A 44 años del Golpe, a 100 de la Revolución Rusa

Recuperar el programa internacionalista

Nuevamente el imperialismo yanqui en busca de una nueva orientación que lo fortalezca como imperialismo dominante en medio de la crisis capitalista, vuelve a agitar su puño guerrerista sobre la región con amenazas de salidas militares como lo hizo recientemente contra Venezuela. Y es que pese a que todos los disciplinados gobierno latinoamericanos al imperialismo, incluido el gobierno de Maduro, pretenden posar de democráticos, saben que el desarrollo de las crisis regionales y de la lucha de clases llevará a la confrontación violenta y para ello necesitarán echar mano de las salidas golpistas.

La crisis en la región está lejos, al menos coyunturalmente, de grandes conflagraciones entre el proletariado y la burguesía imperialista que haga necesaria al empresariado ir a golpear directamente la puerta de los cuarteles. Sin embargo, el desarrollo de la misma crisis alienta la disputa entre las distintas fracciones de las burguesías locales que se alinean según su relación con el imperialismo y este es el fondo de las oscilaciones de los distintos gobiernos que negocian con el capital financiero su tajada de explotación de los trabajadores y el pueblo. La fachada “democrática” de los países semicoloniales sólo es una linda cobertura para encubrir la dictadura abierta de la burguesía imperialista sobre los trabajadores y el control de los recursos naturales y productivos.

Hace 44 años que la burguesía nacional conspiró con el imperialismo norteamericano para imponer un golpe contrarrevolucionario que sería un ensayo para aplastar al proletariado del subcontinente. Las tendencias pegueñaburguesas ya sea socialistas o estalinistas en su momento influyeron al proletariado llevándolo a la ilusión de la “vía pacífica al socialismo”. Levantaron un impotente programa reformista de desarrollo nacional del socialismo. El gobierno frentepopulista de la UP, ejecutó un programa que estatizó la gran industria minera con indemnización a los monopolios extranjeros, en acuerdo con la derecha política, como sinónimo de socialismo, dándole tiempo a la burguesía a preparar junto a la CIA el

golpe contrarrevolucionario ante la efervescencia de la clase obrera. Es decir, no colocó en el orden del día la destrucción del “aparato burocrático militar ” de los patrones y por el contrario se dispuso a blindarlo con matices de legalidad socialista. A su vez las tendencias a la izquierda como el MIR, veía en esta orientación de cambios “legales” una expresión del “pueblo organizado” lo que lo dejó durante todo el periodo como pata izquierda del frente popular pese a pregonar junto a Fidel Castro “la vía armada” y el poder popular como estrategia. Sus acciones putchistas en fábricas, fundos, escuelas, etc, presentadas como una suerte de un “poder paralelo del pueblo”, abandonaron las pelea en la producción para diluir al activismo en difusas luchas poblacionales sin dar la pelea en el seno de la clase obrera para disputar el poder de la burguesía el cual reside en la producción.

La izquierda populista hoy

Diversos grupos que reivindican la tradición filomirista como asimismo grupos escindidos del PC reivindican a gobiernos como el de Maduro o Evo Morales. Reivindican el modelo del Chavismo como símbolo de lucha contra el imperialismo “yanqui”. Pese a toda esta verborrea, no sólo se manifiesta el carácter pro-imperialista del gobierno “bolivariano” en los sendos contratos de PDVSA, en la mantención de la pauperismo y miseria que atraviesa a la clase obrera Venezolana, sino también en el control y mantención del aparato del Estado de la “burguesía bolivariana” y los generales que regentean las fábricas bajo su control y al servicio del imperialismo, independiente de que hoy otra facción burguesa busque una salida golpista a la crisis del propio capitalismo.

