LA CRISIS DE LA SALUD, LOS MÉDICOS EXTRANJEROS Y EL EXAMEN EUNACOM

Entrevistamos a Carlos Güida, Doctor de Medicina, natural de Uruguay, experto en Salud Pública, asesor parlamentario y de organizaciones vinculadas a la Salud en Chile, América Latina y organismos internacionales, a quien interrogamos sobre la crisis que se cierne sobre la salud pública en nuestro país, como consecuencia de la masiva inhabilitación de médicos extranjeros en el sector público chileno, consecuencia del llamado examen Examen Único Nacional de Conocimientos de Medicina (EUNACOM) que aplica la Asociación de facultades de Medicina de Chile (ASOFAMECH)

 

EP: El Colegio Médico, desde hace años, ha desplegado una campaña en contra de la incorporación a nuestro sistema de salud de los médicos extranjeros. Para ello dirigentes de la orden -inclusive de la izquierda del Colegio- plantean hasta hoy la necesidad de controlar la calidad de estos profesionales y en esa línea defienden el EUNACOM que aplica ASOFAMECH. ¿Qué posición tienen los médicos extranjeros al respecto?

CG: En primer lugar, desconozco la existencia de corrientes de izquierda, en una institución a la cual no pertenezco y de su dinámica. Sí puedo percatar a través de los medios de comunicación, discursos de algunos de sus representantes que abarcan desde el cambio de postura respecto del EUNACOM en un período breve, en otros con cierta ambigüedad y en los menos una postura francamente xenofóbica. No sé si podría definir una campaña contra médicos extranjeros, pues un número importante de quienes tienen dificultades con este test son chilenas y chilenos que estudiaron en otros países y algunos de ellos tienen doble nacionalidad. Yo digo que son “extranjeros en su propia tierra”, pues en los discursos hegemónicos, los denominan “extranjeros” y son cientos.

Eso es especialmente acentuado con quienes estudiaron en Cuba, en la Escuela Latinoamericana de Medicina. En cuanto a “calidad de atención”, quienes hemos trabajado por décadas en esta temática sabemos que depende de múltiples dimensiones. Esa es una forma solapada de manifestar que quienes no superan esta forma de evaluación no son buenos profesionales, pero para evitar ser catalogados de “discriminadores” el lenguaje no es directo. Ahora bien, en los últimos días se han expresado cuestiones groseras por parte de una autoridad del Colegio Médico, apelando a que no es cuestión de ponerle un delantal a una persona para transformarla en médico, o manifestar que desconozcan diagnosticar o dar tratamiento a la hipertensión arterial o a la hiperglicemia. Pues además de ofensiva hacia los colegas que no aprueban una prueba teórica de múltiple opción, de influir negativamente en la opinión pública con todas sus consecuencias, quisiera saber si existen facultades de medicina en el mundo, en las cuales se gradúan médicos desconociendo los aspectos básicos.

Yo me preocuparía más por quienes son adoctrinados en facultades chilenas a los cuales se niega la formación en derechos reproductivos de las mujeres o tienen una postura contraria a los métodos anticonceptivos. Parece ser que sobre estos aspectos no hay problema: se convive en el G9, en la CRUCH, en la ASOFAMECH con universidades regidas por lo más conservador del catolicisimo, y algunos de dichos profesionales formados en el dogma son los que coordinan el EUNACOM, o muestran resultados de “excelencia” de sus titulados en el EUNACOM. Entonces, la “calidad” es un tema con dimensiones de política pública en lo sanitario, en el campo de los derechos humanos, y que abarca más allá de las habilidades de determinados profesionales.

Los médicos y médicas que provienen de distintos países, que han llegado en distintos momentos históricos de Chile, de distintas universidades indudablemente tendrán distintas posturas personales y grupales, pero creo que existe amplia coincidencia de la hostilidad de parte de algunos actores hacia quienes se han titulado fuera de Chile.

 

Tampoco es cuestión de un manejo maniqueo. Hemos visto los ejemplos en Francia, en Brasil y en otras tantas naciones que colocan barreras a la llegada de profesionales de otras tierras. Y no sólo de médicos, he estudiado el origen del EUNACOD y resulta académica y políticamente muy interesante observar el proceso de selección de odontólogos, siguiendo los pasos del EUNACOM.

