La intelectualidad y la clase obrera en 1917 (II)

por David Mandel//

Es en la estela de las Jornadas de Julio cuando los trabajadores se vieron obligados a confrontar directamente con las implicaciones de su aislamiento creciente respecto a la intelectualidad. Los 3 y 4 de julio, los trabajadores industriales de Petrogrado, al lado de algunas unidades de la guarnición local, marcharon en dirección del Palacio de Tauride en manifestación pacífica con el objetivo de hacer presión sobre el Comité Ejecutivo Central (CEC ) de los soviets, que estaba entonces compuesto mayoritariamente de mencheviques y SR (Socialistas Revolucionarios), para que pusiera un final al gobierno de coalición con los representantes de las clases poseedoras y asumiera la iniciativa de tomar el poder . En otros términos, que formase un gobierno de los soviets, en el interior del cual solo estuvieren representados los trabajadores, los soldados y los campesinos. Pero se produjo una cosa impensable: no solamente la dirección menchevique y SR rechazó tener en cuenta la voluntad de los trabajadores sino que se mantuvo a distancia cuando el gobierno, en el seno del cual estaban representados esos dos partidos, lanzó una ola represiva contra los trabajadores, los bolcheviques y otros socialistas de izquierda opuestos al gobierno de coalición. El ministro del interior, directamente responsable de esa política, no era otro que el dirigente menchevique I.G. Tsereteli Seguir leyendo La intelectualidad y la clase obrera en 1917 (II)

¿Por qué se está beneficiando la ultraderecha de la crisis del capitalismo?

por Alejandro Valenzuela y Barry Grey//

Las elecciones alemanas del domingo vieron el surgimiento de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD, siglas en alemán) y el colapso de la fuerza oficialmente de izquierda, el Partido Socialdemócrata (SPD). La votación de más de noventa diputados del AfD marca la primera vez desde el final del Tercer Reich que políticos explícitamente fascistas y racistas integrarán la legislatura nacional. Seguir leyendo ¿Por qué se está beneficiando la ultraderecha de la crisis del capitalismo?

Ofensiva norteamericana para la censura política en Facebook

por Andre Damon//

Facebook, el gigante de la tecnología que controla la red social más grande del mundo, ha anunciado que entregará voluntariamente información sobre anuncios políticos supuestamente vinculados a cuentas falsas operadas desde Rusia al comité del Congreso que está investigando la “intromisión” rusa en las elecciones de 2016. Seguir leyendo Ofensiva norteamericana para la censura política en Facebook

Genocidio en la Patagonia: La verdadera historia de los Zoológicos Humanos

por Silvana García Tironi//

Durante el siglo XVIII- XIX la sociedad intelectual europea sentía una gran fascinación por lo desconocido y exótico. Parte de esta fascinación fue dirigida a grupos nativos de diversas latitudes alrededor del mundo. Así se comienzan a traer grupos de indígenas para observarlos, estudiarlos, y compararlos con la raza civilizada: la blanca europea. Con esto se crea el concepto de “Zoológicos Humanos”.

El zoólogo alemán Carl Hagenbeck, que en un principio se dedicaba a la muestra animal y al circo, se especializó en llevar grupos de indígenas “puros” desde África y Asia, recreando su hábitat y costumbres. Con esta corriente se comienza un boom por traer de todas partes grupos de autóctonos y sus costumbres, en donde Chile no queda excluido. Seguir leyendo Genocidio en la Patagonia: La verdadera historia de los Zoológicos Humanos

Coordinadora Nacional de Trabajadores NO + AFP: Carta Abierta

La Coordinadora Nacional de Trabajadores y Trabajadoras NO+AFP, ha elaborado una propuesta que pone término al sistema de AFP. Hemos dado a conocer al país y en especial a los trabajadores, este nuevo sistema de seguridad social sustentado en el reparto solidario, con financiamiento tripartito y un Fondo de Reserva Técnica. La respuesta de los trabajadores ha sido de un claro apoyo a nuestros planteamientos. Pero desde el gobierno y las autoridades no ha habido sino silencio. Las multitudinarias manifestaciones que han enarbolado nuestra consigna No Más AFP han carecido de eco en las autoridades, aún cuando han tenido la virtud en poner en la palestra pública un hecho indubitable: el sistema de AFP no hace sino condenar a los trabajadores a una vida de miseria luego de su ciclo laboral. Seguir leyendo Coordinadora Nacional de Trabajadores NO + AFP: Carta Abierta

Walter Benjamin: El capitalismo como religión

Hay que ver en el capitalismo una religión, es decir, el capitalismo sirve esencialmente a la satisfacción de las mismas preocupaciones, suplicios e inquietudes a las que daban respuesta antiguamente las llamadas religiones. Probar esta estructura religiosa del capitalismo, es decir, probar que no es sólo una formación condicionada por la religión como lo piensa Weber, sino un fenómeno esencialmente religioso, nos conduciría hoy al extravío de una polémica universal exagerada. No podemos estrechar la red en la cual nos sostenemos; sin embargo,  este punto será apreciado posteriormente. Seguir leyendo Walter Benjamin: El capitalismo como religión

Jornada de resistencia popular catalana: ¿Se acabó el Procés?

por Oscar Blanco//

14 detenciones. 20 registros en sedes de Consejerías y otros departamentos de la Generalitat y empresas. Unas 15 horas de movilizaciones masivas casi espontaneas. Ayer Barcelona y Catalunya vivieron un día que fue cualquier cosa menos normal. La ofensiva represiva contra el 1 de octubre se convirtió de facto en una intervención de la Generalitat con las cuentas de la administración catalana controladas por Montoro y la detención de cargos como Josep Maria Jove, secretario general de Economía. Desde antes de las 9 de la mañana comenzaba a llegar gente a la puerta de las 4 consejerías registradas por la Guardia Civil y corría la convocatoria. El centro de Barcelona estaba prácticamente colapsado ya a las 11 horas con más de media Vía Laietana cortada y un corte en Gran Vía a la altura de Rambla Catalunya. En este punto dónde se encuentra la Consejería de Economía es dónde había el grueso más importante de manifestantes, ya eran unas 5 000 personas. Se fue convirtiendo en el lugar de la concentración en defensa de la democracia y las instituciones catalanas con Omnium y la Assemblea Nacional Catalana llamando a la gente a acudir.Por la tarde se llegó a las 20 000 personas concentradas y el registro de la Consejería se alargó aproximadamente hasta las 20h Seguir leyendo Jornada de resistencia popular catalana: ¿Se acabó el Procés?

Aumenta la cifra de muertos por el terremoto en la Ciudad de México

por Alex González//

Ha ascendido la cantidad de fallecidos a 225 del terremoto de magnitud 7,1 que estremeció a la Ciudad de México y nueve otros estados el martes por la tarde. Los reportes iniciales indican que colapsaron 44 edificios en la capital del país, dejando a 699 personas heridas y 201 desaparecidas. La catástrofe social ocurrió en el aniversario del devastador terremoto de 1985 en la ciudad y tan sólo dos semanas después de que otro sismo de 8,1 grados golpeara el sur del empobrecido país. Seguir leyendo Aumenta la cifra de muertos por el terremoto en la Ciudad de México

¿Recuperación económica mundial?

Los últimos datos económicos muestran que el crecimiento económico en los principales países capitalistas ha ido en aumento durante la primera mitad de 2017.
 
 
La economía de Japón ha crecido al ritmo más rápido de los últimos dos años en el segundo trimestre de este año, y el gasto interno se ha acelerado mientras el país se prepara para los Juegos Olímpicos de Tokio de 2020.

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España amenaza con una potencial toma de poder militar de Cataluña mientras el referéndum se acerca

por Alejandro López// 

El gobierno de España del conservador Partido Popular (PP) prosigue con sus medidas drásticas contra el referéndum sobre la independencia de Cataluña previsto para el primero de octubre. El presidente del gobierno Mariano Rajoy está amenazando con implementar una cláusula de emergencia en la Constitución española para impedir el voto. Seguir leyendo España amenaza con una potencial toma de poder militar de Cataluña mientras el referéndum se acerca

¿Dónde está Santiago Maldonado?

por Eduardo Giordano//

Argentina vive una involución en cuestiones de derechos humanos desde que asumió el gobierno del presidente Mauricio Macri, en diciembre de 2015.[1]Es el caso de la dirigente social indígena Milagro Sala, diputada electa del Parlamento del Mercosur, presa desde hace 20 meses de manera “preventiva” en la provincia de Jujuy, sin condena alguna en este sentido y sin siquiera estar procesada, pero en cambio proscrita para ejercer la política. Este no es un caso aislado, ya que otras comunidades indígenas están siendo hostigadas por el gobierno neoliberal de Cambiemos en defensa de los terratenientes, reprimiendo brutalmente sus protestas y deteniendo a sus dirigentes, como es el caso de los mapuches en la Patagonia, enfrentados por su derecho a la tierra con la multinacional Benetton, entre otros latifundios que ocupan sus tierras ancestrales. En lugar de atender sus reclamos, el gobierno reprime y criminaliza a los dirigentes de los pueblos indígenas que luchan por derechos legítimos, tales como la tierra o los cursos y espejos de agua, que a menudo ocupan esos latifundios impidiendo el acceso público, o que son puestos en peligro por las políticas extractivistas de las multinacionales mineras y petroleras. Seguir leyendo ¿Dónde está Santiago Maldonado?

A 44 años del Golpe, a 100 de la Revolución Rusa

Recuperar el programa internacionalista

Nuevamente el imperialismo yanqui en busca de una nueva orientación que lo fortalezca como imperialismo dominante en medio de la crisis capitalista, vuelve a agitar su puño guerrerista sobre la región con amenazas de salidas militares como lo hizo recientemente contra Venezuela. Y es que pese a que todos los disciplinados gobierno latinoamericanos al imperialismo, incluido el gobierno de Maduro, pretenden posar de democráticos, saben que el desarrollo de las crisis regionales y de la lucha de clases llevará a la confrontación violenta y para ello necesitarán echar mano de las salidas golpistas Seguir leyendo A 44 años del Golpe, a 100 de la Revolución Rusa

La crisis política en La Cocina del poder

por Ibán de Rementería//

 

La actual crisis política tiene su expresión más dramática y generalizada en la probabilidad previsible que la participación en las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias sea aún menor que las pasadas elecciones municipales, que sólo llegaron al 35%, esta es una crisis de convocatoria política y por lo tanto de legitimidad de la democracia. Seguir leyendo La crisis política en La Cocina del poder

Revolución Rusa: Paz, Pan y Tierra

por Fernando Armas//

Es en general conocido que estas tres consignas configuraron el “programa de acción” que motorizó la revolución rusa. Una primera consideración al respecto es que las tres consignas no podían ser concebidas por separado, sino como una unidad. Esto porque las causas que determinaban su razón de ser, es decir, la guerra, el hambre y la propiedad feudal de la tierra, tenían su origen en una crisis del sistema capitalista en su fase imperialista. Seguir leyendo Revolución Rusa: Paz, Pan y Tierra

Lenin, sobre dependencia y liberación nacional

por Rolando Astarita//

En la izquierda está muy generalizada la idea de que la mayoría de los países de América Latina, a excepción de Cuba, y tal vez Venezuela, mantiene una relación de tipo semicolonial, o neocolonial, con las grandes potencias, EEUU en primer lugar. Y que por este motivo, es necesario luchar por realizar la tarea histórica de la liberación nacional, o “la segunda independencia”. En contraposición a esta postura, desde hace años sostengo que países como Argentina, México o Chile, no son semicolonias, y que no está planteada, como demanda pendiente, la liberación nacional. Esta postura conecta con la distinción de Lenin entre países dependientes, por un lado, y países coloniales y semicoloniales; y su noción del contenido de la liberación nacional. En términos generales, podemos decir que se trata de un enfoque muy minoritario en la izquierda, aunque ya ha sido avanzado por diferentes marxistas. Entre ellos, por Dabat y Lorenzano (1984); por mi parte, he desarrollado estas ideas en Economía política de la dependencia y el subdesarrollo (UNQ, 2010), y en los años 1990, en la revista Debate Marxista. Seguir leyendo Lenin, sobre dependencia y liberación nacional

Sobre la tradición revolucionaria popular

Un intercambio con Ramón Franquesa

Discutir sobre los rasgos esenciales del jacobinismo –entendido en su acepción original, no en la forma desnaturalizada en que suele ser aludido hoy– no es asunto baladí, aunque a primera vista pueda parecer algo remoto, de interés exclusivamente académico. Porque lo que se discute son las raíces y el futuro de la democracia. Nada menos. Seguir leyendo Sobre la tradición revolucionaria popular

Revolución Rusa: La intelectualidad y la clase obrera en 1917 (I)

por David Mandel//

Mikhail Terechtchenko (1886-1956), industrial del azúcar y Ministro de Asuntos Exteriores del último gobierno provisional no parloteaba cuando preguntó al marinero que le escoltaba a la prisión después de la toma del Palacio de Invierno: ¿Cómo os vais a arreglar sin la intelectualidad? 1/De hecho, esta cuestión se refiere a un proceso clave de la revolución de 1917: el creciente distanciamiento de la intelectualidad, en particular de la fracción de esta última que se calificaba de democrática o de socialista, hacia la clase trabajadora 2/. Los historiadores se han dedicado relativamente poco a este importante aspecto de la revolución. Sin duda, ello se explica por la visibilidad de la intelectualidad en las cumbres del partido bolchevique, en el interior de su comité central. Sin embargo, eran raros los miembros de la intelectualidad en todos los niveles del partido –ciudades, distritos, lugares de trabajo-: en 1917, de forma aplastante, la composición social y la orientación política del partido bolchevique eran proletarias. Seguir leyendo Revolución Rusa: La intelectualidad y la clase obrera en 1917 (I)

La crisis de España como marco de acumulación del capital. El derecho de España contra los derechos de los pueblos

por Iñaki Gil de San Vicente//

 

  1. Introducción
  2. Nacimiento, esplendor y decadencia histórica
  3. Escuela de Salamanca y controversia de Valladolid
  4. Felipe II y el nacionalismo español «prudente»
  5. Los Austrias menores y la ruptura en la clase dominante
  6. La casa de Borbón y la guerra contra los pueblos
  7. La casa de Borbón y la represión de los pueblos
  8. La dinámica de las contradicciones y sus formas
  9. Bibliografía básica consultada

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América Latina: ¿Feudal o capitalista?

por Luis Vitale//

La controversia respecto de si América latina tiene características feudales o capitalistas podrá parecer académica, pero durante muchos años el movimiento reformista basó su estrategia política en las siguientes proposiciones:

  1. España era un país feudal.
  2. España trasplantó su sistema medieval al Nuevo Mundo, y la colonización se llevó a cabo bajo el régimen feudal.
  3. En América latina creció una aristocracia feudal, y más tarde se independizó de España.
  4. Una aristocracia feudal gobernó los países latinoamericanos durante los siglos XIX y XX, impidiendo el desarrollo del capitalismo Y el surgimiento de una burguesía nacional.
  5. Los partidos populares deben respaldar a la ”burguesía progresista” contra la oligarquía feudal, para cumplir con los objetivos democrático-burgueses por medio de un Frente de Liberación Nacional.

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EEUU: Los demócratas buscan apuntalar al Gobierno en crisis de Trump

por Joseph Kishore//

Los líderes demócratas del Congreso estaodunidense declararon el miércoles por la noche que alcanzaron un acuerdo con el Gobierno de Trump sobre inmigración. El líder de la minoría demócrata en el Senado, Charles Schumer y la líder de la minoría demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, celebraron el acuerdo después de una cena con Donald Trump, quien ha presidido una escalada brutal de los ataques contra los trabajadores y jóvenes inmigrantes. Seguir leyendo EEUU: Los demócratas buscan apuntalar al Gobierno en crisis de Trump

Valparaíso: Puerto o Borde Costero

por Ibán de Rementería//

El destino de Valparaíso se define entre ser puerto o borde costero. No hace muchos años la consigna de la sociedad civil, de la ciudadanía, era “No al mall si al puerto”, en medio de la confusión y escepticismo vecinal – la ciudadanía concreta de una ciudad – que generó la designación por la UNESCO de la ciudad puerto  como sitio patrimonial de la humanidad. Aquella consigna apareció como un llamado de alerta y convocatoria a defender el destino portuario de la ciudad cuando el gran capital comercial y financiero puso su ojo certero para concesionar el Terminal 3 no con fines portuarios sino que comerciales e inmobiliarios. Pero, hay anécdotas que son decidoras, por ejemplo, hasta no hace mucho en un conocido café del centro del Puerto quedaba un ejemplar de un afiche con aquella consigna, donde solo se leía “no al mall” y “si al puerto” había sido borrado. Seguir leyendo Valparaíso: Puerto o Borde Costero

Julio Cortázar: No se culpe a nadie.

El frío complica siempre las cosas, en verano se está tan cerca del mundo, tan piel contra piel, pero ahora a las seis y media su mujer lo espera en una tienda para elegir un regalo de casamiento, ya es tarde y se da cuenta de que hace fresco, hay que ponerse el pulóver azul, cualquier cosa que vaya bien con el traje gris, el otoño es un ponerse y sacarse pulóveres, irse encerrando, alejando. Sin ganas silba un tango mientras se aparta de la ventana abierta, busca el pulóver en el armario y empieza a ponérselo delante del espejo. No es fácil, a lo mejor por culpa de la camisa que se adhiere a la lana del pulóver, pero le cuesta hacer pasar el brazo, poco a poco va avanzando la mano hasta que al fin asoma un dedo fuera del puño de lana azul, pero a la luz del atardecer el dedo tiene un aire como de arrugado y metido para adentro, con una uña negra terminada en punta. De un tirón se arranca la manga del pulóver y se mira la mano como si no fuese suya, pero ahora que está fuera del pulóver se ve que es su mano de siempre y él la deja caer al extremo del brazo flojo y se le ocurre que lo mejor será meter el otro brazo en la otra manga a ver si así resulta más sencillo. Parecería que no lo es porque apenas la lana del pulóver se ha pegado otra vez a la tela de la camisa, la falta de costumbre de empezar por la otra manga dificulta todavía más la operación, y aunque se ha puesto a silbar de nuevo para distraerse siente que la mano avanza apenas y que sin alguna maniobra complementaria no conseguirá hacerla llegar nunca a la salida. Mejor todo al mismo tiempo, agachar la cabeza para calzarla a la altura del cuello del pulóver a la vez que mete el brazo libre en la otra manga enderezándola y tirando simultáneamente con los dos brazos y el cuello. En la repentina penumbra azul que lo envuelve parece absurdo seguir silbando, empieza a sentir como un calor en la cara aunque parte de la cabeza ya debería estar afuera, pero la frente y toda la cara siguen cubiertas y las manos andan apenas por la mitad de las mangas, por más que tira nada sale afuera y ahora se le ocurre pensar que a lo mejor se ha equivocado en esa especie de cólera irónica con que reanudó la tarea, y que ha hecho la tontería de meter la cabeza en una de las mangas y una mano en el cuello del pulóver. Si fuese así su mano tendría que salir fácilmente, pero aunque tira con todas sus fuerzas no logra hacer avanzar ninguna de las dos manos aunque en cambio parecería que la cabeza está a punto de abrirse paso porque la lana azul le aprieta ahora con una fuerza casi irritante la nariz y la boca, lo sofoca más de lo que hubiera podido imaginarse, obligándolo a respirar profundamente mientras la lana se va humedeciendo contra la boca, probablemente desteñirá y le manchará la cara de azul. Por suerte en ese mismo momento su mano derecha asoma al aire, al frío de afuera, por lo menos ya hay una afuera aunque la otra siga apresada en la manga, quizá era cierto que su mano derecha estaba metida en el cuello del pulóver, por eso lo que él creía el cuello le está apretando de esa manera la cara, sofocándolo cada vez más, y en cambio la mano ha podido salir fácilmente. De todos modos y para estar seguro lo único que puede hacer es seguir abriéndose paso, respirando a fondo y dejando escapar el aire poco a poco, aunque sea absurdo porque nada le impide respirar perfectamente salvo que el aire que traga está mezclado con pelusas de lana del cuello o de la manga del pulóver, y además hay el gusto del pulóver, ese gusto azul de la lana que le debe estar manchando la cara ahora que la humedad del aliento se mezcla cada vez más con la lana, y aunque no puede verlo porque si abre los ojos las pestañas tropiezan dolorosamente con la lana, está seguro de que el azul le va envolviendo la boca mojada, los agujeros de la nariz, le gana las mejillas, y todo eso lo va llenando de ansiedad y quisiera terminar de ponerse de una vez el pulóver sin contar que debe ser tarde y su mujer estará impacientándose en la puerta de la tienda. Se dice que lo más sensato es concentrar la atención en su mano derecha, porque esa mano por fuera del pulóver está en contacto con el aire frío de la habitación, es como un anuncio de que ya falta poco y además puede ayudarlo, ir subiendo por la espalda hasta aferrar el borde inferior del pulóver con ese movimiento clásico que ayuda a ponerse cualquier pulóver tirando enérgicamente hacia abajo. Lo malo es que aunque la mano palpa la espalda buscando el borde de lana, parecería que el pulóver ha quedado completamente arrollado cerca del cuello y lo único que encuentra la mano es la camisa cada vez más arrugada y hasta salida en parte del pantalón, y de poco sirve traer la mano y querer tirar de la delantera del pulóver porque sobre el pecho no se siente más que la camisa, el pulóver debe haber pasado apenas por los hombros y estará ahí arrollado y tenso como si él tuviera los hombros demasiado anchos para ese pulóver, lo que en definitiva prueba que realmente se ha equivocado y ha metido una mano en el cuello y la otra en una manga, con lo cual la distancia que va del cuello a una de las mangas es exactamente la mitad de la que va de una manga a otra, y eso explica que él tenga la cabeza un poco ladeada a la izquierda, del lado donde la mano sigue prisionera en la manga, si es la manga, y que en cambio su mano derecha que ya está afuera se mueva con toda libertad en el aire aunque no consiga hacer bajar el pulóver que sigue como arrollado en lo alto de su cuerpo. Irónicamente se le ocurre que si hubiera una silla cerca podría descansar y respirar mejor hasta ponerse del todo el pulóver, pero ha perdido la orientación después de haber girado tantas veces con esa especie de gimnasia eufórica que inicia siempre la colocación de una prenda de ropa y que tiene algo de paso de baile disimulado, que nadie puede reprochar porque responde a una finalidad utilitaria y no a culpables tendencias coreográficas. En el fondo la verdadera solución sería sacarse el pulóver puesto que no ha podido ponérselo, y comprobar la entrada correcta de cada mano en las mangas y de la cabeza en el cuello, pero la mano derecha desordenadamente sigue yendo y viniendo como si ya fuera ridículo renunciar a esa altura de las cosas, y en algún momento hasta obedece y sube a la altura de la cabeza y tira hacia arriba sin que él comprenda a tiempo que el pulóver se le ha pegado en la cara con esa gomosidad húmeda del aliento mezclado con el azul de la lana, y cuando la mano tira hacia arriba es un dolor como si le desgarraran las orejas y quisieran arrancarle las pestañas. Entonces más despacio, entonces hay que utilizar la mano metida en la manga izquierda, si es la manga y no el cuello, y para eso con la mano derecha ayudar a la mano izquierda para que pueda avanzar por la manga o retroceder y zafarse, aunque es casi imposible coordinar los movimientos de las dos manos, como si la mano izquierda fuese una rata metida en una jaula y desde afuera otra rata quisiera ayudarla a escaparse, a menos que en vez de ayudarla la esté mordiendo porque de golpe le duele la mano prisionera y a la vez la otra mano se hinca con todas sus fuerzas en eso que debe ser su mano y que le duele, le duele a tal punto que renuncia a quitarse el pulóver, prefiere intentar un último esfuerzo para sacar la cabeza fuera del cuello y la rata izquierda fuera de la jaula y lo intenta luchando con todo el cuerpo, echándose hacia adelante y hacia atrás, girando en medio de la habitación, si es que está en el medio porque ahora alcanza a pensar que la ventana ha quedado abierta y que es peligroso seguir girando a ciegas, prefiere detenerse aunque su mano derecha siga yendo y viniendo sin ocuparse del pulóver, aunque su mano izquierda le duela cada vez más como si tuviera los dedos mordidos o quemados, y sin embargo esa mano le obedece, contrayendo poco a poco los dedos lacerados alcanza a aferrar a través de la manga el borde del pulóver arrollado en el hombro, tira hacia abajo casi sin fuerza, le duele demasiado y haría falta que la mano derecha ayudara en vez de trepar o bajar inútilmente por las piernas, en vez de pellizcarle el muslo como lo está haciendo, arañándolo y pellizcándolo a través de la ropa sin que pueda impedírselo porque toda su voluntad acaba en la mano izquierda, quizá ha caído de rodillas y se siente como colgado de la mano izquierda que tira una vez más del pulóver y de golpe es el frío en las cejas y en la frente, en los ojos, absurdamente no quiere abrir los ojos pero sabe que ha salido fuera, esa materia fría, esa delicia es el aire libre, y no quiere abrir los ojos y espera un segundo, dos segundos, se deja vivir en un tiempo frío y diferente, el tiempo de fuera del pulóver, está de rodillas y es hermoso estar así hasta que poco a poco agradecidamente entreabre los ojos libres de la baba azul de la lana de adentro, entreabre los ojos y ve las cinco uñas negras suspendidas apuntando a sus ojos, vibrando en el aire antes de saltar contra sus ojos, y tiene el tiempo de bajar los párpados y echarse atrás cubriéndose con la mano izquierda que es su mano, que es todo lo que le queda para que lo defienda desde dentro de la manga, para que tire hacia arriba el cuello del pulóver y la baba azul le envuelva otra vez la cara mientras se endereza para huir a otra parte, para llegar por fin a alguna parte sin mano y sin pulóver, donde solamente haya un aire fragoroso que lo envuelva y lo acompañe y lo acaricie y doce pisos.

El otro 11: dieciséis años de mentiras, hipocresía y militarismo

por Bill Van Auken//

El decimosexto aniversario de los atentados del 11 de setiembre del 2001, los cuales cobraron más de 2900 vidas en Estados Unidosm fue conmemorado nuevamente con ceremonias en donde estaban situadas las Torres Gemelas en el World Trade Center, el Pentágono y el punto en Pennsylvania donde cayó uno de los cuatro aviones secuestrados cuando sus pasajeros luchaban por retomar el control de la aeronave.

Miles se reunieron en la Ciudad de Nueva York para presenciar el acto solemne donde se leen los nombres de las víctimas de lo que constituyó un ataque terrorista criminal y reaccionario que tan sólo sirvió a los intereses del imperialismo estadounidense y mundial. El acontecimiento ha sido utilizado para justificar guerras de agresión y ataques contra los derechos democráticos alrededor del mundo.

Las genuinas emociones de aflicción y añoranza compartidas por aquellos que perdieron a seres queridos ese día volvieron a contrastar marcadamente con la banalidad e hipocresía de las conmemoraciones oficiales escenificadas por los políticos estadounidenses.

Esta vieja dicotomía llegó a una nueva profundidad el lunes, con el discurso principal de la ceremonia en el Pentágono que dio el multimillonario estafador y presidente de tendencia fascista, Donald Trump. Su primera reacción el día de los atentados fue presumir—falsamente además—que la caída de las Torres Gemelas convertía su propiedad en 40 de la calle Wall Street en el edificio más alto de Bajo Manhattan. Sus comentarios esta semana fueron un revoltijo, si acaso recalentado, de discursos viejos, tributos a la bandera estadounidense y un llamado a “defender nuestro país contra las fuerzas barbáricas del mal y la destrucción”.

Trump repitió el desgastado cliché de que, “nuestro mundo cambió” ese 11 de setiembre, una frase que busca convencer que las guerras interminables, las medidas de Estado policial y los drásticos cambios en la vida política del país durante los últimos dieciséis años fueron el resultado de los supuestamente imprevistos e imprevisibles atentados del 11 de setiembre. En otras palabras, no tuvieron nada que ver con lo que les precedió.

El hecho de que esta es una mentira cínica y que el Estado emplea en su propio beneficio es algo que se esclarece más cada año.

En vísperas del aniversario, salieron a la luz nuevas revelaciones que asocian a Arabia Saudita, el país árabe más cercano a Washington, con la preparación de los atentados del 11 de setiembre, en el que 15 de los 19 secuestradores eran ciudadanos saudíes. La prensa corporativa, que no publicó nada significativo para el aniversario, por su mayor parte hizo caso omiso de la nueva evidencia. El diario New York Times marcó el aniversario con un editorial detallando los esfuerzos del examinador médico de la Ciudad de Nueva York para identificar los restos humanos.

Una denuncia federal en nombre de las familias de 1400 víctimas de los atentados presentó evidencia que la embajada saudí en Washington financió lo que parece haber sido un ensayo en 1999 para los atentados del 11 de setiembre. Dos agentes saudíes se hicieron pasar como estudiantes y abordaron un vuelo de America West de Phoenix a Washington D.C., con boletos pagados por la embajada saudí. La denuncia establece que ambos hombres habían sido entrenados en campamentos de Al Qaeda en Afganistán con algunos de los secuestradores del 11 de setiembre. Durante el vuelo, los dos hicieron preguntas técnicas a los asistentes de vuelo que crearon sospechas e intentaron entrar a la cabina de vuelo dos veces, obligando al piloto a realizar un aterrizaje de emergencia en Ohio. Ambos fueron detenidos y cuestionados por el FBI, que decidió no levantar cargos.

Esta es tan sólo la última de una serie de revelaciones que han dejado abundantemente claro que los eventos del 11 de setiembre nunca pudieron haber sucedido sin un apoyo logístico substancial de fuerzas influyentes. A pesar de la reiterada aseveración que “cambiaron todo”, nunca se ha llevado a cabo una pesquisa independiente y objetiva de cómo fue que se realizaron los atentados. Y, a pesar de ser ostensiblemente el más catastrófico fracaso de inteligencia en la historia de EUA, nadie fue llamado a rendir cuentas; no hubo ni despidos ni demociones.

La evidencia que se ha hecho pública demuestra que los secuestradores del 11 de setiembre pudieron entrar al país libremente, atender escuelas de aviación pese a que algunos de los involucrados habían estado bajo la vigilancia de la CIA y el FBI por al menos dos años antes de los atentados. Dos de ellos vivieron en la casa de un informante del FBI.

En el 2016, se publicaron 28 páginas de documentos fuertemente editados, tras permanecer ocultos del público por trece años. Estos indicaban que varios oficiales de la Inteligencia saudí les transfirieron grandes sumas de dinero a los secuestradores poco antes de los atentados, y les prestaron ayuda para encontrar dónde alojarse y recibir clases de aviación.

A pesar de que el gobierno saudí fue el más activo en la realización de los ataques, el involucramiento de la Inteligencia saudí implica a secciones del aparato estatal estadounidense. Esta no es una cuestión de teorías conspirativas, sino un hecho establecido. Es una cuestión relacionada con conspiraciones reales involucrando a la CIA, Afganistán y Al Qaeda, remontándose a la creación del grupo islamista como un brazo de la guerra sucia de Washington contra el Gobierno afgano que era apoyado por la Unión Soviética en los años ochenta.

Lejos de que cambiar todo, los atentados fueron pretextos para actos de agresión militar que habían sido preparados mucho antes. Con la disolución de la Unión Soviética una década más tarde, la burguesía inició una política de emplear el poderío militar estadounidense para contrarrestar el declive del capitalismo estadounidense globalmente. Afganistán e Irak fueron blancos de los esfuerzos para asegurar un dominio militar en dos de las principales regiones productoras de petróleo y gas del mundo, la cuenca del Caspio y Oriente Medio.

Este emprendimiento puramente criminal, justificado en nombre de las víctimas del 11 de setiembre ha cobrado más de un millón de vidas iraquíes y cientos de miles afganas y desatado la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial.

Intentar justificar estos crímenes invocando la “guerra contra el terrorismo”, heredada de Bush a Obama, y ahora a Trump, no sólo está ya desgastado sino que es completamente absurdo. Uno de los productos de los dieciséis años ininterrumpidos de guerras de agresión estadounidenses ha sido la expansión sin precedentes de Al Qaeda y las milicias islamistas asociadas, en gran parte como resultado del uso de estos elementos por parte del imperialismo estadounidense como fuerzas terrestres indirectas para sus guerras de cambio de régimen en Libia y Siria.

Más allá, las múltiples guerras e intervenciones dirigidas por el Pentágono y la CIA, del Norte de África hasta Asia Central, podrían evolucionar en una conflagración mundial. Simultáneamente, Washington está amenazando a Corea del Norte con una guerra nuclear y confrontándose de forma cada vez más peligrosa a sus rivales geoestratégicos principales, Rusia y China.

El 11 de setiembre no “cambió todo”, sino que marcó el inicio de una escalada de lo que George W. Bush llamó “las guerras del siglo XXI”, lo que equivale a una escalada en las agresiones imperialistas que están conduciendo a la humanidad a una tercera guerra mundial.

Macron visita Grecia: la “Izquierda Radical” de Tsipras le da la bienvenida al exbanquero devenido en presidente de Francia

por Alex Lantier//

Emmanuel Macron viajó la semana pasada a Grecia para aplaudir las medidas de austeridad impuestas por el Gobierno de la “Coalición de la Izquierda Radical” o Syriza y para discutir el futuro de la Unión Europea.

La visita a Grecia muestra claramente lo que Macron tiene en mente para la clase obrera francesa. Después de las elecciones generales alemanas del 24 de septiembre, Berlín y París pretenden utilizar la Unión Europea (UE) para liquidar los derechos sociales adquiridos por la clase trabajadora en Francia y en Europa a lo largo del siglo XX. En su asalto contra la clase obrera, la aristocracia financiera procura utilizar a la “izquierda radical” pequeñoburguesa como una herramienta política clave.

Tsipras en Twitter: “Apoyamos iniciativas para una nueva arquitectura económica y monetaria de la UE hacia una Europa más democrática y social”.

El cordial encuentro entre el exbanquero Macron y el primer ministro griego, Alexis Tsipras, también desenmascara la oposición nominal de la pseudoizquierda francesa contra Macron. Jean-Luc Mélenchon y el Nuevo Partido Anticapitalista (NPA), quienes pretenden oponerse a Macron, elogiaron la llegada al poder de Tsipras. Si tomaran puestos de poder bajo Macron, como Mélenchon ha propuesto hacer, la línea de clase que adoptarían no sería significativamente diferente de la de Tsipras.

