Ricardo Napurí: “Allende tenía miedo a la revolución de las masas”

Entrevista con Ricardo Napurí, ex diputado constituyente y senador peruano de izquierda

Viernes, 27 de septiembre de 2013
El triunfo revolucionario en Cuba fue la mecha que encendió América Latina a finales de los sesenta. El peruano Ricardo Napurí fue uno de los tantos militantes del continente que decidió pasar de la observación a la acción para protagonizar un intento guerrillero en su país.

Ricardo Napurí, nacido en Lima en 1925, es un peruano de origen modesto y poco cultivado, al que  la conjunción entre los azares de la vida y el afán por formarse como marxista revolucionario lo transformaron rápidamente en una importante figura de las izquierdas radicales de la segunda mitad del siglo XX en el continente latinoamericano. No debe extrañar, pues, que esa avidez lo condujera a relacionarse muy tempranamente, a escasos días de haberse producido, con la Revolución Cubana de 1959, y que luego retornase al Perú para desarrollar allí también distintas tentativas revolucionarias.

En esta entrevista, Napurí rememora el golpe de estado pinochetista del 11 de septiembre de 1973, la derrotada experiencia política chilena y las lecciones que según él hay que extraer de ella, así como su relación con el presidente Salvador Allende.

 

Mario Hernández: Damos comienzo a un programa especial dedicado al 40º aniversario del golpe de Estado en Chile. Tenemos como invitado a Ricardo Napurí quien abandonó Chile cuatro días antes del golpe, habiendo permanecido medio año exiliado en ese país. Vos que tuviste la oportunidad de vivir la experiencia de la última etapa del gobierno de Salvador Allende, ¿cuáles eran las fuerzas políticas actuantes en Chile previo al golpe y cuál era su comportamiento respecto al gobierno de la Unidad Popular?

Ricardo Napurí: Quiero hacer una pequeña digresión. Yo me entrevisté con Salvador Allende en 1971, en el mismo momento que Fidel Castro estaba en Chile o estaba por llegar.

Mario Hernández: Cuando fuiste a buscar apoyo para la revolución que se estaba desarrollando en Bolivia en ese momento.

Ricardo Napurí: Tiene mucha importancia porque prácticamente ahí Allende define su proyecto estratégico y táctico visualizando el drama que vendrá en 1973.

Mario Hernández: Gobierna Bolivia un general de izquierda, Torres, funciona una Asamblea Popular de campesinos, obreros, estudiantes y organizaciones sociales.

Ricardo Napurí: Tipo soviet pero con las particularidades bolivianas.

Mario Hernández: Y existe la amenaza de un golpe de Estado que terminará dando el general Banzer. Vos estabas en ese momento en Bolivia y los compañeros bolivianos te piden que hagas una gestión ante Allende.

Ricardo Napurí: Sabiendo que yo lo conocí en Buenos Aires en el estudio de Silvio Frondizi cuando lo visité en 1955 o ’56. Yo era el encargado de relaciones exteriores del grupo Praxis. Así me vinculé con los socialistas chilenos. No tenía amistad con Allende pero sí un conocimiento lejano. Por esas circunstancias, al enterarse Moler, que era el secretario de Lechín…

Mario Hernández: Lechín… el dirigente histórico de la Central Obrera Boliviana (COB).

Ricardo Napurí: Entonces me pidieron que fuera a Chile a plantearle a Allende que le convenía que Bolivia no cayera, que el golpe era prácticamente inminente y que si caía Bolivia, caerían una cadena de gobiernos progresistas, entre otros el chileno, como después ocurrió. La idea era simple. Que les enviara algunos instructores militares brasileros que estaban exiliados y armas automáticas, no muchas. Yo acepté. La empresa era muy difícil. Allende había asumido como presidente en noviembre de 1970, yo viajé a comienzos del ’71 y mi planteo podía ser mal interpretado…

Mario Hernández: Incluso como una provocación.

Ricardo Napurí: Claro, pero conversé con mis amigos Enrique Sepúlveda y Oscar Waiss, que era el director del diario oficialista ‘La Nación’, y ellos hicieron la mediación con Allende. Aunque la atmósfera estaba preparada él no conocía el carácter de mi petición.

Este hecho lo cuento en mi libro ‘Pensar América Latina’ con más detalles, pero lo central fue que le planteé lo que me pidieron los compañeros bolivianos agregando que los “momios” y el imperialismo estaban detrás de la caída de su gobierno y que apoyándose por izquierda tendría un refugio y además porque Perú tenía en ese momento un gobierno militar que siempre amenazaba con rescatar Arica que es el puerto que perdió en 1879 en la guerra contra Chile. Además, en Argentina también gobernaban militares.

Me respondió: ‘Ricardo, no lo puedo ayudar ni a los compañeros bolivianos, porque se olvidaron que yo soy socialdemócrata, a pesar que en la II Internacional seamos el ala izquierda, nosotros no creemos en la revolución armada ni violenta, nos asumimos como representación del pueblo y la “vía pacífica al socialismo” no es una consigna cualquiera. Creemos que podemos abrir la vía al socialismo en el cuadro de la democracia burguesa. Yo no puedo justificar la existencia y menos promover o ayudar a una revolución del carácter de la cubana o la bolchevique’.

