La intelectualidad y la clase obrera en 1917 (II)

por David Mandel//

Es en la estela de las Jornadas de Julio cuando los trabajadores se vieron obligados a confrontar directamente con las implicaciones de su aislamiento creciente respecto a la intelectualidad. Los 3 y 4 de julio, los trabajadores industriales de Petrogrado, al lado de algunas unidades de la guarnición local, marcharon en dirección del Palacio de Tauride en manifestación pacífica con el objetivo de hacer presión sobre el Comité Ejecutivo Central (CEC ) de los soviets, que estaba entonces compuesto mayoritariamente de mencheviques y SR (Socialistas Revolucionarios), para que pusiera un final al gobierno de coalición con los representantes de las clases poseedoras y asumiera la iniciativa de tomar el poder . En otros términos, que formase un gobierno de los soviets, en el interior del cual solo estuvieren representados los trabajadores, los soldados y los campesinos. Pero se produjo una cosa impensable: no solamente la dirección menchevique y SR rechazó tener en cuenta la voluntad de los trabajadores sino que se mantuvo a distancia cuando el gobierno, en el seno del cual estaban representados esos dos partidos, lanzó una ola represiva contra los trabajadores, los bolcheviques y otros socialistas de izquierda opuestos al gobierno de coalición. El ministro del interior, directamente responsable de esa política, no era otro que el dirigente menchevique I.G. Tsereteli.

Hasta ese momento, los trabajadores radicalizados pensaban en términos de traspaso pacífico del poder a los soviets. Ello era posible porque los soviets se beneficiaban del apoyo de los soldados. Pero la negativa de los dirigentes del CEC de los soviets a tomar el poder y su determinación para adoptar medidas represivas contra los trabajadores modificó profundamente el dato. Ello forzó, entre otras razones, a los trabajadores a hacer frente a la perspectiva de una toma del poder por medio de una insurrección armada. Ello significó igualmente que el nuevo gobierno no gozaría del apoyo ni de la intelectualidad de izquierda, cuyos conocimientos y competencias eran más que necesarias para administrar la economía y el aparato de Estado del país.

Esa perspectiva preocupó profundamente a los trabajadores. Ello apareció claramente en la conferencia de los comités de fábrica de Petrogrado de los 10-12 de agosto de 1917. El consenso general en esa conferencia era que la industria se dirigía rápidamente hacia un total hundimiento, facilitado por el sabotaje de los industriales –que contaban con el desempleo de masas para debilitar el movimiento de los trabajadores- y por el gobierno provisional que, bajo presión de los industriales, rechazó tomar medidas contra la agravación y la dislocación económicas. Los delegados eran cada vez más conscientes de la perspectiva probable de que deberían tomar a cargo la economía, una cosa que no imaginaban cuando la Revolución de Febrero, que consideraban en términos puramente liberal-democrático y no socialista.

Uno de los delegados presentes en la conferencia resumió así la situación: debemos ejercer toda nuestra energía en esta lucha [preparar nuestro propio aparato económico para el momento del hundimiento de la economía capitalista]. En particular ya que las contradicciones de clase son cada vez más visibles y la intelectualidad nos abandona, debemos contar con nuestras fuerzas y tomar toda nuestra organización entre nuestras manos de trabajadores” 1/. Los delegados eran demasiado conscientes de la dificultad de la tarea. “En todos los informes”, observaba uno de ellos, “como un hilo rojo, corre el grito de la falta de personas [instruidas] 2/. “El zarismo ha hecho todo para dejarnos sin preparación”, se lamentaba otro delegado, “y naturalmente, en todos los logares, tanto en los órganos económicos como políticos, carecemos de personas [instruidas] 3/

¿Cómo debían actuar en esas circunstancias? Sedov, un delegado menchevique, afirmó que no podía ser cuestión de que los trabajadores tomasen ellos mismos el poder:

“Estamos solos. Pocos trabajadores son capaces de comprender las cuestiones de Estado y ejercer un control. Es necesario organizar cursos sobre los asuntos gubernamentales y sobre el control de la producción. Si tomamos el poder, las masas nos crucificarán. La burguesía está organizada y dispone de una masa de personas experimentadas. Ese no es nuestro caso. No estaremos en situación de mantener el poder 4/”.

La mayoría de los delegados a la conferencia no compartían sin embargo esa opinión. Su posición fue expresada por un delegado de la Fábrica de Teléfonos sin hilo y de Telégrafos:

“La burguesía conoce sus intereses mejor que los partidos pequeño-burgueses [mencheviques y SR]. La burguesía comprende perfectamente la situación y se ha expresado muy claramente por la boca de Riabouchinski 5/, que ha declarado que esperarían hasta que el hambre nos alcance la garganta y destruya todo lo que hemos obtenido. Pero cuando nos tengan por el cuello, lucharemos y no abandonaremos el combate 6/.”

Una y otra vez los obreros exhortan unos a otros de abandonar el viejo hábito de confiar en la intelligentsia.

La clase obrera siempre ha estado aislada. Siempre se ve obligada a desarrollar en solitario su política. Pero en la revolución la clase obrera es la vanguardia. Tiene que dirigir al resto de las clases, entre ellas al campesinado. Todo depende la actividad de los trabajadores en diferentes organizaciones, comisiones, etc., en el interior de las que debemos formar a una mayoría de trabajadores. Frente al hambre que se aproxima debemos oponer la actividad de las masas. Debemos desembarazarnos del espíritu eslavo de pereza y trazar un camino en la selva, que conducirá a la clase obrera al socialismo 7/”.

Cuando uno de entre ellos sugerirá que el número de grupos de trabajo sea limitado, por la complejidad de las cuestiones a discutir y de la penuria de “fuerzas activas”, S.P. Voskov, un carpintero de la fábrica de fusiles de Sestroretsk, replicó:

La ausencia de los intelligenty no impide en nada el trabajo de las secciones. Ya es la hora de que los trabajadores renuncien a la mala costumbre de mirar tras ellos hacia el intelligenty. Todos los participantes en esta conferencia deben inscribirse en una u otra sección y trabajar de forma autónoma 8/”.

En realidad, los peores temores de estos trabajadores se materializaron en octubre del 17. Los mencheviques y los SR [de derecha] abandonaron el Congreso de los soviets que eligió un gobierno de los soviets, es decir basado en el principio mismo –un gobierno responsable ante los soviets- que ellos rechazaban. El personal técnico y administrativo medio y superior del Estado y de las instituciones bancarias, así como los médicos y los profesores se pusieron en huelga 9/. En las fábricas, el personal técnico y administrativo superior rechazó igualmente reconocer al nuevo gobierno o cooperar con el control obrero 10/. La amplitud de la hostilidad de la intelectualidad de izquierda hacia la insurrección de octubre y el gobierno de los soviets –que no tenía equivalente, incluso ni entre los trabajadores más conservadores-, se expresa con fuerza en la siguiente resolución, adoptada por el Comité Ejecutivo del grupo socialista de los ingenieros, a finales de octubre de 1917:

“Una banda de utopistas y demagogos, explotando la fatiga de los trabajadores y de los soldados, explotando la atracción utópica de la revolución social, por el engaño y la difamación deliberada del gobierno provisional, ha arrastrado tras ella a masas ignorantes y, contra la voluntad de la mayoría del pueblo ruso, en vísperas de la Asamblea Constituyente, han tomado el poder en las capitales y en algunas ciudades de Rusia. Con ayuda de detenciones, de violencia contra la libertad de palabra y de prensa, con ayuda del terror, una banda de usurpadores intenta mantenerse en el poder. El Comité del grupo socialista de los ingenieros protesta con vigor contra esta toma del poder, contra la detención de Kerenski, contra los asesinatos y la violencia, contra el cierre de periódicos, contra las persecuciones y el terror, declara que los actos cometidos por estos usurpadores no tienen nada en común con los ideales socialistas y que aniquilan la libertad conquistada por el pueblo […] Los verdaderos socialistas no pueden dar el menor apoyo a los usurpadores del poder ni a los que no rompen firme y categóricamente con ellos 11/”.

Los trabajadores manuales y los de cuello blanco de las escalas inferiores de las instituciones gubernamentales y financieras rechazaron participar en las huelgas y condenaron a los empleados superiores por ello. Después de la Revolución de Octubre, el gobierno de los soviets ordenó la disolución de la Duma de Petrogrado (la asamblea municipal) cuando ella rechazó reconocer al nuevo régimen. Organizó nuevas elecciones, que fueron boicoteadas por todos los partidos, con excepción de los bolcheviques y de los socialistas revolucionarios de izquierda. Cuando se reunió la nueva Duma, su presiente, M.I. Kalinin, informó que los empleados intelligentye de la Duma “faltaban claramente de respeto […] he intentado hablarles y ellos manifestaron su intención de resistir. Los trabajadores municipales y los cuellos blancos de escalas inferiores estaban sin embargo felices transfiriendo el poder a los trabajadores” 12/

Alexandre Blok fue una de las raras figuras literarias de la antigua generación que abrazó la Revolución de Octubre. Escribiendo en el curso de invierno que siguió a la Revolución de Octubre, trazó de la siguiente forma el retrato del estado de espíritu de la intelectualidad:

“Rusia perece”, “La Rusia y no es”, “que Rusia repose en paz”, tales son las palabras que oigo repetir a mi alrededor. […]

¿Qué imaginabais pues? ¿Qué la revolución era un idilio? ¿Qué el acto creador no destruía nada en el camino? ¿Qué el pueblo era prudente como una reliquia? […]

Los mejores dice: “Nuestro pueblo nos ha decepcionado”; se hacen mordaces, arrogantes y rabiosos, no ven alrededor suyo más que grosería y bestialidad (mientras que el hombre está ahí, muy cerca) y llegan hasta decir: “No ha habido nunca revolución”, los que no acababan de odiar al zarismo están dispuestos a echarse en sus brazos, siempre que olviden lo que sucede; Los “derrotistas&rdquo 13/; de ayer vituperan “el dominio alemán” 14/ los que se decían “internacionalistas” lloran ahora por la “Santa Rusia”; los ateos queman los cirios y ruegan por la derrota del enemigo interior y exterior.

¿Hemos cortado la rama sobre la que estábamos sentados? Que lamentable situación: con una voluptuosidad muy pérfida hemos echado algunas astillas secas en el montón de cepas húmedas e hinchadas por la nieve y la lluvia; y cuando de repente ha surgido la llama, desplegándose hasta el cielo como un estandarte, todo el mundo se ha puesto a correr y a gritar: “¡Fuego! ¡Fuego!&rdquo 15/;

7/8/2017

Se trata de la segunda parte sobre cuatro de una contribución de David Mandel, publicada en su primera versión en 1981, en el número 14 de la revista Critique, p. 68-87, revista animada por Hillel Tickin. Esta primera versión ha sido revisada y ampliada para una nueva publicación, en 2016, en una revista brasileña. Ha servido de base a la traducción realizada por Sébastien Abbet, para la web www.alencontre.org. La traducción ha sido revisada por el autor, que la ha encontrado completamente conforme, en términos de contenido y calidad de adaptación al original. (Red. A l’Encontre)

 

Notas

1/ Oktiabr’skaia revoliutsia i fabzavkomy, Moscú, 1927, vol I, p.189.

2/ Op. cit., p. 188.

3/ Ibid.

4/ Op. cit., p. 208.

5/ P. P. Riabouchinski era un importante banquero e industrial, del que se consideraba que se situaba en el ala izquierda de su clase. Sin embago, en un discurso realizado en agosto de 1917 ante representantes de los medios de negocios, atacó violentamente a los soviets, declarando que la « la larga mano huesuda del hambre » deberá probablemente asir a los falsos amigos pueblo, « los miembros de diversos comiés y de los soviets » a fin hacerles retomar sus espíritus (Ekonomicheskoe polozhenie Rossii nakanune Velikoi Oktiabr’skoi sotialisticheskoi revoliutsii, vol. 1, Moscú, 1957, p. 200-201.). En la izquierda y más generalmente en los círculos de trabajadores, esa declaración fue sentida com una abierta admisión de que los industriales llevaban a cabo un cierre patronal progresivo, camuflado, cerrando las fábricas y engendrando un paro de masas a fin de aplastar militarmene a un movimiento obrero debilitado. Riabouchinksi se convirtió así en la encarnación del kapitalist-lokautchik en el seno de la izquierda y en los medios obreros.

6/ Oktiabr’skaia revoliutsia i fabzavkomy, vol. 1, p. 208.

7/ Ibid., p. 206.

8/ Ibid., p. 167

9/ Novaïa zhizn’, 13 de noviembre, 8, 22 et 30 de diciembre de 1917.

10/  Zaniatia pervoi moskovskoi oblastnoi konferentsii, (Moscú: 1918), p. 47-48, citado en N. Lampert, The Technical Intelligentsia in the Soviet Union 1926-1935, tesis doctoral, CREES, University of Birmingham, U.K.: 1976, p. 19.

11/ A.L. Popov, Oktiabr’skii perevorot, (Petrograd: 1919), p. 364.

12/ Novaia zhizn, Diciembre 5, 1917. Ver también Oktiabr’skoe vooruzhennoe vosstanie v Petrograde, (Moscou: 1957), 368, p. 514-75; et C. Volin, Deiatel’ nost’ men’ shevikov v profsoiuzakh pri sovetskoi vlasti, Inter-University Project on the History of Menshevism, paper n° 13, 28 octubre de 1962, p. 28.

13/ Es decir los que consideraban a la derrota de la guerra como un factor que estimulaba la revolución.

14/ Referencia al tratado de Brest-Litovsk de marzo de 1918, conforme al cual amplias porciones del antiguo imperio ruso fueron cedidas a Alemania a cambio del fin de la guerra.

15/ Znamia truda, 18 de enero de 1918. La novela poco conocida, pero bien escrita, de V. V. Versaev, publicada por primera vez en 1924 y titulada V tupike, sobre la guerra civil en Crimera, proporciona un vivo retrato de la similitud sobre las perspectivas políticas de la intelectualidad de izquierda.

¿Por qué se está beneficiando la ultraderecha de la crisis del capitalismo?

por Alejandro Valenzuela y Barry Grey//

Las elecciones alemanas del domingo vieron el surgimiento de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD, siglas en alemán) y el colapso de la fuerza oficialmente de izquierda, el Partido Socialdemócrata (SPD). La votación de más de noventa diputados del AfD marca la primera vez desde el final del Tercer Reich que políticos explícitamente fascistas y racistas integrarán la legislatura nacional.

Lejos de ser una excepción, el triunfo electoral del partido neofascista de Alemania es parte de un patrón que se sigue repitiendo, una y otra vez, en toda Europa e internacionalmente.

El ultraderechista Partido de la Independencia de Reino Unido (UKIP, siglas en inglés), emergió como la fuerza política líder en el plebiscito del año pasado sobre la salida de la Unión Europea o brexit. En Francia, la dirigente del Frente Nacional, Marine Le Pen, alcanzó la segunda ronda en las elecciones generales del año pasado, consiguiendo el 34 por ciento de los votos, el doble del resultado de su padre en el 2002. En las elecciones del próximo mes, se espera que el neofascista Partido de la Libertad de Austria forme parte del Gobierno nacional.

En Estados Unidos, Donald Trump, un especulador de bienes raíces y estrella de televisión multimillonario y de orientación fascista, ganó las elecciones del año pasado, llevando al poder al Gobierno más derechista en la historia de EUA.

Estos acontecimientos suscitan las siguientes interrogantes: ¿Por qué es que la década después de la peor crisis del capitalismo mundial desde los años treinta, la cual hizo colapsar todo el sistema financiero y provocó medidas brutales de austeridad y militarismo internacionalmente, ha traído consigo un fortalecimiento paulatino de los partidos ultraderechistas? Más allá de fracasar en ganar apoyo después de presidir el desmantelamiento de programas sociales y el empobrecimiento de amplias capas de la clase trabajadora, ¿por qué sufren los partidos socialdemócratas y laboristas una derrota tras otra?

Durante la última década y a raíz de un proceso -particularmente desde la disolución de la Unión Soviética- hace cuatro décadas, lo que es presentado como la política de izquierda se ha disociado completamente de cualquier oposición al capitalismo. El Partido Laborista británico, el Partido Laborista australiano, el Partido Socialista francés, el Partido Socialdemócrata alemán y el Partido Demócrata en EUA todos han abandonado toda orientación hacia la clase trabajadora o atención a las dificultades sociales que enfrentan. Han sustituido las cuestiones de clase por las de identidades raciales y de género, un fundamento falso y reaccionario en política.

Las fuerzas políticas más reaccionarias han explotado el vacío creado por la ausencia de un desafío al sistema capitalista, permitiéndoles presentarse como representantes de las masas. Se han esforzado para desviar el descontento social a lo largo de líneas derechistas y nacionalistas. Su postura populista es completamente cínica, demandando al mismo tiempo drásticos recortes sociales y mayores reducciones de los impuestos para la élite corporativa

No es el caso que las masas de trabajadores apoyen políticas racistas ni fascistas. Los votos que han recibido estos partidos han sido principalmente de protesta contra los partidos establecidos, que no han ofrecido ninguna respuesta progresista al descontento popular. Las masas saben muy bien que los partidos de “izquierda” han estado directamente implicados en la imposición de los dictados de austeridad de los bancos y las corporaciones.

En Reino Unido, el Partido Laborista bajo Tony Blair y, luego, Gordon Brown continuó expandiendo las políticas de recortes sociales y ataques contra las huelgas de Margaret Thatcher y su sucesor tory, John Major.

Por su parte, el Gobierno de François Hollande del Partido Socialista francés impuso la primera ronda de “reformas” laborales en ofensiva contra los derechos y las protecciones laborales, rebajándoles los impuestos a los ricos e implementando un estado de emergencia permanente. Su sucesor, Emmanuel Macron, quien ya impuso una ley de “reforma” laboral de mayor alcance por medio de un decreto ejecutivo y está exigiendo mayores recortes sociales, fue ministro bajo Hollande.

En Alemania, fue el Gobierno de la coalición entre el SPD y el Partido Verde de 1998 al 2005 que comenzó la destrucción del Estado de bienestar de la posguerra mediante su Agenda 2010 y leyes Hartz. En estas elecciones, lejos de ofrecer una alternativa al AfD, los socialdemócratas buscaron anteponerse a los neofascistas en llamar por un mayor rearme militar, ataques más severos contra los inmigrantes y un reforzamiento más extenso de la policía. El SPD no enfocó sus ataques en la ultraderecha, sino en el “extremismo izquierdista”.

El modelo de la “izquierda” en la imposición de una austeridad salvaje es el Gobierno de Syriza en Grecia, el cual llegó al poder en el 2015 prometiendo desafiar los dictados de austeridad de la Unión Europea pero rápidamente tomó las riendas del régimen austero. Luego, hizo caso omiso al resultado contra los recortes de un referéndum popular que convocó y puso en marcha medidas aún más brutales que las de sus antecesores conservadores y socialdemócratas.

En EUA, la Administración demócrata de Obama, la cual llegó al poder prometiendo un “cambio en el que puedes creer”, expandió el rescate financiero a Wall Street, atacó los servicios sociales y el acceso a la salud y presidió la mayor transferencia de riqueza de los pobres a los ricos en la historia del país.

Ante la ofensiva de Trump, los demócratas han abandonado toda defensa de los inmigrantes, permaneciendo callados sobre su nuevo y expandido veto a viajantes. En cambio, han declarado su disposición para colaborar con Trump en cuestiones económicas, incluyendo los recortes fiscales para los ricos y nuevos ataques contra el cuidado de salud.

Conforme la Casa Blanca amenaza a Corea del Norte con un genocidio nuclear y a Irán con guerra, el Partido Demócrata se mantiene obsesivamente avanzando su campaña mccarthista contra Rusia. En esto, está aliado con las facciones dominantes del “Estado profundo” militar y de inteligencia, el cual demanda que Trump avance una política más agresiva contra Moscú.

Pese a las demonstraciones de masas en EUA y alrededor del mundo durante la inauguración de Trump (en las que los demócratas tomaron pasos para suprimir y encauzar esta oposición detrás de su cruzada militarista contra Rusia), el poder de iniciativa descansa hoy en manos de las fuerzas más derechistas dentro y alrededor del Partido Republicano.

Trump y su exasesor en la Casa Blanca, Stephen Bannon de Breitbart News, buscan trabajar en tándem para crear la base de un movimiento fascista en EUA.

Esta semana, en un discurso de campaña en apoyo del fundamentalista cristiano y ultraderechista, Roy Moore, quien ganó la primaria republicana el martes para el escaño en el Senado para Alabama, Bannon hizo una apelación de tinte fascista al desconcierto social entre trabajadores y otras capas oprimidas. El multimillonario exbanquero de Goldman Sachs denunció a “la clase corporativista, donante, consultora, de cabilderos de la calle K, vendedores de influencias y políticos” y a los “crímenes económicos de odio contra los trabajadores y trabajadoras de este país”.

“Han destripado a este país”, declaró. “Han eviscerado los puestos industriales y los han despachado al exterior”. Luego, asoció la crisis de adicciones a opioides a “las fábricas y empleos enviados a China, dejando a los trabajadores atrás en desarraigo total”.

A medida que la clase obrera permanezca subordinada a los demócratas y al sistema bipartidista en EUA –y a los partidos socialdemócratas y nacionalistas de “izquierda” en Europa, Asia y América Latina— existe un peligro real acerca del surgimiento del fascismo. El protagonismo de Kast en las elecciones presidenciales en Chile, es un concreta demostración de este aserto, mientras la izquierda se diluye en torno a los paradigmas democráticos y de consenso, la polarización de las clases sociales deja a los trabajadores sin expresión política frente a la clara identidad de las corrientes fascistas, que hoy día reivindican a Pinochet y a su dictadura como una “gesta liberadora”.

El auge de la ultraderecha demuestra que la separación de la lucha contra Trump de una movilización de la clase obrera en oposición al capitalismo sólo lleva a la bancarrota. Cien años después de la Revolución de Octubre en Rusia, la perspectiva que guio este histórico evento tiene que ser reactivada. Los bolcheviques insistieron en que la única respuesta a la guerra imperialista y la crisis social era una ofensiva frontal contra el capitalismo.

Hoy día, como lo fue entonces, la clase obrera debe tomar control de la riqueza de la élite financiera y utilizarla para reducir la desigualdad social dramáticamente. Las principales industrias y bancos tienen que ser puestas bajo propiedad pública y un control democrático que provea empleos bien remunerados, educación, vivienda, salud y una jubilación asegurada para todos. Materializar este objetivo supone poner en alto reivindicación de la revolución socialista, puesta en una perspectiva insurreccional, contra todo democartismo y cretinismo parlamentario. Para ello resulta imprescindible la agrupación de la vanguardia como partido revolucionario.

 

 (Imagen: Morton Ether, 1846)

Un cuento de George Langelaan: La dama de ninguna parte

«Al poeta Jean Cocteau,
que me inspiró esta Eurídice.»

Posteriormente, todo el mundo encontró lógico que me dedicara a meter la nariz en los asuntos personales de Bernard. Al fin y al cabo, un doble derecho me autorizaba a hacerlo: yo era, en primer lugar, su único pariente, y en segundo, el responsable de la seguridad pública en aquella zona. En aquella época, además, mi esposa y yo vivíamos en su pabellón, al borde del lago. Todo se debió a un accidente, estoy persuadido de ello, pero mi -llámenlo como quieran- intuición, instinto o peculiar olfato para este tipo de problemas, adquirido en treinta años de oficio, me hizo comprender, desde que husmeé por primera vez en el asunto, que parte de la culpa era de Berny. Cuando un perro quiere esconder un hueso, hace un agujero en el suelo, lo mete dentro y lo cubre de tierra. Cuando un hombre quiere ocultar a sus semejantes algo que ha sido escrito, quema el papel y esparce la ceniza a los cuatro vientos. Pues bien: las cenizas estaban en la chimenea. Muchas cenizas. Recogerlas no habría servido para nada, porque mi hermano las había pisoteado con la visible intención de aplastarlas. A pesar de lo cual, encontré un trozo de papel intacto en la base del montón de cenizas, es decir, en el lugar que lógicamente debía haberse consumido antes. También conseguí descifrar las borrosas palabras mecanografiadas que se veían sobre él: …NA Y CUARTO. MAÑANA. LA AMO… Llevado por la costumbre, reproduje este mensaje con la máquina de Berny para comparar los dos textos, pero ya antes de hacerlo estaba convencido de que mi hermano era el autor del primero. ¡Y todo había sucedido a las trece y dieciséis, hora bastante aproximada a la una y cuarto! De paso descubrí que Berny tenía una aventura amorosa…

-¡Vamos, gandul, al trabajo! ¡Busca la mujer! -murmuré para mis adentros, mientras encendía la pipa tras sacudir sus endurecidas cenizas.

No encontré a la mujer, pero di con algo que parecía el resto de una foto. Un marco vacío, encima del televisor, me puso sobre la pista: era su marco.

Y, casi al mismo tiempo, descubrí el micrófono, precisamente al lado del marco vacío. Estaba conectado al televisor. Encendí éste, lo dejé calentar y pude oír, hablando a través del micrófono, cómo mi voz era amplificada por el altavoz del receptor, que no se hallaba unido a ningún otro aparato.

Encima de la mesa de Berny, y bajo un montón de documentos técnicos, encontré cuatro hojas de papel con algunas palabras escritas a máquina, siempre a base de mayúsculas. ¿Era Bernard el autor o el destinatario de aquellos mensajes? Intenté ordenarlos cronológicamente. Tres parecían encajar, pero el cuarto me llenó de perplejidad. Era el más corto: ¿ES USTED FELIZ? En las otras hojas, sucesivas, podía leerse:

¿ENTONCES QUÉ SABE USTED EXACTAMENTE DE Mí?
ME GUSTARÍA PODER REUNIRME CON USTED AHÍ ABAJO.
¿Y QUÉ DESEAN DE Mí, SUPONIENDO QUE LES CREA?

Poco a poco, fragmento a fragmento, reconstruí la respuesta a estas preguntas. Tardé dos años enteros. En realidad, de no haber sido por la colaboración de mi mujer, aún seguiría a oscuras. Durante los primeros tiempos me negué a admitir sus descubrimientos, pero ella consiguió muy pronto pruebas irrefutables. Cuando finalmente nos vimos en posesión de todos los elementos de la historia, ya no volví a dudar. Nadie, sin embargo, habría creído entonces mi versión de los hechos. Y si me hubiera decidido a hacer un informe oficial, habría tenido un cincuenta por ciento de posibilidades de acabar en el manicomio más cercano. Pero ahora, que me hallo en posesión de una historia completa, no arriesgo nada. Si algún día se publica, siempre podré decir que se trata de una invención literaria. Únicamente mi mujer, y tal vez un grupo de sabios, sabrán que es una historia verdadera.

Todo el mundo reconocía en mi hermano Bernard al cerebro de la familia. Personalmente, nunca me sorprendió oír decir a la gente que Bernard coleccionaba títulos y certificados de igual forma que otros coleccionan mariposas o sellos de correos. Aún recuerdo la felicidad que se reflejaba en su rostro cuando regresó a Ray Falls con su diploma de doctor. ¡El doctor Bernard E. Marsden! Y cuando, al bajar del tren, me anunció que le habían elegido para desempeñar un cargo importante en el Instituto de Investigaciones Nucleares.

Bernard vivía al borde del lago, justo encima de los rompientes, en un pabellón pequeño y muy confortable. Una vieja solterona de la vecindad iba todos los días a prepararle la comida y a limpiar la casa. La cena se la hacía él mismo. Mi hermano, a pesar de su cotidiano baño matinal en el lago, no era un deportista, pero había heredado la sólida osamenta de los Marsden y -de paso- sus intensos ojos azules. Aunque yo había adquirido sólidas nociones de lucha en la academia de policía, creo que Bernard me habría vencido con facilidad.

He aquí mi versión de los hechos:

Una noche, en la que se había quedado trabajando hasta muy tarde para preparar unas fórmulas que el cerebro electrónico debía calcular al día siguiente, Berny bostezó, se estiró y comprendió que era ya hora de irse a la cama. Sabía por experiencia que sólo conseguía dormirse después de olvidar todo lo concerniente a su trabajo. Por ello tenía la costumbre de dar un paseo hasta el borde del lago, mientras se fumaba la última pipa del día. Aquella noche, sin embargo, llovía con tanta intensidad, que se decidió a encender la televisión. La pantalla se iluminó y dos hombres aparecieron en ella. Parecían hablar entre sí, pero Berny no pudo oír nada. La imagen, por otra parte, estaba borrosa. Intentó regular el sonido y precisar la visión, pero finalmente desistió de ello, pensando que algo, su receptor o la estación local, funcionaba defectuosamente. Apagó y se fue a la cama.

Algunos días más tarde, tras concluir la copia a máquina de un informe, encendió de nuevo el aparato. Al cabo de un instante escuchó una voz de hombre, confusa y desarticulada y, al iluminarse la pantalla, sólo pudo ver unas vagas sombras, que le cruzaban una y otra vez en todas direcciones.

«Debe estar estropeado», pensó Berny, maniobrando los diversos botones de regulación del aparato.

Estaba a punto de apagarlo, cuando una mano, nítida y clara, pasó tanteando por la pantalla, como sí buscara alguna cosa. Inmediatamente fue reemplazada por la cabeza de un individuo muy viejo, que guiñó un ojo, volvió la cara para decir algo que Berny no consiguió entender y desapareció suavemente, «como un pez en un acuarium». Unos ruidos indistintos, unas fugitivas sombras y nada más.

Berny miró el reloj y cogió el periódico de la noche. La última emisión televisada parecía ser la reedición del telediario a las once y treinta y cinco. ¡Era imposible que se hubiera prolongado hasta la una de la mañana! El problema debía estar en otra parte. No le iba a quedar más remedio que llamar a un experto en televisores… Aunque tal vez se trataba de la emisora local, que experimentaba imágenes en colores o un nuevo método de transmisión. Sí, eso explicaba perfectamente la falta de nitidez de las imágenes y la mala calidad del sonido. Al día siguiente por la mañana, mi hermano telefoneó a Dick Rowlands, uno de los ingenieros de la estación local.

-No, Berny: No estamos realizando ninguna experiencia. ¿A qué hora dices?

-A la una y pico. Y ya lo había observado dos días antes, a una hora todavía más avanzada.

-Anteayer… No, tampoco había nada. ¿Qué canal estabas escuchando?

-El segundo.

-Precisamente el nuestro. Tal vez se trate de una emisión lejana, que hayas captado por cualquier anomalía técnica. A veces pasa. ¿Qué clase de antena tienes?

-Interior.

-Entonces es más curioso. ¿Quieres avisarme si el fenómeno se reproduce? Iré enseguida.

Dos días más tarde, la cosa empezó de nuevo. Berny vio los mismos desdibujados individuos y escuchó las mismas palabras, guturales y apenas audibles.

-Tu aparato marcha bien, Berny -dijo Dick Rowlands al día siguiente-. Lo que has visto en la pantalla debe ser un programa muy lejano, reflejado por la estratosfera. De vez en cuando, sin razones conocidas, los receptores ordinarios captan esos programas.

-¿Y de dónde puede venir la cosa? ¿De Rusia, de Australia…?

-De más cerca, en mi opinión, aunque es imposible precisarlo. ¿Has reconocido la lengua en la que hablaban?

-No.

El día en que me pidió prestado el televisor portátil, Berny ya no pudo seguir dudando. Evidentemente, se encontraba en presencia de un fenómeno muy singular. Las sombras habían vuelto a aparecer en su pantalla y quería saber si aparecerían también en otra. Para comprobarlo, encendió los dos aparatos al tiempo, después de las «buenas noches» que indicaban el término de la emisión local. Dos minutos más tarde, las sombras aparecieron en ambas pantallas.

De repente, Berny se levantó de un salto. ¡Eran, sin lugar a dudas, las mismas sombras y caras que había visto los días anteriores, pero diferían en cada una de las pantallas! Esto excluía la posibilidad de haber captado un programa lejano, a no ser que hubiera dos. Cuando las sombras desaparecieron y el sonido se extinguió progresivamente con su ronroneo habitual, Berny desenchufó y encendió la pipa. Sólo había dos soluciones. O experiencias, locales o distantes, de las que Dick no hubiera oído hablar, o… algo muy diferente. Era preciso verificar con cuidado la primera posibilidad. Si, efectivamente, se trataba de experiencias, no debían tener un carácter muy secreto, puesto que cualquiera las podía captar.

Pero Berny se equivocaba. Lo comprendió algunos días más tarde, al hacerse el sonido más fuerte que de ordinario. Se disponía ya a disminuir el volumen, cuando oyó una voz extraña, que parecía cacarear. Y, casi al momento, otra voz le respondió en un tono más agudo. Entonces la pantalla se iluminó y Berny pudo ver, con toda claridad, a dos hombres que charlaban entre sí. Evidentemente, se trataba de dos japoneses. Uno de ellos se volvió, señaló la pantalla con el dedo y los dos avanzaron en dirección a Berny.

«Dick, por lo tanto, tenía razón», masculló Berny. Una simple anomalía técnica le había permitido captar un programa japonés. Los dos hombres de la pantalla habían dejado de hablar y miraban hacia la cámara. Uno dijo algo y señaló nuevamente a Berny con el dedo índice.

Después hizo ademán de coger un vaso imaginario y de beber. «Simple coincidencia», pensó Berny, echando una ojeada al vaso de leche colocado junto a él y metiéndose la mano en el bolsillo para sacar las cerillas. Pero el hombrecillo de la pantalla se hurgó también en el suyo y cuando Berny, con las cejas fruncidas, encontró lo que buscaba y se puso a encender la pipa, el individuo en cuestión le imitó con una pipa inexistente. El otro japonés, que presenciaba la escena sin intervenir en ella, se rió y dijo algo. Inmediatamente, tres o cuatro personas, vestidas todas con trajes muy sencillos, aparecieron en la pantalla y clavaron los ojos en Berny.

El vaso de leche, la pipa, la insistencia de las miradas, las evidentes alusiones a su persona… Aquello sólo podía tener una explicación: Berny se había convertido en objeto de una fantástica experiencia. Al parecer, se hallaba frente a unos ingenieros, japoneses al parecer, que habían descubierto un sistema para transformar en emisor-receptor de televisión un simple receptor. Pero Berny no podía contentarse con esa hipótesis. Sin apartar los ojos de la pantalla, se desanudó lentamente la corbata. El individuo que protagonizaba la escena, tras dedicarle un ligero saludo, acompañado de una sonrisa irónica, le imitó. No quedaba ya la menor duda.

-¿Pueden oírme? -preguntó Berny, a quien sobresaltó el sonido de su propia voz.

Los extraños personajes le miraron fijamente. Uno de ellos se puso a hablar muy deprisa y un viejo con gafas vino hasta el centro de la pantalla y dijo silabeando cuidadosamente:

-¿Hablar inglés?

-Sí -contestó Berny, dominado por una gran excitación-. ¿Pueden oírme?

Todos empezaron a hablar al mismo tiempo y el que había imitado los movimientos y gestos de Berny dijo algo al viejo, que sacudió la cabeza. La discusión se prolongó aún unos instantes, hasta que el viejo se dirigió nuevamente a Berny:

-Espere un poco, si hace el favor… ¿Comprendido?

-¿Quieren ustedes que yo espere? -preguntó Berny, señalándose a sí mismo con el dedo.

Todos le hicieron un leve saludo.

No tuvo que aguardar mucho tiempo. Ante él apareció una muchacha bastante guapa, vestida con un sencillo traje blanco, que avanzó apartándose sus largos cabellos a un lado de la cabeza. Tras dirigir una mirada a los hombres que la rodeaban, se adelantó hasta que sus dos manos parecieron tocar la pantalla. Había oído, evidentemente, la conversación, porque desde el primer momento miró a Berny. Los misteriosos personajes se agruparon alrededor de ella y continuaron hablando. La muchacha esperó pacientemente a que terminaran y después, con los ojos clavados en Berny, dijo en perfecto inglés:

-¿Habla usted inglés, por favor?

-Sí. ¿Me oye? ¿Quién es usted? ¿Dónde está?

Ella le miró tristemente y todos se pusieron a hablar al mismo tiempo.

-Al parecer, usted nos oye pero nosotros a usted no. ¿Ha comprendido?

-Sí -dijo Berny con un gesto. Después se precipitó a su mesa, cogió una estilográfica de tinta roja y escribió con letras mayúsculas sobre un folio en blanco:

¿PUEDEN LEER ESTO? ¿QUIÉNES SON USTEDES?

-Sí, podemos leerlo muy bien -contestó la muchacha cuando Berny colocó su mensaje ante la pantalla-. Nosotros… -pero en aquel momento fue interrumpida por el charloteo de media docena de excitadas voces. Entonces levantando los ojos hacia mi hermano, explicó-: Me dicen que contestaremos a sus preguntas cuando llegue el momento. Antes queremos saber quién es usted y dónde está.

Berny, tras hacer un gesto de asentimiento, trajo la mesita portátil con la máquina de escribir y se instaló delante del receptor. Después metió papel en la máquina y escribió, siempre con mayúsculas:

Ml NOMBRE ES BERNARD MARSDEN. ÉSTA ES MI CASA, SITUADA EN RAY FALLS. ¿QUIÉNES SON USTEDES? ¿DÓNDE ESTÁN?

Puso el papel a la altura de la pantalla. Inclinándose, la joven lo leyó y lo tradujo.

-¿Dónde está Ray Falls? ¿No será por casualidad el Centro de Investigaciones Nucleares?-preguntó la muchacha un momento irás tarde. Berny, señalando con el dedo la última pregunta de su mensaje, hizo un gesto afirmativo.

-Aguarde… Es preciso que consulte -dijo ella volviéndose hacia sus compañeros.

¿ESTÁN PRESOS?,

tecleó rápidamente Berny, mientras los personajes de la pantalla celebraban su conciliábulo.

La muchacha leyó el mensaje y sonrió.

-No. Estos hombres son sabios muy inteligentes. Gracias a ellos hemos podido entrar en comunicación con usted. Me resulta difícil explicarle dónde estarnos, porque, en realidad, no estamos en ninguna parte.

Berny dio un respingo sobre su silla, ante la sorprendida mirada de sus interlocutores, y tecleó muy deprisa:

ESTOY DISPUESTO A CREER QUE SE TRATA DE UNA EXPERIENCIA FANTÁSTICA, PERO NO QUIERO QUE NADIE SE BURLE DE Mí. DIGA A ESOS TIPOS QUE PONGAN LAS CARTAS BOCA ARRIBA O APAGARÉ EL TELEVISOR. REPITO: ¿QUIÉNES SON USTEDES? ¿DÓNDE ESTÁN?

Mantuvo un instante el papel delante de la pantalla, para que la muchacha pudiera traducir el texto. Sus compañeros dijeron algo y ella, levantando una vez más los ojos hacia Berny, explicó:

-Tienen que ponerse de acuerdo sobre la mejor manera de contestar a sus preguntas. ¿Puede esperar unos cuantos minutos?

Berny hizo un signo de aquiescencia. Ella prosiguió:

-Entretanto puedo decirle mi nombre, mister Marsden.

Se interrumpió y miró, por encima del hombro, hacia atrás.

-Me llamo Mary Seymour y soy oriunda de Hull, en Yorkshire.

En aquel momento regresaron sus compañeros. El mayor de ellos, el de las gafas, habló durante bastante rato. Por fin, la muchacha se volvió hacia Berny con una sonrisa:

-Antes de nada, quieren darle su palabra de que todo esto no es una broma. A continuación intentarán responder a sus preguntas. La cosa no será fácil y tendrá que armarse de paciencia. Nosotros no formamos parte de su mundo… No, mister Marsden, le juro que estoy diciendo la verdad y le ruego que me escuche… Desde su punto de vista, nosotros estamos muertos. Pero no, no somos fantasmas. ¡Tenga
paciencia, se lo ruego!

Berny se encogió de hombros en signo de duda. Los individuos de la pantalla se agruparon y parecieron celebrar una nueva asamblea. Hablaban muy deprisa.

-Dicen que si no nos promete escuchar hasta el final, abandonaremos su pantalla y probaremos con otro.

DE ACUERDO. LES ESCUCHARÉ HASTA EL FINAL,

tecleó Berny lo más deprisa que pudo.

-Gracias. ¿Dónde estaba?… ¡Ah! Los individuos que me rodean son japoneses. Todos ellos se encontraban en el centro de la explosión cuando estalló la bomba atómica en Nagasaki. Yo también estaba allí y, para hablar con su lenguaje, fallecí en las mismas circunstancias.

MIENTEN,

escribió Berny en uno de los papeles ya utilizados.

-¡Por favor! -suplicó la muchacha-. Aquí sólo hay una persona capaz de explicarle todo esto. Es el profesor Kizoki. Yo no entiendo nada de asuntos científicos, pero intentaré traducir de la manera más fiel posible lo que él me diga. En primer lugar, es preciso convencerle a usted de que no estamos muertos. Y no lo estamos, porque nos encontrábamos en el mismísimo centro de la desintegración molecular y atómica. La reacción en cadena producida por esa desintegración superó al tiempo en velocidad… He dicho, efectivamente, «superó al tiempo en velocidad»… Son palabras del profesor. Seguramente, usted sabrá lo que quieren decir. Aquello sucedió, para darle una idea aproximada, a una velocidad muy superior a la de la luz, que es -como seguramente también sabe- la más elevada que el hombre conoce.

¿A QUÉ VELOCIDAD?,

escribió Berny con una mueca.

Ella tradujo la pregunta, esperó la respuesta del profesor y se volvió una vez más hacia mi hermano.

-Es imposible que usted lo comprenda, pero el profesor sugiere esto: suponga que aquello sucediera a una velocidad tal, que según la teoría de la relatividad, y con arreglo a sus actuales unidades de tiempo, la desintegración terminara antes, o por lo menos casi antes, de haber empezado. Escúcheme, por favor. El profesor dice que no ve otro medio de explicarle, de manera aproximada, la noción de velocidad a la que se refiere.

Berny asintió varias veces con la cabeza y la muchacha prosiguió.

-El resultado de la desintegración es igualmente difícil de explicar, pero el profesor sugiere dos imágenes: de un estado de tres dimensiones en un universo de cuatro, nosotros hemos sido transferidos a un estado de cuatro dimensiones en un universo de cinco. O, si lo prefiere así, nos hemos convertido en formas de la antimateria. ¿Entiende?

Berny tecleó rápidamente:

TEÓRICAMENTE ES POSIBLE, PERO NO LO CREO ¿PUEDEN DARME ALGUNA PRUEBA?

-Supongo que ellos podrán -dijo la muchacha con una sonrisa. Después tradujo.

¿USTED LOS CREE?,

escribió Berny, mientras ella escuchaba al profesor.

-Sí, porque no hay otra explicación posible.

¿CÓMO PUEDO CONVENCERLE DE QUE NO ESTÁN EN CUALQUIER EMISORA DE TELEVISIÓN, GASTANDO LA MEJOR BROMA DE SU VIDA?

-No, misten Marsden. Le aseguro que es la primera vez que alguien me ve después… después de mi desaparición en Nagasaki. Escúcheme bien: el profesor dice que está en condiciones de darle una prueba por el absurdo. Puede usted comprobar fácilmente la existencia real de dos personas, por lo menos, que están aquí y que eran muy conocidas en Nagasaki. El profesor dice que existen fotos suyas en numerosos libros de Tokio. Y que figura en la lista de las víctimas de la explosíón. Dice también que era bastante conocido en los medios científicos por sus investigaciones sobre el ojo. Y añade que, cuando usted haya comprobado todo esto, lo que debe hacer cuanto antes, el simple hecho de haber podido charlar con nosotros por medio de su televisor será la mejor prueba.

Y USTED, MISS SEYMOUR? ¿PUEDO ENCONTRAR EN ALGUNA PARTE UNA FOTO SUYA E INFORMES SOBRE SU VIDA?

-¡Sí! Hay una tía mía que vive aún en Hull. Sé que conserva una foto mía, en la que estoy vestida de enfermera. Me la sacaron cuando hacía prácticas en el hospital de Hull. No le será difícil seguir mis huellas. Descubrirá que fui enviada a Singapur y que me dieron por desaparecida cuando entraron las tropas japonesas. Entonces me llevaron al Japón con otras dos enfermeras. Una de ellas vive aún… Puedo darle su nombre y su dirección… Ella confirmará cuanto le estoy diciendo. Nos vimos por última vez en Yokohama.

¿CÓMO PUEDE SABER QUE AÚN ESTÁ VIVA?

-La veo a menudo. Todos nosotros nos desplazamos sin la menor dificultad y muy rápidamente.

¿HA APARECIDO USTED SOBRE SU PANTALLA DE TELEVISIÓN?

-Esta es la primera vez que lo hago. El profesor lo ha intentado sin éxito una porción de veces. Rara vez concurren todas las condiciones favorables. Sólo podemos integrar nuestra imagen en la corriente de electrones de un receptor que esté en marcha y, al mismo tiempo, libre. Es decir, fuera de las horas de emisión. Si entráramos en competencia con una imagen televisada, correríamos graves peligros. Y, como puede suponer, la gente no tiene costumbre de dejar encendidos sus televisores cuando no hay emisión. Usted es la primera persona con la que hemos conseguido ponernos en contacto.

SUPONIENDO QUE LES CREA (NO HE DICHO QUE SEA ASí), ¿QUÉ ESPERAN DE Mí?

-Que nos sirva de enlace con algunos sabios. El profesor desea tener un cambio de impresiones con ellos.

¿SON USTEDES MUCHOS? ¿SE HAN ENCONTRADO CON OTRAS PERSONAS EN EL MISMO CASO?

-Sí. Con muchas otras, a las que apenas conseguimos entender. Seres venidos de otros mundos.

¿A QUÉ SE PARECEN?

-No lo sé a ciencia cierta… Las formas, los rasgos, los sonidos que emiten… Nada de todo eso tiene sentido en nuestra… dimensión. Es casi imposible de explicar.

La imagen de la muchacha tembló repentinamente. Un ruido de trompetas y un breve golpe de címbalos acompañaron la proyección sobre la pantalla del reloj del ayuntamiento de Ray Falls. Berny, sorprendido, echó un vistazo a su reloj y corrió a la ventana. Una franja de cielo rosado, que se reflejaba en las tranquilas aguas del lago, le confirmó que eran las seis y que un nuevo día acababa de empezar.

Berny decidió guardar silencio sobre su «visión», al menos por el momento. Y cuando llegó, un par de horas más tarde, al Instituto de Investigaciones Nucleares, se encaminó directamente a la biblioteca y se pasó la mayor parte de la mañana consultando obras que llevaba años sin abrir. En teoría, parecía casi imposible que los átomos componentes de un objeto, o incluso de un animal, pudieran transformarse en algo completamente distinto, conservando sin embargo su entidad.

Berny veló toda la noche, pero la luz temblorosa de su pantalla no compuso forma alguna. El altavoz ronroneó y tosió hasta la aparición del reloj, con su habitual acompañamiento musical, a las seis en punto de la mañana.

Durante toda una semana, Berny perdió sus noches ante el aparato, esperando vanamente el retorno de Mary. A pesar de las apariencias, no estaba absolutamente convencido de haber sido víctima de una broma. E incluso, aun suponiendo que fuera así, alguien había realizado un prodigioso descubrimiento científico. Dudaba, además, de que existiera una mujer capaz de representar con tanta veracidad el papel de Mary Seymour. Ésta había dado una versión de su drama llena de dulzura y sencillez. ¿Se había enamorado mi hermano de un rostro, de una fugitiva sombra apenas entrevista en la pantalla de televisión? ¿Existía o no existía Mary? Ella había dicho que no era un fantasma, pero al mismo tiempo había dado a entender que tampoco podía considerársela como una criatura humana.

Cuando, una semana después, Berny se sentó ante su desayuno, había tomado ya una decisión: comprobaría la historia de Mary Seymour. Para ello pidió un permiso en el Instituto y se dirigió a Hull.

Al regresar a Ray Falls, veinte días más tarde, Berny traía una certidumbre: Mary Seymour había existido realmente. La directora de la Royal Infirmary de Hull le confirmó que Mary Seymour había servido como enfermera en aquel establecimiento. Y, sin necesidad de consultar los archivos, le dijo que Miss Seymour había salido para Singapur al empezar la guerra, en compañía de un grupo de médicos y enfermeras, y nunca se había vuelto a saber nada de ella. También le enseñó la placa de mármol en donde se había inscrito el nombre de la muchacha desaparecida.

La secretaria de la sección local de la YWCA (Asociación de Jóvenes Cristianos) se acordaba perfectamente de miss Seymour, que había vivido allí durante varios meses. El primer A. Seymour que encontró en el listín de teléfonos, por otra parte, resultó el adecuado. Sí, la señorita Anne Seymour había tenido una sobrina que desapareció durante la guerra. ¿Podía pasar a verla? Muy agradecido. La anciana señora le confirmó cuanto ya sabía y Berny, con el pretexto de estar verificando la lista de los ingleses residentes en Singapur al comienzo de la guerra, consiguió salir de la casa con la prueba definitiva en su bolsillo. Se trataba de una foto de Mary Seymour, a los veinte años de edad, cuyo parecido con la muchacha del televisor resultaba asombroso.

Antes de deshacer las maletas, Berny se sentó a la mesa con la intención de clasificar sus notas. Ya no le quedaba la menor duda. Iba a redactar un informe tan preciso, documentado y completo como fuera posible, que sometería al profesor Holmes, director general del Instituto. Estaba convencido de que Holmes le creería, aunque tal vez le desaconsejara la divulgación del informe, alegando que era demasiado fantástico. Berny, de todos modos, estaba resuelto. Publicaría una relación completa de los hechos, aunque para ello se viera obligado a recurrir al periódico local.

Se detuvo un instante y contempló la imagen de Mary Seymour. Repentinamente se levantó, cogió un marco de una estantería, arrancó de él una antigua foto y puso en su lugar la de Mary. Luego dejó el marco encima del televisor. Miró el reloj, encendió el aparato y un instante después, incluso antes de que la pantalla se iluminara, los ruidos, rechinamientos de neumáticos, sirenas de policía y tiros de revólver le hicieron comprender que proyectaban una película policíaca. Redujo el volumen y regresó a su mesa.

Debió trabajar durante un buen rato, porque cuando algún tiempo más tarde, fatigado, bostezó, se desperezó y volvió la cabeza, vio a Mary, que parecía hablarle desde la pantalla.

-¡Mary! -dijo en un soplo…

Se acercó de un salto al aparato y elevó al máximo su potencia.

-… no queremos.

REPITA, POR FAVOR,

se apresuró a teclear en la máquina.

-Sabemos que está preparando un informe sobre nosotros y le suplicamos que abandone ese proyecto.

MARY, AHORA SÉ QUE TODO ES CIERTO. ¿DÓNDE ESTÁN LOS OTROS?

-No quieren dejarse ver. Resulta bastante doloroso… Dos de nuestros amigos fueron destruidos la última vez.

¿USTED NO SUFRIÓ DAÑO?

-No, pero prométame que no hará ese informe.

¿POR QUÉ?,

escribió rápidamente con el lápiz.

-Son los otros quienes han tomado esta decisión. Aunque pudiéramos volver a la Tierra, no querríamos hacerlo. La mayoría se ha pronunciado contra toda nueva comunicación con… los terrícolas.

Berny volvió a enseñarle el papel donde había garabateado la pregunta

¿POR QUÉ?

-Los humanos… los terrícolas son malos.

Berny cogió la foto de Mary y se la enseñó.

-Sí, ya lo sé. Estaba allí -dijo la muchacha sonriendo.

-¡Mary! ¿Me ha seguido a todas partes?

-No puedo oírle, Berny..

Escribió la pregunta y se la enseñó.

-Sí. Podemos ir a donde queramos sin dificultad. Precisamente me encontraba en Hull cuando usted llegó.

MARY, ¿ES USTED FELIZ?

-Todo tiene un valor tan diferente aquí… Sí, Berny, soy feliz, pero con una felicidad que los… hombres de la Tierra no sabrían comprender.

¿CÓMO VIVEN USTEDES? ¿QUÉ HACEN?

-Es imposible de explicar. Las cosas que tienen alguna importancia en la tierra, aquí no existen. Nosotros mismos, por ejemplo, carecemos de forma. Somos, simplemente.

ENTONCES, ¿CÓMO PUEDEN VERSE UNOS A OTROS?

-No nos vemos. Pero siempre sabemos dónde estamos. Y es mejor así. ¿Cómo podría explicárselo? Cuando usted me mira, sólo ve mi cara, la forma externa de mi cara. Aquí, cuando nos encontramos (e incluso sin necesidad de encontrarnos), no vemos el interior ni el exterior de los demás, pero nos conocemos. Nos conocemos a fondo. Quiero decir que si nuestro conocimiento de los demás pudiera transformarse en imágenes sería como si usted pudiera ver a alguien desde todas las posiciones, comprendida la interior, al mismo tiempo.

¿PUEDEN LEER EN EL PENSAMIENTO AJENO?

-No, no quería decir eso. No podemos leer el pensamiento… Lo conocemos simplemente.

ENTONCES, ¿CÓMO SE COMUNICAN ENTRE USTEDES?

-Jamás tenemos necesidad de comunicarnos. Sabemos, pero… es inútil, no podría comprenderlo.

TAL VEZ, SI LO INTENTO…

-De acuerdo, Berny. Pero no creo que adelantemos nada.

¿PUEDEN VERNOS Y CONOCER NUESTROS PENSAMIENTOS DE LA MISMA FORMA?

-No, porque los terrícolas sólo tienen tres dimensiones. Pero podemos pasearnos entre ustedes, observarles y escucharles.

¿POR QUÉ NO ME OYE USTED AHORA?

-Porque, para que usted pueda verme y oírme, debo insinuar, por decirlo de algún modo, mis átomos en su tubo catódico… Suponiendo que se llame así.

¿QUÉ SABE DE MI, MARY?

-Creo que todo, Berny. Llevo mucho tiempo junto a usted, especialmente desde que visitó a mi tía en Hull.

Berny enrojeció, tuvo un instante de vacilación y por fin tecleó:

¿SABE TAMBIÉN QUE LA AMO?

-Sí, Berny. Tal vez lo supe antes que usted…

¿PUEDE ADIVINAR EL PORVENIR?

-No como usted lo adivinaría.

¿LE IMPORTO ALGO?

-Sí, pero de una forma muy diferente.

SOLO PUEDE HABER UNA MANERA.

-¡Oh, no!-dijo ella riéndose-. Pero estando donde está, no sería capaz de entenderlo, Berny.

¿DE TODAS FORMAS LE IMPORTO ALGO?

-Sí. Para ser justa, según sus… SUS criterios, creo que yo… también le quiero, Berny.

ME GUSTARÍA PODER REUNIRME CON USTED AHÍ.

-Eso carecería de sentido, Berny. Le aseguro que es imposible besar algo desprovisto, según su punto de vista, de realidad material. Pero me estoy entreteniendo más de la cuenta y debo marcharme. ¿Es tarde? Aquí no tenemos conciencia del tiempo.

Berny asintió con la cabeza y le enseñó el reloj.

-¡Oh! Buenas noches, Berny. Hasta pronto.

Le envió un beso y se deslizó fuera de la pantalla, que continuó parpadeando sin imagen alguna. Del aparato no salía ya el menor ruido.

Berny se pasó trabajando el resto de la noche. Reflexionó mucho y escribió también mucho. Cuando llegó la mañana, había terminado, entre otras cosas, una carta a máquina de tres páginas para Mary Seymour.

Al día siguiente, en lugar de continuar su informe, visitó a su proveedor de objetos eléctricos y le compró un micrófono. De regreso a casa, instaló éste de tal forma que, al hablar ante él, la voz fuera amplificada por el altavoz del televisor. Después redactó una explicación sobre otra hoja de papel: esperaba que, gracias a ese procedimiento, Mary podría escucharle y él no se vería obligado a utilizar el fastidioso canal de la máquina de escribir para expresarse. Dispuso cuidadosamente este segundo mensaje, en unión de su carta, frente a la pantalla, y aquella noche, al terminar las emisiones locales de televisión, dejó el aparato encendido.

Se encontraba en la cocina, preparando un vaso de leche con bizcocho, cuando oyó que Mary le llamaba:

-¡Berny! Si no te importa, no utilices aún ese micrófono. Temo que sus consecuencias puedan ser aún más peligrosas que la simple llegada de la imagen. ¿No lo crees tú también?

Berny cerró la puerta de la nevera y fue corriendo a desenchufar el micrófono.

-Berny, va bien, va maravillosamente -dijo Mary con voz emocionada-. He oído perfectamente el golpe de la puerta y no he sentido ningún daño. Intenta decir algo… en voz baja para empezar.

Temblando como una hoja, Berny murmuró:

-Mary, te amo.

-Gracias, Berny. Ya lo sabía. Sé también lo que has escrito, porque en cuanto recupero mi otro «estado», me quedo cerca de ti y puedo ver lo que haces.

-¿Has mirado por encima de mi hombro mientras redactaba?

-No exactamente. Estaba al mismo tiempo en tus dedos, en el papel sobre el que escribías… ¿Pero cómo vas a entender todo esto?

-Lo único que entiendo, Mary, es que me quieres y que es absolutamente preciso que encontremos una solución a todo esto.

-¿Qué solución?

-Al fin y al cabo, querida, no eres un fantasma. ¡Estás viva, incluso muy viva! De no ser así, no podrías aparecer sobre una pantalla de televisión, hablando y discutiendo inteligentemente. Ésta es mi conclusión: puesto que vives, hay esperanza.

-¿Esperanza de qué, Berny?

-No lo sé. Pero si una bomba atómica ha podido transportarte al sitio donde estás, y dejarte sana y salva allí, basta con llevar a cabo la operación inversa. Por ello debo hacer un informe sobre todo esto, para que hombres más capacitados que yo estudien el procedimiento más adecuado.

-Berny, eres un encanto… pero todo eso es imposible -dijo Mary con los ojos arrasados en lágrimas.

-¡Tiene que haber un medio de… de salvarte!

-No necesitamos ser salvados. Y los otros, aunque efectivamente lo necesitáramos, no quieren ser salvados… Berny, si dices una sola palabra de nuestra aventura a alguien, no volverás a verme jamás.

-¡Cómo puedes hablar así!

-En tus manos lo dejo, Berny. Volveré mañana por la noche, si nuestro secreto sigue siéndolo. Si no… encenderás inútilmente tu televisor.

-No te vayas aún.

Pero su cara sonriente ya había desaparecido.

No volvió al día siguiente ni al otro. La tercera noche, al término de las emisiones regulares, apareció en la pantalla de improviso, tapándose una parte de la cara con algo que parecía un pañuelo de cabeza.

-¡Mary! ¿Qué ha pasado? ¡Mírame! -dijo Berny acercándose a la pantalla.

-Berny, amor mío… No hubiera debido venir. Empiezo a resentirme y temo desintegrarme poco a poco si continúo apareciendo en tu pantalla.

-¿Cómo te has dado cuenta? ¡Enséñame tu cara!

-Prefiero que te acuerdes de la Mary de la foto. Tengo que irme, Berny. ¿Lo comprendes, verdad? Y recuerda que estaré siempre cerca de ti, porque, al menos en términos terrestres, te amo.

-¡Espera, Mary! ¿Cómo vamos a comunicarnos?

-No me apartaré de tu lado, Berny. Pero si ahora me quedara más tiempo, la separación sería irremediable. Recuérdalo bien: no estoy muerta. Hasta luego, mi… ¡Adiós, Berny!

Berny se inclinó sobre la pantalla y ella, acercándose a él, besó la superficie de cristal y desapareció.

Berny descuidó de tal modo su trabajo en el Instituto durante las siguientes semanas, que el profesor Holmes le llamó a su despacho y le preguntó si tenía algún problema.

-Sí y no, señor… Tra… trabajo en un informe… algo completamente… y..

-Bueno. Sea lo que sea, no se mate, Marsden, y avíseme cuando haya terminado. Me gustará conocer lo antes posible sus conclusiones.

Mi hermano había ordenado hacer una copia de la foto de Mary para agregarla a su informe. Cuando terminó éste, lo releyó cuidadosamente, titubeó aún durante una semana y, decidiéndose al fin, escribió una nota a máquina para Mary. Había intentado una o dos veces hablar en voz alta, pero -aunque estaba seguro de la presencia de la muchacha- no fue capaz de continuar. El mensaje decía lo siguiente:

MARY. VOY A INTENTAR QUE VUELVAS A LA TIERRA. PARA CONSEGUIRLO, NECESITO LA COLABORACIÓN DE LOS MEJORES SABIOS. ÉSTA ES LA RAZÓN, COMO TÚ SIN DUDA SABES, DE QUE HAYA HECHO UN INFORME COMPLETO DE NUESTRA AVENTURA. SÉ QUE NO LO APRUEBAS, PERO ESTOY SEGURO DE QUE ALGÚN DÍA LO COMPRENDERÁS E INCLUSO ME QUEDARÁS AGRADECIDA.

Firmó el papel y lo dejó, ostensiblemente, encima de la mesa. Después cogió el sombrero y en ese momento sonó el timbre del teléfono.

-Sí, es el doctor Marsden.

-Me llamo Perkins, doctor. He encontrado su número en la guía. ¿Estaba escuchando la radio hace unos instantes?

-Lo siento. No. Excúseme, pero no tengo tiempo…

-Espere, doctor, esto no es una broma. He oído un mensaje radiodifundido para usted.

-¿Qué clase de mensaje?

-Lo han leído, con carácter urgente, entre las noticias deportivas y el concierto sinfónico.

-¿Y cómo sabe que era para mí? ¿Qué decía?

-Era muy corto. Decía simplemente que el doctor Marsden, de Ray Falls, llamara a Miss Seymour, sin falta, esta noche.

-¿Quién lo ha leído?

-No lo sé. Supongo que el locutor.

-¿Era un hombre o una mujer?

-Mire, doctor, ya le he dicho que no se trata de una broma. Llame usted mismo al autor del mensaje. Él le dará todos los informes que desee. Yo solamente quería prestarle un servicio.

-Se lo agradezco infinitamente.

Apenas había colgado, cuando el timbre sonó de nuevo.

-¿Es el doctor Marsden? Hace cinco minutos han radiado un mensaje para usted.

-Ya lo sé. Muchas gracias.

Colgó y al ver que el timbre empezaba otra vez, desenchufó el aparato, se puso el sombrero y el abrigo y salió. Un coche de policía se detuvo ante él, junto a la entrada de su garaje.

-¿Es usted el doctor Marsden?

-Sí. ¿Por qué?

Un policía salió del coche y encendió una linterna, que enfocó hacia Berny.

-Han transmitido un mensaje urgente por la radio y varias personas, que lo han oído, nos han llamado por teléfono para que viniéramos a avisarle.

-Gracias. Yo también lo he oído y me estoy ocupando de él.

-Muy bien. ¿Quiere que le llevemos a alguna parte, doctor?

-No, muchas gracias. No es tan urgente como eso.

Berny encendió su televisor a las once y media y contempló pacientemente la última parte de una película, el boletín de noticias, el parte meteorológico y la habitual despedida de la locutora. Pasó una hora antes de que las oscilaciones luminosas se hicieran más vivas y Berny, repentinamente, se encontró frente a un individuo calvo al que jamás había visto.

-Doctor Marsden, me he ofrecido voluntario para aparecer aquí esta noche y se me ha aceptado porque hablo inglés.

-¿Dónde está Miss Seymour? ¿Por qué no ha venido personalmente?

-Por la sencilla razón de que una nueva entrevista podría acarrearle gravísimos daños.

-¿A usted no?

-Sólo si me quedara aquí mucho tiempo o si volviera con frecuencia. Esto es tan peligroso para nosotros como la radiactividad para ustedes. Tengo, pues, poco tiempo y le ruego que me escuche con atención.

-¿Está bien Miss Seymour?

-Sí, a condición de que no vuelva a exponerse…

-¿Puedo hablar con ella, aunque sea sin verla?

-No. Y deje de interrumpirme, por favor. Lo que voy a decirle tiene gran importancia y mi margen de seguridad está casi consumido.

-Adelante.

-Miss Seymour nos ha hablado de sus planes. Nosotros no estamos de acuerdo. Por dos razones: en primer lugar, no deseamos recuperar nuestra forma anterior; en segundo, es probable que sus experiencias tuvieran consecuencias fatales para nosotros.

-¿Qué opina Miss Seymour sobre todo esto?

-Creí que no iba a interrumpirme. Miss Seymour está de acuerdo con nosotros. Sabemos que usted no puede conseguir nada y se lo advertimos. pero, para serle francos, nos asustan sus posibles ensayos: ésta es la razón de que hayamos decidido ofrecerle algo a cambio de su silencio. Si realmente lo desea, puede venir con nosotros sin excesivas dificultades. Miss Seymour desea que usted conserve su forma actual, pero no se opondrá a su decisión.

-¿Y… se casará conmigo?

-Si usted lo desea, sí… pero eso aquí carece de sentido. Usted no puede comprenderlo.

-¿Qué debo hacer?

-El procedimiento, para usted, no reviste demasiados obstáculos. Colóquese en el centro de una explosión atómica. Sabemos que no pertenece al servicio de explosiones nucleares, pero seguramente podría arreglárselas para participar en uno de los próximos ensayos.

-Eso es ridículo -gruñó Berny.

-Sí, seguramente. pero tengo que marcharme. Ya he sobrepasado mi límite de seguridad. Desgraciadamente, el tiempo cuenta cuando aparecemos de esta forma. Avise a Miss Seyrnour si se decide y tomaremos las disposiciones necesarias para que puedan encontrarse.

-¡Eh! ¡Un minuto!

pero el individuo había desaparecido.

Berny no era hombre que se suicidara. Sin embargo, reflexionando sobre el asunto, llegó a la conclusión de que no se trataba de un verdadero suicidio. Al fin y al cabo, se limitaría a sufrir una transformación que nada tenía que ver con la muerte. Carecía de mujer e hijos y su desaparición no perjudicaba a nadie.

No tardó mucho en descubrir que el funcionamiento de los diversos dispositivos de seguridad hacían prácticamente imposible acercarse a una bomba. Y aún era más difícil provocar una explosión accidental, por lo demás, Berny abandonó muy pronto esta idea, porque representaba un grave peligro para otras personas. La cosa no parecía, ni mucho menos, tan sencilla como había supuesto el mensajero. Y, sin embargo, una buena mañana encontró inesperadamente un sistema. Hojeando unos papeles que alguien había dejado por error encima de su mesa del Instituto, Berny se enteró de que uno de sus colegas, el profesor Brenden, estaba a punto de hacer explosionar una granada A experimental. Se trataba de una granada de mano que, según su inventor, provocaría una desintegración nuclear en miniatura, capaz de «destruirlo absolutamente todo en un radio de algunos metros». El artefacto presentaba, por añadidura, la ventaja de no tener consecuencias radiactivas y permitía estudiar el lugar de la explosión algunos segundos después de ésta, sin peligro alguno. A diferencia de las granadas ordinarias, la del doctor Brenden no iba provista de detonador deflagrador. En cuanto se le quitaba el seguro, cualquier choque superior a dos kilos accionaba el detonador.

Berny comprendió que no podía tomarse un interés demasiado manifiesto por los trabajos del profesor Brenden, porque entonces las reglas de seguridad del Instituto obligarían a interrogarle y, como medida preventiva se abriría una investigación que tal vez condujera al descubrimiento de su secreto. Después de examinar todas estas eventualidades, se decidió a redactar un breve informe sobre los distintos sistemas aptos para provocar explosiones muy limitadas, en las cuales la carga nuclear podría contenerse en una simple bala de fusil. Una explosión de ese tipo sólo tendría un radio de acción de algunas decenas de centímetros; Berny comprendía perfectamente las dificultades que encerraba su proyecto, pero trazaba a grandes rasgos la manera de superarlas. Tras enviar el informe a sus superiores, no tuvo que esperar mucho tiempo. El profesor Holmes entró una mañana en su despacho y le dijo:

-Sus ideas son interesantes, Marsden. Parece haber llegado más lejos que el propio Brenden. ¿Qué le parecería una colaboración temporal con él? Va a comenzar sus primeras pruebas y usted podría serle muy útil.

En unos días, Berny aprendió cuanto necesitaba saber y estableció un escrupuloso plan de acción. Pondría el cebo a una de las granadas de Brenden, la llevaría a un depósito especial, cerraría la puerta blindada y la haría saltar a sus pies. Hubiera preferido una explosión al aire libre, pero se daba cuenta de lo descabellado de esta idea, porque nunca conseguiría engañar a los detectores automáticos y a los contadores Geiger instalados en todas las salidas del Instituto.

Cuando estuvo seguro de que ya sólo le faltaba escoger el momento, volvió a su casa y redactó una carta para Mary, explicándole lo que pensaba hacer y pidiéndole que le enviara un mensajero aquella noche. A las doce y cuarto, exactamente trece horas antes del momento escogido para su experiencia, apareció en la pantalla el individuo calvo que ya conocía.

-Miss Seymour le pide que renuncie. Pero, suponiendo que usted se empeñe en seguir adelante, me ha asegurado que le esperará.

Y desapareció.

Berny cometió un error trágico. Hubiera debido echar un vistazo a los otros depósitos subterráneos. En uno de ellos había tres botabas tácticas de potencia media. A Dios gracias sólo explotó una, sin duda la más cercana a la granada de Berny. Pero a pesar de la relativa debilidad de la explosión, Ray Falls fue duramente alcanzado. Seis mil ochenta y tres personas murieron instantáneamente. Y de las ciento veintidós mil trescientas cuarenta y nueve expuestas a las radiaciones, sólo el ocho por ciento tienen actualmente posibilidades de sobrevivir. La parte este de la ciudad fue completamente destruida, tanto por la explosión como por el gigantesco incendio que la siguió.

¿Cómo me enteré de lo que le había sucedido a Berny? Gracias a mi mujer, con la que trabé conocimiento poco después de la catástrofe y que fue durante mucho tiempo nuestra principal sospechosa. La descubrió el primer equipo de salvamento entre las ruinas del Instituto de Investigaciones y fue trasladada al hospital para curarle una profunda quemadura, que había estrechado considerablemente el lado derecho de su cara. Sufría un profundo trauma y había perdido por completo la memoria. Creía llamarse Mary, pero no estaba segura de ello y, a pesar de nuestros esfuerzos, jamás conseguimos identificarla. Lo que intrigó a los médicos, aun más que su amnesia, fue su total e increíble resistencia a la radiactividad, que mató a tanta gente y que aún sigue matando. Yo, como responsable de la seguridad pública, tuve que verla con frecuencia y ella pareció ligarse mucho a mí (siempre decía que le recordaba a alguien). Cuando, finalmente, le propuse que se casara conmigo, aceptó con toda sencillez.

Después de nuestra luna de miel, empezamos a vivir en el pabellón del borde del lago, que yo había heredado de mi hermano. Llegamos allí una noche y al día siguiente por la mañana, mientras desayunábamos, Mary descubrió el televisor y estuvo a punto de desmayarse.

En aquel momento recobró la memoria.

Ahora llevamos una vida tranquila y somos muy felices. Yo mismo he desmontado el televisor, porque su presencia parecía inquietarla. Por otra parte, en la medida de lo posible, evitamos siempre la proximidad de estos aparatos. Creo saber lo que en ellos le da miedo.

Un miedo que yo comparto.
FIN

Ofensiva norteamericana para la censura política en Facebook

por Andre Damon//

Facebook, el gigante de la tecnología que controla la red social más grande del mundo, ha anunciado que entregará voluntariamente información sobre anuncios políticos supuestamente vinculados a cuentas falsas operadas desde Rusia al comité del Congreso que está investigando la “intromisión” rusa en las elecciones de 2016.

Esas cuentas de usuario, según el New York Times, “promocionaban mensajes incendiarios sobre temas que causan divisiones” durante las elecciones de 2016. Esos mensajes “incendiarios” incluían, según el Times, enlaces a artículos que criticaban la política exterior estadounidense.

Este paso que da Facebook es una respuesta a la narrativa urdida por agencias de inteligencia estadounidenses, “investigaciones” del New York Times, y políticos tales como Mark Warner, el demócrata de primer nivel del Comité de Inteligencia del Senado, que el gobierno ruso se propuso influir en el resultado de las elecciones de 2016 pagando unos 100.000 dólares estadounidenses en anuncios políticos.

Decir que este argumento es endeble es quedarse corto. Los supuestos anuncios constituyen aproximadamente una milésima del uno por ciento del total de 6,5 mil millones gastados en el ciclo electoral estadounidense de 2016. Si el gasto total de las elecciones fueran una persona de tamaño normal, esos anuncios representarían el peso de la uña de un dedo.

Pero ni Facebook, ni los investigadores del Congreso, ni los periódicos que difunden la noticia infundada de la supuesta interferencia rusa en las elecciones, han presentado prueba alguna para respaldar sus afirmaciones de que los anuncios estaban de hecho vinculados a las agencias de inteligencia rusas.

Esta narrativa ideada, que empieza poniéndose a demostrar lo trivialmente obvio —que algunas cuentas de usuario en las redes sociales están controladas por spam-bots, algunos de los cuales operan desde Rusia, y algunos de los cuales cuelgan mensajes políticos— termina sugiriendo que la oposición política doméstica es el producto de acciones de agencias “de inteligencia hostiles” y de la subversión extranjera.

El objetivo de esta estrafalaria teoría de la conspiración es crear una falsa equivalencia entre la supuesta intervención rusa en las elecciones estadounidenses de 2016 y la creciente oposición popular al establishment político, para legitimar la censura de las discusiones políticas en Internet.

El Times señala que algunas de las cuentas supuestamente reproducían artículos de DCLeaks.com, que publicó documentos filtrados que contradecían la política oficial de los EUA.

Entre los documentos publicados por el sitio se incluían los que mostraban que el General Philip Breedlove, que sirvió como comandante supremo de las fuerzas de la OTAN en Europa, quiso reunirse con el antiguo Secretario de Estado Colin Powell para buscar maneras de socavar las políticas de la administración de Obama en el conflicto de Ucrania con el objetivo de promocionar un choque con Rusia.

En el programa de televisión “Face the Nation” de la CBS del domingo, el congresista demócrata Adam Schiff elogió el paso que dio Facebook para entregar información sobre la supuesta “intromisión” rusa, pero dijo que la cuestión va mucho más allá de la supuesta injerencia rusa en las elecciones.

“También hay un problema acerca del uso de los algoritmos de Facebook y la manera en que tiende potencialmente a reforzar la inclinación informativa de la gente”, dijo, “y este es un problema que va mucho más allá de Rusia”.

¿Qué quiere decir Schiff cuando dice que los “algoritmos de Facebook” sirven para “reforzar la inclinación informativa de la gente”? Schiff, como un importante miembro del Subcomité Permanente de la Cámara para Inteligencia, está canalizando las preocupaciones de las principales agencias de inteligencia porque cantidades crecientes de personas están volviéndose críticas del establishment político, y porque Facebook está suministrando a millones de personas noticias e información que podría reforzar sus opiniones críticas.

Tanto Facebook como Google han anunciado durante el año pasado planes para modificar sus algoritmos en un esfuerzo por combatir las “noticias falsas”, con Google declarando que tiene la intención de promocionar “contenido acreditado” por encima de “puntos de vista alternativos”.

Una investigación del WSWS ha revelado que el tráfico desde Google hacia 13 de los más importantes sitios web de izquierdas, progresistas y antibélicos ha caído un 55 por ciento desde que la compañía anunciara sus planes para modificar el algoritmo para combatir las “noticias falsas” en abril.

Las noticias incesantes del Times sobre la supuesta “intromisión” rusa en las elecciones ha ido acompañada por exigen cias de que Facebook asuma la “responsabilidad” por lo que los usuarios hacen online y colaborar más estrechamente con las agencias de inteligencia para quitar contenido “objetable” más rápidamente.

En un comentario publicado en el New York Times el viernes, que Google News mantuvo en su portada casi el día entero, Kevin Roose declara, “Si yo fuera un ejecutivo de Facebook, podría tener una sensación frankensteiniana de intranquilidad estos días … Puede que Facebook haya creado algo que no puede controlar totalmente”. Se queja, “Facebook sencillamente no fue construido para manejar [los] problemas” que surgen con miles de millones de usuarios. “Es una compañía tecnológica, no una agencia de inteligencia”.

Apostilla, en tono optimista, “hay señales de que Facebook está empezando a entender sus responsabilidades. Contrató a un montón de expertos en contraterrorismo y está expandiendo equipos de moderadores por todo el mundo para buscar y eliminar contenido dañino”.

Añade, Facebook “tendrá que seguir invirtiendo masivamente en herramientas defensivas, incluyendo inteligencia artificial y equipos de moderadores humanos, para detener la actividad de malos actores”.

El objetivo del más reciente capítulo de la patraña de la intromisión rusa en las elecciones de 2016 es crear el clima político para expandir tales “moderadores humanos” que tendrían la potestad de “eliminar” contenido que consideren “dañino”: o sea, contenido al que su empleador, que trabaja en connivencia con las agencias de inteligencia estadounidenses, no quiere que el público acceda.

Genocidio en la Patagonia: La verdadera historia de los Zoológicos Humanos

por Silvana García Tironi//

Durante el siglo XVIII- XIX la sociedad intelectual europea sentía una gran fascinación por lo desconocido y exótico. Parte de esta fascinación fue dirigida a grupos nativos de diversas latitudes alrededor del mundo. Así se comienzan a traer grupos de indígenas para observarlos, estudiarlos, y compararlos con la raza civilizada: la blanca europea. Con esto se crea el concepto de “Zoológicos Humanos”.

El zoólogo alemán Carl Hagenbeck, que en un principio se dedicaba a la muestra animal y al circo, se especializó en llevar grupos de indígenas “puros” desde África y Asia, recreando su hábitat y costumbres. Con esta corriente se comienza un boom por traer de todas partes grupos de autóctonos y sus costumbres, en donde Chile no queda excluido. Seguir leyendo Genocidio en la Patagonia: La verdadera historia de los Zoológicos Humanos

Coordinadora Nacional de Trabajadores NO + AFP: Carta Abierta

La Coordinadora Nacional de Trabajadores y Trabajadoras NO+AFP, ha elaborado una propuesta que pone término al sistema de AFP. Hemos dado a conocer al país y en especial a los trabajadores, este nuevo sistema de seguridad social sustentado en el reparto solidario, con financiamiento tripartito y un Fondo de Reserva Técnica. La respuesta de los trabajadores ha sido de un claro apoyo a nuestros planteamientos. Pero desde el gobierno y las autoridades no ha habido sino silencio. Las multitudinarias manifestaciones que han enarbolado nuestra consigna No Más AFP han carecido de eco en las autoridades, aún cuando han tenido la virtud en poner en la palestra pública un hecho indubitable: el sistema de AFP no hace sino condenar a los trabajadores a una vida de miseria luego de su ciclo laboral.

Las AFP administran 186 mil millones de dólares, propiedad de los trabajadores, al servicio de los intereses del gran empresariado. Este sistema no fue concebido como un sistema de seguridad social, sino que de ahorro forzoso que hoy paga a más de 350 mil chilenos una pensión promedio de 125 mil pesos. En los próximos años 99 de cada 100 personas recibirán pensiones inferiores al salario mínimo. El sistema de AFP fue impuesto por la Dictadura Cívico Militar al margen de las normas esenciales de un Estado de Derecho Democrático, en concordancia con los principios del neoliberalismo económico y de Estado Subsidiario, cuyos rasgos fundamentales se mantienen en la institucionalidad actual.

Entendemos la seguridad social como un sistema en el cual el Estado reconoce a las personas sus derechos fundamentales, siendo el socorro por enfermedad, invalidez o vejez, contingencias que afectan a quienes no están en condiciones de proveer su propio sustento. No es verdad que los sistemas de reparto, en los que se fundamenta nuestra propuesta, estén quebrados en el mundo moderno. Países como EEUU, Japón y toda Europa, lo tienen incorporado a su sistema de pensiones. Solo un puñado de países tiene un sistema similar al que impera en Chile.

Proponemos que las cotizaciones que paguemos mensualmente sirvan para pagar pensiones y no para especular y financiar a los grandes grupos económicos. Este sistema será financiado con aportes del trabajador, del empleador y del Estado y los dineros que no se destinen a pagar pensiones serán administrados en un Fondo de Reserva Técnica y un Comité Especializado realizará inversiones en el campo de las medianas, pequeñas y micro empresas, contribuyendo al desarrollo del país.

La Coordinadora Nacional de Trabajadores y Trabajadoras NO+AFP convoca al pueblo de Chile a participar en un Plebiscito que pone a su consideración su propuesta de nuevo sistema de Seguridad Social.

A través de este ejercicio popular, democrático y participativo, reafirmamos nuestro derecho a expresarnos libres y soberanos respecto a un problema que afecta a la gran mayoría de los chilenos. En este ejercicio democrático el voto de la gente sí vale. Este Plebiscito lo consideramos como una forma que adquiere la movilización popular que no solo denuncia un sistema inhumano, sino que propone seriamente una opción distinta.

Llamamos a todos los trabajadores de Chile a sumarse activamente a esta iniciativa los días 29 y 30 de septiembre y 1º de octubre e invitamos a las organizaciones sociales, dirigentes y personalidades del arte, la cultura, el deporte, de centros de pensamiento y reflexión, de entidades morales y religiosas, que quieran ser parte de esta iniciativa a sumarse a este esfuerzo.

Nos asiste el más genuino convencimiento que esta forma de movilización es un aporte a la lucha por cambiar un sistema, que lejos de brindar el bienestar merecido por los trabajadores al final de su vida laboral, lo obliga a penurias indignas.

COORDINADORA NACIONAL DE TRABAJADORES Y TRABAJADORAS NO +AFP

 

CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE CHILE

Artículo 5º.- La soberanía reside esencialmente en la Nación. Su ejercicio se realiza por el pueblo a través del plebiscito y de elecciones periódicas y, también, por las autoridades que esta Constitución establece. Ningún sector del pueblo ni individuo alguno puede atribuirse su ejercicio. El ejercicio de la soberanía reconoce como limitación el respeto a los derechos esenciales que emanan de la naturaleza humana. Es deber de los órganos del Estado respetar y promover tales derechos, garantizados por esta Constitución, así como por los tratados internacionales.

 

 

La propuesta completa se puede obtener en el siguiente link:

http://coordinadoranomasafp.cl/wp/wp-content/uploads/2016/12/PROPUESTA-PREVISIONAL.pdf

Walter Benjamin: El capitalismo como religión

Hay que ver en el capitalismo una religión, es decir, el capitalismo sirve esencialmente a la satisfacción de las mismas preocupaciones, suplicios e inquietudes a las que daban respuesta antiguamente las llamadas religiones. Probar esta estructura religiosa del capitalismo, es decir, probar que no es sólo una formación condicionada por la religión como lo piensa Weber, sino un fenómeno esencialmente religioso, nos conduciría hoy al extravío de una polémica universal exagerada. No podemos estrechar la red en la cual nos sostenemos; sin embargo,  este punto será apreciado posteriormente.

No obstante, podemos desde ahora reconocer en el tiempo presente tres rasgos de esta estructura religiosa del capitalismo. En primer lugar, el capitalismo es una religión puramente cultual, quizás la más extrema que jamás haya existido. En él, todo tiene significación inmediata respecto del culto, no conoce ninguna dogmática específica, ninguna teología. El utilitarismo gana bajo este punto de vista toda su coloración religiosa. El segundo rasgo del capitalismo está estrechamente ligado a esta concreción del culto: la duración permanente  del culto. El capitalismo es la celebración de un culto sans rêve et sans merci.1 No existe en él ningún “día ordinario”, ningún día que no sea día de fiesta en el terrible sentido del desplieguede la pompa sacra, de la tensión extrema del adorador. En tercer lugar, este culto es culpabilizante. El capitalismo es probablemente el primer caso de un culto que no es expiatorio sino culpabilizante. En esto, este sistema religioso se precipita en un movimiento colosal. Una conciencia monstruosamente culpable que no sabe expiarse se apodera del culto no para expiar en él esta culpa sino para hacerla universal, para hacerla entrar por la fuerza en la conciencia y, finalmente y sobre todo, para implicar a Dios en esta culpabilidad a fin de que él mismo tenga, finalmente, interés en la expiación. Esta última no hay que esperarla en el culto mismo, ni en la reforma de esta religión -ya que sería preciso que esta reforma pueda apoyarse sobre un elemento certero de esta religión-, ni en su rechazo. En la esencia misma  de este movimiento religioso que es el capitalismo yace la perseverancia hasta el final, hasta la completa culpabilización final de Dios, hasta un estado del mundo afectado por una desesperanza que todavía se espera.

Lo que el capitalismo tiene de históricamente inaudito es que la religión no es ya la reforma del ser sino su destrucción. Habría que esperar la salvación de la desesperanza que se extiende al estado religioso del mundo. La trascendencia divina se ha derrumbado. Pero Dios no ha muerto; está incorporado en el destino del hombre. La transición del planeta hombre, siguiendo su órbita absolutamente solitaria en la casa de la desesperación, es el ethos que determina Nietzsche. Este hombre es el superhombre, el primero que comienza a cumplir, reconociéndola, la religión capitalista. Su cuarto rasgo es que su Dios debe permanecer oculto; sólo en el cenit de su culpabilización puede ser apelado. El culto se celebra ante una divinidad inmadura; toda representación, todo pensamiento consagrado a ella lesiona el secreto de su madurez.

La teoría freudiana pertenece también a la dominación sacerdotal de este culto; está pensada de forma completamente capitalista.  Según una analogía muy profunda que está  aún por aclarar, lo reprimido, la representación culpable, es el capital que produce los intereses del infierno del inconsciente.

El tipo del pensamiento religioso capitalista se encuentra extraordinariamente expresado en la filosofía de Nietzsche. La idea del superhombre desplaza el “salto” apocalíptico, no sobre la conversión, la expiación, la purificación y la contrición, sino sobre una intensificación [Steigerung] aparentemente continua, pero en el último momento, a saltos, intermitente, discontinua.  Por esto, la intensificación y el desarrollo, en el sentido de non  facit saltum,2 son inconciliables.  El superhombre es el hombre histórico que ha llegado sin conversión, que ha crecido atravesando el cielo. Nietzsche prejuzgó esta explosión del cielo provocada por el acrecentamiento de lo humano que es y permanece (incluso para Nietzsche) culpabilidad. Y de forma semejante en Marx, el capitalismo inconverso devendrá socialismo por el interés simple y el interés compuesto que son función de la culpa/deuda [Schuld] (ver la ambigüedad demoníaca de este concepto).

El capitalismo es una religión puramente cultual, sin dogma.

El capitalismo se desarrolló en Occidente como un parásito en el cristianismo –como debe mostrarse no sólo respecto del calvinismo sino también de otras corrientes ortodoxas del cristianismo– de tal manera que, al final, la historia del cristianismo es esencialmente la historia de su parásito, el capitalismo.

Comparación entre las imágenes de los santos de diferentes religiones y los billetes de banco de diferentes Estados.  El espíritu que habla en la ornamentación de los billetes.

Capitalismo y derecho. Carácter pagano del derecho: Sorel Refléxions sur la violence, p. 262.3

Vencer el capitalismo a través del mercado móvil: Unger Politik und Metaphysik, p. 44.4

Fuchs, Struktur der kapitalistischen Gesellschaft o titulo vecino.5

Max Weber, Ges. Aufsätze zur Religionssoziologie, 2 Bd. 1919/20.6

Ernst Troeltsch, Die Soziallehren der chr. Kirchen und Gruppen (Ges. W. I 1912).7

Ver sobre todo la bibliografía de Schönberg, II.

Landauer, Aufruf  zum Sozialismus, p. 144.

Las preocupaciones: una enfermedad del espíritu propia de la época capitalista. Sin salida espiritual (no material) en la pobreza, monacato de la vagancia y la mendicidad. Un estado de sin salida semejante es culpabilizante. Las “preocupaciones” son el índice de esta conciencia culpable de la sin salida. Las “preocupaciones” nacen por el miedo de que no haya salida, no material e individual, sino comunitaria.

El cristianismo en la época de la reforma no favoreció la llegada del capitalismo: se transformó en capitalismo.

Habría que investigar metódicamente los lazos que desde siempre el dinero ha establecido con el mito a lo largo de la historia hasta que haya extraído para sí del  cristianismo suficientes elementos míticos para establecer su propio mito.

El precio de la sangre /Thesaurus de las buenas obras / El salario que se le debe al sacerdote / Pluto como dios de la riqueza.

Adam Müller, Reden über die Beredsamkeit 1816 p. 56 ss.8

Relación entre el dogma de la naturaleza resolutoria del saber, propiedad para nosotros que lo hace a la vez redentor y verdugo, y el capitalismo: el balance como saber redentor y liquidador.

Se reconoce fácilmente una religión en el capitalismo si se recuerda que el paganismo originario concebía, en principio, la religión no como un interés “superior”, “moral”, sino como el interés más inmediatamente práctico; en otras palabras, el paganismo no tenía más conciencia que el capitalismo de su naturaleza “ideal”, “trascendente”, y la comunidad pagana consideraba a los miembros irreligiosos o heterodoxos como incapaces9, exactamente como la burguesía de hoy considera a sus miembros improductivos.

NOTAS

  • 1  N. del T. En francés en el texto original.
  • 2  Cf.  Leibniz,  Nouveaux  Essais  sur  l’entendement  humain,  Die    philosophischen Schriften von G. W. Leibniz, Georg Olms Verlag, 1978, Bd. V, S. 49.
  • 3 Cf. Georges Sorel, Réflexions sur la violence, éd. Michel Prat, Paris, Le Seuil,  1990, p. 262.
  • 4 Cf. Erich Unger, Politik und Metaphysik (Die Theorie. Versuche zur  philosophischer Politik), Berlin, 1921.
  • 5 Cf. Bruno Archibald Fuchs, Der Geist der bürgerlich-kapitalistische Gesellschaft. Eine Untersuchung über seine Grundlage und Voraussetzungen, Berlin/München, 1914.
  • 6 Cf. Max Weber, Gesammelte Aufsätze zur Religionssoziologie, 2 Bde., Tübingen, 1920.
  • 7  Cf.  Ernst  Troeltsch,  Die  Soziallehren  der  christlichen  Kirchen  und Gruppen, Gesammelte Schriften, Bd. I, Tübingen, 1911.
  • 8 Cf. Adam Müller, Zwölf Reden über die Beredsamkeit und deren Verfall in Deutschland, gehalten zu Wien im Frühlinge 1812, Leipzig, 1816.
  • 9 N. del T. Quizás sea preciso leer en el texto original alemán untüchtig (incapaz) en lugar de untrüglich (infalible) tal como lo han realizado los editores Tiedemann y Schweppenhäuser. En ninguna de las notas referidas a las paginas 100-103 (Anmerkungen zu Seite 100-103) del volumen 6 de los Gesammelte Schriften de Benjamin se encuentran alusiones a esta dificultad de lectura. Sin embargo, resulta más apropiado, de acuerdo con el contexto, considerar la lectura de untüchtig como la más pertinente en este caso.

