Partido Socialista, un partido rentista y lobbista

por Ibán de Rementería //

Un problema moral o político

En general, desde la izquierda para referirse a los partidos de centro, sean de centro izquierda o centro derecha, pero que representan los intereses del empresariado, la burocracia pública y privada, la academia y la gran prensa, incluidos aquí todos los tipos de medios, se habla de los “partidos del orden”. Estos partidos tienen diversas tradiciones históricas que los legitiman por luchas pasadas y representan una diversidad de intereses no necesariamente contrapuestos y con legitimidad mayoritaria, pero sobre todo representan los intereses de las burocracias que los administran, en lo ideológico oscilan entre el populismo de izquierda – salud, educación y seguridad social universal, de calidad y gratuita- y el populismo de derecha –guerra contra la delincuencia, sociedad libre de drogas, control de inmigrantes, pasando por propuestas centristas como el desarrollo de la ayuda mutua, el emprendimiento individual , la capacidad creativa personal, el auto empleo etc., además, claro está, libertad de empresa y función subsidiaria del estado en la prestaciones de los servicios públicos, esto último es fundamental para entender el núcleo duro del neoliberalismo en el Tercer Mundo o mundo en desarrollo.
Aquí en Chile, tenemos los partidos tradicionales de la República, tales como el Partido Radical, Partido Comunista, Partido Socialista y Partido Demócrata Cristiano, así como los surgidos de la hecatombe política de la Dictadura Militar, como Renovación Nacional, en reemplazo de los desaparecidos Partido Liberal y Partido Nacional y la Unión Demócrata Independiente, por el fenecido Partido Conservador, finalmente, aparece el Partido Por la Democracia como caso especial y expresión singular de un partido instrumental, todo este conjunto constituyen el elenco nacional de los partidos del orden, que se han agrupado en la sobre determinación binominal en la Nueva Mayoría y Chile Vamos, son los partidos de los acuerdos.
Entre los partidos del orden se destaca el Partido Socialista que se caracteriza por un discurso ideológico de izquierda que puede llegar a ser radical y una práctica política pragmática, lo primero lo hace popular y lo segundo muy eficiente en la gestión política, pero no necesariamente en la administración pública. Entrando a los hechos que preocupan, las inversiones de los partidos políticos, en los últimos años era un “secreto a voces” la información que el Partido Socialista vivía de las rentas que percibía del fondo de inversión que había creado con la indemnización, que el Estado de Chile le había pagado por la expropiación ilegal que hizo la Dictadura Militar de sus múltiples bienes inmuebles a lo largo de Chile, periódicos y radios, en general, de sus locales partidarios comprados por sus militantes. Este secreto a voces se guardaba con mucho celo y orgullo a la vez, se estaban “haciendo las cosas bien” para proteger la financiación del partido de los trabajadores y así, se dice, conservar su autonomía, de clase es de suponer.
Pero que esa conocida información se convirtiera en un “informe especial” del canal MEGA le dio una nueva verdad a ese fondo de inversión, esta verdad denunciaba ahora a unos socialistas capitalistas, “son como el padre Gatica que predica pero no práctica” comentó el ex Presidente Piñera candidato presidencial, conocido por hacer su fortuna en la especulación financiera, unos US$ 2.500 millones según Revista Forbes, US$ 800 millones según él.
Este “secreto a voces”, como todo secreto a voces, era tal que ni los tenedores de ese fondo de inversión, los diversos dirigentes nacionales del Partido Socialista, tenían información de cómo ni donde se invertían aquellos, todos ellos se declararon estupefactos, tanto por los títulos de inversión –SQM, Pampa Caliquera y otras empresas en cascada del grupo Ponce Lerou-, como porque la información se hiciese pública, pero las cosas se habían hecho tan bien y legalmente, que el Presidente del Partido Socialista, compañero Elizalde, afirmó que iban a demostrar que estos fondos estaban administrados por un fideicomiso más ciego aún que aquel con el cual se administran o administrarán los bienes del ex Presidente Piñera.
Para los dirigentes del PS no era, y no es, un problema que sus recursos estén invertidos en un fondo de inversión, que el Partido fuese un partido rentista, ya que sus dirigentes y cuadros –los “operadores políticos”- necesitan de recursos constantes para cumplir sus funciones y movilizar a los militantes, simpatizantes y amigos para así bien representar aquello que es mejor para el “orden alcanzado”, “la política de los acuerdo”, “la convergencia de intereses en el interés nacional” y sus propios intereses corporativos, se trata un partido rentista que ha devenido de un partido lobbista.
