Unidad Popular: La Revolución Frustrada

por Antonio Calderón//

 
Hacia fines de los años sesenta en el cono sur de América comenzó un ascenso revolucionario de las luchas obreras y populares, que coincidió con el ascenso mundial de esos años. Este fue el telón de fondo de los procesos nacionalistas burgueses de Velasco Alvarado en el Perú, de Torres en Bolivia, de Allende y la Unidad Popular en Chile.

En 1967 irrumpió en la región la espontaneidad estudiantil universitaria motivada por reivindicaciones democráticas y gremiales. Le siguieron y se combinaron con ella, poderosas movilizaciones de las masas urbanas, en las que se destacó la participación del movimiento obrero organizado. Fue el Paro Nacional de 1967 en Chile, la huelga de la carne en Uruguay, el Cordobaza de 1969 en la Argentina.

En los últimos años del gobierno demócrata cristiano en Chile –la DC había llevado a Eduardo Frei a la presidencia en 1964 y su mandato termino en 1970- la crisis que se descargaba sobre los trabajadores en la forma de la carestía de la vida, bajos salarios y desocupación, provocó luchas del movimiento de masas.

Esas luchas confluyeron el 22 de noviembre de 1967 en un exitoso Paro Nacional y se abrió un ascenso incontenible. En 1968 pararon prácticamente todos los gremios del país.

Con razón al informar al Quinto Congreso Nacional de la Central Única de Trabajadores (CUT), a fines de ese año, bajo el lema “Unidad de los trabajadores para los cambios revolucionarios”, Luis Figueroa, su secretario general diría: “El nivel alcanzado por la lucha y la organización de los trabajadores pone al país frente a un hecho nuevo. Cualquier intento de solución de los problemas de Chile no puede prescindir de la clase obrera organizada. Hoy la actitud de toda persona, grupo, sector o partido, se mide en relación al papel que le asignan los trabajadores”[1]

En la campaña electoral que llevó al triunfo de Allende, el ascenso llegó a su pico: “No transcurrió un día sin que estallara una huelga, sin que se produjera una toma de terrenos o en que 10, 50 y hasta 200 fundos no permanecieran ocupados por sus trabajadores. En pleno desarrollo de la campaña se llevó a cabo el primer paro general campesino de la historia del país, y 55 días antes de la elección se realizaba exitosamente una huelga general acordada por la Central Única de Trabajadores”[2]

La organización política del proletariado, en grandes partidos de masas, dio un salto espectacular en la campaña electoral con la organización de 15.000 Comités de Base de la Unidad Popular, que cubrieron todo el país y que se convirtieron en centros de agitación y propaganda política, y en perspectiva, en potenciales órganos de poder popular.

 

LA POLÍTICA FRENTEPOPULISTA

En el contexto del poderoso ascenso de los años sesenta de los partidos socialista y comunista –este último era el más implantado y más votado en el seno del proletariado- lanzaron la propuesta política que daría origen a la Unidad Popular.

La concepción de fondo detrás de esa propuesta no era una novedad para el país. Se trataba de la política eje por la que luchó el PC durante décadas, aunque con algunos aspectos importantes que fueron variando en distintas etapas.

Partiendo del supuesto de que Chile es un país semifeudal y no capitalista, el PC proponía impulsar un proceso democrático burgués encabezado por la burguesía industrial, cuyo propósito sería la realización de las tareas agrarias y antiimperialistas pendientes. La realización de esta etapa era condición sine qua non para avanzar posteriormente a una segunda etapa socialista. Por ello la clase obrera estaba obligada a aliarse con la burguesía chilena y aceptar ser explotada por ella en este proceso.

En los años 30, el PC impulsó –a partir de la orientación definida por Stalin- el Frente Popular con el representante político de la burguesía industrial, el Partido Radical. Salvador Allende se integró como ministro al primer gobierno frentepopulista de Chile en 1936. El Frente Popular en el gobierno se desacreditó ante las masas por su política de defensa de la burguesía. Los integrantes del Frente popular, especialmente el Partido Radical, quedaron muy debilitados.

En la década del cuarenta, reflejando la política de Stalin de hacer frentes con los “imperialismos democráticos” para enfrentar el ataque de la Alemania nazi, el PC chileno impulsó la Alianza Democrática (AD), que representaba el intento de un frente con sectores burgueses, agentes y socios de Inglaterra y Estados Unidos.

En los años cincuenta, el Frente de Acción Popular (FRAP), reflejó el nuevo viraje de la burocracia soviética en la guerra fría. Nuevamente el PC comenzó a poner el acento en las consignas antiimperialistas.