Luego de estudiar el Programa Más Médicos y observar su funcionamiento en la localidad de Piraí, recuerdo un consultorio donde un pediatra cubano venía de una misión previa en Africa, y en este nuevo rol el pueblo lo adoraba, pero la diferencia no era la “simpatía” como pretenden diferenciar a los médicos migrantes- lo que devela una de las caras de menosprecio al saber de los otros, manifestada por algunas autoridades en Chile – sino la capacidad de escucha y la calidad del vínculo, en un contexto de interdisciplinaridad e integralidad. Por algo el programa logró un apoyo del 90% de la población brasilera, con toda la prensa en contra y con las corporaciones médicas, que amenazaban con acciones penales.

Le puedo informar que hay varios gobiernos de otros países muy preocupados con estas modalidades de discriminación, sobre todo por las actitudes de no respeto a los tratados internacionales, o de descalificación y hostigamiento.

 

EP: ¿Ve alguna relación entre este conflicto y la naturaleza del sistema de salud chileno?

CG: Por supuesto. En una sociedad en la que se ha instalado el modelo neoliberal, primero a sangre y fuego y luego a través de los mecanismos de seducción del capitalismo de las periferias, donde la “calidad” está asociada al mercado, y donde una élite de profesionales maneja enormes capitales, el ingreso de médicos especialistas procedentes de otras naciones, podría ser una amenaza.

Es la regulación del mercado, que no acaba de quedar en evidencia. Pero mientras este extranjero trabaje en el primer nivel de atención no resulta tan amenazante como si pretende incorporarse plenamente a la élite.

Estoy convencido que si se supiese públicamente cuales son las ganancias de algunos profesionales a través de acciones en las empresas médicas, la opinión pública quedaría indignada. Los ingresos de la élite médica superan los ya cuestionados ingresos de los parlamentarios, o de gerentes de grandes compañías. En esa élite hay médicos titulados en Chile o de otros países, no necesariamente es cuestión de nacionalidad. El sistema de salud chileno tiene aspectos destacables y a su vez, arraigada una profunda inequidad entre lo público y lo privado.

Chile tiene una historia muy destacada en salud pública, de los aportes de sus pioneros provenientes de las universidades estatales, ejemplos que han influido en muchos países. Paradójicamente, muy poco reconocidos en Chile. Y en la cotidianeidad, son la enorme mayoría de los trabajadores de la salud quienes sostienen el sistema de salud público, así como muchas médicas y médicos chilenos han dedicado su vida y renunciado a los privilegios en nombre de la atención de quienes más lo necesitan. Pero un sistema de salud no está descolgado de un sistema económico y de un determinado orden social: hablamos de la determinación social de la salud, de los planteos del médico epidemiólogo ecuatoriano Jaime Breilh, de los aportes de Luis Weinstein, de Manfred Max Neef.

 

Creo que lo más expresivo de este problema lo constituye la circunstancia de que el examen denominado EUNACOM sea ejecutado, evaluado y aplicado por un organismo privado ASOFAMECH que, evidentemente por estar formado por las facultades de medicina chilenas, tiene intereses comprometidos que le hacen ser parcial y le alejan de la protección de la salud púbica como un todo. Un examen que no se aplique ni evalúe desde la óptica de los intereses colectivos, sociales, resulta ineficiente para las altas funciones que se supone debería proteger.

 

EP: ¿Qué tareas y problemas se plantean no sólo a los médicos -chilenos o extranjeros- sino que a los trabajadores en general para construir un sistema de salud que satisfaga las necesidades del conjunto de la población?

CG: Los derechos laborales, la precarización laboral, las condiciones laborales en muchas ocasiones son indecentes e indignas. Va mucho más allá de una administración gubernamental. Avanzar en ese sentido es fundamental. Es ir quitando las distintas capas de una cebolla, hasta llegar al núcleo duro: garantizar en una nueva constitución el derecho a la atención en salud. Una imagen que me marcó fue el desalojo de la cámara de diputados de quienes luchaban por el un reajuste digno: allí tenía a un dirigente de la CONFUSAM, un médico arrastrado por las fuerzas del orden, luchando por los derechos laborales. Eso lo hemos debatido muchas veces con Alejandro Navarro, a quien he asesorado desde hace años en la búsqueda de alternativas: la resistencia de determinados sectores de la salud ante la propuesta de un programa que tuviese similitudes con Mais Médicos para o Brasil, se confrontaba con un apoyo trasversal de cientos de alcaldes, de juntas de vecinos, de trabajadoras y trabajadores de todo Chile.