Fuente: Ficción de la razón

Imagen de portada: Split Representation / Walter Benjamin, 2013 de la artista Elisabeth Penker

Jornada de resistencia popular catalana: ¿Se acabó el Procés?

por Oscar Blanco//

14 detenciones. 20 registros en sedes de Consejerías y otros departamentos de la Generalitat y empresas. Unas 15 horas de movilizaciones masivas casi espontaneas. Ayer Barcelona y Catalunya vivieron un día que fue cualquier cosa menos normal. La ofensiva represiva contra el 1 de octubre se convirtió de facto en una intervención de la Generalitat con las cuentas de la administración catalana controladas por Montoro y la detención de cargos como Josep Maria Jove, secretario general de Economía. Desde antes de las 9 de la mañana comenzaba a llegar gente a la puerta de las 4 consejerías registradas por la Guardia Civil y corría la convocatoria. El centro de Barcelona estaba prácticamente colapsado ya a las 11 horas con más de media Vía Laietana cortada y un corte en Gran Vía a la altura de Rambla Catalunya. En este punto dónde se encuentra la Consejería de Economía es dónde había el grueso más importante de manifestantes, ya eran unas 5 000 personas. Se fue convirtiendo en el lugar de la concentración en defensa de la democracia y las instituciones catalanas con Omnium y la Assemblea Nacional Catalana llamando a la gente a acudir.Por la tarde se llegó a las 20 000 personas concentradas y el registro de la Consejería se alargó aproximadamente hasta las 20h.

La CUP daba la alarma a las 13horas: Policiales Nacionales de paisano y encapuchados se presentaban en su sede nacional del calle Casp, confiscaban material de dos coches preparado para repartirse y pretendían registrar la sede sin orden judicial. En poco tiempo varios centenares de personas llegaban hasta la sede para solidarizarse, rompían el cordón policial y hacían retroceder a los agentes. Varias personas de la CUP, entre las que se encontraba el ex-diputado David Fernández, mediaron con la policía para organizar un cordón que permitiera sacar dos coches de los policías de paisano que continuaron encapuchados en todo momento. La presencia policial de la Unidades de Intervención Policial de la Policia Nacional y algunas patrullas de Mossos en los cruces de la calle Casp con Sardenya y con Marina era numerosa y en actitud intimidatoria. También se pudieron ver diversos policías de paisano infiltrados en la concentración de apoyo.

El asedio a la sede de la CUP se alargó durante más de 6 horas. La organización independentista y anticapitalista pidió reiteradamente calma y una actitud pacífica e incluso distribuyó unas instrucciones para ejercer la resistencia pacífica en caso de intento de desalojo de la concentración para acceder a la sede. La Policia Nacional se negó a informar a una comisiónformada por el equipo legal de la CUP, cargos electos y organizaciones defensoras de los derechos humanos de los motivos por los que se rodeaba la sede. Finalmente tras más de seis horas de concentración con unas dos mil personas y la presencia solidaria de diputadas de otras formaciones (como las anticapitalistas Sònia Farré d’En Comú Podem i Joan Giner de Podem), la policía se marchó y la euforia se apoderó de las presentes en la protesta al grito de “Els carrers seran sempre nostres” [Las calles seran siempre nuestras]. Una de las consignas más repetidas a lo largo de la jornada. Desde allí se desplazaron en manifestación cortando la Gran Vía hasta la Consejería de Economía dónde se añadieron a los miles de manifestantes que en ese momento escuchaban intervenciones de líderes de formaciones políticas y entidades soberanistas y actuaciones musicales.

En paralelo, Tarragona, Girona, Reus, Sabadell y otras ciudades catalanas vivieron a las 20 horas movilizaciones masivas y a las 22 horas una sonora cacerolada se pudo escuchar en los barrios y pueblos catalanes. También Madrid, Valencia, Cádiz y otras ciudades de todo el Estado vivieron movilizaciones a favor de los derechos civiles y contra la represión. La primera iniciativa solidaria se lanzaba desde “Madrileñ@s por el derecho a decidir” que abarrotaba la Plaza del Sol pese a las identificaciones policiales a las manifestantes y las amenazas de multas a las organizadoras.

Después de las 23 horas Jordi Cuixart, presidente de Omnium, y Jordi Sánchez, presidente de la ANC, intervenían en Gran Via con Rambla Catalunya para convocar una nueva movilización hoy frente al Tribunal Superior de Justicia de Catalunya exigiendo la libertad de las personas detenidas y para desconvocar la movilización a las 00 hpras. Simultáneamente formaban un cordón de voluntarios que permitía acceder a los antidisturbios de los Mossos de Esquadra a la Consejería y se vivían momentos de tensión con gran parte de las manifestantes que temían que el cordón sirviera para que la Guardia Civil saliera de la Consejería.

Más de cuatro horas después de finalizar el registro los agentes de la Guardia Civil seguían sin poder salir entre gritos de “este noche la pasareis aquí” o “esta noche os vais sin coche”, en referencia a los vehículos policiales aparcados frente a la Consejería y que llevaban horas llenos de carteles, pegatinas e incluso con una tienda de campaña sobre el techo de uno de ellos. Pese a los intentos negociadores de Cuixart y en especial de Sánchez, que entró a la consejería hasta tres veces a hablar con la Guardia Civil, una parte destacada de la concentración se quedó al grito de “No pasaran” y “Ni un paso atrás”. Ya pasaban la 1:30 horas cuando se desplegaron los antidisturbios de los Mossos de Esquadra y, tras varios avisos, cargaron contra los manifestantes que bloqueaban la puerta para abrir espacio. Al menos un manifestante resultó herido de cierta gravedad con una brecha en la cabeza que le cubrió el rostro de sangre. A las 3:30 horas la Guardia Civil abandonó finalmente la Consejería.

Desde la mañana una idea iba cogiendo fuerza: la huelga general. Previo al 11 de Septiembre la IAC y la Intersindical CSC habían impulsado un manifiesto estatal de sindicatos en apoyo al referéndum del 1 de octubre. Estas mismas organizaciones habían propuesto la posibilidad de una huelga general en defensa de los derechos civiles, la autodeterminación y contra el autoritarismo si el Estado impedía realizar el referéndum y lanzaban desde la IAC la propuesta de una reunión abierta al conjunto del movimiento social, cultural y sindical para organizar un plan de movilizaciones que incluya una huelga general y social. La consigna ha sido coreada en las diferentes concentraciones y habrá que ver si consigue cuajar una apuesta de ese tipo pese a la posición un tanto ambigua hacía el 1-O de Comisiones Obreras.

La sensación de cambio de fase se podía palpar en el ambiente. “No sé si vamos a votar o no, pero el Procés se ha acabado seguro. Después de esto no se puede volver a la lógica de dilatar y esperar” comentaba un activista ya de madrugada frente a la Consejería. Por la mañana, los estibadores de Barcelona decidían en asamblea no operar el buque Raphsody ubicado en el Puerto de Barcelona para albergar efectivos de la Policia Nacional y la Guardia Civil ni otros de esas características. Las estudiantes también cortaban la Diagonal o se concentraban por cientos en diferentes Campus con un acto central convocado en la Universidad Autónoma de Barcelona. Miles de personas se concentran en los momentos de finalizar esta crónica frente al Tribunal Superior de Justicia de Catalunya. Parece que hoy tampoco va ser un día normal en Catalunya.

Aumenta la cifra de muertos por el terremoto en la Ciudad de México

por Alex González//

Ha ascendido la cantidad de fallecidos a 225 del terremoto de magnitud 7,1 que estremeció a la Ciudad de México y nueve otros estados el martes por la tarde. Los reportes iniciales indican que colapsaron 44 edificios en la capital del país, dejando a 699 personas heridas y 201 desaparecidas. La catástrofe social ocurrió en el aniversario del devastador terremoto de 1985 en la ciudad y tan sólo dos semanas después de que otro sismo de 8,1 grados golpeara el sur del empobrecido país.

El lugar del epicentro previno que el sistema de monitoreo de la ciudad les advirtiera a los residentes del peligro hasta que ya había comenzado a temblar, imposibilitando una evacuación a tiempo. Millones de residentes habían participado en un simulacro conmemorando el terremoto de 1985, en el que murieron al menos diez mil personas, a pocas horas del comienzo del más reciente desastre.

Más del cuarenta por ciento de la Ciudad de México y del sesenta por ciento del estado de Morelos estaba sin electricidad el miércoles por la tarde, mientras que el metro de la ciudad capitalina, el segundo más grande de América del Norte, suspendió cuatro de sus catorce líneas el martes. Las escuelas y principales universidades cancelaron clases en la Ciudad de México y los estados de México, Guerrero, Hidalgo, Morelos, Puebla, Veracruz y Tlaxcala hasta próximo aviso, dejando a más de catorce millones de estudiantes sin clases.

Más de quince mil personas tuvieron que ser desalojadas del centro histórico de la ciudad de Puebla y trasladadas a un centro de exposiciones por el peligro de que colapsen más edificios.

La devastación en la Ciudad de México se concentró en el centro, con las estructuras más afectadas en las delegaciones de Cuauhtémoc, Benito Juárez, Coyoacán y Iztapalapa.

Veintiún niños murieron después de que dos escuelas colapsaran, con dos niños y un adulto todavía atrapados en los escombros de la escuela el miércoles por la tarde. Ha habido diecisiete réplicas del temblor hasta el momento de redacción, con el más fuerte de magnitud 4,9. Un sismólogo del Servicio Geológico de Estados Unidos señaló que el temblor más reciente pudo haber sido una réplica del terremoto fuera de la costa pacífica mexicana del 7 de setiembre.

Debido a la ira social generalizada después de las catastróficas pérdidas en 1985, el Gobierno se vio obligado a instalar sistemas de monitoreo avanzados para terremotos y hacer cumplir estrictamente los códigos de construcción de la ciudad. Sin embargo, la pobreza de las masas y la extrema desigualdad, junto con la austeridad impuesta por la burguesía, han valido para asegurarle a millones una condena de vivir y trabajar bajo condiciones potencialmente letales.

La Ciudad de México es una de las áreas de mayor actividad sísmica y, más allá, sus veintiún millones de habitantes se encuentran sobre una cuenca lacustre o sistema de lagos que se secaron, volviéndolos más susceptibles a daños por los movimientos tectónicos. Son 34 los terremotos de una magnitud mayor a siete que han sucedido a menos de quinientos kilómetros del terremoto del martes desde el año 1900. No son acontecimientos imprevistos.

Los métodos de restauración para hacer que los edificios viejos e históricos sean más resistentes y seguros son bien conocidos. El hecho de que no fueron preparadas tantas estructuras no es un accidente, sino que es parte del esquema de lucro capitalista, donde una diminuta capa de la población se enriquece masivamente y millones son condenados a morir por desastres que pudieron haber sido prevenidos.

Como sucede en las otras áreas metropolitanas del mundo, la Ciudad de México alberga inmuebles de gran lujo junto a condiciones de vida que pertenecen a otro siglo. Más del 28 por ciento de la población de la ciudad vivía bajo la línea de la pobreza en el 2016, mientras que el número seguro ahora mayor de millonarios en el 2013 era de 102 000.

Los gastos en los servicios sociales ha sito recortado para llenar las arcas de las corporaciones transnacionales y armar al ejército en preparación para levantamientos sociales futuros. El financiamiento en infraestructura pública fue reducido por más del 20 por ciento en julio de este año en comparación con el mismo periodo en el 2016. Además, la inversión de capital en el sector público —que incluye gastos en nueva infraestructura, maquinaria y mantenimiento—cayó más de 40 por ciento durante los primeros cinco meses de este año en comparación con ese periodo el año pasado, según datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Este es el recorte más fuerte del gasto de capital en el sector público desde 1990. Por mientras, en el gobierno de Peña Nieto, el presupuesto del sector castrense ha aumentado un 36 por ciento y casi que se ha duplicado desde el 2006.

La élite gobernante sin duda está nerviosa acerca del explosivo enojo que podría hacer erupción por esta política de asesinato social. El terremoto de 1985 y la anémica respuesta estatal marcaron el fin del mandato del PRI en la Ciudad de México. Además, hay señales de esta ira hacia el Gobierno de Peña Nieto en respuesta al temblor. El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong fue abucheado, insultado y atacado físicamente por voluntarios cuando fue a visitar una zona donde se realizaba un rescate cerca de una fábrica colapsada el miércoles. A pesar de ir escoltado de soldados, se vio obligado a irse rápidamente. Más temprano este año, Osorio Chong era considerado un candidato potencial en las elecciones generales del próximo año.

A diferencia de la respuesta de la élite gobernante, ha sido la clase obrera se ha movilizado para encabezar los esfuerzos de socorro con su autosacrificio y solidaridad. Miles de trabajadores salieron a las calles espontáneamente por toda la ciudad para rescatar a los que quedaron atrapados bajo los escombros. Las escenas de multitudes organizadas escarbando para encontrar a supervivientes se vieron en casi todos los sitios de edificios colapsados. Pese al peligro de las réplicas, los voluntarios permanecieron en las áreas de rescate toda la noche del martes y seguían ahí el miércoles.

Los trabajadores formaron cadenas para pasarse escombros, cubetas, palas, picos, comida, agua, equipo médico desde y hacia los edificios colapsados. Los voluntarios hicieron pancartas con señales para que la multitud supiera cuando estar en silencio para escuchar los silenciosos gritos de socorro de los atrapados. Debido al congestionamiento del sistema de transporte público, los trabajadores pusieron sus propios vehículos al servicio de otros para que pudieran desplazarse a sus destinos, mientras que muchos se colocaron en intersecciones para dirigir el tráfico y facilitar el movimiento de vehículos de emergencia. Cientos más ayudaron a distribuir comida y agua a los que las necesitaran.

Es la clase obrera la que debería estar a cargo de organizar no solo esfuerzos de rescate, sino toda la economía. Como ha quedado demostrado después de los huracanes que crearon destrozos en el caribe, en Estados Unidos y México, son los trabajadores los que sufre más de estos desastres, pero componen la única clase capaz de movilizarse exitosamente para responder a ellos contando con su propia fuerza social. Los trabajadores tienen que luchar por llevar orden al caos del sistema capitalista y reorganizar la economía global a fin de garantizarse sus propios derechos sociales. Esto sólo es posible en la forma de una lucha por el socialismo internacional en México y alrededor del mundo.

¿Recuperación económica mundial?

Los últimos datos económicos muestran que el crecimiento económico en los principales países capitalistas ha ido en aumento durante la primera mitad de 2017.
 
 
La economía de Japón ha crecido al ritmo más rápido de los últimos dos años en el segundo trimestre de este año, y el gasto interno se ha acelerado mientras el país se prepara para los Juegos Olímpicos de Tokio de 2020.
 
 
En la zona euro, el crecimiento del PIB real aumentó a una tasa anualizada del 2,5%, mientras los países de Visegrad (República Checa, Polonia, Hungría y Eslovaquia) crecieron al 5,8% en el segundo trimestre de este año.
 
 
La economía de Estados Unidos continúa creciendo un poco más del 2% anual, y ello hace que las principales economías parezcan estar un poco mejor en términos de crecimiento, o al menos eso parece en comparación con la caída de las tasas de crecimiento de 2015-6.
 
¿Cuál ha sido la razón principal de esta ligera mejoría? En mi opinión, es la relativa recuperación de la economía china, considerada por la mayoría de los observadores, y así lo confirman los hechos, el motor del crecimiento económico mundial (en el margen) desde 2007. Como señala el FMI en su última encuesta de la economía china: “Mientras muchas de las economías avanzadas de Occidente siguen luchando tras la crisis financiera de 2007-09,  China, ha sido el motor de crecimiento de la economía mundial, representando más de la mitad del crecimiento del PIB mundial en los últimos años.”
 
 
La producción manufacturera en China aumentó un 6,7% analizado en julio, continuando la ligera recuperación en 2017 después de caer a un mínimo en 2016 tras un máximo de más del 11% anual en 2013. Como resultado, la producción industrial de la zona euro se ha recuperado, en particular en Alemania, los Países Bajos e Italia, ya que exportan más a China. El sector manufacturero de Estados Unidos también ha revertido su contracción real en 2016. El sector manufacturero de Japón saltó hasta el 6,7% en comparación con 2016, empujado por la demanda de construcción para los Juegos Olímpicos.
 
Todo parece mucho mejor. Pero recordemos que la mayor parte de estas grandes economías todavía están creciendo alrededor de solo el 2% anual, todavía muy por debajo de las tasas anteriores a 2007 o incluso la media del período posterior a 1945. Las economías capitalistas ‘desarrolladas’ están creciendo a su ritmo más bajo en décadas. Ruchir Sharma, jefe de estrategia global y responsable de mercados emergentes de Morgan Stanley Investment Management, señaló en un reciente  ensayo en la revista Foreign Affairs que “ninguna región del mundo está creciendo tan rápido como antes de 2008, y no debe esperarse que ninguna lo haga. En 2007, en el pico del boom anterior a la crisis, las economías de 65 países – incluyendo bastante de las grandes, como Argentina, China, India, Nigeria, Rusia y Vietnam – crecieron a una tasa anual del 7% o más. Hoy en día, sólo seis economías están creciendo a ese ritmo, y la mayoría son países pequeños como Costa de Marfil y Laos“.
 
Sin embargo, todos los índices de compras de gerentes (PMI) que proporcionan la mejor guía de la situación inmediata de la actitud y la confianza del sector capitalista en cada país muestran todos ellos que la expansión todavía está en marcha – aunque no al ritmo de 2013-14. De nuevo, la clave parece ser una recuperación del PMI de China.
 
 

¿Qué nos señala todo esto sobre la probabilidad de una nueva recesión económica mundial en el próximo año o dos? Eso es algo que he estado pronosticando o esperando. Los últimos datos parecen apuntar lo contrario.

 
Los principales analistas ortodoxos siguen siendo optimistas sobre el crecimiento con la única condición de que China no colapse. La encuesta del FMI adelanta el argumento familiar ortodoxo que la deuda total es tan alta que puede provocar bancarrotas e impagos, provocando una crisis y debilitando la economía mundial. La deuda total se ha cuadruplicado desde la crisis financiera, hasta situarse en 28 billones de dólares a finales del año pasado.
 
No estoy de acuerdo. Por dos razones. En primer lugar, cuando el crecimiento de China se desaceleró bruscamente a principios de 2016, los analistas ortodoxos argumentaron que China podría empujar a la economía mundial hacia abajo. Mi opinión fue que, por importante que fuese la economía china, no es lo suficientemente grande como para arrastrar consigo a los EEUU y Europa. Las economías avanzadas sigue siendo la clave para saber si habrá una recesión mundial. Y así se ha demostrado.
 
En segundo lugar, el tamaño de la deuda de China es grande, pero la economía china es diferente de las economías capitalistas avanzadas. La mayor parte de la deuda está en manos de los bancos estatales y las empresas estatales chinas. El gobierno chino puede rescatar a estas entidades utilizando sus reservas y el ahorro forzoso de los hogares chinos. El estado tiene el poder económico para ello, a diferencia de los gobiernos de los EEUU y Europa durante la crisis crediticia de 2007. Los gobiernos entonces eran deudores de los bancos y las empresas capitalistas, y no al revés. En mi opinión, cualquier crisis de crédito en China será resuelta sin producir un colapso importante en la economía.
 
¿Quiere decir esto que se puede descartar una nueva recesión mundial? No, en absoluto. Una de mis indicadores clave de la salud de las economías capitalistas, como mis lectores saben, es la evolución de los beneficios en el sector capitalista. Los beneficios de las empresas a nivel globales (un promedio ponderado de las principales economías) también han experimentado una recuperación significativa tras su colapso a finales de 2015. De hecho, Los beneficios empresariales parecen en general aumentar con su tasa más rápida desde el cambio de tendencia después del final de la Gran Recesión.
 
 
Sin embargo, esta tendencia global es impulsada por la recuperación de China y la recuperación de Japón (¿debido a la construcción para los Juegos Olímpicos?). El crecimiento de los beneficios industriales en los EEUU, Alemania y el Reino Unido se desacelera de nuevo después de un breve repunte a finales de 2016.
 
Para mí, la clave sigue siendo el estado de la economía de Estados Unidos y, en particular, de los beneficios y los niveles de inversión allí. El crecimiento del mercado de valores de Estados Unidos no esta acompasado con los niveles de beneficios industriales. El indice S&P 500 ajustado cíclicamente de precios-beneficios (CAPE) sólo ha sido mayor en una ocasión, a finales de 1990. Actualmente se encuentra a la par con los niveles anteriores a la Gran Depresión.
 
Los beneficios de las empresas de Estados Unidos se han recuperado en los últimos trimestres después de haber caído (aunque ahora vuelve a desacelerarse) y, junto con ello, la inversión empresarial ha arrancado. Hay que seguir durante el resto de 2017 estos datos para ver si es sostenible.
 
 
La suma de los beneficios industriales han crecido a una tasa anual de tan sólo el 0,97% en los últimos cinco años. Antes de este período el crecimiento quinquenal anualizados de los beneficios fue del 7,95%. Con una deuda que ha alcanzado los 8.6 billones de dólares, los niveles de deuda industrial son actualmente un 30% más alto que su pico anterior, en septiembre de 2008. En el 45,3%, la proporción de la deuda industrial en relación con el PIB está en máximos históricos, y recientemente superó los niveles previos a las dos últimas recesiones. Si hay un problema con el nivel de deuda, es en los EEUU, no en China.
 
Publicado originalmente en el blog de Michael Roberts. Traducción de G. Buster en Sin Permiso.
 
Ilustración de Steve Cutts

España amenaza con una potencial toma de poder militar de Cataluña mientras el referéndum se acerca

por Alejandro López// 

El gobierno de España del conservador Partido Popular (PP) prosigue con sus medidas drásticas contra el referéndum sobre la independencia de Cataluña previsto para el primero de octubre. El presidente del gobierno Mariano Rajoy está amenazando con implementar una cláusula de emergencia en la Constitución española para impedir el voto.

El viernes, Rajoy viajó a Barcelona y dijo que los catalanes “están cometiendo un error, y nos estáis obligando a ir adonde no queremos ir”. La semana pasada, el portavoz de la bancada del PP, Rafael Hernando, y el Ministro de Justicia, Rafael Catalá, exigieron su invocación independientemente el uno del otro.

El Artículo 155, conocido ampliamente como la “opción nuclear”, dice que si un gobierno regional “no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno” puede asumir el control del gobierno regional para forzarlo a cumplir con sus “obligaciones” o a defender el “interés general”.

El artículo nunca ha sido invocado. Hasta hace poco, hasta Rajoy y el ejército español dudaban si invocarlo por miedo a que ello desencadenara una explosión social entre los trabajadores tanto de dentro de Cataluña como de fuera de esta.

El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) teme en igual medida tanto la posibilidad de la ruptura de España, como la de que la oposición a las amenazas dictatoriales de Rajoy se desarrolle fuera del marco de la política burguesa española. El líder del PSOE, Pedro Sánchez, respondió a los comentarios de Rajoy en Barcelona apoyándolo: “usted [Rajoy] hará lo que tenga que hacer”. Un editorial nervioso en El País del sábado, históricamente vinculado al PSOE, comentaba: “Es imposible que coexistan el orden democrático y el caos. No es estable. No es sostenible. Y sobre todo, no es aceptable. El gobierno no puede permitir que esa legalidad paralela se siga implantando…”.

El lenguaje y las acciones incendiarios de Madrid recuerdan la brutalidad de la dictadura franquista que gobernó España de 1939 a 1978. Esto solo aumenta la probabilidad de que el referéndum pase.

Madrid ha dado el paso sin precedentes de anunciar que se hará cargo de las finanzas de Cataluña esta semana para “garantizar que no se gaste ni un euro en actividades ilegales”, según el Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro.

El vicepresidente del gobierno catalán y de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), el dirigente Oriol Junqueras, ha dicho que esta medida es “una manera encubierta de liquidar las instituciones del país [es decir, de Cataluña] y una manera encubierta de implementar el Artículo 155 de la Constitución”. Los partidos independentistas —el Partido Demócrata Europeo Catalán (PdeCAT), la ERC, y las Candidaturas de Unidad Popular (CUP)— hasta ahora han seguido preparándose para el referéndum, haciendo actos públicos pidiendo el voto por el “sí”.

La policía militarizada, la Guardia Civil, se incautó de por lo menos 1,3 millones de folletos y pósters pro-referéndum en imprentas, cerró 10 sitios web que promocionaban el referéndum, y amenazó a los editores de noticias catalanes con querellas criminales si publicaban anuncios sobre el referéndum en sus periódicos o en sus sitios web. La policía local también está confiscando materiales pro-referéndum en las calles e identificando a cualquiera que tenga material pro-referéndum.

Los 700 alcaldes que permiten que espacios públicos en sus pueblos y ciudades alberguen urnas están siendo llamados a comparecer en los tribunales por apoyar abiertamente la votación. Se los amenazó con ser arrestados si se negaban a acatar.

Por el momento, el Poder Judicial no se ha propuesto arrestar al presidente catalán Carles Puigdemont. Sin embargo, el Fiscal General del Estado de España, José Manuel Maza, ha amenazado con hacerlo en una entrevista para el diario de derechas El Mundo, añadiendo que “no descarto de ninguna manera pedir sentencias de prisión”.

El único precedente que existe es bajo la Segunda República en octubre de 1934, sobre el que ahora se está discutiendo mucho. Estas amenazas constituyen una advertencia a la clase trabajadora sobre las enormes tensiones políticas que subyacen al presente conflicto. En 1934, en el contexto de la toma del poder del fascismo en Alemania, Italia y Austria, el gobierno conservador de España incluyó a ministros fascistas, provocando luchas revolucionarias en la clase trabajadora, especialmente en Asturias, donde los trabajadores intentaron establecer una comuna.

En Cataluña, las autoridades regionales proclamaron entonces un Estado Catalán dentro de la República Federal Española. La iniciativa fracasó debido a la falta de apoyo popular y al hecho de que la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) anarcosindicalista, respaldada por la mayoría de los trabajadores, no apoyó al gobierno catalán.

La represión que siguió llevó a la detención de miles de trabajadores y dirigentes políticos de izquierdas. Se cerraron centros políticos, se suprimieron periódicos y en Cataluña, el presidente regional Lluis Companys fue arrestado y se anuló el Estatuto que le daba a la región cierto grado de autonomía.

Se han referido a los acontecimientos de 1934 ambos Albert Rivera, el dirigente del partido Ciudadanos que se opone a la independencia catalana, y el antiguo Ministro de Exteriores del PP José Manuel García Margallo.

Hoy, la prensa de derechas está denunciando el impulso secesionista catalán en artículos tales como “La República ya suspendió la autonomía de Cataluña” (OkDiario), “El primer ‘Estado catalán’ duró once horas y terminó tras las rejas” (El Confidencial), “6 de octubre de 1934: el golpe que terminó en las alcantarillas” (Libertad Digital), o “La Cataluña del 34: de Companys a Puigdemont” (ABC).

Una vez más, como en los años ’30, la crisis del capitalismo ha sido testigo de ofensivas constantes contra la clase trabajadora en la forma de profunda austeridad, ataques a los derechos democráticos y un aumento del militarismo.

El asunto crítico es la movilización independiente de la clase trabajadora en oposición tanto a la élite gobernante de Madrid como a los independentistas burgueses en Cataluña y por la unidad de la clase trabajadora española con sus hermanos y hermanas de clase del resto del mundo. Ni la balcanización de España, ni el crecimiento de un aparato represivo policial centrado en Madrid, ofrecen nada a los trabajadores.

Los independentistas catalanes están reaccionando haciéndose pasar por defensores de los derechos democráticos. Las mismas fuerzas que han reprimido numerosas protestas y huelgas por parte de trabajadores y jóvenes a lo largo de los años contra sus sucesivas políticas de austeridad en la región se están presentando ahora como defensores de la “democracia” contra la “represión”. Puigdemont ha comparado la lucha de su movimiento independentista con Madrid con la Guerra Civil Española de 1936-39 e incluso con la Guerra de Vietnam, diciendo en una entrevista para la televisión, “Cada día es un Vietnam”.

El partido Podemos está profundamente dividido y, por ahora, permanece al margen. Aunque se opone al grado de represión de Rajoy, el partido afirma que este referéndum no es legal pero lo apoya como una “movilización ciudadana”. Como acérrimos defensores del imperialismo español y sus intereses geopolíticos en el mundo, se oponen al independentismo pero, como gran parte de la prensa burguesa europea y estadounidense, proponen hacer concesiones a los nacionalistas catalanes para frenar el impulso secesionista.

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, ha dicho que las medidas del PP están poniendo en peligro los intereses de España: “No solo nos gobiernan corruptos, también son inútiles y pirómanos que están llevando nuestra democracia a un estado de excepción”.

Podemos espera que el gobierno minoritario del PP se desgaste contra los secesionistas, abriéndole las puertas a un gobierno de coalición “progresista” entre el PSOE y Podemos que esté mejor capacitado para contener tanto la indignación social como el impulso secesionista catalán.

¿Dónde está Santiago Maldonado?

por Eduardo Giordano//

Argentina vive una involución en cuestiones de derechos humanos desde que asumió el gobierno del presidente Mauricio Macri, en diciembre de 2015.[1]Es el caso de la dirigente social indígena Milagro Sala, diputada electa del Parlamento del Mercosur, presa desde hace 20 meses de manera “preventiva” en la provincia de Jujuy, sin condena alguna en este sentido y sin siquiera estar procesada, pero en cambio proscrita para ejercer la política. Este no es un caso aislado, ya que otras comunidades indígenas están siendo hostigadas por el gobierno neoliberal de Cambiemos en defensa de los terratenientes, reprimiendo brutalmente sus protestas y deteniendo a sus dirigentes, como es el caso de los mapuches en la Patagonia, enfrentados por su derecho a la tierra con la multinacional Benetton, entre otros latifundios que ocupan sus tierras ancestrales. En lugar de atender sus reclamos, el gobierno reprime y criminaliza a los dirigentes de los pueblos indígenas que luchan por derechos legítimos, tales como la tierra o los cursos y espejos de agua, que a menudo ocupan esos latifundios impidiendo el acceso público, o que son puestos en peligro por las políticas extractivistas de las multinacionales mineras y petroleras.

El encarcelamiento del líder mapuche Facundo Jones Huala, reclamado por la justicia de Chile en un caso de dudosa transparencia y por el que ya fue sobreseído con anterioridad, encendió la mecha de los últimos conflictos sociales, con graves repercusiones a nivel nacional. Desde el 31 de julio de 2017 se produjo una escalada represiva descomunal, no por previsible menos alarmante en el contexto de un sistema democrático.

Ese día, al cumplirse un mes de la detención del lonko  Facundo Jones Huala, la comunidad mapuche de Río Negro realizó una protesta ante los juzgados de Bariloche por su liberación, duramente reprimida por la policía provincial, la Policía de Seguridad Aeroportuaria y la Gendarmería, en un operativo dirigido in situ por Pablo Noceti, jefe de gabinete del Ministerio de Seguridad. Días antes, el propio líder mapuche definió así su situación: “Estoy preso de forma ilegal. El año pasado hubo un juicio por un pedido de extradición a Chile, que fue declarado nulo por diversas irregularidades, entre ellas por la tortura a testigos. Fui liberado y esa causa está ahora en la Corte Suprema. Pero me volvieron a detener en junio por la misma causa. Por lo cual no se respeta el debido proceso, nadie puede ser juzgado dos veces por la misma causa. Los jueces están violando el estado de derecho, su propia legislación”.[2]

Dónde está Santiago Maldonado

El mismo día de la protesta en Bariloche, unos pocos mapuches interrumpieron el paso por carretera frente a las estancias de Benetton para llamar la atención sobre sus reclamos. Tras la brutal represión, ejecutada por más de un centenar de efectivos de la Gendarmería contra siete mapuches que cortaban la ruta, se constató la desaparición de un artesano bonaerense que participaba en la protesta en solidaridad con la comunidad mapuche, el joven Santiago Maldonado. Desde el primer momento, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, dijo desconocer su suerte.[3] En lugar de enfocarse en localizar al joven desaparecido, la ministra aludió al accionar violento de un supuesto grupo guerrillero denominado Resistencia Ancestral Mapuche (RAM), en el que se intenta encuadrar al dirigente preso Facundo Jones Huala al mismo tiempo que se admite desconocer quiénes lo integran. A pesar de lo cual, la ministra afirmó categóricamente que “detrás de la RAM hay una organización inglesa, que es la principal aportante” de fondos, propagando así manipulaciones periodísticas atizadas por la derecha ultranacionalista.[4]

Desde la prensa conservadora se alienta esta fantasmagórica idea de una organización terrorista mapuche dispuesta a adueñarse de una parte de la Patagonia, que buscaría declarar una inverosímil república independiente en alguna provincia del sur de Argentina. Los periodistas más reaccionarios llegan a comparar la imaginaria situación con la estrategia del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) a mediados de la década de 1970, cuando esa organización guerrillera ocupó militarmente una porción de la provincia de Tucumán. Ahora bien, el ideario mapuche no es este, y el armamento que se exhibe de estas comunidades se compone de piedras y objetos de labranza, y el elemento más mortífero que podrían emplear es el fuego. No disponen ni se podrían permitir la obtención de otras armas, dada su pobreza.[5]

La implicación del Ministerio de Seguridad y de la Gendarmería en el caso es muy clara. Testimonios directos e indirectos, tanto de voceros mapuches como de candidatos de partidos de izquierda que viajaron a la zona, aseguran que Pablo Noceti, jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad, coordinó personalmente la operación que concluyó con la desaparición de Maldonado desde una base operativa ubicada en las estancias de Benetton. Noceti fue visto y fotografiado ese día por la mañana y a última hora de la tarde, saludando a los gendarmes, y tuvo un duro intercambio de palabras con mujeres mapuches detenidas en la zona que después testificaron al respecto. En estas circunstancias, el rechazo del presidente Macri y de su ministra de Seguridad a investigar a fondo a la Gendarmería y a su mano derecha, Pablo Noceti, puede tipificarse como delito de encubrimiento de un delito de lesa humanidad.

Este gravísimo caso de una persona desaparecida en la represión de una protesta social por primera vez en democracia mantiene movilizadas no solo a las organizaciones de derechos humanos y a los organismos internacionales que las apoyan, sino a la mayor parte de la sociedad argentina, dentro y fuera del país. A las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo en primer lugar, que convocaron a una movilización masiva en todo el territorio. También a toda clase de grupos y sectores sociales, autoconvocados de forma espontánea para enfrentar el desafío y muy activos en las redes sociales. En muy poco tiempo, en el lapso de una semana, grupos de artistas, cineastas, actores… infinidad de personas de todos los sectores sociales produjeron una inmensa cantidad de material relevante -textos, fotografías, videos- que circuló a gran velocidad por las redes sociales con conexiones nacionales e internacionales.

Desde el exterior pronto se oyeron reclamaciones al gobierno de Mauricio Macri. Amnistía Internacional emprendió una campaña global sobre el caso Maldonado, y el Comité sobre Desaparición Forzada de Naciones Unidas exigió al gobierno argentino una respuesta urgente.[6] Al mismo tiempo, cientos de intelectuales y profesionales de renombre de todo el mundo, encabezados por Noam Chomsky en Estados Unidos, expresaron su repudio a la inacción del gobierno para esclarecer los hechos. En Europa algunos partidos de izquierda, como Podemos en España, denunciaron la desaparición forzada de Santiago Maldonado exhibiendo su foto en el Congreso.

La marcha convocada al cumplirse el primer mes de la desaparición fue multitudinaria. El clamor social se oyó en todo el país y también en el exterior. La Plaza de Mayo se vio ampliamente desbordada por la presencia de más de 250.000 personas, con las avenidas aledañas saturadas y mucha dificultad para abrirse paso entre los manifestantes para llegar a la plaza.[7] El único orador fue el hermano de Santiago, Sergio Maldonado, en representación de la familia y acompañado de las organizaciones de derechos humanos. Sin poder contener la emoción, acusó directamente al gobierno: “Fuimos maltratados por la ministra de Seguridad”, aseguró, y lamentó estar siendo “hostigados por informaciones falsas”. Afirmó categóricamente que la ministra mintió cuando habló de “falta de colaboración” de la familia y detalló los mecanismos que usó para proteger a la Gendarmería. “Le pido a la ministra que dé un paso al costado”, dijo, una petición que encontró amplio eco favorable entre la multitud que lo escuchaba.[8]

No se trataba de señalamientos gratuitos. El Ministerio no investigó realmente a la Gendarmería, ni reconoció la intervención de Pablo Noceti, jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad, en el operativo, aunque estuvo presente en la zona y según muchos testigos fue el responsable directo de la represión y las detenciones del 31 de julio en Bariloche y de la represión y militarización en la comunidad mapuche de Cushamen ese mismo día y el 1 de agosto. En lugar de investigar estas denuncias, la ministra de Seguridad se adhirió a versiones difundidas por los medios oficialistas según las cuales Santiago Maldonado habría sido divisado a 2000 km de distancia del lugar, trasladado como ciclista mochilero por un camionero de la provincia de Entre Ríos, o más tarde haciendo dedo en la ciudad salteña de Tartagal, o en distintos lugares de Chile; o incluso se llegó a especular con que no pudo haber estado ese día, ya que previamente habría sido acuchillado por un trabajador mapuche en un asalto a la hacienda de Benetton.[9]

El acto en Plaza de Mayo transcurrió de manera pacífica entre las 17 y las 20 horas, con acompañamiento musical desde el escenario. Al finalizar los discursos, los asistentes comenzaron a desmovilizarse; pero dos horas más tarde, hacia las diez de la noche, cuando ya quedaba muy poca gente en la plaza y aledaños, se desencadenaron incidentes que según fuentes contrastadas fueron provocados por agentes de inteligencia infiltrados en la marcha con la consiguiente sobreactuación de las fuerzas de seguridad.[10] Las numerosas imágenes grabadas muestran la brutal arremetida de la policía contra los transeúntes, ya que no actuaron directamente contra manifestantes. Hubo 31 detenidos, que quedaron incomunicados durante dos días y luego fueron liberados por falta de mérito, ya que se trataba de fotógrafos, estudiantes de periodismo, o incluso personas que pasaban por ahí accidentalmente, pero que ni habían concurrido a la marcha (como en el caso de un informático que salía de su trabajo o el de un venezolano que estaba de paso). Algunos de estos detenidos sufrieron el impacto de balas de goma o presentaron otro tipo de lesiones causadas por la represión policial, no obstante lo cual se les mantuvo la incomunicación. Al quedar todos ellos en libertad, pudo comprobarse que en muchos casos la policía había falseado el lugar y la hora de detención para simular que se había producido en la plaza durante el horario de la marcha.[11] Estas víctimas de la represión fueron atrapadas al azar, en una azarosa cacería de despistados, además de todo aquel que tuviera una cámara visible: fotógrafos y hasta niños grabando con sus teléfonos móviles. Aunque estas personas hayan sido liberadas, seguirán acusadas por la policía de terribles cargos que no les competen, como la joven fotógrafa boliviana o el músico que tocaba el siku en la plaza, acusados al azar de pertenecer a un grupo que arrojaba piedras y bombas molotov.[12]

Una organización sindical de periodistas, Sipreba, declaró: “Entre las detenciones arbitrarias que efectuaron hay cuatro compañeros que se encontraban registrando los hechos”, dos integrantes de la Red Nacional de Medios Alternativos, un fotógrafo y un reportero gráfico y estudiante de fotografía. Estos no fueron los únicos casos de ataque directo contra informadores:

  • “La brutalidad policial contra la prensa fue una constante durante la represión. El equipo del noticiero de la TV Pública también sufrió la violencia policial contra la prensa: dos trabajadores de prensa del canal recibieron gas pimienta en sus rostros. Y una operadora de Canal 13/TN también resultó afectada por el gas pimienta arrojado en sus ojos por la policía. Un fotógrafo de la Colectiva Fotografía a Pedal recibió por parte de la policía un balazo de goma en la nuca, mientras que a un compañero de la Agencia de Noticias Redacción (ANRed) le llenaron el cuerpo de balazos de goma y le arrojaron gas pimienta cuando preguntó  a dónde trasladaban a los detenidos. Además, todos los trabajadores de prensa que se encontraban cubriendo los hechos fueron filmados de forma intimidatoria por la policía.”.[13]

Indudablemente, las órdenes eran evitar que se grabara la brutalidad y la gratuidad de la represión policial. Todo es parte de una política de comunicación digitada desde las más altas esferas del gobierno, que crea acontecimientos disruptivos (disturbios nunca vistos en marchas similares) que alimentan direccionalmente el flujo informativo de los medios afines. Al mismo tiempo, el gobierno intenta legitimar su actuación evitando exhibir los detalles del procedimiento represivo, deteniendo a los periodistas no adscriptos, creando una escenografía para los medios oficialistas e imponiendo una primera definición del conflicto en términos de “manifestantes violentos”. El objetivo es demostrar a las audiencias los riesgos de manifestarse solidariamente e inculcar la imposibilidad de la protesta pacífica, justificar la represión incluso antes de que existan motivos para desplegarla, amedrentar a la población. Es la estrategia de infundir miedo a los desmanes y disturbios, que se presentan como inherentes a la protesta social.[14]

No pocos periodistas e intelectuales sospechan que la desaparición de Santiago Maldonado es en sí misma el punto culminante de esta estrategia de amedrentamiento, un ejercicio aleccionador de disciplinamiento social. Sobre el mismo hecho de su desaparición, la antropóloga Diana Lenton, especialista en genocidio y políticas indígenas y profesora de la Universidad de Buenos Aires, describió gráficamente el mecanismo por el que se propaga el miedo para quebrar la solidaridad con las protestas sociales de los desposeídos: “Yo no tengo ninguna duda de que cuando la Gendarmería ve al muchacho blanco, ven que está ahí y lo van a agarrar. Esto tiene que ver con la represión de la solidaridad; porque tenemos la represión de la protesta, del discurso público, pero también la represión de la solidaridad. La solidaridad no está siendo bien vista por este gobierno, en ningún nivel, y esto también es un ataque a los apoyos, como para decir: ‘Cuidado, porque no solamente los mapuches van a pagar el pato, sino cualquiera que los esté apoyando’.”.[15]

La represión de la solidaridad, el autoritarismo político que presupone este disciplinamiento a través del escarmiento que ensaya el gobierno de Cambiemos, y al que somete a toda manifestación solidaria con los sectores afectados por sus políticas -desde las fábricas hasta las escuelas, desde los pueblos originarios hasta los movimientos por los derechos humanos-, implica una agudización hasta profundidades de abismo de la grieta que ya separa en dos bloques a los ciudadanos y amenaza con ser un camino directo al enfrentamiento civil.

  • [1]    El Viejo Topo, n. 356, Barcelona, septiembre 2017.
  • [2]    Página 12, 31/07/2017.
  • [3]    Según un informe publicado por El País a una semana de los acontecimientos (07/08/2017): “Testigos afirmaron que el hombre de 28 años fue detenido por Gendarmería Nacional, pero la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich afirmó que ‘no hay ningún indicio de que se lo haya llevado la Gendarmería y no hay testigos que hayan declarado algo semejante’.”
  • [4]    Ver “La teoría de conspiración de la RAM de Patricia Bullrich”: https://www.youtube.com/watch?v=50o8Q80-Qns
  • [5]    Se han inventado otras teorías de apoyos internacionales: “Hay otros que dicen que los apoyan las FARC, que los apoya la ETA (…) y uno ve que cada vez que la Gendarmería quiere entrar, o la policía, entran, y están bastante indefensos. Las fuerzas de seguridad hacen lo que quieren cuando entran a las comunidades. ¿Dónde está el arsenal bélico inglés, chileno, de la ETA, de las FARC?, ¿dónde está?” (Entrevista con Diana Lenton, integrante de la Red Investigadores del Genocidio Indígena, emitida por Canal Abierto, 28/08/2017).
  • [6]    https://www.pagina12.com.ar/55177-la-onu-reclama-una-respuesta-urgente
  • [7]    Además de la manifestación en Buenos Aires, hubo otras equivalentes en las principales ciudades del país. Por ejemplo en Córdoba asistieron 80.000 personas, pese a un operativo policial disuasivo, realizado el día anterior, de allanamiento a organizaciones y sedes de partidos políticos de izquierda, en los que se incautaron objetos tan peligrosos como banderas y pancartas.
  • [8]    https://www.pagina12.com.ar/60281-fuera-bullrich-fuera-bullrich
  • [9]    El juez ordenó hacer pruebas de ADN sobre un cuchillo ensangrentado, que dieron resultado negativo.
  • [10]  Aunque esta información fue anticipada al día siguiente de la marcha por periodistas críticos, citaremos a un cronista de la conservadora televisión del diario La Nación, poco sospechoso de manipular estos datos.  Una semana después, Hugo Alconada Mon aseguraba en su programa del 07/09/2017 que hubo “una marcha mayoritaria pacífica, una minoría revoltosa, y que además la sensación es: ¿y quién tiró la primera piedra? Y la sospecha que hay es que en realidad la primera piedra la tiró la propia policía, o algunos muchachos que son servicios, o que le tienen demasiado cariño a los servicios porque actúan como servicios.” Interpelado por una colega que reafirma “que había un interés en que se produjeran los disturbios”, concluye: “Y además en este tipo de manifestaciones es un clásico que tirás la primera mecha y después aparece el típico que aprovecha para hacer lo que quiera, o para romper una vidriera y llevarse lo que quiera”.
  • [11]  Algunos jóvenes detenidos después de las 22 horas en Avenida de Mayo y 9 de Julio, a casi un kilómetro de la Plaza de Mayo, se reportaron como apresados a las 20 horas en Plaza de Mayo.
  • [12]  Según informes periodísticos no comprobados, cuatro de los 31 jóvenes detenidos habrían sido fotografiados arrojando piedras o cometiendo algún acto violento.
  • [13]  http://www.sipreba.org/notas/el-sipreba-denuncia-represion-y-ataques-la-prensa-y-exige-libertad-los-detenidos (02/09/2017).
  • [14]  Los titulares de portada de Clarín y La Nación dieron cuenta al día siguiente de lo providencial que resultó la carga policial para cambiar el eje político del discurso, sustituyendo el hecho principal de la movilización multitudinaria que exigió la renuncia de la ministra de Seguridad por un problema de orden público. La Nación tituló en portada: “Terminó con serios incidentes la marcha que reclamó por Maldonado”, mientras que la portada de Clarín no se quedó atrás: “La marcha por Maldonado terminó con violencia: 20 heridos y 23 detenidos”.
  • [15]  Entrevista con Diana Lenton, Canal Abierto, 28/08/2017.

A 44 años del Golpe, a 100 de la Revolución Rusa

Recuperar el programa internacionalista

Nuevamente el imperialismo yanqui en busca de una nueva orientación que lo fortalezca como imperialismo dominante en medio de la crisis capitalista, vuelve a agitar su puño guerrerista sobre la región con amenazas de salidas militares como lo hizo recientemente contra Venezuela. Y es que pese a que todos los disciplinados gobierno latinoamericanos al imperialismo, incluido el gobierno de Maduro, pretenden posar de democráticos, saben que el desarrollo de las crisis regionales y de la lucha de clases llevará a la confrontación violenta y para ello necesitarán echar mano de las salidas golpistas.

La crisis en la región está lejos, al menos coyunturalmente, de grandes conflagraciones entre el proletariado y la burguesía imperialista que haga necesaria al empresariado ir a golpear directamente la puerta de los cuarteles. Sin embargo, el desarrollo de la misma crisis alienta la disputa entre las distintas fracciones de las burguesías locales que se alinean según su relación con el imperialismo y este es el fondo de las oscilaciones de los distintos gobiernos que negocian con el capital financiero su tajada de explotación de los trabajadores y el pueblo. La fachada “democrática” de los países semicoloniales sólo es una linda cobertura para encubrir la dictadura abierta de la burguesía imperialista sobre los trabajadores y el control de los recursos naturales y productivos.

Hace 44 años que la burguesía nacional conspiró con el imperialismo norteamericano para imponer un golpe contrarrevolucionario que sería un ensayo para aplastar al proletariado del subcontinente. Las tendencias pegueñaburguesas ya sea socialistas o estalinistas en su momento influyeron al proletariado llevándolo a la ilusión de la “vía pacífica al socialismo”. Levantaron un impotente programa reformista de desarrollo nacional del socialismo. El gobierno frentepopulista de la UP, ejecutó un programa que estatizó la gran industria minera con indemnización a los monopolios extranjeros, en acuerdo con la derecha política, como sinónimo de socialismo, dándole tiempo a la burguesía a preparar junto a la CIA el

golpe contrarrevolucionario ante la efervescencia de la clase obrera. Es decir, no colocó en el orden del día la destrucción del “aparato burocrático militar ” de los patrones y por el contrario se dispuso a blindarlo con matices de legalidad socialista. A su vez las tendencias a la izquierda como el MIR, veía en esta orientación de cambios “legales” una expresión del “pueblo organizado” lo que lo dejó durante todo el periodo como pata izquierda del frente popular pese a pregonar junto a Fidel Castro “la vía armada” y el poder popular como estrategia. Sus acciones putchistas en fábricas, fundos, escuelas, etc, presentadas como una suerte de un “poder paralelo del pueblo”, abandonaron las pelea en la producción para diluir al activismo en difusas luchas poblacionales sin dar la pelea en el seno de la clase obrera para disputar el poder de la burguesía el cual reside en la producción.

La izquierda populista hoy

Diversos grupos que reivindican la tradición filomirista como asimismo grupos escindidos del PC reivindican a gobiernos como el de Maduro o Evo Morales. Reivindican el modelo del Chavismo como símbolo de lucha contra el imperialismo “yanqui”. Pese a toda esta verborrea, no sólo se manifiesta el carácter pro-imperialista del gobierno “bolivariano” en los sendos contratos de PDVSA, en la mantención de la pauperismo y miseria que atraviesa a la clase obrera Venezolana, sino también en el control y mantención del aparato del Estado de la “burguesía bolivariana” y los generales que regentean las fábricas bajo su control y al servicio del imperialismo, independiente de que hoy otra facción burguesa busque una salida golpista a la crisis del propio capitalismo.

Hoy podemos ver como los distintos gobiernos bonapartistas sui generis como en Brasil, Argentina, Chile o Perú intentan apoyarse cada vez más sobre el imperialismo para descargar la crisis sobre las espaldas de los trabajadores y el pueblo. Planes de ajuste, desocupación, suspensiones, reducciones salariales,

reformas laborales etc, etc. También en el gobierno de Maduro que vemos como se refuerza la tendencia a regimentar la vida de los sindicatos, donde la intervención del Estado burgués busca sujecionarlos a este, evitando cualquier intento de estos de llevar a cabo una lucha independiente de la burocracia y del oficialismo, ante la carestía que provoca la inflación y el desabastecimiento. El laberíntico proceso de la lucha de clases, ya sea se manifieste en una lucha más abierta como en los 70 ́s o en un proceso lleno de experiencias con direcciones y gobiernos capitalista, ha demostrado que los programas nacionales, el apoyo a las facciones burguesas locales y la defensa del aparato estatal, no ha hecho más que preparar la derrota del proletariado, el que deberá asimilar la experiencia histórica e internacional de su clase para unificar sus filas y barrer con sus enemigos de clase.

A 100 años de la Revolución Rusa
Pelear por un programa internacionalista
En breve se cumplirá el centenario de la Revolución Rusa, aquella que llevó por primera vez al proletariado al poder e inauguró la era de la revolución proletaria, y en su desarrollo, hacia la revolución mundial. No queremos reivindicar este acontecimiento como un modelo digno de estudio o como hace un sector importante de la izquierda que lo reivindica como una revolución de tipo nacional a la que puede compararse con tal o cual proceso fronteras adentro. Muy por el contrario, el acervo teórico político de esta gesta revolucionaria encuentra su continuidad en la arena internacional, con la extensión de la dictadura proletaria y la construcción de la Internacional Comunista. La riqueza contenida en los cuatro primeros congresos de la Internacional así como en la síntesis y elaboraciones de la Cuarta Internacional constituyen una piedra fundamental para recuperar el método marxista, trazar las tareas históricas del proletariado y dirigir el rumbo a desarrollar en nuestra clase las distintas etapas de la revolución socialista.
Las tendencias que históricamente dirigieron al movimiento obrero, como fueron la socialdemocracia y el estalinismo se encuentran en descomposición y se transformaron, no ya en solapados sino, en abiertos representantes de la burguesía sosteniendo el cadáver insepulto del capitalismo imperialista, al que socorrieron durante todo el siglo XX. Estos verdaderos escollos para el movimiento obrero deben ser superados con un

programa de independencia de clases, que lamentablemente la izquierda revolucionaria no desarrollo porque se adaptó o a los Estados de bienestar europeos, a los movimientos pequeñoburgueses como las guerrillas o a las direcciones de los Estados obreros degenerados o burocratizados.

Hoy la crisis capitalista está haciendo entrar en contradicción los programas y esquemas adoptados por las corrientes del centrismo de post-guerra. No puede volver a poner sobre sus cimientos el máximo desarrollo histórico del proletariado, su Partido Internacional, lo que vale decir reanudar la tarea de la fundación de la Cuarta Internacional sino es con una ruptura abierta con estas tradiciones.

Apostamos a forjar una nueva generación de revolucionarios que rompa con las tradiciones del reformismo y del centrismo para poder colocar sobre sus pies los cimientos del futuro partido mundial de la revolución socialista.

El próximo periodo trae como desafío para los revolucionarios la necesidad de intervenir activamente en las organizaciones obreras, en particular en los sindicatos. Es allí donde debe levantarse un programa de independencia de clase de todas las variantes patronales y de la pequeñoburguesía.

Contra una clase parasitaria que descarga la crisis capitalista sobre las espaldas de los trabajadores, debemos derrotar la ofensiva de la burguesía mediante el desarrollo de la lucha de clases y armarnos con un programa internacionalista. Y este programa deberá ser una guía para la acción, una senda para que los trabajadores se dirijan hacia la toma del poder. Que coloque como bandera entre otros puntos la lucha por conquistar los Estados Unidos Socialistas de América.

(documento de la Corriente Obrera Revolucionaria (COR/TRCI) de Santiago)

(Fotografía, Marcelo Montecino)

Acerca de la Primavera

 

por Juan García Brun//

Se atribuye a Pínadro la creación de la etimología, concebida como una disciplina para develar la verdad oculta en las palabras, lo que en su práctica, en poder del poeta, le permitía encontrar un sentido trascendente a sus desbocadas alabanzas a sus mecenas.

Con el tiempo, la etimología se transformó en una disciplina del ámbito de la semántica, particularmente de aquella que persigue hacer historia referente al origen de las palabras y, por extensión, una disciplina de la historia del idioma en tanto lenguaje. Se dice por lo mismo, que es el uso de las palabras, ¡como las piedras arrastradas por el curso de un río!, el que va dando forma a su significado.

Hechas estas prevenciones, podemos arribar a la idea de que las palabras y en ellas los conceptos, van mutando históricamente con mayor intensidad cuanto más abstracto es su uso. Etimológicamente, cuanto mayor es el arrastramiento de algo desde sus límites externos.

Borges explica, en una charla o escrito referido a la poesía, que la metáfora como recurso de estilo es en realidad la base material de la construcción del lenguaje, en cuanto corporiza –valga el oxímoron- el concepto a partir de la rusticidad de la experiencia humana, separando la idea de la experiencia. El argentino va más allá y se atreve a delimitar y enumerar los tópicos historiables y, a su turno, la cantidad de metáforas posibles que sorprendentemente, no serían más de seis.

Desde esta perspectiva, podemos afirmar que el accionar poético, como producto social, es la medida extrema del conocimiento y de la creación del lenguaje. El conocimiento humano, en sus límites, se apodera de su experiencia a través de la poesía y son cumbres de la poesía aquellos textos narrativos capaces de generalizar la experiencia humana y crear un mundo nuevo. Nos maravilla Odiseo no por ser un noble guerrero de las primitivas comunidades del Peloponeso, sino porque en la historia, en su aventura y quizá contra todo arcaísmo, podemos observar en su viaje, en su ingenio y en su fragilidad, la vida humana concebida como una aventura que es una forma luminosa de observar nuestra efímera existencia.

La narración de Homero o de la tribu que llevaba su nombre, es algo que algún día sabremos si es que podemos viajar en el tiempo, es magnífica por la capacidad de penetrar en las profundidades de la experiencia humana y hacerlas abstractas, creando un nuevo mundo, transformando el nuestro. Demostración de este aserto es que la riqueza de la literatura helénica clásica “arrastró” conceptualmente a Freud, no podía hacer otra cosa, cuando quiso hacerse cargo de comprender la naturaleza de la psiquis humana. Cuando quiso hacer de ella un objeto de estudio no tuvo más que aferrarse a los tópicos fundantes de la literatura griega, incluso de su mitología, para estructurar su arsenal teórico. Por eso es que el psicoanálisis es en un primer momento, principalmente crítica del lenguaje y si se me permite la digresión, etimología químicamente pura.

Hechas estas arbitrarias precisiones, quiero detenerme en una de las expresiones más caras de la imaginería humana: la primavera. Escribo estas líneas en el bajo otoño, el último día de mayo, cuando la intensificación del frío junto al mar permite prever un durísimo invierno y por lo mismo, no puedo estar más lejos de la experiencia primaveral. Precisamente por eso quiero hablar de la primavera y de su epidermis conceptual en la música: la referencia que a su nombre hacen dos autores para significar hechos y experiencias completamente opuestas. La Primavera de Vivaldi y la Consagración de la Primavera de Stravinsky.

Vivaldi

Vivaldi, el Cura Rojo (por el color de su pelo) titula como”Las cuatro estaciones” a un libro de cuatro conciertos para violín y orquesta (La primavera, El verano, El otoño y El invierno), incluido en Il cimento dell’armonia e dell’inventione, Opus 8. Se trata de una obra en extremo formalista, descriptiva o programática que evoca, a través de elementos de lenguaje musical, distintos aspectos de las estaciones del año

La primavera es uno de los conciertos solistas para violín que forman parte de “II cimento dell´armonía e dell´invenzione” (Ensayo de la armonía y la invención). Esta obra, publicada en 1726, está dividida en dos libros, cada uno de ellos con seis conciertos. Vivaldi introdujo en la partitura explicaciones escritas de aquello que describe mediante la música: “el canto de los pájaros, los truenos…”

Compuesta para violín solista y orquesta barroca de cuerda: violines, violas y lo que llamamos el bajo continuo (línea de bajo que se extiende a lo largo de toda la pieza), formado por violoncellos, contrabajos y clavicémbalo. A pesar de que temporalmente se sitúa la obra en el barroco, la técnica y complejidad de la misma, así como la actitud de la música sitúan la obra en la corriente neoclásica.

Consta de tres movimientos: 1.º: Allegro, 2º.: Largo, 3.º: Allegro. Uno de los recursos compositivos de Vivaldi es la repetición de un estribillo, llamado ritornello. A continuación se presentan los tres movimientos de “La primavera”.

Primer movimiento: Allegro

Con un sonriente tema de tres compases, la orquesta anuncia la llegada de la primavera. Eco de este tema. Aparición del solista acompañado por un par de violines que imitan el canto de los pájaros. Luego, ondulantes figuras de dobles corcheas describen el agua brotando libremente de una fuente. Súbita aparición del solista sugiriendo una tormenta, nuevas exposiciones del tema con eco y fin del movimiento.

Segundo movimiento: Largo 

Sobre el verde campo y a la sombra de un frondoso árbol un pastor de cabras duerme una placentera siesta y, cerca de él, su perro ladra. En este movimiento la formula rítmica está a cargo de los violines, el ladrido del perro es remedado por la viola con dos notas repetidas: do-do….sol-sol. Ausencia de voces graves.

Tercer movimiento: Allegro (Danza pastoril)

En el campo y bajo el cielo azul pastores y ninfas danzan gozosos por la llegada de la primavera. Musicalmente la escena se desarrolla sobre un compás de 12/8, con figuras rítmicas iguales para todas las cuerdas.


Stravinsky

La consagración de la primavera es una obra musical para orquesta compuesta en 1913 por el compositor ruso Ígor Stravinski. El autor la compuso como parte integrante de la serie de ballets creados para la compañía de Serguéi Diáguilev, «Les Ballets Russes», presentados en París en la década de 1910, entre los que también se encuentran El pájaro de fuego y Petrushka.

Describe la historia, sucedida en la Rusia antigua, del rapto y sacrificio pagano de una doncella al inicio de la primavera que debía bailar hasta su muerte a fin de obtener la benevolencia de los dioses al comienzo de la nueva estación. Para ello, se sirve de imágenes musicales de gran plasticidad, evocando escenas primitivas en cuanto a diversos ámbitos de la vida.

A diferencia de en los ballets anteriores, obras más “rusas” y menos “rupturistas”, Stravinski se atrevió, en esta obra, a innovar más de cuanto la corriente modernista francesa (una de las vanguardias en aquel momento) se había atrevido a hacer. Su estreno, como podía esperarse, supuso un estrepitoso fracaso: el público comenzó a abuchear la obra cuando ésta aún no había finalizado. La crítica por su parte estaba dividida entre los maravillados modernistas franceses, y los reaccionarios autores románticos y post-románticos, que la consideraron como una sucesión estruendosa e incomprensible de sonidos y ruidos.

Stravinsky desarrolla aquí una sonoridad completamente nueva. Abundan los efectos percusivos, agresivos y violentos, desaparece sonido expresivo y melódico de los instrumentos de cuerda y se favorece el predominio de la percusión y los instrumentos de viento, evocadores de una naturaleza salvaje y primitiva. En algunos momentos el uso de los instrumentos de viento madera (corno inglés, flauta contralto) tiene un efecto exótico y evocador. El solo de fagot en el registro agudo con el que comienza la obra ya indica que nos encontramos en un mundo totalmente nuevo en lo que a la sonoridad orquestal se refiere.

Otro tipo de recurso instrumental utilizado a menudo en la obra de Stravinsky es la mixtura de sonidos. Esta en concreto entre flauta contralto y violín solo tocando en armónicos una escala pentatónica como las de antes es realmente inusual. Merece la pena destacar igualmente el curioso papel reservado a las cuerdas en esta composición. Los violines, que por lo general son los encargados de llevar el peso de la obra, se limitan prácticamente a funciones de acompañamiento rítmico tocando notas breves y repetitivas, sin participar del protagonismo habitual. De hecho trata la cuerda de un modo rudo y áspero, como un instrumento de percusión.

Debido a su condición de primera obra claramente rupturista, y a la dificultad de su audición (especialmente para los oídos acostumbrados a los compases barrocos, neoclásicos y románticos), esta obra puede considerarse para el oyente como una obra inicial de la música clásica del siglo XX. A partir de Stravinski, el estilo rupturista domina todo el panorama musical europeo en todas sus dimensiones, como la melodía, la forma y el timbre. De hecho, en ninguna otra obra de Stravinski encontramos la misma voluntad de romper deliberadamente contra todo lo anterior, por lo que el escándalo de esta obra no se repetirá.

El enfrentamiento

Hay que escuchar estas obras y descubrir cómo desde distintos tiempos y lugares un concepto común sostiene contenidos adversos y antagónicos.

Vivaldi, un modesto cura veneciano extrema las categorías barrocas, llevándolas al clasicismo, valiéndose de un concepto formalista, la primavera bucólica. Por eso la bautiza sencillamente como “La Primavera”, la primera de las armónicas estaciones del año. En esta obra observamos el esplendor soleado de los jardines y la vida como un prodigio de Dios. El ritornello de la obra puede fácilmente silbarse e interpretarse hasta con un solo instrumento, como toda obra de contenido escencialmente individual, espiritual, expresando la plena emergencia del hombre como categoría histórica renacentista.

La dulzura ingenua de la composición es propia de la visión de un hombre acomodado con el curso de la historia, una historia en la que maduraban paulatinamente –de modo especial en las ciudades italianas- las contradicciones y condiciones que viabilizarían la Revolución Francesa como epítome del ascenso al poder de la burguesía. Vivaldi ve la primavera de un modo pictórico y emocional, como la exaltación de la vida y sus manjares. Lo categórico, el dominio de la primavera vivaldiana, es lo dionisiaco .

Dos siglos después, en el ambiente de la alta clase media rusa, crece Stravinsky, considerado uno de los padres de la música contemporánea en el siglo pasado. El ruso parece condenado a cumplir el designio que desde tiempos inmemoriales concurre a la indomable e invencible estepa de los zares: sacudir las ramas de la vieja Europa. Hitler le llamó en abril del 45 “el Invencible Viento de Levante”.

A diferencia de la recepción de Vivaldi, en el estreno de la Consagración de la Primavera, la obra hubo de ser interrumpida para aplacar los abucheos y pugilatos que tuvieron lugar entre la polarizada audiencia. Esta primavera, requería de Consagración, porque no expresaba sino las profundos e insondables fuerzas sociales que atravesaban Europa y Rusia en el convulsionado período que antecedió a la primera revolución proletaria de la historia, la Revolución Rusa.

Si la Primavera de Vivaldi comparece armónica y optimista, en primer lugar junto a las restantes estaciones del año, la Primavera de Stravinsky –Consagrada por un acto de autoridad- llega a desplegar una lucha sin cuartel, es la Primavera que derrota al Invierno, que cimbra el orden establecido y la percepción tonal de la música. Con Stravinsky no hay ritornello de qué aferrarse, esta Primavera no puede silbarse alegremente. Esta primavera sólo admite la ejecución colectiva y se impone contra el Invierno brutal de la nieve en la fueron aplastadas las huestes de Napoleón y años después, las hordas nazis precisamente para intentar aplastar la revolución engendrada en ese lugar del mundo.

Pero ambas concepciones son la primavera y en estas obras podemos observar con asombro como se tensa, como se arrastran las ideas formando sendas y metáforas de este nuevo ejercicio etimológico. La primavera ya no es un jardín, es la partera de la historia. No es Dionisio, es Urano que espera en esta historia sin fin.

 

(Video: acá nos quedamos con la Consagración de la Primavera en la canónica versión de pierde Boulez)

(Imagen: Alegoría de la primavera es una de las obras maestras del pintor renacentista Italiano Sandro Botticelli. Está realizado al temple de huevo sobre tabla. Mide 203 cm de alto y 314 cm de ancho y fue realizada entre 1480 y 1481)

La crisis política en La Cocina del poder

por Ibán de Rementería//

 

La actual crisis política tiene su expresión más dramática y generalizada en la probabilidad previsible que la participación en las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias sea aún menor que las pasadas elecciones municipales, que sólo llegaron al 35%, esta es una crisis de convocatoria política y por lo tanto de legitimidad de la democracia.

La otra expresión más particularizada de la crisis política que padece el país, es la crisis de las organizaciones partidarias de la institucionalidad del poder, la cual reposa más en esas organizaciones que en las mismas instituciones de las organización política de la república: Presidencia de la República, el Congreso de la República y los Municipios, principalmente. Nos referimos a los partidos políticos. No es necesario repetir aquí las diversas encuestas que indican niveles mínimos de aprobación a estas instituciones de gestión de la distribución del poder que es la tarea de la política, de la organización del poder. Según el CEP, en julio del año 2014 el respaldo a la Nueva Mayoría era del 30% y a Chile Vamos solamente el 20%, ahora en agosto de 2017 el respaldo a Chile Vamos cayó al 16% pero la Nueva Mayoría solo consigue el 10%, mientras que el Frente Amplio tendría un 11% de respaldo, entonces, la Fuerza de la Mayoría se muestra más bien como la fuerza de una minoría.

Intentemos no al estilo de Foucault un análisis de la micro física del poder, sino que al estilo de Zaldívar de la pequeña cocina del poder, de la microfísica culinaria del poder.  A poco de iniciado el actual gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet  con la crisis ministerial que causa el caso CAVAL, el cual compromete gravemente el entorno familiar  inmediato de la Presidenta,  pone de manifiesto que ella está acompañada de un entorno político despolitizado, mediocre y sin liderazgo que es incapaz hacerse cargo de los asuntos públicos en medio de una crisis de esa envergadura. Además,  aparece claro en ese momento que los partidos políticos constituyentes de la coalición  de Gobierno, la Nueva Mayoría, no tienen ninguna participación en el manejo de esa crisis, como resultado del hecho de que sólo habían tenido una participación meramente nominal en la constitución del equipo de gobierno.  ¿Qué había pasado?  la candidata, dada su mala experiencia con los partidos en su primer gobierno decidió conformar su propio equipo de confianza tanto para conducir la campaña como para conducir el Gobierno, lo que aceptaron gachamente los partidos por el triunfo asegurado, con el oportunismo político que los caracteriza.

El equipo político de gobierno estaba constituido por quienes habían sido los principales operadores de la campaña presidencial, eran militantes pero no miembros de las direcciones de los partidos de la Nueva Mayoría, ni pertenecientes a los entornos de los “príncipes electores”  de la Concertación: Girardi, Lagos y Bitar del PPD, Frei, Walker y Zaldívar de la DC, Escalona, Núñez  y Solari del PS, etc. Habían sido en lo personal de la confianza exclusiva  de la candidata y habían llegado a los máximos cargos del poder ejecutivo como personas de confianza de la Presidenta. El poder de ejecución residía en los ministros  Rodrigo Peñailillo, Ministerio del Interior,  y Alberto Arenas, Ministerio de Hacienda, pero el poder propiamente tal lo tenía y tiene la Presidenta, ellos fueron defenestrados con su absoluta mudez, sin defensa ni lágrimas de nadie, mientras sus sustitutos, Rodrigo Valdés en Hacienda, un conocido operador de las finanzas internacionales, y Mario Fernández DC opus dei, pero no de derecha,  son bien vistos y recibidos por los sectores más dialogantes de la Nueva Mayoría y Chile Vamos. En la gestión de Gobierno, que no puede ser analizada aquí en profundidad,  imperó más que desprolijidad técnica y administrativa la indefinición y carencia de propósitos políticos –de poder-, la política seguía siendo la de los acuerdos, los resultados, dicho de manera alegórica, han sido el conocido camello producido por un equipo de expertos estadounidenses, nadie entendió nada ni se sintió representado en nada por lo reformado, pero la derecha y un sector importante de la DC logró articular una mayoría opuesta a ellos  juntando los trozos de todo aquello que no convenía a los diversos sectores involucrados: estudiantes y docentes, universidades públicas y privadas, trabajadores y empleadores, grandes y pequeños contribuyentes, etc. Finalmente, “el conflicto entre el crecimiento y el medio ambiente” derrumbó el equipo económico de ese gabinete, pero eso es otra historia. Lo cierto es que el intento bonapartista de la Presidenta careció del liderazgo apropiado y de los oficiales eficientes para llevarlo a cabo, ella no obstante conserva su carisma y estaría dedicada a preparar su legado.

Tampoco hay aquí espacio para hacer el análisis en profundidad de las vicisitudes que han llevado a la Nueva Mayoría a constituirse en la Fuerza de la Mayoría (FM) en torno a la candidatura presidencial de Alejandro Guillier. Pero si podemos hacer un análisis comparativo como micro cocina del poder entre esa candidatura y lo acontecido con la Presidenta Bachelet. La situación general de contexto político es la misma, más agravada ahora, que la situación de crisis de la Concertación como proyecto de centro izquierda puesto de manifiesto en las elecciones presidenciales de 1999, donde en la primera vuelta el candidato de la derecha Joaquín Lavín derrota a Ricardo Lagos Escobar, quien sólo logró sobreponerse en la segunda vuelta gracias al respaldo del PC y el resto de la izquierda alternativa. Por eso mismo en el año 2006 la candidatura de la carismática ex Ministra Michelle Bachelet se impone sobre los liderazgos conocidos de los partidos de la Concertación. En el año 2010 la persistencia en carencia de propuestas políticas y liderazgos en los partidos de la Concertación lleva al oportunismo de una marca conocida, con Eduardo Frei Ruiz Tagle, que conduce a una estrepitosa derrota ante la derecha liderada por Sebastián Piñera.    

Ahora, el Senador Alejandro Guillier, ex periodista y comentarista político que llegó a ser la opinión mejor evaluada de los medios de comunicación,  levanta con éxito inicial su candidatura presidencial independiente  por la Nueva Mayoría pero ajena a sus partidos, excepto su relación funcional con el PR en tanto es senador independiente por ese partido, al reafirma su independencia política y programática de aquellos estuvo llegando a alcanzar a Piñera en respaldo popular en los inicios de la campaña a comienzos de año. Luego la inconsistencia política de sus propuestas, su error forzado por los partidos de no participación en las elecciones primarias presidenciales, los conflictos más de estilo y formas que de confrontaciones programáticas y políticas con las otras candidaturas de su sector, el nutrido fuego amigo, el ninguneo de los medios de comunicación; pero, sobre todo, la aparición de una candidatura de izquierda alternativa encabezada por la periodista política, también de alto reconocimiento profesional, Beatriz Sánchez,  va aumentando en las encuestas su distancia con Piñera y acortando hasta el empate sus diferencia con aquella.

En lo concreto la microfísica culinaria del poder en la campaña de Guillier se está manifestando como un conflicto entre la organización de campaña y su entorno político más cercano.  El “petit comité” de Guillier está conformado por Juan Forch (ex PC), Harold Correa (PPD), Luis Conejeros (ex DC), Enrique Soler (PPD) y Osvaldo Rosales (ex PPD). Correa conoció a Guillier en 2005 como jefe de gabinete de Sergio Bitar, cuando este era ministro de Educación, Bitar y Harold Correa le habrían presentado, a su vez, al ex diplomático Enrique Soler, su actual jefe de gabinete. Este “petit comité” tiene serios conflictos con el Comando de la Campaña que encabeza Osvaldo Correa Generalísimo del Comando y Secretario General del PR.

Lo que aflora nuevamente aquí con la campaña de Guillier, como en el caso de la campaña y el gobierno de la Presidenta Bachelet,  es tanto carencia de propuestas programáticas que sean coherentes con las demandas sociales básicas fijadas por sus movimientos en derechos universales, gratuitos y de calidad en salud, educación y seguridad social, lo que despectivamente los expertos y la gran prensa  llaman “la calle”, que estalló allí en 2011 como respuesta a los intentos contra reformistas del Gobierno de Piñera. En esta campaña también aflora la ausencia de una capacidad organizativa de los partidos para hacer creíbles la realización política de esas propuestas. Lo claro, ahora, es que sólo un liderazgo bien construido ya no produce convocatoria entre los sectores sociales que serían sus eventuales beneficiarios. Para decirlo brevemente, la sociedad civil en clave de poder ya no está dispuesta a embarcarse en propuestas populistas. Pero el fantasma del populismo recorre la campaña de la FM, mientras Rosales dice que se debe satisfacer las demandas de salud, educación y seguridad social, mediante crecimiento no más, la derecha acusa a esas propuestas de demagógicas, impracticables, y de populistas conducentes a la destrucción de la economía nacional como en Venezuela, Argentina, Brasil, Ecuador, etc.

Mientras la campaña presidencial de la Fuerza de la Mayoría (FM) no prende ni se despliega, a la vez, la campaña parlamentaria se pierde, en aquello que en tiempos de “ascenso revolucionario” se llamó el cretinismo parlamentario, con altos niveles de conflictividad en las campañas senatoriales y las otras, entre el PS y el PC y “bellos gestos” amistosos entre la DC y el PS, donde la torpe y silenciosa dirección nacional del  PS, que nada dice de lo político y ni de lo programático, trata de resolver  vía disciplinaria los descontento locales  mediante sanciones de zarzuela con mucho canto y baile pero meramente entretenidas. A su vez la IS permanece en la mudez programática y política que domina al conjunto del PS y a la FM. Por su parte el FA, no obstante ser una coalición debutante de amplio espectro e inmadurez, muestra mucha coherencia discursiva, propuesta política explícita y eficiente despliegue territorial, pese a sus escasez de recursos. Lo claro es que la Fuerza de la Mayoría y el Frente Amplio se están disputando palmo a palmo pasar a la segunda vuelta, donde triunfará el que mejor logre sacar de la abstención  a la ciudadanía.

(el autor milita en el Núcleo Valparaíso Socialista, del PS de Valparaíso)

(Imagen: Bodegón de aves y liebres, Rembrandt) 

Revolución Rusa: Paz, Pan y Tierra

por Fernando Armas//

Es en general conocido que estas tres consignas configuraron el “programa de acción” que motorizó la revolución rusa. Una primera consideración al respecto es que las tres consignas no podían ser concebidas por separado, sino como una unidad. Esto porque las causas que determinaban su razón de ser, es decir, la guerra, el hambre y la propiedad feudal de la tierra, tenían su origen en una crisis del sistema capitalista en su fase imperialista.

Bien miradas, ninguna de las tres consignas planteaban el socialismo, es decir, la colectivización de los medios de producción expropiación revolucionaria mediante. Se trata, pues, de consignas que, teóricamente, son reformistas, compatibles con la sobrevivencia del sistema capitalista. ¿Cómo se explica, entonces, que hayan generado una revolución gigantesca? ¿Cómo se explica que el partido que las enarboló y las llevó a la victoria fuera la fracción bolchevique de la Socialdemocracia rusa, y no las diversas corrientes liberales burguesas o pequeñoburguesas? Para responde a estas preguntas corresponde tirar varias líneas de investigación:

  • ¿Estaba “preparada” Rusia para una revolución social? Desde una mirada marxista ¿qué se entiende por revolución social?

Proponemos partir de este texto clásico para relacionarlo luego con la dinámica de la revolución de octubre y con las posibilidades revolucionarias en estos cien años hasta nuestros días:

“Prefacio a la crítica de la economía política” (extracto)
Karl Marx, 1859

En la producción social de su existencia, los hombres entran en relaciones determinadas, necesarias, independientes de su voluntad; estas  relaciones de producción corresponden a un grado determinado de desarrollo de sus  fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real, sobre la cual se eleva una superestructura jurídica y política y a la que corresponden formas sociales determinadas de conciencia El  modo de producción de la vida material condiciona el proceso de vida social, política e intelectual en general.  No es la conciencia de los hombres la que determina la realidad; por el contrario, la realidad social es la que determina su conciencia.  

Durante el curso de su desarrollo, las  fuerzas productoras de la sociedad  entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo cual no es más que su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad en cuyo interior se habían movido hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas que eran estas relaciones se convierten en trabas de estas fuerzas. Entonces se abre una era de  revolución social. 

Una sociedad no desaparece nunca antes de que sean desarrolladas todas las fuerzas productoras que pueda contener, y las relaciones de producción nuevas y superiores no se sustituyen jamás en ella antes de que las condiciones materiales de existencia de esas relaciones hayan sido incubadas en el seno mismo de la vieja sociedad. Por eso la humanidad no se propone nunca más que los problemas que puede resolver, pues, mirando de más cerca, se verá siempre que el problema mismo no se presenta más que cuando las condiciones materiales para resolverlo existen o se encuentran en estado de existir.

 

Una lectura literal y dogmática de este texto nos habilitaría a la siguiente interpretación: el capitalismo no ha desaparecido porque no se han desarrollado aún todas las fuerzas productoras que puede contener. Esto explicaría el “retraso” de la revolución socialista a escala mundial, y en el tema que nos ocupa en esta ponencia, la inmadurez objetiva para que la revolución rusa pudiera sostenerse en el tiempo. Así, su degeneración burocrática stalinista primero, y la restauración capitalista posterior pueden ser interpretados como fenómenos inevitables, condicionados por la vitalidad del capitalismo como sistema planetario.

Partiendo de la base que este célebre prefacio explica desde un alto nivel de abstracción (como es inevitable en cualquier generalización científica), es muy importante para su interpretación llevar esa categoría abstracta al nivel concreto de la historia, de la lucha de clases. Usemos este método para la revolución rusa:

  1. Se verifica que las viejas relaciones de producción (la incipiente y creciente relación capital/trabajo asalariado inserta en la dominante feudal) trababan el desarrollo de las fuerzas productivas. El zarismo intenta resolver esta contradicción en términos imperialistas, formando parte de uno de los bloques de la 1ª Guerra Mundial. Rusia se convierte así, por su atraso, y por su desarrollo desigual y combinado, en el eslabón más débil de la cadena imperialista.
  2. La revolución, portadora de las posibilidades de la planificación colectivista-estatista, demuestra la potencialidad de desarrollo de las fuerzas productivas. A pesar de las deformaciones burocráticas, Rusia pasa de ser el país más atrasado de Europa a conformarse como potencia mundial. (ver primeros capítulos de La Revolución Traicionada, de León Trotsky).
  3. Tal desarrollo “nacional” encuentra su límite, su techo, en el propio mercado mundial. La revolución paga el precio del atraso desde el cual se parte. El mundo capitalista desarrollado (Europa occidental, EEUU, Japón) siguen muy por encima de la URSS en su nivel de desarrollo de las fuerzas productivas.
  4. Esto demuestra que no se puede llegar al socialismo (sociedad sin explotación de clase), en un solo país. Lo que sí es posible es que se obtengan victorias parciales contra el capitalismo como sistema, incluidas revoluciones triunfantes que toman el poder y expropian al capital. Por eso hablamos de Estados Obreros y no de “países socialistas”.
  5. El prefacio, a pesar de su abstracción, contempla claramente que la revolución no es un “momento” sino un largo proceso: nos habla de una “ERA” de revolución social, y también explica que las nuevas relaciones de producción “SE INCUBAN EN EL SENO DE LA VIEJA SOCIEDAD”.
  6. Finalmente, cabe agregar que en esta “ERA” que estamos atravesando todavía, la lucha anticapitalista en general, y socialista revolucionaria en particular, ha tenido, tiene y seguirá teniendo avances y retrocesos, victorias y derrotas. Esos avatares deben ser considerados seriamente para ajustar la caracterización del tiempo histórico y las tareas que se desprenden de la misma. No hacerlo, minimizarlo, o peor aún, definir como método el exitismo a partir de un pronóstico de inevitabilidad de la victoria (como lo hace la mayor parte de los partidos de la izquierda tradicional) es un camino de confusión ideológica y política que desarma a la militancia. Los signos de barbarie del capitalismo existen, y es una tarea de los socialistas desnudarlos y combatirlos, sin presumir que para los trabajadores ya son evidentes.

 

  • El concepto metodológico de las consignas y del programa de transición

Como ya explicáramos en la breve introducción sobre el programa de acción motorizador de la revolución rusa (paz, pan y tierra), las consignas y el programa no deben ser formulados como categorías estáticas y abstractas, sino como planteamientos concretos que se deben entender en relación con toda la dinámica de la situación política, de la lucha de clases. Así, el mencionado programa de acción podía ser genéricamente suscripto hasta por fracciones del viejo régimen autocrático. ¿Quién puede estar, en general, a favor de la guerra, del hambre o de que millones de hectáreas se mantengan improductivas por el carácter feudal de la propiedad de la tierra? Sería como decir hoy “salarios dignos, pleno empleo, educación, salud, vivienda”. Es la propia lógica del proceso capitalista mundial (en esos tiempos, en una fase imperialista clásica según la descripción científica y detallada de Lenin) el que OBJETIVAMENTE niega a las grandes masas esos derechos elementales. Como los trabajadores y los campesinos no se movilizan por una finalidad estratégica, socialista revolucionaria, sino por sus reclamos inmediatos, hay que partir de esas reivindicaciones elementales para orientar el movimiento de lucha. Todo el programa de intervención de los bolcheviques en el proceso de la revolución rusa está marcado por este método de consignas transicionales: “TODO EL PODER A LOS SOVIETS DE OBREROS, CAMPESINOS Y SOLDADOS”, “ABAJO EL ZAR, ASAMBLEA CONSTITUYENTE”, “FUERA LOS MINISTROS CAPITALISTAS DEL GOBIERNO PROVISIONAL” (por nombrar sólo algunas relacionadas con la cuestión del poder político) siempre fueron formuladas concatenadas con las revindicaciones básicas, con “paz, pan y tierra”. Esto no significa que las consignas transicionales, por sí mismas, tengan un carácter “mágico”, y que de lo que se trata es de “acertar” en las mismas. De hecho, en el propio proceso de la revolución rusa hay revisiones permanentes respecto al programa y a las consignas. Pero en todos los casos lo que es fundamental es cómo presentar el programa como transicional: a partir de la lucha por las reivindicaciones mínimas progresar hacia la lucha por el poder. En la “era revolucionaria” (al decir de Marx), consideramos equivocado el concepto de separación entre “programa mínimo de reclamos reivindicativos bajo el capitalismo” y “programa socialista máximo” como eje de la propaganda. El concepto transicional no se desprende sino de una REALIDAD TRANSICIONAL, dinámica, entre la vieja sociedad que no termina de morir y la nueva sociedad que no acaba de nacer.

  • El protagonismo activo de las masas como sujeto social y como actor irreemplazable de los cambios históricos. Democracia obrera, los concejos obreros (soviets) y la acción directa de masas

En dos de sus “obras cumbre” (Historia de la Revolución Rusa y Mi Vida), León Trotsky refuta la especie de que la toma del poder por los bolcheviques en 1917 fue una suerte de “golpe de estado”. Con la fuerza argumental de lo vivencial, expone con claridad la magnitud de la participación activa de las grandes masas en los acontecimientos revolucionarios. La creación de los soviets (concejos obreros, asambleas populares), que ya habían surgido en la revolución de 1905, fueron tan sólo el canal oportuno, posible y adecuado para un potente torrente multitudinario. La característica esencial de esos soviets (que por otra parte se reproducían hacia las bases en cada territorio o barrio, en cada fábrica) era su más amplia democracia de bases. El principio de “unidad en la diversidad” se verificaba tanto políticamente (en la lucha de partidos en el seno mismo de esas asambleas) como socialmente (en la composición de obreros, intelectuales, campesinos y soldados).

Pero además, y esencialmente, los soviets marcaron una clara diferenciación con los métodos de la democracia burguesa. En esta última, las masas tienen un rol pasivo, mediante el mecanismo del sufragio universal. Votan por representantes en los cuales delegan la ejecución de los actos de gobierno, delegan el poder del estado. Tanto en el plano ejecutivo como legislativo. En cambio, el método de la democracia obrera, directa, concentra en el organismo colectivo del que se trate (en este caso, los soviets) todas las funciones: deliberación, resolución y ejecución. Prestemos atención que este método de construcción exige, por su propia naturaleza, una participación muy activa de sus protagonistas, y por lo tanto, un crecimiento cuantitativo y cualitativo en la conciencia.

En la propia revolución rusa este contraste entre democracia burguesa y democracia obrera se expresó políticamente en los debates sobre la Asamblea Constituyente (institución máxima de la primera) y su relación con los soviets, como expresión primero del doble poder, y luego de la propia dictadura del proletariado, del gobierno obrero naciente.

Los bolcheviques tomaron el poder con su mayoría en los soviets de las grandes ciudades (Moscú, Petrogrado) cuando todavía eran minoría en una Asamblea Constituyente, cuya relación de fuerzas se medía por el sufragio universal en todo el país. 

Obviamente, también es importante recordar que en un país con una estructura económica y social con amplio predominio poblacional campesino (vigencia aún del feudalismo), este contraste entre lo urbano y lo agrario profundizó el contraste entre democracia obrera y democracia burguesa.

El protagonismo de las masas también puso su impronta a la cuestión de la violencia, del armamento, de la propia insurrección. El Comité Militar Revolucionario era uno de los sub-organismos de los soviets. Más allá de que la acción militar, por su propia naturaleza, requiere especialistas y manejos específicos clandestinos, secretos, lo cierto es que se trató de una forma organizada de violencia de masas, opuesta por el vértice con el terrorismo individual, que tenía en Rusia una fuerte tradición.

Esta verificación histórica nos permite una enseñanza fundamental para nuestra militancia actual: tanto en un período de luchas defensivas (como la actual) como en una fase de ascenso de masas (como podemos caracterizar, por ejemplo, la Argentina del 2001/2002), la premisa básica para las posibilidades de éxito de cualquier movimiento es el grado de participación activa de las bases y el pleno funcionamiento de democracia directa en su seno. Y esto debe ser impulsado por los socialistas revolucionarios, más allá de las limitaciones de clase y/o políticas que tengan formas incipientes de esta democracia de bases, como el ejemplo citado más arriba.

Asimismo, en tanto la dictadura de clase de la burguesía sobre los explotados se realiza hoy por el método de la democracia basada en el sufragio universal (los trabajadores son llevados a votar por sus propios verdugos) tiene una enorme importancia, especialmente si intervenimos con listas y candidatos propios en las elecciones, desarrollar la agitación y propaganda tendiente a desenmascarar esta forma de dictadura, contrastándola con los métodos de la democracia obrera.

Algunas observaciones sobre el proceso de restauración capitalista en la URSS y otros estados emergentes de procesos revolucionarios

Para los socialistas que estamos convencidos que es necesaria una revolución que expropie al capital y organice la sociedad bajo un plan colectivista, el proceso de restauración capitalista que se ha consumado en la URSS, pero también en China, el sudeste asiático y Europa del Este, configura una derrota histórica para los objetivos estratégicos de la clase obrera mundial, tal como los concibieron Marx y Engels, y como comenzaron a llevarlos a la práctica Lenin y Trotsky.

La esencia de esta derrota consiste en que el sistema capitalista ha logrado sobrevivirse naturalizando su existencia, no sólo en los hechos, sino además en la conciencia de la abrumadora mayoría de los trabajadores del mundo. Reina la sensación que el capitalismo es la estación terminal de la evolución humana, y que a lo que más podemos aspirar los luchadores es a morigerar sus manifestaciones de barbarie.

Son conocidas las razones del proceso que culminó con la restauración capitalista: degeneración burocrática-stalinista de por medio, la teoría del “socialismo en un solo país” se demostró como inviable, en tanto el capitalismo es un sistema cada vez más globalizado. La presión del mercado mundial superó y aplastó al limitado desarrollo de las fuerzas productivas de países atrasados. La revolución proletaria nunca triunfó en los centros económicos fundamentales del sistema capitalista.

La burocracia stalinista, como correa de transmisión deformada entre ese mercado mundial globalizado, entre el Imperialismo y las masas, operó como opresora, y como beneficiaria directa, primero gozando de privilegios en la administración del Estado Obrero, y luego travestiéndose en flamante burguesía en el proceso de restauración capitalista. La caída del stalinismo no fue, pues, el resultado de una Revolución Política en la que las masas se re-apropiaran del poder, sino que fue un fenómeno absolutamente reaccionario. El potencial aspecto progresivo de la caída del stalinismo, que forma parte del exitismo de la mayor parte de la corrientes trotskistas, se ve negado por el peso del cambio de contenido de clase del Estado, y por la aceptación de las grandes masas rusas de la restauración capitalista, sin que mediara un aplastamiento a sangre y fuego, en términos fascistas, como lo pensaba Trotsky antes de su muerte, y como lo repetían las corrientes trotskistas en los 80/90.

Lejos de significar esta dura realidad un desmerecimiento de la revolución rusa, así como de los demás procesos revolucionarios del siglo XX, no sólo los reivindicamos como gestas heroicas, sino que además, desde el punto de vista estrictamente económico social, significaron saltos importantes en cuanto a conquistas de los explotados, no sólo en los países donde hubo revoluciones, sino en los propios países capitalistas más desarrollados, en tanto se crearon mejores condiciones para la lucha, incluso una relación de fuerzas potencialmente revolucionaria.

Las posibilidades revolucionarias, como las ocasiones para la lucha contra el capital, no pueden ser objeto de una programación a la medida de la perspectiva estratégica de los explotados. Es absurdo, por lo tanto, hablar de la “inoportunidad” de la revolución rusa, a partir de, con el diario del lunes, describir su proceso de degeneración posterior.