El PC intentó establecer un frente con la Democracia Cristiana para las elecciones de 1964 y 1970, pero en ambos casos las tratativas resultaron infructuosas.

Sólo fracciones minoritarias de la burguesía se integraron a este último proyecto frentepopulista. En realidad la burguesía industrial y el Partido Demócrata Cristiano (PDC), a los que el PC quería convencer que tomaran un rumbo “progresista” y “antiimperialista”, tenían profundas razones de clase para negarse.

Los sectores industrialistas de la burguesía, desde su origen, tenían un alto grado de interpenetración con la burguesía agraria latifundista. Así es como”aproximadamente un 17% de los grandes empresarios o sus familiares son dueños de más de un latifundio. Entre los dueños de propiedades múltiples, el término medio indica cerca de tres fundos por empresario”[3] De otro lado, este mismo sector burgués y el gobierno demócrata cristiano, son los responsables del mayor proceso de desnacionalización de la induastria, mediante la asociación con el capital imperialista, cuya penetración fue facilitada por las regalías estatales con las que lo favoreció Eduardo Frei.[4]

El Partido Socialista acompañó permanentemente al stalinismo en la política frentepopulista. En el PS se reflejaron tendencias hacia la ruptura con la burguesía –en el Congreso de 1967 reafirmaron la llamada política del frente de los Trabajadores, que hablaba de trazar una divisoria de aguas con la burguesía- pero ese clasismo de palabra nunca fue su orientación fundamental. Aunque el PS protestó en algunas oportunidades por la presencia del Partido Radical en los frentes, nunca llegó a amenazar seriamente con la ruptura, Salvador Allende, por de pronto, encabezó la fórmula de la Unidad Popular en las elecciones de 1970, aceptando la presencia del Partido radical en la alianza.

 

LA BURGUESÍA ACEPTA A LA UNIDAD POPULAR

El 4 de septiembre de 1970 se realizaron las elecciones. Allende ganó con 1.075.616 votos. Le siguió el candidato del Partido nacional –la organización de derecha a la que habían apostado el imperialismo y la burguesía chilena- con 1.036.278 votos. El último lugar fue para el candidato demócrata cristiano con 824.849 sufragios.

Allende había logrado la primera minoría por escaso margen de votos. De acuerdo con la ley electoral, si ningún frente o partido lograba más del 50% de los votos, el Congreso debía elegir el presidente entre los candidatos más votados. La burguesía, a través de sus partidos, debía decidir si permitía el acceso al gobierno de un frente popular por primera vez desde los años treinta.

Allende ya se había mostrado como un fiel defensor de la burguesía desde su ministerio en el año 1936. Ante el nuevo ascenso, el líder del PS que gozaba de gran prestigio ante las masas, podría actuar nuevamente como un freno eficaz para las luchas obreras y populares que asustaban a la burguesía. Pero además del miedo de los capitalistas a las luchas obreras y populares, jugó a favor de la Unidad Popular la división pronfunda que se había producido en la burguesía. Un sector representado por el PN estaba decidido a mantener una estrecha sumisión al imperialismo. Otra ala, representada por la DC, aunque no aceptó integrarse a la UP, ante la votación obtenida por esta, resolvió negociar con los dirigentes de los partidos obreros, un acuerdo por el que la UP se comprometía a contener la movilización obrera y popular desde el gobierno, y a tomar medidas para limitar la rapiña imperialista y favorecer a la burguesía chilena.

El Estatuto de Garantías de Libertades, elaborado por una comisión mixta UP-PDC, estableció garantizar todos los derechos de la oposición, en especial el acceso a los medios de comunicación de masas, la inamovilidad de los funcionarios públicos y el mantenimiento de todos los cargos en la administración del Estado. El compromiso de que la UP respetaría la autonomía universitaria y, por sobre todo, que no se desmantelaría a las fuerzas armadas burguesas ni se intentaría crear una milicia popular. Obviamente la UP se comprometió a no tocar la sacrosanta propiedad de la burguesía industrial chilena.

Firmado este acuerdo, la DC le otorgó su voto a Allende en el Congreso, reflejando que el gobierno de la Unidad popular ya era aceptado o tolerado en esas condiciones por la mayor parte de la burguesía y las instituciones del Estado burgués; el parlamento, donde retenían la mayoría el PDC y el Pn para frenar todo proyecto de ley demasiado “progresista”, la justicia, las FFAA y la policía.

 

EL FRENTE POPULAR ANTIIMPERIALISTA

El gobierno de Allende fue el último recurso de la burguesía chilena ante el resquebrajamiento del régimen por la crisis económica y el ascenso de masas. Por eso permitió y favoreció la entrada de partidos obreros al gobierno y el establecimiento del frente popular.