En su primera reunión con el presidente griego, Prokopis Pavlopoulos, Macron aplaudió los dictados de austeridad de la UE en Grecia: “Deseo rendir homenaje aquí a las reformas que sus gobiernos han llevado a cabo y tendré la oportunidad en breve de tener un intercambio con el primer ministro Tsipras sobre este tema. Pero estas reformas deben ir de la mano con un compromiso colectivo para continuar permitiendo la reestructuración de la deuda de su país”.

Macron elogió el “coraje” que Syriza y la clase gobernante griega demostraron al imponer las políticas de austeridad contra el pueblo griego: “La resistencia que ustedes demostraron, el valor que tuvieron para llevar a cabo varias reformas, la voluntad para no olvidar sus principios, su gobierno y su primer ministro siempre se mostraron para mantener a Grecia en Europa, mientras que a su alrededor muchos extremistas los presionaban para que la abandonaran. Nos obliga a tener aún más ambiciones para esta Europa que seguimos queriendo”.

De hecho, el único “coraje” que poseían Tsipras y Syriza fue el que tuvieron para rechazar las promesas de oponerse a las medidas de austeridad y de cumplir servilmente las demandas de los bancos, esperando que el ejército y la policía antidisturbios los protegieran de la ira de las masas.

El impacto acumulado de los recortes a las pensiones y al salario mínimo de una serie de gobiernos griegos desde el 2008 ha sido una caída promedio del 40 por ciento en las pensiones y los salarios. Las quiebras y despidos de pequeñas empresas y una ola de despidos masivos en la fuerza laboral del sector público han llevado a una tasa de desempleo del 25 por ciento (60 por ciento entre los jóvenes).

Atenas y la UE utilizaron la catástrofe social que estaban creando –el PIB griego cayó en un cuarto, como en los países más afectados de la depresión de los años treinta— para desgarrar los derechos sociales básicos de los trabajadores. Estos ataques incluyeron una reducción de la pensión mínima a 384 euros por mes y la eliminación de los servicios públicos de salud para los desempleados.

Syriza quedó electo en enero del 2015, basando su campaña en falsas promesas que repudiaron rápidamente de poner fin a las medidas de austeridad de la UE. Incluso organizaron un referéndum para votar sobre la austeridad el 25 de julio, con la esperanza de obtener un voto del “sí” que les permitiera renunciar, culpando a la población de apoyar a la UE. Frente a un aplastante 62 por ciento por el “no”, en su mayoría de trabajadores, Syriza pisoteó la opinión pública e impuso el mayor paquete de medidas de austeridad desde el comienzo de la crisis.

Al igual que Mélenchon y el NPA en Francia hoy, Tsipras se negó a llamar a los trabajadores europeos a defender a los trabajadores en su país para oponerse a la austeridad. Como había advertido el WSWS, el rechazo de Syriza a la única estrategia viable de oposición a la UE se debía a su aprobación esencial, compartida por sus aliados en toda la UE, del programa social reaccionario de la UE.

Macron no viajó a Grecia sólo para legitimar los ataques contra la clase obrera, sino también para promover los intereses estratégicos y comerciales del imperialismo francés y europeo. Su visita estaba estrechamente ligada al creciente peligro de una guerra mundial. A medida que se ensanchan las divisiones entre Washington y Berlín tras la elección de Trump y aumenta el riesgo de una guerra entre Estados Unidos, China y Rusia por la península coreana, Grecia se está convirtiendo en un campo de batalla en una lucha por influencia entre las principales potencias.

“Para no ser gobernados por potencias más grandes como los chinos y los estadounidenses, creo en una soberanía europea que nos permita defendernos y existir”, dijo Macron en un discurso posterior en la colina del Pnyx, cerca del Partenón, en Atenas.

Al igual que con su política interna, la política exterior de Macron es una reaccionaria en toda la línea. Prometió presionar a la UE para que le ayude a Tsipras evitando que los refugiados huyan de las guerras de la OTAN en Oriente Medio hasta Grecia: “Necesitamos, por esta razón, avanzar una cooperación permanente y planificada que nos permita protegernos de grandes migraciones como a las que su país se enfrentó en años recientes”.

La principal política de refugiados de la UE ha sido negarles su derecho de asilo y limitar las operaciones de rescate en el Mediterráneo, lo que ha provocado miles de muertes por ahogamiento, mientras intensifican los patrullajes navales en la región.

Por otra parte, Macron aludió brevemente a los conflictos en el interior de la UE provocados por la crisis griega, diciendo: “Nuestra zona del euro tiene que renunciar a una especie de guerra civil interna por diferencias menores”. No sólo propuso reestructurar las deudas de Grecia, sino también impedir que el Fondo Monetario Internacional (FMI) desempeñe un papel en la formulación de las políticas de austeridad impuestas sobre Grecia.

Lo que está en juego no son diferencias en cuanto al grado austeridad, ya que las políticas de la UE son tan brutales como las del FMI, sino las explosivas rivalidades interimperialistas. A medida que Washington y la UE entran cada vez más abiertamente en conflicto, Macron buscará limitar más la influencia del FMI, que tiene su sede en Washington, mientras le exige concesiones financieras a Berlín para Grecia a cambio del apoyo francés contra Estados Unidos.

En su viaje, Macron trajo a su séquito una gran delegación de CEOs y altos directivos de las más grandes compañías francesas. Entre las empresas representadas estaba la operadora portuaria Terminal-Link, que participa en las negociaciones sobre la privatización del puerto de Tesalónica. Hay una creciente rivalidad con China, cuya compañía naviera COSCO ha adquirido una participación mayoritaria en el puerto del Pireo en Atenas y quiere convertirlo en un nodo importante en la red de infraestructura “Una cinturón, una ruta” del régimen chino que conecta China con Europa.

El New York Times citó al comentarista griego Coastas Iordanidis diciendo que Atenas espera que Macron reafirme su apoyo a la posición de Grecia en la UE y presione a los inversores franceses para “contrarrestar” las inversiones de Alemania y China en Grecia.

Karl Marx: Prólogo a la primera edición alemana de El Capital

El trabajo, cuyo primer tomo propongo al público, es la continuación de la Contribución a la crítica de la Economía política, publicada por mí en 1859. El largo intervalo transcurrido entre el comienzo y la continuación me ha sido impuesto por una enfermedad de muchos años que ha interrumpido la labor repetidas veces.

El contenido de la obra primitiva está resumido en el primer capítulo de este tomo. Y al hacerlo así, no se ha atendido solo a conseguir que sean más coherentes y completas las ideas, sino que se ha mejorado la exposición. En la medida en que la materia lo ha permitido, se han desarrollado aquí puntos que antes apenas se esbozaron, mientras que otros, ampliamente desarrollados allí, aquí simplemente se enuncian. Los capítulos sobre la historia de la teoría del valor y de la teoría del dinero, por supuesto, han sido omitidos del todo. En cambio, el lector del trabajo anterior encontrará en las notas del primer capítulo referencias a nuevas fuentes para el estudio de la historia de estas teorías.

El principio siempre es duro; esto vale para todas las ciencias. Por eso, la máxima dificultad la constituirá la comprensión del primer capítulo, en particular, los párrafos referentes al análisis de la mercancía. En cuanto a lo que toca especialmente al análisis de la sustancia del valor y de la magnitud del valor he procurado, en la medida de lo posible, exponerlo en forma popular. La forma valor, que llega a su pleno desarrollo en la forma dinero, es muy simple y de poco contenido. No obstante, la inteligencia humana se ha dedicado a investigarla durante más de 2.000 años, sin resultado, mientras que otras formas más complejas y de contenido mucho más rico han sido analizadas, por lo menos aproximadamente, con resultado positivo. Y esto, ¿por qué? Porque es más fácil de estudiar el cuerpo organizado que las células del cuerpo. Además, para analizar las formas económicas, no se puede utilizar ni el microscopio ni los reactivos químicos. La capacidad de abstracción ha de suplir a ambos. Ahora bien: para la sociedad burguesa, la forma mercancía del producto del trabajo o la forma valor de la mercancía son formas económicas celulares. A los espíritus poco cultivados les parece que analizar estas formas significa perderse en minucias. Se trata efectivamente de minucias, pero de minucias como las que son objeto de la anatomía microscópica.

Por eso, a excepción del capítulo sobre la forma valor, nadie podrá acusar a este libro de difícil o incomprensible. Me refiero, por supuesto, a lectores que traten de aprender algo nuevo y quieran, por tanto, pensar por sí mismos.

El físico, para observar los procesos naturales, o bien lo hace donde se presentan en forma más acusada y menos deformada por influencias perturbadoras, o bien, si puede, hace experimentos en condiciones que aseguren el desarrollo del proceso en su forma pura. Lo que me propongo investigar en esta obra es el modo de producción capitalista y las relaciones de producción y de cambio que le corresponden. El país clásico para ello es hasta ahora Inglaterra. De aquí el que haya tomado de él los principales hechos que sirven de ilustración a mis conclusiones teóricas. Si el lector alemán alza los hombros con gesto de fariseo ante la situación de los trabajadores industriales y agrícolas ingleses o si se tranquiliza con optimismo pensando que en Alemania las cosas no están, ni con mucho, tan mal, tendré que decirle: De te fabula narratur!

No se trata aquí del grado de desarrollo, más alto o más bajo, que alcanzan los antagonismos sociales engendrados por las leyes naturales de la producción capitalista. Se trata de las leyes mismas, de las tendencias mismas que actúan y se imponen con una necesidad férrea. El país industrialmente más desarrollado no hace más que mostrar al que es menos desarrollado el cuadro de su propio porvenir.

Pero aparte de esto: en los sitios donde la producción capitalista ha tomado por completo carta de naturaleza en nuestro país, por ejemplo, en las fábricas propiamente dichas, la situación es mucho peor que en Inglaterra, por faltar el contrapeso de la legislación fabril. En todas las esferas restantes, pesa sobre nosotros, como sobre los demás países continentales de la Europa Occidental, no sólo el desarrollo de la producción capitalista, sino su insuficiente desarrollo. Además de las miserias modernas, nos oprime toda una serie de miserias heredadas, procedentes del hecho de seguir vegetando entre nosotros formas de producción antiguas y ya caducas que acarrean un conjunto de relaciones sociales y políticas anacrónicas. No sufrimos sólo a causa de los vivos, sino a causa de los muertos. Le mort saisit le vif!

En comparación con la inglesa, la estadística social alemana y del resto de la Europa Occidental continental, es muy pobre. Sin embargo, levanta el velo lo bastante para dejar entrever la cabeza de Medusa. Nos horrorizaríamos de ver nuestra propia situación si nuestros gobiernos y parlamentos designasen periódicamente, como en Inglaterra, comisiones de investigación de las condiciones económicas; si estas comisiones estuviesen investidas de los mismos poderes que en Inglaterra para descubrir la verdad; si se pudiera encontrar, para cumplir esta misión, hombres tan expertos, imparciales y severos como los inspectores del trabajo de Inglaterra, como los médicos ingleses que informan sobre la Public Health, como los comisarios ingleses que investigan sobre la explotación de la mujer y del niño, sobre las condiciones de la vivienda y de la alimentación, etc. Perseo se cubría con un casco mágico para perseguir a los monstruos; nosotros nos colocamos este casco mágico sobre nuestros ojos y nuestros oídos para poder negar la existencia de los monstruos.

No hay que hacerse ilusiones. Del mismo modo que la guerra de la Independencia norteamericana del siglo XVIII fue el toque a rebato para la clase media europea, la guerra civil norteamericana del XIX lo ha sido para la clase obrera de Europa. En Inglaterra, el proceso revolucionario se ha hecho palpable. Cuando alcance un determinado nivel debe repercutir en el continente. Y allí revistirá formas más brutales o más humanas, a tono con el grado de desarrollo de la clase obrera misma. Abstracción hecha de móviles más elevados, sus más vitales intereses mandan a las clases hoy dominantes eliminar todos los obstáculos para el desarrollo de la clase obrera que pueden ser eliminados por la legislación. Esta es la razón por la cual yo me he extendido tanto en este tomo sobre la historia, el contenido y los resultados de la legislación fabril inglesa. Una nación debe y puede aprender de otra. Incluso en el caso en que una sociedad haya llegado a descubrir la pista de la ley natural que preside su movimiento —y la finalidad de esta obra es descubrir la ley económica que mueve la sociedad moderna— no puede saltar ni suprimir por decreto sus fases naturales del desarrollo. Pero puede acortar y hacer menos doloroso el parto.

Unas palabras para evitar posibles interpretaciones falsas. A los capitalistas y propietarios de tierra no los he pintado de color de rosa. Pero aquí se habla de las personas sólo como personificación de categorías económicas, como portadores de determinadas relaciones e intereses de clase. Mi punto de vista, que enfoca el desarrollo de la formación económica de la sociedad como un proceso histórico-natural, puede menos que ningún otro hacer responsable al individuo de unas relaciones de las cuales socialmente es producto, aunque subjetivamente pueda estar muy por encima de ellas.

En el terreno de la Economía política, la investigación científica libre se encuentra con más enemigos que en todos los demás campos. La particular naturaleza del material de que se ocupa levanta contra ella y lleva al campo de batalla las pasiones más violentas, más mezquinas y más odiosas que anidan en el pecho humano: las furias del interés privado. La alta Iglesia de Inglaterra, por ejemplo, perdona antes un ataque contra 38 de sus 39 artículos de fe que contra 1/39 de sus ingresos monetarios. Hoy en día, el mismo ateísmo es una culpa levis, comparado con la crítica de las tradicionales relaciones de propiedad. Sin embargo, aquí hay que reconocer la existencia de un paso adelante. Observemos, por ejemplo, el Libro Azul publicado en las últimas semanas con el título Correspondence with Her Majesty’s Missions Abroad, regarding Industrial Questions and Trades Unions. Los representantes de la corona de Inglaterra en el extranjero exponen aquí sin ambages que en Alemania, en Francia, en una palabra, en todos los países cultos del continente europeo es tan palpable y tan inevitable como en Inglaterra una transformación radical de las relaciones entre el capital y el trabajo. Al mismo tiempo, al otro lado del Atlántico, el señor Wade, vicepresidente de los Estados Unidos de Norteamérica, declaraba en mítines públicos que, abolida la esclavitud, se ha puesto sobre el tapete la transformación de las relaciones de propiedad sobre el capital y la tierra. Son éstos signos de la época, que no se dejan encubrir con mantos de púrpura ni con sotanas negras. No significan que mañana se vayan a producir milagros. Indican que en las mismas clases dominantes apunta ya el presentimiento de que la sociedad actual no es ningún cristal duro, sino un organismo susceptible de transformación y en transformación constante.

El segundo tomo de esta obra tratará del proceso de circulación del capital (libro II) y de los aspectos del proceso en su conjunto (libro III); y el tercero y último (libro IV), de la historia de la teoría.

Bienvenido sea todo juicio crítico científico. Contra los prejuicios de la llamada opinión pública, a la que nunca he hecho concesiones, tengo por divisa el lema del gran florentino:

Segui il tuo corso, e lascia dir le genti!

Karl Marx

Londres, 25 de julio de 1867

Documental: La Spirale

De retorno a Francia, en 1973, tras su expulsión de Chile, Mattelart se propone realizar un documental sobre la experiencia del gobierno de la Unidad Popular. Con Jacqueline Meppiel y Valérie Mayoux, seleccionan documentos de unas 20 fuentes: cinematecas; filmes del chileno Patricio Guzmán, del norteamericano Saul Landau, del sueco Jan Linqvist, y del cubano Santiago Álvarez; noticiarios de Chile Film y reportajes televisivos chilenos, incluyendo los opuestos a Allende. Consultan también los archivos de televisiones estadounidenses, europeas del norte y latinoamericanas, particularmente los de la cubana. Finalmente, François Périer aporta su voz, Jean-Claude Eloy su música, y el célebre diseñador belga Jean-Michel Folon se ofrece para crear figurines originales. Seguir leyendo Documental: La Spirale

La campaña electoral federal de Alemania y el peligro de una guerra nuclear mundial

por Johannes Stern//

Los medios de comunicación y los partidos políticos en Alemania han procurado por mucho tiempo evadir los temas de guerra y militarismo durante las campañas electorales federales. Pero la realidad acabó poniéndose al día con ellos. La agresividad del imperialismo estadounidense hacia Corea del Norte, Rusia y China, y la prueba nuclear del régimen de Pyongyang, han llevado al mundo al borde de una guerra nuclear que pondría en tela de juicio la supervivencia misma de la humanidad. El peligro que el Sozialistische Gleichheitspartei (SGP) y el Comité Internacional de la Cuarta Internacional han estado advirtiendo desde hace bastante tiempo ahora se está discutiendo abiertamente.

El miércoles, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, trazó un paralelo con la situación en 1914 y declaró: “Si se contempla la historia de la Primera Guerra Mundial, sobrevino un paso a la vez, con un lado haciendo una cosa y el otro haciendo algo más, y entonces ocurrió una escalada”.

En un artículo titulado “Los alborotadores”, el Süddeutsche Zeitung planteó la inquietante pregunta: “Quién sabe si, en tal situación, terminen sucediendo cosas que nadie quería al principio. No es una coincidencia que los sonámbulos, que llevaron a Europa a la Primera Guerra Mundial en el verano de 1914, sean objeto de discusión otra vez”.

La última sesión del Parlamento alemán (Bundestag) antes de la elección ser vio opacada por el peligro de una guerra nuclear. Incluso antes de que la canciller Angela Merkel (Demócrata Cristiana, CDU) abriera la sesión con un discurso, Rolf Mützenich, líder suplente del grupo parlamentario socialdemócrata (SPD) sobre política exterior y defensa, declaró: “Una sombra nuclear se asienta nuevamente sobre el mundo –por Corea del Norte, pero también debido a un presidente descuidado y fanfarrón de EUA, que está ampliando dicha sombra nuclear. Sra. canciller, creo que se merecería todos los honores si contradice fuertemente al presidente estadounidense en el período que le queda en el cargo”.

El ministro de Relaciones Exteriores, Sigmar Gabriel (SPD), advirtió en su discurso acerca de “una fase en la que hablamos no sólo de un rearme convencional, sino del regreso a las horas más oscuras de la Guerra Fría”. Globalmente, “India, América Latina, Estados Unidos, Rusia, Europa, África, en todas partes estamos hablando de rearmes, no se discute acerca de nada más en ninguna parte”.

“El símbolo político, la acción política que debe venir de Alemania no puede ser que nos vamos a unir a esta carrera armamentística”, proclamó el canciller. “La señal de Alemania, independientemente de quién haya gobernado este país, siempre ha sido que Alemania quiere ser una voz para la paz y una potencia para la paz en el mundo y no participará en el rearme”. Gabriel luego describió la decisión de la OTAN de gastar 2 por ciento del producto interno bruto en defensa como un “error” –“A pesar de que los socialdemócratas apoyaran este compromiso en su momento”—.

En noviembre de 1933, León Trotsky escribió el artículo “El pacifista Hitler”, donde describe cómo incluso Hitler se comprometió a la “paz” y “el entendimiento internacional” al comienzo del Gobierno nazi. Trotsky señaló que, a finales de 1933, el Tercer Reich todavía era demasiado débil “para poder hablar, en el siguiente período, otro lenguaje que no fuese el del pacifismo”. Sin embargo, en el transcurso de unos años, después de haberse rearmado, pasaría de “‘mi paz’ a ‘mi lucha’ e incluso a ‘mi guerra’”.

A Gabriel le tomó menos de cinco minutos en el Bundestag pasar de la paz y el desarme a exigir una acumulación militar alemana. “Por supuesto, debemos mejorar los armamentos de las fuerzas armadas, porque, por cierto, se han hecho recortes a las fuerzas armadas durante 12 años”, dijo el socialdemócrata. Gabriel identificó al político derechista Karl Theodor zu Guttenberg de la Unión Social Cristiana (CSU), quien fue ministro de Defensa del 2009 al 2011 y actualmente está intentando regresar a la política, como el principal responsable de esto.

La dirección que busca definir Gabriel a través de sus críticas sobre el gasto del 2 por ciento del PIB para la OTAN es clara. Alemania se está rearmando y preparando, junto con las otras grandes potencias, para la guerra, pero procura hacerlo bajo sus propios términos.

El “tema principal en juego no debe ser cuánto gastamos, sino más en qué lo gastamos”, declaró Gabriel ante los diputados. Lo que está en juego es “la estrategia correcta”. Y esto ha sido dicho por “cada soldado que regresa de un despliegue del extranjero”: “Sí, necesitamos al ejército. Pero, estimado Sr. Gabriel, no crea que simplemente a través de más gastos militares y en defensa va a poder asegurar la paz y la estabilidad, y combatir el movimiento de refugiados. Tiene que luchar contra el hambre, la pobreza, la desesperanza y la falta de un futuro. Tiene que hacer eso”.

Esta es una crítica si acaso disimulada de las guerras dirigidas por Estados Unidos en Oriente Medio, a las que Gabriel quiere contraponer una política intervencionista europea supuestamente más “humanitaria”, dominada por Berlín.

“Europa es responsable de la seguridad europea”, escribió Gabriel en su último libro con el revelador título Neuvermessungen (Nuevas mediciones). “En política exterior y de seguridad, tenemos que ser capaces de tener una conciencia estratégica y tomar acción, porque aún no somos lo suficientemente buenos. Esto incluye definir nuestros intereses europeos y articularlos independientemente de Estados Unidos. Esta obstinación en cierta medida requiere una emancipación de adoptar posiciones desarrolladas en Washington”.

El objetivo declarado de Gabriel es el establecimiento de un ejército europeo capaz de hacer valer sus intereses globales independientemente de la OTAN y Estados Unidos y, si es necesario, en oposición a este último. “No se trata simplemente de comprar nuevas armas. Se trata de integrar más fuertemente la industria armamentista europea y de reunir recursos. Se trata de la creación de una identidad de seguridad común europea, que a través de estructuras cada vez más integradas despeje el camino hacia un ejército europeo”.

Gabriel sabe muy bien que los planes de Estados Unidos para fortalecer su arsenal nuclear ponen en peligro esta política. Un “regreso a las horas más oscuras de la Guerra Fría” aumentaría la dependencia de Alemania y Europa de Estados Unidos, y socavaría los intereses económicos y geopolíticos de Berlín, que están en constante contradicción con los de Estados Unidos. Gabriel tiene la intención de utilizar el resto de la campaña electoral para transformar el miedo generalizado de una guerra nuclear incitada por Estados Unidos en apoyo para el militarismo alemán.

El partido La Izquierda (Die Linke) y los Verdes, los cuales se esfuerzan por formar un gobierno con Martin Schulz, el candidato a canciller del SPD, después de las elecciones estarán trabajando por el mismo objetivo. El martes, presentaron una moción en el Bundestag pidiéndole al gobierno alemán que “retire” su apoyo a la meta del 2 por ciento para la OTAN e “inicie inmediatamente negociaciones con EUA para que retire sus armas nucleares desplegadas en Büchel de la República Federal tan pronto como posible”.

Jan Korte, quien argumentó a favor de la moción de La Izquierda, la cual fue derrotada, no dejó ninguna duda de que los motivos no eran pacifistas, sino que buscaba fortalecer el imperialismo alemán contra Washington. La moción señalaba, “somos independientes y soberanos —incluyendo de Estados Unidos de América— y hacemos nuestras propias políticas aquí”.

El Sozialistische Gleichheitspartei es el único partido que se opone a los planes de guerra nuclear estadounidenses de igual manera que al rearme europeo y alemán, y lucha desde el punto de vista de la clase obrera internacional contra el creciente peligro de guerra. En nuestra declaración electoral: “¡Contra el militarismo y la guerra! ¡Por el socialismo!”, declaramos lo siguiente:

“El peligro de una tercera guerra mundial no puede ser evitado mediante llamamientos por la paz hacia la clase gobernante. La lucha contra la guerra está ligada inseparablemente de la lucha por el socialismo. El SGP pide la construcción de un movimiento internacional contra la guerra basado en los siguientes principios:

“La lucha contra la guerra debe basarse en la clase obrera, la gran fuerza revolucionaria de la sociedad, uniendo tras de sí a todos los elementos progresistas de la población.

“El nuevo movimiento contra la guerra debe ser anticapitalista y socialista, ya que no puede haber una lucha seria contra la guerra, excepto en la lucha por acabar con la dictadura del capital financiero y el sistema económico que constituye la causa fundamental del militarismo y la guerra.

“El nuevo movimiento contra la guerra debe, por necesidad, ser completa e inequívocamente independiente de todos los partidos políticos y organizaciones de la clase capitalista y hostil hacia ellos.

“El nuevo movimiento contra la guerra debe ser, ante todo, internacional, movilizando el vasto poder de la clase obrera en una lucha global unificada contra el imperialismo. La guerra permanente de la burguesía debe ser contestada con la perspectiva de la revolución permanente de la clase obrera, cuyo objetivo estratégico es la abolición del sistema del Estado-nación y el establecimiento de una federación socialista mundial. Esto hará posible el desarrollo racional y planificado de los recursos mundiales y, sobre esta base, la erradicación de la pobreza y la elevación de la cultura humana a nuevas alturas”.

 

(Fotografía: Ceremonia de las Antorchas de las FFAA alemanas año 2017)

¿Una laguna en la obra de Marx o ignorancia del lector?

por Elmar Altvater//

El intercambio metabólico entre naturaleza y sociedad en un modo de producción basado en el valor.

En los 150 años transcurridos desde que se publicó por primera vez el Capital se han formulado tantos reproches contra Karl Marx y, en mayor medida todavía, contra su amigo y coautor Friedrich Engels, que casi es imposible enumerarlas. A diferencia de los economistas políticos que le precedieron, Marx fue supuestamente incapaz de explicar la formación de los precios. Es más, según sus críticos, la depauperación que predijo de la clase obrera no se ha producido y el capitalismo no se halla en proceso de colapso, sino que ha surgido triunfante de la competencia entre sistemas. También se acusa a Marx y Engels de haber allanado el camino, con sus escritos teóricos y políticos, a las atrocidades de Stalin, siendo por tanto autores intelectuales de los crímenes cometidos en la “edad de los extremos”.

Estas son duras acusaciones que todavía hoy sostienen no pocos periodistas. Claro que algunas de las lagunas que Marx sin duda dejó abiertas en su obra, parecen más bien responder a un prejuicio: Marx, y especialmente Engels, supuestamente no tenían respuesta alguna a las cuestiones ecológicas que constituyen nuestra principal preocupación en nuestros días. Se dice que no tuvieron en cuenta el hecho de que el valor no solo lo crea el trabajo, sino también la naturaleza; que, en su edificio teórico, la naturaleza ocupa menos espacio que el que se otorga a la sociedad y que la noción monoteísta de la dominación de la naturaleza por los humanos no se cuestiona críticamente. Sin embargo, un examen de los escritos conjuntos de Marx y Engels, especialmente del primer volumen del Capital, demuestra que los lectores han dejado manchas y huellas dactilares, es decir, rastros de su existencia ecológica. Es imposible leer a Marx sin tener en cuenta la ecología. Uno lee a Marx con la cabeza y, por consiguiente, con la razón, pero la experiencia también es táctil y uno gira las páginas con la yema de los dedos.

Supuestamente, Marx y Engels no tenían respuesta alguna a las cuestiones ecológicas que constituyen la principal preocupación en nuestros días. Sin embargo, un examen serio de sus escritos muestra los atisbos ecológicos contenidos en su obra.Un autor sin puntos ciegos en su obra es como un héroe sin tacha, un verdadero modelo de un santo o, en otras esferas, un pelmazo monumental. Por descontado, los lectores que viven 150 años después de la muerte del autor son, ante todo, más inteligentes, o al menos deberían serlo, por mucho que el autor se llame Karl Marx. Sin embargo, esta inteligencia normalmente solo alcanza para detectar predicciones incumplidas del autor y para señalar una u otra laguna en su razonamiento; y para anunciar tales descubrimientos a los cuatro vientos. Algunos lectores solo son capaces de combatir las teorías de Marx armados con viejos argumentos.

Al igual que otros muchos autores y autoras, no cabe duda de que Marx dejó muchos flancos abiertos. Estos puntos débiles deben contemplarse como un reto para el lector de consolidarlos con sus propios pensamientos y los argumentos resultantes. Esto requiere cierto esfuerzo, por mucho que las lagunas que dejó Marx encierren tanto potencial que podrían dar pie a muchos centenares de ideas. Pero nadie cultiva estas creaciones en una época en que el presidente de un falso país ordena incursiones aéreas muy reales y mortíferas a golpe de Twitter por debajo del umbral de reflexión, y cuando, de modo menos escandaloso, la crítica de ideas, incluso de teorías elaboradas para las que Marx aportó una base científica y muchos ejemplos, pasa a formar parte de un oportunismo promocional adaptado afirmativamente, o cuando algún periodista insensato de un periódico respetado se propone la misión imposible de descubrir errores.

Nos referimos a Marx del mismo modo en que nos referimos a otras mentes preclaras que han impartido conocimientos indispensables para responder a los enigmas irresueltos en nuestra labor actual. Ni siquiera podemos nombrar a todas ellas porque algunas se han convertido en una segunda naturaleza y parte del discurso cotidiano, hasta el punto de que nos extrañamos cuando alguien menciona la autoría de algún pensamiento o dicho familiar; por ejemplo, que los economistas son gente que sabe el precio de todo, pero el valor de nada. Esto lo dijo Oscar Wilde, quien a todas luces, como poeta, lo sabía mejor que el club de premios Nobel de economía que se reúnen regularmente en Lindau para reflexionar sobre sí mismos en plan narcisista.

Marx dijo que las monedas y el dinero en efectivo del “sistema monetario” era un invento “esencialmente católico”, mientras que “el sistema crediticio [era] esencialmente protestante”. Como prueba, añadió que esto ya lo ilustraba el hecho de que “los escoceses odian el oro” (El Capital, vol. III). Hoy sabemos que fueron sobre todo protestantes quienes crearon el sistema monetario del euro y protestantes los que están tratando de abolir el dinero en efectivo en Europa. Una lucha entre confesiones lidiada con medios monetarios. Y Marx lo anticipó porque conocía el vínculo indestructible que existe entre un modo de producción basado en el valor y sus construcciones culturales e ideológicas.

Con cada nueva lectura de El Capital, uno descubre algo nuevo. Pero esto solo sucede si uno aborda el texto con curiosidad y desde una perspectiva actual y no lo lee como una serie de mandamientos grabados en tablillas de piedra. Incluso 200 años después de que naciera Marx persiste el vano empeño de no querer ver el mundo bajo la misma luz, sino sumergirse en la penumbra de la propia falta de visión. Hay marxistas fundamentalistas que demonizan una relectura crítica de El Capital (como la de Mathias Greffrath, de 2017), aunque ahora son menos en número.

Supuestamente, Marx y Engels no tenían respuesta alguna a las cuestiones ecológicas que constituyen la principal preocupación en nuestros días. Sin embargo, un examen serio de sus escritos muestra los atisbos ecológicos contenidos en su obra.Es una tarea intelectual fundamental de la Ilustración –podríamos añadir que con el fin de mejorar a la humanidad– arrojar luz sobre todo el ámbito de la lucha de clases, la diversidad de conflictos sociales y sus agentes, sus orígenes, sus dinámicas y formas de desarrollo y sus consecuencias deseadas y efectos secundarios no deseados. Esta diversidad es actualmente diferente de lo que fue durante la Revolución Rusa en 1917, o un siglo antes, cuando nació Marx en Tréveris en 1818, o en 1867, cuando Marx entregó en mano el manuscrito de El Capital a su editor de Hamburgo, Otto Meissner.

Se suponía que no era un mero manuscrito de un libro, sino “el más terrible misil que se ha lanzado hasta ahora a la cabeza de la burguesía”, como escribió Marx a Johann Philipp Becker el 7 de abril de 1867, poco después de volver de Hamburgo. Un escrito teórico, sumamente complejo y no fácilmente accesible a todos y todas que se convirtió en un proyectil en la lucha de clases. La prueba de la praxis indaga en su calidad para el trabajo teórico, para formular una estrategia y también para desarrollar tácticas en el ejercicio político de generar movimiento(s) social(es) y político(s). Todo el complejo de la sociedad burguesa, su economía y su ecología, pasa a estar en el punto de mira. Marx destaca entre los economistas como el único que, en las categorías que examina, considera y descodifica analíticamente “el contexto dialéctico general” de la materia y el valor, el material y la forma, el valor de uso y el valor de cambio, el trabajo concreto y abstracto, la naturaleza y la sociedad, la estructura social y la acción individual y colectiva, y por tanto de la teoría y la práctica.

El contexto general del “modo de producción basado en el valor” determina el enfoque analítico, la forma y el alcance de la crítica. Es holístico, más completo que los enfoques analíticos de otras ciencias sociales y “escuelas” de economía teóricas, que de este modo presentan más lagunas que los enfoques teóricos de la obra de Marx y Engels. Por esta razón, Marx es el único economista (sí, el único) en cuyo sistema de categorías pueden analizarse y debatirse adecuadamente los problemas ecológicos de la sociedad capitalista. ¿Es esta una afirmación arrogante y por tanto descarada y boba? Es posible, pero hay buenos argumentos que avalan esta línea de razonamiento.

Antes del comienzo de la era industrial impulsada por los combustibles fósiles también había teorías económicas, por lo que la historia del dogma se remonta hasta tiempos bíblicos. Sin embargo, únicamente desde que el hombre comenzó a utilizar los combustibles fósiles de modo sistemático los trabajadores han sido capaces de emplear instrumentos para alterar la naturaleza que, por un lado, permiten aumentar la productividad del trabajo y la “riqueza de las naciones” hasta niveles antes inasequibles, pero que, por otro, también conducen a la destrucción de la naturaleza. El metabolismo de la reproducción capitalista abarca tanto el consumo como la excreción, es decir, la creación de material natural, aunque su composición no siempre puede ser tolerada por el hombre o la naturaleza. La crisis medioambiental comienza y los efectos que tiene este cambio en las condiciones de vida de la gente los describe Engels en su obra de 1844 titulada La situación de la clase obrera en Inglaterra.

La posibilidad del crecimiento proporciona el ímpetu para los esfuerzos tanto científicos como empíricos para investigar sistemáticamente los orígenes de esta nueva riqueza. ¿Proviene del comercio practicado en el mercado o del trabajo realizado en el proceso de producción? Son preguntas que se puede plantear cualquier hada buena, pero a las que no puede dar una respuesta satisfactoria. Cuando el hada no llega, ha de intervenir la ciencia. Toma forma una nueva disciplina, al comienzo, por supuesto, dentro del canon científico tradicional. Por eso no es extraño que los enciclopedistas prerrevolucionarios de la Francia del siglo XVIII creyeran que las respuestas a las cuestiones económicas se hallaban en la doctrina moral. En este punto, los neoliberales modernos solo pueden negar con la cabeza. En todo caso, nació la economía política. Empecemos por tanto con un breve repaso de las escuelas de pensamiento económico más influyentes que ha conocido el mundo desde el siglo XVIII.

