Sobre el terror

por  Eduardo Luque//

Vuestra causa es noble y Dios está con vosotros”

Zbigniew Brzezinski asesor presidencial en EEUU.
(Discurso dirigido a los dirigentes de Al Qaida en Afganistan.)

Sólo era cuestión de tiempo. Todos barruntábamos que se produciría. El dónde y el cuándo, era solo cuestión de geografía y de momento. El terror se ha enseñoreado de una de las vías turísticas más conocidas del mundo. Barcelona y las Ramblas están de moda.

No será, desgraciadamente, ni el primer ni el último atentado. El ataque ha afectado a un gran número de nacionalidades diferentes, por eso ha tenido enorme repercusión internacional. Los medios deseosos de incrementar las audiencias, especialmente en época de estiaje veraniego, han cubierto profusamente los sucesos. El tratamiento informativo ha sido prácticamente unánime; la consigna, la descontextualización. El atentado no debe tener relación con nada de lo que pasa en Oriente Medio. Los cientos de españoles, especialmente de origen magrebí, que han marchado a combatir con los grupos terroristas en Siria, nada tienen que ver con el apoyo ofrecido por el gobierno español a la oposición armada en ese país. En 2013 y 2014, el ministerio de Asuntos Exteriores, dirigido por el señor Margallo, organizó sendas conferencias de los autodenominados “Amigos de Siria” en Madrid (mayo 2013) y Córdoba (enero 2014) respectivamente. En las dos reuniones estuvieron presentes la mayoría de los representantes políticos que daban cobertura a los grupos terroristas. Eran su cara amable. Entre esos personajes figuraba el “opositor sirio” Ussama Jandali, unos de los defensores desde las páginas de “Rebelión” de la “Revolución siria” asiduo, al parecer, al despacho del Ministro de Asuntos Exteriores. La financiación procedía en gran parte de la AECID (Agencia Española para la Cooperación Internacional), dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores. El gobierno Rajoy creó específicamente el programa MASAR para apoyar a la oposición siria. En 2014, parecía que los grupos terroristas armados y entrenados directamente por EEUU harían caer al gobierno de Basar Al-Assar.

Los sucesos de Barcelona no son obra de unos locos. En principio, los medios intentaron en principio atribuirlos a unos “supuestos lobos solitarios”. El número de los autores abatidos por la policía y la reivindicación del “Daesh” como implicado obligó a las autoridades a cambiar el discurso. Se habló entonces de una “célula terrorista” intentando separar, eso sí, la explosión en Alcanar, producida horas antes del atentado en las Ramblas, de los sucesos posteriores. Hoy sabemos que en esa localidad se preparaba un camión bomba con centenares de quilos de explosivos. Reconocer explícitamente ese hecho, es reconocer que no es obra de unos pocos “iluminados” sin más. Es hacer claro lo evidente. Detrás había especialistas en la fabricación y manipulación de explosivos. ¿De dónde vienen? ¿Dónde han aprendido? Es un atentado que requiere preparación y tiempo (más de 9 meses). ¿Quién ha financiado todo esto? ¿Dónde han conseguido el dinero? Estas son algunas de las preguntas que los medios no querrán hacerse.

Hay, como todos sabemos, una enorme red de intereses políticos, económicos y geoestratégicos retroalimentándose. Fue Zbigniew Brzezinski, el que reconocía, en 1998, que la creación de Al Qaida era su obra. Este siniestro personaje fue asesor de múltiples presidentes desde la época de Jimmy Carter. Su impronta ha quedado marcada en la historia reciente: desde las matanzas en Afganistán, hasta el intento destrucción del estado sirio, pasando por el genocidio libio. Mas tarde, Hillary Clinton reiteraba, en 2012 y 2013, que el Daesh era obra suya. Nadie ha pedido cuentas a ese malvado personaje, que estuvo a punto de ser presidenta de los EEUU. Otros nombres, igualmente siniestros, próceres y adalides de la democracia occidental como Sarkozy, Hollande, Netanyahu, Cameron o Theresa May han sido interlocutores directos en algunos casos de los líderes de los grupos terroristas que asolaron Libia y Siria.