Allende constituyó un gobierno de frente popular antiimperialista. Este tuvo un carácter contradictorio: progresivo por un lado, por cuanto tomó medidas antiimperialistas y favoreció algunas reivindicaciones obreras y populares; pero contrarrevolucionario porque frenó y reprimió la movilización independiente de los trabajadores.

Trotsky definió este carácter dual así: “Por supuesto, el frente popularen América Latina no tiene un carácter tan reaccionario como en Francia y España. Tiene un carácter dual. Puede tener una actitud reaccionaria en tanto que está dirigido en contra de los trabajadores; puede tener una actitud progresiva en tanto está dirigido contra el imperialismo”[5]

Valga aclarar que los frentes populares en los países atrasados también pueden formarse de acuerdo con el imperialismo. Un ejemplo muy claro fue la Unión Democrática que integraron en 1946 en la Argentina el PC, el PS, una organización burguesa como la Unión Cívica Radical y con abierto apoyo y patrocinio del embajador yanqui, Spruille Bramen, para enfrentar al peronismo.

Pero en el caso de Chile, Allende tomó medidas antiimperialistas, como la nacionalización de la banca y las empresas en manos imperialistas, tratando de utilizar al servicio de esa política las crecientes movilizaciones obreras y populares. El otro aspecto de su política fueron las concesiones salariales y democráticas que le permitieron ganar apoyo entre los trabajadores para las nacionalizaciones; por eso incorporó representantes de las organizaciones obreras y populares a los ministerios. Pero al mismo tiempo, reprimió y atacó todas las luchas obreras y populares.

Sus primeras medidas le dieron gran popularidad: aumento de salarios en un 35% _que también permitió reactivar el mercado interno-, el reparto de medio litro de leche diario para los niños, y la disolución del odiado Grupo Móvil de Carabineros, una fuerza de represión callejera que enfrentaba las movilizaciones obreras y había cobrado numerosas víctimas.

 

LAS NACIONALIZACIONES

En Diciembre de 1970 se inició el proceso de nacionalización de la banca . Al año se creó un sistema de banca estatizada que controlaba el 90% del crédito del país. Además, unas 90 fábricas pasaron a la esfera social y mixta. “De acuerdo a datos oficiales, estas fábricas del área socialabsorvieron el 20% del producto realizado por toda la industria y un 18% del empleo industrial. A su vez el estado controla actualmente, el 85% del comercio exterior de exportaciones y el 45% de las importaciones. Política que ha servido para disminuir la desocupación que pasó de 7,2% (1970) a 3,9% en 1971. El poder adquisitivo de los sectores populares también creció durante este año: un 12% para los empleados, y un 38% para los obreros agrícolas e industriales. En el terreno habitacional hubo progresos manifiestos: durante el primer año del gobierno de Allende se contrataron arriba de 100.000 habitaciones en contraste con las 25.000 construidas en 1970. Las posibilidades dentro de la enseñanza aumentaron…”[6]

En el campo se aceleró la reforma agraria que había comenzado Frei. En veinte meses se expropiaron más de 2.500 fundos, por la presión de la movilización agraria, en particular de los indígenas mapuches en el sur del país, que “corrían los cercos” para recuperar sus ancestrales tierras.

Las medidas que más golpean en la situación nacional e internacional son las nacionalizaciones de los principales recursos básicos de Chile. Como dice la exposición de motivos de la ley de nacionalización de la Gran Minería del Cobre, adoptada por unanimidad del parlamento, “en algo más de medio siglo los monopolios norteamericanos han sacado de Chile [por conceptos de ganancias y amortizaciones. N. del A.]el equivalente a todo lo creado por los ciudadanos en forma de industrias, puertos, alojamientos, escuelas, hospitales y comercio, durante toda su historia”. Recuperar el cobre para el patrimonio del país, y junto con el hierro, el carbón, el salitre y el cemento, eran medidas altamente progresivas.

Estas medidas nacionalistas, junto a las nacionalizaciones de la banca, la industria y el comercio respondían a la exigencia de la movilización de las masas, pero también eran una manera de hacer frente a la catastrófica situación económica en que el país había quedado después del gobierno de Frei. A través del control estatal de la economía, se buscó centralizar las reservas e impedir el deterioro de las relaciones económicas fundamentales. El Producto Nacional Bruto, esto es, todos los bienes y servicios que se producen en el país, aumentó en un 6,7% superando así el estancamiento de los últimos años del gobierno de Frei.

