ENRIQUE ESPINOZA Y LA REVISTA BABEL. Del sincretismo ideológico al trotskismo intelectual. Recepción de la ideología trotskista en Chile (1936-1945)

 

 

por Sebastián Hernández

Aquí se confunde el tropel -de los que a lo infinito tienden- y se edifica Babel -en donde todos se comprenden.

Revista Babel, mayo 1939.

 

La presente investigación se centra en la figura de Enrique Espinoza, su entorno intelectual como lo es la revista Babel y –en menor medida- su precedente, la revista SECH. Aquí observaremos cómo este escritor a través de sus diferentes trabajos logró encasillarse como un intelectual de renombre en el país y en el continente, generando una atmósfera intelectual como pocas, las cuales trajeron consigo respuestas ideológicas e intelectuales, como muy escasas veces se ha dado en nuestro territorio.

 

Samuel Glusberg, verdadero nombre de Enrique Espinoza, nació en Kischinev Rusia, en Junio de 1898. Llegó a Buenos Aires en 1905 a los siete años, ya que su padre, el rabino Ben Sión Glusberg, tuvo que emigrar con su familia huyendo de los Progroms.1 Desde muy pequeño Glusberg mostró su talento y habilidades en las letras, a los 16 años ya leía a literatos de renombre como Tolstoi, Turguenev, Heinrich Heine y Baruch Espinoza, de los cuales construyó su seudónimo en la creación de las letras de Enrique Espinoza2.

 

En 1921, todavía en Argentina, Espinoza publicó Babel, la revista de arte y crítica donde se unieron escritores muy destacados como Augusto D ́Halmar, Pedro Prado, Juan Marinello, Jorge Basadre, Horacio Quiroga, Gabriela Mistral, José Carlos Mariátegui, entre otros. Este elemento hace que a su corta edad, Espinoza ya lograse conformar una relación intelectual con grandes escritores de nuestro país y el continente, erigiendo un entorno intelectual importante. Esta situación hará que su trabajo desde muy joven, se legitimase gracias a las relaciones y críticas que recibió por sus pares de mucho mayor renombre.

 

Posteriormente, entre 1932 y 1935, Enrique Espinoza intentará editar la nueva revista Trapalanda. Un colectivo porteño, la cual tuvo una existencia casi insignificante. Seguido a esto crea su libro “Trinchera”, el cual intentó resumir su política cultural y definirse como un animador de esta índole4. De esta manera, circunstancias de época tales como la muerte de Mariátegui, la explosión de la Guerra Civil Española, la crisis económica, la irrupción de distintas dictaduras en nuestro continente y el desplazamiento de la intelectualidad de izquierda en Argentina por el viraje fascista de Lugones, fueron hechos que paulatinamente hacen que Enrique Espinoza vaya politizando su actuar y reestructure políticamente su “proyecto creador”, el cual se ve representado a través de SECH y la revista Babel en Chile.

 

Desde los parámetros metodológicos propuestos por la Historia Intelectual se desarrollara nuestra investigación. Ésta se centra en la siguiente hipótesis: la percepción intelectual trotskista se representó a través de Enrique Espinoza y la publicación de la revista Babel, en donde la relación personal de Espinoza con Trotsky, el apego a sus posturas y la muerte de éste último, provocaron un giro ideológico y una nueva línea editorial en la revista, reestructurando su atmósfera intelectual.

 

Finalmente, la cronología de estudio se centrará en el periodo comprendido entre 1936 y 1945, en 1936 las primeras publicaciones de Enrique Espinoza en Chile muestran sus planteamientos ideológicos sobre su postura política y el comportamiento de los intelectuales. A esto seguiremos desde 1939 con las primeras publicaciones de la revista Babel, en donde distinguiremos el explícito sincretismo ideológico que propone

entre las ideas libertarias y el trotskismo. Finalmente concluiremos entre 1941 a 1945, donde ya se puede observar de manifiesto la reestructuración de todos los intelectuales del equipo editorial de Babel en torno a las ideas trotskistas.

 

  1. a) Espinoza en la SECH y la conformación del espacio intelectual. Sus primeros atisbos ideológicos en Chile (1935-1939).

