La intelectualidad y la clase obrera en 1917 (II)

por David Mandel//

Es en la estela de las Jornadas de Julio cuando los trabajadores se vieron obligados a confrontar directamente con las implicaciones de su aislamiento creciente respecto a la intelectualidad. Los 3 y 4 de julio, los trabajadores industriales de Petrogrado, al lado de algunas unidades de la guarnición local, marcharon en dirección del Palacio de Tauride en manifestación pacífica con el objetivo de hacer presión sobre el Comité Ejecutivo Central (CEC ) de los soviets, que estaba entonces compuesto mayoritariamente de mencheviques y SR (Socialistas Revolucionarios), para que pusiera un final al gobierno de coalición con los representantes de las clases poseedoras y asumiera la iniciativa de tomar el poder . En otros términos, que formase un gobierno de los soviets, en el interior del cual solo estuvieren representados los trabajadores, los soldados y los campesinos. Pero se produjo una cosa impensable: no solamente la dirección menchevique y SR rechazó tener en cuenta la voluntad de los trabajadores sino que se mantuvo a distancia cuando el gobierno, en el seno del cual estaban representados esos dos partidos, lanzó una ola represiva contra los trabajadores, los bolcheviques y otros socialistas de izquierda opuestos al gobierno de coalición. El ministro del interior, directamente responsable de esa política, no era otro que el dirigente menchevique I.G. Tsereteli.

Hasta ese momento, los trabajadores radicalizados pensaban en términos de traspaso pacífico del poder a los soviets. Ello era posible porque los soviets se beneficiaban del apoyo de los soldados. Pero la negativa de los dirigentes del CEC de los soviets a tomar el poder y su determinación para adoptar medidas represivas contra los trabajadores modificó profundamente el dato. Ello forzó, entre otras razones, a los trabajadores a hacer frente a la perspectiva de una toma del poder por medio de una insurrección armada. Ello significó igualmente que el nuevo gobierno no gozaría del apoyo ni de la intelectualidad de izquierda, cuyos conocimientos y competencias eran más que necesarias para administrar la economía y el aparato de Estado del país.

Esa perspectiva preocupó profundamente a los trabajadores. Ello apareció claramente en la conferencia de los comités de fábrica de Petrogrado de los 10-12 de agosto de 1917. El consenso general en esa conferencia era que la industria se dirigía rápidamente hacia un total hundimiento, facilitado por el sabotaje de los industriales –que contaban con el desempleo de masas para debilitar el movimiento de los trabajadores- y por el gobierno provisional que, bajo presión de los industriales, rechazó tomar medidas contra la agravación y la dislocación económicas. Los delegados eran cada vez más conscientes de la perspectiva probable de que deberían tomar a cargo la economía, una cosa que no imaginaban cuando la Revolución de Febrero, que consideraban en términos puramente liberal-democrático y no socialista.

Uno de los delegados presentes en la conferencia resumió así la situación: debemos ejercer toda nuestra energía en esta lucha [preparar nuestro propio aparato económico para el momento del hundimiento de la economía capitalista]. En particular ya que las contradicciones de clase son cada vez más visibles y la intelectualidad nos abandona, debemos contar con nuestras fuerzas y tomar toda nuestra organización entre nuestras manos de trabajadores” 1/. Los delegados eran demasiado conscientes de la dificultad de la tarea. “En todos los informes”, observaba uno de ellos, “como un hilo rojo, corre el grito de la falta de personas [instruidas] 2/. “El zarismo ha hecho todo para dejarnos sin preparación”, se lamentaba otro delegado, “y naturalmente, en todos los logares, tanto en los órganos económicos como políticos, carecemos de personas [instruidas] 3/

¿Cómo debían actuar en esas circunstancias? Sedov, un delegado menchevique, afirmó que no podía ser cuestión de que los trabajadores tomasen ellos mismos el poder:

“Estamos solos. Pocos trabajadores son capaces de comprender las cuestiones de Estado y ejercer un control. Es necesario organizar cursos sobre los asuntos gubernamentales y sobre el control de la producción. Si tomamos el poder, las masas nos crucificarán. La burguesía está organizada y dispone de una masa de personas experimentadas. Ese no es nuestro caso. No estaremos en situación de mantener el poder 4/”.

La mayoría de los delegados a la conferencia no compartían sin embargo esa opinión. Su posición fue expresada por un delegado de la Fábrica de Teléfonos sin hilo y de Telégrafos:

“La burguesía conoce sus intereses mejor que los partidos pequeño-burgueses [mencheviques y SR]. La burguesía comprende perfectamente la situación y se ha expresado muy claramente por la boca de Riabouchinski 5/, que ha declarado que esperarían hasta que el hambre nos alcance la garganta y destruya todo lo que hemos obtenido. Pero cuando nos tengan por el cuello, lucharemos y no abandonaremos el combate 6/.”