 

EL MOVIMIENTO DE MASAS

El movimiento de masas ganó confianza para luchar. Esto se ve con toda claridad en el movimiento indígena y campesino.

“En 1970 es Cautín (septiembre a diciembre) el que explota. Se producen más de 100 tomas de fundos totales o parciales. Es el campesinado mapuche que reivindica las tierras que considera usurpadas. Pero ya en el año 1971, el 38% de las huelgas son de carácter económico salarial y otro 30% es para exigir la expropiación de los predios… Los esquemas estatales de reforma agraria son sobrepasados y el gobierno de la Unidad Popular se encuentra ante situaciones de hecho que le es difícil controlar. El “Cautivazo” como llamó la prensa las ocupaciones de tierra en cautín, provocó la instalación del Ministerio de Agricultura en Temuco, el cual debe responder a las presiones, aumentando el ritmo expropiatorio. Después… se generaliza en el país”[7]

Las masas lograron algunas conquistas y dieron confianza al gobierno. En las elecciones municipales de 1971, la UP consiguió la mayoría absoluta de los votos emitidos con el 50,9%. Esa confianza duró hasta bien avanzado el proceso. El 4 de marzo de 1973 la Unidad Popular logró el 43% de los votos para la renovación parlamentaria y así impidió que el bloque burgués lograra una mayoría de dos tercios en el Congreso, suficiente para derribar al gobierno por vía constitucional.

 

UN GOBIERNO BURGUÉS

Sin embargo hay algo que muestra con toda claridad el carácter burgués del gobierno de la Unidad popular: en ningún momento intentó apoyarse en la movilización de las masas y sus éxitos electorales para aplastar a los partidos y las instituciones de los capitalistas donde se organizaba la contrarrevolución.

Allende respeta escrupulosamente la promesa de no tocar a los funcionarios hostiles. Declinó enfrentar a la Corte de Justicia que protegía a los complotadores. Con la policía y las FFAA tuvo un trato obsecuente. Autorizó compras de material militar en EEUU por cuatro veces el valor de lo que se gastó. Mantuvo los pactos de instrucción y maniobras con el ejército norteamericano y nombró oficiales superiores en los consejos de administración de las minas nacionalizadas, la siderurgia, la energía nuclear y otras. Correlativamente, castigó toda reivindicación democrática para los soldados, que el mismo programa de la UP contemplaba. En septiembre de 1971, el periódico del MIR, “El Rebelde”, fue incautado por reclamar derechos democráticos para los uniformados.

 

EL BOICOT

En el último semestre de 1971, se empezó a derrumbar la estructura económica del gobierno de Allende. El precio del cobre, el principal producto de exportación del país, cayó como producto de la crisis internacional, de 60 centavos de dólar la libra a 47 centavos. Esta caída se dio en momentos en que los productos alimenticios que Chile compraba en el mercado mundial, experimentaban un alza.

La difícil situación de la balanza comercial se agravó por el inicio del bloqueo de estados Unidos al gobierno de Allende, como protesta por la nacionalización de las minas de cobre, y la negativa chilena a renegociar la deuda externa de 4.000 millones de dólares.

Las firmas en poder del estado se descapitalizaron, obligadas a vender a precios congelados, mientras la oposición burguesa, unida en el parlamento, boicoteaba todas las medidas destinadas a darle recursos a las empresas fiscales.

En estas circunstancias, el gobierno adoptó la política de permitir los aumentos de salarios que los trabajadores reclamaban para 1972, y de precios para la industria privada no estatizada. Esto aumentó la producción y las ganancias de la burguesía industrial y comercial.

Las ganancias nunca fueron invertidas, pues la mayor parte salió del país. Se crearon así las condiciones para que la escasez de productos y el congelamiento de los precios de los productos en el mercado, en un circuito en manos de los particulares (sólo entre un 20-30% era controlado por el Estado), diera paso a un gigantesco mercado negro que sumió en el caos la economía del país.

 

LA SITUACIÓN SE DETERIORA

En el plano político comenzaron a diferenciarse las dos tendencias burguesas que habían competido con Allende en las elecciones de 1970. La DC propiciaba el reemplazo del gobierno frentepopulista por la vía constitucional, mientras que el PN proponía la destrucción de las instituciones democráticas por la vía de un golpe y la imposición de un gobierno autoritario y proimperialista

La crisis económica y el deterioro del gobierno hicieron que las masas pequeñoburguesas se volvieran enemigas rabiosas de la UP y tomaran el camino de la resistencia extraparlamentaria que proponía el PN.

