El proceso electoral: los competidores en sus partidores.

por Ibán de Rementería//

Este título a lo Turfman , o a lo Agustín Squella, refiere a un proceso electoral altamente despolitizado, tanto en sus propuestas como en su convocatoria, si bien se afirma que las elecciones son una fiesta de la democracia, esta fiesta tiene un previsible problema de concurrencia debido a lo poco atractivo y creíble de las propuestas que en ella se realizan, tanto es así que los estudios sobre las tendencias electorales han introducido el concepto de votante probable, que sería algo así como el 45% de los habilitados para votar. Si tomamos la pasada elección municipal de concejales para fijar a partir de los resultados obtenidos por los dos grandes bloques políticos y suponer la situación en los partidores, esta fue el 47% para la Nueva Mayoría y 40% para Vamos Chile. Según la encuesta más frecuente (CADEM), considerando la muestra total: Guillier tiene 17%, Goic 4% y Enriquez-Ominami 3% con un total de 24% para la Fuerza de la Mayoría y sus cercanos, por otro lado Piñera tendría un 33% y Kast 5% para un total de 38%, entretanto Sánchez tendría 14%, dando un gran total para la centro izquierda de 38%, empatando así con la derecha. Si consideramos los votantes probables de esa encuesta Guillier tendría un 20%, Goic 5% y Enriquez-Ominami 2% con un total de 27% para la Fuerza de la Mayoría y sus cercanos, por otro lado Piñera tendría un 44% y Kast 5% para un total de 49%, entretanto Sánchez tendría 16%, dando un gran total para la centro izquierda de 43%, una diferencia contundente a favor de la derecha. Aquí se ha cumplido la regla de la política electoral en cuanto a que la abstención siempre afecta más a la centro izquierda que a la centro derecha ya que sus adherentes son más leales, acríticos y desinformados, en cambio aquellos son más informados, críticos e indisciplinados.

La abstención afecta al conjunto de la política expresada primariamente como proceso electoral, pero la abstención es el fantasma que recorre a la centro izquierda, también al Frente Amplio, las postulaciones y quitadas de candidatos de la Fuerza de la Mayoría, sobre todo los cambios de plaza de Insulza, en particular sus sabrosos comentarios y justificaciones, las búsquedas de salvavidas por Elizalde pidiéndole a Pacheco que le ayude a juntar votos a lo cual éste desiste por recomendación de Lagos Escobar para evitar conflictos (¿?), la picaresca pre electoral socialista en Valparaíso ya es proverbial, el respaldo de la DC a Insulza en Arica, etc. obviamente aumentan esa tendencia a la abstención de una ciudadanía desengañada y escéptica. El caso en el Frente Amplio intentando evitar la postulación a diputado de Alberto Mayol con procedimientos de carácter autoritario –por no decir estalinistas o “maduristas”- en un distrito considerado ya como un feudo de Jackson, no tan solo le han causado un grave daño “abstencional” a ese frente político, sino también al conjunto de la recuperación de la institucionalidad política nacional, por la esperanza mayoritaria puesta en aquel Frente. Pero, lo importante allí es que se reconocieron colectivamente los errores de procedimiento, incluidos los errores de la propia víctima.

La única manera de controlar el abstencionismo, de re encantar el proceso electoral, de recuperar la política es politizando la fiesta de la democracia mediante propuestas políticas, valga la redundancia, frente a los principales problemas nacionales que son los asuntos reales que afectan a las mayorías del país, no son precisamente el crecimiento económico, la mesura política o la solidez y el equilibrio institucional. El problema nacional puesto de manifiesto por las grandes mayorías nacionales desde el año 2011 -lo que despectivamente la centro derecha y los viudos del laguismo denominan “la calle”-, no por la gran prensa y los medios de comunicación, la academia y sus expertos, es el acceso universal y garantizado a la salud, la educación y seguridad social.

