Editorial: Apagar el Incendio y Alzar las Banderas de la reforma Agraria

Imposible hacer esta editorial sin mencionar el incendio que arrasa el valle central de nuestro país. En realidad, es imposible hacer referencia a cualquier problema de alcance nacional sin que este se encuentre atravesado por la catástrofe.

La Derecha, vergonzosamente, ha tomado el desafío y se ha empeñado en postular a Piñera como el enérgico ejecutor con que pretende volver a La Moneda. Sin pudor, han propuesto cancelar el proyecto del Museo de la Memoria en Concepción, para concentrar los recursos en la “reconstrucción”. Demagogia pura.

Por otro lado, el Gobierno y la Nueva Mayoría tratan de proyectar la idea de que este asunto debe ser resuelto institucionalmente, por ser un desafío que impone la unidad nacional. En esa línea se ha inclinado Guillier, Boric y Jackson -desde distintas perspectivas- tratando de difuminar la naturaleza de clase del incendio, centrándose en la idea de la solidaridad y el humanitarismo. Finalmente la derecha deberá inclinarse en el mismo sentido y contribuir a alinearse tras el Gobierno, simplemente porque no lograron explotar el desconcierto generado. La “unidad nacional” terminará imponiéndose: demagogia pura también.

Lo decíamos hace unos días en estas mismas páginas: este incendio es expresión viva de la catástrofe social que subyace a la estructura productiva del agro chileno.

Sometidos, como estamos, a la gran propiedad privada de los medios de producción y a la opresión imperialista, nuestro campo es arrasado por el monocultivo de pino y eucaliptus y por la hiperconcentración de las tierras. En ese sentido, la monstruosa industria forestal, lenta e inexorablemente, ha arrasado con la aptitud productiva de uno de los valles templados más productivos del mundo. Esto pone en evidencia que es el capitalismo el obstáculo para el desarrollo de nuestras fuerzas productivas. Tras el eufemismo de la “agroindustria” se esconde la incapacidad genética de la burguesía criolla de conducir a Chile al desarrollo.

En este sentido, estamos de acuerdo con la necesidad de derogar el andamiaje de subvención a la industria forestal, que consagrara en los primeros días de Dictadura el DL 701, y que ha sido prorrogado intacto hasta nuestros días. Es el Estado chileno, con fondos del erario nacional, el que ha contribuido a cimentar las bases del pernicioso monocultivo agrícola.

Lo que este incendio pone en evidencia es que el modelo productivo agrario chileno, instaurado por los Chicago Boys de Pinochet, ha fracasdo. Es éste modelo el que ha fracasado y es él –no un grupo de pirómanos ni de especuladores inmobiliarios- el responsable de esta catástrofe. Son Celulosa Arauco del grupo Angelini y la legendaria Papelera (CMPC) del grupo Matte, quienes deben responder por este desastre infernal. Es su modelo, parasitario, subsidiado y antinacional el que ha fracasado: hasta este minuto son 500 mil hectáreas quemadas, 11 víctimas fatales y 3.782 damnificados son la nítida expresión del fracaso del modelo de industria forestal

Es así como apagar el incendio debe conducirnos a terminar con la vulnerabilidad del agro chileno y a acabar con la contrarreforma agraria pinochetista. Luchar contra este modelo es no sólo una tarea democrática, sino que de liberación nacional y social.

Para que este objetivo se materialice, resulta imprescindible, como primera tarea, la expropiación bajo control obrero de todas las tierras de las grandes compañías forestales, sus aserraderos, chipeadoras y plantas de celulosa. En manos de los obreros forestales, cuyas fuentes laborales hoy no pueden sostener los grandes capitalistas, está la solución a esta crisis. La patronal, el Gobierno y sus partidos se preparan para campañas lacrimosas de caridad en búsqueda de reflotar sus alicaídas campañas electorales. Será tarea nuestra orientar la reconstrucción que viene después de este incendio hacia una verdadera Reforma Agraria, hacia el poder obrero, hacia la unidad obrero-campesina y la autorganización de las bases. No hay otro camino.

 

(Fotografía: Parral, 1971)

Incendio y crisis agraria

En un sociedad capitalista, los antagonismos de clase determinan la naturaleza y extensión de sus crisis. Aún hechos que se nos presentan como catástrofes naturales, como las tormentas de nieve y oleadas de hielo en Europa, los terremotos, inundaciones y –por supuesto- los incendios, son todos hechos que actúan sobre el tejido social mediando sus contradicciones de clase. Al decir del escritor Jaume Perich: “cuando el bosque se quema, algo suyo se quema, señor Conde”.

En América Latina en general, y en Chile en particular, la ausencia de un vigoroso mercado interno que permita el desarrollo de las fuerzas productivas y del capitalismo de forma integral, encuentra su origen en el atraso del campo que se expresa en el latifundio y luego en la hiperconcentración de la tierra, fenómenos que tienen como resultado la monoproducción orientada al mercado externo. Nuestro agro producía cebo y trigo en la colonia de la misma forma como se hizo hasta mediados del siglo XX. Posteriormente, consecuencia de la contrarreforma agraria pinochetista, la propiedad volvió a concentrarse ahora en grupos económicos parasitarios del capital transnacional. Esta estructura propietaria, que ha desarrollado un vigoroso proletariado rural y cuyo objeto es la agroexportación, es la que enfrenta una crisis de mercados que subyace los horrorosos incendios del centro-sur. Esta estructura propietaria es la que explica el ahora famoso DL 701 y toda la legislación de escandaloso subsidio a la explotación forestal, de acuicultura y fruticultura.

No nos hacemos eco de las campañas de terror ni de su correlato el fetichismo fálico del Supettanker. No podemos saber si estos incendios son intencionales o accidentales. Lo concreto es el contexto social y político en que estos hechos tienen lugar. Hay tiempo para la solidaridad con nuestros hermanos de clase. Habrá tiempo para las investigaciones y el balance de lo ocurrido, pero lo que necesariamente hemos de abordar –y esta es una tarea programática prioritaria- es la necesidad de abordar los problemas políticos que presentan a la revolución el atraso agrario. Debemos hacernos cargo de las tareas propias de la frustrada Reforma Agraria y por cierto de la irredenta autodeterminación nacional mapuche.

La nota que transcribimos aparece en Ecoportal, su autor es el ecologista Alfredo Seguel y en la misma se describen las particularidades productivas que son la base de la catástrofe que hasta el día de hoy ocasionan los gigantescos incendios de la zona que va del Maule al Biobío. A pesar de haber sido escrita hace casi dos años, los hechos que en ella se consignan ponen en evidencia que no estamos viviendo una desgracia o un accidente, sino que la necesaria consecuencia de la estructura propietaria y productiva del valle central chileno, aquél de mayor significación y relevancia agraria en el país.

 

EP

 

 

“Incendios forestales y crisis hídrica centro sur Chile: No más plantaciones de pinos y eucaliptus”

Este debacle social causado por empresas forestales, mantiene en descontrol  numerosos incendios forestales que año tras año devastan miles de hectáreas del centro sur de Chile, esto, mientras personeros  empresariales y ciertos sectores políticos intentan eludir sus responsabilidades, levantando cortinas informativas sobre “atentados organizados y planificados”.

 

Sin embargo, un hecho indesmentible es que las plantaciones de monocultivos de pino y eucaliptus, por su composición y estructura,  propician incendios que causan enormes daños en los territorios. Más aún, el estado chileno año tras año invierte enorme cantidades de recursos financieros para subsidiar a las empresas, a través de instituciones públicas o universidades, ya sea para biotecnología, estudios de mercado, control de plagas, bonificaciones para expandirse en tierras de sectores campesinos y comunidades mapuche, enormes contingentes policiales para resguardar sus predios en el marco de reclamaciones de tierras y enormes contingentes brigadistas para apaliar los incendios.

 

A pesar del desastroso panorama, en Chile, continúa promoviéndose  aumentar la forestación en monocultivo de especies exóticas  a nivel país por medio de la prórroga del decreto 701 que fue creado a inicios de la dictadura militar y que pretende en el presente, solapadamente, duplicar los monocultivos de plantaciones exóticas de pino y eucaliptus, lo que intensificaría los graves impactos que viene causando esta industria y que pretenden expandirlo en terrenos de los sectores más vulnerables, estimándose llegar a 5, incluso 6 millones de hectáreas forestadas con monocultivos.

 

Hoy, este cuadro legislativo pone en el tapete la proyección de la herencia y el modelo de la dictadura militar basado en la depredación, en el asesinato de la vida rural y la acumulación de riquezas para ciertos grupos privilegiados (principalmente a empresas como Mininco y Arauco), frente a las posibilidades de definir nuevas formas de desarrollo que revitalicen la vida rural y que fortalezcan las economías locales y de paso, poner en prioridad la seguridad del País, ya que por un inviable modelo, se sigue poniendo en riesgo la vida de miles de personas, junto a la destrucción de bienes naturales y materiales.

 

En enero del 2012, más de 70 organizaciones de todo Chile, a través de una carta pública pusieron en alerta a diversos territorios de los intentos que tienen las empresas forestales e instituciones públicas del estado para fomentar la introducción de especies exóticas de pino y eucaliptos que, según señalaron “solo traerá graves consecuencias para la vida rural, mayor sequía, mayores impactos, y grave exposición a la infección de plagas (como la avispa taladradora) con pérdidas totales”. Por tales razones, hicieron un llamado a no aceptar los supuestos beneficios. “Hoy, hay más de 3 millones de hectáreas en el centro sur de Chile de estas plantaciones y a corto plazo pretenden duplicar esta cantidad. Su objetivo es la introducción de estas plantas en terrenos de campesinos chilenos y de comunidades mapuche con entrega de supuestos beneficios, como plantas regaladas e incluso bonificaciones con dinero por costos”, señalaban.

 

En otro punto señalaban: “Los empresarios forestales tienen fortunas en miles de millones de dólares a costa de la depredación de territorios. Los pinos y eucaliptos son especies exóticas que a gran escala succionan agua de esteros y napas subterráneas, erosionan las tierras y para su introducción reemplazan tierras agrícolas y productivas ancestralmente, como también bosques nativos. Así es, van matando progresivamente la vida rural. Por lo tanto, con la creciente falta de tierras cultivables más la pérdida de aguas, se va obligando que mucha población rural deba emigrar a ciudades, las que a su vez están colapsadas por la falta de empleo, de verdaderas oportunidades”.

 

Pinos y eucaliptus propician incendios

Sergio Donoso, Ingeniero forestal de la Universidad de Chile y presidente de la Agrupación de Ingenieros  Forestales por el Bosque Nativo (AIFBN) informó a Radio Universidad de Chile este 18 de febrero 2015, que uno de los elementos facilitadores para la propagación de incendios es el exceso de plantación de árboles exóticos, como pino y eucaliptus: “Ese es un elemento facilitador, cuando uno tiene una gran cantidad de combustible y es muy homogéneo, por supuesto que una vez que se inicia el incendio, el control de estos se vuelve mucho más complejo, costoso, difícil y adicionalmente este tipo de plantaciones de pino y eucaliptus, de especies de rápido crecimiento conllevan un alto consumo de agua, dadas las tasas de crecimiento que tienen estás especies. Por lo tanto, el nivel de sequedad y de falta de agua que se presenta en esos ambientes es mucho más intenso y por lo que  facilita el proceso de propagación de estos incendios, en ese sentido claramente no son elementos que permitan mitigar, sino que en muchos casos facilitan la propagación” sentenció .

Como ya se ha destacado en otras publicaciones, Mary T. Kalin Arroyo, premio nacional de Ciencias 2010 y directora del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) de la Universidad de Chile, publicó en abril del 2014 en el diario La Tercera una nota de opinión con respecto al incendio que afectó a los cerros de Valparaíso y la relación con las plantaciones forestales, señalando: “Un aspecto poco mencionado (con respecto al incendio en el puerto) es la composición de la vegetación natural de las colinas de Valparaíso, que es el típico matorral chileno, si bien inflamable, no tanto como especies exóticas (eucaliptos, pino y acacia) que han sido sembradas en la zona. El Eucalyptus globulus es considerado una de las plantas más pirofíticas del mundo. Las hojas contienen compuestos volátiles que localmente producen incendios explosivos. Una vez encendida, la corteza se desprende, produciendo focos adicionales. Los pinos tienen un alto contenido de resina en las hojas. La Acacia delata, que es común en Chile central, está incluida en la lista de plantas más inflamables de Tasmania, de donde es nativa”.

 

Crisis hídrica

La mayoría de las comunas del Maule, Bio Bio y la Araucanía que presentan concentraciones forestales, se ven afectadas por el déficit hídrico que azota a esta parte del país. Gran parte del problema según han denunciado comuneros,  se debe a la presencia de plantaciones forestales de empresas privadas, que consumen gran parte de las aguas subterráneas, lo que es sufrido en carne propia por familias esforzadas, a quienes no se les ofrece una solución integral.

Mientras diversos sectores políticos y empresariales disfrutan de sus vacaciones, miles de familias no tienen agua básica y la agricultura de menor escala literalmente ha desaparecido en estas zonas.

Un estudio del 2010 sobre el “Efecto de plantaciones de Pinus radiata y Eucalyptus globulus sobre el recurso agua en la Cordillera de la Costa de la región del Biobío, Chile”, determina ciertos niveles de impacto que las plantaciones tienen sobre los recursos hídricos en el centro sur de Chile. Los autores e investigadores de la Universidad Austral de Valdivia, Anton Huber, Andrés Iroumé, Christian Mohr, Cristian Frêne,  han  determinado niveles de impactos, cuyo análisis de basó en las siguientes hipótesis: las distintas características que tiene el dosel de las plantaciones forestales afectan las pérdidas de agua por intercepción y, por consiguiente, la cantidad total de agua que alcanza el suelo en cada cuenca; que los desiguales montos de agua involucrados en la evapotranspiración repercuten sobre el caudal de los efluentes; y, que las disimilitudes entre los valores de los diferentes componentes del balance hídrico y las particularidades de las cuencas definen la cantidad de sedimentos transportados.

La situación que viven numerosos territorios hace ver que no es posible continuar con la expansión de plantaciones de pino y eucaliptus y, por una cuestión de seguridad y bienestar colectivo,   se hace urgente cambiar los modelos de desarrollo para que tiendan a la revitalización de  la vida rural y no a su eliminación, como se viene haciendo hasta ahora. Por ello, resulta indispensable que los legisladores y sectores políticos que han promovido el negocio de las forestales, cambien sus actuaciones bajo principios y valores que atiendan los derechos humanos.

 

La consulta ciudadana y la derrota del neoliberalismo en el Partido Socialista

por Ibán de Rementería

La resolución del Comité Central del Partido Socialista el pasado sábado 21, que resuelve convocar a una consulta ciudadana para que los militantes, simpatizantes, amigos y simples ciudadanos puedan escoger el próximo 23 de abril el precandidato presidencial del Partido Socialista a competir en las primarias presidencial de la Nueva Mayoría el 2 de junio próximo, ha recibido variadas interpretaciones. Esta resolución fue aprobada por una contundente mayoría de 59 votos a favor, 24 abstenciones y ninguno en contra –para esconder la mano. Si bien esta resolución se muestra como un intento de la Dirección encabezada por Isabel Allende de impedir el quiebre del Partido, también se interpreta como una derrota de los partidarios de Ricardo Lagos dentro de él, o como un triunfo de la legalidad partidaria ya que así se daba cumplimiento a los acuerdos del XXX Congreso del Partido mes de abril pasado, al dictamen en días recientes del Tribunal Supremo y a la recomendación de la Mesa en igual sentido. Pero en términos políticos este ha sido un triunfo de las bases del Partido, de la Izquierda Socialista dentro de él, también de la izquierda y el movimiento social del país, pero sobre todo es una derrota del neo liberalismo y de quienes lo representan dentro y fuera del Partido Socialista.

Esta es una manifestación más, pero para nosotros fundamental, de que la globalización cruje – el TPP fue borrado de un plumazo, perdón de una Orden Ejecutiva del Presidente Trump- y el neo liberalismo está en vía de derrota, ya que se ve afrontado a su propia incapacidad de seguir creciendo, pues cuando al capital ya no le queda actividad económica o social de la cual apropiarse o privatizar y donde reinvertir para hacer su reproducción ampliada entra en crisis. El neo liberalismo, que es la etapa superior del capitalismo, consiste en la privatización de los principales servicios públicos, cuando el capital ya no puede invertir nuevamente sus utilidades en las actividades tradicionales de la producción, el comercio y las finanzas. Como los narcotraficantes cuando no pueden reinvertir en la provisión de drogas porque es un mercado muy estable y sensible a los precios, entonces reinvierten en “negocios legales”. También el capital se apropia de los recursos naturales –renovables, no renovables, agua, tierra, localizaciones geoestratégicas, etc. – para así privatizar la renta que estos generan, el neo liberalismo es extractivista y rentista.

En las sociedades modernas y contemporáneas, sean estas democráticas o autoritarias, capitalistas privadas o de estado, los servicios públicos son los que garantizan la aplicación efectiva de los derechos sociales fundamentales de las y los ciudadanos, como son: la salud, la educación y la seguridad social. La aplicación del neoliberalismo aquí, que se inició con la Dictadura Militar y se perfeccionó con los gobiernos de la Concertación, privatizó todas las empresas públicas de la producción, el comercio y las finanzas, las obras públicas, la vivienda social; además, la salud, la educación y la seguridad social. También fueron privatizados los recursos naturales y sus rentas. Bien sabemos que los pobres no pueden pagar una salud, una educación y una seguridad social hecha para los ricos, pues no importa pues el estado subsidia a los pobres, eso es el AUGE en salud o los vauchers en educación y la pensión mínima garantizada. En el caso de la seguridad social, el asunto adquirió una peculiaridad chilena, los pobres, los trabajadores fueron obligados al ahorro forzoso en favor del capital financiero, conformando así un mercado de capitales barato para salir de la crisis económica de 1982-1983, lo claro era que la finalidad de las AFP no fue una seguridad social digna.

La proyección de esta derrota del neoliberalismo propinada por los militantes a sus representantes en el Partido Socialista, solo será consolidada asegurando en las elecciones internas del Partido el triunfo de la Izquierda Socialista encabezada por el compañero Gonzalo Duran, así como logrando el triunfo del compañero Fernando Atria en la consulta ciudadana para que sea nuestro representante en las primarias de la Nueva mayoría y el próximo Presidente de la República, que ponga fin a las instituciones neo liberales en el país desde la Constitución Pinochet-Guzmán hasta la ley de pesca de Longueira, pasado por las AFP, la ley de aguas, la privatización del cobre, el litio, etc., etc., etc.

 

(Fotogarfía: Pasaje Quillota, Valpraíso, 1972)

La marcha más grande de la historia

por Gustavo Burgos //

Este 26 de marzo el Coordinador Nacional de Trabajadores NO+AFP, integrado a nivel nacional por la CONFUSAM, FENPRUSS, Unión Portuaria, Federación Walmart, Confederación Bancaria y el Colegio de Profesores, ha convocado para la que se espera sea la más grande movilización contra el sistema previsional. En palabras de su vocero, Luis Mesina, se trata de una convocatoria decisiva, en un año en el que este movimiento se ha impuesto acabar con las AFP, llevando a las calles a tres millones de trabajadores.

Creemos que esta convocatoria resulta de la mayor importancia para el desarrollo no sólo del movimiento NO+AFP, sino que para el conjunto del movimiento obrero y especialmente para la izquierda revolucionaria que espera dar una respuesta de poder a los problemas que presenta la lucha de clases hoy en día.

El significado de este movimiento es parte de un largo proceso de desarrollo histórico. Que la clase obrera vuelva a llenar las avenidas, organizados, encolumnados por sectores, fue la expectativa de la militancia revolucionaria de los últimos cuarenta años. La heroica huelga de la Textil Panal el 80, las Protestas Nacionales convocadas por la CNT desde el 83, se expresaban en la penosa reorganización durante la dictadura. Luego, en democracia, la FENATS, los trabajadores del Carbón en los 90, la ANEF, Profesores, Subcontratados del Cobre en los 2000.

En esta última década la efervescencia huelguística ha destacado por su terquedad, inorganicidad y puesto en evidencia la descomposición de la burocracia del CUT, que hoy día se encuentra en coma, desprestigiada ante las bases por su connivencia con el Gobierno y el empresariado. Pero el movimiento obrero no termina de despegar, o al decir lo menos, ha sido un lento despegar, así lo revelan las derrotas parciales de SODIMAC y SERVIESTADO.

Este marco general, de retroceso y debilitamiento del movimiento obrero, dio la oportunidad -a los socialdemócratas del PS y a los sectores conservadores del PC- olvidar al movimiento obrero como referencia política del todo. Hasta en el lenguaje se dejó de hablar de trabajadores o del pueblo, para pasar a hablar de “la gente” y hoy día derechamente de “la ciudadanía”. Estos cambios no fueron fortuitos sino que fueron la expresión profunda de la transformación programática de la izquierda tradicional PS-PC desde su antigua ubicación socialdemócrata y estalinista, a una concepción liberal democrática, asentada en la reivindicación de los derechos individuales, de profundización democrática y ruptura de los enclaves autoritarios, resignificados hoy como “derechos económico-sociales”.

Muy por el contrario, en el otro extremo del arco, la dispersa izquierda revolucionaria se aferró durante este largo período a la expectativa de que el movimiento obrero, de los trabajadores, volviese a ocupar un primer plano en la escena política. Al revés de lo que hicieron el PS y el PC, estos pequeños grupos, incapaces de dar respuesta a las tareas políticas de la clase obrera y aislados casi por completo de su incidencia en ella, se aferraron a caracterizaciones catastrofistas que suponían la inminencia del colapso del régimen. En las universidades de la década del 80, aquellas del pinochetismo tardío, se discutía si el movimiento estudiantil era simplemente “detonante” o bien “explosivo”.

El movimiento obrero ha sido durante todo este tiempo –en definitiva- una figura espectral sin mayor contenido práctico. La triste figura de los sindicatos, aislados, resistiendo la ofensiva patronal sin mayor expresión política que la apelación pura a la solidaridad de sus hermanos de clase, es la impronta del período. En este contexto, la reciente reforma laboral de Bachelet, una verdadera contrarreforma, es un paso más para perpetuar el Plan Laboral de la dictadura y una expresión palmaria de la debilidad crónica del movimiento obrero chileno.

De alguna forma, la reformulación del liberalismo de izquierda en el naciente acuerdo electoral del Frente Amplio, es una manifestación extrema de la debilidad endémica del movimiento obrero chileno. Vale decir, colapsada la izquierda tradicional en sus antiguas estructuras partidarias, el activismo de izquierda se agrupa en torno a las banderas de la participación democrático burguesa sin ninguna referencia revolucionaria de contenido socialista. La cohabitación de autonomistas, RD, liberales y otras fracciones, se hace en el marco acotado de la intervención electoral sin que ello represente una perspectiva estratégica revolucionaria y anticapitalista, más allá del reclamo democrático, participativo y de derechos sociales.

Pero el proceso histórico, nacional e internacionalmente, apunta en un sentido diverso al del reformismo liberal y de la conciliación social. El proceso apunta a la polarización y Trump, el Brexit, Le Penn y los neofascistas que se alzan en distintas latitudes, son la expresión viva de que ante la agudización de los antagonismos de clase, la burguesía comienza a echar mano –una vez más- a los gorilas, a la policía y a la represión institucional. Ante este fenómeno el reformismo liberal no tiene nada que ofrecer, porque su discurso descansa en la idea de la conciliación de clases, en el entendimiento ciudadano y la resolución pacífica de los conflictos. Aquella política, en corto y mediano plazo, dejará sin espacio a los apologistas de la democracia burguesa, precisamente porque es la burguesía la que se dispone a echar abajo la estantería institucional de la “sociedad de derechos”. El Estado de Bienestar keynesiano es un lujo que la burguesía rentista parasitaria chilena no puede darse, precisamente porque a lo que se dispone es a acabar con cualquier vestigio de ella.

No se trata, por todo lo expuesto, del enfrentamiento entre neoliberales y demócratas sociales (por inventar una categoría). Lo que emerge en el horizonte político es la lucha de clases, el enfrentamiento entre explotados y explotadores y este enfrentamiento se expresa en el día de hoy, con total nitidez, en la marea inconmensurable del Movimiento NO+AFP. Aún sin dirección política organizada, el Movimiento NO+AFP, encarna de manera concreta el enfrentamiento entre la clase obrera y el capital monopólico financiero y el imperialismo. Con todas sus limitaciones y despolitización, es este el espacio en que debe desarrollarse la izquierda revolucionaria, en el seno de las masas, inserta en el movimiento obrero.

Si la convocatoria del 26 de marzo logra verificarse como una contundente acción de masas -para tomar las palabras de Mesina- será un golpe central en la arquitectura del modelo y el patrón de acumulación capitalistas. Si esta movilización logra imponerse frente al régimen y le arranca la imposición de un sistema de reparto previsional, así de directo, el movimiento obrero se habrá levantado nuevamente como un actor político de primera magnitud. En un escenario así las discusiones sobre candidatos, primarias y encuestas, pasarán al lugar secundario que les corresponde, porque este triunfo de las masas será el llamado, el reinicio de un nuevo proceso revolucionario.

Conocemos a compañeros honestos, de probada convicción revolucionaria, que dudan frente a este proceso argumentando que es despolitizado, que lo domina la pequeñaburguesía y que su objetivo en nada contribuye a la lucha contra el capital. Franjas de militantes que han esperado décadas el renacer del movimiento obrero hoy desconocen al Movimiento NO+AFP, porque al igual que Penélope, “no es quien esperan”. A todos ellos hemos de convocarlos a esta lucha, no podemos ceder un milímetro a quienes quieren hacer de esto una plataforma electoral o un espacio para neutralizar y domesticar las luchas en curso.

Tenemos la responsabilidad de preparar en los lugares de trabajo y estudio, la movilización del 26 de marzo porque es esta la convocatoria de los trabajadores, la convocatoria a la acción directa, a ganar las calles y a derribar uno de los pilares de la institucionalidad patronal, de los que día a día nos roban y esquilman de nuestro propio salario. El grado de desarrollo de las fuerzas productivas no sólo en Chile sino que a nivel mundial, ha madurado para que se plantee la necesidad de la transformación de la sociedad. La propiedad privada sobre los medios de producción propia del capitalismo –de la que el modelo de AFP es una expresión extrema- es el obstáculo para que las fuerzas productivas se puedan desarrollar libremente en provecho de la vida de todos los miembros de la sociedad y no de un puñado de explotadores.

Cuando hablamos de acabar con las AFP, hablamos también de eliminar el interés privado burgués por la ganancia sustituyéndolo por el interés colectivo de toda la sociedad. Esto sólo es posible eliminando la propiedad privada sobre los medios de producción, reemplazándola por la propiedad social sobre los mismos.

En eso consiste la revolución que se necesita. Revolución quiere decir establecer nuevas relaciones de producción que liberen a las fuerzas productivas de la camisa de fuerza de la propiedad privada, para dar nacimiento a la nueva sociedad diferente a la capitalista en la que los medios de producción serán de todos y de nadie en particular. Esa nueva sociedad será el socialismo.

Estas cuestiones no son abstracciones, no son difusas apelaciones morales. Cuando hablamos de la movilización de los trabajadores, hablamos en realidad del único camino para emanciparnos de la explotación capitalista y hablamos –al mismo tiempo- de la unidad de todos los sectores en lucha sin ningún tipo de sectarismos, porque es la propia lucha la viga maestra de nuestro accionar y la medida de validez de nuestra política.

Preparar la Marcha del 26 de marzo es un paso en esta tarea y es también una responsabilidad para con nuestra clase, para con nuestros padres y abuelos, para con nuestros hijos. Las banderas revolucionarias sólo pueden alzarse y tener significado, en cuanto se pongan al servicio de las luchas. En torno a estas banderas hemos de organizarnos como partido revolucionario y habremos de construir nuestro programa, la teoría de la revolución socialista en Chile. Las tareas son enormes, se aclara el horizonte.

Carta abierta de Atria a Isabel Allende

CARTA ABIERTA A LA SENADORA ISABEL ALLENDE PRESIDENTA DEL PARTIDOS SOCIALISTA DE CHILE

Estimada compañera:

Me permito escribirle esta carta a pocos días de la reunión del Pleno del Comité Central a realizarse el próximo 21 de enero. Esta reunión tiene el cometido de completar la decisión que comenzó a tomarse en su reunión previa, celebrada el 26 de noviembre.

En ella, el Partido resolvió adoptar un camino institucional y democrático, el de las primarias, para la elección de su precandidato presidencial. Esta decisión era coherente con las resoluciones del XXX Congreso del Partido, que resolvió que las candidaturas socialistas a cargos de elección popular se decidirían mediante primarias ciudadanas. El Pleno del 26 de noviembre dejó pendiente la decisión sobre el carácter de esas primarias, si serían solo de militantes o abiertas a la ciudadanía. La razón de esto es que algunos compañeros pensaron que una primaria abierta tendría problemas de legalidad, por lo que la mesa del Partido fu mandatada para hacer las consultas per nentes al Servicio electoral. Como sabemos, la mesa cumplió su encargo y el Servicio Electoral validó la posibilidad de una “consulta ciudadana”, justamente en tal carácter.

Vivimos tiempos de profunda desconfianza y desafección de la ciudadanía con la política y los partidos. Recuperar esa confianza es probablemente el principal desafío político que hoy enfrentamos. