El Ojo Izquierdo (II)

Por Patricio Quiroga

Izquierda Socialista

I

Evidentemente, el tema coyuntural sigue siendo el de las recientes elecciones municipales y la reacción en cadena que ha suscitado.

El inédito 66% de abstención marcó la pauta, constituyéndose en el hecho central del análisis. En ese contexto el comportamiento electoral ha desatado una diversidad de opiniones que, tanto desde el análisis cualitativo como desde el cuantitativo, muestran decepción y alarma. Por eso, es necesaria la ponderación. Según el analista P. Altamirano, no obstante la pérdida de votación hay luces en el camino. Aunque, no puede perderse de vista que los votos válidos en la presidencial del año 2012 (5.542.069) bajaron en 2016 (4.753.747). Esto quiere decir que en cuatro años se perdió un 27% (788.322 votos). Ahora bien, pese a la fuga de votación se produjo un crecimiento de las posturas de izquierda, un decrecimiento de la derecha y de la centro-izquierda, y un decrecimiento extraordinario del centro.

Las conclusiones también son variadas: para El Mercurio la instalación de S. Piñera está a la vuelta de la esquina. La Tercera da por terminado el gobierno. La DC reaccionó de la manera tradicional: golpeó la mesa para capear el temporal y aumentar la posibilidad de levantar una candidatura presidencial. Los radicales vieron llegada su hora con un discurso de campaña presidencial. Por doquier aparecieron las aspiraciones personales con vista a la próxima elección parlamentaria, incluso ministros en ejercicio comienzan a demarcar circunscripciones. La inmensa mayoría pareciera condolerse con el descalabro de la Presidenta que intenta superar los traspiés con el cambio de autoridades de aquí al 19 de noviembre (Subsecretarios, Gobernadores y Ministros), Mientras tanto, variados sectores, miran con expectación la emergencia de una izquierda política ligada con movimientos sociales en Valparaíso.

En un contexto delicado que debería constituir un estímulo para la reflexión política, se han visto propuestas ramplonas e incluso delirantes, en circunstancias que está en juego la calidad de la democracia y de la representación. En ese sentido, la actitud de la derecha no puede extrañar por su tendencia histórica al recorte de la democracia, pero, ¿por qué se da la misma superficialidad en el reformismo liberal-socialdemócrata?

La explicación está en visualizar la línea de tiempo. Al abandonar la visión crítica de la sociedad las elites de la Concertación olvidaron que en 1989 la derecha logró casi el 50% de la votación. Esa adhesión reflejó la existencia de una cultura autoritaria que había que superar; pero, progresivamente la inserción sistémica fue relegando al olvido lo que significa la ideología transformada en modelo cultural, compitiendo solo por el voto ciudadano desprovisto de una estrategia de profundización democrática. La línea de trayectoria sería reforzada por la pertinaz mantención del modelo económico caracterizado por la concentración de la riqueza, bajos salarios e inequidades en la educación, salud, vivienda y jubilación, peligrosa conjunción que terminó por minar la captación de apoyo ciudadano. En otras palabras, no bastó la democracia restringida ni las políticas públicas neoliberales de carácter subsidiario. Agréguese, la aparición de nepotismo, la adopción de actitudes-comportamientos procedentes del modo-de-ser dominante, y se comprenderá la pérdida progresiva de votación en 2009, 2010, 2012, 2013 y 2016.

Por otra parte, el resultado electoral tiene explicación en la campaña del “fuego amigo”, estrategia que liquidó la figura presidencial desde la misma Nueva Mayoría. Al respecto debe tomarse en cuenta que, cuando desde la Revista QUE PASA se denunció el Caso CAVAL, aprovechando la ocasión, desde la derecha se inició una campaña para debilitar la figura presidencial. En el otro extremo político, en un principio, las críticas se interpretaron como una molestia de los sectores conservadores de la Democracia Cristiana por la participación comunista en el gobierno, otros analistas centraron la atención en el disgusto de los sectores y figuras socialistas desplazados, incluso el silencio del PPD fue interpretado como consecuencia de sus divisiones internas. Pero, finalmente, quedó claro que los objetivos eran la paralización de las reformas en que se había comprometido Bachelet, y poner en marcha el cálculo electoral de grupos de poder desafectos de la Nueva Mayoría y nostálgicos de la Concertación. Aunque, también ronda la sospecha que otro objetivo era precipitar la renuncia de la Presidenta.