En 1935, Enrique Espinoza se radicó en Santiago, escribiendo breves ensayos a través de la revista de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH). A partir de esta publicación, el autor comenzó a conformar un proyecto creador donde mostró un planteamiento intelectual revolucionario. A través de sus artículos, Espinoza resaltó la actitud ejemplar de diferentes intelectuales en el mundo, los cuales son capaces de mostrar una autonomía legitimada al seguir una línea trotskista revolucionaria y crítica a la URSS.

 

De este modo, Espinoza mostrando parte de su pensar, le restó importancia a las figuras políticas y sus proyectos organizacionales, ya que según él lo que realmente cobra importancia, es la dificultad de ser intelectualmente revolucionario al interior de la sociedad porque “…los auténticos pensadores revolucionarios, no pierden en ningún momento su independencia de juicio”, haciendo mucho más complejo la expresión de sus creaciones en una sociedad adversa políticamente.

 

En los primeros escritos de Espinoza en la SECH, podemos observar un inicial atisbo ideológico del autor conducido hacia el trotskismo. Resaltando en diferentes artículos su propia figura de revolucionario o comparando diferentes actitudes intelectuales con las acciones desarrolladas por él, logrando apreciar el giro crítico de Espinoza. Así, temprana y explícitamente en relación a la situación de nuestro país, Espinoza comenzó a recepcionar las posturas ideológicas de Trotsky y a enaltecer su figura en Chile, en forma paralela y sin ningún nexo político con la alicaída Izquierda Comunista chilena. Ejemplo de los componentes ideológicos marxistas, se puede ver expresado a través de las siguientes líneas:

“En la práctica de la dictadura del proletariado, antídoto invitable impuesto por la resistencia armada de la burguesía internacional y que expresa la barbarie del pasado antes que la cultura del porvenir –los nombres de Lenin y Trotsky se hacen pronto para los revolucionarios del mundo entero tan inseparables como los de Marx y Engels en la teoría.”

 

Espinoza dio a entender a través de su obra, la ideología y cultura política que éste poseía, donde muestra su aprecio por las ideas representadas por Trotsky en una época en que el estalinismo calaba fuerte en nuestro país y el Partido Comunista cada vez se bolchevizaba en mayor medida, mientras que alero político trotskista se desarticulaba con la desintegración de la Izquierda Comunista y la incorporación de sus miembros al Partido Socialista de Chile.

 

Sin embargo, el punto de mayor importancia en relación de los ideales trotskistas con Espinoza, es la visita del autor en 1938 a Trotsky en Coyoacán, México. Fue esta visita la que repercutió fuerte en la ideología de Enrique Espinoza, ya que junto con entregarle mucha literatura política de su autoría, Espinoza se convirtió en su agente literario en Chile, fortaleciendo sus posturas ideológicas con mucha más fuerza hacia el trotskismo.

Su relación con otros intelectuales de nuestro país que también poseían un enfoque similar en cuanto a lo revolucionario, generó una nueva atmósfera intelectual. Esta atmósfera se nutrió de diferentes escritores capaces de criticar sin tapujos el sistema y mostrar una adhesión similar por la revolución y el objetivo de la sociedad comunista.

 

Es así, como Espinoza entabló una relación de amistad, ideológica e intelectual con los autores Manuel Rojas, Ernesto Montenegro y González Vera, instaurando una unidad intelectual capaz de expresar posturas ideológicas a través de las letras y la literatura como muy pocas veces se ha representado en Chile. Esta vinculación de amistad e intelectualidad pudo haberse desarrollado, por lo común que se presentaban los temas tratados por estos autores. Tal como Espinoza generaba artículos referentes a las posturas de Trotsky respecto a los referentes del marxismo y la actitud revolucionaria de algunos intelectuales, Manuel Rojas expuso trabajos como “José Martí y el espíritu revolucionario en los pueblos” y Ernesto Montenegro por su parte escribía artículos como “Horacio Quiroga visto del extranjero”, donde no sólo se analizaba y adulaba la misma figura de Espinoza, sino que también se le veía como un revolucionario intelectual.

 

De esta forma se comenzó a conformar el grupo intelectual que integró Babel. Muchos de ellos, aun cuando no poseyeron las mismas posturas ideológicas, conformaron una amistad y un equipo, con un “proyecto creador” capaz de enarbolar ciertos enfoques intelectuales -como el anarquismo y el trotskismo- muy importantes en relación a la estructuración ideológica política nacional y la instauración de un nuevo imaginario literario para nuestro país.