Preferimos pensar esta compleja cuestión como un proceso histórico, que como tal, no se puede medir con el calendario de las vidas biológicas de los militantes. Hablamos, pues, de marchas y contramarchas, de un proceso contradictorio, que se debe medir en décadas, o incluso, en siglos.

Hemos desarrollado hasta aquí lo que se da en llamar “factores objetivos”, tanto del proceso revolucionario, como de la reacción, de la restauración capitalista. Dejamos para el último capítulo de esta ponencia el llamado factor subjetivo.

La cuestión de la dirección revolucionaria, la cuestión del Partido

El bolchevismo leninista, y muy especialmente, su continuidad histórica, el trotskismo, atribuyó un papel decisivo a la voluntad militante (organizada en partido) como factor revolucionario. Cabe recordar esa definición trotskista clásica: “LA CRISIS DE LA HUMANIDAD SE REDUCE A LA CRISIS DE DIRECCIÓN REVOLUCIONARIA DEL PROLETARIADO”. No nos parece que esta premisa sea correcta, en tanto las propias masas no demuestren su voluntad de lucha. Hemos señalado en esta ponencia nuestra crítica a la unilateralidad con la que se aborda la supuesta “madurez objetiva” para las posibilidades revolucionarias. Negar a esta altura las posibilidades de revitalización del capitalismo (a caballo de las derrotas infringidas al movimiento obrero) es negar simplemente la realidad.

Pero también es cierto, volviendo a la Revolución Rusa, que con todas las “condiciones objetivas” dadas, no hubiera habido revolución proletaria triunfante sin partido bolchevique, sin dirección revolucionaria.

Y también es cierto que esa dirección, ese partido, no fue el resultado ocasional de acontecimientos excepcionales, sino que se forjó en un proceso largo, trabajoso, contradictorio, que se puede medir en varias décadas.

No nos referimos sólo ni restringidamente a los bolcheviques, sino en todo  caso a éstos como fracción del movimiento marxista internacional.

Es que desde mediados del siglo XIX, tomando como documento liminar el Manifiesto Comunista, hasta la victoria revolucionaria de Octubre de 1917, el marxismo conquistó la conciencia de millones de obreros e intelectuales en Europa, extendiéndose hacia todo el mundo.

Tomando como referencia organizada a la 2ª Internacional, la lucha de tendencias y fracciones tenía como caja de resonancia a partidos de masas, lo que hacía que el debate interno se abriera camino hacia las bases, no se limitara a las cúpulas.

Se trata entonces de un período histórico en el que asistimos a una elevación general de la conciencia de clase entre los trabajadores, de su politización, y de su participación activa en las distintas formas de lucha.

La selección de una vanguardia es inconcebible, a nuestro modo de ver, sin un proceso de esa característica. Aún en las derrotas políticas (por ejemplo, el apoyo a la guerra imperialista de la mayoría del Partido Socialdemócrata alemán) se produjo un aprendizaje y una selección política (los internacionalistas) que configuró una corriente histórica con incidencia real a partir de la magnitud de la 2ª Internacional, y esto a pesar de lo pequeña que era numéricamente esa fracción revolucionaria.

La Tercera Internacional Comunista intentó una superación de la Segunda a partir del impulso de la Revolución Rusa, y de hecho logró ser una referencia importante (aunque aún minoritaria) en el seno del movimiento obrero mundial. Quizás movida al principio de su construcción por una expectativa desmesurada sobre las posibilidades revolucionarias, y seguramente después como parte del papel burocrático contrarrevolucionario del stalinismo, se acuñaron las famosas 21 condiciones para que cualquier grupo o partido de los distintos rincones del mundo pudieran adherir a ella.

Hoy, a casi 100 años vista, nos parece que existió en la concepción general de ese método una deformación burocrática en nombre del centralismo democrático.

El urgentismo revolucionario primero y las necesidades del aparato stalinista después, operaron como factor liquidacionista de los procesos de maduración política (y de los debates necesarios para que ellos se produzcan) en todas las secciones de la Tercera Internacional.

Creemos que las distintas corrientes que reivindican y que se sienten herederas de la Revolución Rusa no han revisado este aspecto fundamental. Por eso (y nos referimos también y especialmente a las corrientes autoproclamadas trotskistas más importantes del planeta) reproducen al interior de sus organizaciones ese liquidacionismo, que ahoga el debate, que expulsa disidentes, y que viola sistemáticamente el centralismo democrático.

Como aprendizaje y puesta en plan de acción, creemos que es necesario recuperar los anclajes que alojen al marxismo y sus militantes en el seno de las masas, y que los innumerables grupos y partidos existentes se consideren a sí mismos como fracciones de un movimiento o gran partido (obrero, revolucionario y socialista) con amplia libertad de tendencias.

Para avanzar por ese camino habrá que superar el aislamiento de las masas, y el sectarismo, especialmente aquel que se basa en la pertenencia a un aparato del cual se depende económicamente.

Recrear el clima de confianza, de fraternidad, de debate y de espíritu crítico es la gran tarea. Creemos que es el mejor homenaje a los revolucionarios rusos de hace 100 años. A los líderes que no deben ser sacralizados, y a los militantes anónimos que hicieron posible la victoria socialista de octubre.

(el autor de este texto milita en la agrupación Socialismo Revolucionario de Argentina)

 

 

Lenin, sobre dependencia y liberación nacional

por Rolando Astarita//

En la izquierda está muy generalizada la idea de que la mayoría de los países de América Latina, a excepción de Cuba, y tal vez Venezuela, mantiene una relación de tipo semicolonial, o neocolonial, con las grandes potencias, EEUU en primer lugar. Y que por este motivo, es necesario luchar por realizar la tarea histórica de la liberación nacional, o “la segunda independencia”. En contraposición a esta postura, desde hace años sostengo que países como Argentina, México o Chile, no son semicolonias, y que no está planteada, como demanda pendiente, la liberación nacional. Esta postura conecta con la distinción de Lenin entre países dependientes, por un lado, y países coloniales y semicoloniales; y su noción del contenido de la liberación nacional. En términos generales, podemos decir que se trata de un enfoque muy minoritario en la izquierda, aunque ya ha sido avanzado por diferentes marxistas. Entre ellos, por Dabat y Lorenzano (1984); por mi parte, he desarrollado estas ideas en Economía política de la dependencia y el subdesarrollo (UNQ, 2010), y en los años 1990, en la revista Debate Marxista.

En lo que sigue presento primero la postura de Lenin; la comparo luego con la interpretación instalada en la izquierda, según fue presentada por Milcíades Peña; en tercer lugar, argumento por qué es superior el enfoque leninista, y las consecuencias que se derivan para un programa socialista en los países dependientes. La nota se divide en tres partes.

Países dependientes y coloniales 

Lenin consideraba -comienzos del siglo XX- que había tres tipos fundamentales de países atrasados: los dependientes, las colonias y las semicolonias. Los primeros, según Lenin, eran políticamente independientes, pero dependientes económicamente de los países más ricos, y del capital financiero. Entraban en esta categoría naciones como Argentina, Serbia, Bulgaria, Rumania, Grecia, Portugal y hasta Rusia. “No sólo los pequeños Estados, sino aun Rusia, por ejemplo, es enteramente dependiente, económicamente, del poder del capital financiero de los países burgueses ricos” (Lenin, 1914). También consideraba que EEUU había sido una “colonia económica” de Europa en el siglo XIX. A pesar de lo escueto de las referencias, pareciera que consideraba que los países dependientes eran explotados por los países ricos, aunque no especificaba el mecanismo. En algunos pasajes los caracterizaba como “colonias económicas” de los países imperialistas. Argentina, por ejemplo, era una “colonia comercial” de Inglaterra, y Portugal un “vasallo”, aunque ambos conservaran su independencia (Lenin, 1916).

Los países coloniales, en cambio, estaban sojuzgados por vías político-militares, y esta coerción de tipo no económico determinaba la extracción del excedente. Esto es, la explotación se realizaba mediante la imposición, por vía de la fuerza y la violencia directa, de un gobierno directamente vasallo de la metrópoli colonizadora. Este sistema colonial permitía la transferencia de recursos, como materias primas, desde las periferias al centro, así como la apertura de mercados para la sobreproducción crónica que, según Lenin, existía en los países adelantados. Por eso, implicaba la imposición de una minoría extranjera sobre la población nativa, a partir de una relación de fuerza.

En este respecto, el libro de Hobson, Imperialism: A Study, -que cita Lenin en su conocido folleto “El imperialismo, fase superior del capitalismo”-, es muy claro sobre el significado de la relación colonial. La ocupación de las colonias, según Hobson, era llevada adelante por una minoría de funcionarios, comerciantes, organizadores industriales, asentada en el poder militar, y ejercía su poder económico y político sobre grandes masas de población a las que consideraba inferiores e incapaces de autogobernarse política o económicamente. La explotación podía darse por medio del uso compulsivo de mano de obra (portadores de cargas en África, trabajadores de plantaciones, etcétera); economía de trata, que consistía en el monopolio comercial del país dominante sobre los monocultivos; impuestos a los campesinos y artesanos y acaparamiento de tierra por parte de los colonos. A las clases burguesas o pequeño burguesas nativas -comerciantes y artesanos- no se les permitía tomar decisiones políticas, económicas o diplomáticas con un mínimo de autonomía. La sociedad nativa era dominada por un aparato militar, político y administrativo importado y mantenido con una violencia que podía llegar al etnocidio (Hobson, 1902). Precisemos que Hobson era un liberal, que buscaba reformar el sistema, en tanto Lenin pensaba que la lucha contra el imperialismo era inseparable de la lucha revolucionaria por acabar con el capitalismo. Pero la descripción hobsoniana del dominio colonial es, en lo básico, mantenida por Lenin (también la importancia que daba Hobson al capital financiero).

Lo importante aquí es que al estar sometidas a la extracción violenta del excedente, las colonias no podían formar una unidad autónoma. Una idea que es consustancial a la relación colonial, y ha sido destacada por autores posteriores. Por ejemplo Sonntag (1988), refiriéndose a las colonias en América Latina, escribía: “Hasta que conquistan la independencia política y se constituyen nuevamente en formaciones sociales propias, (las colonias) forman una unidad con la respectiva llamada madre patria… La acumulación de capital en ella era unitaria: el capital acumulado revertía mayormente a la economía del poder colonial que separaba de ello un mínimo para los costos de reproducción sociopolítica de la colonia” (p. 148). Agregaba que los instrumentos de acumulación en la colonia consistían en relaciones de producción o formas de organización social del trabajo no capitalistas: esclavismo, encomienda, formas de servidumbre feudal. Lo cual significaba que en la economía del poder colonial – colonia existía lo que se conoce como acumulación originaria (p. 149). En síntesis, la no constitución de una unidad autónoma –relativamente autónoma- parece central en rol que da Lenin a la autodeterminación nacional, esto es, al derecho a la constitución como Estado nacional.

Las semicolonias, transición a la colonia

Como adelantamos, Lenin distinguía una tercera categoría de países, los semicoloniales. La semicolonia era una forma transicional hacia la colonia, ya que, a pesar de ser formalmente independientes, las potencias ejercían sobre esos países una injerencia directa, de tipo colonial. Los casos típicos eran, hacia 1915, China, Turquía y Persia, a los cuales las potencias habían impuesto obligaciones por medio de la violencia militar o la semi-ocupación. Por ejemplo, Gran Bretaña había obligado a China a firmar, en 1842, el tratado de Nankin, por el cual los chinos debieron liberar sus puertos, fijar un tope a los derechos aduaneros de importación y permitir que los extranjeros tuvieran áreas residenciales y comerciales fuera de la justicia local. Más tarde, China fue obligada a conceder nuevos derechos de navegación fluvial, privilegios comerciales y a permitir la fundación de más factorías extranjeras a Francia, Gran Bretaña, Alemania, Rusia y Japón. Las potencias tenían estacionadas tropas y barcos, y sus zonas estaban bajo administradores propios. Persia y Turquía también estuvieron ocupadas parcialmente por tropas extranjeras; Persia había sido dividida en zonas de influencia, que correspondían a Gran Bretaña y Rusia, en 1907. En cuanto a Turquía, Gran Bretaña dominaba su Estado, y en 1920 las tropas inglesas llegaron a ocupar Constantinopla. Aunque Lenin no lo menciona, también deberíamos considerar semicolonias, a principios de siglo XX, a Panamá, Nicaragua, Cuba, Haití y República Dominicana, sobre los cuales EEUU tenía injerencia directa, muchas veces vía intervenciones militares. En cualquier caso, es inherente a este tipo de relación la ausencia del derecho a la autodeterminación del país sometido.

La liberación nacional

El significado de la demanda de liberación nacional deriva de la naturaleza de la relación colonial o semicolonial, ya que se trata de obtener el derecho a la autodeterminación política y “a la existencia de un Estado separado” (Lenin, 1916). Por eso, es una demanda democrático-burguesa, del mismo tenor que otras reivindicaciones democráticas; por ejemplo, el derecho al voto, o al divorcio. La autodeterminación constituye un derecho formal, pero de consecuencias económicas, ya que la constitución de un Estado independiente termina con el pillaje y el robo del país sometido por medios extraeconómicos. Por eso también, la autodeterminación genera mejores condiciones para el desarrollo capitalista (Lenin, 1916). Un país que deja de ser colonia, o semicolonia, y se constituye como Estado autónomo pasa así al estatus de “dependiente”. Esto implica que el Estado tiene jurisdicción sobre su territorio: “En el momento en que una colonia ha luchado y conquistado su independencia política, se constituye nuevamente en una formación social propia” (Sonntag p. 151). Sonntag sostiene que después de la independencia se continúa acumulando capital para la economía dominante (o las economías dominantes), pero también “debe iniciarse un proceso de acumulación interna y de reproducción ampliada de capital que tenga como objetivo el sustentamiento y la expansión interna de las formaciones sociales creadas, incluso cuando sea muy bajo su volumen” (pp. 151-2).

A pesar de que la acumulación del capital “hacia afuera” sigue siendo dominante, según Sonntag, la acumulación interna da lugar a una paulatina estabilización de la dominación de la clase capitalista local, y a la posibilidad de formación de Estados con autonomía relativa. El énfasis que pone Lenin en la constitución de un Estado propio puede vincularse con esta dinámica de acumulación interna. En una descripción más dialéctica del proceso, y con centro del análisis en Argentina, Oszlak (2012) pone el énfasis en la relación entre la formación de una economía capitalista y el Estado nacional: “… la formación de una economía capitalista y un Estado nacional son aspectos de un proceso único, aunque cronológica y espacialmente desigual. Pero además implica que la economía en esa formación va definiendo un ámbito territorial, diferenciando estructuras productivas y homogeneizando intereses de clase que, en tanto fundamento material de la nación, contribuyen a otorgar al Estado un carácter nacional” (p. 18).  Y agrega poco más abajo que “la formación de un Estado nacional es el resultado de un proceso convergente, aunque no unívoco, de constitución de una nación y un sistema de dominación” (p. 19). Se trata, naturalmente, de un sistema de dominación con base principal en la clase dominante local. Es en este sentido, hay que subrayarlo, que se distingue radicalmente de la colonia y la semicolonia.

 Sin embargo, la autodeterminación nacional no elimina –ni puede hacerlo- la dependencia económica, que en el enfoque de Lenin, está asociada al predominio del capital financiero, y no puede desaparecer en tanto haya capitalismo (véase 1916). Por eso, la superación de la dependencia económica de un país atrasado excede lo que puede lograr una revolución nacional burguesa y democrática, o anti-imperialista. En otros términos, acabar con la dependencia no puede plantearse como tarea nacional burguesa y democrática. Por ejemplo, y siempre según el enfoque de Lenin, Noruega, al independizarse de Suecia, había alcanzado su liberación nacional, esto es, el derecho formal a ser un Estado independiente. Sin embargo, desde el punto de vista económico, seguía siendo dependiente, y esto no podía ser de otra manera en tanto subsistiera el sistema capitalista. “Ninguna medida política puede prohibir un fenómeno económico” observa Lenin. Noruega, Polonia y otros países atrasados podían acceder a la independencia política, pero esto no cortaría la dependencia del capital financiero. “La independencia de Noruega, ‘lograda’ en 1905, fue solo política. No podía afectar su dependencia económica, ni era su intención” (1916). Subrayaba que “la autodeterminación concierne sólo a lo político”, y no tenía sentido siquiera hablar de la imposibilidad de la autodeterminación económica. Noruega había logrado la autodeterminación política, pero el capital financiero británico, por ejemplo, ejercía una gran influencia en su política (así como el capital alemán influenciaba en Suecia).

Por eso, la consigna de autodeterminación figuraba en el programa mínimo de los socialistas, esto es, en el programa de demandas que, en principio, podían obtenerse bajo el sistema capitalista. Se trataba de una medida burguesa, que no detenía la expansión del capital financiero (ídem). “Dado un resultado de la presente guerra (se refiere a la Primera Guerra mundial) la formación de nuevos Estados en Europa es plenamente ‘lograble’ sin que perturbe de ninguna manera las condiciones del desarrollo del imperialismo y su poder. Por el contrario, esto aumentaría la influencia, los contactos y la presión del capital financiero. Pero dado otro resultado, la formación de nuevos Estados en Hungría, Checa, etcétera, es del mismo modo ‘lograble”. Los imperialistas británicos ya están planeando este segundo resultado en anticipación de su victoria” (Lenin, 1916, nota). Todo apunta a lo mismo; la demanda de autodeterminación, o liberación nacional, afecta directamente a la esfera política, a la libertad formal de un país de constituirse como Estado separado. No puede torcer las leyes que gobiernan el mercado mundial.

La noción de semicolonia en Milcíades Peña

A pesar de su importancia, desde fines de los años 1920 la distinción entre países dependientes y coloniales y semicoloniales, tendió a perderse en la izquierda; y con ella, las consecuencias que derivaba Lenin con respecto a la liberación nacional. Ya en las décadas de los 60 y 70, se consideraba natural caracterizar a países como Argentina, México o India de “semicolonias”, y la cuestión se mantiene así hasta el presente. Milcíades Peña fue representativo de esta postura. Aunque fue crítico de Abelardo Ramos y de la “izquierda nacional”, acordaba sin embargo en que para Argentina, y el resto de América Latina (a excepción de Cuba), estaba planteada la tarea histórica de la liberación nacional. Criticó a Ramos porque éste sostenía que la clase obrera debía renunciar a mantener una posición independiente frente al nacionalismo burgués; pero no por plantear la liberación nacional como tarea central de la revolución latinoamericana.

En este respecto, el punto de partida de Peña fue su caracterización de Argentina, y naciones semejantes del Tercer Mundo, como países semicoloniales. El carácter semicolonial de Argentina se debía, en su visión, a que el país estaba subordinado al capital financiero internacional y a organismos políticos y militares a través de los cuales se ejercía la dominación de EEUU: “… por el Tratado de Río de Janeiro, la Carta de la Organización de Estados Americanos y otros compromisos semejantes, (Argentina) ha delegado atributos esenciales de la soberanía, en particular el declarar la guerra, en un superestado continental, controlado por Estados Unidos” (p. 14). En consecuencia, la autodeterminación nacional pasaba por “eliminar la subordinación al capital financiero internacional” y a los organismos internacionales (p. 169). De manera que Peña planteaba la liberación económica entre los objetivos a conquistar con la liberación nacional. En ningún momento discute qué relación guarda esta tarea con la estructura capitalista de Argentina, y su inserción en el mercado mundial.

Sin embargo, Peña era consciente de que el desarrollo de la burguesía argentina tendía a vincularla inevitablemente al capitalismo mundial. Por ejemplo: “… para la industria argentina sólo es cuestión de vida o muerte oponerse a la importación de algunas mercancías metropolitanas, lo cual es muy distinto que oponerse al imperialismo. Y cuanto más se enriquece la burguesía, más se vincula al capital internacional y mayor es su necesidad de contar con el apoyo financiero y técnico de las metrópolis, si es que sus negocios han de prosperar” (p. 99). Pero ésta es precisamente la razón por la que Lenin sostenía que la eliminación de la dependencia (podemos precisar: dependencia tecnológica, científica, financiera) no podía inscribirse entre las tareas democráticas y nacionales de la burguesía. Para ilustrarlo con un caso actual, hoy puede verse que Italia, España y Grecia, a los cuales nadie califica de “semicolonias”, están “subordinados” a los dictados de los mercados financieros. Algo similar puede decirse de la relación que mantenían Argentina o Rusia con el capital financiero internacional, en los años en que Lenin los consideraba “dependientes”. Peña pasa por alto estas cuestiones. De igual modo, es llamativa la forma en que eleva al grado de dominación semicolonial la participación de Argentina en la OEA; recordemos que, después de todo, en 1982 Argentina entró en guerra con Gran Bretaña sin solicitar la venia de la institución.

Sin embargo, Peña también reconoce que la situación de Argentina era muy distinta de la que existía en China, en las primeras décadas del siglo XX. Escribía: “El peso específico de la opresión imperialista era en China incomparablemente mayor que en la Argentina… (…)… la burguesía china, por muchos aspectos más cercana al status de las burguesías coloniales que al de las burguesías semicoloniales, tenía con el imperialismo contradicciones de una intensidad tal que desembocaron en enfrentamiento militar, mientras que las contradicciones de la burguesía argentina con las metrópolis jamás consistieron en otra cosa que en discusiones en torno a la tarifa de avalúos y a los términos de los préstamos imperialistas” (p. 113). Pero precisamente debido a ese “peso específico incomparablemente mayor de la opresión imperialista” es que Lenin consideró que, a mediados de la segunda década del siglo XX, China era una semicolonia, y Argentina un país dependiente. Las diferencias categoriales sirven para poner de relieve estas cuestiones.

Observemos también que esa falta de distinción de Peña lo lleva a caracterizar a Rusia como un país semicolonial (p. 16). Si esto hubiera sido así, debería haberse inscripto la tarea de la liberación nacional en el programa revolucionario de 1917. Sin embargo, esta demanda brilló por su ausencia. Esto se debe a que el status de Rusia era cualitativamente diferente del que tenía China (Rusia mantenía una dominación de tipo semicolonial sobre Turquía, por ejemplo), aunque estaba bajo la influencia del capital financiero internacional. Este tipo de ambigüedades y problemas se mantienen en el “marxismo tercermundista” (o nacional) hasta el presente.

Más sobre el significado histórico de la independencia formal

La  distinción que realizó Lenin entre colonias y semicolonias, y países dependientes tiene singular importancia para comprender no sólo las limitaciones que encierra la liberación nacional (o el derecho a la autodeterminación), sino también el avance que representó su conquista. Es que la constitución de los Estados soberanos ha sido clave para la formación de los mercados internos y las naciones, como ya apuntamos en la primera parte de esta nota, citando el libro de Oszlak. Esta cuestión también está implicada en la crítica de Mármora (1986) a la difundida idea de que mecánicamente el mercado nacional da lugar al surgimiento de la nación y el Estado nacional. Según Mármora, desde el punto de vista conceptual el proceso de formación nacional está indisolublemente conectado a la formación del Estado moderno (aunque aclara que desde una perspectiva histórico genética no siempre tiene que ser así; véase p. 168). Y el Estado, a su vez, fue vital para la formación del mercado nacional. Lo cual significa que existe una dialéctica compleja de factores económicos (relaciones capitalistas y mercantiles que se imponen a las precapitalistas, vinculación con el mercado mundial, etc.), políticos (lucha de clases, constitución del Estado, etc.) e ideológicos (anhelos y mitos colectivos, herencias étnicas y religiosas, cultura burguesa, etc.) que confluyen a la formación de la nación, de la conciencia nacional, y el Estado. La consecución de la independencia política formal fue entonces un factor de primer orden en esta evolución. Por eso decimos que la independencia política formal significa la realización de la tarea histórica burguesa en el terreno de las vinculaciones políticas internacionales. Lo que equivale a decir que no existen tareas “democrático burguesas” fundamentales pendientes, en lo referido a la relación inter Estados, cuando se trata de países dependientes.

La necesidad de distinguir y el capitalismo contemporáneo

Llegados a este punto, y ante posibles objeciones de las infaltables mentes rígidas, se impone un inciso aclaratorio: como sucede con toda clasificación, en la distinción entre semicolonias y países dependientes hay lugar para zonas “grises”, y muchos casos intermedios. Por ejemplo, en América Latina, Granada o Panamá tal vez estarían más cercanos al status de semicolonias, dadas las intervenciones militares directas de Estados Unidos que han sufrido en los últimos años. Sin embargo, la mayoría de los países latinoamericanos encaja con bastante claridad en la categoría de dependiente, no de semicolonia, según el criterio que defendemos. Argentina, Brasil, Chile, Perú, para nombrar sólo algunos países, tienen gobiernos y Estados autónomos, en manos de “sus” burguesías. Algo similar puede decirse de países africanos o asiáticos, como Egipto, Marruecos, Nigeria, India, Malasia, Indonesia o Corea del Sur, para citar también algunos casos relevantes. Al englobar bajo una misma categoría de dependiente a estas naciones, tampoco pretendemos pasar por alto la riqueza de los particulares y singulares (después de todo, y como dice Umberto Eco, “…tenemos pocos nombres y pocas definiciones para una infinitud de cosas individuales”). Pero sí destacar la diferencia específica que existe con la relación colonial o semicolonial.

Por ejemplo, en el caso de Argentina, se puede sostener que desde su organización nacional más o menos definitiva, en 1880, las políticas económicas y sociales no fueron impuestas por potencias extranjeras, ocupaciones militares o gobiernos instalados por ellas. A lo largo de la historia los gobiernos argentinos adoptaron muchas medidas que serían impensables dentro de una relación colonial, o semicolonial. Como botones de muestra, recordemos que en 1973 Argentina estableció relaciones comerciales con Cuba, la Unión Soviética y Polonia, y obligó a las multinacionales estadounidenses, a participar en ese comercio, contra los deseos de Washington; más tarde, la dictadura militar exportó trigo a la URSS, a pesar de la oposición de EEUU; en 1982 Argentina ocupó militarmente Malvinas; ese mismo año el país entró en cesación de pagos de su deuda; en 2001, defaulteó; desde 2005 el gobierno argentino se ha negado a realizar los informes anuales para el FMI; también en años recientes Argentina reconoció a Palestina como “Estado libre e independiente”, contra la posición de EEUU; actualmente el gobierno sigue sin regularizar su deuda con el Club de París; y negocia con China y otros países según sus conveniencias. Cualquiera de estas medidas era inconcebible en una semicolonia como lo era China de los años 1910.

Recordemos por otra parte que la misma dinámica del desarrollo capitalista dependiente genera las bases materiales para esas políticas. A medida que los países se fueron liberando del dominio colonial y semicolonial –América Latina en el siglo XIX, la mayor parte de Asia y África en la segunda posguerra, y hasta los años 1970- se generalizó el modo de producción capitalista, y con él la participación de las burguesías de los países atrasados en el manejo de “sus” Estados. En consecuencia, las medidas económicas de estos gobiernos se deciden de manera creciente teniendo en cuenta la situación competitiva en que se encuentran los capitales locales y de qué manera pueden avanzar sus intereses, en el marco de relaciones económicamente desiguales. Esto comprende incluso a países cuyas luchas fueron ejemplos del combate antiimperialista y anticolonial. Por ejemplo, hasta 1975, el gobierno de Vietnam del Sur era un títere del imperialismo estadounidense, y por lo tanto podía considerarse que el país era una variante de semicolonia. Después de 1975, y con el triunfo sobre EEUU, Vietnam se unifica bajo el nuevo gobierno revolucionario. Pues bien, y contra lo que muchos esperaban (o esperábamos), en 1976 el gobierno vietnamita pidió el ingreso del país al Fondo Monetario Internacional y al Banco Asiático de Desarrollo, y aprobó leyes para fomentar las inversiones extranjeras. Pero no se trató de una imposición colonial, sino de la decisión de un país políticamente independiente.

Las relaciones e intereses capitalistas “internos” explican también muchas medidas que adoptan los gobiernos de los países atrasados para atraer capitales externos. Así, hoy muchos países africanos abren sus puertas a los capitales chinos, se endeudan con China y se vinculan comercialmente con ella, en tanto países soberanos, y atendiendo a los intereses de clase, o de fracciones de clase, locales. De manera similar, el gobierno argentino de Cristina Kirchner está procurando atraer inversiones chinas, y no por ello es “lacayo” del imperialismo chino. Como tampoco lo es de Estados Unidos, aunque cierre acuerdos con Chevron, acate las sentencias del CIADI y negocie la deuda con el Club de París. Por eso he planteado en otras notas que en las idas y venidas del caso YPF, no estaban en juego los “intereses nacionales”, sino los negocios, esto es, cálculos de ganancias, productividad e inversiones (ver aquí).

Los ejemplos se multiplican. México, por caso, ha firmado el tratado de libre comercio con EEUU, no por imposición directa de Washington, sino de acuerdo a la conveniencia de la burguesía mexicana. También está abriendo el sector petrolero a la entrada de capitales extranjeros sin que medie una imposición de tipo colonial. En el mismo sentido, el gobierno “antiimperialista” de Lula aceptó mantener relaciones con el FMI y las privatizaciones de los años 90, pero también rechazó el ALCA, y mantuvo relaciones con Cuba y Venezuela, a pesar de la opinión contraria de Washigton. Todo esto no se explica diciendo que a veces Lula es agente cipayo del imperialismo, y otras un antiimperialista más o menos convencido. De la misma manera, Myanmar gira hoy hacia los mercados sin obedecer el dictado de imposiciones coloniales, sino según los intereses de su clase dominante. Por eso es un error sostener, como hace Sonntag (y la idea está muy difundida en ámbitos de la izquierda) que las clases dominantes de los países dependientes administran en ellos los intereses de las metrópolis. A medida que avanzó la acumulación interna de capital, las burguesías dependientes atendieron de manera creciente sus intereses, y dentro de ese marco, dieron y dan respuesta a los intereses de las metrópolis en tanto y en cuanto lo consideren conveniente al logro de sus objetivos.

Lo anterior no significa negar que los gobiernos de los países dependientes reciban presiones de los gobiernos más poderosos, y de los capitales internacionalizados. En este punto, y a diferencia del planteo de Lenin, diría que esa dependencia económica no está asociada exclusivamente a la existencia del capital financiero internacional, sino al conjunto del capital –las grandes transnacionales abarcan también la industria, el comercio, la agricultura- y a la estructura desigual del modo de producción capitalista mundial. Naturalmente, los capitales más avanzados científica y tecnológicamente, y con mayor poder comercial y financiero, ejercen presión sobre los capitales más débiles; y los Estados nacionales más fuertes, asociados a esos capitales avanzados, tienen un poder de presión incomparablemente mayor que los Estados de los países atrasados. Por eso, así como EEUU presiona a los países latinoamericanos, Brasil hace lo propio con Paraguay y Bolivia (recordemos los conflictos en torno a Itaipú, o por los precios que paga Petrobrás a Bolivia); y también Argentina con Paraguay y Bolivia; o con Uruguay. Pero esto no significa que existan relaciones de tipo semicolonial entre estos países. Por ejemplo, Argentina presiona a Uruguay por la construcción del puerto de aguas profundas que alienta el gobierno de Mujica, sin que ello implique que Uruguay sea semicolonia argentina. Estas presiones derivan del modo de producción capitalista, y son ineludibles en tanto exista la propiedad privada y el mercado mundial. Son consustanciales a la naturaleza competitiva del capital, a la persecución de objetivos propios de las diferentes burguesías y a la defensa de sus intereses (al pasar, ¿en qué queda la pretendida “unidad latinoamericana”?).

Es puro utopismo pequeño burgués pensar que un país capitalista puede abstraerse o modificar esta dinámica objetiva. La dependencia económica de los países atrasados con respecto a las grandes potencias no se puede eliminar con la liberación nacional, que atañe a lo político. Es una dependencia que está asociada al desarrollo internacional desigual de las fuerzas productivas. Por eso, un programa socialista sería reaccionario (en el sentido del atraso de la ciencia y la tecnología) si propusiera desarrollos autárquicos, y basados en los particularismos nacionales. Una “liberación nacional” a lo Corea del Norte no es “liberación” en ningún sentido de mejora de las condiciones de vida de las masas trabajadoras, ni de las condiciones para terminar con toda forma de explotación, que es lo que en definitiva importa.

Planteos conectados

El tema tratado en esta nota enlaza con otros planteos que he presentado en este blog. Una primera cuestión es que no tiene sentido decir que actualmente el país dependiente típico es explotado (seguramente en este punto tengo una diferencia con el planteo de Lenin). Es que en la actualidad la relación económica predominante, en los países dependientes, es capitalista, y por lo tanto la extracción del excedente opera a través de la generación y apropiación de plusvalía, de la queparticipan los capitales según su fuerza relativa, sean nacionales o extranjeros; la cuestión del colonialismo en esto no interviene. Pero si los capitales nativos de los países dependientes participan de la explotación según su fuerza relativa, no tiene sentido decir que son explotados, u oprimidos, por los capitales extranjeros; más bien son socios en la explotación del trabajo. Éste es un punto en el que mantengo una fuerte diferencia con buena parte de la izquierda “nacional”, que piensa que la burguesía criolla es “semi-oprimida” por el imperialismo (según Trotsky, 1937, la burguesía de los países semicoloniales sería una clase “semi-gobernante, semi-oprimida”). Los países dependientes y atrasados hoy no están sometidos al saqueo y pillaje por vía de la dominación colonial, y por lo tanto no tiene sentido afirmar que “la nación” (esto es, comprendiendo a su clase dominante) está oprimida, o explotada en alguna forma.

Para expresarlo con nombres, en Argentina los grupos Socma, Techint, Lázaro Báez, Bulgheroni, Clarín, Macro, Arcor, Pescarmona, Grobo y similares, no son explotados, sino explotadores. Algo similar ocurre con los grandes grupos económicos mexicanos, chilenos, malayos o indios. Pueden estar asociados con capitales extranjeros, sean financieros, comerciales o productivos, pero no por ello están colonizados. Lo mismo se puede decir de los inversores argentinos (o de cualquier otro país atrasado) que realizan inversiones directas en otros países, o colocan fondos en los grandes centros financieros internacionales. Sus intereses están entrelazados con los del gran capital. Un funcionario argentino que invierte sus dinerillos en un paraíso fiscal, no es un explotado por el capital financiero internacional; es alguien que ha participado, y se ha beneficiado, de la explotación de la clase obrera de “su” país, y se sigue beneficiando de la explotación del trabajo a nivel global. En definitiva, la clase dominante argentina, como la de cualquier otro país dependiente, no es “semi-oprimida” ni “semi-explotada”, como aparecía en la visión tradicional basada en la caracterización “Argentina semicolonia”. Por esta razón, tampoco tiene sentido sostener que la clase obrera europea o estadounidense participa de la explotación de la clase obrera del llamado tercer mundo, como sostienen algunos marxistas “nacionales” (hace algunos años, escuché por televisión a la por entonces diputada Ripoll decir que los trabajadores españoles gozaban de “altos salarios” porque las empresas españolas sobre-explotaban a los trabajadores argentinos).

En segundo término, la evolución de la mayoría de los países de colonias a países capitalistas dependientes, no se puede comprender si se sigue aferrado a la idea de que la entrada del capitalismo europeo en la periferia sólo generó retroceso de las fuerzas productivas o estancamiento. O que la oligarquía terrateniente nunca podría evolucionar hacia alguna forma de capitalismo agrario. Se trata de una tesis que se instaló en la izquierda a partir de 1934 (séptimo congreso de la Internacional Comunista), y se mantuvo, con pocas variantes, hasta el día de hoy. Por eso es tan común que la izquierda “nacional” diga que Marx se equivocó cuando pronosticó que en el largo plazo la entrada de los ferrocarriles británicos en India terminaría generando capitalismo indio (y buena parte de la izquierda “ortodoxa” guarda prudente silencio sobre el asunto).

Por eso también, casi nadie quiere recordar los pasajes en los que Lenin planteaba que la entrada del capital extranjero en las colonias daría lugar al desarrollo de fuerzas productivas capitalistas en esos territorios. Según la visión “estancacionista”, en las periferias sólo podían reinar el atraso y el saqueo colonial, de manera que el desarrollo capitalista estaba “bloqueado” (término empleado por Samir Amin, o Ernest Mandel) en algún sentido fundamental. Sin embargo, la predicción de Marx se mostró más acertada que el enfoque estancacionista (véase aquí). Indudablemente, la entrada del capital en el Tercer Mundo, del brazo del colonialismo, provocó enorme devastación y retroceso (véase Bairoch, 1982), y esta situación es el elemento de verdad que tienen las tesis estancacionistas. Pero también generó, dialécticamente, las condiciones para que surgiera una fuerza social burguesa, con raíces propias. En la Argentina dependiente del siglo XIX, por caso, las inversiones británicas de ferrocarriles, alentadas por los gobiernos tradicionalmente considerados pro oligárquicos y pro capital extranjero -Mitre, Sarmiento, Avellaneda- también alentaron, en definitiva, un desarrollo capitalista. Puede, con toda razón, considerárselo un desarrollo tecnológicamente atrasado y desarticulado, pero no dejó de ser desarrollo capitalista. Obsérvese que desde la perspectiva que estoy defendiendo, un libro como Facundo, de Sarmiento, no es la expresión de un programa de desarrollo colonial, como sostiene la corriente nacional, sino capitalista; más precisamente, de acumulación originaria -esto es, por medio de la violencia- capitalista.

El desarrollo capitalista, por otra parte, hace que en la actualidad sea más visible la distancia que media entre los países dependientes, y las colonias y semicolonias que analizaba Lenin. Más aún, hoy la exportación de capitales desde países atrasados, y el surgimiento de  grupos con intereses globales y raíces en los países atrasados, introducen nuevas complejidades en las relaciones de dependencia. En 2000 la participación de los países atrasados en la inversión extranjera directa mundial era del 12%; en 2012 fue del 35% (los BRICS, esto es, Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica son los mayores inversores; UNCTAD, 2013)). En 2011 el 42% del stock de IED de los BRICS estaba en países adelantados (y el 34% en EEUU). En 2012, entre los 20 países inversores más importantes del mundo estaban China (segundo lugar, con 123.000 millones de dólares); Rusia, en el octavo lugar (con 51.000 millones de dólares); Corea, en el puesto 13; México en el 15; Singapur en el 16 y Chile en el 17 (con 21.000 millones de dólares; fuente UNCTAD 2013). En la lista Fortune 2012 de las 500 empresas globales más poderosas del mundo, 73 empresas eran de China, 13 de Corea del Sur, 8 de Brasil, 8 de India, 7 de Rusia, 6 de Taiwán, 3 de México, 2 de Singapur, y con una empresa figuraban Malasia, Colombia, Tailandia, Venezuela, Arabia Saudita y Emiratos Árabes. Según el McKinsey Global Institute, de las 8000 empresas que a nivel mundial producen ingresos superiores a 1000 millones de dólares anuales, el 26% pertenece a países atrasados. No estamos diciendo con esto que Malasia o Brasil se equiparan con Japón o EEUU, sino significando que hubo un desarrollo capitalista, y que las burguesías de muchos países atrasados en absoluto pueden ser consideradas simples marionetas de los capitales de las grandes metrópolis.

El desarrollo también involucró a las famosas “oligarquías terratenientes parasitarias”. Por ejemplo, en Argentina, cuando se dieron las condiciones, los grandes propietarios de la tierra en la Pampa Húmeda invirtieron en la producción de soja y maíz, y avanzaron por una vía capitalista. Se puede discutir si es un avance tecnológico mayor o menor que el de los países adelantados, pero no hay dudas de que se trató de un desarrollo capitalista. Lo mismo sucedió con otras esferas de la actividad económica: surgió un capitalismo con bases propias, que actúa en conveniencia con el capital extranjero. Se confirma también que esta evolución terminó acentuando la relación de las economías de estos países con el mercado mundial, y con el capital mundial. El desarrollo capitalista da como resultado que todas las economías sean hoy cada vez más interdependientes. La discusión sobre la “cuestión nacional” (y la famosa “burguesía nacional”) en países como Argentina, se resuelve en la intelección de estos desarrollos.

Liberación nacional y contradicción capital trabajo

Como no podía ser de otra manera, las diferencias en torno a estas cuestiones desembocan en diferencias en torno al carácter de las luchas sociales y políticas, y los programas que deberían defender los socialistas en los países atrasados. En la visión “a lo Milcíades Peña”, el problema fundamental sería lograr la liberación nacional. El enfrentamiento de la clase obrera con la burguesía se plantea, desde esta óptica, no porque el capital implique una relación de explotación, sino porque juega un rol contrarrevolucionario en relación a la liberación nacional. Volviendo al escrito de Peña, ya citado: “Ante todo, la clase obrera se enfrenta a la burguesía porque ésta es una clase básicamente antinacional y contrarrevolucionaria desde el punto de vista de la realización de las grandes tareas revolucionarias de la nación. Por eso la tendencia a poner en primer plano los antagonismos entre el proletariado y la burguesía nacional olvidando el antagonismo entre la nación y el imperialismo es sin duda condenable, pero igualmente condenable, igualmente nocivo y contrarrevolucionario, es el intento de ocultar, frenar y taponar la lucha de clases en supuesto beneficio de la lucha nacional antiimperialista” (pp. 159-160).

Este pasaje sintetiza en buena medida las diferencias entre Peña (y el trotskismo, la corriente de la dependencia y similares), por un lado; y la izquierda nacional (incluido el stalinismo), por el otro. Pero también permite ver la distancia entre el planteo de esta nota, y el de Peña (y los trotskistas). De acuerdo al enfoque que defiendo, hay que poner en primer plano el antagonismo entre el capital y el trabajo, no porque esté pendiente alguna tarea histórica de liberación nacional, sino porque domina un modo de producción basado en la explotación del trabajo por el capital, sea este último nativo o extranjero. Lo cual conecta, inevitablemente, con la perspectiva internacionalista.

Por otra parte, también pierde sentido el apoyo “crítico” a partidos o corrientes políticas por su pretendido “antiimperialismo”. Una cuestión que, en determinadas coyunturas, ha marcado líneas políticas y mensajes cargados de sentido “nacional”. Por ejemplo, en 2002 muchos dirigentes de la izquierda argentina apoyaron la candidatura de Lula a la presidencia de Brasil, con el argumento de que enfrentaba al imperialismo de EEUU. Así, Vilma Ripoll, del Movimiento Socialista de los Trabajadores, explicaba que el triunfo de Lula terminaría “con años de gobiernos directos del FMI y las multinacionales” (Página 12, 27/10/02); según esta visión, el gobierno de Fernando Henrique Cardoso había sido de tipo semicolonial (cipayo, agente del imperialismo), y con Lula el país, y América Latina, avanzaban hacia su independencia. Luis Zamora se expresaba en términos semejantes: aconsejaba votar por Lula “para enfrentar a EEUU y su política militarista de dominación” (ídem). Estos dirigentes no podían ubicar el programa de gobierno del PT en los marcos de un gobierno más o menos “normal” (y bastante conservador, por cierto) de un país dependiente. Tampoco advertían que las políticas fundamentales de Cardoso (privatizaciones, énfasis en reducir el déficit fiscal, promoción de condiciones para invertir) no obedecían a “dictados” de Washington, sino derivaban de la lógica del capital “en general”, con anclaje en el mismo Brasil. En esta visión “nacional marxista”, la historia queda reducida, en última instancia, a una interminable sucesión de “traiciones” a los intereses de la patria oprimida.

No se trata de errores debidos a falta de información, sino son el resultado de una concepción globalmente equivocada, cuya raíz última es la incomprensión de las tendencias que operan a nivel del capitalismo mundial. En definitiva, volver sobre la distinción leninista entre países dependientes y coloniales y semicoloniales, y su relación con las evoluciones del capitalismo, puede ser fructífero para la elaboración de los programas y líneas de acción del socialismo en los países atrasados.

 

Sobre la tradición revolucionaria popular

Un intercambio con Ramón Franquesa

Discutir sobre los rasgos esenciales del jacobinismo –entendido en su acepción original, no en la forma desnaturalizada en que suele ser aludido hoy– no es asunto baladí, aunque a primera vista pueda parecer algo remoto, de interés exclusivamente académico. Porque lo que se discute son las raíces y el futuro de la democracia. Nada menos.

En  febrero se publicó un importante artículo de Ramón Franquesa titulado Bolívar y el socialismo del siglo XXI. En ese texto su autor reflexiona, a la luz del actual proceso revolucionario venezolano, sobre la tradición revolucionaria europea desde sus orígenes.

Ramón Franquesa parte, en consecuencia, de la Revolución francesa, a la que considera con razón como hecho histórico fundador de las revoluciones de la contemporaneidad. En el resumen que hace de los acontecimientos acaecidos durante la misma, Franquesa opta por una determinada matriz interpretativa, según la cual los jacobinos, y Robespierre a su cabeza, serían los propugnadores de un proyecto burgués de sociedad y economía, y para conseguirlo no dudarían en emplear la violencia más feroz e imponer la dictadura. En contrapartida, Hebert y otros dirigentes populares encabezarían la opción revolucionaria proletaria. La actual izquierda revolucionaria, según esa clásica interpretación que recoge Ramón Franquesa, sería heredera de la tradición hebertista, en la que se habría inspirado Babeuf, primer revolucionario comunista, enfrentado con Robespierre. Tras Babeuf, Buonarrotti seguiría sus pasos y nos legaría la memoria de la práctica revolucionaria de nuevo cuño, instaurada por Babeuf siguiendo a Hebert.

Una primera objeción

Y sin embargo, no sería ésta la interpretación que Engels había sostenido sobre el jacobinismo y la revolución. Escribe Engels, por ejemplo, en 1891: “Está absolutamente fuera de duda que nuestro partido y la clase obrera sólo pueden llegar a la dominación bajo la forma de la república democrática. Esta última es incluso la forma específica de la dictadura democrática del proletariado, como lo ha demostrado ya la Gran Revolución francesa. (…) Así pues, República unitaria. Pero no en el sentido de la presente república francesa, que no es otra cosa que el Imperio sin el emperador, fundado en 1798. Desde 1792 a 1798, cada departamento francés, cada comunidad poseían su completa autonomía administrativa, según el modelo norteamericano, y eso debemos tener también nosotros. Norteamérica y la primera república francesa nos han mostrado cómo se debe organizar esa autonomía…”.1 La interpretación que Engels hace de su relación con el legado de la Revolución francesa es, como se puede ver, nada “rupturista” con el periodo que va de 1792 hasta la promulgación de la Constitución del año III, la cual liquida la democracia y es seguida por el golpe de estado del Directorio. Ese periodo elogiado por Engels es caracterizado por él como una época de democracia de base o directa y de libertad de las masas. Pero esto incluye una valoración sumamente positiva de los dirigentes de ese periodo y en especial del que los simboliza entre 1792 y 1794: Robespierre. ¿Qué significa todo esto? Puesto que estamos ante una reflexión sobre los orígenes de nuestra tradición y los textos fundacionales son los atribuidos, con razón, a Babeuf y a Buonarrotti, es conveniente acudir a la reproducción de citas de ambos autores.

Babeuf y Buonarroti en vivo y en directo

Existe una carta reproducida en todas las ediciones de escritos de Babeuf 2 y que suele ser titulada “Carta al ciudadano Joseph Bodson”; es del 28 de febrero de 1796. El lector debe reparar en la fecha. Babeuf y los iguales serán detenidos el 10 de mayo de 1796 y estarán en la cárcel hasta su condena a muerte –27 de mayo de 1797– y su posterior ejecución. 3 Al comienzo mismo de la carta, Babeuf expresa ya que él nunca ha cambiado de principios; no hay, según él mismo, por tanto, un joven Babeuf jacobino y un Babeuf maduro opuesto al mismo y ya comunista. Pero dejo al lector que juzgue por sí mismo. Escribe Babeuf:

Luis XVI tocado con el gorro frigio

“(…). Mi opinión sobre los principios no ha cambiado nunca. Pero sí ha cambiado la que tenía de algunos hombres. Hoy confieso de buena fe no haber visto claro, en ciertos momentos, el gobierno revolucionario, ni a Robespierre, Saint Just., etc. (…) Creo que estos hombres valen más ellos solos que todos los revolucionarios juntos, y que su gobierno dictatorial 4 estaba endiabladamente bien pensado. Todo lo que ha pasado desde que el gobierno y los hombres ya no existen, justifica quizá esta afirmación. No estoy en absoluto de acuerdo contigo en que han cometido grandes crímenes y han matado a muchos republicanos. Creo que no a tantos: es la reacción Termidoriana la que ha matado a muchos. No entro a juzgar si Hebert o Chaumettte eran inocentes. Aunque esto fuera cierto continúo justificando a Robespierre. Este último podía tener con razón el orgullo de ser el único capaz de conducir a su verdadero fin el carro de la Revolución. Intrigantes, hombres de cortos alcances, según él , y quizá también según la realidad; tales hombres, digo yo, ávidos de gloria y llenos de presuntuosidad, tales como Chaumette, pueden haber sido percibidos por Robespierre como dispuestos a disputarle la dirección del carro. Entonces, quien tenía la iniciativa, quien tenía la impresión de su capacidad exclusiva, ha debido ver que todos esos ridículos rivales, incluso los de buenas intenciones, lo entorpecerían y echarían a perderlo todo. Supongo que él se ha dicho: metamos bajo el apagavelas a todos esos duendes inoportunos y a los de buenas intenciones. Mi opinión es que hizo bien. La salvación de veinticinco millones de hombres no puede quedar amenazada por la consideración tenida hacia algunos individuos ambiguos. Un regenerador lo tiene que ver todo en su conjunto. Debe eliminar todo lo que molesta, todo lo que obstruye su paso, todo lo que puede retrasar su llegada al fin que se ha fijado. Bribones, o imbéciles, o presuntuosos y ambiciosos de gloria, es igual, tanto peor para ellos. ¿Por qué se metían en esto? Robespierre sabía todo esto, y es esto en parte lo que me hace admirarlo. Esto es lo que me hace ver en él al genio en el que residían verdaderas ideas regeneradoras. Es verdad que estas ideas te podían comprometer a ti al igual que a mí ¿Qué importancia hubiera tenido eso si finalmente la felicidad común se hubiera realizado? No sé, amigo mío, si tras esas explicaciones puede estarles permitido a los hombres de buena fe como tú seguir siendo hebertistas. El hebertismo es una afección estrecha en esta clase de hombres. Ésta no les permite ver más que el recuerdo de algunos individuos, y el punto esencial de los grandes destinos de la República se les escapa. No creo, como tú, que sea impolítico, ni superfluo, evocar las cenizas y los principios de Robespierre y de Saint Just para apuntalar nuestra doctrina. En primer lugar no hacemos otra cosa que rendir homenaje a la gran verdad sin la que estaríamos por debajo de una justa modestia. Esa verdad es que no somos más que los segundos Gracos de la revolución francesa. ¿No resulta útil aún señalar que no innovamos nada, que no hacemos nada más que suceder a los primeros generosos defensores del pueblo, que antes que nosotros habían señalado el mismo objetivo de justicia y felicidad que el pueblo debe alcanzar? Y en segundo lugar, despertar a Robespierre es despertar a todos los patriotas enérgicos de la República, y con ellos al pueblo, que en otra época solamente a ellos seguía y escuchaba. Son nulos o impotentes, están, por así decir, muertos, estos enérgicos patriotas, estos discípulos de quien se puede decir que fundó la libertad aquí. Son, digo, nulos e impotentes desde que la memoria de este fundador está cubierta por una injusta difamación. Devolvedle su primitivo brillo legítimo y todos sus discípulos se levantarán y triunfarán muy pronto. El “robespierrismo” aterra de nuevo a todas las facciones; el “robespierrismo” no se parece a ninguna de ellas, no es ficticio ni limitado. El “hebertismo”, por ejemplo, sólo existe en París, entre una minoría y aún así sujeto con andadores. El “robespierrismo” existe en toda la República, en toda la clase juiciosa y clarividente y naturalmente en todo el pueblo. La razón es simple, es que el “robespierrismo” es la democracia y estas dos palabras son perfectamente idénticas: al poner en pie el “robespierrismo” podéis estar seguros de poner en pie la democracia (…)”

Como el lector puede juzgar, Babeuf asume como propio en su totalidad el legado y también la práctica política de Robespierre. Si él se considera un segundo Graco, es porque ya Robespierre ha sido el primero: es decir, el tribuno defensor de la igualdad de la propiedad. El proyecto social de Babeuf es el de Robespierre, según aquél mismo declara. Recordemos, además, que para Babeuf Robespierre es el nombre sinónimo de “democracia”; esto debe ser muy destacado porque democracia es una singular variante del republicanismo histórico o régimen en el que el bien común debe estar por encima del de cada ciudadano particular, y cada ciudadano debe intervenir directamente en la acción política de la república. Esa particular variante de republicanismo expresada por el término “democracia” se caracteriza tradicionalmente de esta manera: “Hay oligarquía cuando los que tienen riqueza son dueños y soberanos del régimen; y por el contrario, hay democracia cuando son soberanos los que no poseen gran cantidad de bienes, sino que son pobres. (…) Y necesariamente cuando ejercen el poder en virtud de la riqueza ya sean pocos o muchos, es una oligarquía, y cuando la ejercen los pobres, es una democracia. Pero sucede, como dijimos, que unos son pocos y otros muchos, pues pocos viven en la abundancia, mientras que de la libertad participan todos. Por esa causa unos y otros se disputan el poder.”5

Tipos populares franceses de la época revolucionaria. Grabado anónimo; s. XVIII.

Podemos leer también cómo la violencia desarrollada por Robespierre, según Babeuf, es de todo punto razonable, y además –esto es lo más notable– escasa.

Paso ahora a reproducir una cita del otro teórico fundador del pensamiento revolucionario comunista. Me refiero a Philippe Buonarroti. La obra fundamental de este autor es, como sabemos Conspiration pour l´egalité, dite de Babeuf. La obra de Buonarroti apareció en 1828. Demos la palabra a Buonarroti; él escribe lo siguiente en esta obra: 6

“Los acontecimientos posteriores, creo, han demostrado que los demócratas no fueron jamás numerosos en la convención nacional; fue necesario, con mucho, que la insurrección del 31 (de mayo de 1793) consiguiese transmitir la suprema influencia a los únicos amigos sinceros de la igualdad: sus falsos e interesados defensores parecieron triunfar con la misma, pero, destructores activos en provecho de sí mismos, estos se arrojaron en brazos del sistema que habían combatido, cuando fue necesario reedificar a favor del pueblo.

”Entre los hombres que brillaron en la arena revolucionaria hay algunos que desde el comienzo se pronunciaron a favor de la liberación real del pueblo francés; Marat, Robespierre y Sain Just constan gloriosamente junto con algunos otros en la lista honorable de defensores de la igualdad. Marat y Robespierre atacaron de frente el sistema antipopular que prevaleció en la asamblea constituyente; dirigieron, antes y después del 10 de agosto, los pasos de los patriotas: llegados a la convención, ellos fueron el blanco del odio y de las calumnias del partido del egoísmo, al que ellos confundieron; se elevaron, durante el proceso contra el rey, hasta la más alta filosofía, tuvieron una enorme importancia en los acontecimientos del 31 de mayo y los días siguientes, en los que los falsos amigos de la igualdad perdieron definitivamente su feliz influencia (…)” “Pero algunos de quienes habían participado en la redacción de la constitución (1792), denominada posteriormente democrática por los patriotas, sentían que ella por sí sola no podía garantizar a los franceses la felicidad que ellos exigían: pensaban que la reforma de las costumbres debía anteceder al disfrute de la libertad: sabían que antes de conferirle al pueblo el ejercicio de la soberanía, era necesario devolverle el amor general hacia la virtud; sustituir la avaricia, la vanidad y la ambición, que sostenían entre los ciudadanos una guerra perpetua, por el desinterés y la modestia; aniquilar las contradicción instaurada por nuestras instituciones entre las necesidades y el amor a la independencia y arrancar a los enemigos naturales de la igualdad los medios que le permitieran confundir, aterrorizar y dividir: ellos sabían que las medidas coactivas y extraordinarias, indispensables para obrar un tan feliz y tan gran cambio son inconciliables con las formas de una organización regular; sabían en fin, y la experiencia no ha hecho sino justificarles según su propio punto de vista, que establecer sin estos preliminares el orden constitucional de las elecciones era abandonar el poder en manos de los amigos de todos los abusos, y perder para siempre jamás la oportunidad de asegurar la felicidad pública (…) Es imposible para las almas honestas negar la profunda sabiduría con la que la nación francesa fue entonces dirigida hacia un estado en el que, una vez alcanzada la igualdad, hubiese podido gozar pacíficamente de una constitución libre. No seremos suficientemente capaces de admirar nunca la prudencia con la que estos ilustres legisladore s, poniendo hábilmente de su parte los fracasos y las victorias, supieron inspirar a la gran mayoría de la nación, la abnegación más sublime, el desprecio de las riquezas, de los placeres y de la muerte, y conducirlos a proclamar que todos los hombres tienen un derecho igual a los pro – ductos de la tierra y de la industria (…) desde la proclamación del acta constitucional de 1793 y del decreto que instauró el gobierno revolucionario, la autoridad y la legislación se hacían cada día más populares. Un entusiasmo tan santo como novedoso se apoderó del pueblo f rancés; se form a ron innumerables ejércitos como por ensalmo; la república no fue sino un enorme taller para la guerra: la juventud, la gente madura y la ancianidad rivalizaban en patriotismo y valor; en poco tiempo un enemigo temible fue rechazado hasta las fronteras mismas que él había invadido o que la traición le había entregado. En el interior, las facciones fueron sometidas, todos los días veían eclosionar medidas legislativas tendentes a aumentar la esperanza de la clase numerosa de los desafortunados, a dar valor a la virtud y a restablecer la igualdad. Lo superfluo fue dedicado a los desafortunados y a la defensa de la patria. Se proveyó, mediante requisas de bienes de primera necesidad y de mercancías, de préstamos forzosos, de tasas revolucionarias y de la inmensa generosidad de los buenos ciudadanos, al sostenimiento de un millón cuatrocientos mil guerreros, y del pueblo, cuya audacia republicana los ricos se proponían domesticar mediante la hambruna.

Maximilien Robespierre

”La instauración de almacenes de abundancia, las leyes contra los acaparamientos, la proclamación del principio según el cual se le confiere al pueblo la propiedad de los bienes de primera necesidad, las leyes a favor de la extinción de la mendicidad, las elaboradas a favor de la distribución de los auxilios nacionales, y la Comunidad [“communauté”] que reinaba entonces de hecho en medio de la generalidad de los franceses, fueron algunos de entre estos preliminares de un orden nuevo, cuyo plan se encuentra diseñado con trazos inefables en los famosos informes del comité de salud pública, y fundamentalmente en los que Robespierre y Saint Just pronunciaron desde la tribuna nacional. (…) La sabiduría con la que él [el gobierno revolucionario] preparó un orden nuevo mediante la distribución de los bienes y de los deberes no podrá escapar a las miradas de los espíritus rectos. No se limitarán éstos a ver cómo se expresaba el reconocimiento nacional al distribuirse las tierras prometidas a los defensores de la patria, y con el decreto que ordenaba la distribución entre los desafortunados, de los bienes de los enemigos de la revolución que debían ser expulsados de territorio francés. Verán, en la confiscación de los bienes de los contra revolucionarios condenados, no una medida fiscal, sino el vasto plan de un reformador. Y cuando, tras haber considerado el cuidado con el que se propagaron los sentimientos de fraternidad y de beneficencia, la habilidad con la que se supo cambiar nuestras ideas de felicidad, y esa prudencia que alumbró en todos los corazones un virtuoso entusiasmo a favor de la defensa de la patria y de la libertad, ellos se percaten del respeto acordado a las costumbres simples y buenas, la proscripción de las conquistas y de las superfluidades, las grandes asambleas del pueblo, los proyectos de educación común, los Campos de Marzo, las fiestas nacionales; cuando piensen en el establecimiento de ese culto sublime que, fundiendo las leyes de la patria con los preceptos de la divinidad, multiplicaba por dos las fuerzas del legislador y le daba los medios para extinguir en poco tiempo todas las supersticiones y para realizar todos los portentos de la igualdad; cuando se acuerden de que, al apoderarse del comercio exterior la república había cortado la raíz de la avidez más devoradora, y cegado la fuente más fecunda de necesidades artificiales; cuando consideren que, gracias a las requisas, ella disponía de la mayor parte de los productos de la agricultura y de la industria, y que los artículos de primera necesidad y el comercio constituían ya dos grandes ramas de la administración pública, se verán forzados a proclamar: ¡Un día más, y la felicidad y la libertad de todos hubiera quedado asegurada por las instituciones que ellos no cesaron de exigir!

Miembros de un comité revolucionario camino del cadalso

Pero el destino había ordenado otra cosa, y la causa de la igualdad que jamás había obtenido un éxito tan grande, debió sucumbir bajo los esfuerzos juntos de todas las pasiones antisociales”.

En las páginas 51, 52 y 53, Buonarrotti incluye una nota al pie de página, de más de setecientas palabras, que no reproduzco, en la que critica a Danton y a Hebert, en pie de igualdad, por tener por igual la responsabilidad de haber combatido, calumniado, debilitado, traicionado y derrotado a Robespierre, con lo cual participaron activamente en la liquidación de la Revolución al lado de las fuerzas procapitalistas.

Como hemos podido comprobar la obra de Buonarroti versa sobre la Revolución francesa. Su intención evidente es hacer comprensible para la nueva generación de revolucionarios de los años 30, que se habían encontrado con el muro de silencio impuesto por el terror reaccionario y las calumnias y no habían conocido la experiencia revolucionaria por sí mismos, las ideas de la Revolución francesa. Si bien el pensamiento y las tradiciones políticas plebeyas de la Revolución francesa se mantuvieron vivas clandestinamente a través de las corporaciones de obreros, 7 la obra de Buonarroti fue fundamental tanto para el conocimiento del cuerpo teórico de la Revolución f rancesa como para su conocimiento historiográfico, pues fue la primera historia de la Revolución elaborada desde la izquierda y mantuvo en solitario durante décadas ese doble honor. Por tanto es una obra de caudal importancia en el resurgir del pensamiento revolucionario europeo.

El lector que haya leído ambas citas habrá quedado de seguro sorprendido por ambos textos. Los dos padres del comunismo, Babeuf y Philippe Buonarroti, declaran su admiración sin límites hacia Robespierre, se autoproclaman seguidores o discípulos de Robespierre y continuadores de sus mismas ideas. Consideran además, que el programa de Robespierre era la igualdad, entendida como igual libertad real de todos; esto es, el comunismo. La continuidad intelectual respecto del proyecto político de Robespierre, y no otra cosa, es la idea afirmada por estos dos comunistas. En el texto de Buonarroti que comenta las medidas y los proyectos de Robespierre se insiste, como es propio de un autor que además de comunista es continuador del pensamiento clásico de la tradición republicana, en que la libertad es la característica fundamental inherente de cada ciudadano, cuya carencia inhabilita a todo individuo para ser ciudadano. Y que sin independencia económica que posibilite la no supeditación de cada individuo a la voluntad de otro, es imposible la libertad; por ello, la democracia, que es el imperio de la soberanía de los pobres en la república, exige que se tomen medidas para que todos los pobres se vean libres de esclavitud –en la Europa del siglo XVIII se consideraba esclavo al asalariado por cuenta ajena, es decir, al allieni iuris, al enajenado– y puedan pensar y obrar con libertad, como corresponde al ciudadano, sin verse sometidos a extorsión por otros de quienes dependen para resolver sus necesidades –“aniquilar la contradicción instaurada por nuestras instituciones entre las necesidades y el amor a la independencia” etcétera. 8

Para remachar la interpretación de estos dos revolucionarios que fueron testigos de la Revolución francesa, no quiero dejar de recordar que Robespierre fue quien escribió: “las revoluciones que se han sucedido desde hace tres años lo han hecho todo por las otras clases de ciudadanos, casi nada aún por la quizá más necesitada, por los ciudadanos proletarios –proletaires– cuya única propiedad está en el trabajo. El feudalismo ha sido destruido, pero no para ellos; pues nada poseen ellos en los campos liberados (…) Comienza ahora la revolución del pobre –Ici est la révolution du pauvre. 9

Jean-Paul Marat

Deseo dejar constancia también de que ese “tiránico” Robespierre no disponía de ningún cargo burocrático, ni militar, ni policial, con la salva excepción de ser un convencional o parlamentario democráticamente elegido, y que muy tardíamente se incorporó al comité de salud pública, donde era considerado un “moderantista”. Recordemos también que el famoso organismo, tan denostado, era un comité del parlamento que, como tal, rendía cuentas cada mes ante la Convención, la cual revisaba su composición con esa misma periodicidad. Y que el comité era un tribunal judicial de excepción, pero no un órgano ejecutivo, ni un cuerpo de policía, instrumento que no existió hasta que lo inventaron los liberales –Napoleón–. El comité estaba formado por un pequeño grupo de diputados, no por un cuerpo general integrado por cientos o miles de policías y funcionarios –¿cómo, pues, matar a mansalva?–, y su misión era la persecución y el juicio del delito de sabotaje en la ejecución de las leyes promulgadas por la Convención a manos de los funcionarios contra revolucionarios, es decir, la afirmación y salvaguarda de la legalidad. Y recordemos que Robespierre conseguía imponer su voluntad en la Convención porque era simple transmisor orgánico de la voluntad de la plebe organizada y movilizada; y por eso era tan odiado. Y que esta es la verdad que conoció siempre el movimiento demo-revolucionario del siglo XlX . Escribe Louis Blanc, defendiendo a Robespierre: “no es posible desempeñar un gran papel en la historia si no es a condición de ser lo que yo llamo un hombre representativo. La fuerza que los individuos poderosos poseen, no la extraen de sí mismos más que en muy pequeña parte: ellos la extraen sobre todo del medio que les rodea. Su vida no es sino un concentrado de la vida colectiva en el seno de la cual se encuentran sumergidos. El impulso que imprimen a la sociedad es poca cosa en el fondo comparado con el impulso que ellos reciben de la misma. (…) Al atacarlos o al defenderlos, lo que se ataca o defiende es la idea que se ha encarnado en ellos, es el conjunto de aspiraciones que ellos han representado”. 10

Precisamente por no tener mando de tropas, ni desempeñar cargo político ejecutivo alguno, cuando “la revolución se congela” y las masas se desmovilizan Robespierre y los suyos pueden ser asesinados, y no al revés. 11

Esta interpretación sobre la Revolución francesa, atenida a la verdad, como revelan las fuentes, era la que se mantenía durante el siglo XIX en las filas de la izquierda democrática revolucionaria y es el modelo que inspiraba su práctica política. La plebe organizada en sujeto soberano, el proletariado, las nueve décimas partes de la población, debía luchar por constituirse en poder, e instaurar ese régimen de los plebeyos denominado “democracia”. La tarea de los individuos más decididos moralmente debía ser la de servir orgánicamente al movimiento y, antes de la existencia del mismo, la de tratar de impulsar la constitución de la plebe en sujeto organizado. Esta idea recorre la obra de todos los pensadores demo-revolucionario de la época, y entre ellos, Marx y Engels. Recordemos que en el Manifiesto comunista advierten contra toda intervención elitista: la tarea de los comunistas no es otra que la de los demás partidos obreros: constituir el proletariado en clase: en fuerza deliberante y operante, y por tanto en soberano; conquistar la democracia. Todo otro tipo de actuación que pretenda dirigir, desde un supuesto saber previo, la marcha de la emancipación está incluida en el capítulo, 3 bajo el título “El socialismo y el comunismo crítico utópicos”. Por cierto que la primera frase de ese capítulo, en la que define a los únicos excluidos de tal crítica, reza así: “No se trata aquí de la literatura que en todas las grandes revoluciones modernas ha formulado las reivindicaciones del proletariado (los escritos de Babeuf, etc)”. Expresar por escrito las reivindicaciones del Soberano organizado es la tarea orgánica a la que se limita el trabajo de los mandatados, y Babeuf fue uno de ellos. Por lo tanto, él no era un utópico

La madre del cordero

La interpretación histórica que estoy criticando ha sido propalada desde la izquierda. ¿Cuál es la causa oculta que hay detrás de todos esos enjuagues y falsificaciones sobre la Revolución francesa? Una doble necesidad. Por una parte, la necesidad de liquidar la Revolución francesa, esto es, el democratismo jacobino, como modelo que “azuza” a la plebe a creerse soberana. Por otra, la necesidad de reelaborar una interpretación sobre algunos clásicos del pensamiento revolucionario, que, incorporados al santoral de la izquierda, era imposible condenar a priori, y había que “reconstruir”. Tras la comuna de París y la gigantesca derrota de la izquierda en Europa durante el último tercio del siglo XIX , las organizaciones obre ras alemanas pasaron a ser la fuerza orientadora. Pero el partido socialdemócrata alemán era de raíz lassalleana, y por lo tanto, una organización basada en la teoría liberal de elites. Unos dirigentes, poseedores del saber científico –positivismo científico– que los dotaba de excelencia frente a los ignaros humildes, debían orientar a los explotados sobre sus intereses y sus fines. 12 La democracia plebeya revolucionaria, resultado de la organización de la plebe en sujeto deliberante era algo lejano y temible para esta concepción de la política. Se trataba de eliminar la tradición demo-jacobina que se basa en la acción protagonista y directa de la plebe organizada –la “chusma”– en política mediante la creación de un espacio público plebeyo, la deliberación colectiva y la acción directa, para sustituirla por la teoría liberal de elites. La historiografía burguesa sobre la Revolución, que exorcizaba y satanizaba convenientemente la Revolución francesa, fue asumida.

Dado que la socialdemocracia tenía entre sus santos de palo a Marx, había que proceder también a reelaborar su interpretación para alejarlo por completo de la tradición demo-revolucionaria, y se inventó un Marx en ruptura epistemológica con el pasado, que se insemina, se concibe y se pare a sí mismo, a lo sumo con la ayuda de los economistas capitalistas. Ese Marx no sería un político revolucionario de la época, sino un sabio economista –¡un Genio, por favor!– capaz de construir un nuevo continente intelectual. E via dicendo.

En cuanto a la matriz real del pensamiento de Marx y Engels, el más veraz de los socialdemócratas lo expresaría claramente justo en cuanto se muriera Engels: no es que el marxismo no sea parte de esa tradición revolucionaria jacobina; al contrario, es parte de esa tradición de “democratismo primitivo”, de “terrorismo”, de “blanquismo”, de plebeyismo descerebrado, y por eso es ya pensamiento viejo e inútil, 13pero esta atolondrada veracidad le sería reprochada: “…esas cosas se hacen, pero no se dicen”. La socialdemocracia perseveraría en el otro camino la barbarie de la Revolución y su extrañeza respecto de los santos de la propia peana.

Posteriormente el estalinismo recoge esa misma doble elaboración, porque tiene el mismo interés en borrar la forma de hacer política que surge unida a la tradición jacobina, y sustituirla por la idea, completamente ajena a esta tradición y proveniente del liberalismo, del partido de vanguardia que guía a las masas. Al comienzo de este párrafo he escrito que estas ideas son estalinistas. Soy consciente de que la noción de estalinismo no es suficiente para explicar este y otros muchos fenómenos que suceden en la izquierda. La superchería inventada para sostener la idea del partido de vanguardia, que he llamado estalinista, y que niega la continuidad del comunismo con el jacobinismo e inventa una creatio ex nihilo del marxismo, es compartida a pies juntillas por los grupos trotskistas. 14. Pero sirva el término. Y esta ha sido la causa de la existencia y pujanza de esta interpretación antijacobina de la Revolución francesa.

Epílogo

Deseo referirme antes de terminar, a otra de las ideas que Ramón Franquesa destaca del pensamiento político de Babeuf, con la que estoy plenamente de acuerdo. La idea de la felicidad. Franquesa recuerda que Babeuf defiende que el fin de la revolución es la felicidad humana, no el desarrollo de la productividad, o avance de las fuerzas productivas. Esta idea es de fundamental importancia. Pertenece a la tradición demo-republicana clásica, mediterránea, para la que la felicidad –eudaimonía, vita beata– de un individuo, que es por naturaleza un ser político- social, depende del orden político de esa sociedad, y es el motor de Robespierre, de Saint Just y de los jacobinos robespierrianos. El fin de la sociedad es la felicidad del individuo, y esto exige que sea libre y que disponga de las condiciones materiales que posibilitan su autodesarrollo individual. Consiguientemente, el objetivo a construir para lograr la felicidad es un poder político en el que la plebe sea en verdad soberana, y no simple “soberano representado”, y que permita al demos decidir mediante deliberación pública, permanentemente, qué y cómo desea su mundo. La economía es un mero instrumento puesto al servicio de la felicidad, que sirve para consolidar la libertad de los individuos plebeyos. La ordenación de la economía debe ser decidida, políticamente, por el Soberano, y no es una “variante independiente”. Hubo a principios del siglo XX un revolucionario que, tras sus primeros escarceos con la teoría liberal, o burguesa, de élites en su variante socialdemócrata –unida, como sabemos al positivismo científico: la ciencia como excelencia que señala a la nueva aristocracia que debe regir el mundo– se puso a leer historia y descubrió el jacobinismo; esto es: el principio de que la felicidad y no otra idea es el fin que orienta la revolución, lo que implica el primado de la política, y, consiguientemente, la constitución de un poder institucional estable que posibilite el protagonismo de la plebe sobre su sociedad. Este revolucionario escribió: “Dicho de otra manera (los burgueses) están dispuestos a ‘conceder’ a los obreros la libertad de huelga y de asociación (casi conquistada ya de hecho por lo mismos obreros) con tal de que éstos renuncien al ‘espíritu’ de rebeldía, al ‘revolucionarismo estrecho’, a la hostilidad a los compromisos útiles en la práctica, a la pretensión y al deseo de imprimir ‘a la revolución popular rusa’ el sello de su lucha de clase, el sello de la perseverancia proletaria, del ‘jacobinismo plebeyo’ 15”. Por tanto, idearía como fin de la revolución la instauración de un poder político plebeyo, es decir, democrático, basado en la alianza del campesinado, la clase obrera y la pequeña burguesía. Este revolucionario se tendría que enfrentar a quienes consideraban que el fin de la revolución consistía en promover el desarrollo de las fuerzas productivas, lo que significaba que había que poner Rusia en manos de la burguesía –los mencheviques– o había que proceder a exportar la revolución a los países capitalistas desarrollados de Europa para que el poder económico occidental salvase la revolución –la revolución permanente.

Por ello este neojacobino consideraría justas, respecto de la economía, aquellas medidas que fuesen resultado de la voluntad popular, y cuya instauración concitase la adhesión política activa y la movilización de las masas; no las ideas prejuzgadas desde los estados mayores políticos como apropiadas. En consecuencia, cuando los campesinos exigieron la parcelación de la tierra, él se convirtió en el primer defensor de la misma: en el intelectual orgánico ejecutor de ese proyecto: “Se dice que el decreto y el mandato [de la parcelación de la tierra] han sido redactados por los social revolucionarios. Sea así. No importa quién lo haya redactado; mas como gobierno democrático no podemos dar de lado a la decisión de las masa populares, aun en el caso de que no estemos de acuerdo con ella. En el crisol de la vida, en su aplicación práctica, al hacerla realidad en cada lugar, los propios campesinos verán dónde está la verdad. (…) La vida nos obligará a acercarnos en el torrente común de la iniciativa revolucionaria, en la concepción de nuevas formas de Estado. Debemos marchar al paso con la vida; debemos conceder plena libertad al genio creador de las masas po – pulares. (…) los campesinos han aprendido algo en estos ocho meses de nuestra revolución y quieren resolver por sí mismos todos los problemas relativos a la tierra. Por eso nos pronunciamos contra toda enmienda a este proyecto de ley (…) Confiamos en que los propios campesinos sabrán, mejor que nosotros, resolver el problema con acierto, como es debido. Lo esencial no es que lo hagan de acuerdo con nuestro programa o con el de los eseristas. Lo esencial es que el campesinado tenga la firme seguridad de que han dejado de existir los terratenientes, que los campesinos resuelvan ellos mismos todos los problemas y organicen su propia vida” 16.

El mismo principio democrático era el vigente para los obreros: “Es fácil promulgar un decreto aboliendo la propiedad privada, pero sólo los obreros mismos pueden y deben llevarla a la práctica. (…) No hay ni puede haber un plan concreto de organización de la vida económica. Nadie puede proporcionarlo. Eso sólo pueden hacerlo las masas desde abajo, por medio de la experiencia”17.

“Experiencia”. La “experiencia” no es una consecuencia de la aplicación técnica de un conocimiento científico, sino saber vivencial inherente a toda actividad individual humana o praxis. La praxis no requiere de ningún saber especial; se basa en el sentido común o doxa –opinión–, que dirige la acción y registra sus consecuencias a partir de las propias expectativas. Lenin invoca esperanzado, no las tendencias de la doxa más propensas a la reiteración, sino las más intuitivamente creativas –frónesis, prudentia– de las que está dotado el ser humano. ¿Y cuál es el estatuto epistemológico de la opinión de Lenin aquí expresada? La de un saber segundo, orgánico de la praxis, que reflexiona críticamente sobre la misma: una praxeología. Un filosofar, no un sistema filosófico.

Tras la guerra civil, Lenin validaría de nuevo la fidelidad a la alianza de los obreros con los campesinos sobre la que se basaba el régimen. Frente a los que planteaban una industrialización forzada, desarrollada a partir de un ahorro a expensas y sobre las costillas de los campesinos, para revolucionar el “modo de producción”, propugnó la NEP, simplemente, porque acogía las expectativas de la mayoría de la sociedad.

Se trata aquí de la democracia, por supuesto. Y de la democracia comprendida, no sólo como mera participación en las elecciones de representantes, sino como radicalización del poder directo de las clases subalternas sobre su vida y, en particular, sobre las condiciones materiales de las que depende ésta. Democracia, esto es, poder popular directo, estable, microfundamentado en la sociedad civil por parte del demos. Y para ello, ¿qué programa ha de ser considerado justo? El que consideren justo las masas. Esto es el jacobinismo, la búsqueda de la felicidad y como objetivo la instauración de un poder democrático a cuyo fin se instrumentan las medidas económicas.

Todos estos periodos históricos de lucha por la libertad, a los que me he referido, terminaron en derrotas de la plebe. Pero constituyen nuestra tradición y nuestro ser, porque, por propia voluntad, los asumimos como nuestro patrimonio y nos auto elegimos en ellos; en ellos nos inspiramos y de ellos aprendemos. “La causa vencedora place a los dioses; la vencida a Catón”■

* * *

Notas

  • 1. Federico Engels, Contribución a la crítica del proyecto de pro – grama socialdemócrata de Erfurt de 1891, en Carlos Marx y Fe – derico Engels, Obras Escogidas, en tres tomos , Ed. Pogreso, Moscú, 1974, tomo. 3 pp. 456 y 458. Véase también, de Engels, “La fiesta de las naciones en Londres, en ocasión de celebrarse la instauración de la Primera república francesa, el 22 de setiembre de 1792” en OME, Ed. Crítica, B., 1978, tomo 6, pp. 562 y ss. O el capítulo “movimientos proletarios” de La situa – ción de la clase obrera en Inglaterra, en el mismo tomo de OME, p 463 a 490, en especial la segunda parte del capítulo.
  • 2. Se puede encontrar p. e. en la antología de Ed. Sarpe, Fran – çois-Noel Babeuf, realismo y utopía en la revolución francesa, B. 1985, que reproduce otra anterior de Edicions 62/ Ed Península, B. 1970. También en Babeuf, Écrits, par Claude Mazauric, Messidor –Éditions Sociales, Paris, 1988, pp. 285 a 287. Este texto en francés es el que yo adopto.
  • 3. No la de Babeuf quien, junto con Darthé, al enterarse de la sentencia, se suicida en la cárcel, imitando a Catón de Útica, que se había dado muerte tras ser derrotado en el norte de África por César. Catón era uno de los héroes de Plutarco, y en consecuencia era tan admirado por Babeuf, lector asiduo de Plutarco, como el mismo tribuno Cayo Graco, de quien Babeuf había tomado el nombre. Este Catón era un símbolo del republicanismo histórico, y, en consecuencia, al proceder a suicidarse como él, Babeuf elige un emblema simbólico con el que recalcar la propia autocomprensión de sí mismo. Con ello no hace sino manifestar la continuidad ideológica con una traditio. Todas estas referencias a la antigüedad –nombre autoelegido, suicidio, etc.– muestran un Babeuf nada rupturista con la tradición intelectual.
  • 4. El texto traducido por Ed. Sarpe-Eds 62 traduce aquí “revolucionario” en vez de “dictatorial”, según el original francés
  • 5. Aristóteles, Política 1279b 1280. Ver tambiéna Platón , República. De 557a, hasta 558c: “Nace, pues, la democracia, creo yo, cuando habiendo vencido los pobres, matan a algunos de sus contrarios, a otros los destierran, y a los demás los hacen igualmente partícipes del gobierno y de los cargos, que, por lo regular, suelen cubrirse en este sistema mediante sorteo.
  • 6. Philippe Buonarroti, Conspiration pour l´egalité, dite de Ba – beuf, Éditions Sociales, París, 1957, 2 tomos; tomo 1, pp. 39, 45, 46 47, 49, 50 Esta edición es la última que se ha publicado de esta obra. En castellano no existe edición de la misma.
  • 7. Ver:William H. Sewel, Trabajo y revolución en Francia. El lenguaje del movimiento obrero del Antiguo Régimen a 1848, Ed Taurus 1992. Alain Maillard, La communauté des égaux. Le communisme neóbabuviste dans la France des annés 1840, ed. Kimé, Paris 1999.
  • 8. La palabra “comunismo” procede del término “comunidad”, communitas; y estas de “munus”, municipio en latin. Communis hace pues, referencia a la idea política de res publica o res communis, no a la idea simple de cosa tenida por varios en común; habla de comunidad políticamente organizada antes que de propiedad de algo tenida en común por varios, y procede de la traditio republicana.
  • 9. Robespierre, “Discurso sobre el plan de educación nacional de Michel Lepelletier, de julio de 1793, en Robespierre, écrits, Ed. Messidor/éditions sociales, Paris, 1989, p. 265.
  • 10. Blanc Louis, (s/f ) Leettre sur la terreur, París, Obsidianne, L´impossible terreur, p 14. WWW// gallica.bnf.fr
  • 11. Para un resumen de los argumentos historiográficos de izquierdas, y una presentación de la bibliografía pro re vo l ucionaria, a comenzar por la obra del gran Albert Matthiez , permítaseme una autocita: Joaquín Miras: “La república de la virtud” en VV AA Republicanismo y democracia, Ed. Miño y Dávila, Buenos Aire s, 2005. Con buena distribución en España.
  • 12. “La Internacional fue fundada para reemplazar las sectas socialistas o semisocialistas por una organización real de la clase obrera con vistas a la lucha (…) la organización lassalleana era, simplemente, una organización sectaria y, como tal, hostil a la organización de un movimiento obrero efectivo”. “Marx a Friederich Bolte”, 23 de noviembre de 1871, en Carlos Marx, y Federico Engels, Obras Escogidas, en tres tomos, tomo 2, pp 446 y 447 .
  • 13. Eduard Berstein, Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia, Ed siglo XXI, México 1982.
  • 14. En uno de sus cuentos, narra Borges la historia de dos teólogos que se pasaron la vida odiándose a muerte: Juan de Panonia y Aureliano. Tras una vida de triunfos de uno de ellos y de paralelas humillaciones del otro, el marginado pudo, por fin, darle la vuelta al asunto y conseguir que su rival anteriormente victorioso fuera condenado y quemado por hereje. A su vez, él murió también. Dios, en su infinita bondad los acogió a ambos en su seno, pero Dios, a pesar de su infinita sabiduría, era incapaz de distinguirlos.
  • 15. Lenin, Dos tácticas de la sociademocracia rusa, en Obras Escogidas en tres tomos, Ed Progreso,, Moscú, 1979, tomo 1, p 554. Obra de 1905.
  • 16. V. I. Lenin. “Informe acerca de la tierra ante el segundo congreso de los Soviets de Rusia del 8 de noviembre de 1917”, Obras Escogidas en tres tomos, Ed Progreso, Moscú 1978, tomo 2, p. 492.
  • 17. ”Informe sobre la situación económica de los obreros de Petrogrado… del 17 de diciembre de 1917”, Obras Escogidas, en tres tomos, tomos 2, p. 522.

Texto publicado originalmente en el número 221 de El Viejo Topo, junio 2006

Cuento de Enrique Lihn: Tigre de Pascua

Hace veinte años yo era profesor de inglés. A mi hermano, el Tigre -de filosofía-, lo mataron a culatazos en el 73. Luego tuve un taxi; ahora nada. Con esto lo digo todo.

¡Tigre, a cada cual de acuerdo con sus necesidades! ¿Tan poco necesitados estábamos nosotros?

Sobrevivo, pues, en una de esas poblaciones de nombre paradójico (La Triunfadora), donde nunca antes me habría soñado poniendo los pies. Cuidadosa, cuidadosamente.

Las experiencias me sirven para ordenar una cosa, una imagen, un pensamiento, serán las que se llaman vitales. En la de sobrevivir, no se capitaliza. Puro trabajo. Se parte una y otra vez de cero. Por eso hay quienes prefieren a la sobrevida, una vida peligrosa. Así, antes, el Tigre -héroe de elección- y, ahora, los cogoteros. Son demasiados, por otro lado, quienes mendigan. Y trabajamos los cesantes encubiertos. Por dignidad o por debilidad, según como se mire la cosa. Pero la cesantía encubierta es el disfraz de la mendicidad. En suma, mendigos somos casi todos. Hasta los aficionados al cogoteo que quitan en lugar de pedir, pero sin profesionalismo.

Desde aquí veo a unos y otros ir y venir. Todos los caminos llevan al Paseo Ahumada, nuestra Roma. Aquí (por donde alguna vez tendrá que pasar el Papa) se cumple eso de que siempre hay Pascua en diciembre. Nos entregaron la calle para vigilarnos mejor. Que no se diga que no hay trabajo para todos en las fiestas de guardar, carajo. No hay tigre, hermano, que se resista a la tentación de parecer un gato si le permiten olfatear, en las calles de Bagdad, las puertas de todas las carnicerías.

Entre los que venden cualquier cosa -cuchillos a cien pesos- reconocí, denantes, a los hermanos Cárcamo. Me perdonaron la vida una noche. No sé si por caridad o por desprecio.

¡Hijos de puta! Desde entonces me miran, fijamente, sin verme. Me niegan con esa mirada vacía el derecho territorial sobre el suelo que cubro con mis pies. ¡Tanto fue lo que tuve que deshonrarme, Tigre, para no morir como tú, con gloria!

Está también la gente de paz como esa familia gorda de apellido Soto, como la pensión. Malos, pero muchos. Ocupan una buena lonja del Paseo. Para no tener que correr, compran productos “naturales”, lejos de Santiago. Si se los requisan no tienen que pagárselos a los distribuidores. Por lo demás, los pacos no le codician una piedra pómez, un mojón de luche, un cachorro o una de esas muñecas horribles que ellos mismos tejen en su media agua.

Hasta tienen un permiso municipal. A lo menos el Soto viejo que reparte la mercadería entre los suyos o la reingresa a la casa matriz en caso de peligro. Están también los payasos Cuevas. Y cuatro locas que reproducen una escena de la ópera Carmen, haciendo fonomímica.

Todo está, literalmente, botado en las calles. Un mosquerío de gente que entra y sale de las tiendas, transfigurado, en las tardes, por las luces de colores. País de mierda. Los reflejos condicionados de la oferta y la demanda. Comprar y vender basura.

En este cuadro los viejos de Pascua, que se repiten menesterosamente en la calle… sin comentarios. Con trineos hechos de catres de guagua y de restos de bicicletas. Con ciervos de sacos harineros, enarbolando unos cuernos que parecen racimos de manos llenas de sabañones. Los que no son viejos de verdad merecerían serlo por lo desbaratados que están, con sus barbas y pelucas de algodón. Algunos a medio filo. Con una guagua en brazos o un cabro chico en las rodillas. Mientras el socio les toma una polaroid caída, de cuando en vez.

Sé, por los otros, que olemos mal. A viejo curado, de población. Tú, Tigre, no ibas a oler nunca así, mientras te mataban.

Así es que, en recuerdo tuyo, me estoy quitando toda esta mierda de encima. Hasta las barbas, que son de verdad. Arranquen a perderse, cabros del carajo. Y usted, señora ¿no ha visto nunca a un mendigo de Pascua, todo desnudo?

¡Vengan a ver a un gato, señoras y señores, que tira para tigre! ¡Vengan a ver a un tigre al que van a reventar estos cobardes, a culatazos!

Revolución Rusa: La intelectualidad y la clase obrera en 1917 (I)

por David Mandel//

Mikhail Terechtchenko (1886-1956), industrial del azúcar y Ministro de Asuntos Exteriores del último gobierno provisional no parloteaba cuando preguntó al marinero que le escoltaba a la prisión después de la toma del Palacio de Invierno: ¿Cómo os vais a arreglar sin la intelectualidad? 1/De hecho, esta cuestión se refiere a un proceso clave de la revolución de 1917: el creciente distanciamiento de la intelectualidad, en particular de la fracción de esta última que se calificaba de democrática o de socialista, hacia la clase trabajadora 2/. Los historiadores se han dedicado relativamente poco a este importante aspecto de la revolución. Sin duda, ello se explica por la visibilidad de la intelectualidad en las cumbres del partido bolchevique, en el interior de su comité central. Sin embargo, eran raros los miembros de la intelectualidad en todos los niveles del partido –ciudades, distritos, lugares de trabajo-: en 1917, de forma aplastante, la composición social y la orientación política del partido bolchevique eran proletarias.

El segundo congreso de los soviets en la sala de reunión del palacio de Smolny de San Petersburgo

Este proceso de distanciamiento sumergía, no obstante, sus raíces en la época de la revolución de 1905; incluso antes. Fue invertido, brevemente, por la Revolución de Febrero que, durante un corto período, creó una atmósfera de unidad nacional. Pero el alejamiento mutuo reapareció pronto, con fuerza, alcanzando su punto culminante con la Revolución de Octubre. Esta última fue masivamente apoyada por los trabajadores y trabajadoras mientras que la intelectualidad, incluso sus sectores de izquierda, fue profundamente hostil.

En el uso popular contemporáneo, el término intelectual designaba a una persona que ganaba (o preveía ganar, si era estudiante) los medios de su existencia en el ejercicio de un empleo que necesitaba al menos un diploma de enseñanza secundaria. Por ejemplo, cuando en abril de 1917 el personal superior de correos de Petrogrado decidió formar su propio sindicato, en reacción a las aspiraciones igualitarias del sindicato de los empleados de correos y telégrafos, decidió llamarle oficina organizadora provisional de los empleados Intelligentnykh del correo central de Petrogrado y de sus sucursales”, subrayando la importancia de la educación, a la que habéis dedicado al menos una cuarta parte de vuestra existencia”, tomando así distancias respecto a los miembros del sindicato existente, compuesto de personas que no pueden ni ortografiar correctamente sus nombres” 3/. Por su parte, V.M. Levin, un socialista revolucionario de izquierda (SR), miembro del soviet central de los comités de fábrica de Petrogrado, señalaba en diciembre de 1917 que las gentes que han tenido la buena suerte de recibir una educación científica abandonan el pueblo (…) En el seno de este último crece instintivamente el odio hacia las personas instruidas, hacia la intelectualidad” 4/.