En suma, la campaña del “fuego amigo” paralizó los cambios, afectó al gobierno, y posibilitó que la candidatura de R. Lagos iniciara su marcha. Dicho en otras palabras, los dirigentes de la transición no perdonaron el intento de Michelle Bachelet de gobernar con el apoyo de una fuerza externa al sistema de partidos, prestándose para ello el Caso CAVAL y los desaciertos políticos de la propia mandataria.

Finalmente, múltiples torpezas de última hora afirmaron la tendencia. Las desavenencias personales, la constatación de apetitos de poder, tráfico de influencias y la aceptación de dineros políticos proveniente del pinochetismo, pusieron en jaque al gobierno, a sus partidos y a sus representantes. Por otra parte, la poca idoneidad política de ministros claves fue determinante; allí están el caso de la reforma educacional, el sinsentido de la reforma laboral y la tragedia del SENAME. En otros términos, no se escuchó la demanda de la mayoría y se optó por la estrategia del silencio para esconder los conflictos. En efecto, la Concertación al renunciar desde el inicio de la transición a poseer medios de comunicación, no solo hizo una concesión estratégica al autoritarismo, también ocultó la crítica, introduciendo el perverso juego del olvido-del-reclamo por el paso-del-tiempo.

 

II

El resultado electoral pareciera cobrar vida propia en circunstancias que es expresión de un proceso que desde 2011 (a lo menos) está haciendo visible el Chile profundo. Las manifestaciones estudiantiles al copar la calle sacaron el conflicto político de los límites del parlamento mostrando la existencia de diferencias sociales.  Ahora bien, en las actuales condiciones, mientras los partidos políticos se enfrascaban en la reproducción de sus cuotas de poder, los movimientos sociales, los simples ciudadanos, las organizaciones político-culturales y las emergentes fuerzas políticas, detectaban las anomalías estructurales del país; aún más, descubrieron que la coyuntura era un muestrario de estas acompañadas de numerosas decisiones lesivas a los intereses de la mayoría.

Entonces, ¿cómo pedir el voto al estudiante universitario si había evidencias de la existencia de pugnas al interior del gobierno, porque mientras la mayoría de los chilenos claman por dar solución al tema del CAE, otros estaban por reducir la entrega de créditos?, ¿cómo pedir el voto al profesor universitario si aún no hay un diagnóstico de la reforma educacional?, ¿cómo pedir el voto a la mayoría femenina si un sector del PDC está enfrascado contra la despenalización del aborto?, ¿cómo pedir el voto si el feminismo burocrático-partidario sigue protegiendo a un congresista castigador?, ¿cómo pedir el voto para rescatar nuestro cobre si la Ley Reservada está congelada?, ¿cómo pedir el voto al viejo explotado en su vejez si el clamor de NO + AFP había sido desechado por el propio Ministro de Hacienda?, ¿cómo pedir el voto a los trabajadores manuales e intelectuales si el gobierno negaba un reajuste en concordancia con el alza del costo de la vida?

La derrota no es porque faltara trabajo “puerta a puerta” como concluyó el PC. El tema es, ¿cómo pedir el voto para un gobierno que paralizó las reformas quedando sin coherencia y rumbo?, ¿cómo pedir el voto para candidatos/candidatas que trasgredieron la ética popular? En conclusión, ¿cómo pedir el voto si se paralizaron o deformaron las reformas contenidas por 25 años?

