La intelectualidad y la clase obrera en 1917 (II)

por David Mandel//

Es en la estela de las Jornadas de Julio cuando los trabajadores se vieron obligados a confrontar directamente con las implicaciones de su aislamiento creciente respecto a la intelectualidad. Los 3 y 4 de julio, los trabajadores industriales de Petrogrado, al lado de algunas unidades de la guarnición local, marcharon en dirección del Palacio de Tauride en manifestación pacífica con el objetivo de hacer presión sobre el Comité Ejecutivo Central (CEC ) de los soviets, que estaba entonces compuesto mayoritariamente de mencheviques y SR (Socialistas Revolucionarios), para que pusiera un final al gobierno de coalición con los representantes de las clases poseedoras y asumiera la iniciativa de tomar el poder . En otros términos, que formase un gobierno de los soviets, en el interior del cual solo estuvieren representados los trabajadores, los soldados y los campesinos. Pero se produjo una cosa impensable: no solamente la dirección menchevique y SR rechazó tener en cuenta la voluntad de los trabajadores sino que se mantuvo a distancia cuando el gobierno, en el seno del cual estaban representados esos dos partidos, lanzó una ola represiva contra los trabajadores, los bolcheviques y otros socialistas de izquierda opuestos al gobierno de coalición. El ministro del interior, directamente responsable de esa política, no era otro que el dirigente menchevique I.G. Tsereteli.

Hasta ese momento, los trabajadores radicalizados pensaban en términos de traspaso pacífico del poder a los soviets. Ello era posible porque los soviets se beneficiaban del apoyo de los soldados. Pero la negativa de los dirigentes del CEC de los soviets a tomar el poder y su determinación para adoptar medidas represivas contra los trabajadores modificó profundamente el dato. Ello forzó, entre otras razones, a los trabajadores a hacer frente a la perspectiva de una toma del poder por medio de una insurrección armada. Ello significó igualmente que el nuevo gobierno no gozaría del apoyo ni de la intelectualidad de izquierda, cuyos conocimientos y competencias eran más que necesarias para administrar la economía y el aparato de Estado del país.

Esa perspectiva preocupó profundamente a los trabajadores. Ello apareció claramente en la conferencia de los comités de fábrica de Petrogrado de los 10-12 de agosto de 1917. El consenso general en esa conferencia era que la industria se dirigía rápidamente hacia un total hundimiento, facilitado por el sabotaje de los industriales –que contaban con el desempleo de masas para debilitar el movimiento de los trabajadores- y por el gobierno provisional que, bajo presión de los industriales, rechazó tomar medidas contra la agravación y la dislocación económicas. Los delegados eran cada vez más conscientes de la perspectiva probable de que deberían tomar a cargo la economía, una cosa que no imaginaban cuando la Revolución de Febrero, que consideraban en términos puramente liberal-democrático y no socialista.

Uno de los delegados presentes en la conferencia resumió así la situación: debemos ejercer toda nuestra energía en esta lucha [preparar nuestro propio aparato económico para el momento del hundimiento de la economía capitalista]. En particular ya que las contradicciones de clase son cada vez más visibles y la intelectualidad nos abandona, debemos contar con nuestras fuerzas y tomar toda nuestra organización entre nuestras manos de trabajadores” 1/. Los delegados eran demasiado conscientes de la dificultad de la tarea. “En todos los informes”, observaba uno de ellos, “como un hilo rojo, corre el grito de la falta de personas [instruidas] 2/. “El zarismo ha hecho todo para dejarnos sin preparación”, se lamentaba otro delegado, “y naturalmente, en todos los logares, tanto en los órganos económicos como políticos, carecemos de personas [instruidas] 3/

¿Cómo debían actuar en esas circunstancias? Sedov, un delegado menchevique, afirmó que no podía ser cuestión de que los trabajadores tomasen ellos mismos el poder:

“Estamos solos. Pocos trabajadores son capaces de comprender las cuestiones de Estado y ejercer un control. Es necesario organizar cursos sobre los asuntos gubernamentales y sobre el control de la producción. Si tomamos el poder, las masas nos crucificarán. La burguesía está organizada y dispone de una masa de personas experimentadas. Ese no es nuestro caso. No estaremos en situación de mantener el poder 4/”.

La mayoría de los delegados a la conferencia no compartían sin embargo esa opinión. Su posición fue expresada por un delegado de la Fábrica de Teléfonos sin hilo y de Telégrafos:

“La burguesía conoce sus intereses mejor que los partidos pequeño-burgueses [mencheviques y SR]. La burguesía comprende perfectamente la situación y se ha expresado muy claramente por la boca de Riabouchinski 5/, que ha declarado que esperarían hasta que el hambre nos alcance la garganta y destruya todo lo que hemos obtenido. Pero cuando nos tengan por el cuello, lucharemos y no abandonaremos el combate 6/.”

Una y otra vez los obreros exhortan unos a otros de abandonar el viejo hábito de confiar en la intelligentsia.

La clase obrera siempre ha estado aislada. Siempre se ve obligada a desarrollar en solitario su política. Pero en la revolución la clase obrera es la vanguardia. Tiene que dirigir al resto de las clases, entre ellas al campesinado. Todo depende la actividad de los trabajadores en diferentes organizaciones, comisiones, etc., en el interior de las que debemos formar a una mayoría de trabajadores. Frente al hambre que se aproxima debemos oponer la actividad de las masas. Debemos desembarazarnos del espíritu eslavo de pereza y trazar un camino en la selva, que conducirá a la clase obrera al socialismo 7/”.

Cuando uno de entre ellos sugerirá que el número de grupos de trabajo sea limitado, por la complejidad de las cuestiones a discutir y de la penuria de “fuerzas activas”, S.P. Voskov, un carpintero de la fábrica de fusiles de Sestroretsk, replicó:

La ausencia de los intelligenty no impide en nada el trabajo de las secciones. Ya es la hora de que los trabajadores renuncien a la mala costumbre de mirar tras ellos hacia el intelligenty. Todos los participantes en esta conferencia deben inscribirse en una u otra sección y trabajar de forma autónoma 8/”.

En realidad, los peores temores de estos trabajadores se materializaron en octubre del 17. Los mencheviques y los SR [de derecha] abandonaron el Congreso de los soviets que eligió un gobierno de los soviets, es decir basado en el principio mismo –un gobierno responsable ante los soviets- que ellos rechazaban. El personal técnico y administrativo medio y superior del Estado y de las instituciones bancarias, así como los médicos y los profesores se pusieron en huelga 9/. En las fábricas, el personal técnico y administrativo superior rechazó igualmente reconocer al nuevo gobierno o cooperar con el control obrero 10/. La amplitud de la hostilidad de la intelectualidad de izquierda hacia la insurrección de octubre y el gobierno de los soviets –que no tenía equivalente, incluso ni entre los trabajadores más conservadores-, se expresa con fuerza en la siguiente resolución, adoptada por el Comité Ejecutivo del grupo socialista de los ingenieros, a finales de octubre de 1917:

“Una banda de utopistas y demagogos, explotando la fatiga de los trabajadores y de los soldados, explotando la atracción utópica de la revolución social, por el engaño y la difamación deliberada del gobierno provisional, ha arrastrado tras ella a masas ignorantes y, contra la voluntad de la mayoría del pueblo ruso, en vísperas de la Asamblea Constituyente, han tomado el poder en las capitales y en algunas ciudades de Rusia. Con ayuda de detenciones, de violencia contra la libertad de palabra y de prensa, con ayuda del terror, una banda de usurpadores intenta mantenerse en el poder. El Comité del grupo socialista de los ingenieros protesta con vigor contra esta toma del poder, contra la detención de Kerenski, contra los asesinatos y la violencia, contra el cierre de periódicos, contra las persecuciones y el terror, declara que los actos cometidos por estos usurpadores no tienen nada en común con los ideales socialistas y que aniquilan la libertad conquistada por el pueblo […] Los verdaderos socialistas no pueden dar el menor apoyo a los usurpadores del poder ni a los que no rompen firme y categóricamente con ellos 11/”.

Los trabajadores manuales y los de cuello blanco de las escalas inferiores de las instituciones gubernamentales y financieras rechazaron participar en las huelgas y condenaron a los empleados superiores por ello. Después de la Revolución de Octubre, el gobierno de los soviets ordenó la disolución de la Duma de Petrogrado (la asamblea municipal) cuando ella rechazó reconocer al nuevo régimen. Organizó nuevas elecciones, que fueron boicoteadas por todos los partidos, con excepción de los bolcheviques y de los socialistas revolucionarios de izquierda. Cuando se reunió la nueva Duma, su presiente, M.I. Kalinin, informó que los empleados intelligentye de la Duma “faltaban claramente de respeto […] he intentado hablarles y ellos manifestaron su intención de resistir. Los trabajadores municipales y los cuellos blancos de escalas inferiores estaban sin embargo felices transfiriendo el poder a los trabajadores” 12/

Alexandre Blok fue una de las raras figuras literarias de la antigua generación que abrazó la Revolución de Octubre. Escribiendo en el curso de invierno que siguió a la Revolución de Octubre, trazó de la siguiente forma el retrato del estado de espíritu de la intelectualidad:

“Rusia perece”, “La Rusia y no es”, “que Rusia repose en paz”, tales son las palabras que oigo repetir a mi alrededor. […]

¿Qué imaginabais pues? ¿Qué la revolución era un idilio? ¿Qué el acto creador no destruía nada en el camino? ¿Qué el pueblo era prudente como una reliquia? […]

Los mejores dice: “Nuestro pueblo nos ha decepcionado”; se hacen mordaces, arrogantes y rabiosos, no ven alrededor suyo más que grosería y bestialidad (mientras que el hombre está ahí, muy cerca) y llegan hasta decir: “No ha habido nunca revolución”, los que no acababan de odiar al zarismo están dispuestos a echarse en sus brazos, siempre que olviden lo que sucede; Los “derrotistas&rdquo 13/; de ayer vituperan “el dominio alemán” 14/ los que se decían “internacionalistas” lloran ahora por la “Santa Rusia”; los ateos queman los cirios y ruegan por la derrota del enemigo interior y exterior.

¿Hemos cortado la rama sobre la que estábamos sentados? Que lamentable situación: con una voluptuosidad muy pérfida hemos echado algunas astillas secas en el montón de cepas húmedas e hinchadas por la nieve y la lluvia; y cuando de repente ha surgido la llama, desplegándose hasta el cielo como un estandarte, todo el mundo se ha puesto a correr y a gritar: “¡Fuego! ¡Fuego!&rdquo 15/;

7/8/2017

Se trata de la segunda parte sobre cuatro de una contribución de David Mandel, publicada en su primera versión en 1981, en el número 14 de la revista Critique, p. 68-87, revista animada por Hillel Tickin. Esta primera versión ha sido revisada y ampliada para una nueva publicación, en 2016, en una revista brasileña. Ha servido de base a la traducción realizada por Sébastien Abbet, para la web www.alencontre.org. La traducción ha sido revisada por el autor, que la ha encontrado completamente conforme, en términos de contenido y calidad de adaptación al original. (Red. A l’Encontre)

 

Notas

1/ Oktiabr’skaia revoliutsia i fabzavkomy, Moscú, 1927, vol I, p.189.

2/ Op. cit., p. 188.

3/ Ibid.

4/ Op. cit., p. 208.

5/ P. P. Riabouchinski era un importante banquero e industrial, del que se consideraba que se situaba en el ala izquierda de su clase. Sin embago, en un discurso realizado en agosto de 1917 ante representantes de los medios de negocios, atacó violentamente a los soviets, declarando que la « la larga mano huesuda del hambre » deberá probablemente asir a los falsos amigos pueblo, « los miembros de diversos comiés y de los soviets » a fin hacerles retomar sus espíritus (Ekonomicheskoe polozhenie Rossii nakanune Velikoi Oktiabr’skoi sotialisticheskoi revoliutsii, vol. 1, Moscú, 1957, p. 200-201.). En la izquierda y más generalmente en los círculos de trabajadores, esa declaración fue sentida com una abierta admisión de que los industriales llevaban a cabo un cierre patronal progresivo, camuflado, cerrando las fábricas y engendrando un paro de masas a fin de aplastar militarmene a un movimiento obrero debilitado. Riabouchinksi se convirtió así en la encarnación del kapitalist-lokautchik en el seno de la izquierda y en los medios obreros.

6/ Oktiabr’skaia revoliutsia i fabzavkomy, vol. 1, p. 208.

7/ Ibid., p. 206.

8/ Ibid., p. 167

9/ Novaïa zhizn’, 13 de noviembre, 8, 22 et 30 de diciembre de 1917.

10/  Zaniatia pervoi moskovskoi oblastnoi konferentsii, (Moscú: 1918), p. 47-48, citado en N. Lampert, The Technical Intelligentsia in the Soviet Union 1926-1935, tesis doctoral, CREES, University of Birmingham, U.K.: 1976, p. 19.

11/ A.L. Popov, Oktiabr’skii perevorot, (Petrograd: 1919), p. 364.

12/ Novaia zhizn, Diciembre 5, 1917. Ver también Oktiabr’skoe vooruzhennoe vosstanie v Petrograde, (Moscou: 1957), 368, p. 514-75; et C. Volin, Deiatel’ nost’ men’ shevikov v profsoiuzakh pri sovetskoi vlasti, Inter-University Project on the History of Menshevism, paper n° 13, 28 octubre de 1962, p. 28.

13/ Es decir los que consideraban a la derrota de la guerra como un factor que estimulaba la revolución.

14/ Referencia al tratado de Brest-Litovsk de marzo de 1918, conforme al cual amplias porciones del antiguo imperio ruso fueron cedidas a Alemania a cambio del fin de la guerra.

15/ Znamia truda, 18 de enero de 1918. La novela poco conocida, pero bien escrita, de V. V. Versaev, publicada por primera vez en 1924 y titulada V tupike, sobre la guerra civil en Crimera, proporciona un vivo retrato de la similitud sobre las perspectivas políticas de la intelectualidad de izquierda.

¿Por qué se está beneficiando la ultraderecha de la crisis del capitalismo?

por Alejandro Valenzuela y Barry Grey//

Las elecciones alemanas del domingo vieron el surgimiento de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD, siglas en alemán) y el colapso de la fuerza oficialmente de izquierda, el Partido Socialdemócrata (SPD). La votación de más de noventa diputados del AfD marca la primera vez desde el final del Tercer Reich que políticos explícitamente fascistas y racistas integrarán la legislatura nacional. Seguir leyendo ¿Por qué se está beneficiando la ultraderecha de la crisis del capitalismo?

Ofensiva norteamericana para la censura política en Facebook

por Andre Damon//

Facebook, el gigante de la tecnología que controla la red social más grande del mundo, ha anunciado que entregará voluntariamente información sobre anuncios políticos supuestamente vinculados a cuentas falsas operadas desde Rusia al comité del Congreso que está investigando la “intromisión” rusa en las elecciones de 2016.

Esas cuentas de usuario, según el New York Times, “promocionaban mensajes incendiarios sobre temas que causan divisiones” durante las elecciones de 2016. Esos mensajes “incendiarios” incluían, según el Times, enlaces a artículos que criticaban la política exterior estadounidense.

Este paso que da Facebook es una respuesta a la narrativa urdida por agencias de inteligencia estadounidenses, “investigaciones” del New York Times, y políticos tales como Mark Warner, el demócrata de primer nivel del Comité de Inteligencia del Senado, que el gobierno ruso se propuso influir en el resultado de las elecciones de 2016 pagando unos 100.000 dólares estadounidenses en anuncios políticos.

Decir que este argumento es endeble es quedarse corto. Los supuestos anuncios constituyen aproximadamente una milésima del uno por ciento del total de 6,5 mil millones gastados en el ciclo electoral estadounidense de 2016. Si el gasto total de las elecciones fueran una persona de tamaño normal, esos anuncios representarían el peso de la uña de un dedo.

Pero ni Facebook, ni los investigadores del Congreso, ni los periódicos que difunden la noticia infundada de la supuesta interferencia rusa en las elecciones, han presentado prueba alguna para respaldar sus afirmaciones de que los anuncios estaban de hecho vinculados a las agencias de inteligencia rusas.

Esta narrativa ideada, que empieza poniéndose a demostrar lo trivialmente obvio —que algunas cuentas de usuario en las redes sociales están controladas por spam-bots, algunos de los cuales operan desde Rusia, y algunos de los cuales cuelgan mensajes políticos— termina sugiriendo que la oposición política doméstica es el producto de acciones de agencias “de inteligencia hostiles” y de la subversión extranjera.

El objetivo de esta estrafalaria teoría de la conspiración es crear una falsa equivalencia entre la supuesta intervención rusa en las elecciones estadounidenses de 2016 y la creciente oposición popular al establishment político, para legitimar la censura de las discusiones políticas en Internet.

El Times señala que algunas de las cuentas supuestamente reproducían artículos de DCLeaks.com, que publicó documentos filtrados que contradecían la política oficial de los EUA.

Entre los documentos publicados por el sitio se incluían los que mostraban que el General Philip Breedlove, que sirvió como comandante supremo de las fuerzas de la OTAN en Europa, quiso reunirse con el antiguo Secretario de Estado Colin Powell para buscar maneras de socavar las políticas de la administración de Obama en el conflicto de Ucrania con el objetivo de promocionar un choque con Rusia.

En el programa de televisión “Face the Nation” de la CBS del domingo, el congresista demócrata Adam Schiff elogió el paso que dio Facebook para entregar información sobre la supuesta “intromisión” rusa, pero dijo que la cuestión va mucho más allá de la supuesta injerencia rusa en las elecciones.

“También hay un problema acerca del uso de los algoritmos de Facebook y la manera en que tiende potencialmente a reforzar la inclinación informativa de la gente”, dijo, “y este es un problema que va mucho más allá de Rusia”.

¿Qué quiere decir Schiff cuando dice que los “algoritmos de Facebook” sirven para “reforzar la inclinación informativa de la gente”? Schiff, como un importante miembro del Subcomité Permanente de la Cámara para Inteligencia, está canalizando las preocupaciones de las principales agencias de inteligencia porque cantidades crecientes de personas están volviéndose críticas del establishment político, y porque Facebook está suministrando a millones de personas noticias e información que podría reforzar sus opiniones críticas.

Tanto Facebook como Google han anunciado durante el año pasado planes para modificar sus algoritmos en un esfuerzo por combatir las “noticias falsas”, con Google declarando que tiene la intención de promocionar “contenido acreditado” por encima de “puntos de vista alternativos”.

Una investigación del WSWS ha revelado que el tráfico desde Google hacia 13 de los más importantes sitios web de izquierdas, progresistas y antibélicos ha caído un 55 por ciento desde que la compañía anunciara sus planes para modificar el algoritmo para combatir las “noticias falsas” en abril.

Las noticias incesantes del Times sobre la supuesta “intromisión” rusa en las elecciones ha ido acompañada por exigen cias de que Facebook asuma la “responsabilidad” por lo que los usuarios hacen online y colaborar más estrechamente con las agencias de inteligencia para quitar contenido “objetable” más rápidamente.

En un comentario publicado en el New York Times el viernes, que Google News mantuvo en su portada casi el día entero, Kevin Roose declara, “Si yo fuera un ejecutivo de Facebook, podría tener una sensación frankensteiniana de intranquilidad estos días … Puede que Facebook haya creado algo que no puede controlar totalmente”. Se queja, “Facebook sencillamente no fue construido para manejar [los] problemas” que surgen con miles de millones de usuarios. “Es una compañía tecnológica, no una agencia de inteligencia”.

Apostilla, en tono optimista, “hay señales de que Facebook está empezando a entender sus responsabilidades. Contrató a un montón de expertos en contraterrorismo y está expandiendo equipos de moderadores por todo el mundo para buscar y eliminar contenido dañino”.

Añade, Facebook “tendrá que seguir invirtiendo masivamente en herramientas defensivas, incluyendo inteligencia artificial y equipos de moderadores humanos, para detener la actividad de malos actores”.

El objetivo del más reciente capítulo de la patraña de la intromisión rusa en las elecciones de 2016 es crear el clima político para expandir tales “moderadores humanos” que tendrían la potestad de “eliminar” contenido que consideren “dañino”: o sea, contenido al que su empleador, que trabaja en connivencia con las agencias de inteligencia estadounidenses, no quiere que el público acceda.

Genocidio en la Patagonia: La verdadera historia de los Zoológicos Humanos

por Silvana García Tironi//

Durante el siglo XVIII- XIX la sociedad intelectual europea sentía una gran fascinación por lo desconocido y exótico. Parte de esta fascinación fue dirigida a grupos nativos de diversas latitudes alrededor del mundo. Así se comienzan a traer grupos de indígenas para observarlos, estudiarlos, y compararlos con la raza civilizada: la blanca europea. Con esto se crea el concepto de “Zoológicos Humanos”.

El zoólogo alemán Carl Hagenbeck, que en un principio se dedicaba a la muestra animal y al circo, se especializó en llevar grupos de indígenas “puros” desde África y Asia, recreando su hábitat y costumbres. Con esta corriente se comienza un boom por traer de todas partes grupos de autóctonos y sus costumbres, en donde Chile no queda excluido. Seguir leyendo Genocidio en la Patagonia: La verdadera historia de los Zoológicos Humanos

Coordinadora Nacional de Trabajadores NO + AFP: Carta Abierta

La Coordinadora Nacional de Trabajadores y Trabajadoras NO+AFP, ha elaborado una propuesta que pone término al sistema de AFP. Hemos dado a conocer al país y en especial a los trabajadores, este nuevo sistema de seguridad social sustentado en el reparto solidario, con financiamiento tripartito y un Fondo de Reserva Técnica. La respuesta de los trabajadores ha sido de un claro apoyo a nuestros planteamientos. Pero desde el gobierno y las autoridades no ha habido sino silencio. Las multitudinarias manifestaciones que han enarbolado nuestra consigna No Más AFP han carecido de eco en las autoridades, aún cuando han tenido la virtud en poner en la palestra pública un hecho indubitable: el sistema de AFP no hace sino condenar a los trabajadores a una vida de miseria luego de su ciclo laboral. Seguir leyendo Coordinadora Nacional de Trabajadores NO + AFP: Carta Abierta

Walter Benjamin: El capitalismo como religión

Hay que ver en el capitalismo una religión, es decir, el capitalismo sirve esencialmente a la satisfacción de las mismas preocupaciones, suplicios e inquietudes a las que daban respuesta antiguamente las llamadas religiones. Probar esta estructura religiosa del capitalismo, es decir, probar que no es sólo una formación condicionada por la religión como lo piensa Weber, sino un fenómeno esencialmente religioso, nos conduciría hoy al extravío de una polémica universal exagerada. No podemos estrechar la red en la cual nos sostenemos; sin embargo,  este punto será apreciado posteriormente. Seguir leyendo Walter Benjamin: El capitalismo como religión

Jornada de resistencia popular catalana: ¿Se acabó el Procés?

por Oscar Blanco//

14 detenciones. 20 registros en sedes de Consejerías y otros departamentos de la Generalitat y empresas. Unas 15 horas de movilizaciones masivas casi espontaneas. Ayer Barcelona y Catalunya vivieron un día que fue cualquier cosa menos normal. La ofensiva represiva contra el 1 de octubre se convirtió de facto en una intervención de la Generalitat con las cuentas de la administración catalana controladas por Montoro y la detención de cargos como Josep Maria Jove, secretario general de Economía. Desde antes de las 9 de la mañana comenzaba a llegar gente a la puerta de las 4 consejerías registradas por la Guardia Civil y corría la convocatoria. El centro de Barcelona estaba prácticamente colapsado ya a las 11 horas con más de media Vía Laietana cortada y un corte en Gran Vía a la altura de Rambla Catalunya. En este punto dónde se encuentra la Consejería de Economía es dónde había el grueso más importante de manifestantes, ya eran unas 5 000 personas. Se fue convirtiendo en el lugar de la concentración en defensa de la democracia y las instituciones catalanas con Omnium y la Assemblea Nacional Catalana llamando a la gente a acudir.Por la tarde se llegó a las 20 000 personas concentradas y el registro de la Consejería se alargó aproximadamente hasta las 20h.

La CUP daba la alarma a las 13horas: Policiales Nacionales de paisano y encapuchados se presentaban en su sede nacional del calle Casp, confiscaban material de dos coches preparado para repartirse y pretendían registrar la sede sin orden judicial. En poco tiempo varios centenares de personas llegaban hasta la sede para solidarizarse, rompían el cordón policial y hacían retroceder a los agentes. Varias personas de la CUP, entre las que se encontraba el ex-diputado David Fernández, mediaron con la policía para organizar un cordón que permitiera sacar dos coches de los policías de paisano que continuaron encapuchados en todo momento. La presencia policial de la Unidades de Intervención Policial de la Policia Nacional y algunas patrullas de Mossos en los cruces de la calle Casp con Sardenya y con Marina era numerosa y en actitud intimidatoria. También se pudieron ver diversos policías de paisano infiltrados en la concentración de apoyo.

El asedio a la sede de la CUP se alargó durante más de 6 horas. La organización independentista y anticapitalista pidió reiteradamente calma y una actitud pacífica e incluso distribuyó unas instrucciones para ejercer la resistencia pacífica en caso de intento de desalojo de la concentración para acceder a la sede. La Policia Nacional se negó a informar a una comisiónformada por el equipo legal de la CUP, cargos electos y organizaciones defensoras de los derechos humanos de los motivos por los que se rodeaba la sede. Finalmente tras más de seis horas de concentración con unas dos mil personas y la presencia solidaria de diputadas de otras formaciones (como las anticapitalistas Sònia Farré d’En Comú Podem i Joan Giner de Podem), la policía se marchó y la euforia se apoderó de las presentes en la protesta al grito de “Els carrers seran sempre nostres” [Las calles seran siempre nuestras]. Una de las consignas más repetidas a lo largo de la jornada. Desde allí se desplazaron en manifestación cortando la Gran Vía hasta la Consejería de Economía dónde se añadieron a los miles de manifestantes que en ese momento escuchaban intervenciones de líderes de formaciones políticas y entidades soberanistas y actuaciones musicales.

En paralelo, Tarragona, Girona, Reus, Sabadell y otras ciudades catalanas vivieron a las 20 horas movilizaciones masivas y a las 22 horas una sonora cacerolada se pudo escuchar en los barrios y pueblos catalanes. También Madrid, Valencia, Cádiz y otras ciudades de todo el Estado vivieron movilizaciones a favor de los derechos civiles y contra la represión. La primera iniciativa solidaria se lanzaba desde “Madrileñ@s por el derecho a decidir” que abarrotaba la Plaza del Sol pese a las identificaciones policiales a las manifestantes y las amenazas de multas a las organizadoras.

Después de las 23 horas Jordi Cuixart, presidente de Omnium, y Jordi Sánchez, presidente de la ANC, intervenían en Gran Via con Rambla Catalunya para convocar una nueva movilización hoy frente al Tribunal Superior de Justicia de Catalunya exigiendo la libertad de las personas detenidas y para desconvocar la movilización a las 00 hpras. Simultáneamente formaban un cordón de voluntarios que permitía acceder a los antidisturbios de los Mossos de Esquadra a la Consejería y se vivían momentos de tensión con gran parte de las manifestantes que temían que el cordón sirviera para que la Guardia Civil saliera de la Consejería.

Más de cuatro horas después de finalizar el registro los agentes de la Guardia Civil seguían sin poder salir entre gritos de “este noche la pasareis aquí” o “esta noche os vais sin coche”, en referencia a los vehículos policiales aparcados frente a la Consejería y que llevaban horas llenos de carteles, pegatinas e incluso con una tienda de campaña sobre el techo de uno de ellos. Pese a los intentos negociadores de Cuixart y en especial de Sánchez, que entró a la consejería hasta tres veces a hablar con la Guardia Civil, una parte destacada de la concentración se quedó al grito de “No pasaran” y “Ni un paso atrás”. Ya pasaban la 1:30 horas cuando se desplegaron los antidisturbios de los Mossos de Esquadra y, tras varios avisos, cargaron contra los manifestantes que bloqueaban la puerta para abrir espacio. Al menos un manifestante resultó herido de cierta gravedad con una brecha en la cabeza que le cubrió el rostro de sangre. A las 3:30 horas la Guardia Civil abandonó finalmente la Consejería.

Desde la mañana una idea iba cogiendo fuerza: la huelga general. Previo al 11 de Septiembre la IAC y la Intersindical CSC habían impulsado un manifiesto estatal de sindicatos en apoyo al referéndum del 1 de octubre. Estas mismas organizaciones habían propuesto la posibilidad de una huelga general en defensa de los derechos civiles, la autodeterminación y contra el autoritarismo si el Estado impedía realizar el referéndum y lanzaban desde la IAC la propuesta de una reunión abierta al conjunto del movimiento social, cultural y sindical para organizar un plan de movilizaciones que incluya una huelga general y social. La consigna ha sido coreada en las diferentes concentraciones y habrá que ver si consigue cuajar una apuesta de ese tipo pese a la posición un tanto ambigua hacía el 1-O de Comisiones Obreras.

La sensación de cambio de fase se podía palpar en el ambiente. “No sé si vamos a votar o no, pero el Procés se ha acabado seguro. Después de esto no se puede volver a la lógica de dilatar y esperar” comentaba un activista ya de madrugada frente a la Consejería. Por la mañana, los estibadores de Barcelona decidían en asamblea no operar el buque Raphsody ubicado en el Puerto de Barcelona para albergar efectivos de la Policia Nacional y la Guardia Civil ni otros de esas características. Las estudiantes también cortaban la Diagonal o se concentraban por cientos en diferentes Campus con un acto central convocado en la Universidad Autónoma de Barcelona. Miles de personas se concentran en los momentos de finalizar esta crónica frente al Tribunal Superior de Justicia de Catalunya. Parece que hoy tampoco va ser un día normal en Catalunya.

Aumenta la cifra de muertos por el terremoto en la Ciudad de México

por Alex González//

Ha ascendido la cantidad de fallecidos a 225 del terremoto de magnitud 7,1 que estremeció a la Ciudad de México y nueve otros estados el martes por la tarde. Los reportes iniciales indican que colapsaron 44 edificios en la capital del país, dejando a 699 personas heridas y 201 desaparecidas. La catástrofe social ocurrió en el aniversario del devastador terremoto de 1985 en la ciudad y tan sólo dos semanas después de que otro sismo de 8,1 grados golpeara el sur del empobrecido país.

El lugar del epicentro previno que el sistema de monitoreo de la ciudad les advirtiera a los residentes del peligro hasta que ya había comenzado a temblar, imposibilitando una evacuación a tiempo. Millones de residentes habían participado en un simulacro conmemorando el terremoto de 1985, en el que murieron al menos diez mil personas, a pocas horas del comienzo del más reciente desastre.

Más del cuarenta por ciento de la Ciudad de México y del sesenta por ciento del estado de Morelos estaba sin electricidad el miércoles por la tarde, mientras que el metro de la ciudad capitalina, el segundo más grande de América del Norte, suspendió cuatro de sus catorce líneas el martes. Las escuelas y principales universidades cancelaron clases en la Ciudad de México y los estados de México, Guerrero, Hidalgo, Morelos, Puebla, Veracruz y Tlaxcala hasta próximo aviso, dejando a más de catorce millones de estudiantes sin clases.

Más de quince mil personas tuvieron que ser desalojadas del centro histórico de la ciudad de Puebla y trasladadas a un centro de exposiciones por el peligro de que colapsen más edificios.

La devastación en la Ciudad de México se concentró en el centro, con las estructuras más afectadas en las delegaciones de Cuauhtémoc, Benito Juárez, Coyoacán y Iztapalapa.

Veintiún niños murieron después de que dos escuelas colapsaran, con dos niños y un adulto todavía atrapados en los escombros de la escuela el miércoles por la tarde. Ha habido diecisiete réplicas del temblor hasta el momento de redacción, con el más fuerte de magnitud 4,9. Un sismólogo del Servicio Geológico de Estados Unidos señaló que el temblor más reciente pudo haber sido una réplica del terremoto fuera de la costa pacífica mexicana del 7 de setiembre.

Debido a la ira social generalizada después de las catastróficas pérdidas en 1985, el Gobierno se vio obligado a instalar sistemas de monitoreo avanzados para terremotos y hacer cumplir estrictamente los códigos de construcción de la ciudad. Sin embargo, la pobreza de las masas y la extrema desigualdad, junto con la austeridad impuesta por la burguesía, han valido para asegurarle a millones una condena de vivir y trabajar bajo condiciones potencialmente letales.

La Ciudad de México es una de las áreas de mayor actividad sísmica y, más allá, sus veintiún millones de habitantes se encuentran sobre una cuenca lacustre o sistema de lagos que se secaron, volviéndolos más susceptibles a daños por los movimientos tectónicos. Son 34 los terremotos de una magnitud mayor a siete que han sucedido a menos de quinientos kilómetros del terremoto del martes desde el año 1900. No son acontecimientos imprevistos.

Los métodos de restauración para hacer que los edificios viejos e históricos sean más resistentes y seguros son bien conocidos. El hecho de que no fueron preparadas tantas estructuras no es un accidente, sino que es parte del esquema de lucro capitalista, donde una diminuta capa de la población se enriquece masivamente y millones son condenados a morir por desastres que pudieron haber sido prevenidos.

Como sucede en las otras áreas metropolitanas del mundo, la Ciudad de México alberga inmuebles de gran lujo junto a condiciones de vida que pertenecen a otro siglo. Más del 28 por ciento de la población de la ciudad vivía bajo la línea de la pobreza en el 2016, mientras que el número seguro ahora mayor de millonarios en el 2013 era de 102 000.

Los gastos en los servicios sociales ha sito recortado para llenar las arcas de las corporaciones transnacionales y armar al ejército en preparación para levantamientos sociales futuros. El financiamiento en infraestructura pública fue reducido por más del 20 por ciento en julio de este año en comparación con el mismo periodo en el 2016. Además, la inversión de capital en el sector público —que incluye gastos en nueva infraestructura, maquinaria y mantenimiento—cayó más de 40 por ciento durante los primeros cinco meses de este año en comparación con ese periodo el año pasado, según datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Este es el recorte más fuerte del gasto de capital en el sector público desde 1990. Por mientras, en el gobierno de Peña Nieto, el presupuesto del sector castrense ha aumentado un 36 por ciento y casi que se ha duplicado desde el 2006.

La élite gobernante sin duda está nerviosa acerca del explosivo enojo que podría hacer erupción por esta política de asesinato social. El terremoto de 1985 y la anémica respuesta estatal marcaron el fin del mandato del PRI en la Ciudad de México. Además, hay señales de esta ira hacia el Gobierno de Peña Nieto en respuesta al temblor. El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong fue abucheado, insultado y atacado físicamente por voluntarios cuando fue a visitar una zona donde se realizaba un rescate cerca de una fábrica colapsada el miércoles. A pesar de ir escoltado de soldados, se vio obligado a irse rápidamente. Más temprano este año, Osorio Chong era considerado un candidato potencial en las elecciones generales del próximo año.

A diferencia de la respuesta de la élite gobernante, ha sido la clase obrera se ha movilizado para encabezar los esfuerzos de socorro con su autosacrificio y solidaridad. Miles de trabajadores salieron a las calles espontáneamente por toda la ciudad para rescatar a los que quedaron atrapados bajo los escombros. Las escenas de multitudes organizadas escarbando para encontrar a supervivientes se vieron en casi todos los sitios de edificios colapsados. Pese al peligro de las réplicas, los voluntarios permanecieron en las áreas de rescate toda la noche del martes y seguían ahí el miércoles.

Los trabajadores formaron cadenas para pasarse escombros, cubetas, palas, picos, comida, agua, equipo médico desde y hacia los edificios colapsados. Los voluntarios hicieron pancartas con señales para que la multitud supiera cuando estar en silencio para escuchar los silenciosos gritos de socorro de los atrapados. Debido al congestionamiento del sistema de transporte público, los trabajadores pusieron sus propios vehículos al servicio de otros para que pudieran desplazarse a sus destinos, mientras que muchos se colocaron en intersecciones para dirigir el tráfico y facilitar el movimiento de vehículos de emergencia. Cientos más ayudaron a distribuir comida y agua a los que las necesitaran.

Es la clase obrera la que debería estar a cargo de organizar no solo esfuerzos de rescate, sino toda la economía. Como ha quedado demostrado después de los huracanes que crearon destrozos en el caribe, en Estados Unidos y México, son los trabajadores los que sufre más de estos desastres, pero componen la única clase capaz de movilizarse exitosamente para responder a ellos contando con su propia fuerza social. Los trabajadores tienen que luchar por llevar orden al caos del sistema capitalista y reorganizar la economía global a fin de garantizarse sus propios derechos sociales. Esto sólo es posible en la forma de una lucha por el socialismo internacional en México y alrededor del mundo.

¿Recuperación económica mundial?

Los últimos datos económicos muestran que el crecimiento económico en los principales países capitalistas ha ido en aumento durante la primera mitad de 2017.
 
 
La economía de Japón ha crecido al ritmo más rápido de los últimos dos años en el segundo trimestre de este año, y el gasto interno se ha acelerado mientras el país se prepara para los Juegos Olímpicos de Tokio de 2020.
 
 
En la zona euro, el crecimiento del PIB real aumentó a una tasa anualizada del 2,5%, mientras los países de Visegrad (República Checa, Polonia, Hungría y Eslovaquia) crecieron al 5,8% en el segundo trimestre de este año.
 
 
La economía de Estados Unidos continúa creciendo un poco más del 2% anual, y ello hace que las principales economías parezcan estar un poco mejor en términos de crecimiento, o al menos eso parece en comparación con la caída de las tasas de crecimiento de 2015-6.
 
¿Cuál ha sido la razón principal de esta ligera mejoría? En mi opinión, es la relativa recuperación de la economía china, considerada por la mayoría de los observadores, y así lo confirman los hechos, el motor del crecimiento económico mundial (en el margen) desde 2007. Como señala el FMI en su última encuesta de la economía china: “Mientras muchas de las economías avanzadas de Occidente siguen luchando tras la crisis financiera de 2007-09,  China, ha sido el motor de crecimiento de la economía mundial, representando más de la mitad del crecimiento del PIB mundial en los últimos años.”
 
 
La producción manufacturera en China aumentó un 6,7% analizado en julio, continuando la ligera recuperación en 2017 después de caer a un mínimo en 2016 tras un máximo de más del 11% anual en 2013. Como resultado, la producción industrial de la zona euro se ha recuperado, en particular en Alemania, los Países Bajos e Italia, ya que exportan más a China. El sector manufacturero de Estados Unidos también ha revertido su contracción real en 2016. El sector manufacturero de Japón saltó hasta el 6,7% en comparación con 2016, empujado por la demanda de construcción para los Juegos Olímpicos.
 
Todo parece mucho mejor. Pero recordemos que la mayor parte de estas grandes economías todavía están creciendo alrededor de solo el 2% anual, todavía muy por debajo de las tasas anteriores a 2007 o incluso la media del período posterior a 1945. Las economías capitalistas ‘desarrolladas’ están creciendo a su ritmo más bajo en décadas. Ruchir Sharma, jefe de estrategia global y responsable de mercados emergentes de Morgan Stanley Investment Management, señaló en un reciente  ensayo en la revista Foreign Affairs que “ninguna región del mundo está creciendo tan rápido como antes de 2008, y no debe esperarse que ninguna lo haga. En 2007, en el pico del boom anterior a la crisis, las economías de 65 países – incluyendo bastante de las grandes, como Argentina, China, India, Nigeria, Rusia y Vietnam – crecieron a una tasa anual del 7% o más. Hoy en día, sólo seis economías están creciendo a ese ritmo, y la mayoría son países pequeños como Costa de Marfil y Laos“.
 
Sin embargo, todos los índices de compras de gerentes (PMI) que proporcionan la mejor guía de la situación inmediata de la actitud y la confianza del sector capitalista en cada país muestran todos ellos que la expansión todavía está en marcha – aunque no al ritmo de 2013-14. De nuevo, la clave parece ser una recuperación del PMI de China.
 
 

¿Qué nos señala todo esto sobre la probabilidad de una nueva recesión económica mundial en el próximo año o dos? Eso es algo que he estado pronosticando o esperando. Los últimos datos parecen apuntar lo contrario.

 
Los principales analistas ortodoxos siguen siendo optimistas sobre el crecimiento con la única condición de que China no colapse. La encuesta del FMI adelanta el argumento familiar ortodoxo que la deuda total es tan alta que puede provocar bancarrotas e impagos, provocando una crisis y debilitando la economía mundial. La deuda total se ha cuadruplicado desde la crisis financiera, hasta situarse en 28 billones de dólares a finales del año pasado.
 
No estoy de acuerdo. Por dos razones. En primer lugar, cuando el crecimiento de China se desaceleró bruscamente a principios de 2016, los analistas ortodoxos argumentaron que China podría empujar a la economía mundial hacia abajo. Mi opinión fue que, por importante que fuese la economía china, no es lo suficientemente grande como para arrastrar consigo a los EEUU y Europa. Las economías avanzadas sigue siendo la clave para saber si habrá una recesión mundial. Y así se ha demostrado.
 
En segundo lugar, el tamaño de la deuda de China es grande, pero la economía china es diferente de las economías capitalistas avanzadas. La mayor parte de la deuda está en manos de los bancos estatales y las empresas estatales chinas. El gobierno chino puede rescatar a estas entidades utilizando sus reservas y el ahorro forzoso de los hogares chinos. El estado tiene el poder económico para ello, a diferencia de los gobiernos de los EEUU y Europa durante la crisis crediticia de 2007. Los gobiernos entonces eran deudores de los bancos y las empresas capitalistas, y no al revés. En mi opinión, cualquier crisis de crédito en China será resuelta sin producir un colapso importante en la economía.
 
¿Quiere decir esto que se puede descartar una nueva recesión mundial? No, en absoluto. Una de mis indicadores clave de la salud de las economías capitalistas, como mis lectores saben, es la evolución de los beneficios en el sector capitalista. Los beneficios de las empresas a nivel globales (un promedio ponderado de las principales economías) también han experimentado una recuperación significativa tras su colapso a finales de 2015. De hecho, Los beneficios empresariales parecen en general aumentar con su tasa más rápida desde el cambio de tendencia después del final de la Gran Recesión.
 
 
Sin embargo, esta tendencia global es impulsada por la recuperación de China y la recuperación de Japón (¿debido a la construcción para los Juegos Olímpicos?). El crecimiento de los beneficios industriales en los EEUU, Alemania y el Reino Unido se desacelera de nuevo después de un breve repunte a finales de 2016.
 
Para mí, la clave sigue siendo el estado de la economía de Estados Unidos y, en particular, de los beneficios y los niveles de inversión allí. El crecimiento del mercado de valores de Estados Unidos no esta acompasado con los niveles de beneficios industriales. El indice S&P 500 ajustado cíclicamente de precios-beneficios (CAPE) sólo ha sido mayor en una ocasión, a finales de 1990. Actualmente se encuentra a la par con los niveles anteriores a la Gran Depresión.
 
Los beneficios de las empresas de Estados Unidos se han recuperado en los últimos trimestres después de haber caído (aunque ahora vuelve a desacelerarse) y, junto con ello, la inversión empresarial ha arrancado. Hay que seguir durante el resto de 2017 estos datos para ver si es sostenible.
 
 
La suma de los beneficios industriales han crecido a una tasa anual de tan sólo el 0,97% en los últimos cinco años. Antes de este período el crecimiento quinquenal anualizados de los beneficios fue del 7,95%. Con una deuda que ha alcanzado los 8.6 billones de dólares, los niveles de deuda industrial son actualmente un 30% más alto que su pico anterior, en septiembre de 2008. En el 45,3%, la proporción de la deuda industrial en relación con el PIB está en máximos históricos, y recientemente superó los niveles previos a las dos últimas recesiones. Si hay un problema con el nivel de deuda, es en los EEUU, no en China.
 
Publicado originalmente en el blog de Michael Roberts. Traducción de G. Buster en Sin Permiso.
 
Ilustración de Steve Cutts

España amenaza con una potencial toma de poder militar de Cataluña mientras el referéndum se acerca

por Alejandro López// 

El gobierno de España del conservador Partido Popular (PP) prosigue con sus medidas drásticas contra el referéndum sobre la independencia de Cataluña previsto para el primero de octubre. El presidente del gobierno Mariano Rajoy está amenazando con implementar una cláusula de emergencia en la Constitución española para impedir el voto.

El viernes, Rajoy viajó a Barcelona y dijo que los catalanes “están cometiendo un error, y nos estáis obligando a ir adonde no queremos ir”. La semana pasada, el portavoz de la bancada del PP, Rafael Hernando, y el Ministro de Justicia, Rafael Catalá, exigieron su invocación independientemente el uno del otro.

El Artículo 155, conocido ampliamente como la “opción nuclear”, dice que si un gobierno regional “no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno” puede asumir el control del gobierno regional para forzarlo a cumplir con sus “obligaciones” o a defender el “interés general”.

El artículo nunca ha sido invocado. Hasta hace poco, hasta Rajoy y el ejército español dudaban si invocarlo por miedo a que ello desencadenara una explosión social entre los trabajadores tanto de dentro de Cataluña como de fuera de esta.

El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) teme en igual medida tanto la posibilidad de la ruptura de España, como la de que la oposición a las amenazas dictatoriales de Rajoy se desarrolle fuera del marco de la política burguesa española. El líder del PSOE, Pedro Sánchez, respondió a los comentarios de Rajoy en Barcelona apoyándolo: “usted [Rajoy] hará lo que tenga que hacer”. Un editorial nervioso en El País del sábado, históricamente vinculado al PSOE, comentaba: “Es imposible que coexistan el orden democrático y el caos. No es estable. No es sostenible. Y sobre todo, no es aceptable. El gobierno no puede permitir que esa legalidad paralela se siga implantando…”.

El lenguaje y las acciones incendiarios de Madrid recuerdan la brutalidad de la dictadura franquista que gobernó España de 1939 a 1978. Esto solo aumenta la probabilidad de que el referéndum pase.

Madrid ha dado el paso sin precedentes de anunciar que se hará cargo de las finanzas de Cataluña esta semana para “garantizar que no se gaste ni un euro en actividades ilegales”, según el Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro.

El vicepresidente del gobierno catalán y de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), el dirigente Oriol Junqueras, ha dicho que esta medida es “una manera encubierta de liquidar las instituciones del país [es decir, de Cataluña] y una manera encubierta de implementar el Artículo 155 de la Constitución”. Los partidos independentistas —el Partido Demócrata Europeo Catalán (PdeCAT), la ERC, y las Candidaturas de Unidad Popular (CUP)— hasta ahora han seguido preparándose para el referéndum, haciendo actos públicos pidiendo el voto por el “sí”.

La policía militarizada, la Guardia Civil, se incautó de por lo menos 1,3 millones de folletos y pósters pro-referéndum en imprentas, cerró 10 sitios web que promocionaban el referéndum, y amenazó a los editores de noticias catalanes con querellas criminales si publicaban anuncios sobre el referéndum en sus periódicos o en sus sitios web. La policía local también está confiscando materiales pro-referéndum en las calles e identificando a cualquiera que tenga material pro-referéndum.

Los 700 alcaldes que permiten que espacios públicos en sus pueblos y ciudades alberguen urnas están siendo llamados a comparecer en los tribunales por apoyar abiertamente la votación. Se los amenazó con ser arrestados si se negaban a acatar.

Por el momento, el Poder Judicial no se ha propuesto arrestar al presidente catalán Carles Puigdemont. Sin embargo, el Fiscal General del Estado de España, José Manuel Maza, ha amenazado con hacerlo en una entrevista para el diario de derechas El Mundo, añadiendo que “no descarto de ninguna manera pedir sentencias de prisión”.

El único precedente que existe es bajo la Segunda República en octubre de 1934, sobre el que ahora se está discutiendo mucho. Estas amenazas constituyen una advertencia a la clase trabajadora sobre las enormes tensiones políticas que subyacen al presente conflicto. En 1934, en el contexto de la toma del poder del fascismo en Alemania, Italia y Austria, el gobierno conservador de España incluyó a ministros fascistas, provocando luchas revolucionarias en la clase trabajadora, especialmente en Asturias, donde los trabajadores intentaron establecer una comuna.

En Cataluña, las autoridades regionales proclamaron entonces un Estado Catalán dentro de la República Federal Española. La iniciativa fracasó debido a la falta de apoyo popular y al hecho de que la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) anarcosindicalista, respaldada por la mayoría de los trabajadores, no apoyó al gobierno catalán.

La represión que siguió llevó a la detención de miles de trabajadores y dirigentes políticos de izquierdas. Se cerraron centros políticos, se suprimieron periódicos y en Cataluña, el presidente regional Lluis Companys fue arrestado y se anuló el Estatuto que le daba a la región cierto grado de autonomía.

Se han referido a los acontecimientos de 1934 ambos Albert Rivera, el dirigente del partido Ciudadanos que se opone a la independencia catalana, y el antiguo Ministro de Exteriores del PP José Manuel García Margallo.

Hoy, la prensa de derechas está denunciando el impulso secesionista catalán en artículos tales como “La República ya suspendió la autonomía de Cataluña” (OkDiario), “El primer ‘Estado catalán’ duró once horas y terminó tras las rejas” (El Confidencial), “6 de octubre de 1934: el golpe que terminó en las alcantarillas” (Libertad Digital), o “La Cataluña del 34: de Companys a Puigdemont” (ABC).

Una vez más, como en los años ’30, la crisis del capitalismo ha sido testigo de ofensivas constantes contra la clase trabajadora en la forma de profunda austeridad, ataques a los derechos democráticos y un aumento del militarismo.

El asunto crítico es la movilización independiente de la clase trabajadora en oposición tanto a la élite gobernante de Madrid como a los independentistas burgueses en Cataluña y por la unidad de la clase trabajadora española con sus hermanos y hermanas de clase del resto del mundo. Ni la balcanización de España, ni el crecimiento de un aparato represivo policial centrado en Madrid, ofrecen nada a los trabajadores.

Los independentistas catalanes están reaccionando haciéndose pasar por defensores de los derechos democráticos. Las mismas fuerzas que han reprimido numerosas protestas y huelgas por parte de trabajadores y jóvenes a lo largo de los años contra sus sucesivas políticas de austeridad en la región se están presentando ahora como defensores de la “democracia” contra la “represión”. Puigdemont ha comparado la lucha de su movimiento independentista con Madrid con la Guerra Civil Española de 1936-39 e incluso con la Guerra de Vietnam, diciendo en una entrevista para la televisión, “Cada día es un Vietnam”.

El partido Podemos está profundamente dividido y, por ahora, permanece al margen. Aunque se opone al grado de represión de Rajoy, el partido afirma que este referéndum no es legal pero lo apoya como una “movilización ciudadana”. Como acérrimos defensores del imperialismo español y sus intereses geopolíticos en el mundo, se oponen al independentismo pero, como gran parte de la prensa burguesa europea y estadounidense, proponen hacer concesiones a los nacionalistas catalanes para frenar el impulso secesionista.

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, ha dicho que las medidas del PP están poniendo en peligro los intereses de España: “No solo nos gobiernan corruptos, también son inútiles y pirómanos que están llevando nuestra democracia a un estado de excepción”.

Podemos espera que el gobierno minoritario del PP se desgaste contra los secesionistas, abriéndole las puertas a un gobierno de coalición “progresista” entre el PSOE y Podemos que esté mejor capacitado para contener tanto la indignación social como el impulso secesionista catalán.

¿Dónde está Santiago Maldonado?

por Eduardo Giordano//

Argentina vive una involución en cuestiones de derechos humanos desde que asumió el gobierno del presidente Mauricio Macri, en diciembre de 2015.[1]Es el caso de la dirigente social indígena Milagro Sala, diputada electa del Parlamento del Mercosur, presa desde hace 20 meses de manera “preventiva” en la provincia de Jujuy, sin condena alguna en este sentido y sin siquiera estar procesada, pero en cambio proscrita para ejercer la política. Este no es un caso aislado, ya que otras comunidades indígenas están siendo hostigadas por el gobierno neoliberal de Cambiemos en defensa de los terratenientes, reprimiendo brutalmente sus protestas y deteniendo a sus dirigentes, como es el caso de los mapuches en la Patagonia, enfrentados por su derecho a la tierra con la multinacional Benetton, entre otros latifundios que ocupan sus tierras ancestrales. En lugar de atender sus reclamos, el gobierno reprime y criminaliza a los dirigentes de los pueblos indígenas que luchan por derechos legítimos, tales como la tierra o los cursos y espejos de agua, que a menudo ocupan esos latifundios impidiendo el acceso público, o que son puestos en peligro por las políticas extractivistas de las multinacionales mineras y petroleras. Seguir leyendo ¿Dónde está Santiago Maldonado?

A 44 años del Golpe, a 100 de la Revolución Rusa

Recuperar el programa internacionalista

Nuevamente el imperialismo yanqui en busca de una nueva orientación que lo fortalezca como imperialismo dominante en medio de la crisis capitalista, vuelve a agitar su puño guerrerista sobre la región con amenazas de salidas militares como lo hizo recientemente contra Venezuela. Y es que pese a que todos los disciplinados gobierno latinoamericanos al imperialismo, incluido el gobierno de Maduro, pretenden posar de democráticos, saben que el desarrollo de las crisis regionales y de la lucha de clases llevará a la confrontación violenta y para ello necesitarán echar mano de las salidas golpistas.

La crisis en la región está lejos, al menos coyunturalmente, de grandes conflagraciones entre el proletariado y la burguesía imperialista que haga necesaria al empresariado ir a golpear directamente la puerta de los cuarteles. Sin embargo, el desarrollo de la misma crisis alienta la disputa entre las distintas fracciones de las burguesías locales que se alinean según su relación con el imperialismo y este es el fondo de las oscilaciones de los distintos gobiernos que negocian con el capital financiero su tajada de explotación de los trabajadores y el pueblo. La fachada “democrática” de los países semicoloniales sólo es una linda cobertura para encubrir la dictadura abierta de la burguesía imperialista sobre los trabajadores y el control de los recursos naturales y productivos.

Hace 44 años que la burguesía nacional conspiró con el imperialismo norteamericano para imponer un golpe contrarrevolucionario que sería un ensayo para aplastar al proletariado del subcontinente. Las tendencias pegueñaburguesas ya sea socialistas o estalinistas en su momento influyeron al proletariado llevándolo a la ilusión de la “vía pacífica al socialismo”. Levantaron un impotente programa reformista de desarrollo nacional del socialismo. El gobierno frentepopulista de la UP, ejecutó un programa que estatizó la gran industria minera con indemnización a los monopolios extranjeros, en acuerdo con la derecha política, como sinónimo de socialismo, dándole tiempo a la burguesía a preparar junto a la CIA el

golpe contrarrevolucionario ante la efervescencia de la clase obrera. Es decir, no colocó en el orden del día la destrucción del “aparato burocrático militar ” de los patrones y por el contrario se dispuso a blindarlo con matices de legalidad socialista. A su vez las tendencias a la izquierda como el MIR, veía en esta orientación de cambios “legales” una expresión del “pueblo organizado” lo que lo dejó durante todo el periodo como pata izquierda del frente popular pese a pregonar junto a Fidel Castro “la vía armada” y el poder popular como estrategia. Sus acciones putchistas en fábricas, fundos, escuelas, etc, presentadas como una suerte de un “poder paralelo del pueblo”, abandonaron las pelea en la producción para diluir al activismo en difusas luchas poblacionales sin dar la pelea en el seno de la clase obrera para disputar el poder de la burguesía el cual reside en la producción.

La izquierda populista hoy

Diversos grupos que reivindican la tradición filomirista como asimismo grupos escindidos del PC reivindican a gobiernos como el de Maduro o Evo Morales. Reivindican el modelo del Chavismo como símbolo de lucha contra el imperialismo “yanqui”. Pese a toda esta verborrea, no sólo se manifiesta el carácter pro-imperialista del gobierno “bolivariano” en los sendos contratos de PDVSA, en la mantención de la pauperismo y miseria que atraviesa a la clase obrera Venezolana, sino también en el control y mantención del aparato del Estado de la “burguesía bolivariana” y los generales que regentean las fábricas bajo su control y al servicio del imperialismo, independiente de que hoy otra facción burguesa busque una salida golpista a la crisis del propio capitalismo.

Hoy podemos ver como los distintos gobiernos bonapartistas sui generis como en Brasil, Argentina, Chile o Perú intentan apoyarse cada vez más sobre el imperialismo para descargar la crisis sobre las espaldas de los trabajadores y el pueblo. Planes de ajuste, desocupación, suspensiones, reducciones salariales,

reformas laborales etc, etc. También en el gobierno de Maduro que vemos como se refuerza la tendencia a regimentar la vida de los sindicatos, donde la intervención del Estado burgués busca sujecionarlos a este, evitando cualquier intento de estos de llevar a cabo una lucha independiente de la burocracia y del oficialismo, ante la carestía que provoca la inflación y el desabastecimiento. El laberíntico proceso de la lucha de clases, ya sea se manifieste en una lucha más abierta como en los 70 ́s o en un proceso lleno de experiencias con direcciones y gobiernos capitalista, ha demostrado que los programas nacionales, el apoyo a las facciones burguesas locales y la defensa del aparato estatal, no ha hecho más que preparar la derrota del proletariado, el que deberá asimilar la experiencia histórica e internacional de su clase para unificar sus filas y barrer con sus enemigos de clase.

A 100 años de la Revolución Rusa
Pelear por un programa internacionalista
En breve se cumplirá el centenario de la Revolución Rusa, aquella que llevó por primera vez al proletariado al poder e inauguró la era de la revolución proletaria, y en su desarrollo, hacia la revolución mundial. No queremos reivindicar este acontecimiento como un modelo digno de estudio o como hace un sector importante de la izquierda que lo reivindica como una revolución de tipo nacional a la que puede compararse con tal o cual proceso fronteras adentro. Muy por el contrario, el acervo teórico político de esta gesta revolucionaria encuentra su continuidad en la arena internacional, con la extensión de la dictadura proletaria y la construcción de la Internacional Comunista. La riqueza contenida en los cuatro primeros congresos de la Internacional así como en la síntesis y elaboraciones de la Cuarta Internacional constituyen una piedra fundamental para recuperar el método marxista, trazar las tareas históricas del proletariado y dirigir el rumbo a desarrollar en nuestra clase las distintas etapas de la revolución socialista.
Las tendencias que históricamente dirigieron al movimiento obrero, como fueron la socialdemocracia y el estalinismo se encuentran en descomposición y se transformaron, no ya en solapados sino, en abiertos representantes de la burguesía sosteniendo el cadáver insepulto del capitalismo imperialista, al que socorrieron durante todo el siglo XX. Estos verdaderos escollos para el movimiento obrero deben ser superados con un

programa de independencia de clases, que lamentablemente la izquierda revolucionaria no desarrollo porque se adaptó o a los Estados de bienestar europeos, a los movimientos pequeñoburgueses como las guerrillas o a las direcciones de los Estados obreros degenerados o burocratizados.

Hoy la crisis capitalista está haciendo entrar en contradicción los programas y esquemas adoptados por las corrientes del centrismo de post-guerra. No puede volver a poner sobre sus cimientos el máximo desarrollo histórico del proletariado, su Partido Internacional, lo que vale decir reanudar la tarea de la fundación de la Cuarta Internacional sino es con una ruptura abierta con estas tradiciones.

Apostamos a forjar una nueva generación de revolucionarios que rompa con las tradiciones del reformismo y del centrismo para poder colocar sobre sus pies los cimientos del futuro partido mundial de la revolución socialista.

El próximo periodo trae como desafío para los revolucionarios la necesidad de intervenir activamente en las organizaciones obreras, en particular en los sindicatos. Es allí donde debe levantarse un programa de independencia de clase de todas las variantes patronales y de la pequeñoburguesía.

Contra una clase parasitaria que descarga la crisis capitalista sobre las espaldas de los trabajadores, debemos derrotar la ofensiva de la burguesía mediante el desarrollo de la lucha de clases y armarnos con un programa internacionalista. Y este programa deberá ser una guía para la acción, una senda para que los trabajadores se dirijan hacia la toma del poder. Que coloque como bandera entre otros puntos la lucha por conquistar los Estados Unidos Socialistas de América.

(documento de la Corriente Obrera Revolucionaria (COR/TRCI) de Santiago)

(Fotografía, Marcelo Montecino)

La crisis política en La Cocina del poder

por Ibán de Rementería//

 

La actual crisis política tiene su expresión más dramática y generalizada en la probabilidad previsible que la participación en las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias sea aún menor que las pasadas elecciones municipales, que sólo llegaron al 35%, esta es una crisis de convocatoria política y por lo tanto de legitimidad de la democracia. Seguir leyendo La crisis política en La Cocina del poder

Revolución Rusa: Paz, Pan y Tierra

por Fernando Armas//

Es en general conocido que estas tres consignas configuraron el “programa de acción” que motorizó la revolución rusa. Una primera consideración al respecto es que las tres consignas no podían ser concebidas por separado, sino como una unidad. Esto porque las causas que determinaban su razón de ser, es decir, la guerra, el hambre y la propiedad feudal de la tierra, tenían su origen en una crisis del sistema capitalista en su fase imperialista.

Bien miradas, ninguna de las tres consignas planteaban el socialismo, es decir, la colectivización de los medios de producción expropiación revolucionaria mediante. Se trata, pues, de consignas que, teóricamente, son reformistas, compatibles con la sobrevivencia del sistema capitalista. ¿Cómo se explica, entonces, que hayan generado una revolución gigantesca? ¿Cómo se explica que el partido que las enarboló y las llevó a la victoria fuera la fracción bolchevique de la Socialdemocracia rusa, y no las diversas corrientes liberales burguesas o pequeñoburguesas? Para responde a estas preguntas corresponde tirar varias líneas de investigación:

  • ¿Estaba “preparada” Rusia para una revolución social? Desde una mirada marxista ¿qué se entiende por revolución social?

Proponemos partir de este texto clásico para relacionarlo luego con la dinámica de la revolución de octubre y con las posibilidades revolucionarias en estos cien años hasta nuestros días:

“Prefacio a la crítica de la economía política” (extracto)
Karl Marx, 1859

En la producción social de su existencia, los hombres entran en relaciones determinadas, necesarias, independientes de su voluntad; estas  relaciones de producción corresponden a un grado determinado de desarrollo de sus  fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real, sobre la cual se eleva una superestructura jurídica y política y a la que corresponden formas sociales determinadas de conciencia El  modo de producción de la vida material condiciona el proceso de vida social, política e intelectual en general.  No es la conciencia de los hombres la que determina la realidad; por el contrario, la realidad social es la que determina su conciencia.  

Durante el curso de su desarrollo, las  fuerzas productoras de la sociedad  entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo cual no es más que su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad en cuyo interior se habían movido hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas que eran estas relaciones se convierten en trabas de estas fuerzas. Entonces se abre una era de  revolución social. 

Una sociedad no desaparece nunca antes de que sean desarrolladas todas las fuerzas productoras que pueda contener, y las relaciones de producción nuevas y superiores no se sustituyen jamás en ella antes de que las condiciones materiales de existencia de esas relaciones hayan sido incubadas en el seno mismo de la vieja sociedad. Por eso la humanidad no se propone nunca más que los problemas que puede resolver, pues, mirando de más cerca, se verá siempre que el problema mismo no se presenta más que cuando las condiciones materiales para resolverlo existen o se encuentran en estado de existir.

 

Una lectura literal y dogmática de este texto nos habilitaría a la siguiente interpretación: el capitalismo no ha desaparecido porque no se han desarrollado aún todas las fuerzas productoras que puede contener. Esto explicaría el “retraso” de la revolución socialista a escala mundial, y en el tema que nos ocupa en esta ponencia, la inmadurez objetiva para que la revolución rusa pudiera sostenerse en el tiempo. Así, su degeneración burocrática stalinista primero, y la restauración capitalista posterior pueden ser interpretados como fenómenos inevitables, condicionados por la vitalidad del capitalismo como sistema planetario.

Partiendo de la base que este célebre prefacio explica desde un alto nivel de abstracción (como es inevitable en cualquier generalización científica), es muy importante para su interpretación llevar esa categoría abstracta al nivel concreto de la historia, de la lucha de clases. Usemos este método para la revolución rusa:

  1. Se verifica que las viejas relaciones de producción (la incipiente y creciente relación capital/trabajo asalariado inserta en la dominante feudal) trababan el desarrollo de las fuerzas productivas. El zarismo intenta resolver esta contradicción en términos imperialistas, formando parte de uno de los bloques de la 1ª Guerra Mundial. Rusia se convierte así, por su atraso, y por su desarrollo desigual y combinado, en el eslabón más débil de la cadena imperialista.
  2. La revolución, portadora de las posibilidades de la planificación colectivista-estatista, demuestra la potencialidad de desarrollo de las fuerzas productivas. A pesar de las deformaciones burocráticas, Rusia pasa de ser el país más atrasado de Europa a conformarse como potencia mundial. (ver primeros capítulos de La Revolución Traicionada, de León Trotsky).
  3. Tal desarrollo “nacional” encuentra su límite, su techo, en el propio mercado mundial. La revolución paga el precio del atraso desde el cual se parte. El mundo capitalista desarrollado (Europa occidental, EEUU, Japón) siguen muy por encima de la URSS en su nivel de desarrollo de las fuerzas productivas.
  4. Esto demuestra que no se puede llegar al socialismo (sociedad sin explotación de clase), en un solo país. Lo que sí es posible es que se obtengan victorias parciales contra el capitalismo como sistema, incluidas revoluciones triunfantes que toman el poder y expropian al capital. Por eso hablamos de Estados Obreros y no de “países socialistas”.
  5. El prefacio, a pesar de su abstracción, contempla claramente que la revolución no es un “momento” sino un largo proceso: nos habla de una “ERA” de revolución social, y también explica que las nuevas relaciones de producción “SE INCUBAN EN EL SENO DE LA VIEJA SOCIEDAD”.
  6. Finalmente, cabe agregar que en esta “ERA” que estamos atravesando todavía, la lucha anticapitalista en general, y socialista revolucionaria en particular, ha tenido, tiene y seguirá teniendo avances y retrocesos, victorias y derrotas. Esos avatares deben ser considerados seriamente para ajustar la caracterización del tiempo histórico y las tareas que se desprenden de la misma. No hacerlo, minimizarlo, o peor aún, definir como método el exitismo a partir de un pronóstico de inevitabilidad de la victoria (como lo hace la mayor parte de los partidos de la izquierda tradicional) es un camino de confusión ideológica y política que desarma a la militancia. Los signos de barbarie del capitalismo existen, y es una tarea de los socialistas desnudarlos y combatirlos, sin presumir que para los trabajadores ya son evidentes.

 

  • El concepto metodológico de las consignas y del programa de transición

Como ya explicáramos en la breve introducción sobre el programa de acción motorizador de la revolución rusa (paz, pan y tierra), las consignas y el programa no deben ser formulados como categorías estáticas y abstractas, sino como planteamientos concretos que se deben entender en relación con toda la dinámica de la situación política, de la lucha de clases. Así, el mencionado programa de acción podía ser genéricamente suscripto hasta por fracciones del viejo régimen autocrático. ¿Quién puede estar, en general, a favor de la guerra, del hambre o de que millones de hectáreas se mantengan improductivas por el carácter feudal de la propiedad de la tierra? Sería como decir hoy “salarios dignos, pleno empleo, educación, salud, vivienda”. Es la propia lógica del proceso capitalista mundial (en esos tiempos, en una fase imperialista clásica según la descripción científica y detallada de Lenin) el que OBJETIVAMENTE niega a las grandes masas esos derechos elementales. Como los trabajadores y los campesinos no se movilizan por una finalidad estratégica, socialista revolucionaria, sino por sus reclamos inmediatos, hay que partir de esas reivindicaciones elementales para orientar el movimiento de lucha. Todo el programa de intervención de los bolcheviques en el proceso de la revolución rusa está marcado por este método de consignas transicionales: “TODO EL PODER A LOS SOVIETS DE OBREROS, CAMPESINOS Y SOLDADOS”, “ABAJO EL ZAR, ASAMBLEA CONSTITUYENTE”, “FUERA LOS MINISTROS CAPITALISTAS DEL GOBIERNO PROVISIONAL” (por nombrar sólo algunas relacionadas con la cuestión del poder político) siempre fueron formuladas concatenadas con las revindicaciones básicas, con “paz, pan y tierra”. Esto no significa que las consignas transicionales, por sí mismas, tengan un carácter “mágico”, y que de lo que se trata es de “acertar” en las mismas. De hecho, en el propio proceso de la revolución rusa hay revisiones permanentes respecto al programa y a las consignas. Pero en todos los casos lo que es fundamental es cómo presentar el programa como transicional: a partir de la lucha por las reivindicaciones mínimas progresar hacia la lucha por el poder. En la “era revolucionaria” (al decir de Marx), consideramos equivocado el concepto de separación entre “programa mínimo de reclamos reivindicativos bajo el capitalismo” y “programa socialista máximo” como eje de la propaganda. El concepto transicional no se desprende sino de una REALIDAD TRANSICIONAL, dinámica, entre la vieja sociedad que no termina de morir y la nueva sociedad que no acaba de nacer.

  • El protagonismo activo de las masas como sujeto social y como actor irreemplazable de los cambios históricos. Democracia obrera, los concejos obreros (soviets) y la acción directa de masas

En dos de sus “obras cumbre” (Historia de la Revolución Rusa y Mi Vida), León Trotsky refuta la especie de que la toma del poder por los bolcheviques en 1917 fue una suerte de “golpe de estado”. Con la fuerza argumental de lo vivencial, expone con claridad la magnitud de la participación activa de las grandes masas en los acontecimientos revolucionarios. La creación de los soviets (concejos obreros, asambleas populares), que ya habían surgido en la revolución de 1905, fueron tan sólo el canal oportuno, posible y adecuado para un potente torrente multitudinario. La característica esencial de esos soviets (que por otra parte se reproducían hacia las bases en cada territorio o barrio, en cada fábrica) era su más amplia democracia de bases. El principio de “unidad en la diversidad” se verificaba tanto políticamente (en la lucha de partidos en el seno mismo de esas asambleas) como socialmente (en la composición de obreros, intelectuales, campesinos y soldados).

Pero además, y esencialmente, los soviets marcaron una clara diferenciación con los métodos de la democracia burguesa. En esta última, las masas tienen un rol pasivo, mediante el mecanismo del sufragio universal. Votan por representantes en los cuales delegan la ejecución de los actos de gobierno, delegan el poder del estado. Tanto en el plano ejecutivo como legislativo. En cambio, el método de la democracia obrera, directa, concentra en el organismo colectivo del que se trate (en este caso, los soviets) todas las funciones: deliberación, resolución y ejecución. Prestemos atención que este método de construcción exige, por su propia naturaleza, una participación muy activa de sus protagonistas, y por lo tanto, un crecimiento cuantitativo y cualitativo en la conciencia.

En la propia revolución rusa este contraste entre democracia burguesa y democracia obrera se expresó políticamente en los debates sobre la Asamblea Constituyente (institución máxima de la primera) y su relación con los soviets, como expresión primero del doble poder, y luego de la propia dictadura del proletariado, del gobierno obrero naciente.

Los bolcheviques tomaron el poder con su mayoría en los soviets de las grandes ciudades (Moscú, Petrogrado) cuando todavía eran minoría en una Asamblea Constituyente, cuya relación de fuerzas se medía por el sufragio universal en todo el país. 

Obviamente, también es importante recordar que en un país con una estructura económica y social con amplio predominio poblacional campesino (vigencia aún del feudalismo), este contraste entre lo urbano y lo agrario profundizó el contraste entre democracia obrera y democracia burguesa.

El protagonismo de las masas también puso su impronta a la cuestión de la violencia, del armamento, de la propia insurrección. El Comité Militar Revolucionario era uno de los sub-organismos de los soviets. Más allá de que la acción militar, por su propia naturaleza, requiere especialistas y manejos específicos clandestinos, secretos, lo cierto es que se trató de una forma organizada de violencia de masas, opuesta por el vértice con el terrorismo individual, que tenía en Rusia una fuerte tradición.

Esta verificación histórica nos permite una enseñanza fundamental para nuestra militancia actual: tanto en un período de luchas defensivas (como la actual) como en una fase de ascenso de masas (como podemos caracterizar, por ejemplo, la Argentina del 2001/2002), la premisa básica para las posibilidades de éxito de cualquier movimiento es el grado de participación activa de las bases y el pleno funcionamiento de democracia directa en su seno. Y esto debe ser impulsado por los socialistas revolucionarios, más allá de las limitaciones de clase y/o políticas que tengan formas incipientes de esta democracia de bases, como el ejemplo citado más arriba.

Asimismo, en tanto la dictadura de clase de la burguesía sobre los explotados se realiza hoy por el método de la democracia basada en el sufragio universal (los trabajadores son llevados a votar por sus propios verdugos) tiene una enorme importancia, especialmente si intervenimos con listas y candidatos propios en las elecciones, desarrollar la agitación y propaganda tendiente a desenmascarar esta forma de dictadura, contrastándola con los métodos de la democracia obrera.

Algunas observaciones sobre el proceso de restauración capitalista en la URSS y otros estados emergentes de procesos revolucionarios

Para los socialistas que estamos convencidos que es necesaria una revolución que expropie al capital y organice la sociedad bajo un plan colectivista, el proceso de restauración capitalista que se ha consumado en la URSS, pero también en China, el sudeste asiático y Europa del Este, configura una derrota histórica para los objetivos estratégicos de la clase obrera mundial, tal como los concibieron Marx y Engels, y como comenzaron a llevarlos a la práctica Lenin y Trotsky.

La esencia de esta derrota consiste en que el sistema capitalista ha logrado sobrevivirse naturalizando su existencia, no sólo en los hechos, sino además en la conciencia de la abrumadora mayoría de los trabajadores del mundo. Reina la sensación que el capitalismo es la estación terminal de la evolución humana, y que a lo que más podemos aspirar los luchadores es a morigerar sus manifestaciones de barbarie.

Son conocidas las razones del proceso que culminó con la restauración capitalista: degeneración burocrática-stalinista de por medio, la teoría del “socialismo en un solo país” se demostró como inviable, en tanto el capitalismo es un sistema cada vez más globalizado. La presión del mercado mundial superó y aplastó al limitado desarrollo de las fuerzas productivas de países atrasados. La revolución proletaria nunca triunfó en los centros económicos fundamentales del sistema capitalista.