Con esa repuesta no defendía al proceso chileno que tenía peligros reales. EEUU conspiraba para hacerlo caer. Su principal posición era: no creo en la lucha armada, no creo en la guerra civil, en la revolución socialista, a pesar que él se llamaba a sí mismo socialista. Aunque más allá del nombre puedan ser agentes de la burguesía como sucede en la actualidad con los partidos socialistas europeos o el propio socialismo chileno post Pinochet.

No aceptó. ¿Pero dónde está el mérito de esta entrevista y esas definiciones? En que dos años después la historia pasó sus cuentas. El proceso chileno devino revolucionario.

Acá se pasó por la TV, para que se vea que lo mío no es fabulación y no hago ningún cuento falaz, la entrevista de Fidel Castro con Allende donde éste le dice que es un desafío para su partido y para Chile construir el socialismo en el cuadro de la sociedad burguesa. Además le garantiza el carácter democrático de las Fuerzas Armadas. Fidel solo atina a mirarlo como diciendo: ‘Este bárbaro, ¿adónde va?’, pero no le contestó una palabra. Allende le ratificó y dijo lo mismo que a mí.

La historia es la historia y la realidad es la realidad. El carácter radical de las reformas que encabezó la Unidad Popular (UP) desencadenó un proceso revolucionario real como se ha visto en la película “La Batalla de Chile” que también se está pasando por TV. La burguesía se abroqueló con el imperialismo y tomó todas las medidas necesarias para que ese proceso no pasara y el sujeto social fundamental, como muestra la película, son las masas que apoyando al gobierno que creían propio, dicen vamos a defender este proceso y la única forma es con el poder popular.

Mario Hernández: El día 4 de septiembre fue la celebración de la victoria electoral de la Unidad Popular (UP), tres años antes. Se movilizaron un millón de trabajadores, ¿cómo se explica semejante movilización y una semana después el golpe? Hay que aclarar que si bien Salvador Allende asume con un tercio del electorado, cada vez va obteniendo más apoyo. En las municipales de 1971 alcanza el 51% y en las legislativas de 1973 un 44%.

Ricardo Napurí: Volvemos a lo mismo. El presidente Allende tenía la convicción de que los problemas de la revolución tenían que resolverse en el cuadro de la democracia parlamentaria y burguesa, tanto es así que se atrevió a decirle a Fidel Castro que él garantizaba a las Fuerzas Armadas. En aquellos años se decía que los militares chilenos y uruguayos eran democráticos en la medida que no habían dado golpes de Estado, habituales a lo largo del siglo XX en América Latina, sin comprender que las instituciones actúan de acuerdo a los momentos políticos y las relaciones de fuerza entre las clases, cuando ven el peligro que llaman institucional, pero en realidad se trata del peligro de la revolución.

El límite del progresismo de cualquier general o de las Fuerzas Armadas latinoamericanas, por ejemplo los casos de Velasco Alvarado o el propio Perón, es la revolución.

En Chile el programa de la UP era radical, se expropió el cobre, hubo una reforma agraria, montones de medidas avanzadas en un cuadro de polarización social, donde el imperialismo estaba dispuesto a que ello no ocurra y alineó a todas las fuerzas burguesas que en Chile eran fuerzas reales, con votos. Era una derecha que tenía casi el 50% de la votación popular, incluso en la actualidad. Ellos sí estaban dispuestos a combatir. Yo lo constaté y también lo habrá hecho Petras cuando decían no le tememos ni a la guerra civil ni al golpe de Estado. Sin embargo, la UP no quería ninguna de las dos. La Unidad Popular no se preparó para el golpe de Estado ni la guerra civil

Mario Hernández: No se prepararon para ninguna de las dos alternativas, en cambio la derecha sí se preparó.

Ricardo Napurí: Totalmente. Cuarenta mil camioneros hicieron huelgas, los estudiantes universitarios, el Parlamento llegó a decretar la ilegalidad del gobierno varias veces. Era una especie de guerrilla de las organizaciones opositoras que se dividían el trabajo con las instrucciones que les daba el imperialismo y cuando las masas decían ‘poder popular, poder popular, vayamos al socialismo’, el gobierno y Allende, que era un orador brillante, les contestaban ‘no, vamos a seguir por esta huella’.

Cuando llega el momento de la radicalización, como describe James Petras, ya enfrentaban una crisis dentro de la UP porque el PS mayoritariamente, orientado por Altamirano, se tira hacia la izquierda y propone “avanzar sin transar” y Henríquez del MIR plantea “gobierno de los trabajadores”, mientras Allende hace frente con el Partido Comunista para “consolidar lo que tenemos” y hacen la apertura hacia la Democracia Cristiana (DC) cuando ésta ya había decidido dar el golpe de Estado. La DC maniobró asistiendo a dos o tres reuniones sabiendo que venía el golpe.

No es que Allende fuera un traidor ni mucho menos, sino que su concepción política de la revolución era pacifista.