El militante, despojado de su opinión y sujeto a las decisiones de las oligarquías partidarias, transformado en funcionario público y degradado a la calidad de cortesano gubernamental (sin opinión), también fue horadado por la duda, cundiendo una molestia aún mayor cuando sabía que, a pesar de sus esfuerzos, se perdería en numerosas localidades a causa de los errores cometidos por las cúpulas partidarias (Santiago, La Reina, Calama, Punta Arenas). Ahora bien, lo novedoso es que la molestia se expresó en el momento de la votación; de hecho, la Nueva Mayoría perdió 630.000 votos; de ellos: ¿cuantos militantes no votaron?, ¿cuántos endosaron sus votos a otras propuestas?, ¿cuantos anularon o votaron en blanco? Esto es muy grave, en el caso del PS, bajó en la votación en términos absolutos pasando de 547.102 votos en 2012 a 380.298 en 2016, es decir una baja de un 30% lo que implica preguntarse ¿cuantos parlamentarios podrían perderse en 2017 sin readecuaciones políticas? Pero, estas no se ven, por el contrario, lo que percibe la opinión pública es la lucha por el posicionamiento por los cupos parlamentarios. Y la autocrítica de los partidos y de los encargados electorales brilla por su ausencia.

Ahora bien, el análisis debe ser ponderado, tanto Chile Vamos como la Nueva Mayoría perdieron votos (221. 474 y 630.000 respectivamente), para la derecha el desastre no fue mayor por la votación de Evopolis (261.275) y Amplitud (51.365). El PDC perdió 225.224 votos, el PS 167.242, el PPD 126.962, el PC 57.750. La IC, el MAS y el PR suben a 118.380 votos. El PRO pierde 62.106.  Los independientes lograron 330.083 votos desglosados de la siguiente manera: Pacto Poder Ecologista 86.407, Partido Revolución Democrática 62.413, Pueblo Unido 58.292, Alternativa Democrática 108.538, Pacto Justicia y Transparencia, 14.433. Esto da un 8,54% lo que permite establecer tres conclusiones, a lo menos; i) el sistema binominal cedió su rol de contención, ii) si se reproduce la unidad que llevó a Sharp a la alcaldía, la izquierda emergente podría aspirar a lo menos a cinco o seis diputados y un senador (hay cálculos que hablan de 19 y 3), y iii) podría levantarse un presidenciable alternativo.

La molestia ciudadana se acrecienta también con el desate de las pasiones en la pugna presidencial.  Al respecto, solamente dos hechos puntuales. Primero, ¿qué sentirá en su fuero interno ese militante que vio abandonada a su Presidenta en la derrota? Recuérdese que, en el momento en que la mandataria iba a pronunciar el tradicional discurso, donde se da cuenta de los resultados, estaba sola, los partidos la habían dejado. Aún más, un grupo de dirigentes responsabilizó ipso facto al gobierno de los traspiés. Segundo, la ocasión dio lugar a un sinnúmero de propuestas simplemente ramplonas como las de los presidentes de ambas cámaras y delirantes como las del PDC. Proposiciones y actitudes inentendibles para quienes dejaron el alma en la campaña, escenario en que se renovó el intento de R. Lagos para asegurar su candidatura.

 

III

En efecto, actuando como eventual abanderado el ex presidente fue rostro visible de numerosos candidatos, luego el día mismo de la derrota, señaló que había que “rectificar” la actitud del gobierno y remató sus afanes pidiendo a I. Allende que bajara su candidatura con el propósito obvio de ser ungido por la alianza PS/PPD; grueso error de cálculo político que abrió las puertas al debate al interior del socialismo, aflorando ahora, desde múltiples instancias, la exigencia militante del respeto a los acuerdos del último Congreso que estipuló la realización de primarias abiertas para la elección de candidatos. En suma, no hubo proclamación, el socialismo alzó tímidamente la voz por el trato a su Presidenta, y se alzaron las candidaturas, de Insulza y Atria. Aún más, de acuerdo a ley de partidos políticos, las aspiraciones de R. Lagos deberían pasar por la prueba de elecciones internas. Difíciles circunstancias a las que debe agregarse una nueva baja en las encuestas poselectorales que dejaron reducidos sus sueños a un 5% ante el 16% con que irrumpe el senador A. Guillier.

En esta perspectiva, la responsabilidad del PS es enorme, durante las próximas semanas hasta el Pleno del Comité Central (26 de noviembre), los ojos ciudadanos estarán puestos en la limpieza de los procedimientos internos. El dilema, entonces, será el contrapunto entre elecciones abiertas con participación universal o definición cupular, aunque también es probable que la indefinición se prolongue hasta marzo.

