Incendio y Crisis Agraria

En un sociedad capitalista, los antagonismos de clase determinan la naturaleza y extensión de sus crisis. Aún hechos que se nos presentan como catástrofes naturales, como las tormentas de nieve y oleadas de hielo en Europa, los terremotos, inundaciones y –por supuesto- los incendios, son todos hechos que actúan sobre el tejido social mediando sus contradicciones de clase. Al decir del escritor Jaume Perich: “cuando el bosque se quema, algo suyo se quema, señor Conde”.

En América Latina en general, y en Chile en particular, la ausencia de un vigoroso mercado interno que permita el desarrollo de las fuerzas productivas y del capitalismo de forma integral, encuentra su origen en el atraso del campo que se expresa en el latifundio y luego en la hiperconcentración de la tierra, fenómenos que tienen como resultado la monoproducción orientada al mercado externo. Nuestro agro producía cebo y trigo en la colonia de la misma forma como se hizo hasta mediados del siglo XX. Posteriormente, consecuencia de la contrarreforma agraria pinochetista, la propiedad volvió a concentrarse ahora en grupos económicos parasitarios del capital transnacional. Esta estructura propietaria, que ha desarrollado un vigoroso proletariado rural y cuyo objeto es la agroexportación, es la que enfrenta una crisis de mercados que subyace los horrorosos incendios del centro-sur. Esta estructura propietaria es la que explica el ahora famoso DL 701 y toda la legislación de escandaloso subsidio a la explotación forestal, de acuicultura y fruticultura.

No nos hacemos eco de las campañas de terror ni de su correlato el fetichismo fálico del Supettanker. No podemos saber si estos incendios son intencionales o accidentales. Lo concreto es el contexto social y político en que estos hechos tienen lugar. Hay tiempo para la solidaridad con nuestros hermanos de clase. Habrá tiempo para las investigaciones y el balance de lo ocurrido, pero lo que necesariamente hemos de abordar –y esta es una tarea programática prioritaria- es la necesidad de abordar los problemas políticos que presentan a la revolución el atraso agrario. Debemos hacernos cargo de las tareas propias de la frustrada Reforma Agraria y por cierto de la irredenta autodeterminación nacional mapuche.

La nota que transcribimos aparece en Ecoportal, su autor es el ecologista Alfredo Seguel y en la misma se describen las particularidades productivas que son la base de la catástrofe que hasta el día de hoy ocasionan los gigantescos incendios de la zona que va del Maule al Biobío. A pesar de haber sido escrita hace casi dos años, los hechos que en ella se consignan ponen en evidencia que no estamos viviendo una desgracia o un accidente, sino que la necesaria consecuencia de la estructura propietaria y productiva del valle central chileno, aquél de mayor significación y relevancia agraria en el país.

 

EP

 

 

“Incendios forestales y crisis hídrica centro sur Chile: No más plantaciones de pinos y eucaliptus”

Este debacle social causado por empresas forestales, mantiene en descontrol  numerosos incendios forestales que año tras año devastan miles de hectáreas del centro sur de Chile, esto, mientras personeros  empresariales y ciertos sectores políticos intentan eludir sus responsabilidades, levantando cortinas informativas sobre “atentados organizados y planificados”.

 

Sin embargo, un hecho indesmentible es que las plantaciones de monocultivos de pino y eucaliptus, por su composición y estructura,  propician incendios que causan enormes daños en los territorios. Más aún, el estado chileno año tras año invierte enorme cantidades de recursos financieros para subsidiar a las empresas, a través de instituciones públicas o universidades, ya sea para biotecnología, estudios de mercado, control de plagas, bonificaciones para expandirse en tierras de sectores campesinos y comunidades mapuche, enormes contingentes policiales para resguardar sus predios en el marco de reclamaciones de tierras y enormes contingentes brigadistas para apaliar los incendios.

 

A pesar del desastroso panorama, en Chile, continúa promoviéndose  aumentar la forestación en monocultivo de especies exóticas  a nivel país por medio de la prórroga del decreto 701 que fue creado a inicios de la dictadura militar y que pretende en el presente, solapadamente, duplicar los monocultivos de plantaciones exóticas de pino y eucaliptus, lo que intensificaría los graves impactos que viene causando esta industria y que pretenden expandirlo en terrenos de los sectores más vulnerables, estimándose llegar a 5, incluso 6 millones de hectáreas forestadas con monocultivos.

 

Hoy, este cuadro legislativo pone en el tapete la proyección de la herencia y el modelo de la dictadura militar basado en la depredación, en el asesinato de la vida rural y la acumulación de riquezas para ciertos grupos privilegiados (principalmente a empresas como Mininco y Arauco), frente a las posibilidades de definir nuevas formas de desarrollo que revitalicen la vida rural y que fortalezcan las economías locales y de paso, poner en prioridad la seguridad del País, ya que por un inviable modelo, se sigue poniendo en riesgo la vida de miles de personas, junto a la destrucción de bienes naturales y materiales.