Mario Hernández: Estuve en Chile en enero de 1973, tenía 18 años y muy poca experiencia política, solo había actuado en el movimiento estudiantil secundario y un poco en la Universidad. Asistí a las proclamaciones de Volodia Teitelboin a senador y de Carlos Insunza a diputado por el PC, en una barriada obrera a las afueras de Santiago. Un acto muy numeroso, con trabajadores que desfilaban muy disciplinados, con banderas, niños, mujeres y hombres. Como número artístico participaba Inti Illimani. El acto fue atacado por el grupo fascista “Patria y Libertad” que llegaron en motos con cachiporras y cadenas.     Ese hecho me hizo romper ideológicamente con el reformismo.  En Chile vi al reformismo en acción, impidiendo a los trabajadores darles una buena paliza a los fascistas invocando la defensa de la democracia.

Ricardo Napurí: Tenemos que sacar múltiples lecciones del proceso chileno. Porque no fue solo Chile. También cayó Velasco Alvarado en Perú por un golpe de los militares. Yo me entrevisté con él cuando recién asumió la presidencia a través de un amigo común designado Ministro de minería, Fernández Maldonado, y me preguntó por qué el peronismo había durado tanto tiempo. Yo le contesté, entre otras cosas, porque se apoyó en las masas, no importa si controladas, y así frenó a los militares y a las fuerzas hostiles oligárquicas hasta donde pudo. Además de aplicar una política de asistencialismo muy profunda.

Velasco me contesta: ‘Yo no puedo hacer eso porque soy un militar orgánico. No puedo ir al terreno de las masas y su organización porque ese no es mi mundo. El que yo conozco es el mundo militar’.

Entonces le dije: Ud. puede caer en esas condiciones. Y cayó. Hay montones de experiencias en otros países en el mismo sentido. Lo que le pasó a Salvador Allende no fue excepcional. El problema es cuando asoma la revolución que ellos mismos desatan consciente o inconscientemente, y no están en condiciones de dar el salto cualitativo como lo hizo Cuba, Francia en 1789 o la revolución bolchevique en 1917.

Entonces retroceden, pero ya desataron las fuerzas hostiles. Los dos sujetos políticos importantes de la situación chilena eran, por un lado, las fuerzas burguesas a través de sus instituciones, partidos políticos, sectores económicos, etc. Un frente que ordenó el imperialismo como lo hizo en Venezuela contra Chávez, incluso financiando a los veinte partidos opositores.

Por otro lado estaban las masas, que como se ve en el documental  “La Batalla de Chile” siempre hablan de su gobierno, del gobierno de los trabajadores, que confían en Allende, pero que al mismo tiempo piden armas para defenderse ante la posibilidad de guerra civil. El golpe lo desata la reacción, sino hubieran desatado una guerra civil.

Lo importante es el poder popular, pero le tienen miedo, a pesar que desatan su fuerza. Se quedan en el medio como el jamón del sándwich. La burguesía ataca, los trabajadores quedan desarmados y viene el genocida.

Mario Hernández: Vamos a escuchar el discurso final de Salvador Allende, instantes antes del ataque al Palacio de La Moneda… ¿Qué impresión te produjo escuchar nuevamente, supongo que lo habrás hecho muchas veces, las últimas palabras de Allende?

Ricardo Napurí: Tomo dos ideas que planteó. Una, que los militares y la reacción tienen la fuerza y dos, que los procesos no se detienen y la historia va a resolver a favor de los trabajadores.

Esas dos ideas son trágicas. Primero, no es cierto que en Chile la correlación de fuerzas siempre fuera favorable a la derecha. En un momento hasta hubo un sector militar institucionalista representado por el general Prats.

Mario Hernández: Que luego será asesinado en Buenos Aires en un atentado terrorista en 1974.

Ricardo Napurí: Cuatro meses antes del golpe le dijo a Allende: “Acá hay generales golpistas, apóyenos a nosotros y haremos lo propio con Ud.” y éste le contestó que era institucionalista y va hasta el final. Como ya se lo había anticipado a Fidel creía en el carácter democrático de las Fuerzas Armadas. Entonces, niega el apoyo a Prats y esos militares son reprimidos.

No es cierto que en todo momento la derecha estuviera a la ofensiva, no es así. En un momento [la hegemonía] fue totalmente a favor de las masas populares. Lo que Allende no comprendió, por su condición de socialista reformista, con todo el respeto que pueda tenerle a su persona, es que los trabajadores y los de abajo crean un mundo y un poder real. ¿Acaso la Revolución Francesa no fue el mundo de los de abajo que se levanta? ¿Acaso fue la burguesía la que salió al frente?

En toda revolución las masas son los actores directos, incluso en la rusa o en la china. Allende no lo veía por su concepción elitista representativa de la democracia, en el sentido que todo se tiene que resolver a través de los representantes y no cree que las masas deban expresarse directamente. No se da cuenta que la fuerza está en el proceso revolucionario y lo abandona. En mi libro ‘Pensar América Latina’ lo trato con un enorme respeto, incluso por la forma como decidió morir.

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