La burocracia stalinista, como correa de transmisión deformada entre ese mercado mundial globalizado, entre el Imperialismo y las masas, operó como opresora, y como beneficiaria directa, primero gozando de privilegios en la administración del Estado Obrero, y luego travestiéndose en flamante burguesía en el proceso de restauración capitalista. La caída del stalinismo no fue, pues, el resultado de una Revolución Política en la que las masas se re-apropiaran del poder, sino que fue un fenómeno absolutamente reaccionario. El potencial aspecto progresivo de la caída del stalinismo, que forma parte del exitismo de la mayor parte de la corrientes trotskistas, se ve negado por el peso del cambio de contenido de clase del Estado, y por la aceptación de las grandes masas rusas de la restauración capitalista, sin que mediara un aplastamiento a sangre y fuego, en términos fascistas, como lo pensaba Trotsky antes de su muerte, y como lo repetían las corrientes trotskistas en los 80/90.

Lejos de significar esta dura realidad un desmerecimiento de la revolución rusa, así como de los demás procesos revolucionarios del siglo XX, no sólo los reivindicamos como gestas heroicas, sino que además, desde el punto de vista estrictamente económico social, significaron saltos importantes en cuanto a conquistas de los explotados, no sólo en los países donde hubo revoluciones, sino en los propios países capitalistas más desarrollados, en tanto se crearon mejores condiciones para la lucha, incluso una relación de fuerzas potencialmente revolucionaria.

Las posibilidades revolucionarias, como las ocasiones para la lucha contra el capital, no pueden ser objeto de una programación a la medida de la perspectiva estratégica de los explotados. Es absurdo, por lo tanto, hablar de la “inoportunidad” de la revolución rusa, a partir de, con el diario del lunes, describir su proceso de degeneración posterior.

Preferimos pensar esta compleja cuestión como un proceso histórico, que como tal, no se puede medir con el calendario de las vidas biológicas de los militantes. Hablamos, pues, de marchas y contramarchas, de un proceso contradictorio, que se debe medir en décadas, o incluso, en siglos.

Hemos desarrollado hasta aquí lo que se da en llamar “factores objetivos”, tanto del proceso revolucionario, como de la reacción, de la restauración capitalista. Dejamos para el último capítulo de esta ponencia el llamado factor subjetivo.

La cuestión de la dirección revolucionaria, la cuestión del Partido

El bolchevismo leninista, y muy especialmente, su continuidad histórica, el trotskismo, atribuyó un papel decisivo a la voluntad militante (organizada en partido) como factor revolucionario. Cabe recordar esa definición trotskista clásica: “LA CRISIS DE LA HUMANIDAD SE REDUCE A LA CRISIS DE DIRECCIÓN REVOLUCIONARIA DEL PROLETARIADO”. No nos parece que esta premisa sea correcta, en tanto las propias masas no demuestren su voluntad de lucha. Hemos señalado en esta ponencia nuestra crítica a la unilateralidad con la que se aborda la supuesta “madurez objetiva” para las posibilidades revolucionarias. Negar a esta altura las posibilidades de revitalización del capitalismo (a caballo de las derrotas infringidas al movimiento obrero) es negar simplemente la realidad.

Pero también es cierto, volviendo a la Revolución Rusa, que con todas las “condiciones objetivas” dadas, no hubiera habido revolución proletaria triunfante sin partido bolchevique, sin dirección revolucionaria.

Y también es cierto que esa dirección, ese partido, no fue el resultado ocasional de acontecimientos excepcionales, sino que se forjó en un proceso largo, trabajoso, contradictorio, que se puede medir en varias décadas.

No nos referimos sólo ni restringidamente a los bolcheviques, sino en todo  caso a éstos como fracción del movimiento marxista internacional.

Es que desde mediados del siglo XIX, tomando como documento liminar el Manifiesto Comunista, hasta la victoria revolucionaria de Octubre de 1917, el marxismo conquistó la conciencia de millones de obreros e intelectuales en Europa, extendiéndose hacia todo el mundo.

Tomando como referencia organizada a la 2ª Internacional, la lucha de tendencias y fracciones tenía como caja de resonancia a partidos de masas, lo que hacía que el debate interno se abriera camino hacia las bases, no se limitara a las cúpulas.

Se trata entonces de un período histórico en el que asistimos a una elevación general de la conciencia de clase entre los trabajadores, de su politización, y de su participación activa en las distintas formas de lucha.

La selección de una vanguardia es inconcebible, a nuestro modo de ver, sin un proceso de esa característica. Aún en las derrotas políticas (por ejemplo, el apoyo a la guerra imperialista de la mayoría del Partido Socialdemócrata alemán) se produjo un aprendizaje y una selección política (los internacionalistas) que configuró una corriente histórica con incidencia real a partir de la magnitud de la 2ª Internacional, y esto a pesar de lo pequeña que era numéricamente esa fracción revolucionaria.

La Tercera Internacional Comunista intentó una superación de la Segunda a partir del impulso de la Revolución Rusa, y de hecho logró ser una referencia importante (aunque aún minoritaria) en el seno del movimiento obrero mundial. Quizás movida al principio de su construcción por una expectativa desmesurada sobre las posibilidades revolucionarias, y seguramente después como parte del papel burocrático contrarrevolucionario del stalinismo, se acuñaron las famosas 21 condiciones para que cualquier grupo o partido de los distintos rincones del mundo pudieran adherir a ella.

Hoy, a casi 100 años vista, nos parece que existió en la concepción general de ese método una deformación burocrática en nombre del centralismo democrático.

El urgentismo revolucionario primero y las necesidades del aparato stalinista después, operaron como factor liquidacionista de los procesos de maduración política (y de los debates necesarios para que ellos se produzcan) en todas las secciones de la Tercera Internacional.

Creemos que las distintas corrientes que reivindican y que se sienten herederas de la Revolución Rusa no han revisado este aspecto fundamental. Por eso (y nos referimos también y especialmente a las corrientes autoproclamadas trotskistas más importantes del planeta) reproducen al interior de sus organizaciones ese liquidacionismo, que ahoga el debate, que expulsa disidentes, y que viola sistemáticamente el centralismo democrático.

Como aprendizaje y puesta en plan de acción, creemos que es necesario recuperar los anclajes que alojen al marxismo y sus militantes en el seno de las masas, y que los innumerables grupos y partidos existentes se consideren a sí mismos como fracciones de un movimiento o gran partido (obrero, revolucionario y socialista) con amplia libertad de tendencias.

Para avanzar por ese camino habrá que superar el aislamiento de las masas, y el sectarismo, especialmente aquel que se basa en la pertenencia a un aparato del cual se depende económicamente.

Recrear el clima de confianza, de fraternidad, de debate y de espíritu crítico es la gran tarea. Creemos que es el mejor homenaje a los revolucionarios rusos de hace 100 años. A los líderes que no deben ser sacralizados, y a los militantes anónimos que hicieron posible la victoria socialista de octubre.

(el autor de este texto milita en la agrupación Socialismo Revolucionario de Argentina)

 

 

Lenin, sobre dependencia y liberación nacional

por Rolando Astarita//

En la izquierda está muy generalizada la idea de que la mayoría de los países de América Latina, a excepción de Cuba, y tal vez Venezuela, mantiene una relación de tipo semicolonial, o neocolonial, con las grandes potencias, EEUU en primer lugar. Y que por este motivo, es necesario luchar por realizar la tarea histórica de la liberación nacional, o “la segunda independencia”. En contraposición a esta postura, desde hace años sostengo que países como Argentina, México o Chile, no son semicolonias, y que no está planteada, como demanda pendiente, la liberación nacional. Esta postura conecta con la distinción de Lenin entre países dependientes, por un lado, y países coloniales y semicoloniales; y su noción del contenido de la liberación nacional. En términos generales, podemos decir que se trata de un enfoque muy minoritario en la izquierda, aunque ya ha sido avanzado por diferentes marxistas. Entre ellos, por Dabat y Lorenzano (1984); por mi parte, he desarrollado estas ideas en Economía política de la dependencia y el subdesarrollo (UNQ, 2010), y en los años 1990, en la revista Debate Marxista.

En lo que sigue presento primero la postura de Lenin; la comparo luego con la interpretación instalada en la izquierda, según fue presentada por Milcíades Peña; en tercer lugar, argumento por qué es superior el enfoque leninista, y las consecuencias que se derivan para un programa socialista en los países dependientes. La nota se divide en tres partes.

Países dependientes y coloniales 

Lenin consideraba -comienzos del siglo XX- que había tres tipos fundamentales de países atrasados: los dependientes, las colonias y las semicolonias. Los primeros, según Lenin, eran políticamente independientes, pero dependientes económicamente de los países más ricos, y del capital financiero. Entraban en esta categoría naciones como Argentina, Serbia, Bulgaria, Rumania, Grecia, Portugal y hasta Rusia. “No sólo los pequeños Estados, sino aun Rusia, por ejemplo, es enteramente dependiente, económicamente, del poder del capital financiero de los países burgueses ricos” (Lenin, 1914). También consideraba que EEUU había sido una “colonia económica” de Europa en el siglo XIX. A pesar de lo escueto de las referencias, pareciera que consideraba que los países dependientes eran explotados por los países ricos, aunque no especificaba el mecanismo. En algunos pasajes los caracterizaba como “colonias económicas” de los países imperialistas. Argentina, por ejemplo, era una “colonia comercial” de Inglaterra, y Portugal un “vasallo”, aunque ambos conservaran su independencia (Lenin, 1916).

Los países coloniales, en cambio, estaban sojuzgados por vías político-militares, y esta coerción de tipo no económico determinaba la extracción del excedente. Esto es, la explotación se realizaba mediante la imposición, por vía de la fuerza y la violencia directa, de un gobierno directamente vasallo de la metrópoli colonizadora. Este sistema colonial permitía la transferencia de recursos, como materias primas, desde las periferias al centro, así como la apertura de mercados para la sobreproducción crónica que, según Lenin, existía en los países adelantados. Por eso, implicaba la imposición de una minoría extranjera sobre la población nativa, a partir de una relación de fuerza.

En este respecto, el libro de Hobson, Imperialism: A Study, -que cita Lenin en su conocido folleto “El imperialismo, fase superior del capitalismo”-, es muy claro sobre el significado de la relación colonial. La ocupación de las colonias, según Hobson, era llevada adelante por una minoría de funcionarios, comerciantes, organizadores industriales, asentada en el poder militar, y ejercía su poder económico y político sobre grandes masas de población a las que consideraba inferiores e incapaces de autogobernarse política o económicamente. La explotación podía darse por medio del uso compulsivo de mano de obra (portadores de cargas en África, trabajadores de plantaciones, etcétera); economía de trata, que consistía en el monopolio comercial del país dominante sobre los monocultivos; impuestos a los campesinos y artesanos y acaparamiento de tierra por parte de los colonos. A las clases burguesas o pequeño burguesas nativas -comerciantes y artesanos- no se les permitía tomar decisiones políticas, económicas o diplomáticas con un mínimo de autonomía. La sociedad nativa era dominada por un aparato militar, político y administrativo importado y mantenido con una violencia que podía llegar al etnocidio (Hobson, 1902). Precisemos que Hobson era un liberal, que buscaba reformar el sistema, en tanto Lenin pensaba que la lucha contra el imperialismo era inseparable de la lucha revolucionaria por acabar con el capitalismo. Pero la descripción hobsoniana del dominio colonial es, en lo básico, mantenida por Lenin (también la importancia que daba Hobson al capital financiero).

Lo importante aquí es que al estar sometidas a la extracción violenta del excedente, las colonias no podían formar una unidad autónoma. Una idea que es consustancial a la relación colonial, y ha sido destacada por autores posteriores. Por ejemplo Sonntag (1988), refiriéndose a las colonias en América Latina, escribía: “Hasta que conquistan la independencia política y se constituyen nuevamente en formaciones sociales propias, (las colonias) forman una unidad con la respectiva llamada madre patria… La acumulación de capital en ella era unitaria: el capital acumulado revertía mayormente a la economía del poder colonial que separaba de ello un mínimo para los costos de reproducción sociopolítica de la colonia” (p. 148). Agregaba que los instrumentos de acumulación en la colonia consistían en relaciones de producción o formas de organización social del trabajo no capitalistas: esclavismo, encomienda, formas de servidumbre feudal. Lo cual significaba que en la economía del poder colonial – colonia existía lo que se conoce como acumulación originaria (p. 149). En síntesis, la no constitución de una unidad autónoma –relativamente autónoma- parece central en rol que da Lenin a la autodeterminación nacional, esto es, al derecho a la constitución como Estado nacional.

Las semicolonias, transición a la colonia

Como adelantamos, Lenin distinguía una tercera categoría de países, los semicoloniales. La semicolonia era una forma transicional hacia la colonia, ya que, a pesar de ser formalmente independientes, las potencias ejercían sobre esos países una injerencia directa, de tipo colonial. Los casos típicos eran, hacia 1915, China, Turquía y Persia, a los cuales las potencias habían impuesto obligaciones por medio de la violencia militar o la semi-ocupación. Por ejemplo, Gran Bretaña había obligado a China a firmar, en 1842, el tratado de Nankin, por el cual los chinos debieron liberar sus puertos, fijar un tope a los derechos aduaneros de importación y permitir que los extranjeros tuvieran áreas residenciales y comerciales fuera de la justicia local. Más tarde, China fue obligada a conceder nuevos derechos de navegación fluvial, privilegios comerciales y a permitir la fundación de más factorías extranjeras a Francia, Gran Bretaña, Alemania, Rusia y Japón. Las potencias tenían estacionadas tropas y barcos, y sus zonas estaban bajo administradores propios. Persia y Turquía también estuvieron ocupadas parcialmente por tropas extranjeras; Persia había sido dividida en zonas de influencia, que correspondían a Gran Bretaña y Rusia, en 1907. En cuanto a Turquía, Gran Bretaña dominaba su Estado, y en 1920 las tropas inglesas llegaron a ocupar Constantinopla. Aunque Lenin no lo menciona, también deberíamos considerar semicolonias, a principios de siglo XX, a Panamá, Nicaragua, Cuba, Haití y República Dominicana, sobre los cuales EEUU tenía injerencia directa, muchas veces vía intervenciones militares. En cualquier caso, es inherente a este tipo de relación la ausencia del derecho a la autodeterminación del país sometido.

La liberación nacional

El significado de la demanda de liberación nacional deriva de la naturaleza de la relación colonial o semicolonial, ya que se trata de obtener el derecho a la autodeterminación política y “a la existencia de un Estado separado” (Lenin, 1916). Por eso, es una demanda democrático-burguesa, del mismo tenor que otras reivindicaciones democráticas; por ejemplo, el derecho al voto, o al divorcio. La autodeterminación constituye un derecho formal, pero de consecuencias económicas, ya que la constitución de un Estado independiente termina con el pillaje y el robo del país sometido por medios extraeconómicos. Por eso también, la autodeterminación genera mejores condiciones para el desarrollo capitalista (Lenin, 1916). Un país que deja de ser colonia, o semicolonia, y se constituye como Estado autónomo pasa así al estatus de “dependiente”. Esto implica que el Estado tiene jurisdicción sobre su territorio: “En el momento en que una colonia ha luchado y conquistado su independencia política, se constituye nuevamente en una formación social propia” (Sonntag p. 151). Sonntag sostiene que después de la independencia se continúa acumulando capital para la economía dominante (o las economías dominantes), pero también “debe iniciarse un proceso de acumulación interna y de reproducción ampliada de capital que tenga como objetivo el sustentamiento y la expansión interna de las formaciones sociales creadas, incluso cuando sea muy bajo su volumen” (pp. 151-2).

A pesar de que la acumulación del capital “hacia afuera” sigue siendo dominante, según Sonntag, la acumulación interna da lugar a una paulatina estabilización de la dominación de la clase capitalista local, y a la posibilidad de formación de Estados con autonomía relativa. El énfasis que pone Lenin en la constitución de un Estado propio puede vincularse con esta dinámica de acumulación interna. En una descripción más dialéctica del proceso, y con centro del análisis en Argentina, Oszlak (2012) pone el énfasis en la relación entre la formación de una economía capitalista y el Estado nacional: “… la formación de una economía capitalista y un Estado nacional son aspectos de un proceso único, aunque cronológica y espacialmente desigual. Pero además implica que la economía en esa formación va definiendo un ámbito territorial, diferenciando estructuras productivas y homogeneizando intereses de clase que, en tanto fundamento material de la nación, contribuyen a otorgar al Estado un carácter nacional” (p. 18).  Y agrega poco más abajo que “la formación de un Estado nacional es el resultado de un proceso convergente, aunque no unívoco, de constitución de una nación y un sistema de dominación” (p. 19). Se trata, naturalmente, de un sistema de dominación con base principal en la clase dominante local. Es en este sentido, hay que subrayarlo, que se distingue radicalmente de la colonia y la semicolonia.

 Sin embargo, la autodeterminación nacional no elimina –ni puede hacerlo- la dependencia económica, que en el enfoque de Lenin, está asociada al predominio del capital financiero, y no puede desaparecer en tanto haya capitalismo (véase 1916). Por eso, la superación de la dependencia económica de un país atrasado excede lo que puede lograr una revolución nacional burguesa y democrática, o anti-imperialista. En otros términos, acabar con la dependencia no puede plantearse como tarea nacional burguesa y democrática. Por ejemplo, y siempre según el enfoque de Lenin, Noruega, al independizarse de Suecia, había alcanzado su liberación nacional, esto es, el derecho formal a ser un Estado independiente. Sin embargo, desde el punto de vista económico, seguía siendo dependiente, y esto no podía ser de otra manera en tanto subsistiera el sistema capitalista. “Ninguna medida política puede prohibir un fenómeno económico” observa Lenin. Noruega, Polonia y otros países atrasados podían acceder a la independencia política, pero esto no cortaría la dependencia del capital financiero. “La independencia de Noruega, ‘lograda’ en 1905, fue solo política. No podía afectar su dependencia económica, ni era su intención” (1916). Subrayaba que “la autodeterminación concierne sólo a lo político”, y no tenía sentido siquiera hablar de la imposibilidad de la autodeterminación económica. Noruega había logrado la autodeterminación política, pero el capital financiero británico, por ejemplo, ejercía una gran influencia en su política (así como el capital alemán influenciaba en Suecia).

Por eso, la consigna de autodeterminación figuraba en el programa mínimo de los socialistas, esto es, en el programa de demandas que, en principio, podían obtenerse bajo el sistema capitalista. Se trataba de una medida burguesa, que no detenía la expansión del capital financiero (ídem). “Dado un resultado de la presente guerra (se refiere a la Primera Guerra mundial) la formación de nuevos Estados en Europa es plenamente ‘lograble’ sin que perturbe de ninguna manera las condiciones del desarrollo del imperialismo y su poder. Por el contrario, esto aumentaría la influencia, los contactos y la presión del capital financiero. Pero dado otro resultado, la formación de nuevos Estados en Hungría, Checa, etcétera, es del mismo modo ‘lograble”. Los imperialistas británicos ya están planeando este segundo resultado en anticipación de su victoria” (Lenin, 1916, nota). Todo apunta a lo mismo; la demanda de autodeterminación, o liberación nacional, afecta directamente a la esfera política, a la libertad formal de un país de constituirse como Estado separado. No puede torcer las leyes que gobiernan el mercado mundial.

La noción de semicolonia en Milcíades Peña

A pesar de su importancia, desde fines de los años 1920 la distinción entre países dependientes y coloniales y semicoloniales, tendió a perderse en la izquierda; y con ella, las consecuencias que derivaba Lenin con respecto a la liberación nacional. Ya en las décadas de los 60 y 70, se consideraba natural caracterizar a países como Argentina, México o India de “semicolonias”, y la cuestión se mantiene así hasta el presente. Milcíades Peña fue representativo de esta postura. Aunque fue crítico de Abelardo Ramos y de la “izquierda nacional”, acordaba sin embargo en que para Argentina, y el resto de América Latina (a excepción de Cuba), estaba planteada la tarea histórica de la liberación nacional. Criticó a Ramos porque éste sostenía que la clase obrera debía renunciar a mantener una posición independiente frente al nacionalismo burgués; pero no por plantear la liberación nacional como tarea central de la revolución latinoamericana.

En este respecto, el punto de partida de Peña fue su caracterización de Argentina, y naciones semejantes del Tercer Mundo, como países semicoloniales. El carácter semicolonial de Argentina se debía, en su visión, a que el país estaba subordinado al capital financiero internacional y a organismos políticos y militares a través de los cuales se ejercía la dominación de EEUU: “… por el Tratado de Río de Janeiro, la Carta de la Organización de Estados Americanos y otros compromisos semejantes, (Argentina) ha delegado atributos esenciales de la soberanía, en particular el declarar la guerra, en un superestado continental, controlado por Estados Unidos” (p. 14). En consecuencia, la autodeterminación nacional pasaba por “eliminar la subordinación al capital financiero internacional” y a los organismos internacionales (p. 169). De manera que Peña planteaba la liberación económica entre los objetivos a conquistar con la liberación nacional. En ningún momento discute qué relación guarda esta tarea con la estructura capitalista de Argentina, y su inserción en el mercado mundial.

Sin embargo, Peña era consciente de que el desarrollo de la burguesía argentina tendía a vincularla inevitablemente al capitalismo mundial. Por ejemplo: “… para la industria argentina sólo es cuestión de vida o muerte oponerse a la importación de algunas mercancías metropolitanas, lo cual es muy distinto que oponerse al imperialismo. Y cuanto más se enriquece la burguesía, más se vincula al capital internacional y mayor es su necesidad de contar con el apoyo financiero y técnico de las metrópolis, si es que sus negocios han de prosperar” (p. 99). Pero ésta es precisamente la razón por la que Lenin sostenía que la eliminación de la dependencia (podemos precisar: dependencia tecnológica, científica, financiera) no podía inscribirse entre las tareas democráticas y nacionales de la burguesía. Para ilustrarlo con un caso actual, hoy puede verse que Italia, España y Grecia, a los cuales nadie califica de “semicolonias”, están “subordinados” a los dictados de los mercados financieros. Algo similar puede decirse de la relación que mantenían Argentina o Rusia con el capital financiero internacional, en los años en que Lenin los consideraba “dependientes”. Peña pasa por alto estas cuestiones. De igual modo, es llamativa la forma en que eleva al grado de dominación semicolonial la participación de Argentina en la OEA; recordemos que, después de todo, en 1982 Argentina entró en guerra con Gran Bretaña sin solicitar la venia de la institución.

Sin embargo, Peña también reconoce que la situación de Argentina era muy distinta de la que existía en China, en las primeras décadas del siglo XX. Escribía: “El peso específico de la opresión imperialista era en China incomparablemente mayor que en la Argentina… (…)… la burguesía china, por muchos aspectos más cercana al status de las burguesías coloniales que al de las burguesías semicoloniales, tenía con el imperialismo contradicciones de una intensidad tal que desembocaron en enfrentamiento militar, mientras que las contradicciones de la burguesía argentina con las metrópolis jamás consistieron en otra cosa que en discusiones en torno a la tarifa de avalúos y a los términos de los préstamos imperialistas” (p. 113). Pero precisamente debido a ese “peso específico incomparablemente mayor de la opresión imperialista” es que Lenin consideró que, a mediados de la segunda década del siglo XX, China era una semicolonia, y Argentina un país dependiente. Las diferencias categoriales sirven para poner de relieve estas cuestiones.

Observemos también que esa falta de distinción de Peña lo lleva a caracterizar a Rusia como un país semicolonial (p. 16). Si esto hubiera sido así, debería haberse inscripto la tarea de la liberación nacional en el programa revolucionario de 1917. Sin embargo, esta demanda brilló por su ausencia. Esto se debe a que el status de Rusia era cualitativamente diferente del que tenía China (Rusia mantenía una dominación de tipo semicolonial sobre Turquía, por ejemplo), aunque estaba bajo la influencia del capital financiero internacional. Este tipo de ambigüedades y problemas se mantienen en el “marxismo tercermundista” (o nacional) hasta el presente.

Más sobre el significado histórico de la independencia formal

La  distinción que realizó Lenin entre colonias y semicolonias, y países dependientes tiene singular importancia para comprender no sólo las limitaciones que encierra la liberación nacional (o el derecho a la autodeterminación), sino también el avance que representó su conquista. Es que la constitución de los Estados soberanos ha sido clave para la formación de los mercados internos y las naciones, como ya apuntamos en la primera parte de esta nota, citando el libro de Oszlak. Esta cuestión también está implicada en la crítica de Mármora (1986) a la difundida idea de que mecánicamente el mercado nacional da lugar al surgimiento de la nación y el Estado nacional. Según Mármora, desde el punto de vista conceptual el proceso de formación nacional está indisolublemente conectado a la formación del Estado moderno (aunque aclara que desde una perspectiva histórico genética no siempre tiene que ser así; véase p. 168). Y el Estado, a su vez, fue vital para la formación del mercado nacional. Lo cual significa que existe una dialéctica compleja de factores económicos (relaciones capitalistas y mercantiles que se imponen a las precapitalistas, vinculación con el mercado mundial, etc.), políticos (lucha de clases, constitución del Estado, etc.) e ideológicos (anhelos y mitos colectivos, herencias étnicas y religiosas, cultura burguesa, etc.) que confluyen a la formación de la nación, de la conciencia nacional, y el Estado. La consecución de la independencia política formal fue entonces un factor de primer orden en esta evolución. Por eso decimos que la independencia política formal significa la realización de la tarea histórica burguesa en el terreno de las vinculaciones políticas internacionales. Lo que equivale a decir que no existen tareas “democrático burguesas” fundamentales pendientes, en lo referido a la relación inter Estados, cuando se trata de países dependientes.

La necesidad de distinguir y el capitalismo contemporáneo

Llegados a este punto, y ante posibles objeciones de las infaltables mentes rígidas, se impone un inciso aclaratorio: como sucede con toda clasificación, en la distinción entre semicolonias y países dependientes hay lugar para zonas “grises”, y muchos casos intermedios. Por ejemplo, en América Latina, Granada o Panamá tal vez estarían más cercanos al status de semicolonias, dadas las intervenciones militares directas de Estados Unidos que han sufrido en los últimos años. Sin embargo, la mayoría de los países latinoamericanos encaja con bastante claridad en la categoría de dependiente, no de semicolonia, según el criterio que defendemos. Argentina, Brasil, Chile, Perú, para nombrar sólo algunos países, tienen gobiernos y Estados autónomos, en manos de “sus” burguesías. Algo similar puede decirse de países africanos o asiáticos, como Egipto, Marruecos, Nigeria, India, Malasia, Indonesia o Corea del Sur, para citar también algunos casos relevantes. Al englobar bajo una misma categoría de dependiente a estas naciones, tampoco pretendemos pasar por alto la riqueza de los particulares y singulares (después de todo, y como dice Umberto Eco, “…tenemos pocos nombres y pocas definiciones para una infinitud de cosas individuales”). Pero sí destacar la diferencia específica que existe con la relación colonial o semicolonial.

Por ejemplo, en el caso de Argentina, se puede sostener que desde su organización nacional más o menos definitiva, en 1880, las políticas económicas y sociales no fueron impuestas por potencias extranjeras, ocupaciones militares o gobiernos instalados por ellas. A lo largo de la historia los gobiernos argentinos adoptaron muchas medidas que serían impensables dentro de una relación colonial, o semicolonial. Como botones de muestra, recordemos que en 1973 Argentina estableció relaciones comerciales con Cuba, la Unión Soviética y Polonia, y obligó a las multinacionales estadounidenses, a participar en ese comercio, contra los deseos de Washington; más tarde, la dictadura militar exportó trigo a la URSS, a pesar de la oposición de EEUU; en 1982 Argentina ocupó militarmente Malvinas; ese mismo año el país entró en cesación de pagos de su deuda; en 2001, defaulteó; desde 2005 el gobierno argentino se ha negado a realizar los informes anuales para el FMI; también en años recientes Argentina reconoció a Palestina como “Estado libre e independiente”, contra la posición de EEUU; actualmente el gobierno sigue sin regularizar su deuda con el Club de París; y negocia con China y otros países según sus conveniencias. Cualquiera de estas medidas era inconcebible en una semicolonia como lo era China de los años 1910.

Recordemos por otra parte que la misma dinámica del desarrollo capitalista dependiente genera las bases materiales para esas políticas. A medida que los países se fueron liberando del dominio colonial y semicolonial –América Latina en el siglo XIX, la mayor parte de Asia y África en la segunda posguerra, y hasta los años 1970- se generalizó el modo de producción capitalista, y con él la participación de las burguesías de los países atrasados en el manejo de “sus” Estados. En consecuencia, las medidas económicas de estos gobiernos se deciden de manera creciente teniendo en cuenta la situación competitiva en que se encuentran los capitales locales y de qué manera pueden avanzar sus intereses, en el marco de relaciones económicamente desiguales. Esto comprende incluso a países cuyas luchas fueron ejemplos del combate antiimperialista y anticolonial. Por ejemplo, hasta 1975, el gobierno de Vietnam del Sur era un títere del imperialismo estadounidense, y por lo tanto podía considerarse que el país era una variante de semicolonia. Después de 1975, y con el triunfo sobre EEUU, Vietnam se unifica bajo el nuevo gobierno revolucionario. Pues bien, y contra lo que muchos esperaban (o esperábamos), en 1976 el gobierno vietnamita pidió el ingreso del país al Fondo Monetario Internacional y al Banco Asiático de Desarrollo, y aprobó leyes para fomentar las inversiones extranjeras. Pero no se trató de una imposición colonial, sino de la decisión de un país políticamente independiente.

Las relaciones e intereses capitalistas “internos” explican también muchas medidas que adoptan los gobiernos de los países atrasados para atraer capitales externos. Así, hoy muchos países africanos abren sus puertas a los capitales chinos, se endeudan con China y se vinculan comercialmente con ella, en tanto países soberanos, y atendiendo a los intereses de clase, o de fracciones de clase, locales. De manera similar, el gobierno argentino de Cristina Kirchner está procurando atraer inversiones chinas, y no por ello es “lacayo” del imperialismo chino. Como tampoco lo es de Estados Unidos, aunque cierre acuerdos con Chevron, acate las sentencias del CIADI y negocie la deuda con el Club de París. Por eso he planteado en otras notas que en las idas y venidas del caso YPF, no estaban en juego los “intereses nacionales”, sino los negocios, esto es, cálculos de ganancias, productividad e inversiones (ver aquí).

Los ejemplos se multiplican. México, por caso, ha firmado el tratado de libre comercio con EEUU, no por imposición directa de Washington, sino de acuerdo a la conveniencia de la burguesía mexicana. También está abriendo el sector petrolero a la entrada de capitales extranjeros sin que medie una imposición de tipo colonial. En el mismo sentido, el gobierno “antiimperialista” de Lula aceptó mantener relaciones con el FMI y las privatizaciones de los años 90, pero también rechazó el ALCA, y mantuvo relaciones con Cuba y Venezuela, a pesar de la opinión contraria de Washigton. Todo esto no se explica diciendo que a veces Lula es agente cipayo del imperialismo, y otras un antiimperialista más o menos convencido. De la misma manera, Myanmar gira hoy hacia los mercados sin obedecer el dictado de imposiciones coloniales, sino según los intereses de su clase dominante. Por eso es un error sostener, como hace Sonntag (y la idea está muy difundida en ámbitos de la izquierda) que las clases dominantes de los países dependientes administran en ellos los intereses de las metrópolis. A medida que avanzó la acumulación interna de capital, las burguesías dependientes atendieron de manera creciente sus intereses, y dentro de ese marco, dieron y dan respuesta a los intereses de las metrópolis en tanto y en cuanto lo consideren conveniente al logro de sus objetivos.

Lo anterior no significa negar que los gobiernos de los países dependientes reciban presiones de los gobiernos más poderosos, y de los capitales internacionalizados. En este punto, y a diferencia del planteo de Lenin, diría que esa dependencia económica no está asociada exclusivamente a la existencia del capital financiero internacional, sino al conjunto del capital –las grandes transnacionales abarcan también la industria, el comercio, la agricultura- y a la estructura desigual del modo de producción capitalista mundial. Naturalmente, los capitales más avanzados científica y tecnológicamente, y con mayor poder comercial y financiero, ejercen presión sobre los capitales más débiles; y los Estados nacionales más fuertes, asociados a esos capitales avanzados, tienen un poder de presión incomparablemente mayor que los Estados de los países atrasados. Por eso, así como EEUU presiona a los países latinoamericanos, Brasil hace lo propio con Paraguay y Bolivia (recordemos los conflictos en torno a Itaipú, o por los precios que paga Petrobrás a Bolivia); y también Argentina con Paraguay y Bolivia; o con Uruguay. Pero esto no significa que existan relaciones de tipo semicolonial entre estos países. Por ejemplo, Argentina presiona a Uruguay por la construcción del puerto de aguas profundas que alienta el gobierno de Mujica, sin que ello implique que Uruguay sea semicolonia argentina. Estas presiones derivan del modo de producción capitalista, y son ineludibles en tanto exista la propiedad privada y el mercado mundial. Son consustanciales a la naturaleza competitiva del capital, a la persecución de objetivos propios de las diferentes burguesías y a la defensa de sus intereses (al pasar, ¿en qué queda la pretendida “unidad latinoamericana”?).

Es puro utopismo pequeño burgués pensar que un país capitalista puede abstraerse o modificar esta dinámica objetiva. La dependencia económica de los países atrasados con respecto a las grandes potencias no se puede eliminar con la liberación nacional, que atañe a lo político. Es una dependencia que está asociada al desarrollo internacional desigual de las fuerzas productivas. Por eso, un programa socialista sería reaccionario (en el sentido del atraso de la ciencia y la tecnología) si propusiera desarrollos autárquicos, y basados en los particularismos nacionales. Una “liberación nacional” a lo Corea del Norte no es “liberación” en ningún sentido de mejora de las condiciones de vida de las masas trabajadoras, ni de las condiciones para terminar con toda forma de explotación, que es lo que en definitiva importa.

Planteos conectados

El tema tratado en esta nota enlaza con otros planteos que he presentado en este blog. Una primera cuestión es que no tiene sentido decir que actualmente el país dependiente típico es explotado (seguramente en este punto tengo una diferencia con el planteo de Lenin). Es que en la actualidad la relación económica predominante, en los países dependientes, es capitalista, y por lo tanto la extracción del excedente opera a través de la generación y apropiación de plusvalía, de la queparticipan los capitales según su fuerza relativa, sean nacionales o extranjeros; la cuestión del colonialismo en esto no interviene. Pero si los capitales nativos de los países dependientes participan de la explotación según su fuerza relativa, no tiene sentido decir que son explotados, u oprimidos, por los capitales extranjeros; más bien son socios en la explotación del trabajo. Éste es un punto en el que mantengo una fuerte diferencia con buena parte de la izquierda “nacional”, que piensa que la burguesía criolla es “semi-oprimida” por el imperialismo (según Trotsky, 1937, la burguesía de los países semicoloniales sería una clase “semi-gobernante, semi-oprimida”). Los países dependientes y atrasados hoy no están sometidos al saqueo y pillaje por vía de la dominación colonial, y por lo tanto no tiene sentido afirmar que “la nación” (esto es, comprendiendo a su clase dominante) está oprimida, o explotada en alguna forma.

Para expresarlo con nombres, en Argentina los grupos Socma, Techint, Lázaro Báez, Bulgheroni, Clarín, Macro, Arcor, Pescarmona, Grobo y similares, no son explotados, sino explotadores. Algo similar ocurre con los grandes grupos económicos mexicanos, chilenos, malayos o indios. Pueden estar asociados con capitales extranjeros, sean financieros, comerciales o productivos, pero no por ello están colonizados. Lo mismo se puede decir de los inversores argentinos (o de cualquier otro país atrasado) que realizan inversiones directas en otros países, o colocan fondos en los grandes centros financieros internacionales. Sus intereses están entrelazados con los del gran capital. Un funcionario argentino que invierte sus dinerillos en un paraíso fiscal, no es un explotado por el capital financiero internacional; es alguien que ha participado, y se ha beneficiado, de la explotación de la clase obrera de “su” país, y se sigue beneficiando de la explotación del trabajo a nivel global. En definitiva, la clase dominante argentina, como la de cualquier otro país dependiente, no es “semi-oprimida” ni “semi-explotada”, como aparecía en la visión tradicional basada en la caracterización “Argentina semicolonia”. Por esta razón, tampoco tiene sentido sostener que la clase obrera europea o estadounidense participa de la explotación de la clase obrera del llamado tercer mundo, como sostienen algunos marxistas “nacionales” (hace algunos años, escuché por televisión a la por entonces diputada Ripoll decir que los trabajadores españoles gozaban de “altos salarios” porque las empresas españolas sobre-explotaban a los trabajadores argentinos).

En segundo término, la evolución de la mayoría de los países de colonias a países capitalistas dependientes, no se puede comprender si se sigue aferrado a la idea de que la entrada del capitalismo europeo en la periferia sólo generó retroceso de las fuerzas productivas o estancamiento. O que la oligarquía terrateniente nunca podría evolucionar hacia alguna forma de capitalismo agrario. Se trata de una tesis que se instaló en la izquierda a partir de 1934 (séptimo congreso de la Internacional Comunista), y se mantuvo, con pocas variantes, hasta el día de hoy. Por eso es tan común que la izquierda “nacional” diga que Marx se equivocó cuando pronosticó que en el largo plazo la entrada de los ferrocarriles británicos en India terminaría generando capitalismo indio (y buena parte de la izquierda “ortodoxa” guarda prudente silencio sobre el asunto).

Por eso también, casi nadie quiere recordar los pasajes en los que Lenin planteaba que la entrada del capital extranjero en las colonias daría lugar al desarrollo de fuerzas productivas capitalistas en esos territorios. Según la visión “estancacionista”, en las periferias sólo podían reinar el atraso y el saqueo colonial, de manera que el desarrollo capitalista estaba “bloqueado” (término empleado por Samir Amin, o Ernest Mandel) en algún sentido fundamental. Sin embargo, la predicción de Marx se mostró más acertada que el enfoque estancacionista (véase aquí). Indudablemente, la entrada del capital en el Tercer Mundo, del brazo del colonialismo, provocó enorme devastación y retroceso (véase Bairoch, 1982), y esta situación es el elemento de verdad que tienen las tesis estancacionistas. Pero también generó, dialécticamente, las condiciones para que surgiera una fuerza social burguesa, con raíces propias. En la Argentina dependiente del siglo XIX, por caso, las inversiones británicas de ferrocarriles, alentadas por los gobiernos tradicionalmente considerados pro oligárquicos y pro capital extranjero -Mitre, Sarmiento, Avellaneda- también alentaron, en definitiva, un desarrollo capitalista. Puede, con toda razón, considerárselo un desarrollo tecnológicamente atrasado y desarticulado, pero no dejó de ser desarrollo capitalista. Obsérvese que desde la perspectiva que estoy defendiendo, un libro como Facundo, de Sarmiento, no es la expresión de un programa de desarrollo colonial, como sostiene la corriente nacional, sino capitalista; más precisamente, de acumulación originaria -esto es, por medio de la violencia- capitalista.

El desarrollo capitalista, por otra parte, hace que en la actualidad sea más visible la distancia que media entre los países dependientes, y las colonias y semicolonias que analizaba Lenin. Más aún, hoy la exportación de capitales desde países atrasados, y el surgimiento de  grupos con intereses globales y raíces en los países atrasados, introducen nuevas complejidades en las relaciones de dependencia. En 2000 la participación de los países atrasados en la inversión extranjera directa mundial era del 12%; en 2012 fue del 35% (los BRICS, esto es, Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica son los mayores inversores; UNCTAD, 2013)). En 2011 el 42% del stock de IED de los BRICS estaba en países adelantados (y el 34% en EEUU). En 2012, entre los 20 países inversores más importantes del mundo estaban China (segundo lugar, con 123.000 millones de dólares); Rusia, en el octavo lugar (con 51.000 millones de dólares); Corea, en el puesto 13; México en el 15; Singapur en el 16 y Chile en el 17 (con 21.000 millones de dólares; fuente UNCTAD 2013). En la lista Fortune 2012 de las 500 empresas globales más poderosas del mundo, 73 empresas eran de China, 13 de Corea del Sur, 8 de Brasil, 8 de India, 7 de Rusia, 6 de Taiwán, 3 de México, 2 de Singapur, y con una empresa figuraban Malasia, Colombia, Tailandia, Venezuela, Arabia Saudita y Emiratos Árabes. Según el McKinsey Global Institute, de las 8000 empresas que a nivel mundial producen ingresos superiores a 1000 millones de dólares anuales, el 26% pertenece a países atrasados. No estamos diciendo con esto que Malasia o Brasil se equiparan con Japón o EEUU, sino significando que hubo un desarrollo capitalista, y que las burguesías de muchos países atrasados en absoluto pueden ser consideradas simples marionetas de los capitales de las grandes metrópolis.

El desarrollo también involucró a las famosas “oligarquías terratenientes parasitarias”. Por ejemplo, en Argentina, cuando se dieron las condiciones, los grandes propietarios de la tierra en la Pampa Húmeda invirtieron en la producción de soja y maíz, y avanzaron por una vía capitalista. Se puede discutir si es un avance tecnológico mayor o menor que el de los países adelantados, pero no hay dudas de que se trató de un desarrollo capitalista. Lo mismo sucedió con otras esferas de la actividad económica: surgió un capitalismo con bases propias, que actúa en conveniencia con el capital extranjero. Se confirma también que esta evolución terminó acentuando la relación de las economías de estos países con el mercado mundial, y con el capital mundial. El desarrollo capitalista da como resultado que todas las economías sean hoy cada vez más interdependientes. La discusión sobre la “cuestión nacional” (y la famosa “burguesía nacional”) en países como Argentina, se resuelve en la intelección de estos desarrollos.

Liberación nacional y contradicción capital trabajo

Como no podía ser de otra manera, las diferencias en torno a estas cuestiones desembocan en diferencias en torno al carácter de las luchas sociales y políticas, y los programas que deberían defender los socialistas en los países atrasados. En la visión “a lo Milcíades Peña”, el problema fundamental sería lograr la liberación nacional. El enfrentamiento de la clase obrera con la burguesía se plantea, desde esta óptica, no porque el capital implique una relación de explotación, sino porque juega un rol contrarrevolucionario en relación a la liberación nacional. Volviendo al escrito de Peña, ya citado: “Ante todo, la clase obrera se enfrenta a la burguesía porque ésta es una clase básicamente antinacional y contrarrevolucionaria desde el punto de vista de la realización de las grandes tareas revolucionarias de la nación. Por eso la tendencia a poner en primer plano los antagonismos entre el proletariado y la burguesía nacional olvidando el antagonismo entre la nación y el imperialismo es sin duda condenable, pero igualmente condenable, igualmente nocivo y contrarrevolucionario, es el intento de ocultar, frenar y taponar la lucha de clases en supuesto beneficio de la lucha nacional antiimperialista” (pp. 159-160).

Este pasaje sintetiza en buena medida las diferencias entre Peña (y el trotskismo, la corriente de la dependencia y similares), por un lado; y la izquierda nacional (incluido el stalinismo), por el otro. Pero también permite ver la distancia entre el planteo de esta nota, y el de Peña (y los trotskistas). De acuerdo al enfoque que defiendo, hay que poner en primer plano el antagonismo entre el capital y el trabajo, no porque esté pendiente alguna tarea histórica de liberación nacional, sino porque domina un modo de producción basado en la explotación del trabajo por el capital, sea este último nativo o extranjero. Lo cual conecta, inevitablemente, con la perspectiva internacionalista.

Por otra parte, también pierde sentido el apoyo “crítico” a partidos o corrientes políticas por su pretendido “antiimperialismo”. Una cuestión que, en determinadas coyunturas, ha marcado líneas políticas y mensajes cargados de sentido “nacional”. Por ejemplo, en 2002 muchos dirigentes de la izquierda argentina apoyaron la candidatura de Lula a la presidencia de Brasil, con el argumento de que enfrentaba al imperialismo de EEUU. Así, Vilma Ripoll, del Movimiento Socialista de los Trabajadores, explicaba que el triunfo de Lula terminaría “con años de gobiernos directos del FMI y las multinacionales” (Página 12, 27/10/02); según esta visión, el gobierno de Fernando Henrique Cardoso había sido de tipo semicolonial (cipayo, agente del imperialismo), y con Lula el país, y América Latina, avanzaban hacia su independencia. Luis Zamora se expresaba en términos semejantes: aconsejaba votar por Lula “para enfrentar a EEUU y su política militarista de dominación” (ídem). Estos dirigentes no podían ubicar el programa de gobierno del PT en los marcos de un gobierno más o menos “normal” (y bastante conservador, por cierto) de un país dependiente. Tampoco advertían que las políticas fundamentales de Cardoso (privatizaciones, énfasis en reducir el déficit fiscal, promoción de condiciones para invertir) no obedecían a “dictados” de Washington, sino derivaban de la lógica del capital “en general”, con anclaje en el mismo Brasil. En esta visión “nacional marxista”, la historia queda reducida, en última instancia, a una interminable sucesión de “traiciones” a los intereses de la patria oprimida.

No se trata de errores debidos a falta de información, sino son el resultado de una concepción globalmente equivocada, cuya raíz última es la incomprensión de las tendencias que operan a nivel del capitalismo mundial. En definitiva, volver sobre la distinción leninista entre países dependientes y coloniales y semicoloniales, y su relación con las evoluciones del capitalismo, puede ser fructífero para la elaboración de los programas y líneas de acción del socialismo en los países atrasados.

 

Sobre la tradición revolucionaria popular

Un intercambio con Ramón Franquesa

Discutir sobre los rasgos esenciales del jacobinismo –entendido en su acepción original, no en la forma desnaturalizada en que suele ser aludido hoy– no es asunto baladí, aunque a primera vista pueda parecer algo remoto, de interés exclusivamente académico. Porque lo que se discute son las raíces y el futuro de la democracia. Nada menos.

En  febrero se publicó un importante artículo de Ramón Franquesa titulado Bolívar y el socialismo del siglo XXI. En ese texto su autor reflexiona, a la luz del actual proceso revolucionario venezolano, sobre la tradición revolucionaria europea desde sus orígenes.

Ramón Franquesa parte, en consecuencia, de la Revolución francesa, a la que considera con razón como hecho histórico fundador de las revoluciones de la contemporaneidad. En el resumen que hace de los acontecimientos acaecidos durante la misma, Franquesa opta por una determinada matriz interpretativa, según la cual los jacobinos, y Robespierre a su cabeza, serían los propugnadores de un proyecto burgués de sociedad y economía, y para conseguirlo no dudarían en emplear la violencia más feroz e imponer la dictadura. En contrapartida, Hebert y otros dirigentes populares encabezarían la opción revolucionaria proletaria. La actual izquierda revolucionaria, según esa clásica interpretación que recoge Ramón Franquesa, sería heredera de la tradición hebertista, en la que se habría inspirado Babeuf, primer revolucionario comunista, enfrentado con Robespierre. Tras Babeuf, Buonarrotti seguiría sus pasos y nos legaría la memoria de la práctica revolucionaria de nuevo cuño, instaurada por Babeuf siguiendo a Hebert.

Una primera objeción

Y sin embargo, no sería ésta la interpretación que Engels había sostenido sobre el jacobinismo y la revolución. Escribe Engels, por ejemplo, en 1891: “Está absolutamente fuera de duda que nuestro partido y la clase obrera sólo pueden llegar a la dominación bajo la forma de la república democrática. Esta última es incluso la forma específica de la dictadura democrática del proletariado, como lo ha demostrado ya la Gran Revolución francesa. (…) Así pues, República unitaria. Pero no en el sentido de la presente república francesa, que no es otra cosa que el Imperio sin el emperador, fundado en 1798. Desde 1792 a 1798, cada departamento francés, cada comunidad poseían su completa autonomía administrativa, según el modelo norteamericano, y eso debemos tener también nosotros. Norteamérica y la primera república francesa nos han mostrado cómo se debe organizar esa autonomía…”.1 La interpretación que Engels hace de su relación con el legado de la Revolución francesa es, como se puede ver, nada “rupturista” con el periodo que va de 1792 hasta la promulgación de la Constitución del año III, la cual liquida la democracia y es seguida por el golpe de estado del Directorio. Ese periodo elogiado por Engels es caracterizado por él como una época de democracia de base o directa y de libertad de las masas. Pero esto incluye una valoración sumamente positiva de los dirigentes de ese periodo y en especial del que los simboliza entre 1792 y 1794: Robespierre. ¿Qué significa todo esto? Puesto que estamos ante una reflexión sobre los orígenes de nuestra tradición y los textos fundacionales son los atribuidos, con razón, a Babeuf y a Buonarrotti, es conveniente acudir a la reproducción de citas de ambos autores.

Babeuf y Buonarroti en vivo y en directo

Existe una carta reproducida en todas las ediciones de escritos de Babeuf 2 y que suele ser titulada “Carta al ciudadano Joseph Bodson”; es del 28 de febrero de 1796. El lector debe reparar en la fecha. Babeuf y los iguales serán detenidos el 10 de mayo de 1796 y estarán en la cárcel hasta su condena a muerte –27 de mayo de 1797– y su posterior ejecución. 3 Al comienzo mismo de la carta, Babeuf expresa ya que él nunca ha cambiado de principios; no hay, según él mismo, por tanto, un joven Babeuf jacobino y un Babeuf maduro opuesto al mismo y ya comunista. Pero dejo al lector que juzgue por sí mismo. Escribe Babeuf:

Luis XVI tocado con el gorro frigio

“(…). Mi opinión sobre los principios no ha cambiado nunca. Pero sí ha cambiado la que tenía de algunos hombres. Hoy confieso de buena fe no haber visto claro, en ciertos momentos, el gobierno revolucionario, ni a Robespierre, Saint Just., etc. (…) Creo que estos hombres valen más ellos solos que todos los revolucionarios juntos, y que su gobierno dictatorial 4 estaba endiabladamente bien pensado. Todo lo que ha pasado desde que el gobierno y los hombres ya no existen, justifica quizá esta afirmación. No estoy en absoluto de acuerdo contigo en que han cometido grandes crímenes y han matado a muchos republicanos. Creo que no a tantos: es la reacción Termidoriana la que ha matado a muchos. No entro a juzgar si Hebert o Chaumettte eran inocentes. Aunque esto fuera cierto continúo justificando a Robespierre. Este último podía tener con razón el orgullo de ser el único capaz de conducir a su verdadero fin el carro de la Revolución. Intrigantes, hombres de cortos alcances, según él , y quizá también según la realidad; tales hombres, digo yo, ávidos de gloria y llenos de presuntuosidad, tales como Chaumette, pueden haber sido percibidos por Robespierre como dispuestos a disputarle la dirección del carro. Entonces, quien tenía la iniciativa, quien tenía la impresión de su capacidad exclusiva, ha debido ver que todos esos ridículos rivales, incluso los de buenas intenciones, lo entorpecerían y echarían a perderlo todo. Supongo que él se ha dicho: metamos bajo el apagavelas a todos esos duendes inoportunos y a los de buenas intenciones. Mi opinión es que hizo bien. La salvación de veinticinco millones de hombres no puede quedar amenazada por la consideración tenida hacia algunos individuos ambiguos. Un regenerador lo tiene que ver todo en su conjunto. Debe eliminar todo lo que molesta, todo lo que obstruye su paso, todo lo que puede retrasar su llegada al fin que se ha fijado. Bribones, o imbéciles, o presuntuosos y ambiciosos de gloria, es igual, tanto peor para ellos. ¿Por qué se metían en esto? Robespierre sabía todo esto, y es esto en parte lo que me hace admirarlo. Esto es lo que me hace ver en él al genio en el que residían verdaderas ideas regeneradoras. Es verdad que estas ideas te podían comprometer a ti al igual que a mí ¿Qué importancia hubiera tenido eso si finalmente la felicidad común se hubiera realizado? No sé, amigo mío, si tras esas explicaciones puede estarles permitido a los hombres de buena fe como tú seguir siendo hebertistas. El hebertismo es una afección estrecha en esta clase de hombres. Ésta no les permite ver más que el recuerdo de algunos individuos, y el punto esencial de los grandes destinos de la República se les escapa. No creo, como tú, que sea impolítico, ni superfluo, evocar las cenizas y los principios de Robespierre y de Saint Just para apuntalar nuestra doctrina. En primer lugar no hacemos otra cosa que rendir homenaje a la gran verdad sin la que estaríamos por debajo de una justa modestia. Esa verdad es que no somos más que los segundos Gracos de la revolución francesa. ¿No resulta útil aún señalar que no innovamos nada, que no hacemos nada más que suceder a los primeros generosos defensores del pueblo, que antes que nosotros habían señalado el mismo objetivo de justicia y felicidad que el pueblo debe alcanzar? Y en segundo lugar, despertar a Robespierre es despertar a todos los patriotas enérgicos de la República, y con ellos al pueblo, que en otra época solamente a ellos seguía y escuchaba. Son nulos o impotentes, están, por así decir, muertos, estos enérgicos patriotas, estos discípulos de quien se puede decir que fundó la libertad aquí. Son, digo, nulos e impotentes desde que la memoria de este fundador está cubierta por una injusta difamación. Devolvedle su primitivo brillo legítimo y todos sus discípulos se levantarán y triunfarán muy pronto. El “robespierrismo” aterra de nuevo a todas las facciones; el “robespierrismo” no se parece a ninguna de ellas, no es ficticio ni limitado. El “hebertismo”, por ejemplo, sólo existe en París, entre una minoría y aún así sujeto con andadores. El “robespierrismo” existe en toda la República, en toda la clase juiciosa y clarividente y naturalmente en todo el pueblo. La razón es simple, es que el “robespierrismo” es la democracia y estas dos palabras son perfectamente idénticas: al poner en pie el “robespierrismo” podéis estar seguros de poner en pie la democracia (…)”

Como el lector puede juzgar, Babeuf asume como propio en su totalidad el legado y también la práctica política de Robespierre. Si él se considera un segundo Graco, es porque ya Robespierre ha sido el primero: es decir, el tribuno defensor de la igualdad de la propiedad. El proyecto social de Babeuf es el de Robespierre, según aquél mismo declara. Recordemos, además, que para Babeuf Robespierre es el nombre sinónimo de “democracia”; esto debe ser muy destacado porque democracia es una singular variante del republicanismo histórico o régimen en el que el bien común debe estar por encima del de cada ciudadano particular, y cada ciudadano debe intervenir directamente en la acción política de la república. Esa particular variante de republicanismo expresada por el término “democracia” se caracteriza tradicionalmente de esta manera: “Hay oligarquía cuando los que tienen riqueza son dueños y soberanos del régimen; y por el contrario, hay democracia cuando son soberanos los que no poseen gran cantidad de bienes, sino que son pobres. (…) Y necesariamente cuando ejercen el poder en virtud de la riqueza ya sean pocos o muchos, es una oligarquía, y cuando la ejercen los pobres, es una democracia. Pero sucede, como dijimos, que unos son pocos y otros muchos, pues pocos viven en la abundancia, mientras que de la libertad participan todos. Por esa causa unos y otros se disputan el poder.”5

Tipos populares franceses de la época revolucionaria. Grabado anónimo; s. XVIII.

Podemos leer también cómo la violencia desarrollada por Robespierre, según Babeuf, es de todo punto razonable, y además –esto es lo más notable– escasa.

Paso ahora a reproducir una cita del otro teórico fundador del pensamiento revolucionario comunista. Me refiero a Philippe Buonarroti. La obra fundamental de este autor es, como sabemos Conspiration pour l´egalité, dite de Babeuf. La obra de Buonarroti apareció en 1828. Demos la palabra a Buonarroti; él escribe lo siguiente en esta obra: 6

“Los acontecimientos posteriores, creo, han demostrado que los demócratas no fueron jamás numerosos en la convención nacional; fue necesario, con mucho, que la insurrección del 31 (de mayo de 1793) consiguiese transmitir la suprema influencia a los únicos amigos sinceros de la igualdad: sus falsos e interesados defensores parecieron triunfar con la misma, pero, destructores activos en provecho de sí mismos, estos se arrojaron en brazos del sistema que habían combatido, cuando fue necesario reedificar a favor del pueblo.

”Entre los hombres que brillaron en la arena revolucionaria hay algunos que desde el comienzo se pronunciaron a favor de la liberación real del pueblo francés; Marat, Robespierre y Sain Just constan gloriosamente junto con algunos otros en la lista honorable de defensores de la igualdad. Marat y Robespierre atacaron de frente el sistema antipopular que prevaleció en la asamblea constituyente; dirigieron, antes y después del 10 de agosto, los pasos de los patriotas: llegados a la convención, ellos fueron el blanco del odio y de las calumnias del partido del egoísmo, al que ellos confundieron; se elevaron, durante el proceso contra el rey, hasta la más alta filosofía, tuvieron una enorme importancia en los acontecimientos del 31 de mayo y los días siguientes, en los que los falsos amigos de la igualdad perdieron definitivamente su feliz influencia (…)” “Pero algunos de quienes habían participado en la redacción de la constitución (1792), denominada posteriormente democrática por los patriotas, sentían que ella por sí sola no podía garantizar a los franceses la felicidad que ellos exigían: pensaban que la reforma de las costumbres debía anteceder al disfrute de la libertad: sabían que antes de conferirle al pueblo el ejercicio de la soberanía, era necesario devolverle el amor general hacia la virtud; sustituir la avaricia, la vanidad y la ambición, que sostenían entre los ciudadanos una guerra perpetua, por el desinterés y la modestia; aniquilar las contradicción instaurada por nuestras instituciones entre las necesidades y el amor a la independencia y arrancar a los enemigos naturales de la igualdad los medios que le permitieran confundir, aterrorizar y dividir: ellos sabían que las medidas coactivas y extraordinarias, indispensables para obrar un tan feliz y tan gran cambio son inconciliables con las formas de una organización regular; sabían en fin, y la experiencia no ha hecho sino justificarles según su propio punto de vista, que establecer sin estos preliminares el orden constitucional de las elecciones era abandonar el poder en manos de los amigos de todos los abusos, y perder para siempre jamás la oportunidad de asegurar la felicidad pública (…) Es imposible para las almas honestas negar la profunda sabiduría con la que la nación francesa fue entonces dirigida hacia un estado en el que, una vez alcanzada la igualdad, hubiese podido gozar pacíficamente de una constitución libre. No seremos suficientemente capaces de admirar nunca la prudencia con la que estos ilustres legisladore s, poniendo hábilmente de su parte los fracasos y las victorias, supieron inspirar a la gran mayoría de la nación, la abnegación más sublime, el desprecio de las riquezas, de los placeres y de la muerte, y conducirlos a proclamar que todos los hombres tienen un derecho igual a los pro – ductos de la tierra y de la industria (…) desde la proclamación del acta constitucional de 1793 y del decreto que instauró el gobierno revolucionario, la autoridad y la legislación se hacían cada día más populares. Un entusiasmo tan santo como novedoso se apoderó del pueblo f rancés; se form a ron innumerables ejércitos como por ensalmo; la república no fue sino un enorme taller para la guerra: la juventud, la gente madura y la ancianidad rivalizaban en patriotismo y valor; en poco tiempo un enemigo temible fue rechazado hasta las fronteras mismas que él había invadido o que la traición le había entregado. En el interior, las facciones fueron sometidas, todos los días veían eclosionar medidas legislativas tendentes a aumentar la esperanza de la clase numerosa de los desafortunados, a dar valor a la virtud y a restablecer la igualdad. Lo superfluo fue dedicado a los desafortunados y a la defensa de la patria. Se proveyó, mediante requisas de bienes de primera necesidad y de mercancías, de préstamos forzosos, de tasas revolucionarias y de la inmensa generosidad de los buenos ciudadanos, al sostenimiento de un millón cuatrocientos mil guerreros, y del pueblo, cuya audacia republicana los ricos se proponían domesticar mediante la hambruna.

Maximilien Robespierre

”La instauración de almacenes de abundancia, las leyes contra los acaparamientos, la proclamación del principio según el cual se le confiere al pueblo la propiedad de los bienes de primera necesidad, las leyes a favor de la extinción de la mendicidad, las elaboradas a favor de la distribución de los auxilios nacionales, y la Comunidad [“communauté”] que reinaba entonces de hecho en medio de la generalidad de los franceses, fueron algunos de entre estos preliminares de un orden nuevo, cuyo plan se encuentra diseñado con trazos inefables en los famosos informes del comité de salud pública, y fundamentalmente en los que Robespierre y Saint Just pronunciaron desde la tribuna nacional. (…) La sabiduría con la que él [el gobierno revolucionario] preparó un orden nuevo mediante la distribución de los bienes y de los deberes no podrá escapar a las miradas de los espíritus rectos. No se limitarán éstos a ver cómo se expresaba el reconocimiento nacional al distribuirse las tierras prometidas a los defensores de la patria, y con el decreto que ordenaba la distribución entre los desafortunados, de los bienes de los enemigos de la revolución que debían ser expulsados de territorio francés. Verán, en la confiscación de los bienes de los contra revolucionarios condenados, no una medida fiscal, sino el vasto plan de un reformador. Y cuando, tras haber considerado el cuidado con el que se propagaron los sentimientos de fraternidad y de beneficencia, la habilidad con la que se supo cambiar nuestras ideas de felicidad, y esa prudencia que alumbró en todos los corazones un virtuoso entusiasmo a favor de la defensa de la patria y de la libertad, ellos se percaten del respeto acordado a las costumbres simples y buenas, la proscripción de las conquistas y de las superfluidades, las grandes asambleas del pueblo, los proyectos de educación común, los Campos de Marzo, las fiestas nacionales; cuando piensen en el establecimiento de ese culto sublime que, fundiendo las leyes de la patria con los preceptos de la divinidad, multiplicaba por dos las fuerzas del legislador y le daba los medios para extinguir en poco tiempo todas las supersticiones y para realizar todos los portentos de la igualdad; cuando se acuerden de que, al apoderarse del comercio exterior la república había cortado la raíz de la avidez más devoradora, y cegado la fuente más fecunda de necesidades artificiales; cuando consideren que, gracias a las requisas, ella disponía de la mayor parte de los productos de la agricultura y de la industria, y que los artículos de primera necesidad y el comercio constituían ya dos grandes ramas de la administración pública, se verán forzados a proclamar: ¡Un día más, y la felicidad y la libertad de todos hubiera quedado asegurada por las instituciones que ellos no cesaron de exigir!

Miembros de un comité revolucionario camino del cadalso

Pero el destino había ordenado otra cosa, y la causa de la igualdad que jamás había obtenido un éxito tan grande, debió sucumbir bajo los esfuerzos juntos de todas las pasiones antisociales”.

En las páginas 51, 52 y 53, Buonarrotti incluye una nota al pie de página, de más de setecientas palabras, que no reproduzco, en la que critica a Danton y a Hebert, en pie de igualdad, por tener por igual la responsabilidad de haber combatido, calumniado, debilitado, traicionado y derrotado a Robespierre, con lo cual participaron activamente en la liquidación de la Revolución al lado de las fuerzas procapitalistas.

Como hemos podido comprobar la obra de Buonarroti versa sobre la Revolución francesa. Su intención evidente es hacer comprensible para la nueva generación de revolucionarios de los años 30, que se habían encontrado con el muro de silencio impuesto por el terror reaccionario y las calumnias y no habían conocido la experiencia revolucionaria por sí mismos, las ideas de la Revolución francesa. Si bien el pensamiento y las tradiciones políticas plebeyas de la Revolución francesa se mantuvieron vivas clandestinamente a través de las corporaciones de obreros, 7 la obra de Buonarroti fue fundamental tanto para el conocimiento del cuerpo teórico de la Revolución f rancesa como para su conocimiento historiográfico, pues fue la primera historia de la Revolución elaborada desde la izquierda y mantuvo en solitario durante décadas ese doble honor. Por tanto es una obra de caudal importancia en el resurgir del pensamiento revolucionario europeo.

El lector que haya leído ambas citas habrá quedado de seguro sorprendido por ambos textos. Los dos padres del comunismo, Babeuf y Philippe Buonarroti, declaran su admiración sin límites hacia Robespierre, se autoproclaman seguidores o discípulos de Robespierre y continuadores de sus mismas ideas. Consideran además, que el programa de Robespierre era la igualdad, entendida como igual libertad real de todos; esto es, el comunismo. La continuidad intelectual respecto del proyecto político de Robespierre, y no otra cosa, es la idea afirmada por estos dos comunistas. En el texto de Buonarroti que comenta las medidas y los proyectos de Robespierre se insiste, como es propio de un autor que además de comunista es continuador del pensamiento clásico de la tradición republicana, en que la libertad es la característica fundamental inherente de cada ciudadano, cuya carencia inhabilita a todo individuo para ser ciudadano. Y que sin independencia económica que posibilite la no supeditación de cada individuo a la voluntad de otro, es imposible la libertad; por ello, la democracia, que es el imperio de la soberanía de los pobres en la república, exige que se tomen medidas para que todos los pobres se vean libres de esclavitud –en la Europa del siglo XVIII se consideraba esclavo al asalariado por cuenta ajena, es decir, al allieni iuris, al enajenado– y puedan pensar y obrar con libertad, como corresponde al ciudadano, sin verse sometidos a extorsión por otros de quienes dependen para resolver sus necesidades –“aniquilar la contradicción instaurada por nuestras instituciones entre las necesidades y el amor a la independencia” etcétera. 8

Para remachar la interpretación de estos dos revolucionarios que fueron testigos de la Revolución francesa, no quiero dejar de recordar que Robespierre fue quien escribió: “las revoluciones que se han sucedido desde hace tres años lo han hecho todo por las otras clases de ciudadanos, casi nada aún por la quizá más necesitada, por los ciudadanos proletarios –proletaires– cuya única propiedad está en el trabajo. El feudalismo ha sido destruido, pero no para ellos; pues nada poseen ellos en los campos liberados (…) Comienza ahora la revolución del pobre –Ici est la révolution du pauvre. 9

Jean-Paul Marat

Deseo dejar constancia también de que ese “tiránico” Robespierre no disponía de ningún cargo burocrático, ni militar, ni policial, con la salva excepción de ser un convencional o parlamentario democráticamente elegido, y que muy tardíamente se incorporó al comité de salud pública, donde era considerado un “moderantista”. Recordemos también que el famoso organismo, tan denostado, era un comité del parlamento que, como tal, rendía cuentas cada mes ante la Convención, la cual revisaba su composición con esa misma periodicidad. Y que el comité era un tribunal judicial de excepción, pero no un órgano ejecutivo, ni un cuerpo de policía, instrumento que no existió hasta que lo inventaron los liberales –Napoleón–. El comité estaba formado por un pequeño grupo de diputados, no por un cuerpo general integrado por cientos o miles de policías y funcionarios –¿cómo, pues, matar a mansalva?–, y su misión era la persecución y el juicio del delito de sabotaje en la ejecución de las leyes promulgadas por la Convención a manos de los funcionarios contra revolucionarios, es decir, la afirmación y salvaguarda de la legalidad. Y recordemos que Robespierre conseguía imponer su voluntad en la Convención porque era simple transmisor orgánico de la voluntad de la plebe organizada y movilizada; y por eso era tan odiado. Y que esta es la verdad que conoció siempre el movimiento demo-revolucionario del siglo XlX . Escribe Louis Blanc, defendiendo a Robespierre: “no es posible desempeñar un gran papel en la historia si no es a condición de ser lo que yo llamo un hombre representativo. La fuerza que los individuos poderosos poseen, no la extraen de sí mismos más que en muy pequeña parte: ellos la extraen sobre todo del medio que les rodea. Su vida no es sino un concentrado de la vida colectiva en el seno de la cual se encuentran sumergidos. El impulso que imprimen a la sociedad es poca cosa en el fondo comparado con el impulso que ellos reciben de la misma. (…) Al atacarlos o al defenderlos, lo que se ataca o defiende es la idea que se ha encarnado en ellos, es el conjunto de aspiraciones que ellos han representado”. 10

Precisamente por no tener mando de tropas, ni desempeñar cargo político ejecutivo alguno, cuando “la revolución se congela” y las masas se desmovilizan Robespierre y los suyos pueden ser asesinados, y no al revés. 11

Esta interpretación sobre la Revolución francesa, atenida a la verdad, como revelan las fuentes, era la que se mantenía durante el siglo XIX en las filas de la izquierda democrática revolucionaria y es el modelo que inspiraba su práctica política. La plebe organizada en sujeto soberano, el proletariado, las nueve décimas partes de la población, debía luchar por constituirse en poder, e instaurar ese régimen de los plebeyos denominado “democracia”. La tarea de los individuos más decididos moralmente debía ser la de servir orgánicamente al movimiento y, antes de la existencia del mismo, la de tratar de impulsar la constitución de la plebe en sujeto organizado. Esta idea recorre la obra de todos los pensadores demo-revolucionario de la época, y entre ellos, Marx y Engels. Recordemos que en el Manifiesto comunista advierten contra toda intervención elitista: la tarea de los comunistas no es otra que la de los demás partidos obreros: constituir el proletariado en clase: en fuerza deliberante y operante, y por tanto en soberano; conquistar la democracia. Todo otro tipo de actuación que pretenda dirigir, desde un supuesto saber previo, la marcha de la emancipación está incluida en el capítulo, 3 bajo el título “El socialismo y el comunismo crítico utópicos”. Por cierto que la primera frase de ese capítulo, en la que define a los únicos excluidos de tal crítica, reza así: “No se trata aquí de la literatura que en todas las grandes revoluciones modernas ha formulado las reivindicaciones del proletariado (los escritos de Babeuf, etc)”. Expresar por escrito las reivindicaciones del Soberano organizado es la tarea orgánica a la que se limita el trabajo de los mandatados, y Babeuf fue uno de ellos. Por lo tanto, él no era un utópico

La madre del cordero

La interpretación histórica que estoy criticando ha sido propalada desde la izquierda. ¿Cuál es la causa oculta que hay detrás de todos esos enjuagues y falsificaciones sobre la Revolución francesa? Una doble necesidad. Por una parte, la necesidad de liquidar la Revolución francesa, esto es, el democratismo jacobino, como modelo que “azuza” a la plebe a creerse soberana. Por otra, la necesidad de reelaborar una interpretación sobre algunos clásicos del pensamiento revolucionario, que, incorporados al santoral de la izquierda, era imposible condenar a priori, y había que “reconstruir”. Tras la comuna de París y la gigantesca derrota de la izquierda en Europa durante el último tercio del siglo XIX , las organizaciones obre ras alemanas pasaron a ser la fuerza orientadora. Pero el partido socialdemócrata alemán era de raíz lassalleana, y por lo tanto, una organización basada en la teoría liberal de elites. Unos dirigentes, poseedores del saber científico –positivismo científico– que los dotaba de excelencia frente a los ignaros humildes, debían orientar a los explotados sobre sus intereses y sus fines. 12 La democracia plebeya revolucionaria, resultado de la organización de la plebe en sujeto deliberante era algo lejano y temible para esta concepción de la política. Se trataba de eliminar la tradición demo-jacobina que se basa en la acción protagonista y directa de la plebe organizada –la “chusma”– en política mediante la creación de un espacio público plebeyo, la deliberación colectiva y la acción directa, para sustituirla por la teoría liberal de elites. La historiografía burguesa sobre la Revolución, que exorcizaba y satanizaba convenientemente la Revolución francesa, fue asumida.

Dado que la socialdemocracia tenía entre sus santos de palo a Marx, había que proceder también a reelaborar su interpretación para alejarlo por completo de la tradición demo-revolucionaria, y se inventó un Marx en ruptura epistemológica con el pasado, que se insemina, se concibe y se pare a sí mismo, a lo sumo con la ayuda de los economistas capitalistas. Ese Marx no sería un político revolucionario de la época, sino un sabio economista –¡un Genio, por favor!– capaz de construir un nuevo continente intelectual. E via dicendo.

En cuanto a la matriz real del pensamiento de Marx y Engels, el más veraz de los socialdemócratas lo expresaría claramente justo en cuanto se muriera Engels: no es que el marxismo no sea parte de esa tradición revolucionaria jacobina; al contrario, es parte de esa tradición de “democratismo primitivo”, de “terrorismo”, de “blanquismo”, de plebeyismo descerebrado, y por eso es ya pensamiento viejo e inútil, 13pero esta atolondrada veracidad le sería reprochada: “…esas cosas se hacen, pero no se dicen”. La socialdemocracia perseveraría en el otro camino la barbarie de la Revolución y su extrañeza respecto de los santos de la propia peana.

Posteriormente el estalinismo recoge esa misma doble elaboración, porque tiene el mismo interés en borrar la forma de hacer política que surge unida a la tradición jacobina, y sustituirla por la idea, completamente ajena a esta tradición y proveniente del liberalismo, del partido de vanguardia que guía a las masas. Al comienzo de este párrafo he escrito que estas ideas son estalinistas. Soy consciente de que la noción de estalinismo no es suficiente para explicar este y otros muchos fenómenos que suceden en la izquierda. La superchería inventada para sostener la idea del partido de vanguardia, que he llamado estalinista, y que niega la continuidad del comunismo con el jacobinismo e inventa una creatio ex nihilo del marxismo, es compartida a pies juntillas por los grupos trotskistas. 14. Pero sirva el término. Y esta ha sido la causa de la existencia y pujanza de esta interpretación antijacobina de la Revolución francesa.

Epílogo

Deseo referirme antes de terminar, a otra de las ideas que Ramón Franquesa destaca del pensamiento político de Babeuf, con la que estoy plenamente de acuerdo. La idea de la felicidad. Franquesa recuerda que Babeuf defiende que el fin de la revolución es la felicidad humana, no el desarrollo de la productividad, o avance de las fuerzas productivas. Esta idea es de fundamental importancia. Pertenece a la tradición demo-republicana clásica, mediterránea, para la que la felicidad –eudaimonía, vita beata– de un individuo, que es por naturaleza un ser político- social, depende del orden político de esa sociedad, y es el motor de Robespierre, de Saint Just y de los jacobinos robespierrianos. El fin de la sociedad es la felicidad del individuo, y esto exige que sea libre y que disponga de las condiciones materiales que posibilitan su autodesarrollo individual. Consiguientemente, el objetivo a construir para lograr la felicidad es un poder político en el que la plebe sea en verdad soberana, y no simple “soberano representado”, y que permita al demos decidir mediante deliberación pública, permanentemente, qué y cómo desea su mundo. La economía es un mero instrumento puesto al servicio de la felicidad, que sirve para consolidar la libertad de los individuos plebeyos. La ordenación de la economía debe ser decidida, políticamente, por el Soberano, y no es una “variante independiente”. Hubo a principios del siglo XX un revolucionario que, tras sus primeros escarceos con la teoría liberal, o burguesa, de élites en su variante socialdemócrata –unida, como sabemos al positivismo científico: la ciencia como excelencia que señala a la nueva aristocracia que debe regir el mundo– se puso a leer historia y descubrió el jacobinismo; esto es: el principio de que la felicidad y no otra idea es el fin que orienta la revolución, lo que implica el primado de la política, y, consiguientemente, la constitución de un poder institucional estable que posibilite el protagonismo de la plebe sobre su sociedad. Este revolucionario escribió: “Dicho de otra manera (los burgueses) están dispuestos a ‘conceder’ a los obreros la libertad de huelga y de asociación (casi conquistada ya de hecho por lo mismos obreros) con tal de que éstos renuncien al ‘espíritu’ de rebeldía, al ‘revolucionarismo estrecho’, a la hostilidad a los compromisos útiles en la práctica, a la pretensión y al deseo de imprimir ‘a la revolución popular rusa’ el sello de su lucha de clase, el sello de la perseverancia proletaria, del ‘jacobinismo plebeyo’ 15”. Por tanto, idearía como fin de la revolución la instauración de un poder político plebeyo, es decir, democrático, basado en la alianza del campesinado, la clase obrera y la pequeña burguesía. Este revolucionario se tendría que enfrentar a quienes consideraban que el fin de la revolución consistía en promover el desarrollo de las fuerzas productivas, lo que significaba que había que poner Rusia en manos de la burguesía –los mencheviques– o había que proceder a exportar la revolución a los países capitalistas desarrollados de Europa para que el poder económico occidental salvase la revolución –la revolución permanente.