 

Así, a través de los diferentes artículos presentados por Espinoza en la revista SECH, podemos apreciar los primeros planteamientos ideológicos del autor en relación a su postura política y, sumado a ello, el comportamiento de los intelectuales, quienes logrando entablar un círculo cercano de pensamiento, comenzaron a generarse fama por medio de sus trabajos literarios. Esta situación les otorgó una legitimación para expresarse libremente y con argumentos “de sobra” acerca de sus posturas políticas. Sus enfoques, tuvieron vida a través de sus críticas y creaciones inclusive en periodos posteriores a la revista Babel.

 

  1. b) El sincretismo ideológico en la reanudación de Babel (1939-1940).

En 1939, ya teniendo distintas publicaciones de sus artículos en Chile, Espinoza reanudó en forma mensual el tiraje de Babel en Santiago, organizando un soporte crítico con los artículos extraídos de otras revistas internacionales. A partir de esta instancia es que podemos observar en Babel un sincretismo ideológico representado por el equipo editor de la revista.

 

Esta heterodoxia ideológica presente en Babel, se representó a través de las distintas posturas políticas defendidas por sus integrantes intelectuales. El trotskismo representado por el mismo Espinoza o las ideas libertarias representadas por Rojas, Montenegro y González Vera, forman parte central de este bagaje intelectual.

 

Estos distintos enfoques ideológicos podían verse en explícito en los primeros números de la revista. Allí Enrique Espinoza tradujo y editó artículos contra el fascismo y el antiestalinismo como “Stalin como ícono” de Edmun Wilson o “Posteriptum a Mussolini” de Emil Ludwig; por su parte, los demás colaboradores de la publicación como Manuel Rojas, produjeron trabajos literarios con alusión al Anarquismo, como “Deshecha rosa”.

 

Es de esta manera como se va afirmando en nuestra palestra literaria, una revista con diferentes matices ideológicos, la que, sin embargo, poseía objetivos claros en los que concordaban los principales colaboradores de la revista. Estos elementos eran:

 

  1. a) el hecho de mostrar las diferentes posturas libremente, “Libres de prejuicios, como buenos americanos, haremos naturalmente lugar a la polémica esclarecedora, seguros que para tener razón no es preciso de ningún modo cortar la cabeza al adversario.”
  2. b) la dirección de la revista enfocada hacia un solo sector de la población; la población inteligente y cercana, capaz de comprender sus posturas, “bajo el signo de tan alta esperanza y sin ningún principio mezquino, pues, en este día consagrado a los trabajadores de todos los países para brindar a los mas cercanos e inteligentes una serie de periódicos de ensayos, artículos y narraciones de valor permanente documental.”

 

Y por último,

 

  1. c) la apreciación -bajo cada uno de sus distintos parámetros ideológicos- de la Revolución como la única manera de llegar a la sociedad comunista. Esto lo podemos observar por medio de la edición de divergentes números en Babel referidos a la Revolución, como el número de los últimos meses de 1940 el cual se titulaba “de la poesía a la Revolución”.

 

De esta manera, se ve representada una heterodoxia ideológica en la cual sus diferentes posturas no se observan relacionadas a la ideología trotskista y libertaria, ya que al enfocar la revista hacia una dirección intelectual, lo único que logra es desenvolverse en un ámbito elitista y sectario. Sin embargo, esta postura se genera porque en la reanudación mensual de Babel se ofrece un horizonte de reflexión fundamentalmente a una elite citadina, en donde pueda ser leída por “opinantes de relieve”, según González Vera, que no pertenezcan al mundo popular para que pueda informar sobre la cultura del trabajador, la que siempre es permeada por la burguesía. De este modo, en Babel los estudiantes se transforman en el nexo difusivo entre intelectuales y trabajadores, gracias a la entrega de todos los números de la revista a las universidades y federaciones de las casas de estudio más importantes del país.

 

Sin embargo, y a pesar de esta heterodoxia ideológica representada por el círculo de colaboradores más cercanos de la revista Babel, es necesario distinguir que este equipo intelectual se preocupó de mantener un “crítica positiva” en torno a los artículos editados por su revista. Este mecanismo permitió que las ideas políticas expresadas, alcanzaran importancia a través de la aprobación de sus pares en el campo intelectual en el que estuvo inmerso.