1) Los economistas clásicos entendían que el valor económico lo crea el trabajo y que el factor clave es el excedente, es decir, la plusvalía. También identificaban la diferencia entre material y valor, pero no llegaron a reconocer su forma social específica. Para ellos, el capitalismo y la economía de mercado eran la ultima ratiodel orden económico y natural. La diferencia entre el excedente en las sociedades precapitalistas y la plusvalía en la sociedad capitalista dejó de ser un tema, tanto como la posibilidad de una sociedad poscapitalista o la cuestión candente en que se ha convertido hoy el medio ambiente.

No obstante, los “economistas clásicos” habían reconocido que la economía era política y que tenía algo que ver con “sentimientos morales” y la ética, al tiempo que también tenía que ser analíticamente fuerte e influir normativamente en el orden de la comunidad. Por consiguiente, la economía política era –al menos al comienzo de la época burguesa– un programa autoconsciente para diseñar lo que Leibniz consideraba el mejor de los mundos posibles. Para los intereses de la burguesía (la clase capitalista ascendente), la economía política clásica era una ciencia partidista. Todavía no estaba afectada por los conflictos en torno a los juicios de valor desatados en el siglo XX.

2) La idea presuntuosa y realmente loca de la mejor sociedad posible ya fue ridiculizada a comienzos del siglo XVIII por Bernard Mandeville (1703) en su poema satírico La fábula de las abejas y por Voltaire en su novela Cándido, dirigida contra Leibniz. Claro que el escarnio y la burla no eran una “crítica de la economía política”, sobre la que Marx estaba trabajando desde la década de 1840. La economía política que surgió primero como ciencia de la mano de la burguesía no se desarrolló hasta convertirse en una crítica de la economía política, sino que siguió el principio más cómodo de separar todo lo que era económico de los contextos sociales y políticos, así como de los conflictos, presiones de legitimización, tradiciones y costumbres. Esto encaja en el paisaje de lo que hoy es la economía de mercado capitalista prevaleciente.

La economía se convirtió en la ciencia de una economía de mercado descontextualizada, que pasó a ser objeto de la investigación de Karl Polanyi (1978). La economía dejó de considerarse economía política, tal como la habían concebido los economistas clásicos; contemplaba las normas moralmente justificadas a la defensiva y con escepticismo y estaba muy lejos de una crítica de la economía política materialista y dialéctica. La palabra “economía”, que remitía a su sustancia materialista, y por tanto social y natural, también quedó suprimida y fue sustituida por economics (ciencia económica). A lo largo de esta historia de descontextualización, en cuyo transcurso desapareció toda noción de sociedad, política, cultura y naturaleza del concepto de ciencia económica, también cayó en desgracia la crítica de los discursos económicos, quedando después fuera de los planes de estudio universitarios: desterrados, cómo no, del contexto social que todavía encerraba el término “economía”. El triste estado de las facultades de ciencias económicas actuales tiene por tanto una historia igual de deprimente.

Supuestamente, Marx y Engels no tenían respuesta alguna a las cuestiones ecológicas que constituyen la principal preocupación en nuestros días. Sin embargo, un examen serio de sus escritos muestra los atisbos ecológicos contenidos en su obra.Los economistas neoclásicos del siglo XIX, y especialmente sus seguidores neoliberales del siglo XX, no se interesaban por tanto más que por el aspecto monetario de los procesos económicos y no perdían el tiempo estudiando el origen, la forma y el contenido del dinero, que ellos son los únicos capaces de emplear para debatir sobre cuestiones económicas. Por tanto, cuando despotrican sobre el capital natural, no son capaces de reconocer problemas ecológicos y comentarlos racionalmente. Las notificaciones de los bancos centrales que han establecido ellos mismos sobre la masa monetaria (que, de acuerdo con una gracia del sumo sacerdote neoliberal, Milton Friedman, ha sido lanzada desde un helicóptero, ganándose por tanto el nombre de dinero helicóptero M1, M2, M3, etc.) son suficientes para ellos.

Desde su punto de vista, el valor creado por el trabajo, así como la economía material de la materia y la energía, carecen de importancia. Tampoco les interesa el proceso de producción previo al funcionamiento del mercado ni el proceso de vertido de residuos, aguas residuales y gases de escape en el medio natural del planeta Tierra, una vez fabricados y consumidos los productos. Lo único que importa es que todo tenga su precio, que los economistas pueden entonces calcular. La naturaleza solo interesa como capital natural; y los seres humanos, como capital humano.

Este es el nadir de la inteligencia económica que el Comité Nobel ha celebrado con incontables premios. El mismo economista admite que esto es inhumano, en su mayor parte, sin entender qué está diciendo: cuando él (solo en unos pocos casos habría que decir “ella”) hilvana supuestos muy artificiales en modelos matemáticos o asume la racionalidad del homo oeconomicus. Esto siempre es instrumental y por tanto ha de excluir del cálculo todo lo que no aparece en el radar del “hombre económico” o del “inversor”. Por tanto, queda exento de toda responsabilidad por el daño medioambiental causado por el afán de lucro que nutre las decisiones de inversión. “Los costes sociales y el quebranto medioambiental… pueden considerarse la principal contradicción dentro del sistema de empresa lucrativa”, escribe K. William Kapp, uno de los pocos economistas que han abordado la cuestión de las consecuencias medioambientales de la acumulación de capital privado.

En la teoría económica neoclásica, con su capital privado desbocado, el afán de acumulación y el recorte de los bienes comunes y de la regulación estatal, la externalización es un principio estructural, indispensable en la economía capitalista moderna. Los intentos de internalizar los “costes sociales”, por consiguiente, solo pueden materializarse si se pone en tela de juicio la racionalidad de la sociedad capitalista, es decir, si se cambia de sociedad. La externalización es por tanto una expresión (que los economistas no captan) de la descontextualización de la economía de mercado con respecto a la sociedad y la naturaleza, cosa que Marx criticaba, calificándola de fetichismo. Esto inhibe la comprensión que la ocupación del planeta con fines de valorización capitalista (habitualmente comercial), llamada “externalización”, es nada menos que la digestión de la naturaleza en el tracto metabólico insaciable y glotón de la economía y la sociedad.

3) Fue en la política económica keynesiana que siguió a la gran crisis económica global de la década de 1930 cuando se redescubrió el espacio y el tiempo, y por tanto categorías de la naturaleza, como elementos significativos para los economistas. Sin embargo, la comprensión fue extremadamente limitada, puesto que la principal preocupación consistía en detectar inestabilidades económicas que surgían a resultas de la incertidumbre de decisiones de inversión que tendrían efecto en el futuro. Una decisión se adopta en el presente sobre la base de certezas dadas que provienen de periodos que ya pertenecen al pasado. Las expectativas, en cambio, se basan en ingresos futuros. Por tanto, las inversiones siempre conllevan necesariamente un riesgo y pueden fracasar, pues el futuro es desconocido y las cosas pueden evolucionar de un modo muy diferente de lo previsto por la entidad económica que ha tomado la decisión. Esta entidad compara tipos de interés externos e internos, interés de mercado que puede regularse dentro de ciertos límites por parte del banco central, con la tasa de beneficio, que depende de la productividad y los costes laborales. Sin embargo, las decisiones se basan en cálculos privados, centrados en el beneficio.

4) A diferencia de la economía clásica, de la economía neoclásica o del keynesianismo y sus variantes, en la economía termodinámica la materia, la energía y sus transformaciones, es decir, las condiciones ecológicas de la producción, el consumo y la circulación, son categorías centrales. La economía termodinámica fue la respuesta que dan los economistas que están descontentos con las escuelas de pensamiento neoliberales y neoclásicas que olvidan la naturaleza. También respondía a la teoría de Marx, aunque sobre la base de una interpretación terriblemente truncada del análisis marxiano del modo de producción basado en el valor (y no, desde luego, en la materia).

Actualmente, la economía termodinámica o bioeconomía suele mencionarse en relación con el matemático y economista rumano Nicholas Goergescu-Roegen y su obra principal del año 1971. Las transformaciones materiales y energéticas tienen una importancia fundamental para el análisis económico y no deben excluirse del mismo, puesto que todas las transacciones económicas tienen lugar en el espacio y en el tiempo y una ciencia económica que no tenga en cuenta el tiempo físico y el espacio físico sería por tanto absurda, pues excluiría la posibilidad de comprender el carácter entrópico de todas las transformaciones económicas de la materia y la energía.

Con el tiempo aumenta la entropía, es decir, una vez utilizada, la energía no puede reutilizarse (algo parecido ocurre con el material). Disminuye la calidad del rendimiento del trabajo. Esto lo señala la economía termodinámica, que, en contraste con la economía neoclásica, permite discutir debidamente la externalización de los costes sociales generados en la economía privada, como se ha mencionado más arriba. Sin embargo, en la economía termodinámica se deja de lado el análisis de las formas sociales de la actividad económica. Ni siquiera entran dentro de su campo visual. Tampoco se reconoce suficientemente el significado de los agentes capitalistas que están detrás de las actuales transformaciones –desastrosas para el medio ambiente– de la materia y la energía ni cómo influyen en la ecología y la política medioambiental. Una vez más, el papel central de la categoría de la naturaleza dual del trabajo y su producto, la mercancía, se presenta como “pivote” de la economía política.

5) La economía política ha sido unilateral desde el comienzo. O bien todo lo que importa es el dinero, o bien todo se centra en la materia y la energía. La forma social específica del uso de la materia y la energía en el modo de producción capitalista y las cuestiones de por qué el dinero se transforma en capital y por qué el modo de producción revoluciona entonces todos los modos de vida, no aparecen en el radar de los teóricos de la economía de ninguna de las dos vertientes. Esta unilateralidad no se suprime de ninguna manera cuando se diversifica declarándola “economía plural” y se acentúa cuando se utilizan múltiples nombres, como economía plural, economía de los comunes, economía comunitaria y economía del poscrecimiento.

Así no se crea la ciencia que, desde Marx, se denomina “crítica de la economía política” y que nosotros, junto con Engels, podemos llamar “la ciencia del conjunto dialécticamente relacionado” o bien, como diríamos hoy, un enfoque holístico acorde con la teoría del caos. El pluralismo es bueno, pero no basta para captar las contradicciones y crisis de la dinámica social de las economías capitalistas y la “web of life” (Jason Moore) que regulan en el planeta Tierra. Hasta ahora, esta “red de vida” no se ha reconocido en toda su complejidad, y puede que no se pueda captar científicamente, y además comprende a muchos actores que todos desempeñan una función en el conflicto social y en las luchas de clases de la era ecológica. Hemos de reconocerlos lo antes posible para poder seguir siendo capaces de actuar. El espacio medioambiental de que disponemos no solo es limitado, como se ha constatado desde la década de 1990 con las conclusiones de los estudios sobre los límites del crecimiento. Quienes nos hallamos en la “esfera planetaria limitada” (por utilizar un término citado por Immanuel Kant) nos acercamos a los “límites planetarios” marcados por un grupo internacional de científicos encabezados por Johan Rockström en 2009. Ya hemos sobrepasado algunos de ellos. Estamos viviendo a salto de mata. La oferta es cada vez más escasa, pero la demanda sigue exigiendo a voz en grito, sobre todo por parte de los “great Americans”.

Las pruebas aportadas por los científicos, que no solo demuestran el carácter finito de los recursos, sino también el declive del planeta Tierra, a medida que este se convierte en un único gran vertedero o en un cementerio de residuos peligrosos, son tan obvias como aterradoras, máxime cuando se tienen en cuenta los agentes capitalistas analizados por Marx, y por tanto específicos de esta formación social: la producción de valor, que trata el trabajo, es decir, a los seres humanos, así como el mundo natural, sin ninguna consideración, y que debe imponerse cada vez en contra del interés capitalista de proteger a la naturaleza y a la humanidad. “¡Acumulad, acumulad! ¡Esto es Moisés y los profetas!” (Karl Marx, El Capital, Volumen 1): así se refiere Marx a la regla de oro del capitalismo. Hasta las normas de pureza más evidentes han de arrancarse al capital si esto restringe siquiera un poquito la creación de plusvalía a través del trabajo. El antagonismo existente entre materia y valor, trabajo asalariado y capital, naturaleza y sociedad, acumulación y crisis debe entenderse por tanto, sobre todo, como una contradicción económica y un conflicto social dentro del modo de producción capitalista antes de poder hablar razonablemente de economía del bien común, del poscrecimiento, etc. o de economía plural, que no quieren saber nada de las imposiciones del sistema.

En la economía neoliberal dominante, la situación es desesperada. Pero incluso la economía pluralista de la sostenibilidad cree en la reconciliación de los intereses del capital con el interés de la preservación de la naturaleza y los intereses de los trabajadores. Desde luego, los conflictos sociales no siempre se libren sobre el filo de un cuchillo; se producen negociaciones, los acuerdos son posibles e incluso perduran algún tiempo. Los Objetivos de Desarrollo Sosternible (ODS) ofrecen un rayo de esperanza y son una señal del surgimiento de un nuevo futuro de poscrecimiento sostenible.

Podemos ver algunas similitudes con los acontecimientos que tuvieron lugar durante los periodos de reformismo, cuando el movimiento obrero creía en la posibilidad de conciliar intereses de clase enfrentados. En los conflictos ecológicos también se están sentando las bases, de modo que las partes pueden avanzar algún día codo a codo hacia el acuerdo. Sin embargo, la manera en que puede lograrse la sostenibilidad socioecológica deseada y la forma que debería adoptar si no se pone coto al impulso acumulador del capital, es decir, si no se priva de poder a Moisés y los profetas, es un tema que todavía debe abordar la economía plural.

Marx y Engels escribieron en el Manifiesto Comunista que hasta ahora la historia ha sido una historia de lucha de clases. Este sigue siendo el caso. Sin embargo, en el futuro las luchas no solo se producirán en relación con los salarios, el rendimiento y la cantidad y calidad del empleo dentro de la sociedad capitalista existente, y/o con la conveniencia de cambiar este marco social, sino también en relación con las condiciones de vida y de trabajo en una sociedad en los límites de la capacidad del planeta. La organización de un imperialismo de saqueo, como el descrito por David Harvey (2005), o la externalización de cargas y la sobrecarga de la naturaleza a raíz de los cálculos racionales efectuados por “inversores”, descrita por Lessenich (2016), no son más que un vano intento desesperado de erigir una valla protectora que ya ha sido tumbada.

No hay otra opción que crear una sociedad económicamente eficiente y socialmente equilibrada, organizada democrática y ecológicamente de acuerdo con los principios de sostenibilidad. Muchos recibirán este mensaje con aprobación. Pero no proviene de la conciencia de las ventajas de una economía de poscrecimiento, porque esta no puede existir sin ir más allá del capitalismo. Como siempre ha ocurrido en la historia, es el resultado de las luchas de clases por un futuro digno de ser vivido, en el siglo XXI y más allá: esfuerzos políticos pragmáticos en pro de la configuración del conjunto dialéctico global con criterios de humanidad y ecología.

44 años y no olvidamos: Los estremecedores audios del Golpe

Aquí podemos percibir los ruidos, las voces, los distintos matices de cómo se llevo a cabo el golpe militar y de cómo los golpistas planifican desde el primer minuto el genocidio. Les preocupa negar el suicidio de Allende y por sobre todo que el Golpe era “en defensa del pueblo”. Seguir leyendo 44 años y no olvidamos: Los estremecedores audios del Golpe

Editorial: 11 de septiembre, día de reivindicación de la lucha por la Revolución Socialista.

Una de las principales tareas políticas del régimen, en lo que concierne a su lucha por erradicar la identidad política socialista de los trabajadores en Chile, es la de trivializar el Golpe del 73 y transformarlo en una fecha de reconciliación ecuménica, en torno a la idea del “Nunca Más” y del respeto a los DDHH.

Como todos los años, el Gobierno realizará un rito religioso y abrirá La Moneda para las ofrendas en la puerta de Morandé 80, que usó Salvador Allende en su corto y convulsionado período presidencial.

La Derecha y la DC simplemente omitirán cualquier referencia a la fecha, conocedores como son, de su responsabilidad genocida y proimperialista en la conspiración y sedición de la CODE. Guardarán silencio porque, por una cuestión de clase, simplemente tienen las manos manchadas con sangre obrera. Sobre esto no hay dos lecturas.

Es la izquierda la que ha abandonado todo papel en torno a esta fecha y no se trata de un accidente. El PC y PS -aún las principales organizaciones de la izquierda chilena- no pueden abrir la boca para reivindicar a los miles de caídos, a los desaparecidos, torturados y exiliados, tras el golpe pinochetista, porque son los intereses de la clase social burguesa que dio este Golpe, los que de forma rastrera, hoy defienden desde el Gobierno de Bachelet.

Se nos presentan hoy día, una vez más después de casi treinta años, con la cantinela de que “hay que unirse en contra de la derecha”. Esto no sólo es una impostura, es una canallada, porque han sido los gobiernos de la Concertación y el último de la Nueva Mayoría (que suma al PC), precisamente quienes han gobernado desde 1990 –con el paréntesis piñerista- sirviendo vergonzosa y obsecuentemente los intereses de las transnacionales, los grupos económicos, de la banca y las AFP, de las concesionarias y de la gran minería privada.

Son estos grandes grupos a quienes sirven, los que -aún vulnerando la propia legislación patronal- los han financiado y corrompido metódicamente, ordenándoles qué es lo que deben hacer en el Congreso. Esta es la razón, la verdadera razón por lo que desde 1990 subsiste la Constitución y el Modelo Económico que dan cuerpo al Régimen pinochetista, sin Pinochet. Subsiste por los grandes acuerdos de “gobernabilidad” y por los pagos irregulares de PENTA, SQM y tantas otras empresas más que arriendan los servicios de parlamentarios y administran los intereses económicos del propio Partido Socialista, porque es en la bolsa donde se transan no sólo las acciones bursátiles de propiedad del PS, sino que su conducta desde el Gobierno.

Hoy día se nos plantea que si apoyamos a Guillier se continuará el camino de reformas impulsado por el Gobierno. No nos cabe duda.

Lo que omiten señalar es que durante el último Gobierno se pulverizaron las organizaciones de trabajadores, se destruyó la CUT y se aprobaron reformas legales que dificultan aún más la organización de sindicatos y se debilita –aún más- la fuerza de las huelgas; durante este Gobierno el movimiento estudiantil se empequeñeció hasta la irrelevancia y se le fracturó con una reforma educativa que -a pesar de una mínima cobertura de gratuidad- fortaleció la subvención a los grandes operadores privados de la educación consolidando –en los hechos- la educación como una mercancía. Durante este Gobierno, como corolario, se impulsó una reforma previsional que tiene como único objetivo preservar el fraude piramidal de las AFP que persigue únicamente proveer de dinero barato para los bancos y los grandes grupos económicos, a costo de la miseria de los trabajadores.

Durante este Gobierno, además, se reprimió y profundizó la militarización de la Araucanía, se invirtieron millones de dólares en equipamiento represivo, persecuciones judiciales y criminalización de la lucha emancipadora del pueblo Mapuche. El montaje del caso Luchsinger se destaca por ser un nuevo “Caso Bombas”, porque con él presenciamos un inequívoco acto de represión política y vulneración de derechos nacionales. La represión bacheletista es responsable de la muerte del obrero forestal Rodrigo Cisterna en mayo del 2007, también lo es de la muerte del subcontratado del cobre, Nelson Quichillao en julio de 2015. Ambos crímenes permanecen en la más absoluta impunidad.

¿A esto se refiere la izquierda guillierista con la promesa de continuar con la obra de Bachelet? Exactamente, a eso se refieren y es a esa impostura y a esa capitulación a la burguesía a la que la izquierda que se reclama revolucionaria y socialista, debe oponerse terminantemente.

Cuando hablamos de esto no estamos haciendo referencia a alguna campaña electoral, si alguna hay que ayude en este sentido, en buena hora. Pero en este momento resulta totalmente irrelevante. Con sus encuestas, el régimen ha creado la idea de que Piñera es invencible, reproduciéndose el paradigma “antipinochet” y “antipiñera”, que tantos dividendos han dado a la burguesía, porque le permite someter a los trabajadores y disciplinarlos a un horizonte político que se reduce al espacio electoral, institucional y legal que la propia burguesía ha impuesto.

El 11 de septiembre de 1973, un martes helado y nublado como este día que nos ha dejado el crudo invierno de 44 años después, Allende se inmola en La Moneda testimoniando trágicamente la absoluta inviabilidad del reformismo, esto es, la idea de que existe un tránsito pacífico y gradual –“la Vía Chilena”- al socialismo. Una generación completa y la de recambio fueron aplastadas durante los 17 años que duró la Dictadura pinochetista. Miles y miles cayeron bajo la represión patronal e imperialista, bajo la dictadura precisamente porque la Unidad Popular no fue capaz de señalar otro camino que el institucional.

Como socialistas, como revolucionarios, pero también como chilenos, hemos pagado con la sangre de nuestros mártires proletarios la inviabilidad de la vía chilena. Al socialismo sólo hemos de llegar por la vía revolucionaria, la de la acción directa de las masas, el auténtico camino proletario e insurreccional que expulse a la burguesía del poder, destruya su estado y socialice los medios de producción. Al socialismo sólo hemos de avanzar por este camino, el de un gobierno obrero asentado en los órganos de poder de las masas explotadas, como se expresó embrionariamente con los Cordones Industriales.

¿Cómo aplicamos estos principios y esta estrategia el día de hoy, en que la izquierda aparece domesticada y el movimiento obrero es un fantasma de lo que fue?

La respuesta nos la dan los trabajadores una y otra vez. Tercamente, a pesar de las traiciones de las direcciones sindicales y de los aparatos burocráticos de la izquierda, los trabajadores siguen luchando, se siguen organizando protagonizando movilizaciones de enconada fuerza. La mayor parte son sectoriales como las ramas del sector público, Falabella; otras tienen mayor amplitud y alcanzan la esfera política como la lucha contra la Ley de Pesca y el amplio Movimiento No + AFP.

Esto nos demuestra que el movimiento obrero no ha sido aplastado, está vivo y sigue en la lucha. La izquierda no puede o derechamente no quiere interpretar la actividad de los trabajadores y de proyectarla programáticamente por el poder. Es así como el nuevo fenómeno del Frente Amplio, emergido hace un año, en las Municipales del 2016 producto de la combinación de las movilizaciones del 2011 y del desprendimiento por la izquierda de la propia Concertación (Revolución Democrática), al presentarse como una alternativa puramente electoral e institucional, resulta impotente para servir de intérprete de los trabajadores, precisamente porque no cuestiona el capitalismo ni la propiedad privada de los medios de producción. La reorganización obrera no pasará por el Frente Amplio.

En la actual situación de crisis generalizada de los aparatos políticos, y de confusión de las masas, resulta casi imposible predecir si habrá segunda vuelta ni el desenlace de las presidenciales de noviembre. Lo que sí es seguro, es que el próximo Presidente, con todas las diferencias que ostentan los actuales candidatos, actuará para preservar el régimen burgués, contener o aplastar las movilizaciones y seguir alimentando las ilusiones de que bajo este régimen –trabajando duro y sin mirar para el lado- se puede prosperar.

Es cierto, este 11 de septiembre de 2017, 44 años después en apariencia está muy lejos de lo que fue Chile en aquella época. Ni la izquierda, ni el movimiento obrero, son una sombra de lo que fueran en aquella época. Un par de vanguardias bajo tierra testimonian esta tragedia. Pero en lo esencial, las bases que permiten y hacen necesaria y obligatoria la lucha por la revolución socialista permanecen intactas y -hasta cierto punto- se hacen más urgente hoy que ayer.

El orden capitalista cruje por los cuatro costados. El imperialismo norteamericano amenaza con una guerra nuclear para afirmar su posición de preeminencia sobre las otras facciones imperialistas; la crisis económica del 2008 y sus parches financieros, no hace sino profundizarse amenazando a millones de trabajadores, campesinos y naciones oprimidas con la miseria y el fascismo; las direcciones emergentes del siglo XXI en América Latina, los Chávez, Lula, Evo, Cristina y hasta Bachelet, se derrumban incapaces de sortear los desafíos políticos de mediar entre la nación oprimida y el imperio. No hay salida burguesa a la crisis.

Compañeros: es el momento de redoblar nuestras fuerzas de lucha y de alzar las banderas de la clase obrera y la Revolución Socialista. Nuestro homenaje, un sentido homenaje de clase anticapitalista, será la victoria, la construcción del partido revolucionario, la liberación de los explotados. Viva la clase obrera y su revolución.

 

 

¡La Línea de Colaboración de Clases Fue un Desastre!

por Nahuel Moreno//

En diciembre de 1973 se realizó el Primer Congreso Nacional del PST (Partido Socialista de los Trabajadores). En su intervención final, reproducida en Avanzada Socialista, decía Nahuel Moreno*:

“La tremenda derrota del proletariado chileno estuvo presente; de hecho, presidió el Congreso. Estuvo presente en tres sentidos: Seguir leyendo ¡La Línea de Colaboración de Clases Fue un Desastre!

La Derrota de la Unidad Popular y Golpe de Estado en Chile

por Aquiles Izaguirre//

El 11 de septiembre se cumple un aniversario más del funesto golpe de Estado que derrocó al gobierno de Salvador Allende e instauró la dictadura de Augusto Pinochet. Muchas historias se cuentan sobre este acontecimiento, en la memoria de una generación quedó impregnado el destierro, las torturas y el asesinato de miles de chilenos que pagaron las consecuencias de la derrota de la Unidad Popular asestada por el golpe fascista. Pero la experiencia que nos legó la trágica historia de estos camaradas, es infinitamente valiosa para las futuras generaciones de revolucionarios, más aún, cuando en nuestro istmo se pregonan las virtudes de los Frentes Populares policlasistas confiando en sectores de la burguesía y las instituciones que defienden los intereses de las clases dominantes. Seguir leyendo La Derrota de la Unidad Popular y Golpe de Estado en Chile

La Batalla de Chile: El Golpe de Estado (2ª parte)

por Patricio Guzmán//

Nota del autor: “Creo que La Batalla de Chile narra por primera vez –día a día, paso a paso– una revolución en América Latina filmada por un equipo independiente Comenzamos a trabajar en Santiago de Chile el día 15 de octubre de 1972 y terminamos el día 11 de septiembre de 1973 (el día del golpe de estado). Es una película documental realizada al mismo tiempo que se producían los hechos. No es una película de archivo. Seguir leyendo La Batalla de Chile: El Golpe de Estado (2ª parte)

La violencia revolucionaria

por Guillermo Lora//

raíz de la violencia

El marxismo excluye, por su propia esencia, la posibilidad de una pacífica y gradual transformación de la sociedad capitalista en socialista. La teoría del colapso revolucionario es parte fundamental del socialismo científico y los que han pretendido hacerla a un lado han sido catalogados como revisionistas. Con todo, nos parece que en la última época se ha tergiversado el sentido marxista de la revolución social, correspondiendo a la ultraizquierda esa tergiversación. No se trata de un aspecto secundario que puede pasarse por alto, sino de algo que tiene muchísima importancia en el problema de la fijación de la estrategia y táctica del movimiento proletario. Seguir leyendo La violencia revolucionaria

Diez años después del comienzo de la Gran Recesión

por Michael Roberts//

Han transcurrido diez años desde que comenzó la crisis financiera global con la noticia de que el banco francés BNP había suspendido la cotización de sus fondos hipotecarios de alto riesgo debido a “una evaporación de la liquidez”.

Al cabo de seis meses, el grifo del crédito se cerró y las tasas de interés interbancarias se dispararon (véase el gráfico). Los bancos de todo el mundo comenzaron a experimentar enormes pérdidas en los fondos derivados que habían creado para beneficiarse del boom de la vivienda que había estallado en los EEUU, y empezaron a tambalearse. Y los EEUU y el mundo entraron en lo que más tarde se llamó La Gran Recesión, la peor caída de la producción y el comercio mundial desde la década de 1930.

Diez años más tarde, es oportuno recordar algunas de las lecciones e implicaciones de ese terremoto económico.

En primer lugar, las instituciones oficiales y los economistas ortodoxos nunca la vieron venir. En 2002, el jefe del Banco de la Reserva Federal, Alan Greenspan, a quién se llamaba “el gran maestro” por haber aparentemente ingeniado un boom económico importante, anunció que los derivados, es decir, las innovaciones financieras en los fondos hipotecarios, etc,, habían ‘diversificado el riesgo’, de modo que los “choques que afectan al conjunto de la económica se absorben mejor y son menos propensos a provocar quiebras en cascada que pudiesen amenazar la estabilidad financiera”. Ben Bernanke, que finalmente ha presidido la Fed durante la crisis financiera global, comentó en 2004 que “las últimas dos décadas han visto una marcada reducción de la volatilidad económica” que él denominó la Gran Moderación. Y todavía en octubre de 2007, el FMI concluyó que “en las economías avanzadas, las recesiones económicas habían desaparecido prácticamente en el período de posguerra”.

Una vez que se había hecho patente la profundidad de la crisis en 2008, Greenspan afirmó ante el Congreso de Estados Unidos: “estoy en tal estado de choque, que no me lo puedo creer”. Le preguntaron: “en otras palabras, ¿llegó a la conclusión que su visión del mundo, su ideología, estaban equivocadas, que no funcionaban?” (Presidente del Comité de Supervisión del Congreso, Henry Waxman). “Efectivamente, precisamente esa es la razón por la que me sorprendió, porque durante 40 años o más una considerable cantidad de datos demostraban que funcionaban excepcionalmente bien”.

Libro recomendado

A los grandes economistas ortodoxos no les fue mejor. Cuando se le preguntó cuál era la causa de la Gran Recesión si no era un estallido de la burbuja de crédito, el ganador del premio Nobel y uno de los principales economistas neoclásicos de la Escuela de Chicago, Eugene Fama, respondió: “No sabemos lo que causa las recesiones. No soy un especialista en macroeconomía, por lo que no me preocupa demasiado. Nunca lo hemos sabido. Hasta hoy siguen los debates sobre la causa de la Gran Depresión. La teoría económica no es muy buena a la hora de explicar las oscilaciones en la actividad económica … Si pudiera haber predicho la crisis, lo habría hecho. No la vi venir. Me gustaría saber más sobre la causa de los ciclos económicos“.

El que pronto sería economista jefe del FMI, Olivier Blanchard, comentó en retrospectiva que “La crisis financiera plantea una crisis potencialmente existencial de la macroeconomía.  …  algunos fundamentos [neoclásicos] básicos están en cuestión, por ejemplo, la separación limpia entre los ciclos y las tendencias”  o  “las herramientas econométricas, en base a una visión de un mundo estacionario alrededor de una tendencia, están siendo cuestionados”.

Pero tampoco la mayoría de los llamados economistas heterodoxos, incluidos los marxistas, vieron venir la crisis y la consiguiente Gran Recesión. Hubo unas pocas excepciones: Steve Keen, el economista australiano predijo una crisis de crédito basado en su teoría de que “el elemento esencial que da lugar a las depresiones es la acumulación de deuda privada” y que nunca había sido mayor que en 2007 en las principales economías. En 2003, Anwar Shaikh calculó que la caída de la rentabilidad del capital y el descenso de la inversión darían lugar a una nueva depresión. Y un servidor en 2005, escribió:  “No ha habido tal coincidencia de los ciclos desde 1991. Y esta vez (a diferencia de 1991), estarán acompañados por una caída de la rentabilidad en el marco de un ciclo de Kondratiev de caída de los precios. ¡Todo está por los suelos en 2009-2010! Esto sugiere que podemos esperar una crisis económica muy severa, de una intensidad no vista desde 1980-2 o antes”. (La Gran Recesión).

En cuanto a las causas de la crisis financiera mundial y la consiguiente Gran Recesión, han sido analizadas hasta la saciedad desde entonces. La economía convencional no predijo la crisis y no fue capaz de explicarla después. La crisis adoptó claramente una forma financiera: el colapso de los bancos y otras instituciones financieras y las armas de destrucción masiva financieras, para usar la frase ya famosa de Warren Buffett, el inversor con más éxito de los mercados de valores del mundo. Pero muchos cayeron de nuevo en la teoría de la probabilidad, un evento entre mil millones; un ‘cisne negro’ como Nassim Taleb afirmó.

Alternativamente, el capitalismo era inherentemente inestable y las depresiones ocasionales eran inevitables. Greenspan adoptó este punto de vista: “No conozco ninguna forma de organización económica basada en la división del trabajo (se refiere al punto de vista de Adam Smith de una economía capitalista), desde un laissez-faire sin restricciones a una planificación central opresiva que haya tenido éxito a la hora de lograr a la vez el máximo crecimiento económico sostenible y una estabilidad permanente. La planificación central desde luego no y dudo mucho que la estabilidad se pueda lograr en las economías capitalistas, dado que los mercados competitivos siempre son turbulentos, se acercan pero nunca alcanzan el equilibrio” . Y añadió: “a menos que haya una decisión de la sociedad de abandonar los mercados dinámicos y establecer alguna forma de planificación central, temo que prevenir las burbujas a la postre resulte ser inviable. Mitigar sus consecuencias es todo lo que podemos esperar”.

La mayoría de los dirigentes económicos oficiales como Blanchard y Bernanke sólo veían los fenómenos superficiales de la crisis financiera y llegaron a la conclusión de que la Gran Recesión fue el resultado de la imprudencia financiera de unos bancos no regulados o del ‘pánico financiero’. Esto coincidió con algunos puntos de vista heterodoxos inspirados por las teorías de Hyman Minsky, el economista keynesiano radical de la década de 1980, de que el sector financiero es inherentemente inestable debido a que “el sistema financiero necesario para la vitalidad y el vigor capitalista, que traduce los espíritus animales empresariales en demanda real de inversión, alberga un potencial de expansión fuera de control, impulsado por el auge de la inversión”.  Steve Keen, un discípulo de Minsky, lo explica así: “el capitalismo es inherentemente defectuoso, siendo propenso a auges, crisis y depresiones. Esta inestabilidad, en mi opinión, se debe a las características que el sistema financiero debe poseer si ha de ser coherente con un capitalismo real”.  La mayoría de los marxistas adoptaron un punto de vista similar al de Minsky, al interpretar la Gran Recesión como resultado de la ‘financiarización’ y la creación de una nueva forma de fragilidad en el capitalismo.