Lagos es un hombre inteligente y tenaz, advertido de esta situación, se reposicionará (primero) denunciando la supuesta descalificación de que es objeto su persona, para (luego) volver a la maniobra política. Aunque, tiene un poderoso elemento a su favor, a diferencia de los otros (posibles) candidatos, posee Programa. Por eso, deberá entenderse que la crítica no es personal, sino a una propuesta-país que opera desde hace un cuarto de siglo. En ese sentido, ningún intento de explicación del proyecto del ex Presidente puede obviar el complejo problema de la transición y el rol de la elite dirigente por tanto tiempo.

Es hora de iniciar el balance.

Desde septiembre de 1973 la apuesta de la vieja izquierda fue la reconstrucción democrática; pero, el fracaso de la línea de Frente Antifascista, la irrupción de la “renovación”, la derrota de 1986 y la imposición de la estrategia PDC+ Renovación Socialista (a la que posteriormente se integró la ortodoxia, previo abandono de su antiguo ideario), permitió la aparición de una nueva tipología transicional. La concepción de los sectores adherentes a la teoría crítica, relacionada con la subversión del orden establecido, en vistas a la recuperación de una democracia sustantiva (sin recortes), dio lugar a una nueva concepción que basada en el funcionalismo sociológico viró hacia la transición negociada-institucional. Bajo estas condiciones esa izquierda renunció progresivamente (con o sin razón) al leninismo, al marxismo y, finalmente, al allendismo, cobijándose bajo el nuevo manto de una socialdemocracia que se acercaba al liberalismo político, operación que la diezmada izquierda no pudo contener.

Acto seguido, la transición se entendió como un cambio de régimen militar por uno civil, paso acompañado por un proceso de democratización de los enclaves autoritarios.

La llegada de P. Aylwin al gobierno fue el inicio de la construcción del Estado pos dictatorial (1990), un nuevo Estado que puso fin a los arbitrios del Estado de excepción. Pero, como el carácter de ese Estado no estaba fijado de antemano su construcción constituía todo un desafío; por eso, fue tan importante el abandono de lo que se denominaría como el Programa Abandonado, decisión que condujo al reemplazo de la movilización social por la democracia de los consensos, a la tesis de la importancia de los cambios incrementales, fundamento de la concepción del crecimiento con equidad y del abandono de las teorías del desarrollo o del cambio profundo, punto de partida de las políticas neoliberales que finalmente se impusieron y que condujeron, entre otros, a la apertura comercial, al Estatuto de la inversión extranjera (D.L. 600), a la exención tributaria del IVA y al abandono de la reforma fiscal. Esa línea, continuada por E. Frei, se manifestó en la transición de una agenda política a una socioeconómica orientada, entre otros aspectos, a la apertura de la inversión internacional (encuentro con el NAFTA y la Unión Europea), rebajas arancelarias y nuevas privatizaciones (agua, electricidad).

Lagos continúo con lo que ahora se denominó como la “modernización económica”, logrando alianzas con el empresariado a raíz del impacto de una de las crisis que periódicamente asolan a la economía mundial. De esa manera se pospuso nuevamente la reforma tributaria y se impuso la regla del superávit estructural, prodigándose la firma de nuevos TLC. Por otra parte, para retomar el crecimiento inició la “segunda fase exportadora” que terminó transformando el país en una plataforma para las empresas transnacionales, acentuándose la explotación de los recursos naturales, consolidándose el modelo económico de libre mercado sin medidas reactivadoras sobre la base de la precarización laboral y la mantención de una baja cuota de sindicalización. En otras palabras, el rumbo trazado al inicio de los noventa continúo sin alteraciones, aunque ahora asomaron aspectos que iniciaron la molestia ciudadana; entre otros, el caso MOP-Gate, la aplicación de la Ley Antiterrorista, el cambio (formal) de la Constitución de 1980, etc.

Finalmente, debe señalarse que en un país afectado por la industrialización trunca, ahora el 10% más rico de la población captó el 42,3% del ingreso nacional, mientras que el 10% más pobre captó solo el 1,1%, medidas que en nombre de la modernización del Estado terminaron recortando su rol, premisa básica del neoliberalismo.