Hay que poner en claro que la otra política no es la “moralina”, pero la proliferación de los “paniaguados” -políticos pagados por las empresas según el Rector Peña- es, a no dudarlo, la principal causa del abstencionismo generalizado y del imperio del discurso moralizante. A su vez a los paniaguados les acomoda apuntar con el dedo a los “moralistas” cuando ellos son sorprendidos en iguales prácticas, pero la credibilidad no está en denunciar “la moralina”, sino en denunciar y controlar efectivamente el “paniaguadismo”, ese ha sido el éxito relativo de la Goic.

La otra política no es un asunto moral, es una asunto económico y social, lo que está claro para todas las candidaturas, excepto la de Kast, es que se debe generar una capacidad pública para satisfacer plenamente los derechos sociales básicos de todas y todos los chilenos en salud, educación y seguridad social, lo que está completamente oscuro es como aquello se financia y sobre todo quien lo ejecuta, ya que asistimos a una suerte de capitalismo subsidiario o “capitalismo de vouchers” (voucher en inglés es un recibo o constancia de pago que sirve para certificar que se ha pagado por un servicio o producto), capitalismo de vales públicos, o capitalismo de servicios públicos como lo llama Carlos Ruiz, eso son el AUGE en salud o el CAE en educación, también los son las empresas contratistas del SENAME o SENDA, etc.

Pero lo anterior plantea otro conjunto problemático, los problemas de segundo piso por así decirlo. Aquí sí aparece “la música” que tiene que acompañar al crecimiento: ¿Cómo se financia aquello? Si no se aclara la financiación de los servicios sociales básicos la propuesta política que se haga será demagógica y/o populista, por lo tanto carecerá de convocatoria sea porque la intuición política de la gente la rechazará, sea porque esas propuestas serán derrotadas en el debate con la derecha y centro derecha. Es más, el discurso especialista y experto anti populista y anti demagógico impera en la prensa y los medios cuando aún ni la Fuerza de la Mayoría ni el Frente Amplio nada han dicho cómo van a financiar la provisión universal de los derechos a la salud, educación y seguridad social, todo parece indicar que por eso mismo nada dicen.

Las alternativas de financiación son dos: aumentar la carga impositiva o recuperar las rentas y utilidades sobre los recursos naturales, las obras públicas y los servicios públicos para el Estado. Ya que estos de acuerdo con la Constitución (de Guzmán y Pinochet) pertenecen a la nación. Pero, muy por el contrario las propuestas programáticas (Lagos y Guillier) se centran en el Fondo de Inversiones en obras públicas, donde el Estado pone la plata (barata) unos US$ 9.000 millones y las concesionarias las grandes utilidades, tan grandes que al terminar las concesiones de las infraestructuras que construyeron pasan sin costo alguno al Estado –unos US$ 25.000 millones según Lagos escobar-, una bicoca ante las grandes sobre ganancias que obtuvieron, mientras muchos se muestran felices con los colores de Benetton que será el nuevo dueño de las principales carreteras y autopistas urbanas del país. También se está negociando rápidamente entregar la agregación de valor al litio a empresas transnacionales fabricantes de baterías o sus componentes, a la ley de pesca se la declara intangible. Mientras que en los servicios públicos tenemos que cuando llueve no hay agua y cuando nieva no hay luz eléctrica. Como muestra un botón, gracias a Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, ya sabemos que las diez grandes empresas privadas de la minería del cobre, entre los años 2005 y 2014 se apropiaron de sobre ganancias – descontados gastos, riesgos y utilidades, los ridículos royalties pactados se aplican a las utilidades y no a las ventas, etc.- por US$ 120.000 millones, US$ 12.000 millones anuales, equivalentes al 5,4% del PIB, al 25% del presupuesto público, aquello descriptivamente se llama la “renta graciosa”. Es por eso que no hay plata para financiar la provisión garantizada de los derechos sociales.

Los competidores están en sus partidores, pero las fustas programáticas aún son desconocidas para el gran público nacional que por todo lo dicho manifiesta poco interés en asistir a la competencia y menos aún de apostar por algún pingo.

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