Uno de los principales keynesianos, Paul Krugman, arremetió contra los errores de la escuela neoclásica, pero no ofreció ninguna explicación propia, más allá de que se trataba de un ‘fallo técnico’ que necesitaba y podría ser corregido mediante la restauración de la ‘demanda efectiva’.  

Muy pocos economistas marxistas recuperaron la explicación original de Marx sobre las causas de las crisis comerciales y financieras y las depresiones productivas resultantes. Uno de ellos fue G. Carchedi, que resumió este punto de vista en su excelente, pero a menudo ignorado Behind the Crisis, así: “El punto básico es que las crisis financieras son causadas por la reducción de la base productiva de la economía. De este modo se llega a un punto en el que tiene que haber una deflación repentina y masiva en los sectores financieros y especulativos. A pesar de que parezca que la crisis se ha generado en estos sectores, la causa última reside en la esfera productiva y la caída de la tasa de ganancia consiguiente en este ámbito”.  De acuerdo con esa explicación, el mejor libro sobre la crisis sigue siendo el de Paul Mattick Jr., Business as usual.

Y de hecho, la rentabilidad en los sectores productivos de las grandes economías capitalistas era históricamente baja en 2007, como varios estudios han demostrado. En los EEUU, la rentabilidad alcanzó su punto máximo en 1997 y el aumento de la rentabilidad en el boom del crédito de 2002-6 fue abrumadoramente en los sectores financiero e inmobiliario. Esto alentó un enorme aumento del capital ficticio (acciones y deuda) que no podía justificarse por una mejora suficiente de los beneficios de la inversión productiva.

El conjunto de los beneficios comenzó a caer en los EEUU en 2006, más de un año antes de que la crisis de crédito estallase en agosto de 2007. La caída de beneficios significó un exceso de acumulación de capital y por lo tanto una fuerte reducción de la inversión. Una caída en la producción, el empleo y los ingresos siguió. Es decir, la Gran Recesión.

Desde el fin de esa recesión a mediados de 2009, la mayoría de las economías capitalistas han experimentado una recuperación muy débil, mucho más débil que tras las recesiones de posguerra anteriores y en algunos aspectos incluso más débil que en la década de 1930. Un informe reciente del Instituto Roosevelt de JW Mason concluye que “no hay precedentes de la debilidad de la inversión en el ciclo actual. Casi diez años después, el gasto en inversión real se mantiene a menos del 10 por ciento por encima de su máximo de 2007. Esto es lento incluso en relación con el ritmo anémico de crecimiento del PIB, y muy bajo en términos históricos”.

Así que la Gran Recesión se convirtió en la Larga Depresión, como he descrito, un término también adoptado por muchos otros, incluyendo economistas keynesianos como Paul Krugman y Simon Wren-Lewis.  ¿Por qué la Gran Recesión no fue seguida de una recuperación económica ‘normal’ de las tasas de inversión y de producción anteriores? Los economistas de la corriente monetarista argumentan que los gobiernos y los bancos centrales fueron lentos a la hora de reducir las tasas de interés y de adoptar herramientas monetarias ‘no convencionales’ como la flexibilización cuantitativa. Pero cuando lo hicieron, estas políticas no parecen haber podido reactivar la economía y meramente alimentaron un nuevo boom bursatil y crediticio.

La escuela neoclásica reconoce que se debe reducir la deuda, ya que limita la capacidad de las empresas para invertir, mientras que los gobiernos recortan acceso al crédito debido a sus altos niveles de endeudamiento. Esto ignora la razón de la elevada deuda pública, a saber, el enorme coste de rescatar a los bancos a nivel mundial y la caída de los ingresos fiscales por la recesión. Por el contrario, los keynesianos dicen que la Larga Depresión se debe a la ‘austeridad’, es decir, a que los gobiernos tratan de reducir el gasto público y equilibrar los presupuestos.  Sin embargo, las pruebas que apoyan esta conclusión no son convincentes.

Lo que los puntos de vista neoclásicos, keynesianos y heterodoxos tienen en común es negar la función de los beneficios y la rentabilidad en las fases de auge y crisis en el capitalismo. Como resultado, no buscan una explicación a la baja inversión como consecuencia de la baja rentabilidad. Y sin embargo, la correlación entre beneficios e inversión es alta y continuamente confirmada y la rentabilidad en la mayoría de las economías capitalistas sigue siendo inferior a la de 2007.

Después de diez años y una fase de recuperación económica larga pero decididamente muy débil del ‘ciclo económico’, ¿tendremos otra crisis pronto? Así parece sugerirlo la historia. No la provocará otra crisis inmobiliaria, en mi opinión. En la mayoría de los países los precios inmobiliarios todavía no han recuperado los niveles de 2007, a pesar de las bajas tasas de interés, y los volúmenes de las transacciones de viviendas son modestas.

La nueva chispa es probable que sea el propio sector industrial. La deuda corporativa ha seguido aumentando en todo el mundo, especialmente en las llamadas economías emergentes. A pesar de las bajas tasas de interés, una parte importante de las empresas más débiles apenas son capaces de pagar sus deudas. La consultora S & P Capital IQ señaló que la masa récord de 1.84 billones de dólares en efectivo en poder de las empresas no financieras de EEUU enmascara una carga de la deuda de 6.6 billones de dólares. La concentración de dinero en efectivo de las 25 mayores empresas, que representan el 1% de las empresas, supone actualmente más de la mitad del dinero acumulado en efectivo. Frente al 38% de hace cinco años.  El gran chismorreo sobre los gigantes como Apple, Microsoft, Amazon y sus reservas en efectivo oculta la situación real de la mayoría de las empresas. 

Los márgenes de beneficio global se están reduciendo y las ganancias de las empresas no financieras de Estados Unidos estan cayendo.

Y ahora los bancos centrales, empezando por la Reserva Federal de Estados Unidos, han empezado a revertir la ‘flexibilización cuantitativa’ y a aumentar las tasas de interés. El coste de los préstamos y del servicio de la deuda existente se elevará, justo en el momento en que la rentabilidad está cayendo.

Esta es una receta para una nueva crisis, diez años después de la última de 2008.

Cervantes, la España de su época y El Quijote

por Alan Woods//

“Dondequiera que ha conquistado el poder, la burguesía ha destruido las relaciones feudales, patriarcales, idílicas; ha desgarrado sin piedad las abigarradas ligaduras feudales que ataban al hombre a sus ‘seres superiores’, para no dejar subsistir otro vínculo entre los hombres que el frío interés, el cruel ‘pago al contado’”. (Marx y Engels. El Manifiesto Comunista. Madrid. Fundación Federico Engels. 1996. p. 41).

“España conoció períodos muy florecientes, períodos de superioridad sobre el resto de Europa y de dominio sobre América del Sur. El poderoso desarrollo del comercio interior y mundial iba venciendo el aislamiento feudal de las provincias y el particularismo de las regiones. La fuerza e importancia crecientes de la monarquía española estaban entonces ligadas estrechamente al papel centralizador del capital comercial y a la gradual formación de una ‘nación española’”. (Trotsky. La revolución española y las tareas de los comunistas. 24 de enero de 1931).

Este año se celebra el 400 aniversario de la primera publicación de Don Quijote, la mayor obra maestra de la literatura española. La clase obrera, la clase que tiene el mayor interés en la defensa de la cultura, debería celebrar entusiastamente este aniversario. Fue la primera gran novela moderna, escrita en un lenguaje que los hombres y mujeres corrientes podían entender. Era uno de los libros favoritos de Marx y que frecuentemente leía en voz alta a sus hijos. Seguir leyendo Cervantes, la España de su época y El Quijote

Carta que los Cordones Industriales dirigieron a Salvador Allende, seis días antes del Golpe Militar

En la actualidad, varios de los principales responsables políticos de la derrota de la Unidad Popular, entregan sesudos análisis de por qué fracaso el proceso de “socialismo a la chilena”. En la mayoría de estos análisis se responsabiliza a los trabajadores del desastre, o bien en el mejor de los casos,  concluyen que la”situación objetiva” impedía realizar los avances necesarios.

Esta carta, entregada poco antes del golpe, viene a poner las cosas en su sitio: la capitulación reformista a la institucionalidad burguesa condujo fatalmente al triunfo de la contrarrevolución y si la clase obrera no pudo hacer su propia revolución, sobre las cenizas del orden burgués, ello se debió prioritariamente a la ausencia de un partido revolucionario. 

 Santiago, 5 de septiembre de 1973.

A SU EXCELENCIA EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, COMPAÑERO SALVADOR ALLENDE: Seguir leyendo Carta que los Cordones Industriales dirigieron a Salvador Allende, seis días antes del Golpe Militar

Septiembre, la Unidad Popular y Allende

por Ibán de Rementería//

Septiembre es el mes de la patria, pero también es el mes de la otra memoria, de la memoria popular de su triunfo y de su derrota, es el 4 de septiembre y es el  11 de septiembre, inseparables  en nuestra memoria. El 4 de septiembre de 1970 triunfó la Unidad Popular, tres años después, el 4 de septiembre de 1973, según las agencias internacionales de noticias, desfiló conmemorando el tercer aniversario del Gobierno de la Unidad Popular un millón de chilenas y chilenos, dándole así a Salvador Allende el mayor espaldarazo de masas jamás conocido hasta ahora en la historia de Chile. Una semana después el Palacio de la Moneda es tomado por asalto luego de un intenso bombardeo aéreo por las Fuerzas Armadas traidoras a la República de Chile. Allende prefiere la muerte a entregarse a los traidores y los defensores de la Moneda, debidamente rendidos, son asesinados de manera salvaje indicando así cual sería la impronta terrorista de la política nacional de la Dictadura Militar. Seguir leyendo Septiembre, la Unidad Popular y Allende

80º aniversario del Guernica: arte y revolución.

«¿Qué cree usted que es un artista? ¿Un imbécil que sólo tiene ojos si es pintor, oídos si es músico, una lira que ocupa todo su corazón si es poeta, o incluso sólo músculos si es boxeador? Por el contrario, es un ser político, constantemente consciente de los acontecimientos estremecedores, airados o afortunados a los que responde de todas maneras. ¿Cómo sería posible disociarse de otros hombres; en virtud de qué indiferencia de marfil debes alejarte de la vida que tan abundantemente te proporcionan? No, la pintura no se hace para decorar apartamentos. Es un instrumento para la guerra ofensiva y defensiva contra el enemigo”.

Pablo Picasso, Les Lettres Françaises. Marzo de 1945

 

En junio de este año se cumplió el 80º aniversario de una de las obras de arte más importantes del siglo XX: el Guernica, de Pablo Picasso.

Sin duda, se trata de una obra icónica contra la barbarie de la guerra pero no de “cualquier guerra”, como les gusta afirmar a los especialistas amancebados del establishment, sino contra las guerras de los poderosos que persiguen la opresión, la esclavización y el asesinato en masa de la gente común y corriente.

En enero de 1937, en plena guerra civil, el gobierno de la República española encargó a Pablo Picasso una obra de gran formato para ser exhibida en el Pabellón de España de la Exposición Mundial de París, que debía celebrarse en el mes de junio.  El cometido del gobierno español era utilizar esta exposición como un alegato en defensa de la España republicana.

Durante meses, Picasso, que atravesaba en aquel momento una fase depresiva en su labor creativa, trató de buscar en vano una imagen que le inspirara y que estuviera a la altura de lo que él consideraba que debía expresar el cuadro.

El bombardeo de Guernica

El 26 de abril de 1937, el ejército franquista del norte peninsular, bajo la dirección de los generales Mola y Kindelán,  encargó al Alto Comando Alemán el bombardeo aéreo de la ciudad vasca de Guernica, de unos 10.000 habitantes. El bombardeo fue llevado a cabo por la Legión Cóndor alemana, con apoyo de la aviación italiana.

Es ya conocido que la aviación alemana diseñó este bombardeo como un ensayo para posteriores bombardeos en la guerra mundial que se avecinaba, utilizando para ello los bombarderos Junker y Heinkel, que lanzaron cerca de 40 toneladas de bombas destructivas e incendiarias, algunas de hasta 250 kilos. Esto fue completado con el ametrallamiento desde el aire de la población que corría despavorida para ocultarse en los refugios y en los campos colindantes.

El bombardeo duró 3 horas, en oleadas regulares. El 85% de la ciudad quedó devastada. La cifra exacta de muertos oscila, según las fuentes, desde varios cientos hasta más de 1.000. Como en los bombardeos anteriores de las ciudades vascas de Eibar y Durango, el cometido era llevar el terror a la población civil, pero también había un elemento político en la elección de Guernica como objetivo militar, al hospedar los símbolos más importantes del pueblo vasco, como la Casa de Juntas y el roble centenario, símbolo de las libertades vascas.

Las noticias del bombardeo de Guernica y las fotografías de la matanza y devastación fueron reproducidas por la prensa europea en los días siguientes. Picasso quedó conmocionado por la magnitud de la masacre y las imágenes. La inspiración para su obra, que había permanecido comprimida en los pliegues ocultos de su cerebro durante meses, se desató explosivamente con una fuerza telúrica. El 1 de mayo realizó el primer esbozo de la obra, y tras 35 días de una labor frenética pudo presentarla a tiempo al mundo para que fuera exhibida en la Exposición.

Picasso era consciente de que estaba creando una obra imperecedera. El impacto de la misma fue enorme, y recibió una aclamación unánime. Después de la Exposición, el cuadro realizó una gira itinerante por media Europa, como instrumento de propaganda a favor de la República española. En mayo de 1939, la pintura fue embarcada hacia Nueva York, en un traslado auspiciado por el Museo de Arte Moderno (MOMA), para recaudar fondos para los refugiados republicanos españoles. En EEUU, el cuadro fue exhibido en nuevas giras por todo el país, hasta que a mediados de los años 40 quedó definitivamente expuesto en el MOMA. 

El Guernica es una de las expresiones más elevadas del arte comprometido políticamente, que nada tiene que ver con el arte de propaganda. El Guernica es Arte con mayúsculas porque, como dice Alan Woods, tiene algo que decirnos, no es meramente una obra para admirar de un instante congelado, sino que suscita emociones en el espectador que le obligan a tomar conciencia y partido sobre un hecho, sobre una idea.

Contra el “revisionismo” del Guernica

Ocurre frecuentemente con las obras de arte que simbolizan el compromiso político, lo mismo que con los hechos históricos o los personajes revolucionarios, y es que pasado el tiempo se los trata como iconos inofensivos, castrando su contenido revolucionario. De la misma manera, se oculta frecuentemente la militancia comunista de Picasso.

Así, Paloma Esteban Leal, conservadora del Museo Reina Sofía de Madrid –donde está instalado el Guernica– comentaba hace unos años en una entrevista para el diario español El Mundo:

«En ‘Guernica’ no hay bombas, ni aviones, ni nada por el estilo porque no es una guerra u otra guerra, ni ésta ni aquélla; es la manera en que Picasso muestra su rechazo a cualquier tipo de violencia de la guerra» (http://www.elmundo.es/ especiales/2011/10/cultura/guernica/grito.html).

No es casual que los críticos convencionales de arte traten de castrar el contenido concreto de esta obra, la masacre de la población de Guernica por el fascismo. Al presentarla como un mero lloriqueo “pacifista”, matan su verdadero mensaje que es la denuncia militante del militarismo opresor.

Despojar a una obra de arte, particularmente de arte comprometido, de su contenido concreto es una falsificación artística e histórica ¿Cómo separar el gran antecedente del Guernica, el gran cuadro de Goya “Los fusilamiento del 3 de mayo”, de los hechos que le dieron la vida: la brutal ocupación napoleónica, y el levantamiento popular de Madrid? Lo que estas grandes obras de arte tienen de general, de simbolismo para otras experiencias humanas, parte precisamente de los hechos concretos en que están inspiradas. Algo que nunca podrá alcanzar una obra que exponga el motivo de la guerra “en general”.

22g“Los fusilamientos del 3 de mayo”, de Goya

En la misma línea, el Museo Reina Sofía ha diseñado una exposición para conmemorar este 80º aniversario que se llama: “Piedad y terror en Picasso: el camino a Guernica”, donde se exhiben obras de Picasso desde 1924 con motivos de guerra y violencia que, supuestamente, le habrían ayudado a inspirarle el Guernica. Lo escandaloso de esta exposición es que ¡no contiene ni una sola referencia a la guerra civil española ni al bombardeo de Guernica!

El objetivo es similar al que señalamos antes, no mostrar la inspiración del Guernica en la barbarie fascista, sino en obras anteriores del artista, como si estuviéramos ante una expresión del “arte por el arte”, en lugar del arte por la vida. Ideas similares han venido a plantear numerosos “especialistas”, señalando que algunas de las figuras del Guernica se inspiran en cuadros de Girolamo Mirola, de Rubens, o en imágenes de la película “Adiós a las armas” de Frank Borzage ¡Algunos han llegado al punto de ver en el Guernica un trasfondo psicológico de la turbulenta vida afectiva del pintor!

Afortunadamente, el propio Pablo Picasso respondió por adelantado a estos “críticos”, cuando declaró en una entrevista mientras trabajaba en su obra:

“La guerra española es la lucha de la reacción contra el pueblo, contra la libertad. Toda mi vida como artista no ha sido más que una lucha continua contra la reacción y la muerte del arte. ¿Cómo podría alguien pensar por un momento que podría estar de acuerdo con la reacción y la muerte?… En el panel sobre el que estoy trabajando, que llamaré “Guernica”, y en todas mis recientes obras de arte, expreso claramente mi aborrecimiento por la casta militar que ha hundido a España en un océano de dolor y muerte”.

Por si hiciera falta una palabra final sobre el carácter “político” del Guernica, baste decir que Picasso dejó por escrito su mandato –ya que nunca cedió la propiedad del cuadro– de que el Guernica sólo residiera en España cuando fueran restablecidas las libertades políticas, y no fue hasta 1981 que el cuadro quedó instalado en el país.

El simbolismo del Guernica

Aunque Picasso rechazaba con desdén estar en la obligación de “descifrar” el contenido concreto de sus obras, algo que consideraba indigno como artista, no podemos dejar de resaltar aquí el simbolismo de esta obra que tanto impacto ha provocado durante varias generaciones. A este respecto, mucho se ha escrito y dicho, y sólo reflejaremos unos cuantos apuntes.

Lo primero que capta nuestra atención es la ausencia de colores vivos, sólo el blanco y el negro matizados por los grises, el reflejo de la guerra, la desolación y la barbarie. La escena fundamental del cuadro recurre a un motivo profundamente español, como es la corrida de toros. El toro, impasible e inexpresivo, ubicado a la izquierda, representa la Bestia, que se yergue vencedora sobre el pueblo, representado por el torero que yace agonizante con su cuerpo destrozado y su espada rota, aunque su mano se aferra a una flor, que simboliza la vida. El caballo del “picador”, que ocupa el centro, aparece ensartado por una lanza, relincha de dolor y de injusticia con su cabeza y expresión desencajada vuelta hacia el toro. Debajo de este, una madre grita desgarradoramente al toro con su hijo muerto en sus brazos. A la derecha, devorada por el fuego, una figura humana –claramente inspirada en el “fusilado” del famoso cuadro de Goya que antes mencionamos– levanta sus brazos en señal de injusticia.

Dos mujeres se apresuran hacia el caballo y hacia el centro del cuadro, una extiende el brazo por encima de la cabeza sosteniendo una vela iluminando el alboroto, mientras la otra, semierguida y con sus piernas quebradas, parece suplicar.

Arriba en el centro, la bombilla eléctrica en forma de ojo y sol, es el testigo de la barbarie, que se encarga de ver para el resto del mundo, para que el crimen quede registrado.

El Guernica: Un llamamiento para la acción

El capitalismo es horror sin fin. Multitud de Guernicas han tenido lugar décadas después: en la 2ª Guerra Mundial, en Vietnam, Irak, Siria, Palestina, y otros sitios. Como dice Alan Woods: “El objetivo del gran arte no es entretener, no es sólo mostrar de una manera superficial y neutral, sino penetrar debajo de la superficie y exponer la realidad que reside debajo”. El Guernica nos sigue conmoviendo porque refleja la realidad actual del capitalismo. También es un manifiesto, un llamamiento de atención sobre lo que nos destina el capitalismo si no es derribado.

Pero otro mundo está pugnando por nacer, un mundo socialista sin guerras, explotación ni opresión. El Guernica debe inspirarnos para hacerlo realidad

Miguel Enríquez entrevistado por Marta Harnecker días antes del golpe militar de 1973

Revista Chile Hoy Nº 59, 27 de julio-2 de agosto 1973

En esta entrevista a días del golpe militar, Miguel lanza un llamado a la unidad de la izquierda, advierte sobre los militares golpistas. La revista ‘Chile Hoy’ pertenecía al PS, corrían malos vientos para el gobierno de la Unidad Popular, su capitulación estaba sellada, los sectores reformistas habían impulsado la desmovilización de los trabajadores. Esa aspiración del PC de establecer alianza con la democracia cristiana (DC) se había hecho una vergonzosa realidad. Meses después, en octubre de 1973, Miguel en la clandestinidad se refería que la derrota no era del socialismo, sino de quienes impulsaron el modelo reformista y que arrastraron al compañero Allende a claudicar Seguir leyendo Miguel Enríquez entrevistado por Marta Harnecker días antes del golpe militar de 1973

¿Brotes verdes en la economía?: algunas interrogantes

por Albert Recio//

I

Oficialmente, la crisis ha terminado. Al menos, es lo que argumenta la versión oficial sobre la base de considerar que el nivel alcanzado por el PIB del segundo semestre de 2017 supera al del segundo semestre de 2008, cuando se considera que empezó el desastre.

Pero ya se sabe que el PIB es una medida poco fiable de la realidad económica. Convertir toda la enorme variedad de actividades económicas en una sola cifra exige adoptar un número tan grande de convenciones técnicas (y decisiones políticas) que pueden hacer variar el volumen del PIB con relativa facilidad. Sin perder de vista las actividades sociales útiles que el PIB no contempla, así como su ignorancia de los efectos negativos de la actividad económica convencional sobre el fondo natural del planeta y sobre las condiciones de vida. Hay consciencia creciente de lo inadecuado de esta medida, pero el discurso oficial sigue aferrado a viejas ideas y por eso se sigue tomando está cifra mágica como eje de la evaluación económica. Y, como la cifra da ahora un nivel parecido al de hace nueve años, pues ya podemos decretar el final de la crisis.

Ante tamaño anuncio propongo un ejercicio simple, de corte convencional. Comparar una serie de estadísticas económicas del momento de inicio de la crisis (la culminación de un período de auge) con la situación actual. Y ver en qué medida podemos pensar que simplemente se ha salido de una crisis profunda, de la misma forma que una persona se considera restablecida de una enfermedad cuando una serie de análisis indican que ha recuperado los parámetros anteriores a la misma.

II

Podemos empezar por la crítica más conocida. La recuperación económica no ha recuperado los niveles de empleo y, además, el nuevo empleo creado es peor que el destruido en términos de condiciones laborales, salarios etc.

Basta tomar unas pocas variables para constatar que esta evaluación es cierta.

La Encuesta de Población Activa ofrece unos datos contundentes: entre el segundo semestre de 2008 y el segundo de 2017 la población activa (la que esta empleada o busca empleo) se ha reducido en 305 000 personas, se han destruido 1,83 millones de empleo y el número de personas desempleadas ha aumentado en más de un millón y medio. Es decir, más paro, menos empleo y más personas desanimadas que han dejado de buscar.

La destrucción de empleo se ha producido tanto en el empleo asalariado como en el no asalariado en proporciones parecidas. Al final del período, la tasa de asalarización ha crecido ligeramente, menos de un 1 por ciento (pasando de 82,5 a 83,4 %). O sea que en conjunto hay una ligera mayor proporción de asalariados que de no asalariados, algo que no se corresponde con la percepción extendida que estamos asistiendo a la explosión del empleo autónomo.

Si de la cantidad pasamos a la calidad, las dos medidas que podemos utilizar son el peso del empleo a tiempo parcial y el del empleo temporal. Aunque puede haber muchas razones por las que una persona decida trabajar pocas horas, en general el empleo a tiempo parcial va asociado a niveles de ingresos bajos y a empleos situados en la parte inferior de la pirámide ocupacional (en términos de salarios, reconocimiento, posibilidades de carrera etc.). El empleo a tiempo parcial ha crecido, pasando del 11,7 % de todos los empleos al 15,2 %. Pero aquí las diferencias se agudizan si se considera tanto el estatus profesional como el género. Mientras que, en conjunto, el empleo a tiempo parcial de los asalariados ha pasado del 12,1 % al 16,5 % del total, el de los no asalariados se ha reducido del 10% al 8,5 %. El empleo a tiempo parcial representa el 26 % del empleo asalariado femenino frente a solo el 7,8 % para los hombres, aunque en ambos casos se experimentan aumentos porcentuales parecidos.

Solo los datos del empleo temporal podrían indicar una mejoría en la calidad del empleo. El porcentaje de empleo temporal se ha reducido en 2,5 puntos entre los dos períodos estudiados (del 29,3 % al 26,8 %), pero hay que ser cautos con esta evaluación. Al principio de la crisis había mucho empleo en la construcción, el sector donde el empleo temporal es siempre más elevado. Más bien lo que muestran estos datos que el empleo temporal está enquistado en el mercado laboral español, y esto a pesar de las diversas reformas laborales que ha debilitado de forma sustancial la protección al empleo, que para los economistas y políticos neoliberales es la razón que explica el crecimiento del empleo temporal.

Analizar el impacto de estos cambios en los salarios es más complicado por las propias limitaciones de las estadísticas salariales. Ya me ocupé de ello en una nota anterior (“Empleo y condiciones de trabajo en la recuperación”, mientrastanto, febrero de 2017). Hay evidencias que indican no sólo que los salarios se han moderado sino que esta moderación se ha centrado fundamentalmente en los niveles salariales más bajos. Las huelgas de las subcontratas de los aeropuertos, el movimiento de las kellys o de los autónomos de Deliveroo es una respuesta combativa a esta degradación laboral que las estadísticas recogen sólo parcialmente.

Con todo, algunos datos son contundentes. El peso de las rentas salariales en el PIB ha decrecido en casi 3 puntos (pasando del 49,8 % al 46,9 % entre 2008 y 2017). Es notorio poner en relación este dato con la tasa de asalarización a la que me he referido anteriormente, y que indica un aumento del peso de los asalariados de 1 %. Es decir, que una proporción mayor de personas activas se reparten una proporción sustancialmente inferior de la renta total.

La Encuesta de Condiciones de Vida, por su parte, es un buen indicador de esta degradación de los ingresos y las condiciones de vida de una parte de la población, con el aumento a lo largo del período del porcentaje de población en riesgo de pobreza (del 19,8 % al 22,5 %) y del que está en riesgo de pobreza y exclusión (que pasa del 23,8 % al 27,9 %). Este último indicador suma a la pobreza monetaria la exclusión del mercado laboral. Quizás tan significativo como estos datos resulta el análisis de la distribución de la renta que incluye la encuesta. La población se clasifica por deciles, el primer decil lo forman el 10 % de personas con menores ingresos, mientras que el 10º decil lo forman el 10 % de los que ganan más. Una cuestión interesante es analizar en qué cantidad de ingresos se producen los cortes. Cuando se consulta este dato se observa que para los 8 primeros deciles (80 % de la población) el punto de corte se produce a un nivel de ingresos sustancialmente inferior al de hace 8 años. Por ejemplo en 2008 el 10 % más pobre eran personas cuyos ingresos no alcanzaban los 6255 € al año; en la última entrega (2016) el corte se sitúa en 5297 €, o sea casi mil euros menos que hace ocho años. El porcentaje de reducción es mayor en los deciles inferiores, pero sólo en el 9 y el 10 el punto de corte es superior. Más pobreza y más desigualdad. La recuperación sólo funciona para unos pocos.

III

El impacto social negativo de las políticas aplicadas en la crisis es evidente. Y justifica las críticas a las políticas de austeridad. Pero sus autores mantienen una posición que los hace inmunes a las mismas: gracias a estas políticas se ha producido la recuperación y se han sentado unas bases sólidas para seguir creciendo y recuperar también empleo de calidad. Por eso conviene ver si realmente esta recuperación es realmente tan sólida, si se han aplicado reformas que han reforzado las estructuras productivas del país. Cuando empezó la crisis, la economía española mostraba enormes problemas que en el plano macroeconómico se concretaban en un tremendo déficit exterior y en un consiguiente endeudamiento externo.

El déficit exterior es un reflejo en parte de la estructura productiva de un país y de su estructura de consumo. Un país autárquico equilibrado permitiría satisfacer todas sus necesidades sin intercambio con el exterior. No hay evidencias de que tales países existan, pues la mayoría de países tienen relaciones con el exterior y el equilibrio refleja que el país produce una serie de bienes y servicios que vende en parte fuera para comprar en cambio aquello que no produce. En la práctica, muchos países no logran este equilibrio, y aquí nacen problemas para ellos mismos y para el conjunto de la economía mundial. Cuando empezó la crisis, España tenía un enorme déficit exterior, del orden del 6 % del PIB (básicamente debido al enorme desequilibrio en la balanza de bienes). En cambio, en los últimos trimestres existe un superávit superior al 2 %. Esto parece justificar a los que han defendido que el ajuste salarial era imprescindible para ganar competitividad y que el sacrificio salarial es la base de la recuperación.

Analizadas al detalle, las cosas son bastante más complejas. De una parte, el superávit se ha producido fundamentalmente por dos cuestiones: la enorme caída del precio del petróleo —el elemento más importante en la creación del déficit comercial—, y el fuerte aumento de los ingresos por turismo. Es cierto que se han producido mejoras en todos los sectores de especialización, y que ha aumentado el volumen de exportaciones. Pero esto puede deberse a múltiples causas: desde una reducción de importaciones de productos extranjeros más caros por la crisis al simple relanzamiento del mercado automovilístico, que constituye el principal producto de exportación, y cuya dinámica depende de las lógicas productivas de las grandes multinacionales del sector (y donde los costes salariales españoles ya eran sustancialmente inferiores antes de la crisis). Cuando se analiza la evolución de la estructura del PIB y del empleo no se advierte que se haya producido un cambio estructural profundo en el área productiva. El sector manufacturero ha seguido perdiendo empleo y peso. El turismo se ha reforzado en cambio como la gran “industria” nacional que nos convierte en un exportador de “materias primas” particular. Que la situación no ha cambiado mucho lo expresan los datos de la estructura del PIB: en los últimos trimestres, a medida que la recuperación se acelera, se está debilitando el superávit exterior y crece el déficit comercial. Cualquier aumento serio de los precios de los combustibles puede volver a generar enormes dificultades.

El otro gran problema era el elevado grado de endeudamiento de la economía española. Al inicio de la crisis, éste era fundamentalmente privado, de las familias y sobre todo de las empresas. Parte del ajuste, especialmente el plan de salvamento del sector financiero, consistió en transformar deuda privada en pública. Las cifras de deuda exterior (pública y privada) y de deuda pública ofrecen un panorama peligroso. Las cifras del segundo semestre de 2017 indican que la deuda exterior de España ha alcanzado un record en términos absolutos (1,91 billones de euros) y se sitúa ligeramente por debajo de su máximo histórico en términos relativos (un 170 % del PIB frente a un 174,6 % de máximo en 2010). Aún en términos netos (descontando los activos financieros españoles en el exterior) se sitúa en el 86,5 %, lo que supone un nivel de endeudamiento elevado. Si esta situación no se traduce en una grave tensión es fundamentalmente por la política monetaria del Banco Central Europeo, que ha generado una enorme liquidez y ha comprado ingentes cantidades de deuda. Pero un cambio en las políticas del BCE por cualquier tipo de razón puede poner a España en una situación de alta presión y en nuevas exigencias de ajustes insoportables. Por su parte, la deuda pública, tras los generosos planes de ayuda al sector privado, se sitúa en el torno del 100 % del PIB, sólo soportable en el contexto de bajos tipos de interés. Las políticas de austeridad no se han traducido en una reducción sustancial de la deuda, como se ha propugnado, sino todo lo contrario. El endeudamiento es endémico en el capitalismo actual por los desajustes que genera el modelo y por la enorme proliferación de mecanismos financieros que promueven su expansión.

No hay por tanto ninguna evidencia sólida que indique que realmente se ha producido un cambio en profundidad en el modelo productivo que justifique la promesa de una recuperación sólida que acabe con la pobreza y la precariedad. Son sólo circunstancias favorables —como el bajo precio de los combustibles, la política monetaria expansiva o el hiperdesarrollo turístico— las que han permitido generar una sensación de mejoría que, cuando menos, se presenta potencialmente inestable.

IV

La crisis económica de 2007 ha tenido graves costes sociales en nuestro país. Toda crisis los tiene, y las políticas aplicadas (en parte impuestas por los organismos internacionales, en parte promovidas gustosamente por las clases dirigentes locales) no han hecho más que agravar sus costes. Y han provocado cambios estructurales (como la reforma laboral, la liquidación de un sistema financiero para-público, los ajustes en servicios públicos básicos, la reforma inconclusa del sistema de pensiones…) que conducen a un modelo social de elevadas desigualdades y problemas recurrentes para enormes masas de población. No sorprende que, para algunos, la crisis sea vista como una cortina de humo para justificar estas políticas. Aunque sea un razonamiento inadecuado: la crisis es un producto normal del funcionamiento de una economía capitalista con tendencias al caos. Lo que ocurre es que una vez planteado el problema y el desastre, ha sido fácil para las élites aplicar las políticas más adecuadas a sus intereses (y más próximas al “sentido común” de sus intelectuales orgánicos).

La crisis, en gran parte resultado por el modelo de globalización neoliberal, curiosamente ha provocado un reforzamiento (con variantes) de la misma. En parte porque las élites no se han tenido que confrontar con una oposición que tuviera tanto fuerza social como ideas y proyectos mínimamente sólidos y estructurados. Veníamos de un largo período de derrotas y debilitamiento de los movimientos sociales, de las clases subalternas, y hemos sido incapaces de reconstruir a corto plazo una alternativa.

Lo más dramático es que, además de imponer medidas de un coste social brutal, no parece que las mismas hayan permitido superar los problemas macro y microeconómicos que están en la base de los problemas económicos convencionales de la economía española (desempleo, precariedad, déficit exterior, etc.). Y, por eso, las demandas de ajuste volverán a reaparecer en cuanto cambien los factores coyunturales que ahora dan un cierto respiro.