Luego vino una gran advertencia ciudadana. M. Bachelet debió pasar a segunda vuelta en la carrera presidencial.

La Presidenta, que contaba con mayoría en ambas cámaras, iniciando su primera gestión se pronunció por un gobierno ciudadano. Pero, no pudo abandonar la camisa de fuerza de los lineamientos anteriores en los precisos momentos en que comenzó a expresarse el descontento de los movimientos sociales. En otros términos, el intento de aplicar reformas fue resistido, lo que le obligó a paralizar la consulta ciudadana, al mismo tiempo, por consejo de sus asesores, acentuaba los aspectos asistenciales de su gobierno, afortunadamente el ciclo virtuoso del cobre generaba espacio para políticas de bonanza. Pero, los asesores no lograban advertir que algunas decisiones, heredadas del gobierno de Lagos, estaban causando tenciones (CAE, LEGE, Transantiago) y que el tema mapuche había pasado a mayores. Finalmente, la Presidenta logró remontar la baja en las encuestas a costa de paralizar las reformas, quedando latente la tensión entre su proyecto de reformar el Estado neoliberal y los puntos de vista de los sectores que se habían deslizado desde posiciones social cristianas y socialdemócratas al neoliberalismo corregido.

Entonces, el tema no es “recuperar la convicción”, como señala el ex mandatario en su nuevo libro, En vez del pesimismo.

¿Recuperar la convicción…para seguir con el neoliberalismo corregido?, porque en realidad el llamado a recuperar, las diez convicciones, es una propuesta que se sustenta en la teoría del crecimiento económico. O sea, más de lo mismo.

Pero, este no el único tema controversial.  Vivimos en un sistema mundial, afectado entre otros aspectos, por la triple crisis (agua, petróleo, alimentos), guerras, desplazamientos humanos, sobrecalentamiento global y una crisis económica que no logra remontarse desde 2008. Pero, este no ha sido tema para las elites gobernantes. No obstante vivir en la globalización vivimos en medio de una reflexión casi autárquica sobre la historia del tiempo reciente. En circunstancias que, para muchos autores estaría estallando una crisis mundial del capitalismo, para otros -como la canciller alemana- no es el capitalismo el que está en crisis, sino una variable de este, el modelo neoliberal. En ese contexto, el mérito de Bachelet fue haber intentado reformar un neoliberalismo de rasgos autoritarios, pero el resultado fue la ruptura del consenso establecido entre las elites de la Concertación y la derecha; además, atentó contra el sistema de partidos, agravando su situación cuando cundió la sospecha de haber recibido dineros ilegales para su campaña.

En ese mundo conflictuado operan poderes de enorme magnitud que van siguiendo la trayectoria de nuestros países, entre ellas una socialdemocracia derechizada que está atravesando gravísimos problemas. En efecto, la socialdemocracia está atravesando por una crisis histórica, dado que, está desapareciendo de la escena por el cambio mundial de los últimos cuarenta años, caracterizado por el retroceso de la sociedad industrial y la aparición de una nueva estructura social cuyos anhelos no tienen congruencia con la oferta socialdemócrata del pasado, ni mucho menos con la del actual maridaje con el neoliberalismo. Ahora bien, sin duda alguna, las tendencias chilenas deben ser examinadas atentamente por el rol que el país  viene jugando desde 1990 al promover la expansión de las ideas neoliberales a nivel continental, perspectiva en la que nuevamente juega un rol importante el sector liderado por R. Lagos, como lo demuestra la concurrencia, junto a F. González, a un seminario organizado por El Mercurio, tribuna en la que quedó diáfanamente expuesta la idea de que las crisis políticas se pueden convertir rápidamente en crisis sistémica (28 de septiembre).               .

En fin, es la enseñanza de anteriores crisis que terminaron con la explosión del PASOK, el partido de la socialdemocracia griega. Es el temor a los sucesos de Inglaterra. Es el temor a la revolución bolivariana y la lejanía con el PT brasileño. Es la explicación del cisma del PSOE que terminó con la caída de P. Sánchez en España, dando paso a M. Rajoy, para evitar la “crisis sistémica”. Se trata, entonces de detener una posible crisis sistémica, pero lo que está en juego en Chile no es una crisis del sistema sino reformas al capitalismo. Error de apreciación que explica el conservadurismo con que la vieja elite sigue apreciando nuestro país.