Por ello este neojacobino consideraría justas, respecto de la economía, aquellas medidas que fuesen resultado de la voluntad popular, y cuya instauración concitase la adhesión política activa y la movilización de las masas; no las ideas prejuzgadas desde los estados mayores políticos como apropiadas. En consecuencia, cuando los campesinos exigieron la parcelación de la tierra, él se convirtió en el primer defensor de la misma: en el intelectual orgánico ejecutor de ese proyecto: “Se dice que el decreto y el mandato [de la parcelación de la tierra] han sido redactados por los social revolucionarios. Sea así. No importa quién lo haya redactado; mas como gobierno democrático no podemos dar de lado a la decisión de las masa populares, aun en el caso de que no estemos de acuerdo con ella. En el crisol de la vida, en su aplicación práctica, al hacerla realidad en cada lugar, los propios campesinos verán dónde está la verdad. (…) La vida nos obligará a acercarnos en el torrente común de la iniciativa revolucionaria, en la concepción de nuevas formas de Estado. Debemos marchar al paso con la vida; debemos conceder plena libertad al genio creador de las masas po – pulares. (…) los campesinos han aprendido algo en estos ocho meses de nuestra revolución y quieren resolver por sí mismos todos los problemas relativos a la tierra. Por eso nos pronunciamos contra toda enmienda a este proyecto de ley (…) Confiamos en que los propios campesinos sabrán, mejor que nosotros, resolver el problema con acierto, como es debido. Lo esencial no es que lo hagan de acuerdo con nuestro programa o con el de los eseristas. Lo esencial es que el campesinado tenga la firme seguridad de que han dejado de existir los terratenientes, que los campesinos resuelvan ellos mismos todos los problemas y organicen su propia vida” 16.

El mismo principio democrático era el vigente para los obreros: “Es fácil promulgar un decreto aboliendo la propiedad privada, pero sólo los obreros mismos pueden y deben llevarla a la práctica. (…) No hay ni puede haber un plan concreto de organización de la vida económica. Nadie puede proporcionarlo. Eso sólo pueden hacerlo las masas desde abajo, por medio de la experiencia”17.

“Experiencia”. La “experiencia” no es una consecuencia de la aplicación técnica de un conocimiento científico, sino saber vivencial inherente a toda actividad individual humana o praxis. La praxis no requiere de ningún saber especial; se basa en el sentido común o doxa –opinión–, que dirige la acción y registra sus consecuencias a partir de las propias expectativas. Lenin invoca esperanzado, no las tendencias de la doxa más propensas a la reiteración, sino las más intuitivamente creativas –frónesis, prudentia– de las que está dotado el ser humano. ¿Y cuál es el estatuto epistemológico de la opinión de Lenin aquí expresada? La de un saber segundo, orgánico de la praxis, que reflexiona críticamente sobre la misma: una praxeología. Un filosofar, no un sistema filosófico.

Tras la guerra civil, Lenin validaría de nuevo la fidelidad a la alianza de los obreros con los campesinos sobre la que se basaba el régimen. Frente a los que planteaban una industrialización forzada, desarrollada a partir de un ahorro a expensas y sobre las costillas de los campesinos, para revolucionar el “modo de producción”, propugnó la NEP, simplemente, porque acogía las expectativas de la mayoría de la sociedad.

Se trata aquí de la democracia, por supuesto. Y de la democracia comprendida, no sólo como mera participación en las elecciones de representantes, sino como radicalización del poder directo de las clases subalternas sobre su vida y, en particular, sobre las condiciones materiales de las que depende ésta. Democracia, esto es, poder popular directo, estable, microfundamentado en la sociedad civil por parte del demos. Y para ello, ¿qué programa ha de ser considerado justo? El que consideren justo las masas. Esto es el jacobinismo, la búsqueda de la felicidad y como objetivo la instauración de un poder democrático a cuyo fin se instrumentan las medidas económicas.

Todos estos periodos históricos de lucha por la libertad, a los que me he referido, terminaron en derrotas de la plebe. Pero constituyen nuestra tradición y nuestro ser, porque, por propia voluntad, los asumimos como nuestro patrimonio y nos auto elegimos en ellos; en ellos nos inspiramos y de ellos aprendemos. “La causa vencedora place a los dioses; la vencida a Catón”■

* * *

Notas

  • 1. Federico Engels, Contribución a la crítica del proyecto de pro – grama socialdemócrata de Erfurt de 1891, en Carlos Marx y Fe – derico Engels, Obras Escogidas, en tres tomos , Ed. Pogreso, Moscú, 1974, tomo. 3 pp. 456 y 458. Véase también, de Engels, “La fiesta de las naciones en Londres, en ocasión de celebrarse la instauración de la Primera república francesa, el 22 de setiembre de 1792” en OME, Ed. Crítica, B., 1978, tomo 6, pp. 562 y ss. O el capítulo “movimientos proletarios” de La situa – ción de la clase obrera en Inglaterra, en el mismo tomo de OME, p 463 a 490, en especial la segunda parte del capítulo.
  • 2. Se puede encontrar p. e. en la antología de Ed. Sarpe, Fran – çois-Noel Babeuf, realismo y utopía en la revolución francesa, B. 1985, que reproduce otra anterior de Edicions 62/ Ed Península, B. 1970. También en Babeuf, Écrits, par Claude Mazauric, Messidor –Éditions Sociales, Paris, 1988, pp. 285 a 287. Este texto en francés es el que yo adopto.
  • 3. No la de Babeuf quien, junto con Darthé, al enterarse de la sentencia, se suicida en la cárcel, imitando a Catón de Útica, que se había dado muerte tras ser derrotado en el norte de África por César. Catón era uno de los héroes de Plutarco, y en consecuencia era tan admirado por Babeuf, lector asiduo de Plutarco, como el mismo tribuno Cayo Graco, de quien Babeuf había tomado el nombre. Este Catón era un símbolo del republicanismo histórico, y, en consecuencia, al proceder a suicidarse como él, Babeuf elige un emblema simbólico con el que recalcar la propia autocomprensión de sí mismo. Con ello no hace sino manifestar la continuidad ideológica con una traditio. Todas estas referencias a la antigüedad –nombre autoelegido, suicidio, etc.– muestran un Babeuf nada rupturista con la tradición intelectual.
  • 4. El texto traducido por Ed. Sarpe-Eds 62 traduce aquí “revolucionario” en vez de “dictatorial”, según el original francés
  • 5. Aristóteles, Política 1279b 1280. Ver tambiéna Platón , República. De 557a, hasta 558c: “Nace, pues, la democracia, creo yo, cuando habiendo vencido los pobres, matan a algunos de sus contrarios, a otros los destierran, y a los demás los hacen igualmente partícipes del gobierno y de los cargos, que, por lo regular, suelen cubrirse en este sistema mediante sorteo.
  • 6. Philippe Buonarroti, Conspiration pour l´egalité, dite de Ba – beuf, Éditions Sociales, París, 1957, 2 tomos; tomo 1, pp. 39, 45, 46 47, 49, 50 Esta edición es la última que se ha publicado de esta obra. En castellano no existe edición de la misma.
  • 7. Ver:William H. Sewel, Trabajo y revolución en Francia. El lenguaje del movimiento obrero del Antiguo Régimen a 1848, Ed Taurus 1992. Alain Maillard, La communauté des égaux. Le communisme neóbabuviste dans la France des annés 1840, ed. Kimé, Paris 1999.
  • 8. La palabra “comunismo” procede del término “comunidad”, communitas; y estas de “munus”, municipio en latin. Communis hace pues, referencia a la idea política de res publica o res communis, no a la idea simple de cosa tenida por varios en común; habla de comunidad políticamente organizada antes que de propiedad de algo tenida en común por varios, y procede de la traditio republicana.
  • 9. Robespierre, “Discurso sobre el plan de educación nacional de Michel Lepelletier, de julio de 1793, en Robespierre, écrits, Ed. Messidor/éditions sociales, Paris, 1989, p. 265.
  • 10. Blanc Louis, (s/f ) Leettre sur la terreur, París, Obsidianne, L´impossible terreur, p 14. WWW// gallica.bnf.fr
  • 11. Para un resumen de los argumentos historiográficos de izquierdas, y una presentación de la bibliografía pro re vo l ucionaria, a comenzar por la obra del gran Albert Matthiez , permítaseme una autocita: Joaquín Miras: “La república de la virtud” en VV AA Republicanismo y democracia, Ed. Miño y Dávila, Buenos Aire s, 2005. Con buena distribución en España.
  • 12. “La Internacional fue fundada para reemplazar las sectas socialistas o semisocialistas por una organización real de la clase obrera con vistas a la lucha (…) la organización lassalleana era, simplemente, una organización sectaria y, como tal, hostil a la organización de un movimiento obrero efectivo”. “Marx a Friederich Bolte”, 23 de noviembre de 1871, en Carlos Marx, y Federico Engels, Obras Escogidas, en tres tomos, tomo 2, pp 446 y 447 .
  • 13. Eduard Berstein, Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia, Ed siglo XXI, México 1982.
  • 14. En uno de sus cuentos, narra Borges la historia de dos teólogos que se pasaron la vida odiándose a muerte: Juan de Panonia y Aureliano. Tras una vida de triunfos de uno de ellos y de paralelas humillaciones del otro, el marginado pudo, por fin, darle la vuelta al asunto y conseguir que su rival anteriormente victorioso fuera condenado y quemado por hereje. A su vez, él murió también. Dios, en su infinita bondad los acogió a ambos en su seno, pero Dios, a pesar de su infinita sabiduría, era incapaz de distinguirlos.
  • 15. Lenin, Dos tácticas de la sociademocracia rusa, en Obras Escogidas en tres tomos, Ed Progreso,, Moscú, 1979, tomo 1, p 554. Obra de 1905.
  • 16. V. I. Lenin. “Informe acerca de la tierra ante el segundo congreso de los Soviets de Rusia del 8 de noviembre de 1917”, Obras Escogidas en tres tomos, Ed Progreso, Moscú 1978, tomo 2, p. 492.
  • 17. ”Informe sobre la situación económica de los obreros de Petrogrado… del 17 de diciembre de 1917”, Obras Escogidas, en tres tomos, tomos 2, p. 522.

Texto publicado originalmente en el número 221 de El Viejo Topo, junio 2006

Cuento de Enrique Lihn: Tigre de Pascua

Hace veinte años yo era profesor de inglés. A mi hermano, el Tigre -de filosofía-, lo mataron a culatazos en el 73. Luego tuve un taxi; ahora nada. Con esto lo digo todo.

¡Tigre, a cada cual de acuerdo con sus necesidades! ¿Tan poco necesitados estábamos nosotros?

Sobrevivo, pues, en una de esas poblaciones de nombre paradójico (La Triunfadora), donde nunca antes me habría soñado poniendo los pies. Cuidadosa, cuidadosamente.

Las experiencias me sirven para ordenar una cosa, una imagen, un pensamiento, serán las que se llaman vitales. En la de sobrevivir, no se capitaliza. Puro trabajo. Se parte una y otra vez de cero. Por eso hay quienes prefieren a la sobrevida, una vida peligrosa. Así, antes, el Tigre -héroe de elección- y, ahora, los cogoteros. Son demasiados, por otro lado, quienes mendigan. Y trabajamos los cesantes encubiertos. Por dignidad o por debilidad, según como se mire la cosa. Pero la cesantía encubierta es el disfraz de la mendicidad. En suma, mendigos somos casi todos. Hasta los aficionados al cogoteo que quitan en lugar de pedir, pero sin profesionalismo.

Desde aquí veo a unos y otros ir y venir. Todos los caminos llevan al Paseo Ahumada, nuestra Roma. Aquí (por donde alguna vez tendrá que pasar el Papa) se cumple eso de que siempre hay Pascua en diciembre. Nos entregaron la calle para vigilarnos mejor. Que no se diga que no hay trabajo para todos en las fiestas de guardar, carajo. No hay tigre, hermano, que se resista a la tentación de parecer un gato si le permiten olfatear, en las calles de Bagdad, las puertas de todas las carnicerías.

Entre los que venden cualquier cosa -cuchillos a cien pesos- reconocí, denantes, a los hermanos Cárcamo. Me perdonaron la vida una noche. No sé si por caridad o por desprecio.

¡Hijos de puta! Desde entonces me miran, fijamente, sin verme. Me niegan con esa mirada vacía el derecho territorial sobre el suelo que cubro con mis pies. ¡Tanto fue lo que tuve que deshonrarme, Tigre, para no morir como tú, con gloria!

Está también la gente de paz como esa familia gorda de apellido Soto, como la pensión. Malos, pero muchos. Ocupan una buena lonja del Paseo. Para no tener que correr, compran productos “naturales”, lejos de Santiago. Si se los requisan no tienen que pagárselos a los distribuidores. Por lo demás, los pacos no le codician una piedra pómez, un mojón de luche, un cachorro o una de esas muñecas horribles que ellos mismos tejen en su media agua.

Hasta tienen un permiso municipal. A lo menos el Soto viejo que reparte la mercadería entre los suyos o la reingresa a la casa matriz en caso de peligro. Están también los payasos Cuevas. Y cuatro locas que reproducen una escena de la ópera Carmen, haciendo fonomímica.

Todo está, literalmente, botado en las calles. Un mosquerío de gente que entra y sale de las tiendas, transfigurado, en las tardes, por las luces de colores. País de mierda. Los reflejos condicionados de la oferta y la demanda. Comprar y vender basura.

En este cuadro los viejos de Pascua, que se repiten menesterosamente en la calle… sin comentarios. Con trineos hechos de catres de guagua y de restos de bicicletas. Con ciervos de sacos harineros, enarbolando unos cuernos que parecen racimos de manos llenas de sabañones. Los que no son viejos de verdad merecerían serlo por lo desbaratados que están, con sus barbas y pelucas de algodón. Algunos a medio filo. Con una guagua en brazos o un cabro chico en las rodillas. Mientras el socio les toma una polaroid caída, de cuando en vez.

Sé, por los otros, que olemos mal. A viejo curado, de población. Tú, Tigre, no ibas a oler nunca así, mientras te mataban.

Así es que, en recuerdo tuyo, me estoy quitando toda esta mierda de encima. Hasta las barbas, que son de verdad. Arranquen a perderse, cabros del carajo. Y usted, señora ¿no ha visto nunca a un mendigo de Pascua, todo desnudo?

¡Vengan a ver a un gato, señoras y señores, que tira para tigre! ¡Vengan a ver a un tigre al que van a reventar estos cobardes, a culatazos!

Revolución Rusa: La intelectualidad y la clase obrera en 1917 (I)

por David Mandel//

Mikhail Terechtchenko (1886-1956), industrial del azúcar y Ministro de Asuntos Exteriores del último gobierno provisional no parloteaba cuando preguntó al marinero que le escoltaba a la prisión después de la toma del Palacio de Invierno: ¿Cómo os vais a arreglar sin la intelectualidad? 1/De hecho, esta cuestión se refiere a un proceso clave de la revolución de 1917: el creciente distanciamiento de la intelectualidad, en particular de la fracción de esta última que se calificaba de democrática o de socialista, hacia la clase trabajadora 2/. Los historiadores se han dedicado relativamente poco a este importante aspecto de la revolución. Sin duda, ello se explica por la visibilidad de la intelectualidad en las cumbres del partido bolchevique, en el interior de su comité central. Sin embargo, eran raros los miembros de la intelectualidad en todos los niveles del partido –ciudades, distritos, lugares de trabajo-: en 1917, de forma aplastante, la composición social y la orientación política del partido bolchevique eran proletarias.

El segundo congreso de los soviets en la sala de reunión del palacio de Smolny de San Petersburgo

Este proceso de distanciamiento sumergía, no obstante, sus raíces en la época de la revolución de 1905; incluso antes. Fue invertido, brevemente, por la Revolución de Febrero que, durante un corto período, creó una atmósfera de unidad nacional. Pero el alejamiento mutuo reapareció pronto, con fuerza, alcanzando su punto culminante con la Revolución de Octubre. Esta última fue masivamente apoyada por los trabajadores y trabajadoras mientras que la intelectualidad, incluso sus sectores de izquierda, fue profundamente hostil.

En el uso popular contemporáneo, el término intelectual designaba a una persona que ganaba (o preveía ganar, si era estudiante) los medios de su existencia en el ejercicio de un empleo que necesitaba al menos un diploma de enseñanza secundaria. Por ejemplo, cuando en abril de 1917 el personal superior de correos de Petrogrado decidió formar su propio sindicato, en reacción a las aspiraciones igualitarias del sindicato de los empleados de correos y telégrafos, decidió llamarle oficina organizadora provisional de los empleados Intelligentnykh del correo central de Petrogrado y de sus sucursales”, subrayando la importancia de la educación, a la que habéis dedicado al menos una cuarta parte de vuestra existencia”, tomando así distancias respecto a los miembros del sindicato existente, compuesto de personas que no pueden ni ortografiar correctamente sus nombres” 3/. Por su parte, V.M. Levin, un socialista revolucionario de izquierda (SR), miembro del soviet central de los comités de fábrica de Petrogrado, señalaba en diciembre de 1917 que las gentes que han tenido la buena suerte de recibir una educación científica abandonan el pueblo (…) En el seno de este último crece instintivamente el odio hacia las personas instruidas, hacia la intelectualidad” 4/.

Más allá de esta definición popular, sociológica, el término tenía una dimensión moral y política: la intelectualidad designaba a las personas preocupadas por las cuestiones malditas, por el destino de Rusia. El sociólogo Pitirim Sorokin, secretario personal de Kerenski en 1917, hacía referencia a la intelectualidad como a los portadores de la inteligencia y la conciencia5/. Aunque la mayor parte de estos últimos eran liberales, o incluso se situaban más a la derecha y se identificaban con los intereses y la visión del mundo de las clases poseedoras (la sociedad censitaria), el término intelectualidad suponía sin embargo un cierto matiz de servicio al pueblo que trabaja.

Históricamente, este elemento correspondía a una determinada realidad. En el curso de la segunda mitad del siglo XIX, un segmento significativo de la fracción políticamente activa de la intelectualidad se opuso a la autocracia, y aunque se tratase solamente de una minoría de la población educada, tendió a dar el tono al conjunto del grupo social. La principal tarea política que se asignó fue la de colmar el abismo que le separaba del pueblo todavía adormecido, que deseaba despertar en un combate contra la autocracia. La intelectualidad, en su conjunto, acogió favorablemente la Revolución de Febrero.

Un examen más profundo del período anterior a 1917 revela una imagen más compleja. Ya que la intelectualidad, tras la revolución de 1905, se deslizó hacia la derecha, un viraje que fue especialmente marcado en el seno de la intelectualidad hasta entonces socialista. Un signo de ese cambio, ampliamente discutido en la época, fue la publicación en 1909 de la selección de (siete) artículos, titulada Vekhy (Jalones), por un grupo de intelectuales, algunos de los cuales habían sido marxistas 6/. La selección de textos critica el materialismo y el radicalismo de la intelectualidad rusa. En su estudio del Partido Socialista-Revolucionario, el partido campesino de Rusia, el historiador Oliver Radkey habla de la:

“metamorfosis de (…) la intelectualidad populista de los insurgentes que en 1905 eran demócratas, indiferentes del período entre las dos revoluciones [de 1905 y 1917], después fervientes patriotas, partidarios de la Entente así como en de votos del culto al Estado en el curso de la guerra (…). Se escondieron tras la vieja etiqueta SR, aunque la vieja fe ya no existía, más allá de un residuo de interés por la liberación política (…)” 7/.

Un proceso similar de fuga de intelectuales se observaba en los partidos social-demócratas 8/. Leopold H. Haimson decubrió que la correspondencia privada de los diferentes mencheviques en el curso de los años 1909-1911:

“está llena de declaraciones de desánimo (…) respecto a la retirada masiva de las preocupaciones políticas y sociales que parecía haber acompañado al abandono de la lucha clandestina de la intelectualidad radical. Estas cartas sugieren de hecho que la mayor parte de los miembros del partido habían abandonado de las actividades partidarias y habían quedado completamente absorbidos por la lucha ordinaria, aunque ardua, que consistía en retomar una existencia cotidiana normal” 9/.

El ala bolchevique de la socialdemocracia rusa, que dirigió el movimiento obrero en el curso de los años que precedieron a la guerra y que estuvieron marcados por la renovación de las luchas obreras, es decir en el período de recuperación de la derrota de 1905 y la reacción que siguió, conoció un fenómeno semejante. Las memorias redactadas (años más tarde) por los trabajadores [bolcheviques] documentan su sentimiento de haber sido traicionados por la intelectualidad bolchevique. A.S. Chpliapnikov, un obrero metalúrgico y dirigente de primer orden del partido, escribía respecto al reflujo, que había comenzado en 1906-7. El número de intelectuales en el seno del partido de Petersburgo era tan bajo que apenas tenía fuerzas literarias para responder a las necesidades de la fracción bolchevique de la Duma de Estado y de los periódicos cotidianos del partido:

“En lugar de los raznochinsty-intelligenty [el primer término designa a las personas que no pertenecen a la aristocracia], de los jóvenes estudiantes, surgió una intelectualidad de los trabajadores, de manos callosas y una inteligencia viva así como lazos permanentes con los trabajadores” 10/.

Kiril Orlov (Ivan Egorov), otro metalúrgico de San Petersburgo, miembro del comité bolchevique de esa ciudad durante la guerra, recordaba:

“Durante la guerra, entre los miembros del Comité de San Petersburgo no había ningún miembro de la intelectualidad. Esta última vivía una existencia completamente separada, en alguna parte de la ciudad, agrupada en torno a Máximo Gorki. Pero ni al proletariado ni sus barrios los vieron. Los proletarios teníamos el sentimiento que estábamos solos. No había ni una persona disponible para redactar un pequeño panfleto o un texto de convocatoria. Se sentaban todos con los brazos plegados, afligidos, y huían del trabajo ilegal, de forma similar a como el diablo huye del incienso. Los trabajadores estaban dejados a sí mismos” 11/.

El sentimiento de traición era incluso más fuerte en provincia, donde la intelectualidad era menos numerosa. A. Martsionovskii, un carpintero bolchevique, escribía:

“En un gran número de ciudades en las que había tomado parte en el trabajo ilegal, el comité de partido estaba casi en todos los lugares compuesto exclusivamente de trabajadores. La intelectualidad estaba ausente, con excepción de los que estaban de viaje y venían dos o tres días. Durante los años de reacción más difíciles, los trabajadores permanecieron sin dirigentes provenientes de la intelectualidad. Decían que estaban fatigados, que los jóvenes vendrían a coger el relevo. Pero, entretanto, la juventud era arrastrada por la artsybashevshchina [palabra derivada de la obra del escritor Mikhaïl Artybashev (1878-1927), en particular de su novela de 1908 titulada Sanin que, en el contexto post-1905, pone en escena el abandono de los compromisos sociales, el incesto, el suicidio. Esta novela dio lugar a una palabra, saninshchina. Ambas fueron utilizadas de forma peyorativa para designar el abandono del compromiso político, la fascinación por el suicido y el sexo de una parte de la intelectualidad]. Algunos buscaron nuevos dioses, otros abandonaron el país y el resto llevó una existencia beoda. Pero eso fue en el período que siguió a la destrucción de nuestra organización. Poco después, los intelectuales decidieron que no era bueno ser revolucionario y se dedicaron activamente a la puesta en marcha de una corriente de liquidadores [socialdemócratas que, a continuación de la revolución de 1905, defendían el abandono del trabajo ilegal y la organización clandestina]. Al inicio de la guerra imperialista se posicionaron a favor de la defensa del país y renegaron de sus consignas fundamentales, llevando con ellos a numerosos trabajadores que no tuvieron el tiempo de reflexionar bien las cosas […] Nosotros, los trabajadores en la clandestinidad, tuvimos que actuar sin el apoyo de la intelectualidad, con excepción de algunos individuos. Sin embargo, después de la revolución de febrero salieron a flote, golpeándose el pecho y gritando: somos revolucionarios, etc. Pero, de hecho, ninguno de entre ellos había realizado trabajo revolucionario lguno y no les vimos en la clandestinidad 12/.”

Sin embargo, tal como indica Martsionovskii, tras la Revolución de Febrero tuvo lugar un cierto acercamiento entre los trabajadores y la antigua intelectualidad, durante su fase de luna de miel, de unidad nacional. Una vez que la revolución en la capital fue un hecho real, las clases poseedoras se plegaron a ella, mientras que hasta entonces estuvieron profundamente asustadas ante la perspectiva de una revolución popular. Este giro facilitó en gran medida la victoria de la revolución en el resto del país y en el frente 13/.La atmósfera idílica de febrero se reveló, no obstante, breve. Pronto, ya en abril, la polarización que oponía las clases populares a las clases poseedoras se hizo sentir de nuevo.

Entre los trabajadores, más lentamente entre los soldados y, finalmente, en las aleas, empezó a tomar cuerpo la convicción de que las clases poseedoras se oponían a los objetivos democráticos y contra la guerra impulsados por la revolución y que ellas estaban, en realidad, determinadas a aplastar la revolución por medio de una dictadura militar. Esta convicción se expresó por un apoyo popular creciente a la reivindicación de una transferencia del poder político a los soviets de diputados de los trabajadores, soldados y campesinos. En otros términos, a favor de un gobierno que excluyese toda influencia de las clases poseedoras en la política, una posición defendida por el partido bolchevique. A partir del otoño de 1917, todos los soviets de los centros urbanos de alguna importancia y, de forma creciente, los soldados en el frente, exigían el final del gobierno de coalición con los representantes políticos de las clases poseedoras y el traspaso del poder a los soviets. En el Segundo Congreso Panruso de los diputados obreros y soldados –que se celebró los 25-27 de octubre y puso en pie un gobierno de los soviets- sobre los 650 delegados 390 eran bolcheviques y 90 pertenecían a los SR de izquierda y estos últimos se unieron rápidamente a los bolcheviques en un gobierno de coalición. Reunido entre el 10 y el 25 de noviembre, el Congreso Panruso de los diputados campesinos votó igualmente su apoyo al gobierno de los soviets.

Es sobre este telón de fondo de profundización de la polarización de clases que reapareció el antiguo foso entre los trabajadores y la intelectualidad. Cuando tuvo lugar la conferencia sobre la educación de los adultos, algunos días antes de la insurrección de octubre. A.V. Lunatscharski (que será Comisario del Pueblo de Educación en el primer gobierno de los soviets) presentó un informe sobre el estado de la cooperación entre los trabajadores y la intelectualidad en el terreno cultural. Subrayó que la gran sed de conocimientos que se encontraba en el seno de la clase trabajadora permanecía insatisfecha ya que, “actualmente, se puede observar que el proletariado está aislado de la intelectualidad […] debido al hecho de que el proletariado ha pasado bajo la bandera de la extrema izquierda de la democracia, mientras que la intelectualidad deriva hacia la derecha”. Estas afirmaciones provocaron protestas de los representantes presentes de la intelectualidad. Lunatscharski insistió sin embargo sobre el hecho de que “no es al proletariado al que hay que reprender sino a la intelectualidad, que ha adoptado una actitud radicalmente negativa respecto a las tareas políticas avanzadas por el proletariado” 14/.

A este respecto, es muy revelador el estudio sobre el periodismo ruso en el año 1917, de esta fisionomía colectiva que, hasta recientemente, reflejaba el alma de nuestra pretendía intelectualidad, nuestra aristocracia espiritual”. Fue redactado por V.P. Polonski, un historiador y crítico literario menchevique de izquierda, él mismo muy crítico de la locura bolchevique(sumasbrodstvo) y del régimen soviético:

“[…] Sería difícil encontrar otro grupo que la intelectualidad cuyos pensamientos y estados de alma hayan sido más cruelmente devastados por la revolución.

Tengo ante mí un montón de periódicos, de revistas, de folletos. Entre el material del momento, se encuentra frecuentemente el viejo tema, el más sensible para la consciencia de nuestra intelectualidad: el tema de “la intelectualidad y el pueblo”.

Y, al hilo de la lectura, la imagen que aparece es más inesperada. Hasta recientemente, el tipo predominante de intelligenty era el de intelectual-narodnik [populista], el bien-pensante, inclinándose gentilmente y con simpatía sobre la suerte de nuestro “pequeño hermano”. Pero, ¡he aquí!, ese tipo es en lo sucesivo un anacronismo. En su lugar ha aparecido el intelectual malévolo, hostil al mujik [campesino pobre, sin propiedades, nvs]-, a los trabajadores, al conjunto de la masa trabajadora e ignorante.

Los intelectuales contemporáneos ya no aspiran, como antiguamente, a colmar una especie de abismo que los separa de los mujiks. Al contrario, quieren desmarcarse del mujik de forma clara e infranqueable […]

Tal es la confusión, de mal augurio, que emerge. Se manifiesta con gran nitidez en literatura. En un gran número de artículos dedicados al pueblo y a la intelectualidad, se presenta al pueblo bajo los rasgos de una masa ignorante, brutalizada, ávida y descontrolada; una escoria. Y sus dirigentes actuales como demagogos, miserables nulidades, emigrados, carreristas que han adoptado la divisa de la aristocracia de la vieja Francia: après nous, le déluge […]

Si se recuerda lo que los simpatizantes y los defensores del pueblo de ayer han escrito últimamente respecto al poder de la multitud (okhlokratia), el elemento más alarmante de nuestra situación presente se hace indiscutible: la intelectualidad ha dicho adiós al pueblo. Los intelligenty tienen justo todavía bastante barniz para desear buenas noches al “que sufre todo en nombre de Cristo, cuyos ojos severos no lloran, cuya boca mutilada no se queja”.

Y este último, el eterno sufriente, no ha tenido más que levantarse sobre sus pies, enderezar poderosamente sus hombros y tomar una gran inspiración para que la intelectualidad pierda todas sus ilusiones.

No son ni los excesos de las jornadas de octubre, ni la locura del bolchevismo, los que explican eso. El alejamiento de los intelectuales, las transformaciones de los populistas en partisanos del mal, empezó hace ya mucho tiempo, casi al día siguiente de la revolución [de febrero] […].

Los escritores y los poetas, los ensayistas y los artistas (no todos, por supuesto, pero si un gran número) han dado la espalda al pueblo. “Te has levantado sobre tus pies demasiado pronto. Simplemente eres un bárbaro. Tu camino no es el nuestro” […]15/.

Un proceso paralelo de alejamiento de la intelectualidad se desarrolló en el interior de los partidos socialistas. En su libro dedicado al Partido Socialista Revolucionario entre octubre de 1917 y enero de 1918, Radkey escribe que cuando los socialistas revolucionarios se dividieron finalmente, en septiembre de 1917, entre un ala izquierda y un ala derecha (esta última continuaba apoyando un gobierno de coalición con los liberales, representantes de las clases poseedoras),

“[…] casi todos los marineros y una amplia mayoría de los obreros y de los soldados se unieron a los SR de izquierda, la mayor parte de los intelectuales y los cuellos blancos siguieron donde estaban, y el campesinado se ha dividido en dos campos, permaneciendo el principal fiel a los socialistas revolucionarios (de derecha), pero el más pequeño era de un tamaño consecuente y en constante crecimiento […] De todos los lados había quejas sobre la penuria de intelectuales que obstaculizaba la actividad del nuevo partido. Nicolas Soukhanov le calificó de partido de la plebe rural y le situó en un escalón todavía más bajo que los bolcheviques, el partido de la plebe urbana 16/.”

En la segunda conferencia de Petrogrado del Partido Bolchevique, en julio de 1917, el dirigente local V. Volodarski [elegido en la Duma de mayo, conocido portavoz de los bolcheviques a los que se había unido en julio de 1917 y cuyo nombre era Moisei Markovich Goldstein, muerto en junio de 1918] se quejaba de la deserción masiva de la intelectualidad, agregando:

“La intelectualidad, conforme a su composición social, ha pasado a los defensistas [partidarios del gobierno de coalición sobre la guerra] y no quiere hacer progresar la revolución hacia adelante. No se unen a nosotros y adoptan en todos los lugares una posición de resistencia a las medidas revolucionarias tomadas por los obreros 17/”.

Algunas semanas más tarde, en el sexto congreso del partido, Volodarski declaró esto en su informe sobre la organización bolchevique de Petrogrado:

“El trabajo es realizado por las fuerzas locales salidas de las masas trabajadoras. Hay muy pocas fuerzas intelligentnye. Todo el trabajo de organización es realizado por los mismos trabajadores. Los miembros del comité central participan poco en nuestro trabajo organizativo. Lenin y Zinoviev muy raramente, ya que estaban ocupados en otras tareas. Nuestra organización ha crecido a partir de abajo 18/”.

En las provincias, la ausencia de intelligentsy era aún más marcada. El comité central bolchevique era constantemente bombardeado por solicitudes urgentes de provincia pidiendo que se les enviase “fuerzas literarias”, “al menos un intelligent”. Pero Iakov Sverdlov, el secretario del comité central, respondía casi invariablemente que la situación en la capital apenas era más envidiable y que no podía prescindir de nadie 19/.

Resultó que los trabajadores identificaban a los bolcheviques con los trabajadores y los mencheviques y los SR (de derecha) con los intelectuales. En junio de 1917, por ejemplo, un periodista menchevique visitó una fábrica de embalaje de té en Moscú. Los trabajadores de Moscú estaban políticamente detrás de Petrogrado y todos los miembros de ese comité de fábrica eran todavía mencheviques, con excepción de uno solo. Cuando el periodista preguntó a ese último por qué no era, como los otros, menchevique, le respondió que no pertenecía a ningún partido, pero que votaba por los bolcheviques porque hay trabajadores en sus listas. Los mencheviques son todos gospoda [gentlement] doctores, abogados, etc.”.Agregó que los bolcheviques se pronunciaban a favor del poder soviético y del control obrero 20/. El 14 de octubre, en una reunión del soviet de Orekhovo-Zouïevo (una ciudad de la industria textil de la región industrial central), Barychnikov, un trabajador bolchevique del lugar, afirmó:

“Ante el hecho de que la ideología y la política de la clase obrera reclaman una transformación radical del sistema actual, se ha tensado fuertemente la relación de la llamada intelectualidad, los SR y los mencheviques, en relación con trabajadores. Por consiguiente, ya no existen lazos entre nosotros y a los ojos de la clase obrera se han definido al final como los servidores de la sociedad burguesa 21/.

Mientras que los trabajadores se desplazaban a izquierda y abandonaban su anterior apoyo a la coalición política con los representantes de la sociedad censitaria, las conferencias de trabajadores se convirtieron cada vez más en asuntos plebeyos. Un informe sobre una conferencia de personal ferroviario, en noviembre de 1917, era típico a este respecto: “ausencia casi total de la intelectualidad. Incluso el presídium está compuesto casi exclusivamente por la base 22/. Esta conferencia fue convocada por los trabajadores de los depósitos ferroviarios y de los talleres de Moscú y Petrogrado en oposición al sindicato pan ruso de los ferrocarriles, que se había opuesto a la insurrección de octubre y al gobierno de los soviets. Este sindicato, dirigido por mencheviques internacionalistas, abarcaba a todos los empleados de los ferrocarriles, incluidos los trabajadores de cuello blanco y personal de dirección. En revancha, dos tercios de los delegados a la conferencia de los trabajadores de los depósitos y los talleres eran bolcheviques y el resto socialistas revolucionarios de izquierda. No había más que un puñado de mencheviques internacionalistas.

6/08/2017

Se trata de la primera parte sobre cuatro de una contribución de David Mandel, publicada en su primera versión en 1981, en el número 14 de la revista Critique, p. 68-87, revista animada por Hillel Tickin. Esta primera versión ha sido revisada y ampliada para una nueva publicación, en 2016, en una revista brasileña. Ha servido de base a la traducción realizada por Sébastien Abbet, para la web www.alencontre.org. La traducción ha sido revisada por el autor, que la ha encontrado completamente conforme, en términos de contenido y calidad de adaptación al original. (Red. A l’Encontre)

https://alencontre.org/laune/histoire-revolution-russe-lintelligentsia-et-la-classe-ouvriere-en-1917.html

Notas:

1/ Citado en S.P. Melgunov, The Bolshevik Seizure of Power, (ABC-CAO : 1972), p. 90. [La cita en inglés utiliza el verbo to manage, que quiere decir “administrar”, “gestionar”. Se podría traducir igualmente por: “¿Cómo vais a gestionar, administrar –el país- sin la intelctualidad]

2/ Intelectualidad “democrática” o “socialista” por oposición a “intelectualidad burguesa”. Figuras como Pavel N. Milioukov, profesor de historia y dirigente del Partido Kadete, un partido liberal que, en 1917, ocupará un lugar hegemónico en el senoo de la clase poseedoras (también calificada con el califictivo de “sociedad censitaria”). “La intelectualidad democrática” designaba a los simpatizantes de las clases populares (trabajadores y campesinos), partidarios de los diversos partidos socialistas. En la terminología de la izquierda rusa de la época, formaban parte de la “democracia revolucionaria”, a los lados de los trabajadores y de los campesinos.

3/ K. Bazilevich, Professional’noe dvizhenie rabotnikov sviazi (Moscú: 1927), p. 33.

4/ Znamia truda, (17 diciembre 1917).

5/ Volia naroda, (6 noviembre 1917). Sorokin era el secretario personal de Kerenski. Después de su exilio a los Estados Unidos se convertirá en uno de las figuras destacadas de la sociología universitaria americana.

6/ M. Shatz y J. Zimmerman, ed., Vekhy, Routeledge, N.Y. , 1994.

7/ O. Radkey, The Sickle under the Hammer, (New York, Columbia University Press: 1963), p. 469-470. Ver también la Znamia truda, (15 novembre 1917), sobre la forma como la intelectualidad populista tendió, contrariamente a los trabajadores, a adoptar una posición defensista en el curso de la guerra.

8/ L.M. Kleinbort, Ocherki rabochei intelligentsii, Petrogrado, 1923, p. 176-177.

9/ L. H. Haimson, “The Problem of Social Stability in Urban Russia, 1905-1917”, en M. Cherniavsky, The structure of Russian History, (Nueva York; Random House: 1970), p. 346.

10/ A. S. Shliapnikov, Kanun semnadisatovo goda, (Moscú-Petrogrado: 1923), p. 9.

11/ K. Orlov, Zhizn’rabochego revoliutsionnera. Ot 1905 k 1917 g., (Leningrado: 1925), p. 29.

12/ A. Martsionovskii, Zapiski revoliutsionnera-bol’shevika, (Saratov, 1923), p. 89. Esa era la apreciación de Martsionovskii. En realidad, al menos en la capital, los estudiantes desempeñaron un papel que no fue insignificante en el curso del período 1912-14, en particular en su primera fase (ver, por ejemplo, el artículo de E.E. Kurze’s in Istoria rabochikh leningrada, vol. I, (Leningrado: 1972, p. 419)). Pero eso no fue comparable, ni incluso vagamente, con su papel en 1905 o en el seno del movimiento de liberación anterior. En todo caso, en lo que concierne a la intelectualidad en su conjunto, el cuadro trazado por Martsionovskii es correcto.

13/ V.B. Stankevich, un socialista popular (izquierda moderada) escribió sobre el tema de las clases poseedoras de ese período: “oficialmente, celebraban y bendecían la revolución, gritaban “hurras”en honor de los combatientes de la libertad, exhibiendo cintas y desfilando con banderas rojas. Todo el mundo decía “nosotros”, “nuestra” revolución, “nuestra” victoria, “nuestra” libertad. Pero, en el fondo de su corazón, en las conversaciones íntimas, estaban aterrorizados, temblaban y se sentían cautivos de un medio fundamentalmente hostil que se dirigía hacia un destino desconocido”, V.B. Stankevich, Vospominaniya 1914-1919, Leningrado, 1926, p. 33.

14/ 14/ Novaïa zhizn’, 18 octubre 1917.

15/ Ibid., 4 enero 1918.

16/ O. Radkey, op. cit., p. 159.

17/ Vtoraia i tret’ia obshchegorodskie konferentsii bol’shevikov v iule i sentiabre 1917g., (Moscú-Leningrado: 1927), p. 28.

18/ Shestoi vserossiiskii s’ezd RSDRP(b). Protokoly, (Moscú, 1958), 45.

19/ Ver Perepiska sekretariata TseKa RSDRP(b) s metsnymy organizatsiamy, mart-oktiabr’1917 (Moscú : 1957, passim).

20/ Rabochaia gazeta, 20 junio 1917.

21/ Nakanune Oktiabr’skovo vooruzhennovo vosstania v Petrograde, (Moscú: 1957), p. 152.

22/ Znamia truda, (17 noviembre 1917).

 

La crisis de España como marco de acumulación del capital. El derecho de España contra los derechos de los pueblos

por Iñaki Gil de San Vicente//

 

  1. Introducción
  2. Nacimiento, esplendor y decadencia histórica
  3. Escuela de Salamanca y controversia de Valladolid
  4. Felipe II y el nacionalismo español «prudente»
  5. Los Austrias menores y la ruptura en la clase dominante
  6. La casa de Borbón y la guerra contra los pueblos
  7. La casa de Borbón y la represión de los pueblos
  8. La dinámica de las contradicciones y sus formas
  9. Bibliografía básica consultada

 

  1. Introducción

Este texto tiene dos objetivos que en realidad son uno solo. El más inmediato es contextualizar el debate sobre Sobinaries, drets i autodeterminació que está a la orden del día en todas partes aunque de forma inmediata en el Principat de Catalunya; y el mediato, el de ayudar a la elaboración colectiva de una alternativa internacionalista de las naciones oprimidas por los Estados español y francés.

Al menos desde 2014 existía la propuesta algo borrosa entonces para que diversas fuerzas revolucionarias avanzásemos en la crítica radical del imperialismo en su conjunto pero sobre todo en la forma concreta que más nos destroza, la de los Estados español y francés. Dentro de esta dinámica el 24 de julio de 2017 se firmó el Manifiesto internacionalista de Compostela y el pasado 22 de agosto del mismo año el documento Con Catalunya y su derecho inalienable a la independencia nacional. Ni terrorismo yihadista ni terrorismo imperialista, ambos a libre disposición en la red.

Hace unos días se propuso un debate también en Catalunya sobre el sugestivo y crucial tema de Sobinaries, drets i autodeterminació. Bien mirado, el debate profundiza hasta las raíces de la crisis actual del Estado español, la más grave de todas las que históricamente han afectado al marco geoestratégico material y simbólico de acumulación de capital que denominan España. No es cierto que la crisis actual sea la del llamado «régimen del 78», esta es la forma político-institucional externa de las débiles bases del Estado español desde el fin del Medievo.

Lo que vuelve a estar en cuestión, o si se quiere en el punto de mira de la dialéctica como negación radical de lo existente, al menos para la minoría comunista, es la viabilidad histórica de España como espacio geoestratégico de acumulación ampliada de capital. Esta crisis estructural ha emergido de nuevo –nunca ha desaparecido del todo– porque el capitalismo mundial acelera la periferización del Estado multiplicando su dependencia. Semejante retroceso continuado desde el siglo XVII, que se intensifica como tenencia objetiva en la actualidad, genera nuevas y más graves diferencias y oposiciones en su bloque de clases dominante y en los partidos políticos que le representa, pero especialmente agudiza las contradicciones entre el marco estatal de acumulación o España, superado objetivamente, y las naciones trabajadoras oprimidas, contradicción que forma parte a su vez de la contradicción irreconciliable entre el capital y el trabajo que también se libra dentro de los pueblos oprimidos.

Simplificar tan simplonamente la aceleración de la obsolescencia del marco estatal de acumulación, reduciéndola a simple crisis de «legitimidad democrática» del «régimen del 78», decir que hay que abrir una nuevo «proceso constituyente» y avanzar en el «destituyente», etcétera, sin bajar a la sala de calderas que pierden presión por sus junturas, esta superficialidad solo beneficia al poder establecido ya que suaviza la hondura del problema, genera expectativas reformistas, oculta elaborar una estrategia de largo alcance basada en el internacionalismo y en la certidumbre de que ninguna opresión será superada mientras perdure la propiedad privada de las fuerzas productivas, mientras que el bloque de clases dominante se crea propietario de las clases y naciones explotadas.

Desde el siglo XV, por poner una fecha en la que ya se vislumbran algunas problemáticas que iremos viendo, fueron desarrollándose contradicciones que, en sinergia y respondiendo al agotamiento del imperio español, dieron cuerpo a la crisis estructural desde mediados del siglo XVII a comienzos del siglo XVIII. La destrucción de la Corona de Aragón y sobre todo Catalunya, más en concreto Barcelona, fueron el punto álgido de aquella crisis: no es casualidad que ahora sea Barcelona el punto álgido de su vuelta a escena en el capitalismo del siglo XXI.

Entonces chocaron dos derechos antagónicos, por un lado el de la Casa de Borbón como representante del absolutismo que buscaba compaginar los privilegios señoriales con los intereses de una burguesía cobarde y timorata, comparada con la holandesa e inglesa, por otro lado el de la Casa de los Habsburgo que mal que bien se había granjeado el apoyo de las fuerzas nacionales preburguesas de los Països Catalans y de Aragón, que defendían sus derechos históricos desde una perspectiva municipalista y de debates en cortes mucho más cercana a la experiencia inglesa que al verticalismo versallesco.

El debate sobre Sobinaries, drets i autodeterminació muestra cuánta razón tenía Marx al decir que cuando dos derechos chocan, decide la fuerza, y cuánta razón tenía Trotsky al decir aquello de que el Estado es el monopolio de la violencia, idea de la que se apropió Weber para desnaturalizarla, y, por no reiterarnos, cuánta razón tenía Mao al decir que el poder nace del fusil. Naturalmente, nos referimos a las contradicciones históricas, no a las divagaciones idealistas de la sopa ecléctica y del engrudo reformista del foucaultismo, laclausismo, negrismo, etc., de la «leal oposición de su Majestad».

Es la fuerza, el poder, la que decide el resultado de la incompatibilidad entre el derecho de España y el derecho del pueblo catalán y de todos los pueblos. La trágica experiencia del Imperio católico así lo había demostrado con mucha anterioridad. En el violento conflicto mantenido en sus dos fases, del siglo XIII al XV, y del XV al XVIII, la potencia vencedora, la que ahora se llama España, impuso sus derechos porque tenía más armas, muchas de ellas fabricadas por la burguesía vasca, tal como lo reivindicó con sinceridad inhumana el Cardenal Cisneros. Ahora sucede lo mismo, no nos engañemos, pero con la diferencia de que además de las armas de guerra, el Estado tiene las armas económicas, de propaganda y de manipulación, de cerco económico y financiero…

Cualquier debate sobre Sobinaries, drets i autodeterminació tiene que enfrentarse a esta realidad y ayudar a responder a esta pregunta: ¿cuáles son nuestras armas, nuestros poderes? Uno muy importante es el de la teoría, el conocimiento crítico de la realidad: el arma de la teoría y el poder de la praxis. Es su unidad la que cimenta el debate inmediato sobre Sobinaries, drets i autodeterminació y el debate mediato sobre los objetivos del internacionalismo, sus estrategias y sus tácticas.

  1. Nacimiento, esplendor y decadencia histórica

La segunda ofensiva cristiana contra al-Ándalus comenzó alrededor de 1227 y concluyó en 1262 con la destrucción de casi la totalidad de la muy superior cultura musulmana, el expolio de sus riquezas, la esclavización directa o indirecta de sus habitantes. Las mezquitas fueron derruidas o convertidas en iglesias, las lenguas árabes y judías marginadas o prohibidas. Ingentes latifundios fueron entregados como premio por los reyes a una reducidísima clase de incultos y sucios guerreros ennoblecidos. Como veremos, ya desde entonces las coronas de Castilla y Portugal eran «Estados depredadores».

De todos los reinos existentes en la península entre los siglos XIII y comienzos del XV, el mejor posicionado geoestratégicamente a medio plazo era el de Castilla y León formado en 1230, siguiéndole Portugal. Entre ambos se libra una áspera pugna inter imperialista por el control de Granada y la zona noroccidental de África, incluidas las islas Canarias, Azores y otras. Les seguía la Corona de Aragón, que se había formado en 1137, pero de manera tan descentralizada entre las tres cortes, Aragón, València y Catalunya, que llegado el momento decisivo a comienzos del siglo XVIII no podría responder con la misma centralidad de mando que la lograda por Felipe V.

Desde mediados del siglo XIV, sobre todo en el norte de Italia, en Florencia, etc., se extendían los choques entre nuevas fuerzas sociales y viejas estructuras de dominación que constreñían el crecimiento de las fuerzas productivas. También desde mediados del siglo XIV Catalunya va entrando en una crisis múltiple: demográfica, pestes, producción agraria, gran debilidad de la lucha campesina comparada con su fuerza en el siglo XIII y fortalecimiento del poder señorial, retroceso del comercio, caída de precios y deflación, y, por no extendernos, agudización de todas las contradicciones de manera que para la mitad del siglo XV se había recuperado la lucha campesina –las remensas– y estalla la guerra civil en 1462 y 1472 entre los bandos partidario del rey de Aragón en defensa de la nobleza y grandes comerciantes, o Biga, y el bando de Busca, los intereses populares, campesinos, burguesía urbana de Barcelona para mantener sus derechos municipales en un momento de expectativas de crecimiento económico.

La guerra civil catalana fue parte del choque que se inicia de manera irreversible a finales del siglo XV entras las fuerzas expansivas del joven capitalismo, a las que les faltaba aún el poder político-estatal, y los cada vez más estrechos márgenes de tolerancia del Medievo, como quedó claro en la rebelión de los Irmandiños de 1467-1469 en Galiza, una de las más fuertes de la península, que no consiguió derrotar del todo el nacionalismo medieval de los Irmandiños, de manera que pocos años después los reyes llamados Católicos consiguió el terrible sometimiento del pueblo galego conocido con el nombre de Doma y castración de Galiza, que lo dice todo. Castilla no podía dejar que existiera una facción de la nobleza con apoyo popular y burgués dispuesta a unirse con Portugal, así que la decapitó. Y anuló la oficialidad de la lengua galega, que además era la lengua culta en buena parte de la península, lo que aceleró la victoria del castellano sobre todas las demás.

Por esos mismos años, los límites del feudalismo ante la ascendente burguesía urbana causaron la Guerra de Bando en Vascongadas, que fue una especie de «pequeña revolución burguesa» sin la cual no se entienden los Fueros Vascos. En este contexto la pujante industria del hierro, armas, barcos, pesca y comercio rechazó en 1481 la propuesta de Castilla para que participara en la guerra contra el turco. Los informes negativos de los dos enviados castellanos sobre los vascos decía que «los moradores de aquella tierra son gente sospechosa» porque defienden sus libertades colectivas. Las negociaciones fueron arduas y al final se llegó a un acuerdo: Castilla obtuvo barcos de guerra y la industria vasca siguió creciendo potente sin merma para los derechos del país.

La expansión castellana necesitaba armas, barcos, técnicos en navegación, etc., también para apoderarse de las islas Canarias, antes de que lo hiciera Portugal, y para asfixiar por mar al reino de Granada. La conquista de las islas fue dura y salvaje entre 1478 y 1496, exterminando a su población. A la vez, en lo que quedaba de al-Ándalus el pequeño reino independiente de Granada debía pagar exorbitantes tributos a Castilla dedicando casi la totalidad del resto de sus recursos al ejército para retrasar en lo posible la segura invasión castellana que se produciría entre 1482 y 1492. Pero casi de inmediato continuó la resistencia con formas de «bandolerismo social», de prácticas religiosas y culturales clandestinas, etc.

En estos siglos: «Portugal y Castilla eran, predominantemente, Estados depredadores que vivían de los recursos de la España musulmana»: para fines del siglo XV el 2 o el 3% de la población poseía el 97% de la tierra. Fue en 1492 cuando Nebrija explicó que lengua castellana e Imperio católico iban unidos. La persecución contra los moriscos, muchos de los cuales fueron esclavizados, y contra judíos e indios, se legitimaba mediante el racismo de la «pureza de sangre».

Muy probablemente la burguesía armera vasca estuviera al tanto de las necesidades que tenía Castilla de barcos, las aprovechó para subirle los precios y mantener las libertades de los territorios de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, que habían mantenido un estatus fluctuante entre el reino de León y el de Nafarroa, creado en 824. Castilla y Aragón tenían pactado desde el siglo XI el reparto de Nafarroa. En 1200 lograron arrancarle grandes territorios mediante la guerra y la negociación con las noblezas, aprovechando una situación de debilidad navarra. La nobleza conservó sus derechos incluido el de pernada, que dos siglos más tarde sería una de las causas de una fuerte rebelión popular. No fue hasta 1512 cuando comenzó la invasión definitiva realizada con una superioridad aplastante de medios y con una política cercana a la liquidación. A pesar de ellos, con altibajos e intentos fallidos de reconquista, la guerra se prolongó hasta la derrota última en Amaiur en 1521. La conquista fue facilitada por la traición interna de un sector de la nobleza de Nafarroa vendida al invasor porque así aumentaba mucho sus propiedades, también fue facilitada por el apoyo prácticos de tropas de las clases dominantes sobre todo de Gipuzkoa, que actuaban aliadas con el imperialismo porque este le suponía un inacabable mercado en el que vender sus productos, mientras que el Estado vasco de Nafarroa era pequeño y pobre. Ignacio de Loiola, fundador de la Compañía de Jesús, a la que volveremos por su papel en el mantenimiento del Imperio, fue uno de los invasores.

Comuneros, villanos, forajidos, homicianos, bandoleros, perayles, boneteros, freneros, celemineros… estos son algunos de los calificativos que daban los cronistas oficiales a las masas urbanas y campesinas que impulsaban la revolución de las Comunidades en Castilla y algunas otras zonas del reino en 1520-1521. Sus reivindicaciones e ideas difusas, pero moldeadas y llenas de contenido por los valores de una burguesía enfurecida, dieron a las acciones del pueblo comunero un contenido «radicalmente amenazador» para el orden establecido, y de aquí la extrema dureza de su exterminio porque, por ejemplo, la alta nobleza, la Iglesia y la Inquisición, el mismo Carlos I, no podían aceptar las tesis sobre el bien común, la libertad, el derecho a la rebelión, el principio del consentimiento popular, etcétera.

Desde hacía algunos años se oían quejas contra la corrupción y desidia del Consejo Real, contra el subdesarrollo económico como efecto del enriquecimiento de unos pocos y de las empresas extranjeras, contra la prepotencia de los consejeros flamencos del rey Carlos I, que al principio no sabía castellano, contra las trabas para crear negocios… Este movimiento aunaba al pueblo, despreciado por los cronistas, con la mediana nobleza y con la nueva burguesía comercial. La alta nobleza, la burocracia eclesial y la Inquisición se pasaron al bando de Carlos I, decidiendo la suerte de la revolución que fue aplastada en Villalar en 1521.

La depredación social fue una característica de todos los imperialismos desde Sumeria, pero con el tránsito del feudalismo al capitalismo adquirió características nuevas que se expresaban en la acumulación por desposesión, componente básico de la acumulación originaria de capital. Los reinos de Castilla y Portugal estaban esquilmando al-Ándalus, zonas de África, las Indias y zonas de Europa: una de ellas fue Roma, la supuesta Ciudad Santa o también llamada por los albigenses «la puta de Babilonia», saqueada por el imperial ejército de los católicos Habsburgo en 1527.

Desde la década de 1480 la burguesía de Castilla mantenía un esfuerzo expansivo, chocando frecuentemente con los reaccionarios poderes medievales. La derrota comunera de 1521 fue un golpe demoledor que envalentonó a la reacción medieval y arrasó las ideas progresistas para las condiciones de los siglos XVI y XVII que había crecido al amparo de la movilización general, todo lo cual precipitó el agotamiento burgués para la mitad de ese siglo XVI. A partir de ahí y conforme se suceden las bancarrotas, la burguesía va quedando arrinconada por el poder de la alta nobleza y de la Iglesia y la creciente influencia de la Inquisición que obturan cualquier intento de avance socioeconómico y cultural. Hay que tener en cuenta que, como ha dicho Pierre Vilar: «El imperialismo es también un hecho político […] en Castilla, hacia 1600, el feudalismo entra en agonía sin que exista nada a punto para reemplazarle».

En esta cita aparece la razón de la decadencia histórica del Imperio y luego de la Monarquía borbónica hasta el presente, con los muy cortos tiempos de las dos repúblicas. No incluimos a una hipotética «constitución democrática» desde 1978 como fase específica desde los siglos XIII y XV porque allí donde hay democracia no hay monarquía y, ahora, desde hace más de ocho centurias las clases y pueblos explotados seguimos bajo una monarquía. Los débiles intentos de crear un capitalismo estatal libre de las ataduras feudales, que son mucho más que interesadas supervivencias monárquicas, han fracasado una y otra vez por la simple razón de que los sucesivos bloques de clase dominante han comprendido siempre que su supervivencia depende de esa santa alianza entre primitivismo feudal y cobardía burguesa protegida por el Estado y su nacionalismo.

  1. Escuela de Salamanca y controversia de Valladolid

Antes de que la agonía fuera irreversible, se hicieron notar los efectos ideológicos de tanta efervescencia socioeconómica y política, tanto contraste cultural y filosófico entre tres grandes corrientes religiosas y la arrolladora entrada de la filosofía aristotélica, tantas innovaciones cotidianas provocadas por las noticias del resto del mundo y por los efectos sísmicos del dinero y del valor de cambio en sociedades en las que todavía el valor de uso y formas de intercambio simple regían muchas áreas de la cotidianeidad: acordémonos de Quevedo y su crítica del «poderoso caballero don dinero».

Recordemos que en 1499 el Cardenal Cisneros, arriba citado, creó la universidad de Alcalá de Henares y que el igualmente citado Nebrija, ideólogo del imperialismo cultural, era y es tenido como filósofo humanista. Estos dos ejemplos son suficientes para mostrar cómo la formación de la cultura oficial era inseparable de los intereses del poder, de la centralización estatal. La fundación de la Compañía de Jesús –«La araña negra» según Blasco Ibáñez– fue creada en 1534 como el instrumento por excelencia de la Contrarreforma tridentina: de este modo la Inquisición y los jesuitas se complementaban en la aplicación del terror material y moral.

La Escuela de Salamanca irrumpe en esta situación, lo que explica tanto su mérito como su límite y pronta caducidad. Sus logros iniciales fueron tremendos dadas las barreras insalvables de la época: elaboró los rudimentos de la ideología burguesa del derecho natural, de origen del poder del rey y de sus relaciones con el poder del pueblo, de la soberanía de los Estados y de su capacidad para declarar la guerra justa o injusta, de los primeros impactos de la economía mercantil y de la necesidad del «arbitrio» para controlar sus efectos negativos y para guiarla en la medida de lo posible, etc. La Escuela de Salamanca escribía acerca de la soberanía y el derecho sentada sobre los cadáveres de las luchas, masacres y torturas arriba vistas.

La Escuela de Salamanca, que se atrevió a decir que el poder del rey no venía directamente de dios sino que de alguna forma dependía de la voluntad del pueblo, había llegado al límite de la crítica posible en la época del tomismo anterior a la revolución científica del siglo XVII, adaptándolo a las necesidades de una elite culta y humanista que debía justificar su privilegiada forma de vida sin retroceder al feroz derecho medieval que, por ejemplo, fue combatido por motines populares y protoburgueses en tierras vascas, gallegas, andaluzas, etc., en el siglo XV si no antes, pero sin mancharse con las atrocidades españolas en Nuestra América y en otros lugares. Lo mismo sucedió en el intento de suavizar la explotación de las Indias en la famosa Controversia de Valladolid de 1550-1551 en la que chocaron dos visiones opuestas: la utópica que pedía el respeto de las naciones indias porque eran capaces de gobernarse a sí mismas y la imperialista que sostenía que debían ser gobernadas desde España porque eran incapaces de hacerlo por ellas mismas.

La figura del «protector de Indias» y algunas decisiones imperiales para detener el genocidio que estaba en marcha, así como las tesis de la Escuela de Salamanca, pueden utilizarse propagandísticamente para intentar avalar la idea del origen católico-español de los «derechos humanos». Pero una vez conquistado México, los invasores se lanzaron por toda Mesoamérica «como los godos tras el saqueo de Roma». La cristianización obligatoria bajo pena de tortura y muerte empezó de forma sistemática en 1525. Mientras que las religiones de Mesoamérica eran muy tolerantes, admitiendo que cada colectivo y persona adorase las diosas y dioses que quisiera, el cristianismo era autoritariamente monoteísta, bajo pena de excomunión con lo que esa condena acarreaba. Muchas de las expediciones llevaban por delante piaras de cerdos para que avisaran de posibles emboscadas y para que se comieran hasta las raíces de los sembrados para someter por hambre a los pueblos. En 1550 Carlos I obligó a los habitantes de las Indias a que se hispanizaran y aprendiesen castellano, y en la década de 1570 la Inquisición prohibió obras en lenguas nativas.

Dejando de lado los delirios fantasiosos sobre el milagroso origen hispano de los «derechos humanos», lo que sí es cierto es que no pudieron frenar el endurecimiento de la explotación, la tendencia imparable a la centralización administrativa en contra de los derechos de los pueblos, el fortalecimiento del poder del terror material y simbólico de la Inquisición, y sobre todo el deslizamiento de la economía imperial hacia las crisis.

Las buenas intenciones de la Escuela y de la Controversia de Valladolid también fueron barridas por el creciente poder de la Inquisición, mimada por Felipe II que la consideraba como un instrumento decisivo para el fortalecimiento del Imperio católico en el mundo: desde 1558 se agudizaron las tensiones entre Aragón y Castilla porque la primera se oponía al poder inquisitorial, tensiones que pasaron a ser conflictos graves en Catalunya. Los intereses centralizadores de Castilla iban unidos al poder de la Inquisición, no solo para luchar contra las herejías y el librepensamiento, sino también para imponer la lengua española. Hubo violentos ataques contra la Inquisición en Valencia en 1567, en Murcia y Mallorca en 1568 y en Catalunya en 1569. Este mismo año, Felipe II afirmó que sin la labor de la Inquisición en el imperio abundarían los herejes y el Estado español se encontraría más «damnificado».

La represión del librepensamiento, la censura editorial y los controles en la importación de libros, endurecida desde 1558-1559, afectaban a las lenguas catalana, aragonesa y vasca por su continuidad fronteriza con el reino de Francia. Cuando Felipe II supo en 1565 que había estudiantes navarros, aragoneses y catalanes en la ciudad francesa de Toulouse, mandó que los expatriaran al imperio, y en 1568 prohibió formalmente a los aragoneses que salieran a estudiar fuera. Pero la Inquisición se siguió quejando de que libros impresos en castellano y euskara cruzaban las porosas fronteras vascas provenientes de la calvinista Ginebra y los inquisidores en Catalunya también advertían de la facilidad del contrabando de libros prohibidos. La represión del pensamiento, que contradecía la esencia de la Escuela de Salamanca, empobrecía la producción cultural y reducía la cantidad y calidad de las imprentas. Felipe II sufrió este creciente atraso cuando en 1575 quiso montar la biblioteca de El Escorial teniendo que recurrir, paradójicamente, al extranjero.

  1. Felipe II y el nacionalismo español «prudente»

Las aportaciones económicas de la Escuela de Salamanca no evitaron las bancarrotas de 1557 y 1575 que solo fueron el anuncio de la crisis económica que estalló en 1580 cuando el imperio parecía más fuerte que nunca. La derrota de la invasión de Inglaterra en 1588 aceleró el declive y la bancarrota de 1596, y este retroceso explica el tratado de paz de Vervins de 1598 por el cual Felipe II reconoce tanto su incapacidad para dominar al reino de Francia, como la realidad del independentismo de los Países Bajos y de la superioridad naval inglesa.

Conforme se hundía la economía, Felipe II centralizaba más el poder imperial: en 1552 y 1567 ordenó ubicar en Simancas los archivos nacionales de Aragón e Italia junto a los de Castilla. Otra medida de Felipe II fue crear un servicio de inteligencia unificado que le permitía conocer los planes de sus enemigos para adelantarse y abortarlos. Las tablillas mesopotámicas ya hablan de los servicios de inteligencia. Felipe II tenía a su disposición el extenso sistema informativo de la Iglesia católica que se perfeccionaría aún más en el Concilio de Trento, pero le era insuficiente. Por la lógica misma del poder basado en la propiedad privada, información y planificación actúan de la mano. Los masivos y efectivos sistemas de información de la Iglesia y del Estado actuando conjuntamente en lo ideológico y con mucha frecuencia en lo práctico han sido y son una pieza clave en la formación del nacionalismo imperialista español y en el debilitamiento de las identidades de los pueblos oprimidos, excepción hecha de reducidas minorías de cristianos.

Felipe II estaba al tanto del insufrible malestar del pueblo morisco provocado por las represiones crecientes que sufría, como la ley de 1567 que fue un verdadero hachazo que generó la sublevación de las Alpujarras de 1568 como justa violencia defensiva. El llamado «rey prudente» persiguió sin piedad a cada uno de los moriscos sublevados. Tras expulsar de sus tierras a miles de ellos, las repobló con alrededor de 50.000 campesinos del antiguo reino de León con lo que lograba dos cosas: desnacionalizar esas zonas rebeldes de al-Ándalus, suprimiendo todo resto de cultura musulmana, y acabar con toda posibilidad de tensiones campesinas en la zona noroeste de la península al dar trabajo como colonos ocupantes a miles de campesinos potencialmente peligrosos en su país de origen.

En 1580 entró a cañonazos en Portugal para asegurar el dominio español, aplastó con extrema brutalidad la resistencia calle a calle y casa a casa del pueblo lisboeta durante días, y desde el Portugal ocupado Felipe II redactó un decreto en el que por primera vez se utilizaba el término «Hespaña» en singular, cosa que nadie había hecho antes. En realidad desde ese siglo XVI muchos autores castellanos empezaron a identificar Castilla con «España». De hecho, entre 1430 a 1580 Castilla dominaba «por la fuerza expansiva del número», porque su población era dos veces y media superior a la de Andalucía oriental o Catalunya. Con respecto a la Corona de Aragón, a mediados del siglo XVI la superioridad de Castilla era enorme: le cuadruplicaba en extensión y le quintuplicaba en población, más concentrada además; tenía una única ley y un único gobierno, mientras que la Corona de Aragón tenía tres Cortes y era mucho más descentralizada; y Castilla controlaba la totalidad del saqueo de las Indias, del comercio y de la representación internacional.

El contraste entre la apariencia de poder imperial y la realidad de empobrecimiento y retroceso estalló a partir de 1589 cuando se sucedieron graves motines en los ejércitos imperiales por impago de sueldos. En Catalunya varias de las contradicciones sociales adquirían la forma del llamado «bandolerismo social», grupos de supervivencia fuera de la ley, perseguidos como «criminales», pero que contaban con redes de apoyo popular. Ante la extensión de esta resistencia popular, además de otros problemas, un conocido fraile pidió en 1589 a Felipe II que anulara los fueros e impusiera las leyes castellanas. Se debate sobre hasta qué punto aquella persona representaba a un sector significativo de la clase dominante, dispuesta a ceder en su soberanía catalana para asegurar sus propiedades bajo la protección del ejército castellano. El rey no respondió a la petición porque todavía era fuerte el «austracismo», es decir la forma de gobierno central que respetaba aun a regañadientes un mínimo suficiente de derechos nacionales de los pueblos para así administrar mejor el imperio que, según se creía, estaba llamado a catolizar el mundo.

Desde 1590 estallaron una serie de revueltas y represiones que golpearon con mayor fuerza a la Corona de Aragón con torturas y ejecuciones públicas en Zaragoza y recortes en sus libertades. Hay que decir que en ese año Felipe II había provocado deliberadamente a los aragoneses al nombrar un castellano como virrey, en contra del fuero que decía que el virrey debía ser aragonés. Las protestas más conocidas se dieron en Sicilia entre 1590-1591, en Messina y Nápoles en 1592 y hasta en Quito, capital de Perú, en ese mismo año. La situación portuguesa empeoró hasta llegar a un grado en el que para 1596 los choques violentos entre los ocupantes castellanos y el pueblo portugués se producían casi a diario, según un testigo de la época.

Dos años más tarde, en 1598, moría Felipe II que no era un «hombre de grandes ideas», siendo coronado Felipe III, primero los «Austrias menores». Felipe III, Felipe IV y Carlos II han sido definidos como «pobres hombres» que delegaban sus decisiones en nobles, siendo la mayoría de ellos «mediocres intrigantes». El cambio de corona no supuso mejora alguna en el trato de los pueblos explotados. La riqueza increíble acumulada en al-Ándalus durante varios siglos de esplendor, prácticamente había sido transferida en su totalidad a la clase dominante castellana y a la Iglesia, pero ni la represión brutal de las Alpujarras, ni el repoblamiento, garantizaban la paz del opresor. Temiendo que los moriscos estrechasen lazos con los turcos para reforzar su derecho incuestionable a la autodefensa frente a la opresión, la Corona expulsó de la península entre 1609 y 1614 a un millón de musulmanes. Las ganancias para la alta nobleza y la Iglesia fueron grandes en un primer momento, pero al poco tiempo empezaron las consecuencias quienes contrataban la muy formada mano de obra campesina y artesana morisca al caer la calidad de la producción.

El pusilánime Felipe III dejaba pudrirse la corrupta política imperial y su declinante economía cediendo el poder a validos como el Duque de Lerma que intentó evitar guerras ruinosas, limitar algunos derechos de la nobleza, reducir el empobrecimiento social creciente, etc., pero que no dudó en utilizar sus cargos para enriquecerse al máximo en un contexto de traición e intriga, corrupción, nepotismo y simonía institucionalizadas, destacando especialmente sus desfalcos inmobiliarios durante el traslado de la capital del reino de Madrid a Valladolid en 1601 y que le convirtieron en el hombre más rico del imperio español. El imperio estaba oficialmente regido por un rey que delegaba su gobierno en un duque que, para enriquecerse ilegalmente, delegaba gran parte de su poder en un valido de confianza.

La situación económica a comienzos del siglo XVII era relativamente buena pero dependía de la regular llegada de la plata expoliada en Nuestra América. Si las remesas se retrasaban y se multiplicaban los gastos, podía sobrevenir una crisis además, según estudios del clima, entre 1600 y 1715 hubo una mini glaciación por la disminución de las manchas solares con efectos devastadores sobre la producción agropecuaria provocando sucesivas hambrunas con las tensiones sociales correspondientes. Luis XIV se ganó la confianza de París al ser coronado en 1638 porque mandó repartir pan para combatir el hambre. Se discute también si la proto industrialización en esta época fue un intento de superar la dependencia agropecuaria de los caprichos del clima.

En el caso español, la depredación de al-Ándalus y de los judíos fueron dos métodos muy rentables de enriquecimiento hasta finales del siglo XV, luego asegurada a lo largo del siglo XVI por el vaciamiento de los recursos de las Indias. Y desde inicios del siglo XVII se continuó presionando a los judíos para que pagasen sumas inmensas, como fue el caso de los 410 judíos portugueses que entre 1602-1604 negociaron el perdón mediante el pago de 1.860.000 ducados más el gran valor de los regalos hechos a los ministros. La expulsión de los moriscos en 1609 también fue rentable en un primer momento para las arcas del reino. Todos los métodos eran válidos con tal de sacar ducados.

Pero la política económica de Felipe III era ruinosa a medio plazo porque ni las remesas de Indias, ni el expolio de los judíos, ni los impuestos y otras medidas como la deflación y la manipulación de la plata, etc., rendían lo suficiente para mantener un sobregasto creciente y dilapidador. Al morir en 1621 el imperio necesitaría alrededor de cuatro años, hasta 1625, para pagar su deuda, y la guerra iniciada contra Holanda en ese año exigía más y más sacrificios e impuestos, tarea a la que se lanzó el Conde Duque de Olivares quien en una carta al nuevo rey Felipe IV en 1624 le explicó que su objetivo era convertirle en el rey de «España». El valido, empleaba ya el singular de «España» según había empezado a hacer cuarenta y cuatro años antes Felipe II desde la bombardeada Lisboa, como hemos visto.

Además de otras medidas, Olivares ideó tres grandes vías para salir de la crisis y unificar «España» según el criterio austracista todavía vigente aunque cada vez más recortado: uno era forzar a los reinos y territorios a que pagasen más a la Hacienda real, otro era que pagasen y dedicasen más tropas autóctonas al fortalecimiento militar y, el tercero, tomado en 1628 era reforzar el método de la «venta de gracia», que permitía que fueran las elites dominantes de cada zona las que se quedaran con parte de los impuestos recaudados por ellas en nombre de la Corona. Era un método que facilitaba la corrupción y el despilfarro, pero que así mismo facilitaba que al menos una parte de la recaudación llegase a la Corona; era un método común, también aplicado por Richelieu, incluso en sus ejércitos, y expresaba la fase de tránsito de la descentralización de la nobleza a la centralización del absolutismo. Pero un efecto directo de este método era que facilitaba la aparición del bandolerismo social, forma de autodefensa de sectores populares sobreexplotados.

Pese a las limitaciones de las leyes de Olivares, ya para entonces era claro que Hacienda, Ejército, Cultura y Estado formaban una unidad, y en los noventa años siguientes quedaría definitivamente demostrada su efectividad con la conquista de Barcelona en 1714, la destrucción de los derechos catalanes y el salto cualitativo en la incipiente unificación nacional-burguesa de «España» como posible espacio material y simbólico de acumulación de capital. Que la posibilidad no fracasase y se convirtiera en probabilidad, y luego ésta en realidad presente, este proceso inseguro dependía de la dialéctica de las luchas de clases y nacionales, también internacionales.