Lo que ha acontecido es que el Partido Socialista ha devenido en un equipo de lobbies para diversos intereses sociales, políticos y económicos distintos, cuando no contrapuestos, con los intereses de los trabajadores manuales e intelectuales y las grandes mayorías populares del país que decía representar, ahora ha llegado a ser un partido pragmático y eficiente, garante del “consenso político” y de un “orden nacional”.
Entretanto, la gran mayoría de los militantes, simpatizantes, amigos y la mayor parte de los cuadros del PS han sido despolitizados, es decir, alejados de pensar y actuar desde la perspectiva y los interese de los trabajadores manuales e intelectuales y de las grandes mayorías nacionales, generando en su reemplazo procesos de lealtades personales, intercambios de favores, reparto de prebendas, etc. que conocemos como clientelismo de base y caciquismo organizativo. Es por esta razón que frente a los hechos desnudados –puestos en verdad-, de convertirse en un partido rentista, la reacción de gran parte de ellos es de incredulidad, denuncia de una provocación de la derecha o desaprobación moral hacia sus dirigentes. El asunto queda reducido a un asunto de malas conductas personales, errores de actuación, “ingenuidad política”, “malas influencias”, etc., pero nunca aparece el análisis político que inserte esas conductas desde la perspectiva de los intereses económicos y sociales que representan.
La pregunta que debemos hacernos todas y todos los socialistas es si el asunto de convertir los recursos del Partido Socialista en un fondo de inversión es un asunto moral o un problema político. Para esclarecernos este asunto debemos examinar que es hoy la función pública, las políticas públicas y el rol que dentro de ellas juegan los partidos políticos en el sistema democrático que regula la distribución del poder, así como, el sistema económico que regula la redistribución del excedente económico socialmente producido, la riqueza nacional.
La doctrina neoliberal universal – la globalización-, en particular en el Tercer Mundo, establece específicamente que los servicios públicos, que deben satisfacer al menos los derechos sociales básicos de salud, educación y seguridad social de manera universal, gratuita y de calidad, ya no deben ser provistos por el Estado sino que por las empresas privadas, financiadas por los mismo usuarios y, eventualmente con subsidios del estado, ese es el Estado subsidiario, eso son las AFP, las ISAPRES y los colegios privados subvencionados o no. Gracias a este sinceramiento de la economía, la sociedad y el Estado, el adelgazamiento de la función y el gasto público, es posible rebajar los impuestos a las empresas y a las personas de altos ingresos, además, ahora el Estado ya no necesita ni las rentas ni las utilidades que producen la explotación de los recursos naturales y las obras públicas que histórica y constitucionalmente son considerados bienes público que el estado administra y explota a nombre de toda la nación cuyos miembros son sus propietarios eminentes. Si se le entrega al sector privado la explotación de estos recursos y de las obras públicas, a la vez se pueden disminuir aún más los impuestos. Estas son las condiciones para mejorar la inversión nacional, que siempre es preferencialmente inversión privada para la doctrina neoliberal, la inversión pública solo deben ser fondos de inversión para que el sector privado tome allí recursos financieros baratos, subsidiados, asistidos, etc., ese es el sentido exacto de la cooperación público privada. Ese es el sentido de los Fondos de Inversión de Obras Públicas que está proponiendo Osvaldo Rosales, que había tomado del programa de Ricardo Lagos y ha sido propuesto por el Concejo de Políticas de Infraestructura (CPI) como “Infraestructura para nuestro Desarrollo: Construyendo un Chile Mejor”.
Se puede argumentar, ese ha sido el argumento de Ricardo Lagos, Osvaldo Rosales y en general de la Democracia Cristiana que en tanto no hay plata en el Estado es bueno que inviertan los privados –US$ 25.000 millones en carreteras y autopistas en los pasados 20 años -, esa es la cooperación pública privada, pues bien, igual como lo hacen los privados para tomar estas obras en concesión, el Estado bien puede recurrir en buenas condiciones al crédito internacional y beneficiarse de esas rentas y utilidades. Como lo acaba de hacer Panamá para ampliar el Canal.
Entonces el problema político del Partido Socialista es haber hecho parte de una coalición de gobierno –Concertación primero y Nueva Mayoría después- que aumentó la participación del sector privado en la gran minería, en particular el cobre, hasta hacerla mayoritaria, en el uso del agua con la privatización de las empresas sanitarias, en la explotación de los recursos hidroeléctricos, en los recursos pesqueros, etc., en las carreteras nacionales y autopistas urbanas, en los puertos y aeropuertos todas localizaciones geoestratégicas monopólicas que producen altas rentas y utilidades.