 

IV

Bajo las condiciones anteriormente enunciadas no es de extrañar que la convocatoria de las agrupaciones NO + AFP se trasformaran en una Jornada de Protesta Nacional (5 de noviembre). La confusa propuesta presidencial que convocaba a un acuerdo nacional para examinar el tema se diluyó por la resistencia empresarial y por las discrepancias al interior del gobierno. Los afectados, al constatar que durante dos meses no había respuesta a sus exigencias, nuevamente protestaron a través de todo el país exigiendo el fin del sistema. Ahora bien, objetivamente, en la jornada se articularon diversas formas de protestas (legales, semiilegales e ilegales), lo que exige estudios sociológicos muy precisos porque lo que está en juego es la presencia de nuevas formas de enfrentamiento de la violencia cotidiana. Lo otro, es deslizar la crítica para descalificar el movimiento con el consiguiente reposicionamiento de los dueños del capital.

Ahora bien, este tipo de errores se ha vuelto a repetir con la negativa del Ministro de Hacienda para otorgar un alza salarial, de acuerdo con el alza del costo de la vida a los trabajadores del sector público, denegación que ha terminado con la fuerza gubernamental dividida, con una declaración de todos los Frentes Sindicales de los partidos de gobierno que repudian tanto la actuación del ministro del ramo como la del Presidente de la cámara de diputados. No es todo, también se observa el desate de la represión, y el copamiento de la calle por más de dos semanas, con la consiguiente preocupación de poderes fácticos que han recordado que la exclusión de PC era parte del trato con que se inició la transición, razón de fondo de la ofensiva contra el comunismo chileno.

En cuentas resumidas: todo pareciera indicar que la confluencia de la crisis de representación con exigencias múltiples del movimiento social (NO + AFP, ANEF, Pescadores Artesanales, Estudiantes, etc.) está abriendo una brecha por donde pudiera irrumpir la reivindicación de cambios. Los últimos sucesos demuestran un alto grado de participación en la calle, politización de los movilizados, aparición de diversas formas de intervención y un reclamo generalizado por mayor participación en el producto y en la ampliación de la democracia. La ciudadanía está descontenta y tiene claro que para los actores del sistema político basta con la participación de un 34 % de la población para instalar un Presidente. Pero, también saben que esta posibilidad es antidemocrática porque restringe conscientemente la participación en beneficio del partido trasversal del orden, pero esto es jugar con fuego porque atiza el malestar que conduce a la diversidad de acciones que se ha observado recientemente. Por otro lado, poner trabas a la ampliación democrática y a la reforma, es facilitar la campaña de la derecha contra el rol de la política, es allanar el camino a la irrupción autoritaria por la vía de una participación electoral restringida a un tercio del electorado.

En ese sentido, el partido transversal del orden deberá enfrentar oposición. Los sectores pro reformas de la alianza de gobierno, a partir del reconocimiento de la gravedad de la situación, están obligados a exigir rectificaciones en el modelo económico a partir de la reforma estructural (bien hecha, por supuesto), revisar el tema de la participación, y considerar una nueva óptica en los fundamentos de la actual cultura de mercado, sacándola del rol de los gestores culturales. Esto es una vuelta al humanismo en el capitalismo. Por otra parte, no puede dejar de considerarse la aparición incipiente de una nueva fuerza en proceso de constitución. Allí está el ejemplo de Valparaíso, el “Naranjazo” actual. Pero, insistimos, este es un fenómeno incipiente.  Ahora bien, en tanto, no se constituya una tercera fuerza (dentro y fuera de la Nueva Mayoría,) las aguas pueden volver a su caudal. En ese sentido, la irrupción de nuevas categorías sociales, la consolidación de movimientos sociales, el triunfo de la izquierda emergente en la FECH, el de la NAU en la UC, y la reaparición del grito callejero “Dignidad”, un viejo lema de los humillados por el capital, podrían ser pasos promisorios para la construcción de una fuerza transversal de cambio (¿Frente Amplio?).En estos procesos de reacomodos y rearticulaciones políticas será significativo lo que suceda en el Partido Socialista para las posibilidades de transformación y fortalecimiento de la izquierda, proyecto que desde su interior vienen desarrollando fuerzas emergentes como Izquierda Socialista (IS).

