UN CUENTO DE MARILYN MANSON: TODO EN FAMILIA

Él esperaba que la grabadora aún funcionara. Era una de esas portátiles usadas a menudo en escuelas y  bibliotecas. Teddy ni siquiera se dio cuenta de la ironía de su acción –Angie era de hecho quien se la había comprado. Limpió el cabello y la sangre del borde y soltó un suspiro de frustración. “Mamá seguramente me dejará sin ver televisión,” pensó, mirando el desastre que había hecho.

 

“Maldita sea. Malditas sean todas. ¿Por qué tenía que lastimar a Peg? ¿Por qué?” Tristemente, pateó el cadáver junto a él. Sus ojos fijos lo miraron con vacía fascinación. “Perra. Mataste a Peg.”

 

La mirada muerta de su hermana no respondió. (Él se preguntaba por qué.) Su cara se veía tan sombría. Levantó la cabeza de ella por los cabellos y vio que era sangre seca sobre su mejilla lo que creaba la falsa sombra. Vio, también, que el agujero en su cráneo había dejado de sangrar; la sangre coagulada había formado una costra gelatinosa.

 

Mamá llegaría pronto a casa. Tenía que cavar una tumba. Teddy se puso de pie y caminó a su cuarto donde yacía desinflado el cuerpo plástico de Peg. Sobre su pecho sin sangre se encontraba un cuchillo de cocina y ella miraba el techo con su eterna expresión –con la boca en forma de “O”. Se veía como si fuera a gritar.

 

Levantó la cabeza de la muñeca y miró tristemente la plana superficie de su figura sin aire. Abrazando su cabeza, comenzó a llorar –cada lágrima contenía mil deseos de traerla de vuelta. Estaba feliz de que Angie hubiera muerto –merecía cada golpe. Mientras Teddy acariciaba su cabello artificial notó la humedad proveniente de su hermana que yacía a varios pies de distancia. Sabía que era orina –había oído su vejiga soltarse cuando le dio el último golpe mortal. La había golpeado una vez mas por si acaso –ella había matado a Peg. Él tenía todo el derecho.

 

Cuidadosamente, dejó la cabeza de Peg descansar sobre la alfombra. Agachándose, besó su mejilla y limpió algo pegajoso de su labio de plástico. Mamá le había dicho antes que no tocara a Peg y que no

hiciera lo sucio en su boca, pero no pudo evitarlo. La amaba demasiado como para sólo dejarla ser. Si mamá averiguaba que había hecho lo sucio se llevaría a Peg, como antes –tendría que encontrarla

también.

 

Cuando Teddy regresó al cuerpo de Angie se detuvo por un momento para maravillarse ante su desnudez. Él siempre la había visto vestirse desde el closet, pero nunca había visto su cosa de cerca. Estaba fascinado por la maraña de cabello entre sus piernas –Peg no tenía eso. Cautelosamente tocó su muslo, y retiró su mano rápidamente como si su carne estuviera al rojo vivo. Aunque no lo estaba. De hecho, estaba comenzando a enfriarse. Habían pasado cuatro horas.

“Te odio,” informó a los ojos del cadáver.

 

De nuevo tocó su muslo, pero esta vez no retiró la mano. Gentilmente, deslizó las puntas de sus dedos por su cadera hasta su entrepierna. Con la otra mano, separó sus rígidas piernas. Entre ellas había un charco de orina del tamaño de un panecillo. Tocó sus genitales curiosamente. Era mucho más suave que Peg, y esperen –aunque su cuerpo estaba frío y pálido, estaba tibia por dentro. Se estaba excitando con su macabra divinidad sexual. Tenía que parar –Mamá se molestaría si él hacía lo sucio. Ella odiaba lo sucio; Papá lo había averiguado de la manera difícil. Lo único que le gustaba era coser y ver Family Feud. Ella amaba a ese tal Richard Dawson.

 

Pero ella estaba tan vulnerable, tan quieta. La piel de Peg era dura y cerosa por dentro –la había tenido por diez años (cuando tenía dieciocho años la ordenó de una revista sucia). Angie solo tenía cinco años entonces, ahora se había convertido en una hermosa joven. No la odiaba tanto en realidad pero no debió haber matado a Peg. Él sólo estaba viéndola ducharse. No era nada nuevo. Pero ella le habría dicho a Mamá, Mamá no soportaría ese tipo de suciedad en su casa. Por eso tuvo que esconder a Peg en primer lugar. Mamá era tan chapada a la antigua; tenía muchas cosas que esconder de ella.

Fue a la cochera, tomó una pala y comenzó a cavar en el jardín. Debía terminar antes que ella llegara.

El suelo era suave, y no tomó mas de media hora para hacer la tumba.

 

El tiempo era precioso así que entró y limpio. Tomó una toalla y fue al cuarto de Angie. Tomándola por ambos brazos, la arrastró hacia atrás unos cuantos pies –el charco había humedecido la alfombra, dejando una mancha oscura. La limpió cuidadosamente y tiró la toalla dentro del closet.  Mientras la arrastraba por la sala, tuvo una idea. Era la mejor idea que jamás había tenido. Si a Mamá le gustara lo sucio, estaría orgullosa de su idea.

