Las aporías de la izquierda y el Frente Amplio

por Jamadier E. Uribe Muñoz//

           La conformación de bloques políticos siempre es un camino lento y tortuoso, lleno de contradicciones y luchas de liderazgos. Llevar a puerto un proyecto amplio e integrador es un desafío que de asumirse debe trabajarse con constancia y altura de miras, pero por sobre todo con principios claros. Pareciera ser que es precisamente esta última exigencia, la que más ha costado a las agrupaciones que han asumido el desafío del Frente Amplio.

El Frente Amplio, que nace como un intento de las diferentes fuerzas de izquierda (digo bien: de izquierda), que corrían por fuera de los partidos políticos que ellos mismos han denominado tradicionales, ha tropezado en más de una oportunidad, con las prácticas que critica y ha dado la espalda, en no pocas oportunidades, a los valores que pretenden encarnar.

El primer acto, es el de renegar – precisamente – de su posición de izquierda. Curiosa actitud, cuando sus organizaciones fundadoras son la Izquierda Autónoma, que el epíteto lo lleva en el nombre, al igual que Convergencia de Izquierda e Izquierda Libertaria, el Movimiento Autonomista que hace un mes se definió a sí mismo como marxista, Nueva Democracia que en sus filas tiene a Cristian Cuevas (ex PC) y al grueso de la fundación CREA, todos reconocidos y grandes académicos de izquierda. Ciertamente están asociados además RD (ex nueva mayoría, o algo así), y otros partidos menos conocidos, pero que en su conjunto han levantado las banderas que los movimientos sociales y ciudadanos han enarbolado, siempre desde la izquierda de la Concertación y la Nueva Mayoría. Así lo reconoció también su precandidato Alberto Mayol, en una entrevista a la Radio Universidad de Chile.

El Frente Amplio es de izquierda. Si reniega de ello es porque “la izquierda” muchas veces es un adjetivo difícil de manejar mediáticamente, pero negarlo no es la solución; hay que reivindicarlo, sobre todo si se critica la política a espaldas de la ciudadanía.

El segundo acto, es la nominación de Beatriz Sánchez como candidata presidencial. En enero pasado el Frente Amplio, en un acto aparentemente personal de Gabriel Boric, aunque secundado por el MA y RD, vetó al partido País y al Senador Navarro bajo el pretexto de que su precandidatura era improcedente cuando aún el conglomerado no había definido sus bases programáticas y su pasado en la Nueva Mayoría, eso a pesar de que RD no sólo ganó una diputación sin competencia, sino que además, en buena medida diseñó la reforma educacional a la que hoy (con razón) se opone. Boric y Jackson nominaron a Sánchez mediáticamente, sin contar con un programa, sin informar a las demás fuerzas del FA y sin preguntarle a sus propias bases, las que solo fueron consultadas una vez que el nombre de Beatriz ya había sido posicionado en los medios. Contradictorio sin duda, cuando se ha criticado tan fervientemente la política entre cuatro paredes.

El tercer acto, que en realidad corrió en paralelo con el segundo, es la elección de candidatos sin vinculación orgánica con el mundo social. Tanto Alberto, como Beatriz – destacadas personalidades en la academia y en las comunicaciones, que sin duda han hecho un aporte importante, cada uno desde su trinchera – son absolutamente ajenos a las orgánicas de los partidos y movimientos que los han proclamado. Su proclamación tiene como sustento una comunidad ideológica pero no una trayectoria política, o una militancia o pertenencia a los movimientos sociales; tal como lo fue la candidatura de Marcel Claude por Todos A La Moneda. Paradojal, cuando se ha criticado también la política de los rostros, previa a la política de las ideas.

El cuarto acto, es su infructuoso intento por hacer primarias virtuales, o en su defecto autoconvocadas. Acto controversial incluso en la interna, ya que sus dos candidatos, haciendo gala de innegable sensatez, se han opuesto considerando que las primarias legales son una conquista ciudadana y que son el único mecanismo capaz de asegurar y custodiar la voluntad popular. Inapropiado y de cierto modo discriminatorio, cuando solo el 70% de Chile tiene acceso a internet (claramente el restante 30% son los sectores más vulnerables) y en sus primarias autoconvocadas era imposible llegar de manera transparente a las más de 300 comunas que hay en el territorio nacional, y a las cuales aspiran representar.

El quinto acto, y el más polémico, también dentro de sus propias filas, es el despliegue mediático que tuvieron sus dos voceros parlamentarios (Boric y Jackson) para apoyar el intervencionismo norteamericano en Venezuela, lo que contrasta con la baja resonancia que tuvo el golpe parlamentario a Dilma Rousseff. Revolución Democrática y el Movimiento Autonomista renunciaron de manera explícita al internacionalismo y a la unidad latinoamericana contra el imperialismo, al claudicar ante el montaje mediático contra el Pueblo Bolivariano y sentenciar una ruptura democrática en la institucionalidad venezolana, ignorando las leyes internas de ese país y el derecho internacional. Quinto acto, que no solo fue egoísta, sino que demostró cierta incomprensión de las dinámicas geopolíticas ¿O es que el Frente Amplio quiere poner en jaque al capital transnacional sin pelearse con los Estados Unidos?

Episodios reales y recientes, que esperamos puedan ser reconsiderados. Pero que por lo pronto nos hablan de la poca madurez (y esto no tiene nada que ver con la juventud) política y de la equivocidad valórica que sufre la autodenominada y a la vez renegada izquierda en Chile, aún en etapa de recomposición y conformación de sus convicciones.

 

 

12 de abril de 2017

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