Cambiar el modelo productivo es más fácil de decir que de hacer en economías capitalistas, donde existen poderes económicos muy consolidados, donde las grandes empresas tienen dificultades para transformarse, donde las instituciones y poderes internacionales ejercen una presión desmesurada sobre las políticas locales… Y también en sociedades que han tratado de salir de la lógica capitalista y que tienen enormes dificultades para salir de sus viejas líneas de especialización, no sólo por la presión de los bloqueos externos. Y esta dificultad de cambio choca con la persistencia de problemas económicos de todo tipo: desequilibrios macroeconómicos, endeudamiento insoportable, paro, pobreza, desigualdad, degradación ambiental… Problemas que exigen transformaciones radicales. Transformaciones que demandan políticas bien pensadas, ideas y fuerzas sociales capaces de salir del marasmo en el que, digan lo que digan los voceros del poder, seguimos atrapados.

 

 

Unidad Popular: La Revolución Frustrada

por Antonio Calderón//

 
Hacia fines de los años sesenta en el cono sur de América comenzó un ascenso revolucionario de las luchas obreras y populares, que coincidió con el ascenso mundial de esos años. Este fue el telón de fondo de los procesos nacionalistas burgueses de Velasco Alvarado en el Perú, de Torres en Bolivia, de Allende y la Unidad Popular en Chile.
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¿A qué “género literario” pertenece El Capital de Marx?

por Manuel Sacristán//

«Leer El Capital», el título que Louis Althusser escogió hace unos tres años para presentar una colección de estudios, era una frase pensada provocativamente: como protesta contra la moda  del «joven Marx», contra la creciente tendencia a leer a Marx como puro filósofo. Pero «Leer El Capital»  es también problema dese otro punto de vista, fuera de apasionamientos por o contra una moda. Para evitar esos apasionamientos, y también por brevedad, el problema de la lectura de Marx se va a plantear aquí de forma no polémica.

Una de las características más peculiares de la literatura acerca de El Capital es la extremosidad de los juicios que suscita su lectura. Eso es muy sabido y no vale la pena insistir aquí sobre ello. Recordarlo era, empero, oportuno, porque ese clima característico de la lectura de Marx sugiere ya algo acerca de la naturaleza de la obra de éste.

Más interesante es, probablemente, considerar un momento el tipo de estimación de El Capital –mucho más deseoso de decencia objetiva académica- característico de los grandes autores que no pueden permitirse, por su personalidad científica, una apología directa del capitalismo a través de una refutación grosera del libro de Marx, ni, por otra parte, pueden prescindir tampoco, dada su posición de clase, de una apología indirecta de ese orden por medio de una sesuda justificación de la tesis de la caducidad de El  Capital. Schumpeter es, probablemente, la más alta autoridad de esta distinguida categoría. Pero no es bueno invadir el campo de otros especialistas, y, por otra parte, la mencionada y distinguida categoría de autores comprende también a prestigiosos filósofos con los cuales el firmante de esta nota puede entendérselas sin tanto riesgo de mala comprensión por insuficiencia técnica.

El filósofo Benedetto Croce, contemporáneo de Schumpeter y titular, por algún tiempo, del alto trono ideológico luego detentado en Europa por autores como Bergson Heidegger, ofrece un buen punto de partida. Su comunidad histórico-cultural con Schumpeter es, por otra parte, considerable: también Croce ha pasado por la experiencia de una dilatada lectura de Marx, también él decide pasar cuentas con Marx, también explica -a veces- el marxismo sobre la base de una (para él errada) sobrestimación de Ricardo, etc. Pero, sobre todo, Croce ha expresado de una manera típica el problema tomado en esta nota. Lo expresa, por supuesto, como antimarxista. En varios de sus libros, y principalmente en la Historia de la historiografía italiana del siglo XIX, Croce, en el marco de una crítica general del marxismo, señala como principal objeción a los escritos económicos de Marx, especialmente El Capital, el hecho de que esos textos no componen un tratado homogéneo de teoría económica -o de «economía política», como tradicionalmente se decía-, sino un conjunto de «cánones» o métodos para la interpretación del pasado, más unos cuantos análisis y proposiciones de forma propiamente teórica, más un impulso «profetice» o «elíptico» hacia otro tipo de sociedad, al que lleva la acción política.

Este tipo de crítica no puede reducirse directamente a la corriente propaganda según la cual El Capital ha caducado hace mucho tiempo como análisis de la realidad capitalista. Indirectamente sí que se mueve en el mismo sentido, pues esa crítica viene a decir: la ciencia económica ha conseguido ya formas de teoría pura -como la física o la biología- neutrales respecto de toda empresa o todo programa político-social; la obra de Marx, como la de Ricardo, es anterior a ese nivel teórico; luego es una obra caducada.

Algo hay que aprender de esa liquidación sutil de El Capital y, en general, de los escritos de la madurez de Marx. Hay que aprender algo de ella porque recoge un hecho, aunque sólo sea para convertirlo en eje de una apología indirecta del capitalismo. El hecho en cuestión está al alcance de cualquier lector sin prejuicios demasiado inconscientes: parece claro que la lectura de la mayoría de las páginas del Marx maduro -incluidas muchas de El Capital– da inmediatamente la impresión de que uno está leyendo otro tipo de literatura que el que tiene delante cuando lee un tratado de teoría económica o una monografía sobre algún problema económico. Y la diferencia no se puede explicar solo por factores ideológicos, esto es, por el hecho de que la mayoría de textos económicos, didácticos o de investigación, que uno lee aquí y ahora arraigan inequívocamente en la base y en la cultura burguesas. Esa explicación no basta, porque también se aprecia una gran diferencia de género de lectura entre gran parte de El Capital y las exposiciones de Lange, Strumilin o Dobb, por ejemplo, acerca del funcionamiento de economías socialistas. (Por esto también resulta tan incorrecto y confusionario el uso por Althusser de la palabra «teoría» para referirse a todos los escritos de la madurez de Marx.)

Las palabras no son tan inocentes como pueden parecerlo. Las palabras por lo pronto, no van nunca -o no cuentan nunca- solas, sueltas: cuentan sólo en unas estructuras, los lenguajes (cotidianos o técnicos), que se presentan y funcionan como reproducción elemental e implícita de la realidad, porque son ellos mismos la articulación de conceptos más general con que los hombres perciben y piensan la realidad. Una de esas estructuras -la que aquí interesa- es la formada con los términos técnicos que son nombres de las  actividades intelectuales, los nombres de las ciencias, las teorías parciales las técnicas, las artes, etc. Su conjunto estructurado puede llamarse -usando una palabra clásica en metodología- sistemática del trabajo intelectual- sistemática del trabajo intelectual responde, en última instancia, a la división de ese trabajo, y en este sentido tiene una racionalidad: esa racionalidad justifica, por ejemplo, la creciente formación de neologismos para nuevas especialidades, etc. Pero como toda racionalidad lo es respecto de un sistema (o, a lo sumo respecto de un conjunto o una sucesión de sistemas), no puede sorprender el que esa racionalidad básica sirva ideológicamente como instrumento para cerrar la sensibilidad de los hombres que viven dentro de un sistema social respecto de producciones intelectuales que rompan de algún modo la sistemática del orden dado. Es frecuente entonces oír o leer críticas a esas producciones por confusas, acientífícas, no-artísticas, etc. Un ejemplo típico en otro terreno es la vieja negación del carácter artístico-teatral de la obra de Bertolt Brecht, o de una parte de ella (las piezas didácticas).

Se sugiere aquí que ése es también el caso de la crítica que podría llamarse «formal» o «metodológica» de los escritos de la madurez de Marx: efectivamente no entran en la sistemática intelectual de la cultura académica contemporánea, y efectivamente se equivoca Althusser al llamarlos simplemente «teoría». El «género literario» del Marx maduro no es la teoría en el sentido fuerte o formal  que hoy tiene esta palabra. Pero tampoco es –como querría Croce– el género literario de Ricardo. Y ello porque Ricardo no se ha propuesto lo que esencialmente se propone Marxfundamentar y formular racionalmente un proyecto de transformación de la sociedad. Esta especial ocupación -que acaso pudiera llamarse «praxeología», de fundamentación científica de una práctica- es el «género literario» bajo el cual caen todas las obras de madurez de Marx, y hasta una gran parte de su epistolario. Por ello es inútil leer las obras de Marx como teoría pura en el sentido formal de la sistemática universitaria, y es inútil leerlas como si fueran puros programas de acción política. Ni tampoco son las dos cosas « a la vez», sumadas, por así decirlo: sino que son un discurso continuo, no cortado, que va constantemente del programa a la fundamentación científica, y viceversa.

Es obvio -y desconocerlo sería confundir la «praxeología» marxiana con un pragmatismo- que esa ocupación intelectual obliga a Marx a dominar y esclarecer científicamente la mayor cantidad de material posible y, por lo tanto, que siempre será una operación admisible y con sentido la crítica meramente científica de los elementos meramente teóricos de la obra de Marx. Como también lo es la operación que consiste en continuar, completar y desarrollar los aspectos puramente teóricos de esa obra (como hizo Hilferding), o el conjunto de su praxeología (como hizo Lenin). Lo único realmente estéril es hacer de la obra de Marx algo que tenga por fuerza que encasillarse en la sistemática intelectual académica: forzar su discurso en el de la pura teoría, como hizo la interpretación socialdemócrata y hacen hoy los althusserianos, o forzarlo en la pura filosofía, en la mera postulación de ideales, como hacen hoy numerosos intelectuales católicos tan bien intencionados como unilaterales en su lectura de Marx.

Sugerida esa lectura de la obra madura de Marx, hay que añadir una advertencia para impedir, en la medida de lo posible, que la concisión, siempre involuntariamente tajante y categórica, sugiera también un despreció de la teoría pura, formal: la actitud de Marx, la actitud que aquí se propone llamar «praxeológica», ante la teoría pura no es ni puede ser de desprecio o ignorancia. La relación entre el «género literario» praxeológico y el de la teoría pura (en sentido fuerte o formal) no es de antagonismo, sino de supraordinación: para la clarificación y la fundamentación de una práctica racional la teoría es el instrumento más valioso, aparte de su valor no instrumental, de conocimiento. Marx lo ha sabido muy bien –todavía hoy admira su erudición- y eso hace de él, precisamente, una figura única en la galería de los grandes revolucionarios de la historia.

Muy probablemente el planteamiento más académico de esta cuestión consistiría en tomarse en serio el subtítulo de El Capital: «Crítica de la Economía Política». Una interesante tesis doctoral en Economía (en Historia de las doctrinas económicas) podría proponerse tomar en serio esa «interpretación autentica», como dicen los filólogos y los juristas, o sea, esa autointerpretación de Marx: podría estudiar en qué medida parafrasea la Crítica de la razón pura de Kant -y se podría apostar, como hipótesis inicial, que la parafrasea intencionalmente, aunque a través del «hegelianismo de izquierda»-; podría luego estudiar en qué medida eso supone que Marx no piensa estar haciendo Economía Política, sino otra cosa (su crítica) al modo como Kant no estaba haciendo «razón pura» tradicional (metafísica) sino otra cosa, sin abandonar por ello la temática cuya concepción tradicional critica, etc. Quede esta sugestión para algún estudioso de economía aficionado a la historia ideológica de su disciplina.

 (fechado en torno a 1968, publicado en el nº 66 de la revista Mientras Tanto en 1996, e incluido en el libro Escritos sobre El Capital (y textos afines))

Miles Davis: Blue Moods

Miles Davis, trompeta; Britt Woodman , trombón;Charles Mingus, contrabajo; Teddy Charles, vibráfono; Elvin Jones, batería.

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A1 Nature Boy – 6:14
A2 Alone Together – 7:17
B1 There’s No You – 8:06
B2 Easy Living – 5:03
 
Grabado en el Van Gelder Studio, Hackensack, New Jersey, 9 de julio de 1955.
 
La breve duración del trabajo, 26 minutos, una pieza legendaria de auténtico cool-jazz, obedece a una razón técnica y artística: la mayor profundidad y ancho de los surcos del disco, de forma de contener las bajas frecuencias del contrabajo que pasa en esta época de un instrumento rítmico a armónico. Son las primeras expresiones de la alta fidelidad.
 
Recomendamos escucharlo a oscuras, en noches de luna portuaria.
 
EP

Crítica a Federici: de la quema de brujas al trabajo productivo

por Guillem Murcia//

A Silvia Federici se la conoce por su conjugación del análisis marxista y feminista en su obra, con un énfasis en el fenómeno de la (así llamada por Marx) “acumulación primitiva” y la subyugación de las mujeres dentro de las sociedades capitalistas. Vaya por delante que una aportación que intenta incluir la perspectiva feminista en el análisis marxista es, en mi opinión, algo muy meritorio. Si podemos definir feminismo en un sentido amplio como el estudio de las causas, mecanismos y efectos de la desigualdad de las mujeres y hombres, y como la práctica/movimiento que busca la igualdad entre mujeres y hombres, parece claro que una situación de desigualdad evidente en muchos aspectos de la sociedad actual no puede ser ajena a una tradición teórica como el marxismo que busca analizar y cambiar esta misma sociedad: la desigualdad material, la desproporcionada presencia de precariedad laboral en las mujeres trabajadoras, la violencia de género o sexual, la mayor probabilidad de sufrir el trabajo a tiempo parcial no deseado, la posibilidad de ser víctimas de tráfico por redes de prostitución o de verse como meros objetos comerciales en la reciente iniciativa por legalizar el alquiler de vientres son algunos de un sinfín de problemáticas que afectan exclusiva o desproporcionadamente a las mujeres.

Pero precisamente el que ésta sea una empresa meritoria y el respeto a la validez intelectual de quien hace aportaciones a ellas conlleva que se puedan realizar críticas a estas aportaciones igual de serias que las que se hacen en otros temas. Lo contrario sería paternalismo (pensar que es un tema en el que hay que tener permisividad) o una falta preocupación por la cuestión. En Federici en concreto hay dos aspectos que me parecen problemáticos cuando valoramos la utilidad de su obra.

La caza de brujas

El primero de ellos es una cuestión relativamente directa e histórica, que sustenta la argumentación de su obra “Calibán y la Bruja”. En este libro, Federici viene a desarrollar un análisis que fundamenta el surgimiento del modo de producción capitalista en la esclavización de nativos de tierras coloniales y al saqueo de éstas por parte de poderes imperiales (aclara que la trata de esclavos “fue una desgracia para los trabajadores europeos” p. 160), y en la separación de las mujeres de la esfera del trabajo productivo.

La primera cuestión es poco controvertida y es justamente la que toca Marx en el primer tomo de El Capital. En la segunda, Federici identifica como conditio sine qua non para el surgimiento y mantenimiento del modo de producción capitalista el aprisionamiento de las mujeres en el plano del trabajo reproductivo: el cuidar del hogar del varón, criar y educar a sus hijos, etc. sobre el que volveremos más adelante. La cuestión histórica aquí está en que en este proceso de destierro de las mujeres al ámbito del trabajo reproductivo Federici adscribe un papel fundamental a oleada de quema de brujas que asoló Europa y América del Norte entre los siglos XV y XVIII. Para ella, esta fiebre de caza de brujas tuvo una serie de efectos no sólo importantes, sino imprescindibles para el surgimiento del modo de producción capitalista. Así:

Se conjugó con el retrato de las mujeres como seres salvajes, “mentalmente débiles, rebeldes e insubordinadas”, lo cual abrió el camino para que durante la Revolución Industrial la visión se revirtiera, al considerárselas ahora relegadas al campo del trabajo reproductivo y por tanto “seres pasivos, asexuados, más obedientes y moralmente mejores que los hombres” (p. 160), es decir, el paradigma de la “buena esposa”.

Enfrentó a los proletarios (categoría con la que engloba a la población común en general) entre sí, en base a su género al hacer creer a los hombres que las mujeres eran seres temibles capaces de destruir al sexo masculino. Esta propaganda “separó a las mujeres de los hombres”; según la autora, “no hay duda de que los años de propaganda y terror sembraron entre los hombres las semillas de una profunda alienación psicológica con respecto a las mujeres, lo cual quebró la solidaridad de clase y minó su propio poder colectivo” (págs. 259-261).

Se fundamentaba en el ataque al pensamiento mágico a fin de pavimentar la vía hacia la disciplina de trabajo capitalista. Así, la “magia” era un obstáculo que “impedía la normalización del proceso de trabajo” porque se apoyaba en una “concepción cualitativa del espacio y del tiempo” (p. 195). Para Federici, esta concepción del cosmos que atribuía poderes especiales al individuo era incompatible con la disciplina del trabajo capitalista, ya que atribuía poderes “impredecibles” a sus practicantes, amén de admitir la posibilidad de que estableciera una relación privilegiada con los elementos naturales y la existencia de poderes a la que sólo algunos individuos tenían acceso (p. 238). La permisividad que existe en la actualidad para con la magia cotidiana es explicable para la autora porque ya no supone una amenaza a la disciplina laboral capitalista, que es dominante.

Estos elementos llevan a pensar al lector de “Calibán y la bruja” que la caza de brujas fue, como señalaba anteriormente, una pieza clave del desarrollo histórico de las sociedades occidentales que desembocó en el surgimiento del modo de producción capitalista. No fue un suceso histórico más o menos relevante, sino que fue esencial, paso previo y necesario para que surgiese el modelo económico en el que todavía nos hallamos inmersos, al encargarse de asignar a las mujeres un lugar en la reproducción del mismo (como buenas esposas y madres, imponiendo una “maternidad forzosa”, pág. 145), debilitar la solidaridad de clase (enfrentando a los proletarios entre sí, haciendo que una mitad desconfiase de la otra) y disciplinar a una población que desconocía hasta entonces la dinámica laboral capitalista (minando el “pensamiento mágico” que hubiese podido suponer un freno a la misma).

El problema que veo aquí es que para sostener la caza de brujas como clave de bóveda de transición hacia el modo de producción capitalista, los datos históricos que sustenten su desarrollo, alcance y magnitud deben estar muy claros. Federici otorga a este suceso histórico el rol de disciplinar a la mitad de la población trabajadora en el rol de reproductoras del capitalismo, algo que en mi opinión resulta interesante y a priori hasta razonable, puesto que puede servir para analizar con más detalle el origen y las causas de muchas problemáticas que, como señalaba al principio, afectan o exclusiva o desproporcionadamente a mujeres.

Y sin embargo, cuando uno busca los detalles de la magnitud de la caza de brujas a la que Federici otorga un papel tan crucial en el desarrollo histórico de este germen del capitalismo, Federici (pág 221-222) primero aclara que cree que los historiadores (incluso los marxistas, a los que se les presupondría un carácter más crítico) han olvidado el tema, “como si careciera de importancia para la lucha de clases”. E inmediatamente después afirma que las “dimensiones de la masacre” llegarían a suponer que “en menos de dos siglos cientos de miles de mujeres fueron quemadas, colgadas y torturadas”. Cuando leemos la nota al pie de página que acompaña este fragmento, en búsqueda de fuentes, encontramos lo siguiente:

“¿Cuántas brujas fueron quemadas? Se trata de una pregunta controvertida dentro la investigación académica sobre la caza de brujas, muy difícil de responder, ya que muchos juicios no fueron registrados o, si lo fueron, el número de mujeres ejecutadas no viene especificado. Además, muchos documentos, en los que podemos encontrar referencias a los juicios por brujería, aún no han sido estudiados o han sido destruidos. En la década de 1970, E. W. Monter advirtió, por ejemplo, que era imposible calcular la cantidad de juicios seculares a brujas que habían tenido lugar en Suiza puesto que frecuentemente éstos sólo venían mencionados en los archivos fiscales y estos archivos todavía no habían sido analizados (1976: 21). Treinta años después, las cifras siguen siendo ampliamente discrepantes.

“Mientras algunas académicas feministas defienden que la cantidad de brujas ejecutadas equivale a la de judíos asesinados en la Alemania nazi, Anne L. Barstow —a partir del actualizado trabajo de archivos— puede justificar que aproximadamente 200 000 mujeres fueron acusadas de brujería en un lapso de tres siglos, de las que una cantidad menor fueron asesinadas. Barstow admite, sin embargo, que es muy difícil establecer cuántas mujeres fueron ejecutadas o murieron por las torturas que sufrieron.

“Muchos archivos [escribe] no enumeran los veredictos de los juicios […] [o] no incluyen

a las muertas en presidio […] Otras llevadas a la desesperación por la tortura se suicidaron en la celda […] Muchas brujas acusadas fueron asesinadas en prisión […] Otras murieron en los calabozos por las torturas sufridas. (Barstow: 22-3) Tomando en cuenta además las que fueron linchadas, Barstow concluye que al menos 100 000 mujeres fueron asesinadas, pero añade que las que escaparon fueron “arruinadas de por vida”, ya que una vez acusadas, “la sospecha y la hostilidad las perseguiría hasta la tumba” (ibidem)”.

No parece que la nota respalde en absoluto la afirmación de Federici que situaría la cifra de mujeres víctimas de la caza de brujas en, como mínimo 200 000. No sabemos tampoco quienes son “algunas académicas feministas” que comparan la cifra de mujeres víctimas de la caza de brujas con la del exterminio nazi de los judíos pero, tal y como señalan en este hilo sobre la obra en Libcom, parece razonable suponer que una cifra de seis millones de muertes, habría dejado huella histórica que facilitara corroborarla: fosas comunes, restos humanos, registros, etc. Estamos hablando de que en la Europa del S.XVI, con una población de 70 millones, casi una de cada cinco mujeres habrían muerto en estas persecuciones.

Federici cita la obra de Anne L. Barstow, “Witchcraze: a New History of the European Witch Hunts” (Barstow 1994)⁠. Según Google Books, la obra narra el exterminio de “más de siete millones de mujeres de espíritu e inteligencia bajo la fachada de cazas de brujas en Europa”, aunque otro resumen muestra una versión diferente al afirmar que “durante tres siglos, aproximadamente cien mil personas, la mayoría de las cuales fueron mujeres, murieron bajo la mascarada de cazas de brujas, particularmente en la Europa de la Reforma”. Desconozco si los resúmenes pertenecen al libro, si se contradicen entre sí, o si ambas cifras se hallan en la obra corresponden a periodos o ámbitos geográficos distintos (y de ahí la disparidad). Otros estudiosos del tema, como Malcom Gaskill, estiman la cifra de víctimas de la caza de bruja entre 40 000 y 50 000 (Gaskill 2010), aclarando que en general sólo la mitad de las que eran sometidas a juicios bajo estas acusaciones acababan siendo condenadas (aunque esta proporción variaba mucho según el país; en Escocia llegaba al 80 % y en la caza de brujas de mayor magnitud que se dio en España, de 1900 acusadas sólo 11 fueron condenadas). Por supuesto estos números más reducidos que los asumidos por Federici no significan que el fenómeno no fuera horrible o que no estuviese entrelazado con cuestiones de misoginia, sexismo o persecución de las mujeres. Pero en ningún momento parece que las cifras se aproximen a las que Federici da por sentadas y que sirven para justificar la magnitud y por tanto la importancia del suceso histórico con respecto a la transición al capitalismo.

La cuestión del “pensamiento mágico” es un tema aparte, ya que hunde sus raíces en el libro “Wiches, Midwives and Nurses” de Barbara Ehrenreich y Deirdre English (Ehrenreich and English 2010), que defendía la centralidad de la condición de comadronas y sanadoras tradicionales de muchas de las mujeres víctimas de las cazas de brujas. La idea detrás del libro sería que la Iglesia y el Estado habrían buscado quebrantar el enorme poder y respeto que ejercían estas mujeres, acusándolas de brujas y mancillando su reputación. Esto habría desembocado en la devaluación del rol social de la mujer. Como he mencionado, Federici vincula esto con el desarrollo surgimiento del capitalismo, al señalar que el “pensamiento mágico” del que estas mujeres eran símbolo y faro, chocaba frontalmente con la necesaria disciplina de trabajo capitalista. La idea que desarrolla Federici en el texto (pág. 197) es, en resumen, que el la lógica capitalista necesita de un mundo inmutable y regular a fin de poder realizar su cálculo de probabilidades y por tanto anticiparse al futuro (imagino que aquí ella ubicaría el cálculo de futuros beneficios, riesgos empresariales, etc.). La magia sería una llave inglesa en las tuercas de esa lógica, un elemento que la dinamitaría, puesto que introduciría el azar, el caos y la imprevisibilidad y la indeterminación, y por tanto insubordinación ante la idea de que es necesario ir a trabajar al sitio X durante un número Y de horas.

La idea de que resultaba útil para el inicio del capitalismo el quebrantar una figura que encarnaba un espíritu pre-capitalista más libre e intuitivo suena plausible. Si además esta figura era mayoritariamente femenina, y se defiende que no sólo se atacó para desacreditarla, sino que se luchó para transformarla de sanadora y comadrona respetada en bruja aborrecida por la población, las piezas del puzzle parecen encajar: se trata de uno de esos pasos que Federici escribe que se darían a fin de subyugar a las mujeres a un puesto en la reproducción del orden capitalista. El problema es que los datos históricos no parecen apoyarla. En realidad según la historiadora Diane Purkiss no hay pruebas de que la mayoría de las acusadas de brujería fuesen sanadoras o comadronas y era más probable encontrar a las comadronas inglesas (y de algunos países continentales) ayudando a los cazadores de brujas en sus acusaciones a otras mujeres que como víctimas (Purkiss 2013). Y según el historiador de la medicina David Harley (no confundir con el famoso geógrafo), el ser una comadrona reducía las probabilidades de ser acusada de brujería (Harley 1990).

Trabajo productivo, improductivo y reproductivo

Creo que lo expuesto hasta ahora hace difícil defender algunos hechos y datos que Federici da por sentado en “Calibán y la Bruja”, y por tanto revela que los cimientos de su idea central son un poco más inestables de lo que pudiera parecer a primera vista. Sin embargo, no creo que deslegitime las ideas de esa obra. Supongo que es posible reformular lo que defiende en el libro incluso apoyándose en una revisión de los hechos. Por hacer una analogía: si uno piensa que existe una relación entre las ejecuciones durante una guerra y el clima de terror desatado para una posterior represión, el que se revisen las cifras de muertos en esa ejecución no necesariamente invalida la idea de que se buscase y consiguiese ese mismo clima de terror; podría defenderse que el efecto de un número más bajo pero más publicitado de ejecuciones consiguió el mismo efecto, por ejemplo.

Cuestión distinta es la crítica que realiza Federici a Marx en su “Revolution at point zero : housework, reproduction, and feminist struggle”. En la obra, Federici lanza un torpedo a la línea de flotación de buena parte del argumentario marxista que, si bien no la invalida por completo (hasta donde yo sé, tanto Federici como muchos de sus seguidores se consideran o marxistas o simpatizantes), sí que exigiría revisiones muy profundas del aparato conceptual del alemán. En concreto, me refiero a cuando afirma que (pág. 92):

“En el centro de esta crítica se halla el argumento de que el análisis del capitalismo de Marx se ha visto limitado por su incapacidad de concebir el trabajo productor de valor de otra forma que no sea la producción de mercancías y su consiguiente ceguera a la importancia del trabajo reproductivo de las mujeres en el proceso de acumulación capitalista. Ignorar este trabajo ha limitado la comprensión de Marx del auténtico alcance de la explotación capitalista y la función del salario en la creación de divisiones en la clase trabajadora, empezando por la relación entre mujeres y hombres. Si Marx hubiera reconocido que el capitalismo debe descansar tanto en una cantidad ingente de trabajo doméstico para la reproducción de la fuerza de trabajo, y la devaluación de estas actividades reproductivas a fin de rebajar el coste de la fuerza de trabajo, podría haber sido menos proclive a considerar el desarrollo capitalista como inevitable y progresista” (Federici 2012)⁠.

La crítica de Federici se dirige a la presunta incapacidad de Marx de evaluar uno de los aspectos cruciales para el mantenimiento de una economía capitalista: la reproducción de la fuerza de trabajo. Debido a que Marx basó buena parte de su obra, El Capital, alrededor de la centralidad del concepto de valor y plusvalor, sobre el cual se fundamenta su teoría de la explotación y la famosa Ley del Descenso Tendencial de la Ganancia. La lógica sería la siguiente: si no existe modo de producción capitalista sin reproducción de la fuerza de trabajo, y este trabajo (“reproductivo”) es realizado mayoritariamente por las mujeres, las mujeres también están siendo explotadas por el capitalismo, no sólo en tanto trabajadoras cuando el capitalista invierte dinero en pagarles a fin de ponerlas a trabajar, sino también como mujeres al estarles asignadas un lugar en la crianza, el cuidado y el mantenimiento de esa misma fuerza de trabajo.

 El “lugar” metafórico que ocuparían las trabajadoras en el capitalismo sería un lugar tanto como trabajadoras (en la producción) como de madres/esposas (de reproducción). Y este lugar metafórico se correspondería con un lugar físico: habitualmente el hogar, donde las mujeres cuidarían, limpiarían y cocinarían para sus maridos, pero también parirían, alimentarían y criarían a sus hijos. Todo este “trabajo doméstico no pagado” (en palabras de Federici) sería una super-explotación de las mujeres, una verdadera clave de bóveda de la reproducción del orden capitalista que Marx, por ignorancia, ceguera o sesgo, no habría sido capaz de ver.

A priori, la crítica parece razonable. Federici trata un tema que está en el centro de los roles de género en las sociedades, no sólo occidentales, sino en todo el globo: la asignación a las mujeres de las tareas de cuidados del hogar y crianza de los hijos, lo cual en muchos casos tiene vertientes en la estructura de clases y las desigualdades de género (como por ejemplo en la mayor proporción de mujeres en trabajo parcial).

 Entonces ¿dónde está el error de Federici? Gilles Dauvé dice que en realidad Federici elabora una teoría de las amas de casa y no de las mujeres (Dauvé 2015). Para el francés, la teoría deja de ser aplicable en los casos de mujeres que no cuiden de ningún familiar, o en aquellos en los que los hombres trabajadores vivan solos y por tanto no estén dependiendo de “super-explotar” a una mujer (pone el ejemplo de millones de asiáticos que dejan a sus familias para ir a trabajar durante largas temporadas en Oriente Medio). Pero esta crítica creo que no es demasiado contundente porque incluso aunque sea cierta en un sentido estricto, ello no invalida el hecho de que el rol de género asignado tradicionalmente a las mujeres es el de los cuidados y la crianza: aunque no se dé en todos los casos, es innegable que ha sido una característica histórica y que pervive en buena medida, y quizás la explicación de Federici sirve para explicar por qué esto ha sido así.

El problema con la argumentación de Federici es que simplemente, enturbia el significado de los términos y acaba criticando a Marx, no por algo que dijo o hizo, sino por no hacer algo que según ella debería haber hecho. Cuando Federici dice que “el análisis del capitalismo de Marx se ha visto limitado por su incapacidad de concebir el trabajo productor de valor de otra forma que no sea la producción de mercancías” está obviando el hecho de que en el marco teórico empleado por Marx en El Capital, la única producción de valor se deriva de la producción de mercancías. Esto no quiere decir que Marx no reconociera que hay numerosos objetos o servicios que pueden ser útiles para las personas y no ser mercancías, puesto que para ello es importante diferenciar valor de uso y valor, dos conceptos clave. Veamos el motivo y por qué esto hace que la crítica de Federici sea inválida.

Por qué Federici dispara sin apuntar

Una de las confusiones más frecuentes dentro del progresismo acerca de la tradición marxista es pensar que en El Capital, Marx pretendía explicar “todo sobre el capitalismo”. Así, algunos autores progresistas parecen mantener El Capital en la estantería como una suerte de libro sagrado que busca explicar todo lo que existe en las sociedades capitalistas. A la vez, y de forma contradictoria, suelen hacer poca referencia a sus conceptos centrales, prefiriendo el uso de citas aisladas, o de entronizarlo (y encuadrar a los que sí que se empeñan en insistir en ciertas ideas clave del texto como “ortodoxos”, “fosilizados” en contraposición a ellos, que serían librepensadores no limitados por corsés ideológicos). Esto mantiene El Capital rodeado de un aura mística: un libro enorme, complicado y confuso, obra de un señor con barba hace mucho tiempo, que contiene verdades reveladas, secretos del capitalismo. Y a su vez, desemboca en la desafortunada consecuencia de desanimar a la gente que podría leerlo y debatirlo, porque ya hay “expertos” que hablan del tema y lo entienden mejor que ellos. Contra esta actitud, el mejor antídoto es coger El Capital de la estantería y abrirlo, aunque sea para ver qué decía el autor, en sus propias palabras.

 Así se puede ver que en el mismísimo primer capítulo de El Capital distingue entre valor de uso (la utilidad que tiene un bien o un servicio para las personas, y que es condición sine qua non para que un bien o servicio sea una mercancía) y valor (la cantidad de trabajo socialmente necesaria dado un contexto social determinado, a fin de producir una mercancía y que servirá de fundamento último de otros dos elementos, valor de cambio con respecto a otras mercancías, y precio) (Marx 1986). Si bien el concepto de valor de uso es por tanto importante, no es el principal objeto de estudio de Marx ni de muchos de los economistas que han seguido su estela. A primera vista puede parecer absurdo que no sea el principal objeto de estudio (¡maldito Marx! ¿De que nos sirve estudiar la economía si no podemos entender cómo se genera la riqueza?). Esto se entiende mejor si se considera que se está analizando el modo de producción capitalista (MPC) y que éste no busca producir valores de uso para las personas como objetivo último, sino valor, a secas. O más concretamente, decimos que busca producir valor en una magnitud que exceda el que se retribuye al trabajador por la compra de su fuerza de trabajo: plusvalor. Ciertamente, al producirse valor mediante la producción de mercancías, también, por necesidad, se están produciendo valores de uso (puesto que como mencionábamos, el primer capítulo de El Capital ya apunta a estas dos cara de la mercancía: la del valor de uso y el valor).