Cuando no hay esclarecimiento político sobre las medidas públicas o privadas que afectan el interés general o un interés mayoritario, la sociedad asume un juicio moral sobre los actores más expuestos y pide sanciones para ellos, en nuestro caso contra la Comisión del Patrimonio, las mesas del Partido Socialista, pero no se hace un juicio, esclarecimiento y sanción sobre la conducción política del Partido, el hecho de que el Partido no representó con sus actuaciones políticas a los intereses de las y los trabajadores manuales e intelectuales y de las grandes mayorías de los chilenos.
Puede que invertir en SQM y Pampa Calichera, en Aguas Andinas o la Autopista 68 sea una falta moral de la dirigencia del Partido Socialista, pero el problema político del Partido, la falta política y ética también, es no haber hecho nada por haber recuperado esos recursos naturales y esas obras públicas, sus rentas y utilidades para satisfacer así el cumplimiento de los derechos básicos de las grandes mayorías de las y los chilenos.
Es por eso que este incidente sobre las “inmorales inversiones financieras en SQM, Pampa Calichera y otras” es una gran oportunidad para dar un debate ideológico sobre las líneas políticas neoliberales asumidas por las sucesivas direcciones del Partido y, sobre todo, hacer educación política entre nuestras y nuestros militantes, así como hacer anunciación de lo nuevo en política y convocatoria a la movilización de la nación chilena.
Es obvio que la propuesta más reparatoria es utilizar la gran mayoría de esos recursos financieros para reponer a los Comunales del Partidos Socialista los locales que perdieron, así como restituir los medios de comunicación que fueron destruidos por la Dictadura Militar y de los cuales el Partido Socialista sigue careciendo. Pero lo central políticamente para todas y todos los socialistas es salirle al paso a la siguiente propuesta hecha en el documento Bases Programáticas del Partidos Socialista de Chile, para la discusión en jornada del pasado sábado 22 de mayo, el cual dice así:
“El país requiere un Plan Nacional de Inversiones en Infraestructura: retomar las inversiones en infraestructuras de transporte, sanitaria y de recursos hídricos, de banda ancha y científico-tecnológica porque ello favorece el crecimiento y la productividad, reduciendo también la pobreza y la desigualdad. Debe superarse el estancamiento y recuperarse hasta superar el 4% del PIB como en la década 1995-2005. También hay que reforzar la capacidad de planificación, coordinación y capacidad de ejecución. Lo anterior, con un reenfoque abordando las disparidades territoriales y la integración regional. El financiamiento de un programa de infraestructura en un contexto de restricciones es un asunto estratégico, por ello, los socialistas apoyamos la iniciativa de ley del Fondo de Infraestructura, actualmente en el Congreso, que sustentará dicho plan de inversiones para los próximos 15 años”.p.15
Por otra parte, la Dirección General de Concesiones y Fondo de Infraestructura, del Ministerio de Obras Públicas, señala que entre los objetivos en el diseño del Fondo de Infraestructura (FI) está: “Potenciar la inversión en infraestructura por medio de concesiones”, para dimensionar esto: “Se han señalado diversos montos desde los US$ 8.000 hasta los US$ 72.000 millones.
Como aquella propuesta, que más que menos propone concesionar las obras públicas nuevamente financiando con recursos públicos las utilidades y la apropiación privada de las rentas públicas que ellas generan, no mereció mayor debate en el evento en referencia, se invita a las y los socialistas, simpatizantes y amigos del Partido Socialista oponerse a tal propuesta escribiendo a: instituto@igualdad.cl
El hacer propuestas políticas presidenciales que se desentiendan de la necesaria apropiación de las utilidades y rentas provenientes de los recursos naturales y las obras públicas, para así poder financiar las prestaciones de los servicios que dan cumplimiento a los derechos sociales fundamentales como son la salud, la educación y la seguridad social, así como un nuevo modelo de desarrollo económico nacional que supere el actual neoliberal extractivista y rentista, no es solo una carencia de la propuesta del Partido Socialista y su candidato presidencial Alejandro Guillier, tampoco dice nada sobre este asunto político central La Hoja de Ruta, Programa de Beatriz Sánchez, a las primarias del Frente Amplio, mayo 2017.

el autor milita en el Núcleo Valparaíso Socialista

(Fotografía, Luis Weinstein, Santiago, 1983)

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