Una y otra vez los obreros exhortan unos a otros de abandonar el viejo hábito de confiar en la intelligentsia.

La clase obrera siempre ha estado aislada. Siempre se ve obligada a desarrollar en solitario su política. Pero en la revolución la clase obrera es la vanguardia. Tiene que dirigir al resto de las clases, entre ellas al campesinado. Todo depende la actividad de los trabajadores en diferentes organizaciones, comisiones, etc., en el interior de las que debemos formar a una mayoría de trabajadores. Frente al hambre que se aproxima debemos oponer la actividad de las masas. Debemos desembarazarnos del espíritu eslavo de pereza y trazar un camino en la selva, que conducirá a la clase obrera al socialismo 7/”.

Cuando uno de entre ellos sugerirá que el número de grupos de trabajo sea limitado, por la complejidad de las cuestiones a discutir y de la penuria de “fuerzas activas”, S.P. Voskov, un carpintero de la fábrica de fusiles de Sestroretsk, replicó:

La ausencia de los intelligenty no impide en nada el trabajo de las secciones. Ya es la hora de que los trabajadores renuncien a la mala costumbre de mirar tras ellos hacia el intelligenty. Todos los participantes en esta conferencia deben inscribirse en una u otra sección y trabajar de forma autónoma 8/”.

En realidad, los peores temores de estos trabajadores se materializaron en octubre del 17. Los mencheviques y los SR [de derecha] abandonaron el Congreso de los soviets que eligió un gobierno de los soviets, es decir basado en el principio mismo –un gobierno responsable ante los soviets- que ellos rechazaban. El personal técnico y administrativo medio y superior del Estado y de las instituciones bancarias, así como los médicos y los profesores se pusieron en huelga 9/. En las fábricas, el personal técnico y administrativo superior rechazó igualmente reconocer al nuevo gobierno o cooperar con el control obrero 10/. La amplitud de la hostilidad de la intelectualidad de izquierda hacia la insurrección de octubre y el gobierno de los soviets –que no tenía equivalente, incluso ni entre los trabajadores más conservadores-, se expresa con fuerza en la siguiente resolución, adoptada por el Comité Ejecutivo del grupo socialista de los ingenieros, a finales de octubre de 1917:

“Una banda de utopistas y demagogos, explotando la fatiga de los trabajadores y de los soldados, explotando la atracción utópica de la revolución social, por el engaño y la difamación deliberada del gobierno provisional, ha arrastrado tras ella a masas ignorantes y, contra la voluntad de la mayoría del pueblo ruso, en vísperas de la Asamblea Constituyente, han tomado el poder en las capitales y en algunas ciudades de Rusia. Con ayuda de detenciones, de violencia contra la libertad de palabra y de prensa, con ayuda del terror, una banda de usurpadores intenta mantenerse en el poder. El Comité del grupo socialista de los ingenieros protesta con vigor contra esta toma del poder, contra la detención de Kerenski, contra los asesinatos y la violencia, contra el cierre de periódicos, contra las persecuciones y el terror, declara que los actos cometidos por estos usurpadores no tienen nada en común con los ideales socialistas y que aniquilan la libertad conquistada por el pueblo […] Los verdaderos socialistas no pueden dar el menor apoyo a los usurpadores del poder ni a los que no rompen firme y categóricamente con ellos 11/”.

Los trabajadores manuales y los de cuello blanco de las escalas inferiores de las instituciones gubernamentales y financieras rechazaron participar en las huelgas y condenaron a los empleados superiores por ello. Después de la Revolución de Octubre, el gobierno de los soviets ordenó la disolución de la Duma de Petrogrado (la asamblea municipal) cuando ella rechazó reconocer al nuevo régimen. Organizó nuevas elecciones, que fueron boicoteadas por todos los partidos, con excepción de los bolcheviques y de los socialistas revolucionarios de izquierda. Cuando se reunió la nueva Duma, su presiente, M.I. Kalinin, informó que los empleados intelligentye de la Duma “faltaban claramente de respeto […] he intentado hablarles y ellos manifestaron su intención de resistir. Los trabajadores municipales y los cuellos blancos de escalas inferiores estaban sin embargo felices transfiriendo el poder a los trabajadores” 12/

Alexandre Blok fue una de las raras figuras literarias de la antigua generación que abrazó la Revolución de Octubre. Escribiendo en el curso de invierno que siguió a la Revolución de Octubre, trazó de la siguiente forma el retrato del estado de espíritu de la intelectualidad:

“Rusia perece”, “La Rusia y no es”, “que Rusia repose en paz”, tales son las palabras que oigo repetir a mi alrededor. […]

¿Qué imaginabais pues? ¿Qué la revolución era un idilio? ¿Qué el acto creador no destruía nada en el camino? ¿Qué el pueblo era prudente como una reliquia? […]