El 9 de Octubre de 1972 se desencadenó un paro de los camioneros, el principal medio de transporte del país. Días después le siguieron otros gremios de la pequeño burguesía. El objetivo del movimiento era paralizar el funcionamiento del país, provocar el desabastecimiento general y crear así las condiciones para una capitulación del gobierno o su derrocamiento.

 

UN RÉGIMEN KERENKISTA

La creciente polarización de la situación política, el giro a la derecha de la pequeñoburguesía y el ascenso obrero, fueron debilitando y volviendo cada vez más inestable al gobierno de Allende.

El pico álgido fue el paro del 9 de Octubre. Allí, Allende quedó suspendido en el aire, presionado entre la ofensiva burguesa y el movimiento de masas que comenzó a organizar los cordones industriales.

El gobierno profundizó así su carácter inestable, kerenkista, de debilidad y de emparedado entre las dos fuerzas.

El hecho decisivo para ello fue la creciente movilización obrera y el surgimiento de embriones de poder obrero y popular, expresado en los cordones industriales, que representaron la más alta forma de organización obrera surgida del proceso.

La extensión de este nuevo poder dio lugar a una situación de doble poder, que Lenin y Trotsky calificaron como régimen Kerenkista, aludiendo al período posterior a la revolución de febrero de 1917 en Rusia donde hubo un doble poder: el de los soviets obreros y campesinos y el del Estado burgués encabezado por Kerensky.

 

LOS CORDONES INDUSTRIALES

Mientras crecian las huelgas y las ocupaciones de fábrica para obligar al gobierno a expropiar empresas y pasarlas al Área de Propiedad Social (APS), comenzó este proceso de autoorganización obrera.

En junio de 1972 se formo el Cordón de Cerrillos, que era una coordinación de fábricas de esta zona. El Cordón adoptó un programa radical que exigia el traspaso de sus fábricas al área social y que utilizaba métodos de acción directa, como el corte de los caminos de acceso a Santiago para apoyar sus peticiones. La CUT de la comuna de Maipú, donde se encuentra la localidad de Cerrillos, desaprobó la formación del Cordón y sus métodos, demostrando como el Cordón desbordaba al sindicato, reflejando que los obreros querían ir más allá de lo meramente reivindicativo, y la creciente insatisfacción con la CUT y el Gobierno de la UP.

Un mes más tarde se formó la Asamblea Popular de Concepción, que es la segunda ciudad más industrial del país, y que reunió a todas las organizaciones de izquierda, excepto al PC, y a centenares de organizaciones obreras y populares.

La asamblea fue duramente atacada por Allende y la UP, porque aunque nivel regional, expresaba la perspectiva de un poder obrero para nada agradable a los ojos del gobierno.

Así, ante la resistencia burguesa, ante el paro organizado por los camioneros en octubre de 1972, se comenzó a extender este nuevo poder. Se dieron formas de autoorganización para solucionar los problemas de abastecimiento, relegando a la CUT, prácticamente integrada al gobierno de Allende.

El ascenso obrero y popular de octubre fue el punto más alto de la radicalización. Se organizaron las Juntas de Abastecimientos y Precios (JAP) y los almacenes populares de regulación.

En síntesis, este nuevo poder que surgía representaba la profunda dinámica anticapitalista del proceso chileno. Para la vanguardia comenzaba a ser cada día más claro que la única salida era avanzar más y más, expropiando a la burguesía y sobrepasando la institucionalidad burguesa.

 

LA UP CEDE

Mientras la clase obrera intentaba frenar a la contrarrevolución, el gobierno de la UP cedía permanentemente ante la ofensiva imperialista y burguesa. En vez de apoyarse en la movilización de las masas populares para avanzar en las expropiaciones, dominar la distribución y acabar con el mercado negro, Allende dio a la burguesía garantías de que reprimiría los “excesos” de las masas, y reajustó su plan de expropiación original, lo que implicaba devolver la mayoría de las empresas en manos de los trabajadores. Ya en Junio de 1971 había decretado el estado de emergencia en Santiago, dando así plenos poderes a los militares para dirigir el orden interno. En ocasión del paro de octubre, Allende dio una vuelta más a la tuerca en su giro a la derecha, decretando el toque de queda y nombrando luego a tres militares como ministros, inaugurando así lo que se conoció como el gabinete UP-militares.

Este giro fue minando la popularidad de Allende, que en las elecciones del 4 de Marzo de 1973 vio caer su votación, aunque mantuvo aún una amplia base de apoyo -43%- que frustró los objetivos del bloque burgués.

 

LA IZQUIERDA

Las direcciones de la izquierda, en vez de aprovechar esto para hacer retroceder a la burguesía insurrecta, que ya había intentado un golpe de estado en octubre del ’72, reafirmaron su convicción reformista, de hacer una revolución por la vía pacífica y en los marcos de la institucionalidad burguesa.