Más allá de esta definición popular, sociológica, el término tenía una dimensión moral y política: la intelectualidad designaba a las personas preocupadas por las cuestiones malditas, por el destino de Rusia. El sociólogo Pitirim Sorokin, secretario personal de Kerenski en 1917, hacía referencia a la intelectualidad como a los portadores de la inteligencia y la conciencia5/. Aunque la mayor parte de estos últimos eran liberales, o incluso se situaban más a la derecha y se identificaban con los intereses y la visión del mundo de las clases poseedoras (la sociedad censitaria), el término intelectualidad suponía sin embargo un cierto matiz de servicio al pueblo que trabaja.

Históricamente, este elemento correspondía a una determinada realidad. En el curso de la segunda mitad del siglo XIX, un segmento significativo de la fracción políticamente activa de la intelectualidad se opuso a la autocracia, y aunque se tratase solamente de una minoría de la población educada, tendió a dar el tono al conjunto del grupo social. La principal tarea política que se asignó fue la de colmar el abismo que le separaba del pueblo todavía adormecido, que deseaba despertar en un combate contra la autocracia. La intelectualidad, en su conjunto, acogió favorablemente la Revolución de Febrero.

Un examen más profundo del período anterior a 1917 revela una imagen más compleja. Ya que la intelectualidad, tras la revolución de 1905, se deslizó hacia la derecha, un viraje que fue especialmente marcado en el seno de la intelectualidad hasta entonces socialista. Un signo de ese cambio, ampliamente discutido en la época, fue la publicación en 1909 de la selección de (siete) artículos, titulada Vekhy (Jalones), por un grupo de intelectuales, algunos de los cuales habían sido marxistas 6/. La selección de textos critica el materialismo y el radicalismo de la intelectualidad rusa. En su estudio del Partido Socialista-Revolucionario, el partido campesino de Rusia, el historiador Oliver Radkey habla de la:

“metamorfosis de (…) la intelectualidad populista de los insurgentes que en 1905 eran demócratas, indiferentes del período entre las dos revoluciones [de 1905 y 1917], después fervientes patriotas, partidarios de la Entente así como en de votos del culto al Estado en el curso de la guerra (…). Se escondieron tras la vieja etiqueta SR, aunque la vieja fe ya no existía, más allá de un residuo de interés por la liberación política (…)” 7/.

Un proceso similar de fuga de intelectuales se observaba en los partidos social-demócratas 8/. Leopold H. Haimson decubrió que la correspondencia privada de los diferentes mencheviques en el curso de los años 1909-1911:

“está llena de declaraciones de desánimo (…) respecto a la retirada masiva de las preocupaciones políticas y sociales que parecía haber acompañado al abandono de la lucha clandestina de la intelectualidad radical. Estas cartas sugieren de hecho que la mayor parte de los miembros del partido habían abandonado de las actividades partidarias y habían quedado completamente absorbidos por la lucha ordinaria, aunque ardua, que consistía en retomar una existencia cotidiana normal” 9/.

El ala bolchevique de la socialdemocracia rusa, que dirigió el movimiento obrero en el curso de los años que precedieron a la guerra y que estuvieron marcados por la renovación de las luchas obreras, es decir en el período de recuperación de la derrota de 1905 y la reacción que siguió, conoció un fenómeno semejante. Las memorias redactadas (años más tarde) por los trabajadores [bolcheviques] documentan su sentimiento de haber sido traicionados por la intelectualidad bolchevique. A.S. Chpliapnikov, un obrero metalúrgico y dirigente de primer orden del partido, escribía respecto al reflujo, que había comenzado en 1906-7. El número de intelectuales en el seno del partido de Petersburgo era tan bajo que apenas tenía fuerzas literarias para responder a las necesidades de la fracción bolchevique de la Duma de Estado y de los periódicos cotidianos del partido:

“En lugar de los raznochinsty-intelligenty [el primer término designa a las personas que no pertenecen a la aristocracia], de los jóvenes estudiantes, surgió una intelectualidad de los trabajadores, de manos callosas y una inteligencia viva así como lazos permanentes con los trabajadores” 10/.

Kiril Orlov (Ivan Egorov), otro metalúrgico de San Petersburgo, miembro del comité bolchevique de esa ciudad durante la guerra, recordaba:

“Durante la guerra, entre los miembros del Comité de San Petersburgo no había ningún miembro de la intelectualidad. Esta última vivía una existencia completamente separada, en alguna parte de la ciudad, agrupada en torno a Máximo Gorki. Pero ni al proletariado ni sus barrios los vieron. Los proletarios teníamos el sentimiento que estábamos solos. No había ni una persona disponible para redactar un pequeño panfleto o un texto de convocatoria. Se sentaban todos con los brazos plegados, afligidos, y huían del trabajo ilegal, de forma similar a como el diablo huye del incienso. Los trabajadores estaban dejados a sí mismos” 11/.

El sentimiento de traición era incluso más fuerte en provincia, donde la intelectualidad era menos numerosa. A. Martsionovskii, un carpintero bolchevique, escribía:

“En un gran número de ciudades en las que había tomado parte en el trabajo ilegal, el comité de partido estaba casi en todos los lugares compuesto exclusivamente de trabajadores. La intelectualidad estaba ausente, con excepción de los que estaban de viaje y venían dos o tres días. Durante los años de reacción más difíciles, los trabajadores permanecieron sin dirigentes provenientes de la intelectualidad. Decían que estaban fatigados, que los jóvenes vendrían a coger el relevo. Pero, entretanto, la juventud era arrastrada por la artsybashevshchina [palabra derivada de la obra del escritor Mikhaïl Artybashev (1878-1927), en particular de su novela de 1908 titulada Sanin que, en el contexto post-1905, pone en escena el abandono de los compromisos sociales, el incesto, el suicidio. Esta novela dio lugar a una palabra, saninshchina. Ambas fueron utilizadas de forma peyorativa para designar el abandono del compromiso político, la fascinación por el suicido y el sexo de una parte de la intelectualidad]. Algunos buscaron nuevos dioses, otros abandonaron el país y el resto llevó una existencia beoda. Pero eso fue en el período que siguió a la destrucción de nuestra organización. Poco después, los intelectuales decidieron que no era bueno ser revolucionario y se dedicaron activamente a la puesta en marcha de una corriente de liquidadores [socialdemócratas que, a continuación de la revolución de 1905, defendían el abandono del trabajo ilegal y la organización clandestina]. Al inicio de la guerra imperialista se posicionaron a favor de la defensa del país y renegaron de sus consignas fundamentales, llevando con ellos a numerosos trabajadores que no tuvieron el tiempo de reflexionar bien las cosas […] Nosotros, los trabajadores en la clandestinidad, tuvimos que actuar sin el apoyo de la intelectualidad, con excepción de algunos individuos. Sin embargo, después de la revolución de febrero salieron a flote, golpeándose el pecho y gritando: somos revolucionarios, etc. Pero, de hecho, ninguno de entre ellos había realizado trabajo revolucionario lguno y no les vimos en la clandestinidad 12/.”

Sin embargo, tal como indica Martsionovskii, tras la Revolución de Febrero tuvo lugar un cierto acercamiento entre los trabajadores y la antigua intelectualidad, durante su fase de luna de miel, de unidad nacional. Una vez que la revolución en la capital fue un hecho real, las clases poseedoras se plegaron a ella, mientras que hasta entonces estuvieron profundamente asustadas ante la perspectiva de una revolución popular. Este giro facilitó en gran medida la victoria de la revolución en el resto del país y en el frente 13/.La atmósfera idílica de febrero se reveló, no obstante, breve. Pronto, ya en abril, la polarización que oponía las clases populares a las clases poseedoras se hizo sentir de nuevo.

Entre los trabajadores, más lentamente entre los soldados y, finalmente, en las aleas, empezó a tomar cuerpo la convicción de que las clases poseedoras se oponían a los objetivos democráticos y contra la guerra impulsados por la revolución y que ellas estaban, en realidad, determinadas a aplastar la revolución por medio de una dictadura militar. Esta convicción se expresó por un apoyo popular creciente a la reivindicación de una transferencia del poder político a los soviets de diputados de los trabajadores, soldados y campesinos. En otros términos, a favor de un gobierno que excluyese toda influencia de las clases poseedoras en la política, una posición defendida por el partido bolchevique. A partir del otoño de 1917, todos los soviets de los centros urbanos de alguna importancia y, de forma creciente, los soldados en el frente, exigían el final del gobierno de coalición con los representantes políticos de las clases poseedoras y el traspaso del poder a los soviets. En el Segundo Congreso Panruso de los diputados obreros y soldados –que se celebró los 25-27 de octubre y puso en pie un gobierno de los soviets- sobre los 650 delegados 390 eran bolcheviques y 90 pertenecían a los SR de izquierda y estos últimos se unieron rápidamente a los bolcheviques en un gobierno de coalición. Reunido entre el 10 y el 25 de noviembre, el Congreso Panruso de los diputados campesinos votó igualmente su apoyo al gobierno de los soviets.

Es sobre este telón de fondo de profundización de la polarización de clases que reapareció el antiguo foso entre los trabajadores y la intelectualidad. Cuando tuvo lugar la conferencia sobre la educación de los adultos, algunos días antes de la insurrección de octubre. A.V. Lunatscharski (que será Comisario del Pueblo de Educación en el primer gobierno de los soviets) presentó un informe sobre el estado de la cooperación entre los trabajadores y la intelectualidad en el terreno cultural. Subrayó que la gran sed de conocimientos que se encontraba en el seno de la clase trabajadora permanecía insatisfecha ya que, “actualmente, se puede observar que el proletariado está aislado de la intelectualidad […] debido al hecho de que el proletariado ha pasado bajo la bandera de la extrema izquierda de la democracia, mientras que la intelectualidad deriva hacia la derecha”. Estas afirmaciones provocaron protestas de los representantes presentes de la intelectualidad. Lunatscharski insistió sin embargo sobre el hecho de que “no es al proletariado al que hay que reprender sino a la intelectualidad, que ha adoptado una actitud radicalmente negativa respecto a las tareas políticas avanzadas por el proletariado” 14/.

A este respecto, es muy revelador el estudio sobre el periodismo ruso en el año 1917, de esta fisionomía colectiva que, hasta recientemente, reflejaba el alma de nuestra pretendía intelectualidad, nuestra aristocracia espiritual”. Fue redactado por V.P. Polonski, un historiador y crítico literario menchevique de izquierda, él mismo muy crítico de la locura bolchevique(sumasbrodstvo) y del régimen soviético:

“[…] Sería difícil encontrar otro grupo que la intelectualidad cuyos pensamientos y estados de alma hayan sido más cruelmente devastados por la revolución.

Tengo ante mí un montón de periódicos, de revistas, de folletos. Entre el material del momento, se encuentra frecuentemente el viejo tema, el más sensible para la consciencia de nuestra intelectualidad: el tema de “la intelectualidad y el pueblo”.

Y, al hilo de la lectura, la imagen que aparece es más inesperada. Hasta recientemente, el tipo predominante de intelligenty era el de intelectual-narodnik [populista], el bien-pensante, inclinándose gentilmente y con simpatía sobre la suerte de nuestro “pequeño hermano”. Pero, ¡he aquí!, ese tipo es en lo sucesivo un anacronismo. En su lugar ha aparecido el intelectual malévolo, hostil al mujik [campesino pobre, sin propiedades, nvs]-, a los trabajadores, al conjunto de la masa trabajadora e ignorante.

Los intelectuales contemporáneos ya no aspiran, como antiguamente, a colmar una especie de abismo que los separa de los mujiks. Al contrario, quieren desmarcarse del mujik de forma clara e infranqueable […]

Tal es la confusión, de mal augurio, que emerge. Se manifiesta con gran nitidez en literatura. En un gran número de artículos dedicados al pueblo y a la intelectualidad, se presenta al pueblo bajo los rasgos de una masa ignorante, brutalizada, ávida y descontrolada; una escoria. Y sus dirigentes actuales como demagogos, miserables nulidades, emigrados, carreristas que han adoptado la divisa de la aristocracia de la vieja Francia: après nous, le déluge […]

Si se recuerda lo que los simpatizantes y los defensores del pueblo de ayer han escrito últimamente respecto al poder de la multitud (okhlokratia), el elemento más alarmante de nuestra situación presente se hace indiscutible: la intelectualidad ha dicho adiós al pueblo. Los intelligenty tienen justo todavía bastante barniz para desear buenas noches al “que sufre todo en nombre de Cristo, cuyos ojos severos no lloran, cuya boca mutilada no se queja”.

Y este último, el eterno sufriente, no ha tenido más que levantarse sobre sus pies, enderezar poderosamente sus hombros y tomar una gran inspiración para que la intelectualidad pierda todas sus ilusiones.

No son ni los excesos de las jornadas de octubre, ni la locura del bolchevismo, los que explican eso. El alejamiento de los intelectuales, las transformaciones de los populistas en partisanos del mal, empezó hace ya mucho tiempo, casi al día siguiente de la revolución [de febrero] […].

Los escritores y los poetas, los ensayistas y los artistas (no todos, por supuesto, pero si un gran número) han dado la espalda al pueblo. “Te has levantado sobre tus pies demasiado pronto. Simplemente eres un bárbaro. Tu camino no es el nuestro” […]15/.

Un proceso paralelo de alejamiento de la intelectualidad se desarrolló en el interior de los partidos socialistas. En su libro dedicado al Partido Socialista Revolucionario entre octubre de 1917 y enero de 1918, Radkey escribe que cuando los socialistas revolucionarios se dividieron finalmente, en septiembre de 1917, entre un ala izquierda y un ala derecha (esta última continuaba apoyando un gobierno de coalición con los liberales, representantes de las clases poseedoras),

“[…] casi todos los marineros y una amplia mayoría de los obreros y de los soldados se unieron a los SR de izquierda, la mayor parte de los intelectuales y los cuellos blancos siguieron donde estaban, y el campesinado se ha dividido en dos campos, permaneciendo el principal fiel a los socialistas revolucionarios (de derecha), pero el más pequeño era de un tamaño consecuente y en constante crecimiento […] De todos los lados había quejas sobre la penuria de intelectuales que obstaculizaba la actividad del nuevo partido. Nicolas Soukhanov le calificó de partido de la plebe rural y le situó en un escalón todavía más bajo que los bolcheviques, el partido de la plebe urbana 16/.”

En la segunda conferencia de Petrogrado del Partido Bolchevique, en julio de 1917, el dirigente local V. Volodarski [elegido en la Duma de mayo, conocido portavoz de los bolcheviques a los que se había unido en julio de 1917 y cuyo nombre era Moisei Markovich Goldstein, muerto en junio de 1918] se quejaba de la deserción masiva de la intelectualidad, agregando:

“La intelectualidad, conforme a su composición social, ha pasado a los defensistas [partidarios del gobierno de coalición sobre la guerra] y no quiere hacer progresar la revolución hacia adelante. No se unen a nosotros y adoptan en todos los lugares una posición de resistencia a las medidas revolucionarias tomadas por los obreros 17/”.

Algunas semanas más tarde, en el sexto congreso del partido, Volodarski declaró esto en su informe sobre la organización bolchevique de Petrogrado:

“El trabajo es realizado por las fuerzas locales salidas de las masas trabajadoras. Hay muy pocas fuerzas intelligentnye. Todo el trabajo de organización es realizado por los mismos trabajadores. Los miembros del comité central participan poco en nuestro trabajo organizativo. Lenin y Zinoviev muy raramente, ya que estaban ocupados en otras tareas. Nuestra organización ha crecido a partir de abajo 18/”.

En las provincias, la ausencia de intelligentsy era aún más marcada. El comité central bolchevique era constantemente bombardeado por solicitudes urgentes de provincia pidiendo que se les enviase “fuerzas literarias”, “al menos un intelligent”. Pero Iakov Sverdlov, el secretario del comité central, respondía casi invariablemente que la situación en la capital apenas era más envidiable y que no podía prescindir de nadie 19/.

Resultó que los trabajadores identificaban a los bolcheviques con los trabajadores y los mencheviques y los SR (de derecha) con los intelectuales. En junio de 1917, por ejemplo, un periodista menchevique visitó una fábrica de embalaje de té en Moscú. Los trabajadores de Moscú estaban políticamente detrás de Petrogrado y todos los miembros de ese comité de fábrica eran todavía mencheviques, con excepción de uno solo. Cuando el periodista preguntó a ese último por qué no era, como los otros, menchevique, le respondió que no pertenecía a ningún partido, pero que votaba por los bolcheviques porque hay trabajadores en sus listas. Los mencheviques son todos gospoda [gentlement] doctores, abogados, etc.”.Agregó que los bolcheviques se pronunciaban a favor del poder soviético y del control obrero 20/. El 14 de octubre, en una reunión del soviet de Orekhovo-Zouïevo (una ciudad de la industria textil de la región industrial central), Barychnikov, un trabajador bolchevique del lugar, afirmó:

“Ante el hecho de que la ideología y la política de la clase obrera reclaman una transformación radical del sistema actual, se ha tensado fuertemente la relación de la llamada intelectualidad, los SR y los mencheviques, en relación con trabajadores. Por consiguiente, ya no existen lazos entre nosotros y a los ojos de la clase obrera se han definido al final como los servidores de la sociedad burguesa 21/.

Mientras que los trabajadores se desplazaban a izquierda y abandonaban su anterior apoyo a la coalición política con los representantes de la sociedad censitaria, las conferencias de trabajadores se convirtieron cada vez más en asuntos plebeyos. Un informe sobre una conferencia de personal ferroviario, en noviembre de 1917, era típico a este respecto: “ausencia casi total de la intelectualidad. Incluso el presídium está compuesto casi exclusivamente por la base 22/. Esta conferencia fue convocada por los trabajadores de los depósitos ferroviarios y de los talleres de Moscú y Petrogrado en oposición al sindicato pan ruso de los ferrocarriles, que se había opuesto a la insurrección de octubre y al gobierno de los soviets. Este sindicato, dirigido por mencheviques internacionalistas, abarcaba a todos los empleados de los ferrocarriles, incluidos los trabajadores de cuello blanco y personal de dirección. En revancha, dos tercios de los delegados a la conferencia de los trabajadores de los depósitos y los talleres eran bolcheviques y el resto socialistas revolucionarios de izquierda. No había más que un puñado de mencheviques internacionalistas.

6/08/2017

Se trata de la primera parte sobre cuatro de una contribución de David Mandel, publicada en su primera versión en 1981, en el número 14 de la revista Critique, p. 68-87, revista animada por Hillel Tickin. Esta primera versión ha sido revisada y ampliada para una nueva publicación, en 2016, en una revista brasileña. Ha servido de base a la traducción realizada por Sébastien Abbet, para la web www.alencontre.org. La traducción ha sido revisada por el autor, que la ha encontrado completamente conforme, en términos de contenido y calidad de adaptación al original. (Red. A l’Encontre)

https://alencontre.org/laune/histoire-revolution-russe-lintelligentsia-et-la-classe-ouvriere-en-1917.html

Notas:

1/ Citado en S.P. Melgunov, The Bolshevik Seizure of Power, (ABC-CAO : 1972), p. 90. [La cita en inglés utiliza el verbo to manage, que quiere decir “administrar”, “gestionar”. Se podría traducir igualmente por: “¿Cómo vais a gestionar, administrar –el país- sin la intelctualidad]

2/ Intelectualidad “democrática” o “socialista” por oposición a “intelectualidad burguesa”. Figuras como Pavel N. Milioukov, profesor de historia y dirigente del Partido Kadete, un partido liberal que, en 1917, ocupará un lugar hegemónico en el senoo de la clase poseedoras (también calificada con el califictivo de “sociedad censitaria”). “La intelectualidad democrática” designaba a los simpatizantes de las clases populares (trabajadores y campesinos), partidarios de los diversos partidos socialistas. En la terminología de la izquierda rusa de la época, formaban parte de la “democracia revolucionaria”, a los lados de los trabajadores y de los campesinos.

3/ K. Bazilevich, Professional’noe dvizhenie rabotnikov sviazi (Moscú: 1927), p. 33.

4/ Znamia truda, (17 diciembre 1917).

5/ Volia naroda, (6 noviembre 1917). Sorokin era el secretario personal de Kerenski. Después de su exilio a los Estados Unidos se convertirá en uno de las figuras destacadas de la sociología universitaria americana.

6/ M. Shatz y J. Zimmerman, ed., Vekhy, Routeledge, N.Y. , 1994.

7/ O. Radkey, The Sickle under the Hammer, (New York, Columbia University Press: 1963), p. 469-470. Ver también la Znamia truda, (15 novembre 1917), sobre la forma como la intelectualidad populista tendió, contrariamente a los trabajadores, a adoptar una posición defensista en el curso de la guerra.

8/ L.M. Kleinbort, Ocherki rabochei intelligentsii, Petrogrado, 1923, p. 176-177.

9/ L. H. Haimson, “The Problem of Social Stability in Urban Russia, 1905-1917”, en M. Cherniavsky, The structure of Russian History, (Nueva York; Random House: 1970), p. 346.

10/ A. S. Shliapnikov, Kanun semnadisatovo goda, (Moscú-Petrogrado: 1923), p. 9.

11/ K. Orlov, Zhizn’rabochego revoliutsionnera. Ot 1905 k 1917 g., (Leningrado: 1925), p. 29.

12/ A. Martsionovskii, Zapiski revoliutsionnera-bol’shevika, (Saratov, 1923), p. 89. Esa era la apreciación de Martsionovskii. En realidad, al menos en la capital, los estudiantes desempeñaron un papel que no fue insignificante en el curso del período 1912-14, en particular en su primera fase (ver, por ejemplo, el artículo de E.E. Kurze’s in Istoria rabochikh leningrada, vol. I, (Leningrado: 1972, p. 419)). Pero eso no fue comparable, ni incluso vagamente, con su papel en 1905 o en el seno del movimiento de liberación anterior. En todo caso, en lo que concierne a la intelectualidad en su conjunto, el cuadro trazado por Martsionovskii es correcto.

13/ V.B. Stankevich, un socialista popular (izquierda moderada) escribió sobre el tema de las clases poseedoras de ese período: “oficialmente, celebraban y bendecían la revolución, gritaban “hurras”en honor de los combatientes de la libertad, exhibiendo cintas y desfilando con banderas rojas. Todo el mundo decía “nosotros”, “nuestra” revolución, “nuestra” victoria, “nuestra” libertad. Pero, en el fondo de su corazón, en las conversaciones íntimas, estaban aterrorizados, temblaban y se sentían cautivos de un medio fundamentalmente hostil que se dirigía hacia un destino desconocido”, V.B. Stankevich, Vospominaniya 1914-1919, Leningrado, 1926, p. 33.

14/ 14/ Novaïa zhizn’, 18 octubre 1917.

15/ Ibid., 4 enero 1918.

16/ O. Radkey, op. cit., p. 159.

17/ Vtoraia i tret’ia obshchegorodskie konferentsii bol’shevikov v iule i sentiabre 1917g., (Moscú-Leningrado: 1927), p. 28.

18/ Shestoi vserossiiskii s’ezd RSDRP(b). Protokoly, (Moscú, 1958), 45.

19/ Ver Perepiska sekretariata TseKa RSDRP(b) s metsnymy organizatsiamy, mart-oktiabr’1917 (Moscú : 1957, passim).

20/ Rabochaia gazeta, 20 junio 1917.

21/ Nakanune Oktiabr’skovo vooruzhennovo vosstania v Petrograde, (Moscú: 1957), p. 152.

22/ Znamia truda, (17 noviembre 1917).

 

La crisis de España como marco de acumulación del capital. El derecho de España contra los derechos de los pueblos

por Iñaki Gil de San Vicente//

 

  1. Introducción
  2. Nacimiento, esplendor y decadencia histórica
  3. Escuela de Salamanca y controversia de Valladolid
  4. Felipe II y el nacionalismo español «prudente»
  5. Los Austrias menores y la ruptura en la clase dominante
  6. La casa de Borbón y la guerra contra los pueblos
  7. La casa de Borbón y la represión de los pueblos
  8. La dinámica de las contradicciones y sus formas
  9. Bibliografía básica consultada

 

  1. Introducción

Este texto tiene dos objetivos que en realidad son uno solo. El más inmediato es contextualizar el debate sobre Sobinaries, drets i autodeterminació que está a la orden del día en todas partes aunque de forma inmediata en el Principat de Catalunya; y el mediato, el de ayudar a la elaboración colectiva de una alternativa internacionalista de las naciones oprimidas por los Estados español y francés.

Al menos desde 2014 existía la propuesta algo borrosa entonces para que diversas fuerzas revolucionarias avanzásemos en la crítica radical del imperialismo en su conjunto pero sobre todo en la forma concreta que más nos destroza, la de los Estados español y francés. Dentro de esta dinámica el 24 de julio de 2017 se firmó el Manifiesto internacionalista de Compostela y el pasado 22 de agosto del mismo año el documento Con Catalunya y su derecho inalienable a la independencia nacional. Ni terrorismo yihadista ni terrorismo imperialista, ambos a libre disposición en la red.

Hace unos días se propuso un debate también en Catalunya sobre el sugestivo y crucial tema de Sobinaries, drets i autodeterminació. Bien mirado, el debate profundiza hasta las raíces de la crisis actual del Estado español, la más grave de todas las que históricamente han afectado al marco geoestratégico material y simbólico de acumulación de capital que denominan España. No es cierto que la crisis actual sea la del llamado «régimen del 78», esta es la forma político-institucional externa de las débiles bases del Estado español desde el fin del Medievo.

Lo que vuelve a estar en cuestión, o si se quiere en el punto de mira de la dialéctica como negación radical de lo existente, al menos para la minoría comunista, es la viabilidad histórica de España como espacio geoestratégico de acumulación ampliada de capital. Esta crisis estructural ha emergido de nuevo –nunca ha desaparecido del todo– porque el capitalismo mundial acelera la periferización del Estado multiplicando su dependencia. Semejante retroceso continuado desde el siglo XVII, que se intensifica como tenencia objetiva en la actualidad, genera nuevas y más graves diferencias y oposiciones en su bloque de clases dominante y en los partidos políticos que le representa, pero especialmente agudiza las contradicciones entre el marco estatal de acumulación o España, superado objetivamente, y las naciones trabajadoras oprimidas, contradicción que forma parte a su vez de la contradicción irreconciliable entre el capital y el trabajo que también se libra dentro de los pueblos oprimidos.

Simplificar tan simplonamente la aceleración de la obsolescencia del marco estatal de acumulación, reduciéndola a simple crisis de «legitimidad democrática» del «régimen del 78», decir que hay que abrir una nuevo «proceso constituyente» y avanzar en el «destituyente», etcétera, sin bajar a la sala de calderas que pierden presión por sus junturas, esta superficialidad solo beneficia al poder establecido ya que suaviza la hondura del problema, genera expectativas reformistas, oculta elaborar una estrategia de largo alcance basada en el internacionalismo y en la certidumbre de que ninguna opresión será superada mientras perdure la propiedad privada de las fuerzas productivas, mientras que el bloque de clases dominante se crea propietario de las clases y naciones explotadas.

Desde el siglo XV, por poner una fecha en la que ya se vislumbran algunas problemáticas que iremos viendo, fueron desarrollándose contradicciones que, en sinergia y respondiendo al agotamiento del imperio español, dieron cuerpo a la crisis estructural desde mediados del siglo XVII a comienzos del siglo XVIII. La destrucción de la Corona de Aragón y sobre todo Catalunya, más en concreto Barcelona, fueron el punto álgido de aquella crisis: no es casualidad que ahora sea Barcelona el punto álgido de su vuelta a escena en el capitalismo del siglo XXI.

Entonces chocaron dos derechos antagónicos, por un lado el de la Casa de Borbón como representante del absolutismo que buscaba compaginar los privilegios señoriales con los intereses de una burguesía cobarde y timorata, comparada con la holandesa e inglesa, por otro lado el de la Casa de los Habsburgo que mal que bien se había granjeado el apoyo de las fuerzas nacionales preburguesas de los Països Catalans y de Aragón, que defendían sus derechos históricos desde una perspectiva municipalista y de debates en cortes mucho más cercana a la experiencia inglesa que al verticalismo versallesco.

El debate sobre Sobinaries, drets i autodeterminació muestra cuánta razón tenía Marx al decir que cuando dos derechos chocan, decide la fuerza, y cuánta razón tenía Trotsky al decir aquello de que el Estado es el monopolio de la violencia, idea de la que se apropió Weber para desnaturalizarla, y, por no reiterarnos, cuánta razón tenía Mao al decir que el poder nace del fusil. Naturalmente, nos referimos a las contradicciones históricas, no a las divagaciones idealistas de la sopa ecléctica y del engrudo reformista del foucaultismo, laclausismo, negrismo, etc., de la «leal oposición de su Majestad».

Es la fuerza, el poder, la que decide el resultado de la incompatibilidad entre el derecho de España y el derecho del pueblo catalán y de todos los pueblos. La trágica experiencia del Imperio católico así lo había demostrado con mucha anterioridad. En el violento conflicto mantenido en sus dos fases, del siglo XIII al XV, y del XV al XVIII, la potencia vencedora, la que ahora se llama España, impuso sus derechos porque tenía más armas, muchas de ellas fabricadas por la burguesía vasca, tal como lo reivindicó con sinceridad inhumana el Cardenal Cisneros. Ahora sucede lo mismo, no nos engañemos, pero con la diferencia de que además de las armas de guerra, el Estado tiene las armas económicas, de propaganda y de manipulación, de cerco económico y financiero…

Cualquier debate sobre Sobinaries, drets i autodeterminació tiene que enfrentarse a esta realidad y ayudar a responder a esta pregunta: ¿cuáles son nuestras armas, nuestros poderes? Uno muy importante es el de la teoría, el conocimiento crítico de la realidad: el arma de la teoría y el poder de la praxis. Es su unidad la que cimenta el debate inmediato sobre Sobinaries, drets i autodeterminació y el debate mediato sobre los objetivos del internacionalismo, sus estrategias y sus tácticas.

  1. Nacimiento, esplendor y decadencia histórica

La segunda ofensiva cristiana contra al-Ándalus comenzó alrededor de 1227 y concluyó en 1262 con la destrucción de casi la totalidad de la muy superior cultura musulmana, el expolio de sus riquezas, la esclavización directa o indirecta de sus habitantes. Las mezquitas fueron derruidas o convertidas en iglesias, las lenguas árabes y judías marginadas o prohibidas. Ingentes latifundios fueron entregados como premio por los reyes a una reducidísima clase de incultos y sucios guerreros ennoblecidos. Como veremos, ya desde entonces las coronas de Castilla y Portugal eran «Estados depredadores».

De todos los reinos existentes en la península entre los siglos XIII y comienzos del XV, el mejor posicionado geoestratégicamente a medio plazo era el de Castilla y León formado en 1230, siguiéndole Portugal. Entre ambos se libra una áspera pugna inter imperialista por el control de Granada y la zona noroccidental de África, incluidas las islas Canarias, Azores y otras. Les seguía la Corona de Aragón, que se había formado en 1137, pero de manera tan descentralizada entre las tres cortes, Aragón, València y Catalunya, que llegado el momento decisivo a comienzos del siglo XVIII no podría responder con la misma centralidad de mando que la lograda por Felipe V.

Desde mediados del siglo XIV, sobre todo en el norte de Italia, en Florencia, etc., se extendían los choques entre nuevas fuerzas sociales y viejas estructuras de dominación que constreñían el crecimiento de las fuerzas productivas. También desde mediados del siglo XIV Catalunya va entrando en una crisis múltiple: demográfica, pestes, producción agraria, gran debilidad de la lucha campesina comparada con su fuerza en el siglo XIII y fortalecimiento del poder señorial, retroceso del comercio, caída de precios y deflación, y, por no extendernos, agudización de todas las contradicciones de manera que para la mitad del siglo XV se había recuperado la lucha campesina –las remensas– y estalla la guerra civil en 1462 y 1472 entre los bandos partidario del rey de Aragón en defensa de la nobleza y grandes comerciantes, o Biga, y el bando de Busca, los intereses populares, campesinos, burguesía urbana de Barcelona para mantener sus derechos municipales en un momento de expectativas de crecimiento económico.

La guerra civil catalana fue parte del choque que se inicia de manera irreversible a finales del siglo XV entras las fuerzas expansivas del joven capitalismo, a las que les faltaba aún el poder político-estatal, y los cada vez más estrechos márgenes de tolerancia del Medievo, como quedó claro en la rebelión de los Irmandiños de 1467-1469 en Galiza, una de las más fuertes de la península, que no consiguió derrotar del todo el nacionalismo medieval de los Irmandiños, de manera que pocos años después los reyes llamados Católicos consiguió el terrible sometimiento del pueblo galego conocido con el nombre de Doma y castración de Galiza, que lo dice todo. Castilla no podía dejar que existiera una facción de la nobleza con apoyo popular y burgués dispuesta a unirse con Portugal, así que la decapitó. Y anuló la oficialidad de la lengua galega, que además era la lengua culta en buena parte de la península, lo que aceleró la victoria del castellano sobre todas las demás.

Por esos mismos años, los límites del feudalismo ante la ascendente burguesía urbana causaron la Guerra de Bando en Vascongadas, que fue una especie de «pequeña revolución burguesa» sin la cual no se entienden los Fueros Vascos. En este contexto la pujante industria del hierro, armas, barcos, pesca y comercio rechazó en 1481 la propuesta de Castilla para que participara en la guerra contra el turco. Los informes negativos de los dos enviados castellanos sobre los vascos decía que «los moradores de aquella tierra son gente sospechosa» porque defienden sus libertades colectivas. Las negociaciones fueron arduas y al final se llegó a un acuerdo: Castilla obtuvo barcos de guerra y la industria vasca siguió creciendo potente sin merma para los derechos del país.

La expansión castellana necesitaba armas, barcos, técnicos en navegación, etc., también para apoderarse de las islas Canarias, antes de que lo hiciera Portugal, y para asfixiar por mar al reino de Granada. La conquista de las islas fue dura y salvaje entre 1478 y 1496, exterminando a su población. A la vez, en lo que quedaba de al-Ándalus el pequeño reino independiente de Granada debía pagar exorbitantes tributos a Castilla dedicando casi la totalidad del resto de sus recursos al ejército para retrasar en lo posible la segura invasión castellana que se produciría entre 1482 y 1492. Pero casi de inmediato continuó la resistencia con formas de «bandolerismo social», de prácticas religiosas y culturales clandestinas, etc.

En estos siglos: «Portugal y Castilla eran, predominantemente, Estados depredadores que vivían de los recursos de la España musulmana»: para fines del siglo XV el 2 o el 3% de la población poseía el 97% de la tierra. Fue en 1492 cuando Nebrija explicó que lengua castellana e Imperio católico iban unidos. La persecución contra los moriscos, muchos de los cuales fueron esclavizados, y contra judíos e indios, se legitimaba mediante el racismo de la «pureza de sangre».

Muy probablemente la burguesía armera vasca estuviera al tanto de las necesidades que tenía Castilla de barcos, las aprovechó para subirle los precios y mantener las libertades de los territorios de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, que habían mantenido un estatus fluctuante entre el reino de León y el de Nafarroa, creado en 824. Castilla y Aragón tenían pactado desde el siglo XI el reparto de Nafarroa. En 1200 lograron arrancarle grandes territorios mediante la guerra y la negociación con las noblezas, aprovechando una situación de debilidad navarra. La nobleza conservó sus derechos incluido el de pernada, que dos siglos más tarde sería una de las causas de una fuerte rebelión popular. No fue hasta 1512 cuando comenzó la invasión definitiva realizada con una superioridad aplastante de medios y con una política cercana a la liquidación. A pesar de ellos, con altibajos e intentos fallidos de reconquista, la guerra se prolongó hasta la derrota última en Amaiur en 1521. La conquista fue facilitada por la traición interna de un sector de la nobleza de Nafarroa vendida al invasor porque así aumentaba mucho sus propiedades, también fue facilitada por el apoyo prácticos de tropas de las clases dominantes sobre todo de Gipuzkoa, que actuaban aliadas con el imperialismo porque este le suponía un inacabable mercado en el que vender sus productos, mientras que el Estado vasco de Nafarroa era pequeño y pobre. Ignacio de Loiola, fundador de la Compañía de Jesús, a la que volveremos por su papel en el mantenimiento del Imperio, fue uno de los invasores.

Comuneros, villanos, forajidos, homicianos, bandoleros, perayles, boneteros, freneros, celemineros… estos son algunos de los calificativos que daban los cronistas oficiales a las masas urbanas y campesinas que impulsaban la revolución de las Comunidades en Castilla y algunas otras zonas del reino en 1520-1521. Sus reivindicaciones e ideas difusas, pero moldeadas y llenas de contenido por los valores de una burguesía enfurecida, dieron a las acciones del pueblo comunero un contenido «radicalmente amenazador» para el orden establecido, y de aquí la extrema dureza de su exterminio porque, por ejemplo, la alta nobleza, la Iglesia y la Inquisición, el mismo Carlos I, no podían aceptar las tesis sobre el bien común, la libertad, el derecho a la rebelión, el principio del consentimiento popular, etcétera.

Desde hacía algunos años se oían quejas contra la corrupción y desidia del Consejo Real, contra el subdesarrollo económico como efecto del enriquecimiento de unos pocos y de las empresas extranjeras, contra la prepotencia de los consejeros flamencos del rey Carlos I, que al principio no sabía castellano, contra las trabas para crear negocios… Este movimiento aunaba al pueblo, despreciado por los cronistas, con la mediana nobleza y con la nueva burguesía comercial. La alta nobleza, la burocracia eclesial y la Inquisición se pasaron al bando de Carlos I, decidiendo la suerte de la revolución que fue aplastada en Villalar en 1521.

La depredación social fue una característica de todos los imperialismos desde Sumeria, pero con el tránsito del feudalismo al capitalismo adquirió características nuevas que se expresaban en la acumulación por desposesión, componente básico de la acumulación originaria de capital. Los reinos de Castilla y Portugal estaban esquilmando al-Ándalus, zonas de África, las Indias y zonas de Europa: una de ellas fue Roma, la supuesta Ciudad Santa o también llamada por los albigenses «la puta de Babilonia», saqueada por el imperial ejército de los católicos Habsburgo en 1527.

Desde la década de 1480 la burguesía de Castilla mantenía un esfuerzo expansivo, chocando frecuentemente con los reaccionarios poderes medievales. La derrota comunera de 1521 fue un golpe demoledor que envalentonó a la reacción medieval y arrasó las ideas progresistas para las condiciones de los siglos XVI y XVII que había crecido al amparo de la movilización general, todo lo cual precipitó el agotamiento burgués para la mitad de ese siglo XVI. A partir de ahí y conforme se suceden las bancarrotas, la burguesía va quedando arrinconada por el poder de la alta nobleza y de la Iglesia y la creciente influencia de la Inquisición que obturan cualquier intento de avance socioeconómico y cultural. Hay que tener en cuenta que, como ha dicho Pierre Vilar: «El imperialismo es también un hecho político […] en Castilla, hacia 1600, el feudalismo entra en agonía sin que exista nada a punto para reemplazarle».

En esta cita aparece la razón de la decadencia histórica del Imperio y luego de la Monarquía borbónica hasta el presente, con los muy cortos tiempos de las dos repúblicas. No incluimos a una hipotética «constitución democrática» desde 1978 como fase específica desde los siglos XIII y XV porque allí donde hay democracia no hay monarquía y, ahora, desde hace más de ocho centurias las clases y pueblos explotados seguimos bajo una monarquía. Los débiles intentos de crear un capitalismo estatal libre de las ataduras feudales, que son mucho más que interesadas supervivencias monárquicas, han fracasado una y otra vez por la simple razón de que los sucesivos bloques de clase dominante han comprendido siempre que su supervivencia depende de esa santa alianza entre primitivismo feudal y cobardía burguesa protegida por el Estado y su nacionalismo.

  1. Escuela de Salamanca y controversia de Valladolid

Antes de que la agonía fuera irreversible, se hicieron notar los efectos ideológicos de tanta efervescencia socioeconómica y política, tanto contraste cultural y filosófico entre tres grandes corrientes religiosas y la arrolladora entrada de la filosofía aristotélica, tantas innovaciones cotidianas provocadas por las noticias del resto del mundo y por los efectos sísmicos del dinero y del valor de cambio en sociedades en las que todavía el valor de uso y formas de intercambio simple regían muchas áreas de la cotidianeidad: acordémonos de Quevedo y su crítica del «poderoso caballero don dinero».

Recordemos que en 1499 el Cardenal Cisneros, arriba citado, creó la universidad de Alcalá de Henares y que el igualmente citado Nebrija, ideólogo del imperialismo cultural, era y es tenido como filósofo humanista. Estos dos ejemplos son suficientes para mostrar cómo la formación de la cultura oficial era inseparable de los intereses del poder, de la centralización estatal. La fundación de la Compañía de Jesús –«La araña negra» según Blasco Ibáñez– fue creada en 1534 como el instrumento por excelencia de la Contrarreforma tridentina: de este modo la Inquisición y los jesuitas se complementaban en la aplicación del terror material y moral.

La Escuela de Salamanca irrumpe en esta situación, lo que explica tanto su mérito como su límite y pronta caducidad. Sus logros iniciales fueron tremendos dadas las barreras insalvables de la época: elaboró los rudimentos de la ideología burguesa del derecho natural, de origen del poder del rey y de sus relaciones con el poder del pueblo, de la soberanía de los Estados y de su capacidad para declarar la guerra justa o injusta, de los primeros impactos de la economía mercantil y de la necesidad del «arbitrio» para controlar sus efectos negativos y para guiarla en la medida de lo posible, etc. La Escuela de Salamanca escribía acerca de la soberanía y el derecho sentada sobre los cadáveres de las luchas, masacres y torturas arriba vistas.

La Escuela de Salamanca, que se atrevió a decir que el poder del rey no venía directamente de dios sino que de alguna forma dependía de la voluntad del pueblo, había llegado al límite de la crítica posible en la época del tomismo anterior a la revolución científica del siglo XVII, adaptándolo a las necesidades de una elite culta y humanista que debía justificar su privilegiada forma de vida sin retroceder al feroz derecho medieval que, por ejemplo, fue combatido por motines populares y protoburgueses en tierras vascas, gallegas, andaluzas, etc., en el siglo XV si no antes, pero sin mancharse con las atrocidades españolas en Nuestra América y en otros lugares. Lo mismo sucedió en el intento de suavizar la explotación de las Indias en la famosa Controversia de Valladolid de 1550-1551 en la que chocaron dos visiones opuestas: la utópica que pedía el respeto de las naciones indias porque eran capaces de gobernarse a sí mismas y la imperialista que sostenía que debían ser gobernadas desde España porque eran incapaces de hacerlo por ellas mismas.

La figura del «protector de Indias» y algunas decisiones imperiales para detener el genocidio que estaba en marcha, así como las tesis de la Escuela de Salamanca, pueden utilizarse propagandísticamente para intentar avalar la idea del origen católico-español de los «derechos humanos». Pero una vez conquistado México, los invasores se lanzaron por toda Mesoamérica «como los godos tras el saqueo de Roma». La cristianización obligatoria bajo pena de tortura y muerte empezó de forma sistemática en 1525. Mientras que las religiones de Mesoamérica eran muy tolerantes, admitiendo que cada colectivo y persona adorase las diosas y dioses que quisiera, el cristianismo era autoritariamente monoteísta, bajo pena de excomunión con lo que esa condena acarreaba. Muchas de las expediciones llevaban por delante piaras de cerdos para que avisaran de posibles emboscadas y para que se comieran hasta las raíces de los sembrados para someter por hambre a los pueblos. En 1550 Carlos I obligó a los habitantes de las Indias a que se hispanizaran y aprendiesen castellano, y en la década de 1570 la Inquisición prohibió obras en lenguas nativas.

Dejando de lado los delirios fantasiosos sobre el milagroso origen hispano de los «derechos humanos», lo que sí es cierto es que no pudieron frenar el endurecimiento de la explotación, la tendencia imparable a la centralización administrativa en contra de los derechos de los pueblos, el fortalecimiento del poder del terror material y simbólico de la Inquisición, y sobre todo el deslizamiento de la economía imperial hacia las crisis.

Las buenas intenciones de la Escuela y de la Controversia de Valladolid también fueron barridas por el creciente poder de la Inquisición, mimada por Felipe II que la consideraba como un instrumento decisivo para el fortalecimiento del Imperio católico en el mundo: desde 1558 se agudizaron las tensiones entre Aragón y Castilla porque la primera se oponía al poder inquisitorial, tensiones que pasaron a ser conflictos graves en Catalunya. Los intereses centralizadores de Castilla iban unidos al poder de la Inquisición, no solo para luchar contra las herejías y el librepensamiento, sino también para imponer la lengua española. Hubo violentos ataques contra la Inquisición en Valencia en 1567, en Murcia y Mallorca en 1568 y en Catalunya en 1569. Este mismo año, Felipe II afirmó que sin la labor de la Inquisición en el imperio abundarían los herejes y el Estado español se encontraría más «damnificado».

La represión del librepensamiento, la censura editorial y los controles en la importación de libros, endurecida desde 1558-1559, afectaban a las lenguas catalana, aragonesa y vasca por su continuidad fronteriza con el reino de Francia. Cuando Felipe II supo en 1565 que había estudiantes navarros, aragoneses y catalanes en la ciudad francesa de Toulouse, mandó que los expatriaran al imperio, y en 1568 prohibió formalmente a los aragoneses que salieran a estudiar fuera. Pero la Inquisición se siguió quejando de que libros impresos en castellano y euskara cruzaban las porosas fronteras vascas provenientes de la calvinista Ginebra y los inquisidores en Catalunya también advertían de la facilidad del contrabando de libros prohibidos. La represión del pensamiento, que contradecía la esencia de la Escuela de Salamanca, empobrecía la producción cultural y reducía la cantidad y calidad de las imprentas. Felipe II sufrió este creciente atraso cuando en 1575 quiso montar la biblioteca de El Escorial teniendo que recurrir, paradójicamente, al extranjero.

  1. Felipe II y el nacionalismo español «prudente»

Las aportaciones económicas de la Escuela de Salamanca no evitaron las bancarrotas de 1557 y 1575 que solo fueron el anuncio de la crisis económica que estalló en 1580 cuando el imperio parecía más fuerte que nunca. La derrota de la invasión de Inglaterra en 1588 aceleró el declive y la bancarrota de 1596, y este retroceso explica el tratado de paz de Vervins de 1598 por el cual Felipe II reconoce tanto su incapacidad para dominar al reino de Francia, como la realidad del independentismo de los Países Bajos y de la superioridad naval inglesa.

Conforme se hundía la economía, Felipe II centralizaba más el poder imperial: en 1552 y 1567 ordenó ubicar en Simancas los archivos nacionales de Aragón e Italia junto a los de Castilla. Otra medida de Felipe II fue crear un servicio de inteligencia unificado que le permitía conocer los planes de sus enemigos para adelantarse y abortarlos. Las tablillas mesopotámicas ya hablan de los servicios de inteligencia. Felipe II tenía a su disposición el extenso sistema informativo de la Iglesia católica que se perfeccionaría aún más en el Concilio de Trento, pero le era insuficiente. Por la lógica misma del poder basado en la propiedad privada, información y planificación actúan de la mano. Los masivos y efectivos sistemas de información de la Iglesia y del Estado actuando conjuntamente en lo ideológico y con mucha frecuencia en lo práctico han sido y son una pieza clave en la formación del nacionalismo imperialista español y en el debilitamiento de las identidades de los pueblos oprimidos, excepción hecha de reducidas minorías de cristianos.

Felipe II estaba al tanto del insufrible malestar del pueblo morisco provocado por las represiones crecientes que sufría, como la ley de 1567 que fue un verdadero hachazo que generó la sublevación de las Alpujarras de 1568 como justa violencia defensiva. El llamado «rey prudente» persiguió sin piedad a cada uno de los moriscos sublevados. Tras expulsar de sus tierras a miles de ellos, las repobló con alrededor de 50.000 campesinos del antiguo reino de León con lo que lograba dos cosas: desnacionalizar esas zonas rebeldes de al-Ándalus, suprimiendo todo resto de cultura musulmana, y acabar con toda posibilidad de tensiones campesinas en la zona noroeste de la península al dar trabajo como colonos ocupantes a miles de campesinos potencialmente peligrosos en su país de origen.

En 1580 entró a cañonazos en Portugal para asegurar el dominio español, aplastó con extrema brutalidad la resistencia calle a calle y casa a casa del pueblo lisboeta durante días, y desde el Portugal ocupado Felipe II redactó un decreto en el que por primera vez se utilizaba el término «Hespaña» en singular, cosa que nadie había hecho antes. En realidad desde ese siglo XVI muchos autores castellanos empezaron a identificar Castilla con «España». De hecho, entre 1430 a 1580 Castilla dominaba «por la fuerza expansiva del número», porque su población era dos veces y media superior a la de Andalucía oriental o Catalunya. Con respecto a la Corona de Aragón, a mediados del siglo XVI la superioridad de Castilla era enorme: le cuadruplicaba en extensión y le quintuplicaba en población, más concentrada además; tenía una única ley y un único gobierno, mientras que la Corona de Aragón tenía tres Cortes y era mucho más descentralizada; y Castilla controlaba la totalidad del saqueo de las Indias, del comercio y de la representación internacional.

El contraste entre la apariencia de poder imperial y la realidad de empobrecimiento y retroceso estalló a partir de 1589 cuando se sucedieron graves motines en los ejércitos imperiales por impago de sueldos. En Catalunya varias de las contradicciones sociales adquirían la forma del llamado «bandolerismo social», grupos de supervivencia fuera de la ley, perseguidos como «criminales», pero que contaban con redes de apoyo popular. Ante la extensión de esta resistencia popular, además de otros problemas, un conocido fraile pidió en 1589 a Felipe II que anulara los fueros e impusiera las leyes castellanas. Se debate sobre hasta qué punto aquella persona representaba a un sector significativo de la clase dominante, dispuesta a ceder en su soberanía catalana para asegurar sus propiedades bajo la protección del ejército castellano. El rey no respondió a la petición porque todavía era fuerte el «austracismo», es decir la forma de gobierno central que respetaba aun a regañadientes un mínimo suficiente de derechos nacionales de los pueblos para así administrar mejor el imperio que, según se creía, estaba llamado a catolizar el mundo.

Desde 1590 estallaron una serie de revueltas y represiones que golpearon con mayor fuerza a la Corona de Aragón con torturas y ejecuciones públicas en Zaragoza y recortes en sus libertades. Hay que decir que en ese año Felipe II había provocado deliberadamente a los aragoneses al nombrar un castellano como virrey, en contra del fuero que decía que el virrey debía ser aragonés. Las protestas más conocidas se dieron en Sicilia entre 1590-1591, en Messina y Nápoles en 1592 y hasta en Quito, capital de Perú, en ese mismo año. La situación portuguesa empeoró hasta llegar a un grado en el que para 1596 los choques violentos entre los ocupantes castellanos y el pueblo portugués se producían casi a diario, según un testigo de la época.

Dos años más tarde, en 1598, moría Felipe II que no era un «hombre de grandes ideas», siendo coronado Felipe III, primero los «Austrias menores». Felipe III, Felipe IV y Carlos II han sido definidos como «pobres hombres» que delegaban sus decisiones en nobles, siendo la mayoría de ellos «mediocres intrigantes». El cambio de corona no supuso mejora alguna en el trato de los pueblos explotados. La riqueza increíble acumulada en al-Ándalus durante varios siglos de esplendor, prácticamente había sido transferida en su totalidad a la clase dominante castellana y a la Iglesia, pero ni la represión brutal de las Alpujarras, ni el repoblamiento, garantizaban la paz del opresor. Temiendo que los moriscos estrechasen lazos con los turcos para reforzar su derecho incuestionable a la autodefensa frente a la opresión, la Corona expulsó de la península entre 1609 y 1614 a un millón de musulmanes. Las ganancias para la alta nobleza y la Iglesia fueron grandes en un primer momento, pero al poco tiempo empezaron las consecuencias quienes contrataban la muy formada mano de obra campesina y artesana morisca al caer la calidad de la producción.

El pusilánime Felipe III dejaba pudrirse la corrupta política imperial y su declinante economía cediendo el poder a validos como el Duque de Lerma que intentó evitar guerras ruinosas, limitar algunos derechos de la nobleza, reducir el empobrecimiento social creciente, etc., pero que no dudó en utilizar sus cargos para enriquecerse al máximo en un contexto de traición e intriga, corrupción, nepotismo y simonía institucionalizadas, destacando especialmente sus desfalcos inmobiliarios durante el traslado de la capital del reino de Madrid a Valladolid en 1601 y que le convirtieron en el hombre más rico del imperio español. El imperio estaba oficialmente regido por un rey que delegaba su gobierno en un duque que, para enriquecerse ilegalmente, delegaba gran parte de su poder en un valido de confianza.

La situación económica a comienzos del siglo XVII era relativamente buena pero dependía de la regular llegada de la plata expoliada en Nuestra América. Si las remesas se retrasaban y se multiplicaban los gastos, podía sobrevenir una crisis además, según estudios del clima, entre 1600 y 1715 hubo una mini glaciación por la disminución de las manchas solares con efectos devastadores sobre la producción agropecuaria provocando sucesivas hambrunas con las tensiones sociales correspondientes. Luis XIV se ganó la confianza de París al ser coronado en 1638 porque mandó repartir pan para combatir el hambre. Se discute también si la proto industrialización en esta época fue un intento de superar la dependencia agropecuaria de los caprichos del clima.

En el caso español, la depredación de al-Ándalus y de los judíos fueron dos métodos muy rentables de enriquecimiento hasta finales del siglo XV, luego asegurada a lo largo del siglo XVI por el vaciamiento de los recursos de las Indias. Y desde inicios del siglo XVII se continuó presionando a los judíos para que pagasen sumas inmensas, como fue el caso de los 410 judíos portugueses que entre 1602-1604 negociaron el perdón mediante el pago de 1.860.000 ducados más el gran valor de los regalos hechos a los ministros. La expulsión de los moriscos en 1609 también fue rentable en un primer momento para las arcas del reino. Todos los métodos eran válidos con tal de sacar ducados.

Pero la política económica de Felipe III era ruinosa a medio plazo porque ni las remesas de Indias, ni el expolio de los judíos, ni los impuestos y otras medidas como la deflación y la manipulación de la plata, etc., rendían lo suficiente para mantener un sobregasto creciente y dilapidador. Al morir en 1621 el imperio necesitaría alrededor de cuatro años, hasta 1625, para pagar su deuda, y la guerra iniciada contra Holanda en ese año exigía más y más sacrificios e impuestos, tarea a la que se lanzó el Conde Duque de Olivares quien en una carta al nuevo rey Felipe IV en 1624 le explicó que su objetivo era convertirle en el rey de «España». El valido, empleaba ya el singular de «España» según había empezado a hacer cuarenta y cuatro años antes Felipe II desde la bombardeada Lisboa, como hemos visto.

Además de otras medidas, Olivares ideó tres grandes vías para salir de la crisis y unificar «España» según el criterio austracista todavía vigente aunque cada vez más recortado: uno era forzar a los reinos y territorios a que pagasen más a la Hacienda real, otro era que pagasen y dedicasen más tropas autóctonas al fortalecimiento militar y, el tercero, tomado en 1628 era reforzar el método de la «venta de gracia», que permitía que fueran las elites dominantes de cada zona las que se quedaran con parte de los impuestos recaudados por ellas en nombre de la Corona. Era un método que facilitaba la corrupción y el despilfarro, pero que así mismo facilitaba que al menos una parte de la recaudación llegase a la Corona; era un método común, también aplicado por Richelieu, incluso en sus ejércitos, y expresaba la fase de tránsito de la descentralización de la nobleza a la centralización del absolutismo. Pero un efecto directo de este método era que facilitaba la aparición del bandolerismo social, forma de autodefensa de sectores populares sobreexplotados.

Pese a las limitaciones de las leyes de Olivares, ya para entonces era claro que Hacienda, Ejército, Cultura y Estado formaban una unidad, y en los noventa años siguientes quedaría definitivamente demostrada su efectividad con la conquista de Barcelona en 1714, la destrucción de los derechos catalanes y el salto cualitativo en la incipiente unificación nacional-burguesa de «España» como posible espacio material y simbólico de acumulación de capital. Que la posibilidad no fracasase y se convirtiera en probabilidad, y luego ésta en realidad presente, este proceso inseguro dependía de la dialéctica de las luchas de clases y nacionales, también internacionales.

  1. Los Austrias menores y la ruptura en la clase dominante

Cuando la unificación militar-estatal se intentó aplicar en 1625 surgieron resistencias en casi todas partes, pero sobre todo en Catalunya, Valencia, las Illes y Aragón, dentro de la península. La oposición se siguió expresando en 1626 y 1632. Fue en este proceso de tensionamiento creciente que estalló la guerra con Francia en 1635 que, en lo que ahora nos atañe, tendría al menos tres grandes consecuencias: la primera fue condicionar negativamente a medio plazo la capacidad económica y militar el imperio al perderse el derecho de tránsito por Valtelina, derrota aceptada en el tratado de Milán de 1637 que rompía el vital corredor que comunicaba la rica y productiva Flandes con la península cruzando los Alpes, el denominado «Camino español». Recordemos que el puerto de Amberes todavía seguía siendo el principal nudo comercial de Europa noroccidental en el que confluían redes desde las Américas, Europa del nordeste y sureste, África y el Índico.

La segunda fue la expansión del nacionalismo católico castellano que, tras la liquidación del ideal comunero, tuvo espacio para crecer ya sin obstáculos. Era un nacionalismo viejo que se plasmaría en la trinidad de: «evangelizar, civilizar, españolizar». Su base social era, en primer lugar, la nobleza guerrera que durante la «reconquista» se apropiaba de inmensos terrenos.

No nos alargaremos en citas sobre la identificación entre lengua castellana y dios, que de algún modo también se argumentó en otras lenguas y culturas. Nos centraremos en el siglo XVII: en 1619 se sostuvo que era el pueblo elegido por dios, e incluso en 1625 el Conde Duque de Olivares declaró que «Dios es español» agradeciéndole victorias militares, etcétera. Con una visión mucho menos fanática en lo religioso, Quevedo decía en base al materialismo geográfico de la época que el clima hacía a los españoles tener buenos usos y costumbres, y ser leales y obedientes hacia el rey, mientras que negros e indios eran perezosos por el calor y flemáticos por el frío los alemanes.

Pero una de las razones de la obediencia hacia el rey español hay que buscarla en «el alto grado de militarización de la población desde la reconquista». Otro historiador no ha dudado en afirmar que: «Los extranjeros son así fundamentalmente los enemigos, que con sus taras y defectos permiten ensalzar, por oposición, las virtudes y superiores cualidades de los españoles». Militarización social con las leyes de leva militar de 1496 en Castilla, inquisición cultural y trasfondo estatal depredador… eran las bases del nacionalismo preburgués del Imperio. Hay que admirar, viendo este panorama, a quienes pese a todo defendieron valores y culturas progresistas en esta Castilla en la que nunca se apagó el rescoldo comunero.

Es cierto que todos los poderes cristianos, en mayor o menor medida se apropiaban de dios, enfrentándolo a los demás gobiernos. Pero desde 1635 esto se plasmó abiertamente contra la población francesa en la península no solo en la xenofobia cultural, sino también con persecuciones físicas. Felipe IV azuzó la xenofobia práctica antifrancesa apelando a la identidad católica, defensora de la justicia, contraria a los pactos de los franceses ateos, criminales e impíos con cualquier enemigo de España. Desde finales del siglo XV Francia había buscado expandirse por Italia chocando con las posesiones e intereses de Castilla, estableciéndose desde entonces una pugna abierta o soterrada por la hegemonía europea, pero estas tensiones históricas así como el rechazo a lo francés en el pueblo provocado por la Corona no debilitaban las relaciones de toda índole entre las élites de ambos Estados, de manera que debe hablarse de una manipulación descarada para movilizar al pueblo para que muriera en la guerra ocultándole las buenas relaciones entre las clases dominantes.

Una muestra de que dios empezaba a dudar sobre si era español y en qué grado, fue que permitió que Olivares fuera depuesto en 1643 por las intrigas de la nobleza no tanto por la marcha de la guerra sino porque las tibias reformas de Olivares querían regular sus privilegios. Aunque la derrota final en la guerra y el humillante Tratado de Wetsfalia de 1648 demostraron que dios no era español, o que lo era muy poco porque una de las escasas victorias que concedió al Imperio fue la derrota de la sublevación catalana de 1640, sí es cierto que el nacional-catolicismo español insiste en su origen divino. Sin duda, la Inquisición tuvo mucho que ver en el arraigo de tanta irracionalidad en el nacionalismo imperialista español.

Y la tercera fue el conjunto de revueltas y sublevaciones que estallaron o se endurecieron más a raíz del empeoramiento de la explotación imperial necesaria para sufragar una guerra masivamente rechazada. Frente a un poder putrefacto, estallaron movimientos secesionistas y batallas sociales en casi todo el imperio en las décadas centrales del siglo XVII: Portugal –ya en 1638 se sublevó la ciudad de Évora siendo masacrada–, y los Países Bajos lograron la independencia después de duras guerras de liberación que no podemos detallar aquí, en las que las mujeres arcabuceras tuvieron un papel decisivo en algunos momentos. Pero fracasaron la Revuelta de la sal en Bizkaia en 1634, Catalunya en 1640, Andalucía en 1641, Nápoles y Sicilia en 1647, Nafarroa y Aragón en 1648, por citar las más conocidas. De todas ellas, la catalana es la que ahora nos interesa.

La guerra dels segadors de 1640 es el nombre que se da a la sublevación que resistió en Barcelona hasta 1652. Como hemos visto, desde 1625 Catalunya retrasó todo lo que pudo sus obligaciones militares con Castilla: en 1638 se negó a enviar tropas autóctonas a Gipuzkoa contra los franceses. Sin embargo, el ejército catalán sí tuvo que defenderse cuando los franceses invadieron el Principat, sufriendo la derrota de Salses en 1639 con un costo de 7.000 muertos y la liquidación del 25% de la nobleza del país. Fue una entrada obligada en la guerra defensiva, pero con un fuerte rechazo a los abusos, atropellos y destrucciones que cometía el ejército imperial oficialmente «aliado» sobre la población catalana que, además, pagaba los costos de su mantenimiento y ponía muchos de los muertos.

La sublevación estalló en abril de 1640 en un inicio contra el ejército imperial pero se extendió pronto contra las clases ricas catalanas a las que acusaban de traidoras. El pueblo ejecutó al virrey español y asaltó edificios relacionados con la administración del poder y de la propiedad. Hay que destacar la participación de las mujeres en estas luchas. Para el verano de 1640 la sublevación se había convertido en revolución social. Madrid preparó otro ejército para entrar el Catalunya. Cogido entre dos fuegos: el ataque del Imperio y la revolución interna, la Diputació pidió ayuda a Francia en enero de 1641, deponiendo a Felipe IV como Conde de Barcelona para darle el título a Luis XIII. Las tropas catalanas y francesas, ahora aliadas, derrotaron el ataque del Imperio,

La suerte del conflicto cambió bruscamente al sumergirse Francia en la guerra interna de la Fronda, desde 1648, entre grandes familias nobles y la Casa de Borbón que tuvo que dejar de ayudar a Barcelona en un momento en el que surgían tensiones cotidianas entre franceses y catalanes, debilitando mucho la defensa. En 1650 la peor epidemia de peste del siglo causó 36.000 muertos solo en Barcelona. En 1651 Felipe IV, al tanto de esa triple debilidad, sitia Barcelona y la conquista después de un año de resistencia, en 1652. Sabedor del poder económico de Catalunya, de la conciencia social y nacional de su pueblo trabajador y de la conciencia nacional burguesa de su clase dominante, decidió respetar en 1653 sus fueros aunque ligeramente reducidos.

Pero el incremento de las arcas reales gracias a la mayor explotación de los Països Catalans y Aragón no logró detener la crisis del imperio español: en lo económico las bancarrotas de 1647, 1652 y 1666; en lo militar, la derrota de Rocroi de 1643 y la derrota ante Portugal en 1656 que son la parte externa del «desmoronamiento interno»; y en lo político la derrota total en el Tratado de Wetsfalia de 1648 y en el Tratado de los Pirineos de 1659 mediante el cual la Corona española cedió al reino de Francia una quinta parte del territorio y de la población de los Països Catalans. La crisis latente del sistema aparecía como crisis real, manifiesta, cuando estallaban motines populares que entre 1647 y 1652 se sucedieron en Andalucía, especialmente en Córdoba y Granada.

La incapacidad económica, militar y política era tal que el imperio español no pudo romper el bloqueo marítimo inglés entre 1656 y 1659, año en el que por fin arribó la flota de América con gran cantidad de plata que, empero, se dilapidó improductivamente como siempre. La bancarrota de 1666 mostró la gravedad del «cáncer monetario» que asfixiaba al Imperio. La alta nobleza y la Iglesia –un poder terrateniente enorme– hacían y deshacían a su gusto: no debe extrañarnos, por tanto, que en 1677 se propusiera en las Cortes de Aragón la supresión de la «potestad absoluta de la nobleza», una propuesta revolucionaria por las perspectivas que podría abrir, que también mostraba el antagonismo creciente entre los derechos parlamentarios aun sobrevivientes en algunas naciones y el poder fáctico español que necesitaba intensificar su centralismo.

La vida política del Conde de Oropesa es un ejemplo de la estulticia y corrupción política: sus reformas desde 1680 podrían haber insuflado nueva vida a la Corona, pero las envidias y egoísmo de la nobleza las hicieron fracasar y le obligaron a dimitir de sus cargos teniendo que ir al destierro, muriendo en 1708, cuando la Guerra de Sucesión iniciada en 1701 asolaba Europa, siendo una verdadera guerra mundial por la hegemonía en Europa y, sobre todo, por el control de los inmensos recursos de América mediante el control de la Corona española.

  1. La casa de Borbón y la guerra contra los pueblos

La muerte de Carlos II en 1700 sin dejar descendencia dio paso al reinado de Felipe V, que fue el detonante de una crisis total del bloque de clases dominante en el Estado que venía agravándose desde la catástrofe de Wetsfalia de 1648; crisis que a su vez reflejaba un choque frontal en Europa entre dos modelos imperiales opuestos: el de Casa de Borbón y el de la Casa de los Habsburgo. Durante este medio siglo, la clase burguesa había incrementado su poder en Europa. Para entonces la Escuela de Salamanca era ya un legajo de papales olvidados en un armario. La cultura española, castrada por la Inquisición y el atraso, no podía dar a luz mentes como las de Hobbes, Spinoza, Locke y otros que sobre la base de Bodin fueron capaces de desarrollar la filosofía de la resistencia y la ideología del derecho y la soberanía, del límite del poder del Estado, de la propiedad burguesa, etc., en sus interpretaciones particulares porque vivían la lucha entre burguesías en ascenso, dispuestas a muchos sacrificios, y el feudalismo en retroceso dispuesto a todos los crímenes para mantener su poder.

La Casa de Borbón terminó imponiendo un Estado con un único ejército, una única lengua, un único sistema fiscal, una única política económica, un único sistema represivo, etc., tal como se desarrollaban en Francia obteniendo el esplendor y poder del absolutismo versallesco. A grandes rasgos, Castilla se hizo borbónica no sin dudas al principio porque, además de otros factores como la represión del ideal comunero desde 1521 por ejemplo, también se había desarrollado el nacionalismo imperial que deseaba reaparecer como gran potencia tras el hundimiento de 1648; además, la ideología de obediencia al Rey y la influencia autoritaria de la Inquisición facilitaron el apoyo a la Casa de Borbón; por otra parte, el desprestigio de los «Austrias menores» por su corrupción e inutilidad, responsables de las continuas bancarrotas y caos económico no podía contrarrestar la fama de eficacia borbónica.

Se ha dicho con cierta base que la Casa de Borbón consiguió el apoyo de las llamadas clases medias y de la pequeña nobleza en el centro peninsular para frenar el poder de la Iglesia, de la alta nobleza y de la Inquisición. El atraso tecnocientífico «difícil de superar» del Imperio era innegable y las clases medias pagaban sus consecuencias cuando querían abrir nuevos negocios. El ejemplo de la decisiva producción de armas es aplastante: muchas y las mejores debían comprarse en el extranjero y aunque el famoso «secreto sueco» de la fundición de calidad fue utilizado en Cantabria, el atraso seguía sin superarse. La industria armamentista vasca sufría el estrangulamiento de tener que adquirir las llaves de percusión y otras piezas de calidad en Francia. El apoyo de la burguesía vasca a la Casa de Borbón tenía algo o bastante que ver con sus negocios industrial-armamentísticos, el papel de los puertos de mar, en la necesidad de adquirir tecnología francesa. Los borbones respetaron las leyes vascas durante unos años porque también dependían de su industria. Sea como fuere, París obtuvo enormes concesiones de Madrid.

Por su historia y estructura económica, los Països Catalans resultaron relativamente beneficiados en la segunda mitad del siglo XVII, a pesar del centralismo en ascenso de Carlos II que reinó en 1665-1700. Más que en Aragón, en los Països Catalans se había desarrollado una burguesía comercial muy activa gracias, entre otras cosas, a los avances en la técnica textil. Las relaciones mercantiles con el Mediterráneo y con las antiguas posesiones del Reino de Aragón facilitaron el crecimiento. Esta burguesía iba rompiendo sus lazos ideológicos con el imperio español en la medida en que este le seguía negando el acceso al comercio de las Indias. Además, el nacionalismo español no olvidaba que el pueblo catalán se había sublevado en 1640, por lo que vigilaba atentamente el auge del ideario catalanista en su burguesía y en su pueblo trabajador. Bajo estas presiones los Països Catalans desarrollaron efectivas formas casi paralelas de autogobierno fáctico.

Por ejemplo, en los 35 años de su reinado Carlos II nunca convocó las Cortes catalanas, torpedeando su accionar con el «derecho real» de prohibir a determinadas personas que no eran de su agrado a que participaran en los listados de insaculación de cargos catalanes, limitando así mucho la efectividad del Parlament. Fue esta política la que aceleró en València el estallido de la Segona Germania en 1693 contra el empobrecimiento y la explotación, y contra los abusos del centralismo de Madrid, y que en 1702 en las Cortes de Aragón debatieran de nuevo contra los privilegios de la nobleza. Por su parte, la respuesta catalana fue crear la Conferència del Comuns de 1703 para administrar ágilmente los intereses de las clases y capas propietarias –los «ciudadanos honrados»–, y de otras instituciones muy efectivas. La reacción del nuevo rey Felipe V desde Madrid fue aplicada por el virrey Velasco en 1704-1705 enseñando lo que ya empezaba a ser el centralismo borbónico, entre otros objetivos para reprimir la precipitada rebelión de 1704.

Por fin, en 1705 la mayoría de aragoneses y catalanes se posicionaron contra el Borbón y a favor de la Casa de Austria porque esta no atacaba tanto sus derechos nacionales. La propaganda nacionalista española falsea y ridiculiza la eficacia administrativa y las garantías civiles de los sistemas forales que, en líneas generales, limitaban el poder real, los privilegios de la nobleza y el terror moral y físico de la Inquisición; también reducían los impuestos, regulaban las tasas de salida y entrada de mercancías, y garantizaban al pueblo una influencia más cercana y casi directa al poder foral sobre todo en las hambrunas y crisis de abastecimientos por acaparación privada del grano y otros alimentos y productos necesarios, obligando al poder bajo presión de masas a prohibir el acaparamiento e imponer precios baratos; además las «constituciones», los fueros, las «leyes viejas», etc., controlaban sus propias unidades militares y podían negarse y se negaban a participar en guerras extranjeras.

Estas características explican por qué las naciones periféricas del Estado español defendieran tan desesperadamente sus leyes propias: porque sabían por experiencia que eran mejores, más justas y más democráticas –en el sentido preburgués de la época de entre las dos oleadas revolucionarias burguesas triunfantes– que las que imponía la Casa de Borbón por derecho de conquista. También explican el importante papel desempeñado por las mujeres en esa defensa, tanto que solo muy tarde, en verano de 1715, Felipe V empezó a perdonar a las mujeres austracistas por su «desafección o disidencia».

Tras la victoria del borbón en la batalla de Almansa de 1707 el centralismo destrozó los derechos de Valencia. Aragón todavía resistió hasta la derrota de Villaviciosa en 1710. El arzobispo de Zaragoza pidió a Felipe V que impusiera directamente la ley castellana, liquidando la aragonesa. Los pueblos conquistados sufrieron una política que tenía «un fuerte contenido punitivo». La guerra fue inclinándose a favor del centralismo borbónico, en buena medida gracias al ejército francés, y a pesar de los intentos catalanes de reconquistar Valencia con un desembarco coordinado con una sublevación campesina. Hubo un flujo de refugiados valencianos y aragoneses hacia el Principat para seguir luchando por sus derechos nacionales, sociales, culturales.

Felipe V dejo claro en el artículo XIII del Tratado de Utrecht de 1713 que una cosa era la amnistía que pensaba conceder presionado por las potencias extranjeras, pero que Barcelona y los territorios aún libres de los Països Catalans estarían bajo la ley castellana, como ya lo estaba el resto. Los defensores de Barcelona se enteraron por algún vericueto de este artículo XIII y decidieron resistir hasta el final.

  1. La casa de Borbón y la represión de los pueblos

En la Barcelona resistente de 1713-1714 se publicaron textos en los que se pedía al pueblo castellano que recordara los derechos que le habían arrancado brutalmente al perder la guerra de los Comuneros en Villalar en 1521, hundiéndole en la explotación, mientras que Catalunya aún conservaba esos mismos derechos que se habían practicado en 1701 y 1705 en las Cortes, la Diputació y los municipios «que daban voz al “hombre común”». Las y los barceloneses eran conscientes de esa especie de continuidad histórica porque, en las condiciones de 1713-1714, revivían en su contexto los mismos problemas esenciales del pueblo comunero castellano de dos siglos antes: derechos, autodeterminación desde la base y soberanía colectiva dentro del contexto sociohistórico objetivo, es decir, en el caso castellano la sociedad estamental minada por una incipiente burguesía y en el caso catalán la decadente sociedad estamental desbordada por una burguesía fuerte.

El andamiaje administrativo-institucional construido en los Països Catalans y en Aragón, demostró su solidez democrática en los muy duros momentos de decidir con votaciones sucesivas si se resistía al invasor o se claudicaba ante él. No fue una dirección política vertical, impuesta desde arriba a un pueblo obediente, sino un proceso muy horizontal para las condiciones de su época, desde luego cualitativamente mejor que el autoritarismo absolutista dominante entre las dos oleadas de revoluciones burguesas triunfantes, la de mediados del siglo XVII y la de finales del siglo XVIII. Del mismo modo, la dirección de la guerra defensiva y la excelente preparación de la oficialidad del ejército de Catalunya eran inseparables de esos métodos de autogobierno soberano que el pueblo catalán se había dado a sí mismo en base a su derecho a la libre determinación en la fase histórica anterior a la segunda oleada de las revoluciones burguesas. Sin esta base de participación es incomprensible entender la existencia de entre 20.000 y 30.000 soldados profesionales en 1705-1713, es decir, el 6% de la población catalana, una proporción comparable a la militarizada Suecia de Gustavo Adolfo.

Los invasores quedaron sorprendidos por la decisión de lucha del pueblo catalán. Creían que la apabullante demostración de fuerza realizada el 25 de julio de 1713 frente a las murallas de Barcelona por un ejército borbón de 20.000 soldados sería suficiente para que, aterrado, se rindiera. Pero Barcelona resistió más de un año. La dura fiscalidad y las atrocidades y crímenes del ocupante borbón contra la población que vivía fuera de Barcelona, fueron tales que desde finales de ese año y enero de 1714 estallaron motines y aparecieron guerrillas que para primavera de 1714 formaban una especie de ejército de extramuros de 4.000 soldados. La eficiencia de la soberanía preburguesa catalana se demostró en estos momentos críticos no solamente armando un ejército, sino también una flota que garantizaba los suministros desde Mallorca y otros puertos.

Pero las llamadas «Dos Coronas» de la Casa de Borbón, sumaban demasiados recursos frente a la heroicidad catalana, sobre todo en artillería, poliorcética e ingeniería militar lo que permitió a los invasores acercarse mucho a las murallas sufriendo muy pocas bajas. La suerte estaba echada. Una muestra de la raigambre del sentimiento nacional preburgués del pueblo lo encontramos en la mitad de la batalla desesperada del 11 de septiembre de 1714: en una brecha crítica abierta por la artillería franco-española los defensores se reorganizaron alrededor de la bandera de Santa Eulalia, patrona de Barcelona, contuvieron el ataque y contraatacaron hasta taponar la brecha. Las enseñas y banderas que simbolizaban el sentimiento nacional preburgués estuvieron al frente de los desesperados contraataques de una masa de guerra formada por soldados y por civiles armados de cualquier modo.

Ese último día el monasterio de San Pedro fue reconquistado once veces por los catalanes que al mediodía volaron una parte y se atrincheraron en ella por última vez. Los defensores sabían que Lleida y Xàtiva habían sido masacradas por el borbón, con escenas espantosas, y aprovecharon la oferta de rendición sin saqueos ni muertes hecha por el mando atacante, para salvar las vidas y las casas de la población civil, o de lo contrario la población sería pasada a cuchillo. La negociación fue realizada por Berwick que contravino las órdenes del rey no se sabe si para evitar una posible desbandada de su ejército agotado por la resistencia popular, o para facilitar la entrada de la caballería invasora por las estrechas calles de la ciudad.

Pero la caída de Barcelona y de la fortaleza de Cardona una semana más tarde no supuso el fin automático de la guerra porque Palma de Mallorca resistió hasta julio de 1715 y, a otra escala, se organizaron guerrillas catalanistas en los Pirineos durante al menos una década. Durante la guerra, decenas de miles de personas tuvieron que escaparse de los Països Catalans y de Aragón para no ser encarceladas o asesinadas. El rey borbón acabó con sus derechos aplicando el más fuerte derecho de conquista del Imperio, empezando en el acto un proceso de desnacionalización gradual. Catalunya fue sobrecargada de impuestos en comparación a los que pagaba Castilla, pero en realidad fue la Corona de Aragón –Valencia, las Illes, Aragón y Catalunya– la que, desde su derrota y ocupación militar desde 1707-1714, llenó el agujero fiscal español con la sobreexplotación económica. El Imperio necesitaba urgentemente cualquier aporte de fondos para taponar dos brechas mortales: el orden interno y la seguridad marítima. Ambas necesitaban dinero, mucho dinero, que fue sacado de la derrotada Corona de Aragón, además de otras formas y métodos. El preámbulo del decreto de Nueva Planta de enero de 1716 dejaba claro que la ley española impuesta se basaba en el derecho de conquista, lo mismo que dejó bien claro el ejército fascista español cuando logró conquistar Bilbao en 1937.

En orden interno se aseguró aumentando la movilidad del ejército para que pudiera trasladarse rápidamente por el Estado reprimiendo cualquier protesta: nada menos que 14.000 hombres a caballo y 59.000 a pie, una proporción de caballería muy alta para la época. En cuanto a la marina, la crisis era tal que tras la Guerra de Secesión dependía de la flota francesa para garantizar la llegada de la plata de Nuestra América. Debía, por tanto, construir una armada nueva o todo se hundiría. La experiencia burocrática del Borbón, su centralización extrema, fue aplicada en el Estado desde 1717 para crear la Marina de Guerra. Sin la sangría económica del aplastado Reino de Aragón, semejante recuperación imperialista hubiera sido mucho más difícil.

Para concluir, hemos dicho anteriormente que Hacienda, Ejército, Cultura y Estado formaban ya una unidad en el siglo XVII que se reforzaría en el XVIII. Hemos hablado del expolio fiscal de los Països Catalans y de Aragón para fortalecer el Estado y el Ejército español. Nos falta la Cultura: de la misma forma en que la aristocracia y la joven burguesía valenciana empezó a abandonar el uso del catalán al ser derrotada la rebelión de la Germania en 1520-1522 contra la nobleza, rebelión popular que se extendió a Mallorca, después de 1714 la burguesía catalana también giró hacia la lengua española. En ambos casos se trata de la necesidad de las clases dominantes de distanciarse del pueblo trabajador, de su cultura y lengua, para acercarse a las del ocupante. Decidido a extender no solo la lengua y la cultura española, Felipe V fundó en 1738 la Real Academia de la Historia para fijar la visión políticamente correcta de la historia española pero «con bastante ineficacia, por cierto». Y el rey Carlos III prohibió imprimir libros en euskera en 1766 y en 1768 ordenó que en Aragón se actuase y se enseñase en castellano.

  1. La dinámica de las contradicciones y sus formas

Los escasos intentos habidos en el Estado para impulsar un capitalismo con alta productividad del trabajo, con una política clara de subsunción real de las clases trabajadoras mediante una permanente modernización tecnocientífica, de modo que la inevitable resistencia obrera nunca diera el salto a la lucha política por la toma del poder, y con una deliberada integración de las burguesías de los pueblos oprimidos en un sistema democrático-burgués flexible e integrador, dentro de lo relativo de estos términos, tales intentos, además de haber sido muy pocos siempre han sido rápidamente cortocircuitados por la fiereza reaccionaria y la estulticia conservadora que vertebra el espinazo del bloque de clases dominante en el Estado.

Desde ese siglo XVIII en el que la crisis del feudalismo no encontró como salida el desarrollo de una forma «moderna» del modo de producción capitalista, sino a un engendro corrupto, violento y orgulloso de su ignorancia, desde entonces se han repetido una y mil veces determinadas crisis que apenas varían en su esencia aunque sí en sus formas. Pese a los puntuales y fugaces esfuerzos de acelerar y racionalizar el sistema productivo, social, cultural y político español para recortar distancias y reintegrarlo en la cada vez más distante cabeza hegemónica del capitalismo, ahora mismo nos golpea el torbellino de contradicciones que estallaron desde la mitad del siglo XVII hasta su definitivo triunfo reaccionario a comienzos del siglo XVIII.

Unos intelectuales que flotaban en las nebulosas de sus abstracciones, creyeron que la crisis de finales del siglo XIX era la definitiva porque, de rebote, insuflaría vida en el «alma española». El reaccionario Maeztu lloriqueó diciendo: «Me duele España», y ese sufrimiento derechista desencadenó una cadena de brutalidades fascistas que siguen atormentando la conciencia de los vivos y pudriendo el interior del sistema capitalista. Tal vez desesperado, Ortega y Gasset dijo aquello de que «España es el problema, Europa es la solución». Pero Europa no ha sido la solución pese a las promesas de ayuda, sino uno de los verdugos.

El atraso histórico en la productividad del trabajo y la indiferencia ensoberbecida hacia la ciencia y la técnica; la corrupción estructural, el amiguismo y el orgullo medieval por el corporativismo clientelar; el desprecio racista del nacionalismo gran-español y católico hacia las lenguas y culturas de los pueblos que oprime y el incumplimiento sistemático de los acuerdos pactados con las burguesías «regionales»; y la tendencia congénita, casi inquisitorial, hacia el recurso fácil a las soluciones represivas y violentas cuando las clases y naciones explotadas desbordan la flaca tolerancia del poder.

Las cuatro características descritas, que interactúan entre sus múltiples matices hasta formar una totalidad concreta vigente en cada crisis histórica, nos remiten en sus diversos inicios y con sus velocidades y autonomías relativas a finales del siglo XV. Esa totalidad concreta descrita nos conduce definitiva e irreversiblemente a la mitad del siglo XVI en adelante. En ese devenir, provocaban sucesivos estallidos de violencias varias, siendo las decisivas las que se expresaban en forma de guerras convencionales. Eran violencias decisivas porque, según sus resultados, fortalecían tendencias evolutivas reaccionarias o progresistas, especialmente las primeras.

A nivel estatal vencieron las reaccionarias y por eso el capitalismo resultante se caracteriza por las contradicciones arriba resumidas que, por ser estructurales, o mejor decir genético-estructurales, impiden ya definitivamente la «modernización» del capitalismo español. Las fuerzas reaccionarias dominantes en el bloque de clases en el poder sienten no solo como un ataque a su propiedad ese intento de «modernización», que también lo es, sino que encima se sienten ofendidas e insultadas en su cínica moral nacional-católica y de esta mezcla de orgullo herido y bolsa amenazada resurge siempre su añorante necesidad infantil de un padre protector, sea un rey o un dictador, o ambas cosas.

Pero el reformismo, sea blando o duro, no puede imaginar otra alternativa que no sea la de mantener lo esencial de la nación española, aunque sea recurriendo al imposible metafísico de la «nación de naciones» dentro del sistema capitalista. Y no puede hacerlo porque su sistema cognitivo está cimentado en el nacionalismo español.

Euskal Herria, 31 de agosto de 2017

Bibliografía básica consultada

AA.VV.: «Los cambios en la Edad Moderna», Historia Universal, Salvat-El País, Madrid, tomo 15, 2004.

AA.VV.: Pierre Vilar i la història de Catalunya, Base, Barcelona 2006.

Albareda, Joaquín: «El proyecto austracista de la Corona de Aragón», Desperta Ferro, Historia Moderna, nº 3, Madrid 2012, pp. 20-23.

Albareda, J., y Esculies. J.,: La Guerra de 1714, Labutxaca, Barcelona 2016.

Alcoberro, Agustí: «Cataluña abandonada», Desperta Ferro. 1714. El fin de la Guerra de Sucesión Española, Historia Moderna, nº 10, 2012.

Arana, Alberto: El problema español, Hiru, Hondarribia 1997.

Azurmendi, Joxe: Los españoles y los euskaldunes, Hiru, Hondarribia 1995.

Balcells, Albert: El nacionalismo catalán, Historia 16, Madrid 1999.

Ballester Rodríguez, Mateo: «Identidad nacional y religión en España durante la Guerra de los Treinta Años»,Desperta Ferro. La Guerra de los Treinta Años, número especial 1, Madrid.

Ballester Rodríguez, Mateo: «Herejes, traidores y rebeldes. Los enemigos de la Monarquía vistos desde España», Desperta Ferro. Los Tercios (II) 1600-1660, número especial VII, Madrid 2015.

Beltrán Moya, J. L. y Doris Moreno Martínez: Barroco, Arlanza Ediciones, Madrid 2000.

Bély, Lucien: «La guerra de los borbones». Desperta Ferro. Historia Moderna. Nº 3. Madrid 2012, pp. 6-11.

Braudel, Fernand: El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, FCE, México 2005, tomos I y 2.

Calvo Poyato, José: De los Austrias a los Borbones, Albor, Madrid 2005.

Caro Baroja, Julio: El Señor Inquisidor, Altaya, Madrid 1996.

Carriere, Jean-Claude: La controversia de Valladolid, Península, Barcelona 1998.

Colón, Germán: «Catalán frente a castellano». J. J. de Bustos y Silvia Iglesias (coords.): Identidades sociales e identidades lingüísticas, Edit. Complutense, Madrid 2009.

Cremades Griñon, Carmen María: «Los Estados europeos de la primera mitad del siglo XVII» y «La guerra de sucesión: un enfrentamiento mundial», GHU, CIL, Madrid 1986, tomo 16.

Cumplido Muñoz, José Ramón: «Un ejército para Felipe V», Desperta Ferro. La Guerra de Sucesión Española, Historia Moderna, nº 3, Madrid 2012.

De Mesa Gallego, Eduardo: «A fuego y a sangre», Desperta Ferro. La Guerra de las Alpujarras, Historia Moderna, nº 25, Madrid 2017.

Fontana, Josep: La Historia de los Hombres, Crítica, Barcelona 2001.

Friedrich, Edelmayer : «¿Una “gran estrategia” de los Habsburgo?», Desperta Ferro. La Guerra de los Treinta Años, número especial 1, Madrid.

García de Cortázar, F. y González Vesga, J. M.: Breve historia de España, Altaya, Barcelona 1996, 2 tomos.

Helliot, J. H.: «Revueltas en la Monarquía Española». AA.VV.: Revoluciones y rebeliones en la Europa moderna, Alianza, Madrid 1986.

Hernández, F. X. y Riart, F.: «Los últimos austracistas. El ejército de Cataluña, 1713-1714», Desperta Ferro. 1714. El fin de la Guerra de Sucesión Española, Historia Moderna, nº 10, 2012.

Hernández, F. X. y Riart, F.: «Populi y el desafío de Barcelona», Desperta Ferro. 1714. El fin de la Guerra de Sucesión Española, Historia Moderna, nº 10, 2012.

Jurío, Jimeno: Navarra. Historia del euskera II. Retroceso y recuperación, Uda-Bide, Pamiela, Lizarra 2008.

Kamen, Henry: La Inquisición española, Crítica, Barcelona 1979.

Kamen, Henry: Felipe de España. Siglo XXI. Madrid 1998.

Kamen, Henry: España y Cataluña, La esfera de los libros, Madrid 2014.

León Sanz. Virginia: «Un capítulo olvidado. El exilio austracista», Desperta Ferro. 1714. El fin de la Guerra de Sucesión Española, Historia Moderna, nº 10, 2012.

Maravall, José Antonio: Las comunidades de Castilla, Altaya, Madrid 1997.

Montcher, Fabien: «Richelieu, Olivares y la secular rivalidad hispano-francesa», Desperta Ferro. Richelieu contra Olivares, Historia Moderna, nº 9, Madrid 2012.

Parker, Geoffrey: Felipe II, Altaya, Madrid 1996.

Pérez, Joseph: La revolución de las Comunidades de Castilla. (1520-1521), Siglo XXI, Madrid 1998.

Pérez Samper, María Ángeles: «1640: la Guerra dels segadors», Desperta Ferro. La Guerra de los Treinta Años,número especial 1, Madrid.

Poncela González, Ángel: La escuela de Salamanca, Verbum, Madrid 2015.

Riera Foriana, Enric: Las claves de la Hegemonía Española 1556-1600, Planeta, Barcelona 1991.

Rubio, Xabier: «Once de Septiembre de 1714. El asalto de Barcelona», Desperta Ferro. 1714. El fin de la Guerra de Sucesión Española, Historia Moderna, nº 10, 2012.

Ruíz Ibáñez, José Javier: «Guerra, impuestos y motines», Desperta Ferro. Richelieu contra Olivares, Historia Moderna, nº 9, Madrid 2012.

Schulze, Hagen: Estado y nación en Europa, Crítica, Barcelona 1997.

Taibo, Carlos (Dir.): Nacionalismo español, Catarata, Madrid 2007.

Vilar, Pierre: Crecimiento y desarrollo, Ariel, Madrid 1974.

Vilar, Pierre: Historia de España, Crítica, Barcelona 1980.

Vilar, Pierre: Hidalgos, amotinados y guerrilleros, Crítica, Barcelona 1999.

Wallerstein, Immanuel: El moderno sistema mundial II, Siglo XXI, Madrid 1984.

Wolf, Eric R.: Europa y la gente sin historia, FEC, México 1994.

Wright, Ronald: Continentes robados. América vista por los indios desde 1492, Anaya & Muchnik, Madrid 1994.