 

EP: En los últimos días un anarquista peruano y un documentalista italiano, han sido expulsados del país siguiendo órdenes del Ministerio del Interior. ¿Hay algo del espíritu Trump en ello?

CG: Aún no pude leer detenidamente acerca de la expulsión del ciudadano peruano, pero si he leído lo sucedido con el documentalista italiano que estaba becado por la Unión Europea.

Es muy importante iniciar un debate sobre ello, sobre las garantías, sobre lo que realmente ha sucedido, sobre cuáles eran las amenazas para la ciudadanía de quienes residen en Chile. Si aún se aplica el decreto ley que elaboraron los genocidas durante la dictadura chilena, es un grave problema. Sería un tanto esquizoide pertenecer a la OCDE, mantener una postura diplomática apegada al derecho internacional y proceder con mecanismos oscurantistas de decretos de la dictadura. En ese sentido, estas expulsiones tienen carácter simbólico: es un mensaje a la sociedad chilena, a quienes nacieron en esta tierra y a quienes la habitan. Es verdad que la exacerbación de los nacionalismos en Europa, en Estados Unidos, generan resonancia en nuestra américa. Basta ver algunos anuncios en Argentina. Pues le diré que los extranjeros reciben el recado: si las expulsiones no son aclaradas, el mensaje es confuso y genera un temor. Recuerdo que hace unos años, cuando trabajaba como médico en San Bernardo, un taxista me dijo “cuídese, si la embarra con un paciente, lo tiramos pal otro lado de la cordillera”. Son situaciones excepcionales frente a la generosidad del pueblo chileno. Por eso las instituciones y los medios de comunicación, juegan roles fundamentales en épocas de rebrotes xenofóbicos. Yo invitaría a la reflexión a quienes se presentan como guardianes de la salud pública a leer a Bernhard Waldenfels, a Tzvetan Todorov. Como dice Alcira Bonilla: las representaciones antiguas de lo “Otro”, en su doble faz de “extrañeza” (lo absolutamente otro) y “extranjería” (el que proviene de otro lugar), son parte de la sustancia de nuestro imaginario cultural. Y aquí, lo otro, el otro, el extranjero aparece como amenazante, y que para las elites no asumen la riqueza de la diversidad y del ser mestizo. También en los saberes es necesario aprender del “otro”.

 

EP: El próximo 26 de marzo el Coordinador Nacional de Trabajadores ha convocado una marcha y jornada de protesta que pretenden sea la “más grande la historia”, el día de ayer inicia su huelga la mina de cobre más grande del mundo, La Escondida. ¿Hay lugar para el reclamo de salud para todos en este contexto?

No puedo adjudicarme la capacidad para realizar un análisis de estas características. Sí le puedo decir que en la atención en salud hay una crisis crónica, por cuestiones presupuestales las que a su vez se enmarcan en las políticas económicas, uno de los determinantes sociales estructurales de la salud. Negar la crisis, es como dice aquella canción de Caetano Veloso, Estrangeiro, en la que dice: “vejo o que desejo”. Siempre es tiempo de reclamos en salud, porque el derecho a la salud es un derecho humano y así lo reconoce el estado chileno. Sin negar los esfuerzos, estamos en deuda con la ciudadanía: los tiempos de espera para la atención con especialistas no son solamente un indicador que se modifica con los meses. Es el drama humano que devela la enorme brecha: haga el ejercicio de solicitar hora en una clínica privada y verá la accesibilidad casi inmediata, mientras en algunas especialidades en el sector público ello puede ser escandaloso. Para cirugía pediátrica las listas de espera según la glosa de fines de octubre alcanzaba 22.246 niñas y niños. Más allá del esfuerzo del MINSAL y de muchos equipos de salud, otras fuerzas son más poderosas, condicionantes y determinantes. Me dijo un gran psiquiatra infantil – Salvador Celia – hace ya 25 años: nunca hay que perder la capacidad de indignarse.

(Imagen: médico medieval con el uniforme preceptivo de la peste negra)

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