 

Para que este elemento sucediese, los diferentes colaboradores -como Espinoza- publicaban entero o parte de sus artículos en distintos diarios del país, exponiendo sus creaciones a una especie de prueba, en donde de pasar sus artículos las críticas de sus pares y del público, estos textos podrían ser publicados en Babel. Este hecho lo podemos ver manifestado en el diario La Hora de Santiago, donde Espinoza escribió en el primer párrafo de su artículo lo siguiente:

“En este tiempo de guerra y traición, todos los días nos sorprende una noticia amarga que, contra nuestra costumbre, nos empuja a improvisar un artículo, sin acordarnos la demora de una cuantas semanas para traducir después para “Babel”, sobre el mismo tema, uno más autorizado a los ojos del público.”

Claramente, elementos como estos son lo que permitieron hacer que la revista Babel, a pesar de su sincretismo ideológico y su temprana edición en nuestro país, se enarbole como una de las revistas literarias intelectuales más importantes de nuestro territorio. Distinguida por sus mismos pares y por los estudiantes, la revista logró un lugar importante dentro de la estructura del campo intelectual de nuestro país y del continente.

 

La consagración de Babel y el giro ideológico de sus colaboradores centrales (1941, 1943-1945).

A raíz de la muerte de León Trotsky en 1940, la revista Babel sufrió un giro ideológico explícito hacia el trotskismo. En dicho giro –en sus últimos números antes del primer cese de publicaciones en julio de 1941- la revista desarrolló un número exclusivo en homenaje a Trotsky y sus postulados ideológicos, sin encontrar críticas por partes de los emblemas libertarios de la revista.

 

En este sentido, más que exponer el trabajo realizado por el siempre trotskista Enrique Espinoza, se hace necesario mostrar los trabajos realizados por sus pares, quienes aún siendo defensores de postulados anarquistas, también se adscribieron al giro ideológico, dando cuenta de la recepción de estos postulados en la realización de este número homenaje. Es así como a través de Manuel Rojas, podemos observar la relación que poseyó este intelectual con los distintos elementos trotskistas, en las siguientes líneas:

 

“La muerte de León Trotsky pone punto final a la historia del partido bolchevique ruso. Un gran partido muere con el gran hombre que era su último combatiente. Con el partido y con el hombre termina, de una vez y para siempre, en todos sus aspectos vitales inmediatos, el movimiento social y político que ese partido y los hombres que lo formaban promovieron en Rusia y que tanto alcance y trascendencia ha tenido en el mundo. Definitivamente,porque lo que queda, aquello que en el terreno social y político fue realizado por ese partido y esos hombres, es un organismo que está muy lejos de esos hombres y de ese partido: un Estado Obrero degenerado, como el mismo Trotsky decía.”
Claramente, estas líneas recién expuestas ponen en evidencia la incoherencia ideológica de Manuel Rojas en su postura como anarquista. En estas líneas, Rojas no hace otra cosa que enaltecer a un líder político y a su partido, otorgando posturas positivas a estructuras burocráticas a las que se supone que cualquier anarquista aborrece.

 

Una vez ya presentados los últimos números de Babel en 1941, la revista cesó sus publicaciones para reanudarlas en 1943, donde incorporó nuevos colaboradores intelectuales comenzando a editarla de forma bimestral. Esta reanudación trajo consigo dos elementos centrales alrededor de Babel. Primero que todo, generó una perspectiva ideológica más clara y concreta, donde los colaboradores intelectuales se alinearon hacia un ideario pacifista humanista vinculado a la resistencia contra el fascismo y el nacional socialismo de las décadas del 30 ́ y 40 ́, propio de las posturas trotskistas más generales adoptadas en la fundación de la IV Internacional, aunque sin desarrollar alguna conexión con partidos de esta índole como el POR. Seguido de esto, la revista logró consagrarse en el campo intelectual a través de su “proyecto creador autónomo”, legitimado por sus propios pares.