Con un ejemplo se puede ver claramente: en febrero de 2009, durante la Gran Recesión, la producción automovilística en España se redujo en un 47,6 % respecto al año anterior. Si pensásemos que el MPC busca producir riqueza para las personas, como a menudo nos repiten muchos de sus más entusiastas defensores, esto no tendría sentido alguno. ¿Es que la gente dejó de verle utilidad a los coches? ¿Se incrementó el uso del transporte público de forma repentina por una concienciación masiva de los efectos contaminantes y sobre el cambio climático de los automóviles? No. Los fabricantes de coches (o de cualquier otra mercancía) no buscan producirlos para que tú puedas tener uno y hacer uso del mismo. Buscan obtener beneficios. Por supuesto, esos beneficios dependen en buena medida de que hagan un coche que puedas disfrutar. Pero lo que les interesa no es, de nuevo, la utilidad que tú obtengas del uso del vehículo, sino los beneficios. Y si de alguna forma pudiesen engañarte para venderte un coche defectuoso y que se cayera a pedazos por el mismo precio, aumentando su margen de beneficios de forma astronómica, lo harían. Lógicamente, el entramado legal en el que se mueve la economía (la existencia de derecho del consumidor, etc.) sirve de dique contra este tipo de abusos, pero no niega que la lógica subyacente es ésa. Se podría usar por tanto la metáfora de que el MPC es un modo de producción cuyo motor es la producción de mercancías, de valor, y su savia, el flujo de beneficios. Cuando en la tradición marxista se habla de la contradicción, o el antagonismo que encierra la mercancía, es porque contiene esos dos elementos: valor de uso (que es lo que como seres humanos buscamos, obtener una utilidad de bienes o servicios, disfrutar de la riqueza que constituyen) y valor (que es lo que busca el capitalista, aquel que invierte capital en el proceso de acumulación y al cual todo lo demás se le presentará como mero trámite para alcanzarlo, tu disfrute de la mercancía incluido). Y estos dos elementos entran en conflicto por ejemplo en el momento en que mediante la incesante búsqueda de mayor generación de valor, la competición entre capitalistas acaba por generar cortocircuitos en todo el proceso de producción (crisis) y por tanto disfunciones y problemas a la hora de producir bienes y servicios que podamos disfrutar las personas.

Pero volvamos a Federici: como hemos visto, no es que Marx fuera incapaz “de concebir el trabajo productor de valor de otra forma que no sea la producción de mercancías”, es que pensaba que el MPC descansaba de forma fundamental sobre la producción de mercancías, que para él era la producción de valor, que era lo que estudiaba. Es lo que él denominaba “trabajo productivo”. La crítica que Federici lanzaría sobre esta explicación es que Marx estaría padeciendo una ceguera ante otro tipo de trabajo, el “trabajo reproductivo”, igualmente necesario para el sostenimiento del MPC y que para Marx, sin embargo, sería “improductivo”. Al fin y al cabo, si no nacen y se crían trabajadores, no va a haber nadie que fabrique los coches, por muy rentable que sea hacerlo. Como ella afirma (pág. 29):

“Desde Lenin pasando por Gramsci hasta Juliet Mitchell, la tradición izquierdista al completo se ha puesto de acuerdo en la marginalidad del trabajo doméstico para la reproducción del capital y la marginalidad de la ama de casa a la lucha revolucionaria. […] Nuestro problema, al parecer, es que el capital ha sido incapaz de llegar hasta nuestras cocinas y dormitorios, con la doble consecuencia de que supuestamente permaneceríamos en un estadio precapitalista feudal, y de que cualquier cosa que hagamos en nuestros dormitorios es irrelevante para el cambio social. […] El por qué el capital permitiría sobrevivir a tanto trabajo no rentable, tanto trabajo no productivo es una pregunta que la izquierda nunca se formula, siempre confiando en la irracionalidad e incapacidad de planificar del capital” (Federici 2012)⁠ .

Una de los detalles que más a menudo suelen caer en el olvido de El Capital es algo que está en su mismo título completo, el que lee “El Capital: Crítica de la Economía Política”. Durante la obra Marx cita, a veces con deferencia y otras veces con una pluma crítica, a economistas clásicos como los famosos Adam Smith, Jean-Baptiste Say y David Ricardo y más. La clave aquí está en entender que la distinción de trabajo productivo/improductivo de Marx es una modificación del concepto, extraído de la economía clásica y adaptado a su marco teórico, y no implica aprobación o desaprobación alguna. Es simplemente una categoría que define el trabajo que es productivo para el capital. El propio Marx dice:

 “Un maestro de escuela será productivo no sólo cuando elabora las mentes de los niños, sino cuando moldea su propio trabajo para enriquecer al empresario. El que este último haya invertido su capital en una fábrica de enseñanza en vez de en una fábrica de salchichas no cambia en nada la relación” (Marx 1986).

Como se puede ver, Marx distingue entre trabajo productivo para el capital (trabajo que produce valor) y trabajo improductivo (el que no produce valor), porque está interesado en el concepto de valor y cómo éste tiene implicaciones importantes para analizar la dinámica de las economías capitalistas. Como explica Mick Brooks, un trabajador que produce misiles capaces de obliterar ciudades enteras para un contratista de defensa privado es un trabajador productivo. Los enfermeros y las médicas que salvan la vida de pacientes en un hospital público, no (Brooks 2005). Cuestión aparte sería la clase social a la que todas esas personas pueden pertenecer, ya que si no pueden mantenerse a sí mismos por encima de un nivel por debajo de la subsistencia a menos que tengan que trabajar, en mi opinión son trabajadores. Pero la ubicación específica en el MPC diferirá en base a si realizan trabajo productivo o no. Es cierto que la expresión nos puede sonar extraño en la actualidad, ya que acostumbrados a los mensajes de disciplina, asociamos el epíteto de “improductivo” como casi una amenaza. Pero de nuevo: esto no es una valoración o desaprobación de su trabajo, sino simplemente una categoría que es útil para explicar fenómenos de la economía capitalista, puesto que de acuerdo a la metáfora empleada anteriormente, el motor del MPC es la producción de valor y su savia vital, los beneficios.

Hemos visto que el valor en Marx es un concepto específico que se aplica con un sentido concreto y por tanto que no era “incapaz” de verlo en otros aspectos, sino simplemente que esos aspectos no entraban en la definición que él le daba en su marco teórico. También que la distinción entre “trabajo productivo” e “improductivo” es una categoría también relacionada con el concepto de valor y por tanto su uso sigue de esa lógica. Pero a Federici le queda una última bala en la recámara. En la página 93 escribe:

“Marx ignoró la existencia del trabajo reproductivo […] aún cuando exploró de forma meticulosa la dinámica de la producción de hilo y la valorización capitalista, fue escueto cuando trata la cuestión del trabajo reproductivo, reduciéndolo al consumo de los trabajadores de las mercancías que sus salarios podían adquirir y al trabajo que la producción de dichas mercancías requería. En otras palabras, como en el esquema neoliberal, en la versión de Marx, todo lo que se necesita para (re)producir la fuerza de trabajo es la producción de mercancías y el mercado. Ningún otro trabajo interviene para preparar los bienes que los trabajadores consumen o para restaurar física y emocionalmente su capacidad de trabajar. No hay diferencia entre la producción de mercancías y la producción de la fuerza de trabajo. Una línea de ensamblaje produce ambas” (Federici 2012).

Dicho de otra forma: bien, es posible que todo el tema de la producción de valor y de trabajo productivo tengan una lógica interna en el marco teórico de Marx. Pero su error reside en no ver que el MPC necesita del trabajo reproductivo de las mujeres que conscientemente elige ignorar. Como si fuera un economista burgués, deja fuera del ámbito de estudio el trabajo que realizan las mujeres. Por ejemplo: preparar el desayuno, comida y cena para que el trabajador pueda llegar al trabajo con fuerzas suficientes para apretar las tuercas o impartir las clases. O parir y educar a sus hijos para que no llegue exhausto al día siguiente por no haber dormido y a la vez, haya unos trabajadores el día de mañana que le puedan sustituir en el centro de teleoperadores o el bar. El que Marx cayera en esta omisión exhibe una fragilidad importante de todo su marco teórico expuesto en El Capital.

El problema es que, de nuevo, esto es simplemente incorrecto. Y lo más llamativo de todo es que en este caso ¡es Federici misma la que se contradice! En la página 94 escribe:

“Como era de esperar, aunque reconoce que “La conservación y reproducción constantes de la clase obrera siguen siendo una condición constante para la reproducción del capital”, Marx pudo añadir de forma inmediata “El capitalista puede abandonar confiadamente el desempeño de esa tarea a los instintos de conservación y reproducción de los obreros. Sólo vela por que en lo posible el consumo individual de los mismos se reduzca a lo necesario” (Federici 2012)⁠.

Es decir, ella misma reconoce, citando a Marx, que el alemán no hablaba de una “línea de ensamblaje produce ambas” (mercancías y fuerza de trabajo). Más bien al contrario, en la cita que la propia Federici aporta, Marx está hablando de que la reproducción de la fuerza de trabajo es un proceso en el que “el capitalista” no está involucrado directamente. Entendeos entonces que la reproducción de la fuerza de trabajo es algo diferente de la producción de mercancías. Y también que para llevarla a cabo, se necesita algo más que la producción y la venta de mercancías. Se necesita algo que “el capitalista puede abandonar […] a los instintos de conservación y reproducción de los obreros”. Federici estaría criticando un muñeco de paja, no lo que decía Marx.

Como explica Kliman, de este pasaje se deduce que para Marx hay por tanto dos procesos de producción en la sociedad capitalista. En uno proceso, el proceso de producción capitalista, el trabajo de los obreros junto a los medios de producción produce mercancías. En otro, que tiene lugar fuera de la esfera de producción capitalista, el trabajo doméstico reproduce la fuerza de trabajo (Kliman 2016) (y sí, es totalmente compatible con esta idea afirmar que bajo los roles de género tradicionales, éste es un trabajo que realizan desproporcionadamente las mujeres). Marx no está ignorando este segundo proceso, pero no es del que se ocupa en El Capital. La confusión que lleva a cabo Federici de los distintos conceptos en el análisis de Marx no tendría mayor relevancia si no fuera por el hecho de que la autora en realidad está tratando temas que, como he comentado al principio, me parecen muy relevantes y que merecen una crítica minuciosa. Y ello sobre todo desde posturas como las inscritas en la tradición marxista que haciendo honor a la máxima del alemán, no deberían contentarse con interpretar el mundo, sino que deberían aspirar a cambiarlo. Porque aunque parta de un análisis con el mejor de los objetivos (entender el por qué de la desigualdad de género, entre otros), el acabar enturbiando el significado de distintos conceptos usados por Marx, puede en última instancia ir calando de forma distorsionada entre quienes buscan tomar parte en ese mismo análisis, hasta que su tratamiento de problemas concretos y actuales de género adopte formas reaccionarias.

Como si fuera un bumerán, el empañamiento del análisis feminista con lugares comunes liberales (la sacralización del voluntarismo individual como supuesta expresión de la libertad) puede acabar volviéndose contra los objetivos que se perseguían. Un ejemplo es el debate actual sobre el alquiler de vientres. En la red se puede leer la legitimación de la práctica en la derecha, por parte de autoproclamados liberales que creen usar la lógica feminista para exponer contradicciones entre quienes se oponen a la misma. Y por eso, aún cuando la propia Federici haya firmado un manifiesto en contra de este negocio, sorprende leer idónea defensa de éste en el progresismo que haciendo uso de lógica liberal cubierta de un barniz “radical”, dice invocarla como inspiración y explicación.

Federici parece suponer que Marx intentaba explicar todo lo que ocurría en el capitalismo y por tanto, le acusa de ignorar un aspecto que resulta clave para el sostenimiento de éste: qué pasa en los hogares de los trabajadores, en sus cocinas, en sus dormitorios o en los paritorios. Pero como hemos visto, cuando Marx escribió El Capital, estaba centrado en elaborar una crítica de la economía política y por tanto, su atención se dirigía a un aspecto concreto: el proceso de producción de capital. Hay ejemplos y explicaciones de procesos históricos que apuntalan la teoría que se elabora en el texto, menciones de otros aspectos relevantes. Pero son eso, apoyos o menciones dentro del análisis concreto de un proceso particular (y extremadamente importante) inscrito en el modo de producción capitalista, así como de las consecuencias que se derivan del mismo. Por supuesto que es posible que Marx ignorase elementos importantes en su análisis o que cometiese errores, pero la crítica de Federici a Marx citada no acierta a señalar ejemplo alguno de ello.

 

 

Referencias:

Barstow, Anne Llewellyn. 1994. Witchcraze : A New History of the European Witch Hunts. Pandora. https://books.google.es/books/about/Witchcraze.html?id=knzm_3oe9TcC&redir_esc=y (July 20, 2017).

Brooks, Mick. 2005. “Productive and Unproductive Labour.” In Defence of Marxism. http://www.marxist.com/unproductive-labour1981.htm.

Dauvé, Gilles. 2015. “Federici versus Marx.” https://thecharnelhouse.org/2015/11/28/federici-versus-marx/.

Ehrenreich, Barbara., and Deirdre. English. 2010. Witches, Midwives & Nurses : A History of Women Healers. Feminist Press at the City University of New York. http://www.feministpress.org/books-n-z/witches-midwives-nurses-second-edition(July 20, 2017).

Federici, Silvia. 2012. Revolution at Point Zero : Housework, Reproduction, and Feminist Struggle. PM Press.

Gaskill, Malcolm. 2010. Witchcraft : A Very Short Introduction. Oxford University Press.

Harley, David. 1990. “Historians as Demonologists: The Myth of the Midwife-Witch.” Social History of Medicine 3(1): 1–26. https://academic.oup.com/shm/article-lookup/doi/10.1093/shm/3.1.1 (July 20, 2017).

Kliman, Andrew. 2016. “How Not to Evaluate the Relevance of Marx’s Capital.” Crisis & Critique 3(3).

Marx, Karl. 1986. 1 Capital: A Critique of Political Economy. The Process of Production of Capital. Progress.

Purkiss, Diane. 2013. The Witch in History: Early Modern and Twentieth-Century Representations. Routledge. http://www.citeulike.org/group/7813/article/3911315 (July 20, 2017).

Muere el poeta estadounidense John Ashbery, el último moderno de la posmodernidad

por Antonio Lucas//

Cuando aún se hablaba de posmodernidad, John Ashbery tenía sitio propio en la cabecera de la manifestación. Pocos poetas encarnaron mejor el espíritu de lo nuevo, de lo distinto, de lo experimental sin desvaríos. Hablamos de ese momento de excitación en que todas las fórmulas del arte se podían refundar. O se debían reinventar. O, al menos, poner bajo sospecha. En ese tiempo, finales del siglo XX (alrededor de los años 70) John Ashbery, neoyorquino de Rochester y de 1927, se aupó hasta situarse en la zona preferente de una poesía que buscaba la forma de decir el mundo de otro modo. Un libro fue principal en esa expedición: Autorretrato en espejo convexo, con el que Ashbery ganó el Pulitzer, el Premio Nacional del Libro y el de la Crítica. Los tres galardones más importantes de EEUU en poesía. Y a partir de ahí, un creciente interés por sus cosas que se apagó anteayer en Hudson (Nueva York), donde el poeta murió de su propia edad con 90 años.

Reconocimientos tuvo muchos. También fue rector de la Academy of American Poets. Y laureado profesor de universidad. Y respetado crítico de arte: le interesaba por igual el clasicismo, el expresionismo abstracto y el papel de celofán de la Factory de Warhol. Pero lo que más pesa de su aventura es la poesía. Su modo de construir un territorio personalísimo que tiene uno de sus impulsos en el viento garduño de las vanguardias históricas y va tomando la postura a un momento de la Historia en el que el desengaño, el extravío y el fin de las grandes utopías establecen un nuevo orden anímico occidental. John Ashbery es un gran poeta. Una segunda vuelta de Whitman, del que hereda el fuego sagrado del hombre capaz de abrazar un país y fundar con las palabras el territorio de una fraternidad. Todavía quedan países inventados/ en los que escondernos para siempre. Es una hermosa afirmación de Ahsbery en el poema Pulgarcito.

Los años en París (década de 1960), el contacto con artistas y la ráfaga del existencialismo moduló parte de su visión de las cosas y de su escritura. El paso por España junto al poeta Frank O’Hara (curator del MoMA), caminito de Tánger, fue otra experiencia que Ashbery mantuvo fresca en la memoria. Aquí tuvo de anfitrión al escultor Martín Chirino y a otros miembros del grupo El Paso. La poesía del autor de Un país mundano recoge esa identidad fugitiva de la posmodernidad, ese signo de collage de la vida ultramoderna, la sintaxis saboteada de los poemas confeccionados como un retal de conversaciones y a veces la imposibilidad de sentido que no impide la posibilidad de reflexión. Rompió los esquemas de la poesía bien peinada y halló una nueva pulsión que lo emparenta con Auden y Wallace Stevens, a su manera, desencajando el verso, pulverizando límites, en una psicodelia de cosas cercanas. La escritura de Ashbery, en ocasiones, se abre o eleva desde una emoción que no tiene doma o no la pretende. Y que, si acaso, ya después de la escritura (o de la lectura) hallará su lógica. Como en un desquiciado dial radiofónico el poema busca su sitio, su melodía, su noticia, su señal horaria, su camino.

Eso es lo moderno de su voz. Y ése es el enigma. Y la potencia. Y también el ritmo disparado que a veces alcanza esta poesía, su música mental. No renuncia a la imagen surrealista ni a la resonancia interior del simbolismo. En su casa del barrio de Chelsea, a este lado del río Hudson, a dos esquinas de donde tenía su cripta la artista Louise Bourgeois, Ashbery fue armando un libro y otro en una fiebre de trabajo sostenida no sólo por su estímulo inflamable y fidelísimo a la poesía, también por algunas exigencias de contrato editorial que le imponían ritmos de escritura extravagantes.

Exhibía (sin mucha confianza en ser entendido) una cordialidad de galán vestido de sport. Era como si alojase un karma de cosas por hacer… Pero no perdía el sedal de la conversación, y si lo destensaba era para recogerlo al poco tiempo y continuar la charla en el punto exacto donde la dejó en suspenso. «No sé si mi escritura se ordena a partir de un caos necesario. En realidad, tampoco sé mucho de mi poesía. Mi forma de trabajar tiene algo escenográfico, escribo a mano, al dictado de quién sabe qué. Y escribo rápido, muy rápido, en un impulso irrefrenable», decía en una entrevista a este periódico en 2006. Tiene casi 30 libros de poemas. Ha traducido a Rimbaud y a Pierre Martory al inglés. Es un ensayista desconcertante. Uno de los mirlos de la Escuela de Nueva York, propensa al experimentalismo, cercana al ruidismo, sin complejo ante la dinamita de emociones que puede llevar a un hombre desde un cuadro del Parmigianino (oor ejemplo: Autorretrato en espejo convexo) al pop de Popeye. Porque Ashbery es un poeta de fuerte rigor que sabe situarse por igual en lo solemne y en el lugar chicle de lo pop y sacar de esa combinación suicida una poesía minuciosa, visual, irónica, profunda, conversadora. Puedes en la jungla del poema escuchar las voces de quienes hablan (a veces muchos hablan mucho) y la del lector. No es la suya una aspiración de claridad, sino una necesidad de decir sin someterse sólo al sentido o la comunicabilidad del verso.

Ashbery juega siempre fuerte en cualquier estadio. Igual cuando el poema es admirablemente narrativo. O abismalmente caótico. O fríamente hermético. O deliberadamente desquiciado. Un gran poema de tantos, Cabellera Berenice, es un ejercicio de prosa demótica, simplificada: a veces suena como un folletín, como una novela barata o como un diario anónimo sin pretensiones literarias. Pero suena. Ashbery sabe y quiere ser todos los poetas a la vez, como Whitman quiso transportar en la canoa del pecho a todos los hombres. No se trata sólo de fijar aquí el porqué de su extraordinaria herencia, sino de entender algo más grave y excepcional: cómo un poeta alcanza la libertad a partir de la certeza de entender la poesía como una realidad que se llama “vosotros”. Visor publicó hace años Pirografía, una antología preparada por Ashbery para Peguin, y también Galeones de abril. La extinta editorial DVD apostó por Autorretrato… y Tres poemas. Lumen lo hizo por otros títulos necesarios: Una ola, Por dónde vagaré o Un país mundano. Y algunas editoriales más tienen a este poeta en su catálogo. En España está bien difundido. A la manera de John Cage, él también podría decir esto: “No tengo nada que decir y lo estoy diciendo, eso es poesía”. Pero sí tenía que decir. Y sobre todo pulsó como pocos las teclas de un lenguaje de incertidumbres que es signo de época, de extravío, de intemperie y de verdad. En ello seguimos.

No había en su obra una clara vocación política o social. No era eso. Pero sí una extraña complicidad con el otro o con los otros. “No me interesa demasiado la idea de poesía social. Prefiero la manifestación de una conciencia cívica, de una forma moral de mirar sin ser moralizante“. Todo esto lo decía en su casa de Nueva York. Una mañana de diciembre en la que su compañero, David Kermani, preparó un té que no se enfriaba nunca. “Es que, si se sabe escuchar, en lo popular y en la calle hay una enorme belleza. Ahí es donde está la forma de comunicación más directa. Eso es lo que yo entiendo por poesía social. O lo que me interesa entender”.

John Ashbery representa la última línea de cohesión con buena parte de las poéticas que conviven en la lírica inglesa del último tercio del siglo XX. Del experimentalismo a la formalidad narrativa. Un poeta que viene de la subversión sin necesidad de hacer pancarta de sí mismo. Ni soflamas. Basta con acercarse a su obra y aceptar que sólo desafiando y asumiendo el riesgo constante se llega a la posibilidad y limitación última de las palabras. A lo auténtico de una emoción, de una sospecha, de una culpa, de un daño, de otro entusiasmo. Así es.

Stalinismo: Herejes y renegados

por Pepe Gutiérrez-Álvarez//

Uno de los efectos más nocivos del estalinismo consistió en dar una coartada ideológica a la cooptación por parte del liberalismo de intelectuales y cuadros de la izquierda. Echando a la calle al niño con el agua sucia, algunos han acabado en la derecha más extrema.

En uno de sus trabajos más memorables, Herejes y renegados, Isaac Deutscher establecía una distinción, que no siempre estaba clara, entre los herejes que denunciaban el estalinismo sin renunciar a la negación radical del capitalismo, con los renegados, a los que la denuncia del estalinismo les llevaba a los brazos del sistema cual “hijos pródigos”. Esta es una página de la historia social muy viva y muy discutida aún, sobre la que se sigue hablando pródigamente en lugares como los foros de Kaosenlared, y en debates como el abierto desde El País (18-03-07) por Ignacio Sotelo y Paco Fernández Buey, y sobre el que inciden autores como Daniel Bensaïd en Trotskismos (El Viejo Topo), desde una perspectiva análoga a la de Deutscher.

A la militancia que (sobre)vivió la noche estaliniana, como un “trotskista” componente de la “quinta columna”, la experiencia no pudo por menos que dejarles un sentimiento en el que apenas quedaba margen para las distinciones dialécticas. No hace mucho, Pelai Pagés nos contaba en un acto sobre Víctor Alba un ejemplo de este sentimiento a través de una anécdota sucedida en unas jornadas en la que se encontraron con el historiador Amaro del Rosal (socialista convertido al estalinismo en los años treinta) y un airado Víctor. Cuando Rosal evocó la existencia de “algunas discrepancias” entre ellos, el antiguo poumista no se pudo callar, y desde la mesa, gritó: ¿Discrepancias, dices? ¡Pero si nos queríais matar a to dos!” Este sentimiento tiene un nombre en el argot clásico del trotskismo: estalinofobia. Esta se manifiesta por ejemplo en corrientes trotskistas como el lambertismo o el munismo, que tienden a considerar cualquier acción próxima con los partidos comunistas como claudicaciones frente al estalinismo. La estalinofobia y el anticomunismo se confunden cuando se pasa del estalinismo a la defensa del “mundo libre”, y del sistema. Un buen ejemplo de esta evolución (o involución) sería John Dos Passos.

A la caza del discrepante

A pesar de que no andaba muy desencaminado el presidente de la Generalitat catalana, el nacionalista de izquierda Lluis Companys, cuando decía que la izquierda únicamente se unía en la cárcel, lo cierto es que el estalinismo pervirtió el problema de las discrepancias hasta niveles irreconocibles. Sus métodos carecían de antecedentes en la historia social. El único equivalente posible sería la actuación del sector más patriotero de la socialdemocracia alemana contra los espartakistas. Y lo más monstruoso de esta reacción radica en el hecho de que eclipsó a varias generaciones de militantes comunistas ajenos al cinismo de buena parte de sus líderes, que tenían el suficiente conocimiento del papel que Trotsky había jugado con Lenin, o que conocían sobradamente a la gente del POUM por años de lucha en común. Pero la obnubilación llegó hasta el extremo de implicar a intelectuales como José Bergamín que pondría una mancha en su vida prolongando un infecto libelo, Espionaje en España (a punto de reedición en Renacimiento con prólogo de Pelai Pagès) para justificar la tentativa de “noche de San Bartolomé” contra el POUM. Sin embargo, a pesar del grado de embrutecimiento que llegó a alcanzar, la militancia comunista no siguió una única dirección, sobre todo cuando se trataba de gente obnubilada debajo de cuyo estalinismo, a veces feroz, subsistía un alma revolucionaria. No han sido pocas las ocasiones que desde el trotskismo se ha tenido que defender y reconocer las aportaciones de muchos estalinistas que permanecían convencidos de que servían a la revolución: la historia de Leopold Trepper y la “Orquesta Roja” durante la II Guerra Mundial resulta bastante significativa. Trepper sirvió a la “causa obrera” apoyando a la URSS a pesar y en contra de Stalin.

Otro buen ejemplo de esta ambivalencia lo tenemos en el caso de André Marty (1886-1956), un mítico comunista francés que en 1919 protagonizó la revuelta en la flota francesa del Mar Báltico en Odessa contra la intervención imperialista. En su furor estalinista, Marty fue llamado el “carnicero de Albacete” por sus delirios por encontrar “trotskistas” en las Brigadas Internacionales (Hemingway realizó un sórdido retrato suyo en la célebre ¿Por quién doblan las campanas?). Pero Marty fue también el único dirigente del Partido Comunista Frances (PCF) con un pasado revolucionario, y figuró entre los primeros en organizar la Resistencia a pesar de Stalin y del partido. Al final de su vida, a principios de los años cincuenta, comenzó a denunciar la corrupción de la cúpula del PCF, con Thorez a la cabeza, y fue denunciado como “agente de la policía”. Marty comenzó entonces una evolución que le llevó, a los 70 años, a reexaminar muy duramente sus errores y horrores, y llegar hasta las puertas del “trotskismo”. El discurso ante su tumba lo ofició Pierre Frank, y es un modelo de comprensión sobre como el estalinismo llegó a “tener” y corromper hasta a los mejores, o como los mejores tenían una “parte oscura” que fue alimentada por un aparato puesto al servicio de una mistificación, de un pequeño dios que acabaría por caer.

Un puente hacia el “mundo libre”

Está claro que el estalinismo también la tradición comunista, contribuyendo con sus métodos a que amplias franjas de gente revolucionaria y de intelectuales comunistas disidentes llegaran a considerar el “mundo libre” como un “mal menor”, y sirvió de base de justificación para el desplazamiento de la socialdemocracia hacia el anticomunismo, un camino en el que también se insertaron muchos anarquistas. Una idea de la amplitud del rechazo que llegó a provocar el estalinismo en su apogeo lo puede ofrecer el hecho de que alguien de la talla moral de Bertrand Russell no solamente se prestara a colaborar coyunturalmente con la CIA, sino que hasta llegó a justificar el empleo de las armas atómicas contra la URSS. En su etapa política ulterior, Russell se convirtió en el mayor adversario de la agresión al pueblo del Vietnam, en un crítico sin fisuras del secuestro de la democracia (por los poderosos) en los EEUU, y rompió su carné laborista. Un curso no muy diferente siguieron algunos intelectuales procedentes o relacionados con cierto trotskismo, como fueron los casos, con las matizaciones imprescindibles, entre otros, de figuras de la literatura mundial como Ignazio Silone (Fontamara), Dwight Macdonald, Mary McCarthy (Memorias de una joven católica), Edmund Wilson (Hacia la estación de Finlandia), John T. Farrell (Studs Ludigan)… En este tramo se podía colocar lejanamente el célebre caso del tortuoso Elia Kazan, cuya película ¡Viva Zapata¡ (1952), con guión escrito por John Steinbeck, puede interpretarse en clave dialéctica revolución permanenterevolución traicionada. Lo fundamental estribaría en que su antiestalinismo no les llevó (aunque con Kazan se da una actuación delatora inadmisible) a renunciar a sus ideales, y al margen de un tiempo de dudas, dieron la cara en los momentos claves, como el de la guerra del Vietnam. Todos ellos siguieron tomando posición contra MacCarthy, contra el apoyo norteamericano a las dictaduras anticomunistas, contra la guerra de Vietnam, y como es ostensible en Kazan, desarrollando su visión profundamente demoledora del “sueño americano”.

Otros, sin embargo, claudicaron en todos los órdenes, y algunos de ellos, como el citado Dos Pasos, John Dewey –que había presidido el Tribunal que juzgó a Trotsky y a su hijo por las imputaciones de los “procesos de Moscú”–, Max Eastman, Bertram D. Wolfe, André Malraux, etc., todos ellos vinculados en mayor o menor medida a tal o cual páginas de la historia del trotskismo, se mostraron como conservadores. En nuestros lares el sumamente peculiar Julián Gorkin, primero en una lista de poumistas extensible a Enric Adroher “Gironella”, y el inclasificable historiador y periodista Víctor Alba, personaje cuanto menos ambivalente, que antes de fallecer apostaba por la defensa de todas las libertades menos la del mercado, que es la negación de todas las demás… Todos ellos fueron sumariamente catalogados como “trotskistas al servicio de la CIA”.

En aquella “guerra cultural”, resulta además que mientras el estalinismo obligaba a sus “compañeros de ruta” a una obediencia sin fisuras, la CIA tuvo, además de los recursos, la inteligencia en involucrar a la “otra izquierda”, sin desdeñar a la más radicalizada; por ejemplo, se llegó a infiltrar entre los anarquistas cubanos. Sobre todo cuando, por su escasa realidad organizativa, estas izquierdas no representaban un peligro inmediato para el sistema, y como en el caso de los extrotskistas, estaban más preparados (y “concienciados”) que sus burócratas sin experiencia. Desde el movimiento comunista, esta etiqueta de “agente de la CIA” fue a veces abusivamente utilizada aquí en los debates clandestinos, de manera que cualquier crítico podía ser calificado de “agente”. En no pocos casos, la historia acababa en tragedia.

El lector podrá encontrar un reflejo todavía condicionado de la amalgama entre renegados y la CIA en el estalinismo más añejo, pero también en plumas como la de Eduardo Haro Teglen, antiguo “compañero de ruta” en la clandestinidad contra el franquismo del PCE sobre el que conviene añadir que contribuyó desde Triunfo y Tiempo de Historia, a desmantelar la “leyenda negra” del trotskismo, por ejemplo publicando en la primera la respuesta de Peter Weiss a sus censores en la URSS por haber escrito Trotsky en el exilio, que fue traducida por Alfonso Sastre como lo había sido Marat-Sade, cuyo paso por Madrid significó un acto de agitación contra el franquismo.

La CIA sale de pesca

En toda esta cuestión cabe diferenciar dos elementos primordiales, uno de orden teórico, ligado a los problemas de distinguir la frontera entre el antiestalinismo y el anticomunismo justificado desde las izquierdas; y otro se refiere a la involución de una franja de intelectuales izquierdistas que “escogieron” la libertad durante la “guerra fría” apara acabar bendiciendo el fascismo exterior norteamericano. Durante décadas, el trotskismo tuvo un papel central en esta discusión. Sin embargo, toda su razón de ser estriba en distinguir lo más netamente posible entre el antiestalinismo y el anticomunismo.

Célebre en este sentido fue la participación de Trotsky en la crisis que sacudió en otoño de 1939 al norteamericano Socialist Worker Party (SWP), y de la que saldrá su último libro En defensa del marxismo. El conflicto, que tenía como trasfondo la invasión soviética de Finlandia, tuvo un sector discrepante, minoritario en el partido, pero muy representativo de la élite intelectual ligada a la revista Partisan Review, que acabará convirtiéndose en un órgano reconocido al servicio de la CIA. Estaba animada por un antiguo comunista, Max Schachtman, que se mantendrá en sus convicciones hasta finales de los años cuarenta, iniciando una evolución que le llevará hasta la extrema derecha (al compás del “lobby” sionista).

Mucho más representativo sería el caso de James Burnham, adalid del fascismo exterior USA, apologista de Mac- Carthy, de la guerra del Vietnam, de Pinochet o de los “escuadrones de la muerte” en Centroamérica, que en 1983 recibió la Medalla Presidencial de la Libertad de manos de Ronald Reagan. El texto de la concesión no tenía desperdicio: “Desde los años treinta, Mr. Burnham ha formado el pensamiento de los líderes mundiales. Sus observaciones han transformado la sociedad y sus escritos se han convertido en guía de la humanidad en su búsqueda de la verdad. La libertad, la razón y la decencia han tenido pocos paladines de la talla de James Burnham”. Es la misma medalla que Bush jr ha concedido al jefe de la CIA que le montó la trama de las “armas de destrucción masiva” en Iraq, una de las mayores mentiras de nuestra época.

Tras su fase revolucionaria, no hay en el resto de la biografía de Burnham otra “guía de la humanidad” que no sea la de los “amos” de su país, que también lo han querido ser de la tierra. Como escribía Chomsky, de haber conocido una derrota similar a la del nazismo, gente como Truman, Burnham, Reagan, Kissinger (o los mal llamados trotskistas de derecha, ahora al servicio de la conciencia de clase expresada en la agresividad de los neoconservadores), y compañía podrían haber tenido su Nuremberg con un alud de atrocidades que en nada envidiaron la del nazismo. La escuela de Burnham siguió siendo una tentación para muchos exrevolucionarios a los que el sistema les ofrecía una oportunidad de reciclaje aprovechando sus conocimientos adquiridos. Tanto ha sido así que existe todo un sector de “asesores” del partido republicano formado en esta escuela, cuyo secreto radica en un proceso de reinvención, poniendo su formación marxista al servicio de las clases dominantes en una estrategia que W. R. Polk, antiguo asesor de Kennedy, ha definido como una especie de “trotskismo al revés” que se expresa en una concepción de “contrarrevolución permanente” cuyo objetivo no es otro que someter el mundo al dominio de una especie de globalización norteamericana en la que puedan hacerse retroceder las conquistas sociales, no ya las del mayo del 68 (como dicen Polk o el ministro de Educación de Chirac, Louis Ferry), sino todas las conquistas sociales logradas desde 1945

Un debate inacabable

El debate sobre la URSS sería un tornillo suelto del trotskismo a lo largo de su historia que nunca más volvería a enroscarse, un tema sobre el que Bensaïd trata de ilustrarnos sobre su dificultad; dificultad obvia cuando tantas tentativas de “tercer campo” (el que Susan Sontang atribuía a Octavio Paz antes de la conversión de éste ante la Meca de Wall Street).