En esta dimensión también hay que ser cuidadoso porque las izquierdas muestran una histórica tendencia a la fragmentación. En Valparaíso en 2012 los votos válidos fueron 87.449 y en 2016 alcanzaron 86.219, por lo tanto, la baja fue de 1.230 votos, es decir un 1%. Entonces, la candidatura alternativa paró la fuga de votos, la derecha bajó de 40.264 a 19.443, y la Nueva Mayoría perdió el 37% de su votación respecto a 2012 pasando de 30.766 a 19.316 votos. Esto significa que el candidato triunfante absorbió al centro, y gano votos en la derecha y la izquierda con un proyecto nuevo que los deja en una posición expectante para las futuras elecciones, siempre y cuando remonten la tendencia a la división.

Pero, ni el reformismo limitado, ni la aspiración del cambio tienen el futuro asegurado.

El inicio de la recomposición mundial del capitalismo (1974) precipitó con el paso del tiempo cambios profundos; entre otros, variaciones en el desarrollo del capitalismo mundial, en la forma de  la acumulación, modificaciones en las relaciones sociales, cambios en los modos de vida, alteraciones en el Estado, globalización y aparición de un mundo multipolar, etc. Por casi cuarenta años la hegemonía del capital financiero se impuso, pero la crisis de 2008 resquebrajó la economía mundial, afectando sucesivamente al centro, la periferia y la semiperiferia, al mismo tiempo que aparecían nuevos conflictos universales. Inmersos ahora (2016) en una crisis planetaria la salida está siendo con más neoliberalismo, con el recurso a la violencia y con racismo, como lo demuestran los casos de Turquía, Filipinas, Colombia y el reciente triunfo de D. Trump en Estados Unidos.

Una de estas transformaciones fue la ruptura del principio de la solidaridad humana, reemplazada por el más extremo individualismo. Lo que era una tendencia, luego se transformó en insularidad, soledad en compañía, pasos para la transformación del sujeto histórico en sujeto de consumo. Dicho de otra manera, la fábrica de consumo neoliberal término afectando la subjetividad por vía de la seducción a que conduce la realización individual que produce la acumulación de bienes materiales. La otra vía se logró a través de la combinación de la desinformación, la desorganización, el miedo y la imposición del tiempo-efímero La desinformación fue vital porque impidió comprender los vaivenes de la sociedad, de allí la irresponsabilidad de renunciar a medios de comunicación al inicio de la transición. Ahora queda claro que la falta de información iba de la mano con la des-organización de los afectados por el capital, así se comprende porqué languidece la organización de los partidos y de los movimientos sociales. Por otra parte, el miedo es un viejo conocido de la humanidad porque paraliza la acción. La Inquisición paralizó por miedo al oponente. Ante la pestilencia medieval la población huía. Entonces, ¿cómo comprender el sistema mundial actual si además el tiempo-efímero nos llena de imágenes que se desvanecen instantáneamente ante nuestros ojos (memes, chat, Facebook, fotos), impidiendo la comprensión de los fenómenos sociales?

Pero, el peso de los factores objetivos está mostrando el Chile profundo. Es imposible no visualizarlo, no obstante, el intento de ocultarlo por parte de una casta periodística que se ha dejado atrapar entre la seducción sistémica y la exigencia del patrón (habidas excepciones). En fin, sociedades complejas como la nuestra, donde coexiste el conflicto social y la lucha de clases, el contrapunto étnico, la descalificación racial, y el desdén de políticos que piensan por “la gente”. Existen condiciones objetivas a superar (exclusiones, pensiones, explotación) que están esperando por décadas ser resueltas, existiendo también entre los subalternos una memoria histórica que sabe que con información, organización y decisión política se logran romper los cerrojos subjetivos, que es lo que pareciera estar sucediendo, por lo que es posible que se esté iniciando un nuevo ciclo en nuestra historia política.

Noviembre, 2016.

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