Zagorin, Pérez: Revueltas y revoluciones en la Edad Moderna, Cátedra, Madrid 1985, tomos I y II.

 

(Imagen: Rendición ante el emperador. Este óleo de Carle Vernet muestra a Napoleón en Chamartín, recibiendo a los delegados de la Junta de Defensa de Madrid para rendir la ciudad y a los que reprocha airado su resistencia).

América Latina: ¿Feudal o capitalista?

por Luis Vitale//

La controversia respecto de si América latina tiene características feudales o capitalistas podrá parecer académica, pero durante muchos años el movimiento reformista basó su estrategia política en las siguientes proposiciones:

  1. España era un país feudal.
  2. España trasplantó su sistema medieval al Nuevo Mundo, y la colonización se llevó a cabo bajo el régimen feudal.
  3. En América latina creció una aristocracia feudal, y más tarde se independizó de España.
  4. Una aristocracia feudal gobernó los países latinoamericanos durante los siglos XIX y XX, impidiendo el desarrollo del capitalismo Y el surgimiento de una burguesía nacional.
  5. Los partidos populares deben respaldar a la ”burguesía progresista” contra la oligarquía feudal, para cumplir con los objetivos democrático-burgueses por medio de un Frente de Liberación Nacional.

Que el problema de feudalismo o capitalismo no es simplemente académico puede verse en la trágica derrota de quienes basaron sus acciones en esa teoría: el Frente Popular y González Videla en Chile, Perón y Frondizi en la Argentina, Vargas y Goulart en Brasil, la Acción Democrática en Venezuela, el APRA y Belaúnde en Perú, y las revoluciones guatemalteca y boliviana, entre otros. La tesis principal del movimiento reformista consiste en definir a España como un país feudal, caracterización que ha ganado credibilidad gracias a su repetida formulación. Los historiadores liberales del siglo XIX fabricaron una falsa imagen de España, una valoración que servía a la política inmediata del Imperio británico, antes que a la historia. El concepto de la España feudal adquirió una significación especial en el siglo actual. Sus portavoces son los sociólogos y políticos seudoizquierdistas que confunden atraso económico

con feudalismo, o latifundio con feudalismo.

Aclaremos estos conceptos. ¿Cuáles fueron los rasgos generales de los sistemas feudales? El feudalismo era un sistema económico agrario basado en el trueque, sin salarios, pues los servicios se pagaban con tierra, alojamiento y alimentos. Su estructura social se basaba en relaciones de servidumbre, de vasallaje, con castigo para los que abandonan el feudo, etc. En el plano político se caracterizaba por una monarquía débil y una nobleza independiente. Este régimen echó sus primeras raíces a finales del Imperio romano, llegó a su culminación entre los siglos IX y XII y declinó en la baja Edad Media. Lo que minó la estructura feudal fue el choque entre la cultura musulmana y la europea, a lo largo de siete siglos. Los turcos, los árabes y los judíos invadieron el ”Mare Nostrum”, crearon fábricas y vendieron sus mercancías en los feudos. La clase media creció. Una nueva clase social, la burguesía comercial, surgió en los alrededores de los castillos, y los siervos comenzaron a trasladarse del campo a la ciudad. Los banqueros venecianos y bálticos modificaron poco a poco la vida económica y social de la Edad Media. Una economía natural se convirtió en una economía monetaria …

La Península Ibérica se encontraba a la vanguardia de este proceso. Portugal, en 1381, presenció la primera revolución burguesa, cuatro siglos antes que la de Francia. La burguesía comercial de Lisboa, vinculada con el comercio con Flandes, eliminó del poder a los señores feudales. El fracaso final de la revolución demostró que las condiciones no estaban maduras para el triunfo de la burguesía, pero el ascenso de ésta se reflejó en el comercio con el Atlántico norte, en los planes de Enrique el Navegante, y sobre todo en los descubrimientos del siglo XV.

Por distintos motivos, España tenía características menos típicamente feudales que otros países europeos:

  1. La prolongada invasión musulmana tuvo efectos específicos sobre España; interrumpió, o más bien, modificó el curso del desarrollo feudal que había surgido en la España visigoda. Los árabes se infiltraron en Europa central y meridional a un ritmo impresionante inclusive para historiadores acostumbrados a ver la historia desde el punto de vista europeo. La civilización musulmana fue absorbida por la sociedad española y dio un estímulo extraordinario al comercio, en particular bajo Abderramán III, en el siglo X. Mientras el resto de Europa vivía bajo un régimen de economía natural, España realizaba un comercio relativamente activo. Los árabes promovieron el progreso agrícola e industrial. Introdujeron el azúcar, el algodón y la cría del gusano de seda, base de la manufactura textil. ”El secreto del renacimiento industrial en España y Sicilia bajo los árabes fue la construcción de canales”.1 Los progresos de la agricultura española se vieron en el sistema de irrigación, en las obras hidráulicas de Valencia, Andalucía y Zaragoza (25.000 acres irrigados), y en la atención que le prestaron los hombres de ciencia árabes…
  2. La invasión árabe obligó a la monarquía y la nobleza españolas a revisar el sistema socioeconómico. En las regiones más afectadas por la guerra, tales como León y Castilla, surgió una población campesina relativamente libre que se negó a reconocer los antiguos vínculos feudales. ”Durante más de un siglo —dice Smith—, la frontera entre la España cristiana y la musulmana consistió en una amplia zona, deshabitada o escasamente poblada, que solo podía ser colonizada ofreciendo tierras dentro de ella a precios ventajosos. En ese territorio el colono típico fue, durante los siglos IX y X, el campesino libre que poseía un pequeño terreno…”2 La situación de estos campesinos cambió en siglos posteriores, cuando los terratenientes se organizaron, pero no cayó en el tipo de servidumbre que existía en otros países europeos. Además, las behetrías, en que los campesinos compraban la protección del

señor, establecieron vínculos de vasallaje menos rígidos que los del feudalismo francés o el

alemán. El feudalismo español fue de un tipo sui generis…

  1. La guerra contra los árabes impidió la consolidación de los señores feudales, fortaleció la tendencia centralizadora de los reyes. Éstos tomaron en sus manos el anárquico comando militar de los nobles. Sería una exageración afirmar que la España de la Reconquista era un Estado monárquico y centralizado en el sentido moderno … pero no puede negarse que los reyes ejercieron un control más o menos estricto sobre los señores feudales. Los intentos posteriores de consolidación feudal fueron frenados por medio de los reyes católicos, quienes convirtieron a la nobleza en cortesanos dependientes del trono.
  2. Desde el siglo XIV en adelante se desarrolló una economía pastoral conocida como Mesta, un tipo nómade de crianza de ovejas que proporcionaba lana a los centros textiles de los Países Bajos. A pesar de su apariencia, este sistema de crianza de ovejas no era feudal, pues la lana producida era enviada al mercado internacional. Dos características de la Mesta —el empleo de poca mano de obra y la utilización de enormes extensiones de tierra para criar ovejas para lana— provocaron la migración a las ciudades de los campesinos que habían sido expulsados del campo, y debilitó las actitudes de servidumbre. Las vastas extensiones de tierra no eran necesariamente feudales; el rasgo esencial del feudalismo no es la extensión de tierra… sino el sistema de producción agraria, con una economía natural de trueque, sin mercados y sin uso de dinero…
  3. La prueba más concluyente de que España avanzaba hacia el capitalismo consiste en el ascenso de una nueva clase social: la burguesía. El capital comercial, acumulado por los mercaderes que comerciaban con el Atlántico norte, Italia y Provenza, comenzó a financiar empresas manufactureras… Reyes y nobles, endeudados debido a los préstamos concedidos por la floreciente burguesía, se vieron obligados a permitirle participar, aunque en escasa medida, en los asuntos del Estado. Muchos años antes que las clases medias francesa e inglesa desempeñaran funciones política claves, la burguesía española fue reconocida por las Cortes. En el siglo XI aparecieron municipalidades … ”Ya en el siglo XIV las ciudades constituían la parte más poderosa de las Cortes españolas”.3 Y la literatura española del período… refleja con más vigor que los documentos oficiales la influencia cultural de la clase media en ascenso.

En una palabra, durante el período de la conquista americana, España era un país en transición del feudalismo al capitalismo, una nación de desarrollo desigual, que combinaba instituciones feudales con una burguesía relativamente fuerte que comerciaba con mercados extranjeros. El capitalismo español del siglo xv no era un capitalismo industria moderno, sino un capitalismo incipiente, primitivo, esencialmente comercial y con restos de feudalismo: instituciones feudales y títulos de nobleza. Los siglos XVI y XVII presenciaron un tardío resurgimiento del feudalismo, en especial después de la derrota de la burguesía en la guerra de los Comuneros de Castilla y de las Hermandades de Valencia en 1550. Bajo la presión de los señores feudales, de la Iglesia y de los capitalistas genoveses y alemanes, Carlos V expulsó a los judíos y a los árabes, baluartes del comercio y la artesanía del período. Pero a pesar de esas victorias feudales temporarias, España se desarrolló hacia el capitalismo en… una trayectoria errática que culminó durante el siglo XVIII, bajo los Borbones, con la adopción de medidas en favor de la burguesía y de la industria nacional. (Es necesario reconocer que estos reveses impidieron a España alcanzar el grado de desarrollo capitalista logrado por Francia e Inglaterra durante la Revolución Industrial.)

 

La segunda tesis del movimiento reformista es la de que la conquista de América fue de carácter feudal. Para nosotros el descubrimiento, conquista y colonización de América fue un acontecimiento natural para un país que había roto sus lazos con la economía rural de la Edad Media. La conquista tenía un objetivo capitalista: la explotación y comercialización de los metales preciosos. A pesar de la presencia de fincas feudales, la economía colonial no se basaba en una economía natural o en la producción en pequeña escala de la hacienda feudal, sino en la explotación de materias primas para el mercado internacional, en escala relativamente grande y mediante el empleo de grandes cantidades de trabajadores nativos … En tres siglos España extrajo veinte mil millones de francos en metales preciosos de fuentes americanas, y las principales ciudades coloniales se crearon con el fin de exportar materias primas a Europa. La explotación de la mano de obra durante la colonización no tuvo carácter feudal; la esclavitud negra no era una institución feudal, sino una empresa capitalista, organizada con grandes capitales… Y los trabajadores nativos de las encomiendas, aunque en modo alguno eran los obreros típicos de la industria moderna, recibían un ”salario bastardeado”.4

Durante los primeros años de la conquista los encomenderos trataron de afirmar su independencia. La Corona española, ansiosa de evitar el surgimiento en América de un grupo de señores que eventualmente pudieran repudiar su autoridad, establecieron una fuerte administración con vistas a contrarrestar todo estallido feudal. En 1542 las Nuevas Leyes de Indias refirmaron el poder real: supresión de la esclavitud y anulación de la ley de sucesión por dos generaciones, es decir, el final de la concesión perpetua de encomiendas. El encomendero no era el amo de los indios, ni podía imponer justicia, porque ”el indio no era el siervo del encomendero, sino el súbdito del rey”. Las medidas de la monarquía ”en favor” de los indios no nacieron de un sentimiento de respeto por la persona humana, sino de una motivación capitalista: proteger a la mano de obra explotada, evitar el exterminio físico de la fuerza de trabajo, los indios proporcionaban metales preciosos a la Corona. Algunas de estas leyes no fueron obedecidas; antes bien, resultaron resistidas por los encomenderos por medio de la rebelión, como las de Nueva Granada en 1563 y de México en 1564.

En 1549 el rey decretó la abolición de la servidumbre personal en la encomienda, y afirmó que el indio solo debía entregar tributos en especie. En 1569 el virrey Toledo, del Perú, declaró que ese tributo debía ser pagado en dinero, exigencia que obligó a los indios a trabajar por un salario. Por lo tanto, la encomienda de servicios fue remplazada por la del tributo en dinero, sistema llamado cuatequil en México y mita en Perú y Chile… El obrero asalariado representaba una relación capitalista embrionaria entre las clases, y constituía una nueva clase de trabajadores. En el siglo XVII, con el explosivo aumento del número de mestizos, los terratenientes y los dueños de minas se vieron obligados a pagar jornales para obtener mano de obra…

La tercera tesis del reformismo es la de que la aristocracia feudal que se inició en la colonia incitó la rebelión de independencia contra España … Nosotros afirmamos que España conquistó a América, no para reproducir en ella el ciclo feudal europeo, sino para incorporarla al nuevo sistema de producción capitalista. Esto engendraría repercusiones, no sólo en el desarrollo de las clases sociales, sino además, en parte, en la revolución americana … La colonización española hizo nacer una burguesía criolla, que al desarrollarse y entrar en conflicto con los intereses imperiales, dirigió la emancipación de América latina.

El desarrollo interno de América latina estuvo subordinado desde el comienzo a su estado colonial. Su economía fue creada para servir los intereses de la madre patria. El papel de América latina como productora de materias primas comenzó en el período colonial. El desarrollo de la industria local —condición que, junto con la reforma agraria, es esencial para la creación de un mercado interno— fue restringido por España. La colonia cumplió con la doble función de exportar materias primas e importar productos manufacturados.

España monopolizó las exportaciones e importaciones, e hizo imposible que los criollos obtuvieran mejores precios en otros mercados o compraran productos manufacturados más baratos. Para apaciguar a los que protestaban cotra este monopolio, los reyes de la casa de los Borbones permitieron en 1778 la apertura de 33 nuevos puertos de intercambio con América. El relativo aumento del intercambio acentuó las esperanzas de la burguesía criolla. Las concesiones borbónicas, en lugar de aliviar el descontento de las colonias, estimularon las aspiraciones de los terratenientes, dueños de minas y comerciantes criollos. Las reformas iniciadas por los ministros liberales de Carlos III muestran que España había perdido sus colonias mucho antes de 1810…

Como los criollos ricos adquirían títulos de nobleza, establecían fincas de familia y ejecutaban otros actos reminiscentes del feudalismo medieval, se los ha caracterizado a veces como una aristocracia feudal … pero esos títulos de nobleza eran adquiridos con dinero, y no por ”sangre azul”.

…Aunque se le puede encontrar muchas causas, en lo esencial la revolución contra España fue creada por esa nueva clase social que aspiraba al gobierno propio, la burguesía criolla. Dicha clase controlaba las principales fuentes de riqueza en toda la colonia, aunque el poder político seguía en manos de los representantes de la monarquía. El conflicto entre el poder económico, controlado en gran medida por la burguesía criolla, y el poder político monopolizado por los españoles, precipitó la revolución de 1810. En tanto que la burguesía criolla necesitaba nuevos mercados, la Corona española restringía la producción a las necesidades mínimas del comercio peninsular. Mientras la burguesía quería productos manufacturados a precios más bajos, el Imperio la obligaba a comprar mercancías vendidas a precios exorbitantes por los comerciantes españoles. Mientras los nativos exigían la reducción de los impuestos, España imponía nuevos tributos.5 Y por sobre todo, la burguesía quería el poder, porque significaba la posibilidad de controlar las aduanas, el monopolio del gobierno, los ingresos públicos, los altos cargos públicos, el ejército y el aparato estatal del cual dependían las leyes de importación y exportación.

…La revolución de 1810 fue dirigida por hombres que adaptaron a sus propios intereses las ideas liberales del siglo XVIII de la Ilustración francesa y del liberalismo español. El pensamiento de criollos como Belgrano y Salas maduró bajo las reformas borbónicas iniciadas por ministros masónicos tales como el conde de Aranda, amigo de Voltaire. Pero el pensamiento liberal llevó en Europa a la revolución democrático-burguesa; en América latina la única meta era la independencia política de España. Los argumentos de la burguesía europea contra el feudalismo fueron vueltos por la burguesía criolla contra el régimen opresivo de la Corona española. En Europa el pensamiento liberal fue la bandera de la burguesía industrial; en América latina fue la ideología temporaria de los terratenientes, dueños de minas y comerciantes. El liberalismo político sirvió para justificar el liberalismo económico, pero en tanto que en Europa el liberalismo era un arma de la burguesía industrial, en América latina se lo usó contra el monopolio español. Allá se lo empleó para la protección industrial; aquí. para el libre comercio.

La burguesía criolla era lo bastante poderosa para intentar la toma del poder. Sólo necesitaba un incidente para precipitar la revolución, y ese incidente fue la invasión napoleónica.

… Los hombres que dirigieron la revolución eran principalmente de ascendencia burguesa: terratenientes, comerciantes, dueños de minas, plantadores, ganaderos y exportadores, a menudo adinerados … El pueblo se mostró en gran medida indiferente a la revolución, que no representaba la emancipación social, sino la consolidación de sus explotadores inmediatos, los

terratenientes criollos. Esta situación se modificó en parte cuando los españoles iniciaron la Reconquista, no a consecuencia de un cambio en la burguesía criolla, sino debido a una reacción de las clases pobres contra los abusos de los españoles durante la guerra. El apoyo campesino a Manuel Rodríguez fue la clave del éxito de la guerra de guerrillas que contribuyó al triunfo del ejército de los Andes, dirigido por San Martín. Pero la participación del pueblo sólo adquirió características de masas en México y en el Alto Perú, donde los indios vincularon la lucha por la independencia con la revolución agraria. En las colonias españolas hubo pocos hombres como Hidalgo y Morelos, quienes lucharon contra los españoles y despojaron también a los terratenientes criollos.

En una palabra, la de 1810 no fue una revolución democrático-burguesa porque no realizó la reforma agraria ni desarrolló la industria y el mercado interno. Fue una revolución política, no social, en la cual la burguesía criolla cumplió un solo objetivo democrático —la independencia política—, que luego no pudo proteger contra el imperialismo. La historia de América latina es la historia de una revolución democrático-burguesa frustrada.

La cuarta tesis del reformismo dice que la aristocracia feudal gobernó los países latinoamericanos durante los siglos XIX y XX, demorando el desarrollo capitalista y el surgimiento de una burguesía nacional. La conclusión de esta tesis es la de que América latina no llegó a la fase de desarrollo capitalista, tarea que debe realizar la ”burguesía progresista”.

Pero hemos visto que los países latinoamericanos fueron gobernados, no por señores feudales, sino por una burguesía que no deseaba desarrollar el mercado interno y la industria nacional, debido a que su fuente fundamental de ingresos consistía en el comercio de exportación. Luego de frustrar los primeros planes de desarrollo industrial trazados por la avant parle de la primera generación de rebeldes en 1810. los terratenientes y comerciantes —que habían pactado con Inglaterra y Francia para permitir la introducción de mercancías extranjeras en América latina, a cambio de un buen mercado para sus materias primas— destruyeron las incipientes industrias artesanales en cada país.6 El comercio libre era ventajoso para la burguesía argentina que conservaba el poder, pero significaba la destrucción de las pequeñas factorías regionales que habían llegado a un pequeño apogeo durante la guerra de Independencia, al abastecer las necesidades de los ejércitos patriotas…

Unas pocas décadas después de la guerra de Independencia se aceleró el proceso de acumulación primitiva de tierras por medio de la conquista violenta, lo cual explica los grandes latifundios. Los cimientos del Estado moderno fueron establecidos durante la segunda mitad del siglo XIX, a consecuencia del desarrollo del capitalismo agrario, condicionado por una demanda cada vez mayor de materias primas por parte de las naciones altamente industrializadas.

Para algunos economistas, el desarrollo capitalista y el poder social burgalés solo pueden significar la maquinización productiva o la industria avanzada. O sea, que ni el capitalismo ni la burguesía podrían existir donde no hubiera industria. Esta creencia sirve para medir si un país está más adelantado que otro. pero resulta confusa si se la aplica a los países coloniales o semicoloniales, pues en estos países no existe una industria avanzada, sino un sistema de explotación capitalista de la agricultura, la ganadería, etc., y una clase social regida por las leves del precio, el crédito y la ganancia. A mediados del siglo pasado esta clase introdujo el ferrocarril en América latina e inauguró el sistema bancario, que comenzó a financiar las empresas agrícolas. las firmas frigoríficas. las refinerías de azúcar y las fundiciones. Los mineros chilenos llegaron a elevadas tasas de productividad en sus minas de cobre y salitre. Los terratenientes argentinos aumentaron la exportación de ganado gracias a la introducción de nuevas técnicas e iniciaron el capitalismo agrario. La burguesía terrateniente de Cuba se convirtió en la principal abastecedora de azúcar del mundo, así como los dueños de minas de estaño de Bolivia se convirtieron en los principales abastecedores de estaño.

La clase exportadora de América latina ha cabalgado durante más de un siglo en un caballo que se resistía, no a las bridas feudales, sino a las burguesas. El atraso no fue causado por el feudalismo, sino por el limitado papel de América latina como productora de materias primas, y su dependencia respecto del mercado mundial. El atraso coexiste con los más modernos progresos técnicos. Al lado de la pequeña producción doméstica y de los miserables talleres artesanales hay grandes empresas capitalistas, signos distintivos del desarrollo desparejo que caracteriza a las naciones atrasadas, según la aguda apreciación de León Trotsky, quien con la categoría de “combinado” complementó la teoría del desarrollo desigual de Marx y Lenin.

El comienzo del imperialismo — nueva fase del capitalismo — a finales del siglo XIX determinó la fase siguiente del desarrollo de América latina. La inversión de rapitales financieros extranjeros trasformó a los países latinoamericanos, de dependientes en semi- coloniales. Las materias primas, en el pasado en manos de la burguesía nacional, comenzaron a abastecer en gran medida al imperialismo europeo, y luego al norteamericano, que se adueñó del control del cobre chileno, el estaño boliviano, las plantaciones centroamericanas, etc.

A diferencia de la burguesía industrial europea. que surgió en la lucha contra la nobleza terrateniente en un período caracterizado por el libre comercio y el capitalismo competitivo, la burguesía latinoamericana estuvo vinculada desde el comienzo con los terratenientes y los inversores extranjeros. Hacia finales del siglo pasado los países capitalistas industriales no solo inundaron los mercados con productos manufacturados, sino que además controlaban la mayoría de las acciones en las principales industrias que se habían establecido en América latina. La industria liviana (por ejemplo los textiles, el calzado) se desarrolló en alguna medida durante las dos guerras mundiales, debido a las dificultades para importar productos manufacturados, pero no hay, como quieren hacernos creer los reformistas, un conflicto entre el imperialismo este desarrollo de la industria liviana en los países atrasados. La industria liviana nativa es ventaiosa para el imperialismo extranjero, en particular para los monopolios norteamericanos, porque crea nuevos mercados para la industria pesada. Una de las esperanzas de la Alianza para el Progreso. cuando alaba la ”reforma agraria”, es la de que a consecuencia del aumento del poder adquisitivo del campesino se produzca una expansión de la industria liviana latinoamericana y un subsiguiente aumento en la demanda de maquinaria fabricada por firmas norteamericanas… Los reformistas tienden a pasar por alto el hecho de que la base de las ganancias de los grandes monopolios en la actualidad no es la exportación de artículos de consumo (ropas, calzado, alimentos, lavarropas, etcétera), sino la venta de maquinaria producida por la industria pesada y necesaria para la industria liviana. El viejo capitalismo, como decía Lenín, estaba interesado en la exportación de mercancías, el imperialismo moderno en la exportación de bienes de capital. Y la burguesía latinoamericana depende más que nunca de los bienes de capital producidos por los monopolios extranjeros …

En otras palabras, la burguesía, al concentrarse en la exportación de materias primas, ha contribuido al atraso de América latina. Dependiente desde el comienzo del imperialismo por su incapacidad para desarrollar la industria pesada, ha agotado todas las posibilidades para el desarrollo de una sociedad semicolonial en un período imperialista. Es un error afirmar, come lo hacen los reformistas, que la fase de desarrollo capitalista no ha llegado aún, y que se llegará a ella por intermedio de la ”burguesía progresista”.

Llegamos ahora a la estrategia política que constituye la tesis final del reformismo: ”Los partidos populares deben apoyar a la burguesía progresista contra la oligarquía feudal, para cumplir los objetivos democrático-burgueses por intermedio de un Frente de Liberación Nacional”.

… América latina no es una copia de la Europa del siglo XIX, en la cual la nueva clase media

en ascenso tuvo que derribar al feudalismo para iniciar el ciclo de las revoluciones democrático-burguesas. Como hemos demostrado, América latina no ha pasado por las etapas clásicas del Viejo Mundo, sino que pasó directamente de las comunidades indígenas primitivas al capitalismo incipiente introducido por la colonización española. La América latina que conquistó su independencia de España estaba gobernada, no por una oligarquía feudal, sino por una burguesía que, debido a su dependencia del mercado mundial, contribuyó al atraso del continente. Esta burguesía es incapaz de cumplir los objetivos de a democracia … No puede ni quiere lograr la reforma agraria, porque todas las clases dominantes están comprometidas en la posesión de la tierra … Es incapaz de romper con el imperialismo debido a su dependencia del capital financiero extranjero. Es posible que esta clase burguesa tenga ciertos desacuerdos con las empresas extranjeras que introducen productos en competencia con su propia industria liviana, pero sus soluciones no van más allá de la imposición de débiles restricciones aduaneras. Una clase cuya existencia misma depende del imperialismo no puede romper con él sin suicidarse. La reforma agraria y la expulsión del imperialismo es y será siempre contraria a la burguesía, antes que favorable a ella …

 

1 Carlos Marx, El Capital, I, tr. de W. Roces, Ed. FCE, México, 1949, pág. 565.

2 R. Smith, Historia económica de Europa, vol. I, Madrid, Universidad de Cambridge, 1948, pág. 416.

3 Marx y Engels, La revolución española, Moscú, Ediciones en Lenguas Extranjeras, pág. 3.

4 Los escritores que mejor han tratado este tema son Jan Bazant. Silvio Zabala de México, Nahuel Moreno y Milciades de la Argentina, Marcelo Segall de Chile, y en especial Sergio Bagú, todos los cuales contribuyeron a nuestro análisis de la economía y la sociedad coloniales.

5 L. Machado Ribas, Los movimientos revolucionarios en las colonias españolas, Buenos Aires, 1940.

6 Juan Alvarez, Las guerras civiles argentinas, Buenos Aires.

 

EEUU: Los demócratas buscan apuntalar al Gobierno en crisis de Trump

por Joseph Kishore//

Los líderes demócratas del Congreso estaodunidense declararon el miércoles por la noche que alcanzaron un acuerdo con el Gobierno de Trump sobre inmigración. El líder de la minoría demócrata en el Senado, Charles Schumer y la líder de la minoría demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, celebraron el acuerdo después de una cena con Donald Trump, quien ha presidido una escalada brutal de los ataques contra los trabajadores y jóvenes inmigrantes.

Evidentemente sin saber que estaba hablando frente a un micrófono prendido el jueves, Schumer develó el ánimo adulador de los demócratas hacia el presidente multimillonario, presumiendo: “Le caemos bien. Yo le caigo bien, en todo caso”.

Hasta ahora, ningún acuerdo concreto ha sido anunciado, pero los informes de la prensa indican que, sea cual fuere el trato, preservaría de alguna manera la ya dilapidada protección que reciben ochocientos mil jóvenes inmigrantes a través del programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia o DACA (por sus siglas en inglés), después de que la Casa Blanca anunciara este mes su eliminación.

Los comentarios de Trump sobre un acuerdo variaron a lo largo del jueves, pero señaló que apoyaría una medida para proteger a los jóvenes, denominados “soñadores”, de ser deportados, pero sin permitirles la ciudadanía, a cambio de una “masiva” expansión de la vigilancia y militarización de la frontera sur del país.

Tal medida ampliaría las políticas antiinmigrantes del mandato de Obama, acompañadas de la militarización fronteriza que ha propuesto Trump. El diario New York Times citó a un “alto oficial demócrata”, quien “dijo que el acuerdo era específico, tomando los términos del presupuesto que propuso el Sr. Trump”. El diario continúa, “La propuesta incluía sensores para reforzar la vigilancia fronteriza, reconstruir caminos a lo largo de la frontera, drones y apoyo aéreo para un mejor cumplimiento”.

El programa DACA, promulgado por Obama en junio del 2012, fue en gran parte una maniobra electoral para los comicios presidenciales de ese año, diseñada para encubrir políticamente la deportación entonces en marcha de casi tres millones de inmigrantes durante sus ocho años en el poder —un ritmo más rápido que el del Gobierno de Trump hasta la fecha—.

En el 2013, ambos partidos respaldaron una medida que les ordenaba a los agentes federales asegurarse que el noventa por ciento de los cruces no autorizados de la frontera terminaran en arrestos y deportaciones. Según informes, este es el molde del acuerdo entre Trump, Schumer y Pelosi. La militarización de la frontera entre México y EUA, una alternativa del “muro” de Trump, ha obligado a que los inmigrantes tomen rutas cada vez más peligrosas para ingresar al país, algo que ha conllevado a una dramática alza en las muertes de aquellos que lo intentan.

Más allá de la política migratoria, hay cuestiones políticas más amplias detrás del respaldo demócrata a Trump. Los esfuerzos para solidarizarse con Trump tienen como fin estabilizar el Gobierno y el sistema político bipartidista en general, de manera que les permita intensificar la ofensiva contra la clase obrera y hacer preparativos para una guerra de mayores proporciones.

El Gobierno de Trump se encuentra en una profunda crisis política, estando dividido internamente y contando con una tasa de aprobación de sólo un 35 por ciento. Las catástrofes ocasionadas por los huracanes Harvey e Irma, incluyendo las horribles muertes de ocho residentes de un hogar de ancianos en Florida, están alimentando un amplio odio social y exponiendo la criminalidad de la negligencia e indiferencia del Gobierno hacia la crítica situación que vive la población.

Desde la inauguración de Trump hace ocho meses, la principal preocupación de los demócratas ha sido contener y desorientar la oposición popular al mandatario, mientras que los grupos de poder se disputan cuestiones principalmente de política exterior centradas en la demanda del aparato militar y de inteligencia de que Trump continúe las amenazas y provocaciones bélicas contra Rusia.

Los demócratas siempre han estado dispuestos a llegar a un acuerdo sobre cómo escalar los ataques contra la clase obrera, asegurar que Wall Street continúe siendo abonado y acelerar el desmantelamiento de la educación pública y el cuidado de salud. Todos estos fueron hitos de la Administración Obama. Al igual que el acuerdo de la semana pasada para levantar el techo de la deuda y refinanciar el Gobierno federal, un objetivo central del eventual trato sobre inmigración será abrir campo para el plato principal de la burguesía estadounidense: las reducciones de impuestos para los ricos.

El día en que Trump compartió su mesa con Pelosi y Schumer, también recibió a congresistas demócratas y republicanas para discutir la “reforma fiscal”, es decir el recorte de la tasa impositiva para las corporaciones. Mientras los huracanes Harvey e Irma ocasionaban una tremenda devastación, cuyos daños estimados son casi de $300 000 millones, Trump se apresuraba para encontrar una vía rápida para sus propuestas fiscales, generando una respuesta entusiástica por parte de los demócratas.

Existen otras áreas de acuerdo, como una guerra comercial con China. El menú para la cena entre Schumer, Pelosi y Trump era comida china (y pie de chocolate), supuestamente en referencia a las medidas económicas contra China que tanto Trump como Schumer apoyan. En cuanto a política sanitaria, el proyecto de ley de “Medicare para todos” presentado esta semana por el senador de Vermont, Bernie Sanders, tiene la intención de ser una mera pantalla para las discusiones entre los dos partidos sobre nuevas concesiones para las aseguradoras y recortes importantes en Medicare y Medicaid.

A pesar de que la política exterior no forma parte explícitamente del acuerdo entre Trump y el Partido Demócrata, sin duda es un factor significativo, si no subyacente de éste. Tras los elogios de Trump hacia los neonazis que participaron en los disturbios de Charlottesville, los demócratas presionaron para que la Casa Blanca fuese puesta más firmemente en manos de Wall Street y los generales y exgenerales que ya dominan el Gobierno —el jefe de personal, John Kelly, el secretario de Defensa, James Mattis, y el asesor en seguridad nacional, H. R. McMaster— .

Incluso mientras Pelosi y Schumer gozan de su nueva amistad, Estados Unidos está realizando enormes ensayos militares en Europa del Este, con Rusia en la mira. Mattis señaló el mes pasado que el Gobierno de Trump estaba planeando entregarle armas letales a Ucrania, uno de los puntos centrales de la plataforma electoral militarista de Clinton. Los demócratas del Congreso están trabajando estrechamente con los republicanos, encabezados por el senador John McCain, para impulsar un proyecto de ley que autorice un aumento masivo en el gasto militar estadounidense.

En junio, el World Socialist Web Site escribió que el encarnizado conflicto político en Washington reflejaba una marcada división dentro de la clase gobernante, sin un lado progresista ni democrático. “Si Trump fuese destituido por sus opositores en el ‘Estado profundo’ y el Partido Demócrata”, escribimos, “tal acto no representaría una victoria para la democracia ni mejoraría las condiciones de la clase obrera”.

Lo mismo resulta con una alianza entre los demócratas y Trump, sólo que de una forma diferente. Si se sienten seguros de que el aparato militar y de inteligencia se está encargando de los asuntos exteriores, considerarán que lo más importante es entonces contener y suprimir toda oposición social.

Todavía queda por ver si tal realineamiento sucede; sin embargo, lo que es claro es que el blanco principal del acuerdo al que lleguen los demócratas y el Gobierno de Trump será la clase obrera.

 

Valparaíso: Puerto o Borde Costero

por Ibán de Rementería//

El destino de Valparaíso se define entre ser puerto o borde costero. No hace muchos años la consigna de la sociedad civil, de la ciudadanía, era “No al mall si al puerto”, en medio de la confusión y escepticismo vecinal – la ciudadanía concreta de una ciudad – que generó la designación por la UNESCO de la ciudad puerto  como sitio patrimonial de la humanidad. Aquella consigna apareció como un llamado de alerta y convocatoria a defender el destino portuario de la ciudad cuando el gran capital comercial y financiero puso su ojo certero para concesionar el Terminal 3 no con fines portuarios sino que comerciales e inmobiliarios. Pero, hay anécdotas que son decidoras, por ejemplo, hasta no hace mucho en un conocido café del centro del Puerto quedaba un ejemplar de un afiche con aquella consigna, donde solo se leía “no al mall” y “si al puerto” había sido borrado.

Lo que le sucede a Valparaíso es que está transida por una multiplicidad de intereses en competencia por los recursos que la ciudad puerto ofrece. De manera obvia se supone un conflicto entre  su destino portuario y su empleo turístico patrimonial a partir de su designación como sitio patrimonio de la humanidad por la UNESCO, los que necesariamente “le lleva”, o hace surgir la apetencia inmobiliaria. Conflictos por el Mall Barón, por la ampliación de  Terminal 2, por las cargas limpias, por los cruceros de pasajeros, por el PGE, etc., todo esto debe ser examinado con máximo cuidado. Tanto más cuanto que los intereses de los grandes grupos económicos en lo marítimo portuario están entrecruzados, así  Luksic es propietario de la Sudamericana  que a la vez es parte de Hapag-lloyd del Puerto  de Hamburgo que es propiedad de aquella ciudad estado y socia de la United Arab Shipping (UASC),  mientras que la Interoceánica (CCNI) que era de los Urenda fue vendida a Hamburg Sud la cual fue absorbida por la danesa Maersk Line. A la vez el terminal Pacífico Sur (TPS) de los von Appen, tomó como socio en un 40% a la suiza Mediterranean Shipping Company (MSC) por medio de su filial Contug Terminals, como se puede ver nuestros puertos y navieras están cada vez más internacionalizados, sus rentas y utilidades también.

El destino portuario de Valparaíso

El destino portuario de Valparaíso queda establecido por la incorporación del Pacifico Sur al “moderno sistema mundial” que surge con la conquista de América en el siglo XVI,  esta apacible caleta abundante en agua dulce llamada por sus aborígenes Aliamapu –tierra quemada, lo cual era bastante anunciador- se convierte con el tiempo en el más importante puerto pivote –hub port– del hemisferio sur que articula la transferencia de carga entre los océanos Atlántico y Pacífico, además, luego del  istmo de Panamá el viaje en lomo de mula entre Buenos Aires y Valparaíso era la distancia más corta entre los dos océanos  -de allí “el arriero va”–, sobre todo cuando no se quieren asumir “las molestias” y los riesgos de cruzar navegando el Cabo de Hornos. Esta ventaja bioceánica será explotada a inicios del siglo XX por los británicos, y después por los chilenos cuando aquellos fracasan, con el ferrocarril Buenos Aires – Valparaíso, vía Mendoza – Los Andes, al descubrir que era más corto hacer Bristol, Buenos Aires, Valparaíso, Sydney (Australia), que hacer de Bristol a Sydney vía cabo de Nueva Esperanza y por todo el Océano Índico, esa es la localización geoestratégica de Valparaíso y lo que le genera su renta portuaria.

Además de su geo localización privilegiada, Valparaíso no es una mala rada porque está bien protegida de los vientos y las corrientes del SW que son predominantes, pero no de los “temporales” que provienen del NW, no obstante sólo son temporales; asimismo, en siglo y medio los porteños han convertido su borde costero de caleta en puerto de aguas profundas, moviendo a sus cerros al mar para construir el “Plan”. Hoy esa ventaja comparativa geoestratégica se mantiene porque es más corta y barata la distancia Santos –el puerto más grande del hemisferio sur-, Buenos Aires , Valparaíso, los Angeles, como puerto de referencia en el Pacífico Norte, que la distancia Buenos Aires o Santos vía Canal de Panamá los Angeles. Además, la distancia Buenos Aires-Valparaíso-Singapur o Hong-Kong por el Pacífico es casi la misma que la distancia Buenos Aires-Hong-Kong por el Atlántico y el Indico.

El Mall Barón

Los dos primeros conflictos de intereses a propósito de las actividades económicas alternativas  a los usos marítimos portuarios del borde costero de Valparaíso fueron: primero, la concesión del terminal 3, el muelle Barón, a la empresa Falabella para su uso comercial  e inmobiliario, mientras tales obras fueron cuestionadas por una variopinta representación de la sociedad civil debido a que afectaría el derecho de vista y a las características patrimoniales de la ciudad puerto; en cuanto al segundo conflicto la Armada Nacional se opuso argumentando que así se perderían para el uso marítimo portuario las 12 hectáreas  del Terminal 3 como la única zona de respaldo con que el puerto contaba, más aún, en 2011 el comandante en jefe de la Armada, Almirante Edmundo González, ante la construcción de un centro comercial en el muelle Barón, declaró en un seminario de la Liga Marítima que “nosotros vamos a asesinar nuestro Puerto con la iniciativa del mall”, planteando de manera acertada el conflicto entre el uso marítimo portuario y el comercial inmobiliario de ese tramo del borde costero.

Los almacenes extra portuarios ( ZEAL) y el conflicto de las cargas limpias

Por otra parte, con recursos públicos en los altos del puerto se habilitaron zonas de almacenamiento  y reexpedición extra portuaria, la Zona de Extensión de Apoyo Logístico, el ZEAL,  para realizar allí el aforo o fiscalización de carga importada para su internación, trasladando allí esa actividad que antes se hacía en el Terminal 3 Barón, hay que destacar que esta actividad está concesionada.  Lo anterior originará el  tercer conflicto de intereses en el puerto,  el conflicto de las “cargas limpias”, que hace perder turnos, trabajo e ingresos a los estibadores. Esto pondrá de presente un cuarto conflicto que veremos más adelante. Los aforos extra portuarios en el ZEAL suben los costos de importación de las mercancías lo que hace perder la competitividad de Valparaíso, lo cual reconoce la Empresa Portuaria de Valparaíso (EPV).  Aquí aflora la incoherencia portuaria de destinar la zona de respaldo que hay en Barón para construir un mall y zonas de recreación mientras para la internación legal las cargas en contenedores deben ser llevadas a “la punta del  cerro” para su aforo.

 

La ampliación del Terminal 2

Entretanto, el segundo proyecto que comienza a generar conflictos por el uso del borde costero es la propuesta de ampliación del Terminal 2 por la empresa española OHL concesionaria del mismo,  con la construcción de una loza de 8 hectáreas que provea dos frentes de atraque de 400 mts. cada uno, así como la necesaria zona de respaldo a sus operaciones.  Aquí aflora de otra manera el grupo de interés por el uso recreativo y ciudadano del borde costero, ya manifestado en contra del Mall Barón, este  grupo de interés expresa una representación auto atribuida de la ciudadanía que va imponiendo su propio interés  de  destinar el borde costero de Valparaíso a fines recreativos, paseos, jardines, comercios, servicios, etc., en breve, el derecho al disfrute del borde mar, lo cual, claro está, genera un próspero negocio comercial e inmobiliario,  en fin, lo que se propone es una extensión plana del Mall Barón por todo el borde costero entre el Terminal 2 (calle Almirante Martínez) y el Terminal 3 (Avenida Argentina), proyecto que además incluye convertir la avenida Argentina en una rambla, como la de Barcelona. Aquí queda claro que el patrimonialismo ha devenido en un pretexto inmobiliario. Los usos alternativos que se proponen para el borde costero a los usos portuarios son comerciales, de servicios y turísticos, sin embargo, en la actualidad la zona urbana comprendida entre las avenidas Errázuriz y Pedro Montt  desde la Avenida Argentina hasta Bellavista están sub ocupadas, ya que fueron tradicionalmente almacenes mayoristas, actividad hoy reducida y casi desaparecida, actualmente semi ocupados por actividades universitarias y otras afines. Además, hay rumores que la española OHL concesionaria del Terminal 2 está en problemas financieros y estructurales, el TCV y EPV acordaron en diciembre 2016 una ampliación por 22 meses del derecho a abandonar el proyecto sin sanción alguna, cláusula de salida (way out).

La Cámara de Comercio y las otras asociaciones empresariales de la región y la ciudad de Valparaíso respaldan al Mall Barón y la ampliación del Terminal 2, de igual manera la mayoría parlamentaria tanto de Vamos Chile como de la Nueva Mayoría, también son respaldadas por las autoridades locales del Poder Ejecutivo como el Intendente y los gobernadores; en cambio, el actual Alcalde Sharp, no así los anteriores alcaldes, ASONAVE que agrupa a las navieras de cabotaje nacional, también, el Colegio de Arquitectos y diversas organizaciones de la sociedad civil  se oponen tanto al Mall  Barón  como a la ampliación del Terminal 2.

 

[VALPARAISO: PUERTO O BORDE COSTERO. Segunda  Parte]

El informe Isaza

Ante los conflictos por las alternativas del borde costero de Valparaíso en usos marítimos portuarios o en usos recreacionales, comerciales, de servicios e inmobiliarios, la máxima autoridad a cargo del patrimonio cultural del país, la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (DIBAM), llamó en consulta al experto internacional recomendado por la ICOMOS y la UNESCO, señor Juan Luis Isaza, para que informase sobre los impactos que tendrían esas obras en el sitio patrimonial, tanto el proyecto del Mall Barón como la ampliación del Terminal 2, quien en breve determinó que la ampliación en el Terminal 2 tendría un impacto negativo alto no mitigable ni compensable sobre el sitio patrimonial, en cambio el Mall Barón no tendría un impacto significativo.

 

La atención a los cruceros de pasajeros

El conflicto de las cargas limpias puso de presente el cuarto conflicto de la ciudad puerto, el conflicto entre el uso para transferencia de carga o transferencia de pasajeros del Terminal 1, Terminal Pacífico Sur (TPS), concesionado al grupo Von Appen, los estibadores para protestar y luchar por recuperar sus trabajos en el puerto por el aforo de la cargas limpias boicotearon la atención de pasajeros de los cruceros, lo cual está poniendo en riesgo esa actividad turístico portuaria. Esta situación al mismo tiempo  favorecía los intereses del concesionario TPS, de no recibir  cruceros a los cuales solo les puede cobrar US$ 30 por pasajero atendido mientras pierde de movilizar cientos de contenedores y cientos de miles de dólares. Por esto la EPV ha amenazado a la TPS con dar por terminada la concesión. En los hechos las empresas que reciben los cruceros han decidido atender esas embarcaciones en el puerto de San Antonio, estimándose que el 60% de esos arribos en la próxima temporada se harán en aquel puerto.

 

La localización del  Puerto de Gran Escala (PGE) en la Región Valparaíso

Tal vez el más importante conflicto de Valparaíso como puerto y ciudad es su conflicto con San Antonio. Se supone existe una necesidad de ampliación de las instalaciones portuarias para atender adecuadamente la transferencia de carga que transportan los grandes navíos postpanamax, para la localización de un Puerto de Gran Escala (PGE) en la zona central del país están compitiendo Valparaíso y San Antonio. La localización geo estratégica  de un puerto es siempre un pivote de interfase, entre lo marítimo y lo terrestre, donde lo más barato para el movimiento de carga es el ferrocarril luego del transporte marítimo. Cierto es que San Antonio está mejor conectado a Santiago y la Región Metropolitana por carretera y ferrocarril, pero, Valparaíso está mejor conectado vía carretera y trazado de ferrocarril, con el puerto terrestre de Los Andes y por Mendoza  puede ser el terminal Pacífico de Buenos Aires, como aquel puerto puede ser el terminal Atlántico de Valparaíso; este puerto puede llegar a ser la puerta de salida de América Latina al Asia Pacífico, como alguien dijo la Rotterdam de América Latina, en el sentido que ese puerto pivote  articula el comercio de Europa continental con el Atlántico. Si bien el ferrocarril entre Los Andes-Mendoza no está operativo, ese tramo es un tercio de la distancia Valparaíso y Buenos Aires, además existe el proyecto del Ferrocarril Bioceánico aprobado por ambos gobiernos. No se ha vuelto a hablar de ese proyecto binacional y bioceánico Valparaíso BBAA, pese a que la Cámara Marítima ha recalcado la importancia de este medio multimodal de transporte. El tema, cuando es tratado, se refiere más que al Ferrocarril Bioceánico al túnel de baja altura, lo cual indica que el negocio de obra pública está más en ésto que en el ferrocarril mismo.

Si bien las autoridades competentes no han tomado una decisión sobre dónde se localizará el PGE,  además se rumorea que se puede distribuir entre ambos puertos, por eso ha aparecido la sustitución del concepto de PGE por Red Logística de Gran Escala (RLGE). En general, en Valparaíso los partidarios de los usos patrimoniales, recreativos, comerciales, de servicios e inmobiliarios del borde costero preferirían que San Antonio fuese escogido como PGE y que el borde costero quedase liberado a sus intereses.  

 

El Espigón  Barón como solución de amplio espectro

Recientemente el conflicto de las cargas limpias y su consecuencia el conflicto con los cruceros de pasajeros, que en realidad han sido provocados por el poco interés de atención a ellos por el concesionario Terminal Pácifico Sur llevó a que la Empresa Portuaria de Valparaíso propusiera, con el apoyo de la Alcaldía de Valparaíso, la habilitación del muelle Barón para el atraque exclusivo de los cruceros. Hace un año atrás, por este mismo medio, algunos propusimos que  si el Informe Isaza  atribuía a la ampliación del Terminal 2 un daño no mitigable ni compensable al patrimonio de Valparaíso y dada la necesidad imprescindible para las demandas de expansión portuaria de la ciudad, de contar con dos frentes de atraque de 400 mts. para atender navíos post panamax, se construyese en el lugar del muelle Barón un espigón de atraque de 400 por 120 mts.

Las dudas y aplazamientos sobre la decisión del PGE en la zona central podrían tener que ver con la opinión de la naviera Maersk Line, danesa y la más grande del mundo que nos visita, la cual duda que el país necesite un PGE como el propuesto en Yolanda, también con el informe de Global Infrastructure Outlook sobre no necesidades mayores de infraestructura portuaria a nivel mundial. En fin, mientras no se defina el terminal Yolanda para el PGE o se instale este en San Antonio, lo que se hace necesario es tener dos frentes de atraque que puedan recibir postpanamax. Este Espigón Barón no sería exclusivo para cruceros, cuya temporada de llegada es de seis meses, pero ampliaría notablemente la oferta de frentes de atraque.

Decimos que el Espigón Barón es una solución de amplio espectro porque  resuelve a la vez: a) el asunto de los impacto patrimoniales no mitigables ni compensables de la ampliación del Terminal 2 y las eventuales del Mall Barón; b) contando igualmente con dos frentes de atraque de 400 mts. cada uno; c) además se recuperaría  el uso de las 12 hectáreas de zona de respaldo a las actividades marítimo portuarias, como ha reclamado la Armada; d) entre otras cosas para atender los aforos de las cargas a ingresar, las cargas limpias, y; e) se contaría con suficientes frentes de atraque para atender a los cruceros de pasajeros.

El problema inmobiliario de Valparaíso

El interés inmobiliario por Valparaíso está atado a que el metro cuadrado es más barato en el Puerto que en Viña del Mar pero es como vivir en Viña, lo cual es una estupenda oferta de segunda vivienda para las clases medias altas ascendentes. Pero a no dudarlo la ciudad puerto necesita de múltiples hermoseamientos de sus espacios y equipamientos públicos que los hagan parecerse a una “ciudad jardín” en el borde mar. Valparaíso como ciudad tienen una peculiaridad única en el mundo en desarrollo: tienen la misma población hace cincuenta años, por eso es una ciudad sub ocupada y de baja densidad, con mucho terreno para hacer muchas obras inmobiliarias y de desarrollo urbano ad-hoc.  

La representación de la sociedad civil en los conflictos portuarios de Valparaíso

La mayor y mejor representación de la sociedad civil, expresada en este caso por los vecinos de la ciudad puerto, está en el Municipio y la Alcaldía, tanto más cuanto que  el actual Alcalde fue elegido por una consistente mayoría absoluta del 54% de los votos, precisamente por representar al movimiento ciudadano. El Alcalde Sharp se ha opuesto tanto a la construcción del Mall Barón como a la ampliación del Terminal 2, pero sus propuestas alternativas no han adquirido coherencia suficiente para ser convocantes de los vecinos de la ciudad puerto por la recuperación portuaria y patrimonial de Valparaíso, mientras que los intereses turísticos e inmobiliarios logran constantemente instalar sus conceptos e imponer sus intereses. El reciente encuentro público sobre Valparaíso con la participación de los señores Isaza, Lagos Escobar y Sharp, fue frustrado por la impetuosa intervención de algunos trabajadores marítimo portuarios, el cual tuvo que realizarse en privado, ya que estos defienden absolutamente la ampliación del Terminal 2 por considerarlo su fuente de trabajo e ingresos, seguramente si a ellos se les explicara que el Espigón Barón es la mejor opción para defender sus trabajos la harían suya.

 

Julio Cortázar: No se culpe a nadie.

El frío complica siempre las cosas, en verano se está tan cerca del mundo, tan piel contra piel, pero ahora a las seis y media su mujer lo espera en una tienda para elegir un regalo de casamiento, ya es tarde y se da cuenta de que hace fresco, hay que ponerse el pulóver azul, cualquier cosa que vaya bien con el traje gris, el otoño es un ponerse y sacarse pulóveres, irse encerrando, alejando. Sin ganas silba un tango mientras se aparta de la ventana abierta, busca el pulóver en el armario y empieza a ponérselo delante del espejo. No es fácil, a lo mejor por culpa de la camisa que se adhiere a la lana del pulóver, pero le cuesta hacer pasar el brazo, poco a poco va avanzando la mano hasta que al fin asoma un dedo fuera del puño de lana azul, pero a la luz del atardecer el dedo tiene un aire como de arrugado y metido para adentro, con una uña negra terminada en punta. De un tirón se arranca la manga del pulóver y se mira la mano como si no fuese suya, pero ahora que está fuera del pulóver se ve que es su mano de siempre y él la deja caer al extremo del brazo flojo y se le ocurre que lo mejor será meter el otro brazo en la otra manga a ver si así resulta más sencillo. Parecería que no lo es porque apenas la lana del pulóver se ha pegado otra vez a la tela de la camisa, la falta de costumbre de empezar por la otra manga dificulta todavía más la operación, y aunque se ha puesto a silbar de nuevo para distraerse siente que la mano avanza apenas y que sin alguna maniobra complementaria no conseguirá hacerla llegar nunca a la salida. Mejor todo al mismo tiempo, agachar la cabeza para calzarla a la altura del cuello del pulóver a la vez que mete el brazo libre en la otra manga enderezándola y tirando simultáneamente con los dos brazos y el cuello. En la repentina penumbra azul que lo envuelve parece absurdo seguir silbando, empieza a sentir como un calor en la cara aunque parte de la cabeza ya debería estar afuera, pero la frente y toda la cara siguen cubiertas y las manos andan apenas por la mitad de las mangas, por más que tira nada sale afuera y ahora se le ocurre pensar que a lo mejor se ha equivocado en esa especie de cólera irónica con que reanudó la tarea, y que ha hecho la tontería de meter la cabeza en una de las mangas y una mano en el cuello del pulóver. Si fuese así su mano tendría que salir fácilmente, pero aunque tira con todas sus fuerzas no logra hacer avanzar ninguna de las dos manos aunque en cambio parecería que la cabeza está a punto de abrirse paso porque la lana azul le aprieta ahora con una fuerza casi irritante la nariz y la boca, lo sofoca más de lo que hubiera podido imaginarse, obligándolo a respirar profundamente mientras la lana se va humedeciendo contra la boca, probablemente desteñirá y le manchará la cara de azul. Por suerte en ese mismo momento su mano derecha asoma al aire, al frío de afuera, por lo menos ya hay una afuera aunque la otra siga apresada en la manga, quizá era cierto que su mano derecha estaba metida en el cuello del pulóver, por eso lo que él creía el cuello le está apretando de esa manera la cara, sofocándolo cada vez más, y en cambio la mano ha podido salir fácilmente. De todos modos y para estar seguro lo único que puede hacer es seguir abriéndose paso, respirando a fondo y dejando escapar el aire poco a poco, aunque sea absurdo porque nada le impide respirar perfectamente salvo que el aire que traga está mezclado con pelusas de lana del cuello o de la manga del pulóver, y además hay el gusto del pulóver, ese gusto azul de la lana que le debe estar manchando la cara ahora que la humedad del aliento se mezcla cada vez más con la lana, y aunque no puede verlo porque si abre los ojos las pestañas tropiezan dolorosamente con la lana, está seguro de que el azul le va envolviendo la boca mojada, los agujeros de la nariz, le gana las mejillas, y todo eso lo va llenando de ansiedad y quisiera terminar de ponerse de una vez el pulóver sin contar que debe ser tarde y su mujer estará impacientándose en la puerta de la tienda. Se dice que lo más sensato es concentrar la atención en su mano derecha, porque esa mano por fuera del pulóver está en contacto con el aire frío de la habitación, es como un anuncio de que ya falta poco y además puede ayudarlo, ir subiendo por la espalda hasta aferrar el borde inferior del pulóver con ese movimiento clásico que ayuda a ponerse cualquier pulóver tirando enérgicamente hacia abajo. Lo malo es que aunque la mano palpa la espalda buscando el borde de lana, parecería que el pulóver ha quedado completamente arrollado cerca del cuello y lo único que encuentra la mano es la camisa cada vez más arrugada y hasta salida en parte del pantalón, y de poco sirve traer la mano y querer tirar de la delantera del pulóver porque sobre el pecho no se siente más que la camisa, el pulóver debe haber pasado apenas por los hombros y estará ahí arrollado y tenso como si él tuviera los hombros demasiado anchos para ese pulóver, lo que en definitiva prueba que realmente se ha equivocado y ha metido una mano en el cuello y la otra en una manga, con lo cual la distancia que va del cuello a una de las mangas es exactamente la mitad de la que va de una manga a otra, y eso explica que él tenga la cabeza un poco ladeada a la izquierda, del lado donde la mano sigue prisionera en la manga, si es la manga, y que en cambio su mano derecha que ya está afuera se mueva con toda libertad en el aire aunque no consiga hacer bajar el pulóver que sigue como arrollado en lo alto de su cuerpo. Irónicamente se le ocurre que si hubiera una silla cerca podría descansar y respirar mejor hasta ponerse del todo el pulóver, pero ha perdido la orientación después de haber girado tantas veces con esa especie de gimnasia eufórica que inicia siempre la colocación de una prenda de ropa y que tiene algo de paso de baile disimulado, que nadie puede reprochar porque responde a una finalidad utilitaria y no a culpables tendencias coreográficas. En el fondo la verdadera solución sería sacarse el pulóver puesto que no ha podido ponérselo, y comprobar la entrada correcta de cada mano en las mangas y de la cabeza en el cuello, pero la mano derecha desordenadamente sigue yendo y viniendo como si ya fuera ridículo renunciar a esa altura de las cosas, y en algún momento hasta obedece y sube a la altura de la cabeza y tira hacia arriba sin que él comprenda a tiempo que el pulóver se le ha pegado en la cara con esa gomosidad húmeda del aliento mezclado con el azul de la lana, y cuando la mano tira hacia arriba es un dolor como si le desgarraran las orejas y quisieran arrancarle las pestañas. Entonces más despacio, entonces hay que utilizar la mano metida en la manga izquierda, si es la manga y no el cuello, y para eso con la mano derecha ayudar a la mano izquierda para que pueda avanzar por la manga o retroceder y zafarse, aunque es casi imposible coordinar los movimientos de las dos manos, como si la mano izquierda fuese una rata metida en una jaula y desde afuera otra rata quisiera ayudarla a escaparse, a menos que en vez de ayudarla la esté mordiendo porque de golpe le duele la mano prisionera y a la vez la otra mano se hinca con todas sus fuerzas en eso que debe ser su mano y que le duele, le duele a tal punto que renuncia a quitarse el pulóver, prefiere intentar un último esfuerzo para sacar la cabeza fuera del cuello y la rata izquierda fuera de la jaula y lo intenta luchando con todo el cuerpo, echándose hacia adelante y hacia atrás, girando en medio de la habitación, si es que está en el medio porque ahora alcanza a pensar que la ventana ha quedado abierta y que es peligroso seguir girando a ciegas, prefiere detenerse aunque su mano derecha siga yendo y viniendo sin ocuparse del pulóver, aunque su mano izquierda le duela cada vez más como si tuviera los dedos mordidos o quemados, y sin embargo esa mano le obedece, contrayendo poco a poco los dedos lacerados alcanza a aferrar a través de la manga el borde del pulóver arrollado en el hombro, tira hacia abajo casi sin fuerza, le duele demasiado y haría falta que la mano derecha ayudara en vez de trepar o bajar inútilmente por las piernas, en vez de pellizcarle el muslo como lo está haciendo, arañándolo y pellizcándolo a través de la ropa sin que pueda impedírselo porque toda su voluntad acaba en la mano izquierda, quizá ha caído de rodillas y se siente como colgado de la mano izquierda que tira una vez más del pulóver y de golpe es el frío en las cejas y en la frente, en los ojos, absurdamente no quiere abrir los ojos pero sabe que ha salido fuera, esa materia fría, esa delicia es el aire libre, y no quiere abrir los ojos y espera un segundo, dos segundos, se deja vivir en un tiempo frío y diferente, el tiempo de fuera del pulóver, está de rodillas y es hermoso estar así hasta que poco a poco agradecidamente entreabre los ojos libres de la baba azul de la lana de adentro, entreabre los ojos y ve las cinco uñas negras suspendidas apuntando a sus ojos, vibrando en el aire antes de saltar contra sus ojos, y tiene el tiempo de bajar los párpados y echarse atrás cubriéndose con la mano izquierda que es su mano, que es todo lo que le queda para que lo defienda desde dentro de la manga, para que tire hacia arriba el cuello del pulóver y la baba azul le envuelva otra vez la cara mientras se endereza para huir a otra parte, para llegar por fin a alguna parte sin mano y sin pulóver, donde solamente haya un aire fragoroso que lo envuelva y lo acompañe y lo acaricie y doce pisos.

El otro 11: dieciséis años de mentiras, hipocresía y militarismo

por Bill Van Auken//

El decimosexto aniversario de los atentados del 11 de setiembre del 2001, los cuales cobraron más de 2900 vidas en Estados Unidosm fue conmemorado nuevamente con ceremonias en donde estaban situadas las Torres Gemelas en el World Trade Center, el Pentágono y el punto en Pennsylvania donde cayó uno de los cuatro aviones secuestrados cuando sus pasajeros luchaban por retomar el control de la aeronave.

Miles se reunieron en la Ciudad de Nueva York para presenciar el acto solemne donde se leen los nombres de las víctimas de lo que constituyó un ataque terrorista criminal y reaccionario que tan sólo sirvió a los intereses del imperialismo estadounidense y mundial. El acontecimiento ha sido utilizado para justificar guerras de agresión y ataques contra los derechos democráticos alrededor del mundo.

Las genuinas emociones de aflicción y añoranza compartidas por aquellos que perdieron a seres queridos ese día volvieron a contrastar marcadamente con la banalidad e hipocresía de las conmemoraciones oficiales escenificadas por los políticos estadounidenses.

Esta vieja dicotomía llegó a una nueva profundidad el lunes, con el discurso principal de la ceremonia en el Pentágono que dio el multimillonario estafador y presidente de tendencia fascista, Donald Trump. Su primera reacción el día de los atentados fue presumir—falsamente además—que la caída de las Torres Gemelas convertía su propiedad en 40 de la calle Wall Street en el edificio más alto de Bajo Manhattan. Sus comentarios esta semana fueron un revoltijo, si acaso recalentado, de discursos viejos, tributos a la bandera estadounidense y un llamado a “defender nuestro país contra las fuerzas barbáricas del mal y la destrucción”.

Trump repitió el desgastado cliché de que, “nuestro mundo cambió” ese 11 de setiembre, una frase que busca convencer que las guerras interminables, las medidas de Estado policial y los drásticos cambios en la vida política del país durante los últimos dieciséis años fueron el resultado de los supuestamente imprevistos e imprevisibles atentados del 11 de setiembre. En otras palabras, no tuvieron nada que ver con lo que les precedió.

El hecho de que esta es una mentira cínica y que el Estado emplea en su propio beneficio es algo que se esclarece más cada año.

En vísperas del aniversario, salieron a la luz nuevas revelaciones que asocian a Arabia Saudita, el país árabe más cercano a Washington, con la preparación de los atentados del 11 de setiembre, en el que 15 de los 19 secuestradores eran ciudadanos saudíes. La prensa corporativa, que no publicó nada significativo para el aniversario, por su mayor parte hizo caso omiso de la nueva evidencia. El diario New York Times marcó el aniversario con un editorial detallando los esfuerzos del examinador médico de la Ciudad de Nueva York para identificar los restos humanos.

Una denuncia federal en nombre de las familias de 1400 víctimas de los atentados presentó evidencia que la embajada saudí en Washington financió lo que parece haber sido un ensayo en 1999 para los atentados del 11 de setiembre. Dos agentes saudíes se hicieron pasar como estudiantes y abordaron un vuelo de America West de Phoenix a Washington D.C., con boletos pagados por la embajada saudí. La denuncia establece que ambos hombres habían sido entrenados en campamentos de Al Qaeda en Afganistán con algunos de los secuestradores del 11 de setiembre. Durante el vuelo, los dos hicieron preguntas técnicas a los asistentes de vuelo que crearon sospechas e intentaron entrar a la cabina de vuelo dos veces, obligando al piloto a realizar un aterrizaje de emergencia en Ohio. Ambos fueron detenidos y cuestionados por el FBI, que decidió no levantar cargos.

Esta es tan sólo la última de una serie de revelaciones que han dejado abundantemente claro que los eventos del 11 de setiembre nunca pudieron haber sucedido sin un apoyo logístico substancial de fuerzas influyentes. A pesar de la reiterada aseveración que “cambiaron todo”, nunca se ha llevado a cabo una pesquisa independiente y objetiva de cómo fue que se realizaron los atentados. Y, a pesar de ser ostensiblemente el más catastrófico fracaso de inteligencia en la historia de EUA, nadie fue llamado a rendir cuentas; no hubo ni despidos ni demociones.

La evidencia que se ha hecho pública demuestra que los secuestradores del 11 de setiembre pudieron entrar al país libremente, atender escuelas de aviación pese a que algunos de los involucrados habían estado bajo la vigilancia de la CIA y el FBI por al menos dos años antes de los atentados. Dos de ellos vivieron en la casa de un informante del FBI.

En el 2016, se publicaron 28 páginas de documentos fuertemente editados, tras permanecer ocultos del público por trece años. Estos indicaban que varios oficiales de la Inteligencia saudí les transfirieron grandes sumas de dinero a los secuestradores poco antes de los atentados, y les prestaron ayuda para encontrar dónde alojarse y recibir clases de aviación.

A pesar de que el gobierno saudí fue el más activo en la realización de los ataques, el involucramiento de la Inteligencia saudí implica a secciones del aparato estatal estadounidense. Esta no es una cuestión de teorías conspirativas, sino un hecho establecido. Es una cuestión relacionada con conspiraciones reales involucrando a la CIA, Afganistán y Al Qaeda, remontándose a la creación del grupo islamista como un brazo de la guerra sucia de Washington contra el Gobierno afgano que era apoyado por la Unión Soviética en los años ochenta.

Lejos de que cambiar todo, los atentados fueron pretextos para actos de agresión militar que habían sido preparados mucho antes. Con la disolución de la Unión Soviética una década más tarde, la burguesía inició una política de emplear el poderío militar estadounidense para contrarrestar el declive del capitalismo estadounidense globalmente. Afganistán e Irak fueron blancos de los esfuerzos para asegurar un dominio militar en dos de las principales regiones productoras de petróleo y gas del mundo, la cuenca del Caspio y Oriente Medio.

Este emprendimiento puramente criminal, justificado en nombre de las víctimas del 11 de setiembre ha cobrado más de un millón de vidas iraquíes y cientos de miles afganas y desatado la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial.

Intentar justificar estos crímenes invocando la “guerra contra el terrorismo”, heredada de Bush a Obama, y ahora a Trump, no sólo está ya desgastado sino que es completamente absurdo. Uno de los productos de los dieciséis años ininterrumpidos de guerras de agresión estadounidenses ha sido la expansión sin precedentes de Al Qaeda y las milicias islamistas asociadas, en gran parte como resultado del uso de estos elementos por parte del imperialismo estadounidense como fuerzas terrestres indirectas para sus guerras de cambio de régimen en Libia y Siria.

Más allá, las múltiples guerras e intervenciones dirigidas por el Pentágono y la CIA, del Norte de África hasta Asia Central, podrían evolucionar en una conflagración mundial. Simultáneamente, Washington está amenazando a Corea del Norte con una guerra nuclear y confrontándose de forma cada vez más peligrosa a sus rivales geoestratégicos principales, Rusia y China.

El 11 de setiembre no “cambió todo”, sino que marcó el inicio de una escalada de lo que George W. Bush llamó “las guerras del siglo XXI”, lo que equivale a una escalada en las agresiones imperialistas que están conduciendo a la humanidad a una tercera guerra mundial.

Macron visita Grecia: la “Izquierda Radical” de Tsipras le da la bienvenida al exbanquero devenido en presidente de Francia

por Alex Lantier//

Emmanuel Macron viajó la semana pasada a Grecia para aplaudir las medidas de austeridad impuestas por el Gobierno de la “Coalición de la Izquierda Radical” o Syriza y para discutir el futuro de la Unión Europea.

La visita a Grecia muestra claramente lo que Macron tiene en mente para la clase obrera francesa. Después de las elecciones generales alemanas del 24 de septiembre, Berlín y París pretenden utilizar la Unión Europea (UE) para liquidar los derechos sociales adquiridos por la clase trabajadora en Francia y en Europa a lo largo del siglo XX. En su asalto contra la clase obrera, la aristocracia financiera procura utilizar a la “izquierda radical” pequeñoburguesa como una herramienta política clave.

Tsipras en Twitter: “Apoyamos iniciativas para una nueva arquitectura económica y monetaria de la UE hacia una Europa más democrática y social”.

El cordial encuentro entre el exbanquero Macron y el primer ministro griego, Alexis Tsipras, también desenmascara la oposición nominal de la pseudoizquierda francesa contra Macron. Jean-Luc Mélenchon y el Nuevo Partido Anticapitalista (NPA), quienes pretenden oponerse a Macron, elogiaron la llegada al poder de Tsipras. Si tomaran puestos de poder bajo Macron, como Mélenchon ha propuesto hacer, la línea de clase que adoptarían no sería significativamente diferente de la de Tsipras.

En su primera reunión con el presidente griego, Prokopis Pavlopoulos, Macron aplaudió los dictados de austeridad de la UE en Grecia: “Deseo rendir homenaje aquí a las reformas que sus gobiernos han llevado a cabo y tendré la oportunidad en breve de tener un intercambio con el primer ministro Tsipras sobre este tema. Pero estas reformas deben ir de la mano con un compromiso colectivo para continuar permitiendo la reestructuración de la deuda de su país”.

Macron elogió el “coraje” que Syriza y la clase gobernante griega demostraron al imponer las políticas de austeridad contra el pueblo griego: “La resistencia que ustedes demostraron, el valor que tuvieron para llevar a cabo varias reformas, la voluntad para no olvidar sus principios, su gobierno y su primer ministro siempre se mostraron para mantener a Grecia en Europa, mientras que a su alrededor muchos extremistas los presionaban para que la abandonaran. Nos obliga a tener aún más ambiciones para esta Europa que seguimos queriendo”.

De hecho, el único “coraje” que poseían Tsipras y Syriza fue el que tuvieron para rechazar las promesas de oponerse a las medidas de austeridad y de cumplir servilmente las demandas de los bancos, esperando que el ejército y la policía antidisturbios los protegieran de la ira de las masas.

El impacto acumulado de los recortes a las pensiones y al salario mínimo de una serie de gobiernos griegos desde el 2008 ha sido una caída promedio del 40 por ciento en las pensiones y los salarios. Las quiebras y despidos de pequeñas empresas y una ola de despidos masivos en la fuerza laboral del sector público han llevado a una tasa de desempleo del 25 por ciento (60 por ciento entre los jóvenes).

Atenas y la UE utilizaron la catástrofe social que estaban creando –el PIB griego cayó en un cuarto, como en los países más afectados de la depresión de los años treinta— para desgarrar los derechos sociales básicos de los trabajadores. Estos ataques incluyeron una reducción de la pensión mínima a 384 euros por mes y la eliminación de los servicios públicos de salud para los desempleados.

Syriza quedó electo en enero del 2015, basando su campaña en falsas promesas que repudiaron rápidamente de poner fin a las medidas de austeridad de la UE. Incluso organizaron un referéndum para votar sobre la austeridad el 25 de julio, con la esperanza de obtener un voto del “sí” que les permitiera renunciar, culpando a la población de apoyar a la UE. Frente a un aplastante 62 por ciento por el “no”, en su mayoría de trabajadores, Syriza pisoteó la opinión pública e impuso el mayor paquete de medidas de austeridad desde el comienzo de la crisis.

Al igual que Mélenchon y el NPA en Francia hoy, Tsipras se negó a llamar a los trabajadores europeos a defender a los trabajadores en su país para oponerse a la austeridad. Como había advertido el WSWS, el rechazo de Syriza a la única estrategia viable de oposición a la UE se debía a su aprobación esencial, compartida por sus aliados en toda la UE, del programa social reaccionario de la UE.

Macron no viajó a Grecia sólo para legitimar los ataques contra la clase obrera, sino también para promover los intereses estratégicos y comerciales del imperialismo francés y europeo. Su visita estaba estrechamente ligada al creciente peligro de una guerra mundial. A medida que se ensanchan las divisiones entre Washington y Berlín tras la elección de Trump y aumenta el riesgo de una guerra entre Estados Unidos, China y Rusia por la península coreana, Grecia se está convirtiendo en un campo de batalla en una lucha por influencia entre las principales potencias.

“Para no ser gobernados por potencias más grandes como los chinos y los estadounidenses, creo en una soberanía europea que nos permita defendernos y existir”, dijo Macron en un discurso posterior en la colina del Pnyx, cerca del Partenón, en Atenas.

Al igual que con su política interna, la política exterior de Macron es una reaccionaria en toda la línea. Prometió presionar a la UE para que le ayude a Tsipras evitando que los refugiados huyan de las guerras de la OTAN en Oriente Medio hasta Grecia: “Necesitamos, por esta razón, avanzar una cooperación permanente y planificada que nos permita protegernos de grandes migraciones como a las que su país se enfrentó en años recientes”.

La principal política de refugiados de la UE ha sido negarles su derecho de asilo y limitar las operaciones de rescate en el Mediterráneo, lo que ha provocado miles de muertes por ahogamiento, mientras intensifican los patrullajes navales en la región.

Por otra parte, Macron aludió brevemente a los conflictos en el interior de la UE provocados por la crisis griega, diciendo: “Nuestra zona del euro tiene que renunciar a una especie de guerra civil interna por diferencias menores”. No sólo propuso reestructurar las deudas de Grecia, sino también impedir que el Fondo Monetario Internacional (FMI) desempeñe un papel en la formulación de las políticas de austeridad impuestas sobre Grecia.

Lo que está en juego no son diferencias en cuanto al grado austeridad, ya que las políticas de la UE son tan brutales como las del FMI, sino las explosivas rivalidades interimperialistas. A medida que Washington y la UE entran cada vez más abiertamente en conflicto, Macron buscará limitar más la influencia del FMI, que tiene su sede en Washington, mientras le exige concesiones financieras a Berlín para Grecia a cambio del apoyo francés contra Estados Unidos.

En su viaje, Macron trajo a su séquito una gran delegación de CEOs y altos directivos de las más grandes compañías francesas. Entre las empresas representadas estaba la operadora portuaria Terminal-Link, que participa en las negociaciones sobre la privatización del puerto de Tesalónica. Hay una creciente rivalidad con China, cuya compañía naviera COSCO ha adquirido una participación mayoritaria en el puerto del Pireo en Atenas y quiere convertirlo en un nodo importante en la red de infraestructura “Una cinturón, una ruta” del régimen chino que conecta China con Europa.

El New York Times citó al comentarista griego Coastas Iordanidis diciendo que Atenas espera que Macron reafirme su apoyo a la posición de Grecia en la UE y presione a los inversores franceses para “contrarrestar” las inversiones de Alemania y China en Grecia.

Karl Marx: Prólogo a la primera edición alemana de El Capital

El trabajo, cuyo primer tomo propongo al público, es la continuación de la Contribución a la crítica de la Economía política, publicada por mí en 1859. El largo intervalo transcurrido entre el comienzo y la continuación me ha sido impuesto por una enfermedad de muchos años que ha interrumpido la labor repetidas veces.

El contenido de la obra primitiva está resumido en el primer capítulo de este tomo. Y al hacerlo así, no se ha atendido solo a conseguir que sean más coherentes y completas las ideas, sino que se ha mejorado la exposición. En la medida en que la materia lo ha permitido, se han desarrollado aquí puntos que antes apenas se esbozaron, mientras que otros, ampliamente desarrollados allí, aquí simplemente se enuncian. Los capítulos sobre la historia de la teoría del valor y de la teoría del dinero, por supuesto, han sido omitidos del todo. En cambio, el lector del trabajo anterior encontrará en las notas del primer capítulo referencias a nuevas fuentes para el estudio de la historia de estas teorías.

El principio siempre es duro; esto vale para todas las ciencias. Por eso, la máxima dificultad la constituirá la comprensión del primer capítulo, en particular, los párrafos referentes al análisis de la mercancía. En cuanto a lo que toca especialmente al análisis de la sustancia del valor y de la magnitud del valor he procurado, en la medida de lo posible, exponerlo en forma popular. La forma valor, que llega a su pleno desarrollo en la forma dinero, es muy simple y de poco contenido. No obstante, la inteligencia humana se ha dedicado a investigarla durante más de 2.000 años, sin resultado, mientras que otras formas más complejas y de contenido mucho más rico han sido analizadas, por lo menos aproximadamente, con resultado positivo. Y esto, ¿por qué? Porque es más fácil de estudiar el cuerpo organizado que las células del cuerpo. Además, para analizar las formas económicas, no se puede utilizar ni el microscopio ni los reactivos químicos. La capacidad de abstracción ha de suplir a ambos. Ahora bien: para la sociedad burguesa, la forma mercancía del producto del trabajo o la forma valor de la mercancía son formas económicas celulares. A los espíritus poco cultivados les parece que analizar estas formas significa perderse en minucias. Se trata efectivamente de minucias, pero de minucias como las que son objeto de la anatomía microscópica.

Por eso, a excepción del capítulo sobre la forma valor, nadie podrá acusar a este libro de difícil o incomprensible. Me refiero, por supuesto, a lectores que traten de aprender algo nuevo y quieran, por tanto, pensar por sí mismos.

El físico, para observar los procesos naturales, o bien lo hace donde se presentan en forma más acusada y menos deformada por influencias perturbadoras, o bien, si puede, hace experimentos en condiciones que aseguren el desarrollo del proceso en su forma pura. Lo que me propongo investigar en esta obra es el modo de producción capitalista y las relaciones de producción y de cambio que le corresponden. El país clásico para ello es hasta ahora Inglaterra. De aquí el que haya tomado de él los principales hechos que sirven de ilustración a mis conclusiones teóricas. Si el lector alemán alza los hombros con gesto de fariseo ante la situación de los trabajadores industriales y agrícolas ingleses o si se tranquiliza con optimismo pensando que en Alemania las cosas no están, ni con mucho, tan mal, tendré que decirle: De te fabula narratur!

No se trata aquí del grado de desarrollo, más alto o más bajo, que alcanzan los antagonismos sociales engendrados por las leyes naturales de la producción capitalista. Se trata de las leyes mismas, de las tendencias mismas que actúan y se imponen con una necesidad férrea. El país industrialmente más desarrollado no hace más que mostrar al que es menos desarrollado el cuadro de su propio porvenir.

Pero aparte de esto: en los sitios donde la producción capitalista ha tomado por completo carta de naturaleza en nuestro país, por ejemplo, en las fábricas propiamente dichas, la situación es mucho peor que en Inglaterra, por faltar el contrapeso de la legislación fabril. En todas las esferas restantes, pesa sobre nosotros, como sobre los demás países continentales de la Europa Occidental, no sólo el desarrollo de la producción capitalista, sino su insuficiente desarrollo. Además de las miserias modernas, nos oprime toda una serie de miserias heredadas, procedentes del hecho de seguir vegetando entre nosotros formas de producción antiguas y ya caducas que acarrean un conjunto de relaciones sociales y políticas anacrónicas. No sufrimos sólo a causa de los vivos, sino a causa de los muertos. Le mort saisit le vif!

En comparación con la inglesa, la estadística social alemana y del resto de la Europa Occidental continental, es muy pobre. Sin embargo, levanta el velo lo bastante para dejar entrever la cabeza de Medusa. Nos horrorizaríamos de ver nuestra propia situación si nuestros gobiernos y parlamentos designasen periódicamente, como en Inglaterra, comisiones de investigación de las condiciones económicas; si estas comisiones estuviesen investidas de los mismos poderes que en Inglaterra para descubrir la verdad; si se pudiera encontrar, para cumplir esta misión, hombres tan expertos, imparciales y severos como los inspectores del trabajo de Inglaterra, como los médicos ingleses que informan sobre la Public Health, como los comisarios ingleses que investigan sobre la explotación de la mujer y del niño, sobre las condiciones de la vivienda y de la alimentación, etc. Perseo se cubría con un casco mágico para perseguir a los monstruos; nosotros nos colocamos este casco mágico sobre nuestros ojos y nuestros oídos para poder negar la existencia de los monstruos.

No hay que hacerse ilusiones. Del mismo modo que la guerra de la Independencia norteamericana del siglo XVIII fue el toque a rebato para la clase media europea, la guerra civil norteamericana del XIX lo ha sido para la clase obrera de Europa. En Inglaterra, el proceso revolucionario se ha hecho palpable. Cuando alcance un determinado nivel debe repercutir en el continente. Y allí revistirá formas más brutales o más humanas, a tono con el grado de desarrollo de la clase obrera misma. Abstracción hecha de móviles más elevados, sus más vitales intereses mandan a las clases hoy dominantes eliminar todos los obstáculos para el desarrollo de la clase obrera que pueden ser eliminados por la legislación. Esta es la razón por la cual yo me he extendido tanto en este tomo sobre la historia, el contenido y los resultados de la legislación fabril inglesa. Una nación debe y puede aprender de otra. Incluso en el caso en que una sociedad haya llegado a descubrir la pista de la ley natural que preside su movimiento —y la finalidad de esta obra es descubrir la ley económica que mueve la sociedad moderna— no puede saltar ni suprimir por decreto sus fases naturales del desarrollo. Pero puede acortar y hacer menos doloroso el parto.

Unas palabras para evitar posibles interpretaciones falsas. A los capitalistas y propietarios de tierra no los he pintado de color de rosa. Pero aquí se habla de las personas sólo como personificación de categorías económicas, como portadores de determinadas relaciones e intereses de clase. Mi punto de vista, que enfoca el desarrollo de la formación económica de la sociedad como un proceso histórico-natural, puede menos que ningún otro hacer responsable al individuo de unas relaciones de las cuales socialmente es producto, aunque subjetivamente pueda estar muy por encima de ellas.

En el terreno de la Economía política, la investigación científica libre se encuentra con más enemigos que en todos los demás campos. La particular naturaleza del material de que se ocupa levanta contra ella y lleva al campo de batalla las pasiones más violentas, más mezquinas y más odiosas que anidan en el pecho humano: las furias del interés privado. La alta Iglesia de Inglaterra, por ejemplo, perdona antes un ataque contra 38 de sus 39 artículos de fe que contra 1/39 de sus ingresos monetarios. Hoy en día, el mismo ateísmo es una culpa levis, comparado con la crítica de las tradicionales relaciones de propiedad. Sin embargo, aquí hay que reconocer la existencia de un paso adelante. Observemos, por ejemplo, el Libro Azul publicado en las últimas semanas con el título Correspondence with Her Majesty’s Missions Abroad, regarding Industrial Questions and Trades Unions. Los representantes de la corona de Inglaterra en el extranjero exponen aquí sin ambages que en Alemania, en Francia, en una palabra, en todos los países cultos del continente europeo es tan palpable y tan inevitable como en Inglaterra una transformación radical de las relaciones entre el capital y el trabajo. Al mismo tiempo, al otro lado del Atlántico, el señor Wade, vicepresidente de los Estados Unidos de Norteamérica, declaraba en mítines públicos que, abolida la esclavitud, se ha puesto sobre el tapete la transformación de las relaciones de propiedad sobre el capital y la tierra. Son éstos signos de la época, que no se dejan encubrir con mantos de púrpura ni con sotanas negras. No significan que mañana se vayan a producir milagros. Indican que en las mismas clases dominantes apunta ya el presentimiento de que la sociedad actual no es ningún cristal duro, sino un organismo susceptible de transformación y en transformación constante.

El segundo tomo de esta obra tratará del proceso de circulación del capital (libro II) y de los aspectos del proceso en su conjunto (libro III); y el tercero y último (libro IV), de la historia de la teoría.

Bienvenido sea todo juicio crítico científico. Contra los prejuicios de la llamada opinión pública, a la que nunca he hecho concesiones, tengo por divisa el lema del gran florentino:

Segui il tuo corso, e lascia dir le genti!

Karl Marx

Londres, 25 de julio de 1867

Documental: La Spirale

De retorno a Francia, en 1973, tras su expulsión de Chile, Mattelart se propone realizar un documental sobre la experiencia del gobierno de la Unidad Popular. Con Jacqueline Meppiel y Valérie Mayoux, seleccionan documentos de unas 20 fuentes: cinematecas; filmes del chileno Patricio Guzmán, del norteamericano Saul Landau, del sueco Jan Linqvist, y del cubano Santiago Álvarez; noticiarios de Chile Film y reportajes televisivos chilenos, incluyendo los opuestos a Allende. Consultan también los archivos de televisiones estadounidenses, europeas del norte y latinoamericanas, particularmente los de la cubana. Finalmente, François Périer aporta su voz, Jean-Claude Eloy su música, y el célebre diseñador belga Jean-Michel Folon se ofrece para crear figurines originales.

El resultado es La Spirale, un riguroso y apasionante documental político de 140 minutos que expone los mecanismos del plan destinado a destruir, por todos los medios, el proyecto de socialismo democrático. Sus siete capítulos desarrollan el crescendo dramático: el Plan, el Juego, el Frente, el Acercamiento, el Arma, el Ataque y el Golpe. “No contamos aquí la historia de la UP –explica el relator– Otras películas lo hacen y se necesitarán muchas para expresar la riqueza de esos tres años. Queremos explicar cómo la derecha chilena hizo de esos tres años una máquina infernal que comienza antes de la elección de Allende; una espiral hacia la explosión…” 

 

Título original: La Spirale
Director: Armand Mattelart
Año producción: 1976
País de Producción: Francia
Idioma: Francés con subtítulos en castellano.
Formato: 35 mm
Duración: 130 min.

 

EP

La campaña electoral federal de Alemania y el peligro de una guerra nuclear mundial

por Johannes Stern//

Los medios de comunicación y los partidos políticos en Alemania han procurado por mucho tiempo evadir los temas de guerra y militarismo durante las campañas electorales federales. Pero la realidad acabó poniéndose al día con ellos. La agresividad del imperialismo estadounidense hacia Corea del Norte, Rusia y China, y la prueba nuclear del régimen de Pyongyang, han llevado al mundo al borde de una guerra nuclear que pondría en tela de juicio la supervivencia misma de la humanidad. El peligro que el Sozialistische Gleichheitspartei (SGP) y el Comité Internacional de la Cuarta Internacional han estado advirtiendo desde hace bastante tiempo ahora se está discutiendo abiertamente.

El miércoles, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, trazó un paralelo con la situación en 1914 y declaró: “Si se contempla la historia de la Primera Guerra Mundial, sobrevino un paso a la vez, con un lado haciendo una cosa y el otro haciendo algo más, y entonces ocurrió una escalada”.

En un artículo titulado “Los alborotadores”, el Süddeutsche Zeitung planteó la inquietante pregunta: “Quién sabe si, en tal situación, terminen sucediendo cosas que nadie quería al principio. No es una coincidencia que los sonámbulos, que llevaron a Europa a la Primera Guerra Mundial en el verano de 1914, sean objeto de discusión otra vez”.

La última sesión del Parlamento alemán (Bundestag) antes de la elección ser vio opacada por el peligro de una guerra nuclear. Incluso antes de que la canciller Angela Merkel (Demócrata Cristiana, CDU) abriera la sesión con un discurso, Rolf Mützenich, líder suplente del grupo parlamentario socialdemócrata (SPD) sobre política exterior y defensa, declaró: “Una sombra nuclear se asienta nuevamente sobre el mundo –por Corea del Norte, pero también debido a un presidente descuidado y fanfarrón de EUA, que está ampliando dicha sombra nuclear. Sra. canciller, creo que se merecería todos los honores si contradice fuertemente al presidente estadounidense en el período que le queda en el cargo”.

El ministro de Relaciones Exteriores, Sigmar Gabriel (SPD), advirtió en su discurso acerca de “una fase en la que hablamos no sólo de un rearme convencional, sino del regreso a las horas más oscuras de la Guerra Fría”. Globalmente, “India, América Latina, Estados Unidos, Rusia, Europa, África, en todas partes estamos hablando de rearmes, no se discute acerca de nada más en ninguna parte”.

“El símbolo político, la acción política que debe venir de Alemania no puede ser que nos vamos a unir a esta carrera armamentística”, proclamó el canciller. “La señal de Alemania, independientemente de quién haya gobernado este país, siempre ha sido que Alemania quiere ser una voz para la paz y una potencia para la paz en el mundo y no participará en el rearme”. Gabriel luego describió la decisión de la OTAN de gastar 2 por ciento del producto interno bruto en defensa como un “error” –“A pesar de que los socialdemócratas apoyaran este compromiso en su momento”—.

En noviembre de 1933, León Trotsky escribió el artículo “El pacifista Hitler”, donde describe cómo incluso Hitler se comprometió a la “paz” y “el entendimiento internacional” al comienzo del Gobierno nazi. Trotsky señaló que, a finales de 1933, el Tercer Reich todavía era demasiado débil “para poder hablar, en el siguiente período, otro lenguaje que no fuese el del pacifismo”. Sin embargo, en el transcurso de unos años, después de haberse rearmado, pasaría de “‘mi paz’ a ‘mi lucha’ e incluso a ‘mi guerra’”.

A Gabriel le tomó menos de cinco minutos en el Bundestag pasar de la paz y el desarme a exigir una acumulación militar alemana. “Por supuesto, debemos mejorar los armamentos de las fuerzas armadas, porque, por cierto, se han hecho recortes a las fuerzas armadas durante 12 años”, dijo el socialdemócrata. Gabriel identificó al político derechista Karl Theodor zu Guttenberg de la Unión Social Cristiana (CSU), quien fue ministro de Defensa del 2009 al 2011 y actualmente está intentando regresar a la política, como el principal responsable de esto.

La dirección que busca definir Gabriel a través de sus críticas sobre el gasto del 2 por ciento del PIB para la OTAN es clara. Alemania se está rearmando y preparando, junto con las otras grandes potencias, para la guerra, pero procura hacerlo bajo sus propios términos.

El “tema principal en juego no debe ser cuánto gastamos, sino más en qué lo gastamos”, declaró Gabriel ante los diputados. Lo que está en juego es “la estrategia correcta”. Y esto ha sido dicho por “cada soldado que regresa de un despliegue del extranjero”: “Sí, necesitamos al ejército. Pero, estimado Sr. Gabriel, no crea que simplemente a través de más gastos militares y en defensa va a poder asegurar la paz y la estabilidad, y combatir el movimiento de refugiados. Tiene que luchar contra el hambre, la pobreza, la desesperanza y la falta de un futuro. Tiene que hacer eso”.

Esta es una crítica si acaso disimulada de las guerras dirigidas por Estados Unidos en Oriente Medio, a las que Gabriel quiere contraponer una política intervencionista europea supuestamente más “humanitaria”, dominada por Berlín.

“Europa es responsable de la seguridad europea”, escribió Gabriel en su último libro con el revelador título Neuvermessungen (Nuevas mediciones). “En política exterior y de seguridad, tenemos que ser capaces de tener una conciencia estratégica y tomar acción, porque aún no somos lo suficientemente buenos. Esto incluye definir nuestros intereses europeos y articularlos independientemente de Estados Unidos. Esta obstinación en cierta medida requiere una emancipación de adoptar posiciones desarrolladas en Washington”.

El objetivo declarado de Gabriel es el establecimiento de un ejército europeo capaz de hacer valer sus intereses globales independientemente de la OTAN y Estados Unidos y, si es necesario, en oposición a este último. “No se trata simplemente de comprar nuevas armas. Se trata de integrar más fuertemente la industria armamentista europea y de reunir recursos. Se trata de la creación de una identidad de seguridad común europea, que a través de estructuras cada vez más integradas despeje el camino hacia un ejército europeo”.

Gabriel sabe muy bien que los planes de Estados Unidos para fortalecer su arsenal nuclear ponen en peligro esta política. Un “regreso a las horas más oscuras de la Guerra Fría” aumentaría la dependencia de Alemania y Europa de Estados Unidos, y socavaría los intereses económicos y geopolíticos de Berlín, que están en constante contradicción con los de Estados Unidos. Gabriel tiene la intención de utilizar el resto de la campaña electoral para transformar el miedo generalizado de una guerra nuclear incitada por Estados Unidos en apoyo para el militarismo alemán.