La pregunta a la que había que responder a la luz de acontecimientos terribles, mantendría una desconcertante vigencia en los años siguientes: ¿era legítima la idea de la defensa a ultranza de la URSS contra el imperialismo? Inmerso en este debate, el trotskista italiano Bruno Rizzi escribió un ensayo muy notable La burocratización del mundo, que obligó a Trotsky a detenerse respetuosamente y afilar la pluma en uno de sus vuelos más audaces. Imposible traer aquí toda la gran densidad del debate, pero hay en él el esbozo de una aventura dialéctica de Trotsky que, dicha precisamente por el hombre de Octubre, adquiere espectaculares resonancias. Isaac Deutscher telegrafía así esta predicción: la prueba final para la clase obrera y el marxismo es inminente: la guerra mundial: “Si ésta no conduce a una revolución socialista en Occidente nos veríamos forzados a reconocer que las esperanzas que el marxismo puso en el proletariado son infundadas (…) que el estalinismo está enraizado no en el atraso de un país sino en la capacidad congénita del proletariado para convertirse en clase dirigente, (…) que el programa socialista, fundado en las contradicciones internas del capitalismo, es utópico (…) y que si el programa marxista se revela impracticable será necesario crear un nuevo programa mínimo”, para la defensa de los oprimidos. El mismo debate volverá a reproducirse con otros cismas del trotskismo, en los que volvería a plantearse la misma cuestión que le planteaba Trotsky a Rizzi: si se está de acuerdo en la legitimidad de la revolución de Octubre, y en la necesidad de una revolución contra la casta dominante, no entendía por qué el debate no podía proseguir entre camaradas.

La revolución española

A esta historia se le puede añadir un capítulo cubano, concretamente cuando Castro arremetió contra el trotskismo y el POUM en reacción a las aventuradas declaraciones de Juan Posadas tras la muerte del Ché, insinuando una situación entre éste y Castro paralela a la de Trotsky con Stalin. La vieja guardia del partido comunista cubano retomó la artillería estaliniana contra el POUM y el trotskismo, y un joven escritor trotskista cubano se suicidó a consecuencia de las graves presiones recibidas. Un drama sobre el que la Cuarta Internacional pensó no dar más publicidad, y aunque, entre otras cosas, Cuba dio asilo a Ramón Mercader, la discusión no se volvió a reeditar en los mismos términos. Cierto es que desde los inicios de la Revolución, junto a un apoyo incondicional, el trotskismo no dejaría de realizar observaciones críticas, y mostraría sus discrepancias, sin por ello olvidar jamás que la cuestión primordial seguía siendo que los errores y los horrores facilitaban el camino restauracionista al servicio del imperialismo norteamericano, ahora más agresivo que nunca, y que nunca ha dejado de mantener planes para matar a Castro o invadir la isla. Se trataba de denunciar unas deformaciones burocráticas ya señaladas por el propio Ché, amén de la deriva caudillista, unas críticas sobre las que ofrecía una amplia argumentación Jeanette Habel en Ruptures en Cuba, que contaba con un luminoso prólogo del célebre editor francés François Masperó, el principal valedor de la Tricontinental y responsable de la revista del mismo nombre en Europa en los años sesenta.

De todo esto queda una poderosa huella, pero las perspectivas son las de otro tiempo. Actualmente, el descrédito del estalinismo es absoluto, y aparecen nuevas propuestas, como la del socialismo del siglo XXI, una de cuyas características básicas (por no decir la primera) es que el socialismo y la democracia plural y participativa son indisociables.

Texto publicado originalmente en el nº 232 de El Viejo Topo, mayo 2007

El discurso final de Allende y la revolución proletaria: Reforma o Revolución.

por Gustavo Burgos//

No debemos amar a los hombres, sino a la llama que no es humana y que los hace arder. No debemos luchar por la humanidad, sino por la llama que transforma en fuego a esta paja húmeda, inquieta, ridícula, a la que llamamos Humanidad.

Nikos Kazantzakis

El 11 de septiembre de 1973 no sólo tuvo lugar la más profunda derrota sufrida por el proletariado y los explotados de Chile, una derrota arquetípica, como la alemana del 23 o la española que culmina con el franquismo. Ese día culminó, además, la colisión entre la política reformista, de la vía pacífica (chilena) al Socialismo y los requerimientos históricos de la revolución proletaria: el choque abierto entre reforma y revolución. Seguir leyendo El discurso final de Allende y la revolución proletaria: Reforma o Revolución.

EEUU: La inundación de Houston, la anarquía del mercado capitalista y la lucha por la planificación socialista

por Niles Niemuth//

El desastre que vive la región del Golfo en Texas por el huracán Harvey se empeora cada vez más, y ahora la tormenta se traslada hacia Luisiana al este. La ciudad de Houston, la cuarta más grande del país, sigue bajo el agua por las inundaciones sin precedentes. La cifra de muertos es de 30 y sigue subiendo, mientras docenas más han desaparecido. Cinco días después de que Harvey tocara tierra, aun no se sabe cuántos necesitan ser rescatados.

Incluso mientras aumentan las víctimas mortales y la destrucción en el sureste tejano, se intenta negar que no se pudo hacer nada para minimizar el impacto de la tormenta.
El titular de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés), William “Brock” Long proclamó que era imposible prever el desastre. “No era posible ni soñar tales pronósticos”, dijo el lunes por la noche. El diario Washington Post lo citó acríticamente en la primera plana, bajo el titular “Oficiales de rescate indican que era imposible prepararse para la ferocidad del diluvio”.
El martes, el New York Times escribió que los esfuerzos de rescate iban “tan bien como se podía esperar”. Después, señaló que en vez de “lamentar no haber escuchado advertencias viejas”, el país debería “mirar hacia adelante”. Al igual que en Nueva Orleans después del huracán Katrina, sugirió ominosamente que puede que áreas enteras de Houston se dejen echar a perder, diciendo que los oficiales ahora tienen “que tomar decisiones difíciles en cuanto a qué reconstruir y cómo”.
Doce años después de Katrina, no se ha hecho nada para reforzar los controles contra inundaciones ni para mejorar la infraestructura social y limitar el impacto de tormentas grandes. Tampoco se ha hecho nada para planificar y preparar medidas de emergencia y seguridad pública para tratar con eventos climatológicos severos. Se hicieron advertencias repetidas y recomendaciones urgentes que fueron completamente ignoradas, como el reporte del 2014 de la Sociedad Estadounidense de Ingenieros Civiles titulado “Un llamado por una Estrategia Nacional de Gestión de Riesgos por Inundaciones”.
Robert Bea, un profesor emérito de ingeniería civil de la Universidad de California en Berkeley y experto en los riesgos por huracanes en la costa del Golfo de México, le indicó al Los Angeles Times que es “una mentira de 100 años” que el sistema de control de inundaciones de Houston podía proteger a la población para una tormenta que sólo pasa cada 100 años. Esta mentira, explicó, está basada en un máximo de 13 pulgadas de lluvia en 24 horas, algo que ha ocurrido más de ocho veces en los últimos 27 años.
No cuesta pensar en las razones detrás de tal grado de negligencia. Tanto la industria de bienes raíces, Wall Street y los monopolios petroleros se opusieron a acatar las advertencias. Su capacidad para bloquear la toma de medidas que pudieron haber protegido al pueblo estadounidense, mediante políticos pagados de ambos partidos, ejemplifica la subordinación completa de todas las necesidades sociales bajo el capitalismo al interés de acaparar una mayor riqueza e ingresos de la oligarquía corporativa y financiera.
El estado de Texas en general y Houston en particular han sido celebrados como modelos del “éxito” de la desregulación y del capitalismo del libre mercado. Siendo el hogar de la dinastía Bush y de las monstruosas compañías de petróleo y gas, Houston es la ciudad más grande del país sin legislación urbanística. No existen límites serios a lo que pueden hacer los especuladores de bienes raíces y desarrolladores, quienes han hecho caso omiso a las advertencias de ingenieros y científicos sobre las consecuencias de pavimentar por encima de humedales y pastizales, terrenos que absorben la lluvia, con concreto impermeable.
La extensión urbana de la ciudad ahora cubre 1500 kilómetros cuadrados. Desde el 2010, han sido construidos miles de hogares sobre planicies aluviales y los planificadores municipales han sabido que la ciudad está situada sobre una superficie muy propensa a inundaciones, pero no hicieron nada para detener la destrucción de las barreras naturales que alguna vez limitaban las inundaciones. Los miles de trabajadores que han perdido sus medios de vida son las víctimas de la negligencia criminal de los oficiales gubernamentales que representan los intereses de las inmobiliarias, magnates petroleros y banqueros.
Hubo una amplia gama de advertencias sobre una catástrofe por inundaciones. En el 2008, el huracán Ike pasó cerca, pero golpeó la ciudad de Galveston. Tres otras tormentas desde el 2015 han ocasionado inundaciones importantes en las áreas que FEMA había declarado en riesgo. Discusiones que se han estado llevando a cabo desde hace demasiado tiempo sobre ampliar y fortificar la infraestructura para proteger a Houston y otras ciudades costeras de mareas tormentosas nunca han pasado de sus etapas de planeamiento. Por mientras, los sistemas anticuados e inadecuados de control contra inundaciones que fueron construidos hace décadas ya están colapsados.
El presidente Donald Trump visitó Texas el martes, ejemplificando la descarada indiferencia de la élite gobernante estadounidense hacia la crítica situación que viven los trabajadores como resultado de su avaricia y negligencia. Al mismo tiempo, demostró un enorme grado de ignorancia hacia lo que están pensando las masas.
En un evento planificado en el centro de gestión de desastres en Corpus Christi, el mandatario, el gobernador de Texas, Greg Abbott y el jerarca de FEMA se dieron palmadas en la espalda por su supuestamente maravillosa respuesta a las desastrosas inundaciones. Presentaron el obsceno espectáculo de caos e incompetencia por parte de las autoridades, lo cual ha provocado gran impacto e ira alrededor del país y el mundo, como un modelo de compasión y eficiencia.
Abbott, un activo político de la industria petrolera, alabó servilmente a Trump, quien representa los intereses de las inmobiliarias que han saqueado y condenado a Houston a su estado actual.
Como sucedió en Nueva Orleans después de Katrina, ya se habla detrás de bastidores sobre cómo aprovechar la crisis para desmantelar aun más las regulaciones, privatizar bienes y recortar salarios.
Es crítico que la clase obrera y la juventud lleguen a las conclusiones políticas necesarias de este denominado “desastre natural”. La catástrofe en Texas no es, después de todo, la primera.
Los últimos doce años han visto una serie de eventos que han expuesto de forma más y más clara los niveles impresionantes de desigualdad y pobreza que caracterizan a la sociedad estadounidense, junto con la indiferencia y criminalidad de la oligarquía corporativa gobernante: Katrina en el 2005, el derrame de petróleo de BP en el 2010, la supertormenta Sandy en el 2012 y ahora Houston.
Todos estos desastres son de hecho crímenes sociales. Demuestran además la incompatibilidad de las sociedades complejas de la actualidad con un sistema económico obsoleto e irracional que está basado el afán de lucro personal de los oligarcas financiero. Miles de personas en Houston lo perdieron todo, muchos incluso sus vidas, y ¿para qué? Para que gánsteres multimillonarios como Trump puedan comprarse mansiones y yates más grandes y puedan mantener a políticos sobornados para que defiendan sus riquezas y poder.
Estos trágicos eventos demuestran de forma negativa la urgente necesidad de reorganizar toda la vida económica y social del país y el mundo con base en una planificación racional y científica, el control y manejo público de los recursos de la sociedad y la participación democrática de las masas.
Más allá, el despliegue de solidaridad y la organización de los esfuerzos de socorro por parte de gente ordinaria en Houston y alrededor del país ponen en evidencia el potencial para el desarrollo de tal sociedad. ¿Qué lo previene? Una oligarquía barbárica que se aferra a toda la riqueza y fuerzas productivas de la sociedad. La lección principal del huracán Harvey es que este obstáculo tiene que ser quitado del camino. La única fuerza social que lo puede lograr es la clase obrera.

FMI se muda(rá) a Pekín y China lanza futuros de oro y petróleo en renminbis

por Alfredo Jalife-Rahme//

La agencia británica Reuters citó a la agazapada (por sus sulfurosos escándalos fiduciarios) Christine Lagarde, directora del FMI, quien vaticinó –durante un evento del Centro para Desarrollo Global en Washington– que, en caso de proseguir las tendencias de crecimiento de China y otros grandes mercados emergentes, su agencia se mudará sin compunción alguna a Pekín (https://goo.gl/2gwHv5).

Por mucho menos, EU descuartizó al anterior director del FMI, Dominique Strauss-Kahn (https://goo.gl/9Yfdjs).

A mi juicio, la malhadada directora francesa, apuntalada por la canciller alemana Angela Merkel, apuesta al euro y al renminbi frente al dólar, así como a trasladar la sede del FMI a Pekín, a lo cual habrá que acostumbrarse desde ahora.

La temeraria Lagarde casi garantizó que en un periodo máximo de 10 años la sede del FMI se ubicará en Pekín ya que sus estatutos asientan que su matriz debe localizarse en el país miembro de la mayor economía global.

Desde hace 72 años EU goza del poder efectivo de veto sobre las decisiones con 16.5 por ciento de participación de los votos del consejo, frente a la aberrantemente anómala participación de China con un raquítico 6.41 por ciento.

En una medición del PIB por el poder adquisitivo, hoy China es la que contribuye preponderantemente al crecimiento global. Pero en términos nominales del PIB, con un crecimiento de 6 por ciento, China supera(rá) a EU en un momento dado de la siguiente década.

Se han agudizado las jeremiadas del Financial Times que con The Economist es propiedad del grupo Pearson controlado sustancialmente por los Rothschild.

El lanzamiento de futuros del oro en renminbis, en subastas de dos veces al día en el Shanghai Gold Exchange, implica a 18 bancos, entre ellos tres anglosajones: Standard Chartered Bank (Gran Bretaña) y Banking Group (Australia/Nueva Zelanda), lo cual “reducirá la influencia del precio aurífero londinense que se inició en 1919 (sic) cuando los banqueros de MN Rothschild & Sons dictaban su cotización a tirios y troyanos (https://goo.gl/CqPJtA)”.

No es ningún secreto que la fijación (fix) del oro por los Rothschild era opaca y vulnerable al abuso del mercado.

China golpea a EU donde más duele, al reducir la dependencia del precio del oro en el dólar estadunidense.

Se pudiera aducir que China es el emperador de las materias primas, ya que seis de los 10 principales contratos de futuros comerciados a escala global dependen de los intercambios y precios de China, prácticamente, el mayor importador de todas las materias primas: desde el hierro hasta el cobre.

A juicio de Nathan Lewis, de Forbes, “China implanta los fundamentos para el próximo sistema mundial del patrón oro (https://goo.gl/kq1gT2)”.

Los futuros del oro tanto en renminbi como en dólar estadunidense serán físicamente entregados en Hong Kong, lo cual le hará más competitivo cuando las famosas reservas de oro de EU en Fort Knox son inexistentes, según el ex congresista texano Ron Paul, por lo que ha solicitado una auditoría de la Fed.

China acaba de desplazar a Alemania del segundo lugar global con cuatro mil toneladas de tenencia en oro detrás de las fantasmagóricas reservas de EU (https://goo.gl/xmo7Yh).

South China Morning Post (SCMP), portal filo-británico tolerado en Hong Kong, aduce que Pekín revive sus ambiciones de divisa global, mientras se avizora un “cambio profundo (sic) en el sistema monetario global que pudiera llegar antes de lo esperado (https://goo.gl/tLkxqn)”.

SCMP juzga que Pekín usa a Hong Kong como cabeza de playa para intentar expandir una vez más el uso global del renminbi.

Baste considerar cuatro grandes movimientos en la bolsa de Hong Kong en julio: 1 lanzamiento de futuros de oro en renminbis; 2 acuerdo entre China y Rusia para crear un fondo común de 10 mil millones de dólares para promover compensaciones bilaterales tanto en renminbis como en rublos; 3 primera venta de los Bonos Panda de Hungría en China por mil millones de renminbis (Nota: 6.7 renminbis por dólar); y 4 inminente lanzamiento de futuros del petróleo en Shanghai.

Hay que tomar con pinzas la desinformación anglosajona del SMCP, pero de todas maneras hay que considerar sus aviesas travesuras cuando enuncia que tales grandes movimientos se gestaron después de que Pekín pudo estabilizar el renminbi y acabó con el pánico (sic) del mercado sobre la amenaza de un desplome del renminbi.

De acuerdo con la Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication (SWIFT), la participación del mercado del renminbi en los pagos internacionales se incrementó a 1.98 por ciento en junio.

No es ningún secreto que China busca posicionar al renminbi como la divisa comercial y de reserva predilecta en la región, lo cual trastocará en forma dramática el agónico sistema monetario global.

En un descuido y el renminbi no solamente será una divisa ancla, sino que aún pudiera sustituir al billete verde, que no sale de su marasmo desde la crisis financiera de Lehman Brothers de 2008 con todo y los estímulos de la Reserva Federal que han puesto en tela de juicio el verdadero valor del dólar estadunidense que, a juicio de Pekín, representa el signo de un sistema global anacrónico que no reconoce la importancia de China.

Para Howhow Zhang, director de KPMG en China, el renminbi será una verdadera divisa global en cuestión de años y no de una década.

Todavía las tres cuartas partes de la actividad off shore del renminbi se gesta en Hong Kong.

También es cierto que el ascenso irresistible y la internacionalización del renminbi –con varias plazas off shore (Londres, Singapur, Qatar, etcétera) que servirán de ancla para el magnificente proyecto de la “Nueva Ruta de la Seda (https://goo.gl/AQ4Kpy)” con el apalancamiento de la infraestructura– ha sido detenido por dos choques en el verano de 2015:1 su devaluación de 2 por ciento; y 2 un declive bursátil, los cuales, a mi juicio, tuvieron que ver con la guerra financiera contra China y la guerra energética contra Rusia, que operó estérilmente el pérfido Obama.

Hoy China es el segundo mayor consumidor de petróleo después de EU, por lo que el lanzamiento de International Energy Exchange (INE) en Shanghai constituye un clavo adicional al féretro del dólar y donde el crudo de Dubai y Omán juegan un factor relevante, en espera del gas de Irán y Asia Central, no se diga de Rusia.

En la reciente cumbre del ASEAN se detectó tanto la fortaleza como la sutil diplomacia de China que anunció recibir a fin de año a Trump.

Al equipo financierista de Trump le tocará vivir la ignominia de revisar el sistema de cuota del FMI que deberá ser analizado el año entrante.

A mi juicio, muchas de las bravatas de casino de Trump con Norcorea, que han derivado en presiones mercantiles contra China, subsumen el deseo de descarrilar el avance del renminbi; el lanzamiento de futuros del binomio oro/petróleo; el posicionamiento global de las dos plazas bursátiles de Hong Kong y Shanghai; y, sobre todo, el boicot a la próxima sede del FMI en Pekín, que, me atrevo a vaticinar, será magnificente y superará en arquitectura y funcionalidad al hoy edificio vetusto de Washington.

Artículo publicado originalmente en La Jornada

A Marchar Este Domingo

Por Equipo el Porteño

 

En medio de la crisis palaciega producida por la defenestración (según la Real Academia: Arrojar a alguien por una ventana) del ministro Rodrigo Valdés, hay un llamado de la Coordinadora Nacional de Trabajadores No + AFP a marchar este domingo 3. Desde el porteño llamamos a participar de esta movilización. Reproducimos el llamado oficial. Seguir leyendo A Marchar Este Domingo

“No + AFP”: Proyecto del Gobierno deja intacto el sistema de pensiones

El vocero del movimiento “No + AFP” Luis Mesina afirmó que el proyecto de reforma a las pensiones propuesto por el Gobierno el 10 de agosto “deja intacto el sistema”.

 

La propuesta del Ejecutivo, dada a conocer por la Presidenta Michelle Bachelet, incluye un aumento de cotizaciones del cinco por ciento con cargo a los empleadores. De este monto el tres por ciento irá a la cuenta individual de los cotizantes y el dos por ciento restante irá a un fondo de ahorro colectivo, lo que según la Mandataria hará subir las pensiones en un 20 por ciento de manera inmediata.

“Lo único que va a mejorar las pensiones, en un porcentaje que es ínfimo, es lo que va a reparto. Eso devela y demuestra que solamente con el reparto es posible el mejoramiento de las pensiones y no como se ha señalado reiteradamente que es a través solamente de la capitalización individual, del ahorro individual”, dijo Mesina.

“La Presidenta, por clara intervención del ministro de Hacienda, desaprovechó una oportunidad histórica: por primera vez después de 36 años el país, no un grupo de dirigentes, el país en su gran mayoría tiene un cuestionamiento a esta industria. Lo que se ha hecho con esta propuesta de reforma es dejar intacto el sistema, pues se le permite seguir manteniendo un gigantesco flujo a las AFP, manejándolo a discreción“, añadió el dirigente.

Acerca de las consultas de algunas AFP a sus afiliados, que han dado como resultado que la mayoría dice preferir que la cotización extra vaya a las cuentas individuales, Mesina afirmó que “la pregunta es inductiva y quienes han estudiado algo mínimo de encuestas lo saben: se manipula una de las variables de la respuesta“.

“Si usted le pregunta a la gente que gana tan poca pensión que tiene la posibilidad de aumentar un cinco por ciento si quiere que vaya al colectivo o a la cuenta individual, por supuesto que la gente va a decir que vaya a la cuenta individual. Pero (sería diferente) si dices que de este 15 por ciento, no el cinco, va a cumplir con un principio de reparto solidario como ocurre en los países de Europa y usted va a mejorar sustancialmente sus pensiones porque va a entrar a un nuevo sistema que anticipa prestaciones”, argumentó.

“La gente en general es solidaria en nuestro país. Le puedo asegurar que en la Teletón, por ejemplo, los más solidarios son los trabajadores. Aquí la gente es solidaria. Cuando visitamos cientos de asambleas con trabajadores, toda la gente es solidaria, todos están dispuestos a dar una fracción de su humanidad para concurrir con una parte de su salario al aumento de las pensiones de todos”.

“Esperamos que la gente comprenda que efectivamente todo fue mentira. Esta propuesta de reforma que presentó (Rodrigo) Valdés (ex ministro de Hacienda) con el Gobierno era un volador de luces, era un guiño para hacernos creer que querían mejorar las pensiones. Nada más alejado de la verdad”, comentó Luis Mesina, vocero de la Coordinadora.

La Coordinadora Nacional de Trabajadores No+AFP llama a marchar este domingo 3 de septiembre, con el fin de expresar el malestar ciudadano en relación al papel de las administradoras en el manejo de los fondos provisionales y exigir un cambio del sistema de pensiones, desde la capitalización individual al reparto solidario.

La convocatoria es a las 11 horas y el trazado de la marcha familiar en Santiago se extiende por Alameda, desde Plaza Italia hasta el sector de Los Héroes. En Valparaíso se inicia en Plaza Sotomayor hasta llegar a la Plaza del Pueblo.

En tanto, Esteban Maturana, también vocero de la agrupación, apunta a la Presidenta Bachelet, la clase política y los empresarios, porque a su entendido dijeron “sí más AFP y nos dicen que si queremos mejores pensiones trabajemos más y paguemos más”. En ese sentido, agrega que “nosotros creemos que Chile necesita un sistema de pensiones sustentado en la lógica del reparto, de la solidaridad. Los viejos tienen derecho a tener una pensión digna y los que estamos activos, tenemos que financiar las jubilaciones de nuestros viejos”.

Para Luis Mesina, la triada identificada por Maturana “quiere seguir manteniendo las AFP y el sistema, no hay voluntad de hacer cambios profundos y estructurales, porque eso supone discutir, debatir con todos los actores. Nosotros somos un actor, no somos el único, pero nos desdeñan, nos desprecian y esto ha quedado claro ahora, porque es tal el nivel de desprecio hacia la ciudadanía, que colocan a dos ministros que estaban vinculados al grupo Luksic, que tienen grandes conflictos de intereses”.

Los dirigentes también tuvieron palabras para la renuncia del ex ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, luego de criticar públicamente a sus colegas del gabinete que rechazaron el proyecto minero portuario Dominga.

Para Esteban Maturana, la salida de Valdés “era algo que se veía venir, porque se mostró como uno de los ministros más tercos y no midió los costos políticos de su actuación y, finalmente, ya en el tema de la minera Dominga, ahí se mostró claramente cuál era el perfil real y cuáles son los intereses que defiende”.

“Valdés entregó al país con un crecimiento inferior al 1,5%. En el mes de septiembre del año 2015 recibió la propuesta de la Comisión Bravo respecto a pensiones, pasaron dos años y no hizo nada”, recordó por su parte Mesina.

Además, el vocero de No+AFP enumeró una serie de conductas del ex secretario de Hacienda que -a su juicio- “son francamente reprochables”. “Se reunió de manera secreta con los dueños de las AFP en Estados Unidos, sin informar en Chile. Validó las fusiones truchas de Provida y Cuprum, que le significaron al Estado chileno perder más de US$ 420 millones. Presionó de tal forma hasta lograr la salida de la ministra Rincón. Calificó públicamente de imprudente a la ministra actual del Trabajo, Alejandra Krauss. Hasta que rebalsó el vaso cuando se puso en contra de la propia jefa de Estado. Es decir, un ministro que no guarda prudencia en esa materia, creo que no merece estar en el Estado. Él responde a los intereses de los grandes grupos económicos”, sentenció Mesina.

La Larga Depresión. Entrevista a Michael Roberts

Por Mark Kilian

13/08/2016

 

Mark Kilian, redactor del periódico holandés de socialist , entrevista a Michael Roberts sobre su nuevo libro, el estancamiento económico actual, las perspectivas de una nueva recesión y como romper con el capitalismo. Este es el texto traducido al castellano de la versión inglesa editada por Roberts.

 

MK: Nuestro gobierno asegura que la economía se recupera. Al mismo tiempo, vemos que Grecia necesita de forma continua “paquetes de rescate” y ahora hay problemas en Italia. ¿Cuál es el estado de la economía mundial?

MR: El desarrollo de la economía mundial desde 1945 no ha sido armonioso, no ha crecido en línea recta. Ha habido una serie de auges y recesiones. Me refiero a una disminución del ingreso nacional o la producción nacional de un país por lo menos durante seis meses o más, antes de volver a recuperarse y crecer.

Pero lo específico de este último periodo, es que tuvimos una gran caída en 2008-9 después de la crisis financiera internacional. La Gran Recesión, que duró 18 meses, fue la mayor desde la década de 1930. Como resultado, todas las grandes economías del mundo, entre ellas la de los Países Bajos, experimentaron una fuerte disminución de su renta y producción nacional. Cada vez que sucede, millones de personas ven sus vidas arruinadas, pierden sus puestos de trabajo y, posiblemente, sus casas, porque no pueden pagar el alquiler o la hipoteca. Además, los gobiernos aplican toda una serie de medidas, de recortes en el estado de bienestar y en los servicios públicos, que afectan a la población también. Además, todo ese período de declive es una pérdida permanente. Si no hubiera habido caída, la producción y los ingresos habrían sido mayores, el volumen y la calidad del empleo hubieran sido mejor. Eso nunca se puede recuperar.

Y la diferencia esta vez en comparación con otras crisis es que la recuperación tras la Gran Recesión ha sido muy débil. Es la recuperación económica más débil desde los años 1930. Desde el final de la Gran Recesión, después de siete años, la mayoría de las economías apenas han recuperado el nivel que tenían en 2007. Eso muestra lo lento que ha sido.

Por ejemplo, Italia: el FMI ha presentado un informe que es verdaderamente sorprendente . No sólo Italia sufre una gran crisis bancaria que podría venirse encima de los bancos muy pronto, a menos que el gobierno pague su rescate, sino que el FMI calcula que el PIB y la producción de Italia no volverán al nivel del año 2007 ¡hasta el 2025! Eso supone dos décadas pérdidas de producción, ingresos, empleo y mejores condiciones de vida para el pueblo italiano. Tan débil ha sido la recuperación en Italia.

La producción, el empleo, y los ingresos de la gente en la mayoría de las economías y para la mayoría de las personas no se han recuperado hasta niveles de 2007. De acuerdo con un nuevo informe de McKinsey, consultores de gestión, dos tercios de los hogares en las 26 economías de la OCDE tenían menores niveles de vida en 2015 que ¡en 2005!

Así que es una recuperación muy débil y, en mi opinión, llena de  peligros antes de volver a los niveles que hemos visto antes, si alguna vez lo hacemos, de que la economía mundial caiga en otra recesión en el próximo uno o dos  años.

MK: En su nuevo libro se describen tres depresiones: la de los años 1873-1897, 1929-39 y la actual. ¿Hay algo que podamos aprender de ello?

MR: En mi opinión, esta no es una recesión normal, sino una depresión. Eso es diferente de las depresiones normales. No sucede muy a menudo. En la historia del capitalismo moderno, del siglo XIX hasta ahora, sólo ha habido tres grandes depresiones. En una depresión, la recuperación es tan débil que las economías no regresan a las mismas tasas de crecimiento o incluso al nivel de producción que existía anteriormente, excepto después de un periodo muy largo.

Hubo una gran caída en 1873 en Gran Bretaña, Alemania y los EE.UU., las principales economías capitalistas entonces. No hubo una recuperación verdaderamente fuerte después. Hubo una serie de crisis, que se extendieron durante los siguientes 20 años. Eso fue una depresión: un bajo nivel de crecimiento y una serie de crisis. Paso mucho tiempo antes de que fuera posible una recuperación sostenida.

La segunda depresión fue la Gran Depresión. Comenzó con el colapso de los mercados de valores en los EE.UU. en 1929, similar al colapso del mercado de la vivienda en los EE.UU. en 2007. Después de la crisis en 1929 los EE.UU., la economía capitalista más grande del mundo, entró en la depresión más profunda. Hubo desempleo masivo prolongado, y no hubo recuperación real durante la década de 1930. Solo cambio la situación cuando los EE.UU. entraron en la Segunda Guerra Mundial, junto con Gran Bretaña, contra las denominadas potencias del Eje. La producción pública se incrementó, lo que llevó al crecimiento económico y la recuperación. Así que sólo la guerra trajo la recuperación en la década de 1930. En mi opinión, estamos en un período similar. Se necesitarán algunos cambios drásticos para que el capitalismo vuelva a la recuperación.

MK: Su elección de palabras sugiere que la producción dirigida por el Estado puede ser diferente de la producción capitalista.

MR: Creo que hay una distinción que debe hacerse. Los economistas keynesianos creen que la solución a estas crisis es que el gobierno gaste más dinero en gasto social, o de dinero a las empresas para invertir, o lleve a cabo sus propios programas de producción y por lo tanto que la gente tenga trabajo. Esto impulsaría la economía capitalista y la pondría de nuevo en marcha. Esa es la solución keynesiana a estas crisis.

Se intentó brevemente y con poco entusiasmo en la década de 1930 por Roosevelt en los EE.UU. con el llamado New Deal. No se ha intentado realmente en la actual recuperación. La mayoría de los gobiernos han efectuado recortes en el gasto público. No estoy abogando por una solución keynesiana. Podría ayudar por un tiempo, pero también afectaría finalmente la rentabilidad del sector empresarial y de hecho podría, en ciertas circunstancias, empeorar las cosas.

Cuando hablo de la producción estatal, me refiero a que el gobierno tome el control de la mayor parte del programa de inversión de la economía. Las grandes compañías se convertirían en parte de una operación estatal, dirigida idealmente por el Estado. Fue lo que paso en la Segunda Guerra Mundial. Se dijo a las grandes empresas: “No pueden seguir produciendo coches, ahora hay que fabricar tanques”. Hubo un control directo del gobierno dirigido al esfuerzo de guerra. En cierto modo, se puso fin a la producción capitalista con fines de lucro y se reemplazó por la producción dirigida por el gobierno. Los capitalistas siguieron ganando dinero y teniendo beneficios, pero estaban completamente controlados y dirigidos por el estado militar con el fin de llevar a cabo la guerra. La analogía aquí es que el capitalismo ya no operaba sobre la base de los intereses del sector capitalista, sino de lo que se consideraba el interés de la sociedad en ese momento.

Una respuesta socialista, en lugar de una keynesiana, implica que los gobiernos se hagan cargo de los principales sectores de la economía para producir para las necesidades sociales en vez de con fines de lucro. Eso significa el control de la inversión y la propiedad de todos los principales bancos y otras grandes empresas. Algo drásticamente diferente de lo que los keynesianos proponen ahora y que iría aún más lejos de lo que ocurrió en tiempos de la guerra.

MK: Mucha gente ve la larga expansión a partir de 1945 como una situación “normal”. Pero ¿cómo se explica el boom?

MR: Esa es una parte importante de mi libro; por qué hay periodos de auge y crisis. El período de 1945 a mediados de los años 60 fue un período excepcional; se le llama la “edad de oro” del capitalismo. Había un crecimiento bastante alto, más o menos pleno empleo, muchos países desarrollaron un mejor estado de bienestar, educación gratuita hasta el nivel universitario, servicios de salud gratuitos, programas estatales de vivienda; mejores pensiones, etc.

Pero fue un período excepcional. ¿Por qué? Lo que impulsa el crecimiento en el capitalismo es la posibilidad de obtener beneficios. La salud de la economía capitalista depende de lo que ocurre con la rentabilidad del capital, la tasa de ganancia en cada inversión realizada por los capitalistas. Al final de la Segunda Guerra Mundial, como resultado de la destrucción física en Europa, de la mayor parte de la maquinaria, fábricas, etc., y una enorme cantidad de mano de obra disponible a precios baratos, la rentabilidad de las grandes empresas capitalistas se disparó en Europa en la medida que se iban recuperando. Y consiguieron crédito barato (incluso gratis) de los EE.UU. En los EE.UU. se había producido una devaluación del viejo capital, y el nuevo capital trajo una nueva tecnología que era muy rentable, y hubo una enorme expansión de la fuerza de trabajo. Lo mismo se aplica a Japón. En todo el mundo, el capitalismo tuvo un alto nivel de rentabilidad de la inversión.

Pero a mediados de los años 60 comenzó a caer la rentabilidad de forma considerable hasta la década de 1980. Este período se llama la crisis de rentabilidad. La teoría de las crisis en el capitalismo de Marx es que, si la rentabilidad es la fuerza impulsora del crecimiento, no puede aumentar continuamente. A medida que el capitalismo se expande y acumula capital, hay una tendencia de la rentabilidad a caer. Esta es una ley fundamental en la economía política que Marx percibió. Y en ese proceso de la tasa decreciente de ganancia, el capitalismo tiene problemas y las crisis se desarrollan con mayor frecuencia.