  1. Los Austrias menores y la ruptura en la clase dominante

Cuando la unificación militar-estatal se intentó aplicar en 1625 surgieron resistencias en casi todas partes, pero sobre todo en Catalunya, Valencia, las Illes y Aragón, dentro de la península. La oposición se siguió expresando en 1626 y 1632. Fue en este proceso de tensionamiento creciente que estalló la guerra con Francia en 1635 que, en lo que ahora nos atañe, tendría al menos tres grandes consecuencias: la primera fue condicionar negativamente a medio plazo la capacidad económica y militar el imperio al perderse el derecho de tránsito por Valtelina, derrota aceptada en el tratado de Milán de 1637 que rompía el vital corredor que comunicaba la rica y productiva Flandes con la península cruzando los Alpes, el denominado «Camino español». Recordemos que el puerto de Amberes todavía seguía siendo el principal nudo comercial de Europa noroccidental en el que confluían redes desde las Américas, Europa del nordeste y sureste, África y el Índico.

La segunda fue la expansión del nacionalismo católico castellano que, tras la liquidación del ideal comunero, tuvo espacio para crecer ya sin obstáculos. Era un nacionalismo viejo que se plasmaría en la trinidad de: «evangelizar, civilizar, españolizar». Su base social era, en primer lugar, la nobleza guerrera que durante la «reconquista» se apropiaba de inmensos terrenos.

No nos alargaremos en citas sobre la identificación entre lengua castellana y dios, que de algún modo también se argumentó en otras lenguas y culturas. Nos centraremos en el siglo XVII: en 1619 se sostuvo que era el pueblo elegido por dios, e incluso en 1625 el Conde Duque de Olivares declaró que «Dios es español» agradeciéndole victorias militares, etcétera. Con una visión mucho menos fanática en lo religioso, Quevedo decía en base al materialismo geográfico de la época que el clima hacía a los españoles tener buenos usos y costumbres, y ser leales y obedientes hacia el rey, mientras que negros e indios eran perezosos por el calor y flemáticos por el frío los alemanes.

Pero una de las razones de la obediencia hacia el rey español hay que buscarla en «el alto grado de militarización de la población desde la reconquista». Otro historiador no ha dudado en afirmar que: «Los extranjeros son así fundamentalmente los enemigos, que con sus taras y defectos permiten ensalzar, por oposición, las virtudes y superiores cualidades de los españoles». Militarización social con las leyes de leva militar de 1496 en Castilla, inquisición cultural y trasfondo estatal depredador… eran las bases del nacionalismo preburgués del Imperio. Hay que admirar, viendo este panorama, a quienes pese a todo defendieron valores y culturas progresistas en esta Castilla en la que nunca se apagó el rescoldo comunero.

Es cierto que todos los poderes cristianos, en mayor o menor medida se apropiaban de dios, enfrentándolo a los demás gobiernos. Pero desde 1635 esto se plasmó abiertamente contra la población francesa en la península no solo en la xenofobia cultural, sino también con persecuciones físicas. Felipe IV azuzó la xenofobia práctica antifrancesa apelando a la identidad católica, defensora de la justicia, contraria a los pactos de los franceses ateos, criminales e impíos con cualquier enemigo de España. Desde finales del siglo XV Francia había buscado expandirse por Italia chocando con las posesiones e intereses de Castilla, estableciéndose desde entonces una pugna abierta o soterrada por la hegemonía europea, pero estas tensiones históricas así como el rechazo a lo francés en el pueblo provocado por la Corona no debilitaban las relaciones de toda índole entre las élites de ambos Estados, de manera que debe hablarse de una manipulación descarada para movilizar al pueblo para que muriera en la guerra ocultándole las buenas relaciones entre las clases dominantes.

Una muestra de que dios empezaba a dudar sobre si era español y en qué grado, fue que permitió que Olivares fuera depuesto en 1643 por las intrigas de la nobleza no tanto por la marcha de la guerra sino porque las tibias reformas de Olivares querían regular sus privilegios. Aunque la derrota final en la guerra y el humillante Tratado de Wetsfalia de 1648 demostraron que dios no era español, o que lo era muy poco porque una de las escasas victorias que concedió al Imperio fue la derrota de la sublevación catalana de 1640, sí es cierto que el nacional-catolicismo español insiste en su origen divino. Sin duda, la Inquisición tuvo mucho que ver en el arraigo de tanta irracionalidad en el nacionalismo imperialista español.

Y la tercera fue el conjunto de revueltas y sublevaciones que estallaron o se endurecieron más a raíz del empeoramiento de la explotación imperial necesaria para sufragar una guerra masivamente rechazada. Frente a un poder putrefacto, estallaron movimientos secesionistas y batallas sociales en casi todo el imperio en las décadas centrales del siglo XVII: Portugal –ya en 1638 se sublevó la ciudad de Évora siendo masacrada–, y los Países Bajos lograron la independencia después de duras guerras de liberación que no podemos detallar aquí, en las que las mujeres arcabuceras tuvieron un papel decisivo en algunos momentos. Pero fracasaron la Revuelta de la sal en Bizkaia en 1634, Catalunya en 1640, Andalucía en 1641, Nápoles y Sicilia en 1647, Nafarroa y Aragón en 1648, por citar las más conocidas. De todas ellas, la catalana es la que ahora nos interesa.

La guerra dels segadors de 1640 es el nombre que se da a la sublevación que resistió en Barcelona hasta 1652. Como hemos visto, desde 1625 Catalunya retrasó todo lo que pudo sus obligaciones militares con Castilla: en 1638 se negó a enviar tropas autóctonas a Gipuzkoa contra los franceses. Sin embargo, el ejército catalán sí tuvo que defenderse cuando los franceses invadieron el Principat, sufriendo la derrota de Salses en 1639 con un costo de 7.000 muertos y la liquidación del 25% de la nobleza del país. Fue una entrada obligada en la guerra defensiva, pero con un fuerte rechazo a los abusos, atropellos y destrucciones que cometía el ejército imperial oficialmente «aliado» sobre la población catalana que, además, pagaba los costos de su mantenimiento y ponía muchos de los muertos.

La sublevación estalló en abril de 1640 en un inicio contra el ejército imperial pero se extendió pronto contra las clases ricas catalanas a las que acusaban de traidoras. El pueblo ejecutó al virrey español y asaltó edificios relacionados con la administración del poder y de la propiedad. Hay que destacar la participación de las mujeres en estas luchas. Para el verano de 1640 la sublevación se había convertido en revolución social. Madrid preparó otro ejército para entrar el Catalunya. Cogido entre dos fuegos: el ataque del Imperio y la revolución interna, la Diputació pidió ayuda a Francia en enero de 1641, deponiendo a Felipe IV como Conde de Barcelona para darle el título a Luis XIII. Las tropas catalanas y francesas, ahora aliadas, derrotaron el ataque del Imperio,

La suerte del conflicto cambió bruscamente al sumergirse Francia en la guerra interna de la Fronda, desde 1648, entre grandes familias nobles y la Casa de Borbón que tuvo que dejar de ayudar a Barcelona en un momento en el que surgían tensiones cotidianas entre franceses y catalanes, debilitando mucho la defensa. En 1650 la peor epidemia de peste del siglo causó 36.000 muertos solo en Barcelona. En 1651 Felipe IV, al tanto de esa triple debilidad, sitia Barcelona y la conquista después de un año de resistencia, en 1652. Sabedor del poder económico de Catalunya, de la conciencia social y nacional de su pueblo trabajador y de la conciencia nacional burguesa de su clase dominante, decidió respetar en 1653 sus fueros aunque ligeramente reducidos.

Pero el incremento de las arcas reales gracias a la mayor explotación de los Països Catalans y Aragón no logró detener la crisis del imperio español: en lo económico las bancarrotas de 1647, 1652 y 1666; en lo militar, la derrota de Rocroi de 1643 y la derrota ante Portugal en 1656 que son la parte externa del «desmoronamiento interno»; y en lo político la derrota total en el Tratado de Wetsfalia de 1648 y en el Tratado de los Pirineos de 1659 mediante el cual la Corona española cedió al reino de Francia una quinta parte del territorio y de la población de los Països Catalans. La crisis latente del sistema aparecía como crisis real, manifiesta, cuando estallaban motines populares que entre 1647 y 1652 se sucedieron en Andalucía, especialmente en Córdoba y Granada.

La incapacidad económica, militar y política era tal que el imperio español no pudo romper el bloqueo marítimo inglés entre 1656 y 1659, año en el que por fin arribó la flota de América con gran cantidad de plata que, empero, se dilapidó improductivamente como siempre. La bancarrota de 1666 mostró la gravedad del «cáncer monetario» que asfixiaba al Imperio. La alta nobleza y la Iglesia –un poder terrateniente enorme– hacían y deshacían a su gusto: no debe extrañarnos, por tanto, que en 1677 se propusiera en las Cortes de Aragón la supresión de la «potestad absoluta de la nobleza», una propuesta revolucionaria por las perspectivas que podría abrir, que también mostraba el antagonismo creciente entre los derechos parlamentarios aun sobrevivientes en algunas naciones y el poder fáctico español que necesitaba intensificar su centralismo.

La vida política del Conde de Oropesa es un ejemplo de la estulticia y corrupción política: sus reformas desde 1680 podrían haber insuflado nueva vida a la Corona, pero las envidias y egoísmo de la nobleza las hicieron fracasar y le obligaron a dimitir de sus cargos teniendo que ir al destierro, muriendo en 1708, cuando la Guerra de Sucesión iniciada en 1701 asolaba Europa, siendo una verdadera guerra mundial por la hegemonía en Europa y, sobre todo, por el control de los inmensos recursos de América mediante el control de la Corona española.

  1. La casa de Borbón y la guerra contra los pueblos

La muerte de Carlos II en 1700 sin dejar descendencia dio paso al reinado de Felipe V, que fue el detonante de una crisis total del bloque de clases dominante en el Estado que venía agravándose desde la catástrofe de Wetsfalia de 1648; crisis que a su vez reflejaba un choque frontal en Europa entre dos modelos imperiales opuestos: el de Casa de Borbón y el de la Casa de los Habsburgo. Durante este medio siglo, la clase burguesa había incrementado su poder en Europa. Para entonces la Escuela de Salamanca era ya un legajo de papales olvidados en un armario. La cultura española, castrada por la Inquisición y el atraso, no podía dar a luz mentes como las de Hobbes, Spinoza, Locke y otros que sobre la base de Bodin fueron capaces de desarrollar la filosofía de la resistencia y la ideología del derecho y la soberanía, del límite del poder del Estado, de la propiedad burguesa, etc., en sus interpretaciones particulares porque vivían la lucha entre burguesías en ascenso, dispuestas a muchos sacrificios, y el feudalismo en retroceso dispuesto a todos los crímenes para mantener su poder.

La Casa de Borbón terminó imponiendo un Estado con un único ejército, una única lengua, un único sistema fiscal, una única política económica, un único sistema represivo, etc., tal como se desarrollaban en Francia obteniendo el esplendor y poder del absolutismo versallesco. A grandes rasgos, Castilla se hizo borbónica no sin dudas al principio porque, además de otros factores como la represión del ideal comunero desde 1521 por ejemplo, también se había desarrollado el nacionalismo imperial que deseaba reaparecer como gran potencia tras el hundimiento de 1648; además, la ideología de obediencia al Rey y la influencia autoritaria de la Inquisición facilitaron el apoyo a la Casa de Borbón; por otra parte, el desprestigio de los «Austrias menores» por su corrupción e inutilidad, responsables de las continuas bancarrotas y caos económico no podía contrarrestar la fama de eficacia borbónica.

Se ha dicho con cierta base que la Casa de Borbón consiguió el apoyo de las llamadas clases medias y de la pequeña nobleza en el centro peninsular para frenar el poder de la Iglesia, de la alta nobleza y de la Inquisición. El atraso tecnocientífico «difícil de superar» del Imperio era innegable y las clases medias pagaban sus consecuencias cuando querían abrir nuevos negocios. El ejemplo de la decisiva producción de armas es aplastante: muchas y las mejores debían comprarse en el extranjero y aunque el famoso «secreto sueco» de la fundición de calidad fue utilizado en Cantabria, el atraso seguía sin superarse. La industria armamentista vasca sufría el estrangulamiento de tener que adquirir las llaves de percusión y otras piezas de calidad en Francia. El apoyo de la burguesía vasca a la Casa de Borbón tenía algo o bastante que ver con sus negocios industrial-armamentísticos, el papel de los puertos de mar, en la necesidad de adquirir tecnología francesa. Los borbones respetaron las leyes vascas durante unos años porque también dependían de su industria. Sea como fuere, París obtuvo enormes concesiones de Madrid.

Por su historia y estructura económica, los Països Catalans resultaron relativamente beneficiados en la segunda mitad del siglo XVII, a pesar del centralismo en ascenso de Carlos II que reinó en 1665-1700. Más que en Aragón, en los Països Catalans se había desarrollado una burguesía comercial muy activa gracias, entre otras cosas, a los avances en la técnica textil. Las relaciones mercantiles con el Mediterráneo y con las antiguas posesiones del Reino de Aragón facilitaron el crecimiento. Esta burguesía iba rompiendo sus lazos ideológicos con el imperio español en la medida en que este le seguía negando el acceso al comercio de las Indias. Además, el nacionalismo español no olvidaba que el pueblo catalán se había sublevado en 1640, por lo que vigilaba atentamente el auge del ideario catalanista en su burguesía y en su pueblo trabajador. Bajo estas presiones los Països Catalans desarrollaron efectivas formas casi paralelas de autogobierno fáctico.

Por ejemplo, en los 35 años de su reinado Carlos II nunca convocó las Cortes catalanas, torpedeando su accionar con el «derecho real» de prohibir a determinadas personas que no eran de su agrado a que participaran en los listados de insaculación de cargos catalanes, limitando así mucho la efectividad del Parlament. Fue esta política la que aceleró en València el estallido de la Segona Germania en 1693 contra el empobrecimiento y la explotación, y contra los abusos del centralismo de Madrid, y que en 1702 en las Cortes de Aragón debatieran de nuevo contra los privilegios de la nobleza. Por su parte, la respuesta catalana fue crear la Conferència del Comuns de 1703 para administrar ágilmente los intereses de las clases y capas propietarias –los «ciudadanos honrados»–, y de otras instituciones muy efectivas. La reacción del nuevo rey Felipe V desde Madrid fue aplicada por el virrey Velasco en 1704-1705 enseñando lo que ya empezaba a ser el centralismo borbónico, entre otros objetivos para reprimir la precipitada rebelión de 1704.

Por fin, en 1705 la mayoría de aragoneses y catalanes se posicionaron contra el Borbón y a favor de la Casa de Austria porque esta no atacaba tanto sus derechos nacionales. La propaganda nacionalista española falsea y ridiculiza la eficacia administrativa y las garantías civiles de los sistemas forales que, en líneas generales, limitaban el poder real, los privilegios de la nobleza y el terror moral y físico de la Inquisición; también reducían los impuestos, regulaban las tasas de salida y entrada de mercancías, y garantizaban al pueblo una influencia más cercana y casi directa al poder foral sobre todo en las hambrunas y crisis de abastecimientos por acaparación privada del grano y otros alimentos y productos necesarios, obligando al poder bajo presión de masas a prohibir el acaparamiento e imponer precios baratos; además las «constituciones», los fueros, las «leyes viejas», etc., controlaban sus propias unidades militares y podían negarse y se negaban a participar en guerras extranjeras.

Estas características explican por qué las naciones periféricas del Estado español defendieran tan desesperadamente sus leyes propias: porque sabían por experiencia que eran mejores, más justas y más democráticas –en el sentido preburgués de la época de entre las dos oleadas revolucionarias burguesas triunfantes– que las que imponía la Casa de Borbón por derecho de conquista. También explican el importante papel desempeñado por las mujeres en esa defensa, tanto que solo muy tarde, en verano de 1715, Felipe V empezó a perdonar a las mujeres austracistas por su «desafección o disidencia».

Tras la victoria del borbón en la batalla de Almansa de 1707 el centralismo destrozó los derechos de Valencia. Aragón todavía resistió hasta la derrota de Villaviciosa en 1710. El arzobispo de Zaragoza pidió a Felipe V que impusiera directamente la ley castellana, liquidando la aragonesa. Los pueblos conquistados sufrieron una política que tenía «un fuerte contenido punitivo». La guerra fue inclinándose a favor del centralismo borbónico, en buena medida gracias al ejército francés, y a pesar de los intentos catalanes de reconquistar Valencia con un desembarco coordinado con una sublevación campesina. Hubo un flujo de refugiados valencianos y aragoneses hacia el Principat para seguir luchando por sus derechos nacionales, sociales, culturales.

Felipe V dejo claro en el artículo XIII del Tratado de Utrecht de 1713 que una cosa era la amnistía que pensaba conceder presionado por las potencias extranjeras, pero que Barcelona y los territorios aún libres de los Països Catalans estarían bajo la ley castellana, como ya lo estaba el resto. Los defensores de Barcelona se enteraron por algún vericueto de este artículo XIII y decidieron resistir hasta el final.

  1. La casa de Borbón y la represión de los pueblos

En la Barcelona resistente de 1713-1714 se publicaron textos en los que se pedía al pueblo castellano que recordara los derechos que le habían arrancado brutalmente al perder la guerra de los Comuneros en Villalar en 1521, hundiéndole en la explotación, mientras que Catalunya aún conservaba esos mismos derechos que se habían practicado en 1701 y 1705 en las Cortes, la Diputació y los municipios «que daban voz al “hombre común”». Las y los barceloneses eran conscientes de esa especie de continuidad histórica porque, en las condiciones de 1713-1714, revivían en su contexto los mismos problemas esenciales del pueblo comunero castellano de dos siglos antes: derechos, autodeterminación desde la base y soberanía colectiva dentro del contexto sociohistórico objetivo, es decir, en el caso castellano la sociedad estamental minada por una incipiente burguesía y en el caso catalán la decadente sociedad estamental desbordada por una burguesía fuerte.

El andamiaje administrativo-institucional construido en los Països Catalans y en Aragón, demostró su solidez democrática en los muy duros momentos de decidir con votaciones sucesivas si se resistía al invasor o se claudicaba ante él. No fue una dirección política vertical, impuesta desde arriba a un pueblo obediente, sino un proceso muy horizontal para las condiciones de su época, desde luego cualitativamente mejor que el autoritarismo absolutista dominante entre las dos oleadas de revoluciones burguesas triunfantes, la de mediados del siglo XVII y la de finales del siglo XVIII. Del mismo modo, la dirección de la guerra defensiva y la excelente preparación de la oficialidad del ejército de Catalunya eran inseparables de esos métodos de autogobierno soberano que el pueblo catalán se había dado a sí mismo en base a su derecho a la libre determinación en la fase histórica anterior a la segunda oleada de las revoluciones burguesas. Sin esta base de participación es incomprensible entender la existencia de entre 20.000 y 30.000 soldados profesionales en 1705-1713, es decir, el 6% de la población catalana, una proporción comparable a la militarizada Suecia de Gustavo Adolfo.

Los invasores quedaron sorprendidos por la decisión de lucha del pueblo catalán. Creían que la apabullante demostración de fuerza realizada el 25 de julio de 1713 frente a las murallas de Barcelona por un ejército borbón de 20.000 soldados sería suficiente para que, aterrado, se rindiera. Pero Barcelona resistió más de un año. La dura fiscalidad y las atrocidades y crímenes del ocupante borbón contra la población que vivía fuera de Barcelona, fueron tales que desde finales de ese año y enero de 1714 estallaron motines y aparecieron guerrillas que para primavera de 1714 formaban una especie de ejército de extramuros de 4.000 soldados. La eficiencia de la soberanía preburguesa catalana se demostró en estos momentos críticos no solamente armando un ejército, sino también una flota que garantizaba los suministros desde Mallorca y otros puertos.

Pero las llamadas «Dos Coronas» de la Casa de Borbón, sumaban demasiados recursos frente a la heroicidad catalana, sobre todo en artillería, poliorcética e ingeniería militar lo que permitió a los invasores acercarse mucho a las murallas sufriendo muy pocas bajas. La suerte estaba echada. Una muestra de la raigambre del sentimiento nacional preburgués del pueblo lo encontramos en la mitad de la batalla desesperada del 11 de septiembre de 1714: en una brecha crítica abierta por la artillería franco-española los defensores se reorganizaron alrededor de la bandera de Santa Eulalia, patrona de Barcelona, contuvieron el ataque y contraatacaron hasta taponar la brecha. Las enseñas y banderas que simbolizaban el sentimiento nacional preburgués estuvieron al frente de los desesperados contraataques de una masa de guerra formada por soldados y por civiles armados de cualquier modo.

Ese último día el monasterio de San Pedro fue reconquistado once veces por los catalanes que al mediodía volaron una parte y se atrincheraron en ella por última vez. Los defensores sabían que Lleida y Xàtiva habían sido masacradas por el borbón, con escenas espantosas, y aprovecharon la oferta de rendición sin saqueos ni muertes hecha por el mando atacante, para salvar las vidas y las casas de la población civil, o de lo contrario la población sería pasada a cuchillo. La negociación fue realizada por Berwick que contravino las órdenes del rey no se sabe si para evitar una posible desbandada de su ejército agotado por la resistencia popular, o para facilitar la entrada de la caballería invasora por las estrechas calles de la ciudad.

Pero la caída de Barcelona y de la fortaleza de Cardona una semana más tarde no supuso el fin automático de la guerra porque Palma de Mallorca resistió hasta julio de 1715 y, a otra escala, se organizaron guerrillas catalanistas en los Pirineos durante al menos una década. Durante la guerra, decenas de miles de personas tuvieron que escaparse de los Països Catalans y de Aragón para no ser encarceladas o asesinadas. El rey borbón acabó con sus derechos aplicando el más fuerte derecho de conquista del Imperio, empezando en el acto un proceso de desnacionalización gradual. Catalunya fue sobrecargada de impuestos en comparación a los que pagaba Castilla, pero en realidad fue la Corona de Aragón –Valencia, las Illes, Aragón y Catalunya– la que, desde su derrota y ocupación militar desde 1707-1714, llenó el agujero fiscal español con la sobreexplotación económica. El Imperio necesitaba urgentemente cualquier aporte de fondos para taponar dos brechas mortales: el orden interno y la seguridad marítima. Ambas necesitaban dinero, mucho dinero, que fue sacado de la derrotada Corona de Aragón, además de otras formas y métodos. El preámbulo del decreto de Nueva Planta de enero de 1716 dejaba claro que la ley española impuesta se basaba en el derecho de conquista, lo mismo que dejó bien claro el ejército fascista español cuando logró conquistar Bilbao en 1937.

En orden interno se aseguró aumentando la movilidad del ejército para que pudiera trasladarse rápidamente por el Estado reprimiendo cualquier protesta: nada menos que 14.000 hombres a caballo y 59.000 a pie, una proporción de caballería muy alta para la época. En cuanto a la marina, la crisis era tal que tras la Guerra de Secesión dependía de la flota francesa para garantizar la llegada de la plata de Nuestra América. Debía, por tanto, construir una armada nueva o todo se hundiría. La experiencia burocrática del Borbón, su centralización extrema, fue aplicada en el Estado desde 1717 para crear la Marina de Guerra. Sin la sangría económica del aplastado Reino de Aragón, semejante recuperación imperialista hubiera sido mucho más difícil.

Para concluir, hemos dicho anteriormente que Hacienda, Ejército, Cultura y Estado formaban ya una unidad en el siglo XVII que se reforzaría en el XVIII. Hemos hablado del expolio fiscal de los Països Catalans y de Aragón para fortalecer el Estado y el Ejército español. Nos falta la Cultura: de la misma forma en que la aristocracia y la joven burguesía valenciana empezó a abandonar el uso del catalán al ser derrotada la rebelión de la Germania en 1520-1522 contra la nobleza, rebelión popular que se extendió a Mallorca, después de 1714 la burguesía catalana también giró hacia la lengua española. En ambos casos se trata de la necesidad de las clases dominantes de distanciarse del pueblo trabajador, de su cultura y lengua, para acercarse a las del ocupante. Decidido a extender no solo la lengua y la cultura española, Felipe V fundó en 1738 la Real Academia de la Historia para fijar la visión políticamente correcta de la historia española pero «con bastante ineficacia, por cierto». Y el rey Carlos III prohibió imprimir libros en euskera en 1766 y en 1768 ordenó que en Aragón se actuase y se enseñase en castellano.

  1. La dinámica de las contradicciones y sus formas

Los escasos intentos habidos en el Estado para impulsar un capitalismo con alta productividad del trabajo, con una política clara de subsunción real de las clases trabajadoras mediante una permanente modernización tecnocientífica, de modo que la inevitable resistencia obrera nunca diera el salto a la lucha política por la toma del poder, y con una deliberada integración de las burguesías de los pueblos oprimidos en un sistema democrático-burgués flexible e integrador, dentro de lo relativo de estos términos, tales intentos, además de haber sido muy pocos siempre han sido rápidamente cortocircuitados por la fiereza reaccionaria y la estulticia conservadora que vertebra el espinazo del bloque de clases dominante en el Estado.

Desde ese siglo XVIII en el que la crisis del feudalismo no encontró como salida el desarrollo de una forma «moderna» del modo de producción capitalista, sino a un engendro corrupto, violento y orgulloso de su ignorancia, desde entonces se han repetido una y mil veces determinadas crisis que apenas varían en su esencia aunque sí en sus formas. Pese a los puntuales y fugaces esfuerzos de acelerar y racionalizar el sistema productivo, social, cultural y político español para recortar distancias y reintegrarlo en la cada vez más distante cabeza hegemónica del capitalismo, ahora mismo nos golpea el torbellino de contradicciones que estallaron desde la mitad del siglo XVII hasta su definitivo triunfo reaccionario a comienzos del siglo XVIII.

Unos intelectuales que flotaban en las nebulosas de sus abstracciones, creyeron que la crisis de finales del siglo XIX era la definitiva porque, de rebote, insuflaría vida en el «alma española». El reaccionario Maeztu lloriqueó diciendo: «Me duele España», y ese sufrimiento derechista desencadenó una cadena de brutalidades fascistas que siguen atormentando la conciencia de los vivos y pudriendo el interior del sistema capitalista. Tal vez desesperado, Ortega y Gasset dijo aquello de que «España es el problema, Europa es la solución». Pero Europa no ha sido la solución pese a las promesas de ayuda, sino uno de los verdugos.

El atraso histórico en la productividad del trabajo y la indiferencia ensoberbecida hacia la ciencia y la técnica; la corrupción estructural, el amiguismo y el orgullo medieval por el corporativismo clientelar; el desprecio racista del nacionalismo gran-español y católico hacia las lenguas y culturas de los pueblos que oprime y el incumplimiento sistemático de los acuerdos pactados con las burguesías «regionales»; y la tendencia congénita, casi inquisitorial, hacia el recurso fácil a las soluciones represivas y violentas cuando las clases y naciones explotadas desbordan la flaca tolerancia del poder.

Las cuatro características descritas, que interactúan entre sus múltiples matices hasta formar una totalidad concreta vigente en cada crisis histórica, nos remiten en sus diversos inicios y con sus velocidades y autonomías relativas a finales del siglo XV. Esa totalidad concreta descrita nos conduce definitiva e irreversiblemente a la mitad del siglo XVI en adelante. En ese devenir, provocaban sucesivos estallidos de violencias varias, siendo las decisivas las que se expresaban en forma de guerras convencionales. Eran violencias decisivas porque, según sus resultados, fortalecían tendencias evolutivas reaccionarias o progresistas, especialmente las primeras.

A nivel estatal vencieron las reaccionarias y por eso el capitalismo resultante se caracteriza por las contradicciones arriba resumidas que, por ser estructurales, o mejor decir genético-estructurales, impiden ya definitivamente la «modernización» del capitalismo español. Las fuerzas reaccionarias dominantes en el bloque de clases en el poder sienten no solo como un ataque a su propiedad ese intento de «modernización», que también lo es, sino que encima se sienten ofendidas e insultadas en su cínica moral nacional-católica y de esta mezcla de orgullo herido y bolsa amenazada resurge siempre su añorante necesidad infantil de un padre protector, sea un rey o un dictador, o ambas cosas.

Pero el reformismo, sea blando o duro, no puede imaginar otra alternativa que no sea la de mantener lo esencial de la nación española, aunque sea recurriendo al imposible metafísico de la «nación de naciones» dentro del sistema capitalista. Y no puede hacerlo porque su sistema cognitivo está cimentado en el nacionalismo español.

Euskal Herria, 31 de agosto de 2017

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Zagorin, Pérez: Revueltas y revoluciones en la Edad Moderna, Cátedra, Madrid 1985, tomos I y II.

 

(Imagen: Rendición ante el emperador. Este óleo de Carle Vernet muestra a Napoleón en Chamartín, recibiendo a los delegados de la Junta de Defensa de Madrid para rendir la ciudad y a los que reprocha airado su resistencia).

América Latina: ¿Feudal o capitalista?

por Luis Vitale//

La controversia respecto de si América latina tiene características feudales o capitalistas podrá parecer académica, pero durante muchos años el movimiento reformista basó su estrategia política en las siguientes proposiciones:

  1. España era un país feudal.
  2. España trasplantó su sistema medieval al Nuevo Mundo, y la colonización se llevó a cabo bajo el régimen feudal.
  3. En América latina creció una aristocracia feudal, y más tarde se independizó de España.
  4. Una aristocracia feudal gobernó los países latinoamericanos durante los siglos XIX y XX, impidiendo el desarrollo del capitalismo Y el surgimiento de una burguesía nacional.
  5. Los partidos populares deben respaldar a la ”burguesía progresista” contra la oligarquía feudal, para cumplir con los objetivos democrático-burgueses por medio de un Frente de Liberación Nacional.

Que el problema de feudalismo o capitalismo no es simplemente académico puede verse en la trágica derrota de quienes basaron sus acciones en esa teoría: el Frente Popular y González Videla en Chile, Perón y Frondizi en la Argentina, Vargas y Goulart en Brasil, la Acción Democrática en Venezuela, el APRA y Belaúnde en Perú, y las revoluciones guatemalteca y boliviana, entre otros. La tesis principal del movimiento reformista consiste en definir a España como un país feudal, caracterización que ha ganado credibilidad gracias a su repetida formulación. Los historiadores liberales del siglo XIX fabricaron una falsa imagen de España, una valoración que servía a la política inmediata del Imperio británico, antes que a la historia. El concepto de la España feudal adquirió una significación especial en el siglo actual. Sus portavoces son los sociólogos y políticos seudoizquierdistas que confunden atraso económico

con feudalismo, o latifundio con feudalismo.

Aclaremos estos conceptos. ¿Cuáles fueron los rasgos generales de los sistemas feudales? El feudalismo era un sistema económico agrario basado en el trueque, sin salarios, pues los servicios se pagaban con tierra, alojamiento y alimentos. Su estructura social se basaba en relaciones de servidumbre, de vasallaje, con castigo para los que abandonan el feudo, etc. En el plano político se caracterizaba por una monarquía débil y una nobleza independiente. Este régimen echó sus primeras raíces a finales del Imperio romano, llegó a su culminación entre los siglos IX y XII y declinó en la baja Edad Media. Lo que minó la estructura feudal fue el choque entre la cultura musulmana y la europea, a lo largo de siete siglos. Los turcos, los árabes y los judíos invadieron el ”Mare Nostrum”, crearon fábricas y vendieron sus mercancías en los feudos. La clase media creció. Una nueva clase social, la burguesía comercial, surgió en los alrededores de los castillos, y los siervos comenzaron a trasladarse del campo a la ciudad. Los banqueros venecianos y bálticos modificaron poco a poco la vida económica y social de la Edad Media. Una economía natural se convirtió en una economía monetaria …

La Península Ibérica se encontraba a la vanguardia de este proceso. Portugal, en 1381, presenció la primera revolución burguesa, cuatro siglos antes que la de Francia. La burguesía comercial de Lisboa, vinculada con el comercio con Flandes, eliminó del poder a los señores feudales. El fracaso final de la revolución demostró que las condiciones no estaban maduras para el triunfo de la burguesía, pero el ascenso de ésta se reflejó en el comercio con el Atlántico norte, en los planes de Enrique el Navegante, y sobre todo en los descubrimientos del siglo XV.

Por distintos motivos, España tenía características menos típicamente feudales que otros países europeos:

  1. La prolongada invasión musulmana tuvo efectos específicos sobre España; interrumpió, o más bien, modificó el curso del desarrollo feudal que había surgido en la España visigoda. Los árabes se infiltraron en Europa central y meridional a un ritmo impresionante inclusive para historiadores acostumbrados a ver la historia desde el punto de vista europeo. La civilización musulmana fue absorbida por la sociedad española y dio un estímulo extraordinario al comercio, en particular bajo Abderramán III, en el siglo X. Mientras el resto de Europa vivía bajo un régimen de economía natural, España realizaba un comercio relativamente activo. Los árabes promovieron el progreso agrícola e industrial. Introdujeron el azúcar, el algodón y la cría del gusano de seda, base de la manufactura textil. ”El secreto del renacimiento industrial en España y Sicilia bajo los árabes fue la construcción de canales”.1 Los progresos de la agricultura española se vieron en el sistema de irrigación, en las obras hidráulicas de Valencia, Andalucía y Zaragoza (25.000 acres irrigados), y en la atención que le prestaron los hombres de ciencia árabes…
  2. La invasión árabe obligó a la monarquía y la nobleza españolas a revisar el sistema socioeconómico. En las regiones más afectadas por la guerra, tales como León y Castilla, surgió una población campesina relativamente libre que se negó a reconocer los antiguos vínculos feudales. ”Durante más de un siglo —dice Smith—, la frontera entre la España cristiana y la musulmana consistió en una amplia zona, deshabitada o escasamente poblada, que solo podía ser colonizada ofreciendo tierras dentro de ella a precios ventajosos. En ese territorio el colono típico fue, durante los siglos IX y X, el campesino libre que poseía un pequeño terreno…”2 La situación de estos campesinos cambió en siglos posteriores, cuando los terratenientes se organizaron, pero no cayó en el tipo de servidumbre que existía en otros países europeos. Además, las behetrías, en que los campesinos compraban la protección del

señor, establecieron vínculos de vasallaje menos rígidos que los del feudalismo francés o el

alemán. El feudalismo español fue de un tipo sui generis…

  1. La guerra contra los árabes impidió la consolidación de los señores feudales, fortaleció la tendencia centralizadora de los reyes. Éstos tomaron en sus manos el anárquico comando militar de los nobles. Sería una exageración afirmar que la España de la Reconquista era un Estado monárquico y centralizado en el sentido moderno … pero no puede negarse que los reyes ejercieron un control más o menos estricto sobre los señores feudales. Los intentos posteriores de consolidación feudal fueron frenados por medio de los reyes católicos, quienes convirtieron a la nobleza en cortesanos dependientes del trono.
  2. Desde el siglo XIV en adelante se desarrolló una economía pastoral conocida como Mesta, un tipo nómade de crianza de ovejas que proporcionaba lana a los centros textiles de los Países Bajos. A pesar de su apariencia, este sistema de crianza de ovejas no era feudal, pues la lana producida era enviada al mercado internacional. Dos características de la Mesta —el empleo de poca mano de obra y la utilización de enormes extensiones de tierra para criar ovejas para lana— provocaron la migración a las ciudades de los campesinos que habían sido expulsados del campo, y debilitó las actitudes de servidumbre. Las vastas extensiones de tierra no eran necesariamente feudales; el rasgo esencial del feudalismo no es la extensión de tierra… sino el sistema de producción agraria, con una economía natural de trueque, sin mercados y sin uso de dinero…
  3. La prueba más concluyente de que España avanzaba hacia el capitalismo consiste en el ascenso de una nueva clase social: la burguesía. El capital comercial, acumulado por los mercaderes que comerciaban con el Atlántico norte, Italia y Provenza, comenzó a financiar empresas manufactureras… Reyes y nobles, endeudados debido a los préstamos concedidos por la floreciente burguesía, se vieron obligados a permitirle participar, aunque en escasa medida, en los asuntos del Estado. Muchos años antes que las clases medias francesa e inglesa desempeñaran funciones política claves, la burguesía española fue reconocida por las Cortes. En el siglo XI aparecieron municipalidades … ”Ya en el siglo XIV las ciudades constituían la parte más poderosa de las Cortes españolas”.3 Y la literatura española del período… refleja con más vigor que los documentos oficiales la influencia cultural de la clase media en ascenso.

En una palabra, durante el período de la conquista americana, España era un país en transición del feudalismo al capitalismo, una nación de desarrollo desigual, que combinaba instituciones feudales con una burguesía relativamente fuerte que comerciaba con mercados extranjeros. El capitalismo español del siglo xv no era un capitalismo industria moderno, sino un capitalismo incipiente, primitivo, esencialmente comercial y con restos de feudalismo: instituciones feudales y títulos de nobleza. Los siglos XVI y XVII presenciaron un tardío resurgimiento del feudalismo, en especial después de la derrota de la burguesía en la guerra de los Comuneros de Castilla y de las Hermandades de Valencia en 1550. Bajo la presión de los señores feudales, de la Iglesia y de los capitalistas genoveses y alemanes, Carlos V expulsó a los judíos y a los árabes, baluartes del comercio y la artesanía del período. Pero a pesar de esas victorias feudales temporarias, España se desarrolló hacia el capitalismo en… una trayectoria errática que culminó durante el siglo XVIII, bajo los Borbones, con la adopción de medidas en favor de la burguesía y de la industria nacional. (Es necesario reconocer que estos reveses impidieron a España alcanzar el grado de desarrollo capitalista logrado por Francia e Inglaterra durante la Revolución Industrial.)

 

La segunda tesis del movimiento reformista es la de que la conquista de América fue de carácter feudal. Para nosotros el descubrimiento, conquista y colonización de América fue un acontecimiento natural para un país que había roto sus lazos con la economía rural de la Edad Media. La conquista tenía un objetivo capitalista: la explotación y comercialización de los metales preciosos. A pesar de la presencia de fincas feudales, la economía colonial no se basaba en una economía natural o en la producción en pequeña escala de la hacienda feudal, sino en la explotación de materias primas para el mercado internacional, en escala relativamente grande y mediante el empleo de grandes cantidades de trabajadores nativos … En tres siglos España extrajo veinte mil millones de francos en metales preciosos de fuentes americanas, y las principales ciudades coloniales se crearon con el fin de exportar materias primas a Europa. La explotación de la mano de obra durante la colonización no tuvo carácter feudal; la esclavitud negra no era una institución feudal, sino una empresa capitalista, organizada con grandes capitales… Y los trabajadores nativos de las encomiendas, aunque en modo alguno eran los obreros típicos de la industria moderna, recibían un ”salario bastardeado”.4

Durante los primeros años de la conquista los encomenderos trataron de afirmar su independencia. La Corona española, ansiosa de evitar el surgimiento en América de un grupo de señores que eventualmente pudieran repudiar su autoridad, establecieron una fuerte administración con vistas a contrarrestar todo estallido feudal. En 1542 las Nuevas Leyes de Indias refirmaron el poder real: supresión de la esclavitud y anulación de la ley de sucesión por dos generaciones, es decir, el final de la concesión perpetua de encomiendas. El encomendero no era el amo de los indios, ni podía imponer justicia, porque ”el indio no era el siervo del encomendero, sino el súbdito del rey”. Las medidas de la monarquía ”en favor” de los indios no nacieron de un sentimiento de respeto por la persona humana, sino de una motivación capitalista: proteger a la mano de obra explotada, evitar el exterminio físico de la fuerza de trabajo, los indios proporcionaban metales preciosos a la Corona. Algunas de estas leyes no fueron obedecidas; antes bien, resultaron resistidas por los encomenderos por medio de la rebelión, como las de Nueva Granada en 1563 y de México en 1564.

En 1549 el rey decretó la abolición de la servidumbre personal en la encomienda, y afirmó que el indio solo debía entregar tributos en especie. En 1569 el virrey Toledo, del Perú, declaró que ese tributo debía ser pagado en dinero, exigencia que obligó a los indios a trabajar por un salario. Por lo tanto, la encomienda de servicios fue remplazada por la del tributo en dinero, sistema llamado cuatequil en México y mita en Perú y Chile… El obrero asalariado representaba una relación capitalista embrionaria entre las clases, y constituía una nueva clase de trabajadores. En el siglo XVII, con el explosivo aumento del número de mestizos, los terratenientes y los dueños de minas se vieron obligados a pagar jornales para obtener mano de obra…

La tercera tesis del reformismo es la de que la aristocracia feudal que se inició en la colonia incitó la rebelión de independencia contra España … Nosotros afirmamos que España conquistó a América, no para reproducir en ella el ciclo feudal europeo, sino para incorporarla al nuevo sistema de producción capitalista. Esto engendraría repercusiones, no sólo en el desarrollo de las clases sociales, sino además, en parte, en la revolución americana … La colonización española hizo nacer una burguesía criolla, que al desarrollarse y entrar en conflicto con los intereses imperiales, dirigió la emancipación de América latina.

El desarrollo interno de América latina estuvo subordinado desde el comienzo a su estado colonial. Su economía fue creada para servir los intereses de la madre patria. El papel de América latina como productora de materias primas comenzó en el período colonial. El desarrollo de la industria local —condición que, junto con la reforma agraria, es esencial para la creación de un mercado interno— fue restringido por España. La colonia cumplió con la doble función de exportar materias primas e importar productos manufacturados.

España monopolizó las exportaciones e importaciones, e hizo imposible que los criollos obtuvieran mejores precios en otros mercados o compraran productos manufacturados más baratos. Para apaciguar a los que protestaban cotra este monopolio, los reyes de la casa de los Borbones permitieron en 1778 la apertura de 33 nuevos puertos de intercambio con América. El relativo aumento del intercambio acentuó las esperanzas de la burguesía criolla. Las concesiones borbónicas, en lugar de aliviar el descontento de las colonias, estimularon las aspiraciones de los terratenientes, dueños de minas y comerciantes criollos. Las reformas iniciadas por los ministros liberales de Carlos III muestran que España había perdido sus colonias mucho antes de 1810…

Como los criollos ricos adquirían títulos de nobleza, establecían fincas de familia y ejecutaban otros actos reminiscentes del feudalismo medieval, se los ha caracterizado a veces como una aristocracia feudal … pero esos títulos de nobleza eran adquiridos con dinero, y no por ”sangre azul”.

…Aunque se le puede encontrar muchas causas, en lo esencial la revolución contra España fue creada por esa nueva clase social que aspiraba al gobierno propio, la burguesía criolla. Dicha clase controlaba las principales fuentes de riqueza en toda la colonia, aunque el poder político seguía en manos de los representantes de la monarquía. El conflicto entre el poder económico, controlado en gran medida por la burguesía criolla, y el poder político monopolizado por los españoles, precipitó la revolución de 1810. En tanto que la burguesía criolla necesitaba nuevos mercados, la Corona española restringía la producción a las necesidades mínimas del comercio peninsular. Mientras la burguesía quería productos manufacturados a precios más bajos, el Imperio la obligaba a comprar mercancías vendidas a precios exorbitantes por los comerciantes españoles. Mientras los nativos exigían la reducción de los impuestos, España imponía nuevos tributos.5 Y por sobre todo, la burguesía quería el poder, porque significaba la posibilidad de controlar las aduanas, el monopolio del gobierno, los ingresos públicos, los altos cargos públicos, el ejército y el aparato estatal del cual dependían las leyes de importación y exportación.

…La revolución de 1810 fue dirigida por hombres que adaptaron a sus propios intereses las ideas liberales del siglo XVIII de la Ilustración francesa y del liberalismo español. El pensamiento de criollos como Belgrano y Salas maduró bajo las reformas borbónicas iniciadas por ministros masónicos tales como el conde de Aranda, amigo de Voltaire. Pero el pensamiento liberal llevó en Europa a la revolución democrático-burguesa; en América latina la única meta era la independencia política de España. Los argumentos de la burguesía europea contra el feudalismo fueron vueltos por la burguesía criolla contra el régimen opresivo de la Corona española. En Europa el pensamiento liberal fue la bandera de la burguesía industrial; en América latina fue la ideología temporaria de los terratenientes, dueños de minas y comerciantes. El liberalismo político sirvió para justificar el liberalismo económico, pero en tanto que en Europa el liberalismo era un arma de la burguesía industrial, en América latina se lo usó contra el monopolio español. Allá se lo empleó para la protección industrial; aquí. para el libre comercio.

La burguesía criolla era lo bastante poderosa para intentar la toma del poder. Sólo necesitaba un incidente para precipitar la revolución, y ese incidente fue la invasión napoleónica.

… Los hombres que dirigieron la revolución eran principalmente de ascendencia burguesa: terratenientes, comerciantes, dueños de minas, plantadores, ganaderos y exportadores, a menudo adinerados … El pueblo se mostró en gran medida indiferente a la revolución, que no representaba la emancipación social, sino la consolidación de sus explotadores inmediatos, los

terratenientes criollos. Esta situación se modificó en parte cuando los españoles iniciaron la Reconquista, no a consecuencia de un cambio en la burguesía criolla, sino debido a una reacción de las clases pobres contra los abusos de los españoles durante la guerra. El apoyo campesino a Manuel Rodríguez fue la clave del éxito de la guerra de guerrillas que contribuyó al triunfo del ejército de los Andes, dirigido por San Martín. Pero la participación del pueblo sólo adquirió características de masas en México y en el Alto Perú, donde los indios vincularon la lucha por la independencia con la revolución agraria. En las colonias españolas hubo pocos hombres como Hidalgo y Morelos, quienes lucharon contra los españoles y despojaron también a los terratenientes criollos.

En una palabra, la de 1810 no fue una revolución democrático-burguesa porque no realizó la reforma agraria ni desarrolló la industria y el mercado interno. Fue una revolución política, no social, en la cual la burguesía criolla cumplió un solo objetivo democrático —la independencia política—, que luego no pudo proteger contra el imperialismo. La historia de América latina es la historia de una revolución democrático-burguesa frustrada.

La cuarta tesis del reformismo dice que la aristocracia feudal gobernó los países latinoamericanos durante los siglos XIX y XX, demorando el desarrollo capitalista y el surgimiento de una burguesía nacional. La conclusión de esta tesis es la de que América latina no llegó a la fase de desarrollo capitalista, tarea que debe realizar la ”burguesía progresista”.

Pero hemos visto que los países latinoamericanos fueron gobernados, no por señores feudales, sino por una burguesía que no deseaba desarrollar el mercado interno y la industria nacional, debido a que su fuente fundamental de ingresos consistía en el comercio de exportación. Luego de frustrar los primeros planes de desarrollo industrial trazados por la avant parle de la primera generación de rebeldes en 1810. los terratenientes y comerciantes —que habían pactado con Inglaterra y Francia para permitir la introducción de mercancías extranjeras en América latina, a cambio de un buen mercado para sus materias primas— destruyeron las incipientes industrias artesanales en cada país.6 El comercio libre era ventajoso para la burguesía argentina que conservaba el poder, pero significaba la destrucción de las pequeñas factorías regionales que habían llegado a un pequeño apogeo durante la guerra de Independencia, al abastecer las necesidades de los ejércitos patriotas…

Unas pocas décadas después de la guerra de Independencia se aceleró el proceso de acumulación primitiva de tierras por medio de la conquista violenta, lo cual explica los grandes latifundios. Los cimientos del Estado moderno fueron establecidos durante la segunda mitad del siglo XIX, a consecuencia del desarrollo del capitalismo agrario, condicionado por una demanda cada vez mayor de materias primas por parte de las naciones altamente industrializadas.

Para algunos economistas, el desarrollo capitalista y el poder social burgalés solo pueden significar la maquinización productiva o la industria avanzada. O sea, que ni el capitalismo ni la burguesía podrían existir donde no hubiera industria. Esta creencia sirve para medir si un país está más adelantado que otro. pero resulta confusa si se la aplica a los países coloniales o semicoloniales, pues en estos países no existe una industria avanzada, sino un sistema de explotación capitalista de la agricultura, la ganadería, etc., y una clase social regida por las leves del precio, el crédito y la ganancia. A mediados del siglo pasado esta clase introdujo el ferrocarril en América latina e inauguró el sistema bancario, que comenzó a financiar las empresas agrícolas. las firmas frigoríficas. las refinerías de azúcar y las fundiciones. Los mineros chilenos llegaron a elevadas tasas de productividad en sus minas de cobre y salitre. Los terratenientes argentinos aumentaron la exportación de ganado gracias a la introducción de nuevas técnicas e iniciaron el capitalismo agrario. La burguesía terrateniente de Cuba se convirtió en la principal abastecedora de azúcar del mundo, así como los dueños de minas de estaño de Bolivia se convirtieron en los principales abastecedores de estaño.

La clase exportadora de América latina ha cabalgado durante más de un siglo en un caballo que se resistía, no a las bridas feudales, sino a las burguesas. El atraso no fue causado por el feudalismo, sino por el limitado papel de América latina como productora de materias primas, y su dependencia respecto del mercado mundial. El atraso coexiste con los más modernos progresos técnicos. Al lado de la pequeña producción doméstica y de los miserables talleres artesanales hay grandes empresas capitalistas, signos distintivos del desarrollo desparejo que caracteriza a las naciones atrasadas, según la aguda apreciación de León Trotsky, quien con la categoría de “combinado” complementó la teoría del desarrollo desigual de Marx y Lenin.

El comienzo del imperialismo — nueva fase del capitalismo — a finales del siglo XIX determinó la fase siguiente del desarrollo de América latina. La inversión de rapitales financieros extranjeros trasformó a los países latinoamericanos, de dependientes en semi- coloniales. Las materias primas, en el pasado en manos de la burguesía nacional, comenzaron a abastecer en gran medida al imperialismo europeo, y luego al norteamericano, que se adueñó del control del cobre chileno, el estaño boliviano, las plantaciones centroamericanas, etc.

A diferencia de la burguesía industrial europea. que surgió en la lucha contra la nobleza terrateniente en un período caracterizado por el libre comercio y el capitalismo competitivo, la burguesía latinoamericana estuvo vinculada desde el comienzo con los terratenientes y los inversores extranjeros. Hacia finales del siglo pasado los países capitalistas industriales no solo inundaron los mercados con productos manufacturados, sino que además controlaban la mayoría de las acciones en las principales industrias que se habían establecido en América latina. La industria liviana (por ejemplo los textiles, el calzado) se desarrolló en alguna medida durante las dos guerras mundiales, debido a las dificultades para importar productos manufacturados, pero no hay, como quieren hacernos creer los reformistas, un conflicto entre el imperialismo este desarrollo de la industria liviana en los países atrasados. La industria liviana nativa es ventaiosa para el imperialismo extranjero, en particular para los monopolios norteamericanos, porque crea nuevos mercados para la industria pesada. Una de las esperanzas de la Alianza para el Progreso. cuando alaba la ”reforma agraria”, es la de que a consecuencia del aumento del poder adquisitivo del campesino se produzca una expansión de la industria liviana latinoamericana y un subsiguiente aumento en la demanda de maquinaria fabricada por firmas norteamericanas… Los reformistas tienden a pasar por alto el hecho de que la base de las ganancias de los grandes monopolios en la actualidad no es la exportación de artículos de consumo (ropas, calzado, alimentos, lavarropas, etcétera), sino la venta de maquinaria producida por la industria pesada y necesaria para la industria liviana. El viejo capitalismo, como decía Lenín, estaba interesado en la exportación de mercancías, el imperialismo moderno en la exportación de bienes de capital. Y la burguesía latinoamericana depende más que nunca de los bienes de capital producidos por los monopolios extranjeros …

En otras palabras, la burguesía, al concentrarse en la exportación de materias primas, ha contribuido al atraso de América latina. Dependiente desde el comienzo del imperialismo por su incapacidad para desarrollar la industria pesada, ha agotado todas las posibilidades para el desarrollo de una sociedad semicolonial en un período imperialista. Es un error afirmar, come lo hacen los reformistas, que la fase de desarrollo capitalista no ha llegado aún, y que se llegará a ella por intermedio de la ”burguesía progresista”.

Llegamos ahora a la estrategia política que constituye la tesis final del reformismo: ”Los partidos populares deben apoyar a la burguesía progresista contra la oligarquía feudal, para cumplir los objetivos democrático-burgueses por intermedio de un Frente de Liberación Nacional”.

… América latina no es una copia de la Europa del siglo XIX, en la cual la nueva clase media

en ascenso tuvo que derribar al feudalismo para iniciar el ciclo de las revoluciones democrático-burguesas. Como hemos demostrado, América latina no ha pasado por las etapas clásicas del Viejo Mundo, sino que pasó directamente de las comunidades indígenas primitivas al capitalismo incipiente introducido por la colonización española. La América latina que conquistó su independencia de España estaba gobernada, no por una oligarquía feudal, sino por una burguesía que, debido a su dependencia del mercado mundial, contribuyó al atraso del continente. Esta burguesía es incapaz de cumplir los objetivos de a democracia … No puede ni quiere lograr la reforma agraria, porque todas las clases dominantes están comprometidas en la posesión de la tierra … Es incapaz de romper con el imperialismo debido a su dependencia del capital financiero extranjero. Es posible que esta clase burguesa tenga ciertos desacuerdos con las empresas extranjeras que introducen productos en competencia con su propia industria liviana, pero sus soluciones no van más allá de la imposición de débiles restricciones aduaneras. Una clase cuya existencia misma depende del imperialismo no puede romper con él sin suicidarse. La reforma agraria y la expulsión del imperialismo es y será siempre contraria a la burguesía, antes que favorable a ella …

 

1 Carlos Marx, El Capital, I, tr. de W. Roces, Ed. FCE, México, 1949, pág. 565.

2 R. Smith, Historia económica de Europa, vol. I, Madrid, Universidad de Cambridge, 1948, pág. 416.

3 Marx y Engels, La revolución española, Moscú, Ediciones en Lenguas Extranjeras, pág. 3.

4 Los escritores que mejor han tratado este tema son Jan Bazant. Silvio Zabala de México, Nahuel Moreno y Milciades de la Argentina, Marcelo Segall de Chile, y en especial Sergio Bagú, todos los cuales contribuyeron a nuestro análisis de la economía y la sociedad coloniales.

5 L. Machado Ribas, Los movimientos revolucionarios en las colonias españolas, Buenos Aires, 1940.

6 Juan Alvarez, Las guerras civiles argentinas, Buenos Aires.

 

EEUU: Los demócratas buscan apuntalar al Gobierno en crisis de Trump

por Joseph Kishore//

Los líderes demócratas del Congreso estaodunidense declararon el miércoles por la noche que alcanzaron un acuerdo con el Gobierno de Trump sobre inmigración. El líder de la minoría demócrata en el Senado, Charles Schumer y la líder de la minoría demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, celebraron el acuerdo después de una cena con Donald Trump, quien ha presidido una escalada brutal de los ataques contra los trabajadores y jóvenes inmigrantes.

Evidentemente sin saber que estaba hablando frente a un micrófono prendido el jueves, Schumer develó el ánimo adulador de los demócratas hacia el presidente multimillonario, presumiendo: “Le caemos bien. Yo le caigo bien, en todo caso”.

Hasta ahora, ningún acuerdo concreto ha sido anunciado, pero los informes de la prensa indican que, sea cual fuere el trato, preservaría de alguna manera la ya dilapidada protección que reciben ochocientos mil jóvenes inmigrantes a través del programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia o DACA (por sus siglas en inglés), después de que la Casa Blanca anunciara este mes su eliminación.

Los comentarios de Trump sobre un acuerdo variaron a lo largo del jueves, pero señaló que apoyaría una medida para proteger a los jóvenes, denominados “soñadores”, de ser deportados, pero sin permitirles la ciudadanía, a cambio de una “masiva” expansión de la vigilancia y militarización de la frontera sur del país.

Tal medida ampliaría las políticas antiinmigrantes del mandato de Obama, acompañadas de la militarización fronteriza que ha propuesto Trump. El diario New York Times citó a un “alto oficial demócrata”, quien “dijo que el acuerdo era específico, tomando los términos del presupuesto que propuso el Sr. Trump”. El diario continúa, “La propuesta incluía sensores para reforzar la vigilancia fronteriza, reconstruir caminos a lo largo de la frontera, drones y apoyo aéreo para un mejor cumplimiento”.

El programa DACA, promulgado por Obama en junio del 2012, fue en gran parte una maniobra electoral para los comicios presidenciales de ese año, diseñada para encubrir políticamente la deportación entonces en marcha de casi tres millones de inmigrantes durante sus ocho años en el poder —un ritmo más rápido que el del Gobierno de Trump hasta la fecha—.

En el 2013, ambos partidos respaldaron una medida que les ordenaba a los agentes federales asegurarse que el noventa por ciento de los cruces no autorizados de la frontera terminaran en arrestos y deportaciones. Según informes, este es el molde del acuerdo entre Trump, Schumer y Pelosi. La militarización de la frontera entre México y EUA, una alternativa del “muro” de Trump, ha obligado a que los inmigrantes tomen rutas cada vez más peligrosas para ingresar al país, algo que ha conllevado a una dramática alza en las muertes de aquellos que lo intentan.

Más allá de la política migratoria, hay cuestiones políticas más amplias detrás del respaldo demócrata a Trump. Los esfuerzos para solidarizarse con Trump tienen como fin estabilizar el Gobierno y el sistema político bipartidista en general, de manera que les permita intensificar la ofensiva contra la clase obrera y hacer preparativos para una guerra de mayores proporciones.

El Gobierno de Trump se encuentra en una profunda crisis política, estando dividido internamente y contando con una tasa de aprobación de sólo un 35 por ciento. Las catástrofes ocasionadas por los huracanes Harvey e Irma, incluyendo las horribles muertes de ocho residentes de un hogar de ancianos en Florida, están alimentando un amplio odio social y exponiendo la criminalidad de la negligencia e indiferencia del Gobierno hacia la crítica situación que vive la población.

Desde la inauguración de Trump hace ocho meses, la principal preocupación de los demócratas ha sido contener y desorientar la oposición popular al mandatario, mientras que los grupos de poder se disputan cuestiones principalmente de política exterior centradas en la demanda del aparato militar y de inteligencia de que Trump continúe las amenazas y provocaciones bélicas contra Rusia.

Los demócratas siempre han estado dispuestos a llegar a un acuerdo sobre cómo escalar los ataques contra la clase obrera, asegurar que Wall Street continúe siendo abonado y acelerar el desmantelamiento de la educación pública y el cuidado de salud. Todos estos fueron hitos de la Administración Obama. Al igual que el acuerdo de la semana pasada para levantar el techo de la deuda y refinanciar el Gobierno federal, un objetivo central del eventual trato sobre inmigración será abrir campo para el plato principal de la burguesía estadounidense: las reducciones de impuestos para los ricos.

El día en que Trump compartió su mesa con Pelosi y Schumer, también recibió a congresistas demócratas y republicanas para discutir la “reforma fiscal”, es decir el recorte de la tasa impositiva para las corporaciones. Mientras los huracanes Harvey e Irma ocasionaban una tremenda devastación, cuyos daños estimados son casi de $300 000 millones, Trump se apresuraba para encontrar una vía rápida para sus propuestas fiscales, generando una respuesta entusiástica por parte de los demócratas.

Existen otras áreas de acuerdo, como una guerra comercial con China. El menú para la cena entre Schumer, Pelosi y Trump era comida china (y pie de chocolate), supuestamente en referencia a las medidas económicas contra China que tanto Trump como Schumer apoyan. En cuanto a política sanitaria, el proyecto de ley de “Medicare para todos” presentado esta semana por el senador de Vermont, Bernie Sanders, tiene la intención de ser una mera pantalla para las discusiones entre los dos partidos sobre nuevas concesiones para las aseguradoras y recortes importantes en Medicare y Medicaid.

A pesar de que la política exterior no forma parte explícitamente del acuerdo entre Trump y el Partido Demócrata, sin duda es un factor significativo, si no subyacente de éste. Tras los elogios de Trump hacia los neonazis que participaron en los disturbios de Charlottesville, los demócratas presionaron para que la Casa Blanca fuese puesta más firmemente en manos de Wall Street y los generales y exgenerales que ya dominan el Gobierno —el jefe de personal, John Kelly, el secretario de Defensa, James Mattis, y el asesor en seguridad nacional, H. R. McMaster— .

Incluso mientras Pelosi y Schumer gozan de su nueva amistad, Estados Unidos está realizando enormes ensayos militares en Europa del Este, con Rusia en la mira. Mattis señaló el mes pasado que el Gobierno de Trump estaba planeando entregarle armas letales a Ucrania, uno de los puntos centrales de la plataforma electoral militarista de Clinton. Los demócratas del Congreso están trabajando estrechamente con los republicanos, encabezados por el senador John McCain, para impulsar un proyecto de ley que autorice un aumento masivo en el gasto militar estadounidense.

En junio, el World Socialist Web Site escribió que el encarnizado conflicto político en Washington reflejaba una marcada división dentro de la clase gobernante, sin un lado progresista ni democrático. “Si Trump fuese destituido por sus opositores en el ‘Estado profundo’ y el Partido Demócrata”, escribimos, “tal acto no representaría una victoria para la democracia ni mejoraría las condiciones de la clase obrera”.

Lo mismo resulta con una alianza entre los demócratas y Trump, sólo que de una forma diferente. Si se sienten seguros de que el aparato militar y de inteligencia se está encargando de los asuntos exteriores, considerarán que lo más importante es entonces contener y suprimir toda oposición social.

Todavía queda por ver si tal realineamiento sucede; sin embargo, lo que es claro es que el blanco principal del acuerdo al que lleguen los demócratas y el Gobierno de Trump será la clase obrera.

 

Valparaíso: Puerto o Borde Costero

por Ibán de Rementería//

El destino de Valparaíso se define entre ser puerto o borde costero. No hace muchos años la consigna de la sociedad civil, de la ciudadanía, era “No al mall si al puerto”, en medio de la confusión y escepticismo vecinal – la ciudadanía concreta de una ciudad – que generó la designación por la UNESCO de la ciudad puerto  como sitio patrimonial de la humanidad. Aquella consigna apareció como un llamado de alerta y convocatoria a defender el destino portuario de la ciudad cuando el gran capital comercial y financiero puso su ojo certero para concesionar el Terminal 3 no con fines portuarios sino que comerciales e inmobiliarios. Pero, hay anécdotas que son decidoras, por ejemplo, hasta no hace mucho en un conocido café del centro del Puerto quedaba un ejemplar de un afiche con aquella consigna, donde solo se leía “no al mall” y “si al puerto” había sido borrado. Seguir leyendo Valparaíso: Puerto o Borde Costero

Julio Cortázar: No se culpe a nadie.

El frío complica siempre las cosas, en verano se está tan cerca del mundo, tan piel contra piel, pero ahora a las seis y media su mujer lo espera en una tienda para elegir un regalo de casamiento, ya es tarde y se da cuenta de que hace fresco, hay que ponerse el pulóver azul, cualquier cosa que vaya bien con el traje gris, el otoño es un ponerse y sacarse pulóveres, irse encerrando, alejando. Sin ganas silba un tango mientras se aparta de la ventana abierta, busca el pulóver en el armario y empieza a ponérselo delante del espejo. No es fácil, a lo mejor por culpa de la camisa que se adhiere a la lana del pulóver, pero le cuesta hacer pasar el brazo, poco a poco va avanzando la mano hasta que al fin asoma un dedo fuera del puño de lana azul, pero a la luz del atardecer el dedo tiene un aire como de arrugado y metido para adentro, con una uña negra terminada en punta. De un tirón se arranca la manga del pulóver y se mira la mano como si no fuese suya, pero ahora que está fuera del pulóver se ve que es su mano de siempre y él la deja caer al extremo del brazo flojo y se le ocurre que lo mejor será meter el otro brazo en la otra manga a ver si así resulta más sencillo. Parecería que no lo es porque apenas la lana del pulóver se ha pegado otra vez a la tela de la camisa, la falta de costumbre de empezar por la otra manga dificulta todavía más la operación, y aunque se ha puesto a silbar de nuevo para distraerse siente que la mano avanza apenas y que sin alguna maniobra complementaria no conseguirá hacerla llegar nunca a la salida. Mejor todo al mismo tiempo, agachar la cabeza para calzarla a la altura del cuello del pulóver a la vez que mete el brazo libre en la otra manga enderezándola y tirando simultáneamente con los dos brazos y el cuello. En la repentina penumbra azul que lo envuelve parece absurdo seguir silbando, empieza a sentir como un calor en la cara aunque parte de la cabeza ya debería estar afuera, pero la frente y toda la cara siguen cubiertas y las manos andan apenas por la mitad de las mangas, por más que tira nada sale afuera y ahora se le ocurre pensar que a lo mejor se ha equivocado en esa especie de cólera irónica con que reanudó la tarea, y que ha hecho la tontería de meter la cabeza en una de las mangas y una mano en el cuello del pulóver. Si fuese así su mano tendría que salir fácilmente, pero aunque tira con todas sus fuerzas no logra hacer avanzar ninguna de las dos manos aunque en cambio parecería que la cabeza está a punto de abrirse paso porque la lana azul le aprieta ahora con una fuerza casi irritante la nariz y la boca, lo sofoca más de lo que hubiera podido imaginarse, obligándolo a respirar profundamente mientras la lana se va humedeciendo contra la boca, probablemente desteñirá y le manchará la cara de azul. Por suerte en ese mismo momento su mano derecha asoma al aire, al frío de afuera, por lo menos ya hay una afuera aunque la otra siga apresada en la manga, quizá era cierto que su mano derecha estaba metida en el cuello del pulóver, por eso lo que él creía el cuello le está apretando de esa manera la cara, sofocándolo cada vez más, y en cambio la mano ha podido salir fácilmente. De todos modos y para estar seguro lo único que puede hacer es seguir abriéndose paso, respirando a fondo y dejando escapar el aire poco a poco, aunque sea absurdo porque nada le impide respirar perfectamente salvo que el aire que traga está mezclado con pelusas de lana del cuello o de la manga del pulóver, y además hay el gusto del pulóver, ese gusto azul de la lana que le debe estar manchando la cara ahora que la humedad del aliento se mezcla cada vez más con la lana, y aunque no puede verlo porque si abre los ojos las pestañas tropiezan dolorosamente con la lana, está seguro de que el azul le va envolviendo la boca mojada, los agujeros de la nariz, le gana las mejillas, y todo eso lo va llenando de ansiedad y quisiera terminar de ponerse de una vez el pulóver sin contar que debe ser tarde y su mujer estará impacientándose en la puerta de la tienda. Se dice que lo más sensato es concentrar la atención en su mano derecha, porque esa mano por fuera del pulóver está en contacto con el aire frío de la habitación, es como un anuncio de que ya falta poco y además puede ayudarlo, ir subiendo por la espalda hasta aferrar el borde inferior del pulóver con ese movimiento clásico que ayuda a ponerse cualquier pulóver tirando enérgicamente hacia abajo. Lo malo es que aunque la mano palpa la espalda buscando el borde de lana, parecería que el pulóver ha quedado completamente arrollado cerca del cuello y lo único que encuentra la mano es la camisa cada vez más arrugada y hasta salida en parte del pantalón, y de poco sirve traer la mano y querer tirar de la delantera del pulóver porque sobre el pecho no se siente más que la camisa, el pulóver debe haber pasado apenas por los hombros y estará ahí arrollado y tenso como si él tuviera los hombros demasiado anchos para ese pulóver, lo que en definitiva prueba que realmente se ha equivocado y ha metido una mano en el cuello y la otra en una manga, con lo cual la distancia que va del cuello a una de las mangas es exactamente la mitad de la que va de una manga a otra, y eso explica que él tenga la cabeza un poco ladeada a la izquierda, del lado donde la mano sigue prisionera en la manga, si es la manga, y que en cambio su mano derecha que ya está afuera se mueva con toda libertad en el aire aunque no consiga hacer bajar el pulóver que sigue como arrollado en lo alto de su cuerpo. Irónicamente se le ocurre que si hubiera una silla cerca podría descansar y respirar mejor hasta ponerse del todo el pulóver, pero ha perdido la orientación después de haber girado tantas veces con esa especie de gimnasia eufórica que inicia siempre la colocación de una prenda de ropa y que tiene algo de paso de baile disimulado, que nadie puede reprochar porque responde a una finalidad utilitaria y no a culpables tendencias coreográficas. En el fondo la verdadera solución sería sacarse el pulóver puesto que no ha podido ponérselo, y comprobar la entrada correcta de cada mano en las mangas y de la cabeza en el cuello, pero la mano derecha desordenadamente sigue yendo y viniendo como si ya fuera ridículo renunciar a esa altura de las cosas, y en algún momento hasta obedece y sube a la altura de la cabeza y tira hacia arriba sin que él comprenda a tiempo que el pulóver se le ha pegado en la cara con esa gomosidad húmeda del aliento mezclado con el azul de la lana, y cuando la mano tira hacia arriba es un dolor como si le desgarraran las orejas y quisieran arrancarle las pestañas. Entonces más despacio, entonces hay que utilizar la mano metida en la manga izquierda, si es la manga y no el cuello, y para eso con la mano derecha ayudar a la mano izquierda para que pueda avanzar por la manga o retroceder y zafarse, aunque es casi imposible coordinar los movimientos de las dos manos, como si la mano izquierda fuese una rata metida en una jaula y desde afuera otra rata quisiera ayudarla a escaparse, a menos que en vez de ayudarla la esté mordiendo porque de golpe le duele la mano prisionera y a la vez la otra mano se hinca con todas sus fuerzas en eso que debe ser su mano y que le duele, le duele a tal punto que renuncia a quitarse el pulóver, prefiere intentar un último esfuerzo para sacar la cabeza fuera del cuello y la rata izquierda fuera de la jaula y lo intenta luchando con todo el cuerpo, echándose hacia adelante y hacia atrás, girando en medio de la habitación, si es que está en el medio porque ahora alcanza a pensar que la ventana ha quedado abierta y que es peligroso seguir girando a ciegas, prefiere detenerse aunque su mano derecha siga yendo y viniendo sin ocuparse del pulóver, aunque su mano izquierda le duela cada vez más como si tuviera los dedos mordidos o quemados, y sin embargo esa mano le obedece, contrayendo poco a poco los dedos lacerados alcanza a aferrar a través de la manga el borde del pulóver arrollado en el hombro, tira hacia abajo casi sin fuerza, le duele demasiado y haría falta que la mano derecha ayudara en vez de trepar o bajar inútilmente por las piernas, en vez de pellizcarle el muslo como lo está haciendo, arañándolo y pellizcándolo a través de la ropa sin que pueda impedírselo porque toda su voluntad acaba en la mano izquierda, quizá ha caído de rodillas y se siente como colgado de la mano izquierda que tira una vez más del pulóver y de golpe es el frío en las cejas y en la frente, en los ojos, absurdamente no quiere abrir los ojos pero sabe que ha salido fuera, esa materia fría, esa delicia es el aire libre, y no quiere abrir los ojos y espera un segundo, dos segundos, se deja vivir en un tiempo frío y diferente, el tiempo de fuera del pulóver, está de rodillas y es hermoso estar así hasta que poco a poco agradecidamente entreabre los ojos libres de la baba azul de la lana de adentro, entreabre los ojos y ve las cinco uñas negras suspendidas apuntando a sus ojos, vibrando en el aire antes de saltar contra sus ojos, y tiene el tiempo de bajar los párpados y echarse atrás cubriéndose con la mano izquierda que es su mano, que es todo lo que le queda para que lo defienda desde dentro de la manga, para que tire hacia arriba el cuello del pulóver y la baba azul le envuelva otra vez la cara mientras se endereza para huir a otra parte, para llegar por fin a alguna parte sin mano y sin pulóver, donde solamente haya un aire fragoroso que lo envuelva y lo acompañe y lo acaricie y doce pisos.

El otro 11: dieciséis años de mentiras, hipocresía y militarismo

por Bill Van Auken//

El decimosexto aniversario de los atentados del 11 de setiembre del 2001, los cuales cobraron más de 2900 vidas en Estados Unidosm fue conmemorado nuevamente con ceremonias en donde estaban situadas las Torres Gemelas en el World Trade Center, el Pentágono y el punto en Pennsylvania donde cayó uno de los cuatro aviones secuestrados cuando sus pasajeros luchaban por retomar el control de la aeronave.

Miles se reunieron en la Ciudad de Nueva York para presenciar el acto solemne donde se leen los nombres de las víctimas de lo que constituyó un ataque terrorista criminal y reaccionario que tan sólo sirvió a los intereses del imperialismo estadounidense y mundial. El acontecimiento ha sido utilizado para justificar guerras de agresión y ataques contra los derechos democráticos alrededor del mundo.

Las genuinas emociones de aflicción y añoranza compartidas por aquellos que perdieron a seres queridos ese día volvieron a contrastar marcadamente con la banalidad e hipocresía de las conmemoraciones oficiales escenificadas por los políticos estadounidenses.

Esta vieja dicotomía llegó a una nueva profundidad el lunes, con el discurso principal de la ceremonia en el Pentágono que dio el multimillonario estafador y presidente de tendencia fascista, Donald Trump. Su primera reacción el día de los atentados fue presumir—falsamente además—que la caída de las Torres Gemelas convertía su propiedad en 40 de la calle Wall Street en el edificio más alto de Bajo Manhattan. Sus comentarios esta semana fueron un revoltijo, si acaso recalentado, de discursos viejos, tributos a la bandera estadounidense y un llamado a “defender nuestro país contra las fuerzas barbáricas del mal y la destrucción”.

Trump repitió el desgastado cliché de que, “nuestro mundo cambió” ese 11 de setiembre, una frase que busca convencer que las guerras interminables, las medidas de Estado policial y los drásticos cambios en la vida política del país durante los últimos dieciséis años fueron el resultado de los supuestamente imprevistos e imprevisibles atentados del 11 de setiembre. En otras palabras, no tuvieron nada que ver con lo que les precedió.

El hecho de que esta es una mentira cínica y que el Estado emplea en su propio beneficio es algo que se esclarece más cada año.

En vísperas del aniversario, salieron a la luz nuevas revelaciones que asocian a Arabia Saudita, el país árabe más cercano a Washington, con la preparación de los atentados del 11 de setiembre, en el que 15 de los 19 secuestradores eran ciudadanos saudíes. La prensa corporativa, que no publicó nada significativo para el aniversario, por su mayor parte hizo caso omiso de la nueva evidencia. El diario New York Times marcó el aniversario con un editorial detallando los esfuerzos del examinador médico de la Ciudad de Nueva York para identificar los restos humanos.

Una denuncia federal en nombre de las familias de 1400 víctimas de los atentados presentó evidencia que la embajada saudí en Washington financió lo que parece haber sido un ensayo en 1999 para los atentados del 11 de setiembre. Dos agentes saudíes se hicieron pasar como estudiantes y abordaron un vuelo de America West de Phoenix a Washington D.C., con boletos pagados por la embajada saudí. La denuncia establece que ambos hombres habían sido entrenados en campamentos de Al Qaeda en Afganistán con algunos de los secuestradores del 11 de setiembre. Durante el vuelo, los dos hicieron preguntas técnicas a los asistentes de vuelo que crearon sospechas e intentaron entrar a la cabina de vuelo dos veces, obligando al piloto a realizar un aterrizaje de emergencia en Ohio. Ambos fueron detenidos y cuestionados por el FBI, que decidió no levantar cargos.