Hoy podemos ver como los distintos gobiernos bonapartistas sui generis como en Brasil, Argentina, Chile o Perú intentan apoyarse cada vez más sobre el imperialismo para descargar la crisis sobre las espaldas de los trabajadores y el pueblo. Planes de ajuste, desocupación, suspensiones, reducciones salariales,

reformas laborales etc, etc. También en el gobierno de Maduro que vemos como se refuerza la tendencia a regimentar la vida de los sindicatos, donde la intervención del Estado burgués busca sujecionarlos a este, evitando cualquier intento de estos de llevar a cabo una lucha independiente de la burocracia y del oficialismo, ante la carestía que provoca la inflación y el desabastecimiento. El laberíntico proceso de la lucha de clases, ya sea se manifieste en una lucha más abierta como en los 70 ́s o en un proceso lleno de experiencias con direcciones y gobiernos capitalista, ha demostrado que los programas nacionales, el apoyo a las facciones burguesas locales y la defensa del aparato estatal, no ha hecho más que preparar la derrota del proletariado, el que deberá asimilar la experiencia histórica e internacional de su clase para unificar sus filas y barrer con sus enemigos de clase.

A 100 años de la Revolución Rusa
Pelear por un programa internacionalista
En breve se cumplirá el centenario de la Revolución Rusa, aquella que llevó por primera vez al proletariado al poder e inauguró la era de la revolución proletaria, y en su desarrollo, hacia la revolución mundial. No queremos reivindicar este acontecimiento como un modelo digno de estudio o como hace un sector importante de la izquierda que lo reivindica como una revolución de tipo nacional a la que puede compararse con tal o cual proceso fronteras adentro. Muy por el contrario, el acervo teórico político de esta gesta revolucionaria encuentra su continuidad en la arena internacional, con la extensión de la dictadura proletaria y la construcción de la Internacional Comunista. La riqueza contenida en los cuatro primeros congresos de la Internacional así como en la síntesis y elaboraciones de la Cuarta Internacional constituyen una piedra fundamental para recuperar el método marxista, trazar las tareas históricas del proletariado y dirigir el rumbo a desarrollar en nuestra clase las distintas etapas de la revolución socialista.
Las tendencias que históricamente dirigieron al movimiento obrero, como fueron la socialdemocracia y el estalinismo se encuentran en descomposición y se transformaron, no ya en solapados sino, en abiertos representantes de la burguesía sosteniendo el cadáver insepulto del capitalismo imperialista, al que socorrieron durante todo el siglo XX. Estos verdaderos escollos para el movimiento obrero deben ser superados con un

programa de independencia de clases, que lamentablemente la izquierda revolucionaria no desarrollo porque se adaptó o a los Estados de bienestar europeos, a los movimientos pequeñoburgueses como las guerrillas o a las direcciones de los Estados obreros degenerados o burocratizados.

Hoy la crisis capitalista está haciendo entrar en contradicción los programas y esquemas adoptados por las corrientes del centrismo de post-guerra. No puede volver a poner sobre sus cimientos el máximo desarrollo histórico del proletariado, su Partido Internacional, lo que vale decir reanudar la tarea de la fundación de la Cuarta Internacional sino es con una ruptura abierta con estas tradiciones.

Apostamos a forjar una nueva generación de revolucionarios que rompa con las tradiciones del reformismo y del centrismo para poder colocar sobre sus pies los cimientos del futuro partido mundial de la revolución socialista.

El próximo periodo trae como desafío para los revolucionarios la necesidad de intervenir activamente en las organizaciones obreras, en particular en los sindicatos. Es allí donde debe levantarse un programa de independencia de clase de todas las variantes patronales y de la pequeñoburguesía.

Contra una clase parasitaria que descarga la crisis capitalista sobre las espaldas de los trabajadores, debemos derrotar la ofensiva de la burguesía mediante el desarrollo de la lucha de clases y armarnos con un programa internacionalista. Y este programa deberá ser una guía para la acción, una senda para que los trabajadores se dirijan hacia la toma del poder. Que coloque como bandera entre otros puntos la lucha por conquistar los Estados Unidos Socialistas de América.

(documento de la Corriente Obrera Revolucionaria (COR/TRCI) de Santiago)

(Fotografía, Marcelo Montecino)

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