La edad de oro de los años 1950 y 1960 dio paso a las crisis. Yo era joven entonces y recuerdo que fue un período de grandes luchas del movimiento obrero en la medida en que la rentabilidad cayó y el capitalismo intentó estrujar a los trabajadores. Los trabajadores lucharon porque tenían una gran cantidad de conquistas que no querían perder y los sindicatos eran relativamente fuertes. Finalmente, los sindicatos fueron aplastados en las recesiones de principios de la década de 1980 y el movimiento obrero fue derrotado y sometido en muchas batallas. El capitalismo trató de aumentar la rentabilidad a través de recortes en el gasto público, privatizaciones, la explotación de la fuerza de trabajo, la eliminación de todas las protecciones de la fuerza de trabajo, la globalización, etc. Es el período neoliberal de los últimos 20 años del siglo XX.

Así que la “edad de oro”, fue un período especial, de rentabilidad muy alta debido a la guerra mundial, seguida de una gran disminución de la rentabilidad y, hasta el final del siglo XX, con grandes esfuerzos del capitalismo – con cierto éxito – para aumentar la tasa de ganancia de nuevo.

MK: ¿Lo que en realidad está diciendo es que la crisis de mediados de los años 60 valida la teoría de la tasa decreciente de ganancia de Marx y que el neoliberalismo movilizó algunas de las tendencias que la contrarrestan, que Marx también describe, con el fin de restaurar la tasa de ganancia?

MR: Esa es una buena manera de decirlo. La ley del beneficio de Marx sostiene que a medida que el capitalismo se expande, hay una tendencia de la tasa de ganancia a caer. Pero hay formas de contrarrestar eso, durante un tiempo. En la sociedad capitalista el valor sólo proviene de la explotación del trabajo, las personas que trabajan bajo control de los propietarios capitalistas para que puedan vender los productos en el mercado, y pueden obtener un beneficio. Estos utilizarán más maquinaria y plantas, y nuevas tecnologías, para mantener o reducir el coste de la mano de obra, pero al hacerlo, reducen la cantidad de ganancia por inversión. El beneficio, y el valor en general, según Marx, provienen sólo de las personas que trabajan, no viene de las máquinas. Las máquinas no producen ningún valor a menos que se las ponga a trabajar. Lo que requiere trabajo humano a menos que se tenga una sociedad únicamente de robots – pero eso es otra historia.

Hay una contradicción entre el aumento de la productividad del trabajo mediante una mayor inversión en tecnología y el mantenimiento de la rentabilidad mediante, trabajo más intenso, aumento de las horas de trabajo, introducción de nuevas tecnologías, expansión del comercio, desposeyendo los recursos de los países más pobres y otras formas de explotación. Estos factores actuaron con ímpetu durante los años 1980 y 1990, con el objetivo de revertir la baja tasa de ganancia a la que había llegado el capitalismo.

La rentabilidad se recuperó, pero nunca al nivel de la “edad de oro”. Desde finales de 1990 la ley marxista de la rentabilidad comenzó a funcionar de nuevo, y, a pesar de todos los intentos de los capitalistas, las principales economías empezaron a frenarse. Se crearon las condiciones para las nuevas crisis y depresiones del siglo XXI. Los capitalistas trataron de evitar la crisis con un enorme auge del crédito y la invención de nuevas formas de especulación en los mercados financieros, manteniendo los beneficios solo para un sector del capital. Pero la rentabilidad subyacente no se recuperó. Se puede especular en los mercados de valores, pero éstos no crean nada. Sólo tratan de pellizcar el dinero de los demás, por decirlo de alguna manera, y crear una mejora ficticia.

¿Qué ocurre hoy? Si observamos el crecimiento y la producción en las principales economías, es muy lento y, por tanto, las ganancias se estancan. Sin embargo, el mercado de valores, la bolsa, está en auge. Esta dicotomía entre el llamado por Marx “capital ficticio” y lo que realmente está pasando en la economía capitalista llegó en 2007 a un punto extremo.  La crisis se produjo por la brecha entre los precios del mercado de valores, los precios de la vivienda, la especulación en los mercados financieros y lo que, en realidad, ocurría con la rentabilidad del capital. Así se produjo la crisis.

Este es el proceso que trato de describir en mi libro. El libro intenta proporcionar algunos indicadores. Algunos economistas se centran en la financiarización: el aumento de ese sector en relación con los sectores productivos. Un argumento popular es que el sector financiero y los bancos deben ser regulados o restringidos. Pero eso no es suficiente, es un poco como tratar de controlar un tigre en una jaula con sólo una hoja de papel. No hay ninguna garantía de como los bancos se comportarán con la regulación. Recientemente, los reguladores financieros de Estados Unidos investigaron las actividades de HSBC, el gran banco del Reino Unido, que lavó dinero para los carteles mexicanos de la droga durante años. El Banco ganó miles de millones de libras con el lavado de dinero. A pesar de ser descubierto, las autoridades decidieron no intervenir ni imponer multas al HSBC, ya que, argumentaron, podría hacer caer al sistema bancario. Esto demuestra que la regulación de los bancos es totalmente inútil. No cambia nada; el sistema continuaría con las mismas prácticas.

La única manera de lidiar con esto es hacerse cargo de los bancos, convertirlos en propiedad pública a través del control de los trabajadores de la banca y de un amplio control democrático de la sociedad en su conjunto, para que los bancos se conviertan en un servicio público: proporcionando préstamos a la gente que lo necesita, a las pequeñas empresas para mejorar el potencial productivo de la economía. Los Bancos no podrán especular en los mercados financieros y participar de los escandalosos paraísos fiscales utilizados para el blanqueo masivo de dinero, tal como ha venido ocurriendo en las últimas décadas y continuará ocurriendo, incluso con la intervención de los reguladores.

Otro punto de esto es que la crisis financiera no es sólo una crisis bancaria. Una crisis financiera no está aislada de lo que está sucediendo en el sector productivo de la economía, de la producción, de la tecnología, de los mercados donde las cosas circulan, y con las que los bancos especulan. Los bancos no hacen dinero de la nada; el valor debe venir de otra parte. La crisis bancaria es realmente un síntoma de que los sectores productivos de la economía capitalista ya no son lo suficientemente rentables para apoyar este castillo de naipes. Los que argumentan que es sólo una crisis financiera y que la solución radica en el control del sector financiero ignoran la verdadera naturaleza de la crisis y, por lo tanto, no puede resolverla.

MK: ¿Se puede decir que el sector financiero contribuye a la inestabilidad del sistema?

MR: Es evidente, pues es más grande y más importante. A medida que la rentabilidad se redujo en los años 1960 y 1970 y se mantuvo relativamente baja en los sectores productivos en el periodo neoliberal, uno de los factores para contrarrestar esta tendencia fue trasladar la inversión al sector financiero, a los bancos y a otras instituciones, para obtener beneficios a costa de menores inversiones en el sector productivo.

La inversión productiva disminuyó en la mayoría de las economías en los años 1980 y 1990. Esto es una indicativo de la debilidad de la economía capitalista hacia el final del siglo XX y de la necesidad de desviarla a la financiación y a otros lugares. Así que sí, esto es una parte importante del proceso de la crisis. Pero, al mismo tiempo, es un síntoma de la incapacidad para aumentar la rentabilidad.

MK: ¿La gran recesión de 2007-2009 no fue prevista por los economistas?

MR: El libro tiene una sección que sería divertida si no fuera tan trágico. Los economistas profesionales, las instituciones económicas y otros ‘expertos’ no vieron venir la gran recesión que se aproximaba, sino todo lo contrario. Los bancos centrales y los gobiernos estaban convencidos de que todo iba bien, o como mucho que era un problema que podrían resolver fácilmente.

Cuando llegó la crisis, no fueron capaces de explicar por qué había estallado. Siguieron negando su gravedad y pensaron que terminaría rápidamente, lo que no fue así. No pudieron explicarlo. Hasta ahora no saben realmente qué hacer para que el sistema funcione de nuevo. Las instituciones, los bancos centrales y los gobiernos todavía están luchando para conseguir una recuperación por encima del débil nivel donde está, pero, como no entienden lo que pasó, no saben qué hacer al respecto.

Unas pocas personas advirtieron de los peligros que acechaban en la primera década del 2000. Fueron capaces de ver que la enorme burbuja inmobiliaria de los EE.UU. no podía sostenerse; otros percibieron el enorme aumento de los créditos a particulares con un sector financiero altamente comprometido. Así que uno o dos economistas radicales, fuera del consenso, reconocieron los peligros reales. Y uno o dos marxistas plantearon la idea de que, a pesar del enorme auge de los precios inmobiliarios y del crédito, la rentabilidad estaba empeorando y se produciría una crisis.

Uno de ellos fue Anwar Shaikh. Predijo una gran crisis y una depresión subsiguiente. Hice un pronóstico similar en 2005-6. Sostuve que había un conjunto de ciclos que se cruzaban: disminución de los beneficios, un pico del mercado de la vivienda, y un ciclo depresivo general que lleva el nombre del economista ruso Kondratieff. Todos esos ciclos se acumulan en una crisis depresiva. Esto me sugirió que podría haber una crisis bastante grave y pensé que se produciría entre 2009 y el 2010. Pero llegó antes. En fin, solo un puñado de personas vieron la crisis que se avecinaba: el 99 por ciento de los economistas no lo hizo.

MK: Comparando la posición de los EE.UU. de hoy a la de Gran Bretaña durante la crisis de la década de 1930 se observa que Estados Unidos se aferra a su hegemonía y al mismo tiempo sigue carcomido económicamente. ¿Cómo funcionará esto en el próximo período, por ejemplo, qué papel jugará China?

MR: Los EE.UU., la mayor economía del mundo, ha tenido una recuperación algo mayor a la de Europa o Japón, y que muchas de las economías emergentes como Brasil, Rusia, África del Sur. Estas economías están en recesión y no se han recuperado del todo. Los EE.UU. está un poco mejor, pero todavía su crecimiento es sólo del 2 por ciento al año, cuando solía ser de un 3,5 por ciento en promedio desde 1945, y, a veces aún más alto en la “edad de oro”.

Es una recuperación muy débil y parece estar diluyéndose. Mientras que la depresión continúa, los países competidores desafían la hegemonía económica de los EE.UU. La economía de Estados Unidos ha disminuido, relativamente, en los últimos 30 años. Ya no tiene la misma capacidad de producción manufacturera, en comparación con Alemania o Japón, y por supuesto con China, que ha sido la economía de mayor crecimiento en los últimos 20 años y que se ha convertido en una gran potencia económica.

Incluso en otros segmentos del espectro económico – servicios, tecnología – los EE.UU. también tiene rivales importantes. Sin embargo, los EE.UU. siguen estando a la cabeza, ya que cuentan con un sector financiero que controla el capital en todo el mundo. Eso le da, junto con Gran Bretaña – otro gran centro del capital financiero – el control económico, pese a su débil posición productiva, como consecuencia del control del crédito. Una respuesta socialista, en lugar de una respuesta keynesiana, supone que los gobiernos se hagan cargo de los principales sectores de la economía para que produzcan y resuelvan las necesidades sociales, no con fines de lucro.

También es, con mucho, la mayor potencia militar, más grande que todas las otras potencias militares juntas. Y esto le da una posición de fuerza. Usando la analogía con el Imperio Romano, éste también comenzó con una decadencia – en relación con sus rivales externos- pero mantuvo la hegemonía durante cientos de años, porque tenía las legiones romanas y enormes recursos financieros. Estados Unidos está en una posición similar, pero ahora sí tiene rivales.

El capitalismo se enfrenta a algunos retos clave en los próximos 20 años. El primero es el cambio climático y el calentamiento global, que es un problema grave y sobre el que el capitalismo no está haciendo nada al respecto. Esto realmente pone en peligro el futuro de la raza humana y del planeta, a menos que se haga algo.

También existen enormes desigualdades en la riqueza y el ingreso en el mundo, lo que crea enormes tensiones sociales. Durante los últimos 25 años, la desigualdad en el ingreso y la riqueza en todo el mundo han llegado a un nivel que no se había visto probablemente en 150 años.

Y también la desaceleración de la productividad: el fracaso del capitalismo a la hora de expandir las fuerzas productivas para proporcionar lo que la gente necesita. La tecnología no se ha expandido al nivel de lo que es posible, y el crecimiento de la productividad es muy débil.

Todos estos factores ponen en peligro el futuro del capitalismo para satisfacer las necesidades de las personas y la capacidad de los EE.UU. para mantener su posición hegemónica. Así que la rivalidad entre las grandes potencias capitalistas se incrementa y también entre los EE.UU. y China, porque China es una amenaza importante en el comercio y la producción, y, probablemente, lo será en las finanzas y la tecnología en un futuro. Estas son las contradicciones crecientes que existen en el capitalismo, que incluso ponen en peligro la existencia del planeta.

MK: Usted dedica un capítulo aparte a la zona euro. Esto es particularmente relevante dado el Brexit. En los últimos 15 años hemos visto una agudización de la contradicción entre el Norte y el Sur, en particular Alemania, por una parte, y Grecia, España e Irlanda por otra. ¿Cómo lo explica?

MR: El proyecto de la Unión Europea fue el proyecto de los principales estrategas del capitalismo europeo después de 1945. El proyecto de la Unión Europea fue el proyecto de los principales estrategas del capitalismo europeo después de 1945. No querían otra guerra, ni la división de Europa. Querían desarrollar la base capitalista dentro de Europa como una fuerza unida, capaz de rivalizar a escala mundial con los EE.UU. y Asia, especialmente con Japón en ese momento. Querían acabar con las guerras entre las naciones – que se habían convertido en guerras mundiales – y utilizar los recursos de mano de obra y el capital europeos desarrollando su propio capitalismo para competir con el resto del mundo. Ése era el plan.

Primero, se introdujo la unión aduanera, terminando con los aranceles entre las tres o cuatro mayores economías, incluidos los Países Bajos. Más tarde, se desarrolló el Mercado Común (CEE), por lo que el comercio se expandió a otras áreas, no sólo en los aranceles sino en una regulación común, con tarifas y condiciones especiales para el comercio dentro de Europa. Y, luego, se creó la propia Unión Europea, que implicó la creación de instituciones políticas para integrar Europa como una sola fuerza. Otro avance fue la introducción de una moneda única, para aquellos países de la UE capaces de unirse al euro. El acuerdo estableció que el poderoso marco alemán se integraría en una moneda, “el euro” con Francia, Italia y otras economías, incluyendo los Países Bajos. En su momento fue visto como un paso necesario para reforzar la integración de Europa como una fuerza en el mundo.

Pero es muy difícil desarrollar una moneda bajo el capitalismo, cuando el capitalismo desarrolla sus fuerzas productivas produciendo un desarrollo desigual. Así, una unión capitalista lo que realmente consigue es que el débil se transforme en más débil con respecto al más fuerte. Así es como funciona el capitalismo.

En realidad, las economías más débiles dentro de este bloque, especialmente en la zona euro, estaban en mejores condiciones relativas antes de la creación del euro. Sus economías retrocedieron mientras que el ganador principal del euro fue el núcleo central del sistema, Alemania en particular.

La gran recesión expuesto estas fisuras en la zona euro. El proyecto del euro era como un tren que descarriló por la crisis económica. Es muy difícil poner el tren en sus raíles de nuevo debido a que muchos de los países más débiles entraron en crisis y los países más fuertes no estaban preparados para rescatarlos.

El proyecto del euro sólo habría funcionado si hubiera habido una unión fiscal completa, una unión federal completa, al igual que en los EE.UU. Pero recuerde que EE.UU. logró esa unidad después de una terrible guerra civil que aplastó a la oposición en el Sur esclavista. La idea de una unión fiscal completa, en el que todo el mundo paga los mismos impuestos, donde hay un solo gobierno y una moneda en todos los ámbitos no es posible en Europa en este momento, sobre todo después de la gran recesión. De hecho, el riesgo es que el proyecto del euro y todo el proyecto de la Unión Europea se fragmente, sobre todo si hay otra crisis en el futuro.

El Brexit es un ejemplo de esa tensión. Los estrategas capitalistas británicos nunca se habían interesado de verdad en la idea de la integración europea. Todavía tenían la ilusión de que Gran Bretaña era lo suficientemente potente como para no necesitar a nadie, o podría ser un socio menor del capitalismo estadounidense y por lo tanto no necesitaba integrarse en Europa para progresar. La clase dominante británica se dividió entre aquellos que pensaban que Europa era la respuesta y los que creían que era mejor estar solos o con los EE.UU…

Esa división alcanzó un punto crítico con la Gran Recesión, cuando Europa sufría una gran crisis producto de la deuda del euro. Grecia, España e Italia han caído en una profunda depresión y el liderazgo franco-alemán no ha proporcionado ayuda a estos países como parte del proyecto de la UE. Así que, algunos capitalistas británicos dijeron: “Bueno, en realidad no es en Europa donde podemos obtener beneficios; estamos mejor por nuestra cuenta“. Esta división política llegó a su punto álgido con el referéndum. En muchos sentidos, será un completo desastre para el capitalismo británico, porque sus estrategas no saben cómo van a salir de Europa.

MK: En el libro sugiere que la depresión no es permanente. ¿Hay una salida para el capitalismo?

MR: Algunos marxistas dicen que estamos en un estancamiento permanente o la depresión. No estoy de acuerdo. En el pasado, el capitalismo ha demostrado que se puede encontrar una salida, si se puede restablecer las condiciones para una mayor tasa de ganancia, como lo hizo después de la Segunda Guerra Mundial y al final del siglo 19 la depresión.

Algunos marxistas dicen que estamos en un estancamiento o depresión permanente. No estoy de acuerdo. En el pasado, el capitalismo ha demostrado que puede encontrar una salida si logra restablecer las condiciones para una mayor tasa de ganancia, como lo hizo después de la Segunda Guerra Mundial y al final de la depresión del siglo XIX.

¿Cómo lo consigue? La única manera de hacerlo es recuperar la rentabilidad. Eso significa destruir el capital que ya no es productivo. Significa directamente cortar las plantas viejas en su jardín y permitir que otras nuevas crezcan. Por supuesto, esto será a expensas de los puestos de trabajo y los medios de vida de todo el mundo. Estamos hablando de seres humanos que pierden su empleo como consecuencia del cierre de fábricas y empresas, fusiones y venta de activos, flexibilización del empleo y reducción de la producción, todo ello en aras de una mayor rentabilidad. Una crisis, tal vez una serie de depresiones, puede hacer eso. Entonces vamos a seguir con la actual depresión. El sistema tiene que deshacerse de una gran cantidad de deuda, aplastar una gran cantidad de bancos, cerrar un montón de viejas industrias y empresas. Eso es horrible, pero eso es lo que hace el capitalismo para resucitar.

El capitalismo podría obtener una nueva oportunidad con el uso de todas las nuevas tecnologías de las cuales todo el mundo está hablando – los robots, la automatización, Internet y también explotando nuevas áreas del mundo que todavía tiene grandes cantidades de mano de obra barata que puede utilizar en conjunción con estas nuevas tecnologías.

Tal vez las condiciones políticas y económicas para una nueva oportunidad del capitalismo se produzcan, digamos, en la próxima década como resultado de nuevas depresiones, pero sólo si las personas que trabajan en los países que las sufran no son capaces de cambiar el sistema de alguna manera, y los capitalistas y sus estrategas y representantes políticos permanecen en el poder.

Pero incluso si eso sucede, el capitalismo no va a resolver sus problemas de forma indefinida. De hecho, cada vez es más y más difícil para el capitalismo recuperarse y expandirse, con el calentamiento global, la baja productividad, el aumento de la desigualdad, y con áreas cada vez más pequeñas en el mundo que no está proletarizado, urbanizado y que es parte del sistema capitalista global. Hoy hay menos espacio para que el capitalismo se expanda. Se acerca su fecha de caducidad en términos históricos. Pero podría tener otro período de expansión en los próximos 20 años, incluso antes.

Colombia: El partido político de las FARC será democratizante desde su nacimiento

El diario El Espectador de Colombia publicó un artículo haciendo referencias al documento denominado con pretensión “tesis de abril” ya que recuerda obligadamente las famosas tesis de Lenin de 1917. También Página 12 de Argentina publicó un artículo similar.

Es de importancia conseguir el texto completo para hacer una valoración precisa de todos sus planteos. Pero ya podemos anticipar algunos comentarios partiendo de los extractos publicados. Se trata de las tesis preparatorias del Congreso fundacional del partido de las Farc.

No es una organización cualquiera, ha tenido influencia de décadas en Colombia (54 años) y en todo Latinoamérica, se trata de una de las organizaciones guerrilleras más antiguas del continente.

Hubiéramos querido tener la oportunidad de debatir directamente con los compañeros este documento ya que las cuestiones que abarca son de interés estratégico para la clase obrera del Continente.

No hay citas que hagan referencia al balance de su experiencia de tantas décadas, que es fundamental debatir. Para entender las razones de su derrota política, antes que militar. Para evitar que vuelvan a ser derrotados, ahora por las ilusiones en las vías legales, porque las consecuencias serán nefastas.

Las tesis están siendo discutidas, por casi “8.000 hombres en armas en los 26 territorios transitorios de normalización”, en las zonas veredales y puntos de normalización, expuestas por los comandantes políticos, y estudiadas por grupos o células según instrucción del Secretariado.

Según se dice, es el trabajo preparatorio para las asam- bleas que se están llevando a cabo desde mayo, para en agosto convertirlas en principios de su nuevo partido polí- tico. Las tesis serían continuidad de lo acordado en la últi- ma Conferencia en 2016, en los Llanos del Yarí.

Los periodistas interpretan que se señalan las ideas que los conducirán al poder, dicen, esta vez por la vía legalesperanza de miles de mujeres y hombres que han dejado de disparar para soñar un país sin guerra y luchar por él en el terreno político. Así, paso a paso, cada amanecer trae nuevas tesis, nuevas dudas, pero también renovados compromisos de los ex combatientes con una sociedad futura sin guerra.

El documento afirma que EL PARTIDO SE FUNDA- MENTARÁ EN “EL MARXISMO, EL LENINISMO, el pensamiento emancipatorio bolivariano y en general, en las fuentes del pensamiento crítico y revolucionario de los pueblos”.

Eso puede leerse en la tesis 47 que detalla, además, que “la construcción partidaria que iniciamos, al tiempo que da continuidad a nuestra larga trayectoria de lucha y a nuestra ideología (…) deberá comprender esfuerzos por nuevos desarrollos que posibiliten ganar el corazón de los humil des, los expropiados y los desposeídos”.

No es suficiente definirse marx-leninista para serlo real- mente, pero muestra una definición ideológica de gran importancia, ya que de ella reniega hoy gran parte de la izquierda.

Algunos aspectos centrales que definen la orientación ideológica marx-leninista son: a) definir con la mayor precisión el objetivo estratégico: el socialismo, el comunismo, la dictadura del proletariado (gobierno obrero-campesino) (porque corresponde a la definición del Estado por su con- tenido de clase), la destrucción del Estado burgués; b) la única vía para alcanzar ese objetivo estratégico es la revolución social, (no hay ninguna otra vía); c) para que esa revolución social sea realmente popular, la clase obrera debe dirigir al resto de los oprimidos, a la mayoría de la población; d) se debe definir que los principales medios de producción serán expropiados y puestos en funcionamiento bajo control colectivo de los trabajadores, que se realizará una revolución agraria; e) lo que corresponde con estos principios es la construcción de un partido obrero, comunista, basado en el centralismo democrático, un verdadero estado mayor de la clase obrera; f) propagandizar permanentemente la desconfianza en las instituciones del Estado burgués, sus leyes, su Justicia, las elecciones; g) señalar que la burguesía es incapaz de resolver las tareas democráticas y nacionales, que sólo la clase obrera en el poder podrá resolver esas tareas combinándolas con las tareas socialistas; etc.

Estas cuestiones vitales, nos parece que aparecen difusas en los textos que se conocen del documento.

Por ejemplo, cuando se dice en la nota: “Campesinos en su mayoría con escasos años de escolaridad hacen parte de las filas guerrilleras convencidos y comprometidos con lo que sus comandantes les han dicho: que la dejación de armas no es el fin de su lucha revolucionaria sino una transición para continuar su camino al poder ahora por la vía política.”

Este comentario aparece contradictorio. El camino al poder para la clase obrera, para los campesinos, para la mayoría oprimida, es la revolución social. No hay otra vía para alcanzar el poder. La historia nos ha dado numerosos ejemplos en este sentido.

¿Cómo debe entenderse la idea de la vía política? ¿Como un camino electoral, parlamentario, pacífico? Si así fuera sería el abandono de toda perspectiva revolucionaria.

UN PARTIDO PARA LOS TRABAJADORES

Según el documento conocido por GeneracionPaz.Co las Farc se proponen fundar un partido “que logre representar y expresar las aspiraciones históricas de la clase tra- bajadora en los centros urbanos y las zonas rurales”. Las aspiraciones de la guerrilla van incluso hasta conquistar a la clase media. En la tesis 47 se lee que “además de ser un partido de la clase trabajadora, nuestro partido deberá tener la capacidad de dialogar con otros sectores de la población particularmente de las llamadas capas medias e interpretar sus intereses y aspiraciones. En ese sentido, su estructura, manteniendo la solidez y coherencia debidas, deberá contener una capacidad adaptativa a los cambios que registre la formación socioeconómica y sociopolítica en su conjunto a fin de preservar sus posibilidades de respuesta y de elaboración de su línea polí- tica en la búsqueda de sus propósitos del orden táctico y estratégico”.

“la situación de la clase trabajadora demanda una alternativa política que contribuya a mejorar sus vidas presentes, al tiempo que ofrece perspectiva histórica de cara a las futuras generaciones”.

La construcción del partido, dicen las Farc, debe estar basada en “el ejercicio pleno de la democracia interna” el cual “construirá sus decisiones basado en la más amplia deliberación y tomará decisiones que comprometiendo al conjunto de la organización establecerán reglas de reco- nocimiento y regulación frente a quienes se encuentran en posición minoritaria”

…. principios para continuar su transformación de ejército ilegal a partido político.

De la tesis 46 a la 61, la final, se profundiza sobre la comprensión del partido “en el nodo del campo revolucionario”. La tesis 48, por ejemplo, se titula “un partido para la superación del orden social capitalista y la construcción de una nueva sociedad” y más adelante se refieren al comunismo como fundamento de su futura lucha política sin armas.

Esta es una cuestión esencial, aparecen planteadas muchas ideas.

cuando dice “un partido para la superación del orden so- cial capitalista y la construcción de una nueva sociedad” y más adelante se refieren al comunismo como fundamento de su futura lucha política sin armas.

Aparece confusamente la cuestión estratégica, lo que indicaría que no hay un balance correcto de la experiencia guerrillera. No hay, ni puede haber, superación del orden social capitalista por medios pacíficos. Hay que decirlo con total claridad para evitar confundir o engañar a la militancia. Sólo se puede superar el orden social capitalista por medio de una revolución social, que expropie a los grandes capitalistas y transforme su propiedad en propiedad social (de todos en general y de nadie en particular).

Mucho menos se puede alcanzar el comunismo si previa- mente no hemos derrotado al capitalismo en todo el mundo, por la única vía posible. La lucha política no se divide en lucha con armas o sin armas. Se puede luchar con armas por un programa reformista o nacionalista y no por eso son revolucionarios.

Lo que define el carácter revolucionario es su programa, su estrategia de poder, cómo hace para ganarse a todos los oprimidos para esa estrategia, es decir cómo fusiona la teoría y la práctica. Sin teoría revolucionaria no hay práctica revolucionaria (Lenin).

La cuestión de las armas no se resuelve al margen de la lucha de clases, de la madurez política de la clase obrera y las masas. Las armas en sí mismas no son un programa, aunque pueden encubrir la ausencia de un programa revolucionario. Por el contrario, aquellos que reniegan de las armas, que reniegan de la violencia revolucionaria y se pontifican como pacifistas y partidarios de la legalidad burguesa, sabemos desde el principio que rechazan la estrategia de la revolución social, aunque no lo digan explícitamente.

La expresión “clase trabajadora” “partido de trabajadores” es ambigua. Es un tema delicado cuando se está debatiendo la constitución de un partido revolucionario por parte de miles de combatientes.

El partido que hay que construir en Colombia, y (en cada uno de nuestros países), es el partido revolucionario, el que encarne la estrategia. Un verdadero partido de clase, obrero, comunista.

El término trabajador incluye a sectores de las clases medias asalariadas, que trabajan, que perciben un salario, pero que no son obreros. Trabajador se considera también el artesano, el comerciante, el pequeño productor, que trabaja. Y hasta sectores de la burguesía pequeña que se considera trabajadora, y por supuesto también la clase obrera, es par- te de esa definición, sea de la ciudad o del campo. El obrero rural es hermano de clase directo del obrero urbano.

Como vemos el término “trabajador” incluye sectores de distintas clases y capas de la sociedad que no son obreras.

Esto no quiere decir que en su composición haya sólo obreros, quiere decir que el contenido de clase de ese partido no deja lugar a dudas, que su perspectiva política no puede ser otra que la lucha por el poder para destruir el Estado de la burguesía, instaurar la dictadura del proletariado, para comenzar a construir la nueva sociedad.

Esta no es la perspectiva de la pequeñaburguesía, de las clases medias del campo y de la ciudad, que tienen ataduras con el régimen de la propiedad privada, porque ellas mismas aspiran a tenerla o incrementarla.

Es muy saludable la preocupación por construir un partido y no un movimiento.

Esto se nota cuando se preocupan por la organización, por el debate interno, el centralismo, y cómo garantizar los derechos de las minorías dentro de la organización. Lo que asegura la mayor cohesión interna es el programa partida- rio. El partido es el programa. Lo esencial en este período es definir el programa, sus lineamientos principales.

Cuando habla de “… contener una capacidad adaptativa a los cambios que registre la formación socioeconómica y sociopolítica en su conjunto a fin de preservar sus posibilidades…”

La formación socioeconómica no modificará su estructura bajo el capitalismo, Colombia seguirá siendo semicolonia del imperialismo, atrasada y de desarrollo desigual y combinado hasta la toma del poder por el proletariado, que empezará a transformar la sociedad desarrollando las fuerzas productivas, llevando adelante las tareas que la burguesía no pudo, no supo y no quiso llevar adelante.

El proyecto de unidad latinoamericana que planteaba Bolívar solo podrá materializarse en los Estados Unidos Socialistas de América Latina, producto de las revoluciones triunfantes en nuestros países. Las recientes experiencias de unidad latinoamericana en manos de corrientes que defienden el orden capitalista han fracasado o han terminado sirviendo a los intereses de las multinacionales.

En cuanto a las modificaciones sociopolíticas, el partido efectivamente debe poder adaptarse a los períodos de legalidad para hacer propaganda, y avanzar con su penetración en los movimientos de masas y también poder adaptarse a los momentos de mayor represión, para mantener en pie la estructura del partido. Esto se garantiza con la cohesión programática, la disciplina, la politización de todos los militantes.

Destacan en el documento “la necesidad de avanzar hacia una convergencia nacional, un gobierno nacional” y resaltan la necesidad de crear “un bloque popular alternativo”.

El documento se denomina “Tesis de Abril por un partido para construir la paz y la perspectiva democrática popular”

En este punto, la guerrilla es enfática en resaltar la cultura como escenario fundamental para la paz. En la tesis 22 “El papel central de la cultura” las Farc afirman que: “Se está frente a la perspectiva de emprender la transformación cultural más importante de la historia reciente: la construcción de una paz estable y duradera de cara a las generaciones futuras”. Luego, en el siguiente bloque “Acompañamiento internacional verificación y participación social” se incluye una tesis sobre el reconocimiento del gobierno de Donald Trump, en EE.UU., al acuerdo de paz.

El sexto y último capítulo está titulado “Transición Política y gobierno de transición”. Y sus artículos los ratifican:

Tesis 57. El gobierno de transición como necesidad de la transición política; Tesis 58. Naturaleza del gobierno de transición; Tesis 59. Contenidos básicos de un programa

de gobierno de transición; Tesis 60. La base política y social para un gobierno de transición; Tesis 61. Posibilidades de ampliación de la base política y social del gobierno de transición.

El “gobierno de transición” será un gobierno burgués si se basa en el respeto a la propiedad privada de los principales medios de producción y en la explotación del trabajo. Insistimos, el punto de partida para comenzar a construir el socialismo es terminar con la burguesía y su Estado por medio de la revolución social.

Es necesario desarrollar este tema, ¿convergencia con quién? ¿con qué sectores?, ¿para desarrollar qué política? No hay que colaborar con ningún partido burgués, ni con el Gobierno. Ni participar en gobiernos con sectores burgueses. Es contradictorio con desarrollar una política que cuestione la democracia burguesa y el régimen de propiedad.

“Perspectiva democrática popular” No hay etapas en la revolución. Para realizar las tareas democráticas y conquistar una verdadera democracia, hay que hacer una revolución social. La burguesía de nuestros países es una clase que se ha entrelazado con los terratenientes, con el capital financiero, y ha renunciado a las tareas que le hubieran correspondido, eso es irreversible. Las masas conquistarán la democracia cuando se apoderen de todos los medios de producción, cuando puedan decidir sobre ellos, cuando se autogobiernen, cuando construyan sus propias organiza- ciones de masas.

“Bloque popular alternativo”, lo mismo, ¿a quien va dirigido este planteamiento? cualquier acuerdo político tiene que incluir cuestiones estratégicas y debe aparecer la política revolucionaria, de la clase obrera. De lo contrario, como enseña la historia, esos bloques son dirigidos por la burguesía o la pequeño-burguesía.

Estas expresiones, “bloque popular alternativo” y “perspectiva democrática popular” no son originales, no provienen del marx-leninismo, por el contrario, su origen debe encontrarse en el revisionismo, en el stalinismo (de cuño castrista o maoísta). Son contrarias a la formulación de gobierno obrero-campesino, (dictadura del proletariado).

“Construir la paz”, “la construcción de una paz estable y duradera” es imposible mientras el imperialismo y el gran capital mantengan la dominación sobre nuestros países. Cuando el régimen burgués no logra contener a las masas dentro de su legalidad apela a la represión, más violenta cuanto más radicales son los movimientos. Es una ilusión peligrosa pensar que se puede alcanzar la paz en una época de descomposición avanzada del capitalismo, donde predominan las tendencias a la guerra, a la imposición violenta de las políticas del imperialismo.

El documento es coherente con su entrega de las armas, aunque introduce análisis correctos de la realidad, no acierta en precisar cuál es su política, su estrategia, lo cual desembocará, si no se corrige a tiempo, en una nueva derrota política para su militancia, ya que el nuevo partido será democratizante.

 

(artículo de Comité de Enlace por la Reconstrucción de la Cuarta Internacional, CERCI)