 

El hecho de que Babel lograra consolidarse en sus posturas ideológicas, comenzó con el liderazgo efectuado por Enrique Espinoza quien, al establecer como editor hacer un número en homenaje a Trotsky, moldeó la ideología presente en sus colaboradores. Es así como desde 1943, el autor comenzó a adherirse de manera mucho más fuerte a los postulados de Marx y Engels al igual que de los referentes de la Revolución Rusa como lo eran Lenin y Trotsky, generando así, una consolidación ideológica de la recepción trotskista a nivel intelectual en nuestro país a través de su persona y la revista Babel.

 

Seguido a esto, también no hay que dejar de mencionar que junto con la consolidación ideológica que obtuvo la revista Babel a partir de 1943, también se logró su consagración a nivel intelectual. La revista, por medio de la integración de distintos personajes de renombre tales como el diseñador Mauricio Amster (1944) y, junto con ello, una gran selección de ensayos en donde podemos encontrar a Gabriela Mistral, Ciro Alegría, Thomas Mann, Hannah Arendt, Albert Camus, Mc Donald, entre otros, permite su reconocimiento a un mayor nivel en el espacio de la intelectualidad chilena. De lo anterior es que podemos afirmar que con la consagración intelectual que vivió Babel desde 1943, se logró dar la unión perfecta entorno a un círculo intelectual concreto. Con esta afirmación, la revista se proveyó de una crítica positiva y legitimación otorgada por sus pares y el público, permitiendo el desarrollo de grandes figuras del pensamiento nacional en un “proyecto creador” respecto del trotskismo y sus elementos fundamentales apegados al marxismo. Así podremos ver a lo largo de la revista artículos como “Depauperación y concentración de capital” de Laín Diez, “Heine y Marx” de Enrique Espinoza, “España otra vez” de Manuel Rojas, “La iglesia católica y el fascismo” de Guido Piovene, entre otros; todos ellos, muestra de la inclinación de la revista hacia el trotskismo-marxismo.

 

Conclusiones

Enrique Espinoza es un referente de la recepción trotskista en Chile. A través de sus posturas ideológicas expresadas en sus creaciones literarias, logró representar los elementos centrales del trotskismo intelectual. Las cuales se pueden ver encarnadas en la acción de generar una propuesta intelectual antes que una organizacional, una férrea contraposición a Stalin, apoyar la idea del americanismo y no el socialismo en un solo país y la similitud a la Izquierda Comunista al proponer ideas realistas y poco dogmáticas.

 

A esto debemos añadir que a través de la revista Babel y su número en homenaje a Trotsky junto con su reanudación de su edición en 1943, logró provocar un vuelco ideológico en los intelectuales libertarios que comprendía el grupo más importante de esta revista, ya que a través de su consagración intelectual, también trajo consigo una consolidación ideológica en donde sus mayores referentes desarrollaron una crítica

positiva y hasta aduladora de las temáticas planteadas por este personaje revolucionario intelectual marxista.

 

Es a través de este hecho que podemos comprender que el liderazgo político e influencia ideológica que poseyó Espinoza frente a su equipo editor, deja entrever la heterodoxia ideológica que tuvieron estos escritores con arraigo libertario, sintiéndose incentivados por propuestas sobre el “bien común”, sin importar la prosecución dogmática de una línea política. Esto nos muestra, en un nivel de análisis mucho más amplio, cómo los diferentes personajes de corte ácrata en nuestro país, poseyeron un bagaje ideológico mucho menor a diferencia de las teorías y reflexiones marxistas que llegaron a Chile. Esto lo notamos como resultado de la adhesión anarquista hacia las proclamas trotskistas, por el apoyo en difundir las diferentes ideas en las bases intelectuales que eran representadas en parte por Samuel Glusberg.

 

Por último, es preciso destacar como Enrique Espinoza y la revista Babel forman parte importante del campo intelectual chileno. Babel y Espinoza, a través de sus varias publicaciones fueron capaces de generar un nuevo imaginario literario en nuestro país, compuesto de una crítica cultural estricta en relación a las letras y a un repensar en la política de Chile, basado en ideologías fuertemente argumentadas en beneficio de nuestra sociedad. Es por esto que, sin lugar a dudas, Espinoza y Babel marcan “un antes y un después” en la escena de las letras chilenas y en el rol del intelectual en nuestra sociedad.

 

(Universidad Diego Portales:

http://www.udp.cl/descargas/facultades_carreras/historia/revista/hernandez_3.pdf)

También te podría gustar...