Días después del 4 de marzo, Luis Corvalán, Secretario General del PC declaraba a la revista Hoy: “…es posible en las condiciones concretas de nuestro país, realizar la revolución antiimperialista y antioligárquica y construir el socialismo sin necesidad de un enfrentamiento armado … Pero así como hasta hoy hemos logrado atar las manos de quienes han buscado este tipo de enfrentamiento, creemos posible en el futuro aislar y derrotar a esos sectores y por lo tanto sostener la gobierno, profundizar simultáneamente el proceso revolucionario y, sobre esta base ganar a la  mayoría del país logrando así una generación en la elección de 1976, de un nuevo gobierno revolucionario. Se trata de una perspectiva audaz, que dará origen posiblemente, a opiniones en contrario…”

En las elecciones de 1972, los sectores más a la izquierda del proceso, como el MIR, continuaron apoyando a la UP, y votaron críticamente por el PS. De esta manera, se negaron a presentar una alternativa a la vanguardia radicalizada que empezaba a romper con el gobierno de la UP y a buscar una dirección revolucionaria en su lucha.

El PS y su dirección “izquierdista”, que conocían la radicalización de la clase obrera y su vanguardia y la organización de los cordones industriales, formados mayoritariamente por militantes socialistas, acompaño con un lenguaje izquierdista el desplazamiento de las masas, pero para mantenerlas dentro de la UP y su política reformista. De esta forma, en ningún momento propusieron tareas independientes concretas para la clase obrera, para romper su supeditación a la política del gobierno.

 

EL TANCAZO

Ante la imposibilidad de sacar constitucionalmente a Allende, la burguesía, unida en la Confederación Democrática –CODE, que une a todos los sectores políticos capitalistas- se volcó nuevamente a la movilización extraparlamentaria. El 29 de junio, bajo la dirección política de Patria y Libertad, se alzaron algunas unidades de un regimiento blindado de Santiago. Fue un verdadero ensayo general de golpe de estado. En la práctica significó la integración de las FFAA a la estrategia contrarrevolucionaria de la burguesía.

El Tancazo, como se llamó a la intentona militar, desató una contraofensiva obrera y popular que superó a la de octubre del’72 en organización y coordinación. La clase obrera ocupó todas las fábricas. Los Cordones industriales y otros organismos de base se reactivaron y generalizaron en las ciudades más importantes del país. Los trabajadores asumieron las tareas de vigilancia en las empresas y el control obrero en la empresa privada. Aparecieron periódicos clasistas. La revista Chile hoy que informa de las movilizaciones de los cordones industriales el 29 de junio, muestra la situación en los siguientes términos: “…el consejo Comunal Campesino de Maipú ocupó todos los fundos, cortó los caminos y el abastecimeinto a los intermediarios, entregandolo exclusivamente al mercado popular de la comuna, que desde hace algunas semanas permanece bajo el control de los pobladores. Los campesinos requisaron los vehículos y se pusieron bajo las órdenes del comando central del Cordón Cerrillos”.

En las semanas siguientes se planteó el problema del poder en los centros obreros. En los cordones se inició la discusión sobre la necesidad de materializar la hegemonía obrera, de dotarse de una dirección, y de que ellos mismos debían acometer la tarea. Los Cordones Industriales decidieron centralizar sus fuerzas y conformaron la Coordinación Provincial de Cordones Industriales”

En su primera declaración pública la Coordinadora Provincial de Cordones Industriales reafirmó: “el rol hegemónico de los cordones sobre las organizaciones embrionarias de poder popular (Comandos Comunales). Todos los sectores aliados del proletariado participan en estos comandos, en los cuales la hegemonía de los Cordones, la clase obrera organizada, debe estar garantizada. Esto asegura que sea el proletariado el que conduzca el proceso y el carácter socialista de la revolución”.

En los Cordones Industriales de santiago se agruparon algunas decenas de miles de obreros de las principales fábricas. En otras ciudades como Valparaíso, Concepción y Antofagasta, también se formaron Cordones Industriales, pero no alcanzaron el desarrollo de Santiago. Ni el PC, ni los partidos de la UP, ni el MIR participaron en la Coordinadora, pues consideraban que era una organización paralela a la CUT.

Allende, el PC y los restantes grupos de la UP se opusieron a los Cordones, pues estos eran la vanguardia organizada de la tendencia obrera, que se empezaba a diferenciar del gobierno y sus partidos. Esta tendencia que no tuvo un partido en donde ubicarse, encontraba sin duda una dirección en la Coordinadora de Cordones.

El MIR había levantado los Comandos Comunales, de existencia limitada, que justificaba como organizaciones más amplias que los Cordones, integrada por pobladores, estudiantes y otros sectores populares. Esto tiene relación con la concepción que el MIR había desarrollado sobre la revolución en Chile, en la cual la clase obrera no era el eje, sino sólo uno de sus componentes.

 

EL GABINETE DE SEGURIDAD NACIONAL

La estrategia de la burguesía apuntaba al desmantelamiento de los cordones, y para ello la DC exigió como condición para el dialogo con el gobierno (que lo buscaba afanosamente), el desarme inmediato de los grupos armados, es decir la represión a todas las tentativas de autodefensa y armamento popular que el proletariado había realizado para oponerse a la reacción burguesa. De otro lado exigió la devolución de todas las empresas que fueron tomadas después del Tancazo.

La aceptación de la UP de las condiciones de la DC, abrió un dialogo que llevó a la formación del llamado Gabinete de Seguridad Nacional, el 9 de Agosto del ’73. Este pavimentó el camino al golpe de estado. Las fuerzas Armadas invocando la ley de control de armas (una Ley reaccionaria promulgada por Allende en 1972) iniciaron los allanamientos a las fábricas escuelas y fundos, y la represión a la vanguardia obrera y popular.

Justificando la formación del nuevo gabinete, Allende declaró: “Llamo a este gabinete, el Gabinete de seguridad Nacional. Tiene por tarea defender a Chile, impedir que se separe al pueblo del Gobierno y al pueblo de las FFAA. Este gabinete tiene que imponer el orden político” [8].

Con los años, el PC y otros partidos de la UP han centrado el balance autocrítico de su comportamiento durante el gobierno de la UP, diciendo que no tuvieron política militar. Nada más falso. La declaración pública conjunta del PC y del PS sobre el Gabinete de Seguridad Nacional hace claridad sobre el tema: “Los reaccionarios se muestran indignados por la participación de las FFAA en el gobierno del presidente Allende, y han sostenido la impostura de que la UP pretendería profitar de su fuerza con fines torcidos. Por otra parte algunos sectores de la DC insinúan que deben participar como entes despersonalizados. Para nosotros está claro que no ofenderíamos jamás a las FFAA con una participación mezquina e interesada, marginal del proceso que vive nuestra patria. Ellas no pueden estar ajenas a las inquietudes que vive el pueblo de que forman parte. Más que sus armas, vale su sentido patriótico, su organización, su integración real o la decisión de avanzar por la senda de la independencia y la dignidad. Esto ha sido nuestra política invariable expresada desde los inicios mismos de este gobierno, al incorporar a la tarea de la liberación y del desarrollo, conceptos inseparables de la seguridad nacional…”[9]

La política militar consistía en incorporar a la oficialidad al proceso de la UP. Por ello es que mientras los partidos de la UP declaraban “el sentido patriótico” de las FFAA, en las mazmorras de la marina se torturaba a los marinos que habían tenido la osadía de denunciar ante el Presidente de la República la conspiración en la flota.

La lucha de clases en Chile penetró todos los poros de la sociedad, también las FFAA. Así como lo hicieron los Cordones y los Comandos Comunales Campesinos organizados en la base, sectores de la tropa y suboficialidad se organizaron para defender las conquistas del pueblo y colocar su esfuerzo para defender las libertades democráticas amenazadas por la conspiración gorila. Los marineros llegaron a organizarse en la flota y en la Escuela de Mecánica de la Armada, las mayores concentraciones de tropas navales.

 

ERA POSIBLE RESISTIR

Hubo hechos que muestran que era posible resistir y derrotar a la sedición. Esa política fue la de la autodefensa, y fue dirigida por un Cordón Industrial. “…En las fábricas se fabrican armas, bombas molotov, granadas, etc. Y también los partidos distribuyeron algunas armas cortas, además de algunos fusiles .. Por esta razón cuando los militares de la FACH fueron a allanar Sumar Nylon no llevaron ninguna orden. Tenían si, una orden para allanar una población cercana. Invadieron la población con un gran despliegue de fuerzas: 300 hombres, tanquetas y helicópteros. Allanaron la casa de una militante socialista e intentaron entrar a la fábrica. Pero los trabajadores exigieron de los militares la orden de allanamiento y como no la tenían, alegaron que no la podían allanar (está claro que había armas en Sumar Nylon). Así que cerraron las puertas de la fábrica y empezaron a resistir. Al mismo tiempo tocaron la sirena, como aviso a la fábrica y a las poblaciones del sector que la fábrica estaba siendo allanada… Entonces la gente de las poblaciones y de las fábricas cercanas salieron, cercando a los militares. Los militares hasta ese momento disparaban sobre la fábrica. Hirieron a dos obreros que resistían desde adentro, destruyeron algunas partes de la planta, pero fueron obligados a retirarse. Y se concentraron a ocho cuadras de distancia, esperando una oportunidad para volver a atacar. Pero frente a Sumar Nylon ya había cerca de cuatro mil trabajadores que pasaron allí toda la noche. Frente a esto los militares no tuvieron otra alternativa que retirarse”[10]