 

En enero del 2012, más de 70 organizaciones de todo Chile, a través de una carta pública pusieron en alerta a diversos territorios de los intentos que tienen las empresas forestales e instituciones públicas del estado para fomentar la introducción de especies exóticas de pino y eucaliptos que, según señalaron “solo traerá graves consecuencias para la vida rural, mayor sequía, mayores impactos, y grave exposición a la infección de plagas (como la avispa taladradora) con pérdidas totales”. Por tales razones, hicieron un llamado a no aceptar los supuestos beneficios. “Hoy, hay más de 3 millones de hectáreas en el centro sur de Chile de estas plantaciones y a corto plazo pretenden duplicar esta cantidad. Su objetivo es la introducción de estas plantas en terrenos de campesinos chilenos y de comunidades mapuche con entrega de supuestos beneficios, como plantas regaladas e incluso bonificaciones con dinero por costos”, señalaban.

 

En otro punto señalaban: “Los empresarios forestales tienen fortunas en miles de millones de dólares a costa de la depredación de territorios. Los pinos y eucaliptos son especies exóticas que a gran escala succionan agua de esteros y napas subterráneas, erosionan las tierras y para su introducción reemplazan tierras agrícolas y productivas ancestralmente, como también bosques nativos. Así es, van matando progresivamente la vida rural. Por lo tanto, con la creciente falta de tierras cultivables más la pérdida de aguas, se va obligando que mucha población rural deba emigrar a ciudades, las que a su vez están colapsadas por la falta de empleo, de verdaderas oportunidades”.

 

Pinos y eucaliptus propician incendios

Sergio Donoso, Ingeniero forestal de la Universidad de Chile y presidente de la Agrupación de Ingenieros  Forestales por el Bosque Nativo (AIFBN) informó a Radio Universidad de Chile este 18 de febrero 2015, que uno de los elementos facilitadores para la propagación de incendios es el exceso de plantación de árboles exóticos, como pino y eucaliptus: “Ese es un elemento facilitador, cuando uno tiene una gran cantidad de combustible y es muy homogéneo, por supuesto que una vez que se inicia el incendio, el control de estos se vuelve mucho más complejo, costoso, difícil y adicionalmente este tipo de plantaciones de pino y eucaliptus, de especies de rápido crecimiento conllevan un alto consumo de agua, dadas las tasas de crecimiento que tienen estás especies. Por lo tanto, el nivel de sequedad y de falta de agua que se presenta en esos ambientes es mucho más intenso y por lo que  facilita el proceso de propagación de estos incendios, en ese sentido claramente no son elementos que permitan mitigar, sino que en muchos casos facilitan la propagación” sentenció .

Como ya se ha destacado en otras publicaciones, Mary T. Kalin Arroyo, premio nacional de Ciencias 2010 y directora del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) de la Universidad de Chile, publicó en abril del 2014 en el diario La Tercera una nota de opinión con respecto al incendio que afectó a los cerros de Valparaíso y la relación con las plantaciones forestales, señalando: “Un aspecto poco mencionado (con respecto al incendio en el puerto) es la composición de la vegetación natural de las colinas de Valparaíso, que es el típico matorral chileno, si bien inflamable, no tanto como especies exóticas (eucaliptos, pino y acacia) que han sido sembradas en la zona. El Eucalyptus globulus es considerado una de las plantas más pirofíticas del mundo. Las hojas contienen compuestos volátiles que localmente producen incendios explosivos. Una vez encendida, la corteza se desprende, produciendo focos adicionales. Los pinos tienen un alto contenido de resina en las hojas. La Acacia delata, que es común en Chile central, está incluida en la lista de plantas más inflamables de Tasmania, de donde es nativa”.

 

Crisis hídrica

La mayoría de las comunas del Maule, Bio Bio y la Araucanía que presentan concentraciones forestales, se ven afectadas por el déficit hídrico que azota a esta parte del país. Gran parte del problema según han denunciado comuneros,  se debe a la presencia de plantaciones forestales de empresas privadas, que consumen gran parte de las aguas subterráneas, lo que es sufrido en carne propia por familias esforzadas, a quienes no se les ofrece una solución integral.

Mientras diversos sectores políticos y empresariales disfrutan de sus vacaciones, miles de familias no tienen agua básica y la agricultura de menor escala literalmente ha desaparecido en estas zonas.

Un estudio del 2010 sobre el “Efecto de plantaciones de Pinus radiata y Eucalyptus globulus sobre el recurso agua en la Cordillera de la Costa de la región del Biobío, Chile”, determina ciertos niveles de impacto que las plantaciones tienen sobre los recursos hídricos en el centro sur de Chile. Los autores e investigadores de la Universidad Austral de Valdivia, Anton Huber, Andrés Iroumé, Christian Mohr, Cristian Frêne,  han  determinado niveles de impactos, cuyo análisis de basó en las siguientes hipótesis: las distintas características que tiene el dosel de las plantaciones forestales afectan las pérdidas de agua por intercepción y, por consiguiente, la cantidad total de agua que alcanza el suelo en cada cuenca; que los desiguales montos de agua involucrados en la evapotranspiración repercuten sobre el caudal de los efluentes; y, que las disimilitudes entre los valores de los diferentes componentes del balance hídrico y las particularidades de las cuencas definen la cantidad de sedimentos transportados.

La situación que viven numerosos territorios hace ver que no es posible continuar con la expansión de plantaciones de pino y eucaliptus y, por una cuestión de seguridad y bienestar colectivo,   se hace urgente cambiar los modelos de desarrollo para que tiendan a la revitalización de  la vida rural y no a su eliminación, como se viene haciendo hasta ahora. Por ello, resulta indispensable que los legisladores y sectores políticos que han promovido el negocio de las forestales, cambien sus actuaciones bajo principios y valores que atiendan los derechos humanos.

 

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