Los mejores dice: “Nuestro pueblo nos ha decepcionado”; se hacen mordaces, arrogantes y rabiosos, no ven alrededor suyo más que grosería y bestialidad (mientras que el hombre está ahí, muy cerca) y llegan hasta decir: “No ha habido nunca revolución”, los que no acababan de odiar al zarismo están dispuestos a echarse en sus brazos, siempre que olviden lo que sucede; Los “derrotistas&rdquo 13/; de ayer vituperan “el dominio alemán” 14/ los que se decían “internacionalistas” lloran ahora por la “Santa Rusia”; los ateos queman los cirios y ruegan por la derrota del enemigo interior y exterior.

¿Hemos cortado la rama sobre la que estábamos sentados? Que lamentable situación: con una voluptuosidad muy pérfida hemos echado algunas astillas secas en el montón de cepas húmedas e hinchadas por la nieve y la lluvia; y cuando de repente ha surgido la llama, desplegándose hasta el cielo como un estandarte, todo el mundo se ha puesto a correr y a gritar: “¡Fuego! ¡Fuego!&rdquo 15/;

7/8/2017

Se trata de la segunda parte sobre cuatro de una contribución de David Mandel, publicada en su primera versión en 1981, en el número 14 de la revista Critique, p. 68-87, revista animada por Hillel Tickin. Esta primera versión ha sido revisada y ampliada para una nueva publicación, en 2016, en una revista brasileña. Ha servido de base a la traducción realizada por Sébastien Abbet, para la web www.alencontre.org. La traducción ha sido revisada por el autor, que la ha encontrado completamente conforme, en términos de contenido y calidad de adaptación al original. (Red. A l’Encontre)

 

Notas

1/ Oktiabr’skaia revoliutsia i fabzavkomy, Moscú, 1927, vol I, p.189.

2/ Op. cit., p. 188.

3/ Ibid.

4/ Op. cit., p. 208.

5/ P. P. Riabouchinski era un importante banquero e industrial, del que se consideraba que se situaba en el ala izquierda de su clase. Sin embago, en un discurso realizado en agosto de 1917 ante representantes de los medios de negocios, atacó violentamente a los soviets, declarando que la « la larga mano huesuda del hambre » deberá probablemente asir a los falsos amigos pueblo, « los miembros de diversos comiés y de los soviets » a fin hacerles retomar sus espíritus (Ekonomicheskoe polozhenie Rossii nakanune Velikoi Oktiabr’skoi sotialisticheskoi revoliutsii, vol. 1, Moscú, 1957, p. 200-201.). En la izquierda y más generalmente en los círculos de trabajadores, esa declaración fue sentida com una abierta admisión de que los industriales llevaban a cabo un cierre patronal progresivo, camuflado, cerrando las fábricas y engendrando un paro de masas a fin de aplastar militarmene a un movimiento obrero debilitado. Riabouchinksi se convirtió así en la encarnación del kapitalist-lokautchik en el seno de la izquierda y en los medios obreros.

6/ Oktiabr’skaia revoliutsia i fabzavkomy, vol. 1, p. 208.

7/ Ibid., p. 206.

8/ Ibid., p. 167

9/ Novaïa zhizn’, 13 de noviembre, 8, 22 et 30 de diciembre de 1917.

10/  Zaniatia pervoi moskovskoi oblastnoi konferentsii, (Moscú: 1918), p. 47-48, citado en N. Lampert, The Technical Intelligentsia in the Soviet Union 1926-1935, tesis doctoral, CREES, University of Birmingham, U.K.: 1976, p. 19.

11/ A.L. Popov, Oktiabr’skii perevorot, (Petrograd: 1919), p. 364.

12/ Novaia zhizn, Diciembre 5, 1917. Ver también Oktiabr’skoe vooruzhennoe vosstanie v Petrograde, (Moscou: 1957), 368, p. 514-75; et C. Volin, Deiatel’ nost’ men’ shevikov v profsoiuzakh pri sovetskoi vlasti, Inter-University Project on the History of Menshevism, paper n° 13, 28 octubre de 1962, p. 28.

13/ Es decir los que consideraban a la derrota de la guerra como un factor que estimulaba la revolución.

14/ Referencia al tratado de Brest-Litovsk de marzo de 1918, conforme al cual amplias porciones del antiguo imperio ruso fueron cedidas a Alemania a cambio del fin de la guerra.

15/ Znamia truda, 18 de enero de 1918. La novela poco conocida, pero bien escrita, de V. V. Versaev, publicada por primera vez en 1924 y titulada V tupike, sobre la guerra civil en Crimera, proporciona un vivo retrato de la similitud sobre las perspectivas políticas de la intelectualidad de izquierda.

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