Esta es tan sólo la última de una serie de revelaciones que han dejado abundantemente claro que los eventos del 11 de setiembre nunca pudieron haber sucedido sin un apoyo logístico substancial de fuerzas influyentes. A pesar de la reiterada aseveración que “cambiaron todo”, nunca se ha llevado a cabo una pesquisa independiente y objetiva de cómo fue que se realizaron los atentados. Y, a pesar de ser ostensiblemente el más catastrófico fracaso de inteligencia en la historia de EUA, nadie fue llamado a rendir cuentas; no hubo ni despidos ni demociones.

La evidencia que se ha hecho pública demuestra que los secuestradores del 11 de setiembre pudieron entrar al país libremente, atender escuelas de aviación pese a que algunos de los involucrados habían estado bajo la vigilancia de la CIA y el FBI por al menos dos años antes de los atentados. Dos de ellos vivieron en la casa de un informante del FBI.

En el 2016, se publicaron 28 páginas de documentos fuertemente editados, tras permanecer ocultos del público por trece años. Estos indicaban que varios oficiales de la Inteligencia saudí les transfirieron grandes sumas de dinero a los secuestradores poco antes de los atentados, y les prestaron ayuda para encontrar dónde alojarse y recibir clases de aviación.

A pesar de que el gobierno saudí fue el más activo en la realización de los ataques, el involucramiento de la Inteligencia saudí implica a secciones del aparato estatal estadounidense. Esta no es una cuestión de teorías conspirativas, sino un hecho establecido. Es una cuestión relacionada con conspiraciones reales involucrando a la CIA, Afganistán y Al Qaeda, remontándose a la creación del grupo islamista como un brazo de la guerra sucia de Washington contra el Gobierno afgano que era apoyado por la Unión Soviética en los años ochenta.

Lejos de que cambiar todo, los atentados fueron pretextos para actos de agresión militar que habían sido preparados mucho antes. Con la disolución de la Unión Soviética una década más tarde, la burguesía inició una política de emplear el poderío militar estadounidense para contrarrestar el declive del capitalismo estadounidense globalmente. Afganistán e Irak fueron blancos de los esfuerzos para asegurar un dominio militar en dos de las principales regiones productoras de petróleo y gas del mundo, la cuenca del Caspio y Oriente Medio.

Este emprendimiento puramente criminal, justificado en nombre de las víctimas del 11 de setiembre ha cobrado más de un millón de vidas iraquíes y cientos de miles afganas y desatado la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial.

Intentar justificar estos crímenes invocando la “guerra contra el terrorismo”, heredada de Bush a Obama, y ahora a Trump, no sólo está ya desgastado sino que es completamente absurdo. Uno de los productos de los dieciséis años ininterrumpidos de guerras de agresión estadounidenses ha sido la expansión sin precedentes de Al Qaeda y las milicias islamistas asociadas, en gran parte como resultado del uso de estos elementos por parte del imperialismo estadounidense como fuerzas terrestres indirectas para sus guerras de cambio de régimen en Libia y Siria.

Más allá, las múltiples guerras e intervenciones dirigidas por el Pentágono y la CIA, del Norte de África hasta Asia Central, podrían evolucionar en una conflagración mundial. Simultáneamente, Washington está amenazando a Corea del Norte con una guerra nuclear y confrontándose de forma cada vez más peligrosa a sus rivales geoestratégicos principales, Rusia y China.

El 11 de setiembre no “cambió todo”, sino que marcó el inicio de una escalada de lo que George W. Bush llamó “las guerras del siglo XXI”, lo que equivale a una escalada en las agresiones imperialistas que están conduciendo a la humanidad a una tercera guerra mundial.

Macron visita Grecia: la “Izquierda Radical” de Tsipras le da la bienvenida al exbanquero devenido en presidente de Francia

por Alex Lantier//

Emmanuel Macron viajó la semana pasada a Grecia para aplaudir las medidas de austeridad impuestas por el Gobierno de la “Coalición de la Izquierda Radical” o Syriza y para discutir el futuro de la Unión Europea.

La visita a Grecia muestra claramente lo que Macron tiene en mente para la clase obrera francesa. Después de las elecciones generales alemanas del 24 de septiembre, Berlín y París pretenden utilizar la Unión Europea (UE) para liquidar los derechos sociales adquiridos por la clase trabajadora en Francia y en Europa a lo largo del siglo XX. En su asalto contra la clase obrera, la aristocracia financiera procura utilizar a la “izquierda radical” pequeñoburguesa como una herramienta política clave.

Tsipras en Twitter: “Apoyamos iniciativas para una nueva arquitectura económica y monetaria de la UE hacia una Europa más democrática y social”.

El cordial encuentro entre el exbanquero Macron y el primer ministro griego, Alexis Tsipras, también desenmascara la oposición nominal de la pseudoizquierda francesa contra Macron. Jean-Luc Mélenchon y el Nuevo Partido Anticapitalista (NPA), quienes pretenden oponerse a Macron, elogiaron la llegada al poder de Tsipras. Si tomaran puestos de poder bajo Macron, como Mélenchon ha propuesto hacer, la línea de clase que adoptarían no sería significativamente diferente de la de Tsipras.

En su primera reunión con el presidente griego, Prokopis Pavlopoulos, Macron aplaudió los dictados de austeridad de la UE en Grecia: “Deseo rendir homenaje aquí a las reformas que sus gobiernos han llevado a cabo y tendré la oportunidad en breve de tener un intercambio con el primer ministro Tsipras sobre este tema. Pero estas reformas deben ir de la mano con un compromiso colectivo para continuar permitiendo la reestructuración de la deuda de su país”.

Macron elogió el “coraje” que Syriza y la clase gobernante griega demostraron al imponer las políticas de austeridad contra el pueblo griego: “La resistencia que ustedes demostraron, el valor que tuvieron para llevar a cabo varias reformas, la voluntad para no olvidar sus principios, su gobierno y su primer ministro siempre se mostraron para mantener a Grecia en Europa, mientras que a su alrededor muchos extremistas los presionaban para que la abandonaran. Nos obliga a tener aún más ambiciones para esta Europa que seguimos queriendo”.

De hecho, el único “coraje” que poseían Tsipras y Syriza fue el que tuvieron para rechazar las promesas de oponerse a las medidas de austeridad y de cumplir servilmente las demandas de los bancos, esperando que el ejército y la policía antidisturbios los protegieran de la ira de las masas.

El impacto acumulado de los recortes a las pensiones y al salario mínimo de una serie de gobiernos griegos desde el 2008 ha sido una caída promedio del 40 por ciento en las pensiones y los salarios. Las quiebras y despidos de pequeñas empresas y una ola de despidos masivos en la fuerza laboral del sector público han llevado a una tasa de desempleo del 25 por ciento (60 por ciento entre los jóvenes).

Atenas y la UE utilizaron la catástrofe social que estaban creando –el PIB griego cayó en un cuarto, como en los países más afectados de la depresión de los años treinta— para desgarrar los derechos sociales básicos de los trabajadores. Estos ataques incluyeron una reducción de la pensión mínima a 384 euros por mes y la eliminación de los servicios públicos de salud para los desempleados.

Syriza quedó electo en enero del 2015, basando su campaña en falsas promesas que repudiaron rápidamente de poner fin a las medidas de austeridad de la UE. Incluso organizaron un referéndum para votar sobre la austeridad el 25 de julio, con la esperanza de obtener un voto del “sí” que les permitiera renunciar, culpando a la población de apoyar a la UE. Frente a un aplastante 62 por ciento por el “no”, en su mayoría de trabajadores, Syriza pisoteó la opinión pública e impuso el mayor paquete de medidas de austeridad desde el comienzo de la crisis.

Al igual que Mélenchon y el NPA en Francia hoy, Tsipras se negó a llamar a los trabajadores europeos a defender a los trabajadores en su país para oponerse a la austeridad. Como había advertido el WSWS, el rechazo de Syriza a la única estrategia viable de oposición a la UE se debía a su aprobación esencial, compartida por sus aliados en toda la UE, del programa social reaccionario de la UE.

Macron no viajó a Grecia sólo para legitimar los ataques contra la clase obrera, sino también para promover los intereses estratégicos y comerciales del imperialismo francés y europeo. Su visita estaba estrechamente ligada al creciente peligro de una guerra mundial. A medida que se ensanchan las divisiones entre Washington y Berlín tras la elección de Trump y aumenta el riesgo de una guerra entre Estados Unidos, China y Rusia por la península coreana, Grecia se está convirtiendo en un campo de batalla en una lucha por influencia entre las principales potencias.

“Para no ser gobernados por potencias más grandes como los chinos y los estadounidenses, creo en una soberanía europea que nos permita defendernos y existir”, dijo Macron en un discurso posterior en la colina del Pnyx, cerca del Partenón, en Atenas.

Al igual que con su política interna, la política exterior de Macron es una reaccionaria en toda la línea. Prometió presionar a la UE para que le ayude a Tsipras evitando que los refugiados huyan de las guerras de la OTAN en Oriente Medio hasta Grecia: “Necesitamos, por esta razón, avanzar una cooperación permanente y planificada que nos permita protegernos de grandes migraciones como a las que su país se enfrentó en años recientes”.

La principal política de refugiados de la UE ha sido negarles su derecho de asilo y limitar las operaciones de rescate en el Mediterráneo, lo que ha provocado miles de muertes por ahogamiento, mientras intensifican los patrullajes navales en la región.

Por otra parte, Macron aludió brevemente a los conflictos en el interior de la UE provocados por la crisis griega, diciendo: “Nuestra zona del euro tiene que renunciar a una especie de guerra civil interna por diferencias menores”. No sólo propuso reestructurar las deudas de Grecia, sino también impedir que el Fondo Monetario Internacional (FMI) desempeñe un papel en la formulación de las políticas de austeridad impuestas sobre Grecia.

Lo que está en juego no son diferencias en cuanto al grado austeridad, ya que las políticas de la UE son tan brutales como las del FMI, sino las explosivas rivalidades interimperialistas. A medida que Washington y la UE entran cada vez más abiertamente en conflicto, Macron buscará limitar más la influencia del FMI, que tiene su sede en Washington, mientras le exige concesiones financieras a Berlín para Grecia a cambio del apoyo francés contra Estados Unidos.

En su viaje, Macron trajo a su séquito una gran delegación de CEOs y altos directivos de las más grandes compañías francesas. Entre las empresas representadas estaba la operadora portuaria Terminal-Link, que participa en las negociaciones sobre la privatización del puerto de Tesalónica. Hay una creciente rivalidad con China, cuya compañía naviera COSCO ha adquirido una participación mayoritaria en el puerto del Pireo en Atenas y quiere convertirlo en un nodo importante en la red de infraestructura “Una cinturón, una ruta” del régimen chino que conecta China con Europa.

El New York Times citó al comentarista griego Coastas Iordanidis diciendo que Atenas espera que Macron reafirme su apoyo a la posición de Grecia en la UE y presione a los inversores franceses para “contrarrestar” las inversiones de Alemania y China en Grecia.

Karl Marx: Prólogo a la primera edición alemana de El Capital

El trabajo, cuyo primer tomo propongo al público, es la continuación de la Contribución a la crítica de la Economía política, publicada por mí en 1859. El largo intervalo transcurrido entre el comienzo y la continuación me ha sido impuesto por una enfermedad de muchos años que ha interrumpido la labor repetidas veces.

El contenido de la obra primitiva está resumido en el primer capítulo de este tomo. Y al hacerlo así, no se ha atendido solo a conseguir que sean más coherentes y completas las ideas, sino que se ha mejorado la exposición. En la medida en que la materia lo ha permitido, se han desarrollado aquí puntos que antes apenas se esbozaron, mientras que otros, ampliamente desarrollados allí, aquí simplemente se enuncian. Los capítulos sobre la historia de la teoría del valor y de la teoría del dinero, por supuesto, han sido omitidos del todo. En cambio, el lector del trabajo anterior encontrará en las notas del primer capítulo referencias a nuevas fuentes para el estudio de la historia de estas teorías.

El principio siempre es duro; esto vale para todas las ciencias. Por eso, la máxima dificultad la constituirá la comprensión del primer capítulo, en particular, los párrafos referentes al análisis de la mercancía. En cuanto a lo que toca especialmente al análisis de la sustancia del valor y de la magnitud del valor he procurado, en la medida de lo posible, exponerlo en forma popular. La forma valor, que llega a su pleno desarrollo en la forma dinero, es muy simple y de poco contenido. No obstante, la inteligencia humana se ha dedicado a investigarla durante más de 2.000 años, sin resultado, mientras que otras formas más complejas y de contenido mucho más rico han sido analizadas, por lo menos aproximadamente, con resultado positivo. Y esto, ¿por qué? Porque es más fácil de estudiar el cuerpo organizado que las células del cuerpo. Además, para analizar las formas económicas, no se puede utilizar ni el microscopio ni los reactivos químicos. La capacidad de abstracción ha de suplir a ambos. Ahora bien: para la sociedad burguesa, la forma mercancía del producto del trabajo o la forma valor de la mercancía son formas económicas celulares. A los espíritus poco cultivados les parece que analizar estas formas significa perderse en minucias. Se trata efectivamente de minucias, pero de minucias como las que son objeto de la anatomía microscópica.

Por eso, a excepción del capítulo sobre la forma valor, nadie podrá acusar a este libro de difícil o incomprensible. Me refiero, por supuesto, a lectores que traten de aprender algo nuevo y quieran, por tanto, pensar por sí mismos.

El físico, para observar los procesos naturales, o bien lo hace donde se presentan en forma más acusada y menos deformada por influencias perturbadoras, o bien, si puede, hace experimentos en condiciones que aseguren el desarrollo del proceso en su forma pura. Lo que me propongo investigar en esta obra es el modo de producción capitalista y las relaciones de producción y de cambio que le corresponden. El país clásico para ello es hasta ahora Inglaterra. De aquí el que haya tomado de él los principales hechos que sirven de ilustración a mis conclusiones teóricas. Si el lector alemán alza los hombros con gesto de fariseo ante la situación de los trabajadores industriales y agrícolas ingleses o si se tranquiliza con optimismo pensando que en Alemania las cosas no están, ni con mucho, tan mal, tendré que decirle: De te fabula narratur!

No se trata aquí del grado de desarrollo, más alto o más bajo, que alcanzan los antagonismos sociales engendrados por las leyes naturales de la producción capitalista. Se trata de las leyes mismas, de las tendencias mismas que actúan y se imponen con una necesidad férrea. El país industrialmente más desarrollado no hace más que mostrar al que es menos desarrollado el cuadro de su propio porvenir.

Pero aparte de esto: en los sitios donde la producción capitalista ha tomado por completo carta de naturaleza en nuestro país, por ejemplo, en las fábricas propiamente dichas, la situación es mucho peor que en Inglaterra, por faltar el contrapeso de la legislación fabril. En todas las esferas restantes, pesa sobre nosotros, como sobre los demás países continentales de la Europa Occidental, no sólo el desarrollo de la producción capitalista, sino su insuficiente desarrollo. Además de las miserias modernas, nos oprime toda una serie de miserias heredadas, procedentes del hecho de seguir vegetando entre nosotros formas de producción antiguas y ya caducas que acarrean un conjunto de relaciones sociales y políticas anacrónicas. No sufrimos sólo a causa de los vivos, sino a causa de los muertos. Le mort saisit le vif!

En comparación con la inglesa, la estadística social alemana y del resto de la Europa Occidental continental, es muy pobre. Sin embargo, levanta el velo lo bastante para dejar entrever la cabeza de Medusa. Nos horrorizaríamos de ver nuestra propia situación si nuestros gobiernos y parlamentos designasen periódicamente, como en Inglaterra, comisiones de investigación de las condiciones económicas; si estas comisiones estuviesen investidas de los mismos poderes que en Inglaterra para descubrir la verdad; si se pudiera encontrar, para cumplir esta misión, hombres tan expertos, imparciales y severos como los inspectores del trabajo de Inglaterra, como los médicos ingleses que informan sobre la Public Health, como los comisarios ingleses que investigan sobre la explotación de la mujer y del niño, sobre las condiciones de la vivienda y de la alimentación, etc. Perseo se cubría con un casco mágico para perseguir a los monstruos; nosotros nos colocamos este casco mágico sobre nuestros ojos y nuestros oídos para poder negar la existencia de los monstruos.

No hay que hacerse ilusiones. Del mismo modo que la guerra de la Independencia norteamericana del siglo XVIII fue el toque a rebato para la clase media europea, la guerra civil norteamericana del XIX lo ha sido para la clase obrera de Europa. En Inglaterra, el proceso revolucionario se ha hecho palpable. Cuando alcance un determinado nivel debe repercutir en el continente. Y allí revistirá formas más brutales o más humanas, a tono con el grado de desarrollo de la clase obrera misma. Abstracción hecha de móviles más elevados, sus más vitales intereses mandan a las clases hoy dominantes eliminar todos los obstáculos para el desarrollo de la clase obrera que pueden ser eliminados por la legislación. Esta es la razón por la cual yo me he extendido tanto en este tomo sobre la historia, el contenido y los resultados de la legislación fabril inglesa. Una nación debe y puede aprender de otra. Incluso en el caso en que una sociedad haya llegado a descubrir la pista de la ley natural que preside su movimiento —y la finalidad de esta obra es descubrir la ley económica que mueve la sociedad moderna— no puede saltar ni suprimir por decreto sus fases naturales del desarrollo. Pero puede acortar y hacer menos doloroso el parto.

Unas palabras para evitar posibles interpretaciones falsas. A los capitalistas y propietarios de tierra no los he pintado de color de rosa. Pero aquí se habla de las personas sólo como personificación de categorías económicas, como portadores de determinadas relaciones e intereses de clase. Mi punto de vista, que enfoca el desarrollo de la formación económica de la sociedad como un proceso histórico-natural, puede menos que ningún otro hacer responsable al individuo de unas relaciones de las cuales socialmente es producto, aunque subjetivamente pueda estar muy por encima de ellas.

En el terreno de la Economía política, la investigación científica libre se encuentra con más enemigos que en todos los demás campos. La particular naturaleza del material de que se ocupa levanta contra ella y lleva al campo de batalla las pasiones más violentas, más mezquinas y más odiosas que anidan en el pecho humano: las furias del interés privado. La alta Iglesia de Inglaterra, por ejemplo, perdona antes un ataque contra 38 de sus 39 artículos de fe que contra 1/39 de sus ingresos monetarios. Hoy en día, el mismo ateísmo es una culpa levis, comparado con la crítica de las tradicionales relaciones de propiedad. Sin embargo, aquí hay que reconocer la existencia de un paso adelante. Observemos, por ejemplo, el Libro Azul publicado en las últimas semanas con el título Correspondence with Her Majesty’s Missions Abroad, regarding Industrial Questions and Trades Unions. Los representantes de la corona de Inglaterra en el extranjero exponen aquí sin ambages que en Alemania, en Francia, en una palabra, en todos los países cultos del continente europeo es tan palpable y tan inevitable como en Inglaterra una transformación radical de las relaciones entre el capital y el trabajo. Al mismo tiempo, al otro lado del Atlántico, el señor Wade, vicepresidente de los Estados Unidos de Norteamérica, declaraba en mítines públicos que, abolida la esclavitud, se ha puesto sobre el tapete la transformación de las relaciones de propiedad sobre el capital y la tierra. Son éstos signos de la época, que no se dejan encubrir con mantos de púrpura ni con sotanas negras. No significan que mañana se vayan a producir milagros. Indican que en las mismas clases dominantes apunta ya el presentimiento de que la sociedad actual no es ningún cristal duro, sino un organismo susceptible de transformación y en transformación constante.

El segundo tomo de esta obra tratará del proceso de circulación del capital (libro II) y de los aspectos del proceso en su conjunto (libro III); y el tercero y último (libro IV), de la historia de la teoría.

Bienvenido sea todo juicio crítico científico. Contra los prejuicios de la llamada opinión pública, a la que nunca he hecho concesiones, tengo por divisa el lema del gran florentino:

Segui il tuo corso, e lascia dir le genti!

Karl Marx

Londres, 25 de julio de 1867

Documental: La Spirale

De retorno a Francia, en 1973, tras su expulsión de Chile, Mattelart se propone realizar un documental sobre la experiencia del gobierno de la Unidad Popular. Con Jacqueline Meppiel y Valérie Mayoux, seleccionan documentos de unas 20 fuentes: cinematecas; filmes del chileno Patricio Guzmán, del norteamericano Saul Landau, del sueco Jan Linqvist, y del cubano Santiago Álvarez; noticiarios de Chile Film y reportajes televisivos chilenos, incluyendo los opuestos a Allende. Consultan también los archivos de televisiones estadounidenses, europeas del norte y latinoamericanas, particularmente los de la cubana. Finalmente, François Périer aporta su voz, Jean-Claude Eloy su música, y el célebre diseñador belga Jean-Michel Folon se ofrece para crear figurines originales. Seguir leyendo Documental: La Spirale

La campaña electoral federal de Alemania y el peligro de una guerra nuclear mundial

por Johannes Stern//

Los medios de comunicación y los partidos políticos en Alemania han procurado por mucho tiempo evadir los temas de guerra y militarismo durante las campañas electorales federales. Pero la realidad acabó poniéndose al día con ellos. La agresividad del imperialismo estadounidense hacia Corea del Norte, Rusia y China, y la prueba nuclear del régimen de Pyongyang, han llevado al mundo al borde de una guerra nuclear que pondría en tela de juicio la supervivencia misma de la humanidad. El peligro que el Sozialistische Gleichheitspartei (SGP) y el Comité Internacional de la Cuarta Internacional han estado advirtiendo desde hace bastante tiempo ahora se está discutiendo abiertamente.

El miércoles, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, trazó un paralelo con la situación en 1914 y declaró: “Si se contempla la historia de la Primera Guerra Mundial, sobrevino un paso a la vez, con un lado haciendo una cosa y el otro haciendo algo más, y entonces ocurrió una escalada”.

En un artículo titulado “Los alborotadores”, el Süddeutsche Zeitung planteó la inquietante pregunta: “Quién sabe si, en tal situación, terminen sucediendo cosas que nadie quería al principio. No es una coincidencia que los sonámbulos, que llevaron a Europa a la Primera Guerra Mundial en el verano de 1914, sean objeto de discusión otra vez”.

La última sesión del Parlamento alemán (Bundestag) antes de la elección ser vio opacada por el peligro de una guerra nuclear. Incluso antes de que la canciller Angela Merkel (Demócrata Cristiana, CDU) abriera la sesión con un discurso, Rolf Mützenich, líder suplente del grupo parlamentario socialdemócrata (SPD) sobre política exterior y defensa, declaró: “Una sombra nuclear se asienta nuevamente sobre el mundo –por Corea del Norte, pero también debido a un presidente descuidado y fanfarrón de EUA, que está ampliando dicha sombra nuclear. Sra. canciller, creo que se merecería todos los honores si contradice fuertemente al presidente estadounidense en el período que le queda en el cargo”.

El ministro de Relaciones Exteriores, Sigmar Gabriel (SPD), advirtió en su discurso acerca de “una fase en la que hablamos no sólo de un rearme convencional, sino del regreso a las horas más oscuras de la Guerra Fría”. Globalmente, “India, América Latina, Estados Unidos, Rusia, Europa, África, en todas partes estamos hablando de rearmes, no se discute acerca de nada más en ninguna parte”.

“El símbolo político, la acción política que debe venir de Alemania no puede ser que nos vamos a unir a esta carrera armamentística”, proclamó el canciller. “La señal de Alemania, independientemente de quién haya gobernado este país, siempre ha sido que Alemania quiere ser una voz para la paz y una potencia para la paz en el mundo y no participará en el rearme”. Gabriel luego describió la decisión de la OTAN de gastar 2 por ciento del producto interno bruto en defensa como un “error” –“A pesar de que los socialdemócratas apoyaran este compromiso en su momento”—.

En noviembre de 1933, León Trotsky escribió el artículo “El pacifista Hitler”, donde describe cómo incluso Hitler se comprometió a la “paz” y “el entendimiento internacional” al comienzo del Gobierno nazi. Trotsky señaló que, a finales de 1933, el Tercer Reich todavía era demasiado débil “para poder hablar, en el siguiente período, otro lenguaje que no fuese el del pacifismo”. Sin embargo, en el transcurso de unos años, después de haberse rearmado, pasaría de “‘mi paz’ a ‘mi lucha’ e incluso a ‘mi guerra’”.

A Gabriel le tomó menos de cinco minutos en el Bundestag pasar de la paz y el desarme a exigir una acumulación militar alemana. “Por supuesto, debemos mejorar los armamentos de las fuerzas armadas, porque, por cierto, se han hecho recortes a las fuerzas armadas durante 12 años”, dijo el socialdemócrata. Gabriel identificó al político derechista Karl Theodor zu Guttenberg de la Unión Social Cristiana (CSU), quien fue ministro de Defensa del 2009 al 2011 y actualmente está intentando regresar a la política, como el principal responsable de esto.

La dirección que busca definir Gabriel a través de sus críticas sobre el gasto del 2 por ciento del PIB para la OTAN es clara. Alemania se está rearmando y preparando, junto con las otras grandes potencias, para la guerra, pero procura hacerlo bajo sus propios términos.

El “tema principal en juego no debe ser cuánto gastamos, sino más en qué lo gastamos”, declaró Gabriel ante los diputados. Lo que está en juego es “la estrategia correcta”. Y esto ha sido dicho por “cada soldado que regresa de un despliegue del extranjero”: “Sí, necesitamos al ejército. Pero, estimado Sr. Gabriel, no crea que simplemente a través de más gastos militares y en defensa va a poder asegurar la paz y la estabilidad, y combatir el movimiento de refugiados. Tiene que luchar contra el hambre, la pobreza, la desesperanza y la falta de un futuro. Tiene que hacer eso”.

Esta es una crítica si acaso disimulada de las guerras dirigidas por Estados Unidos en Oriente Medio, a las que Gabriel quiere contraponer una política intervencionista europea supuestamente más “humanitaria”, dominada por Berlín.

“Europa es responsable de la seguridad europea”, escribió Gabriel en su último libro con el revelador título Neuvermessungen (Nuevas mediciones). “En política exterior y de seguridad, tenemos que ser capaces de tener una conciencia estratégica y tomar acción, porque aún no somos lo suficientemente buenos. Esto incluye definir nuestros intereses europeos y articularlos independientemente de Estados Unidos. Esta obstinación en cierta medida requiere una emancipación de adoptar posiciones desarrolladas en Washington”.

El objetivo declarado de Gabriel es el establecimiento de un ejército europeo capaz de hacer valer sus intereses globales independientemente de la OTAN y Estados Unidos y, si es necesario, en oposición a este último. “No se trata simplemente de comprar nuevas armas. Se trata de integrar más fuertemente la industria armamentista europea y de reunir recursos. Se trata de la creación de una identidad de seguridad común europea, que a través de estructuras cada vez más integradas despeje el camino hacia un ejército europeo”.

Gabriel sabe muy bien que los planes de Estados Unidos para fortalecer su arsenal nuclear ponen en peligro esta política. Un “regreso a las horas más oscuras de la Guerra Fría” aumentaría la dependencia de Alemania y Europa de Estados Unidos, y socavaría los intereses económicos y geopolíticos de Berlín, que están en constante contradicción con los de Estados Unidos. Gabriel tiene la intención de utilizar el resto de la campaña electoral para transformar el miedo generalizado de una guerra nuclear incitada por Estados Unidos en apoyo para el militarismo alemán.

El partido La Izquierda (Die Linke) y los Verdes, los cuales se esfuerzan por formar un gobierno con Martin Schulz, el candidato a canciller del SPD, después de las elecciones estarán trabajando por el mismo objetivo. El martes, presentaron una moción en el Bundestag pidiéndole al gobierno alemán que “retire” su apoyo a la meta del 2 por ciento para la OTAN e “inicie inmediatamente negociaciones con EUA para que retire sus armas nucleares desplegadas en Büchel de la República Federal tan pronto como posible”.

Jan Korte, quien argumentó a favor de la moción de La Izquierda, la cual fue derrotada, no dejó ninguna duda de que los motivos no eran pacifistas, sino que buscaba fortalecer el imperialismo alemán contra Washington. La moción señalaba, “somos independientes y soberanos —incluyendo de Estados Unidos de América— y hacemos nuestras propias políticas aquí”.

El Sozialistische Gleichheitspartei es el único partido que se opone a los planes de guerra nuclear estadounidenses de igual manera que al rearme europeo y alemán, y lucha desde el punto de vista de la clase obrera internacional contra el creciente peligro de guerra. En nuestra declaración electoral: “¡Contra el militarismo y la guerra! ¡Por el socialismo!”, declaramos lo siguiente:

“El peligro de una tercera guerra mundial no puede ser evitado mediante llamamientos por la paz hacia la clase gobernante. La lucha contra la guerra está ligada inseparablemente de la lucha por el socialismo. El SGP pide la construcción de un movimiento internacional contra la guerra basado en los siguientes principios:

“La lucha contra la guerra debe basarse en la clase obrera, la gran fuerza revolucionaria de la sociedad, uniendo tras de sí a todos los elementos progresistas de la población.

“El nuevo movimiento contra la guerra debe ser anticapitalista y socialista, ya que no puede haber una lucha seria contra la guerra, excepto en la lucha por acabar con la dictadura del capital financiero y el sistema económico que constituye la causa fundamental del militarismo y la guerra.

“El nuevo movimiento contra la guerra debe, por necesidad, ser completa e inequívocamente independiente de todos los partidos políticos y organizaciones de la clase capitalista y hostil hacia ellos.

“El nuevo movimiento contra la guerra debe ser, ante todo, internacional, movilizando el vasto poder de la clase obrera en una lucha global unificada contra el imperialismo. La guerra permanente de la burguesía debe ser contestada con la perspectiva de la revolución permanente de la clase obrera, cuyo objetivo estratégico es la abolición del sistema del Estado-nación y el establecimiento de una federación socialista mundial. Esto hará posible el desarrollo racional y planificado de los recursos mundiales y, sobre esta base, la erradicación de la pobreza y la elevación de la cultura humana a nuevas alturas”.

 

(Fotografía: Ceremonia de las Antorchas de las FFAA alemanas año 2017)

¿Una laguna en la obra de Marx o ignorancia del lector?

por Elmar Altvater//

El intercambio metabólico entre naturaleza y sociedad en un modo de producción basado en el valor.

En los 150 años transcurridos desde que se publicó por primera vez el Capital se han formulado tantos reproches contra Karl Marx y, en mayor medida todavía, contra su amigo y coautor Friedrich Engels, que casi es imposible enumerarlas. A diferencia de los economistas políticos que le precedieron, Marx fue supuestamente incapaz de explicar la formación de los precios. Es más, según sus críticos, la depauperación que predijo de la clase obrera no se ha producido y el capitalismo no se halla en proceso de colapso, sino que ha surgido triunfante de la competencia entre sistemas. También se acusa a Marx y Engels de haber allanado el camino, con sus escritos teóricos y políticos, a las atrocidades de Stalin, siendo por tanto autores intelectuales de los crímenes cometidos en la “edad de los extremos”.

Estas son duras acusaciones que todavía hoy sostienen no pocos periodistas. Claro que algunas de las lagunas que Marx sin duda dejó abiertas en su obra, parecen más bien responder a un prejuicio: Marx, y especialmente Engels, supuestamente no tenían respuesta alguna a las cuestiones ecológicas que constituyen nuestra principal preocupación en nuestros días. Se dice que no tuvieron en cuenta el hecho de que el valor no solo lo crea el trabajo, sino también la naturaleza; que, en su edificio teórico, la naturaleza ocupa menos espacio que el que se otorga a la sociedad y que la noción monoteísta de la dominación de la naturaleza por los humanos no se cuestiona críticamente. Sin embargo, un examen de los escritos conjuntos de Marx y Engels, especialmente del primer volumen del Capital, demuestra que los lectores han dejado manchas y huellas dactilares, es decir, rastros de su existencia ecológica. Es imposible leer a Marx sin tener en cuenta la ecología. Uno lee a Marx con la cabeza y, por consiguiente, con la razón, pero la experiencia también es táctil y uno gira las páginas con la yema de los dedos.

Supuestamente, Marx y Engels no tenían respuesta alguna a las cuestiones ecológicas que constituyen la principal preocupación en nuestros días. Sin embargo, un examen serio de sus escritos muestra los atisbos ecológicos contenidos en su obra.Un autor sin puntos ciegos en su obra es como un héroe sin tacha, un verdadero modelo de un santo o, en otras esferas, un pelmazo monumental. Por descontado, los lectores que viven 150 años después de la muerte del autor son, ante todo, más inteligentes, o al menos deberían serlo, por mucho que el autor se llame Karl Marx. Sin embargo, esta inteligencia normalmente solo alcanza para detectar predicciones incumplidas del autor y para señalar una u otra laguna en su razonamiento; y para anunciar tales descubrimientos a los cuatro vientos. Algunos lectores solo son capaces de combatir las teorías de Marx armados con viejos argumentos.

Al igual que otros muchos autores y autoras, no cabe duda de que Marx dejó muchos flancos abiertos. Estos puntos débiles deben contemplarse como un reto para el lector de consolidarlos con sus propios pensamientos y los argumentos resultantes. Esto requiere cierto esfuerzo, por mucho que las lagunas que dejó Marx encierren tanto potencial que podrían dar pie a muchos centenares de ideas. Pero nadie cultiva estas creaciones en una época en que el presidente de un falso país ordena incursiones aéreas muy reales y mortíferas a golpe de Twitter por debajo del umbral de reflexión, y cuando, de modo menos escandaloso, la crítica de ideas, incluso de teorías elaboradas para las que Marx aportó una base científica y muchos ejemplos, pasa a formar parte de un oportunismo promocional adaptado afirmativamente, o cuando algún periodista insensato de un periódico respetado se propone la misión imposible de descubrir errores.

Nos referimos a Marx del mismo modo en que nos referimos a otras mentes preclaras que han impartido conocimientos indispensables para responder a los enigmas irresueltos en nuestra labor actual. Ni siquiera podemos nombrar a todas ellas porque algunas se han convertido en una segunda naturaleza y parte del discurso cotidiano, hasta el punto de que nos extrañamos cuando alguien menciona la autoría de algún pensamiento o dicho familiar; por ejemplo, que los economistas son gente que sabe el precio de todo, pero el valor de nada. Esto lo dijo Oscar Wilde, quien a todas luces, como poeta, lo sabía mejor que el club de premios Nobel de economía que se reúnen regularmente en Lindau para reflexionar sobre sí mismos en plan narcisista.

Marx dijo que las monedas y el dinero en efectivo del “sistema monetario” era un invento “esencialmente católico”, mientras que “el sistema crediticio [era] esencialmente protestante”. Como prueba, añadió que esto ya lo ilustraba el hecho de que “los escoceses odian el oro” (El Capital, vol. III). Hoy sabemos que fueron sobre todo protestantes quienes crearon el sistema monetario del euro y protestantes los que están tratando de abolir el dinero en efectivo en Europa. Una lucha entre confesiones lidiada con medios monetarios. Y Marx lo anticipó porque conocía el vínculo indestructible que existe entre un modo de producción basado en el valor y sus construcciones culturales e ideológicas.

Con cada nueva lectura de El Capital, uno descubre algo nuevo. Pero esto solo sucede si uno aborda el texto con curiosidad y desde una perspectiva actual y no lo lee como una serie de mandamientos grabados en tablillas de piedra. Incluso 200 años después de que naciera Marx persiste el vano empeño de no querer ver el mundo bajo la misma luz, sino sumergirse en la penumbra de la propia falta de visión. Hay marxistas fundamentalistas que demonizan una relectura crítica de El Capital (como la de Mathias Greffrath, de 2017), aunque ahora son menos en número.

Supuestamente, Marx y Engels no tenían respuesta alguna a las cuestiones ecológicas que constituyen la principal preocupación en nuestros días. Sin embargo, un examen serio de sus escritos muestra los atisbos ecológicos contenidos en su obra.Es una tarea intelectual fundamental de la Ilustración –podríamos añadir que con el fin de mejorar a la humanidad– arrojar luz sobre todo el ámbito de la lucha de clases, la diversidad de conflictos sociales y sus agentes, sus orígenes, sus dinámicas y formas de desarrollo y sus consecuencias deseadas y efectos secundarios no deseados. Esta diversidad es actualmente diferente de lo que fue durante la Revolución Rusa en 1917, o un siglo antes, cuando nació Marx en Tréveris en 1818, o en 1867, cuando Marx entregó en mano el manuscrito de El Capital a su editor de Hamburgo, Otto Meissner.

Se suponía que no era un mero manuscrito de un libro, sino “el más terrible misil que se ha lanzado hasta ahora a la cabeza de la burguesía”, como escribió Marx a Johann Philipp Becker el 7 de abril de 1867, poco después de volver de Hamburgo. Un escrito teórico, sumamente complejo y no fácilmente accesible a todos y todas que se convirtió en un proyectil en la lucha de clases. La prueba de la praxis indaga en su calidad para el trabajo teórico, para formular una estrategia y también para desarrollar tácticas en el ejercicio político de generar movimiento(s) social(es) y político(s). Todo el complejo de la sociedad burguesa, su economía y su ecología, pasa a estar en el punto de mira. Marx destaca entre los economistas como el único que, en las categorías que examina, considera y descodifica analíticamente “el contexto dialéctico general” de la materia y el valor, el material y la forma, el valor de uso y el valor de cambio, el trabajo concreto y abstracto, la naturaleza y la sociedad, la estructura social y la acción individual y colectiva, y por tanto de la teoría y la práctica.

El contexto general del “modo de producción basado en el valor” determina el enfoque analítico, la forma y el alcance de la crítica. Es holístico, más completo que los enfoques analíticos de otras ciencias sociales y “escuelas” de economía teóricas, que de este modo presentan más lagunas que los enfoques teóricos de la obra de Marx y Engels. Por esta razón, Marx es el único economista (sí, el único) en cuyo sistema de categorías pueden analizarse y debatirse adecuadamente los problemas ecológicos de la sociedad capitalista. ¿Es esta una afirmación arrogante y por tanto descarada y boba? Es posible, pero hay buenos argumentos que avalan esta línea de razonamiento.

Antes del comienzo de la era industrial impulsada por los combustibles fósiles también había teorías económicas, por lo que la historia del dogma se remonta hasta tiempos bíblicos. Sin embargo, únicamente desde que el hombre comenzó a utilizar los combustibles fósiles de modo sistemático los trabajadores han sido capaces de emplear instrumentos para alterar la naturaleza que, por un lado, permiten aumentar la productividad del trabajo y la “riqueza de las naciones” hasta niveles antes inasequibles, pero que, por otro, también conducen a la destrucción de la naturaleza. El metabolismo de la reproducción capitalista abarca tanto el consumo como la excreción, es decir, la creación de material natural, aunque su composición no siempre puede ser tolerada por el hombre o la naturaleza. La crisis medioambiental comienza y los efectos que tiene este cambio en las condiciones de vida de la gente los describe Engels en su obra de 1844 titulada La situación de la clase obrera en Inglaterra.

La posibilidad del crecimiento proporciona el ímpetu para los esfuerzos tanto científicos como empíricos para investigar sistemáticamente los orígenes de esta nueva riqueza. ¿Proviene del comercio practicado en el mercado o del trabajo realizado en el proceso de producción? Son preguntas que se puede plantear cualquier hada buena, pero a las que no puede dar una respuesta satisfactoria. Cuando el hada no llega, ha de intervenir la ciencia. Toma forma una nueva disciplina, al comienzo, por supuesto, dentro del canon científico tradicional. Por eso no es extraño que los enciclopedistas prerrevolucionarios de la Francia del siglo XVIII creyeran que las respuestas a las cuestiones económicas se hallaban en la doctrina moral. En este punto, los neoliberales modernos solo pueden negar con la cabeza. En todo caso, nació la economía política. Empecemos por tanto con un breve repaso de las escuelas de pensamiento económico más influyentes que ha conocido el mundo desde el siglo XVIII.

1) Los economistas clásicos entendían que el valor económico lo crea el trabajo y que el factor clave es el excedente, es decir, la plusvalía. También identificaban la diferencia entre material y valor, pero no llegaron a reconocer su forma social específica. Para ellos, el capitalismo y la economía de mercado eran la ultima ratiodel orden económico y natural. La diferencia entre el excedente en las sociedades precapitalistas y la plusvalía en la sociedad capitalista dejó de ser un tema, tanto como la posibilidad de una sociedad poscapitalista o la cuestión candente en que se ha convertido hoy el medio ambiente.

No obstante, los “economistas clásicos” habían reconocido que la economía era política y que tenía algo que ver con “sentimientos morales” y la ética, al tiempo que también tenía que ser analíticamente fuerte e influir normativamente en el orden de la comunidad. Por consiguiente, la economía política era –al menos al comienzo de la época burguesa– un programa autoconsciente para diseñar lo que Leibniz consideraba el mejor de los mundos posibles. Para los intereses de la burguesía (la clase capitalista ascendente), la economía política clásica era una ciencia partidista. Todavía no estaba afectada por los conflictos en torno a los juicios de valor desatados en el siglo XX.

2) La idea presuntuosa y realmente loca de la mejor sociedad posible ya fue ridiculizada a comienzos del siglo XVIII por Bernard Mandeville (1703) en su poema satírico La fábula de las abejas y por Voltaire en su novela Cándido, dirigida contra Leibniz. Claro que el escarnio y la burla no eran una “crítica de la economía política”, sobre la que Marx estaba trabajando desde la década de 1840. La economía política que surgió primero como ciencia de la mano de la burguesía no se desarrolló hasta convertirse en una crítica de la economía política, sino que siguió el principio más cómodo de separar todo lo que era económico de los contextos sociales y políticos, así como de los conflictos, presiones de legitimización, tradiciones y costumbres. Esto encaja en el paisaje de lo que hoy es la economía de mercado capitalista prevaleciente.

La economía se convirtió en la ciencia de una economía de mercado descontextualizada, que pasó a ser objeto de la investigación de Karl Polanyi (1978). La economía dejó de considerarse economía política, tal como la habían concebido los economistas clásicos; contemplaba las normas moralmente justificadas a la defensiva y con escepticismo y estaba muy lejos de una crítica de la economía política materialista y dialéctica. La palabra “economía”, que remitía a su sustancia materialista, y por tanto social y natural, también quedó suprimida y fue sustituida por economics (ciencia económica). A lo largo de esta historia de descontextualización, en cuyo transcurso desapareció toda noción de sociedad, política, cultura y naturaleza del concepto de ciencia económica, también cayó en desgracia la crítica de los discursos económicos, quedando después fuera de los planes de estudio universitarios: desterrados, cómo no, del contexto social que todavía encerraba el término “economía”. El triste estado de las facultades de ciencias económicas actuales tiene por tanto una historia igual de deprimente.

Supuestamente, Marx y Engels no tenían respuesta alguna a las cuestiones ecológicas que constituyen la principal preocupación en nuestros días. Sin embargo, un examen serio de sus escritos muestra los atisbos ecológicos contenidos en su obra.Los economistas neoclásicos del siglo XIX, y especialmente sus seguidores neoliberales del siglo XX, no se interesaban por tanto más que por el aspecto monetario de los procesos económicos y no perdían el tiempo estudiando el origen, la forma y el contenido del dinero, que ellos son los únicos capaces de emplear para debatir sobre cuestiones económicas. Por tanto, cuando despotrican sobre el capital natural, no son capaces de reconocer problemas ecológicos y comentarlos racionalmente. Las notificaciones de los bancos centrales que han establecido ellos mismos sobre la masa monetaria (que, de acuerdo con una gracia del sumo sacerdote neoliberal, Milton Friedman, ha sido lanzada desde un helicóptero, ganándose por tanto el nombre de dinero helicóptero M1, M2, M3, etc.) son suficientes para ellos.

Desde su punto de vista, el valor creado por el trabajo, así como la economía material de la materia y la energía, carecen de importancia. Tampoco les interesa el proceso de producción previo al funcionamiento del mercado ni el proceso de vertido de residuos, aguas residuales y gases de escape en el medio natural del planeta Tierra, una vez fabricados y consumidos los productos. Lo único que importa es que todo tenga su precio, que los economistas pueden entonces calcular. La naturaleza solo interesa como capital natural; y los seres humanos, como capital humano.

Este es el nadir de la inteligencia económica que el Comité Nobel ha celebrado con incontables premios. El mismo economista admite que esto es inhumano, en su mayor parte, sin entender qué está diciendo: cuando él (solo en unos pocos casos habría que decir “ella”) hilvana supuestos muy artificiales en modelos matemáticos o asume la racionalidad del homo oeconomicus. Esto siempre es instrumental y por tanto ha de excluir del cálculo todo lo que no aparece en el radar del “hombre económico” o del “inversor”. Por tanto, queda exento de toda responsabilidad por el daño medioambiental causado por el afán de lucro que nutre las decisiones de inversión. “Los costes sociales y el quebranto medioambiental… pueden considerarse la principal contradicción dentro del sistema de empresa lucrativa”, escribe K. William Kapp, uno de los pocos economistas que han abordado la cuestión de las consecuencias medioambientales de la acumulación de capital privado.

En la teoría económica neoclásica, con su capital privado desbocado, el afán de acumulación y el recorte de los bienes comunes y de la regulación estatal, la externalización es un principio estructural, indispensable en la economía capitalista moderna. Los intentos de internalizar los “costes sociales”, por consiguiente, solo pueden materializarse si se pone en tela de juicio la racionalidad de la sociedad capitalista, es decir, si se cambia de sociedad. La externalización es por tanto una expresión (que los economistas no captan) de la descontextualización de la economía de mercado con respecto a la sociedad y la naturaleza, cosa que Marx criticaba, calificándola de fetichismo. Esto inhibe la comprensión que la ocupación del planeta con fines de valorización capitalista (habitualmente comercial), llamada “externalización”, es nada menos que la digestión de la naturaleza en el tracto metabólico insaciable y glotón de la economía y la sociedad.

3) Fue en la política económica keynesiana que siguió a la gran crisis económica global de la década de 1930 cuando se redescubrió el espacio y el tiempo, y por tanto categorías de la naturaleza, como elementos significativos para los economistas. Sin embargo, la comprensión fue extremadamente limitada, puesto que la principal preocupación consistía en detectar inestabilidades económicas que surgían a resultas de la incertidumbre de decisiones de inversión que tendrían efecto en el futuro. Una decisión se adopta en el presente sobre la base de certezas dadas que provienen de periodos que ya pertenecen al pasado. Las expectativas, en cambio, se basan en ingresos futuros. Por tanto, las inversiones siempre conllevan necesariamente un riesgo y pueden fracasar, pues el futuro es desconocido y las cosas pueden evolucionar de un modo muy diferente de lo previsto por la entidad económica que ha tomado la decisión. Esta entidad compara tipos de interés externos e internos, interés de mercado que puede regularse dentro de ciertos límites por parte del banco central, con la tasa de beneficio, que depende de la productividad y los costes laborales. Sin embargo, las decisiones se basan en cálculos privados, centrados en el beneficio.

4) A diferencia de la economía clásica, de la economía neoclásica o del keynesianismo y sus variantes, en la economía termodinámica la materia, la energía y sus transformaciones, es decir, las condiciones ecológicas de la producción, el consumo y la circulación, son categorías centrales. La economía termodinámica fue la respuesta que dan los economistas que están descontentos con las escuelas de pensamiento neoliberales y neoclásicas que olvidan la naturaleza. También respondía a la teoría de Marx, aunque sobre la base de una interpretación terriblemente truncada del análisis marxiano del modo de producción basado en el valor (y no, desde luego, en la materia).

Actualmente, la economía termodinámica o bioeconomía suele mencionarse en relación con el matemático y economista rumano Nicholas Goergescu-Roegen y su obra principal del año 1971. Las transformaciones materiales y energéticas tienen una importancia fundamental para el análisis económico y no deben excluirse del mismo, puesto que todas las transacciones económicas tienen lugar en el espacio y en el tiempo y una ciencia económica que no tenga en cuenta el tiempo físico y el espacio físico sería por tanto absurda, pues excluiría la posibilidad de comprender el carácter entrópico de todas las transformaciones económicas de la materia y la energía.

Con el tiempo aumenta la entropía, es decir, una vez utilizada, la energía no puede reutilizarse (algo parecido ocurre con el material). Disminuye la calidad del rendimiento del trabajo. Esto lo señala la economía termodinámica, que, en contraste con la economía neoclásica, permite discutir debidamente la externalización de los costes sociales generados en la economía privada, como se ha mencionado más arriba. Sin embargo, en la economía termodinámica se deja de lado el análisis de las formas sociales de la actividad económica. Ni siquiera entran dentro de su campo visual. Tampoco se reconoce suficientemente el significado de los agentes capitalistas que están detrás de las actuales transformaciones –desastrosas para el medio ambiente– de la materia y la energía ni cómo influyen en la ecología y la política medioambiental. Una vez más, el papel central de la categoría de la naturaleza dual del trabajo y su producto, la mercancía, se presenta como “pivote” de la economía política.

5) La economía política ha sido unilateral desde el comienzo. O bien todo lo que importa es el dinero, o bien todo se centra en la materia y la energía. La forma social específica del uso de la materia y la energía en el modo de producción capitalista y las cuestiones de por qué el dinero se transforma en capital y por qué el modo de producción revoluciona entonces todos los modos de vida, no aparecen en el radar de los teóricos de la economía de ninguna de las dos vertientes. Esta unilateralidad no se suprime de ninguna manera cuando se diversifica declarándola “economía plural” y se acentúa cuando se utilizan múltiples nombres, como economía plural, economía de los comunes, economía comunitaria y economía del poscrecimiento.

Así no se crea la ciencia que, desde Marx, se denomina “crítica de la economía política” y que nosotros, junto con Engels, podemos llamar “la ciencia del conjunto dialécticamente relacionado” o bien, como diríamos hoy, un enfoque holístico acorde con la teoría del caos. El pluralismo es bueno, pero no basta para captar las contradicciones y crisis de la dinámica social de las economías capitalistas y la “web of life” (Jason Moore) que regulan en el planeta Tierra. Hasta ahora, esta “red de vida” no se ha reconocido en toda su complejidad, y puede que no se pueda captar científicamente, y además comprende a muchos actores que todos desempeñan una función en el conflicto social y en las luchas de clases de la era ecológica. Hemos de reconocerlos lo antes posible para poder seguir siendo capaces de actuar. El espacio medioambiental de que disponemos no solo es limitado, como se ha constatado desde la década de 1990 con las conclusiones de los estudios sobre los límites del crecimiento. Quienes nos hallamos en la “esfera planetaria limitada” (por utilizar un término citado por Immanuel Kant) nos acercamos a los “límites planetarios” marcados por un grupo internacional de científicos encabezados por Johan Rockström en 2009. Ya hemos sobrepasado algunos de ellos. Estamos viviendo a salto de mata. La oferta es cada vez más escasa, pero la demanda sigue exigiendo a voz en grito, sobre todo por parte de los “great Americans”.

Las pruebas aportadas por los científicos, que no solo demuestran el carácter finito de los recursos, sino también el declive del planeta Tierra, a medida que este se convierte en un único gran vertedero o en un cementerio de residuos peligrosos, son tan obvias como aterradoras, máxime cuando se tienen en cuenta los agentes capitalistas analizados por Marx, y por tanto específicos de esta formación social: la producción de valor, que trata el trabajo, es decir, a los seres humanos, así como el mundo natural, sin ninguna consideración, y que debe imponerse cada vez en contra del interés capitalista de proteger a la naturaleza y a la humanidad. “¡Acumulad, acumulad! ¡Esto es Moisés y los profetas!” (Karl Marx, El Capital, Volumen 1): así se refiere Marx a la regla de oro del capitalismo. Hasta las normas de pureza más evidentes han de arrancarse al capital si esto restringe siquiera un poquito la creación de plusvalía a través del trabajo. El antagonismo existente entre materia y valor, trabajo asalariado y capital, naturaleza y sociedad, acumulación y crisis debe entenderse por tanto, sobre todo, como una contradicción económica y un conflicto social dentro del modo de producción capitalista antes de poder hablar razonablemente de economía del bien común, del poscrecimiento, etc. o de economía plural, que no quieren saber nada de las imposiciones del sistema.

En la economía neoliberal dominante, la situación es desesperada. Pero incluso la economía pluralista de la sostenibilidad cree en la reconciliación de los intereses del capital con el interés de la preservación de la naturaleza y los intereses de los trabajadores. Desde luego, los conflictos sociales no siempre se libren sobre el filo de un cuchillo; se producen negociaciones, los acuerdos son posibles e incluso perduran algún tiempo. Los Objetivos de Desarrollo Sosternible (ODS) ofrecen un rayo de esperanza y son una señal del surgimiento de un nuevo futuro de poscrecimiento sostenible.

Podemos ver algunas similitudes con los acontecimientos que tuvieron lugar durante los periodos de reformismo, cuando el movimiento obrero creía en la posibilidad de conciliar intereses de clase enfrentados. En los conflictos ecológicos también se están sentando las bases, de modo que las partes pueden avanzar algún día codo a codo hacia el acuerdo. Sin embargo, la manera en que puede lograrse la sostenibilidad socioecológica deseada y la forma que debería adoptar si no se pone coto al impulso acumulador del capital, es decir, si no se priva de poder a Moisés y los profetas, es un tema que todavía debe abordar la economía plural.

Marx y Engels escribieron en el Manifiesto Comunista que hasta ahora la historia ha sido una historia de lucha de clases. Este sigue siendo el caso. Sin embargo, en el futuro las luchas no solo se producirán en relación con los salarios, el rendimiento y la cantidad y calidad del empleo dentro de la sociedad capitalista existente, y/o con la conveniencia de cambiar este marco social, sino también en relación con las condiciones de vida y de trabajo en una sociedad en los límites de la capacidad del planeta. La organización de un imperialismo de saqueo, como el descrito por David Harvey (2005), o la externalización de cargas y la sobrecarga de la naturaleza a raíz de los cálculos racionales efectuados por “inversores”, descrita por Lessenich (2016), no son más que un vano intento desesperado de erigir una valla protectora que ya ha sido tumbada.

No hay otra opción que crear una sociedad económicamente eficiente y socialmente equilibrada, organizada democrática y ecológicamente de acuerdo con los principios de sostenibilidad. Muchos recibirán este mensaje con aprobación. Pero no proviene de la conciencia de las ventajas de una economía de poscrecimiento, porque esta no puede existir sin ir más allá del capitalismo. Como siempre ha ocurrido en la historia, es el resultado de las luchas de clases por un futuro digno de ser vivido, en el siglo XXI y más allá: esfuerzos políticos pragmáticos en pro de la configuración del conjunto dialéctico global con criterios de humanidad y ecología.

44 años y no olvidamos: Los estremecedores audios del Golpe

Aquí podemos percibir los ruidos, las voces, los distintos matices de cómo se llevo a cabo el golpe militar y de cómo los golpistas planifican desde el primer minuto el genocidio. Les preocupa negar el suicidio de Allende y por sobre todo que el Golpe era “en defensa del pueblo”. Seguir leyendo 44 años y no olvidamos: Los estremecedores audios del Golpe

Editorial: 11 de septiembre, día de reivindicación de la lucha por la Revolución Socialista.

Una de las principales tareas políticas del régimen, en lo que concierne a su lucha por erradicar la identidad política socialista de los trabajadores en Chile, es la de trivializar el Golpe del 73 y transformarlo en una fecha de reconciliación ecuménica, en torno a la idea del “Nunca Más” y del respeto a los DDHH.

Como todos los años, el Gobierno realizará un rito religioso y abrirá La Moneda para las ofrendas en la puerta de Morandé 80, que usó Salvador Allende en su corto y convulsionado período presidencial.

La Derecha y la DC simplemente omitirán cualquier referencia a la fecha, conocedores como son, de su responsabilidad genocida y proimperialista en la conspiración y sedición de la CODE. Guardarán silencio porque, por una cuestión de clase, simplemente tienen las manos manchadas con sangre obrera. Sobre esto no hay dos lecturas.

Es la izquierda la que ha abandonado todo papel en torno a esta fecha y no se trata de un accidente. El PC y PS -aún las principales organizaciones de la izquierda chilena- no pueden abrir la boca para reivindicar a los miles de caídos, a los desaparecidos, torturados y exiliados, tras el golpe pinochetista, porque son los intereses de la clase social burguesa que dio este Golpe, los que de forma rastrera, hoy defienden desde el Gobierno de Bachelet.

Se nos presentan hoy día, una vez más después de casi treinta años, con la cantinela de que “hay que unirse en contra de la derecha”. Esto no sólo es una impostura, es una canallada, porque han sido los gobiernos de la Concertación y el último de la Nueva Mayoría (que suma al PC), precisamente quienes han gobernado desde 1990 –con el paréntesis piñerista- sirviendo vergonzosa y obsecuentemente los intereses de las transnacionales, los grupos económicos, de la banca y las AFP, de las concesionarias y de la gran minería privada.

Son estos grandes grupos a quienes sirven, los que -aún vulnerando la propia legislación patronal- los han financiado y corrompido metódicamente, ordenándoles qué es lo que deben hacer en el Congreso. Esta es la razón, la verdadera razón por lo que desde 1990 subsiste la Constitución y el Modelo Económico que dan cuerpo al Régimen pinochetista, sin Pinochet. Subsiste por los grandes acuerdos de “gobernabilidad” y por los pagos irregulares de PENTA, SQM y tantas otras empresas más que arriendan los servicios de parlamentarios y administran los intereses económicos del propio Partido Socialista, porque es en la bolsa donde se transan no sólo las acciones bursátiles de propiedad del PS, sino que su conducta desde el Gobierno.

Hoy día se nos plantea que si apoyamos a Guillier se continuará el camino de reformas impulsado por el Gobierno. No nos cabe duda.

Lo que omiten señalar es que durante el último Gobierno se pulverizaron las organizaciones de trabajadores, se destruyó la CUT y se aprobaron reformas legales que dificultan aún más la organización de sindicatos y se debilita –aún más- la fuerza de las huelgas; durante este Gobierno el movimiento estudiantil se empequeñeció hasta la irrelevancia y se le fracturó con una reforma educativa que -a pesar de una mínima cobertura de gratuidad- fortaleció la subvención a los grandes operadores privados de la educación consolidando –en los hechos- la educación como una mercancía. Durante este Gobierno, como corolario, se impulsó una reforma previsional que tiene como único objetivo preservar el fraude piramidal de las AFP que persigue únicamente proveer de dinero barato para los bancos y los grandes grupos económicos, a costo de la miseria de los trabajadores.

Durante este Gobierno, además, se reprimió y profundizó la militarización de la Araucanía, se invirtieron millones de dólares en equipamiento represivo, persecuciones judiciales y criminalización de la lucha emancipadora del pueblo Mapuche. El montaje del caso Luchsinger se destaca por ser un nuevo “Caso Bombas”, porque con él presenciamos un inequívoco acto de represión política y vulneración de derechos nacionales. La represión bacheletista es responsable de la muerte del obrero forestal Rodrigo Cisterna en mayo del 2007, también lo es de la muerte del subcontratado del cobre, Nelson Quichillao en julio de 2015. Ambos crímenes permanecen en la más absoluta impunidad.

¿A esto se refiere la izquierda guillierista con la promesa de continuar con la obra de Bachelet? Exactamente, a eso se refieren y es a esa impostura y a esa capitulación a la burguesía a la que la izquierda que se reclama revolucionaria y socialista, debe oponerse terminantemente.

Cuando hablamos de esto no estamos haciendo referencia a alguna campaña electoral, si alguna hay que ayude en este sentido, en buena hora. Pero en este momento resulta totalmente irrelevante. Con sus encuestas, el régimen ha creado la idea de que Piñera es invencible, reproduciéndose el paradigma “antipinochet” y “antipiñera”, que tantos dividendos han dado a la burguesía, porque le permite someter a los trabajadores y disciplinarlos a un horizonte político que se reduce al espacio electoral, institucional y legal que la propia burguesía ha impuesto.

El 11 de septiembre de 1973, un martes helado y nublado como este día que nos ha dejado el crudo invierno de 44 años después, Allende se inmola en La Moneda testimoniando trágicamente la absoluta inviabilidad del reformismo, esto es, la idea de que existe un tránsito pacífico y gradual –“la Vía Chilena”- al socialismo. Una generación completa y la de recambio fueron aplastadas durante los 17 años que duró la Dictadura pinochetista. Miles y miles cayeron bajo la represión patronal e imperialista, bajo la dictadura precisamente porque la Unidad Popular no fue capaz de señalar otro camino que el institucional.

Como socialistas, como revolucionarios, pero también como chilenos, hemos pagado con la sangre de nuestros mártires proletarios la inviabilidad de la vía chilena. Al socialismo sólo hemos de llegar por la vía revolucionaria, la de la acción directa de las masas, el auténtico camino proletario e insurreccional que expulse a la burguesía del poder, destruya su estado y socialice los medios de producción. Al socialismo sólo hemos de avanzar por este camino, el de un gobierno obrero asentado en los órganos de poder de las masas explotadas, como se expresó embrionariamente con los Cordones Industriales.

¿Cómo aplicamos estos principios y esta estrategia el día de hoy, en que la izquierda aparece domesticada y el movimiento obrero es un fantasma de lo que fue?

La respuesta nos la dan los trabajadores una y otra vez. Tercamente, a pesar de las traiciones de las direcciones sindicales y de los aparatos burocráticos de la izquierda, los trabajadores siguen luchando, se siguen organizando protagonizando movilizaciones de enconada fuerza. La mayor parte son sectoriales como las ramas del sector público, Falabella; otras tienen mayor amplitud y alcanzan la esfera política como la lucha contra la Ley de Pesca y el amplio Movimiento No + AFP.

Esto nos demuestra que el movimiento obrero no ha sido aplastado, está vivo y sigue en la lucha. La izquierda no puede o derechamente no quiere interpretar la actividad de los trabajadores y de proyectarla programáticamente por el poder. Es así como el nuevo fenómeno del Frente Amplio, emergido hace un año, en las Municipales del 2016 producto de la combinación de las movilizaciones del 2011 y del desprendimiento por la izquierda de la propia Concertación (Revolución Democrática), al presentarse como una alternativa puramente electoral e institucional, resulta impotente para servir de intérprete de los trabajadores, precisamente porque no cuestiona el capitalismo ni la propiedad privada de los medios de producción. La reorganización obrera no pasará por el Frente Amplio.

En la actual situación de crisis generalizada de los aparatos políticos, y de confusión de las masas, resulta casi imposible predecir si habrá segunda vuelta ni el desenlace de las presidenciales de noviembre. Lo que sí es seguro, es que el próximo Presidente, con todas las diferencias que ostentan los actuales candidatos, actuará para preservar el régimen burgués, contener o aplastar las movilizaciones y seguir alimentando las ilusiones de que bajo este régimen –trabajando duro y sin mirar para el lado- se puede prosperar.

Es cierto, este 11 de septiembre de 2017, 44 años después en apariencia está muy lejos de lo que fue Chile en aquella época. Ni la izquierda, ni el movimiento obrero, son una sombra de lo que fueran en aquella época. Un par de vanguardias bajo tierra testimonian esta tragedia. Pero en lo esencial, las bases que permiten y hacen necesaria y obligatoria la lucha por la revolución socialista permanecen intactas y -hasta cierto punto- se hacen más urgente hoy que ayer.

El orden capitalista cruje por los cuatro costados. El imperialismo norteamericano amenaza con una guerra nuclear para afirmar su posición de preeminencia sobre las otras facciones imperialistas; la crisis económica del 2008 y sus parches financieros, no hace sino profundizarse amenazando a millones de trabajadores, campesinos y naciones oprimidas con la miseria y el fascismo; las direcciones emergentes del siglo XXI en América Latina, los Chávez, Lula, Evo, Cristina y hasta Bachelet, se derrumban incapaces de sortear los desafíos políticos de mediar entre la nación oprimida y el imperio. No hay salida burguesa a la crisis.

Compañeros: es el momento de redoblar nuestras fuerzas de lucha y de alzar las banderas de la clase obrera y la Revolución Socialista. Nuestro homenaje, un sentido homenaje de clase anticapitalista, será la victoria, la construcción del partido revolucionario, la liberación de los explotados. Viva la clase obrera y su revolución.

 

 

¡La Línea de Colaboración de Clases Fue un Desastre!

por Nahuel Moreno//

En diciembre de 1973 se realizó el Primer Congreso Nacional del PST (Partido Socialista de los Trabajadores). En su intervención final, reproducida en Avanzada Socialista, decía Nahuel Moreno*:

“La tremenda derrota del proletariado chileno estuvo presente; de hecho, presidió el Congreso. Estuvo presente en tres sentidos: Seguir leyendo ¡La Línea de Colaboración de Clases Fue un Desastre!

La Derrota de la Unidad Popular y Golpe de Estado en Chile

por Aquiles Izaguirre//

El 11 de septiembre se cumple un aniversario más del funesto golpe de Estado que derrocó al gobierno de Salvador Allende e instauró la dictadura de Augusto Pinochet. Muchas historias se cuentan sobre este acontecimiento, en la memoria de una generación quedó impregnado el destierro, las torturas y el asesinato de miles de chilenos que pagaron las consecuencias de la derrota de la Unidad Popular asestada por el golpe fascista. Pero la experiencia que nos legó la trágica historia de estos camaradas, es infinitamente valiosa para las futuras generaciones de revolucionarios, más aún, cuando en nuestro istmo se pregonan las virtudes de los Frentes Populares policlasistas confiando en sectores de la burguesía y las instituciones que defienden los intereses de las clases dominantes. Seguir leyendo La Derrota de la Unidad Popular y Golpe de Estado en Chile

La Batalla de Chile: El Golpe de Estado (2ª parte)

por Patricio Guzmán//

Nota del autor: “Creo que La Batalla de Chile narra por primera vez –día a día, paso a paso– una revolución en América Latina filmada por un equipo independiente Comenzamos a trabajar en Santiago de Chile el día 15 de octubre de 1972 y terminamos el día 11 de septiembre de 1973 (el día del golpe de estado). Es una película documental realizada al mismo tiempo que se producían los hechos. No es una película de archivo. Seguir leyendo La Batalla de Chile: El Golpe de Estado (2ª parte)

La violencia revolucionaria

por Guillermo Lora//

raíz de la violencia

El marxismo excluye, por su propia esencia, la posibilidad de una pacífica y gradual transformación de la sociedad capitalista en socialista. La teoría del colapso revolucionario es parte fundamental del socialismo científico y los que han pretendido hacerla a un lado han sido catalogados como revisionistas. Con todo, nos parece que en la última época se ha tergiversado el sentido marxista de la revolución social, correspondiendo a la ultraizquierda esa tergiversación. No se trata de un aspecto secundario que puede pasarse por alto, sino de algo que tiene muchísima importancia en el problema de la fijación de la estrategia y táctica del movimiento proletario. Seguir leyendo La violencia revolucionaria

Diez años después del comienzo de la Gran Recesión

por Michael Roberts//

Han transcurrido diez años desde que comenzó la crisis financiera global con la noticia de que el banco francés BNP había suspendido la cotización de sus fondos hipotecarios de alto riesgo debido a “una evaporación de la liquidez”.

Al cabo de seis meses, el grifo del crédito se cerró y las tasas de interés interbancarias se dispararon (véase el gráfico). Los bancos de todo el mundo comenzaron a experimentar enormes pérdidas en los fondos derivados que habían creado para beneficiarse del boom de la vivienda que había estallado en los EEUU, y empezaron a tambalearse. Y los EEUU y el mundo entraron en lo que más tarde se llamó La Gran Recesión, la peor caída de la producción y el comercio mundial desde la década de 1930.

Diez años más tarde, es oportuno recordar algunas de las lecciones e implicaciones de ese terremoto económico.

En primer lugar, las instituciones oficiales y los economistas ortodoxos nunca la vieron venir. En 2002, el jefe del Banco de la Reserva Federal, Alan Greenspan, a quién se llamaba “el gran maestro” por haber aparentemente ingeniado un boom económico importante, anunció que los derivados, es decir, las innovaciones financieras en los fondos hipotecarios, etc,, habían ‘diversificado el riesgo’, de modo que los “choques que afectan al conjunto de la económica se absorben mejor y son menos propensos a provocar quiebras en cascada que pudiesen amenazar la estabilidad financiera”. Ben Bernanke, que finalmente ha presidido la Fed durante la crisis financiera global, comentó en 2004 que “las últimas dos décadas han visto una marcada reducción de la volatilidad económica” que él denominó la Gran Moderación. Y todavía en octubre de 2007, el FMI concluyó que “en las economías avanzadas, las recesiones económicas habían desaparecido prácticamente en el período de posguerra”.

Una vez que se había hecho patente la profundidad de la crisis en 2008, Greenspan afirmó ante el Congreso de Estados Unidos: “estoy en tal estado de choque, que no me lo puedo creer”. Le preguntaron: “en otras palabras, ¿llegó a la conclusión que su visión del mundo, su ideología, estaban equivocadas, que no funcionaban?” (Presidente del Comité de Supervisión del Congreso, Henry Waxman). “Efectivamente, precisamente esa es la razón por la que me sorprendió, porque durante 40 años o más una considerable cantidad de datos demostraban que funcionaban excepcionalmente bien”.

Libro recomendado

A los grandes economistas ortodoxos no les fue mejor. Cuando se le preguntó cuál era la causa de la Gran Recesión si no era un estallido de la burbuja de crédito, el ganador del premio Nobel y uno de los principales economistas neoclásicos de la Escuela de Chicago, Eugene Fama, respondió: “No sabemos lo que causa las recesiones. No soy un especialista en macroeconomía, por lo que no me preocupa demasiado. Nunca lo hemos sabido. Hasta hoy siguen los debates sobre la causa de la Gran Depresión. La teoría económica no es muy buena a la hora de explicar las oscilaciones en la actividad económica … Si pudiera haber predicho la crisis, lo habría hecho. No la vi venir. Me gustaría saber más sobre la causa de los ciclos económicos“.

El que pronto sería economista jefe del FMI, Olivier Blanchard, comentó en retrospectiva que “La crisis financiera plantea una crisis potencialmente existencial de la macroeconomía.  …  algunos fundamentos [neoclásicos] básicos están en cuestión, por ejemplo, la separación limpia entre los ciclos y las tendencias”  o  “las herramientas econométricas, en base a una visión de un mundo estacionario alrededor de una tendencia, están siendo cuestionados”.

Pero tampoco la mayoría de los llamados economistas heterodoxos, incluidos los marxistas, vieron venir la crisis y la consiguiente Gran Recesión. Hubo unas pocas excepciones: Steve Keen, el economista australiano predijo una crisis de crédito basado en su teoría de que “el elemento esencial que da lugar a las depresiones es la acumulación de deuda privada” y que nunca había sido mayor que en 2007 en las principales economías. En 2003, Anwar Shaikh calculó que la caída de la rentabilidad del capital y el descenso de la inversión darían lugar a una nueva depresión. Y un servidor en 2005, escribió:  “No ha habido tal coincidencia de los ciclos desde 1991. Y esta vez (a diferencia de 1991), estarán acompañados por una caída de la rentabilidad en el marco de un ciclo de Kondratiev de caída de los precios. ¡Todo está por los suelos en 2009-2010! Esto sugiere que podemos esperar una crisis económica muy severa, de una intensidad no vista desde 1980-2 o antes”. (La Gran Recesión).

En cuanto a las causas de la crisis financiera mundial y la consiguiente Gran Recesión, han sido analizadas hasta la saciedad desde entonces. La economía convencional no predijo la crisis y no fue capaz de explicarla después. La crisis adoptó claramente una forma financiera: el colapso de los bancos y otras instituciones financieras y las armas de destrucción masiva financieras, para usar la frase ya famosa de Warren Buffett, el inversor con más éxito de los mercados de valores del mundo. Pero muchos cayeron de nuevo en la teoría de la probabilidad, un evento entre mil millones; un ‘cisne negro’ como Nassim Taleb afirmó.

Alternativamente, el capitalismo era inherentemente inestable y las depresiones ocasionales eran inevitables. Greenspan adoptó este punto de vista: “No conozco ninguna forma de organización económica basada en la división del trabajo (se refiere al punto de vista de Adam Smith de una economía capitalista), desde un laissez-faire sin restricciones a una planificación central opresiva que haya tenido éxito a la hora de lograr a la vez el máximo crecimiento económico sostenible y una estabilidad permanente. La planificación central desde luego no y dudo mucho que la estabilidad se pueda lograr en las economías capitalistas, dado que los mercados competitivos siempre son turbulentos, se acercan pero nunca alcanzan el equilibrio” . Y añadió: “a menos que haya una decisión de la sociedad de abandonar los mercados dinámicos y establecer alguna forma de planificación central, temo que prevenir las burbujas a la postre resulte ser inviable. Mitigar sus consecuencias es todo lo que podemos esperar”.

La mayoría de los dirigentes económicos oficiales como Blanchard y Bernanke sólo veían los fenómenos superficiales de la crisis financiera y llegaron a la conclusión de que la Gran Recesión fue el resultado de la imprudencia financiera de unos bancos no regulados o del ‘pánico financiero’. Esto coincidió con algunos puntos de vista heterodoxos inspirados por las teorías de Hyman Minsky, el economista keynesiano radical de la década de 1980, de que el sector financiero es inherentemente inestable debido a que “el sistema financiero necesario para la vitalidad y el vigor capitalista, que traduce los espíritus animales empresariales en demanda real de inversión, alberga un potencial de expansión fuera de control, impulsado por el auge de la inversión”.  Steve Keen, un discípulo de Minsky, lo explica así: “el capitalismo es inherentemente defectuoso, siendo propenso a auges, crisis y depresiones. Esta inestabilidad, en mi opinión, se debe a las características que el sistema financiero debe poseer si ha de ser coherente con un capitalismo real”.  La mayoría de los marxistas adoptaron un punto de vista similar al de Minsky, al interpretar la Gran Recesión como resultado de la ‘financiarización’ y la creación de una nueva forma de fragilidad en el capitalismo.

Uno de los principales keynesianos, Paul Krugman, arremetió contra los errores de la escuela neoclásica, pero no ofreció ninguna explicación propia, más allá de que se trataba de un ‘fallo técnico’ que necesitaba y podría ser corregido mediante la restauración de la ‘demanda efectiva’.  

Muy pocos economistas marxistas recuperaron la explicación original de Marx sobre las causas de las crisis comerciales y financieras y las depresiones productivas resultantes. Uno de ellos fue G. Carchedi, que resumió este punto de vista en su excelente, pero a menudo ignorado Behind the Crisis, así: “El punto básico es que las crisis financieras son causadas por la reducción de la base productiva de la economía. De este modo se llega a un punto en el que tiene que haber una deflación repentina y masiva en los sectores financieros y especulativos. A pesar de que parezca que la crisis se ha generado en estos sectores, la causa última reside en la esfera productiva y la caída de la tasa de ganancia consiguiente en este ámbito”.  De acuerdo con esa explicación, el mejor libro sobre la crisis sigue siendo el de Paul Mattick Jr., Business as usual.