La resistencia fue silenciada por el gobierno y la UP. Algunos días más tarde las FFAA dieron el golpe de estado. En la mesa de operaciones de Pinochet y sus generales está la carta de Santiago y, en ella, marcados los Cordones Industriales donde los militares esperaban resistencia.

 

LAS RAZONES DE UNA DERROTA

Lo que el golpe vino a frenar fue el comienzo de una revolución obrera y socialista. Las masas giraban hacia el enfrentamiento con el gobierno burgués de la UP y una importante vanguardia se organizaba en los Cordones Industriales e, incluso dentro de las FFAA. Los organismos de auto-defensa armada de las masas se hubieran podido transformar en el brazo ejecutor que condujera a la insurrección y llevara al poder a las organizaciones revolucionarias de las masas.

Pero eso habla a las claras de la necesidad de una dirección política que tenga el objetivo de acabar con el estado, basado en esas organizaciones revolucionarias de las masas como los cordones Industriales. Obviamente el PC, el PS y los demás integrantes de la UP no tenían ese objetivo. El MIR, con toda su declamatoria de izquierda, nunca se elevó a comprender que el movimiento obrero y sus Cordones debían ser eje de una insurrección que debía desalojar al gobierno burgués. Esa falta de rumbo llevó al MIR a capitular una y otra vez a la UP.

En este camino la clase obrera y la revolución sufrieron dos derrotas que llevaron finalmente a que pudiera triunfar el golpe.

La primera derrota fue que se perdió la unidad del movimiento de masas y la pequeño burguesía fue ganada por el imperialismo y sus socios para la movilización contrarrevolucionaria. Cuando frente a la crisis económica y la ofensiva política proimperialista, la UP se puso de rodillas ante la burguesía y sus generales, la clase media fue en busca de una dirección que ofreciera una salida a la crisis. La clase obrera, por falta de un partido que marcara consecuentemente el camino de la revolución socialista, no pudo ofrecer una salida clara a la crisis. Quedaba la audaz vanguardia de la contrarrevolución, el PN y las bandas de Patria y Libertad que –saliendo del pantano parlamentario- ganaron las calles con su acción en defensa del orden capitalista y contra el “caos marxista”. Allí se fue la clase media.

La segunda derrota de la revolución se produjo cuando comenzaba a extenderse la autoorganización armada de sectores obreros y populares, incluyendo soldados y suboficiales de las FFAA. Al no centrarse esas fuerzas en una milicia popular, los soldados, suboficiales y los organismos obreros de autodefensa quedaron a merced de la represión. Los marineros y suboficiales rebeldes fueron torturados por la oficialidad gorila con el beneplácito de Allende. Y el mismo Allende llamó a reprimir los Cordones y promulgó las leyes que abrieron paso a los allanamientos.

Allende llegó a presidencia como producto de la crisis y la debilidad de la burguesía y el imperialismo. Bajo su gobierno la contrarrevolución encontró plena libertad para reorganizarse y preparar su ofensiva, mientras la UP desde el poder reprimía y confundía a las masas revolucionarias. Pinochet entró por la puerta que le abrió Allende.

[1] Citado en “Allende”, Colección Historia de América, Fascículo 43, B.aires.

[2] Idem.

[3] James Petras “Negociadores políticos en Chile”, en Monthly Review (enero-febrero 1970)

[4] Aranda, S. y Martínez, A., Chile Hoy –Estructura económica, Editorial Siglo XXI, México.

[5] Trotsky, L., “Conversaciones sobre América Latina”, en acerca de la liberación nacional, Editorial Pluma, Bogotá.

[6] González, E., La tragedia chilena. Editorial Pluma, B. Aires, 1974.

[7] Bengoa, J., Trayectoria del campesinado Chileno, Documentos del Grupo de Investigaciones Agrarias), Santiago.

[8] (El Siglo, 12 de Agosto de 1973).

[9] Declaración conjunta PC-PS, El Siglo Agosto 12 de 1973.

[10] Revista de América, Nº 11, noviembre 1973.

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