Recomposición, sociedad y malestar.

por Patricio Quiroga//

En un mundo en crisis las ideas de la izquierda también entraron en crisis. Durante años, los sucesivos embates de la ortodoxia (m-l), del eurocomunismo, del posmodernismo, y otros, descalabraron la teoría crítica. Así, en Chile, independientemente de su pertinencia, desaparecieron como instrumentos de análisis social, el marxismo, la teoría de la dependencia, la propuesta de la CEPAL, el nacionalismo de izquierda y la teología de la liberación. Dicho de otra manera, desapareció, entre otros, el análisis económico-social reemplazado por los temas de sistemas políticos y culturales. Con ello se perdía también el análisis sustentado en los cambios de la estructura social. En cuarenta años, llegó el fin de la eficacia de los estudios sustentados en la teoría del conflicto. De esa manera, durante una generación el paradigma popular fue reemplazado por teorías sociales provenientes del pensamiento socialdemócrata y del liberalismo, base de sustentación del neoliberalismo corregido, simbiosis que condeno al subalterno, al hombre de a pie, y a la mujer de proveniencia popular, a participar a oscuras en los debates políticos en un mundo complejo y confuso, dominado ahora por el ejercicio de la pos verdad. Al cambiar la matriz analítica no solamente cambió la visión sobre los fenómenos de la realidad, estos dejaron de detectarse produciéndose un severo divorcio entre la nueva realidad y los conductores políticos. En otras palabras, la gran deuda del conjunto de la izquierda es no haber dado cuenta de la recomposición del capitalismo lo que redundó en una gran cantidad de problemas no-detectados.

En efecto, el neoliberalismo arrasó con el viejo entramado social del período desarrollista alterando la base de sustentación de lo que fue el Estado de bienestar (capitalismo de Estado).Como es sabido, entre los setenta y los ochenta, fueron desbastados los grupos sociales derrotados en 1973. Sólo que será la propia Concertación, desde los noventa, la que consolide ese proceso naturalizando las transformaciones iniciadas en dictadura. Luego, comenzó la irrupción de los grupos sociales de reemplazo que lo hacen sin representación política, una representación que la Concertación/Nueva Mayoría no podría brindar porque estaban en las franjas de exclusión social que solo podía atenderse con medidas provenientes del monetarismo; es decir, con la aplicación de subsidios estatales, entendidos como desactivadores del conflicto social. Por otra parte, la desmovilización a la que se arrojó a los movimientos sociales, desde fines de los ochenta, cerró las correas de la camisa de fuerza con que será contenida la protesta. Los viejos grupos (burocracia de los servicios públicos, obreros industriales, campesinado) son reemplazados por los grupos emergentes (burocracia policial y judicial, servicios, obreros agrícolas), asumiendo una función de hegemonía económica y cultural el nuevo empresariado, reordenamiento que ordenó también el panorama ideológico. En fin, en este contexto, no tenía cabida el viejo partido socialista que inexorablemente perdió su vigencia y la representación de los trabajadores manuales e intelectuales.

Esta tendencia generó el denominado malestar social, es decir, las protestas ciudadanas con temas como el de la educación, la salud, la vivienda, la previsión, el transporte, la constitución pinochetista, la corrupción, los abusos de los curas, la autonomía de los militares, la afectación de los “ninis”, la precariedad laboral, etc. Malestares que finalmente revelan, cual cruel fotografía de la realidad, las enormes desigualdades que están desgastando la paz social con el consiguiente cuestionamiento de todo el andamiaje institucional. Ahora bien, esta no es una novedad porque a la crítica de primera hora, desde 1997, se fueron sumando estudios que relacionan desigualdad con malestar, allí están Chile Actual. Anatomía de un Mito (T. Moulian, 1997), el Segundo Informe de Desarrollo Humano en Chile (CEPAL, 1998), o Paradojas del malestar en Chile (R. Aceituno, 2012). Políticamente esta desatención a la molestia se tradujo en la pérdida de más de un millón de votos para la Concertación, en la ácida crítica al gobierno y a la representación política. Pero, más importante fue la pérdida de votación y reducción del votante, y ahora una posibilidad de trasferencia de votos a la derecha, de lo cual es solo responsable la izquierda.

En la coyuntura esta situación es grave porque el conjunto de las izquierdas perdió el punto de vista relacional, es decir, la capacidad de relacionar los cambios provenientes de la recomposición capitalista y el malestar social intentando vadearlos con confusas críticas al neoliberalismo, sin tomar en cuenta que el tema es más de fondo como es confrontar al capitalismo, contexto en que el estadio neoliberal es una etapa más de una evolución iniciada en los siglos XV-XVI. Evidentemente, no se trata de levantar ahora un proyecto de carácter anticapitalista, pero si tenerlo en cuenta en el largo plazo y en un contexto relacional con las tendencias mundiales, habida cuenta que para numerosos autores el capitalismo vive una crisis estructural que se acentúa permanentemente. Pero, cuarenta años de dominio cultural neoliberal propinó una derrota tremenda a los subalternos, tanto que su ideología penetró en esencia (pensamiento) y forma (individualismo) al partido popular. Eso explica, la falta de autocrítica respecto a las políticas gubernamentales, la anuencia con las políticas del imperio a nivel internacional, y considerar la alternancia en el poder como algo natural, en circunstancia que la derecha chilena, no es centro derecha, sino una derecha extrema, para quienes los intentos de reforma de la Presidenta Bachelet son medidas de carácter socialista/estatistas, rasgos que se acentuarán en un momento de graves tensiones mundiales. En otras palabras, la posibilidad de S. Piñera en el gobierno representa un peligro grave porque podría romperse la estabilidad del consenso por la derecha.

La relación entre la recomposición capitalista, los cambios en la sociedad y el malestar de los excluidos explica los actuales problemas de la política e indica que las políticas de subsidiaridad son paliativos que solo pueden superarse con una nueva estrategia de desarrollo nacional.

 

 

Patricio Quiroga Z.

 

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