Y de hecho, la rentabilidad en los sectores productivos de las grandes economías capitalistas era históricamente baja en 2007, como varios estudios han demostrado. En los EEUU, la rentabilidad alcanzó su punto máximo en 1997 y el aumento de la rentabilidad en el boom del crédito de 2002-6 fue abrumadoramente en los sectores financiero e inmobiliario. Esto alentó un enorme aumento del capital ficticio (acciones y deuda) que no podía justificarse por una mejora suficiente de los beneficios de la inversión productiva.

El conjunto de los beneficios comenzó a caer en los EEUU en 2006, más de un año antes de que la crisis de crédito estallase en agosto de 2007. La caída de beneficios significó un exceso de acumulación de capital y por lo tanto una fuerte reducción de la inversión. Una caída en la producción, el empleo y los ingresos siguió. Es decir, la Gran Recesión.

Desde el fin de esa recesión a mediados de 2009, la mayoría de las economías capitalistas han experimentado una recuperación muy débil, mucho más débil que tras las recesiones de posguerra anteriores y en algunos aspectos incluso más débil que en la década de 1930. Un informe reciente del Instituto Roosevelt de JW Mason concluye que “no hay precedentes de la debilidad de la inversión en el ciclo actual. Casi diez años después, el gasto en inversión real se mantiene a menos del 10 por ciento por encima de su máximo de 2007. Esto es lento incluso en relación con el ritmo anémico de crecimiento del PIB, y muy bajo en términos históricos”.

Así que la Gran Recesión se convirtió en la Larga Depresión, como he descrito, un término también adoptado por muchos otros, incluyendo economistas keynesianos como Paul Krugman y Simon Wren-Lewis.  ¿Por qué la Gran Recesión no fue seguida de una recuperación económica ‘normal’ de las tasas de inversión y de producción anteriores? Los economistas de la corriente monetarista argumentan que los gobiernos y los bancos centrales fueron lentos a la hora de reducir las tasas de interés y de adoptar herramientas monetarias ‘no convencionales’ como la flexibilización cuantitativa. Pero cuando lo hicieron, estas políticas no parecen haber podido reactivar la economía y meramente alimentaron un nuevo boom bursatil y crediticio.

La escuela neoclásica reconoce que se debe reducir la deuda, ya que limita la capacidad de las empresas para invertir, mientras que los gobiernos recortan acceso al crédito debido a sus altos niveles de endeudamiento. Esto ignora la razón de la elevada deuda pública, a saber, el enorme coste de rescatar a los bancos a nivel mundial y la caída de los ingresos fiscales por la recesión. Por el contrario, los keynesianos dicen que la Larga Depresión se debe a la ‘austeridad’, es decir, a que los gobiernos tratan de reducir el gasto público y equilibrar los presupuestos.  Sin embargo, las pruebas que apoyan esta conclusión no son convincentes.

Lo que los puntos de vista neoclásicos, keynesianos y heterodoxos tienen en común es negar la función de los beneficios y la rentabilidad en las fases de auge y crisis en el capitalismo. Como resultado, no buscan una explicación a la baja inversión como consecuencia de la baja rentabilidad. Y sin embargo, la correlación entre beneficios e inversión es alta y continuamente confirmada y la rentabilidad en la mayoría de las economías capitalistas sigue siendo inferior a la de 2007.

Después de diez años y una fase de recuperación económica larga pero decididamente muy débil del ‘ciclo económico’, ¿tendremos otra crisis pronto? Así parece sugerirlo la historia. No la provocará otra crisis inmobiliaria, en mi opinión. En la mayoría de los países los precios inmobiliarios todavía no han recuperado los niveles de 2007, a pesar de las bajas tasas de interés, y los volúmenes de las transacciones de viviendas son modestas.

La nueva chispa es probable que sea el propio sector industrial. La deuda corporativa ha seguido aumentando en todo el mundo, especialmente en las llamadas economías emergentes. A pesar de las bajas tasas de interés, una parte importante de las empresas más débiles apenas son capaces de pagar sus deudas. La consultora S & P Capital IQ señaló que la masa récord de 1.84 billones de dólares en efectivo en poder de las empresas no financieras de EEUU enmascara una carga de la deuda de 6.6 billones de dólares. La concentración de dinero en efectivo de las 25 mayores empresas, que representan el 1% de las empresas, supone actualmente más de la mitad del dinero acumulado en efectivo. Frente al 38% de hace cinco años.  El gran chismorreo sobre los gigantes como Apple, Microsoft, Amazon y sus reservas en efectivo oculta la situación real de la mayoría de las empresas. 

Los márgenes de beneficio global se están reduciendo y las ganancias de las empresas no financieras de Estados Unidos estan cayendo.

Y ahora los bancos centrales, empezando por la Reserva Federal de Estados Unidos, han empezado a revertir la ‘flexibilización cuantitativa’ y a aumentar las tasas de interés. El coste de los préstamos y del servicio de la deuda existente se elevará, justo en el momento en que la rentabilidad está cayendo.

Esta es una receta para una nueva crisis, diez años después de la última de 2008.

Cervantes, la España de su época y El Quijote

por Alan Woods//

“Dondequiera que ha conquistado el poder, la burguesía ha destruido las relaciones feudales, patriarcales, idílicas; ha desgarrado sin piedad las abigarradas ligaduras feudales que ataban al hombre a sus ‘seres superiores’, para no dejar subsistir otro vínculo entre los hombres que el frío interés, el cruel ‘pago al contado’”. (Marx y Engels. El Manifiesto Comunista. Madrid. Fundación Federico Engels. 1996. p. 41).

“España conoció períodos muy florecientes, períodos de superioridad sobre el resto de Europa y de dominio sobre América del Sur. El poderoso desarrollo del comercio interior y mundial iba venciendo el aislamiento feudal de las provincias y el particularismo de las regiones. La fuerza e importancia crecientes de la monarquía española estaban entonces ligadas estrechamente al papel centralizador del capital comercial y a la gradual formación de una ‘nación española’”. (Trotsky. La revolución española y las tareas de los comunistas. 24 de enero de 1931).

Este año se celebra el 400 aniversario de la primera publicación de Don Quijote, la mayor obra maestra de la literatura española. La clase obrera, la clase que tiene el mayor interés en la defensa de la cultura, debería celebrar entusiastamente este aniversario. Fue la primera gran novela moderna, escrita en un lenguaje que los hombres y mujeres corrientes podían entender. Era uno de los libros favoritos de Marx y que frecuentemente leía en voz alta a sus hijos.

La lucha por el socialismo es inseparable de la lucha por las ideas y la cultura. En un gesto generoso, el presidente Chávez ha ordenado la publicación de una edición especial de dos millones de copias de la obra maestra de Cervantes para distribuirlas gratuitamente. Por nuestra parte, celebramos el aniversario analizando Don Quijote desde el punto de vista del materialismo histórico.

La vida de Cervantes

Miguel de Cervantes (1547-1616) es la figura más famosa de la literatura española. Novelista, dramaturgo y poeta con una considerable producción literaria, es recordado hoy casi totalmente como el creador de Don Quijote. Cervantes nació en Alcalá de Henares, una ciudad próxima a Madrid, en el seno de una familia de la nobleza inferior. Su padre, Rodrigo de Cervantes, fue cirujano y la mayor parte de su infancia Cervantes la pasó de ciudad en ciudad mientras su padre buscaba trabajo. Su padre era bien conocido en Valladolid, Toledo, Segovia y Madrid, por sus deudas. Éstas le llevaron en más de una ocasión a la cárcel, un destino que en aquella época era demasiado común.

A primera vista, la vida de Cervantes fue meramente una larga lista de fracasos: fracasó como soldado, fracasó como poeta y dramaturgo. Más tarde encontró un empleo como recaudador de impuestos, pero incluso esto fue un desastre. Fue acusado de corrupción y terminó en prisión. Pero esta amplia experiencia le permitió obtener de primera mano un conocimiento de una gran variedad de tipos humanos y conocer desde dentro la sociedad de la época.

El interés por la escritura de Cervantes se produce en 1568, cuando escribió algunos versos en homenaje a Isabel de Valois, la tercera esposa de Felipe II, sin duda con la intención de obtener dinero y favores. Pero su carrera literaria fue interrumpida por el servicio militar. Después de estudiar en Madrid (1568-1569), con el humanista Juan López de Hoyos, en 1570 se unió al ejército español en Italia. Participó en la batalla naval de Lepanto (1571), a bordo del barco de guerra Marquesa. Herido en el brazo por un arcabuz, su mano izquierda quedó inútil para el resto de su vida. Pero esto no le impidió unirse de nuevo a la milicia otros cuatro años.

Cansado de la guerra, regresó a España en 1575, junto con su hermano Rodrigo en la galera El Sol. Pero el barco fue capturado por los turcos y él junto a su hermano fueron llevados como esclavos a Argel. Cervantes pasó cinco años como esclavo hasta que su familia pudo conseguir el dinero suficiente para pagar su rescate. Fue liberado en 1580.

Después de regresar a Madrid tuvo varios puestos administrativos temporales, sólo regresó a la escritura relativamente al final de su vida. Escribió obras como La Galatea y La trata de Argel, que trataba de la vida de los esclavos cristianos en Argel y consiguió cierto éxito. Aparte de sus obras, su trabajo más ambicioso en verso fue el Viaje al Parnaso (1614). También escribió muchas obras de teatro, sólo dos han sobrevivido, y novelas cortas. Pero ninguna de sus obras le daba para vivir.

Habiéndose casado finalmente, Cervantes se dio cuenta de que una carrera literaria no le daba suficientes recursos para mantener una familia. Así que se trasladó a Sevilla donde consiguió trabajo como comisario de abastos de la marina. Sus aventuras no se detuvieron aquí. Consiguió éxito pero también muchos enemigos, como resultado sufrió largos períodos de prisión. En uno de estos períodos de inactividad forzosa comenzó a trabajar en el libro que le daría fama eterna. La primera edición de Don Quijote apareció en 1605. Según cuenta la tradición, fue escrito en la prisión de Argamasilla de Alba, en La Mancha. La segunda parte de Don Quijote apareció en 1615. El libro fue un éxito y le granjeó a su autor fama internacional, pero siguió siendo pobre. Entre los años 1596 y 1600 vivió principalmente en Sevilla. En 1606 Cervantes se asentó de manera permanente en Madrid, donde permaneció el resto de su vida. El 23 de abril de 1616 –la fecha en la que murió Shakespeare– Cervantes murió en la pobreza en la calle de Madrid que ahora lleva su nombre, sólo un año después de que apareciera la segunda edición de Don Quijote.

La obra maestra de Cervantes parece haber comenzado su vida como una caricatura cómica de los libros de caballería que eran populares en la época, pero era un amplio reflejo calidoscópico de la época en la que vivió Cervantes. Está lleno de vida porque refleja fielmente la vida de ese período -un rico mosaico de un mundo en transición-, un fermento de ideas y costumbres en conflicto y una variedad sin fin de caracteres. La mayoría de sus personajes proceden de las clases más bajas. Don Quijote fue un nuevo punto de partida en la literatura: un dibujo de la vida real y las maneras escrito en un lenguaje claro y cotidiano. Los lectores aclamaron la invasión del lenguaje cotidiano en una obra literaria.

A diferencia de muchos de sus contemporáneos, Cervantes no tenía un patrón adinerado. Dependía exclusivamente de sus lectores. Esta era una relación totalmente nueva entre el escritor y su público. Cervantes sólo podía comer vendiendo sus libros y sólo podía venderlos escribiendo en un tono que resonara en los corazones y las mentes de su público. Esto lo consiguió brillantemente. Pocos libros en la historia han reflejado tan fielmente el nuevo espíritu que se estaba desarrollando en la sociedad. Para apreciar esto, es necesario tener una idea aproximada de lo que era realmente la sociedad española de esa época.

La España de Cervantes

El descubrimiento de América, la circunnavegación de África abrieron nuevos horizontes e imprimieron nuevo impulso a la burguesía. El mercado de China y de las Indias orientales, la colonización de América, el intercambio con las colonias, el incremento de los medios de cambio y de las mercancías en general, dieron al comercio, a la navegación, a la industria, un empuje jamás conocido, atizando con ello el elemento revolucionario que se escondía en el seno de la sociedad feudal en descomposición”. (El Manifiesto Comunista. Op. Cit. p. 40)

La España de Cervantes era una sociedad en transición. La unión de las coronas de Aragón y Castilla consiguió, a través del matrimonio de Fernando e Isabel, crear las bases para la unificación española y la creación de una monarquía absolutista. La caída de Granada, el último reino musulmán de España, fue el acto final de la Reconquista que había durado siglos. A esto siguió rápidamente el descubrimiento de América y el ascenso de España como una potencia económica y militar dominante en Europa.

En la época en la que nació Cervantes Madrid sólo tenía 4.000 habitantes, aunque era comparable en tamaño a Toledo, Segovia o Valladolid. El crecimiento de Madrid fue el resultado de los fueros o derechos concedidos a la naciente burguesía española de los reinos de Castilla y León en el período medieval. En el siglo XIV, Fernando VI trasladó allí la corte para aprovechar la caza, el clima y el agua pura. También dio a la monarquía una base independiente, libre del control de la nobleza provincial.

Bajo Felipe II, el vasto aparato burocrático del estado absolutista se completó y perfeccionó. Madrid se transformó y pasó de ser una villa provinciana a una ciudad de 100.000 habitantes, llena de iglesias, catedrales, palacios y embajadas. Para construir la ciudad, se cortaron todos los bosques. La zona que había sido conocida por su aire y agua pura se convirtió en un agujero pestilente. Las calles de Madrid eran oscuras, estrechas y llenas de basura putrefacta, con cerdos merodeando alrededor de la suciedad. La división arbitraria de las casas, los palacios de mal gusto, las calles llenas de basura y los cadáveres de animales, los barrios empobrecidos con su atmósfera morisca, las casuchas de los pobres arremolinadas alrededor de las casas de los ricos. En todas partes estaba el hedor de la basura podrida y peor, fermentando en las calles donde se abandonaba convenientemente bajo la cobertura de la oscuridad. La corte de Madrid no era mucho mejor, según todas las crónicas, era conocida como la más sucia de toda Europa. Algunos embajadores extranjeros la comparaban con una aldea del interior de África.

Era un caldero hirviente de cambio social donde las viejas clases se descomponían más rápidamente de lo que podían ser sustituidas por las nuevas. La decadencia del feudalismo, junto con el descubrimiento de América tuvo un efecto devastador en la agricultura española. En lugar de un campesinado productivo ganándose el pan con el sudor de su frente, nos enfrentamos a un ejército de mendigos y parásitos, aristócratas arruinados y ladrones, sirvientes monárquicos y borrachos, todos luchando por vivir sin trabajar.

La podredumbre empezaba por arriba. En medio de toda esta pobreza y suciedad, ruido y miseria, la corte española era considerada como la más brillante de Europa. Era un espectáculo sin final de bailes, mascaradas y música. Los monárquicos españoles vivían espléndidamente, a crédito. Raramente pagaban a sus proveedores. Una cosa tan vulgar como el dinero apenas merecía consideración para la aristocracia.

La nobleza parasitaria vivía en condiciones de tan célebre extravagancia que se hizo necesario aprobar leyes contra el lujo excesivo en el vestir, los muebles e incluso en las sillas de montar. Las autoridades incluso tuvieron que organizar la quema pública de zapatillas decoradas, ligas de damas y ropas adornadas. Algunos duques iban acompañados de 100 lacayos vestidos de seda. Incluso los oficiales del ejército aparecían en público vestidos con ricos jubones y chaquetas decoradas con cintas, joyas y plumas.

A pesar del barniz externo de piedad religiosa, muchos nobles flirteaban públicamente con religiosas jóvenes y atractivas a quienes encontraban en las calles. Se dice que el famoso retrato del Cristo de Velázquez fue entregado como un regalo de penitencia por Felipe IV por una de sus innumerables aventuras sexuales. Las damas de la nobleza no eran mejor que sus hombres. Cuando la duquesa de Nájera y la condesa de Medellín se pelearon, primero se lanzaron una lista de insultos que habrían ruborizado a una verdulera y después recurrieron con entusiasmo al argumento más penetrante del frío acero.

La corrupción era la norma, los funcionarios honestos eran la excepción. La Iglesia y el Estado estaban llenos de un auténtico ejército de parásitos y adláteres, todos luchando por conseguir fortuna del bolso público. Muchos funcionarios vivían una existencia precaria y estaban dispuestos a vender a su abuela por unos pocos reales. La venta de cargos era la norma. Los ministros particularmente corruptos eran satirizados en versos insidiosos, pero lo normal era que no se prestara demasiada atención a un fenómeno que era tan común que llegaba a ser considerado normal.

La Armada Invencible

Felipe II heredó un fabuloso y rico imperio pero que no estaba basado en cimientos sanos. El ayudaría a socavarlo aún más con aventuras y guerras exteriores. El Escorial fue un monumento a su régimen burocrático desalmado. Aquí el espíritu del burocratismo intolerante estaba mezclado con el fanatismo religioso: en parte palacio, en parte monasterio, en parte mausoleo, ese era el centro administrativo del vasto imperio. Detrás de los elevados muros de El Escorial, Felipe II satisfacía sus fantasías imperiales, construyendo, reparando y reconstruyendo constantemente sus palacios reales, utilizando mármol y otros materiales costosos.

La nobleza se daba prisa para imitar el ejemplo de su monarca, construyendo sus propios palacios. La explosión de la construcción pronto diezmó los ricos bosques que habían cubierto la sierra de Madrid desde tiempos inmemoriales. Estos grandiosos planes al final llevaron a la bancarrota. Esa es la ironía central, en la cumbre de su poder y riqueza, España se dirigía de cabeza al declive y al empobrecimiento. Un siglo después, el hidalgo orgulloso con agujeros en su capa, la cartera vacía y el árbol genealógico tan largo como la lista de sus deudas se había convertido en un personaje literario común.

Aunque España era la potencia dominante en Europa, su desarrollo social iba por detrás del de Inglaterra, donde las relaciones capitalistas en la agricultura ya estaban muy avanzadas después de las conmociones de la Peste Negra y la Revuelta de Campesinos de finales del siglo XIV, como explica Marx:

En Inglaterra la servidumbre de la gleba, de hecho, había desaparecido en la última parte del siglo XIV. La inmensa mayoría de la población se componía entonces y aún más en el siglo XV de campesinos libres que cultivaban su propia tierra, cualquiera que fuere el rótulo feudal que encubriera su propiedad. En las grandes fincas señoriales el arrendatario libre había desplazado al bailiff (bailío), siervo él mismo en otros tiempos”. (Carlos Marx. El Capital. Volumen I. Cap. 27).

A principios del siglo XVI el capitalismo se había ya desarrollado tanto en España como en Inglaterra. Sin embargo, paradójicamente, el descubrimiento de América y su saqueo por parte de España sirvió para asfixiar al capitalismo español en su nacimiento. La afluencia de oro y plata de las minas esclavas del nuevo mundo minaron el desarrollo de la agricultura, el comercio, la manufactura y la industria española. Atizó el fuego de la inflación y en lugar de prosperidad creó miseria.

Los nuevos descubrimientos habían convertido el comercio terrestre con India en comercio marítimo, las naciones de la península, que hasta ese momento estaban alejadas de las grandes rutas comerciales, ahora se convertían en los agentes y portadores de Europa”. (Prescott. History of the Reign of Ferdinand and Isabella. p. 740).

El poder ascendente del capitalismo inglés necesariamente chocó con el poder del imperio español. La corona inglesa, al principio con la piratería y después más abiertamente, desafió la supremacía española en los mares. Poco a poco, los ingleses y los holandeses comenzaron a poner pies firmes en el Caribe, sentando las bases para nuevos imperios coloniales. El conflicto entre España e Inglaterra llegó a su punto culminante cuando los ingleses enviaron ayuda militar a los rebeldes protestantes holandeses que se habían rebelado contra el dominio español. Esto inevitablemente llevó a la guerra.

El poder de España recibió un duro golpe y su orgullo una dura sacudida cuando en el verano de 1588 la Armada Invencible fue derrotada mediante una combinación letal de barcos de guerra ingleses y borrascoso tiempo atmosférico. De la noche a la mañana España se encontró humillada por el emergente poder de Inglaterra. Esta derrota tuvo un carácter simbólico, el viejo mundo del catolicismo feudal estaba siendo rápidamente sustituido por el ascendente poder del protestantismo capitalista en el norte de Europa.

Los últimos años de Felipe II fueron años de severo declive físico, amargura y ansiedad. Las guerras sangrientas en Flandes parecían no tener final a la vista. Murió en 1598, diez años después de la derrota de la Armada y con él murió la época en la que España era la dueña de los destinos del mundo. Su hijo Felipe III fue un bufón inútil, más interesado en los placeres de la caza (ya fuera de jabalís salvajes o de bonitas actrices) que en los asuntos de Estado. Poco después de la muerte de su padre, se aproximó uno de sus secretarios y le hizo la siguiente pregunta: “¿Qué debemos hacer con la correspondencia, Señor?” y él respondió: “Ponedla en manos del Duque de Lerma”.

De este modo, el monarca absoluto se convertía en el monarca ausente. Todo el poder real estaba en manos de su ayuda de cámara, el Duque de Lerma. La decadencia interna de España se aceleró aún más por la incompetencia y degeneración de su casa real. Pero las verdaderas causas del declive estaban en otras partes. Los gobernantes reales de España eran caracteres adecuados para esta tragicomedia de decadencia senil, nepotismo y corrupción.

España, que fue la primera nación unificada de Europa, y con un destacado poder económico y militar, fue derrotada por aquellas naciones -comenzando por Inglaterra y Holanda- que habían entrado más decididamente en el camino capitalista y donde la burguesía estaba luchando para conseguir el poder político.

Las inmensas riquezas arrancadas del alma de un continente entero, fueron dilapidadas rápidamente por la corte y su ejército servil de zánganos aristócratas. Más allá de los muros de la corte había un mar turbulento de miseria, empobrecimiento y desesperación, que periódicamente estallaba en revueltas y disturbios violentos.

El Siglo de Oro

En este período, España era una colmena de actividad. Las cosas que ocurrían en casa y en el extranjero alimentaban la imaginación de todos los hombres de espíritu (y también de las mujeres). Este era el telón de fondo del Siglo de Oro español. En España, las letras nunca alcanzaron cotas tan deslumbrantes como en esta época. En este período los reyes y los nobles españoles tomaban bajo su patrocinio a un gran número de poetas, novelistas y pintores de la más alta calidad.

El mundo raramente ha visto tal galaxia de talento literario, con nombres como los de Miguel de Cervantes, Félix Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Pedro Calderón de la Barca y Tirso de Molina. Merece la pena mencionar aquí los nombres más importantes.

La figura excepcional de la época fue Lope de Vega. Aunque descendía de una familia aristocrática de Santander, Lope, como Cervantes, casi siempre pasó dificultades económicas. Era un hombre de su época, compartió sus triunfos y sus tragedias. Participó en la desastrosa aventura de la Armada Invencible. Se batió en un duelo mortal y como resultado fue desterrado de Madrid. Se casó dos veces y tomó los hábitos después de la muerte de su segunda esposa. Después de haber amasado una considerable riqueza murió en 1635.

De esta información vemos cómo su vida, igual que la de Cervantes, estuvo llena de aventuras, líos amorosos y viajes. Tan llena estuvo su vida que nos preguntamos cuándo tenía tiempo para escribir todo lo que escribió. Escribió mucho, 2.000 obras que no tienen igual en la literatura española. De éstas, sólo 430 han llegado a nosotros. Entre ellas hay clásicos como Fuenteovejuna (basada en un hecho real), El mejor alcalde, el Rey y Peribáñez o el Comendador de Ocaña. También escribió poemas, épica y romances en prosa, además de obras religiosas.

En algunas de estas obras vemos importantes elementos sociales y políticos. Fuenteovejuna estaba basada en un hecho real que implicaba una insurrección popular y Peribañez o el Comendador de Ocaña ilustra la tiranía de las relaciones feudales en la España rural. Aquí la gente corriente es presentada en estado de rebelión permanente contra los señores feudales, pero la monarquía es presentada como el aliado y el defensor de la población. En otras palabras, tenemos aquí una expresión literaria del concepto del absolutismo. La monarquía absolutista española, como en todas partes, aumentó su poder a expensas de la nobleza equilibrándose entre las clases.

El contemporáneo de Lope, Pedro Calderón de la Barca, fue un dramaturgo, un filósofo y un teólogo que escribió entre otras cosas, La vida es sueño y El Alcalde de Zalamea. Era igualmente popular pero menos prolífico que Lope. Nació en 1600 en una familia acomodada, su padre era secretario del Tesoro y fue educado en las prestigiosas universidades de Salamanca y Alcalá de Henares. Más tarde participó en las campañas de Flandes y en la supresión de la insurrección catalana de 1640. Se dice que al menos tuvo un asunto amoroso ilícito y un hijo ilegítimo. Pero en 1651 expresó su deseo de entrar en un monasterio y sólo le detuvo la intervención personal de Felipe IV.

Las obras de Calderón tienen un fuerte elemento moralizador y sus personajes están aquejados de él. Están escritas en un estilo barroco. En El Alcalde de Zalamea y El Médico y su honra el tema principal es el honor. Es el ideal feudal de una sociedad cortesana que nunca había existido y, para ser más exactos, no existía en aquella época. No es de extrañar que Felipe IV, el príncipe de los rufianes, ¡fuera un ferviente admirador! Su obra más famosa, La vida es sueño, es el título más apropiado que se ha escrito para la época. La clase dominante española estaba viviendo un sueño del que tuvo un duro despertar.

El nombre de Francisco de Quevedo es menos conocido fuera de España, pero fue otro gran escritor del Siglo de Oro. Su nombre está asociado a la sátira. Dejó tras de sí un cuadro vivo de la España de la época en su obra maestra de lo que se conoce como literatura picaresca: El buscón. Sus obras están caracterizadas por su humor sutil, un espíritu crítico y están claramente enraizadas en los acontecimientos del período trágico de la historia española en la que estuvo destinado a vivir y escribir.

Quevedo vio que el declive de España estaba vinculado con la degeneración y corrupción de la corte. La banda de parásitos que ocupaban El Alcázar de Madrid era bien conocida para él por su experiencia como joven en la corte. A la edad de 31 años decidió trasladarse a Italia para ocupar un puesto en Nápoles como secretario del Duque de Osuna, pero cuando más tarde éste cayó en desgracia Quevedo sufrió la prisión y el exilio. Fue rescatado por el Duque de Olivares, el futuro ayudante de Felipe IV con quien mantuvo una curiosa relación de amor-odio durante el resto de su vida.

Su obra El buscón es probablemente la más hermosa novela satírica del siglo XVII. En su obra Sueñosdescribe la vida de la corte y la aristocracia. Esta obra no cayó bien y fue encarcelado por sus críticas al círculo gobernante y al Duque de Olivares. Cuando más tarde éste último cayó en desgracia, Quevedo fue liberado de la cárcel pero murió en el olvido dos años después, en 1645.

La lista es larga pero mencionaremos sólo un autor más de la época: Tirso de Molina. Este era el seudónimo del fraile Gabriel Téllez, que más tarde nos dejó la inmortal historia de uno de los personajes más inmortales (o más bien amorales) de la literatura mundial: Don Juan, el personaje central de El burlador de Sevilla. Es interesante que este sacerdote estuviera familiarizado con la psicología femenina. En sus comedias de enredo (Don Gil de las calzas verdes y El amor médico) la protagonista siempre es una mujer.

PicassoDonQuixoteSanchoDibujo de Pablo Picasso de Don QuijoteLa novela picaresca

“Los expulsados por la disolución de las mesnadas feudales y por la expropiación violenta e intermitente de sus tierras, ese proletariado libre como el aire, no podían ser absorbidos por la naciente manufactura con la misma rapidez con que eran puestos en el mundo. Por otra parte, las personas súbitamente arrojadas de su órbita habitual de vida no podían adaptarse de manera tan súbita a la disciplina de su nuevo estado. Se transformaron masivamente en mendigos, ladrones, vagabundos, en parte por inclinación, pero en los más de los casos forzados por las circunstancias. De ahí que a fines del siglo XV y durante todo el siglo XVI proliferara en toda Europa Occidental una legislación sanguinaria contra la vagancia. A los padres de la actual clase obrera se los castigó, en un principio, por su transformación forzada en vagabundos e indigentes. La legislación los trataba como a delincuentes “voluntarios”: suponía que de la buena voluntad de ellos dependía el que continuaran trabajando bajo las viejas condiciones, ya inexistentes”. (Marx, El Capital, vol. I, cap. 28)

Este fue el período que dio nacimiento al más español de todos los géneros literarios: la novela picaresca. El pícaro es un tramposo, un bribón y un aventurero que vive a costa de su ingenio porque no tiene nada más de lo que vivir. Es el producto de un período socio-histórico definido: el período de transición producido por la decadencia del feudalismo. Aquí tenemos los deshechos de un mundo en pleno proceso de disolución. La decadencia del viejo orden provoca una situación caótica en la que la vieja moralidad se resquebraja pero no hay nada que poner en su lugar: de aquí el nihilismo alegre y moral del pícaro. La sociedad española de la época nos presenta un rico mosaico de canallas, ladrones y estafadores que probablemente no tiene igual en la historia mundial. La filosofía de esta capa social se puede resumir en una sola palabra: supervivencia. La vida es una pelea alocada por garantizarse los medios de subsistencia por cualquier método posible. Su lema es: “Que cada hombre mire por sí mismo y que el diablo se ocupe del resto”.

En la segunda mitad del siglo XVI Madrid ya estaba establecida como “la muy noble y leal” capital de España. La población comenzó a aumentar por la afluencia de forasteros atraídos por la corte como las abejas a la miel o las moscas a sustancias menos apetitosas. La novela picaresca reflejaba la situación real en el período donde el feudalismo español estaba en declive. Los engaños del comerciante, la brutalidad de los soldados, el fanatismo de los sacerdotes y la corrupción de los cortesanos, éstos eran simples hechos de la vida.

Este complicado calidoscopio era, en realidad, la expresión de una sociedad en proceso de desintegración donde no era posible ninguna síntesis. Junto a la aristocracia con sus altisonantes títulos y monederos vacíos, había una masa de elementos desclasados, mercenarios y aventureros. Las calles de la capital estaban llenas de criminales, desertores del ejército y fanfarrones de todo tipo y tamaño, portando espadas y puñales. Ellos aceptaban la lucha o un monedero con igual entusiasmo. Las bandas de ladrones eran activas por la noche y no era buena idea estar en la calle en las horas de oscuridad. Un cronista contemporáneo se lamentaba: “No debe haber un rebelde, lisiado, manco, cojo o ciego en toda Francia, Alemania, Italia o Flandes que no descienda de Castilla”.

Este es el verdadero contexto del que surgieron el Lazarillo de Tormes, el Buscón y por último, pero no menos importante, Don Quijote. Como estilo literario la novela picaresca surge de la degeneración del romance de caballería, de la misma manera que sus prototipos humanos surgieron de la degeneración del feudalismo, lo que sólo es otra forma de expresar la misma idea. La decadencia del feudalismo inevitablemente produjo una reacción contra los valores, la moralidad y los ideales del feudalismo. Esta reacción se expresa en la forma de ironía y ridículo; una perspectiva pasada de moda que ha sobrevivido a sí misma, es ridícula por definición y por lo tanto una fuente de humor.

Estas páginas rebosan con todo tipo de vida y personas con caracteres fuertes y coloristas. La clase de antihéroe de la novela picaresca, como en el Lazarillo de Tormes, es una caricatura de los héroes del romance caballeresco. En lugar de un caballero con brillante armadura, es un joven mendigo ruin, una figura familiar en la España de esta época.

Aquí tenemos la verdadera génesis de un género literario reconocible que aparece más tarde en el Gil Blas de Le Sage; el Jonathan Wilde, de Fielding; y en el Barry Lindon, de Thackaray.

Las páginas de Don Quijote están llenas de personalidades y situaciones tomadas del gran libro de la vida misma. El espíritu de este libro, con su sencillo realismo y alegre optimismo, es claramente el del humanismo renacentista y no tiene nada que ver en absoluto con la Contrarreforma. Aquí nuestros ojos se dirigen no hacia el cielo sino hacia la tierra y todas sus riquezas. Su lema es: “Considero que nada humano me es ajeno”.

En Don Quijote hay un fuerte elemento nacional. Es un libro intrínsecamente español. No podía haber sido escrito en ninguna otra parte. Aquí tenemos el agudo contraste del sol y la sombra tan característicos del paisaje de España, que también se refleja en la vida y el carácter del pueblo español. Pero esta explicación, aunque es cierta, de ninguna manera agota la cuestión. No se puede explicar plenamente la riqueza de la caracterización de Cervantes en términos puramente nacionales. Para comprender correctamente a Cervantes es necesario situarlo en su contexto social, económico e histórico.

Fue Marx quien señaló que los períodos de gran transición histórica son particularmente ricos en “personajes”. Esto es cierto tanto en Shakespeare como en Cervantes. La Inglaterra de Shakespeare, como la España de Cervantes, estaba en medio de una gran revolución social y económica. Era un cambio turbulento y penoso, que sumió a una gran cantidad de personas en la pobreza y creó en las ciudades una gran clase de elementos lumpenproletarios desposeídos: mendigos, ladrones, prostitutas, desertores, aquellos que se codeaban con los hijos de los aristócratas empobrecidos, y sacerdotes apartados del sacerdocio, para crear una reserva interminable de personajes como Sir John Falstaff y el Lazarillo de Tormes.

Las escenas subidas de tono en Don Quijote en tabernas de dudosa reputación, dan vida y color a la novela; mientras destacan la contradicción central del período histórico. El pueblo español común es vivo y alegre, de la misma forma que la nobleza es una clase muerta y absurda. El tema central de Don Quijote contiene una verdad histórica fundamental sobre España en el período de decadencia feudal. Los ideales de la caballería aparecen ahora tan ridículos y como una excentricidad anticuada en la naciente economía capitalista, en donde todas las relaciones sociales, la ética y la moralidad están dictadas por el nexo desnudo del dinero.

Un período de transición

A él [a Marx] le gustaban Cervantes y Balzac por encima de los demás novelistas. En Don Quijote veía la época de la caballería moribunda cuyas virtudes eran ridículas y se mofaban del mundo burgués emergente”. (Paul Lafargue. Recuerdos de Marx).

Toda clase dominante alberga las mismas ilusiones en sí misma. En sus imaginaciones son héroes conquistadores, cuando en realidad están implicados en los asuntos más sórdidos y sucios. Marx, que admiraba mucho Don Quijote, escribía: “Con mucho, está claro, sin embargo, que la Edad Media no debía su existencia al catolicismo, ni el mundo antiguo a la política. Por el contrario, es el modo al que ambos debían sus condiciones de existencia lo que explica por qué aquí la política, y allí el catolicismo, jugaron el papel predominante. Por lo demás, requiere un delicado conocimiento de la historia de la república romana, por ejemplo, ser conscientes de que su historia secreta es su historia de la propiedad de la tierra. Por otro lado, Don Quijote hace mucho tiempo pagó el castigo de imaginar equivocadamente que el caballero errante era compatible con todas las formas económicas de la sociedad”.

Mientras que en Lope de Vega la vieja idea feudal del honor es tratada con una seriedad letal, en Don Quijote se convierte en materia de humor. Cervantes está mirando hacia delante, mientras que Lope está mirando hacia atrás. Cervantes representa una transición hacia una sociedad y moralidad capitalistas, basada en el dinero y no en el rango, mientras que Lope mira hacia atrás vehementemente a las certezas morales de un mundo desvaneciéndose donde todo hombre conocía su lugar y la sociedad era mantenida por un fuerte cemento de honor y obligaciones mutuas. Aún así, las obras de Lope ya descubren las cartas: son una admisión tácita de que estos valores han colapsado con la vieja sociedad que los ha producido.

La esencia del humor de Don Quijote son precisamente las contradicciones generadas por la transición del feudalismo al capitalismo, de una sociedad basada en el concepto del servicio feudal, el honor y la lealtad, a una sociedad totalmente diferente basada exclusivamente en las relaciones monetarias. El caballero andante de Don Quijote entra en conflicto con la realidad social y económica existente, de la misma forma que los sueños entran en conflicto con la vida cotidiana. Esto es una expresión literaria de la bancarrota de la aristocracia española, que disimulaba su pobreza con un aura de nobleza gentil. Esa es la ironía de una clase social que no comprende que está condenada y que las viejas formas ya no pueden jugar ningún papel.

Esta contradicción se nos descubre absurda y por lo tanto cómica. Las personas pobres y supuestamente ignorantes comprendían la verdadera situación y correctamente atribuían el comportamiento de los caballeros a la locura. En realidad es un tipo de locura, pero no de una locura individual sino la de una clase social entera que ha sobrevivido a su utilidad y que no se reconcilia con este hecho, cuando en realidad es obvia.

En realidad, la España de la época estaba llena de hombres con grandes nombres e impresionantes títulos que no tenían dos peniques. Había incluso grandes terratenientes que eran poco más que mendigos. En el primer capítulo, tenemos ya una descripción de Don Quijote como miembro de una nobleza que es más una sombra de sí misma, reducida a la semipobreza y prestando escasa atención a los asuntos mundanos de la producción agrícola:

Es, pues, de saber, que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso -que eran los más del año-, se daba a leer libros de caballerías con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda”.

Don Quijote no tenía concepción del dinero. Exclamaba indignado: “¿Qué caballero andante pagó pecho, alcábala, chapín de la reina, moneda forera, portazgo ni barca? ¿Qué sastre le llevó hechura de vestido que le hiciese? ¿Qué castellano le acogió en su castillo que le hiciese pagar el escote?”. Está fuera de la economía monetaria, al menos en su mente. Si la sociedad se hubiera dejado a la economía quijotesca pronto habría quebrado, ya que en aquel momento nadie había oído hablar del crédito e incluso el orgulloso poseedor de una tarjeta de crédito tarde o temprano se enfrentaría a la necesidad nada agradable de saldar sus cuentas.

En el episodio de la Venta en el tercer capítulo, Don Quijote hubo de recibir una lección de economía moderna del ventero que le preguntaba si llevaba algo de dinero encima, a lo que Don Quijote respondió: “que no traía blanca, porque él nunca había leído en las historias de los caballeros andantes que ninguno la hubiese traído. A esto dijo el ventero que se engañaba; por admitir que las historias de esta materia no son mencionadas por haberles parecido a los autores de ellas que no era menester escribir una cosa tan clara y tan necesaria de traerse como eran dineros y camisas limpias, no por eso se había de creer que no los trajeron, y así, tuviese por cierto y averiguado que todos los caballeros andantes, de que tantos libros están llenos y atestados, llevaban bien herradas las bolsas, por lo que pudiese sucederles; y que asimismo llevaban camisas y una arqueta pequeña llena de ungüentos para curar las heridas que recibían”.

La lección estaba bien aprendida. Cuando inicia su segunda ronda de aventuras, Don Quijote se asegura estar bien provisto de la moneda del reino, endeudándose mucho como resultado de ello. En el capítulo siete se nos informa que: “Dio luego Don Quijote orden en buscar dineros, y vendiendo una cosa, y empeñando otra, y malbaratándolas todas, reunió una razonable cantidad”. Esta era la historia de toda la aristocracia española y de la misma España.

Sancho Panza

En Don Quijote dos son los protagonistas y no uno. Junto al alto y flaco caballero montado en un viejo caballo desvencijado hay un campesino pequeño y gordo a lomos de una mula. Aquí está uno de los grandes dúos de la literatura mundial, tan inseparables como la sal y la pimienta. ¿Qué decir del otro personaje de la novela? Sancho Panza es un pobre trabajador agrícola, un vecino de Don Quijote, “hombre de bien -si es que este título se puede dar al que es pobre-, pero de muy poca sal en la mollera”. La ausencia de sabiduría en Sancho es presumiblemente lo que le lleva a seguir a su amo medio loco. Pero a cada paso es el campesino ignorante el que comprende la verdadera situación e intenta demostrárselo a su amo, que naturalmente se niega a creerle.

En esto también hay implicaciones filosóficas. La filosofía dominante en la España de Cervantes no había avanzado más allá del escolasticismo de la Edad Media, una versión vulgarizada de Aristóteles mezclada con el idealismo de Platón. Los únicos avances reales de la filosofía en la Edad Media los hicieron los filósofos islámicos y los científicos de Al Andalus, pero como la España cristiana sólo había surgido de una larga guerra de conquista en el sur de los moros, estas ideas eran un anatema para ella. La Iglesia ejercía un dominio completo de la filosofía, como sobre todos los demás aspectos de la vida intelectual, excepto la literatura.

Los filósofos escolásticos cristianos pasaban una extraordinaria cantidad de tiempo debatiendo de cosas como el sexo de los ángeles y cuántos ángeles podrían bailar en la cabeza de un alfiler. Cervantes se mofa de las disputas universitarias en la divertida parodia del yelmo de Mambrino. Sin embargo, el propio Don Quijote es un idealista filosófico. En el capítulo diez pronuncia uno de sus discursos habituales sobre los principios de la caballería andante, donde demuestra más allá de toda sombra de duda que los caballeros andantes (y por tanto sus escuderos) no necesitaban comer:

Hágote saber, Sancho, que es honra de los caballeros andantes no comer en un mes, y, ya que coman, sea de aquéllo que hallaren más a mano; y esto se te hiciera cierto si hubieras leído tantas historias como yo; que aunque han sido muchas, en todas ellas no se ha hallado hecho relación de que los caballeros andantes comiesen, si no era acaso y en algunos suntuosos banquetes que les hacían, y los demás días se los pasaban en flores. Y aunque se deja entender que no podían pasar sin comer y sin hacer todos los otros menesteres naturales, porque, en efecto, eran hombres como nosotros, hase de entender también que andando lo más del tiempo de su vida por las florestas y despoblados, y sin cocinero, que su más ordinaria comida sería de viandas rústicas, tales como las que tú ahora me ofreces. Así que, Sancho amigo, no te congoje lo que a mí me da gusto; ni querrás tú hacer mundo nuevo, ni sacar la caballería andante de sus quicios”.

Sin embargo, Sancho Panza es un convencido materialista filosófico y no hará caso de ninguna de estas palabras:

¡Gran Merced! -dijo Sancho-; pero sé decir a vuestra merced que como yo tuviese bien de comer, tan bien y mejor me lo comería en pie y a mis solas como sentado a par de un emperador. Y aún, si va a decir verdad, mucho mejor me sabe lo que como en mi rincón sin melindres ni respetos, aunque sea pan y cebolla, que los gallipavos de otras mesas donde me sea forzoso marcar despacio, beber poco, limpiarme a menudo, no estornudar ni toser si me viene gana, ni hacer otras cosas que la soledad y la libertad traen consigo. Así que, señor mío, estas honras que vuestra merced quiere darme por ser ministro y adherente de la caballería andante, como lo soy siendo escudero de vuestra merced, conviértalas en otras cosas que me sean de más cómodo y provecho; que éstas, aunque las doy por bien recibidas, las renuncio para desde aquí al fin del mundo”.

Sancho Panza, se presenta, después de todo, no como un ignorante. Sus palabras contienen el sentido común sencillo de las masas. Tiene los pies firmemente en la tierra. Vive en el mundo real, el que hace mucho tiempo ha abandonado Don Quijote. Come, bebe, estornuda, duerme y realiza todas las demás funciones corporales que su idealista amo trata con desprecio. En realidad, Sancho está principalmente preocupado por su panza, hasta el punto que pregunta a su amo sobre el jornal de los escuderos de los caballeros andantes. En otra parte Don Quijote dice: “debería haber recordado, por experiencia, que la palabra de un campesino está regulada no por el honor sino por el beneficio”.

La Iglesia

En los siglos XV y XVI la España católica estaba en la vanguardia de la reacción europea. Era la época de la Reforma -y la Contrarreforma-. La Sagrada Iglesia Romana estaba en el centro del orden establecido y luchaba ferozmente para defender su poder y privilegios contra el espíritu de la nueva época. En su batalla sangrienta por las almas de los hombres, las armas utilizadas no fueron los simples discursos sino la espada y el fuego. Se tomaron muy en serio las palabras de La Biblia: “No he llegado para traer la paz sino la espada”.

La Iglesia Católica Romana era todopoderosa en España -una realidad enfatizada por el hecho de que el Cardenal Cisneros se convirtió en regente después de la muerte de Fernando-. Sólo después de dos años en el gobierno nombró rey a Carlos, el nieto de los monarcas católicos Fernando e Isabel. Carlos comenzó una política centralizadora, parte de ella fue convertir a Madrid en capital, lo que fue continuado por su hijo Felipe II con la construcción de El Escorial en la sierra de Madrid, en la que incluso participó ocasionalmente con la supervisión de sus trabajos.

Era una sociedad dominada por el sacerdote. Esto llevó al establecimiento de la Inquisición y la Sociedad de Jesús (los jesuitas), fundada por el fanático vasco San Ignacio de Loyola como tropas de choque militantes de la Contrarreforma. Felipe II estaba tan dominado y obsesionado por la religión que fue incapaz de tomar la más mínima decisión política sin consultar primero con sus sacerdotes.

Madrid y las otras ciudades españolas estaban llenas de instituciones religiosas, iglesias, monasterios y conventos para las órdenes sagradas como las Descalzas, monjas descalzas que se mortificaban de la manera que indica su nombre. En la recién construida Plaza Mayor de Madrid, había todo tipo de juegos y espectáculos para el entretenimiento y edificación de la opinión pública, incluido el más espectacular de todos: el auto de fe. La religión impregnaba cada poro de la sociedad española sin producir ningún efecto evidente en la moral pública. Las órdenes inferiores, aunque exteriormente devotas, estaban obsesionadas con el fetichismo supersticioso que no hacía nada para inculcar un sentido de moderación en su conducta. Miles se reunían en la Plaza de la Cebada para escuchar los desvaríos de algunos frailes medio locos. La obsesión por la idolatría les inducía a raspar el yeso de los muros de las iglesias para guardarlos como reliquia.

Sin embargo, el ambiente dominante de fanatismo religioso no impidió la epidemia general de robo, violación, asesinato, peleas y duelos que estaban a la orden del día. Del reino de la miopía religiosa fanática de Felipe II al del disoluto Felipe IV, la inmoralidad alcanzó su cénit más espectacular. La propia Iglesia reflejaba la moral general de la época. Había casos de frailes implicados en robos, violaciones y asesinatos. Los duelos se producían cada día por docenas. Por las noches las calles eran prácticamente intransitables, la iluminación de la ciudad estaba limitada a esas lámparas que parpadeaban ante las imágenes de las vírgenes y santos en los muros exteriores de las casas.

La Iglesia, que supuestamente debía actuar como el guardián de la moral pública, en realidad era un semillero de intriga política. Su insistencia fanática en el sostenimiento por cualquier medio de la supuesta pureza doctrinal de la Iglesia era en realidad un medio de fortalecer el control de la Iglesia sobre cada uno de los aspectos de la vida y del comportamiento humanos. Esta dictadura espiritual, apoyada por la Inquisición -la Gestapo de la Edad Media- era sólo otra manifestación del estado burocrático que gobernaba España y que presidía sus ruinas.

La intolerancia y el fanatismo estaban a la orden del día. Después de la conquista de Granada, los musulmanes fueron obligados a convertirse o si no debían abandonar España. Muchos se convirtieron para seguir en su hogar, pero fueron sometidos a todo tipo de restricciones molestas y controles bajo la mirada escrutadora de la Inquisición. Llegaron incluso hasta obligar a cada familia morisca a mantener un jamón colgado en la cocina, e incluso crearon una “policía del jamón” que inspeccionaba la cuestión antes mencionada a intervalos regulares para garantizar que se consumía entero. En Don Quijote, Cervantes se atreve a hablar con simpatía de los moriscos.

Cuando Don Quijote pronuncia las famosas palabras a Sancho: “Con la Iglesia hemos topado, Sancho”, creó una expresión que se convirtió casi en un refrán popular en España. Mientras Don Quijote estaba bastante dispuesto para atacar a los molinos de viento, tenía que pensárselo dos veces para enfrentarse a la Iglesia. Por supuesto, en una época en que la Inquisición quemaba a hombres y mujeres por las ofensas más triviales, Cervantes tenía que andar con cuidado y cubrirse las espaldas con declaraciones de su fe. Pero está muy claro que su actitud, al menos hacia la religión organizada, era crítica, si no abiertamente hostil. Si se lee Don Quijote cuidadosamente, es inmediatamente evidente que las críticas a la Iglesia aparecen como un hilo rojo a través de todo el libro.

En el capítulo cinco la sobrina de Don Quijote dice: “Más yo me tengo la culpa de todo, que no avisé a vuestras mercedes de los disparates de mi señor tío, para que lo remediaran antes de llegar a lo que ha llegado, y quemaran todos estos descomulgados libros, que tiene muchos, que bien merecen ser abrasados como si fuesen herejes”. Esto se lleva a cabo debidamente en otro capítulo, cuando uno por uno los libros de Don Quijote son lanzados a las llamas:

Aquella noche quemó y abrasó el ama cuantos libros había en el corral y en toda la casa, y tales debieron de arder que algunos merecían guardarse en perpetuos archivos, más no lo permitió la suerte ni la pereza del escrutiñador, y así se cumplió el refrán en ellos de que pagan a las veces justos por pecadores”.

Esto es muy claramente una parodia de los autos de fe de la Inquisición que llenaban las plazas centrales de las ciudades españolas con el hedor de la carne ardiendo. En estas ceremonias brutales a menudo era el inocente el que sufría, mientras el culpable presidía el espectáculo. En otras ocasiones, Don Quijote también habla con mordaz desprecio sobre la Iglesia. En la época donde la Santa Inquisición tenía el poder absoluto sobre la vida y la muerte, era muy valiente, incluso temerario, adoptar esa actitud. En el capítulo XIII alguien dice que los monjes cartujos también vivían una vida austera como los caballeros andantes: “Tan estrecha bien podía ser -respondió Don Quijote-, pero tan necesaria en el mundo no estoy en dos dedos de ponello en duda”.

Un espíritu rebelde

Leyendo entre líneas es posible detectar elementos de crítica social en casi cada página de Don Quijote. El espíritu de rebelión está presente desde el mismo principio. En el prólogo del autor leemos:

Ni eres su pariente ni su amigo, y tienes tu alma en tu cuerpo y tu libre albedrío como el más pintado, y estás en tu casa, donde eres señor de ella, como el rey de sus alcabalas, y sabes lo que comúnmente se dice, que debajo de mi manto, al rey mato. Todo lo cual te exenta y hace libre de todo respecto y obligación; y así, puedes decir de la historia todo aquello que te pareciere, sin temor que te calumnien por el mal ni te premien por el bien que dijeres de ella”.

Don Quijote también es un comunista instintivo. En su discurso a algunos cabreros incrédulos habla de una edad dorada en un tiempo pasado y lejano, cuando todas las cosas eran de propiedad común:

Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes; a nadie le era necesario para alcanzar su ordinario sustento tomar otro trabajo que alzar la mano y alcanzarle las robustas encinas, que libremente les estaban convidando con su dulce y sazonado fruto”.

Él contrasta esta edad dorada cuando todas las cosas eran propiedad común con la presente época en la que el dinero y la concupiscencia determinan cada aspecto de la vida y del pensamiento:

Y ahora, en estos nuestros detestables siglos, nadie está seguro, aunque se oculte y cierre en otro nuevo laberinto, como el de Creta; porque allí, por los resquicios o por el aire, con el celo de la maldita solicitud se les entra la amorosa pestilencia y les hace dar con todo su recogimiento al traste. Para cuya seguridad, andando más los tiempos y creciendo más la malicia, se instituyó la orden de los caballeros andantes, para defender las doncellas, amparar las viudas y socorrer a los huérfanos y a los menesterosos. De esta orden soy yo, hermanos cabreros, a quienes agradezco el agasaje y buen acogimiento que hacéis a mí y a mi escudero. Que, aunque por ley natural están todos los que viven obligados a favorecer a los caballeros andantes, todavía, por saber que sin saber vosotros esta obligación, me acogisteis y regalasteis, es razón que, con la voluntad a mí posible, os agradezca la vuestra” (Cap. 12).

Fue un golpe maestro de Cervantes poner lo que sería una muy atrevida crítica social en boca de un loco. Todo revolucionario en la historia ha sido considerado un loco por sus contemporáneos. Para la mayoría de las personas es racional aceptar el status quo y aquél que no acepta el orden existente es irracional -loco- por definición.

Hegel escribió: “Todo lo que es real es racional y todo lo que es racional es real”. Y esa frase ha sido tomada como una justificación absoluta del status quo. Pero Engels explica que para Hegel no todo lo que existe también es real, sin más calificación. Para Hegel el atributo de realidad pertenece sólo a lo que al mismo tiempo es necesario. “En el curso de su desarrollo la realidad demuestra ser una necesidad”.

Lo que es necesario también se demuestra, en última instancia, como algo racional.

Sobra decir que para un marxista todo lo que existe lo hace por alguna necesidad. Pero las cosas cambian, evolucionan, se modifican y engendran constantemente contradicciones internas que finalmente llevan a su destrucción. Por lo tanto, pierden la cualidad de necesidad y entran en contradicción con ella. El terreno comienza a moverse bajo los pies del orden establecido. Aquellas personas que se consideran los más realistas ahora se convierten en el peor tipo de utópicos reaccionarios, mientras que aquéllos que eran considerados como soñadores y locos, se convierten en las únicas personas cuerdas de un mundo que se ha vuelto loco.

En un período histórico en el que un sistema socioeconómico caduco está en declive, la ideología, la moralidad, los valores y la religión que anteriormente eran el pegamento que mantenía unida a la sociedad, pierden su poder de atracción. Las viejas ideas y valores se convierten en objeto de ridículo. Las personas que se aferran a ellos se convierten en objeto de burla, como Don Quijote. La naturaleza relativamente histórica de la moralidad se hace evidente. Lo que era malo se vuelve bueno, lo que era bueno se vuelve malo.

El largo e ignominioso declive de España

El descubrimiento de América, que al principio fortaleció y enriqueció a España, se volvió pronto contra ella. Las grandes rutas comerciales se apartaron de la Península Ibérica. Holanda, enriquecida, tomó la delantera a España. Después de Holanda fue Inglaterra quien adquirió una posición aventajada sobre el resto de Europa. Era la segunda mitad del siglo XVI, España se aproximaba a la decadencia. Después de la destrucción de la Armada Invencible (1588), esta decadencia revistió -por así decirlo- un carácter oficial. Nos referimos al advenimiento de ese estado de feudalismo burgués en España que Marx llamó ‘la putrefacción lenta y sin gloria’”. (Trotsky. La revolución española y las tareas de los comunistas. 24 de enero de 1931).

Por debajo de la superficie de toda la brillantez de las conquistas de España, los cimientos de este edificio imponente ya estaban desmoronándose. Todo el tejido de la sociedad estaba corrompido. A pesar de la peligrosa situación de las finanzas españolas, se decidió reanudar la guerra con Holanda. Para conseguir un ejército de mercenarios en España y Alemania, el Tesoro acuñó moneda falsa en forma de vellón, una medida que llevó inevitablemente a una explosión de la inflación. El colapso final llegó lenta e ignominiosamente.

No sólo se devaluó la moneda. La monarquía estaba totalmente corrupta y la corte no era otra cosa que un pozo negro de inmoralidad y vicio. En el reinado de Felipe IV la inmoralidad de la corte española alcanzó niveles escandalosos. El propio monarca, cuando no estaba ocupado cazando en El Pardo, El Escorial y Aranjuez, se pasaba el tiempo en numerosos asuntos amorosos y se rodeó de un auténtico ejército de meretrices, amantes e hijos ilegítimos. Fue padre de numerosos hijos ilegítimos, el más famoso fue Don Juan José de Austria, a quién engendró con una famosa actriz cómica conocida como La Caldonera. La reina, por su parte, no mantenía en secreto a su amante: el Conde de Villamedina.

Como potencia dirigente de la Contrarreforma, España estaba mirando atrás, intentaba detener el flujo de la historia, aplicando una política quijotesca. Y como Don Quijote, no consiguió detener el reloj, sino sólo condenarse al declive, la derrota y la decadencia a todos los niveles. España ya era un gigante con pies de barro y sus aventuras militares en los Países Bajos fueron el golpe del último clavo en su ataúd. En un breve espacio de tiempo Holanda se liberó del abrazo mortal de España, que pronto se encontró siendo la víctima de una agresión militar exterior, humillada y aplastada por las naciones que anteriormente habían sido sus inferiores.

La Inquisición se había convertido en todopoderosa, presidiendo un reinado de terror, basado en los métodos habituales de la tortura y las hogueras. En 1680 la Plaza Mayor de Madrid fue el escenario del auto de fe más espectacular. El hedor de la carne quemada envenenó el alma y pervirtió la mente de España. El oscurantismo penetró en los más altos niveles del Estado. Este ambiente reinante se reflejó en el arte de ese período, un arte que, con unas pocas excepciones destacables, estaba impregnado con un espíritu de fanatismo miope y sin sentido.

El declive de España es una ilustración gráfica de cómo una sociedad que es incapaz de desarrollar las fuerzas productivas puede caer víctima de su propio éxito. “El orgullo llega antes de la caída” dice un refrán. La arrogancia de la España imperial tiene un homólogo moderno en la arrogancia de EEUU hoy. Igual que España era la nación más poderosa y rica de la tierra en el siglo XVI, EEUU lo es hoy. Igual que España era el centro neurálgico de la contrarrevolución mundial entonces, EEUU lo es hoy. Igual que España se excedió en aventuras militares extranjeras que agotaron su fuerza y vaciaron sus arcas, EEUU está sobrepasándose hoy a escala mundial.

Los paralelismos son obvios y se extienden a la esfera de la ideología y la religión. George W. Bush es un fanático religioso miope, como lo era Felipe II, y cada acto está determinado para establecer una dominación mundial absoluta. Estos paralelismos no son causalidad. Estamos viviendo un período de gran cambio histórico, un período de transición, similar al final del siglo XVI. Pero mientras que en aquella época el mundo estaba presenciando el desmoronamiento del feudalismo y el movimiento irresistible hacia el capitalismo, ahora estamos viendo la agonía mortal del capitalismo y un movimiento igualmente irresistible hacia una nueva sociedad que nosotros llamamos socialismo.

Aquellos que tienen el valor de decirlo son calificados de utópicos, soñadores y locos. Los que compartimos ese honor con Don Quijote, nos encontramos tan poco cómodos en el mundo del capitalismo como nuestro ilustre antepasado. Pero a diferencia de él, no buscamos dar marcha atrás al reloj o regresar a una edad dorada que nunca existió. Todo lo contrario, deseamos fervientemente avanzar hacia una nueva fase y cualitativamente superior de desarrollo humano.

No tenemos necesidad de sueños e ilusiones, preferimos mantener los pies sobre la tierra. En ese aspecto, al menos, estamos más en la tradición de ese gran proletario de gran corazón y con sentido común que era Sancho Panza. Pero compartimos con el caballero de La Mancha un feroz odio hacia la injusticia en todas sus formas. Compartimos su capacidad de elevarse por encima de la miope pequeñez del filisteísmo burgués, para desear un mundo mejor al que vivimos ahora, e igualmente compartimos su valor de luchar para cambiarlo.

15 de julio de 2005

Carta que los Cordones Industriales dirigieron a Salvador Allende, seis días antes del Golpe Militar

En la actualidad, varios de los principales responsables políticos de la derrota de la Unidad Popular, entregan sesudos análisis de por qué fracaso el proceso de “socialismo a la chilena”. En la mayoría de estos análisis se responsabiliza a los trabajadores del desastre, o bien en el mejor de los casos,  concluyen que la”situación objetiva” impedía realizar los avances necesarios.

Esta carta, entregada poco antes del golpe, viene a poner las cosas en su sitio: la capitulación reformista a la institucionalidad burguesa condujo fatalmente al triunfo de la contrarrevolución y si la clase obrera no pudo hacer su propia revolución, sobre las cenizas del orden burgués, ello se debió prioritariamente a la ausencia de un partido revolucionario. 

 Santiago, 5 de septiembre de 1973.

A SU EXCELENCIA EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, COMPAÑERO SALVADOR ALLENDE: Seguir leyendo Carta que los Cordones Industriales dirigieron a Salvador Allende, seis días antes del Golpe Militar

Septiembre, la Unidad Popular y Allende

por Ibán de Rementería//

Septiembre es el mes de la patria, pero también es el mes de la otra memoria, de la memoria popular de su triunfo y de su derrota, es el 4 de septiembre y es el  11 de septiembre, inseparables  en nuestra memoria. El 4 de septiembre de 1970 triunfó la Unidad Popular, tres años después, el 4 de septiembre de 1973, según las agencias internacionales de noticias, desfiló conmemorando el tercer aniversario del Gobierno de la Unidad Popular un millón de chilenas y chilenos, dándole así a Salvador Allende el mayor espaldarazo de masas jamás conocido hasta ahora en la historia de Chile. Una semana después el Palacio de la Moneda es tomado por asalto luego de un intenso bombardeo aéreo por las Fuerzas Armadas traidoras a la República de Chile. Allende prefiere la muerte a entregarse a los traidores y los defensores de la Moneda, debidamente rendidos, son asesinados de manera salvaje indicando así cual sería la impronta terrorista de la política nacional de la Dictadura Militar. Seguir leyendo Septiembre, la Unidad Popular y Allende

80º aniversario del Guernica: arte y revolución.

«¿Qué cree usted que es un artista? ¿Un imbécil que sólo tiene ojos si es pintor, oídos si es músico, una lira que ocupa todo su corazón si es poeta, o incluso sólo músculos si es boxeador? Por el contrario, es un ser político, constantemente consciente de los acontecimientos estremecedores, airados o afortunados a los que responde de todas maneras. ¿Cómo sería posible disociarse de otros hombres; en virtud de qué indiferencia de marfil debes alejarte de la vida que tan abundantemente te proporcionan? No, la pintura no se hace para decorar apartamentos. Es un instrumento para la guerra ofensiva y defensiva contra el enemigo”.

Pablo Picasso, Les Lettres Françaises. Marzo de 1945

 

En junio de este año se cumplió el 80º aniversario de una de las obras de arte más importantes del siglo XX: el Guernica, de Pablo Picasso.

Sin duda, se trata de una obra icónica contra la barbarie de la guerra pero no de “cualquier guerra”, como les gusta afirmar a los especialistas amancebados del establishment, sino contra las guerras de los poderosos que persiguen la opresión, la esclavización y el asesinato en masa de la gente común y corriente.

En enero de 1937, en plena guerra civil, el gobierno de la República española encargó a Pablo Picasso una obra de gran formato para ser exhibida en el Pabellón de España de la Exposición Mundial de París, que debía celebrarse en el mes de junio.  El cometido del gobierno español era utilizar esta exposición como un alegato en defensa de la España republicana.

Durante meses, Picasso, que atravesaba en aquel momento una fase depresiva en su labor creativa, trató de buscar en vano una imagen que le inspirara y que estuviera a la altura de lo que él consideraba que debía expresar el cuadro.

El bombardeo de Guernica

El 26 de abril de 1937, el ejército franquista del norte peninsular, bajo la dirección de los generales Mola y Kindelán,  encargó al Alto Comando Alemán el bombardeo aéreo de la ciudad vasca de Guernica, de unos 10.000 habitantes. El bombardeo fue llevado a cabo por la Legión Cóndor alemana, con apoyo de la aviación italiana.

Es ya conocido que la aviación alemana diseñó este bombardeo como un ensayo para posteriores bombardeos en la guerra mundial que se avecinaba, utilizando para ello los bombarderos Junker y Heinkel, que lanzaron cerca de 40 toneladas de bombas destructivas e incendiarias, algunas de hasta 250 kilos. Esto fue completado con el ametrallamiento desde el aire de la población que corría despavorida para ocultarse en los refugios y en los campos colindantes.

El bombardeo duró 3 horas, en oleadas regulares. El 85% de la ciudad quedó devastada. La cifra exacta de muertos oscila, según las fuentes, desde varios cientos hasta más de 1.000. Como en los bombardeos anteriores de las ciudades vascas de Eibar y Durango, el cometido era llevar el terror a la población civil, pero también había un elemento político en la elección de Guernica como objetivo militar, al hospedar los símbolos más importantes del pueblo vasco, como la Casa de Juntas y el roble centenario, símbolo de las libertades vascas.

Las noticias del bombardeo de Guernica y las fotografías de la matanza y devastación fueron reproducidas por la prensa europea en los días siguientes. Picasso quedó conmocionado por la magnitud de la masacre y las imágenes. La inspiración para su obra, que había permanecido comprimida en los pliegues ocultos de su cerebro durante meses, se desató explosivamente con una fuerza telúrica. El 1 de mayo realizó el primer esbozo de la obra, y tras 35 días de una labor frenética pudo presentarla a tiempo al mundo para que fuera exhibida en la Exposición.

Picasso era consciente de que estaba creando una obra imperecedera. El impacto de la misma fue enorme, y recibió una aclamación unánime. Después de la Exposición, el cuadro realizó una gira itinerante por media Europa, como instrumento de propaganda a favor de la República española. En mayo de 1939, la pintura fue embarcada hacia Nueva York, en un traslado auspiciado por el Museo de Arte Moderno (MOMA), para recaudar fondos para los refugiados republicanos españoles. En EEUU, el cuadro fue exhibido en nuevas giras por todo el país, hasta que a mediados de los años 40 quedó definitivamente expuesto en el MOMA. 

El Guernica es una de las expresiones más elevadas del arte comprometido políticamente, que nada tiene que ver con el arte de propaganda. El Guernica es Arte con mayúsculas porque, como dice Alan Woods, tiene algo que decirnos, no es meramente una obra para admirar de un instante congelado, sino que suscita emociones en el espectador que le obligan a tomar conciencia y partido sobre un hecho, sobre una idea.

Contra el “revisionismo” del Guernica

Ocurre frecuentemente con las obras de arte que simbolizan el compromiso político, lo mismo que con los hechos históricos o los personajes revolucionarios, y es que pasado el tiempo se los trata como iconos inofensivos, castrando su contenido revolucionario. De la misma manera, se oculta frecuentemente la militancia comunista de Picasso.

Así, Paloma Esteban Leal, conservadora del Museo Reina Sofía de Madrid –donde está instalado el Guernica– comentaba hace unos años en una entrevista para el diario español El Mundo:

«En ‘Guernica’ no hay bombas, ni aviones, ni nada por el estilo porque no es una guerra u otra guerra, ni ésta ni aquélla; es la manera en que Picasso muestra su rechazo a cualquier tipo de violencia de la guerra» (http://www.elmundo.es/ especiales/2011/10/cultura/guernica/grito.html).

No es casual que los críticos convencionales de arte traten de castrar el contenido concreto de esta obra, la masacre de la población de Guernica por el fascismo. Al presentarla como un mero lloriqueo “pacifista”, matan su verdadero mensaje que es la denuncia militante del militarismo opresor.

Despojar a una obra de arte, particularmente de arte comprometido, de su contenido concreto es una falsificación artística e histórica ¿Cómo separar el gran antecedente del Guernica, el gran cuadro de Goya “Los fusilamiento del 3 de mayo”, de los hechos que le dieron la vida: la brutal ocupación napoleónica, y el levantamiento popular de Madrid? Lo que estas grandes obras de arte tienen de general, de simbolismo para otras experiencias humanas, parte precisamente de los hechos concretos en que están inspiradas. Algo que nunca podrá alcanzar una obra que exponga el motivo de la guerra “en general”.

22g“Los fusilamientos del 3 de mayo”, de Goya

En la misma línea, el Museo Reina Sofía ha diseñado una exposición para conmemorar este 80º aniversario que se llama: “Piedad y terror en Picasso: el camino a Guernica”, donde se exhiben obras de Picasso desde 1924 con motivos de guerra y violencia que, supuestamente, le habrían ayudado a inspirarle el Guernica. Lo escandaloso de esta exposición es que ¡no contiene ni una sola referencia a la guerra civil española ni al bombardeo de Guernica!

El objetivo es similar al que señalamos antes, no mostrar la inspiración del Guernica en la barbarie fascista, sino en obras anteriores del artista, como si estuviéramos ante una expresión del “arte por el arte”, en lugar del arte por la vida. Ideas similares han venido a plantear numerosos “especialistas”, señalando que algunas de las figuras del Guernica se inspiran en cuadros de Girolamo Mirola, de Rubens, o en imágenes de la película “Adiós a las armas” de Frank Borzage ¡Algunos han llegado al punto de ver en el Guernica un trasfondo psicológico de la turbulenta vida afectiva del pintor!

Afortunadamente, el propio Pablo Picasso respondió por adelantado a estos “críticos”, cuando declaró en una entrevista mientras trabajaba en su obra:

“La guerra española es la lucha de la reacción contra el pueblo, contra la libertad. Toda mi vida como artista no ha sido más que una lucha continua contra la reacción y la muerte del arte. ¿Cómo podría alguien pensar por un momento que podría estar de acuerdo con la reacción y la muerte?… En el panel sobre el que estoy trabajando, que llamaré “Guernica”, y en todas mis recientes obras de arte, expreso claramente mi aborrecimiento por la casta militar que ha hundido a España en un océano de dolor y muerte”.

Por si hiciera falta una palabra final sobre el carácter “político” del Guernica, baste decir que Picasso dejó por escrito su mandato –ya que nunca cedió la propiedad del cuadro– de que el Guernica sólo residiera en España cuando fueran restablecidas las libertades políticas, y no fue hasta 1981 que el cuadro quedó instalado en el país.

El simbolismo del Guernica

Aunque Picasso rechazaba con desdén estar en la obligación de “descifrar” el contenido concreto de sus obras, algo que consideraba indigno como artista, no podemos dejar de resaltar aquí el simbolismo de esta obra que tanto impacto ha provocado durante varias generaciones. A este respecto, mucho se ha escrito y dicho, y sólo reflejaremos unos cuantos apuntes.

Lo primero que capta nuestra atención es la ausencia de colores vivos, sólo el blanco y el negro matizados por los grises, el reflejo de la guerra, la desolación y la barbarie. La escena fundamental del cuadro recurre a un motivo profundamente español, como es la corrida de toros. El toro, impasible e inexpresivo, ubicado a la izquierda, representa la Bestia, que se yergue vencedora sobre el pueblo, representado por el torero que yace agonizante con su cuerpo destrozado y su espada rota, aunque su mano se aferra a una flor, que simboliza la vida. El caballo del “picador”, que ocupa el centro, aparece ensartado por una lanza, relincha de dolor y de injusticia con su cabeza y expresión desencajada vuelta hacia el toro. Debajo de este, una madre grita desgarradoramente al toro con su hijo muerto en sus brazos. A la derecha, devorada por el fuego, una figura humana –claramente inspirada en el “fusilado” del famoso cuadro de Goya que antes mencionamos– levanta sus brazos en señal de injusticia.

Dos mujeres se apresuran hacia el caballo y hacia el centro del cuadro, una extiende el brazo por encima de la cabeza sosteniendo una vela iluminando el alboroto, mientras la otra, semierguida y con sus piernas quebradas, parece suplicar.

Arriba en el centro, la bombilla eléctrica en forma de ojo y sol, es el testigo de la barbarie, que se encarga de ver para el resto del mundo, para que el crimen quede registrado.

El Guernica: Un llamamiento para la acción

El capitalismo es horror sin fin. Multitud de Guernicas han tenido lugar décadas después: en la 2ª Guerra Mundial, en Vietnam, Irak, Siria, Palestina, y otros sitios. Como dice Alan Woods: “El objetivo del gran arte no es entretener, no es sólo mostrar de una manera superficial y neutral, sino penetrar debajo de la superficie y exponer la realidad que reside debajo”. El Guernica nos sigue conmoviendo porque refleja la realidad actual del capitalismo. También es un manifiesto, un llamamiento de atención sobre lo que nos destina el capitalismo si no es derribado.

Pero otro mundo está pugnando por nacer, un mundo socialista sin guerras, explotación ni opresión. El Guernica debe inspirarnos para hacerlo realidad

Miguel Enríquez entrevistado por Marta Harnecker días antes del golpe militar de 1973

Revista Chile Hoy Nº 59, 27 de julio-2 de agosto 1973

En esta entrevista a días del golpe militar, Miguel lanza un llamado a la unidad de la izquierda, advierte sobre los militares golpistas. La revista ‘Chile Hoy’ pertenecía al PS, corrían malos vientos para el gobierno de la Unidad Popular, su capitulación estaba sellada, los sectores reformistas habían impulsado la desmovilización de los trabajadores. Esa aspiración del PC de establecer alianza con la democracia cristiana (DC) se había hecho una vergonzosa realidad. Meses después, en octubre de 1973, Miguel en la clandestinidad se refería que la derrota no era del socialismo, sino de quienes impulsaron el modelo reformista y que arrastraron al compañero Allende a claudicar Seguir leyendo Miguel Enríquez entrevistado por Marta Harnecker días antes del golpe militar de 1973

¿Brotes verdes en la economía?: algunas interrogantes

por Albert Recio//

I

Oficialmente, la crisis ha terminado. Al menos, es lo que argumenta la versión oficial sobre la base de considerar que el nivel alcanzado por el PIB del segundo semestre de 2017 supera al del segundo semestre de 2008, cuando se considera que empezó el desastre.

Pero ya se sabe que el PIB es una medida poco fiable de la realidad económica. Convertir toda la enorme variedad de actividades económicas en una sola cifra exige adoptar un número tan grande de convenciones técnicas (y decisiones políticas) que pueden hacer variar el volumen del PIB con relativa facilidad. Sin perder de vista las actividades sociales útiles que el PIB no contempla, así como su ignorancia de los efectos negativos de la actividad económica convencional sobre el fondo natural del planeta y sobre las condiciones de vida. Hay consciencia creciente de lo inadecuado de esta medida, pero el discurso oficial sigue aferrado a viejas ideas y por eso se sigue tomando está cifra mágica como eje de la evaluación económica. Y, como la cifra da ahora un nivel parecido al de hace nueve años, pues ya podemos decretar el final de la crisis.

Ante tamaño anuncio propongo un ejercicio simple, de corte convencional. Comparar una serie de estadísticas económicas del momento de inicio de la crisis (la culminación de un período de auge) con la situación actual. Y ver en qué medida podemos pensar que simplemente se ha salido de una crisis profunda, de la misma forma que una persona se considera restablecida de una enfermedad cuando una serie de análisis indican que ha recuperado los parámetros anteriores a la misma.

II

Podemos empezar por la crítica más conocida. La recuperación económica no ha recuperado los niveles de empleo y, además, el nuevo empleo creado es peor que el destruido en términos de condiciones laborales, salarios etc.

