Francia: el triunfo de Macron expresa la crisis de la izquierda francesa

por Alex Lantier//

El ciclo de elecciones legislativas y generales de esta primavera en Francia ha culminado en la desintegración del Partido Socialista (PS) y la elección de Emmanuel Macron como presidente con una mayoría absoluta en la Asamblea Nacional.
Macron, quien fue ministro de Economía bajo el presidente del PS, François Hollande, está apoyando la campaña de Berlín para convertir la Unión Europea (UE) en un rival estratégico y militar del imperialismo estadounidense. A nivel nacional, la base sobre la cual el imperialismo europeo irá tras sus ambiciones internacionales es una guerra implacable contra la clase obrera. El gobierno de Macron, compuesto por elementos del PS y de la derecha burguesa, está planeando una serie de decretos unilaterales que profundizará la reaccionaria legislación laboral del gobierno del PS y un permanente estado de emergencia del Instituto.
Este resultado refleja la desastrosa bancarrota de todas las organizaciones que se denominan de izquierda, habiendo rompido con el trotskismo, y que cargan con la responsabilidad principal de que Macron esté en una posición para sacarle provecho al descrédito de las políticas de austeridad y guerra de Hollande y el PS. Una y otra vez durante el último cuarto de siglo, los trabajadores en Francia han reaccionado fuertemente contra estos ataques, con huelgas de masas en los años 1995, 2003, 2010 y 2016. La clase obrera les dio a estas organizaciones millones de votos en el 2002 y este año, pero han demostrado ser incapaces de avanzar una alternativa.
No emprendieron la tarea en cuestión de construir un partido revolucionario de la clase obrera como alternativa al Partido Socialista, sino que les dieron la espalda a los trabajadores que los apoyaron. En el 2002, Lutte ouvrière (LO) y la Ligue communiste révolutionnaire (LCR) recibieron colectivamente tres millones de votos, cuando salió eliminado el candidato del PS, Lionel Jospin, y se dio la segunda vuelta entre el conservador Jacques Chirac y el neofascista Jean-Marie Le Pen. Fue entonces cuando LO y la LCR se alinearon con el PS en llamar a votar por Chirac.
Mientras que la LCR apoyó explícitamente a Chirac después de negociar tras bastidores con el PS, LO llamó a abstenerse pero dejando claro que “entendía” un voto por Chirac, la verdadera opción que favorecía.
Se negaron a tomar estas oportunidades para construir una fuerza política independiente de la clase obrera. En cambio, su alineación detrás del PS y Chirac le permitió a Le Pen del Frente Nacional (FN) presentarse como el único opositor a la austeridad en Francia. Luego, utilizaron el crecimiento del FN para justificar su capitulación ante Macron en el 2017, de forma similar al 2002.
Hicieron esto mediante la promoción de la campaña de Jean-Luc Mélenchon, un exministro del PS. En las últimas semanas de las elecciones presidenciales, consiguió duplicar su apoyo en las encuestas, recibiendo finalmente siete millones de votos, después de que criticó los ataques aéreos de EE.UU. en Siria y la política de rechazar a los refugiados y dejarlos que se ahogan en el Mediterráneo. Durante la segunda vuelta entre Macron y Marine Le Pen del FN, Mélenchon se negó a tomar una posición definida, haciendo caso omiso a la consulta de sus partidarios miembros de Francia Insumisa, dos tercios de los cuales preferían votar nulo o en blanco para protestar contra las políticas derechistas de Macron. Él también señaló que “entiende” a los que votaron por Macron y contra de Le Pen.
Cada una de estas tendencias —como LO, la LCR (hoy el Nuevo Partido Anticapitalista, NPA) y el mismo Mélenchon, quien tuvo sus inicios en la Organisation communiste internationaliste (OCI) de Pierre Lambert— remontan sus orígenes políticos a la ruptura con el trotskismo. Esto se ha visto reflejado en su desenfrenado oportunismo pequeñoburgués y su capitulación al Estado burgués.
La OCI se separó del CICI y el trotskismo en 1971 para unirse al establecimiento del PS ese mismo año. Rechazando la lucha por la independencia política de la clase obrera, buscó orientar a los trabajadores hacia la construcción de una “Unidad de la Izquierda” alrededor del Partido Socialista, un partido reaccionario del capital financiero. La OCI envió a sus miembros a incorporarse al PS, uno de los cuales, Lionel Jospin, se convirtió en primer ministro.
En cuanto a la tendencia LCR/NPA, rechazó los principios básicos del trotskismo durante su escisión del CICI en 1953 y renunció formalmente a su identificación puramente verbal y simbólica con Trotsky en el 2009. Fundó el Nuevo Partido Anticapitalista bajo una orientación explícitamente no trotskista, y propuso construir el NPA como una “izquierda amplia” y abierta a los miembros del PS.
Mélenchon expresa quizás más crudamente las concepciones antimarxistas que prevalecen en estos círculos. Proclamando que el desprestigio del PS significaba el fin del socialismo y la izquierda, escribió en su libro La era del pueblo que la clase obrera ya no desempeñará ningún papel político independiente y que la revolución socialista será reemplazada por un “revolución ciudadana”. La primera etapa de esta “revolución ciudadana” es ayudarle a Macron con sus planes de contrarrevolución social.
Esta política, que objetivamente le sirvió a la burguesía a intentar bloquear la oposición de la clase obrera, se enraíza teoréticamente en distintas formas de pseudomarxismo promovidas por las capas de la pequeña burguesía académica francesa que dirigen estos partidos. Francia les ha permitido poner a prueba sus teorías antimarxistas.
Cada una de las tendencias teóricas de la pseudoizquierda —de los “capitalistas de Estado”, Cornelius Castoriadis y Claude Lefort, al postestructuralista Michel Foucault y los postmodernistas exmaoísta, Alain Badiou y Jacques Rancière— contribuyeron su gota de veneno a la campaña contra el marxismo. Estas incluyeron las panaceas de Jean-François Lyotard en 1979 de que se venía el final de la historia y la “muerte de las metanarrativas” y la declaración de Jacques Derrida en 1993 en Espectros de Marx de que el marxismo tenía que dar paso al “pseudomarxismo”.
El verdadero valor de estas teorías fue evaluado de la forma más certera, a pesar de haber sido involuntariamente, por Badiou, quien escribió en el 2013 un ensayo titulado “Nuestra impotencia contemporánea” sobre la campaña de austeridad de la UE contra el pueblo griego.
“No tengo ni la capacidad ni la intención de resolver los problemas que acosan en la actualidad al pueblo griego”, declaró Badiou. “Por ende, mi subjetividad es externa a la secuencia en cuestión. Aceptaré los límites de esta posición y comenzar con un sentimiento, un afecto, tal vez personal, quizás injustificado, pero que sin embargo siento, dada la información a mi disposición: una sensación de impotencia política generalizada”.
En el centenario de la Revolución de Octubre de 1917, conforme colapsa el PS y se avecinan luchas de la clase obrera en oposición a Macron, se deben tomar lecciones de esta experiencia. Estas fuerzas, cuya impotencia radica en los intereses de clases hostiles y su rechazo al marxismo, podrán organizar sólo derrotas. El único camino a seguir es el revolucionario, el regreso a las tradiciones del marxismo clásico y del trotskismo y de los grandes titanes del marxismo revolucionario: Marx, Engels, Lenin y Trotsky.
Ganarse a la clase obrera, en Francia e internacionalmente, a este programa es la tarea del Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) y su sección francesa, el Parti de l’égalité socialiste (PES).

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