Un Paso al Frente: un Llamado a la Lucha Revolucionaria

por Gustavo Burgos

 

Recientemente editado, “Un paso al frente” de Mauricio Hernández Norambuena, es un texto político imprescindible y de gran valor para el debate de la izquierda revolucionaria. Es, además, un manifiesto contundente de ética revolucionaria, en palabras de su autor: “Para mí ser rodriguista y haber participado en el Frente, ha significado lo que ahora soy. Yo me considero un sobreviviente que no puede olvidar a todos los hermanos y las hermanas que lucharon, que cayeron, toda esa fraternidad que me une con los que murieron, y con los que están vivos, los que sobrevivieron y que son personas íntegras, que siempre se la jugaron. Nunca me voy a dar vuelta la camiseta. No voy a traicionar eso, ni toda la memoria del Frente”.

Las inhumanas condiciones de aislamiento de Hernández Norambuena, rotado por las más horrorosas mazmorras brasileñas a voluntad de los gobiernos patronales de Lula y Rousseff, obligaron a sus editores –Laurence Maxwell y Jorge Pavez- a transcribir de memoria, durante años los relatos del autor, porque hay prohibición de grabarlo o de tomar nota de lo que diga. Hernández Norambuena tiene prohibición de mirar a los ojos a sus celadores, bajo castigo de privarlo de las pocas horas diarias de patio aislado que durante quince años ha debido soportar.

El régimen brasileño y sus gobiernos entreguistas del PT, torturan institucionalmente al revolucionario con la finalidad de escarmentar a todos a quienes se alzan en contra del orden establecido. Durante las cruzadas, los Templarios solían cortar la cabeza de un turco y exhibirla clavada en una lanza, significando en ella la venganza por las afrentas sufridas por los cristianos en Tierra Santa. Tal es el sentido del encarcelamiento brutal del que este libro es una luminosa superación.

Sólo por estos conceptos este libro merece ser leído y difundido, máxime que la costumbre autobiográfica de la izquierda chilena resulta propensa a la vergonzosa capitulación y a la derrota. La afirmación que hace Hernández de sus convicciones contrastan con la mediocridad y el oportunismo de aquellos que pasan “a retiro”.

El texto, apartándose de otras ediciones referidas al accionar del FPMR, deja de lado la anécdota –con la excepción del apartado referido a la fuga de la Cárcel de Alta Seguridad- y se concentra en la reflexión política. Los hechos pasan en una fácil lectura y el esfuerzo sostenido por su autor está en develar la naturaleza y el contenido de la política del FPMR.

Uno de los análisis más interesantes es que Hernández Norambuena caracteriza la llamada división del FPMR, como una división del Partido Comunista. Esta división se originaba en el choque de la corriente que excepcionalmente logró imponerse en el PC el 82, entre quienes sostenían la tesis de la Rebelión Popular, más adelante Sublevación Nacional y los reformistas institucionales que históricamente han comandado al stalinismo criollo. Expresión de este aserto lo constituye –según el autor- que la internación de armas en Carrizal Bajo se vio frustrada por la voluntad del PC de excluir al FPMR de esta operación, encargándola a compañeros sin ninguna preparación para llevarla adelante. De la misma forma, miles de fusiles ingresados al país en esa época nunca llegaron a manos del Frente, precisamente por la voluntad del ala reformista pro negociación con la Dictadura e interesada en pactar con la DC.

Lo expresado da contenido a la autocrítica que expone en cuanto a las limitaciones estratégicas –no resueltas- del FPMR. El FPMR nace del llamado Frente Cero que agrupaba a los encargados de agitación dentro del PC, por lo mismo su objetivo político era exclusivamente poner fin a la Dictadura y restablecer el orden democrático burgués quebrantado por el Golpe Militar. Sin embargo, en el propio desarrollo de la lucha, el FPMR se radicaliza y aspira a lo que él llama, en una parte, un nuevo orden social y también una democracia profundizada, al estilo Nicaragua. La máxima expresión política  de esta concepción fue la llamada Guerra Patriótica Nacional, que buscaba implantar –bajo el paradigma de la Guerra Popular Prolongada- focos guerrilleros en el campo. Trágica expresión del fracaso de esta concepción lo constituye la muerte en combate de Raúl Pellegrin y Cecilia Magni.

Como decíamos, el libro es intenso y tiene la virtud –por sobre todo quizá- de abrir espacio para un tema que es fundamental para toda la izquierda revolucionaria: la cuestión militar. La vía pacífica, institucional y electoral, ha demostrado a la altura de una catástrofe su fracaso y derrota. Sin embargo hoy día en Chile nuevos sectores de izquierda parecen atraídos gravitacionalmente a reproducir estas archiderrotadas concepciones, que reducen a la izquierda a la tarea de acumular caudal electoral y luego cruzar los dedos para que la burguesía respete su propia institucionalidad.

En este contexto, resulta fundamental abrir un debate sobre las perspectivas de la movilización de masas y la acción directa. Si –como la historia lo ha demostrado- es sólo mediante la lucha y la movilización que los explotados impondrán sus reclamos y accederán al poder, se hace ineludible debatir sobre las formas concretas que asumirá este enfrentamiento al Estado burgués. El FPMR marcó un camino foquista que resultó del todo inconducente y se sumó, en grado operativo superior a cualquier otra organización que haya existido en Chile, a una tradición guerrillera que en su nombre alude a la guerra de independencia. Esta experiencia, por lo mismo, debe ser rigurosamente estudiada, debemos aprender de sus errores y apoyarnos en sus conquistas, para enriquecer el arsenal político de los explotados.

Este es el valor del libro de Hernández Norambuena. Es el testimonio directo, consecuente y honesto de un revolucionario que ha consagrado su vida a la lucha y que ahora nos regala esta narración que en la lucha, en el debate y en el estudio nos vemos obligados a honrar. Aún tenemos patria, ciudadanos. Libertad para Mauricio Hernández Norambuena.

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