Basta tomar unas pocas variables para constatar que esta evaluación es cierta.

La Encuesta de Población Activa ofrece unos datos contundentes: entre el segundo semestre de 2008 y el segundo de 2017 la población activa (la que esta empleada o busca empleo) se ha reducido en 305 000 personas, se han destruido 1,83 millones de empleo y el número de personas desempleadas ha aumentado en más de un millón y medio. Es decir, más paro, menos empleo y más personas desanimadas que han dejado de buscar.

La destrucción de empleo se ha producido tanto en el empleo asalariado como en el no asalariado en proporciones parecidas. Al final del período, la tasa de asalarización ha crecido ligeramente, menos de un 1 por ciento (pasando de 82,5 a 83,4 %). O sea que en conjunto hay una ligera mayor proporción de asalariados que de no asalariados, algo que no se corresponde con la percepción extendida que estamos asistiendo a la explosión del empleo autónomo.

Si de la cantidad pasamos a la calidad, las dos medidas que podemos utilizar son el peso del empleo a tiempo parcial y el del empleo temporal. Aunque puede haber muchas razones por las que una persona decida trabajar pocas horas, en general el empleo a tiempo parcial va asociado a niveles de ingresos bajos y a empleos situados en la parte inferior de la pirámide ocupacional (en términos de salarios, reconocimiento, posibilidades de carrera etc.). El empleo a tiempo parcial ha crecido, pasando del 11,7 % de todos los empleos al 15,2 %. Pero aquí las diferencias se agudizan si se considera tanto el estatus profesional como el género. Mientras que, en conjunto, el empleo a tiempo parcial de los asalariados ha pasado del 12,1 % al 16,5 % del total, el de los no asalariados se ha reducido del 10% al 8,5 %. El empleo a tiempo parcial representa el 26 % del empleo asalariado femenino frente a solo el 7,8 % para los hombres, aunque en ambos casos se experimentan aumentos porcentuales parecidos.

Solo los datos del empleo temporal podrían indicar una mejoría en la calidad del empleo. El porcentaje de empleo temporal se ha reducido en 2,5 puntos entre los dos períodos estudiados (del 29,3 % al 26,8 %), pero hay que ser cautos con esta evaluación. Al principio de la crisis había mucho empleo en la construcción, el sector donde el empleo temporal es siempre más elevado. Más bien lo que muestran estos datos que el empleo temporal está enquistado en el mercado laboral español, y esto a pesar de las diversas reformas laborales que ha debilitado de forma sustancial la protección al empleo, que para los economistas y políticos neoliberales es la razón que explica el crecimiento del empleo temporal.

Analizar el impacto de estos cambios en los salarios es más complicado por las propias limitaciones de las estadísticas salariales. Ya me ocupé de ello en una nota anterior (“Empleo y condiciones de trabajo en la recuperación”, mientrastanto, febrero de 2017). Hay evidencias que indican no sólo que los salarios se han moderado sino que esta moderación se ha centrado fundamentalmente en los niveles salariales más bajos. Las huelgas de las subcontratas de los aeropuertos, el movimiento de las kellys o de los autónomos de Deliveroo es una respuesta combativa a esta degradación laboral que las estadísticas recogen sólo parcialmente.

Con todo, algunos datos son contundentes. El peso de las rentas salariales en el PIB ha decrecido en casi 3 puntos (pasando del 49,8 % al 46,9 % entre 2008 y 2017). Es notorio poner en relación este dato con la tasa de asalarización a la que me he referido anteriormente, y que indica un aumento del peso de los asalariados de 1 %. Es decir, que una proporción mayor de personas activas se reparten una proporción sustancialmente inferior de la renta total.

La Encuesta de Condiciones de Vida, por su parte, es un buen indicador de esta degradación de los ingresos y las condiciones de vida de una parte de la población, con el aumento a lo largo del período del porcentaje de población en riesgo de pobreza (del 19,8 % al 22,5 %) y del que está en riesgo de pobreza y exclusión (que pasa del 23,8 % al 27,9 %). Este último indicador suma a la pobreza monetaria la exclusión del mercado laboral. Quizás tan significativo como estos datos resulta el análisis de la distribución de la renta que incluye la encuesta. La población se clasifica por deciles, el primer decil lo forman el 10 % de personas con menores ingresos, mientras que el 10º decil lo forman el 10 % de los que ganan más. Una cuestión interesante es analizar en qué cantidad de ingresos se producen los cortes. Cuando se consulta este dato se observa que para los 8 primeros deciles (80 % de la población) el punto de corte se produce a un nivel de ingresos sustancialmente inferior al de hace 8 años. Por ejemplo en 2008 el 10 % más pobre eran personas cuyos ingresos no alcanzaban los 6255 € al año; en la última entrega (2016) el corte se sitúa en 5297 €, o sea casi mil euros menos que hace ocho años. El porcentaje de reducción es mayor en los deciles inferiores, pero sólo en el 9 y el 10 el punto de corte es superior. Más pobreza y más desigualdad. La recuperación sólo funciona para unos pocos.

III

El impacto social negativo de las políticas aplicadas en la crisis es evidente. Y justifica las críticas a las políticas de austeridad. Pero sus autores mantienen una posición que los hace inmunes a las mismas: gracias a estas políticas se ha producido la recuperación y se han sentado unas bases sólidas para seguir creciendo y recuperar también empleo de calidad. Por eso conviene ver si realmente esta recuperación es realmente tan sólida, si se han aplicado reformas que han reforzado las estructuras productivas del país. Cuando empezó la crisis, la economía española mostraba enormes problemas que en el plano macroeconómico se concretaban en un tremendo déficit exterior y en un consiguiente endeudamiento externo.

El déficit exterior es un reflejo en parte de la estructura productiva de un país y de su estructura de consumo. Un país autárquico equilibrado permitiría satisfacer todas sus necesidades sin intercambio con el exterior. No hay evidencias de que tales países existan, pues la mayoría de países tienen relaciones con el exterior y el equilibrio refleja que el país produce una serie de bienes y servicios que vende en parte fuera para comprar en cambio aquello que no produce. En la práctica, muchos países no logran este equilibrio, y aquí nacen problemas para ellos mismos y para el conjunto de la economía mundial. Cuando empezó la crisis, España tenía un enorme déficit exterior, del orden del 6 % del PIB (básicamente debido al enorme desequilibrio en la balanza de bienes). En cambio, en los últimos trimestres existe un superávit superior al 2 %. Esto parece justificar a los que han defendido que el ajuste salarial era imprescindible para ganar competitividad y que el sacrificio salarial es la base de la recuperación.

Analizadas al detalle, las cosas son bastante más complejas. De una parte, el superávit se ha producido fundamentalmente por dos cuestiones: la enorme caída del precio del petróleo —el elemento más importante en la creación del déficit comercial—, y el fuerte aumento de los ingresos por turismo. Es cierto que se han producido mejoras en todos los sectores de especialización, y que ha aumentado el volumen de exportaciones. Pero esto puede deberse a múltiples causas: desde una reducción de importaciones de productos extranjeros más caros por la crisis al simple relanzamiento del mercado automovilístico, que constituye el principal producto de exportación, y cuya dinámica depende de las lógicas productivas de las grandes multinacionales del sector (y donde los costes salariales españoles ya eran sustancialmente inferiores antes de la crisis). Cuando se analiza la evolución de la estructura del PIB y del empleo no se advierte que se haya producido un cambio estructural profundo en el área productiva. El sector manufacturero ha seguido perdiendo empleo y peso. El turismo se ha reforzado en cambio como la gran “industria” nacional que nos convierte en un exportador de “materias primas” particular. Que la situación no ha cambiado mucho lo expresan los datos de la estructura del PIB: en los últimos trimestres, a medida que la recuperación se acelera, se está debilitando el superávit exterior y crece el déficit comercial. Cualquier aumento serio de los precios de los combustibles puede volver a generar enormes dificultades.

El otro gran problema era el elevado grado de endeudamiento de la economía española. Al inicio de la crisis, éste era fundamentalmente privado, de las familias y sobre todo de las empresas. Parte del ajuste, especialmente el plan de salvamento del sector financiero, consistió en transformar deuda privada en pública. Las cifras de deuda exterior (pública y privada) y de deuda pública ofrecen un panorama peligroso. Las cifras del segundo semestre de 2017 indican que la deuda exterior de España ha alcanzado un record en términos absolutos (1,91 billones de euros) y se sitúa ligeramente por debajo de su máximo histórico en términos relativos (un 170 % del PIB frente a un 174,6 % de máximo en 2010). Aún en términos netos (descontando los activos financieros españoles en el exterior) se sitúa en el 86,5 %, lo que supone un nivel de endeudamiento elevado. Si esta situación no se traduce en una grave tensión es fundamentalmente por la política monetaria del Banco Central Europeo, que ha generado una enorme liquidez y ha comprado ingentes cantidades de deuda. Pero un cambio en las políticas del BCE por cualquier tipo de razón puede poner a España en una situación de alta presión y en nuevas exigencias de ajustes insoportables. Por su parte, la deuda pública, tras los generosos planes de ayuda al sector privado, se sitúa en el torno del 100 % del PIB, sólo soportable en el contexto de bajos tipos de interés. Las políticas de austeridad no se han traducido en una reducción sustancial de la deuda, como se ha propugnado, sino todo lo contrario. El endeudamiento es endémico en el capitalismo actual por los desajustes que genera el modelo y por la enorme proliferación de mecanismos financieros que promueven su expansión.

No hay por tanto ninguna evidencia sólida que indique que realmente se ha producido un cambio en profundidad en el modelo productivo que justifique la promesa de una recuperación sólida que acabe con la pobreza y la precariedad. Son sólo circunstancias favorables —como el bajo precio de los combustibles, la política monetaria expansiva o el hiperdesarrollo turístico— las que han permitido generar una sensación de mejoría que, cuando menos, se presenta potencialmente inestable.

IV

La crisis económica de 2007 ha tenido graves costes sociales en nuestro país. Toda crisis los tiene, y las políticas aplicadas (en parte impuestas por los organismos internacionales, en parte promovidas gustosamente por las clases dirigentes locales) no han hecho más que agravar sus costes. Y han provocado cambios estructurales (como la reforma laboral, la liquidación de un sistema financiero para-público, los ajustes en servicios públicos básicos, la reforma inconclusa del sistema de pensiones…) que conducen a un modelo social de elevadas desigualdades y problemas recurrentes para enormes masas de población. No sorprende que, para algunos, la crisis sea vista como una cortina de humo para justificar estas políticas. Aunque sea un razonamiento inadecuado: la crisis es un producto normal del funcionamiento de una economía capitalista con tendencias al caos. Lo que ocurre es que una vez planteado el problema y el desastre, ha sido fácil para las élites aplicar las políticas más adecuadas a sus intereses (y más próximas al “sentido común” de sus intelectuales orgánicos).

La crisis, en gran parte resultado por el modelo de globalización neoliberal, curiosamente ha provocado un reforzamiento (con variantes) de la misma. En parte porque las élites no se han tenido que confrontar con una oposición que tuviera tanto fuerza social como ideas y proyectos mínimamente sólidos y estructurados. Veníamos de un largo período de derrotas y debilitamiento de los movimientos sociales, de las clases subalternas, y hemos sido incapaces de reconstruir a corto plazo una alternativa.

Lo más dramático es que, además de imponer medidas de un coste social brutal, no parece que las mismas hayan permitido superar los problemas macro y microeconómicos que están en la base de los problemas económicos convencionales de la economía española (desempleo, precariedad, déficit exterior, etc.). Y, por eso, las demandas de ajuste volverán a reaparecer en cuanto cambien los factores coyunturales que ahora dan un cierto respiro.

Cambiar el modelo productivo es más fácil de decir que de hacer en economías capitalistas, donde existen poderes económicos muy consolidados, donde las grandes empresas tienen dificultades para transformarse, donde las instituciones y poderes internacionales ejercen una presión desmesurada sobre las políticas locales… Y también en sociedades que han tratado de salir de la lógica capitalista y que tienen enormes dificultades para salir de sus viejas líneas de especialización, no sólo por la presión de los bloqueos externos. Y esta dificultad de cambio choca con la persistencia de problemas económicos de todo tipo: desequilibrios macroeconómicos, endeudamiento insoportable, paro, pobreza, desigualdad, degradación ambiental… Problemas que exigen transformaciones radicales. Transformaciones que demandan políticas bien pensadas, ideas y fuerzas sociales capaces de salir del marasmo en el que, digan lo que digan los voceros del poder, seguimos atrapados.

 

 

Unidad Popular: La Revolución Frustrada

por Antonio Calderón//

 
Hacia fines de los años sesenta en el cono sur de América comenzó un ascenso revolucionario de las luchas obreras y populares, que coincidió con el ascenso mundial de esos años. Este fue el telón de fondo de los procesos nacionalistas burgueses de Velasco Alvarado en el Perú, de Torres en Bolivia, de Allende y la Unidad Popular en Chile.
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¿A qué “género literario” pertenece El Capital de Marx?

por Manuel Sacristán//

«Leer El Capital», el título que Louis Althusser escogió hace unos tres años para presentar una colección de estudios, era una frase pensada provocativamente: como protesta contra la moda  del «joven Marx», contra la creciente tendencia a leer a Marx como puro filósofo. Pero «Leer El Capital»  es también problema dese otro punto de vista, fuera de apasionamientos por o contra una moda. Para evitar esos apasionamientos, y también por brevedad, el problema de la lectura de Marx se va a plantear aquí de forma no polémica.

Una de las características más peculiares de la literatura acerca de El Capital es la extremosidad de los juicios que suscita su lectura. Eso es muy sabido y no vale la pena insistir aquí sobre ello. Recordarlo era, empero, oportuno, porque ese clima característico de la lectura de Marx sugiere ya algo acerca de la naturaleza de la obra de éste.

Más interesante es, probablemente, considerar un momento el tipo de estimación de El Capital –mucho más deseoso de decencia objetiva académica- característico de los grandes autores que no pueden permitirse, por su personalidad científica, una apología directa del capitalismo a través de una refutación grosera del libro de Marx, ni, por otra parte, pueden prescindir tampoco, dada su posición de clase, de una apología indirecta de ese orden por medio de una sesuda justificación de la tesis de la caducidad de El  Capital. Schumpeter es, probablemente, la más alta autoridad de esta distinguida categoría. Pero no es bueno invadir el campo de otros especialistas, y, por otra parte, la mencionada y distinguida categoría de autores comprende también a prestigiosos filósofos con los cuales el firmante de esta nota puede entendérselas sin tanto riesgo de mala comprensión por insuficiencia técnica.

El filósofo Benedetto Croce, contemporáneo de Schumpeter y titular, por algún tiempo, del alto trono ideológico luego detentado en Europa por autores como Bergson Heidegger, ofrece un buen punto de partida. Su comunidad histórico-cultural con Schumpeter es, por otra parte, considerable: también Croce ha pasado por la experiencia de una dilatada lectura de Marx, también él decide pasar cuentas con Marx, también explica -a veces- el marxismo sobre la base de una (para él errada) sobrestimación de Ricardo, etc. Pero, sobre todo, Croce ha expresado de una manera típica el problema tomado en esta nota. Lo expresa, por supuesto, como antimarxista. En varios de sus libros, y principalmente en la Historia de la historiografía italiana del siglo XIX, Croce, en el marco de una crítica general del marxismo, señala como principal objeción a los escritos económicos de Marx, especialmente El Capital, el hecho de que esos textos no componen un tratado homogéneo de teoría económica -o de «economía política», como tradicionalmente se decía-, sino un conjunto de «cánones» o métodos para la interpretación del pasado, más unos cuantos análisis y proposiciones de forma propiamente teórica, más un impulso «profetice» o «elíptico» hacia otro tipo de sociedad, al que lleva la acción política.

Este tipo de crítica no puede reducirse directamente a la corriente propaganda según la cual El Capital ha caducado hace mucho tiempo como análisis de la realidad capitalista. Indirectamente sí que se mueve en el mismo sentido, pues esa crítica viene a decir: la ciencia económica ha conseguido ya formas de teoría pura -como la física o la biología- neutrales respecto de toda empresa o todo programa político-social; la obra de Marx, como la de Ricardo, es anterior a ese nivel teórico; luego es una obra caducada.

Algo hay que aprender de esa liquidación sutil de El Capital y, en general, de los escritos de la madurez de Marx. Hay que aprender algo de ella porque recoge un hecho, aunque sólo sea para convertirlo en eje de una apología indirecta del capitalismo. El hecho en cuestión está al alcance de cualquier lector sin prejuicios demasiado inconscientes: parece claro que la lectura de la mayoría de las páginas del Marx maduro -incluidas muchas de El Capital– da inmediatamente la impresión de que uno está leyendo otro tipo de literatura que el que tiene delante cuando lee un tratado de teoría económica o una monografía sobre algún problema económico. Y la diferencia no se puede explicar solo por factores ideológicos, esto es, por el hecho de que la mayoría de textos económicos, didácticos o de investigación, que uno lee aquí y ahora arraigan inequívocamente en la base y en la cultura burguesas. Esa explicación no basta, porque también se aprecia una gran diferencia de género de lectura entre gran parte de El Capital y las exposiciones de Lange, Strumilin o Dobb, por ejemplo, acerca del funcionamiento de economías socialistas. (Por esto también resulta tan incorrecto y confusionario el uso por Althusser de la palabra «teoría» para referirse a todos los escritos de la madurez de Marx.)

Las palabras no son tan inocentes como pueden parecerlo. Las palabras por lo pronto, no van nunca -o no cuentan nunca- solas, sueltas: cuentan sólo en unas estructuras, los lenguajes (cotidianos o técnicos), que se presentan y funcionan como reproducción elemental e implícita de la realidad, porque son ellos mismos la articulación de conceptos más general con que los hombres perciben y piensan la realidad. Una de esas estructuras -la que aquí interesa- es la formada con los términos técnicos que son nombres de las  actividades intelectuales, los nombres de las ciencias, las teorías parciales las técnicas, las artes, etc. Su conjunto estructurado puede llamarse -usando una palabra clásica en metodología- sistemática del trabajo intelectual- sistemática del trabajo intelectual responde, en última instancia, a la división de ese trabajo, y en este sentido tiene una racionalidad: esa racionalidad justifica, por ejemplo, la creciente formación de neologismos para nuevas especialidades, etc. Pero como toda racionalidad lo es respecto de un sistema (o, a lo sumo respecto de un conjunto o una sucesión de sistemas), no puede sorprender el que esa racionalidad básica sirva ideológicamente como instrumento para cerrar la sensibilidad de los hombres que viven dentro de un sistema social respecto de producciones intelectuales que rompan de algún modo la sistemática del orden dado. Es frecuente entonces oír o leer críticas a esas producciones por confusas, acientífícas, no-artísticas, etc. Un ejemplo típico en otro terreno es la vieja negación del carácter artístico-teatral de la obra de Bertolt Brecht, o de una parte de ella (las piezas didácticas).

Se sugiere aquí que ése es también el caso de la crítica que podría llamarse «formal» o «metodológica» de los escritos de la madurez de Marx: efectivamente no entran en la sistemática intelectual de la cultura académica contemporánea, y efectivamente se equivoca Althusser al llamarlos simplemente «teoría». El «género literario» del Marx maduro no es la teoría en el sentido fuerte o formal  que hoy tiene esta palabra. Pero tampoco es –como querría Croce– el género literario de Ricardo. Y ello porque Ricardo no se ha propuesto lo que esencialmente se propone Marxfundamentar y formular racionalmente un proyecto de transformación de la sociedad. Esta especial ocupación -que acaso pudiera llamarse «praxeología», de fundamentación científica de una práctica- es el «género literario» bajo el cual caen todas las obras de madurez de Marx, y hasta una gran parte de su epistolario. Por ello es inútil leer las obras de Marx como teoría pura en el sentido formal de la sistemática universitaria, y es inútil leerlas como si fueran puros programas de acción política. Ni tampoco son las dos cosas « a la vez», sumadas, por así decirlo: sino que son un discurso continuo, no cortado, que va constantemente del programa a la fundamentación científica, y viceversa.

Es obvio -y desconocerlo sería confundir la «praxeología» marxiana con un pragmatismo- que esa ocupación intelectual obliga a Marx a dominar y esclarecer científicamente la mayor cantidad de material posible y, por lo tanto, que siempre será una operación admisible y con sentido la crítica meramente científica de los elementos meramente teóricos de la obra de Marx. Como también lo es la operación que consiste en continuar, completar y desarrollar los aspectos puramente teóricos de esa obra (como hizo Hilferding), o el conjunto de su praxeología (como hizo Lenin). Lo único realmente estéril es hacer de la obra de Marx algo que tenga por fuerza que encasillarse en la sistemática intelectual académica: forzar su discurso en el de la pura teoría, como hizo la interpretación socialdemócrata y hacen hoy los althusserianos, o forzarlo en la pura filosofía, en la mera postulación de ideales, como hacen hoy numerosos intelectuales católicos tan bien intencionados como unilaterales en su lectura de Marx.

Sugerida esa lectura de la obra madura de Marx, hay que añadir una advertencia para impedir, en la medida de lo posible, que la concisión, siempre involuntariamente tajante y categórica, sugiera también un despreció de la teoría pura, formal: la actitud de Marx, la actitud que aquí se propone llamar «praxeológica», ante la teoría pura no es ni puede ser de desprecio o ignorancia. La relación entre el «género literario» praxeológico y el de la teoría pura (en sentido fuerte o formal) no es de antagonismo, sino de supraordinación: para la clarificación y la fundamentación de una práctica racional la teoría es el instrumento más valioso, aparte de su valor no instrumental, de conocimiento. Marx lo ha sabido muy bien –todavía hoy admira su erudición- y eso hace de él, precisamente, una figura única en la galería de los grandes revolucionarios de la historia.

Muy probablemente el planteamiento más académico de esta cuestión consistiría en tomarse en serio el subtítulo de El Capital: «Crítica de la Economía Política». Una interesante tesis doctoral en Economía (en Historia de las doctrinas económicas) podría proponerse tomar en serio esa «interpretación autentica», como dicen los filólogos y los juristas, o sea, esa autointerpretación de Marx: podría estudiar en qué medida parafrasea la Crítica de la razón pura de Kant -y se podría apostar, como hipótesis inicial, que la parafrasea intencionalmente, aunque a través del «hegelianismo de izquierda»-; podría luego estudiar en qué medida eso supone que Marx no piensa estar haciendo Economía Política, sino otra cosa (su crítica) al modo como Kant no estaba haciendo «razón pura» tradicional (metafísica) sino otra cosa, sin abandonar por ello la temática cuya concepción tradicional critica, etc. Quede esta sugestión para algún estudioso de economía aficionado a la historia ideológica de su disciplina.

 (fechado en torno a 1968, publicado en el nº 66 de la revista Mientras Tanto en 1996, e incluido en el libro Escritos sobre El Capital (y textos afines))

Miles Davis: Blue Moods

Miles Davis, trompeta; Britt Woodman , trombón;Charles Mingus, contrabajo; Teddy Charles, vibráfono; Elvin Jones, batería.
…………………………………………………..
A1 Nature Boy – 6:14
A2 Alone Together – 7:17
B1 There’s No You – 8:06
B2 Easy Living – 5:03
 
Grabado en el Van Gelder Studio, Hackensack, New Jersey, 9 de julio de 1955.
 
La breve duración del trabajo, 26 minutos, una pieza legendaria de auténtico cool-jazz, obedece a una razón técnica y artística: la mayor profundidad y ancho de los surcos del disco, de forma de contener las bajas frecuencias del contrabajo que pasa en esta época de un instrumento rítmico a armónico. Son las primeras expresiones de la alta fidelidad.
 
Recomendamos escucharlo a oscuras, en noches de luna portuaria.
 
EP

Crítica a Federici: de la quema de brujas al trabajo productivo

por Guillem Murcia//

A Silvia Federici se la conoce por su conjugación del análisis marxista y feminista en su obra, con un énfasis en el fenómeno de la (así llamada por Marx) “acumulación primitiva” y la subyugación de las mujeres dentro de las sociedades capitalistas. Vaya por delante que una aportación que intenta incluir la perspectiva feminista en el análisis marxista es, en mi opinión, algo muy meritorio. Si podemos definir feminismo en un sentido amplio como el estudio de las causas, mecanismos y efectos de la desigualdad de las mujeres y hombres, y como la práctica/movimiento que busca la igualdad entre mujeres y hombres, parece claro que una situación de desigualdad evidente en muchos aspectos de la sociedad actual no puede ser ajena a una tradición teórica como el marxismo que busca analizar y cambiar esta misma sociedad: la desigualdad material, la desproporcionada presencia de precariedad laboral en las mujeres trabajadoras, la violencia de género o sexual, la mayor probabilidad de sufrir el trabajo a tiempo parcial no deseado, la posibilidad de ser víctimas de tráfico por redes de prostitución o de verse como meros objetos comerciales en la reciente iniciativa por legalizar el alquiler de vientres son algunos de un sinfín de problemáticas que afectan exclusiva o desproporcionadamente a las mujeres.

Pero precisamente el que ésta sea una empresa meritoria y el respeto a la validez intelectual de quien hace aportaciones a ellas conlleva que se puedan realizar críticas a estas aportaciones igual de serias que las que se hacen en otros temas. Lo contrario sería paternalismo (pensar que es un tema en el que hay que tener permisividad) o una falta preocupación por la cuestión. En Federici en concreto hay dos aspectos que me parecen problemáticos cuando valoramos la utilidad de su obra.

La caza de brujas

El primero de ellos es una cuestión relativamente directa e histórica, que sustenta la argumentación de su obra “Calibán y la Bruja”. En este libro, Federici viene a desarrollar un análisis que fundamenta el surgimiento del modo de producción capitalista en la esclavización de nativos de tierras coloniales y al saqueo de éstas por parte de poderes imperiales (aclara que la trata de esclavos “fue una desgracia para los trabajadores europeos” p. 160), y en la separación de las mujeres de la esfera del trabajo productivo.

La primera cuestión es poco controvertida y es justamente la que toca Marx en el primer tomo de El Capital. En la segunda, Federici identifica como conditio sine qua non para el surgimiento y mantenimiento del modo de producción capitalista el aprisionamiento de las mujeres en el plano del trabajo reproductivo: el cuidar del hogar del varón, criar y educar a sus hijos, etc. sobre el que volveremos más adelante. La cuestión histórica aquí está en que en este proceso de destierro de las mujeres al ámbito del trabajo reproductivo Federici adscribe un papel fundamental a oleada de quema de brujas que asoló Europa y América del Norte entre los siglos XV y XVIII. Para ella, esta fiebre de caza de brujas tuvo una serie de efectos no sólo importantes, sino imprescindibles para el surgimiento del modo de producción capitalista. Así:

Se conjugó con el retrato de las mujeres como seres salvajes, “mentalmente débiles, rebeldes e insubordinadas”, lo cual abrió el camino para que durante la Revolución Industrial la visión se revirtiera, al considerárselas ahora relegadas al campo del trabajo reproductivo y por tanto “seres pasivos, asexuados, más obedientes y moralmente mejores que los hombres” (p. 160), es decir, el paradigma de la “buena esposa”.

Enfrentó a los proletarios (categoría con la que engloba a la población común en general) entre sí, en base a su género al hacer creer a los hombres que las mujeres eran seres temibles capaces de destruir al sexo masculino. Esta propaganda “separó a las mujeres de los hombres”; según la autora, “no hay duda de que los años de propaganda y terror sembraron entre los hombres las semillas de una profunda alienación psicológica con respecto a las mujeres, lo cual quebró la solidaridad de clase y minó su propio poder colectivo” (págs. 259-261).

Se fundamentaba en el ataque al pensamiento mágico a fin de pavimentar la vía hacia la disciplina de trabajo capitalista. Así, la “magia” era un obstáculo que “impedía la normalización del proceso de trabajo” porque se apoyaba en una “concepción cualitativa del espacio y del tiempo” (p. 195). Para Federici, esta concepción del cosmos que atribuía poderes especiales al individuo era incompatible con la disciplina del trabajo capitalista, ya que atribuía poderes “impredecibles” a sus practicantes, amén de admitir la posibilidad de que estableciera una relación privilegiada con los elementos naturales y la existencia de poderes a la que sólo algunos individuos tenían acceso (p. 238). La permisividad que existe en la actualidad para con la magia cotidiana es explicable para la autora porque ya no supone una amenaza a la disciplina laboral capitalista, que es dominante.

Estos elementos llevan a pensar al lector de “Calibán y la bruja” que la caza de brujas fue, como señalaba anteriormente, una pieza clave del desarrollo histórico de las sociedades occidentales que desembocó en el surgimiento del modo de producción capitalista. No fue un suceso histórico más o menos relevante, sino que fue esencial, paso previo y necesario para que surgiese el modelo económico en el que todavía nos hallamos inmersos, al encargarse de asignar a las mujeres un lugar en la reproducción del mismo (como buenas esposas y madres, imponiendo una “maternidad forzosa”, pág. 145), debilitar la solidaridad de clase (enfrentando a los proletarios entre sí, haciendo que una mitad desconfiase de la otra) y disciplinar a una población que desconocía hasta entonces la dinámica laboral capitalista (minando el “pensamiento mágico” que hubiese podido suponer un freno a la misma).

El problema que veo aquí es que para sostener la caza de brujas como clave de bóveda de transición hacia el modo de producción capitalista, los datos históricos que sustenten su desarrollo, alcance y magnitud deben estar muy claros. Federici otorga a este suceso histórico el rol de disciplinar a la mitad de la población trabajadora en el rol de reproductoras del capitalismo, algo que en mi opinión resulta interesante y a priori hasta razonable, puesto que puede servir para analizar con más detalle el origen y las causas de muchas problemáticas que, como señalaba al principio, afectan o exclusiva o desproporcionadamente a mujeres.

Y sin embargo, cuando uno busca los detalles de la magnitud de la caza de brujas a la que Federici otorga un papel tan crucial en el desarrollo histórico de este germen del capitalismo, Federici (pág 221-222) primero aclara que cree que los historiadores (incluso los marxistas, a los que se les presupondría un carácter más crítico) han olvidado el tema, “como si careciera de importancia para la lucha de clases”. E inmediatamente después afirma que las “dimensiones de la masacre” llegarían a suponer que “en menos de dos siglos cientos de miles de mujeres fueron quemadas, colgadas y torturadas”. Cuando leemos la nota al pie de página que acompaña este fragmento, en búsqueda de fuentes, encontramos lo siguiente:

“¿Cuántas brujas fueron quemadas? Se trata de una pregunta controvertida dentro la investigación académica sobre la caza de brujas, muy difícil de responder, ya que muchos juicios no fueron registrados o, si lo fueron, el número de mujeres ejecutadas no viene especificado. Además, muchos documentos, en los que podemos encontrar referencias a los juicios por brujería, aún no han sido estudiados o han sido destruidos. En la década de 1970, E. W. Monter advirtió, por ejemplo, que era imposible calcular la cantidad de juicios seculares a brujas que habían tenido lugar en Suiza puesto que frecuentemente éstos sólo venían mencionados en los archivos fiscales y estos archivos todavía no habían sido analizados (1976: 21). Treinta años después, las cifras siguen siendo ampliamente discrepantes.

“Mientras algunas académicas feministas defienden que la cantidad de brujas ejecutadas equivale a la de judíos asesinados en la Alemania nazi, Anne L. Barstow —a partir del actualizado trabajo de archivos— puede justificar que aproximadamente 200 000 mujeres fueron acusadas de brujería en un lapso de tres siglos, de las que una cantidad menor fueron asesinadas. Barstow admite, sin embargo, que es muy difícil establecer cuántas mujeres fueron ejecutadas o murieron por las torturas que sufrieron.

“Muchos archivos [escribe] no enumeran los veredictos de los juicios […] [o] no incluyen

a las muertas en presidio […] Otras llevadas a la desesperación por la tortura se suicidaron en la celda […] Muchas brujas acusadas fueron asesinadas en prisión […] Otras murieron en los calabozos por las torturas sufridas. (Barstow: 22-3) Tomando en cuenta además las que fueron linchadas, Barstow concluye que al menos 100 000 mujeres fueron asesinadas, pero añade que las que escaparon fueron “arruinadas de por vida”, ya que una vez acusadas, “la sospecha y la hostilidad las perseguiría hasta la tumba” (ibidem)”.

No parece que la nota respalde en absoluto la afirmación de Federici que situaría la cifra de mujeres víctimas de la caza de brujas en, como mínimo 200 000. No sabemos tampoco quienes son “algunas académicas feministas” que comparan la cifra de mujeres víctimas de la caza de brujas con la del exterminio nazi de los judíos pero, tal y como señalan en este hilo sobre la obra en Libcom, parece razonable suponer que una cifra de seis millones de muertes, habría dejado huella histórica que facilitara corroborarla: fosas comunes, restos humanos, registros, etc. Estamos hablando de que en la Europa del S.XVI, con una población de 70 millones, casi una de cada cinco mujeres habrían muerto en estas persecuciones.

Federici cita la obra de Anne L. Barstow, “Witchcraze: a New History of the European Witch Hunts” (Barstow 1994)⁠. Según Google Books, la obra narra el exterminio de “más de siete millones de mujeres de espíritu e inteligencia bajo la fachada de cazas de brujas en Europa”, aunque otro resumen muestra una versión diferente al afirmar que “durante tres siglos, aproximadamente cien mil personas, la mayoría de las cuales fueron mujeres, murieron bajo la mascarada de cazas de brujas, particularmente en la Europa de la Reforma”. Desconozco si los resúmenes pertenecen al libro, si se contradicen entre sí, o si ambas cifras se hallan en la obra corresponden a periodos o ámbitos geográficos distintos (y de ahí la disparidad). Otros estudiosos del tema, como Malcom Gaskill, estiman la cifra de víctimas de la caza de bruja entre 40 000 y 50 000 (Gaskill 2010), aclarando que en general sólo la mitad de las que eran sometidas a juicios bajo estas acusaciones acababan siendo condenadas (aunque esta proporción variaba mucho según el país; en Escocia llegaba al 80 % y en la caza de brujas de mayor magnitud que se dio en España, de 1900 acusadas sólo 11 fueron condenadas). Por supuesto estos números más reducidos que los asumidos por Federici no significan que el fenómeno no fuera horrible o que no estuviese entrelazado con cuestiones de misoginia, sexismo o persecución de las mujeres. Pero en ningún momento parece que las cifras se aproximen a las que Federici da por sentadas y que sirven para justificar la magnitud y por tanto la importancia del suceso histórico con respecto a la transición al capitalismo.

La cuestión del “pensamiento mágico” es un tema aparte, ya que hunde sus raíces en el libro “Wiches, Midwives and Nurses” de Barbara Ehrenreich y Deirdre English (Ehrenreich and English 2010), que defendía la centralidad de la condición de comadronas y sanadoras tradicionales de muchas de las mujeres víctimas de las cazas de brujas. La idea detrás del libro sería que la Iglesia y el Estado habrían buscado quebrantar el enorme poder y respeto que ejercían estas mujeres, acusándolas de brujas y mancillando su reputación. Esto habría desembocado en la devaluación del rol social de la mujer. Como he mencionado, Federici vincula esto con el desarrollo surgimiento del capitalismo, al señalar que el “pensamiento mágico” del que estas mujeres eran símbolo y faro, chocaba frontalmente con la necesaria disciplina de trabajo capitalista. La idea que desarrolla Federici en el texto (pág. 197) es, en resumen, que el la lógica capitalista necesita de un mundo inmutable y regular a fin de poder realizar su cálculo de probabilidades y por tanto anticiparse al futuro (imagino que aquí ella ubicaría el cálculo de futuros beneficios, riesgos empresariales, etc.). La magia sería una llave inglesa en las tuercas de esa lógica, un elemento que la dinamitaría, puesto que introduciría el azar, el caos y la imprevisibilidad y la indeterminación, y por tanto insubordinación ante la idea de que es necesario ir a trabajar al sitio X durante un número Y de horas.

La idea de que resultaba útil para el inicio del capitalismo el quebrantar una figura que encarnaba un espíritu pre-capitalista más libre e intuitivo suena plausible. Si además esta figura era mayoritariamente femenina, y se defiende que no sólo se atacó para desacreditarla, sino que se luchó para transformarla de sanadora y comadrona respetada en bruja aborrecida por la población, las piezas del puzzle parecen encajar: se trata de uno de esos pasos que Federici escribe que se darían a fin de subyugar a las mujeres a un puesto en la reproducción del orden capitalista. El problema es que los datos históricos no parecen apoyarla. En realidad según la historiadora Diane Purkiss no hay pruebas de que la mayoría de las acusadas de brujería fuesen sanadoras o comadronas y era más probable encontrar a las comadronas inglesas (y de algunos países continentales) ayudando a los cazadores de brujas en sus acusaciones a otras mujeres que como víctimas (Purkiss 2013). Y según el historiador de la medicina David Harley (no confundir con el famoso geógrafo), el ser una comadrona reducía las probabilidades de ser acusada de brujería (Harley 1990).

Trabajo productivo, improductivo y reproductivo

Creo que lo expuesto hasta ahora hace difícil defender algunos hechos y datos que Federici da por sentado en “Calibán y la Bruja”, y por tanto revela que los cimientos de su idea central son un poco más inestables de lo que pudiera parecer a primera vista. Sin embargo, no creo que deslegitime las ideas de esa obra. Supongo que es posible reformular lo que defiende en el libro incluso apoyándose en una revisión de los hechos. Por hacer una analogía: si uno piensa que existe una relación entre las ejecuciones durante una guerra y el clima de terror desatado para una posterior represión, el que se revisen las cifras de muertos en esa ejecución no necesariamente invalida la idea de que se buscase y consiguiese ese mismo clima de terror; podría defenderse que el efecto de un número más bajo pero más publicitado de ejecuciones consiguió el mismo efecto, por ejemplo.

Cuestión distinta es la crítica que realiza Federici a Marx en su “Revolution at point zero : housework, reproduction, and feminist struggle”. En la obra, Federici lanza un torpedo a la línea de flotación de buena parte del argumentario marxista que, si bien no la invalida por completo (hasta donde yo sé, tanto Federici como muchos de sus seguidores se consideran o marxistas o simpatizantes), sí que exigiría revisiones muy profundas del aparato conceptual del alemán. En concreto, me refiero a cuando afirma que (pág. 92):

“En el centro de esta crítica se halla el argumento de que el análisis del capitalismo de Marx se ha visto limitado por su incapacidad de concebir el trabajo productor de valor de otra forma que no sea la producción de mercancías y su consiguiente ceguera a la importancia del trabajo reproductivo de las mujeres en el proceso de acumulación capitalista. Ignorar este trabajo ha limitado la comprensión de Marx del auténtico alcance de la explotación capitalista y la función del salario en la creación de divisiones en la clase trabajadora, empezando por la relación entre mujeres y hombres. Si Marx hubiera reconocido que el capitalismo debe descansar tanto en una cantidad ingente de trabajo doméstico para la reproducción de la fuerza de trabajo, y la devaluación de estas actividades reproductivas a fin de rebajar el coste de la fuerza de trabajo, podría haber sido menos proclive a considerar el desarrollo capitalista como inevitable y progresista” (Federici 2012)⁠.

La crítica de Federici se dirige a la presunta incapacidad de Marx de evaluar uno de los aspectos cruciales para el mantenimiento de una economía capitalista: la reproducción de la fuerza de trabajo. Debido a que Marx basó buena parte de su obra, El Capital, alrededor de la centralidad del concepto de valor y plusvalor, sobre el cual se fundamenta su teoría de la explotación y la famosa Ley del Descenso Tendencial de la Ganancia. La lógica sería la siguiente: si no existe modo de producción capitalista sin reproducción de la fuerza de trabajo, y este trabajo (“reproductivo”) es realizado mayoritariamente por las mujeres, las mujeres también están siendo explotadas por el capitalismo, no sólo en tanto trabajadoras cuando el capitalista invierte dinero en pagarles a fin de ponerlas a trabajar, sino también como mujeres al estarles asignadas un lugar en la crianza, el cuidado y el mantenimiento de esa misma fuerza de trabajo.

 El “lugar” metafórico que ocuparían las trabajadoras en el capitalismo sería un lugar tanto como trabajadoras (en la producción) como de madres/esposas (de reproducción). Y este lugar metafórico se correspondería con un lugar físico: habitualmente el hogar, donde las mujeres cuidarían, limpiarían y cocinarían para sus maridos, pero también parirían, alimentarían y criarían a sus hijos. Todo este “trabajo doméstico no pagado” (en palabras de Federici) sería una super-explotación de las mujeres, una verdadera clave de bóveda de la reproducción del orden capitalista que Marx, por ignorancia, ceguera o sesgo, no habría sido capaz de ver.

A priori, la crítica parece razonable. Federici trata un tema que está en el centro de los roles de género en las sociedades, no sólo occidentales, sino en todo el globo: la asignación a las mujeres de las tareas de cuidados del hogar y crianza de los hijos, lo cual en muchos casos tiene vertientes en la estructura de clases y las desigualdades de género (como por ejemplo en la mayor proporción de mujeres en trabajo parcial).

 Entonces ¿dónde está el error de Federici? Gilles Dauvé dice que en realidad Federici elabora una teoría de las amas de casa y no de las mujeres (Dauvé 2015). Para el francés, la teoría deja de ser aplicable en los casos de mujeres que no cuiden de ningún familiar, o en aquellos en los que los hombres trabajadores vivan solos y por tanto no estén dependiendo de “super-explotar” a una mujer (pone el ejemplo de millones de asiáticos que dejan a sus familias para ir a trabajar durante largas temporadas en Oriente Medio). Pero esta crítica creo que no es demasiado contundente porque incluso aunque sea cierta en un sentido estricto, ello no invalida el hecho de que el rol de género asignado tradicionalmente a las mujeres es el de los cuidados y la crianza: aunque no se dé en todos los casos, es innegable que ha sido una característica histórica y que pervive en buena medida, y quizás la explicación de Federici sirve para explicar por qué esto ha sido así.

El problema con la argumentación de Federici es que simplemente, enturbia el significado de los términos y acaba criticando a Marx, no por algo que dijo o hizo, sino por no hacer algo que según ella debería haber hecho. Cuando Federici dice que “el análisis del capitalismo de Marx se ha visto limitado por su incapacidad de concebir el trabajo productor de valor de otra forma que no sea la producción de mercancías” está obviando el hecho de que en el marco teórico empleado por Marx en El Capital, la única producción de valor se deriva de la producción de mercancías. Esto no quiere decir que Marx no reconociera que hay numerosos objetos o servicios que pueden ser útiles para las personas y no ser mercancías, puesto que para ello es importante diferenciar valor de uso y valor, dos conceptos clave. Veamos el motivo y por qué esto hace que la crítica de Federici sea inválida.

Por qué Federici dispara sin apuntar

Una de las confusiones más frecuentes dentro del progresismo acerca de la tradición marxista es pensar que en El Capital, Marx pretendía explicar “todo sobre el capitalismo”. Así, algunos autores progresistas parecen mantener El Capital en la estantería como una suerte de libro sagrado que busca explicar todo lo que existe en las sociedades capitalistas. A la vez, y de forma contradictoria, suelen hacer poca referencia a sus conceptos centrales, prefiriendo el uso de citas aisladas, o de entronizarlo (y encuadrar a los que sí que se empeñan en insistir en ciertas ideas clave del texto como “ortodoxos”, “fosilizados” en contraposición a ellos, que serían librepensadores no limitados por corsés ideológicos). Esto mantiene El Capital rodeado de un aura mística: un libro enorme, complicado y confuso, obra de un señor con barba hace mucho tiempo, que contiene verdades reveladas, secretos del capitalismo. Y a su vez, desemboca en la desafortunada consecuencia de desanimar a la gente que podría leerlo y debatirlo, porque ya hay “expertos” que hablan del tema y lo entienden mejor que ellos. Contra esta actitud, el mejor antídoto es coger El Capital de la estantería y abrirlo, aunque sea para ver qué decía el autor, en sus propias palabras.

 Así se puede ver que en el mismísimo primer capítulo de El Capital distingue entre valor de uso (la utilidad que tiene un bien o un servicio para las personas, y que es condición sine qua non para que un bien o servicio sea una mercancía) y valor (la cantidad de trabajo socialmente necesaria dado un contexto social determinado, a fin de producir una mercancía y que servirá de fundamento último de otros dos elementos, valor de cambio con respecto a otras mercancías, y precio) (Marx 1986). Si bien el concepto de valor de uso es por tanto importante, no es el principal objeto de estudio de Marx ni de muchos de los economistas que han seguido su estela. A primera vista puede parecer absurdo que no sea el principal objeto de estudio (¡maldito Marx! ¿De que nos sirve estudiar la economía si no podemos entender cómo se genera la riqueza?). Esto se entiende mejor si se considera que se está analizando el modo de producción capitalista (MPC) y que éste no busca producir valores de uso para las personas como objetivo último, sino valor, a secas. O más concretamente, decimos que busca producir valor en una magnitud que exceda el que se retribuye al trabajador por la compra de su fuerza de trabajo: plusvalor. Ciertamente, al producirse valor mediante la producción de mercancías, también, por necesidad, se están produciendo valores de uso (puesto que como mencionábamos, el primer capítulo de El Capital ya apunta a estas dos cara de la mercancía: la del valor de uso y el valor).

Con un ejemplo se puede ver claramente: en febrero de 2009, durante la Gran Recesión, la producción automovilística en España se redujo en un 47,6 % respecto al año anterior. Si pensásemos que el MPC busca producir riqueza para las personas, como a menudo nos repiten muchos de sus más entusiastas defensores, esto no tendría sentido alguno. ¿Es que la gente dejó de verle utilidad a los coches? ¿Se incrementó el uso del transporte público de forma repentina por una concienciación masiva de los efectos contaminantes y sobre el cambio climático de los automóviles? No. Los fabricantes de coches (o de cualquier otra mercancía) no buscan producirlos para que tú puedas tener uno y hacer uso del mismo. Buscan obtener beneficios. Por supuesto, esos beneficios dependen en buena medida de que hagan un coche que puedas disfrutar. Pero lo que les interesa no es, de nuevo, la utilidad que tú obtengas del uso del vehículo, sino los beneficios. Y si de alguna forma pudiesen engañarte para venderte un coche defectuoso y que se cayera a pedazos por el mismo precio, aumentando su margen de beneficios de forma astronómica, lo harían. Lógicamente, el entramado legal en el que se mueve la economía (la existencia de derecho del consumidor, etc.) sirve de dique contra este tipo de abusos, pero no niega que la lógica subyacente es ésa. Se podría usar por tanto la metáfora de que el MPC es un modo de producción cuyo motor es la producción de mercancías, de valor, y su savia, el flujo de beneficios. Cuando en la tradición marxista se habla de la contradicción, o el antagonismo que encierra la mercancía, es porque contiene esos dos elementos: valor de uso (que es lo que como seres humanos buscamos, obtener una utilidad de bienes o servicios, disfrutar de la riqueza que constituyen) y valor (que es lo que busca el capitalista, aquel que invierte capital en el proceso de acumulación y al cual todo lo demás se le presentará como mero trámite para alcanzarlo, tu disfrute de la mercancía incluido). Y estos dos elementos entran en conflicto por ejemplo en el momento en que mediante la incesante búsqueda de mayor generación de valor, la competición entre capitalistas acaba por generar cortocircuitos en todo el proceso de producción (crisis) y por tanto disfunciones y problemas a la hora de producir bienes y servicios que podamos disfrutar las personas.

Pero volvamos a Federici: como hemos visto, no es que Marx fuera incapaz “de concebir el trabajo productor de valor de otra forma que no sea la producción de mercancías”, es que pensaba que el MPC descansaba de forma fundamental sobre la producción de mercancías, que para él era la producción de valor, que era lo que estudiaba. Es lo que él denominaba “trabajo productivo”. La crítica que Federici lanzaría sobre esta explicación es que Marx estaría padeciendo una ceguera ante otro tipo de trabajo, el “trabajo reproductivo”, igualmente necesario para el sostenimiento del MPC y que para Marx, sin embargo, sería “improductivo”. Al fin y al cabo, si no nacen y se crían trabajadores, no va a haber nadie que fabrique los coches, por muy rentable que sea hacerlo. Como ella afirma (pág. 29):

“Desde Lenin pasando por Gramsci hasta Juliet Mitchell, la tradición izquierdista al completo se ha puesto de acuerdo en la marginalidad del trabajo doméstico para la reproducción del capital y la marginalidad de la ama de casa a la lucha revolucionaria. […] Nuestro problema, al parecer, es que el capital ha sido incapaz de llegar hasta nuestras cocinas y dormitorios, con la doble consecuencia de que supuestamente permaneceríamos en un estadio precapitalista feudal, y de que cualquier cosa que hagamos en nuestros dormitorios es irrelevante para el cambio social. […] El por qué el capital permitiría sobrevivir a tanto trabajo no rentable, tanto trabajo no productivo es una pregunta que la izquierda nunca se formula, siempre confiando en la irracionalidad e incapacidad de planificar del capital” (Federici 2012)⁠ .

Una de los detalles que más a menudo suelen caer en el olvido de El Capital es algo que está en su mismo título completo, el que lee “El Capital: Crítica de la Economía Política”. Durante la obra Marx cita, a veces con deferencia y otras veces con una pluma crítica, a economistas clásicos como los famosos Adam Smith, Jean-Baptiste Say y David Ricardo y más. La clave aquí está en entender que la distinción de trabajo productivo/improductivo de Marx es una modificación del concepto, extraído de la economía clásica y adaptado a su marco teórico, y no implica aprobación o desaprobación alguna. Es simplemente una categoría que define el trabajo que es productivo para el capital. El propio Marx dice:

 “Un maestro de escuela será productivo no sólo cuando elabora las mentes de los niños, sino cuando moldea su propio trabajo para enriquecer al empresario. El que este último haya invertido su capital en una fábrica de enseñanza en vez de en una fábrica de salchichas no cambia en nada la relación” (Marx 1986).

Como se puede ver, Marx distingue entre trabajo productivo para el capital (trabajo que produce valor) y trabajo improductivo (el que no produce valor), porque está interesado en el concepto de valor y cómo éste tiene implicaciones importantes para analizar la dinámica de las economías capitalistas. Como explica Mick Brooks, un trabajador que produce misiles capaces de obliterar ciudades enteras para un contratista de defensa privado es un trabajador productivo. Los enfermeros y las médicas que salvan la vida de pacientes en un hospital público, no (Brooks 2005). Cuestión aparte sería la clase social a la que todas esas personas pueden pertenecer, ya que si no pueden mantenerse a sí mismos por encima de un nivel por debajo de la subsistencia a menos que tengan que trabajar, en mi opinión son trabajadores. Pero la ubicación específica en el MPC diferirá en base a si realizan trabajo productivo o no. Es cierto que la expresión nos puede sonar extraño en la actualidad, ya que acostumbrados a los mensajes de disciplina, asociamos el epíteto de “improductivo” como casi una amenaza. Pero de nuevo: esto no es una valoración o desaprobación de su trabajo, sino simplemente una categoría que es útil para explicar fenómenos de la economía capitalista, puesto que de acuerdo a la metáfora empleada anteriormente, el motor del MPC es la producción de valor y su savia vital, los beneficios.

Hemos visto que el valor en Marx es un concepto específico que se aplica con un sentido concreto y por tanto que no era “incapaz” de verlo en otros aspectos, sino simplemente que esos aspectos no entraban en la definición que él le daba en su marco teórico. También que la distinción entre “trabajo productivo” e “improductivo” es una categoría también relacionada con el concepto de valor y por tanto su uso sigue de esa lógica. Pero a Federici le queda una última bala en la recámara. En la página 93 escribe:

“Marx ignoró la existencia del trabajo reproductivo […] aún cuando exploró de forma meticulosa la dinámica de la producción de hilo y la valorización capitalista, fue escueto cuando trata la cuestión del trabajo reproductivo, reduciéndolo al consumo de los trabajadores de las mercancías que sus salarios podían adquirir y al trabajo que la producción de dichas mercancías requería. En otras palabras, como en el esquema neoliberal, en la versión de Marx, todo lo que se necesita para (re)producir la fuerza de trabajo es la producción de mercancías y el mercado. Ningún otro trabajo interviene para preparar los bienes que los trabajadores consumen o para restaurar física y emocionalmente su capacidad de trabajar. No hay diferencia entre la producción de mercancías y la producción de la fuerza de trabajo. Una línea de ensamblaje produce ambas” (Federici 2012).

Dicho de otra forma: bien, es posible que todo el tema de la producción de valor y de trabajo productivo tengan una lógica interna en el marco teórico de Marx. Pero su error reside en no ver que el MPC necesita del trabajo reproductivo de las mujeres que conscientemente elige ignorar. Como si fuera un economista burgués, deja fuera del ámbito de estudio el trabajo que realizan las mujeres. Por ejemplo: preparar el desayuno, comida y cena para que el trabajador pueda llegar al trabajo con fuerzas suficientes para apretar las tuercas o impartir las clases. O parir y educar a sus hijos para que no llegue exhausto al día siguiente por no haber dormido y a la vez, haya unos trabajadores el día de mañana que le puedan sustituir en el centro de teleoperadores o el bar. El que Marx cayera en esta omisión exhibe una fragilidad importante de todo su marco teórico expuesto en El Capital.

El problema es que, de nuevo, esto es simplemente incorrecto. Y lo más llamativo de todo es que en este caso ¡es Federici misma la que se contradice! En la página 94 escribe:

“Como era de esperar, aunque reconoce que “La conservación y reproducción constantes de la clase obrera siguen siendo una condición constante para la reproducción del capital”, Marx pudo añadir de forma inmediata “El capitalista puede abandonar confiadamente el desempeño de esa tarea a los instintos de conservación y reproducción de los obreros. Sólo vela por que en lo posible el consumo individual de los mismos se reduzca a lo necesario” (Federici 2012)⁠.

Es decir, ella misma reconoce, citando a Marx, que el alemán no hablaba de una “línea de ensamblaje produce ambas” (mercancías y fuerza de trabajo). Más bien al contrario, en la cita que la propia Federici aporta, Marx está hablando de que la reproducción de la fuerza de trabajo es un proceso en el que “el capitalista” no está involucrado directamente. Entendeos entonces que la reproducción de la fuerza de trabajo es algo diferente de la producción de mercancías. Y también que para llevarla a cabo, se necesita algo más que la producción y la venta de mercancías. Se necesita algo que “el capitalista puede abandonar […] a los instintos de conservación y reproducción de los obreros”. Federici estaría criticando un muñeco de paja, no lo que decía Marx.

Como explica Kliman, de este pasaje se deduce que para Marx hay por tanto dos procesos de producción en la sociedad capitalista. En uno proceso, el proceso de producción capitalista, el trabajo de los obreros junto a los medios de producción produce mercancías. En otro, que tiene lugar fuera de la esfera de producción capitalista, el trabajo doméstico reproduce la fuerza de trabajo (Kliman 2016) (y sí, es totalmente compatible con esta idea afirmar que bajo los roles de género tradicionales, éste es un trabajo que realizan desproporcionadamente las mujeres). Marx no está ignorando este segundo proceso, pero no es del que se ocupa en El Capital. La confusión que lleva a cabo Federici de los distintos conceptos en el análisis de Marx no tendría mayor relevancia si no fuera por el hecho de que la autora en realidad está tratando temas que, como he comentado al principio, me parecen muy relevantes y que merecen una crítica minuciosa. Y ello sobre todo desde posturas como las inscritas en la tradición marxista que haciendo honor a la máxima del alemán, no deberían contentarse con interpretar el mundo, sino que deberían aspirar a cambiarlo. Porque aunque parta de un análisis con el mejor de los objetivos (entender el por qué de la desigualdad de género, entre otros), el acabar enturbiando el significado de distintos conceptos usados por Marx, puede en última instancia ir calando de forma distorsionada entre quienes buscan tomar parte en ese mismo análisis, hasta que su tratamiento de problemas concretos y actuales de género adopte formas reaccionarias.

Como si fuera un bumerán, el empañamiento del análisis feminista con lugares comunes liberales (la sacralización del voluntarismo individual como supuesta expresión de la libertad) puede acabar volviéndose contra los objetivos que se perseguían. Un ejemplo es el debate actual sobre el alquiler de vientres. En la red se puede leer la legitimación de la práctica en la derecha, por parte de autoproclamados liberales que creen usar la lógica feminista para exponer contradicciones entre quienes se oponen a la misma. Y por eso, aún cuando la propia Federici haya firmado un manifiesto en contra de este negocio, sorprende leer idónea defensa de éste en el progresismo que haciendo uso de lógica liberal cubierta de un barniz “radical”, dice invocarla como inspiración y explicación.

Federici parece suponer que Marx intentaba explicar todo lo que ocurría en el capitalismo y por tanto, le acusa de ignorar un aspecto que resulta clave para el sostenimiento de éste: qué pasa en los hogares de los trabajadores, en sus cocinas, en sus dormitorios o en los paritorios. Pero como hemos visto, cuando Marx escribió El Capital, estaba centrado en elaborar una crítica de la economía política y por tanto, su atención se dirigía a un aspecto concreto: el proceso de producción de capital. Hay ejemplos y explicaciones de procesos históricos que apuntalan la teoría que se elabora en el texto, menciones de otros aspectos relevantes. Pero son eso, apoyos o menciones dentro del análisis concreto de un proceso particular (y extremadamente importante) inscrito en el modo de producción capitalista, así como de las consecuencias que se derivan del mismo. Por supuesto que es posible que Marx ignorase elementos importantes en su análisis o que cometiese errores, pero la crítica de Federici a Marx citada no acierta a señalar ejemplo alguno de ello.

 

 

Referencias:

Barstow, Anne Llewellyn. 1994. Witchcraze : A New History of the European Witch Hunts. Pandora. https://books.google.es/books/about/Witchcraze.html?id=knzm_3oe9TcC&redir_esc=y (July 20, 2017).

Brooks, Mick. 2005. “Productive and Unproductive Labour.” In Defence of Marxism. http://www.marxist.com/unproductive-labour1981.htm.

Dauvé, Gilles. 2015. “Federici versus Marx.” https://thecharnelhouse.org/2015/11/28/federici-versus-marx/.

Ehrenreich, Barbara., and Deirdre. English. 2010. Witches, Midwives & Nurses : A History of Women Healers. Feminist Press at the City University of New York. http://www.feministpress.org/books-n-z/witches-midwives-nurses-second-edition(July 20, 2017).

Federici, Silvia. 2012. Revolution at Point Zero : Housework, Reproduction, and Feminist Struggle. PM Press.

Gaskill, Malcolm. 2010. Witchcraft : A Very Short Introduction. Oxford University Press.

Harley, David. 1990. “Historians as Demonologists: The Myth of the Midwife-Witch.” Social History of Medicine 3(1): 1–26. https://academic.oup.com/shm/article-lookup/doi/10.1093/shm/3.1.1 (July 20, 2017).

Kliman, Andrew. 2016. “How Not to Evaluate the Relevance of Marx’s Capital.” Crisis & Critique 3(3).

Marx, Karl. 1986. 1 Capital: A Critique of Political Economy. The Process of Production of Capital. Progress.

Purkiss, Diane. 2013. The Witch in History: Early Modern and Twentieth-Century Representations. Routledge. http://www.citeulike.org/group/7813/article/3911315 (July 20, 2017).

Muere el poeta estadounidense John Ashbery, el último moderno de la posmodernidad

por Antonio Lucas//

Cuando aún se hablaba de posmodernidad, John Ashbery tenía sitio propio en la cabecera de la manifestación. Pocos poetas encarnaron mejor el espíritu de lo nuevo, de lo distinto, de lo experimental sin desvaríos. Hablamos de ese momento de excitación en que todas las fórmulas del arte se podían refundar. O se debían reinventar. O, al menos, poner bajo sospecha. En ese tiempo, finales del siglo XX (alrededor de los años 70) John Ashbery, neoyorquino de Rochester y de 1927, se aupó hasta situarse en la zona preferente de una poesía que buscaba la forma de decir el mundo de otro modo. Un libro fue principal en esa expedición: Autorretrato en espejo convexo, con el que Ashbery ganó el Pulitzer, el Premio Nacional del Libro y el de la Crítica. Los tres galardones más importantes de EEUU en poesía. Y a partir de ahí, un creciente interés por sus cosas que se apagó anteayer en Hudson (Nueva York), donde el poeta murió de su propia edad con 90 años.

Reconocimientos tuvo muchos. También fue rector de la Academy of American Poets. Y laureado profesor de universidad. Y respetado crítico de arte: le interesaba por igual el clasicismo, el expresionismo abstracto y el papel de celofán de la Factory de Warhol. Pero lo que más pesa de su aventura es la poesía. Su modo de construir un territorio personalísimo que tiene uno de sus impulsos en el viento garduño de las vanguardias históricas y va tomando la postura a un momento de la Historia en el que el desengaño, el extravío y el fin de las grandes utopías establecen un nuevo orden anímico occidental. John Ashbery es un gran poeta. Una segunda vuelta de Whitman, del que hereda el fuego sagrado del hombre capaz de abrazar un país y fundar con las palabras el territorio de una fraternidad. Todavía quedan países inventados/ en los que escondernos para siempre. Es una hermosa afirmación de Ahsbery en el poema Pulgarcito.

Los años en París (década de 1960), el contacto con artistas y la ráfaga del existencialismo moduló parte de su visión de las cosas y de su escritura. El paso por España junto al poeta Frank O’Hara (curator del MoMA), caminito de Tánger, fue otra experiencia que Ashbery mantuvo fresca en la memoria. Aquí tuvo de anfitrión al escultor Martín Chirino y a otros miembros del grupo El Paso. La poesía del autor de Un país mundano recoge esa identidad fugitiva de la posmodernidad, ese signo de collage de la vida ultramoderna, la sintaxis saboteada de los poemas confeccionados como un retal de conversaciones y a veces la imposibilidad de sentido que no impide la posibilidad de reflexión. Rompió los esquemas de la poesía bien peinada y halló una nueva pulsión que lo emparenta con Auden y Wallace Stevens, a su manera, desencajando el verso, pulverizando límites, en una psicodelia de cosas cercanas. La escritura de Ashbery, en ocasiones, se abre o eleva desde una emoción que no tiene doma o no la pretende. Y que, si acaso, ya después de la escritura (o de la lectura) hallará su lógica. Como en un desquiciado dial radiofónico el poema busca su sitio, su melodía, su noticia, su señal horaria, su camino.

Eso es lo moderno de su voz. Y ése es el enigma. Y la potencia. Y también el ritmo disparado que a veces alcanza esta poesía, su música mental. No renuncia a la imagen surrealista ni a la resonancia interior del simbolismo. En su casa del barrio de Chelsea, a este lado del río Hudson, a dos esquinas de donde tenía su cripta la artista Louise Bourgeois, Ashbery fue armando un libro y otro en una fiebre de trabajo sostenida no sólo por su estímulo inflamable y fidelísimo a la poesía, también por algunas exigencias de contrato editorial que le imponían ritmos de escritura extravagantes.

Exhibía (sin mucha confianza en ser entendido) una cordialidad de galán vestido de sport. Era como si alojase un karma de cosas por hacer… Pero no perdía el sedal de la conversación, y si lo destensaba era para recogerlo al poco tiempo y continuar la charla en el punto exacto donde la dejó en suspenso. «No sé si mi escritura se ordena a partir de un caos necesario. En realidad, tampoco sé mucho de mi poesía. Mi forma de trabajar tiene algo escenográfico, escribo a mano, al dictado de quién sabe qué. Y escribo rápido, muy rápido, en un impulso irrefrenable», decía en una entrevista a este periódico en 2006. Tiene casi 30 libros de poemas. Ha traducido a Rimbaud y a Pierre Martory al inglés. Es un ensayista desconcertante. Uno de los mirlos de la Escuela de Nueva York, propensa al experimentalismo, cercana al ruidismo, sin complejo ante la dinamita de emociones que puede llevar a un hombre desde un cuadro del Parmigianino (oor ejemplo: Autorretrato en espejo convexo) al pop de Popeye. Porque Ashbery es un poeta de fuerte rigor que sabe situarse por igual en lo solemne y en el lugar chicle de lo pop y sacar de esa combinación suicida una poesía minuciosa, visual, irónica, profunda, conversadora. Puedes en la jungla del poema escuchar las voces de quienes hablan (a veces muchos hablan mucho) y la del lector. No es la suya una aspiración de claridad, sino una necesidad de decir sin someterse sólo al sentido o la comunicabilidad del verso.

Ashbery juega siempre fuerte en cualquier estadio. Igual cuando el poema es admirablemente narrativo. O abismalmente caótico. O fríamente hermético. O deliberadamente desquiciado. Un gran poema de tantos, Cabellera Berenice, es un ejercicio de prosa demótica, simplificada: a veces suena como un folletín, como una novela barata o como un diario anónimo sin pretensiones literarias. Pero suena. Ashbery sabe y quiere ser todos los poetas a la vez, como Whitman quiso transportar en la canoa del pecho a todos los hombres. No se trata sólo de fijar aquí el porqué de su extraordinaria herencia, sino de entender algo más grave y excepcional: cómo un poeta alcanza la libertad a partir de la certeza de entender la poesía como una realidad que se llama “vosotros”. Visor publicó hace años Pirografía, una antología preparada por Ashbery para Peguin, y también Galeones de abril. La extinta editorial DVD apostó por Autorretrato… y Tres poemas. Lumen lo hizo por otros títulos necesarios: Una ola, Por dónde vagaré o Un país mundano. Y algunas editoriales más tienen a este poeta en su catálogo. En España está bien difundido. A la manera de John Cage, él también podría decir esto: “No tengo nada que decir y lo estoy diciendo, eso es poesía”. Pero sí tenía que decir. Y sobre todo pulsó como pocos las teclas de un lenguaje de incertidumbres que es signo de época, de extravío, de intemperie y de verdad. En ello seguimos.

No había en su obra una clara vocación política o social. No era eso. Pero sí una extraña complicidad con el otro o con los otros. “No me interesa demasiado la idea de poesía social. Prefiero la manifestación de una conciencia cívica, de una forma moral de mirar sin ser moralizante“. Todo esto lo decía en su casa de Nueva York. Una mañana de diciembre en la que su compañero, David Kermani, preparó un té que no se enfriaba nunca. “Es que, si se sabe escuchar, en lo popular y en la calle hay una enorme belleza. Ahí es donde está la forma de comunicación más directa. Eso es lo que yo entiendo por poesía social. O lo que me interesa entender”.

John Ashbery representa la última línea de cohesión con buena parte de las poéticas que conviven en la lírica inglesa del último tercio del siglo XX. Del experimentalismo a la formalidad narrativa. Un poeta que viene de la subversión sin necesidad de hacer pancarta de sí mismo. Ni soflamas. Basta con acercarse a su obra y aceptar que sólo desafiando y asumiendo el riesgo constante se llega a la posibilidad y limitación última de las palabras. A lo auténtico de una emoción, de una sospecha, de una culpa, de un daño, de otro entusiasmo. Así es.

Stalinismo: Herejes y renegados

por Pepe Gutiérrez-Álvarez//

Uno de los efectos más nocivos del estalinismo consistió en dar una coartada ideológica a la cooptación por parte del liberalismo de intelectuales y cuadros de la izquierda. Echando a la calle al niño con el agua sucia, algunos han acabado en la derecha más extrema.

En uno de sus trabajos más memorables, Herejes y renegados, Isaac Deutscher establecía una distinción, que no siempre estaba clara, entre los herejes que denunciaban el estalinismo sin renunciar a la negación radical del capitalismo, con los renegados, a los que la denuncia del estalinismo les llevaba a los brazos del sistema cual “hijos pródigos”. Esta es una página de la historia social muy viva y muy discutida aún, sobre la que se sigue hablando pródigamente en lugares como los foros de Kaosenlared, y en debates como el abierto desde El País (18-03-07) por Ignacio Sotelo y Paco Fernández Buey, y sobre el que inciden autores como Daniel Bensaïd en Trotskismos (El Viejo Topo), desde una perspectiva análoga a la de Deutscher.

A la militancia que (sobre)vivió la noche estaliniana, como un “trotskista” componente de la “quinta columna”, la experiencia no pudo por menos que dejarles un sentimiento en el que apenas quedaba margen para las distinciones dialécticas. No hace mucho, Pelai Pagés nos contaba en un acto sobre Víctor Alba un ejemplo de este sentimiento a través de una anécdota sucedida en unas jornadas en la que se encontraron con el historiador Amaro del Rosal (socialista convertido al estalinismo en los años treinta) y un airado Víctor. Cuando Rosal evocó la existencia de “algunas discrepancias” entre ellos, el antiguo poumista no se pudo callar, y desde la mesa, gritó: ¿Discrepancias, dices? ¡Pero si nos queríais matar a to dos!” Este sentimiento tiene un nombre en el argot clásico del trotskismo: estalinofobia. Esta se manifiesta por ejemplo en corrientes trotskistas como el lambertismo o el munismo, que tienden a considerar cualquier acción próxima con los partidos comunistas como claudicaciones frente al estalinismo. La estalinofobia y el anticomunismo se confunden cuando se pasa del estalinismo a la defensa del “mundo libre”, y del sistema. Un buen ejemplo de esta evolución (o involución) sería John Dos Passos.

A la caza del discrepante

A pesar de que no andaba muy desencaminado el presidente de la Generalitat catalana, el nacionalista de izquierda Lluis Companys, cuando decía que la izquierda únicamente se unía en la cárcel, lo cierto es que el estalinismo pervirtió el problema de las discrepancias hasta niveles irreconocibles. Sus métodos carecían de antecedentes en la historia social. El único equivalente posible sería la actuación del sector más patriotero de la socialdemocracia alemana contra los espartakistas. Y lo más monstruoso de esta reacción radica en el hecho de que eclipsó a varias generaciones de militantes comunistas ajenos al cinismo de buena parte de sus líderes, que tenían el suficiente conocimiento del papel que Trotsky había jugado con Lenin, o que conocían sobradamente a la gente del POUM por años de lucha en común. Pero la obnubilación llegó hasta el extremo de implicar a intelectuales como José Bergamín que pondría una mancha en su vida prolongando un infecto libelo, Espionaje en España (a punto de reedición en Renacimiento con prólogo de Pelai Pagès) para justificar la tentativa de “noche de San Bartolomé” contra el POUM. Sin embargo, a pesar del grado de embrutecimiento que llegó a alcanzar, la militancia comunista no siguió una única dirección, sobre todo cuando se trataba de gente obnubilada debajo de cuyo estalinismo, a veces feroz, subsistía un alma revolucionaria. No han sido pocas las ocasiones que desde el trotskismo se ha tenido que defender y reconocer las aportaciones de muchos estalinistas que permanecían convencidos de que servían a la revolución: la historia de Leopold Trepper y la “Orquesta Roja” durante la II Guerra Mundial resulta bastante significativa. Trepper sirvió a la “causa obrera” apoyando a la URSS a pesar y en contra de Stalin.

Otro buen ejemplo de esta ambivalencia lo tenemos en el caso de André Marty (1886-1956), un mítico comunista francés que en 1919 protagonizó la revuelta en la flota francesa del Mar Báltico en Odessa contra la intervención imperialista. En su furor estalinista, Marty fue llamado el “carnicero de Albacete” por sus delirios por encontrar “trotskistas” en las Brigadas Internacionales (Hemingway realizó un sórdido retrato suyo en la célebre ¿Por quién doblan las campanas?). Pero Marty fue también el único dirigente del Partido Comunista Frances (PCF) con un pasado revolucionario, y figuró entre los primeros en organizar la Resistencia a pesar de Stalin y del partido. Al final de su vida, a principios de los años cincuenta, comenzó a denunciar la corrupción de la cúpula del PCF, con Thorez a la cabeza, y fue denunciado como “agente de la policía”. Marty comenzó entonces una evolución que le llevó, a los 70 años, a reexaminar muy duramente sus errores y horrores, y llegar hasta las puertas del “trotskismo”. El discurso ante su tumba lo ofició Pierre Frank, y es un modelo de comprensión sobre como el estalinismo llegó a “tener” y corromper hasta a los mejores, o como los mejores tenían una “parte oscura” que fue alimentada por un aparato puesto al servicio de una mistificación, de un pequeño dios que acabaría por caer.

Un puente hacia el “mundo libre”

Está claro que el estalinismo también la tradición comunista, contribuyendo con sus métodos a que amplias franjas de gente revolucionaria y de intelectuales comunistas disidentes llegaran a considerar el “mundo libre” como un “mal menor”, y sirvió de base de justificación para el desplazamiento de la socialdemocracia hacia el anticomunismo, un camino en el que también se insertaron muchos anarquistas. Una idea de la amplitud del rechazo que llegó a provocar el estalinismo en su apogeo lo puede ofrecer el hecho de que alguien de la talla moral de Bertrand Russell no solamente se prestara a colaborar coyunturalmente con la CIA, sino que hasta llegó a justificar el empleo de las armas atómicas contra la URSS. En su etapa política ulterior, Russell se convirtió en el mayor adversario de la agresión al pueblo del Vietnam, en un crítico sin fisuras del secuestro de la democracia (por los poderosos) en los EEUU, y rompió su carné laborista. Un curso no muy diferente siguieron algunos intelectuales procedentes o relacionados con cierto trotskismo, como fueron los casos, con las matizaciones imprescindibles, entre otros, de figuras de la literatura mundial como Ignazio Silone (Fontamara), Dwight Macdonald, Mary McCarthy (Memorias de una joven católica), Edmund Wilson (Hacia la estación de Finlandia), John T. Farrell (Studs Ludigan)… En este tramo se podía colocar lejanamente el célebre caso del tortuoso Elia Kazan, cuya película ¡Viva Zapata¡ (1952), con guión escrito por John Steinbeck, puede interpretarse en clave dialéctica revolución permanenterevolución traicionada. Lo fundamental estribaría en que su antiestalinismo no les llevó (aunque con Kazan se da una actuación delatora inadmisible) a renunciar a sus ideales, y al margen de un tiempo de dudas, dieron la cara en los momentos claves, como el de la guerra del Vietnam. Todos ellos siguieron tomando posición contra MacCarthy, contra el apoyo norteamericano a las dictaduras anticomunistas, contra la guerra de Vietnam, y como es ostensible en Kazan, desarrollando su visión profundamente demoledora del “sueño americano”.

Otros, sin embargo, claudicaron en todos los órdenes, y algunos de ellos, como el citado Dos Pasos, John Dewey –que había presidido el Tribunal que juzgó a Trotsky y a su hijo por las imputaciones de los “procesos de Moscú”–, Max Eastman, Bertram D. Wolfe, André Malraux, etc., todos ellos vinculados en mayor o menor medida a tal o cual páginas de la historia del trotskismo, se mostraron como conservadores. En nuestros lares el sumamente peculiar Julián Gorkin, primero en una lista de poumistas extensible a Enric Adroher “Gironella”, y el inclasificable historiador y periodista Víctor Alba, personaje cuanto menos ambivalente, que antes de fallecer apostaba por la defensa de todas las libertades menos la del mercado, que es la negación de todas las demás… Todos ellos fueron sumariamente catalogados como “trotskistas al servicio de la CIA”.