El partido La Izquierda (Die Linke) y los Verdes, los cuales se esfuerzan por formar un gobierno con Martin Schulz, el candidato a canciller del SPD, después de las elecciones estarán trabajando por el mismo objetivo. El martes, presentaron una moción en el Bundestag pidiéndole al gobierno alemán que “retire” su apoyo a la meta del 2 por ciento para la OTAN e “inicie inmediatamente negociaciones con EUA para que retire sus armas nucleares desplegadas en Büchel de la República Federal tan pronto como posible”.

Jan Korte, quien argumentó a favor de la moción de La Izquierda, la cual fue derrotada, no dejó ninguna duda de que los motivos no eran pacifistas, sino que buscaba fortalecer el imperialismo alemán contra Washington. La moción señalaba, “somos independientes y soberanos —incluyendo de Estados Unidos de América— y hacemos nuestras propias políticas aquí”.

El Sozialistische Gleichheitspartei es el único partido que se opone a los planes de guerra nuclear estadounidenses de igual manera que al rearme europeo y alemán, y lucha desde el punto de vista de la clase obrera internacional contra el creciente peligro de guerra. En nuestra declaración electoral: “¡Contra el militarismo y la guerra! ¡Por el socialismo!”, declaramos lo siguiente:

“El peligro de una tercera guerra mundial no puede ser evitado mediante llamamientos por la paz hacia la clase gobernante. La lucha contra la guerra está ligada inseparablemente de la lucha por el socialismo. El SGP pide la construcción de un movimiento internacional contra la guerra basado en los siguientes principios:

“La lucha contra la guerra debe basarse en la clase obrera, la gran fuerza revolucionaria de la sociedad, uniendo tras de sí a todos los elementos progresistas de la población.

“El nuevo movimiento contra la guerra debe ser anticapitalista y socialista, ya que no puede haber una lucha seria contra la guerra, excepto en la lucha por acabar con la dictadura del capital financiero y el sistema económico que constituye la causa fundamental del militarismo y la guerra.

“El nuevo movimiento contra la guerra debe, por necesidad, ser completa e inequívocamente independiente de todos los partidos políticos y organizaciones de la clase capitalista y hostil hacia ellos.

“El nuevo movimiento contra la guerra debe ser, ante todo, internacional, movilizando el vasto poder de la clase obrera en una lucha global unificada contra el imperialismo. La guerra permanente de la burguesía debe ser contestada con la perspectiva de la revolución permanente de la clase obrera, cuyo objetivo estratégico es la abolición del sistema del Estado-nación y el establecimiento de una federación socialista mundial. Esto hará posible el desarrollo racional y planificado de los recursos mundiales y, sobre esta base, la erradicación de la pobreza y la elevación de la cultura humana a nuevas alturas”.

 

(Fotografía: Ceremonia de las Antorchas de las FFAA alemanas año 2017)

¿Una laguna en la obra de Marx o ignorancia del lector?

por Elmar Altvater//

El intercambio metabólico entre naturaleza y sociedad en un modo de producción basado en el valor.

En los 150 años transcurridos desde que se publicó por primera vez el Capital se han formulado tantos reproches contra Karl Marx y, en mayor medida todavía, contra su amigo y coautor Friedrich Engels, que casi es imposible enumerarlas. A diferencia de los economistas políticos que le precedieron, Marx fue supuestamente incapaz de explicar la formación de los precios. Es más, según sus críticos, la depauperación que predijo de la clase obrera no se ha producido y el capitalismo no se halla en proceso de colapso, sino que ha surgido triunfante de la competencia entre sistemas. También se acusa a Marx y Engels de haber allanado el camino, con sus escritos teóricos y políticos, a las atrocidades de Stalin, siendo por tanto autores intelectuales de los crímenes cometidos en la “edad de los extremos”.

Estas son duras acusaciones que todavía hoy sostienen no pocos periodistas. Claro que algunas de las lagunas que Marx sin duda dejó abiertas en su obra, parecen más bien responder a un prejuicio: Marx, y especialmente Engels, supuestamente no tenían respuesta alguna a las cuestiones ecológicas que constituyen nuestra principal preocupación en nuestros días. Se dice que no tuvieron en cuenta el hecho de que el valor no solo lo crea el trabajo, sino también la naturaleza; que, en su edificio teórico, la naturaleza ocupa menos espacio que el que se otorga a la sociedad y que la noción monoteísta de la dominación de la naturaleza por los humanos no se cuestiona críticamente. Sin embargo, un examen de los escritos conjuntos de Marx y Engels, especialmente del primer volumen del Capital, demuestra que los lectores han dejado manchas y huellas dactilares, es decir, rastros de su existencia ecológica. Es imposible leer a Marx sin tener en cuenta la ecología. Uno lee a Marx con la cabeza y, por consiguiente, con la razón, pero la experiencia también es táctil y uno gira las páginas con la yema de los dedos.

Supuestamente, Marx y Engels no tenían respuesta alguna a las cuestiones ecológicas que constituyen la principal preocupación en nuestros días. Sin embargo, un examen serio de sus escritos muestra los atisbos ecológicos contenidos en su obra.Un autor sin puntos ciegos en su obra es como un héroe sin tacha, un verdadero modelo de un santo o, en otras esferas, un pelmazo monumental. Por descontado, los lectores que viven 150 años después de la muerte del autor son, ante todo, más inteligentes, o al menos deberían serlo, por mucho que el autor se llame Karl Marx. Sin embargo, esta inteligencia normalmente solo alcanza para detectar predicciones incumplidas del autor y para señalar una u otra laguna en su razonamiento; y para anunciar tales descubrimientos a los cuatro vientos. Algunos lectores solo son capaces de combatir las teorías de Marx armados con viejos argumentos.

Al igual que otros muchos autores y autoras, no cabe duda de que Marx dejó muchos flancos abiertos. Estos puntos débiles deben contemplarse como un reto para el lector de consolidarlos con sus propios pensamientos y los argumentos resultantes. Esto requiere cierto esfuerzo, por mucho que las lagunas que dejó Marx encierren tanto potencial que podrían dar pie a muchos centenares de ideas. Pero nadie cultiva estas creaciones en una época en que el presidente de un falso país ordena incursiones aéreas muy reales y mortíferas a golpe de Twitter por debajo del umbral de reflexión, y cuando, de modo menos escandaloso, la crítica de ideas, incluso de teorías elaboradas para las que Marx aportó una base científica y muchos ejemplos, pasa a formar parte de un oportunismo promocional adaptado afirmativamente, o cuando algún periodista insensato de un periódico respetado se propone la misión imposible de descubrir errores.

Nos referimos a Marx del mismo modo en que nos referimos a otras mentes preclaras que han impartido conocimientos indispensables para responder a los enigmas irresueltos en nuestra labor actual. Ni siquiera podemos nombrar a todas ellas porque algunas se han convertido en una segunda naturaleza y parte del discurso cotidiano, hasta el punto de que nos extrañamos cuando alguien menciona la autoría de algún pensamiento o dicho familiar; por ejemplo, que los economistas son gente que sabe el precio de todo, pero el valor de nada. Esto lo dijo Oscar Wilde, quien a todas luces, como poeta, lo sabía mejor que el club de premios Nobel de economía que se reúnen regularmente en Lindau para reflexionar sobre sí mismos en plan narcisista.

Marx dijo que las monedas y el dinero en efectivo del “sistema monetario” era un invento “esencialmente católico”, mientras que “el sistema crediticio [era] esencialmente protestante”. Como prueba, añadió que esto ya lo ilustraba el hecho de que “los escoceses odian el oro” (El Capital, vol. III). Hoy sabemos que fueron sobre todo protestantes quienes crearon el sistema monetario del euro y protestantes los que están tratando de abolir el dinero en efectivo en Europa. Una lucha entre confesiones lidiada con medios monetarios. Y Marx lo anticipó porque conocía el vínculo indestructible que existe entre un modo de producción basado en el valor y sus construcciones culturales e ideológicas.

Con cada nueva lectura de El Capital, uno descubre algo nuevo. Pero esto solo sucede si uno aborda el texto con curiosidad y desde una perspectiva actual y no lo lee como una serie de mandamientos grabados en tablillas de piedra. Incluso 200 años después de que naciera Marx persiste el vano empeño de no querer ver el mundo bajo la misma luz, sino sumergirse en la penumbra de la propia falta de visión. Hay marxistas fundamentalistas que demonizan una relectura crítica de El Capital (como la de Mathias Greffrath, de 2017), aunque ahora son menos en número.

Supuestamente, Marx y Engels no tenían respuesta alguna a las cuestiones ecológicas que constituyen la principal preocupación en nuestros días. Sin embargo, un examen serio de sus escritos muestra los atisbos ecológicos contenidos en su obra.Es una tarea intelectual fundamental de la Ilustración –podríamos añadir que con el fin de mejorar a la humanidad– arrojar luz sobre todo el ámbito de la lucha de clases, la diversidad de conflictos sociales y sus agentes, sus orígenes, sus dinámicas y formas de desarrollo y sus consecuencias deseadas y efectos secundarios no deseados. Esta diversidad es actualmente diferente de lo que fue durante la Revolución Rusa en 1917, o un siglo antes, cuando nació Marx en Tréveris en 1818, o en 1867, cuando Marx entregó en mano el manuscrito de El Capital a su editor de Hamburgo, Otto Meissner.

Se suponía que no era un mero manuscrito de un libro, sino “el más terrible misil que se ha lanzado hasta ahora a la cabeza de la burguesía”, como escribió Marx a Johann Philipp Becker el 7 de abril de 1867, poco después de volver de Hamburgo. Un escrito teórico, sumamente complejo y no fácilmente accesible a todos y todas que se convirtió en un proyectil en la lucha de clases. La prueba de la praxis indaga en su calidad para el trabajo teórico, para formular una estrategia y también para desarrollar tácticas en el ejercicio político de generar movimiento(s) social(es) y político(s). Todo el complejo de la sociedad burguesa, su economía y su ecología, pasa a estar en el punto de mira. Marx destaca entre los economistas como el único que, en las categorías que examina, considera y descodifica analíticamente “el contexto dialéctico general” de la materia y el valor, el material y la forma, el valor de uso y el valor de cambio, el trabajo concreto y abstracto, la naturaleza y la sociedad, la estructura social y la acción individual y colectiva, y por tanto de la teoría y la práctica.

El contexto general del “modo de producción basado en el valor” determina el enfoque analítico, la forma y el alcance de la crítica. Es holístico, más completo que los enfoques analíticos de otras ciencias sociales y “escuelas” de economía teóricas, que de este modo presentan más lagunas que los enfoques teóricos de la obra de Marx y Engels. Por esta razón, Marx es el único economista (sí, el único) en cuyo sistema de categorías pueden analizarse y debatirse adecuadamente los problemas ecológicos de la sociedad capitalista. ¿Es esta una afirmación arrogante y por tanto descarada y boba? Es posible, pero hay buenos argumentos que avalan esta línea de razonamiento.

Antes del comienzo de la era industrial impulsada por los combustibles fósiles también había teorías económicas, por lo que la historia del dogma se remonta hasta tiempos bíblicos. Sin embargo, únicamente desde que el hombre comenzó a utilizar los combustibles fósiles de modo sistemático los trabajadores han sido capaces de emplear instrumentos para alterar la naturaleza que, por un lado, permiten aumentar la productividad del trabajo y la “riqueza de las naciones” hasta niveles antes inasequibles, pero que, por otro, también conducen a la destrucción de la naturaleza. El metabolismo de la reproducción capitalista abarca tanto el consumo como la excreción, es decir, la creación de material natural, aunque su composición no siempre puede ser tolerada por el hombre o la naturaleza. La crisis medioambiental comienza y los efectos que tiene este cambio en las condiciones de vida de la gente los describe Engels en su obra de 1844 titulada La situación de la clase obrera en Inglaterra.

La posibilidad del crecimiento proporciona el ímpetu para los esfuerzos tanto científicos como empíricos para investigar sistemáticamente los orígenes de esta nueva riqueza. ¿Proviene del comercio practicado en el mercado o del trabajo realizado en el proceso de producción? Son preguntas que se puede plantear cualquier hada buena, pero a las que no puede dar una respuesta satisfactoria. Cuando el hada no llega, ha de intervenir la ciencia. Toma forma una nueva disciplina, al comienzo, por supuesto, dentro del canon científico tradicional. Por eso no es extraño que los enciclopedistas prerrevolucionarios de la Francia del siglo XVIII creyeran que las respuestas a las cuestiones económicas se hallaban en la doctrina moral. En este punto, los neoliberales modernos solo pueden negar con la cabeza. En todo caso, nació la economía política. Empecemos por tanto con un breve repaso de las escuelas de pensamiento económico más influyentes que ha conocido el mundo desde el siglo XVIII.

1) Los economistas clásicos entendían que el valor económico lo crea el trabajo y que el factor clave es el excedente, es decir, la plusvalía. También identificaban la diferencia entre material y valor, pero no llegaron a reconocer su forma social específica. Para ellos, el capitalismo y la economía de mercado eran la ultima ratiodel orden económico y natural. La diferencia entre el excedente en las sociedades precapitalistas y la plusvalía en la sociedad capitalista dejó de ser un tema, tanto como la posibilidad de una sociedad poscapitalista o la cuestión candente en que se ha convertido hoy el medio ambiente.

No obstante, los “economistas clásicos” habían reconocido que la economía era política y que tenía algo que ver con “sentimientos morales” y la ética, al tiempo que también tenía que ser analíticamente fuerte e influir normativamente en el orden de la comunidad. Por consiguiente, la economía política era –al menos al comienzo de la época burguesa– un programa autoconsciente para diseñar lo que Leibniz consideraba el mejor de los mundos posibles. Para los intereses de la burguesía (la clase capitalista ascendente), la economía política clásica era una ciencia partidista. Todavía no estaba afectada por los conflictos en torno a los juicios de valor desatados en el siglo XX.

2) La idea presuntuosa y realmente loca de la mejor sociedad posible ya fue ridiculizada a comienzos del siglo XVIII por Bernard Mandeville (1703) en su poema satírico La fábula de las abejas y por Voltaire en su novela Cándido, dirigida contra Leibniz. Claro que el escarnio y la burla no eran una “crítica de la economía política”, sobre la que Marx estaba trabajando desde la década de 1840. La economía política que surgió primero como ciencia de la mano de la burguesía no se desarrolló hasta convertirse en una crítica de la economía política, sino que siguió el principio más cómodo de separar todo lo que era económico de los contextos sociales y políticos, así como de los conflictos, presiones de legitimización, tradiciones y costumbres. Esto encaja en el paisaje de lo que hoy es la economía de mercado capitalista prevaleciente.

La economía se convirtió en la ciencia de una economía de mercado descontextualizada, que pasó a ser objeto de la investigación de Karl Polanyi (1978). La economía dejó de considerarse economía política, tal como la habían concebido los economistas clásicos; contemplaba las normas moralmente justificadas a la defensiva y con escepticismo y estaba muy lejos de una crítica de la economía política materialista y dialéctica. La palabra “economía”, que remitía a su sustancia materialista, y por tanto social y natural, también quedó suprimida y fue sustituida por economics (ciencia económica). A lo largo de esta historia de descontextualización, en cuyo transcurso desapareció toda noción de sociedad, política, cultura y naturaleza del concepto de ciencia económica, también cayó en desgracia la crítica de los discursos económicos, quedando después fuera de los planes de estudio universitarios: desterrados, cómo no, del contexto social que todavía encerraba el término “economía”. El triste estado de las facultades de ciencias económicas actuales tiene por tanto una historia igual de deprimente.

Supuestamente, Marx y Engels no tenían respuesta alguna a las cuestiones ecológicas que constituyen la principal preocupación en nuestros días. Sin embargo, un examen serio de sus escritos muestra los atisbos ecológicos contenidos en su obra.Los economistas neoclásicos del siglo XIX, y especialmente sus seguidores neoliberales del siglo XX, no se interesaban por tanto más que por el aspecto monetario de los procesos económicos y no perdían el tiempo estudiando el origen, la forma y el contenido del dinero, que ellos son los únicos capaces de emplear para debatir sobre cuestiones económicas. Por tanto, cuando despotrican sobre el capital natural, no son capaces de reconocer problemas ecológicos y comentarlos racionalmente. Las notificaciones de los bancos centrales que han establecido ellos mismos sobre la masa monetaria (que, de acuerdo con una gracia del sumo sacerdote neoliberal, Milton Friedman, ha sido lanzada desde un helicóptero, ganándose por tanto el nombre de dinero helicóptero M1, M2, M3, etc.) son suficientes para ellos.

Desde su punto de vista, el valor creado por el trabajo, así como la economía material de la materia y la energía, carecen de importancia. Tampoco les interesa el proceso de producción previo al funcionamiento del mercado ni el proceso de vertido de residuos, aguas residuales y gases de escape en el medio natural del planeta Tierra, una vez fabricados y consumidos los productos. Lo único que importa es que todo tenga su precio, que los economistas pueden entonces calcular. La naturaleza solo interesa como capital natural; y los seres humanos, como capital humano.

Este es el nadir de la inteligencia económica que el Comité Nobel ha celebrado con incontables premios. El mismo economista admite que esto es inhumano, en su mayor parte, sin entender qué está diciendo: cuando él (solo en unos pocos casos habría que decir “ella”) hilvana supuestos muy artificiales en modelos matemáticos o asume la racionalidad del homo oeconomicus. Esto siempre es instrumental y por tanto ha de excluir del cálculo todo lo que no aparece en el radar del “hombre económico” o del “inversor”. Por tanto, queda exento de toda responsabilidad por el daño medioambiental causado por el afán de lucro que nutre las decisiones de inversión. “Los costes sociales y el quebranto medioambiental… pueden considerarse la principal contradicción dentro del sistema de empresa lucrativa”, escribe K. William Kapp, uno de los pocos economistas que han abordado la cuestión de las consecuencias medioambientales de la acumulación de capital privado.

En la teoría económica neoclásica, con su capital privado desbocado, el afán de acumulación y el recorte de los bienes comunes y de la regulación estatal, la externalización es un principio estructural, indispensable en la economía capitalista moderna. Los intentos de internalizar los “costes sociales”, por consiguiente, solo pueden materializarse si se pone en tela de juicio la racionalidad de la sociedad capitalista, es decir, si se cambia de sociedad. La externalización es por tanto una expresión (que los economistas no captan) de la descontextualización de la economía de mercado con respecto a la sociedad y la naturaleza, cosa que Marx criticaba, calificándola de fetichismo. Esto inhibe la comprensión que la ocupación del planeta con fines de valorización capitalista (habitualmente comercial), llamada “externalización”, es nada menos que la digestión de la naturaleza en el tracto metabólico insaciable y glotón de la economía y la sociedad.

3) Fue en la política económica keynesiana que siguió a la gran crisis económica global de la década de 1930 cuando se redescubrió el espacio y el tiempo, y por tanto categorías de la naturaleza, como elementos significativos para los economistas. Sin embargo, la comprensión fue extremadamente limitada, puesto que la principal preocupación consistía en detectar inestabilidades económicas que surgían a resultas de la incertidumbre de decisiones de inversión que tendrían efecto en el futuro. Una decisión se adopta en el presente sobre la base de certezas dadas que provienen de periodos que ya pertenecen al pasado. Las expectativas, en cambio, se basan en ingresos futuros. Por tanto, las inversiones siempre conllevan necesariamente un riesgo y pueden fracasar, pues el futuro es desconocido y las cosas pueden evolucionar de un modo muy diferente de lo previsto por la entidad económica que ha tomado la decisión. Esta entidad compara tipos de interés externos e internos, interés de mercado que puede regularse dentro de ciertos límites por parte del banco central, con la tasa de beneficio, que depende de la productividad y los costes laborales. Sin embargo, las decisiones se basan en cálculos privados, centrados en el beneficio.

4) A diferencia de la economía clásica, de la economía neoclásica o del keynesianismo y sus variantes, en la economía termodinámica la materia, la energía y sus transformaciones, es decir, las condiciones ecológicas de la producción, el consumo y la circulación, son categorías centrales. La economía termodinámica fue la respuesta que dan los economistas que están descontentos con las escuelas de pensamiento neoliberales y neoclásicas que olvidan la naturaleza. También respondía a la teoría de Marx, aunque sobre la base de una interpretación terriblemente truncada del análisis marxiano del modo de producción basado en el valor (y no, desde luego, en la materia).

Actualmente, la economía termodinámica o bioeconomía suele mencionarse en relación con el matemático y economista rumano Nicholas Goergescu-Roegen y su obra principal del año 1971. Las transformaciones materiales y energéticas tienen una importancia fundamental para el análisis económico y no deben excluirse del mismo, puesto que todas las transacciones económicas tienen lugar en el espacio y en el tiempo y una ciencia económica que no tenga en cuenta el tiempo físico y el espacio físico sería por tanto absurda, pues excluiría la posibilidad de comprender el carácter entrópico de todas las transformaciones económicas de la materia y la energía.

Con el tiempo aumenta la entropía, es decir, una vez utilizada, la energía no puede reutilizarse (algo parecido ocurre con el material). Disminuye la calidad del rendimiento del trabajo. Esto lo señala la economía termodinámica, que, en contraste con la economía neoclásica, permite discutir debidamente la externalización de los costes sociales generados en la economía privada, como se ha mencionado más arriba. Sin embargo, en la economía termodinámica se deja de lado el análisis de las formas sociales de la actividad económica. Ni siquiera entran dentro de su campo visual. Tampoco se reconoce suficientemente el significado de los agentes capitalistas que están detrás de las actuales transformaciones –desastrosas para el medio ambiente– de la materia y la energía ni cómo influyen en la ecología y la política medioambiental. Una vez más, el papel central de la categoría de la naturaleza dual del trabajo y su producto, la mercancía, se presenta como “pivote” de la economía política.

5) La economía política ha sido unilateral desde el comienzo. O bien todo lo que importa es el dinero, o bien todo se centra en la materia y la energía. La forma social específica del uso de la materia y la energía en el modo de producción capitalista y las cuestiones de por qué el dinero se transforma en capital y por qué el modo de producción revoluciona entonces todos los modos de vida, no aparecen en el radar de los teóricos de la economía de ninguna de las dos vertientes. Esta unilateralidad no se suprime de ninguna manera cuando se diversifica declarándola “economía plural” y se acentúa cuando se utilizan múltiples nombres, como economía plural, economía de los comunes, economía comunitaria y economía del poscrecimiento.

Así no se crea la ciencia que, desde Marx, se denomina “crítica de la economía política” y que nosotros, junto con Engels, podemos llamar “la ciencia del conjunto dialécticamente relacionado” o bien, como diríamos hoy, un enfoque holístico acorde con la teoría del caos. El pluralismo es bueno, pero no basta para captar las contradicciones y crisis de la dinámica social de las economías capitalistas y la “web of life” (Jason Moore) que regulan en el planeta Tierra. Hasta ahora, esta “red de vida” no se ha reconocido en toda su complejidad, y puede que no se pueda captar científicamente, y además comprende a muchos actores que todos desempeñan una función en el conflicto social y en las luchas de clases de la era ecológica. Hemos de reconocerlos lo antes posible para poder seguir siendo capaces de actuar. El espacio medioambiental de que disponemos no solo es limitado, como se ha constatado desde la década de 1990 con las conclusiones de los estudios sobre los límites del crecimiento. Quienes nos hallamos en la “esfera planetaria limitada” (por utilizar un término citado por Immanuel Kant) nos acercamos a los “límites planetarios” marcados por un grupo internacional de científicos encabezados por Johan Rockström en 2009. Ya hemos sobrepasado algunos de ellos. Estamos viviendo a salto de mata. La oferta es cada vez más escasa, pero la demanda sigue exigiendo a voz en grito, sobre todo por parte de los “great Americans”.

Las pruebas aportadas por los científicos, que no solo demuestran el carácter finito de los recursos, sino también el declive del planeta Tierra, a medida que este se convierte en un único gran vertedero o en un cementerio de residuos peligrosos, son tan obvias como aterradoras, máxime cuando se tienen en cuenta los agentes capitalistas analizados por Marx, y por tanto específicos de esta formación social: la producción de valor, que trata el trabajo, es decir, a los seres humanos, así como el mundo natural, sin ninguna consideración, y que debe imponerse cada vez en contra del interés capitalista de proteger a la naturaleza y a la humanidad. “¡Acumulad, acumulad! ¡Esto es Moisés y los profetas!” (Karl Marx, El Capital, Volumen 1): así se refiere Marx a la regla de oro del capitalismo. Hasta las normas de pureza más evidentes han de arrancarse al capital si esto restringe siquiera un poquito la creación de plusvalía a través del trabajo. El antagonismo existente entre materia y valor, trabajo asalariado y capital, naturaleza y sociedad, acumulación y crisis debe entenderse por tanto, sobre todo, como una contradicción económica y un conflicto social dentro del modo de producción capitalista antes de poder hablar razonablemente de economía del bien común, del poscrecimiento, etc. o de economía plural, que no quieren saber nada de las imposiciones del sistema.

En la economía neoliberal dominante, la situación es desesperada. Pero incluso la economía pluralista de la sostenibilidad cree en la reconciliación de los intereses del capital con el interés de la preservación de la naturaleza y los intereses de los trabajadores. Desde luego, los conflictos sociales no siempre se libren sobre el filo de un cuchillo; se producen negociaciones, los acuerdos son posibles e incluso perduran algún tiempo. Los Objetivos de Desarrollo Sosternible (ODS) ofrecen un rayo de esperanza y son una señal del surgimiento de un nuevo futuro de poscrecimiento sostenible.

Podemos ver algunas similitudes con los acontecimientos que tuvieron lugar durante los periodos de reformismo, cuando el movimiento obrero creía en la posibilidad de conciliar intereses de clase enfrentados. En los conflictos ecológicos también se están sentando las bases, de modo que las partes pueden avanzar algún día codo a codo hacia el acuerdo. Sin embargo, la manera en que puede lograrse la sostenibilidad socioecológica deseada y la forma que debería adoptar si no se pone coto al impulso acumulador del capital, es decir, si no se priva de poder a Moisés y los profetas, es un tema que todavía debe abordar la economía plural.

Marx y Engels escribieron en el Manifiesto Comunista que hasta ahora la historia ha sido una historia de lucha de clases. Este sigue siendo el caso. Sin embargo, en el futuro las luchas no solo se producirán en relación con los salarios, el rendimiento y la cantidad y calidad del empleo dentro de la sociedad capitalista existente, y/o con la conveniencia de cambiar este marco social, sino también en relación con las condiciones de vida y de trabajo en una sociedad en los límites de la capacidad del planeta. La organización de un imperialismo de saqueo, como el descrito por David Harvey (2005), o la externalización de cargas y la sobrecarga de la naturaleza a raíz de los cálculos racionales efectuados por “inversores”, descrita por Lessenich (2016), no son más que un vano intento desesperado de erigir una valla protectora que ya ha sido tumbada.

No hay otra opción que crear una sociedad económicamente eficiente y socialmente equilibrada, organizada democrática y ecológicamente de acuerdo con los principios de sostenibilidad. Muchos recibirán este mensaje con aprobación. Pero no proviene de la conciencia de las ventajas de una economía de poscrecimiento, porque esta no puede existir sin ir más allá del capitalismo. Como siempre ha ocurrido en la historia, es el resultado de las luchas de clases por un futuro digno de ser vivido, en el siglo XXI y más allá: esfuerzos políticos pragmáticos en pro de la configuración del conjunto dialéctico global con criterios de humanidad y ecología.

44 años y no olvidamos: Los estremecedores audios del Golpe

Aquí podemos percibir los ruidos, las voces, los distintos matices de cómo se llevo a cabo el golpe militar y de cómo los golpistas planifican desde el primer minuto el genocidio. Les preocupa negar el suicidio de Allende y por sobre todo que el Golpe era “en defensa del pueblo”.

Además se incluye material de “Escucha Chile” que fue un programa de la Radio Moscú transmitido desde la URSS durante la dictadura de Augusto Pinochet entre 1973 y 1988. Era una de varias radios resistentes al régimen militar, siendo este programa escuchado tanto en Chile como en el extranjero.

1. La conversación que debió ser secreta (0:00)

2. Señal pública + Lectura de los bandos militares (19:57)

3. Primer Comunicado del Presidente Allende (25:48)

4. Pero el avión se cae, viejo (26:24)

5. El ataque de los H.H. (36:05)

6. ¿Ya se rindió Allende? (40:10)

7. Que firme la renuncia (51:47)

8. Último discurso de Salvador Allende (57:53)

9. Bombardeo a la moneda, audio original (1:04:09)

10. Misión en La Moneda, terminada (1:04:51)

11. They say that Allende comitted suicide (1:10:44)

12. Declaración pública de la Junta Militar (1:25:48)

13. Cortina de “Escucha Chile”, Radio Moscú (1:28:31)

14. Transmisión de Radio Moscú en 1976 (1:29:04)

Editorial: 11 de septiembre, día de reivindicación de la lucha por la Revolución Socialista.

Una de las principales tareas políticas del régimen, en lo que concierne a su lucha por erradicar la identidad política socialista de los trabajadores en Chile, es la de trivializar el Golpe del 73 y transformarlo en una fecha de reconciliación ecuménica, en torno a la idea del “Nunca Más” y del respeto a los DDHH.

Como todos los años, el Gobierno realizará un rito religioso y abrirá La Moneda para las ofrendas en la puerta de Morandé 80, que usó Salvador Allende en su corto y convulsionado período presidencial.

La Derecha y la DC simplemente omitirán cualquier referencia a la fecha, conocedores como son, de su responsabilidad genocida y proimperialista en la conspiración y sedición de la CODE. Guardarán silencio porque, por una cuestión de clase, simplemente tienen las manos manchadas con sangre obrera. Sobre esto no hay dos lecturas.

Es la izquierda la que ha abandonado todo papel en torno a esta fecha y no se trata de un accidente. El PC y PS -aún las principales organizaciones de la izquierda chilena- no pueden abrir la boca para reivindicar a los miles de caídos, a los desaparecidos, torturados y exiliados, tras el golpe pinochetista, porque son los intereses de la clase social burguesa que dio este Golpe, los que de forma rastrera, hoy defienden desde el Gobierno de Bachelet.

Se nos presentan hoy día, una vez más después de casi treinta años, con la cantinela de que “hay que unirse en contra de la derecha”. Esto no sólo es una impostura, es una canallada, porque han sido los gobiernos de la Concertación y el último de la Nueva Mayoría (que suma al PC), precisamente quienes han gobernado desde 1990 –con el paréntesis piñerista- sirviendo vergonzosa y obsecuentemente los intereses de las transnacionales, los grupos económicos, de la banca y las AFP, de las concesionarias y de la gran minería privada.

Son estos grandes grupos a quienes sirven, los que -aún vulnerando la propia legislación patronal- los han financiado y corrompido metódicamente, ordenándoles qué es lo que deben hacer en el Congreso. Esta es la razón, la verdadera razón por lo que desde 1990 subsiste la Constitución y el Modelo Económico que dan cuerpo al Régimen pinochetista, sin Pinochet. Subsiste por los grandes acuerdos de “gobernabilidad” y por los pagos irregulares de PENTA, SQM y tantas otras empresas más que arriendan los servicios de parlamentarios y administran los intereses económicos del propio Partido Socialista, porque es en la bolsa donde se transan no sólo las acciones bursátiles de propiedad del PS, sino que su conducta desde el Gobierno.

Hoy día se nos plantea que si apoyamos a Guillier se continuará el camino de reformas impulsado por el Gobierno. No nos cabe duda.

Lo que omiten señalar es que durante el último Gobierno se pulverizaron las organizaciones de trabajadores, se destruyó la CUT y se aprobaron reformas legales que dificultan aún más la organización de sindicatos y se debilita –aún más- la fuerza de las huelgas; durante este Gobierno el movimiento estudiantil se empequeñeció hasta la irrelevancia y se le fracturó con una reforma educativa que -a pesar de una mínima cobertura de gratuidad- fortaleció la subvención a los grandes operadores privados de la educación consolidando –en los hechos- la educación como una mercancía. Durante este Gobierno, como corolario, se impulsó una reforma previsional que tiene como único objetivo preservar el fraude piramidal de las AFP que persigue únicamente proveer de dinero barato para los bancos y los grandes grupos económicos, a costo de la miseria de los trabajadores.

Durante este Gobierno, además, se reprimió y profundizó la militarización de la Araucanía, se invirtieron millones de dólares en equipamiento represivo, persecuciones judiciales y criminalización de la lucha emancipadora del pueblo Mapuche. El montaje del caso Luchsinger se destaca por ser un nuevo “Caso Bombas”, porque con él presenciamos un inequívoco acto de represión política y vulneración de derechos nacionales. La represión bacheletista es responsable de la muerte del obrero forestal Rodrigo Cisterna en mayo del 2007, también lo es de la muerte del subcontratado del cobre, Nelson Quichillao en julio de 2015. Ambos crímenes permanecen en la más absoluta impunidad.

¿A esto se refiere la izquierda guillierista con la promesa de continuar con la obra de Bachelet? Exactamente, a eso se refieren y es a esa impostura y a esa capitulación a la burguesía a la que la izquierda que se reclama revolucionaria y socialista, debe oponerse terminantemente.

Cuando hablamos de esto no estamos haciendo referencia a alguna campaña electoral, si alguna hay que ayude en este sentido, en buena hora. Pero en este momento resulta totalmente irrelevante. Con sus encuestas, el régimen ha creado la idea de que Piñera es invencible, reproduciéndose el paradigma “antipinochet” y “antipiñera”, que tantos dividendos han dado a la burguesía, porque le permite someter a los trabajadores y disciplinarlos a un horizonte político que se reduce al espacio electoral, institucional y legal que la propia burguesía ha impuesto.

El 11 de septiembre de 1973, un martes helado y nublado como este día que nos ha dejado el crudo invierno de 44 años después, Allende se inmola en La Moneda testimoniando trágicamente la absoluta inviabilidad del reformismo, esto es, la idea de que existe un tránsito pacífico y gradual –“la Vía Chilena”- al socialismo. Una generación completa y la de recambio fueron aplastadas durante los 17 años que duró la Dictadura pinochetista. Miles y miles cayeron bajo la represión patronal e imperialista, bajo la dictadura precisamente porque la Unidad Popular no fue capaz de señalar otro camino que el institucional.

Como socialistas, como revolucionarios, pero también como chilenos, hemos pagado con la sangre de nuestros mártires proletarios la inviabilidad de la vía chilena. Al socialismo sólo hemos de llegar por la vía revolucionaria, la de la acción directa de las masas, el auténtico camino proletario e insurreccional que expulse a la burguesía del poder, destruya su estado y socialice los medios de producción. Al socialismo sólo hemos de avanzar por este camino, el de un gobierno obrero asentado en los órganos de poder de las masas explotadas, como se expresó embrionariamente con los Cordones Industriales.

¿Cómo aplicamos estos principios y esta estrategia el día de hoy, en que la izquierda aparece domesticada y el movimiento obrero es un fantasma de lo que fue?

La respuesta nos la dan los trabajadores una y otra vez. Tercamente, a pesar de las traiciones de las direcciones sindicales y de los aparatos burocráticos de la izquierda, los trabajadores siguen luchando, se siguen organizando protagonizando movilizaciones de enconada fuerza. La mayor parte son sectoriales como las ramas del sector público, Falabella; otras tienen mayor amplitud y alcanzan la esfera política como la lucha contra la Ley de Pesca y el amplio Movimiento No + AFP.

Esto nos demuestra que el movimiento obrero no ha sido aplastado, está vivo y sigue en la lucha. La izquierda no puede o derechamente no quiere interpretar la actividad de los trabajadores y de proyectarla programáticamente por el poder. Es así como el nuevo fenómeno del Frente Amplio, emergido hace un año, en las Municipales del 2016 producto de la combinación de las movilizaciones del 2011 y del desprendimiento por la izquierda de la propia Concertación (Revolución Democrática), al presentarse como una alternativa puramente electoral e institucional, resulta impotente para servir de intérprete de los trabajadores, precisamente porque no cuestiona el capitalismo ni la propiedad privada de los medios de producción. La reorganización obrera no pasará por el Frente Amplio.

En la actual situación de crisis generalizada de los aparatos políticos, y de confusión de las masas, resulta casi imposible predecir si habrá segunda vuelta ni el desenlace de las presidenciales de noviembre. Lo que sí es seguro, es que el próximo Presidente, con todas las diferencias que ostentan los actuales candidatos, actuará para preservar el régimen burgués, contener o aplastar las movilizaciones y seguir alimentando las ilusiones de que bajo este régimen –trabajando duro y sin mirar para el lado- se puede prosperar.

Es cierto, este 11 de septiembre de 2017, 44 años después en apariencia está muy lejos de lo que fue Chile en aquella época. Ni la izquierda, ni el movimiento obrero, son una sombra de lo que fueran en aquella época. Un par de vanguardias bajo tierra testimonian esta tragedia. Pero en lo esencial, las bases que permiten y hacen necesaria y obligatoria la lucha por la revolución socialista permanecen intactas y -hasta cierto punto- se hacen más urgente hoy que ayer.

El orden capitalista cruje por los cuatro costados. El imperialismo norteamericano amenaza con una guerra nuclear para afirmar su posición de preeminencia sobre las otras facciones imperialistas; la crisis económica del 2008 y sus parches financieros, no hace sino profundizarse amenazando a millones de trabajadores, campesinos y naciones oprimidas con la miseria y el fascismo; las direcciones emergentes del siglo XXI en América Latina, los Chávez, Lula, Evo, Cristina y hasta Bachelet, se derrumban incapaces de sortear los desafíos políticos de mediar entre la nación oprimida y el imperio. No hay salida burguesa a la crisis.

Compañeros: es el momento de redoblar nuestras fuerzas de lucha y de alzar las banderas de la clase obrera y la Revolución Socialista. Nuestro homenaje, un sentido homenaje de clase anticapitalista, será la victoria, la construcción del partido revolucionario, la liberación de los explotados. Viva la clase obrera y su revolución.

 

 

¡La Línea de Colaboración de Clases Fue un Desastre!

por Nahuel Moreno//

En diciembre de 1973 se realizó el Primer Congreso Nacional del PST (Partido Socialista de los Trabajadores). En su intervención final, reproducida en Avanzada Socialista, decía Nahuel Moreno*:

“La tremenda derrota del proletariado chileno estuvo presente; de hecho, presidió el Congreso. Estuvo presente en tres sentidos:

“Primero, porque nos planteó -y nuestro Congreso supo responder que frente a una derrota de clase contra clase, se plantea el frente único. Acá tenemos que estar todos unidos para defender a los mártires de la siniestra dictadura gorila chilena, sean de la posición que sean, centristas, oportunistas, de derecha. Acá no hay peros; nosotros los trotskistas llamamos a un solo frente único de repudio a la dictadura gorila y defensa de los luchadores chilenos sin ningún tipo de sectarismo…

“Pero hay dos aspectos más: con Chile tenemos la prueba de cuál línea es la correcta. El stalinismo, desde 1935, viene insistiendo en que la solución de todos los problemas del mundo se van a dar a través de «frentes populares». A escala internacional, a esto lo llaman «coexistencia pacífica»; a escala de cada país, los «frentes populares». Es decir, la unidad con las burguesías «progresistas» y los militares «progresistas». […]

“Y después de tantos años de hablar, el reformismo y el stalinismo mundial dijeron: «acá tienen el ejemplo»; «Chile es el ejemplo, ésta es la vía pacífica». Este es el ejemplo más categórico de que se puede unir un partido obrero con la burguesía «progresista» y «llegar al socialismo poquito a poquito, con mucha paciencia, sin destruir al estado burgués ni al aparato militar del régimen, sin ofender los unos a los otros». […]

“Y el trotskismo -prosiguió el compañero Nahuel- desde que surge viene combatiendo esa concepción del «frente popular». Los trotskistas vaticinamos que la «vía pacífica» del «frente popular» que se estaba aplicando en Chile iba a llevar a la vía violenta del fascismo y de la reacción pro imperialista. […] Y ese era el principio fundamental del trotskismo, que el stalinismo, todos los reformistas o el nacionalismo burgués niegan completamente.

«Entonces, todo el movimiento de izquierda mundial estuvo pendiente de esa experiencia chilena. […] Tenemos nuestros muertos… aunque fueran stalinistas, son nuestros muertos… ¡porque ese obrero stalinista muerto está gritando que la línea de colaboración de clases fue un desastre!

“Ante esta derrota del proletariado chileno, con Rosa Luxemburgo decimos: es una gran derrota, pero el camino de los trabajadores está plagado de derrotas que tienen un solo fin: ¡el triunfo de la revolución socialista! Es decir, compañeros que, en su tercer aspecto, la experiencia chilena que presidió este congreso, confirmó total y absolutamente las premisas, la política, el programa, la teoría de la revolución permanente y de nuestro movimiento mundial; confirmó la necesidad del partido y la Internacional.” […]

 

* Véase Chile: la derrota de la “vía pacífica al socialismo”, Ediciones El Socialista, 2013, pág. 244 a 247.

La Derrota de la Unidad Popular y Golpe de Estado en Chile

por Aquiles Izaguirre//

El 11 de septiembre se cumple un aniversario más del funesto golpe de Estado que derrocó al gobierno de Salvador Allende e instauró la dictadura de Augusto Pinochet. Muchas historias se cuentan sobre este acontecimiento, en la memoria de una generación quedó impregnado el destierro, las torturas y el asesinato de miles de chilenos que pagaron las consecuencias de la derrota de la Unidad Popular asestada por el golpe fascista. Pero la experiencia que nos legó la trágica historia de estos camaradas, es infinitamente valiosa para las futuras generaciones de revolucionarios, más aún, cuando en nuestro istmo se pregonan las virtudes de los Frentes Populares policlasistas confiando en sectores de la burguesía y las instituciones que defienden los intereses de las clases dominantes.

La Unidad Popular

El 4 de septiembre de 1970 Salvador Allende encabeza la victoria de la Unidad Popular en Chile con un 36,3% de los votos. La Unidad Popular (UP) nace en 1969. Esta UP fue conformada a finales de diciembre de 1969 como una coalición de varios partidos de izquierda y centro, como el Partido Radical, Partido Socialista, Partido Comunista, el Movimiento de Acción Popular Unitario (MAPU), el Partido de Izquierda Radical y la Acción Popular Independiente, incorporándose la Izquierda Cristiana y el MAPU Obrero y Campesino. Asimismo se conformaron Comités de Unidad Popular (CUP) para los simpatizantes sin organización política definida.

La vía Chilena al socialismo

El triunfo de la UP vino aparejado con enormes ilusiones de las masas trabajadoras que tenían años luchando en contra los planes de ajustes de los gobiernos burgueses que precedieron a Allende. La UP llega al poder con un programa reformista que pregonaba que se podía construir el socialismo por la vía pacífica, es decir, confiar en el ESTADO BURGUÉS y sus INSTITUCIONES sin que las contradicciones entre explotados y explotadores llevaran a un estallido social.

Allende y la UP dejaron solidas las bases del Estado que les derrocaría, tal era la confianza de Allende en estas instituciones, que el 16 de junio de 1961, en un discurso alabaría al ejército chileno: “Las Fuerzas Armadas de Chile son el pueblo con uniforme al margen de las contingencias políticas subalternas. No hay un hombre de las Fuerzas Armadas y Carabineros vinculado al latifundio, al monopolio, a las empresas mineras o a los bancos; son gentes modestas que viven de su trabajo y que además, muchas veces reciben menos remuneraciones que en muchas de las actividades particulares o públicas.”. (En Allende, su pensamiento político, recopilación de Ed. Granica, Bs. As., 1973, pág. 154)

La conciliación de clases

Como estamos viendo actualmente en Centroamérica, la UP se conforma con la “sólida creencia” que se puede llegar al poder por medio de elecciones con el apoyo de un sector de la burguesía que en algunos casos fue llamada burguesía nacionalista, o coloquialmente “menos mala”. Estos postulados no son nuevos y para comprender el ¿Por qué? fue derrota de la UP y Allende, es necesario recordar que para 1971 y 1972 su gobierno aplica medidas reformistas que buscaban avanzar al socialismo a través de las reformas, entre ellas encontramos la nacionalización de la industria del cobre, incremento en los salarios, congelación de los precios de la canasta básica etc.

Todas estas pequeñas reformas van acrecentando las contradicciones entre la burguesía chilena y Allende. El panorama llevaría a plantearse como punto de inflexión para Allende y la UP, entre movilizar y a armar a los trabajadores contra la burguesía y el imperialismo, o que la burguesía y el ejército lo derrocaran con un golpe de Estado, desgraciadamente lo último fue lo que ocurrió. Para entender porque el gobierno de la UP miró impasible como se acercaba el golpe de Estado y no armó a los trabajadores es necesario recordar que un sector de la burguesía chilena y sus partidos participaban dentro de la Unidad Popular, algunos como ministros del gobierno. Lógicamente si los tenía dentro de su gobierno, no haría nada contra ellos.

La UP desarma al pueblo

Como en muchos procesos históricos convulsivos, las direcciones a veces son rebasadas por el pueblo, que avanza instintivamente al socialismo, así sucedió en Cuba, la Rusia revolucionaria y en Chile. El triunfo de la UP desató luchas obreras y campesinas por todo chile acrecentando el divorcio entre Allende y un sector de la burguesía chilena, que junto al imperialismo Yanqui preparaban el golpe de Estado. Pero, ¿que hizo la UP y Allende para defenderse del golpe? A medida que el fascismo avanzaba, ellos siguieron manteniendo su compromiso con la burguesía, pacto que solo existía para la UP. Cuando las masas trataban de armarse contra la burguesía las direcciones reformistas y oportunistas del PC y del PS los llamaban a no “asustar” a la burguesía.

Antes del golpe de Estado el gobierno de Allende aprueba la ley de “desame general” que so pretexto de desarmar a las bandas fascistas terminó desarmando a las milicias obreras que combatían a los escuadrones fascistas, este golpe sería letal para la lucha contra el golpe de Estado ya que el propio gobierno se entregaba a las manos de burguesía y al imperialismo yanqui. Meses antes del golpe de Estado, Luis Corvalán, secretario general del Partido Comunista, mantendría la confianza letal a la burguesía y su ejército: “Estoy seguro de que las Fuerzas Armadas, formando o no parte del gobierno, seguirán manteniendo su defensa, y respeto del Gobierno legítimamente constituido y, por lo tanto, sacan mal las cuentas aquellos que piensan que la salida de los militares del Gabinete les deja las puertas abiertas para lanzar, cuando les venga en gana, un movimiento sedicioso como el de octubre. Si tal cosa ocurriera, se encontrarán con una respuesta más enérgica de los trabajadores y el pueblo, y con la adhesión de las FFAA al gobierno del país…” (Chile Hoy, 6 de abril de 1973).

Los cordones industriales.

Ante la convulsión de esa época, la clase obrera constituye un sector importante que pudo haber evitado el golpe, los cordones obreros fueron organismos de poder dual que se organizaron, lucharon y advirtieron contra el golpe de Estado, pero Allende y su política de desarme los desmoralizo y los liquido, aunque lucharon valerosamente contra el Pinochet y su camarilla. Armando Cruces, presidente del Cordón Vicuña Mackenna terminó denunciando amargamente: “Para los dirigentes del Cordón y para todos los trabajadores, este gabinete (de Allende con los militares) fue mirado como una traición a la clase obrera… Los militares en el Gobierno, igual que en octubre, son una garantía para los patrones… y no para la clase obrera… Por eso vemos esto como bastante peligroso, porque creemos que los allanamientos van a continuar y creemos que vamos a caer muchos trabajadores, todos los que estamos luchando en este momento por el poder popular…” (Entrevista en Avanzada Socialista Nº 62, 16 de agosto de 1973)

El Golpe de Estado

En tanto Allende intentaba calmar a la burguesía y al imperialismo, estos tenían bien dibujado su esquema. Como reconocería Henry Kissinger, para preparar el golpe, Estados Unidos “estranguló” la economía de Chile iniciando una compleja operación de sabotaje a la producción, provocando escasez de alimentos en las ciudades. A su vez, el imperialismo financio la huelga de los camioneros que agudizo el problema ocasionando malestar político en las capas medias urbanas, las que dirigidas por la derecha fascista salieron a las calles, golpeando cacerolas, pidiéndole comida al gobierno.

La situación se fue politizando a medida que llegaba septiembre, la derecha salió a las calles, organizando manifestaciones, preparando las condiciones políticas para del golpe militar. Los estudiantes, trabajadores y campesinos también se manifestaron a favor del gobierno provocando choques callejeros que dejaron muertos y heridos.

Pero a pesar de la lucha y heroísmo de los trabajadores estudiantes y campesinos, el gobierno de Allende les aliso el camino al imperialismo la burguesía chilena y su principal aliado el ejército. Para el 11 de septiembre de 1963 se montan operativos militares en las principales ciudades de Chile, en especial en Santiago y Valparaíso, hasta que logran tomar la casa presidencial en donde Salvador Allende se suicida.

La triste historia del golpe de Estado en Chile es muy aleccionadora, sobre todo para las nuevas generaciones de revolucionarios, en palabras de Nahuel Moreno la victoria se pudo haber logrado pero para eso: “El único camino de los trabajadores chilenos hacia el socialismo, es la revolución. La vanguardia obrera, estudiantil y campesina, sin hacer concesiones al reformismo de la Unidad Popular, debe desarrollar la movilización y organización de las masas por sus reivindicaciones económicas y políticas. Sobre esta base, y con los métodos de la lucha de clases, debe estar en primera fila en la de defensa del gobierno de Allende contra los ataques de la derecha y el golpe burgués imperialista, sin depositar la más mínima confianza en la dirección allendista. Este es el único método que garantizará lo conquistado: el otro, el de Allende, prepara derrotas a lo Perón o Torres”. (Nahuel Moreno, Un Documento Escandaloso)

(Publicado en El socialista Centroamericano (www.elsoca.org)//)

La Batalla de Chile: El Golpe de Estado (2ª parte)

por Patricio Guzmán//

Nota del autor: “Creo que La Batalla de Chile narra por primera vez –día a día, paso a paso– una revolución en América Latina filmada por un equipo independiente Comenzamos a trabajar en Santiago de Chile el día 15 de octubre de 1972 y terminamos el día 11 de septiembre de 1973 (el día del golpe de estado). Es una película documental realizada al mismo tiempo que se producían los hechos. No es una película de archivo. Tampoco es una película de montaje. Es el resultado de la filmación directa de una experiencia política que conmovió al mundo. Utilicé para ello una cámara Eclair de 16 milímetros, tres baterías, dos chassis, un trípode, un grabador Nagra-4, un micrófono Sennheiser y un coche Citroen dos caballos. El equipo de rodaje estaba formado por 5 personas: Jorge Müller como camarógrafo, Federico Elton como jefe de producción, Bernardo Menz como sonidista, José Bartolomé como ayudante de dirección, y yo como guionista y director. Y Pedro Chaskel, posteriormente, como montador. La filmación contó con el apoyo material de Chris Marker, quien me proporcionó 44.000 pies de película virgen en 16 milímetros en blanco y negro (equivalentes a 18 horas) y 134 cintas de sonido. El proceso duró siete años en total: uno de rodaje y seis de montaje. Este último se hizo con la contribución del Instituto del Arte y la Industria Cinematográficos de Cuba (ICAIC). Jorge Müller Silva, el director de fotografía y cámara, fue secuestrado por la policía de Pinochet en noviembre de 1974. Hasta hoy se desconoce su paradero. Es uno de los 3.200 desaparecidos y ejecutados de la dictadura. Federico Elton, el jefe de producción, estuvo detenido 24 horas en la Escuela Militar de Santiago en las jornadas posteriores al golpe. Yo estuve detenido dos semanas en el Estadio Nacional.

Esta trilogía ha sido objeto de la censura en Chile pues nunca ha sido emitida por la televisión pública ni estrenada cinematográficamente. El filme dio la vuelta al mundo en los años 70 y 80. Fue exhibido en las salas de 34 países de Europa, América, África y Asia. La revista estadounidense Cinéaste la nominó entre los “mejores 10 films políticos del mundo”.” PG

SINOPSIS DE LA SEGUNDA PARTE
“El golpe de Estado”, 90’

Entre marzo y septiembre de 1973 la izquierda y la derecha se enfrentan en todas partes: en la calle, los tribunales, las universidades, el parlamento y los medios de comunicación. El gobierno de Nixon secundado por Henry Kissinger continúa  financiando las huelgas principales (la gran huelga del cobre, la huelga del transporte, la huelga de los pequeños comerciantes) a la vez que fomenta el caos social indispensable para justificar un golpe de estado. Allende intenta llegar a un acuerdo con las fuerzas del centro político  —la  Democracia Cristiana–,  sin conseguirlo. Las contradicciones de la izquierda aumentan la parálisis. Los militares empiezan a conspirar en Valparaíso. Un amplio sector de la clase media apoya la “desobediencia” y alienta la guerra civil. Los militares inician el registro sistemático de fábricas en busca de armas (que no encuentran). Ochocientas mil personas desfila ante Allende durante el tercer aniversario de su gobierno (el 4 de septiembre). Siete días más tarde Pinochet bombardea el palacio de La Moneda con el presidente adentro (el 11 de septiembre).

La violencia revolucionaria

por Guillermo Lora//

raíz de la violencia

El marxismo excluye, por su propia esencia, la posibilidad de una pacífica y gradual transformación de la sociedad capitalista en socialista. La teoría del colapso revolucionario es parte fundamental del socialismo científico y los que han pretendido hacerla a un lado han sido catalogados como revisionistas. Con todo, nos parece que en la última época se ha tergiversado el sentido marxista de la revolución social, correspondiendo a la ultraizquierda esa tergiversación. No se trata de un aspecto secundario que puede pasarse por alto, sino de algo que tiene muchísima importancia en el problema de la fijación de la estrategia y táctica del movimiento proletario.

Sería inexacto decir que el aporte fundamental del marxismo radica en la lucha de clases (ya señalada por los historiadores burgueses), ese aporte tiene que encontrarse en la conclusión de que esa lucha entre burguesía y proletariado lleva indefectiblemente a la dictadura del proletariado por el camino revolucionario. No hay lugar a la transformación pacífica de la sociedad porque no existen posibilidades de acomodar las relaciones de producción imperantes a las nuevas necesidades de la sociedad, sino que urge destruirlas, abolirlas, para que sean reemplazadas por otras nuevas. Marx en “Las luchas de clases en Francia de 1848 1850” escribió: “Pero detrás del derecho al trabajo está el poder sobre el capital, y detrás del poder sobre el capital la apropiación de los medios de producción (por la dictadura del proletariado, Ed.), su sumisión a la clase obrera asociada, y por consiguiente la abolición tanto del trabajo asalariado como del capital y de sus relaciones mutuas”.

Ciertamente que la revolución social no es un hecho pacífico, menos gradual, sino una verdadera catástrofe producida en la sociedad, un hecho violento. Este concepto de la revolución guarda conformidad con las leyes generales del desarrollo de la sociedad; es un salto porque se trata de la transformación de la cantidad en calidad. Marx enunció la ley más general del desarrollo de las sociedades en la siguiente forma:

“Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad chocan con las relaciones de propiedad existentes, o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y así se abre una época de revolución social. Al cambiar la base económica, se revoluciona, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella”.

De aquí se Llega a la conclusión, anotada por el mismo Marx, de que “ningún régimen social desaparece antes de haber desenvuelto sus fuerzas productoras hasta el máximo de lo que pueda alcanzar tal régimen, y ningún régimen social nuevo puede aparecer, si no halló previamente las condiciones necesarias en el régimen antiguo”.

 

el papel de la violencia

Un mecanicista -no un marxista- puede deducir de lo anterior que un régimen que se levanta sobre relaciones de producción que chocan con las poderosas tendencias de crecimiento de las fuerzas productivas, desaparecerá automáticamente. Es parte del pensamiento marxista que ese régimen caduco y reaccionario concentrará todas sus fuerzas para oponerse a su desplazamiento, esto explica por qué la violencia revolucionaria juega el papel irreemplazable de partera de la historia. Cuando se dice que los hombres realizan la historia en condiciones predeterminadas se quiere significar que la evolución histórica se produce por medio de los hombres: “las fuerzas de producción constituyen la potencia motriz de la evolución histórica, esta evolución, sin embargo, no se produce fuera de los hombres, sino por medio de los hombres” (Trotsky). Para que se produzca la revolución es preciso que se haga evidente la necesidad de cambiar las formas sociales, a fin de penmitir el ulterior desarrollo del poder humano, “entonces se produce la revolución -dice Trotsky-, no por si misma, como una salida o puesta de sol, sino gracias a la acción humana, gracias a la lucha conjunta de los hombres reunidos en clases”.

Estamos hablando de la rebelión de las fuerzas productivas -y la clase obrera es una de las más importantes- contra el régimen de la propiedad privada de los medios de producción; rebelión es ya violencia y en ese caso se exterioriza por fenómenos que nada tienen que ver con la transformación pacífica o el gradualismo: las guerras, las crisis, y las revoluciones. La revolución social quiere decir el desplazamiento de una clase por otra en el poder, resultado de la lucha de clases llevada a su mayor radicalización, y no de un entendimiento parlamentario o del pacífico sometimiento de los convencidos de su conservadurismo a los que dicen reprensentar el porvenir de la humanidad. La clave reolucionario victoriosa conquista -no recibe como obsequio- el poder político en lucha multifacética. Así termina cada período histórico y comienza otro nuevo, Después de la victoria revolucionaria, que por sí misma importa la destrucción del ordenamiento jurídico imperante de la vieja sociedad, viene la etapa destinada a dar juricidad a las transformaciones, se procede a las innovaciones legales, cuya finalidad básica es consolidar a la clase domínente. La revolución no supone la negación por principio de las reformas de todo tipo; más, llega un momento en que toda reforma es inocua y es preciso acabar con el viejo orden social. La revolución no es una adición mecánica de reformas. “Cada constitución política -leemos en Rosa Luxemburgo- es el producto de una revolución. En la historia de las clases la revolución es el acto de creación política, mientras la legislación es la expresión política de la vida de una sociedad que ha surgido ya. La lucha por las reformas no genera su propia fuerza independientemente de la revolución. Durante cada período la lucha por las reformas se lleva a cabo sólo en el sentido indicado por el ímpetu de la última revolución; y continúa en tanto que el ímpulso de ella sigue haciéndose sentir. o, para decirlo más concretamente, en cada período-histórico la lucha por las reformas se lleva a cabo solamente dentro del marco de la forma social creada por la última revolución”.

 

el proletariado encarna la violencia

En el plano clasista, es el proletariado el que encarna la rebelión de las fuerzas productivas contra las relaciones de producción imperantes, así se convierte en la expresión indiscutible de la violencia revolucionaria, esto porque su acción tiende a estructurar una nueva sociedad. La burguesía, a su turno, utiliza la violencia para prolongar indefinidamente la agonía del capitalismo y concentra y organiza su aparato represivo, ésta es una violencia reaccionaria. De aquí se deduce que la violencia de las otras clases sociales que se rebelan contra la opresión capitalista, sólo adquiere proyección revolucionaria si contribuye a aproximar a los trabajadores a la conquista del poder y se torna reaccionaria si los aleja de este objetivo. Así debe entenderse cuando el “Manifiesto Comunista” habla de actitudes revolucionarias de las capas sociales que no son obreras. La revolución social sólo puede consumarla el proletariado (debe entenderse este enunciado en sentido de que debe dirigir y fisonomizar el proceso de transformación) y, por esto mismo, es absurdo intentar sustituirlo por otra clase social y mucho menos por un determinado grupo de personas. Si la clase obrera encarna la violencia revolucionaria, los grupos foquistas, por ejemplo, cuando hablan y actúan a nombre de esta última están buscando, en los hechos, suplantar a la primera. La actuación de los guerrilleros puede ser revolucionaria o reaccionaria y sería una arbitrariedad elevar a la categoría de principio universal cualesquiera de estas conclusiones. Esas actitudes exteriores a la clase pueden adquirir proyección revolucionaria únicamente si se someten a la estrategia y movimientos del proletariado. De manera normal, las agrupaciones y organismos obreros se someten a la línea política de la clase por medio del partido político obrero. Esta regla es mucho más imperiosa tratándose de grupos de intelectuales pequeño burgueses o que por su naturaleza tienden a aislarse de las masas.

La violencia revolucionaria se exterioriza a través de las fomas de lucha propias del proletariado. En la base de esas formas de lucha se encuentran, ni duda cabe, la movilización y la acción directa de masas. Las masas al incorporarse y ganar las calles toman en sus manos la solución de sus propios problemas y de los otros sectores sociales, no de acuerdo al ordenamiento jurídico sino a sus propios intereses, a su voluntad autoritaria. La imposición de las soluciones por la clase puede adquirir las formas más diversas, de acuerdo al grado de movilización y a las circunstancias políticas imperantes. Esas formas pueden ir desde la simple presencia física de la clase, las manifestaciones, las huelgas hasta las diversas manifestaciones de la lucha armada. Pero, toda esta violencia es ejercitada por la clase, es su proyección, es su voluntad, ejecutada a través de los hombres aglutinados en el seno de ella. Así actúa la violencia revolucionaria. En la sociedad se presentan otras formas de violencia y ejecutadas a través de grupos e individuos extraños a la clase obrera, que no son necesariamente revolucionarias y que pueden concluir desorganizando la lucha obrera y perjudicando el logro de la destrucción del capitalismo.

 

formas de la violencia

La violencia revolucionaria tiene que ser considerada como multifacética, teniendo como punto de partida y como fin a la obrera. La acción directa es ya sinónimo de violencia y adquiere grados y formas diversos según las circunstancias de determinado momento. Es equívoco reducir la violencia revolucionaria al estallido de las bombas o a una cierta forma de lucha armada; mucho más si pueden llegar a ser contrarias a la revolución según quien las utilice y las motivaciones políticas a las que sirvan. El proletariado puede o no utilizar las bombas y las guerrillas, por ejemplo, pero independiente de esta circunstancia su lucha es revolucionaria y expresión de la violencia. Hay violencia revolucionaria aunque se dé el

caso extremo de que el obrero no empuñe el fusil para tomar el poder.

Siendo la estructuración de la clase obrera en partido político una de las claves para el éxito de la lucha revolucionaria, se llega a la conclusión de que es esta vanguardia a la que le corresponde organizar, concentrar y dirigir la violencia revolucionaria, que indefectiblemente es sólo una forma de manifestarse de la clase, de imponer su voluntad, de cumplir sus objetivos históricos.

Con todo, el partido revolucionario no puede actuar al margen del resto de las clases y del mismo proletariado. Lenin consideraba que para que la insurrección no acabase en un golpe blanquista debía reunir tres condiciones: “debe apoyarse no en un complot, en un partido, sino en la clase más avanzada. Esto en primer lugar. En segundo lugar, debe apoyarse en el ascenso revolucionario del pueblo. Y en tercer lugar, la insurrección debe apoyarse en aquel momento de viraje en la historia de la revolución ascendente en que la actividad de la vanguardia del pueblo sea mayor, en que mayores sean las vacilaciones en las filas de los enemigos y en las filas de los amigos débiles, a medias indecisos, de la revolución. Estas tres condiciones son las que, en el planteamiento del problema de la insurrección, diferencian al marxismo del blanquismo”.

Existe en Latinoamérica y en otras latitudes, una tendencia pequeño-burguesa que es un peligro para el porvenir del movimiento revolucionario. Nos referimos al foquismo, que considera que monopoliza la violencia revolucionaria, que la reduce a una forma particular de la lucha armada, que actúa al margen de toda consideración del momento político que se vive y que, naturalmente, se aísla de las masas. Es fácil comprender que esta tendencia es un elemento perturbador y disolvente en el camino de la construcción del partido revolucionario, desde el momento que pretende sustituir a la clase y a sus organizaciones.

No podemos por principios considerar a la violencia foquísta como revolucionaria, porque, en determinadas circunstancias, puede contribuir a apartar a la clase de su objetivo de la captura del poder político. El foquismo frecuentemente concluye como un aborto y no como una insurrección victoriosa. Sin embargo, la guerrilla puede, siempre que se den determinadas condiciones político-sociales, ser provechosamente usada por la clase revolucionaria.

La tarea fundamental de los revolucionarios es construir un fuerte partido obrero, estrecha y vitalmente vinculado con la clase, capaz de convertirse en caudillo nacional. Este trabajo paciente y poco espectacular enardece a los jóvenes intelectuales, presos de la desesperación y que sólo exigen actuar. No se trata de actuar por actuar y tampoco de usar la violencia indiscríminada, sino de organizar a la clase, concentrar sus fuerzas y conducirla a la lucha en condiciones que puedan hacer posible la victoria, aunque no siempre aseguren de antemano su logro infalible.

Los que precipitan un aborto del proceso revolucionario, los que obstaculizan la construcción del partido, los que marchan por su lado sin preocuparse del estado de ánimo de las masas, esos son sencillamente contrarrevolucionarios, aunque todos los días tiren bombas.

Todos los días vemos pruebas palpables de lo que indicamos. No pocas veces los grupos foquistas son destrozados, lo que no supone que no puedan renacer, incluso inmediatamente, y, sin embargo, al mismo tiempo, los propios elementos de la pequeña burguesía, por ejemplo los estudiantes, logran victorias significativas, como consecuencia de su lucha masiva.

Al construir un partido es preciso trabajar incansablemente para elevar el nivel de la conciencia de la clase, eso se logra enseñando a los obreros a confiar en la fuerza y eficacia de sus propias organizaciones, enseñanndoles que se libertarán recurriendo a sus propios recursos. Si aparece un grupo armado, una élite heroica, a solucionar los problemas obreros, a castigar a los verdugos de los trabajadores, cuando éstos todavía no han logrado castigarlos con sus propias manos, lo que hace es evitar que la clase se afirme como clase y contribuye a que tienda, más bien, a dispersarse, a abandonarse en brazos de fuerzas extrañas. Este es el mejor camino para concluir no construyendo partido político alguno.

Una cosa es decir que las guerrillas pueden ser viables en determinadas condiciones históricas concretas y otra muy diferente canonizarlas como la única forma. de lucha. La pequeña-burguesía ha inventado el foquismo y pretende imponerse a las masas que las considera atrasadas. De Lenin hemos aprendido que el marxismo “reconoce las más diversas formas de lucha, pero sin ‘inventarlas’, sino simplemente generalizando, organizando la lucha de las clases revolucionarias e ínfúndiéndo conciencia a aquellas formas de lucha de las clases revolucionarias que por sí mismas surgen en el curso del movimiento”. No hay una sola forma de lucha, sino que su gama es inmensa, pero no todas pueden ser aplicadas indistintamente en cualquier momento. En resumen: no hay formas de lucha de validez universal y eterna. Son las condiciones políticas las que actualizan ciertas formas de lucha y relegan al olvido a otras. Tampoco las formas de lucha están dadas para siempre, sino que son proceso en transformación y es de preveer que en el futuro nuevas condiciones impongan también nuevas formas de lucha.

Para Lenin las guerrillas eran sólo un método auxiliar y secundario con referencia a las otras formas de lucha de las masas. “Sobre este fondo se perfila -indudablemente, como algo parcial, secundario, accesorio- el fenómeno (la guerra de guerrillas)”. La guerra de guerrillas debe considerarse históricamente y preguntarse -estamos siguiendo a Lenin- “qué relación guarda con la lucha de la clase obrera, organizada y dirigida por la socialdemocracia (el partido del proletariado)”. Las guerrillas para no caer en el blanquismo deben estar estrechamente ligadas con una situación insurreccional, deben ser expresión de la lucha de las masas y deben concluir coordinando sus movimientos bajo la dirección del partido revolucionarío. El foquismo hace exactamente todo lo contrario, y por eso concluye, muchas veces, en posturas contrarias a la revolución.

 

(Publicado por primera vez en Masas, no. 413, Julio-Agosto 1972)

Diez años después del comienzo de la Gran Recesión

por Michael Roberts//

Han transcurrido diez años desde que comenzó la crisis financiera global con la noticia de que el banco francés BNP había suspendido la cotización de sus fondos hipotecarios de alto riesgo debido a “una evaporación de la liquidez”.

Al cabo de seis meses, el grifo del crédito se cerró y las tasas de interés interbancarias se dispararon (véase el gráfico). Los bancos de todo el mundo comenzaron a experimentar enormes pérdidas en los fondos derivados que habían creado para beneficiarse del boom de la vivienda que había estallado en los EEUU, y empezaron a tambalearse. Y los EEUU y el mundo entraron en lo que más tarde se llamó La Gran Recesión, la peor caída de la producción y el comercio mundial desde la década de 1930.

Diez años más tarde, es oportuno recordar algunas de las lecciones e implicaciones de ese terremoto económico.

En primer lugar, las instituciones oficiales y los economistas ortodoxos nunca la vieron venir. En 2002, el jefe del Banco de la Reserva Federal, Alan Greenspan, a quién se llamaba “el gran maestro” por haber aparentemente ingeniado un boom económico importante, anunció que los derivados, es decir, las innovaciones financieras en los fondos hipotecarios, etc,, habían ‘diversificado el riesgo’, de modo que los “choques que afectan al conjunto de la económica se absorben mejor y son menos propensos a provocar quiebras en cascada que pudiesen amenazar la estabilidad financiera”. Ben Bernanke, que finalmente ha presidido la Fed durante la crisis financiera global, comentó en 2004 que “las últimas dos décadas han visto una marcada reducción de la volatilidad económica” que él denominó la Gran Moderación. Y todavía en octubre de 2007, el FMI concluyó que “en las economías avanzadas, las recesiones económicas habían desaparecido prácticamente en el período de posguerra”.

Una vez que se había hecho patente la profundidad de la crisis en 2008, Greenspan afirmó ante el Congreso de Estados Unidos: “estoy en tal estado de choque, que no me lo puedo creer”. Le preguntaron: “en otras palabras, ¿llegó a la conclusión que su visión del mundo, su ideología, estaban equivocadas, que no funcionaban?” (Presidente del Comité de Supervisión del Congreso, Henry Waxman). “Efectivamente, precisamente esa es la razón por la que me sorprendió, porque durante 40 años o más una considerable cantidad de datos demostraban que funcionaban excepcionalmente bien”.

Libro recomendado

A los grandes economistas ortodoxos no les fue mejor. Cuando se le preguntó cuál era la causa de la Gran Recesión si no era un estallido de la burbuja de crédito, el ganador del premio Nobel y uno de los principales economistas neoclásicos de la Escuela de Chicago, Eugene Fama, respondió: “No sabemos lo que causa las recesiones. No soy un especialista en macroeconomía, por lo que no me preocupa demasiado. Nunca lo hemos sabido. Hasta hoy siguen los debates sobre la causa de la Gran Depresión. La teoría económica no es muy buena a la hora de explicar las oscilaciones en la actividad económica … Si pudiera haber predicho la crisis, lo habría hecho. No la vi venir. Me gustaría saber más sobre la causa de los ciclos económicos“.

El que pronto sería economista jefe del FMI, Olivier Blanchard, comentó en retrospectiva que “La crisis financiera plantea una crisis potencialmente existencial de la macroeconomía.  …  algunos fundamentos [neoclásicos] básicos están en cuestión, por ejemplo, la separación limpia entre los ciclos y las tendencias”  o  “las herramientas econométricas, en base a una visión de un mundo estacionario alrededor de una tendencia, están siendo cuestionados”.

Pero tampoco la mayoría de los llamados economistas heterodoxos, incluidos los marxistas, vieron venir la crisis y la consiguiente Gran Recesión. Hubo unas pocas excepciones: Steve Keen, el economista australiano predijo una crisis de crédito basado en su teoría de que “el elemento esencial que da lugar a las depresiones es la acumulación de deuda privada” y que nunca había sido mayor que en 2007 en las principales economías. En 2003, Anwar Shaikh calculó que la caída de la rentabilidad del capital y el descenso de la inversión darían lugar a una nueva depresión. Y un servidor en 2005, escribió:  “No ha habido tal coincidencia de los ciclos desde 1991. Y esta vez (a diferencia de 1991), estarán acompañados por una caída de la rentabilidad en el marco de un ciclo de Kondratiev de caída de los precios. ¡Todo está por los suelos en 2009-2010! Esto sugiere que podemos esperar una crisis económica muy severa, de una intensidad no vista desde 1980-2 o antes”. (La Gran Recesión).

En cuanto a las causas de la crisis financiera mundial y la consiguiente Gran Recesión, han sido analizadas hasta la saciedad desde entonces. La economía convencional no predijo la crisis y no fue capaz de explicarla después. La crisis adoptó claramente una forma financiera: el colapso de los bancos y otras instituciones financieras y las armas de destrucción masiva financieras, para usar la frase ya famosa de Warren Buffett, el inversor con más éxito de los mercados de valores del mundo. Pero muchos cayeron de nuevo en la teoría de la probabilidad, un evento entre mil millones; un ‘cisne negro’ como Nassim Taleb afirmó.

Alternativamente, el capitalismo era inherentemente inestable y las depresiones ocasionales eran inevitables. Greenspan adoptó este punto de vista: “No conozco ninguna forma de organización económica basada en la división del trabajo (se refiere al punto de vista de Adam Smith de una economía capitalista), desde un laissez-faire sin restricciones a una planificación central opresiva que haya tenido éxito a la hora de lograr a la vez el máximo crecimiento económico sostenible y una estabilidad permanente. La planificación central desde luego no y dudo mucho que la estabilidad se pueda lograr en las economías capitalistas, dado que los mercados competitivos siempre son turbulentos, se acercan pero nunca alcanzan el equilibrio” . Y añadió: “a menos que haya una decisión de la sociedad de abandonar los mercados dinámicos y establecer alguna forma de planificación central, temo que prevenir las burbujas a la postre resulte ser inviable. Mitigar sus consecuencias es todo lo que podemos esperar”.

La mayoría de los dirigentes económicos oficiales como Blanchard y Bernanke sólo veían los fenómenos superficiales de la crisis financiera y llegaron a la conclusión de que la Gran Recesión fue el resultado de la imprudencia financiera de unos bancos no regulados o del ‘pánico financiero’. Esto coincidió con algunos puntos de vista heterodoxos inspirados por las teorías de Hyman Minsky, el economista keynesiano radical de la década de 1980, de que el sector financiero es inherentemente inestable debido a que “el sistema financiero necesario para la vitalidad y el vigor capitalista, que traduce los espíritus animales empresariales en demanda real de inversión, alberga un potencial de expansión fuera de control, impulsado por el auge de la inversión”.  Steve Keen, un discípulo de Minsky, lo explica así: “el capitalismo es inherentemente defectuoso, siendo propenso a auges, crisis y depresiones. Esta inestabilidad, en mi opinión, se debe a las características que el sistema financiero debe poseer si ha de ser coherente con un capitalismo real”.  La mayoría de los marxistas adoptaron un punto de vista similar al de Minsky, al interpretar la Gran Recesión como resultado de la ‘financiarización’ y la creación de una nueva forma de fragilidad en el capitalismo.

Uno de los principales keynesianos, Paul Krugman, arremetió contra los errores de la escuela neoclásica, pero no ofreció ninguna explicación propia, más allá de que se trataba de un ‘fallo técnico’ que necesitaba y podría ser corregido mediante la restauración de la ‘demanda efectiva’.  

Muy pocos economistas marxistas recuperaron la explicación original de Marx sobre las causas de las crisis comerciales y financieras y las depresiones productivas resultantes. Uno de ellos fue G. Carchedi, que resumió este punto de vista en su excelente, pero a menudo ignorado Behind the Crisis, así: “El punto básico es que las crisis financieras son causadas por la reducción de la base productiva de la economía. De este modo se llega a un punto en el que tiene que haber una deflación repentina y masiva en los sectores financieros y especulativos. A pesar de que parezca que la crisis se ha generado en estos sectores, la causa última reside en la esfera productiva y la caída de la tasa de ganancia consiguiente en este ámbito”.  De acuerdo con esa explicación, el mejor libro sobre la crisis sigue siendo el de Paul Mattick Jr., Business as usual.

Y de hecho, la rentabilidad en los sectores productivos de las grandes economías capitalistas era históricamente baja en 2007, como varios estudios han demostrado. En los EEUU, la rentabilidad alcanzó su punto máximo en 1997 y el aumento de la rentabilidad en el boom del crédito de 2002-6 fue abrumadoramente en los sectores financiero e inmobiliario. Esto alentó un enorme aumento del capital ficticio (acciones y deuda) que no podía justificarse por una mejora suficiente de los beneficios de la inversión productiva.

El conjunto de los beneficios comenzó a caer en los EEUU en 2006, más de un año antes de que la crisis de crédito estallase en agosto de 2007. La caída de beneficios significó un exceso de acumulación de capital y por lo tanto una fuerte reducción de la inversión. Una caída en la producción, el empleo y los ingresos siguió. Es decir, la Gran Recesión.

Desde el fin de esa recesión a mediados de 2009, la mayoría de las economías capitalistas han experimentado una recuperación muy débil, mucho más débil que tras las recesiones de posguerra anteriores y en algunos aspectos incluso más débil que en la década de 1930. Un informe reciente del Instituto Roosevelt de JW Mason concluye que “no hay precedentes de la debilidad de la inversión en el ciclo actual. Casi diez años después, el gasto en inversión real se mantiene a menos del 10 por ciento por encima de su máximo de 2007. Esto es lento incluso en relación con el ritmo anémico de crecimiento del PIB, y muy bajo en términos históricos”.

Así que la Gran Recesión se convirtió en la Larga Depresión, como he descrito, un término también adoptado por muchos otros, incluyendo economistas keynesianos como Paul Krugman y Simon Wren-Lewis.  ¿Por qué la Gran Recesión no fue seguida de una recuperación económica ‘normal’ de las tasas de inversión y de producción anteriores? Los economistas de la corriente monetarista argumentan que los gobiernos y los bancos centrales fueron lentos a la hora de reducir las tasas de interés y de adoptar herramientas monetarias ‘no convencionales’ como la flexibilización cuantitativa. Pero cuando lo hicieron, estas políticas no parecen haber podido reactivar la economía y meramente alimentaron un nuevo boom bursatil y crediticio.

La escuela neoclásica reconoce que se debe reducir la deuda, ya que limita la capacidad de las empresas para invertir, mientras que los gobiernos recortan acceso al crédito debido a sus altos niveles de endeudamiento. Esto ignora la razón de la elevada deuda pública, a saber, el enorme coste de rescatar a los bancos a nivel mundial y la caída de los ingresos fiscales por la recesión. Por el contrario, los keynesianos dicen que la Larga Depresión se debe a la ‘austeridad’, es decir, a que los gobiernos tratan de reducir el gasto público y equilibrar los presupuestos.  Sin embargo, las pruebas que apoyan esta conclusión no son convincentes.

Lo que los puntos de vista neoclásicos, keynesianos y heterodoxos tienen en común es negar la función de los beneficios y la rentabilidad en las fases de auge y crisis en el capitalismo. Como resultado, no buscan una explicación a la baja inversión como consecuencia de la baja rentabilidad. Y sin embargo, la correlación entre beneficios e inversión es alta y continuamente confirmada y la rentabilidad en la mayoría de las economías capitalistas sigue siendo inferior a la de 2007.

Después de diez años y una fase de recuperación económica larga pero decididamente muy débil del ‘ciclo económico’, ¿tendremos otra crisis pronto? Así parece sugerirlo la historia. No la provocará otra crisis inmobiliaria, en mi opinión. En la mayoría de los países los precios inmobiliarios todavía no han recuperado los niveles de 2007, a pesar de las bajas tasas de interés, y los volúmenes de las transacciones de viviendas son modestas.

La nueva chispa es probable que sea el propio sector industrial. La deuda corporativa ha seguido aumentando en todo el mundo, especialmente en las llamadas economías emergentes. A pesar de las bajas tasas de interés, una parte importante de las empresas más débiles apenas son capaces de pagar sus deudas. La consultora S & P Capital IQ señaló que la masa récord de 1.84 billones de dólares en efectivo en poder de las empresas no financieras de EEUU enmascara una carga de la deuda de 6.6 billones de dólares. La concentración de dinero en efectivo de las 25 mayores empresas, que representan el 1% de las empresas, supone actualmente más de la mitad del dinero acumulado en efectivo. Frente al 38% de hace cinco años.  El gran chismorreo sobre los gigantes como Apple, Microsoft, Amazon y sus reservas en efectivo oculta la situación real de la mayoría de las empresas. 

Los márgenes de beneficio global se están reduciendo y las ganancias de las empresas no financieras de Estados Unidos estan cayendo.

Y ahora los bancos centrales, empezando por la Reserva Federal de Estados Unidos, han empezado a revertir la ‘flexibilización cuantitativa’ y a aumentar las tasas de interés. El coste de los préstamos y del servicio de la deuda existente se elevará, justo en el momento en que la rentabilidad está cayendo.

Esta es una receta para una nueva crisis, diez años después de la última de 2008.

Cervantes, la España de su época y El Quijote

por Alan Woods//

“Dondequiera que ha conquistado el poder, la burguesía ha destruido las relaciones feudales, patriarcales, idílicas; ha desgarrado sin piedad las abigarradas ligaduras feudales que ataban al hombre a sus ‘seres superiores’, para no dejar subsistir otro vínculo entre los hombres que el frío interés, el cruel ‘pago al contado’”. (Marx y Engels. El Manifiesto Comunista. Madrid. Fundación Federico Engels. 1996. p. 41).

“España conoció períodos muy florecientes, períodos de superioridad sobre el resto de Europa y de dominio sobre América del Sur. El poderoso desarrollo del comercio interior y mundial iba venciendo el aislamiento feudal de las provincias y el particularismo de las regiones. La fuerza e importancia crecientes de la monarquía española estaban entonces ligadas estrechamente al papel centralizador del capital comercial y a la gradual formación de una ‘nación española’”. (Trotsky. La revolución española y las tareas de los comunistas. 24 de enero de 1931).

Este año se celebra el 400 aniversario de la primera publicación de Don Quijote, la mayor obra maestra de la literatura española. La clase obrera, la clase que tiene el mayor interés en la defensa de la cultura, debería celebrar entusiastamente este aniversario. Fue la primera gran novela moderna, escrita en un lenguaje que los hombres y mujeres corrientes podían entender. Era uno de los libros favoritos de Marx y que frecuentemente leía en voz alta a sus hijos.

La lucha por el socialismo es inseparable de la lucha por las ideas y la cultura. En un gesto generoso, el presidente Chávez ha ordenado la publicación de una edición especial de dos millones de copias de la obra maestra de Cervantes para distribuirlas gratuitamente. Por nuestra parte, celebramos el aniversario analizando Don Quijote desde el punto de vista del materialismo histórico.

La vida de Cervantes

Miguel de Cervantes (1547-1616) es la figura más famosa de la literatura española. Novelista, dramaturgo y poeta con una considerable producción literaria, es recordado hoy casi totalmente como el creador de Don Quijote. Cervantes nació en Alcalá de Henares, una ciudad próxima a Madrid, en el seno de una familia de la nobleza inferior. Su padre, Rodrigo de Cervantes, fue cirujano y la mayor parte de su infancia Cervantes la pasó de ciudad en ciudad mientras su padre buscaba trabajo. Su padre era bien conocido en Valladolid, Toledo, Segovia y Madrid, por sus deudas. Éstas le llevaron en más de una ocasión a la cárcel, un destino que en aquella época era demasiado común.

A primera vista, la vida de Cervantes fue meramente una larga lista de fracasos: fracasó como soldado, fracasó como poeta y dramaturgo. Más tarde encontró un empleo como recaudador de impuestos, pero incluso esto fue un desastre. Fue acusado de corrupción y terminó en prisión. Pero esta amplia experiencia le permitió obtener de primera mano un conocimiento de una gran variedad de tipos humanos y conocer desde dentro la sociedad de la época.

El interés por la escritura de Cervantes se produce en 1568, cuando escribió algunos versos en homenaje a Isabel de Valois, la tercera esposa de Felipe II, sin duda con la intención de obtener dinero y favores. Pero su carrera literaria fue interrumpida por el servicio militar. Después de estudiar en Madrid (1568-1569), con el humanista Juan López de Hoyos, en 1570 se unió al ejército español en Italia. Participó en la batalla naval de Lepanto (1571), a bordo del barco de guerra Marquesa. Herido en el brazo por un arcabuz, su mano izquierda quedó inútil para el resto de su vida. Pero esto no le impidió unirse de nuevo a la milicia otros cuatro años.

Cansado de la guerra, regresó a España en 1575, junto con su hermano Rodrigo en la galera El Sol. Pero el barco fue capturado por los turcos y él junto a su hermano fueron llevados como esclavos a Argel. Cervantes pasó cinco años como esclavo hasta que su familia pudo conseguir el dinero suficiente para pagar su rescate. Fue liberado en 1580.

Después de regresar a Madrid tuvo varios puestos administrativos temporales, sólo regresó a la escritura relativamente al final de su vida. Escribió obras como La Galatea y La trata de Argel, que trataba de la vida de los esclavos cristianos en Argel y consiguió cierto éxito. Aparte de sus obras, su trabajo más ambicioso en verso fue el Viaje al Parnaso (1614). También escribió muchas obras de teatro, sólo dos han sobrevivido, y novelas cortas. Pero ninguna de sus obras le daba para vivir.

Habiéndose casado finalmente, Cervantes se dio cuenta de que una carrera literaria no le daba suficientes recursos para mantener una familia. Así que se trasladó a Sevilla donde consiguió trabajo como comisario de abastos de la marina. Sus aventuras no se detuvieron aquí. Consiguió éxito pero también muchos enemigos, como resultado sufrió largos períodos de prisión. En uno de estos períodos de inactividad forzosa comenzó a trabajar en el libro que le daría fama eterna. La primera edición de Don Quijote apareció en 1605. Según cuenta la tradición, fue escrito en la prisión de Argamasilla de Alba, en La Mancha. La segunda parte de Don Quijote apareció en 1615. El libro fue un éxito y le granjeó a su autor fama internacional, pero siguió siendo pobre. Entre los años 1596 y 1600 vivió principalmente en Sevilla. En 1606 Cervantes se asentó de manera permanente en Madrid, donde permaneció el resto de su vida. El 23 de abril de 1616 –la fecha en la que murió Shakespeare– Cervantes murió en la pobreza en la calle de Madrid que ahora lleva su nombre, sólo un año después de que apareciera la segunda edición de Don Quijote.

La obra maestra de Cervantes parece haber comenzado su vida como una caricatura cómica de los libros de caballería que eran populares en la época, pero era un amplio reflejo calidoscópico de la época en la que vivió Cervantes. Está lleno de vida porque refleja fielmente la vida de ese período -un rico mosaico de un mundo en transición-, un fermento de ideas y costumbres en conflicto y una variedad sin fin de caracteres. La mayoría de sus personajes proceden de las clases más bajas. Don Quijote fue un nuevo punto de partida en la literatura: un dibujo de la vida real y las maneras escrito en un lenguaje claro y cotidiano. Los lectores aclamaron la invasión del lenguaje cotidiano en una obra literaria.

A diferencia de muchos de sus contemporáneos, Cervantes no tenía un patrón adinerado. Dependía exclusivamente de sus lectores. Esta era una relación totalmente nueva entre el escritor y su público. Cervantes sólo podía comer vendiendo sus libros y sólo podía venderlos escribiendo en un tono que resonara en los corazones y las mentes de su público. Esto lo consiguió brillantemente. Pocos libros en la historia han reflejado tan fielmente el nuevo espíritu que se estaba desarrollando en la sociedad. Para apreciar esto, es necesario tener una idea aproximada de lo que era realmente la sociedad española de esa época.

La España de Cervantes

El descubrimiento de América, la circunnavegación de África abrieron nuevos horizontes e imprimieron nuevo impulso a la burguesía. El mercado de China y de las Indias orientales, la colonización de América, el intercambio con las colonias, el incremento de los medios de cambio y de las mercancías en general, dieron al comercio, a la navegación, a la industria, un empuje jamás conocido, atizando con ello el elemento revolucionario que se escondía en el seno de la sociedad feudal en descomposición”. (El Manifiesto Comunista. Op. Cit. p. 40)

La España de Cervantes era una sociedad en transición. La unión de las coronas de Aragón y Castilla consiguió, a través del matrimonio de Fernando e Isabel, crear las bases para la unificación española y la creación de una monarquía absolutista. La caída de Granada, el último reino musulmán de España, fue el acto final de la Reconquista que había durado siglos. A esto siguió rápidamente el descubrimiento de América y el ascenso de España como una potencia económica y militar dominante en Europa.

En la época en la que nació Cervantes Madrid sólo tenía 4.000 habitantes, aunque era comparable en tamaño a Toledo, Segovia o Valladolid. El crecimiento de Madrid fue el resultado de los fueros o derechos concedidos a la naciente burguesía española de los reinos de Castilla y León en el período medieval. En el siglo XIV, Fernando VI trasladó allí la corte para aprovechar la caza, el clima y el agua pura. También dio a la monarquía una base independiente, libre del control de la nobleza provincial.

Bajo Felipe II, el vasto aparato burocrático del estado absolutista se completó y perfeccionó. Madrid se transformó y pasó de ser una villa provinciana a una ciudad de 100.000 habitantes, llena de iglesias, catedrales, palacios y embajadas. Para construir la ciudad, se cortaron todos los bosques. La zona que había sido conocida por su aire y agua pura se convirtió en un agujero pestilente. Las calles de Madrid eran oscuras, estrechas y llenas de basura putrefacta, con cerdos merodeando alrededor de la suciedad. La división arbitraria de las casas, los palacios de mal gusto, las calles llenas de basura y los cadáveres de animales, los barrios empobrecidos con su atmósfera morisca, las casuchas de los pobres arremolinadas alrededor de las casas de los ricos. En todas partes estaba el hedor de la basura podrida y peor, fermentando en las calles donde se abandonaba convenientemente bajo la cobertura de la oscuridad. La corte de Madrid no era mucho mejor, según todas las crónicas, era conocida como la más sucia de toda Europa. Algunos embajadores extranjeros la comparaban con una aldea del interior de África.

Era un caldero hirviente de cambio social donde las viejas clases se descomponían más rápidamente de lo que podían ser sustituidas por las nuevas. La decadencia del feudalismo, junto con el descubrimiento de América tuvo un efecto devastador en la agricultura española. En lugar de un campesinado productivo ganándose el pan con el sudor de su frente, nos enfrentamos a un ejército de mendigos y parásitos, aristócratas arruinados y ladrones, sirvientes monárquicos y borrachos, todos luchando por vivir sin trabajar.

La podredumbre empezaba por arriba. En medio de toda esta pobreza y suciedad, ruido y miseria, la corte española era considerada como la más brillante de Europa. Era un espectáculo sin final de bailes, mascaradas y música. Los monárquicos españoles vivían espléndidamente, a crédito. Raramente pagaban a sus proveedores. Una cosa tan vulgar como el dinero apenas merecía consideración para la aristocracia.

La nobleza parasitaria vivía en condiciones de tan célebre extravagancia que se hizo necesario aprobar leyes contra el lujo excesivo en el vestir, los muebles e incluso en las sillas de montar. Las autoridades incluso tuvieron que organizar la quema pública de zapatillas decoradas, ligas de damas y ropas adornadas. Algunos duques iban acompañados de 100 lacayos vestidos de seda. Incluso los oficiales del ejército aparecían en público vestidos con ricos jubones y chaquetas decoradas con cintas, joyas y plumas.