 

Soltó los brazos de Angie y regresó a su cuarto. Le dolió ver el cuerpo gastado de Peg; la herida en su pecho parecía mas grande y dolorosa. Pero ella era vieja, pensó. Tal vez fue mejor que muriera.

Teddy arrancó el cuchillo y cargó el torso plástico de la muñeca a través de la cocina y hasta el jardín. “Lo siento, Peg,” le dijo a su cara pintada. No la enterraría así nada mas –primero quería probar su idea. Si funcionaba, entonces la cubriría.

 

Ya casi no había tiempo, tendría que apurarse. De regreso en el cuarto de su hermana, se quitó los jeans y se arrodilló junto al cadáver. El olor de la muerte era picante y nauseabundo, pero la vida era demasiado escalofriante para él. Era mas bien un observador. Pero era demasiado tarde para observar y ella estaría perfecta. Podría esconderla. Igual que a Peg.

 

Mientras Teddy montaba a su hermana en un torpe e incestuoso acto de necrofilia, el auto de su madre se estacionó en la entrada. Vio a través de la sucia ventanilla las putrefactas bolsas de basura apiladas entre las hierbas cerca del pórtico. Ese maldito Teddy. Igual a su padre.

 

Con tan sólo cuatro embestidas dentro de ella, Teddy terminó vergonzosamente, se quedo ahí dentro por unos momentos –le gustaba el pegajoso agarre de su carne. Estaba apenado, pero le gustaba lo sucio demasiado. ¿Por qué Mamá no podía entender sus necesidades?

 

“¿Teddy, no te dije que sacaras la basura?” Aulló en cuanto se abrió la puerta delantera, chocando contra la pared. Un catálogo de castigos embriagó su mente mientras cruzaba la sala.

 

Teddy se petrificó. ¿Cómo iba a explicar esto a su madre? Tendría que esconder a Angie; si mamá veía lo que- “Teddy.”

 

Mientras Mamá entraba al salón, él la miró desde su desgraciada posición. Ella se paró junto a él, antigua y poderosa desde este ángulo. Su bastón aparecía ante él como un tronco. El miedo congelado de Teddy se derritió y de un salto cubrió sus partes intimas, escondiéndolas de Mamá.

“¿Teddy, acaso no te dije que sacaras la basura?”

 

“¿Qué?” estaba confundido por su pregunta fuera de lugar, su vacía maternidad.

“Oh, olvídalo.” Picó el cuerpo de Angie con su bastón por simple curiosidad. “Ponte los calzoncillos.”

“Mamá, no fue mi culpa, ella mató-“ cerró su boca rápidamente -Mamá no podía saber sobre Peg. Ella

odiaba a Peg.

 

“¿Está muerta, verdad?”

 

“Mamá, yo no quería matarla.” Eso era mentira.

 

“Estabas viéndola de nuevo,” dijo Mamá.

 

“No Mamá. Yo nunca la vi. Juro que no.”

 

“Si lo hiciste. Ella me decía”

 

“No, Mamá.” Esa perra, había hablado. Deseó poder matarla de nuevo; sufrió demasiado poco.

 

“Te dije que no hicieras lo sucio. Y ahora te atrapo haciéndolo con tu hermana. ¿Qué puedo hacer con un muchacho tan irrespetuoso?”

 

Su retórica lo asustó. ¿Que tal si se llevaba la televisión? ¿Qué tal si lo hacía tomar esas píldoras de nuevo –como las llamaba? ¿Saltpepper? Aunque podía arreglar eso. Era bueno escondiéndolas bajo su lengua para tirarlas después por la ventana.

Aunque Teddy era mas alto que Mamá, ella lo abrumaba con su presencia. Ella caminó hacia Angie y

levantó su bastón. Era varicosa en su elegancia.

“Los chicos malos deben ser castigados. Así es como se mantiene una familia unida.”

Acertadamente, y con sorprendente fuerza, le golpeó la cabeza hasta que se colapso, lacio y denigrado

sobre la alfombra.

* * *

Cuando Teddy despertó, se estremeció por el dolor punzante en sus párpados –no podía abrirlos sin importar que tan fuerte lo intentara. Sobre su entrepierna desnuda sintió la fría seguridad del cuerpo de Peg, y bajo él la tierra firme. Maldita Mamá y su costura. Tocó sus párpados y sabía que encontraría las pequeñas costuras bloqueando su visión.

“Teddy,” gritó ella desde arriba. “Has sido un mal chico. Aunque ya nunca más volverás a ver a Angie, ya me encargué de eso. Eres igual que tu padre. También tuve que darle una lección.”

Oyó un raspón sobre la tierra e imploró perdón. “Mamá, por favor, yo no quería ver. Lo siento. Por favor, Mamá -“

 

Un palada de tierra aterrizó sobre su rostro, cubriendo su nariz y boca; sus brazos estaban demasiado apretados dentro de la tumba para protestar.

“Debo mantener unida a la familia.”

 

Mamá continuó llenando la tumba mientras Teddy luchaba por liberarse; quería escupir pero su boca llena de tierra le prohibía tal acción. Arriba, Mamá balbuceaba sobre disciplina y el castigo de Teddy terminó en ahogamiento mientras sus ojos dejaban escapar lágrimas de sangre.

 

FIN

 

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