En aquella “guerra cultural”, resulta además que mientras el estalinismo obligaba a sus “compañeros de ruta” a una obediencia sin fisuras, la CIA tuvo, además de los recursos, la inteligencia en involucrar a la “otra izquierda”, sin desdeñar a la más radicalizada; por ejemplo, se llegó a infiltrar entre los anarquistas cubanos. Sobre todo cuando, por su escasa realidad organizativa, estas izquierdas no representaban un peligro inmediato para el sistema, y como en el caso de los extrotskistas, estaban más preparados (y “concienciados”) que sus burócratas sin experiencia. Desde el movimiento comunista, esta etiqueta de “agente de la CIA” fue a veces abusivamente utilizada aquí en los debates clandestinos, de manera que cualquier crítico podía ser calificado de “agente”. En no pocos casos, la historia acababa en tragedia.

El lector podrá encontrar un reflejo todavía condicionado de la amalgama entre renegados y la CIA en el estalinismo más añejo, pero también en plumas como la de Eduardo Haro Teglen, antiguo “compañero de ruta” en la clandestinidad contra el franquismo del PCE sobre el que conviene añadir que contribuyó desde Triunfo y Tiempo de Historia, a desmantelar la “leyenda negra” del trotskismo, por ejemplo publicando en la primera la respuesta de Peter Weiss a sus censores en la URSS por haber escrito Trotsky en el exilio, que fue traducida por Alfonso Sastre como lo había sido Marat-Sade, cuyo paso por Madrid significó un acto de agitación contra el franquismo.

La CIA sale de pesca

En toda esta cuestión cabe diferenciar dos elementos primordiales, uno de orden teórico, ligado a los problemas de distinguir la frontera entre el antiestalinismo y el anticomunismo justificado desde las izquierdas; y otro se refiere a la involución de una franja de intelectuales izquierdistas que “escogieron” la libertad durante la “guerra fría” apara acabar bendiciendo el fascismo exterior norteamericano. Durante décadas, el trotskismo tuvo un papel central en esta discusión. Sin embargo, toda su razón de ser estriba en distinguir lo más netamente posible entre el antiestalinismo y el anticomunismo.

Célebre en este sentido fue la participación de Trotsky en la crisis que sacudió en otoño de 1939 al norteamericano Socialist Worker Party (SWP), y de la que saldrá su último libro En defensa del marxismo. El conflicto, que tenía como trasfondo la invasión soviética de Finlandia, tuvo un sector discrepante, minoritario en el partido, pero muy representativo de la élite intelectual ligada a la revista Partisan Review, que acabará convirtiéndose en un órgano reconocido al servicio de la CIA. Estaba animada por un antiguo comunista, Max Schachtman, que se mantendrá en sus convicciones hasta finales de los años cuarenta, iniciando una evolución que le llevará hasta la extrema derecha (al compás del “lobby” sionista).

Mucho más representativo sería el caso de James Burnham, adalid del fascismo exterior USA, apologista de Mac- Carthy, de la guerra del Vietnam, de Pinochet o de los “escuadrones de la muerte” en Centroamérica, que en 1983 recibió la Medalla Presidencial de la Libertad de manos de Ronald Reagan. El texto de la concesión no tenía desperdicio: “Desde los años treinta, Mr. Burnham ha formado el pensamiento de los líderes mundiales. Sus observaciones han transformado la sociedad y sus escritos se han convertido en guía de la humanidad en su búsqueda de la verdad. La libertad, la razón y la decencia han tenido pocos paladines de la talla de James Burnham”. Es la misma medalla que Bush jr ha concedido al jefe de la CIA que le montó la trama de las “armas de destrucción masiva” en Iraq, una de las mayores mentiras de nuestra época.

Tras su fase revolucionaria, no hay en el resto de la biografía de Burnham otra “guía de la humanidad” que no sea la de los “amos” de su país, que también lo han querido ser de la tierra. Como escribía Chomsky, de haber conocido una derrota similar a la del nazismo, gente como Truman, Burnham, Reagan, Kissinger (o los mal llamados trotskistas de derecha, ahora al servicio de la conciencia de clase expresada en la agresividad de los neoconservadores), y compañía podrían haber tenido su Nuremberg con un alud de atrocidades que en nada envidiaron la del nazismo. La escuela de Burnham siguió siendo una tentación para muchos exrevolucionarios a los que el sistema les ofrecía una oportunidad de reciclaje aprovechando sus conocimientos adquiridos. Tanto ha sido así que existe todo un sector de “asesores” del partido republicano formado en esta escuela, cuyo secreto radica en un proceso de reinvención, poniendo su formación marxista al servicio de las clases dominantes en una estrategia que W. R. Polk, antiguo asesor de Kennedy, ha definido como una especie de “trotskismo al revés” que se expresa en una concepción de “contrarrevolución permanente” cuyo objetivo no es otro que someter el mundo al dominio de una especie de globalización norteamericana en la que puedan hacerse retroceder las conquistas sociales, no ya las del mayo del 68 (como dicen Polk o el ministro de Educación de Chirac, Louis Ferry), sino todas las conquistas sociales logradas desde 1945

Un debate inacabable

El debate sobre la URSS sería un tornillo suelto del trotskismo a lo largo de su historia que nunca más volvería a enroscarse, un tema sobre el que Bensaïd trata de ilustrarnos sobre su dificultad; dificultad obvia cuando tantas tentativas de “tercer campo” (el que Susan Sontang atribuía a Octavio Paz antes de la conversión de éste ante la Meca de Wall Street).

La pregunta a la que había que responder a la luz de acontecimientos terribles, mantendría una desconcertante vigencia en los años siguientes: ¿era legítima la idea de la defensa a ultranza de la URSS contra el imperialismo? Inmerso en este debate, el trotskista italiano Bruno Rizzi escribió un ensayo muy notable La burocratización del mundo, que obligó a Trotsky a detenerse respetuosamente y afilar la pluma en uno de sus vuelos más audaces. Imposible traer aquí toda la gran densidad del debate, pero hay en él el esbozo de una aventura dialéctica de Trotsky que, dicha precisamente por el hombre de Octubre, adquiere espectaculares resonancias. Isaac Deutscher telegrafía así esta predicción: la prueba final para la clase obrera y el marxismo es inminente: la guerra mundial: “Si ésta no conduce a una revolución socialista en Occidente nos veríamos forzados a reconocer que las esperanzas que el marxismo puso en el proletariado son infundadas (…) que el estalinismo está enraizado no en el atraso de un país sino en la capacidad congénita del proletariado para convertirse en clase dirigente, (…) que el programa socialista, fundado en las contradicciones internas del capitalismo, es utópico (…) y que si el programa marxista se revela impracticable será necesario crear un nuevo programa mínimo”, para la defensa de los oprimidos. El mismo debate volverá a reproducirse con otros cismas del trotskismo, en los que volvería a plantearse la misma cuestión que le planteaba Trotsky a Rizzi: si se está de acuerdo en la legitimidad de la revolución de Octubre, y en la necesidad de una revolución contra la casta dominante, no entendía por qué el debate no podía proseguir entre camaradas.

La revolución española

A esta historia se le puede añadir un capítulo cubano, concretamente cuando Castro arremetió contra el trotskismo y el POUM en reacción a las aventuradas declaraciones de Juan Posadas tras la muerte del Ché, insinuando una situación entre éste y Castro paralela a la de Trotsky con Stalin. La vieja guardia del partido comunista cubano retomó la artillería estaliniana contra el POUM y el trotskismo, y un joven escritor trotskista cubano se suicidó a consecuencia de las graves presiones recibidas. Un drama sobre el que la Cuarta Internacional pensó no dar más publicidad, y aunque, entre otras cosas, Cuba dio asilo a Ramón Mercader, la discusión no se volvió a reeditar en los mismos términos. Cierto es que desde los inicios de la Revolución, junto a un apoyo incondicional, el trotskismo no dejaría de realizar observaciones críticas, y mostraría sus discrepancias, sin por ello olvidar jamás que la cuestión primordial seguía siendo que los errores y los horrores facilitaban el camino restauracionista al servicio del imperialismo norteamericano, ahora más agresivo que nunca, y que nunca ha dejado de mantener planes para matar a Castro o invadir la isla. Se trataba de denunciar unas deformaciones burocráticas ya señaladas por el propio Ché, amén de la deriva caudillista, unas críticas sobre las que ofrecía una amplia argumentación Jeanette Habel en Ruptures en Cuba, que contaba con un luminoso prólogo del célebre editor francés François Masperó, el principal valedor de la Tricontinental y responsable de la revista del mismo nombre en Europa en los años sesenta.

De todo esto queda una poderosa huella, pero las perspectivas son las de otro tiempo. Actualmente, el descrédito del estalinismo es absoluto, y aparecen nuevas propuestas, como la del socialismo del siglo XXI, una de cuyas características básicas (por no decir la primera) es que el socialismo y la democracia plural y participativa son indisociables.

Texto publicado originalmente en el nº 232 de El Viejo Topo, mayo 2007

El discurso final de Allende y la revolución proletaria: Reforma o Revolución.

por Gustavo Burgos//

No debemos amar a los hombres, sino a la llama que no es humana y que los hace arder. No debemos luchar por la humanidad, sino por la llama que transforma en fuego a esta paja húmeda, inquieta, ridícula, a la que llamamos Humanidad.

Nikos Kazantzakis

El 11 de septiembre de 1973 no sólo tuvo lugar la más profunda derrota sufrida por el proletariado y los explotados de Chile, una derrota arquetípica, como la alemana del 23 o la española que culmina con el franquismo. Ese día culminó, además, la colisión entre la política reformista, de la vía pacífica (chilena) al Socialismo y los requerimientos históricos de la revolución proletaria: el choque abierto entre reforma y revolución. Seguir leyendo El discurso final de Allende y la revolución proletaria: Reforma o Revolución.

EEUU: La inundación de Houston, la anarquía del mercado capitalista y la lucha por la planificación socialista

por Niles Niemuth//

El desastre que vive la región del Golfo en Texas por el huracán Harvey se empeora cada vez más, y ahora la tormenta se traslada hacia Luisiana al este. La ciudad de Houston, la cuarta más grande del país, sigue bajo el agua por las inundaciones sin precedentes. La cifra de muertos es de 30 y sigue subiendo, mientras docenas más han desaparecido. Cinco días después de que Harvey tocara tierra, aun no se sabe cuántos necesitan ser rescatados.

Incluso mientras aumentan las víctimas mortales y la destrucción en el sureste tejano, se intenta negar que no se pudo hacer nada para minimizar el impacto de la tormenta.
El titular de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés), William “Brock” Long proclamó que era imposible prever el desastre. “No era posible ni soñar tales pronósticos”, dijo el lunes por la noche. El diario Washington Post lo citó acríticamente en la primera plana, bajo el titular “Oficiales de rescate indican que era imposible prepararse para la ferocidad del diluvio”.
El martes, el New York Times escribió que los esfuerzos de rescate iban “tan bien como se podía esperar”. Después, señaló que en vez de “lamentar no haber escuchado advertencias viejas”, el país debería “mirar hacia adelante”. Al igual que en Nueva Orleans después del huracán Katrina, sugirió ominosamente que puede que áreas enteras de Houston se dejen echar a perder, diciendo que los oficiales ahora tienen “que tomar decisiones difíciles en cuanto a qué reconstruir y cómo”.
Doce años después de Katrina, no se ha hecho nada para reforzar los controles contra inundaciones ni para mejorar la infraestructura social y limitar el impacto de tormentas grandes. Tampoco se ha hecho nada para planificar y preparar medidas de emergencia y seguridad pública para tratar con eventos climatológicos severos. Se hicieron advertencias repetidas y recomendaciones urgentes que fueron completamente ignoradas, como el reporte del 2014 de la Sociedad Estadounidense de Ingenieros Civiles titulado “Un llamado por una Estrategia Nacional de Gestión de Riesgos por Inundaciones”.
Robert Bea, un profesor emérito de ingeniería civil de la Universidad de California en Berkeley y experto en los riesgos por huracanes en la costa del Golfo de México, le indicó al Los Angeles Times que es “una mentira de 100 años” que el sistema de control de inundaciones de Houston podía proteger a la población para una tormenta que sólo pasa cada 100 años. Esta mentira, explicó, está basada en un máximo de 13 pulgadas de lluvia en 24 horas, algo que ha ocurrido más de ocho veces en los últimos 27 años.
No cuesta pensar en las razones detrás de tal grado de negligencia. Tanto la industria de bienes raíces, Wall Street y los monopolios petroleros se opusieron a acatar las advertencias. Su capacidad para bloquear la toma de medidas que pudieron haber protegido al pueblo estadounidense, mediante políticos pagados de ambos partidos, ejemplifica la subordinación completa de todas las necesidades sociales bajo el capitalismo al interés de acaparar una mayor riqueza e ingresos de la oligarquía corporativa y financiera.
El estado de Texas en general y Houston en particular han sido celebrados como modelos del “éxito” de la desregulación y del capitalismo del libre mercado. Siendo el hogar de la dinastía Bush y de las monstruosas compañías de petróleo y gas, Houston es la ciudad más grande del país sin legislación urbanística. No existen límites serios a lo que pueden hacer los especuladores de bienes raíces y desarrolladores, quienes han hecho caso omiso a las advertencias de ingenieros y científicos sobre las consecuencias de pavimentar por encima de humedales y pastizales, terrenos que absorben la lluvia, con concreto impermeable.
La extensión urbana de la ciudad ahora cubre 1500 kilómetros cuadrados. Desde el 2010, han sido construidos miles de hogares sobre planicies aluviales y los planificadores municipales han sabido que la ciudad está situada sobre una superficie muy propensa a inundaciones, pero no hicieron nada para detener la destrucción de las barreras naturales que alguna vez limitaban las inundaciones. Los miles de trabajadores que han perdido sus medios de vida son las víctimas de la negligencia criminal de los oficiales gubernamentales que representan los intereses de las inmobiliarias, magnates petroleros y banqueros.
Hubo una amplia gama de advertencias sobre una catástrofe por inundaciones. En el 2008, el huracán Ike pasó cerca, pero golpeó la ciudad de Galveston. Tres otras tormentas desde el 2015 han ocasionado inundaciones importantes en las áreas que FEMA había declarado en riesgo. Discusiones que se han estado llevando a cabo desde hace demasiado tiempo sobre ampliar y fortificar la infraestructura para proteger a Houston y otras ciudades costeras de mareas tormentosas nunca han pasado de sus etapas de planeamiento. Por mientras, los sistemas anticuados e inadecuados de control contra inundaciones que fueron construidos hace décadas ya están colapsados.
El presidente Donald Trump visitó Texas el martes, ejemplificando la descarada indiferencia de la élite gobernante estadounidense hacia la crítica situación que viven los trabajadores como resultado de su avaricia y negligencia. Al mismo tiempo, demostró un enorme grado de ignorancia hacia lo que están pensando las masas.
En un evento planificado en el centro de gestión de desastres en Corpus Christi, el mandatario, el gobernador de Texas, Greg Abbott y el jerarca de FEMA se dieron palmadas en la espalda por su supuestamente maravillosa respuesta a las desastrosas inundaciones. Presentaron el obsceno espectáculo de caos e incompetencia por parte de las autoridades, lo cual ha provocado gran impacto e ira alrededor del país y el mundo, como un modelo de compasión y eficiencia.
Abbott, un activo político de la industria petrolera, alabó servilmente a Trump, quien representa los intereses de las inmobiliarias que han saqueado y condenado a Houston a su estado actual.
Como sucedió en Nueva Orleans después de Katrina, ya se habla detrás de bastidores sobre cómo aprovechar la crisis para desmantelar aun más las regulaciones, privatizar bienes y recortar salarios.
Es crítico que la clase obrera y la juventud lleguen a las conclusiones políticas necesarias de este denominado “desastre natural”. La catástrofe en Texas no es, después de todo, la primera.
Los últimos doce años han visto una serie de eventos que han expuesto de forma más y más clara los niveles impresionantes de desigualdad y pobreza que caracterizan a la sociedad estadounidense, junto con la indiferencia y criminalidad de la oligarquía corporativa gobernante: Katrina en el 2005, el derrame de petróleo de BP en el 2010, la supertormenta Sandy en el 2012 y ahora Houston.
Todos estos desastres son de hecho crímenes sociales. Demuestran además la incompatibilidad de las sociedades complejas de la actualidad con un sistema económico obsoleto e irracional que está basado el afán de lucro personal de los oligarcas financiero. Miles de personas en Houston lo perdieron todo, muchos incluso sus vidas, y ¿para qué? Para que gánsteres multimillonarios como Trump puedan comprarse mansiones y yates más grandes y puedan mantener a políticos sobornados para que defiendan sus riquezas y poder.
Estos trágicos eventos demuestran de forma negativa la urgente necesidad de reorganizar toda la vida económica y social del país y el mundo con base en una planificación racional y científica, el control y manejo público de los recursos de la sociedad y la participación democrática de las masas.
Más allá, el despliegue de solidaridad y la organización de los esfuerzos de socorro por parte de gente ordinaria en Houston y alrededor del país ponen en evidencia el potencial para el desarrollo de tal sociedad. ¿Qué lo previene? Una oligarquía barbárica que se aferra a toda la riqueza y fuerzas productivas de la sociedad. La lección principal del huracán Harvey es que este obstáculo tiene que ser quitado del camino. La única fuerza social que lo puede lograr es la clase obrera.

FMI se muda(rá) a Pekín y China lanza futuros de oro y petróleo en renminbis

por Alfredo Jalife-Rahme//

La agencia británica Reuters citó a la agazapada (por sus sulfurosos escándalos fiduciarios) Christine Lagarde, directora del FMI, quien vaticinó –durante un evento del Centro para Desarrollo Global en Washington– que, en caso de proseguir las tendencias de crecimiento de China y otros grandes mercados emergentes, su agencia se mudará sin compunción alguna a Pekín (https://goo.gl/2gwHv5).

Por mucho menos, EU descuartizó al anterior director del FMI, Dominique Strauss-Kahn (https://goo.gl/9Yfdjs).

A mi juicio, la malhadada directora francesa, apuntalada por la canciller alemana Angela Merkel, apuesta al euro y al renminbi frente al dólar, así como a trasladar la sede del FMI a Pekín, a lo cual habrá que acostumbrarse desde ahora.

La temeraria Lagarde casi garantizó que en un periodo máximo de 10 años la sede del FMI se ubicará en Pekín ya que sus estatutos asientan que su matriz debe localizarse en el país miembro de la mayor economía global.

Desde hace 72 años EU goza del poder efectivo de veto sobre las decisiones con 16.5 por ciento de participación de los votos del consejo, frente a la aberrantemente anómala participación de China con un raquítico 6.41 por ciento.

En una medición del PIB por el poder adquisitivo, hoy China es la que contribuye preponderantemente al crecimiento global. Pero en términos nominales del PIB, con un crecimiento de 6 por ciento, China supera(rá) a EU en un momento dado de la siguiente década.

Se han agudizado las jeremiadas del Financial Times que con The Economist es propiedad del grupo Pearson controlado sustancialmente por los Rothschild.

El lanzamiento de futuros del oro en renminbis, en subastas de dos veces al día en el Shanghai Gold Exchange, implica a 18 bancos, entre ellos tres anglosajones: Standard Chartered Bank (Gran Bretaña) y Banking Group (Australia/Nueva Zelanda), lo cual “reducirá la influencia del precio aurífero londinense que se inició en 1919 (sic) cuando los banqueros de MN Rothschild & Sons dictaban su cotización a tirios y troyanos (https://goo.gl/CqPJtA)”.

No es ningún secreto que la fijación (fix) del oro por los Rothschild era opaca y vulnerable al abuso del mercado.

China golpea a EU donde más duele, al reducir la dependencia del precio del oro en el dólar estadunidense.

Se pudiera aducir que China es el emperador de las materias primas, ya que seis de los 10 principales contratos de futuros comerciados a escala global dependen de los intercambios y precios de China, prácticamente, el mayor importador de todas las materias primas: desde el hierro hasta el cobre.

A juicio de Nathan Lewis, de Forbes, “China implanta los fundamentos para el próximo sistema mundial del patrón oro (https://goo.gl/kq1gT2)”.

Los futuros del oro tanto en renminbi como en dólar estadunidense serán físicamente entregados en Hong Kong, lo cual le hará más competitivo cuando las famosas reservas de oro de EU en Fort Knox son inexistentes, según el ex congresista texano Ron Paul, por lo que ha solicitado una auditoría de la Fed.

China acaba de desplazar a Alemania del segundo lugar global con cuatro mil toneladas de tenencia en oro detrás de las fantasmagóricas reservas de EU (https://goo.gl/xmo7Yh).

South China Morning Post (SCMP), portal filo-británico tolerado en Hong Kong, aduce que Pekín revive sus ambiciones de divisa global, mientras se avizora un “cambio profundo (sic) en el sistema monetario global que pudiera llegar antes de lo esperado (https://goo.gl/tLkxqn)”.

SCMP juzga que Pekín usa a Hong Kong como cabeza de playa para intentar expandir una vez más el uso global del renminbi.

Baste considerar cuatro grandes movimientos en la bolsa de Hong Kong en julio: 1 lanzamiento de futuros de oro en renminbis; 2 acuerdo entre China y Rusia para crear un fondo común de 10 mil millones de dólares para promover compensaciones bilaterales tanto en renminbis como en rublos; 3 primera venta de los Bonos Panda de Hungría en China por mil millones de renminbis (Nota: 6.7 renminbis por dólar); y 4 inminente lanzamiento de futuros del petróleo en Shanghai.

Hay que tomar con pinzas la desinformación anglosajona del SMCP, pero de todas maneras hay que considerar sus aviesas travesuras cuando enuncia que tales grandes movimientos se gestaron después de que Pekín pudo estabilizar el renminbi y acabó con el pánico (sic) del mercado sobre la amenaza de un desplome del renminbi.

De acuerdo con la Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication (SWIFT), la participación del mercado del renminbi en los pagos internacionales se incrementó a 1.98 por ciento en junio.

No es ningún secreto que China busca posicionar al renminbi como la divisa comercial y de reserva predilecta en la región, lo cual trastocará en forma dramática el agónico sistema monetario global.

En un descuido y el renminbi no solamente será una divisa ancla, sino que aún pudiera sustituir al billete verde, que no sale de su marasmo desde la crisis financiera de Lehman Brothers de 2008 con todo y los estímulos de la Reserva Federal que han puesto en tela de juicio el verdadero valor del dólar estadunidense que, a juicio de Pekín, representa el signo de un sistema global anacrónico que no reconoce la importancia de China.

Para Howhow Zhang, director de KPMG en China, el renminbi será una verdadera divisa global en cuestión de años y no de una década.

Todavía las tres cuartas partes de la actividad off shore del renminbi se gesta en Hong Kong.

También es cierto que el ascenso irresistible y la internacionalización del renminbi –con varias plazas off shore (Londres, Singapur, Qatar, etcétera) que servirán de ancla para el magnificente proyecto de la “Nueva Ruta de la Seda (https://goo.gl/AQ4Kpy)” con el apalancamiento de la infraestructura– ha sido detenido por dos choques en el verano de 2015:1 su devaluación de 2 por ciento; y 2 un declive bursátil, los cuales, a mi juicio, tuvieron que ver con la guerra financiera contra China y la guerra energética contra Rusia, que operó estérilmente el pérfido Obama.

Hoy China es el segundo mayor consumidor de petróleo después de EU, por lo que el lanzamiento de International Energy Exchange (INE) en Shanghai constituye un clavo adicional al féretro del dólar y donde el crudo de Dubai y Omán juegan un factor relevante, en espera del gas de Irán y Asia Central, no se diga de Rusia.

En la reciente cumbre del ASEAN se detectó tanto la fortaleza como la sutil diplomacia de China que anunció recibir a fin de año a Trump.

Al equipo financierista de Trump le tocará vivir la ignominia de revisar el sistema de cuota del FMI que deberá ser analizado el año entrante.

A mi juicio, muchas de las bravatas de casino de Trump con Norcorea, que han derivado en presiones mercantiles contra China, subsumen el deseo de descarrilar el avance del renminbi; el lanzamiento de futuros del binomio oro/petróleo; el posicionamiento global de las dos plazas bursátiles de Hong Kong y Shanghai; y, sobre todo, el boicot a la próxima sede del FMI en Pekín, que, me atrevo a vaticinar, será magnificente y superará en arquitectura y funcionalidad al hoy edificio vetusto de Washington.

Artículo publicado originalmente en La Jornada

A Marchar Este Domingo

Por Equipo el Porteño

 

En medio de la crisis palaciega producida por la defenestración (según la Real Academia: Arrojar a alguien por una ventana) del ministro Rodrigo Valdés, hay un llamado de la Coordinadora Nacional de Trabajadores No + AFP a marchar este domingo 3. Desde el porteño llamamos a participar de esta movilización. Reproducimos el llamado oficial. Seguir leyendo A Marchar Este Domingo

“No + AFP”: Proyecto del Gobierno deja intacto el sistema de pensiones

El vocero del movimiento “No + AFP” Luis Mesina afirmó que el proyecto de reforma a las pensiones propuesto por el Gobierno el 10 de agosto “deja intacto el sistema”.

 

La propuesta del Ejecutivo, dada a conocer por la Presidenta Michelle Bachelet, incluye un aumento de cotizaciones del cinco por ciento con cargo a los empleadores. De este monto el tres por ciento irá a la cuenta individual de los cotizantes y el dos por ciento restante irá a un fondo de ahorro colectivo, lo que según la Mandataria hará subir las pensiones en un 20 por ciento de manera inmediata.

“Lo único que va a mejorar las pensiones, en un porcentaje que es ínfimo, es lo que va a reparto. Eso devela y demuestra que solamente con el reparto es posible el mejoramiento de las pensiones y no como se ha señalado reiteradamente que es a través solamente de la capitalización individual, del ahorro individual”, dijo Mesina.

“La Presidenta, por clara intervención del ministro de Hacienda, desaprovechó una oportunidad histórica: por primera vez después de 36 años el país, no un grupo de dirigentes, el país en su gran mayoría tiene un cuestionamiento a esta industria. Lo que se ha hecho con esta propuesta de reforma es dejar intacto el sistema, pues se le permite seguir manteniendo un gigantesco flujo a las AFP, manejándolo a discreción“, añadió el dirigente.

Acerca de las consultas de algunas AFP a sus afiliados, que han dado como resultado que la mayoría dice preferir que la cotización extra vaya a las cuentas individuales, Mesina afirmó que “la pregunta es inductiva y quienes han estudiado algo mínimo de encuestas lo saben: se manipula una de las variables de la respuesta“.

“Si usted le pregunta a la gente que gana tan poca pensión que tiene la posibilidad de aumentar un cinco por ciento si quiere que vaya al colectivo o a la cuenta individual, por supuesto que la gente va a decir que vaya a la cuenta individual. Pero (sería diferente) si dices que de este 15 por ciento, no el cinco, va a cumplir con un principio de reparto solidario como ocurre en los países de Europa y usted va a mejorar sustancialmente sus pensiones porque va a entrar a un nuevo sistema que anticipa prestaciones”, argumentó.

“La gente en general es solidaria en nuestro país. Le puedo asegurar que en la Teletón, por ejemplo, los más solidarios son los trabajadores. Aquí la gente es solidaria. Cuando visitamos cientos de asambleas con trabajadores, toda la gente es solidaria, todos están dispuestos a dar una fracción de su humanidad para concurrir con una parte de su salario al aumento de las pensiones de todos”.

“Esperamos que la gente comprenda que efectivamente todo fue mentira. Esta propuesta de reforma que presentó (Rodrigo) Valdés (ex ministro de Hacienda) con el Gobierno era un volador de luces, era un guiño para hacernos creer que querían mejorar las pensiones. Nada más alejado de la verdad”, comentó Luis Mesina, vocero de la Coordinadora.

La Coordinadora Nacional de Trabajadores No+AFP llama a marchar este domingo 3 de septiembre, con el fin de expresar el malestar ciudadano en relación al papel de las administradoras en el manejo de los fondos provisionales y exigir un cambio del sistema de pensiones, desde la capitalización individual al reparto solidario.

La convocatoria es a las 11 horas y el trazado de la marcha familiar en Santiago se extiende por Alameda, desde Plaza Italia hasta el sector de Los Héroes. En Valparaíso se inicia en Plaza Sotomayor hasta llegar a la Plaza del Pueblo.

En tanto, Esteban Maturana, también vocero de la agrupación, apunta a la Presidenta Bachelet, la clase política y los empresarios, porque a su entendido dijeron “sí más AFP y nos dicen que si queremos mejores pensiones trabajemos más y paguemos más”. En ese sentido, agrega que “nosotros creemos que Chile necesita un sistema de pensiones sustentado en la lógica del reparto, de la solidaridad. Los viejos tienen derecho a tener una pensión digna y los que estamos activos, tenemos que financiar las jubilaciones de nuestros viejos”.

Para Luis Mesina, la triada identificada por Maturana “quiere seguir manteniendo las AFP y el sistema, no hay voluntad de hacer cambios profundos y estructurales, porque eso supone discutir, debatir con todos los actores. Nosotros somos un actor, no somos el único, pero nos desdeñan, nos desprecian y esto ha quedado claro ahora, porque es tal el nivel de desprecio hacia la ciudadanía, que colocan a dos ministros que estaban vinculados al grupo Luksic, que tienen grandes conflictos de intereses”.

Los dirigentes también tuvieron palabras para la renuncia del ex ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, luego de criticar públicamente a sus colegas del gabinete que rechazaron el proyecto minero portuario Dominga.

Para Esteban Maturana, la salida de Valdés “era algo que se veía venir, porque se mostró como uno de los ministros más tercos y no midió los costos políticos de su actuación y, finalmente, ya en el tema de la minera Dominga, ahí se mostró claramente cuál era el perfil real y cuáles son los intereses que defiende”.

“Valdés entregó al país con un crecimiento inferior al 1,5%. En el mes de septiembre del año 2015 recibió la propuesta de la Comisión Bravo respecto a pensiones, pasaron dos años y no hizo nada”, recordó por su parte Mesina.

Además, el vocero de No+AFP enumeró una serie de conductas del ex secretario de Hacienda que -a su juicio- “son francamente reprochables”. “Se reunió de manera secreta con los dueños de las AFP en Estados Unidos, sin informar en Chile. Validó las fusiones truchas de Provida y Cuprum, que le significaron al Estado chileno perder más de US$ 420 millones. Presionó de tal forma hasta lograr la salida de la ministra Rincón. Calificó públicamente de imprudente a la ministra actual del Trabajo, Alejandra Krauss. Hasta que rebalsó el vaso cuando se puso en contra de la propia jefa de Estado. Es decir, un ministro que no guarda prudencia en esa materia, creo que no merece estar en el Estado. Él responde a los intereses de los grandes grupos económicos”, sentenció Mesina.

La Larga Depresión. Entrevista a Michael Roberts

Por Mark Kilian

13/08/2016

 

Mark Kilian, redactor del periódico holandés de socialist , entrevista a Michael Roberts sobre su nuevo libro, el estancamiento económico actual, las perspectivas de una nueva recesión y como romper con el capitalismo. Este es el texto traducido al castellano de la versión inglesa editada por Roberts.

 

MK: Nuestro gobierno asegura que la economía se recupera. Al mismo tiempo, vemos que Grecia necesita de forma continua “paquetes de rescate” y ahora hay problemas en Italia. ¿Cuál es el estado de la economía mundial?

MR: El desarrollo de la economía mundial desde 1945 no ha sido armonioso, no ha crecido en línea recta. Ha habido una serie de auges y recesiones. Me refiero a una disminución del ingreso nacional o la producción nacional de un país por lo menos durante seis meses o más, antes de volver a recuperarse y crecer.

Pero lo específico de este último periodo, es que tuvimos una gran caída en 2008-9 después de la crisis financiera internacional. La Gran Recesión, que duró 18 meses, fue la mayor desde la década de 1930. Como resultado, todas las grandes economías del mundo, entre ellas la de los Países Bajos, experimentaron una fuerte disminución de su renta y producción nacional. Cada vez que sucede, millones de personas ven sus vidas arruinadas, pierden sus puestos de trabajo y, posiblemente, sus casas, porque no pueden pagar el alquiler o la hipoteca. Además, los gobiernos aplican toda una serie de medidas, de recortes en el estado de bienestar y en los servicios públicos, que afectan a la población también. Además, todo ese período de declive es una pérdida permanente. Si no hubiera habido caída, la producción y los ingresos habrían sido mayores, el volumen y la calidad del empleo hubieran sido mejor. Eso nunca se puede recuperar.

Y la diferencia esta vez en comparación con otras crisis es que la recuperación tras la Gran Recesión ha sido muy débil. Es la recuperación económica más débil desde los años 1930. Desde el final de la Gran Recesión, después de siete años, la mayoría de las economías apenas han recuperado el nivel que tenían en 2007. Eso muestra lo lento que ha sido.

Por ejemplo, Italia: el FMI ha presentado un informe que es verdaderamente sorprendente . No sólo Italia sufre una gran crisis bancaria que podría venirse encima de los bancos muy pronto, a menos que el gobierno pague su rescate, sino que el FMI calcula que el PIB y la producción de Italia no volverán al nivel del año 2007 ¡hasta el 2025! Eso supone dos décadas pérdidas de producción, ingresos, empleo y mejores condiciones de vida para el pueblo italiano. Tan débil ha sido la recuperación en Italia.

La producción, el empleo, y los ingresos de la gente en la mayoría de las economías y para la mayoría de las personas no se han recuperado hasta niveles de 2007. De acuerdo con un nuevo informe de McKinsey, consultores de gestión, dos tercios de los hogares en las 26 economías de la OCDE tenían menores niveles de vida en 2015 que ¡en 2005!

Así que es una recuperación muy débil y, en mi opinión, llena de  peligros antes de volver a los niveles que hemos visto antes, si alguna vez lo hacemos, de que la economía mundial caiga en otra recesión en el próximo uno o dos  años.

MK: En su nuevo libro se describen tres depresiones: la de los años 1873-1897, 1929-39 y la actual. ¿Hay algo que podamos aprender de ello?

MR: En mi opinión, esta no es una recesión normal, sino una depresión. Eso es diferente de las depresiones normales. No sucede muy a menudo. En la historia del capitalismo moderno, del siglo XIX hasta ahora, sólo ha habido tres grandes depresiones. En una depresión, la recuperación es tan débil que las economías no regresan a las mismas tasas de crecimiento o incluso al nivel de producción que existía anteriormente, excepto después de un periodo muy largo.

Hubo una gran caída en 1873 en Gran Bretaña, Alemania y los EE.UU., las principales economías capitalistas entonces. No hubo una recuperación verdaderamente fuerte después. Hubo una serie de crisis, que se extendieron durante los siguientes 20 años. Eso fue una depresión: un bajo nivel de crecimiento y una serie de crisis. Paso mucho tiempo antes de que fuera posible una recuperación sostenida.

La segunda depresión fue la Gran Depresión. Comenzó con el colapso de los mercados de valores en los EE.UU. en 1929, similar al colapso del mercado de la vivienda en los EE.UU. en 2007. Después de la crisis en 1929 los EE.UU., la economía capitalista más grande del mundo, entró en la depresión más profunda. Hubo desempleo masivo prolongado, y no hubo recuperación real durante la década de 1930. Solo cambio la situación cuando los EE.UU. entraron en la Segunda Guerra Mundial, junto con Gran Bretaña, contra las denominadas potencias del Eje. La producción pública se incrementó, lo que llevó al crecimiento económico y la recuperación. Así que sólo la guerra trajo la recuperación en la década de 1930. En mi opinión, estamos en un período similar. Se necesitarán algunos cambios drásticos para que el capitalismo vuelva a la recuperación.

MK: Su elección de palabras sugiere que la producción dirigida por el Estado puede ser diferente de la producción capitalista.

MR: Creo que hay una distinción que debe hacerse. Los economistas keynesianos creen que la solución a estas crisis es que el gobierno gaste más dinero en gasto social, o de dinero a las empresas para invertir, o lleve a cabo sus propios programas de producción y por lo tanto que la gente tenga trabajo. Esto impulsaría la economía capitalista y la pondría de nuevo en marcha. Esa es la solución keynesiana a estas crisis.

Se intentó brevemente y con poco entusiasmo en la década de 1930 por Roosevelt en los EE.UU. con el llamado New Deal. No se ha intentado realmente en la actual recuperación. La mayoría de los gobiernos han efectuado recortes en el gasto público. No estoy abogando por una solución keynesiana. Podría ayudar por un tiempo, pero también afectaría finalmente la rentabilidad del sector empresarial y de hecho podría, en ciertas circunstancias, empeorar las cosas.

Cuando hablo de la producción estatal, me refiero a que el gobierno tome el control de la mayor parte del programa de inversión de la economía. Las grandes compañías se convertirían en parte de una operación estatal, dirigida idealmente por el Estado. Fue lo que paso en la Segunda Guerra Mundial. Se dijo a las grandes empresas: “No pueden seguir produciendo coches, ahora hay que fabricar tanques”. Hubo un control directo del gobierno dirigido al esfuerzo de guerra. En cierto modo, se puso fin a la producción capitalista con fines de lucro y se reemplazó por la producción dirigida por el gobierno. Los capitalistas siguieron ganando dinero y teniendo beneficios, pero estaban completamente controlados y dirigidos por el estado militar con el fin de llevar a cabo la guerra. La analogía aquí es que el capitalismo ya no operaba sobre la base de los intereses del sector capitalista, sino de lo que se consideraba el interés de la sociedad en ese momento.

Una respuesta socialista, en lugar de una keynesiana, implica que los gobiernos se hagan cargo de los principales sectores de la economía para producir para las necesidades sociales en vez de con fines de lucro. Eso significa el control de la inversión y la propiedad de todos los principales bancos y otras grandes empresas. Algo drásticamente diferente de lo que los keynesianos proponen ahora y que iría aún más lejos de lo que ocurrió en tiempos de la guerra.

MK: Mucha gente ve la larga expansión a partir de 1945 como una situación “normal”. Pero ¿cómo se explica el boom?

MR: Esa es una parte importante de mi libro; por qué hay periodos de auge y crisis. El período de 1945 a mediados de los años 60 fue un período excepcional; se le llama la “edad de oro” del capitalismo. Había un crecimiento bastante alto, más o menos pleno empleo, muchos países desarrollaron un mejor estado de bienestar, educación gratuita hasta el nivel universitario, servicios de salud gratuitos, programas estatales de vivienda; mejores pensiones, etc.

Pero fue un período excepcional. ¿Por qué? Lo que impulsa el crecimiento en el capitalismo es la posibilidad de obtener beneficios. La salud de la economía capitalista depende de lo que ocurre con la rentabilidad del capital, la tasa de ganancia en cada inversión realizada por los capitalistas. Al final de la Segunda Guerra Mundial, como resultado de la destrucción física en Europa, de la mayor parte de la maquinaria, fábricas, etc., y una enorme cantidad de mano de obra disponible a precios baratos, la rentabilidad de las grandes empresas capitalistas se disparó en Europa en la medida que se iban recuperando. Y consiguieron crédito barato (incluso gratis) de los EE.UU. En los EE.UU. se había producido una devaluación del viejo capital, y el nuevo capital trajo una nueva tecnología que era muy rentable, y hubo una enorme expansión de la fuerza de trabajo. Lo mismo se aplica a Japón. En todo el mundo, el capitalismo tuvo un alto nivel de rentabilidad de la inversión.

Pero a mediados de los años 60 comenzó a caer la rentabilidad de forma considerable hasta la década de 1980. Este período se llama la crisis de rentabilidad. La teoría de las crisis en el capitalismo de Marx es que, si la rentabilidad es la fuerza impulsora del crecimiento, no puede aumentar continuamente. A medida que el capitalismo se expande y acumula capital, hay una tendencia de la rentabilidad a caer. Esta es una ley fundamental en la economía política que Marx percibió. Y en ese proceso de la tasa decreciente de ganancia, el capitalismo tiene problemas y las crisis se desarrollan con mayor frecuencia.

La edad de oro de los años 1950 y 1960 dio paso a las crisis. Yo era joven entonces y recuerdo que fue un período de grandes luchas del movimiento obrero en la medida en que la rentabilidad cayó y el capitalismo intentó estrujar a los trabajadores. Los trabajadores lucharon porque tenían una gran cantidad de conquistas que no querían perder y los sindicatos eran relativamente fuertes. Finalmente, los sindicatos fueron aplastados en las recesiones de principios de la década de 1980 y el movimiento obrero fue derrotado y sometido en muchas batallas. El capitalismo trató de aumentar la rentabilidad a través de recortes en el gasto público, privatizaciones, la explotación de la fuerza de trabajo, la eliminación de todas las protecciones de la fuerza de trabajo, la globalización, etc. Es el período neoliberal de los últimos 20 años del siglo XX.

Así que la “edad de oro”, fue un período especial, de rentabilidad muy alta debido a la guerra mundial, seguida de una gran disminución de la rentabilidad y, hasta el final del siglo XX, con grandes esfuerzos del capitalismo – con cierto éxito – para aumentar la tasa de ganancia de nuevo.

MK: ¿Lo que en realidad está diciendo es que la crisis de mediados de los años 60 valida la teoría de la tasa decreciente de ganancia de Marx y que el neoliberalismo movilizó algunas de las tendencias que la contrarrestan, que Marx también describe, con el fin de restaurar la tasa de ganancia?

MR: Esa es una buena manera de decirlo. La ley del beneficio de Marx sostiene que a medida que el capitalismo se expande, hay una tendencia de la tasa de ganancia a caer. Pero hay formas de contrarrestar eso, durante un tiempo. En la sociedad capitalista el valor sólo proviene de la explotación del trabajo, las personas que trabajan bajo control de los propietarios capitalistas para que puedan vender los productos en el mercado, y pueden obtener un beneficio. Estos utilizarán más maquinaria y plantas, y nuevas tecnologías, para mantener o reducir el coste de la mano de obra, pero al hacerlo, reducen la cantidad de ganancia por inversión. El beneficio, y el valor en general, según Marx, provienen sólo de las personas que trabajan, no viene de las máquinas. Las máquinas no producen ningún valor a menos que se las ponga a trabajar. Lo que requiere trabajo humano a menos que se tenga una sociedad únicamente de robots – pero eso es otra historia.

Hay una contradicción entre el aumento de la productividad del trabajo mediante una mayor inversión en tecnología y el mantenimiento de la rentabilidad mediante, trabajo más intenso, aumento de las horas de trabajo, introducción de nuevas tecnologías, expansión del comercio, desposeyendo los recursos de los países más pobres y otras formas de explotación. Estos factores actuaron con ímpetu durante los años 1980 y 1990, con el objetivo de revertir la baja tasa de ganancia a la que había llegado el capitalismo.

La rentabilidad se recuperó, pero nunca al nivel de la “edad de oro”. Desde finales de 1990 la ley marxista de la rentabilidad comenzó a funcionar de nuevo, y, a pesar de todos los intentos de los capitalistas, las principales economías empezaron a frenarse. Se crearon las condiciones para las nuevas crisis y depresiones del siglo XXI. Los capitalistas trataron de evitar la crisis con un enorme auge del crédito y la invención de nuevas formas de especulación en los mercados financieros, manteniendo los beneficios solo para un sector del capital. Pero la rentabilidad subyacente no se recuperó. Se puede especular en los mercados de valores, pero éstos no crean nada. Sólo tratan de pellizcar el dinero de los demás, por decirlo de alguna manera, y crear una mejora ficticia.

¿Qué ocurre hoy? Si observamos el crecimiento y la producción en las principales economías, es muy lento y, por tanto, las ganancias se estancan. Sin embargo, el mercado de valores, la bolsa, está en auge. Esta dicotomía entre el llamado por Marx “capital ficticio” y lo que realmente está pasando en la economía capitalista llegó en 2007 a un punto extremo.  La crisis se produjo por la brecha entre los precios del mercado de valores, los precios de la vivienda, la especulación en los mercados financieros y lo que, en realidad, ocurría con la rentabilidad del capital. Así se produjo la crisis.

Este es el proceso que trato de describir en mi libro. El libro intenta proporcionar algunos indicadores. Algunos economistas se centran en la financiarización: el aumento de ese sector en relación con los sectores productivos. Un argumento popular es que el sector financiero y los bancos deben ser regulados o restringidos. Pero eso no es suficiente, es un poco como tratar de controlar un tigre en una jaula con sólo una hoja de papel. No hay ninguna garantía de como los bancos se comportarán con la regulación. Recientemente, los reguladores financieros de Estados Unidos investigaron las actividades de HSBC, el gran banco del Reino Unido, que lavó dinero para los carteles mexicanos de la droga durante años. El Banco ganó miles de millones de libras con el lavado de dinero. A pesar de ser descubierto, las autoridades decidieron no intervenir ni imponer multas al HSBC, ya que, argumentaron, podría hacer caer al sistema bancario. Esto demuestra que la regulación de los bancos es totalmente inútil. No cambia nada; el sistema continuaría con las mismas prácticas.

La única manera de lidiar con esto es hacerse cargo de los bancos, convertirlos en propiedad pública a través del control de los trabajadores de la banca y de un amplio control democrático de la sociedad en su conjunto, para que los bancos se conviertan en un servicio público: proporcionando préstamos a la gente que lo necesita, a las pequeñas empresas para mejorar el potencial productivo de la economía. Los Bancos no podrán especular en los mercados financieros y participar de los escandalosos paraísos fiscales utilizados para el blanqueo masivo de dinero, tal como ha venido ocurriendo en las últimas décadas y continuará ocurriendo, incluso con la intervención de los reguladores.

Otro punto de esto es que la crisis financiera no es sólo una crisis bancaria. Una crisis financiera no está aislada de lo que está sucediendo en el sector productivo de la economía, de la producción, de la tecnología, de los mercados donde las cosas circulan, y con las que los bancos especulan. Los bancos no hacen dinero de la nada; el valor debe venir de otra parte. La crisis bancaria es realmente un síntoma de que los sectores productivos de la economía capitalista ya no son lo suficientemente rentables para apoyar este castillo de naipes. Los que argumentan que es sólo una crisis financiera y que la solución radica en el control del sector financiero ignoran la verdadera naturaleza de la crisis y, por lo tanto, no puede resolverla.

MK: ¿Se puede decir que el sector financiero contribuye a la inestabilidad del sistema?

MR: Es evidente, pues es más grande y más importante. A medida que la rentabilidad se redujo en los años 1960 y 1970 y se mantuvo relativamente baja en los sectores productivos en el periodo neoliberal, uno de los factores para contrarrestar esta tendencia fue trasladar la inversión al sector financiero, a los bancos y a otras instituciones, para obtener beneficios a costa de menores inversiones en el sector productivo.

La inversión productiva disminuyó en la mayoría de las economías en los años 1980 y 1990. Esto es una indicativo de la debilidad de la economía capitalista hacia el final del siglo XX y de la necesidad de desviarla a la financiación y a otros lugares. Así que sí, esto es una parte importante del proceso de la crisis. Pero, al mismo tiempo, es un síntoma de la incapacidad para aumentar la rentabilidad.

MK: ¿La gran recesión de 2007-2009 no fue prevista por los economistas?

MR: El libro tiene una sección que sería divertida si no fuera tan trágico. Los economistas profesionales, las instituciones económicas y otros ‘expertos’ no vieron venir la gran recesión que se aproximaba, sino todo lo contrario. Los bancos centrales y los gobiernos estaban convencidos de que todo iba bien, o como mucho que era un problema que podrían resolver fácilmente.

Cuando llegó la crisis, no fueron capaces de explicar por qué había estallado. Siguieron negando su gravedad y pensaron que terminaría rápidamente, lo que no fue así. No pudieron explicarlo. Hasta ahora no saben realmente qué hacer para que el sistema funcione de nuevo. Las instituciones, los bancos centrales y los gobiernos todavía están luchando para conseguir una recuperación por encima del débil nivel donde está, pero, como no entienden lo que pasó, no saben qué hacer al respecto.

Unas pocas personas advirtieron de los peligros que acechaban en la primera década del 2000. Fueron capaces de ver que la enorme burbuja inmobiliaria de los EE.UU. no podía sostenerse; otros percibieron el enorme aumento de los créditos a particulares con un sector financiero altamente comprometido. Así que uno o dos economistas radicales, fuera del consenso, reconocieron los peligros reales. Y uno o dos marxistas plantearon la idea de que, a pesar del enorme auge de los precios inmobiliarios y del crédito, la rentabilidad estaba empeorando y se produciría una crisis.

Uno de ellos fue Anwar Shaikh. Predijo una gran crisis y una depresión subsiguiente. Hice un pronóstico similar en 2005-6. Sostuve que había un conjunto de ciclos que se cruzaban: disminución de los beneficios, un pico del mercado de la vivienda, y un ciclo depresivo general que lleva el nombre del economista ruso Kondratieff. Todos esos ciclos se acumulan en una crisis depresiva. Esto me sugirió que podría haber una crisis bastante grave y pensé que se produciría entre 2009 y el 2010. Pero llegó antes. En fin, solo un puñado de personas vieron la crisis que se avecinaba: el 99 por ciento de los economistas no lo hizo.

MK: Comparando la posición de los EE.UU. de hoy a la de Gran Bretaña durante la crisis de la década de 1930 se observa que Estados Unidos se aferra a su hegemonía y al mismo tiempo sigue carcomido económicamente. ¿Cómo funcionará esto en el próximo período, por ejemplo, qué papel jugará China?

MR: Los EE.UU., la mayor economía del mundo, ha tenido una recuperación algo mayor a la de Europa o Japón, y que muchas de las economías emergentes como Brasil, Rusia, África del Sur. Estas economías están en recesión y no se han recuperado del todo. Los EE.UU. está un poco mejor, pero todavía su crecimiento es sólo del 2 por ciento al año, cuando solía ser de un 3,5 por ciento en promedio desde 1945, y, a veces aún más alto en la “edad de oro”.

Es una recuperación muy débil y parece estar diluyéndose. Mientras que la depresión continúa, los países competidores desafían la hegemonía económica de los EE.UU. La economía de Estados Unidos ha disminuido, relativamente, en los últimos 30 años. Ya no tiene la misma capacidad de producción manufacturera, en comparación con Alemania o Japón, y por supuesto con China, que ha sido la economía de mayor crecimiento en los últimos 20 años y que se ha convertido en una gran potencia económica.

Incluso en otros segmentos del espectro económico – servicios, tecnología – los EE.UU. también tiene rivales importantes. Sin embargo, los EE.UU. siguen estando a la cabeza, ya que cuentan con un sector financiero que controla el capital en todo el mundo. Eso le da, junto con Gran Bretaña – otro gran centro del capital financiero – el control económico, pese a su débil posición productiva, como consecuencia del control del crédito. Una respuesta socialista, en lugar de una respuesta keynesiana, supone que los gobiernos se hagan cargo de los principales sectores de la economía para que produzcan y resuelvan las necesidades sociales, no con fines de lucro.

También es, con mucho, la mayor potencia militar, más grande que todas las otras potencias militares juntas. Y esto le da una posición de fuerza. Usando la analogía con el Imperio Romano, éste también comenzó con una decadencia – en relación con sus rivales externos- pero mantuvo la hegemonía durante cientos de años, porque tenía las legiones romanas y enormes recursos financieros. Estados Unidos está en una posición similar, pero ahora sí tiene rivales.

El capitalismo se enfrenta a algunos retos clave en los próximos 20 años. El primero es el cambio climático y el calentamiento global, que es un problema grave y sobre el que el capitalismo no está haciendo nada al respecto. Esto realmente pone en peligro el futuro de la raza humana y del planeta, a menos que se haga algo.

También existen enormes desigualdades en la riqueza y el ingreso en el mundo, lo que crea enormes tensiones sociales. Durante los últimos 25 años, la desigualdad en el ingreso y la riqueza en todo el mundo han llegado a un nivel que no se había visto probablemente en 150 años.

Y también la desaceleración de la productividad: el fracaso del capitalismo a la hora de expandir las fuerzas productivas para proporcionar lo que la gente necesita. La tecnología no se ha expandido al nivel de lo que es posible, y el crecimiento de la productividad es muy débil.

Todos estos factores ponen en peligro el futuro del capitalismo para satisfacer las necesidades de las personas y la capacidad de los EE.UU. para mantener su posición hegemónica. Así que la rivalidad entre las grandes potencias capitalistas se incrementa y también entre los EE.UU. y China, porque China es una amenaza importante en el comercio y la producción, y, probablemente, lo será en las finanzas y la tecnología en un futuro. Estas son las contradicciones crecientes que existen en el capitalismo, que incluso ponen en peligro la existencia del planeta.

MK: Usted dedica un capítulo aparte a la zona euro. Esto es particularmente relevante dado el Brexit. En los últimos 15 años hemos visto una agudización de la contradicción entre el Norte y el Sur, en particular Alemania, por una parte, y Grecia, España e Irlanda por otra. ¿Cómo lo explica?

MR: El proyecto de la Unión Europea fue el proyecto de los principales estrategas del capitalismo europeo después de 1945. El proyecto de la Unión Europea fue el proyecto de los principales estrategas del capitalismo europeo después de 1945. No querían otra guerra, ni la división de Europa. Querían desarrollar la base capitalista dentro de Europa como una fuerza unida, capaz de rivalizar a escala mundial con los EE.UU. y Asia, especialmente con Japón en ese momento. Querían acabar con las guerras entre las naciones – que se habían convertido en guerras mundiales – y utilizar los recursos de mano de obra y el capital europeos desarrollando su propio capitalismo para competir con el resto del mundo. Ése era el plan.

Primero, se introdujo la unión aduanera, terminando con los aranceles entre las tres o cuatro mayores economías, incluidos los Países Bajos. Más tarde, se desarrolló el Mercado Común (CEE), por lo que el comercio se expandió a otras áreas, no sólo en los aranceles sino en una regulación común, con tarifas y condiciones especiales para el comercio dentro de Europa. Y, luego, se creó la propia Unión Europea, que implicó la creación de instituciones políticas para integrar Europa como una sola fuerza. Otro avance fue la introducción de una moneda única, para aquellos países de la UE capaces de unirse al euro. El acuerdo estableció que el poderoso marco alemán se integraría en una moneda, “el euro” con Francia, Italia y otras economías, incluyendo los Países Bajos. En su momento fue visto como un paso necesario para reforzar la integración de Europa como una fuerza en el mundo.

Pero es muy difícil desarrollar una moneda bajo el capitalismo, cuando el capitalismo desarrolla sus fuerzas productivas produciendo un desarrollo desigual. Así, una unión capitalista lo que realmente consigue es que el débil se transforme en más débil con respecto al más fuerte. Así es como funciona el capitalismo.

En realidad, las economías más débiles dentro de este bloque, especialmente en la zona euro, estaban en mejores condiciones relativas antes de la creación del euro. Sus economías retrocedieron mientras que el ganador principal del euro fue el núcleo central del sistema, Alemania en particular.

La gran recesión expuesto estas fisuras en la zona euro. El proyecto del euro era como un tren que descarriló por la crisis económica. Es muy difícil poner el tren en sus raíles de nuevo debido a que muchos de los países más débiles entraron en crisis y los países más fuertes no estaban preparados para rescatarlos.

El proyecto del euro sólo habría funcionado si hubiera habido una unión fiscal completa, una unión federal completa, al igual que en los EE.UU. Pero recuerde que EE.UU. logró esa unidad después de una terrible guerra civil que aplastó a la oposición en el Sur esclavista. La idea de una unión fiscal completa, en el que todo el mundo paga los mismos impuestos, donde hay un solo gobierno y una moneda en todos los ámbitos no es posible en Europa en este momento, sobre todo después de la gran recesión. De hecho, el riesgo es que el proyecto del euro y todo el proyecto de la Unión Europea se fragmente, sobre todo si hay otra crisis en el futuro.

El Brexit es un ejemplo de esa tensión. Los estrategas capitalistas británicos nunca se habían interesado de verdad en la idea de la integración europea. Todavía tenían la ilusión de que Gran Bretaña era lo suficientemente potente como para no necesitar a nadie, o podría ser un socio menor del capitalismo estadounidense y por lo tanto no necesitaba integrarse en Europa para progresar. La clase dominante británica se dividió entre aquellos que pensaban que Europa era la respuesta y los que creían que era mejor estar solos o con los EE.UU…

Esa división alcanzó un punto crítico con la Gran Recesión, cuando Europa sufría una gran crisis producto de la deuda del euro. Grecia, España e Italia han caído en una profunda depresión y el liderazgo franco-alemán no ha proporcionado ayuda a estos países como parte del proyecto de la UE. Así que, algunos capitalistas británicos dijeron: “Bueno, en realidad no es en Europa donde podemos obtener beneficios; estamos mejor por nuestra cuenta“. Esta división política llegó a su punto álgido con el referéndum. En muchos sentidos, será un completo desastre para el capitalismo británico, porque sus estrategas no saben cómo van a salir de Europa.

MK: En el libro sugiere que la depresión no es permanente. ¿Hay una salida para el capitalismo?

MR: Algunos marxistas dicen que estamos en un estancamiento permanente o la depresión. No estoy de acuerdo. En el pasado, el capitalismo ha demostrado que se puede encontrar una salida, si se puede restablecer las condiciones para una mayor tasa de ganancia, como lo hizo después de la Segunda Guerra Mundial y al final del siglo 19 la depresión.

Algunos marxistas dicen que estamos en un estancamiento o depresión permanente. No estoy de acuerdo. En el pasado, el capitalismo ha demostrado que puede encontrar una salida si logra restablecer las condiciones para una mayor tasa de ganancia, como lo hizo después de la Segunda Guerra Mundial y al final de la depresión del siglo XIX.

¿Cómo lo consigue? La única manera de hacerlo es recuperar la rentabilidad. Eso significa destruir el capital que ya no es productivo. Significa directamente cortar las plantas viejas en su jardín y permitir que otras nuevas crezcan. Por supuesto, esto será a expensas de los puestos de trabajo y los medios de vida de todo el mundo. Estamos hablando de seres humanos que pierden su empleo como consecuencia del cierre de fábricas y empresas, fusiones y venta de activos, flexibilización del empleo y reducción de la producción, todo ello en aras de una mayor rentabilidad. Una crisis, tal vez una serie de depresiones, puede hacer eso. Entonces vamos a seguir con la actual depresión. El sistema tiene que deshacerse de una gran cantidad de deuda, aplastar una gran cantidad de bancos, cerrar un montón de viejas industrias y empresas. Eso es horrible, pero eso es lo que hace el capitalismo para resucitar.

El capitalismo podría obtener una nueva oportunidad con el uso de todas las nuevas tecnologías de las cuales todo el mundo está hablando – los robots, la automatización, Internet y también explotando nuevas áreas del mundo que todavía tiene grandes cantidades de mano de obra barata que puede utilizar en conjunción con estas nuevas tecnologías.

Tal vez las condiciones políticas y económicas para una nueva oportunidad del capitalismo se produzcan, digamos, en la próxima década como resultado de nuevas depresiones, pero sólo si las personas que trabajan en los países que las sufran no son capaces de cambiar el sistema de alguna manera, y los capitalistas y sus estrategas y representantes políticos permanecen en el poder.

Pero incluso si eso sucede, el capitalismo no va a resolver sus problemas de forma indefinida. De hecho, cada vez es más y más difícil para el capitalismo recuperarse y expandirse, con el calentamiento global, la baja productividad, el aumento de la desigualdad, y con áreas cada vez más pequeñas en el mundo que no está proletarizado, urbanizado y que es parte del sistema capitalista global. Hoy hay menos espacio para que el capitalismo se expanda. Se acerca su fecha de caducidad en términos históricos. Pero podría tener otro período de expansión en los próximos 20 años, incluso antes.

Colombia: El partido político de las FARC será democratizante desde su nacimiento

El diario El Espectador de Colombia publicó un artículo haciendo referencias al documento denominado con pretensión “tesis de abril” ya que recuerda obligadamente las famosas tesis de Lenin de 1917. También Página 12 de Argentina publicó un artículo similar.

Es de importancia conseguir el texto completo para hacer una valoración precisa de todos sus planteos. Pero ya podemos anticipar algunos comentarios partiendo de los extractos publicados. Se trata de las tesis preparatorias del Congreso fundacional del partido de las Farc.

No es una organización cualquiera, ha tenido influencia de décadas en Colombia (54 años) y en todo Latinoamérica, se trata de una de las organizaciones guerrilleras más antiguas del continente.

Hubiéramos querido tener la oportunidad de debatir directamente con los compañeros este documento ya que las cuestiones que abarca son de interés estratégico para la clase obrera del Continente.

No hay citas que hagan referencia al balance de su experiencia de tantas décadas, que es fundamental debatir. Para entender las razones de su derrota política, antes que militar. Para evitar que vuelvan a ser derrotados, ahora por las ilusiones en las vías legales, porque las consecuencias serán nefastas.

Las tesis están siendo discutidas, por casi “8.000 hombres en armas en los 26 territorios transitorios de normalización”, en las zonas veredales y puntos de normalización, expuestas por los comandantes políticos, y estudiadas por grupos o células según instrucción del Secretariado.

Según se dice, es el trabajo preparatorio para las asam- bleas que se están llevando a cabo desde mayo, para en agosto convertirlas en principios de su nuevo partido polí- tico. Las tesis serían continuidad de lo acordado en la últi- ma Conferencia en 2016, en los Llanos del Yarí.

Los periodistas interpretan que se señalan las ideas que los conducirán al poder, dicen, esta vez por la vía legalesperanza de miles de mujeres y hombres que han dejado de disparar para soñar un país sin guerra y luchar por él en el terreno político. Así, paso a paso, cada amanecer trae nuevas tesis, nuevas dudas, pero también renovados compromisos de los ex combatientes con una sociedad futura sin guerra.

El documento afirma que EL PARTIDO SE FUNDA- MENTARÁ EN “EL MARXISMO, EL LENINISMO, el pensamiento emancipatorio bolivariano y en general, en las fuentes del pensamiento crítico y revolucionario de los pueblos”.

Eso puede leerse en la tesis 47 que detalla, además, que “la construcción partidaria que iniciamos, al tiempo que da continuidad a nuestra larga trayectoria de lucha y a nuestra ideología (…) deberá comprender esfuerzos por nuevos desarrollos que posibiliten ganar el corazón de los humil des, los expropiados y los desposeídos”.

No es suficiente definirse marx-leninista para serlo real- mente, pero muestra una definición ideológica de gran importancia, ya que de ella reniega hoy gran parte de la izquierda.

Algunos aspectos centrales que definen la orientación ideológica marx-leninista son: a) definir con la mayor precisión el objetivo estratégico: el socialismo, el comunismo, la dictadura del proletariado (gobierno obrero-campesino) (porque corresponde a la definición del Estado por su con- tenido de clase), la destrucción del Estado burgués; b) la única vía para alcanzar ese objetivo estratégico es la revolución social, (no hay ninguna otra vía); c) para que esa revolución social sea realmente popular, la clase obrera debe dirigir al resto de los oprimidos, a la mayoría de la población; d) se debe definir que los principales medios de producción serán expropiados y puestos en funcionamiento bajo control colectivo de los trabajadores, que se realizará una revolución agraria; e) lo que corresponde con estos principios es la construcción de un partido obrero, comunista, basado en el centralismo democrático, un verdadero estado mayor de la clase obrera; f) propagandizar permanentemente la desconfianza en las instituciones del Estado burgués, sus leyes, su Justicia, las elecciones; g) señalar que la burguesía es incapaz de resolver las tareas democráticas y nacionales, que sólo la clase obrera en el poder podrá resolver esas tareas combinándolas con las tareas socialistas; etc.

Estas cuestiones vitales, nos parece que aparecen difusas en los textos que se conocen del documento.

Por ejemplo, cuando se dice en la nota: “Campesinos en su mayoría con escasos años de escolaridad hacen parte de las filas guerrilleras convencidos y comprometidos con lo que sus comandantes les han dicho: que la dejación de armas no es el fin de su lucha revolucionaria sino una transición para continuar su camino al poder ahora por la vía política.”

Este comentario aparece contradictorio. El camino al poder para la clase obrera, para los campesinos, para la mayoría oprimida, es la revolución social. No hay otra vía para alcanzar el poder. La historia nos ha dado numerosos ejemplos en este sentido.

¿Cómo debe entenderse la idea de la vía política? ¿Como un camino electoral, parlamentario, pacífico? Si así fuera sería el abandono de toda perspectiva revolucionaria.

UN PARTIDO PARA LOS TRABAJADORES

Según el documento conocido por GeneracionPaz.Co las Farc se proponen fundar un partido “que logre representar y expresar las aspiraciones históricas de la clase tra- bajadora en los centros urbanos y las zonas rurales”. Las aspiraciones de la guerrilla van incluso hasta conquistar a la clase media. En la tesis 47 se lee que “además de ser un partido de la clase trabajadora, nuestro partido deberá tener la capacidad de dialogar con otros sectores de la población particularmente de las llamadas capas medias e interpretar sus intereses y aspiraciones. En ese sentido, su estructura, manteniendo la solidez y coherencia debidas, deberá contener una capacidad adaptativa a los cambios que registre la formación socioeconómica y sociopolítica en su conjunto a fin de preservar sus posibilidades de respuesta y de elaboración de su línea polí- tica en la búsqueda de sus propósitos del orden táctico y estratégico”.

“la situación de la clase trabajadora demanda una alternativa política que contribuya a mejorar sus vidas presentes, al tiempo que ofrece perspectiva histórica de cara a las futuras generaciones”.

La construcción del partido, dicen las Farc, debe estar basada en “el ejercicio pleno de la democracia interna” el cual “construirá sus decisiones basado en la más amplia deliberación y tomará decisiones que comprometiendo al conjunto de la organización establecerán reglas de reco- nocimiento y regulación frente a quienes se encuentran en posición minoritaria”

…. principios para continuar su transformación de ejército ilegal a partido político.

De la tesis 46 a la 61, la final, se profundiza sobre la comprensión del partido “en el nodo del campo revolucionario”. La tesis 48, por ejemplo, se titula “un partido para la superación del orden social capitalista y la construcción de una nueva sociedad” y más adelante se refieren al comunismo como fundamento de su futura lucha política sin armas.

Esta es una cuestión esencial, aparecen planteadas muchas ideas.

cuando dice “un partido para la superación del orden so- cial capitalista y la construcción de una nueva sociedad” y más adelante se refieren al comunismo como fundamento de su futura lucha política sin armas.

Aparece confusamente la cuestión estratégica, lo que indicaría que no hay un balance correcto de la experiencia guerrillera. No hay, ni puede haber, superación del orden social capitalista por medios pacíficos. Hay que decirlo con total claridad para evitar confundir o engañar a la militancia. Sólo se puede superar el orden social capitalista por medio de una revolución social, que expropie a los grandes capitalistas y transforme su propiedad en propiedad social (de todos en general y de nadie en particular).

Mucho menos se puede alcanzar el comunismo si previa- mente no hemos derrotado al capitalismo en todo el mundo, por la única vía posible. La lucha política no se divide en lucha con armas o sin armas. Se puede luchar con armas por un programa reformista o nacionalista y no por eso son revolucionarios.

Lo que define el carácter revolucionario es su programa, su estrategia de poder, cómo hace para ganarse a todos los oprimidos para esa estrategia, es decir cómo fusiona la teoría y la práctica. Sin teoría revolucionaria no hay práctica revolucionaria (Lenin).

La cuestión de las armas no se resuelve al margen de la lucha de clases, de la madurez política de la clase obrera y las masas. Las armas en sí mismas no son un programa, aunque pueden encubrir la ausencia de un programa revolucionario. Por el contrario, aquellos que reniegan de las armas, que reniegan de la violencia revolucionaria y se pontifican como pacifistas y partidarios de la legalidad burguesa, sabemos desde el principio que rechazan la estrategia de la revolución social, aunque no lo digan explícitamente.

La expresión “clase trabajadora” “partido de trabajadores” es ambigua. Es un tema delicado cuando se está debatiendo la constitución de un partido revolucionario por parte de miles de combatientes.

El partido que hay que construir en Colombia, y (en cada uno de nuestros países), es el partido revolucionario, el que encarne la estrategia. Un verdadero partido de clase, obrero, comunista.

El término trabajador incluye a sectores de las clases medias asalariadas, que trabajan, que perciben un salario, pero que no son obreros. Trabajador se considera también el artesano, el comerciante, el pequeño productor, que trabaja. Y hasta sectores de la burguesía pequeña que se considera trabajadora, y por supuesto también la clase obrera, es par- te de esa definición, sea de la ciudad o del campo. El obrero rural es hermano de clase directo del obrero urbano.

Como vemos el término “trabajador” incluye sectores de distintas clases y capas de la sociedad que no son obreras.

Esto no quiere decir que en su composición haya sólo obreros, quiere decir que el contenido de clase de ese partido no deja lugar a dudas, que su perspectiva política no puede ser otra que la lucha por el poder para destruir el Estado de la burguesía, instaurar la dictadura del proletariado, para comenzar a construir la nueva sociedad.

Esta no es la perspectiva de la pequeñaburguesía, de las clases medias del campo y de la ciudad, que tienen ataduras con el régimen de la propiedad privada, porque ellas mismas aspiran a tenerla o incrementarla.

Es muy saludable la preocupación por construir un partido y no un movimiento.

Esto se nota cuando se preocupan por la organización, por el debate interno, el centralismo, y cómo garantizar los derechos de las minorías dentro de la organización. Lo que asegura la mayor cohesión interna es el programa partida- rio. El partido es el programa. Lo esencial en este período es definir el programa, sus lineamientos principales.

Cuando habla de “… contener una capacidad adaptativa a los cambios que registre la formación socioeconómica y sociopolítica en su conjunto a fin de preservar sus posibilidades…”

La formación socioeconómica no modificará su estructura bajo el capitalismo, Colombia seguirá siendo semicolonia del imperialismo, atrasada y de desarrollo desigual y combinado hasta la toma del poder por el proletariado, que empezará a transformar la sociedad desarrollando las fuerzas productivas, llevando adelante las tareas que la burguesía no pudo, no supo y no quiso llevar adelante.

El proyecto de unidad latinoamericana que planteaba Bolívar solo podrá materializarse en los Estados Unidos Socialistas de América Latina, producto de las revoluciones triunfantes en nuestros países. Las recientes experiencias de unidad latinoamericana en manos de corrientes que defienden el orden capitalista han fracasado o han terminado sirviendo a los intereses de las multinacionales.

En cuanto a las modificaciones sociopolíticas, el partido efectivamente debe poder adaptarse a los períodos de legalidad para hacer propaganda, y avanzar con su penetración en los movimientos de masas y también poder adaptarse a los momentos de mayor represión, para mantener en pie la estructura del partido. Esto se garantiza con la cohesión programática, la disciplina, la politización de todos los militantes.

Destacan en el documento “la necesidad de avanzar hacia una convergencia nacional, un gobierno nacional” y resaltan la necesidad de crear “un bloque popular alternativo”.

El documento se denomina “Tesis de Abril por un partido para construir la paz y la perspectiva democrática popular”

En este punto, la guerrilla es enfática en resaltar la cultura como escenario fundamental para la paz. En la tesis 22 “El papel central de la cultura” las Farc afirman que: “Se está frente a la perspectiva de emprender la transformación cultural más importante de la historia reciente: la construcción de una paz estable y duradera de cara a las generaciones futuras”. Luego, en el siguiente bloque “Acompañamiento internacional verificación y participación social” se incluye una tesis sobre el reconocimiento del gobierno de Donald Trump, en EE.UU., al acuerdo de paz.

El sexto y último capítulo está titulado “Transición Política y gobierno de transición”. Y sus artículos los ratifican:

Tesis 57. El gobierno de transición como necesidad de la transición política; Tesis 58. Naturaleza del gobierno de transición; Tesis 59. Contenidos básicos de un programa

de gobierno de transición; Tesis 60. La base política y social para un gobierno de transición; Tesis 61. Posibilidades de ampliación de la base política y social del gobierno de transición.

El “gobierno de transición” será un gobierno burgués si se basa en el respeto a la propiedad privada de los principales medios de producción y en la explotación del trabajo. Insistimos, el punto de partida para comenzar a construir el socialismo es terminar con la burguesía y su Estado por medio de la revolución social.

Es necesario desarrollar este tema, ¿convergencia con quién? ¿con qué sectores?, ¿para desarrollar qué política? No hay que colaborar con ningún partido burgués, ni con el Gobierno. Ni participar en gobiernos con sectores burgueses. Es contradictorio con desarrollar una política que cuestione la democracia burguesa y el régimen de propiedad.

“Perspectiva democrática popular” No hay etapas en la revolución. Para realizar las tareas democráticas y conquistar una verdadera democracia, hay que hacer una revolución social. La burguesía de nuestros países es una clase que se ha entrelazado con los terratenientes, con el capital financiero, y ha renunciado a las tareas que le hubieran correspondido, eso es irreversible. Las masas conquistarán la democracia cuando se apoderen de todos los medios de producción, cuando puedan decidir sobre ellos, cuando se autogobiernen, cuando construyan sus propias organiza- ciones de masas.

“Bloque popular alternativo”, lo mismo, ¿a quien va dirigido este planteamiento? cualquier acuerdo político tiene que incluir cuestiones estratégicas y debe aparecer la política revolucionaria, de la clase obrera. De lo contrario, como enseña la historia, esos bloques son dirigidos por la burguesía o la pequeño-burguesía.

Estas expresiones, “bloque popular alternativo” y “perspectiva democrática popular” no son originales, no provienen del marx-leninismo, por el contrario, su origen debe encontrarse en el revisionismo, en el stalinismo (de cuño castrista o maoísta). Son contrarias a la formulación de gobierno obrero-campesino, (dictadura del proletariado).

“Construir la paz”, “la construcción de una paz estable y duradera” es imposible mientras el imperialismo y el gran capital mantengan la dominación sobre nuestros países. Cuando el régimen burgués no logra contener a las masas dentro de su legalidad apela a la represión, más violenta cuanto más radicales son los movimientos. Es una ilusión peligrosa pensar que se puede alcanzar la paz en una época de descomposición avanzada del capitalismo, donde predominan las tendencias a la guerra, a la imposición violenta de las políticas del imperialismo.

El documento es coherente con su entrega de las armas, aunque introduce análisis correctos de la realidad, no acierta en precisar cuál es su política, su estrategia, lo cual desembocará, si no se corrige a tiempo, en una nueva derrota política para su militancia, ya que el nuevo partido será democratizante.

 

(artículo de Comité de Enlace por la Reconstrucción de la Cuarta Internacional, CERCI)