El terror, el terrorista, no nace: se hace. Se le prepara, se le financia, se le instruye. Se requiere tiempo, dinero y planificación. Los grandes medios nos inundarán con imágenes terribles, se repetirán hasta el hastío los mismos argumentos, se crearán héroes y villanos; ocultando como en un juego de trileros las respuestas y evitando las preguntas incómodas. ¿Por qué el gobierno español intervino en Libia? ¿Por qué apoyó a la oposición siria, responsable de tantos crímenes? La respuesta es terriblemente simple. Apunta, eso sí, al cinismo de la política occidental, en este caso la nuestra. El Daesh es obra de la CIA, el M16 y el Mossad; financiadores y reclutadores de parte de este ejército han sido Arabia Saudita y Qatar, reconocidos internacionalmente como las fuentes de financiación del terrorismo especialmente en Oriente Medio. Occidente (menos Italia) se ha negado a intercambiar información de inteligencia con el gobierno sirio durante años; España tampoco lo hizo, aunque consta el interés de los servicios de información, sobre todo los desplazados en el Líbano en desarrollar estos contactos. Parece ser que la oposición del anterior ministro del Interior fue clave para cortocircuitar esta línea de investigación. Para nuestros políticos era prioritario mantener las relaciones con Arabia Saudita, sobre todo porque nuestro gobierno y el monarca (el emérito y el actual) han hecho grandes negocios con sus socios árabes. Y, ¿qué decir de las relaciones económicas, estimuladas por la Casa Real y los sucesivos gobiernos (fueran del color que fueran) con el mayor financiador del terrorismo internacional, Arabia Saudita? Las jugosas comisiones recibidas por el rey emérito a cuenta del AVE a la Meca o la venta de 350 carros de combate a Arabia Saudita… Hasta el 14 de julio de este año, según informes de Greenpeace, la industria española había vendido 8656 toneladas de explosivos. En el 2016 se vendieron por valor de 4000 millones de euros a Riad, este año superaremos con creces esa cifra. Nadie va a morder la mano que te da de comer.

Pero no sólo ha sido Madrid quien ha coqueteado con estados patrocinadores del terrorismo internacional. El gobierno catalán ha sido durante décadas uno de los mejores aliados de Israel. Tel Aviv ha reconocido que, sólo en la actual guerra siria, se han lanzado más de 4000 terroristas contra Damasco, desde la zona controlada por Israel en los Altos del Golán. La aviación hebrea ha realizado más de 500 incursiones sobre Siria dando apoyo a estos grupos. Durante décadas, la relación entre el “Palau de la Generalitat” y Tel Aviv han sido intensas: desde la importación de los primeros sistemas informáticos para las escuelas catalanas (sistema TOAM) desarrollados por el ejército israelí para controlar a la población palestina y, posteriormente, adaptados al mundo educativo, hasta la dotación de sensores de movimiento en las escuelas catalanas, como resultante de los diseños realizados para controlar los “guetos palestinos” en Gaza y Cisjordania. En el extremo de este circo cínico, donde al final sólo pagan las gentes sencillas, el Barça (símbolo patriótico donde los haya) lucía la propaganda de unos de los países que financian la secta wahabita. La propaganda de Qatar ha estado incluida en las camisas de los astros del Futbol Club Barcelona hasta julio del 2017. Qatar necesitaba obtener una pátina de respetabilidad pública para ocultar su relación con los grupos extremistas y ¿qué mejor que las camisetas de uno de los clubs con mayor impacto mediático del mundo? Ahora se comienzan a destapar algunos escándalos en los organismos internacionales del fútbol para que ese país sea anfitrión del mundial en 2022 ¿Cuánto dinero se ha tenido que derramar en comisiones? Qatar es el segundo país, tras Arabia Saudita, en dinero invertido para apoyar los grupos terroristas en Siria y el Líbano, y el primer inversor en la financiación de la prédica de la “la guerra Santa“ a través de las redes. El papel y el valor ideológico de la emisora qatarí Al Jazeera es a estos efectos impagable.

Los atentados en Barcelona, generan y generarán más preguntas que respuestas.
¿Quién financia los videos, algunos de extraordinaria calidad, que circulan en la red? ¿Quién expande la ideología extremista en algunas mezquitas como en Francia donde el 70% de los imanes son argelinos financiados por Arabia Saudita? ¿Por qué no intervienen los gobiernos? Son preguntas a las que no se quiere responder. La islamofobia avanza y con ella el fascismo. Se pretende enfrentar a unos contra otros. Autóctonos contra extranjeros, pero ¿se puede llamar extranjero a jóvenes integrados, nacidos y educados en el país? El objetivo, lo adivinamos, es propagar el miedo al que es diferente, sobre todo si es pobre como nosotros. El jeque árabe no dejará de ser recibido en palacio por dignatarios que le brindarán pleitesía; en cambio veremos como competidor al extranjero que pide ayudas, mientras el gobierno recorta, una y otra vez, los presupuestos sociales. La expansión del miedo presupone aumentar los gastos en seguridad, sacar los ejércitos a la calle, aunque no eviten ningún atentado. Es, en definitiva, justificar las guerras de agresión para que unos pocos hagan pingües negocios, amparados en el terror de la mayoría.

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