conservadora en lo valórico y neo liberal en lo económico social,  fue aplaudido 17 veces en la última  ENADE (Encuentro Nacional de la Empresa), mostrando así el profundo carácter reaccionario del empresariado nacional.

El segundo escenario es el posible triunfo de Alejandro Guillier, quien se ha comprometido a continuar las reformas iniciadas por la Presidenta Bachelet, pero dado que su programa no prevé la recuperación para el Estado de las rentas y utilidades proveniente de la explotación de los recursos naturales concesionados a los privados, como tampoco de las que producen las obras públicas sobre los bienes nacionales, ni los servicios públicos que constituyen monopolios naturales, está claro entonces que no se contará con los recursos suficientes para profundizar esas reformas, lo cual le otorga un carácter demagógico y populista a esa propuesta programática, es decir no se tiene voluntad de hacerlas e irresponsabilidad fiscal en caso de hacerlo. Esto generará frustraciones en el movimiento social y aumentará la perdida de legitimidad política de la  Fuerza de Mayoría  lo cual a su vez aumentará las movilizaciones sociales y la polarización política.

El tercer escenario es el no descartable triunfo de Beatriz Sánchez y el Frente Amplio, ellos no tan solo se han comprometido a dar cumplimiento a la satisfacción de los derechos sociales en salud, educación y seguridad social, también se proponen la recuperación de la explotación de los recursos naturales o al menos de una renegociación sobre sus rentas con los actuales concesionarios, también sobre algunos servicios públicos, incluso han valorizado el costo anual de dar cumplimiento a sus promesas en unos US$ 13.000 millones anuales, incluido entre otros poner fin a la privatización de la seguridad social de la población civil, lo cual se aproxima a los US$ 12.000 millones anuales que las mineras privadas del cobre se han llevado como sobre ganancias en los últimos diez años –más allá de sus utilidades, costos de riesgo, costos tecnológicos, etc.-, según la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile. Aquí lo claro es que el empresariado nacional e internacional no se dejará quitar esa parte de la riqueza nacional que les ha cedido graciosamente el Estado de Chile durante la Dictadura Militar, los gobiernos de la Concertación, la Coalición por el Cambio y la Nueva Mayoría. En este escenario la polarización política es un claro proyecto y amenaza política por el empresariado y sus partidos políticos, incluidos sectores de la Democracia Cristiana y de los partidos de la Fuerza de la Mayoría, aquí el discurso explicativo y de advertencia es la venezolanización de la política nacional.

Es obvio que los dos escenarios dos y tres pueden producir una variedad de variantes según sean los acuerdos o desacuerdos a los cuales lleguen los diversos actores políticos para realizar sus respectivos proyectos de gobierno. Igual cosa acontece en el escenario uno donde la gobernabilidad del eventual  Gobierno de Piñera dependerá de los aliados que logre sustraer de la DC, poniendo en duda la integridad de esta, la experiencia pasada resultó un fiasco; también la gobernabilidad de ese eventual gobierno dependerá de los aliados que obtenga en algunos partidos de la Fuerza de la Mayoría.

Cualquiera de los tres escenarios electorales previsibles generará la misma coyuntura política nacional marcada por grandes movilizaciones sociales en pro de las reformas por los derechos sociales fundamentales y la resistencia política de las organizaciones empresariales y políticas que se oponen a las mismas. Aquí, entonces, la pregunta a cien años de la Revolución de Octubre es: ¿existe un partido político con una coherencia ideológica suficiente y una capacidad organizativa competente, socialista y democrático, para convertir al movimiento social creciente en una alternativa de poder ante el previsible vacío de poder que la actual coyuntura electoral está produciendo?  Eso que los opinólogos llaman “las aburridas elecciones”.

 

 

(el autor milita en el Núcleo Valparaíso Socialista del PS)

 

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