A pesar del barniz externo de piedad religiosa, muchos nobles flirteaban públicamente con religiosas jóvenes y atractivas a quienes encontraban en las calles. Se dice que el famoso retrato del Cristo de Velázquez fue entregado como un regalo de penitencia por Felipe IV por una de sus innumerables aventuras sexuales. Las damas de la nobleza no eran mejor que sus hombres. Cuando la duquesa de Nájera y la condesa de Medellín se pelearon, primero se lanzaron una lista de insultos que habrían ruborizado a una verdulera y después recurrieron con entusiasmo al argumento más penetrante del frío acero.

La corrupción era la norma, los funcionarios honestos eran la excepción. La Iglesia y el Estado estaban llenos de un auténtico ejército de parásitos y adláteres, todos luchando por conseguir fortuna del bolso público. Muchos funcionarios vivían una existencia precaria y estaban dispuestos a vender a su abuela por unos pocos reales. La venta de cargos era la norma. Los ministros particularmente corruptos eran satirizados en versos insidiosos, pero lo normal era que no se prestara demasiada atención a un fenómeno que era tan común que llegaba a ser considerado normal.

La Armada Invencible

Felipe II heredó un fabuloso y rico imperio pero que no estaba basado en cimientos sanos. El ayudaría a socavarlo aún más con aventuras y guerras exteriores. El Escorial fue un monumento a su régimen burocrático desalmado. Aquí el espíritu del burocratismo intolerante estaba mezclado con el fanatismo religioso: en parte palacio, en parte monasterio, en parte mausoleo, ese era el centro administrativo del vasto imperio. Detrás de los elevados muros de El Escorial, Felipe II satisfacía sus fantasías imperiales, construyendo, reparando y reconstruyendo constantemente sus palacios reales, utilizando mármol y otros materiales costosos.

La nobleza se daba prisa para imitar el ejemplo de su monarca, construyendo sus propios palacios. La explosión de la construcción pronto diezmó los ricos bosques que habían cubierto la sierra de Madrid desde tiempos inmemoriales. Estos grandiosos planes al final llevaron a la bancarrota. Esa es la ironía central, en la cumbre de su poder y riqueza, España se dirigía de cabeza al declive y al empobrecimiento. Un siglo después, el hidalgo orgulloso con agujeros en su capa, la cartera vacía y el árbol genealógico tan largo como la lista de sus deudas se había convertido en un personaje literario común.

Aunque España era la potencia dominante en Europa, su desarrollo social iba por detrás del de Inglaterra, donde las relaciones capitalistas en la agricultura ya estaban muy avanzadas después de las conmociones de la Peste Negra y la Revuelta de Campesinos de finales del siglo XIV, como explica Marx:

En Inglaterra la servidumbre de la gleba, de hecho, había desaparecido en la última parte del siglo XIV. La inmensa mayoría de la población se componía entonces y aún más en el siglo XV de campesinos libres que cultivaban su propia tierra, cualquiera que fuere el rótulo feudal que encubriera su propiedad. En las grandes fincas señoriales el arrendatario libre había desplazado al bailiff (bailío), siervo él mismo en otros tiempos”. (Carlos Marx. El Capital. Volumen I. Cap. 27).

A principios del siglo XVI el capitalismo se había ya desarrollado tanto en España como en Inglaterra. Sin embargo, paradójicamente, el descubrimiento de América y su saqueo por parte de España sirvió para asfixiar al capitalismo español en su nacimiento. La afluencia de oro y plata de las minas esclavas del nuevo mundo minaron el desarrollo de la agricultura, el comercio, la manufactura y la industria española. Atizó el fuego de la inflación y en lugar de prosperidad creó miseria.

Los nuevos descubrimientos habían convertido el comercio terrestre con India en comercio marítimo, las naciones de la península, que hasta ese momento estaban alejadas de las grandes rutas comerciales, ahora se convertían en los agentes y portadores de Europa”. (Prescott. History of the Reign of Ferdinand and Isabella. p. 740).

El poder ascendente del capitalismo inglés necesariamente chocó con el poder del imperio español. La corona inglesa, al principio con la piratería y después más abiertamente, desafió la supremacía española en los mares. Poco a poco, los ingleses y los holandeses comenzaron a poner pies firmes en el Caribe, sentando las bases para nuevos imperios coloniales. El conflicto entre España e Inglaterra llegó a su punto culminante cuando los ingleses enviaron ayuda militar a los rebeldes protestantes holandeses que se habían rebelado contra el dominio español. Esto inevitablemente llevó a la guerra.

El poder de España recibió un duro golpe y su orgullo una dura sacudida cuando en el verano de 1588 la Armada Invencible fue derrotada mediante una combinación letal de barcos de guerra ingleses y borrascoso tiempo atmosférico. De la noche a la mañana España se encontró humillada por el emergente poder de Inglaterra. Esta derrota tuvo un carácter simbólico, el viejo mundo del catolicismo feudal estaba siendo rápidamente sustituido por el ascendente poder del protestantismo capitalista en el norte de Europa.

Los últimos años de Felipe II fueron años de severo declive físico, amargura y ansiedad. Las guerras sangrientas en Flandes parecían no tener final a la vista. Murió en 1598, diez años después de la derrota de la Armada y con él murió la época en la que España era la dueña de los destinos del mundo. Su hijo Felipe III fue un bufón inútil, más interesado en los placeres de la caza (ya fuera de jabalís salvajes o de bonitas actrices) que en los asuntos de Estado. Poco después de la muerte de su padre, se aproximó uno de sus secretarios y le hizo la siguiente pregunta: “¿Qué debemos hacer con la correspondencia, Señor?” y él respondió: “Ponedla en manos del Duque de Lerma”.

De este modo, el monarca absoluto se convertía en el monarca ausente. Todo el poder real estaba en manos de su ayuda de cámara, el Duque de Lerma. La decadencia interna de España se aceleró aún más por la incompetencia y degeneración de su casa real. Pero las verdaderas causas del declive estaban en otras partes. Los gobernantes reales de España eran caracteres adecuados para esta tragicomedia de decadencia senil, nepotismo y corrupción.

España, que fue la primera nación unificada de Europa, y con un destacado poder económico y militar, fue derrotada por aquellas naciones -comenzando por Inglaterra y Holanda- que habían entrado más decididamente en el camino capitalista y donde la burguesía estaba luchando para conseguir el poder político.

Las inmensas riquezas arrancadas del alma de un continente entero, fueron dilapidadas rápidamente por la corte y su ejército servil de zánganos aristócratas. Más allá de los muros de la corte había un mar turbulento de miseria, empobrecimiento y desesperación, que periódicamente estallaba en revueltas y disturbios violentos.

El Siglo de Oro

En este período, España era una colmena de actividad. Las cosas que ocurrían en casa y en el extranjero alimentaban la imaginación de todos los hombres de espíritu (y también de las mujeres). Este era el telón de fondo del Siglo de Oro español. En España, las letras nunca alcanzaron cotas tan deslumbrantes como en esta época. En este período los reyes y los nobles españoles tomaban bajo su patrocinio a un gran número de poetas, novelistas y pintores de la más alta calidad.

El mundo raramente ha visto tal galaxia de talento literario, con nombres como los de Miguel de Cervantes, Félix Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Pedro Calderón de la Barca y Tirso de Molina. Merece la pena mencionar aquí los nombres más importantes.

La figura excepcional de la época fue Lope de Vega. Aunque descendía de una familia aristocrática de Santander, Lope, como Cervantes, casi siempre pasó dificultades económicas. Era un hombre de su época, compartió sus triunfos y sus tragedias. Participó en la desastrosa aventura de la Armada Invencible. Se batió en un duelo mortal y como resultado fue desterrado de Madrid. Se casó dos veces y tomó los hábitos después de la muerte de su segunda esposa. Después de haber amasado una considerable riqueza murió en 1635.

De esta información vemos cómo su vida, igual que la de Cervantes, estuvo llena de aventuras, líos amorosos y viajes. Tan llena estuvo su vida que nos preguntamos cuándo tenía tiempo para escribir todo lo que escribió. Escribió mucho, 2.000 obras que no tienen igual en la literatura española. De éstas, sólo 430 han llegado a nosotros. Entre ellas hay clásicos como Fuenteovejuna (basada en un hecho real), El mejor alcalde, el Rey y Peribáñez o el Comendador de Ocaña. También escribió poemas, épica y romances en prosa, además de obras religiosas.

En algunas de estas obras vemos importantes elementos sociales y políticos. Fuenteovejuna estaba basada en un hecho real que implicaba una insurrección popular y Peribañez o el Comendador de Ocaña ilustra la tiranía de las relaciones feudales en la España rural. Aquí la gente corriente es presentada en estado de rebelión permanente contra los señores feudales, pero la monarquía es presentada como el aliado y el defensor de la población. En otras palabras, tenemos aquí una expresión literaria del concepto del absolutismo. La monarquía absolutista española, como en todas partes, aumentó su poder a expensas de la nobleza equilibrándose entre las clases.

El contemporáneo de Lope, Pedro Calderón de la Barca, fue un dramaturgo, un filósofo y un teólogo que escribió entre otras cosas, La vida es sueño y El Alcalde de Zalamea. Era igualmente popular pero menos prolífico que Lope. Nació en 1600 en una familia acomodada, su padre era secretario del Tesoro y fue educado en las prestigiosas universidades de Salamanca y Alcalá de Henares. Más tarde participó en las campañas de Flandes y en la supresión de la insurrección catalana de 1640. Se dice que al menos tuvo un asunto amoroso ilícito y un hijo ilegítimo. Pero en 1651 expresó su deseo de entrar en un monasterio y sólo le detuvo la intervención personal de Felipe IV.

Las obras de Calderón tienen un fuerte elemento moralizador y sus personajes están aquejados de él. Están escritas en un estilo barroco. En El Alcalde de Zalamea y El Médico y su honra el tema principal es el honor. Es el ideal feudal de una sociedad cortesana que nunca había existido y, para ser más exactos, no existía en aquella época. No es de extrañar que Felipe IV, el príncipe de los rufianes, ¡fuera un ferviente admirador! Su obra más famosa, La vida es sueño, es el título más apropiado que se ha escrito para la época. La clase dominante española estaba viviendo un sueño del que tuvo un duro despertar.

El nombre de Francisco de Quevedo es menos conocido fuera de España, pero fue otro gran escritor del Siglo de Oro. Su nombre está asociado a la sátira. Dejó tras de sí un cuadro vivo de la España de la época en su obra maestra de lo que se conoce como literatura picaresca: El buscón. Sus obras están caracterizadas por su humor sutil, un espíritu crítico y están claramente enraizadas en los acontecimientos del período trágico de la historia española en la que estuvo destinado a vivir y escribir.

Quevedo vio que el declive de España estaba vinculado con la degeneración y corrupción de la corte. La banda de parásitos que ocupaban El Alcázar de Madrid era bien conocida para él por su experiencia como joven en la corte. A la edad de 31 años decidió trasladarse a Italia para ocupar un puesto en Nápoles como secretario del Duque de Osuna, pero cuando más tarde éste cayó en desgracia Quevedo sufrió la prisión y el exilio. Fue rescatado por el Duque de Olivares, el futuro ayudante de Felipe IV con quien mantuvo una curiosa relación de amor-odio durante el resto de su vida.

Su obra El buscón es probablemente la más hermosa novela satírica del siglo XVII. En su obra Sueñosdescribe la vida de la corte y la aristocracia. Esta obra no cayó bien y fue encarcelado por sus críticas al círculo gobernante y al Duque de Olivares. Cuando más tarde éste último cayó en desgracia, Quevedo fue liberado de la cárcel pero murió en el olvido dos años después, en 1645.

La lista es larga pero mencionaremos sólo un autor más de la época: Tirso de Molina. Este era el seudónimo del fraile Gabriel Téllez, que más tarde nos dejó la inmortal historia de uno de los personajes más inmortales (o más bien amorales) de la literatura mundial: Don Juan, el personaje central de El burlador de Sevilla. Es interesante que este sacerdote estuviera familiarizado con la psicología femenina. En sus comedias de enredo (Don Gil de las calzas verdes y El amor médico) la protagonista siempre es una mujer.

PicassoDonQuixoteSanchoDibujo de Pablo Picasso de Don QuijoteLa novela picaresca

“Los expulsados por la disolución de las mesnadas feudales y por la expropiación violenta e intermitente de sus tierras, ese proletariado libre como el aire, no podían ser absorbidos por la naciente manufactura con la misma rapidez con que eran puestos en el mundo. Por otra parte, las personas súbitamente arrojadas de su órbita habitual de vida no podían adaptarse de manera tan súbita a la disciplina de su nuevo estado. Se transformaron masivamente en mendigos, ladrones, vagabundos, en parte por inclinación, pero en los más de los casos forzados por las circunstancias. De ahí que a fines del siglo XV y durante todo el siglo XVI proliferara en toda Europa Occidental una legislación sanguinaria contra la vagancia. A los padres de la actual clase obrera se los castigó, en un principio, por su transformación forzada en vagabundos e indigentes. La legislación los trataba como a delincuentes “voluntarios”: suponía que de la buena voluntad de ellos dependía el que continuaran trabajando bajo las viejas condiciones, ya inexistentes”. (Marx, El Capital, vol. I, cap. 28)

Este fue el período que dio nacimiento al más español de todos los géneros literarios: la novela picaresca. El pícaro es un tramposo, un bribón y un aventurero que vive a costa de su ingenio porque no tiene nada más de lo que vivir. Es el producto de un período socio-histórico definido: el período de transición producido por la decadencia del feudalismo. Aquí tenemos los deshechos de un mundo en pleno proceso de disolución. La decadencia del viejo orden provoca una situación caótica en la que la vieja moralidad se resquebraja pero no hay nada que poner en su lugar: de aquí el nihilismo alegre y moral del pícaro. La sociedad española de la época nos presenta un rico mosaico de canallas, ladrones y estafadores que probablemente no tiene igual en la historia mundial. La filosofía de esta capa social se puede resumir en una sola palabra: supervivencia. La vida es una pelea alocada por garantizarse los medios de subsistencia por cualquier método posible. Su lema es: “Que cada hombre mire por sí mismo y que el diablo se ocupe del resto”.

En la segunda mitad del siglo XVI Madrid ya estaba establecida como “la muy noble y leal” capital de España. La población comenzó a aumentar por la afluencia de forasteros atraídos por la corte como las abejas a la miel o las moscas a sustancias menos apetitosas. La novela picaresca reflejaba la situación real en el período donde el feudalismo español estaba en declive. Los engaños del comerciante, la brutalidad de los soldados, el fanatismo de los sacerdotes y la corrupción de los cortesanos, éstos eran simples hechos de la vida.

Este complicado calidoscopio era, en realidad, la expresión de una sociedad en proceso de desintegración donde no era posible ninguna síntesis. Junto a la aristocracia con sus altisonantes títulos y monederos vacíos, había una masa de elementos desclasados, mercenarios y aventureros. Las calles de la capital estaban llenas de criminales, desertores del ejército y fanfarrones de todo tipo y tamaño, portando espadas y puñales. Ellos aceptaban la lucha o un monedero con igual entusiasmo. Las bandas de ladrones eran activas por la noche y no era buena idea estar en la calle en las horas de oscuridad. Un cronista contemporáneo se lamentaba: “No debe haber un rebelde, lisiado, manco, cojo o ciego en toda Francia, Alemania, Italia o Flandes que no descienda de Castilla”.

Este es el verdadero contexto del que surgieron el Lazarillo de Tormes, el Buscón y por último, pero no menos importante, Don Quijote. Como estilo literario la novela picaresca surge de la degeneración del romance de caballería, de la misma manera que sus prototipos humanos surgieron de la degeneración del feudalismo, lo que sólo es otra forma de expresar la misma idea. La decadencia del feudalismo inevitablemente produjo una reacción contra los valores, la moralidad y los ideales del feudalismo. Esta reacción se expresa en la forma de ironía y ridículo; una perspectiva pasada de moda que ha sobrevivido a sí misma, es ridícula por definición y por lo tanto una fuente de humor.

Estas páginas rebosan con todo tipo de vida y personas con caracteres fuertes y coloristas. La clase de antihéroe de la novela picaresca, como en el Lazarillo de Tormes, es una caricatura de los héroes del romance caballeresco. En lugar de un caballero con brillante armadura, es un joven mendigo ruin, una figura familiar en la España de esta época.

Aquí tenemos la verdadera génesis de un género literario reconocible que aparece más tarde en el Gil Blas de Le Sage; el Jonathan Wilde, de Fielding; y en el Barry Lindon, de Thackaray.

Las páginas de Don Quijote están llenas de personalidades y situaciones tomadas del gran libro de la vida misma. El espíritu de este libro, con su sencillo realismo y alegre optimismo, es claramente el del humanismo renacentista y no tiene nada que ver en absoluto con la Contrarreforma. Aquí nuestros ojos se dirigen no hacia el cielo sino hacia la tierra y todas sus riquezas. Su lema es: “Considero que nada humano me es ajeno”.

En Don Quijote hay un fuerte elemento nacional. Es un libro intrínsecamente español. No podía haber sido escrito en ninguna otra parte. Aquí tenemos el agudo contraste del sol y la sombra tan característicos del paisaje de España, que también se refleja en la vida y el carácter del pueblo español. Pero esta explicación, aunque es cierta, de ninguna manera agota la cuestión. No se puede explicar plenamente la riqueza de la caracterización de Cervantes en términos puramente nacionales. Para comprender correctamente a Cervantes es necesario situarlo en su contexto social, económico e histórico.

Fue Marx quien señaló que los períodos de gran transición histórica son particularmente ricos en “personajes”. Esto es cierto tanto en Shakespeare como en Cervantes. La Inglaterra de Shakespeare, como la España de Cervantes, estaba en medio de una gran revolución social y económica. Era un cambio turbulento y penoso, que sumió a una gran cantidad de personas en la pobreza y creó en las ciudades una gran clase de elementos lumpenproletarios desposeídos: mendigos, ladrones, prostitutas, desertores, aquellos que se codeaban con los hijos de los aristócratas empobrecidos, y sacerdotes apartados del sacerdocio, para crear una reserva interminable de personajes como Sir John Falstaff y el Lazarillo de Tormes.

Las escenas subidas de tono en Don Quijote en tabernas de dudosa reputación, dan vida y color a la novela; mientras destacan la contradicción central del período histórico. El pueblo español común es vivo y alegre, de la misma forma que la nobleza es una clase muerta y absurda. El tema central de Don Quijote contiene una verdad histórica fundamental sobre España en el período de decadencia feudal. Los ideales de la caballería aparecen ahora tan ridículos y como una excentricidad anticuada en la naciente economía capitalista, en donde todas las relaciones sociales, la ética y la moralidad están dictadas por el nexo desnudo del dinero.

Un período de transición

A él [a Marx] le gustaban Cervantes y Balzac por encima de los demás novelistas. En Don Quijote veía la época de la caballería moribunda cuyas virtudes eran ridículas y se mofaban del mundo burgués emergente”. (Paul Lafargue. Recuerdos de Marx).

Toda clase dominante alberga las mismas ilusiones en sí misma. En sus imaginaciones son héroes conquistadores, cuando en realidad están implicados en los asuntos más sórdidos y sucios. Marx, que admiraba mucho Don Quijote, escribía: “Con mucho, está claro, sin embargo, que la Edad Media no debía su existencia al catolicismo, ni el mundo antiguo a la política. Por el contrario, es el modo al que ambos debían sus condiciones de existencia lo que explica por qué aquí la política, y allí el catolicismo, jugaron el papel predominante. Por lo demás, requiere un delicado conocimiento de la historia de la república romana, por ejemplo, ser conscientes de que su historia secreta es su historia de la propiedad de la tierra. Por otro lado, Don Quijote hace mucho tiempo pagó el castigo de imaginar equivocadamente que el caballero errante era compatible con todas las formas económicas de la sociedad”.

Mientras que en Lope de Vega la vieja idea feudal del honor es tratada con una seriedad letal, en Don Quijote se convierte en materia de humor. Cervantes está mirando hacia delante, mientras que Lope está mirando hacia atrás. Cervantes representa una transición hacia una sociedad y moralidad capitalistas, basada en el dinero y no en el rango, mientras que Lope mira hacia atrás vehementemente a las certezas morales de un mundo desvaneciéndose donde todo hombre conocía su lugar y la sociedad era mantenida por un fuerte cemento de honor y obligaciones mutuas. Aún así, las obras de Lope ya descubren las cartas: son una admisión tácita de que estos valores han colapsado con la vieja sociedad que los ha producido.

La esencia del humor de Don Quijote son precisamente las contradicciones generadas por la transición del feudalismo al capitalismo, de una sociedad basada en el concepto del servicio feudal, el honor y la lealtad, a una sociedad totalmente diferente basada exclusivamente en las relaciones monetarias. El caballero andante de Don Quijote entra en conflicto con la realidad social y económica existente, de la misma forma que los sueños entran en conflicto con la vida cotidiana. Esto es una expresión literaria de la bancarrota de la aristocracia española, que disimulaba su pobreza con un aura de nobleza gentil. Esa es la ironía de una clase social que no comprende que está condenada y que las viejas formas ya no pueden jugar ningún papel.

Esta contradicción se nos descubre absurda y por lo tanto cómica. Las personas pobres y supuestamente ignorantes comprendían la verdadera situación y correctamente atribuían el comportamiento de los caballeros a la locura. En realidad es un tipo de locura, pero no de una locura individual sino la de una clase social entera que ha sobrevivido a su utilidad y que no se reconcilia con este hecho, cuando en realidad es obvia.

En realidad, la España de la época estaba llena de hombres con grandes nombres e impresionantes títulos que no tenían dos peniques. Había incluso grandes terratenientes que eran poco más que mendigos. En el primer capítulo, tenemos ya una descripción de Don Quijote como miembro de una nobleza que es más una sombra de sí misma, reducida a la semipobreza y prestando escasa atención a los asuntos mundanos de la producción agrícola:

Es, pues, de saber, que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso -que eran los más del año-, se daba a leer libros de caballerías con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda”.

Don Quijote no tenía concepción del dinero. Exclamaba indignado: “¿Qué caballero andante pagó pecho, alcábala, chapín de la reina, moneda forera, portazgo ni barca? ¿Qué sastre le llevó hechura de vestido que le hiciese? ¿Qué castellano le acogió en su castillo que le hiciese pagar el escote?”. Está fuera de la economía monetaria, al menos en su mente. Si la sociedad se hubiera dejado a la economía quijotesca pronto habría quebrado, ya que en aquel momento nadie había oído hablar del crédito e incluso el orgulloso poseedor de una tarjeta de crédito tarde o temprano se enfrentaría a la necesidad nada agradable de saldar sus cuentas.

En el episodio de la Venta en el tercer capítulo, Don Quijote hubo de recibir una lección de economía moderna del ventero que le preguntaba si llevaba algo de dinero encima, a lo que Don Quijote respondió: “que no traía blanca, porque él nunca había leído en las historias de los caballeros andantes que ninguno la hubiese traído. A esto dijo el ventero que se engañaba; por admitir que las historias de esta materia no son mencionadas por haberles parecido a los autores de ellas que no era menester escribir una cosa tan clara y tan necesaria de traerse como eran dineros y camisas limpias, no por eso se había de creer que no los trajeron, y así, tuviese por cierto y averiguado que todos los caballeros andantes, de que tantos libros están llenos y atestados, llevaban bien herradas las bolsas, por lo que pudiese sucederles; y que asimismo llevaban camisas y una arqueta pequeña llena de ungüentos para curar las heridas que recibían”.

La lección estaba bien aprendida. Cuando inicia su segunda ronda de aventuras, Don Quijote se asegura estar bien provisto de la moneda del reino, endeudándose mucho como resultado de ello. En el capítulo siete se nos informa que: “Dio luego Don Quijote orden en buscar dineros, y vendiendo una cosa, y empeñando otra, y malbaratándolas todas, reunió una razonable cantidad”. Esta era la historia de toda la aristocracia española y de la misma España.

Sancho Panza

En Don Quijote dos son los protagonistas y no uno. Junto al alto y flaco caballero montado en un viejo caballo desvencijado hay un campesino pequeño y gordo a lomos de una mula. Aquí está uno de los grandes dúos de la literatura mundial, tan inseparables como la sal y la pimienta. ¿Qué decir del otro personaje de la novela? Sancho Panza es un pobre trabajador agrícola, un vecino de Don Quijote, “hombre de bien -si es que este título se puede dar al que es pobre-, pero de muy poca sal en la mollera”. La ausencia de sabiduría en Sancho es presumiblemente lo que le lleva a seguir a su amo medio loco. Pero a cada paso es el campesino ignorante el que comprende la verdadera situación e intenta demostrárselo a su amo, que naturalmente se niega a creerle.

En esto también hay implicaciones filosóficas. La filosofía dominante en la España de Cervantes no había avanzado más allá del escolasticismo de la Edad Media, una versión vulgarizada de Aristóteles mezclada con el idealismo de Platón. Los únicos avances reales de la filosofía en la Edad Media los hicieron los filósofos islámicos y los científicos de Al Andalus, pero como la España cristiana sólo había surgido de una larga guerra de conquista en el sur de los moros, estas ideas eran un anatema para ella. La Iglesia ejercía un dominio completo de la filosofía, como sobre todos los demás aspectos de la vida intelectual, excepto la literatura.

Los filósofos escolásticos cristianos pasaban una extraordinaria cantidad de tiempo debatiendo de cosas como el sexo de los ángeles y cuántos ángeles podrían bailar en la cabeza de un alfiler. Cervantes se mofa de las disputas universitarias en la divertida parodia del yelmo de Mambrino. Sin embargo, el propio Don Quijote es un idealista filosófico. En el capítulo diez pronuncia uno de sus discursos habituales sobre los principios de la caballería andante, donde demuestra más allá de toda sombra de duda que los caballeros andantes (y por tanto sus escuderos) no necesitaban comer:

Hágote saber, Sancho, que es honra de los caballeros andantes no comer en un mes, y, ya que coman, sea de aquéllo que hallaren más a mano; y esto se te hiciera cierto si hubieras leído tantas historias como yo; que aunque han sido muchas, en todas ellas no se ha hallado hecho relación de que los caballeros andantes comiesen, si no era acaso y en algunos suntuosos banquetes que les hacían, y los demás días se los pasaban en flores. Y aunque se deja entender que no podían pasar sin comer y sin hacer todos los otros menesteres naturales, porque, en efecto, eran hombres como nosotros, hase de entender también que andando lo más del tiempo de su vida por las florestas y despoblados, y sin cocinero, que su más ordinaria comida sería de viandas rústicas, tales como las que tú ahora me ofreces. Así que, Sancho amigo, no te congoje lo que a mí me da gusto; ni querrás tú hacer mundo nuevo, ni sacar la caballería andante de sus quicios”.

Sin embargo, Sancho Panza es un convencido materialista filosófico y no hará caso de ninguna de estas palabras:

¡Gran Merced! -dijo Sancho-; pero sé decir a vuestra merced que como yo tuviese bien de comer, tan bien y mejor me lo comería en pie y a mis solas como sentado a par de un emperador. Y aún, si va a decir verdad, mucho mejor me sabe lo que como en mi rincón sin melindres ni respetos, aunque sea pan y cebolla, que los gallipavos de otras mesas donde me sea forzoso marcar despacio, beber poco, limpiarme a menudo, no estornudar ni toser si me viene gana, ni hacer otras cosas que la soledad y la libertad traen consigo. Así que, señor mío, estas honras que vuestra merced quiere darme por ser ministro y adherente de la caballería andante, como lo soy siendo escudero de vuestra merced, conviértalas en otras cosas que me sean de más cómodo y provecho; que éstas, aunque las doy por bien recibidas, las renuncio para desde aquí al fin del mundo”.

Sancho Panza, se presenta, después de todo, no como un ignorante. Sus palabras contienen el sentido común sencillo de las masas. Tiene los pies firmemente en la tierra. Vive en el mundo real, el que hace mucho tiempo ha abandonado Don Quijote. Come, bebe, estornuda, duerme y realiza todas las demás funciones corporales que su idealista amo trata con desprecio. En realidad, Sancho está principalmente preocupado por su panza, hasta el punto que pregunta a su amo sobre el jornal de los escuderos de los caballeros andantes. En otra parte Don Quijote dice: “debería haber recordado, por experiencia, que la palabra de un campesino está regulada no por el honor sino por el beneficio”.

La Iglesia

En los siglos XV y XVI la España católica estaba en la vanguardia de la reacción europea. Era la época de la Reforma -y la Contrarreforma-. La Sagrada Iglesia Romana estaba en el centro del orden establecido y luchaba ferozmente para defender su poder y privilegios contra el espíritu de la nueva época. En su batalla sangrienta por las almas de los hombres, las armas utilizadas no fueron los simples discursos sino la espada y el fuego. Se tomaron muy en serio las palabras de La Biblia: “No he llegado para traer la paz sino la espada”.

La Iglesia Católica Romana era todopoderosa en España -una realidad enfatizada por el hecho de que el Cardenal Cisneros se convirtió en regente después de la muerte de Fernando-. Sólo después de dos años en el gobierno nombró rey a Carlos, el nieto de los monarcas católicos Fernando e Isabel. Carlos comenzó una política centralizadora, parte de ella fue convertir a Madrid en capital, lo que fue continuado por su hijo Felipe II con la construcción de El Escorial en la sierra de Madrid, en la que incluso participó ocasionalmente con la supervisión de sus trabajos.

Era una sociedad dominada por el sacerdote. Esto llevó al establecimiento de la Inquisición y la Sociedad de Jesús (los jesuitas), fundada por el fanático vasco San Ignacio de Loyola como tropas de choque militantes de la Contrarreforma. Felipe II estaba tan dominado y obsesionado por la religión que fue incapaz de tomar la más mínima decisión política sin consultar primero con sus sacerdotes.

Madrid y las otras ciudades españolas estaban llenas de instituciones religiosas, iglesias, monasterios y conventos para las órdenes sagradas como las Descalzas, monjas descalzas que se mortificaban de la manera que indica su nombre. En la recién construida Plaza Mayor de Madrid, había todo tipo de juegos y espectáculos para el entretenimiento y edificación de la opinión pública, incluido el más espectacular de todos: el auto de fe. La religión impregnaba cada poro de la sociedad española sin producir ningún efecto evidente en la moral pública. Las órdenes inferiores, aunque exteriormente devotas, estaban obsesionadas con el fetichismo supersticioso que no hacía nada para inculcar un sentido de moderación en su conducta. Miles se reunían en la Plaza de la Cebada para escuchar los desvaríos de algunos frailes medio locos. La obsesión por la idolatría les inducía a raspar el yeso de los muros de las iglesias para guardarlos como reliquia.

Sin embargo, el ambiente dominante de fanatismo religioso no impidió la epidemia general de robo, violación, asesinato, peleas y duelos que estaban a la orden del día. Del reino de la miopía religiosa fanática de Felipe II al del disoluto Felipe IV, la inmoralidad alcanzó su cénit más espectacular. La propia Iglesia reflejaba la moral general de la época. Había casos de frailes implicados en robos, violaciones y asesinatos. Los duelos se producían cada día por docenas. Por las noches las calles eran prácticamente intransitables, la iluminación de la ciudad estaba limitada a esas lámparas que parpadeaban ante las imágenes de las vírgenes y santos en los muros exteriores de las casas.

La Iglesia, que supuestamente debía actuar como el guardián de la moral pública, en realidad era un semillero de intriga política. Su insistencia fanática en el sostenimiento por cualquier medio de la supuesta pureza doctrinal de la Iglesia era en realidad un medio de fortalecer el control de la Iglesia sobre cada uno de los aspectos de la vida y del comportamiento humanos. Esta dictadura espiritual, apoyada por la Inquisición -la Gestapo de la Edad Media- era sólo otra manifestación del estado burocrático que gobernaba España y que presidía sus ruinas.

La intolerancia y el fanatismo estaban a la orden del día. Después de la conquista de Granada, los musulmanes fueron obligados a convertirse o si no debían abandonar España. Muchos se convirtieron para seguir en su hogar, pero fueron sometidos a todo tipo de restricciones molestas y controles bajo la mirada escrutadora de la Inquisición. Llegaron incluso hasta obligar a cada familia morisca a mantener un jamón colgado en la cocina, e incluso crearon una “policía del jamón” que inspeccionaba la cuestión antes mencionada a intervalos regulares para garantizar que se consumía entero. En Don Quijote, Cervantes se atreve a hablar con simpatía de los moriscos.

Cuando Don Quijote pronuncia las famosas palabras a Sancho: “Con la Iglesia hemos topado, Sancho”, creó una expresión que se convirtió casi en un refrán popular en España. Mientras Don Quijote estaba bastante dispuesto para atacar a los molinos de viento, tenía que pensárselo dos veces para enfrentarse a la Iglesia. Por supuesto, en una época en que la Inquisición quemaba a hombres y mujeres por las ofensas más triviales, Cervantes tenía que andar con cuidado y cubrirse las espaldas con declaraciones de su fe. Pero está muy claro que su actitud, al menos hacia la religión organizada, era crítica, si no abiertamente hostil. Si se lee Don Quijote cuidadosamente, es inmediatamente evidente que las críticas a la Iglesia aparecen como un hilo rojo a través de todo el libro.

En el capítulo cinco la sobrina de Don Quijote dice: “Más yo me tengo la culpa de todo, que no avisé a vuestras mercedes de los disparates de mi señor tío, para que lo remediaran antes de llegar a lo que ha llegado, y quemaran todos estos descomulgados libros, que tiene muchos, que bien merecen ser abrasados como si fuesen herejes”. Esto se lleva a cabo debidamente en otro capítulo, cuando uno por uno los libros de Don Quijote son lanzados a las llamas:

Aquella noche quemó y abrasó el ama cuantos libros había en el corral y en toda la casa, y tales debieron de arder que algunos merecían guardarse en perpetuos archivos, más no lo permitió la suerte ni la pereza del escrutiñador, y así se cumplió el refrán en ellos de que pagan a las veces justos por pecadores”.

Esto es muy claramente una parodia de los autos de fe de la Inquisición que llenaban las plazas centrales de las ciudades españolas con el hedor de la carne ardiendo. En estas ceremonias brutales a menudo era el inocente el que sufría, mientras el culpable presidía el espectáculo. En otras ocasiones, Don Quijote también habla con mordaz desprecio sobre la Iglesia. En la época donde la Santa Inquisición tenía el poder absoluto sobre la vida y la muerte, era muy valiente, incluso temerario, adoptar esa actitud. En el capítulo XIII alguien dice que los monjes cartujos también vivían una vida austera como los caballeros andantes: “Tan estrecha bien podía ser -respondió Don Quijote-, pero tan necesaria en el mundo no estoy en dos dedos de ponello en duda”.

Un espíritu rebelde

Leyendo entre líneas es posible detectar elementos de crítica social en casi cada página de Don Quijote. El espíritu de rebelión está presente desde el mismo principio. En el prólogo del autor leemos:

Ni eres su pariente ni su amigo, y tienes tu alma en tu cuerpo y tu libre albedrío como el más pintado, y estás en tu casa, donde eres señor de ella, como el rey de sus alcabalas, y sabes lo que comúnmente se dice, que debajo de mi manto, al rey mato. Todo lo cual te exenta y hace libre de todo respecto y obligación; y así, puedes decir de la historia todo aquello que te pareciere, sin temor que te calumnien por el mal ni te premien por el bien que dijeres de ella”.

Don Quijote también es un comunista instintivo. En su discurso a algunos cabreros incrédulos habla de una edad dorada en un tiempo pasado y lejano, cuando todas las cosas eran de propiedad común:

Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes; a nadie le era necesario para alcanzar su ordinario sustento tomar otro trabajo que alzar la mano y alcanzarle las robustas encinas, que libremente les estaban convidando con su dulce y sazonado fruto”.

Él contrasta esta edad dorada cuando todas las cosas eran propiedad común con la presente época en la que el dinero y la concupiscencia determinan cada aspecto de la vida y del pensamiento:

Y ahora, en estos nuestros detestables siglos, nadie está seguro, aunque se oculte y cierre en otro nuevo laberinto, como el de Creta; porque allí, por los resquicios o por el aire, con el celo de la maldita solicitud se les entra la amorosa pestilencia y les hace dar con todo su recogimiento al traste. Para cuya seguridad, andando más los tiempos y creciendo más la malicia, se instituyó la orden de los caballeros andantes, para defender las doncellas, amparar las viudas y socorrer a los huérfanos y a los menesterosos. De esta orden soy yo, hermanos cabreros, a quienes agradezco el agasaje y buen acogimiento que hacéis a mí y a mi escudero. Que, aunque por ley natural están todos los que viven obligados a favorecer a los caballeros andantes, todavía, por saber que sin saber vosotros esta obligación, me acogisteis y regalasteis, es razón que, con la voluntad a mí posible, os agradezca la vuestra” (Cap. 12).

Fue un golpe maestro de Cervantes poner lo que sería una muy atrevida crítica social en boca de un loco. Todo revolucionario en la historia ha sido considerado un loco por sus contemporáneos. Para la mayoría de las personas es racional aceptar el status quo y aquél que no acepta el orden existente es irracional -loco- por definición.

Hegel escribió: “Todo lo que es real es racional y todo lo que es racional es real”. Y esa frase ha sido tomada como una justificación absoluta del status quo. Pero Engels explica que para Hegel no todo lo que existe también es real, sin más calificación. Para Hegel el atributo de realidad pertenece sólo a lo que al mismo tiempo es necesario. “En el curso de su desarrollo la realidad demuestra ser una necesidad”.

Lo que es necesario también se demuestra, en última instancia, como algo racional.

Sobra decir que para un marxista todo lo que existe lo hace por alguna necesidad. Pero las cosas cambian, evolucionan, se modifican y engendran constantemente contradicciones internas que finalmente llevan a su destrucción. Por lo tanto, pierden la cualidad de necesidad y entran en contradicción con ella. El terreno comienza a moverse bajo los pies del orden establecido. Aquellas personas que se consideran los más realistas ahora se convierten en el peor tipo de utópicos reaccionarios, mientras que aquéllos que eran considerados como soñadores y locos, se convierten en las únicas personas cuerdas de un mundo que se ha vuelto loco.

En un período histórico en el que un sistema socioeconómico caduco está en declive, la ideología, la moralidad, los valores y la religión que anteriormente eran el pegamento que mantenía unida a la sociedad, pierden su poder de atracción. Las viejas ideas y valores se convierten en objeto de ridículo. Las personas que se aferran a ellos se convierten en objeto de burla, como Don Quijote. La naturaleza relativamente histórica de la moralidad se hace evidente. Lo que era malo se vuelve bueno, lo que era bueno se vuelve malo.

El largo e ignominioso declive de España

El descubrimiento de América, que al principio fortaleció y enriqueció a España, se volvió pronto contra ella. Las grandes rutas comerciales se apartaron de la Península Ibérica. Holanda, enriquecida, tomó la delantera a España. Después de Holanda fue Inglaterra quien adquirió una posición aventajada sobre el resto de Europa. Era la segunda mitad del siglo XVI, España se aproximaba a la decadencia. Después de la destrucción de la Armada Invencible (1588), esta decadencia revistió -por así decirlo- un carácter oficial. Nos referimos al advenimiento de ese estado de feudalismo burgués en España que Marx llamó ‘la putrefacción lenta y sin gloria’”. (Trotsky. La revolución española y las tareas de los comunistas. 24 de enero de 1931).

Por debajo de la superficie de toda la brillantez de las conquistas de España, los cimientos de este edificio imponente ya estaban desmoronándose. Todo el tejido de la sociedad estaba corrompido. A pesar de la peligrosa situación de las finanzas españolas, se decidió reanudar la guerra con Holanda. Para conseguir un ejército de mercenarios en España y Alemania, el Tesoro acuñó moneda falsa en forma de vellón, una medida que llevó inevitablemente a una explosión de la inflación. El colapso final llegó lenta e ignominiosamente.

No sólo se devaluó la moneda. La monarquía estaba totalmente corrupta y la corte no era otra cosa que un pozo negro de inmoralidad y vicio. En el reinado de Felipe IV la inmoralidad de la corte española alcanzó niveles escandalosos. El propio monarca, cuando no estaba ocupado cazando en El Pardo, El Escorial y Aranjuez, se pasaba el tiempo en numerosos asuntos amorosos y se rodeó de un auténtico ejército de meretrices, amantes e hijos ilegítimos. Fue padre de numerosos hijos ilegítimos, el más famoso fue Don Juan José de Austria, a quién engendró con una famosa actriz cómica conocida como La Caldonera. La reina, por su parte, no mantenía en secreto a su amante: el Conde de Villamedina.

Como potencia dirigente de la Contrarreforma, España estaba mirando atrás, intentaba detener el flujo de la historia, aplicando una política quijotesca. Y como Don Quijote, no consiguió detener el reloj, sino sólo condenarse al declive, la derrota y la decadencia a todos los niveles. España ya era un gigante con pies de barro y sus aventuras militares en los Países Bajos fueron el golpe del último clavo en su ataúd. En un breve espacio de tiempo Holanda se liberó del abrazo mortal de España, que pronto se encontró siendo la víctima de una agresión militar exterior, humillada y aplastada por las naciones que anteriormente habían sido sus inferiores.

La Inquisición se había convertido en todopoderosa, presidiendo un reinado de terror, basado en los métodos habituales de la tortura y las hogueras. En 1680 la Plaza Mayor de Madrid fue el escenario del auto de fe más espectacular. El hedor de la carne quemada envenenó el alma y pervirtió la mente de España. El oscurantismo penetró en los más altos niveles del Estado. Este ambiente reinante se reflejó en el arte de ese período, un arte que, con unas pocas excepciones destacables, estaba impregnado con un espíritu de fanatismo miope y sin sentido.

El declive de España es una ilustración gráfica de cómo una sociedad que es incapaz de desarrollar las fuerzas productivas puede caer víctima de su propio éxito. “El orgullo llega antes de la caída” dice un refrán. La arrogancia de la España imperial tiene un homólogo moderno en la arrogancia de EEUU hoy. Igual que España era la nación más poderosa y rica de la tierra en el siglo XVI, EEUU lo es hoy. Igual que España era el centro neurálgico de la contrarrevolución mundial entonces, EEUU lo es hoy. Igual que España se excedió en aventuras militares extranjeras que agotaron su fuerza y vaciaron sus arcas, EEUU está sobrepasándose hoy a escala mundial.

Los paralelismos son obvios y se extienden a la esfera de la ideología y la religión. George W. Bush es un fanático religioso miope, como lo era Felipe II, y cada acto está determinado para establecer una dominación mundial absoluta. Estos paralelismos no son causalidad. Estamos viviendo un período de gran cambio histórico, un período de transición, similar al final del siglo XVI. Pero mientras que en aquella época el mundo estaba presenciando el desmoronamiento del feudalismo y el movimiento irresistible hacia el capitalismo, ahora estamos viendo la agonía mortal del capitalismo y un movimiento igualmente irresistible hacia una nueva sociedad que nosotros llamamos socialismo.

Aquellos que tienen el valor de decirlo son calificados de utópicos, soñadores y locos. Los que compartimos ese honor con Don Quijote, nos encontramos tan poco cómodos en el mundo del capitalismo como nuestro ilustre antepasado. Pero a diferencia de él, no buscamos dar marcha atrás al reloj o regresar a una edad dorada que nunca existió. Todo lo contrario, deseamos fervientemente avanzar hacia una nueva fase y cualitativamente superior de desarrollo humano.

No tenemos necesidad de sueños e ilusiones, preferimos mantener los pies sobre la tierra. En ese aspecto, al menos, estamos más en la tradición de ese gran proletario de gran corazón y con sentido común que era Sancho Panza. Pero compartimos con el caballero de La Mancha un feroz odio hacia la injusticia en todas sus formas. Compartimos su capacidad de elevarse por encima de la miope pequeñez del filisteísmo burgués, para desear un mundo mejor al que vivimos ahora, e igualmente compartimos su valor de luchar para cambiarlo.

15 de julio de 2005

Carta que los Cordones Industriales dirigieron a Salvador Allende, seis días antes del Golpe Militar

En la actualidad, varios de los principales responsables políticos de la derrota de la Unidad Popular, entregan sesudos análisis de por qué fracaso el proceso de “socialismo a la chilena”. En la mayoría de estos análisis se responsabiliza a los trabajadores del desastre, o bien en el mejor de los casos,  concluyen que la”situación objetiva” impedía realizar los avances necesarios.

Esta carta, entregada poco antes del golpe, viene a poner las cosas en su sitio: la capitulación reformista a la institucionalidad burguesa condujo fatalmente al triunfo de la contrarrevolución y si la clase obrera no pudo hacer su propia revolución, sobre las cenizas del orden burgués, ello se debió prioritariamente a la ausencia de un partido revolucionario. 

 Santiago, 5 de septiembre de 1973.

A SU EXCELENCIA EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, COMPAÑERO SALVADOR ALLENDE:

Ha llegado el momento en que la clase obrera organizada en la coordinadora provincial de cordones industriales, el Comando Provincial de Abastecimiento Directo y el Frente Unico de Trabajadores en Conflicto, ha considerado de urgencia dirigirse a Ud. alarmados por el desencadenamiento de una serie de acontecimientos que creemos nos llevarán no sólo a la liquidación del proceso revolucionario chileno sino, a corto plazo, a un régimen fascista del corte mas implacable y criminal.

Antes, teníamos el temor de que el proceso hacia el socialismo se estaba transando para llegar a un gobierno de centro reformista, democrático burgués que tendía a desmovilizar a las masas o a llevarlas a acciones insurreccionales de tipo anárquico por instinto de conservación.

Pero ahora analizando los últimos acontecimientos nuestro temor ya no es ese; ahora tenemos la certeza de que vamos en una pendiente que nos llevará inevitablemente al fascismo.

Por eso, procedemos a enumerarle las medidas que, corno representantes de la clase trabajadora,  consideramos, imprescindible tomar.

En primer término, compañero, exigimos que se cumpla con el Programa de la Unidad Popular. Nosotros en 1970, no votamos por un hombre, votamos por un programa.

Curiosamente, el capitulo primero del programa de la Unidad Popular se titula “El Poder Popular”. Citamos página 14 del programa: …”las transformaciones revolucionarias que el país necesita sólo podrán realizarse se si el pueblo chileno toma en sus manos el poder y lo ejerce real y efectivamente”…

…”Las fuerzas populares y revolucionarias no se han unido para luchar por la simple sustitución de un presidente de la República por otro, no para reemplazar un partido por otro en el gobierno, sino para llevar a cabo los cambios de fondo que la situación nacional exige, sobre la base del traspaso del poder de los antiguos grupos dominantes a los trabajadores al campesinado y sectores progresistas de las capas medias”… ”transformar las actuales instituciones del estado donde los trabajadores y el pueblo tengan el real ejercicio del poder”… ”El gobierno popular asentará esencialmente sus fuerzas y autoridad en el apoyo que le brinda el pueblo organizado”…

Página 15…” A través de una movilización de masas se construirá desde las bases la nueva estructura de poder”… Se habla de un programa de una nueva constitución política, de una Cámara única, de la Asamblea del Pueblo, de un Tribunal Supremo con miembros designados por la asamblea del pueblo. En el programa se indica que se rechazará el empleo de la fuerza armada para oprimir al pueblo”… (página 24).

Compañero Allende, si no le indicáramos que estas frases son citas del Programa de la U.P.  que era un programa mínimo para la clase, en estos momentos se nos diría que este es el lenguaje ”ultra” de los cordones industriales.

Pero nosotros preguntamos ¿dónde está el nuevo estado, la nueva constitución política, la Cámara única, la asamblea popular, los tribunales Supremos?

Han pasado tres años, compañero Allende, y Ud. no se ha apoyado en las masas y ahora nosotros, los trabajadores, tenemos desconfianza.

Los trabajadores sentimos una honda frustración y desaliento cuando su Presidente, su Gobierno, sus Partidos, sus organizaciones, les dan una y otra vez orden de replegarse en vez de la voz de mando de avanzar. Nosotros exigimos que no sólo se nos informe sino que también se nos consulte sobre las instrucciones que al fin y al cabo son definitorias para nuestro destino.

Sabemos que en la historia de las revoluciones, han habido momentos para replegarse y momentos para avanzar; pero sabemos, tenemos la certeza absoluta que en lo último, años podríamos haber ganado no sólo batallas parciales sino la lucha total; haber tomado en esas ocasiones medidas que hicieran irrevocable el proceso después del triunfo de la elección de regidores de 1971 el pueblo clamaba por el plesbicito y la disolución de un Congreso antagónico.

En Octubre, cuando fue la voluntad y organización de la clase obrera la que mantuvo el país caminando frente al paro patronal, donde nacieron los Cordones Industriales en el calor de esa lucha; y se mantuvo la producción, el abastecimiento, el transporte, gracias al sacrificio de los trabajadores y se pudo dar el golpe mortal a la burguesía, Ud. no nos tuvo confianza.  A pesar de que nadie puede negar la tremenda potencialidad revolucionaria demostrada por el proletariado, le dio una salida que fue una bofetada a la clase obrera, instaurando un Gabinete cívico – militar, con el agravante de incluir en él a dos dirigentes de la Central única de Trabajadores que al aceptar integrar estos ministerios hicieron perder confianza de la clase trabajadora en su organismo máximo. Organismo, que cualquiera que fuera el carácter del gobierno, debía mantenerse al margen para defender cual quiera debilidad de éste frente a los problemas de los trabajadores.

A pesar del reflujo y desmovilización que esto produjo, de la inflación, las colas y las mil dificultades que los hombres y mujeres del proletariado vivían a diario, en las elecciones de Marzo, de 1973 mostraron una vez más una claridad y conciencia al darle 43% de votos militantes a los candidatos de la UP.

Allí también compañero, se deberían haber tomado las medidas que el pueblo merecía y exigía para protegerlo del desastre que ahora presentimos.

Y ya el 29 de Junio cuando los generales y oficiales sediciosos, aliados al Partido Nacional, Frei y Patria y libertad se pusieron francamente en una posición de ilegalidad, se podría haber descabezado los sediciosos, y apoyándose en el pueblo y dándole responsabilidad a los generales leales y a las fuerzas que entonces le obedecían haber llevado el proceso hacia el triunfo, haber pasado a la ofensiva. Lo que faltó entonces, en todas estas ocasiones, fue decisión revolucionaria; lo que faltó fue confianza en las masas, lo que faltó fue conocimiento de su organización y fuerza, lo que faltó fue una vanguardia decidida y hegemónica.

Ahora los trabajadores no solamente tenemos desconfianza estamos alarmados.

La derecha ha montado un aparato terrorista tan poderoso y bien organizado, que no cabe duda que está financiado y dirigido por la CIA, matan obreros hacen volar oleoductos, micros, ferrocarriles. Hacen apagones en dos o tres provincias, atentan contra nuestras sedes, contra nuestros locales partidarios, y sindicales.

¿Se los castiga o apresa?  – ¡No compañero!  Se castiga y apresa a los dirigentes de izquierda.

Los Pablos Rodriguez, los Benjamines Mattes confiesan abiertamente participado en el ”tanquetazo”. ¿Se les allana y humilla7 – ¡No compañero. Se allana Lanera Austral de Magallanes, donde se asesina a un obrero y se tiene a los trabajadores de boca en la nieve durante horas y horas

Los transportistas paralizan el país dejando hogares, humildes sin parafina, sin alimentos, sin medicamentos.

¿Se les veja, se les reprime? – ¡No, compañero!.

Se veja a los obreros de Cobre Cerrillos, de Indugas de Cemento Melon, de Cervecerias Unidas.

Frei, Jarpa y sus comparsas financiadas por a ITT llaman abiertamente a la sedición. ¿Se les desafuera, se les querella? – No, compañero.

Se querella, se pide el desafuero de Palestro, de Altamirano, de Garretón, de los que defienden los derechos de la clase obrera.

El 29 de Junio se levantan generales y oficiales contra el gobierno, ametrallando horas y horas el Palacio de la Moneda, produciendo 22 muertos. ¿Se les Fusila, se les tortura? – ¡No compañero!

Se tortura en forma inhumana a los marinos y suboficiales, que defienden la constitución, la voluntad del pueblo y a Ud. compañero Presidente.

Patria y Libertad incita al golpe. ¿Se les apresa? ¿Se les castiga? – ¡No, compañero.

Siguen dando conferencias de prensa, se les da salvoconductos para que conspiren en el extranjero. Y mientras se allana SUMAR, donde mueren obreros y pobladores a los campesinos de Cautín se les somete a los castigos más implacables paseándolos, colgando de los pies en helicópteros sobre le cabeza de sus familias, hasta darles muerte.

Se le ataca a Ud. compañero. A nuestros dirigentes y a los trabajadores en su conjunto en la forma más insolente y libertina por los medios de comunicación millonarios de la derecha. ¿Se les destruye, se les silencia? – No compañero. Se silencia y se destruye a los medios de comunicación de izquierda el Canal 9 de TV, última posibilidad de voz de los trabajadores.

Y el 4 de Septiembre, el tercer aniversario los trabajadores, mientras el pueblo 1.400.000 salíamos a saludarlo, a mostrar nuestra decisión y conciencia revolucionaria, la FACH allanaba MADEMSA, MADECO, RITTIG, en una de las provocaciones más insolentes e inaceptables sin que exista respuesta visible alguna.

Por todo lo planteado, compañero, nosotros los trabajadores, estamos de acuerdo con un punto con el señor Frei, que aquí hay sólo dos alternativas: la dictadura del proletariado o la dictadura militar.

Claro que el señor Frei también es ingenuo, porque cree que tal dictadura militar será sólo de transición para llevarlo a postre a él a la presidencia.

Estamos absolutamente convencidos de que históricamente el reformismo que se busca a través del diálogo con los que nos han traicionado una y otra vez, es el camino más rápido hacia el fascismo þ Y los trabajadores ya sabemos lo que es el fascismo. Hasta hace poco era sólo una palabra que no todos los compañeros comprendían, teníamos que recurrir a lejanos o cercanos ejemplos Brasil, España, Uruguay, etc.

Pero ya lo hemos vivido en carne propia, en los allanamientos, en lo que esta sucediendo a marinos y suboficiales, en lo que están sufriendo los compañeros de ASMAR, FAMAE, los campesinos de Cautín.

Ya sabemos que el fascismo significa terminar con todas las conquistas logradas por la clase obrera, las organizaciones obreras los sindicatos, el derecho a huelga, los pliegos de peticiones.

Al trabajador que reclame sus mas mínimos derechos, humanos se les despide, se les aprisiona, tortura o a asesina.

Consideramos que no sólo se nos está llevando por el camino que nos conducirá al fascismo en un plazo vertiginoso sino que se nos ha estado privando de los medios para defendernos.

Por lo tanto, le exigimos a Ud. compañero Presidente, que se ponga a la cabeza de este verdadero ejército sin armas, pero poderoso a conciencia y decisión, que los partidos proletarios, pongan de lado sus divergencias y se conviertan en verdadera vanguardia de esta masa organizada pero sin dirección.

 

Exigimos:

Frente al paro de los transportistas, la requisición inmediata de los camiones, sin devolución, por los organismos de masas, y la creación de una empresa estatal de trasportes, para que nunca más esté en las manos de estos bandidos la posibilidad de paralizar al país.

Frente al paro criminal del Colegio Médico exigimos que se les aplique la ley de seguridad interior del estado, para que nunca más esté en las manos de estos mercenarios de la salud la vida de nuestras mujeres e hijos. Todo el apoyo a los médicos patriotas.

Frente al paro de los comerciantes que no se repita el error de Octubre en el cual dejamos en claro que no los necesitamos como gremio. Que se ponga fin a la posibilidad de que estos traficantes confabulados con los transportistas pretendan sitiar al pueblo por hambre. Que se establezcan de una vez por todas la distribución directa, los almacenes populares, la canasta popular. Que se pase al area social las industrias alimenticias que aún no están en las manos del pueblo.

Frente al área social, que no sólo no se devuelva ninguna empresa donde exista la voluntad mayoritaria de los trabajadores de que sean intervenidas, sino que esta pase a ser el área predominante de la economía. Que se fije una nueva política de precios, que la producción y distribución de las industrias del área social sea discriminada. No más producción de lujo para la burguesía. Que se ejerza verdadero control obrero dentro de ellas.

Exigimos que se derogue la Ley de Control de armas, nueva ” ley maldita”, que sólo ha servido para vejar a los trabajadores, con los allanamientos practicados a las industrias y poblaciones, que están sirviendo como un ensayo general para los sectores sediciosos de las fuerzas armadas que así estudia la organización y capacidad de respuesta de la clase obrera en un intento para intimidarlos e identificar a sus dirigentes.

Frente a la inhumana represión a los marineros de Valparaíso y Talcahuano, exigimos la inmediata libertad de estos hermanos, de clase heroicos, cuyos nombres ya están grabados en las, páginas de la historia de Chile. Que se identifique y castigue a los culpables.

Frente a las torturas y muerte de nuestros hermanos campesinos de Cautín exigimos un juicio público y el castigo correspondiente para los responsables.

Para todos los implicados en intentos de derrocar al gobierno legítimo, la pena máxima.

Frente al conflicto del Canal 9 de Televisión, que este medio de comunicación de los trabajadores no se entregue ni se transe por ningún motivo.

Protestamos por la destitución del compañero Jaime Faivovich secretario de transportes.

Pedimos que a través suyo se le manifieste todo nuestro apoyo al embajador de Cuba compañero Mario García Inchaustegui y a todos los compañeros cubanos perseguidos por lo más granado de la reacción y que se le ofrezcan nuestros barrios proletarios para que allí establezcan su embajada y su residencia, como forma de agradecerle a ese pueblo el que ha llegado a privarse de su propia ración de azúcar para ayudarnos en nuestra lucha. Que se expulse al embajador norteamericano, que a través, de sus personeros el pentágono, la CIA, la ITT proporciona probadamente instructores y financiamiento a los sediciosos.

Exigirnos la defensa y protección de Carlos Altamirano, Mario Palestro, Miguel Enriquez, Oscar Garretón, perseguidos por la derecha y la Fiscalía Naval por defender valientemente los derechos del pueblo con o sin uniforme.

Le advertimos compañero, que con el respeto y la confianza que aún le tenemos, si no se cumple con el Programa de la U.P. si no se confía en las masas, perderá el único apoyo real que tiene como persona y gobernante y que será responsable de llevar al país, no a una guerra civil que ya está en pleno desarrollo, sino que a la masacre fría, planificada de la clase obrera mas consciente y organizada de latino América, y que será responsabilidad histórica de este gobierno llevado al poder y mantenido con tanto sacrificio por los trabajadores, campesinos, pobladores, estudiantes, intelectuales, profesionales, la destrucción y descabezamiento quizás por que plazo y a que costo sangriento de no sólo el proceso revolucionario chileno sino también el de todos los pueblos latinoamericano que están luchando por el socialismo.

Y hacemos este llamado urgente, compañero presidente porque creemos que esta es la última posibilidad de evitar en conjunto la pérdida de las vidas de miles y miles de lo mejor de la clase  obrera chilena y latinoamericana.

Septiembre, la Unidad Popular y Allende

por Ibán de Rementería//

Septiembre es el mes de la patria, pero también es el mes de la otra memoria, de la memoria popular de su triunfo y de su derrota, es el 4 de septiembre y es el  11 de septiembre, inseparables  en nuestra memoria. El 4 de septiembre de 1970 triunfó la Unidad Popular, tres años después, el 4 de septiembre de 1973, según las agencias internacionales de noticias, desfiló conmemorando el tercer aniversario del Gobierno de la Unidad Popular un millón de chilenas y chilenos, dándole así a Salvador Allende el mayor espaldarazo de masas jamás conocido hasta ahora en la historia de Chile. Una semana después el Palacio de la Moneda es tomado por asalto luego de un intenso bombardeo aéreo por las Fuerzas Armadas traidoras a la República de Chile. Allende prefiere la muerte a entregarse a los traidores y los defensores de la Moneda, debidamente rendidos, son asesinados de manera salvaje indicando así cual sería la impronta terrorista de la política nacional de la Dictadura Militar.

El Gobierno de la Unidad Popular puede ser recordado por muchas conquistas sociales y logros democráticos de distribución del poder y de la riqueza, desde el litro de leche asegurado para cada niño, pasando por ampliación y consolidación de la Reforma Agraria que había iniciado el Gobierno de Frei Montalva, hasta la nacionalización de la gran minería del cobre, que aquel gobierno había iniciado mediante contratos de asociación con las empresas transnacionales que tenían su concesión, para hacer parte en algo a la nación chilena en su riqueza nacional, lo cual fue conocido como la “chilenización del cobre”. La nacionalización del cobre del Gobierno de Salvador Allende, el 15 de julio de 1971, tuvo dos características políticas centrales fue: aprobada por la unanimidad del Congreso Nacional y no se pagó indemnización alguna a los concesionarios. Que todos los partidos de la Unidad Popular, más la Democracia Cristiana y el Partido Nacional, heredero de los partidos Liberal y Conservador de derecha, votasen a favor de la nacionalización del cobre fue la expresión parlamentaria de la voluntad política colectiva nacional de recuperar esa riqueza.  El no pago de indemnización alguna a los concesionarios se fundamentó económica y jurídicamente en las sobre ganancias que esas empresas habían obtenido por años de manera engañosa en perjuicio del Estado y la nación chilena. Para graficar el profundo impacto que esto tendría en los recursos  públicos Salvador Allende llamó a las rentas y utilidades del cobre: “el sueldo de Chile”.

La nacionalización de la gran minería del cobre debe ser el más importante objeto de nuestra memoria septembrina, por la actualidad financiera que aquella tiene en estos momentos  donde la nación chilena debe decidir entre  profundizar  o revertir  los tres grandes compromisos del Estado con la plena satisfacción de los derechos sociales de las y los chilenos, como son el acceso universal, gratuito y de calidad a la salud, la educación y la seguridad social. El problema de la financiación de aquellas reformas tiene hoy dos modelos conocidos: el crecimiento económico o la recuperación para la nación de los recursos naturales sus rentas y utilidades. El crecimiento económico aparece como una función de la inversión privada la cual depende del sector financiero que representa el 25% de la riqueza nacional (Lagos Escobar dixit), en lo político esto depende de la flexibilidad que se tenga en términos laborales y medio ambientales, sea que llueva, truene, se inunde, se  emporque  o “arda la pradera”; sea que  aumente el desempleo, el auto empleo, el comercio callejero, el microtráfico de drogas, la inseguridad y la delincuencia. El crecimiento económico puede favorecer a todas y todos los chilenos, pero según sea la cuota que les corresponda en la distribución de la riqueza, por lo tanto le tocará muchos más a cada uno de los miembros del  1% de los chilenos que se quedan con el 30% de la riqueza nacional, y muy poco al 10% más pobre que solo le toca menos del 3%. Sin procesos de redistribución del ingreso mediante mayor poder de negociación de los trabajadores para mejorar su empleabilidad, sus ingresos y condiciones laborales; sin acceso universal, gratuito y universal a los bienes básicos como la salud, la educación y la seguridad social, sin acceso universal y a precios accesibles  a los servicios de  agua, energía, transporte, comunicaciones, crédito de consumo, etc. Sin redistribución del poder político y sin redistribución de la riqueza, el crecimiento económico sólo lo seguirán disfrutando los más ricos y sus allegados.

El otro modelo de financiación es la recuperación para el Estado de las rentas y utilidades proveniente de los recursos naturales renovables como los pesqueros, los bosques, el agua, etc. y los no renovables como la minería del cobre, el litio y otros minerales metálicos y no metálicos; también las rentas y utilidades de las obras públicas constituidas en localizaciones geo estratégicas o las provenientes de monopolios naturales como los servicios públicos de agua, energía, comunicaciones, etc.

El recuerdo más triste que podemos tener ahora en septiembre es que al terminar la dictadura militar el 70% del cobre era explotado por CODELCO, empresa del Estado creada el Gobierno de Frei Montalva, y solo el 30% por empresas privadas nacionales y transnacionales, hoy después de los gobierno de la Concertación estas extraen el 70% del cobre nacional y aquella solo un 30%.

El Mercurio de Santiago recoge comentarios expertos sobre el plan económico de la candidata presidencial del Frente Amplio, Beatriz Sánchez, denominado “Nuestra ruta al desarrollo: más y mejor crecimiento para todos”, aquellos valorizan esas propuestas en US$ 10.000 millones anuales. Pues bien un estudio de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, realizado por Sturla, Accorsi, López y Figueroa,  titulado “Nuevas Estimaciones de la Riqueza Regalada a las Grandes Empresas de la Minería Privada del Cobre: Chile 2005-2014”, de diciembre 2016, estima que la renta económica transferida gratuitamente habiendo descontado de los beneficios por las ventas, los costos operativos, los costos financieros, los costos de riesgos, los impuestos y sus utilidades fue en esos 10 años de US$ 120.000 millones, para un promedio anual de US$ 12.000 millones anuales, eso es el 5,4% del PIB y la cuarta parte del presupuesto público. Los expertos suponen que en los próximos años el precio del cobre se recuperará a un precio entre US$ 2,5 a 3.0 la libra de ese metal. Por lo tanto, esas rentas regaladas tenderán a repetirse, eso que el Gobierno de Salvador Allende llamó las sobre ganancias o “utilidades excesivas”, bien podrían financiar las propuestas económicas de Beatriz Sánchez y además quedar US$ 2.000 millones anuales para otras propuestas de beneficio nacional. Como no se ha estimado el costo de las propuestas económicas y sociales de la candidatura de Alejandro Guillier, no podemos afirmar si estos recursos recuperables para el presupuesto público serían suficientes.

En todo caso y como ya se ha dicho antes, no aclarar cómo se van a financiar los servicios sociales básicos de salud, educación y seguridad social hace del discurso político, sea de la Fuerza de Mayoría o el Frente Amplio, un discurso demagógico que no se va a cumplir o un discurso populista que nos señala el camino de la ruina, el fracaso y el caos.

 

(El autor milita en el Núcleo Valparaíso Socialista, Izquierda Socialista del PS)

80º aniversario del Guernica: arte y revolución.

«¿Qué cree usted que es un artista? ¿Un imbécil que sólo tiene ojos si es pintor, oídos si es músico, una lira que ocupa todo su corazón si es poeta, o incluso sólo músculos si es boxeador? Por el contrario, es un ser político, constantemente consciente de los acontecimientos estremecedores, airados o afortunados a los que responde de todas maneras. ¿Cómo sería posible disociarse de otros hombres; en virtud de qué indiferencia de marfil debes alejarte de la vida que tan abundantemente te proporcionan? No, la pintura no se hace para decorar apartamentos. Es un instrumento para la guerra ofensiva y defensiva contra el enemigo”.

Pablo Picasso, Les Lettres Françaises. Marzo de 1945

 

En junio de este año se cumplió el 80º aniversario de una de las obras de arte más importantes del siglo XX: el Guernica, de Pablo Picasso.

Sin duda, se trata de una obra icónica contra la barbarie de la guerra pero no de “cualquier guerra”, como les gusta afirmar a los especialistas amancebados del establishment, sino contra las guerras de los poderosos que persiguen la opresión, la esclavización y el asesinato en masa de la gente común y corriente.

En enero de 1937, en plena guerra civil, el gobierno de la República española encargó a Pablo Picasso una obra de gran formato para ser exhibida en el Pabellón de España de la Exposición Mundial de París, que debía celebrarse en el mes de junio.  El cometido del gobierno español era utilizar esta exposición como un alegato en defensa de la España republicana.

Durante meses, Picasso, que atravesaba en aquel momento una fase depresiva en su labor creativa, trató de buscar en vano una imagen que le inspirara y que estuviera a la altura de lo que él consideraba que debía expresar el cuadro.

El bombardeo de Guernica

El 26 de abril de 1937, el ejército franquista del norte peninsular, bajo la dirección de los generales Mola y Kindelán,  encargó al Alto Comando Alemán el bombardeo aéreo de la ciudad vasca de Guernica, de unos 10.000 habitantes. El bombardeo fue llevado a cabo por la Legión Cóndor alemana, con apoyo de la aviación italiana.

Es ya conocido que la aviación alemana diseñó este bombardeo como un ensayo para posteriores bombardeos en la guerra mundial que se avecinaba, utilizando para ello los bombarderos Junker y Heinkel, que lanzaron cerca de 40 toneladas de bombas destructivas e incendiarias, algunas de hasta 250 kilos. Esto fue completado con el ametrallamiento desde el aire de la población que corría despavorida para ocultarse en los refugios y en los campos colindantes.

El bombardeo duró 3 horas, en oleadas regulares. El 85% de la ciudad quedó devastada. La cifra exacta de muertos oscila, según las fuentes, desde varios cientos hasta más de 1.000. Como en los bombardeos anteriores de las ciudades vascas de Eibar y Durango, el cometido era llevar el terror a la población civil, pero también había un elemento político en la elección de Guernica como objetivo militar, al hospedar los símbolos más importantes del pueblo vasco, como la Casa de Juntas y el roble centenario, símbolo de las libertades vascas.

Las noticias del bombardeo de Guernica y las fotografías de la matanza y devastación fueron reproducidas por la prensa europea en los días siguientes. Picasso quedó conmocionado por la magnitud de la masacre y las imágenes. La inspiración para su obra, que había permanecido comprimida en los pliegues ocultos de su cerebro durante meses, se desató explosivamente con una fuerza telúrica. El 1 de mayo realizó el primer esbozo de la obra, y tras 35 días de una labor frenética pudo presentarla a tiempo al mundo para que fuera exhibida en la Exposición.

Picasso era consciente de que estaba creando una obra imperecedera. El impacto de la misma fue enorme, y recibió una aclamación unánime. Después de la Exposición, el cuadro realizó una gira itinerante por media Europa, como instrumento de propaganda a favor de la República española. En mayo de 1939, la pintura fue embarcada hacia Nueva York, en un traslado auspiciado por el Museo de Arte Moderno (MOMA), para recaudar fondos para los refugiados republicanos españoles. En EEUU, el cuadro fue exhibido en nuevas giras por todo el país, hasta que a mediados de los años 40 quedó definitivamente expuesto en el MOMA. 

El Guernica es una de las expresiones más elevadas del arte comprometido políticamente, que nada tiene que ver con el arte de propaganda. El Guernica es Arte con mayúsculas porque, como dice Alan Woods, tiene algo que decirnos, no es meramente una obra para admirar de un instante congelado, sino que suscita emociones en el espectador que le obligan a tomar conciencia y partido sobre un hecho, sobre una idea.

Contra el “revisionismo” del Guernica

Ocurre frecuentemente con las obras de arte que simbolizan el compromiso político, lo mismo que con los hechos históricos o los personajes revolucionarios, y es que pasado el tiempo se los trata como iconos inofensivos, castrando su contenido revolucionario. De la misma manera, se oculta frecuentemente la militancia comunista de Picasso.

Así, Paloma Esteban Leal, conservadora del Museo Reina Sofía de Madrid –donde está instalado el Guernica– comentaba hace unos años en una entrevista para el diario español El Mundo:

«En ‘Guernica’ no hay bombas, ni aviones, ni nada por el estilo porque no es una guerra u otra guerra, ni ésta ni aquélla; es la manera en que Picasso muestra su rechazo a cualquier tipo de violencia de la guerra» (http://www.elmundo.es/ especiales/2011/10/cultura/guernica/grito.html).

No es casual que los críticos convencionales de arte traten de castrar el contenido concreto de esta obra, la masacre de la población de Guernica por el fascismo. Al presentarla como un mero lloriqueo “pacifista”, matan su verdadero mensaje que es la denuncia militante del militarismo opresor.

Despojar a una obra de arte, particularmente de arte comprometido, de su contenido concreto es una falsificación artística e histórica ¿Cómo separar el gran antecedente del Guernica, el gran cuadro de Goya “Los fusilamiento del 3 de mayo”, de los hechos que le dieron la vida: la brutal ocupación napoleónica, y el levantamiento popular de Madrid? Lo que estas grandes obras de arte tienen de general, de simbolismo para otras experiencias humanas, parte precisamente de los hechos concretos en que están inspiradas. Algo que nunca podrá alcanzar una obra que exponga el motivo de la guerra “en general”.

22g“Los fusilamientos del 3 de mayo”, de Goya

En la misma línea, el Museo Reina Sofía ha diseñado una exposición para conmemorar este 80º aniversario que se llama: “Piedad y terror en Picasso: el camino a Guernica”, donde se exhiben obras de Picasso desde 1924 con motivos de guerra y violencia que, supuestamente, le habrían ayudado a inspirarle el Guernica. Lo escandaloso de esta exposición es que ¡no contiene ni una sola referencia a la guerra civil española ni al bombardeo de Guernica!

El objetivo es similar al que señalamos antes, no mostrar la inspiración del Guernica en la barbarie fascista, sino en obras anteriores del artista, como si estuviéramos ante una expresión del “arte por el arte”, en lugar del arte por la vida. Ideas similares han venido a plantear numerosos “especialistas”, señalando que algunas de las figuras del Guernica se inspiran en cuadros de Girolamo Mirola, de Rubens, o en imágenes de la película “Adiós a las armas” de Frank Borzage ¡Algunos han llegado al punto de ver en el Guernica un trasfondo psicológico de la turbulenta vida afectiva del pintor!

Afortunadamente, el propio Pablo Picasso respondió por adelantado a estos “críticos”, cuando declaró en una entrevista mientras trabajaba en su obra:

“La guerra española es la lucha de la reacción contra el pueblo, contra la libertad. Toda mi vida como artista no ha sido más que una lucha continua contra la reacción y la muerte del arte. ¿Cómo podría alguien pensar por un momento que podría estar de acuerdo con la reacción y la muerte?… En el panel sobre el que estoy trabajando, que llamaré “Guernica”, y en todas mis recientes obras de arte, expreso claramente mi aborrecimiento por la casta militar que ha hundido a España en un océano de dolor y muerte”.

Por si hiciera falta una palabra final sobre el carácter “político” del Guernica, baste decir que Picasso dejó por escrito su mandato –ya que nunca cedió la propiedad del cuadro– de que el Guernica sólo residiera en España cuando fueran restablecidas las libertades políticas, y no fue hasta 1981 que el cuadro quedó instalado en el país.

El simbolismo del Guernica

Aunque Picasso rechazaba con desdén estar en la obligación de “descifrar” el contenido concreto de sus obras, algo que consideraba indigno como artista, no podemos dejar de resaltar aquí el simbolismo de esta obra que tanto impacto ha provocado durante varias generaciones. A este respecto, mucho se ha escrito y dicho, y sólo reflejaremos unos cuantos apuntes.

Lo primero que capta nuestra atención es la ausencia de colores vivos, sólo el blanco y el negro matizados por los grises, el reflejo de la guerra, la desolación y la barbarie. La escena fundamental del cuadro recurre a un motivo profundamente español, como es la corrida de toros. El toro, impasible e inexpresivo, ubicado a la izquierda, representa la Bestia, que se yergue vencedora sobre el pueblo, representado por el torero que yace agonizante con su cuerpo destrozado y su espada rota, aunque su mano se aferra a una flor, que simboliza la vida. El caballo del “picador”, que ocupa el centro, aparece ensartado por una lanza, relincha de dolor y de injusticia con su cabeza y expresión desencajada vuelta hacia el toro. Debajo de este, una madre grita desgarradoramente al toro con su hijo muerto en sus brazos. A la derecha, devorada por el fuego, una figura humana –claramente inspirada en el “fusilado” del famoso cuadro de Goya que antes mencionamos– levanta sus brazos en señal de injusticia.

Dos mujeres se apresuran hacia el caballo y hacia el centro del cuadro, una extiende el brazo por encima de la cabeza sosteniendo una vela iluminando el alboroto, mientras la otra, semierguida y con sus piernas quebradas, parece suplicar.

Arriba en el centro, la bombilla eléctrica en forma de ojo y sol, es el testigo de la barbarie, que se encarga de ver para el resto del mundo, para que el crimen quede registrado.

El Guernica: Un llamamiento para la acción

El capitalismo es horror sin fin. Multitud de Guernicas han tenido lugar décadas después: en la 2ª Guerra Mundial, en Vietnam, Irak, Siria, Palestina, y otros sitios. Como dice Alan Woods: “El objetivo del gran arte no es entretener, no es sólo mostrar de una manera superficial y neutral, sino penetrar debajo de la superficie y exponer la realidad que reside debajo”. El Guernica nos sigue conmoviendo porque refleja la realidad actual del capitalismo. También es un manifiesto, un llamamiento de atención sobre lo que nos destina el capitalismo si no es derribado.

Pero otro mundo está pugnando por nacer, un mundo socialista sin guerras, explotación ni opresión. El Guernica debe inspirarnos para hacerlo realidad

Miguel Enríquez entrevistado por Marta Harnecker días antes del golpe militar de 1973

Revista Chile Hoy Nº 59, 27 de julio-2 de agosto 1973

En esta entrevista a días del golpe militar, Miguel lanza un llamado a la unidad de la izquierda, advierte sobre los militares golpistas. La revista ‘Chile Hoy’ pertenecía al PS, corrían malos vientos para el gobierno de la Unidad Popular, su capitulación estaba sellada, los sectores reformistas habían impulsado la desmovilización de los trabajadores. Esa aspiración del PC de establecer alianza con la democracia cristiana (DC) se había hecho una vergonzosa realidad. Meses después, en octubre de 1973, Miguel en la clandestinidad se refería que la derrota no era del socialismo, sino de quienes impulsaron el modelo reformista y que arrastraron al compañero Allende a claudicar


Chile Hoy: En nuestros reportajes en la base hemos comprobado que en gran medida se han superado las divisiones en el seno de la izquierda. En muchos casos han sido los propios comunistas los que han planteado la integración del MIR a las nuevas tareas. ¿A qué atribuye usted esta situación?

– Miguel Enríquez: El frustrado intento golpista del viernes 29 de junio creó una nueva situación política y generó la inmediata respuesta de la clase obrera y el pueblo. Los trabajadores tomaron conciencia de que sus conquistas y libertades estaban amenazadas. Amplios sectores de trabajadores se activaron profundizando la contraofensiva revolucionaria y popular en desarrollo.

Esta se expresó en la toma masiva de fábricas y fundos, en la elevación de los niveles de organización y conciencia de las masas, en el fortalecimiento y multiplicación de nuevas formas de organización independiente de las masas: cordones industriales, comandos comunales, comandos de abastecimiento, consejos comunales campesinos. Se desarrollaron y multiplicaron también los órganos de defensa y autodefensa de las masas. ‘En esta fase, la inmediatamente posterior al intento golpista, se colocó objetivamente en el primer plano de la lucha contra el golpismo.

De esta forma, por encima de las diferencias de apreciación en cuanto a la táctica concreta, la valoración de las formas de organización y defensa de masas a impulsar, que existían y existen a nivel de las direcciones políticas, la activación y radicalización de la clase obrera y el pueblo arrastró al conjunto de la izquierda a nivel de base a una política de acción común. Al menos, en esta fase, los trabajadores impusieron la necesidad de niveles de unidad y contraofensiva frente al enemigo de clase. Este proceso coincidió en el tiempo con la política y táctica que veníamos impulsando: el desarrollo de una contraofensiva revolucionaria y popular, la reagrupación de los revolucionarios y la acción común con el resto de la izquierda, todo lo cual cristalizó, repito, en esta fase, en un mayor grado de unidad de la izquierda tras políticas revolucionarias, o al menos, en una táctica más ofensiva y en el fortalecimiento de la acción común.

– ChH: Por qué dice usted “en esta fase” ¿Ha cambiado esa situación posteriormente?

– ME: En realidad, la situación ha ido modificándose en algunos aspectos en las últimas semanas. La aventura golpista del grupo armado del PN abortada el viernes 29 de junio generó una respuesta que evidenció una enorme fortaleza de la clase obrera y el pueblo, que se expresó también en la actitud de la su oficialidad y tropa de las Fuerzas Armadas y en las posiciones de la oficialidad anti golpista. Esto obligó a los sectores abiertamente golpistas del PN, del PDC y de las FF.AA. a replegarse y a subordinarse a los sectores que, bajo conducción freísta, levantaron una táctica diferente: la táctica del emplazamiento. La táctica del emplazamiento militar y del chantaje político e institucional sobre el Gobierno busca golpear, desarticular, dividir y desmoralizar a la clase obrera, a los trabajadores y a la vanguardia; radicalizar progresivamente el contenido del emplazamiento, obligar al Gobierno a una capitulación que puede revestir distintas formas, para después derrocarlo y aplastar y reprimir a los trabajadores y a la izquierda.

Esta política reaccionaria aleja la percepción del golpismo como hecho inmediato a los ojos de las masas y la izquierda, hace aparecer a las clases patronales haciendo exigencias políticas que confunden y desarman a sectores de la izquierda. Así, mientras por un lado las masas se radicalizan y con ellas extensos sectores de la izquierda asumen una política más radical resistiendo la capitulación, por otro lado se generan las condiciones para que otros sectores, los vacilantes y los reformistas recalcitrantes, intenten una vez más la conciliación de clases. Hoy, bajo las banderas de la “normalización” de la producción y del país, del diálogo y el consenso mínimo, los partidarios de la implementación de un proyecto de conciliación de clases como salida política a la actual situación intentan construir las condiciones para el diálogo proponiéndose la devolución de las grandes empresas tomadas por los trabajadores, tolerando incursiones represivas contra trabajadores movilizados en cordones y comandos, permitiendo el desalojo policial de fábricas tomadas, abriendo querellas en contra de organizaciones revolucionarias, tentándose con la represión. Mientras paralelamente algunos como Gladys Marín, se encargan de asumir la defensa política de la conciliación a través de la deformación de nuestras políticas y de mal intencionadas críticas a nuestras posiciones. Pero, al mismo tiempo, la clase obrera, el pueblo y los sectores más radicales de la izquierda, siguen exigiendo e impulsando la táctica de la contraofensiva, planteándose una acción común y llevándola a cabo en la práctica.

– ChH: Pero el análisis de la actual coyuntura ¿permite otra salida?

ME: Los reformistas recalcitrantes, e incluso los centristas, sostienen sus políticas sobre dos premisas: plantean que si bien la situación es “difícil”, ésta tiende a “normalizarse”, y que por otra parte no hay fuerza suficiente para desarrollar una contraofensiva A partir de estas premisas, atadas luces falsas, concluyen que la tarea fundamental es ganar tiempo, dar un paso atrás para luego dar dos adelante, tener un respiro, una tregua.

En realidad, las fuerzas golpistas civiles y uniformadas no han sido desarticuladas, al contrario, se fortalecen descaradamente en la más absoluta impunidad. La táctica del emplazamiento y del chantaje está en pleno desarrollo, entregándole rendimientos más que suficientes a las clases patronales y fortaleciendo progresivamente sus posiciones. La clase obrera y el pueblo, si bien en la última semana han continuado llevando adelante su táctica de contraofensiva, también han sufrido importantes golpes, como consecuencia de la política de “respiro” que del 29 acá impulsan los sectores reformistas recalcitrantes y vacilantes del Gobierno y la UP: desalojos, allanamientos y devolución de empresas. La situación es muchísimo más grave que en todas las coyunturas agudas anteriores, en la medida en que las clases patronales han logrado esta vez llevar masivamente el enfrentamiento político y social desde el terreno civil al interior de los cuarteles. Dos bloques sociales y políticos se han constituido, toman posiciones, se amenazan y acechan el uno al otro. No es posible pretender volver a la “normalidad” anterior. Sólo será posible eliminar la amenaza golpista desarticulando y aplastando ahora a los sectores civiles y uniformados comprometidos en la política del golpe. A su vez, esto será factible sólo si se acumula aceleradamente fuerzas, donde es posible acumularla: el movimiento de masas y la oficialidad y suboficialidad antigolpista de las FF.AA. La única táctica que puede permitir esta acumulación de fuerzas consiste en desarrollar ahora una extensa contraofensiva revolucionaria y popular. Una táctica dilatoria que permita ganar tiempo puede ser correcta, pero sólo en determinadas situaciones y siempre que ello no implique debilitar nuestras propias fuerzas y este no es el caso de la coyuntura actual.

La correlación de fuerzas producida inmediatamente después del intento golpista abortado es la mejor que se ha creado en los últimos años. La correlación de fuerzas es todavía buena, y es posible, si se implementa una táctica adecuada, mejorarla enormemente y en forma rápida. Nunca antes se había desarrollado una activación y radicalización de la clase obrera como la generada en las últimas semanas; sectores del movimiento campesino, de los pobladores y el movimiento de masas en provincias han desarrollado considerablemente sus niveles de conciencia y organización. Mediante una táctica revolucionaria es posible multiplicar esta fuerza enormemente y a corto plazo. La oficialidad antigolpista, la suboficialidad y la tropa de todas las ramas de las FF.AA. han sido capaces, hasta aquí, de neutralizar los intentos golpistas del 29 de junio y los posteriores en el interior de los cuarteles. La debilidad de la clase obrera y el pueblo no se originó ni se origina en una correlación de fuerzas favorables. Se desarrolló y se está desarrollando una táctica defensiva y vacilante que debilita al pueblo; que en la búsqueda de ganar tiempo está terminando por dar tiempo a las clases patronales para articularse, para fortalecerse, para pasar a la ofensiva, emplazar al Gobierno, hacerlo capitular y golpear a la clase obrera y el pueblo.

– ChH: ¿Por qué la derecha les atribuye a ustedes la responsabilidad de las acciones de los cordones industriales cuando en ellos predomina la acción de otros partidos?

– ME: Si bien el MIR orgánicamente no es fuerza mayoritaria, entre los trabajadores, ha tenido un enorme crecimiento, especialmente en la clase obrera durante los últimos meses. Más aún, las políticas y tácticas que nosotros y los sectores más radicalizados de la izquierda levantamos en 1971 (expropiación de fundos de más de 40 hectáreas, extensión del Área Social más allá de las noventa empresas, control obrero en el área privada, dirección obrera en el área social, expropiación de la Cámara Chilena de la Construcción, distribución igualitaria y equitativa y expropiación de las grandes distribuidoras, comandos comunales y poder popular, lucha contra la ley de control de grupos armados, derecho a voto de los suboficiales y soldados de las Fuerzas Armadas y Carabineros, etc.), se han transformado en las políticas y tácticas predominantes en el seno de la clase obrera y el pueblo.

Es decir, la influencia política del MIR en el seno de las masas se ha extendido en forma considerable. De esta manera es comprensible que las clases patronales dirijan su artillería contra los destacamentos de vanguardia de los trabajadores, contra las organizaciones capaces y sobre todo dispuestas a conducir a la clase obrera y las masas en todos los enfrentamientos. Al mismo tiempo les interesa, para su trabajo político en el cuerpo de oficiales, crear la imagen de un movimiento de masas conducido por una caricatura de nuestra organización, que simbolice la anarquía y el caos. A esto cooperan los sectores reformistas recalcitrantes de la izquierda que ante la ofensiva reaccionaria abren diálogo con sectores patronales y se interesan por diferenciarse públicamente de los sectores revolucionarios, como una manera de contribuir al dialogo.

– ChH: Ustedes han puesto el acento en la formación de los comandos comunales. ¿Cuál es el papel que le asignan a estas organizaciones de masas?

– ME: Desde hace dos años venimos impulsando el desarrollo de formas de organización de masas que, enfrentando el orden burgués, generen embrionariamente formas de dualidad de poder, único camino que permite cristalizar la acumulación de fuerzas que se ha venido desarrollando. Si bien al principio esto no tomó forma concreta a nivel de masas, a fines de 1972 frente a las agresiones patronales desde las trincheras de la institucionalidad burguesa, el movimiento de masas y extensos sectores de la izquierda tomaron conciencia de la necesidad de organizar su propio poder y lo impulsaron desde la base, generando las formas de Poder Popular ya conocidas.

Entendemos estas organizaciones de Poder Popular, articuladas fundamentalmente alrededor de los comandos comunales. Se trata de unir orgánicamente al pueblo, de articular a la clase obrera con el resto de las clases y capas explotadas, para que de esta manera pueda la clase obrera ejercer efectivamente su papel de vanguardia y dirección en el seno del pueblo: entre pobladores, estudiantes y campesinos.

Para ello es necesario, a partir de los niveles orgánicos actuales de los trabajadores (cordones industriales, consejos comunales campesinos, comandos de abastecimiento, JAP y almacenes populares), organizar los comandos comunales como una democracia directa, con generación democrática de las direcciones, levantando un programa comunal, impulsando la acción directa de las masas y exigiendo al Gobierno apoyar la lucha del pueblo, desarrollando la lucha antiburocrática, exigiendo primero cuentas a los funcionarios públicos y luego removiéndolos como formas de lucha contra el aparato de Estado capitalista.

En el desarrollo del Poder Popular se han dado dos desviaciones: los que de una manera explícita o implícita se han opuesto a él, con espíritu sectario o con el propósito de mantener niveles de hegemonía o monolitismo burocrático en el movimiento de masas, estableciendo su oposición a los comandos comunales, sosteniendo que estos generan “paralelismo sindical”, insistiendo que la CUT es suficiente para organizar y representar los intereses del pueblo. (La CUT no ha logrado estructurar nacionalmente una eficiente organización comunal; la CUT por sus objetivos, carácter y estructura, no incorpora a pobladores, campesinos y estudiantes).

La otra deformación ha consistido en restringir en la práctica el desarrollo del Poder Popular al desarrollo de los cordones industriales, cuestión que siendo necesaria no es suficiente, pues sólo aprovecha los niveles de organización que ya tiene la clase obrera y no organiza ni incorpora a las otras capas del pueblo. Se renuncia así, en esta forma, a acumular fuerza política y orgánica en estas capas, manteniendo dividido al pueblo y retardando y dificultando su unidad.

Después del intento golpista del 29 pasado, la activación de los trabajadores atravesó a la clase obrera y a todas las capas del pueblo, fortaleciéndose y multiplicándose todas las formas de organización independientes y autónomas de la clase y las masas; cordones industriales, consejos campesinos, comités de vigilancia y defensa, etc., generándose también comandos comunales en muchas comunas del país.

Era, y todavía es, el momento de impulsar el desarrollo de los comandos comunales y así lo estamos haciendo.

– ChH: ¿Cuál es la posición de ustedes frente a los cordones industriales?

– ME: Recientemente sectores políticamente más radicales y consecuentes de la UP, buscando resistir las vacilaciones de ciertos sectores con influencia en la CUT, se atrincheraron orgánicamente en los cordones, impulsaron un trabajo restringido a la clase obrera organizada, dificultando así, implícitamente, el desarrollo de los comandos comunales. Llamaron también a un coordinador de cordones, sectorizando a este coordinador, al dejar fuera a los comandos comunales, a los consejos campesinos, a los comités coordinadores, a pesar que en octubre del 72 llegó a funcionar un coordinador provincial amplio. Esta iniciativa tuvo como consecuencia inmediata la aparición del paralelismo sindical (en algunas comunas hay ya dos cordones industriales), condujo en algunos casos al aislamiento de los cordones y de la clase obrera de las otras capas del pueblo y en otros casos retardó la unidad de todos los explotados. De esto se han aprovechado tendencias más vacilantes y burocráticas de la izquierda sindical para desarrollar una ofensiva contra la organización del Poder Popular y para fortalecerse transitoriamente dentro de los partidos y estructuras sindicales.

– ChH: ¿Cuál es la relación que debe existir entre la CUT y los cordones?

– ME: Nosotros impulsamos el desarrollo de cordones industriales con una estructura democrática como organismos territoriales de base de la CUT, que coordinen la acción de los sindicatos a nivel de comuna, área, localidad.

Somos partidarios también de la coordinación provincial de los comandos comunales (los consejos comunales campesinos, los cordones en proceso de transformación en comandos) y pensamos que un coordinador provincial de las organizaciones del naciente poder popular debe constituirse a la brevedad en Santiago. La salida que estamos impulsando frente a la situación creada es constituir rápidamente, a partir de los cordones industriales existentes, comandos comunales, para asegurar el desarrollo y extensión del poder popular. Por otra parte, pensamos que la CUT, independientemente, debe impulsar la transformación y democratización de la actual estructura sindical, organizando los cordones industriales como órganos territoriales de base, e impulsar a través de cada cordón la lucha por no devolver las grandes empresas, por imponer la dirección obrera. La CUT debe igualmente impulsar la organización de los sindicatos únicos por rama, como base necesaria del control obrero. Por otra parte la CUT debe apoyar la organización de los comandos comunales.

– ChH: Hace mucho tiempo que ustedes están planteando la necesidad de la integración de los soldados a las tareas del pueblo. Últimamente han acentuado esta campaña insistiendo en la necesidad de democratizar las FF.AA., en el derecho a voto de los soldados, haciendo ver que los soldados también son explotados, y últimamente en la necesidad de que los soldados no obedezcan las órdenes golpistas…

– ME: Nosotros, a diferencia de otros de la izquierda, hemos venido proponiendo que se termine al interior de las FF.AA. con las discriminaciones que aún persisten en ellas, como la restricción de los derechos ciudadanos de los suboficiales, clases y soldados. Prueba de la necesidad y vigencia de esta tarea es que algunos de estos aspectos están contenidos en el Programa de la UP y fueron reconocidos públicamente como problemas por el anterior Ministro de Defensa y por Altos Mandos.

Hemos planteado también que se resuelvan los problemas de ingreso y abastecimiento de los miembros de las FF.AA., especialmente de los suboficiales, clases y soldados, a costa de las ganancias de las clases patronales.

Ahora, después del intento del alzamiento del 29 de junio, hemos alertado acerca de la actitud de adoptar frente a quienes incitan al golpismo. La prensa reaccionaria, el PDC y el PN, e incluso algunos altos oficiales, públicamente han sostenido que nuestros llamados tienen por objetivo destruir las FF.AA. y que son abiertamente sediciosos. Parece el mundo al revés. Nosotros hemos llamado y seguiremos llamando a que ningún miembro de las FF.AA. obedezca a las incitaciones golpistas de la oficialidad más reaccionaria.

¿Qué quieren? ¿Que llamemos a obedecer las incitaciones al golpe?

El reclamo contra nuestro llamado recuerda las quejas del delincuente que por anticipado reclama de la posible disposición de su víctima a resistir. Nosotros no llamamos a la desobediencia permanente, sino a desobedecer toda incitación al golpe de Estado, cuestión que hasta el Código Militar contempla. Quienes protestan en contra de nuestro llamado, con o sin uniforme, harían mejor en asumir y señalar con valor que lo que exigen es impunidad y obediencia al golpismo. Lo que hacemos es uso de una legítima forma de lucha y resistencia del pueblo ante la amenaza cavernaria y represiva del golpismo.

¿Cuál es el fundamento de nuestro llamado?

Que el 29 de junio un grupo de oficiales reaccionarios incitaron al golpismo, lo consumaron, fracasando después. Que uno de los jefes políticos del intento golpista, después de huir, en carta pública afirma que había otros oficiales y unidades comprometidas junto a otros sectores políticos y parlamentarios. ¿Dónde están esos oficiales? ¿Es que en días esos oficiales golpistas se han convertido en adoradores de la legalidad y del antigolpismo?

Por otra parte, no se ha informado de oficiales detenidos o removidos en otras unidades fuera del Blindado N. 2. Este no es un problema que sólo interesa a las FF.AA., están en juego la vida y el destino de millones de trabajadores.

– ChH: Hay una serie de querellas y detenidos por las FF.AA. por la propaganda que ustedes han desarrollado.

– ME: Eso es cierto, algunos oficiales reaccionarios se han permitido abusos y excesos. El almirante Huerta, en Valparaíso, no ocultó su molestia cuando Investigaciones le demostró que la bomba colocada en su casa la había colocado una organización de ultraderecha. En Concepción el abuso fue más allá, llevando a cabo provocaciones y luego querellas contra nuestra organización, cortaron el pelo a jóvenes y humillaron a muchachas. ¿Por qué el jefe de la III División, Gral. W. Carrasco, en vez de querellarse contra los universitarios no investiga qué cosas discute el coronel Luciano Díaz Medina, jefe de Estado Mayor del Cuartel General de su división, con Patria y Libertad? El movimiento de masas de San Antonio ha mostrado el camino correcto cuando todas las organizaciones de masas de San Antonio han denunciado públicamente los abusos del teniente coronel Manuel Contreras Sepúlveda, comandante de Tejas Verdes, y exigen al Gobierno su remoción.

– ChH: Cuando se aprobó la Ley de Control de Armas ustedes la calificaron de ley maldita, ¿qué opina usted de la actitud de Figueroa que hace algunos días pidió una modificación de dicha ley calificándola en los mismos términos que ustedes?

– ME: Esta es una ley reaccionaria presentada por el PDC, que si bien mereció al principio observaciones por parte de la UP, en su tramitación los parlamentarios de izquierda en general se abstuvieron; y, cuando el Gobierno tuvo en su mano la posibilidad de vetarla, adujo mañosamente error en el veto, quedando así sin posibilidad de insistir en éste; posteriormente, en el mes de octubre del año pasado, disponiendo de varios días, prefirió promulgarla en menos de 24 horas. Nosotros combatimos públicamente esta ley y la denominamos la “nueva ley maldita”. Que recientemente Luís Figueroa, vistas las consecuencias de su aplicación, la impugnó y señaló la necesidad de modificarla, si bien puede ser ya tarde, nos parece altamente positivo. Tarea urgente del movimiento de masas y del conjunto de la izquierda es denunciar el verdadero carácter de esa ley y luchar por su derogación o modificación. Actualmente, después de un intento reaccionario y golpista, después del robo de armamento pesado del Ejército por Patria y Libertad, después que éstos desatan una ola de atentados y terrorismo, y después de que el PN y el freísmo maniobran públicamente para generar un golpe de Estado, absurdamente las Fuerzas Armadas allanan fábricas, locales de la CUT y de partidos de izquierda. Más grave aún, algunos oficiales, como por ejemplo de la Armada, hacen despliegues de tropa y armamento que resultan ridículos cuando terminan recogiendo coligües y así no expresan más que el propósito de amedrentar a los trabajadores. Otros oficiales aprovechan de golpear y humillar a los trabajadores y cuando esto es publicado, otros, como el comandante en jefe de la Fuerza Aérea, amenazan públicamente con encarcelar a quienes lo publican. Todo esto obedece a la táctica que levantan las clases patronales, que impedidas de desatar el golpismo inmediato con la fortaleza de los trabajadores y la magnitud del antigolpismo en las Fuerzas Armadas, por el abuso de esta ley buscan desarticular a la clase obrera y colocar a las Fuerzas Armadas en contra del pueblo.

– ChH: ¿Qué opina usted del diálogo que se está abriendo con la DC?

– ME: Bajo la apariencia de un diálogo que busca la pacificación del país, en realidad se está proponiendo que los trabajadores, teniendo la fuerza suficiente, renuncien a la realización de sus objetivos. Recientemente se han venido construyendo las condiciones para este diálogo: la devolución de empresas intentada por la política del Ministro Cademártori, la tolerancia al desalojo policial de algunas fábricas por el Ministro Briones, órdenes de reprimir manifestaciones callejeras de los trabajadores por este mismo Ministro, que llamando al diálogo con sectores patronales, antes que dialogar con los obreros del Cordón Vicuña Mackenna, prefirió ordenar su represión, querellas contra el MIR de las Intendencias de Iquique y Concepción, ataques calumniosos e injuriosos de dirigentes de las Juventudes Comunistas al MIR. En realidad, este diálogo buscando un consenso mínimo esconde un proyecto de capitulación ante las exigencias de las clases patronales.

La DC es un partido burgués y reaccionario, el diálogo con su dirección desarma a los trabajadores. Si este proyecto de capitulación cristaliza, sus consecuencias serán gravísimas: se dividirá la izquierda, se generará la división de la clase obrera y el pueblo, y la ofensiva reaccionaria no sólo no será paralizada; sino que, cumplido su objetivo táctico de debilitar y dividir el campo de los trabajadores, cobrará nuevos bríos y caerá sobre los trabajadores y el mismo Gobierno con toda la fuerza y energía reaccionaria y golpista. Si de ganar tiempo y de paralizar la ofensiva reaccionaria se trata, esto sólo se logrará impulsando una vasta y extensa contraofensiva revolucionaria y popular que paralice al golpismo, que incorpore a los obreros democratacristianos y, sin renunciar a los objetivos de la clase obrera y el pueblo permita seguir tomando posiciones, impulsando, en los hechos, el programa revolucionario del pueblo, luchando por la democratización de las FF.AA. y desarrollando y fortaleciendo el poder popular, condiciones todas ellas que permitirán crear las condiciones para imponer un verdadero gobierno de los trabajadores.

 

¿Brotes verdes en la economía?: algunas interrogantes

por Albert Recio//

I

Oficialmente, la crisis ha terminado. Al menos, es lo que argumenta la versión oficial sobre la base de considerar que el nivel alcanzado por el PIB del segundo semestre de 2017 supera al del segundo semestre de 2008, cuando se considera que empezó el desastre.

Pero ya se sabe que el PIB es una medida poco fiable de la realidad económica. Convertir toda la enorme variedad de actividades económicas en una sola cifra exige adoptar un número tan grande de convenciones técnicas (y decisiones políticas) que pueden hacer variar el volumen del PIB con relativa facilidad. Sin perder de vista las actividades sociales útiles que el PIB no contempla, así como su ignorancia de los efectos negativos de la actividad económica convencional sobre el fondo natural del planeta y sobre las condiciones de vida. Hay consciencia creciente de lo inadecuado de esta medida, pero el discurso oficial sigue aferrado a viejas ideas y por eso se sigue tomando está cifra mágica como eje de la evaluación económica. Y, como la cifra da ahora un nivel parecido al de hace nueve años, pues ya podemos decretar el final de la crisis.

Ante tamaño anuncio propongo un ejercicio simple, de corte convencional. Comparar una serie de estadísticas económicas del momento de inicio de la crisis (la culminación de un período de auge) con la situación actual. Y ver en qué medida podemos pensar que simplemente se ha salido de una crisis profunda, de la misma forma que una persona se considera restablecida de una enfermedad cuando una serie de análisis indican que ha recuperado los parámetros anteriores a la misma.

II

Podemos empezar por la crítica más conocida. La recuperación económica no ha recuperado los niveles de empleo y, además, el nuevo empleo creado es peor que el destruido en términos de condiciones laborales, salarios etc.

Basta tomar unas pocas variables para constatar que esta evaluación es cierta.

La Encuesta de Población Activa ofrece unos datos contundentes: entre el segundo semestre de 2008 y el segundo de 2017 la población activa (la que esta empleada o busca empleo) se ha reducido en 305 000 personas, se han destruido 1,83 millones de empleo y el número de personas desempleadas ha aumentado en más de un millón y medio. Es decir, más paro, menos empleo y más personas desanimadas que han dejado de buscar.

La destrucción de empleo se ha producido tanto en el empleo asalariado como en el no asalariado en proporciones parecidas. Al final del período, la tasa de asalarización ha crecido ligeramente, menos de un 1 por ciento (pasando de 82,5 a 83,4 %). O sea que en conjunto hay una ligera mayor proporción de asalariados que de no asalariados, algo que no se corresponde con la percepción extendida que estamos asistiendo a la explosión del empleo autónomo.

Si de la cantidad pasamos a la calidad, las dos medidas que podemos utilizar son el peso del empleo a tiempo parcial y el del empleo temporal. Aunque puede haber muchas razones por las que una persona decida trabajar pocas horas, en general el empleo a tiempo parcial va asociado a niveles de ingresos bajos y a empleos situados en la parte inferior de la pirámide ocupacional (en términos de salarios, reconocimiento, posibilidades de carrera etc.). El empleo a tiempo parcial ha crecido, pasando del 11,7 % de todos los empleos al 15,2 %. Pero aquí las diferencias se agudizan si se considera tanto el estatus profesional como el género. Mientras que, en conjunto, el empleo a tiempo parcial de los asalariados ha pasado del 12,1 % al 16,5 % del total, el de los no asalariados se ha reducido del 10% al 8,5 %. El empleo a tiempo parcial representa el 26 % del empleo asalariado femenino frente a solo el 7,8 % para los hombres, aunque en ambos casos se experimentan aumentos porcentuales parecidos.

Solo los datos del empleo temporal podrían indicar una mejoría en la calidad del empleo. El porcentaje de empleo temporal se ha reducido en 2,5 puntos entre los dos períodos estudiados (del 29,3 % al 26,8 %), pero hay que ser cautos con esta evaluación. Al principio de la crisis había mucho empleo en la construcción, el sector donde el empleo temporal es siempre más elevado. Más bien lo que muestran estos datos que el empleo temporal está enquistado en el mercado laboral español, y esto a pesar de las diversas reformas laborales que ha debilitado de forma sustancial la protección al empleo, que para los economistas y políticos neoliberales es la razón que explica el crecimiento del empleo temporal.

Analizar el impacto de estos cambios en los salarios es más complicado por las propias limitaciones de las estadísticas salariales. Ya me ocupé de ello en una nota anterior (“Empleo y condiciones de trabajo en la recuperación”, mientrastanto, febrero de 2017). Hay evidencias que indican no sólo que los salarios se han moderado sino que esta moderación se ha centrado fundamentalmente en los niveles salariales más bajos. Las huelgas de las subcontratas de los aeropuertos, el movimiento de las kellys o de los autónomos de Deliveroo es una respuesta combativa a esta degradación laboral que las estadísticas recogen sólo parcialmente.

Con todo, algunos datos son contundentes. El peso de las rentas salariales en el PIB ha decrecido en casi 3 puntos (pasando del 49,8 % al 46,9 % entre 2008 y 2017). Es notorio poner en relación este dato con la tasa de asalarización a la que me he referido anteriormente, y que indica un aumento del peso de los asalariados de 1 %. Es decir, que una proporción mayor de personas activas se reparten una proporción sustancialmente inferior de la renta total.

La Encuesta de Condiciones de Vida, por su parte, es un buen indicador de esta degradación de los ingresos y las condiciones de vida de una parte de la población, con el aumento a lo largo del período del porcentaje de población en riesgo de pobreza (del 19,8 % al 22,5 %) y del que está en riesgo de pobreza y exclusión (que pasa del 23,8 % al 27,9 %). Este último indicador suma a la pobreza monetaria la exclusión del mercado laboral. Quizás tan significativo como estos datos resulta el análisis de la distribución de la renta que incluye la encuesta. La población se clasifica por deciles, el primer decil lo forman el 10 % de personas con menores ingresos, mientras que el 10º decil lo forman el 10 % de los que ganan más. Una cuestión interesante es analizar en qué cantidad de ingresos se producen los cortes. Cuando se consulta este dato se observa que para los 8 primeros deciles (80 % de la población) el punto de corte se produce a un nivel de ingresos sustancialmente inferior al de hace 8 años. Por ejemplo en 2008 el 10 % más pobre eran personas cuyos ingresos no alcanzaban los 6255 € al año; en la última entrega (2016) el corte se sitúa en 5297 €, o sea casi mil euros menos que hace ocho años. El porcentaje de reducción es mayor en los deciles inferiores, pero sólo en el 9 y el 10 el punto de corte es superior. Más pobreza y más desigualdad. La recuperación sólo funciona para unos pocos.

III

El impacto social negativo de las políticas aplicadas en la crisis es evidente. Y justifica las críticas a las políticas de austeridad. Pero sus autores mantienen una posición que los hace inmunes a las mismas: gracias a estas políticas se ha producido la recuperación y se han sentado unas bases sólidas para seguir creciendo y recuperar también empleo de calidad. Por eso conviene ver si realmente esta recuperación es realmente tan sólida, si se han aplicado reformas que han reforzado las estructuras productivas del país. Cuando empezó la crisis, la economía española mostraba enormes problemas que en el plano macroeconómico se concretaban en un tremendo déficit exterior y en un consiguiente endeudamiento externo.

El déficit exterior es un reflejo en parte de la estructura productiva de un país y de su estructura de consumo. Un país autárquico equilibrado permitiría satisfacer todas sus necesidades sin intercambio con el exterior. No hay evidencias de que tales países existan, pues la mayoría de países tienen relaciones con el exterior y el equilibrio refleja que el país produce una serie de bienes y servicios que vende en parte fuera para comprar en cambio aquello que no produce. En la práctica, muchos países no logran este equilibrio, y aquí nacen problemas para ellos mismos y para el conjunto de la economía mundial. Cuando empezó la crisis, España tenía un enorme déficit exterior, del orden del 6 % del PIB (básicamente debido al enorme desequilibrio en la balanza de bienes). En cambio, en los últimos trimestres existe un superávit superior al 2 %. Esto parece justificar a los que han defendido que el ajuste salarial era imprescindible para ganar competitividad y que el sacrificio salarial es la base de la recuperación.

Analizadas al detalle, las cosas son bastante más complejas. De una parte, el superávit se ha producido fundamentalmente por dos cuestiones: la enorme caída del precio del petróleo —el elemento más importante en la creación del déficit comercial—, y el fuerte aumento de los ingresos por turismo. Es cierto que se han producido mejoras en todos los sectores de especialización, y que ha aumentado el volumen de exportaciones. Pero esto puede deberse a múltiples causas: desde una reducción de importaciones de productos extranjeros más caros por la crisis al simple relanzamiento del mercado automovilístico, que constituye el principal producto de exportación, y cuya dinámica depende de las lógicas productivas de las grandes multinacionales del sector (y donde los costes salariales españoles ya eran sustancialmente inferiores antes de la crisis). Cuando se analiza la evolución de la estructura del PIB y del empleo no se advierte que se haya producido un cambio estructural profundo en el área productiva. El sector manufacturero ha seguido perdiendo empleo y peso. El turismo se ha reforzado en cambio como la gran “industria” nacional que nos convierte en un exportador de “materias primas” particular. Que la situación no ha cambiado mucho lo expresan los datos de la estructura del PIB: en los últimos trimestres, a medida que la recuperación se acelera, se está debilitando el superávit exterior y crece el déficit comercial. Cualquier aumento serio de los precios de los combustibles puede volver a generar enormes dificultades.

El otro gran problema era el elevado grado de endeudamiento de la economía española. Al inicio de la crisis, éste era fundamentalmente privado, de las familias y sobre todo de las empresas. Parte del ajuste, especialmente el plan de salvamento del sector financiero, consistió en transformar deuda privada en pública. Las cifras de deuda exterior (pública y privada) y de deuda pública ofrecen un panorama peligroso. Las cifras del segundo semestre de 2017 indican que la deuda exterior de España ha alcanzado un record en términos absolutos (1,91 billones de euros) y se sitúa ligeramente por debajo de su máximo histórico en términos relativos (un 170 % del PIB frente a un 174,6 % de máximo en 2010). Aún en términos netos (descontando los activos financieros españoles en el exterior) se sitúa en el 86,5 %, lo que supone un nivel de endeudamiento elevado. Si esta situación no se traduce en una grave tensión es fundamentalmente por la política monetaria del Banco Central Europeo, que ha generado una enorme liquidez y ha comprado ingentes cantidades de deuda. Pero un cambio en las políticas del BCE por cualquier tipo de razón puede poner a España en una situación de alta presión y en nuevas exigencias de ajustes insoportables. Por su parte, la deuda pública, tras los generosos planes de ayuda al sector privado, se sitúa en el torno del 100 % del PIB, sólo soportable en el contexto de bajos tipos de interés. Las políticas de austeridad no se han traducido en una reducción sustancial de la deuda, como se ha propugnado, sino todo lo contrario. El endeudamiento es endémico en el capitalismo actual por los desajustes que genera el modelo y por la enorme proliferación de mecanismos financieros que promueven su expansión.

No hay por tanto ninguna evidencia sólida que indique que realmente se ha producido un cambio en profundidad en el modelo productivo que justifique la promesa de una recuperación sólida que acabe con la pobreza y la precariedad. Son sólo circunstancias favorables —como el bajo precio de los combustibles, la política monetaria expansiva o el hiperdesarrollo turístico— las que han permitido generar una sensación de mejoría que, cuando menos, se presenta potencialmente inestable.

IV

La crisis económica de 2007 ha tenido graves costes sociales en nuestro país. Toda crisis los tiene, y las políticas aplicadas (en parte impuestas por los organismos internacionales, en parte promovidas gustosamente por las clases dirigentes locales) no han hecho más que agravar sus costes. Y han provocado cambios estructurales (como la reforma laboral, la liquidación de un sistema financiero para-público, los ajustes en servicios públicos básicos, la reforma inconclusa del sistema de pensiones…) que conducen a un modelo social de elevadas desigualdades y problemas recurrentes para enormes masas de población. No sorprende que, para algunos, la crisis sea vista como una cortina de humo para justificar estas políticas. Aunque sea un razonamiento inadecuado: la crisis es un producto normal del funcionamiento de una economía capitalista con tendencias al caos. Lo que ocurre es que una vez planteado el problema y el desastre, ha sido fácil para las élites aplicar las políticas más adecuadas a sus intereses (y más próximas al “sentido común” de sus intelectuales orgánicos).

La crisis, en gran parte resultado por el modelo de globalización neoliberal, curiosamente ha provocado un reforzamiento (con variantes) de la misma. En parte porque las élites no se han tenido que confrontar con una oposición que tuviera tanto fuerza social como ideas y proyectos mínimamente sólidos y estructurados. Veníamos de un largo período de derrotas y debilitamiento de los movimientos sociales, de las clases subalternas, y hemos sido incapaces de reconstruir a corto plazo una alternativa.

Lo más dramático es que, además de imponer medidas de un coste social brutal, no parece que las mismas hayan permitido superar los problemas macro y microeconómicos que están en la base de los problemas económicos convencionales de la economía española (desempleo, precariedad, déficit exterior, etc.). Y, por eso, las demandas de ajuste volverán a reaparecer en cuanto cambien los factores coyunturales que ahora dan un cierto respiro.

Cambiar el modelo productivo es más fácil de decir que de hacer en economías capitalistas, donde existen poderes económicos muy consolidados, donde las grandes empresas tienen dificultades para transformarse, donde las instituciones y poderes internacionales ejercen una presión desmesurada sobre las políticas locales… Y también en sociedades que han tratado de salir de la lógica capitalista y que tienen enormes dificultades para salir de sus viejas líneas de especialización, no sólo por la presión de los bloqueos externos. Y esta dificultad de cambio choca con la persistencia de problemas económicos de todo tipo: desequilibrios macroeconómicos, endeudamiento insoportable, paro, pobreza, desigualdad, degradación ambiental… Problemas que exigen transformaciones radicales. Transformaciones que demandan políticas bien pensadas, ideas y fuerzas sociales capaces de salir del marasmo en el que, digan lo que digan los voceros del poder, seguimos atrapados.

 

 

Unidad Popular: La Revolución Frustrada

por Antonio Calderón//

 
Hacia fines de los años sesenta en el cono sur de América comenzó un ascenso revolucionario de las luchas obreras y populares, que coincidió con el ascenso mundial de esos años. Este fue el telón de fondo de los procesos nacionalistas burgueses de Velasco Alvarado en el Perú, de Torres en Bolivia, de Allende y la Unidad Popular en Chile.

En 1967 irrumpió en la región la espontaneidad estudiantil universitaria motivada por reivindicaciones democráticas y gremiales. Le siguieron y se combinaron con ella, poderosas movilizaciones de las masas urbanas, en las que se destacó la participación del movimiento obrero organizado. Fue el Paro Nacional de 1967 en Chile, la huelga de la carne en Uruguay, el Cordobaza de 1969 en la Argentina.

En los últimos años del gobierno demócrata cristiano en Chile –la DC había llevado a Eduardo Frei a la presidencia en 1964 y su mandato termino en 1970- la crisis que se descargaba sobre los trabajadores en la forma de la carestía de la vida, bajos salarios y desocupación, provocó luchas del movimiento de masas.

Esas luchas confluyeron el 22 de noviembre de 1967 en un exitoso Paro Nacional y se abrió un ascenso incontenible. En 1968 pararon prácticamente todos los gremios del país.

Con razón al informar al Quinto Congreso Nacional de la Central Única de Trabajadores (CUT), a fines de ese año, bajo el lema “Unidad de los trabajadores para los cambios revolucionarios”, Luis Figueroa, su secretario general diría: “El nivel alcanzado por la lucha y la organización de los trabajadores pone al país frente a un hecho nuevo. Cualquier intento de solución de los problemas de Chile no puede prescindir de la clase obrera organizada. Hoy la actitud de toda persona, grupo, sector o partido, se mide en relación al papel que le asignan los trabajadores”[1]

En la campaña electoral que llevó al triunfo de Allende, el ascenso llegó a su pico: “No transcurrió un día sin que estallara una huelga, sin que se produjera una toma de terrenos o en que 10, 50 y hasta 200 fundos no permanecieran ocupados por sus trabajadores. En pleno desarrollo de la campaña se llevó a cabo el primer paro general campesino de la historia del país, y 55 días antes de la elección se realizaba exitosamente una huelga general acordada por la Central Única de Trabajadores”[2]

La organización política del proletariado, en grandes partidos de masas, dio un salto espectacular en la campaña electoral con la organización de 15.000 Comités de Base de la Unidad Popular, que cubrieron todo el país y que se convirtieron en centros de agitación y propaganda política, y en perspectiva, en potenciales órganos de poder popular.

 

LA POLÍTICA FRENTEPOPULISTA

En el contexto del poderoso ascenso de los años sesenta de los partidos socialista y comunista –este último era el más implantado y más votado en el seno del proletariado- lanzaron la propuesta política que daría origen a la Unidad Popular.

La concepción de fondo detrás de esa propuesta no era una novedad para el país. Se trataba de la política eje por la que luchó el PC durante décadas, aunque con algunos aspectos importantes que fueron variando en distintas etapas.

Partiendo del supuesto de que Chile es un país semifeudal y no capitalista, el PC proponía impulsar un proceso democrático burgués encabezado por la burguesía industrial, cuyo propósito sería la realización de las tareas agrarias y antiimperialistas pendientes. La realización de esta etapa era condición sine qua non para avanzar posteriormente a una segunda etapa socialista. Por ello la clase obrera estaba obligada a aliarse con la burguesía chilena y aceptar ser explotada por ella en este proceso.

En los años 30, el PC impulsó –a partir de la orientación definida por Stalin- el Frente Popular con el representante político de la burguesía industrial, el Partido Radical. Salvador Allende se integró como ministro al primer gobierno frentepopulista de Chile en 1936. El Frente Popular en el gobierno se desacreditó ante las masas por su política de defensa de la burguesía. Los integrantes del Frente popular, especialmente el Partido Radical, quedaron muy debilitados.

En la década del cuarenta, reflejando la política de Stalin de hacer frentes con los “imperialismos democráticos” para enfrentar el ataque de la Alemania nazi, el PC chileno impulsó la Alianza Democrática (AD), que representaba el intento de un frente con sectores burgueses, agentes y socios de Inglaterra y Estados Unidos.

En los años cincuenta, el Frente de Acción Popular (FRAP), reflejó el nuevo viraje de la burocracia soviética en la guerra fría. Nuevamente el PC comenzó a poner el acento en las consignas antiimperialistas.

El PC intentó establecer un frente con la Democracia Cristiana para las elecciones de 1964 y 1970, pero en ambos casos las tratativas resultaron infructuosas.

Sólo fracciones minoritarias de la burguesía se integraron a este último proyecto frentepopulista. En realidad la burguesía industrial y el Partido Demócrata Cristiano (PDC), a los que el PC quería convencer que tomaran un rumbo “progresista” y “antiimperialista”, tenían profundas razones de clase para negarse.

Los sectores industrialistas de la burguesía, desde su origen, tenían un alto grado de interpenetración con la burguesía agraria latifundista. Así es como”aproximadamente un 17% de los grandes empresarios o sus familiares son dueños de más de un latifundio. Entre los dueños de propiedades múltiples, el término medio indica cerca de tres fundos por empresario”[3] De otro lado, este mismo sector burgués y el gobierno demócrata cristiano, son los responsables del mayor proceso de desnacionalización de la induastria, mediante la asociación con el capital imperialista, cuya penetración fue facilitada por las regalías estatales con las que lo favoreció Eduardo Frei.[4]

El Partido Socialista acompañó permanentemente al stalinismo en la política frentepopulista. En el PS se reflejaron tendencias hacia la ruptura con la burguesía –en el Congreso de 1967 reafirmaron la llamada política del frente de los Trabajadores, que hablaba de trazar una divisoria de aguas con la burguesía- pero ese clasismo de palabra nunca fue su orientación fundamental. Aunque el PS protestó en algunas oportunidades por la presencia del Partido Radical en los frentes, nunca llegó a amenazar seriamente con la ruptura, Salvador Allende, por de pronto, encabezó la fórmula de la Unidad Popular en las elecciones de 1970, aceptando la presencia del Partido radical en la alianza.

 

LA BURGUESÍA ACEPTA A LA UNIDAD POPULAR

El 4 de septiembre de 1970 se realizaron las elecciones. Allende ganó con 1.075.616 votos. Le siguió el candidato del Partido nacional –la organización de derecha a la que habían apostado el imperialismo y la burguesía chilena- con 1.036.278 votos. El último lugar fue para el candidato demócrata cristiano con 824.849 sufragios.

Allende había logrado la primera minoría por escaso margen de votos. De acuerdo con la ley electoral, si ningún frente o partido lograba más del 50% de los votos, el Congreso debía elegir el presidente entre los candidatos más votados. La burguesía, a través de sus partidos, debía decidir si permitía el acceso al gobierno de un frente popular por primera vez desde los años treinta.

Allende ya se había mostrado como un fiel defensor de la burguesía desde su ministerio en el año 1936. Ante el nuevo ascenso, el líder del PS que gozaba de gran prestigio ante las masas, podría actuar nuevamente como un freno eficaz para las luchas obreras y populares que asustaban a la burguesía. Pero además del miedo de los capitalistas a las luchas obreras y populares, jugó a favor de la Unidad Popular la división pronfunda que se había producido en la burguesía. Un sector representado por el PN estaba decidido a mantener una estrecha sumisión al imperialismo. Otra ala, representada por la DC, aunque no aceptó integrarse a la UP, ante la votación obtenida por esta, resolvió negociar con los dirigentes de los partidos obreros, un acuerdo por el que la UP se comprometía a contener la movilización obrera y popular desde el gobierno, y a tomar medidas para limitar la rapiña imperialista y favorecer a la burguesía chilena.

El Estatuto de Garantías de Libertades, elaborado por una comisión mixta UP-PDC, estableció garantizar todos los derechos de la oposición, en especial el acceso a los medios de comunicación de masas, la inamovilidad de los funcionarios públicos y el mantenimiento de todos los cargos en la administración del Estado. El compromiso de que la UP respetaría la autonomía universitaria y, por sobre todo, que no se desmantelaría a las fuerzas armadas burguesas ni se intentaría crear una milicia popular. Obviamente la UP se comprometió a no tocar la sacrosanta propiedad de la burguesía industrial chilena.

Firmado este acuerdo, la DC le otorgó su voto a Allende en el Congreso, reflejando que el gobierno de la Unidad popular ya era aceptado o tolerado en esas condiciones por la mayor parte de la burguesía y las instituciones del Estado burgués; el parlamento, donde retenían la mayoría el PDC y el Pn para frenar todo proyecto de ley demasiado “progresista”, la justicia, las FFAA y la policía.

 

EL FRENTE POPULAR ANTIIMPERIALISTA

El gobierno de Allende fue el último recurso de la burguesía chilena ante el resquebrajamiento del régimen por la crisis económica y el ascenso de masas. Por eso permitió y favoreció la entrada de partidos obreros al gobierno y el establecimiento del frente popular.

Allende constituyó un gobierno de frente popular antiimperialista. Este tuvo un carácter contradictorio: progresivo por un lado, por cuanto tomó medidas antiimperialistas y favoreció algunas reivindicaciones obreras y populares; pero contrarrevolucionario porque frenó y reprimió la movilización independiente de los trabajadores.

Trotsky definió este carácter dual así: “Por supuesto, el frente popularen América Latina no tiene un carácter tan reaccionario como en Francia y España. Tiene un carácter dual. Puede tener una actitud reaccionaria en tanto que está dirigido en contra de los trabajadores; puede tener una actitud progresiva en tanto está dirigido contra el imperialismo”[5]

Valga aclarar que los frentes populares en los países atrasados también pueden formarse de acuerdo con el imperialismo. Un ejemplo muy claro fue la Unión Democrática que integraron en 1946 en la Argentina el PC, el PS, una organización burguesa como la Unión Cívica Radical y con abierto apoyo y patrocinio del embajador yanqui, Spruille Bramen, para enfrentar al peronismo.

Pero en el caso de Chile, Allende tomó medidas antiimperialistas, como la nacionalización de la banca y las empresas en manos imperialistas, tratando de utilizar al servicio de esa política las crecientes movilizaciones obreras y populares. El otro aspecto de su política fueron las concesiones salariales y democráticas que le permitieron ganar apoyo entre los trabajadores para las nacionalizaciones; por eso incorporó representantes de las organizaciones obreras y populares a los ministerios. Pero al mismo tiempo, reprimió y atacó todas las luchas obreras y populares.

Sus primeras medidas le dieron gran popularidad: aumento de salarios en un 35% _que también permitió reactivar el mercado interno-, el reparto de medio litro de leche diario para los niños, y la disolución del odiado Grupo Móvil de Carabineros, una fuerza de represión callejera que enfrentaba las movilizaciones obreras y había cobrado numerosas víctimas.

 

LAS NACIONALIZACIONES

En Diciembre de 1970 se inició el proceso de nacionalización de la banca . Al año se creó un sistema de banca estatizada que controlaba el 90% del crédito del país. Además, unas 90 fábricas pasaron a la esfera social y mixta. “De acuerdo a datos oficiales, estas fábricas del área socialabsorvieron el 20% del producto realizado por toda la industria y un 18% del empleo industrial. A su vez el estado controla actualmente, el 85% del comercio exterior de exportaciones y el 45% de las importaciones. Política que ha servido para disminuir la desocupación que pasó de 7,2% (1970) a 3,9% en 1971. El poder adquisitivo de los sectores populares también creció durante este año: un 12% para los empleados, y un 38% para los obreros agrícolas e industriales. En el terreno habitacional hubo progresos manifiestos: durante el primer año del gobierno de Allende se contrataron arriba de 100.000 habitaciones en contraste con las 25.000 construidas en 1970. Las posibilidades dentro de la enseñanza aumentaron…”[6]

En el campo se aceleró la reforma agraria que había comenzado Frei. En veinte meses se expropiaron más de 2.500 fundos, por la presión de la movilización agraria, en particular de los indígenas mapuches en el sur del país, que “corrían los cercos” para recuperar sus ancestrales tierras.

Las medidas que más golpean en la situación nacional e internacional son las nacionalizaciones de los principales recursos básicos de Chile. Como dice la exposición de motivos de la ley de nacionalización de la Gran Minería del Cobre, adoptada por unanimidad del parlamento, “en algo más de medio siglo los monopolios norteamericanos han sacado de Chile [por conceptos de ganancias y amortizaciones. N. del A.]el equivalente a todo lo creado por los ciudadanos en forma de industrias, puertos, alojamientos, escuelas, hospitales y comercio, durante toda su historia”. Recuperar el cobre para el patrimonio del país, y junto con el hierro, el carbón, el salitre y el cemento, eran medidas altamente progresivas.

Estas medidas nacionalistas, junto a las nacionalizaciones de la banca, la industria y el comercio respondían a la exigencia de la movilización de las masas, pero también eran una manera de hacer frente a la catastrófica situación económica en que el país había quedado después del gobierno de Frei. A través del control estatal de la economía, se buscó centralizar las reservas e impedir el deterioro de las relaciones económicas fundamentales. El Producto Nacional Bruto, esto es, todos los bienes y servicios que se producen en el país, aumentó en un 6,7% superando así el estancamiento de los últimos años del gobierno de Frei.

 

EL MOVIMIENTO DE MASAS

El movimiento de masas ganó confianza para luchar. Esto se ve con toda claridad en el movimiento indígena y campesino.

“En 1970 es Cautín (septiembre a diciembre) el que explota. Se producen más de 100 tomas de fundos totales o parciales. Es el campesinado mapuche que reivindica las tierras que considera usurpadas. Pero ya en el año 1971, el 38% de las huelgas son de carácter económico salarial y otro 30% es para exigir la expropiación de los predios… Los esquemas estatales de reforma agraria son sobrepasados y el gobierno de la Unidad Popular se encuentra ante situaciones de hecho que le es difícil controlar. El “Cautivazo” como llamó la prensa las ocupaciones de tierra en cautín, provocó la instalación del Ministerio de Agricultura en Temuco, el cual debe responder a las presiones, aumentando el ritmo expropiatorio. Después… se generaliza en el país”[7]

Las masas lograron algunas conquistas y dieron confianza al gobierno. En las elecciones municipales de 1971, la UP consiguió la mayoría absoluta de los votos emitidos con el 50,9%. Esa confianza duró hasta bien avanzado el proceso. El 4 de marzo de 1973 la Unidad Popular logró el 43% de los votos para la renovación parlamentaria y así impidió que el bloque burgués lograra una mayoría de dos tercios en el Congreso, suficiente para derribar al gobierno por vía constitucional.

 

UN GOBIERNO BURGUÉS

Sin embargo hay algo que muestra con toda claridad el carácter burgués del gobierno de la Unidad popular: en ningún momento intentó apoyarse en la movilización de las masas y sus éxitos electorales para aplastar a los partidos y las instituciones de los capitalistas donde se organizaba la contrarrevolución.

Allende respeta escrupulosamente la promesa de no tocar a los funcionarios hostiles. Declinó enfrentar a la Corte de Justicia que protegía a los complotadores. Con la policía y las FFAA tuvo un trato obsecuente. Autorizó compras de material militar en EEUU por cuatro veces el valor de lo que se gastó. Mantuvo los pactos de instrucción y maniobras con el ejército norteamericano y nombró oficiales superiores en los consejos de administración de las minas nacionalizadas, la siderurgia, la energía nuclear y otras. Correlativamente, castigó toda reivindicación democrática para los soldados, que el mismo programa de la UP contemplaba. En septiembre de 1971, el periódico del MIR, “El Rebelde”, fue incautado por reclamar derechos democráticos para los uniformados.

 

EL BOICOT

En el último semestre de 1971, se empezó a derrumbar la estructura económica del gobierno de Allende. El precio del cobre, el principal producto de exportación del país, cayó como producto de la crisis internacional, de 60 centavos de dólar la libra a 47 centavos. Esta caída se dio en momentos en que los productos alimenticios que Chile compraba en el mercado mundial, experimentaban un alza.

La difícil situación de la balanza comercial se agravó por el inicio del bloqueo de estados Unidos al gobierno de Allende, como protesta por la nacionalización de las minas de cobre, y la negativa chilena a renegociar la deuda externa de 4.000 millones de dólares.

Las firmas en poder del estado se descapitalizaron, obligadas a vender a precios congelados, mientras la oposición burguesa, unida en el parlamento, boicoteaba todas las medidas destinadas a darle recursos a las empresas fiscales.

En estas circunstancias, el gobierno adoptó la política de permitir los aumentos de salarios que los trabajadores reclamaban para 1972, y de precios para la industria privada no estatizada. Esto aumentó la producción y las ganancias de la burguesía industrial y comercial.

Las ganancias nunca fueron invertidas, pues la mayor parte salió del país. Se crearon así las condiciones para que la escasez de productos y el congelamiento de los precios de los productos en el mercado, en un circuito en manos de los particulares (sólo entre un 20-30% era controlado por el Estado), diera paso a un gigantesco mercado negro que sumió en el caos la economía del país.

 

LA SITUACIÓN SE DETERIORA

En el plano político comenzaron a diferenciarse las dos tendencias burguesas que habían competido con Allende en las elecciones de 1970. La DC propiciaba el reemplazo del gobierno frentepopulista por la vía constitucional, mientras que el PN proponía la destrucción de las instituciones democráticas por la vía de un golpe y la imposición de un gobierno autoritario y proimperialista

La crisis económica y el deterioro del gobierno hicieron que las masas pequeñoburguesas se volvieran enemigas rabiosas de la UP y tomaran el camino de la resistencia extraparlamentaria que proponía el PN.

El 9 de Octubre de 1972 se desencadenó un paro de los camioneros, el principal medio de transporte del país. Días después le siguieron otros gremios de la pequeño burguesía. El objetivo del movimiento era paralizar el funcionamiento del país, provocar el desabastecimiento general y crear así las condiciones para una capitulación del gobierno o su derrocamiento.

 

UN RÉGIMEN KERENKISTA

La creciente polarización de la situación política, el giro a la derecha de la pequeñoburguesía y el ascenso obrero, fueron debilitando y volviendo cada vez más inestable al gobierno de Allende.

El pico álgido fue el paro del 9 de Octubre. Allí, Allende quedó suspendido en el aire, presionado entre la ofensiva burguesa y el movimiento de masas que comenzó a organizar los cordones industriales.

El gobierno profundizó así su carácter inestable, kerenkista, de debilidad y de emparedado entre las dos fuerzas.

El hecho decisivo para ello fue la creciente movilización obrera y el surgimiento de embriones de poder obrero y popular, expresado en los cordones industriales, que representaron la más alta forma de organización obrera surgida del proceso.

La extensión de este nuevo poder dio lugar a una situación de doble poder, que Lenin y Trotsky calificaron como régimen Kerenkista, aludiendo al período posterior a la revolución de febrero de 1917 en Rusia donde hubo un doble poder: el de los soviets obreros y campesinos y el del Estado burgués encabezado por Kerensky.

 

LOS CORDONES INDUSTRIALES

Mientras crecian las huelgas y las ocupaciones de fábrica para obligar al gobierno a expropiar empresas y pasarlas al Área de Propiedad Social (APS), comenzó este proceso de autoorganización obrera.

En junio de 1972 se formo el Cordón de Cerrillos, que era una coordinación de fábricas de esta zona. El Cordón adoptó un programa radical que exigia el traspaso de sus fábricas al área social y que utilizaba métodos de acción directa, como el corte de los caminos de acceso a Santiago para apoyar sus peticiones. La CUT de la comuna de Maipú, donde se encuentra la localidad de Cerrillos, desaprobó la formación del Cordón y sus métodos, demostrando como el Cordón desbordaba al sindicato, reflejando que los obreros querían ir más allá de lo meramente reivindicativo, y la creciente insatisfacción con la CUT y el Gobierno de la UP.

Un mes más tarde se formó la Asamblea Popular de Concepción, que es la segunda ciudad más industrial del país, y que reunió a todas las organizaciones de izquierda, excepto al PC, y a centenares de organizaciones obreras y populares.

La asamblea fue duramente atacada por Allende y la UP, porque aunque nivel regional, expresaba la perspectiva de un poder obrero para nada agradable a los ojos del gobierno.

Así, ante la resistencia burguesa, ante el paro organizado por los camioneros en octubre de 1972, se comenzó a extender este nuevo poder. Se dieron formas de autoorganización para solucionar los problemas de abastecimiento, relegando a la CUT, prácticamente integrada al gobierno de Allende.

El ascenso obrero y popular de octubre fue el punto más alto de la radicalización. Se organizaron las Juntas de Abastecimientos y Precios (JAP) y los almacenes populares de regulación.

En síntesis, este nuevo poder que surgía representaba la profunda dinámica anticapitalista del proceso chileno. Para la vanguardia comenzaba a ser cada día más claro que la única salida era avanzar más y más, expropiando a la burguesía y sobrepasando la institucionalidad burguesa.

 

LA UP CEDE

Mientras la clase obrera intentaba frenar a la contrarrevolución, el gobierno de la UP cedía permanentemente ante la ofensiva imperialista y burguesa. En vez de apoyarse en la movilización de las masas populares para avanzar en las expropiaciones, dominar la distribución y acabar con el mercado negro, Allende dio a la burguesía garantías de que reprimiría los “excesos” de las masas, y reajustó su plan de expropiación original, lo que implicaba devolver la mayoría de las empresas en manos de los trabajadores. Ya en Junio de 1971 había decretado el estado de emergencia en Santiago, dando así plenos poderes a los militares para dirigir el orden interno. En ocasión del paro de octubre, Allende dio una vuelta más a la tuerca en su giro a la derecha, decretando el toque de queda y nombrando luego a tres militares como ministros, inaugurando así lo que se conoció como el gabinete UP-militares.

Este giro fue minando la popularidad de Allende, que en las elecciones del 4 de Marzo de 1973 vio caer su votación, aunque mantuvo aún una amplia base de apoyo -43%- que frustró los objetivos del bloque burgués.

 

LA IZQUIERDA

Las direcciones de la izquierda, en vez de aprovechar esto para hacer retroceder a la burguesía insurrecta, que ya había intentado un golpe de estado en octubre del ’72, reafirmaron su convicción reformista, de hacer una revolución por la vía pacífica y en los marcos de la institucionalidad burguesa.

Días después del 4 de marzo, Luis Corvalán, Secretario General del PC declaraba a la revista Hoy: “…es posible en las condiciones concretas de nuestro país, realizar la revolución antiimperialista y antioligárquica y construir el socialismo sin necesidad de un enfrentamiento armado … Pero así como hasta hoy hemos logrado atar las manos de quienes han buscado este tipo de enfrentamiento, creemos posible en el futuro aislar y derrotar a esos sectores y por lo tanto sostener la gobierno, profundizar simultáneamente el proceso revolucionario y, sobre esta base ganar a la  mayoría del país logrando así una generación en la elección de 1976, de un nuevo gobierno revolucionario. Se trata de una perspectiva audaz, que dará origen posiblemente, a opiniones en contrario…”

En las elecciones de 1972, los sectores más a la izquierda del proceso, como el MIR, continuaron apoyando a la UP, y votaron críticamente por el PS. De esta manera, se negaron a presentar una alternativa a la vanguardia radicalizada que empezaba a romper con el gobierno de la UP y a buscar una dirección revolucionaria en su lucha.

El PS y su dirección “izquierdista”, que conocían la radicalización de la clase obrera y su vanguardia y la organización de los cordones industriales, formados mayoritariamente por militantes socialistas, acompaño con un lenguaje izquierdista el desplazamiento de las masas, pero para mantenerlas dentro de la UP y su política reformista. De esta forma, en ningún momento propusieron tareas independientes concretas para la clase obrera, para romper su supeditación a la política del gobierno.

 

EL TANCAZO

Ante la imposibilidad de sacar constitucionalmente a Allende, la burguesía, unida en la Confederación Democrática –CODE, que une a todos los sectores políticos capitalistas- se volcó nuevamente a la movilización extraparlamentaria. El 29 de junio, bajo la dirección política de Patria y Libertad, se alzaron algunas unidades de un regimiento blindado de Santiago. Fue un verdadero ensayo general de golpe de estado. En la práctica significó la integración de las FFAA a la estrategia contrarrevolucionaria de la burguesía.

El Tancazo, como se llamó a la intentona militar, desató una contraofensiva obrera y popular que superó a la de octubre del’72 en organización y coordinación. La clase obrera ocupó todas las fábricas. Los Cordones industriales y otros organismos de base se reactivaron y generalizaron en las ciudades más importantes del país. Los trabajadores asumieron las tareas de vigilancia en las empresas y el control obrero en la empresa privada. Aparecieron periódicos clasistas. La revista Chile hoy que informa de las movilizaciones de los cordones industriales el 29 de junio, muestra la situación en los siguientes términos: “…el consejo Comunal Campesino de Maipú ocupó todos los fundos, cortó los caminos y el abastecimeinto a los intermediarios, entregandolo exclusivamente al mercado popular de la comuna, que desde hace algunas semanas permanece bajo el control de los pobladores. Los campesinos requisaron los vehículos y se pusieron bajo las órdenes del comando central del Cordón Cerrillos”.

En las semanas siguientes se planteó el problema del poder en los centros obreros. En los cordones se inició la discusión sobre la necesidad de materializar la hegemonía obrera, de dotarse de una dirección, y de que ellos mismos debían acometer la tarea. Los Cordones Industriales decidieron centralizar sus fuerzas y conformaron la Coordinación Provincial de Cordones Industriales”

En su primera declaración pública la Coordinadora Provincial de Cordones Industriales reafirmó: “el rol hegemónico de los cordones sobre las organizaciones embrionarias de poder popular (Comandos Comunales). Todos los sectores aliados del proletariado participan en estos comandos, en los cuales la hegemonía de los Cordones, la clase obrera organizada, debe estar garantizada. Esto asegura que sea el proletariado el que conduzca el proceso y el carácter socialista de la revolución”.

En los Cordones Industriales de santiago se agruparon algunas decenas de miles de obreros de las principales fábricas. En otras ciudades como Valparaíso, Concepción y Antofagasta, también se formaron Cordones Industriales, pero no alcanzaron el desarrollo de Santiago. Ni el PC, ni los partidos de la UP, ni el MIR participaron en la Coordinadora, pues consideraban que era una organización paralela a la CUT.

Allende, el PC y los restantes grupos de la UP se opusieron a los Cordones, pues estos eran la vanguardia organizada de la tendencia obrera, que se empezaba a diferenciar del gobierno y sus partidos. Esta tendencia que no tuvo un partido en donde ubicarse, encontraba sin duda una dirección en la Coordinadora de Cordones.

El MIR había levantado los Comandos Comunales, de existencia limitada, que justificaba como organizaciones más amplias que los Cordones, integrada por pobladores, estudiantes y otros sectores populares. Esto tiene relación con la concepción que el MIR había desarrollado sobre la revolución en Chile, en la cual la clase obrera no era el eje, sino sólo uno de sus componentes.

 

EL GABINETE DE SEGURIDAD NACIONAL

La estrategia de la burguesía apuntaba al desmantelamiento de los cordones, y para ello la DC exigió como condición para el dialogo con el gobierno (que lo buscaba afanosamente), el desarme inmediato de los grupos armados, es decir la represión a todas las tentativas de autodefensa y armamento popular que el proletariado había realizado para oponerse a la reacción burguesa. De otro lado exigió la devolución de todas las empresas que fueron tomadas después del Tancazo.

La aceptación de la UP de las condiciones de la DC, abrió un dialogo que llevó a la formación del llamado Gabinete de Seguridad Nacional, el 9 de Agosto del ’73. Este pavimentó el camino al golpe de estado. Las fuerzas Armadas invocando la ley de control de armas (una Ley reaccionaria promulgada por Allende en 1972) iniciaron los allanamientos a las fábricas escuelas y fundos, y la represión a la vanguardia obrera y popular.

Justificando la formación del nuevo gabinete, Allende declaró: “Llamo a este gabinete, el Gabinete de seguridad Nacional. Tiene por tarea defender a Chile, impedir que se separe al pueblo del Gobierno y al pueblo de las FFAA. Este gabinete tiene que imponer el orden político” [8].

Con los años, el PC y otros partidos de la UP han centrado el balance autocrítico de su comportamiento durante el gobierno de la UP, diciendo que no tuvieron política militar. Nada más falso. La declaración pública conjunta del PC y del PS sobre el Gabinete de Seguridad Nacional hace claridad sobre el tema: “Los reaccionarios se muestran indignados por la participación de las FFAA en el gobierno del presidente Allende, y han sostenido la impostura de que la UP pretendería profitar de su fuerza con fines torcidos. Por otra parte algunos sectores de la DC insinúan que deben participar como entes despersonalizados. Para nosotros está claro que no ofenderíamos jamás a las FFAA con una participación mezquina e interesada, marginal del proceso que vive nuestra patria. Ellas no pueden estar ajenas a las inquietudes que vive el pueblo de que forman parte. Más que sus armas, vale su sentido patriótico, su organización, su integración real o la decisión de avanzar por la senda de la independencia y la dignidad. Esto ha sido nuestra política invariable expresada desde los inicios mismos de este gobierno, al incorporar a la tarea de la liberación y del desarrollo, conceptos inseparables de la seguridad nacional…”[9]

La política militar consistía en incorporar a la oficialidad al proceso de la UP. Por ello es que mientras los partidos de la UP declaraban “el sentido patriótico” de las FFAA, en las mazmorras de la marina se torturaba a los marinos que habían tenido la osadía de denunciar ante el Presidente de la República la conspiración en la flota.

La lucha de clases en Chile penetró todos los poros de la sociedad, también las FFAA. Así como lo hicieron los Cordones y los Comandos Comunales Campesinos organizados en la base, sectores de la tropa y suboficialidad se organizaron para defender las conquistas del pueblo y colocar su esfuerzo para defender las libertades democráticas amenazadas por la conspiración gorila. Los marineros llegaron a organizarse en la flota y en la Escuela de Mecánica de la Armada, las mayores concentraciones de tropas navales.

 

ERA POSIBLE RESISTIR

Hubo hechos que muestran que era posible resistir y derrotar a la sedición. Esa política fue la de la autodefensa, y fue dirigida por un Cordón Industrial. “…En las fábricas se fabrican armas, bombas molotov, granadas, etc. Y también los partidos distribuyeron algunas armas cortas, además de algunos fusiles .. Por esta razón cuando los militares de la FACH fueron a allanar Sumar Nylon no llevaron ninguna orden. Tenían si, una orden para allanar una población cercana. Invadieron la población con un gran despliegue de fuerzas: 300 hombres, tanquetas y helicópteros. Allanaron la casa de una militante socialista e intentaron entrar a la fábrica. Pero los trabajadores exigieron de los militares la orden de allanamiento y como no la tenían, alegaron que no la podían allanar (está claro que había armas en Sumar Nylon). Así que cerraron las puertas de la fábrica y empezaron a resistir. Al mismo tiempo tocaron la sirena, como aviso a la fábrica y a las poblaciones del sector que la fábrica estaba siendo allanada… Entonces la gente de las poblaciones y de las fábricas cercanas salieron, cercando a los militares. Los militares hasta ese momento disparaban sobre la fábrica. Hirieron a dos obreros que resistían desde adentro, destruyeron algunas partes de la planta, pero fueron obligados a retirarse. Y se concentraron a ocho cuadras de distancia, esperando una oportunidad para volver a atacar. Pero frente a Sumar Nylon ya había cerca de cuatro mil trabajadores que pasaron allí toda la noche. Frente a esto los militares no tuvieron otra alternativa que retirarse”[10]

La resistencia fue silenciada por el gobierno y la UP. Algunos días más tarde las FFAA dieron el golpe de estado. En la mesa de operaciones de Pinochet y sus generales está la carta de Santiago y, en ella, marcados los Cordones Industriales donde los militares esperaban resistencia.

 

LAS RAZONES DE UNA DERROTA

Lo que el golpe vino a frenar fue el comienzo de una revolución obrera y socialista. Las masas giraban hacia el enfrentamiento con el gobierno burgués de la UP y una importante vanguardia se organizaba en los Cordones Industriales e, incluso dentro de las FFAA. Los organismos de auto-defensa armada de las masas se hubieran podido transformar en el brazo ejecutor que condujera a la insurrección y llevara al poder a las organizaciones revolucionarias de las masas.

Pero eso habla a las claras de la necesidad de una dirección política que tenga el objetivo de acabar con el estado, basado en esas organizaciones revolucionarias de las masas como los cordones Industriales. Obviamente el PC, el PS y los demás integrantes de la UP no tenían ese objetivo. El MIR, con toda su declamatoria de izquierda, nunca se elevó a comprender que el movimiento obrero y sus Cordones debían ser eje de una insurrección que debía desalojar al gobierno burgués. Esa falta de rumbo llevó al MIR a capitular una y otra vez a la UP.

En este camino la clase obrera y la revolución sufrieron dos derrotas que llevaron finalmente a que pudiera triunfar el golpe.

La primera derrota fue que se perdió la unidad del movimiento de masas y la pequeño burguesía fue ganada por el imperialismo y sus socios para la movilización contrarrevolucionaria. Cuando frente a la crisis económica y la ofensiva política proimperialista, la UP se puso de rodillas ante la burguesía y sus generales, la clase media fue en busca de una dirección que ofreciera una salida a la crisis. La clase obrera, por falta de un partido que marcara consecuentemente el camino de la revolución socialista, no pudo ofrecer una salida clara a la crisis. Quedaba la audaz vanguardia de la contrarrevolución, el PN y las bandas de Patria y Libertad que –saliendo del pantano parlamentario- ganaron las calles con su acción en defensa del orden capitalista y contra el “caos marxista”. Allí se fue la clase media.

La segunda derrota de la revolución se produjo cuando comenzaba a extenderse la autoorganización armada de sectores obreros y populares, incluyendo soldados y suboficiales de las FFAA. Al no centrarse esas fuerzas en una milicia popular, los soldados, suboficiales y los organismos obreros de autodefensa quedaron a merced de la represión. Los marineros y suboficiales rebeldes fueron torturados por la oficialidad gorila con el beneplácito de Allende. Y el mismo Allende llamó a reprimir los Cordones y promulgó las leyes que abrieron paso a los allanamientos.

Allende llegó a presidencia como producto de la crisis y la debilidad de la burguesía y el imperialismo. Bajo su gobierno la contrarrevolución encontró plena libertad para reorganizarse y preparar su ofensiva, mientras la UP desde el poder reprimía y confundía a las masas revolucionarias. Pinochet entró por la puerta que le abrió Allende.

[1] Citado en “Allende”, Colección Historia de América, Fascículo 43, B.aires.

[2] Idem.

[3] James Petras “Negociadores políticos en Chile”, en Monthly Review (enero-febrero 1970)

[4] Aranda, S. y Martínez, A., Chile Hoy –Estructura económica, Editorial Siglo XXI, México.

[5] Trotsky, L., “Conversaciones sobre América Latina”, en acerca de la liberación nacional, Editorial Pluma, Bogotá.

[6] González, E., La tragedia chilena. Editorial Pluma, B. Aires, 1974.

[7] Bengoa, J., Trayectoria del campesinado Chileno, Documentos del Grupo de Investigaciones Agrarias), Santiago.

[8] (El Siglo, 12 de Agosto de 1973).

[9] Declaración conjunta PC-PS, El Siglo Agosto 12 de 1973.

[10] Revista de América, Nº 11, noviembre 1973.

¿A qué “género literario” pertenece El Capital de Marx?

por Manuel Sacristán//

«Leer El Capital», el título que Louis Althusser escogió hace unos tres años para presentar una colección de estudios, era una frase pensada provocativamente: como protesta contra la moda  del «joven Marx», contra la creciente tendencia a leer a Marx como puro filósofo. Pero «Leer El Capital»  es también problema dese otro punto de vista, fuera de apasionamientos por o contra una moda. Para evitar esos apasionamientos, y también por brevedad, el problema de la lectura de Marx se va a plantear aquí de forma no polémica.

Una de las características más peculiares de la literatura acerca de El Capital es la extremosidad de los juicios que suscita su lectura. Eso es muy sabido y no vale la pena insistir aquí sobre ello. Recordarlo era, empero, oportuno, porque ese clima característico de la lectura de Marx sugiere ya algo acerca de la naturaleza de la obra de éste.

Más interesante es, probablemente, considerar un momento el tipo de estimación de El Capital –mucho más deseoso de decencia objetiva académica- característico de los grandes autores que no pueden permitirse, por su personalidad científica, una apología directa del capitalismo a través de una refutación grosera del libro de Marx, ni, por otra parte, pueden prescindir tampoco, dada su posición de clase, de una apología indirecta de ese orden por medio de una sesuda justificación de la tesis de la caducidad de El  Capital. Schumpeter es, probablemente, la más alta autoridad de esta distinguida categoría. Pero no es bueno invadir el campo de otros especialistas, y, por otra parte, la mencionada y distinguida categoría de autores comprende también a prestigiosos filósofos con los cuales el firmante de esta nota puede entendérselas sin tanto riesgo de mala comprensión por insuficiencia técnica.

El filósofo Benedetto Croce, contemporáneo de Schumpeter y titular, por algún tiempo, del alto trono ideológico luego detentado en Europa por autores como Bergson Heidegger, ofrece un buen punto de partida. Su comunidad histórico-cultural con Schumpeter es, por otra parte, considerable: también Croce ha pasado por la experiencia de una dilatada lectura de Marx, también él decide pasar cuentas con Marx, también explica -a veces- el marxismo sobre la base de una (para él errada) sobrestimación de Ricardo, etc. Pero, sobre todo, Croce ha expresado de una manera típica el problema tomado en esta nota. Lo expresa, por supuesto, como antimarxista. En varios de sus libros, y principalmente en la Historia de la historiografía italiana del siglo XIX, Croce, en el marco de una crítica general del marxismo, señala como principal objeción a los escritos económicos de Marx, especialmente El Capital, el hecho de que esos textos no componen un tratado homogéneo de teoría económica -o de «economía política», como tradicionalmente se decía-, sino un conjunto de «cánones» o métodos para la interpretación del pasado, más unos cuantos análisis y proposiciones de forma propiamente teórica, más un impulso «profetice» o «elíptico» hacia otro tipo de sociedad, al que lleva la acción política.

Este tipo de crítica no puede reducirse directamente a la corriente propaganda según la cual El Capital ha caducado hace mucho tiempo como análisis de la realidad capitalista. Indirectamente sí que se mueve en el mismo sentido, pues esa crítica viene a decir: la ciencia económica ha conseguido ya formas de teoría pura -como la física o la biología- neutrales respecto de toda empresa o todo programa político-social; la obra de Marx, como la de Ricardo, es anterior a ese nivel teórico; luego es una obra caducada.

Algo hay que aprender de esa liquidación sutil de El Capital y, en general, de los escritos de la madurez de Marx. Hay que aprender algo de ella porque recoge un hecho, aunque sólo sea para convertirlo en eje de una apología indirecta del capitalismo. El hecho en cuestión está al alcance de cualquier lector sin prejuicios demasiado inconscientes: parece claro que la lectura de la mayoría de las páginas del Marx maduro -incluidas muchas de El Capital– da inmediatamente la impresión de que uno está leyendo otro tipo de literatura que el que tiene delante cuando lee un tratado de teoría económica o una monografía sobre algún problema económico. Y la diferencia no se puede explicar solo por factores ideológicos, esto es, por el hecho de que la mayoría de textos económicos, didácticos o de investigación, que uno lee aquí y ahora arraigan inequívocamente en la base y en la cultura burguesas. Esa explicación no basta, porque también se aprecia una gran diferencia de género de lectura entre gran parte de El Capital y las exposiciones de Lange, Strumilin o Dobb, por ejemplo, acerca del funcionamiento de economías socialistas. (Por esto también resulta tan incorrecto y confusionario el uso por Althusser de la palabra «teoría» para referirse a todos los escritos de la madurez de Marx.)

Las palabras no son tan inocentes como pueden parecerlo. Las palabras por lo pronto, no van nunca -o no cuentan nunca- solas, sueltas: cuentan sólo en unas estructuras, los lenguajes (cotidianos o técnicos), que se presentan y funcionan como reproducción elemental e implícita de la realidad, porque son ellos mismos la articulación de conceptos más general con que los hombres perciben y piensan la realidad. Una de esas estructuras -la que aquí interesa- es la formada con los términos técnicos que son nombres de las  actividades intelectuales, los nombres de las ciencias, las teorías parciales las técnicas, las artes, etc. Su conjunto estructurado puede llamarse -usando una palabra clásica en metodología- sistemática del trabajo intelectual- sistemática del trabajo intelectual responde, en última instancia, a la división de ese trabajo, y en este sentido tiene una racionalidad: esa racionalidad justifica, por ejemplo, la creciente formación de neologismos para nuevas especialidades, etc. Pero como toda racionalidad lo es respecto de un sistema (o, a lo sumo respecto de un conjunto o una sucesión de sistemas), no puede sorprender el que esa racionalidad básica sirva ideológicamente como instrumento para cerrar la sensibilidad de los hombres que viven dentro de un sistema social respecto de producciones intelectuales que rompan de algún modo la sistemática del orden dado. Es frecuente entonces oír o leer críticas a esas producciones por confusas, acientífícas, no-artísticas, etc. Un ejemplo típico en otro terreno es la vieja negación del carácter artístico-teatral de la obra de Bertolt Brecht, o de una parte de ella (las piezas didácticas).

Se sugiere aquí que ése es también el caso de la crítica que podría llamarse «formal» o «metodológica» de los escritos de la madurez de Marx: efectivamente no entran en la sistemática intelectual de la cultura académica contemporánea, y efectivamente se equivoca Althusser al llamarlos simplemente «teoría». El «género literario» del Marx maduro no es la teoría en el sentido fuerte o formal  que hoy tiene esta palabra. Pero tampoco es –como querría Croce– el género literario de Ricardo. Y ello porque Ricardo no se ha propuesto lo que esencialmente se propone Marxfundamentar y formular racionalmente un proyecto de transformación de la sociedad. Esta especial ocupación -que acaso pudiera llamarse «praxeología», de fundamentación científica de una práctica- es el «género literario» bajo el cual caen todas las obras de madurez de Marx, y hasta una gran parte de su epistolario. Por ello es inútil leer las obras de Marx como teoría pura en el sentido formal de la sistemática universitaria, y es inútil leerlas como si fueran puros programas de acción política. Ni tampoco son las dos cosas « a la vez», sumadas, por así decirlo: sino que son un discurso continuo, no cortado, que va constantemente del programa a la fundamentación científica, y viceversa.

Es obvio -y desconocerlo sería confundir la «praxeología» marxiana con un pragmatismo- que esa ocupación intelectual obliga a Marx a dominar y esclarecer científicamente la mayor cantidad de material posible y, por lo tanto, que siempre será una operación admisible y con sentido la crítica meramente científica de los elementos meramente teóricos de la obra de Marx. Como también lo es la operación que consiste en continuar, completar y desarrollar los aspectos puramente teóricos de esa obra (como hizo Hilferding), o el conjunto de su praxeología (como hizo Lenin). Lo único realmente estéril es hacer de la obra de Marx algo que tenga por fuerza que encasillarse en la sistemática intelectual académica: forzar su discurso en el de la pura teoría, como hizo la interpretación socialdemócrata y hacen hoy los althusserianos, o forzarlo en la pura filosofía, en la mera postulación de ideales, como hacen hoy numerosos intelectuales católicos tan bien intencionados como unilaterales en su lectura de Marx.

Sugerida esa lectura de la obra madura de Marx, hay que añadir una advertencia para impedir, en la medida de lo posible, que la concisión, siempre involuntariamente tajante y categórica, sugiera también un despreció de la teoría pura, formal: la actitud de Marx, la actitud que aquí se propone llamar «praxeológica», ante la teoría pura no es ni puede ser de desprecio o ignorancia. La relación entre el «género literario» praxeológico y el de la teoría pura (en sentido fuerte o formal) no es de antagonismo, sino de supraordinación: para la clarificación y la fundamentación de una práctica racional la teoría es el instrumento más valioso, aparte de su valor no instrumental, de conocimiento. Marx lo ha sabido muy bien –todavía hoy admira su erudición- y eso hace de él, precisamente, una figura única en la galería de los grandes revolucionarios de la historia.

Muy probablemente el planteamiento más académico de esta cuestión consistiría en tomarse en serio el subtítulo de El Capital: «Crítica de la Economía Política». Una interesante tesis doctoral en Economía (en Historia de las doctrinas económicas) podría proponerse tomar en serio esa «interpretación autentica», como dicen los filólogos y los juristas, o sea, esa autointerpretación de Marx: podría estudiar en qué medida parafrasea la Crítica de la razón pura de Kant -y se podría apostar, como hipótesis inicial, que la parafrasea intencionalmente, aunque a través del «hegelianismo de izquierda»-; podría luego estudiar en qué medida eso supone que Marx no piensa estar haciendo Economía Política, sino otra cosa (su crítica) al modo como Kant no estaba haciendo «razón pura» tradicional (metafísica) sino otra cosa, sin abandonar por ello la temática cuya concepción tradicional critica, etc. Quede esta sugestión para algún estudioso de economía aficionado a la historia ideológica de su disciplina.

 (fechado en torno a 1968, publicado en el nº 66 de la revista Mientras Tanto en 1996, e incluido en el libro Escritos sobre El Capital (y textos afines))

Miles Davis: Blue Moods

Miles Davis, trompeta; Britt Woodman , trombón;Charles Mingus, contrabajo; Teddy Charles, vibráfono; Elvin Jones, batería.
…………………………………………………..
A1 Nature Boy – 6:14
A2 Alone Together – 7:17
B1 There’s No You – 8:06
B2 Easy Living – 5:03
 
Grabado en el Van Gelder Studio, Hackensack, New Jersey, 9 de julio de 1955.
 
La breve duración del trabajo, 26 minutos, una pieza legendaria de auténtico cool-jazz, obedece a una razón técnica y artística: la mayor profundidad y ancho de los surcos del disco, de forma de contener las bajas frecuencias del contrabajo que pasa en esta época de un instrumento rítmico a armónico. Son las primeras expresiones de la alta fidelidad.
 
Recomendamos escucharlo a oscuras, en noches de luna portuaria.
 
EP

El desfonde ético del Frente “Amplio” y los costos de una política sin política

por Daniel Giménez//
El reciente culebrón del Frente Amplio dejó en evidencia varias cosas relevantes para la política chilena de los próximos meses. Lo primero y más fundamental es que, según dictaminaron sus tribunos supremos, un hombre no podrá volver a hacer llamadas a una mujer por motivos políticos, puesto que, por el solo hecho de hacerlas, incurre en un acto de violencia de género (sic). Lo segundo y, ciertamente, menos relevante es que las jerarquías y funciones al interior del conglomerado están claras: Yioryio manda, Echecopar ejecuta y Boric obedece sin cuestionar ni pedir audios. ¿Y el resto de las siglas que, se supone, forman parte del tinglado? Bueno, son como las bolitas de los árboles de navidad: adornan, hacen volumen, pero pesan lo que pesan. Lo que, en definitiva, hizo el culebrón fue develar que el Frente “Amplio” tiene un dueño, un accionista mayoritario. Y vaya qué dueño… nada más ni nada menos que el del “colaboracionismo crítico”, un dato fundamental para entender por qué esta aventurilla política de la pequeña burguesía “progre” tiene fecha de vencimiento: el 20 de noviembre.Pero más allá de lo político, el culebrón puso en el foco un asunto un tanto más peliagudo y delicado para el estado actual de lo público en Chile: el real compromiso ético del Frente “Amplio”, que ha hecho de esta bandera, la ética, el centro del relato que le ofrece en estas elecciones a la sociedad chilena. Alberto Mayol fue vetado como candidato no por motivos políticos, sino porque, según reza el comunicado anunciando el veto, habría “cruzado límites éticos”.

Una declaración así de tremendista lleva inevitablemente a preguntas obvias: ¿quiénes son estos/as paladines/as de lo correcto como para dictaminar a nombre de la ética? ¿Qué estándares éticos encarnan y representan? ¿Qué consecuencia política tiene que, tras el affaire del distrito 10, el Frente “Amplio” hubiera sufrido un desfonde ético?

A responder esas preguntas está dedicada la presente columna. Pero antes de entrar en materia, y ya que hablamos del tema, por ética corresponde un “disclosure”: me une una profunda amistad a Alberto Mayol; somos amigos desde el año 1995, cuando nos conocimos como estudiantes en los pasillos de la Escuela de Sociología de la Universidad de Chile. Desde entonces Alberto es una persona cercana y de profunda confianza. Prácticamente forma parte de mi familia. Ha estado en grandes momentos y en momentos difíciles, sin arrugar. También ha sido un gran maestro; mucho de lo que sé de investigación social se lo debo a los años que trabajamos juntos y bajo su conducción después de egresar y titularnos.

¿Afecta esto a cómo pueda ver o juzgar el reciente affaire del Frente “Amplio”? Por supuesto. Primero, por lealtad, cualquier cosa que tenga que decir sobre el papel de Alberto claramente no será ventilado en una columna de opinión. Pero, en segundo lugar, respecto a uno de los problemas “éticos” más importantes del conflicto –quién dice la verdad sobre lo conversado en la reunión privada entre él y Natalia Castillo– mis más de 20 años de amistad me bastan y me sobran para un veredicto inapelable: Alberto es una persona intachable, incapaz de una mentira tan pequeña y miserable para sacar ventaja política. Algo que no se puede decir precisamente de la militancia de RD.

¿Significa nuestra amistad que no puedo juzgar objetivamente lo que haga o diga Alberto Mayol? Bajo ningún concepto. Paralelamente a la amistad que nos une, tenemos una distancia analítica que se ha transformado en política y que es cada vez más insalvable. Su lectura de lo ocurrido desde el 2011 a la fecha en Chile me parece sociológicamente insostenible (lo que demuestro en un libro que terminé de escribir en febrero de este año y que, por motivos obvios, no publicaré sino hasta después del 19 de noviembre). Y como las decisiones y acciones políticas tomadas y realizadas por Alberto se sustentan en dicha lectura, me parecen a todas luces inconducentes, o al menos inadecuadas para el propósito que persigue. En suma, mi lealtad y eterna gratitud por su gran amistad no son un obstáculo para evaluar críticamente sus postulados o sus conductas cuando es necesario. No es, por lo tanto, una apología de Alberto Mayol lo que se leerá en las próximas líneas.

Pues bien, hecho el “disclosure”, volvamos a entrar en materia. El culebrón del Frente “Amplio”, decía, deja abiertas algunas preguntas importantes. Las más significativa es: si su “mesa electoral” se arroga la potestad de juzgar la cualidad ética de la conducta ajena, ¿cuáles son sus credenciales en esta materia?

Y bueno, tristemente, los antecedentes de conocimiento público y no tan público muestran que el Frente “Amplio” no sólo no tiene credenciales de conducta ética, sino que algunos de sus principales integrantes tienen prontuario en lo contrario.

Para empezar, el Frente “Amplio” está integrado por agrupaciones políticas –que además firman el comunicado de veto a Alberto Mayol– en las que se han realizado acciones con posibles consecuencias penales en la gestión de los recursos públicos transferidos por el SERVEL en cumplimiento de la ley para el financiamiento de partidos políticos. Según ha descubierto una comisión revisora de cuentas, ha tenido lugar en una de esas agrupaciones actos de malversación de recursos y entrega de información contable no veraz al SERVEL. Y por lo que se deduce de que aún conserve su personalidad jurídica, el informe de dicha comisión revisora tampoco ha llegado a conocimiento de las autoridades fiscalizadoras, lo que, probablemente, también constituya al menos una falta. Por si fuera poco, responsables de esos actos integran la lista de candidaturas parlamentarias del Frente “Amplio”. Así que en el terreno del manejo de recursos (fiscales, además), la lista del conglomerado de Yioryio no pasa la prueba de la blancura.

En materia de honestidad y veracidad, el Frente “Amplio” tampoco pasa de curso. Ya Alberto Mayol mostró que cuando la comisión encabezada por Echecopar fue a su casa a informarle del veto, le mintieron al decirle que la decisión había sido unánime. Ya Nueva Democracia desmintió que hubiera suscrito el comunicado que informó del veto (lo que, además, supone un acto de falsedad documental, según ha sido tipificada en los artículos 193 y 194 del Código Penal). Pero esto de “gambetear con la verdad” es una tradición de larga data para algunos de los actores “frenteamplistas”, muy anterior, de hecho, a la conformación del conglomerado.

Tómese el ejemplo de Doris González Lemunao, actual candidata a diputada en el distrito 8 por el Frente “Amplio”. El 4 de julio de 2013, ella y otros militantes renunciaron al Partido Igualdad porque decidieron sumarse a la candidatura de Marcel Claude (en serio, no es chiste: la candidatura de Marcel Claude). Para amplificar el efecto de la renuncia, redactaron una carta que quisieron instalar en los medios de comunicación pero que sólo tuvo eco en uno de ellos.

Más allá de los graves equívocos conceptuales en que incurre la carta (por ejemplo, llama “capitalismo tardío periférico” al régimen de acumulación vigente en Chile; no es chiste: ¡capitalismo tardío!), alberga una grave falta a la verdad y, por su intermedio, una grave falta ética: Doris González firma la carta como “Encargada Frente Territorial” del Partido Igualdad. Sin embargo, ella había sido destituida de ese cargo en el Quinto Encuentro Nacional de Comunales de dicho partido, que se había celebrado los días 18 y 19 de mayo de 2013. Al momento de firmar y publicar la carta, por lo tanto, llevaba 46 días fuera del cargo que se atribuye en ella. ¿El propósito de esta mentira? Simple: darle un peso político a la renuncia que en realidad no tenía. O sea, una falta ética con fines pequeños, casi insignificantes y más bien burdos.

En el terreno ético de la consecuencia, al Frente “Amplio” tampoco le va mejor. El argumento usado para vetar a Alberto Mayol por haber “cruzado una línea ética” fue un supuesto acto de violencia verbal cometido por él en contra de la candidata RD Natalia Castillo. Es decir, el veto fue una declaración de principios en rechazo a la violencia. Y claro, también un desvarío cantinflesco respecto a las relaciones de género, el orden patriarcal y el machismo. Pero dejemos esto último para el recuerdo con humor del affaire. Concentrémonos en la violencia. Lo curioso de todo esto es que entre quienes firmaron el comunicado informando del veto se encuentra el Partido Poder, cuya directiva está conformada fundamentalmente por ex-militantes del MAS y, por ende, por ex seguidores/as de Alejandro Navarro. Sus dos o tres integrantes ocuparon roles fundamentales y estratégicos en la campaña presidencial de Marcel Claude en 2013. La ex-MAS Karina Oliva, presidenta del Partido Poder, fue la coordinadora programática; Jorge Ramírez, pareja de Oliva, fue jefe de campaña; Andrés Hidalgo, “coordinador político” del partido, fue vocero de la candidatura. Como es de conocimiento público, sobre Marcel Claude pesan denuncias por violencia intrafamiliar y por violencia física contra sus trabajadores de Diario Uno. Ahí, sin embargo, la violencia no fue un problema para estos paladines de la ética. Mientras tenían la manija de un comando presidencial, lo ético y el rechazo a la violencia valieron menos que la seta más insignificante.

Finalmente, un ámbito ético fundamental en el que el Frente “Amplio” reprueba inapelablemente es en el del uso de la influencia. En efecto, como también es de conocimiento público, la madre de Yioryio Jackson, Carmen Gloria Drago, Ingeniera en Alimentos, se hizo no con uno, sino con dos cargos públicos de altos ingresos justo y precisamente cuando su hijo jugaba al “colaboracionismo crítico” con la Concertación/Nueva Mayoría. El primero de esos cargos fue el de Jefa del Departamento de Finanzas de la Dirección de Salud Municipal de Maipú (DISAM), dependiente directamente del municipio en ese entonces a cargo del DC Alberto Undurraga, quien posteriormente llamaría a votar por Jackson para las parlamentarias del 2013. Drago trabajó ahí desde septiembre de 2011 y percibía un salario bruto mensual de 2.502.563. Su paso por Maipú dejó sobre todo una acusación de maltrato laboral y una crítica por ineficiencia en el desempeño de sus funciones, en la administración financiera de los recursos destinados a salud en la comuna .

El segundo cargo que por puro mérito (nadie vaya a pensar mal) “obtuvo” Carmen Gloria Drago es el de Directora de Recursos Financieros de la JUNJI. Llegó a ocuparlo, sin concursos ni sorteos, en calidad de subrogante a principios de abril de 2014 (¡curiosa coincidencia! A tres semanas de la instalación del gobierno aliado del partido del hijo diputado). En abril del 2015, exactamente un año después, se realizó el concurso que la dejaría como titular a partir de julio de 2015… Alejad por favor la malaintención de vuestras mentes: parece un concurso “a medida”, como los muchos de Alta Dirección Pública que se realizan para blanquear y legitimar a posteriori nombramientos a dedo. Pero sólo parece, nada más. A no pasarse de roscas.

En las mejores liquidaciones de sueldo de Drago se registran salarios brutos mensuales que alcanzan los $5.596.918 pesos. Y, era que no, también en esta función fue acusada de decisiones negligentes, como comprar equipamiento con demasiada antelación respecto a la fecha de término de la construcción de jardines infantiles licitados, lo que le supuso al Estado onerosos gastos en bodegas para guardarlo sin ocuparlo. Y claro, este patrón de que una jefa de administración de finanzas sea objeto de denuncias constantes precisamente por administrar ineficiente las finanzas no es nada más que un detalle si hay un poco de “colaboracionismo crítico” sobre la mesa.

Al hacerse pública la información de la llegada “casual” sin concursos ni sorteos de Drago al cargo directivo que hoy ocupa, Yioryio Jackson sólo ha respondido que “mejor peleen con él”. Nunca, sin embargo, ha desmentido que hubiera llegado ella a su cargo como resultado de haber sido él y su partido “colaboradores críticos” del gobierno.

Y bien, todos los casos reseñados hasta acá muestran de forma fehaciente un hecho incontrovertible: el Frente “Amplio”, salvo honrosas y muy valiosas excepciones, brilla sobre todo por un gravísimo déficit de ética. Y aunque gran parte de los antecedentes que así lo prueban eran de conocimiento público, es con el culebrón por el distrito 10 y gracias a que la mesa electoral emite su fallo de la forma en que lo emite que la evidente falta de tesitura “ética” frenteamplista se convierte en problema, pues queda en evidencia que su proyecto no se trata en verdad, como quisieron hacer ver sus principales voceros, de crear el sequito del Septón Supremo. En pocas palabras, con el affaire del distrito 10 (con las pasadas de máquina, con las mentiras de Echecopar, con esa especie de falsificación de la firma de Nueva Democracia en la declaración pública inicial, con los arreglines entre el movimiento autonomista y RD), el Frente “Amplio” sufrió un grave desfonde ético.

Y un desfonde ético en el caso del Frente “Amplio” es prácticamente lapidario, puesto que, por diseño o por desidia, lo único que han ofrecido de forma coherente, homogénea y unánime a la sociedad chilena en estas elecciones es un camino de salvación, una narrativa ética: o se está con ellos/as para purificar la política o se está con los/as otros/as y se la mantiene emporcada, como hasta ahora. De proyecto político el Frente “Amplio” no tiene nada. Nada de nada. O nada coherente y creíble. Algunos/as frenteamplistas, con más buena intención y candidez que con sentido de realidad, dicen que apuestan a terminar con el neoliberalismo. Pero su candidata presidencial lanza tales porras en favor de la subsidareidad (“…no creo en un estado totalitario, pero sí en uno robusto, que pueda emprender y mover la economía si no la mueve el privado …” dijo Beatriz Sánchez en la famosa entrevista aquella) que lo que pueda ofrecer el Frente “Amplio” en la papeleta en nada se aleja ideológicamente a las ideas de José Piñera o de Sergio De Castro.

En este escenario, no haber hecho la pega dura, engorrosa, a veces agotadora pero fundamental de pensar colectivamente en un proyecto político; el mantener una indefinición ideológica intencional; el querer agarrar cualquier tipo de voto aprovechando el clima de indignación contra “las elites” (sic) sólo por “vocación de mayoría” (¿?); el mantenerse sin un relato del Chile a crear y construir; en definitiva, el haber desarrollado una política sustentada en la ética y no en la política… todo eso supone que, tras el desfonde ético, el Frente “Amplio” queda vacío, sin nada. Apostaron todo a la carta ética, a ser la vía de salvación, y con el affaire del distrito 10 simplemente perdieron la apuesta.

La DC y Carolina Goic estuvieron casi en el mismo lugar en el que se encuentra hoy el Frente “Amplio”. Desde el discurso que la presidenta falangista pronunciara para los funerales de Patricio Aylwin hasta su proclamación como candidata presidencial, la apuesta clara también fue por la carta ética. El affaire Rincón estuvo al borde de producir el mismo desfonde ético que el affaire del distrito 10. Pero Goic entendió, correctamente, que cuando se apuesta todo a una carta, hay que defenderla a cómo dé lugar. Su decisión de bajar a “Tyson” Rincón y de crear una comisión que revisara el cumplimiento de estándares mínimos (ridícula e inverosímilmente mínimos) para ser candidato/a falangista bastaron para no perder la apuesta. La propuesta de la DC hoy carece de relato político, pero conserva su relato ético.

La maquinita de RD contra Alberto Mayol hizo que el Frente “Amplio” sumara un vacío de relato ético al ya grosero vacío de relato político que, intencionalmente o por desidia, arrastra el conglomerado desde su creación. Y tras esto, penoso es el final que les espera cuando el accionista mayoritario decida que en la segunda vuelta tendrán que apoyar a Guillier. A la marca “Frente Amplio” no le quedará más alternativa que ocupar un sitial de honor en el baúl de los olvidos, justo al lado de “Todos a la Moneda” y “Juntos podemos más (o algo)”. Ésa parece la tragedia, el fatum de las aventuras políticas emprendidas por la pequeña burguesía “progre” en Chile…



El autor es Sociólogo. Investigador del Centro de Estudios para la Igualdad y la Democracia – CEID. Académico de la Universidad de Santiago. Twitter: twitter.com/ego_ipse

 

Crítica a Federici: de la quema de brujas al trabajo productivo

por Guillem Murcia//

A Silvia Federici se la conoce por su conjugación del análisis marxista y feminista en su obra, con un énfasis en el fenómeno de la (así llamada por Marx) “acumulación primitiva” y la subyugación de las mujeres dentro de las sociedades capitalistas. Vaya por delante que una aportación que intenta incluir la perspectiva feminista en el análisis marxista es, en mi opinión, algo muy meritorio. Si podemos definir feminismo en un sentido amplio como el estudio de las causas, mecanismos y efectos de la desigualdad de las mujeres y hombres, y como la práctica/movimiento que busca la igualdad entre mujeres y hombres, parece claro que una situación de desigualdad evidente en muchos aspectos de la sociedad actual no puede ser ajena a una tradición teórica como el marxismo que busca analizar y cambiar esta misma sociedad: la desigualdad material, la desproporcionada presencia de precariedad laboral en las mujeres trabajadoras, la violencia de género o sexual, la mayor probabilidad de sufrir el trabajo a tiempo parcial no deseado, la posibilidad de ser víctimas de tráfico por redes de prostitución o de verse como meros objetos comerciales en la reciente iniciativa por legalizar el alquiler de vientres son algunos de un sinfín de problemáticas que afectan exclusiva o desproporcionadamente a las mujeres.

Pero precisamente el que ésta sea una empresa meritoria y el respeto a la validez intelectual de quien hace aportaciones a ellas conlleva que se puedan realizar críticas a estas aportaciones igual de serias que las que se hacen en otros temas. Lo contrario sería paternalismo (pensar que es un tema en el que hay que tener permisividad) o una falta preocupación por la cuestión. En Federici en concreto hay dos aspectos que me parecen problemáticos cuando valoramos la utilidad de su obra.

La caza de brujas

El primero de ellos es una cuestión relativamente directa e histórica, que sustenta la argumentación de su obra “Calibán y la Bruja”. En este libro, Federici viene a desarrollar un análisis que fundamenta el surgimiento del modo de producción capitalista en la esclavización de nativos de tierras coloniales y al saqueo de éstas por parte de poderes imperiales (aclara que la trata de esclavos “fue una desgracia para los trabajadores europeos” p. 160), y en la separación de las mujeres de la esfera del trabajo productivo.

La primera cuestión es poco controvertida y es justamente la que toca Marx en el primer tomo de El Capital. En la segunda, Federici identifica como conditio sine qua non para el surgimiento y mantenimiento del modo de producción capitalista el aprisionamiento de las mujeres en el plano del trabajo reproductivo: el cuidar del hogar del varón, criar y educar a sus hijos, etc. sobre el que volveremos más adelante. La cuestión histórica aquí está en que en este proceso de destierro de las mujeres al ámbito del trabajo reproductivo Federici adscribe un papel fundamental a oleada de quema de brujas que asoló Europa y América del Norte entre los siglos XV y XVIII. Para ella, esta fiebre de caza de brujas tuvo una serie de efectos no sólo importantes, sino imprescindibles para el surgimiento del modo de producción capitalista. Así:

Se conjugó con el retrato de las mujeres como seres salvajes, “mentalmente débiles, rebeldes e insubordinadas”, lo cual abrió el camino para que durante la Revolución Industrial la visión se revirtiera, al considerárselas ahora relegadas al campo del trabajo reproductivo y por tanto “seres pasivos, asexuados, más obedientes y moralmente mejores que los hombres” (p. 160), es decir, el paradigma de la “buena esposa”.

Enfrentó a los proletarios (categoría con la que engloba a la población común en general) entre sí, en base a su género al hacer creer a los hombres que las mujeres eran seres temibles capaces de destruir al sexo masculino. Esta propaganda “separó a las mujeres de los hombres”; según la autora, “no hay duda de que los años de propaganda y terror sembraron entre los hombres las semillas de una profunda alienación psicológica con respecto a las mujeres, lo cual quebró la solidaridad de clase y minó su propio poder colectivo” (págs. 259-261).

Se fundamentaba en el ataque al pensamiento mágico a fin de pavimentar la vía hacia la disciplina de trabajo capitalista. Así, la “magia” era un obstáculo que “impedía la normalización del proceso de trabajo” porque se apoyaba en una “concepción cualitativa del espacio y del tiempo” (p. 195). Para Federici, esta concepción del cosmos que atribuía poderes especiales al individuo era incompatible con la disciplina del trabajo capitalista, ya que atribuía poderes “impredecibles” a sus practicantes, amén de admitir la posibilidad de que estableciera una relación privilegiada con los elementos naturales y la existencia de poderes a la que sólo algunos individuos tenían acceso (p. 238). La permisividad que existe en la actualidad para con la magia cotidiana es explicable para la autora porque ya no supone una amenaza a la disciplina laboral capitalista, que es dominante.

Estos elementos llevan a pensar al lector de “Calibán y la bruja” que la caza de brujas fue, como señalaba anteriormente, una pieza clave del desarrollo histórico de las sociedades occidentales que desembocó en el surgimiento del modo de producción capitalista. No fue un suceso histórico más o menos relevante, sino que fue esencial, paso previo y necesario para que surgiese el modelo económico en el que todavía nos hallamos inmersos, al encargarse de asignar a las mujeres un lugar en la reproducción del mismo (como buenas esposas y madres, imponiendo una “maternidad forzosa”, pág. 145), debilitar la solidaridad de clase (enfrentando a los proletarios entre sí, haciendo que una mitad desconfiase de la otra) y disciplinar a una población que desconocía hasta entonces la dinámica laboral capitalista (minando el “pensamiento mágico” que hubiese podido suponer un freno a la misma).

El problema que veo aquí es que para sostener la caza de brujas como clave de bóveda de transición hacia el modo de producción capitalista, los datos históricos que sustenten su desarrollo, alcance y magnitud deben estar muy claros. Federici otorga a este suceso histórico el rol de disciplinar a la mitad de la población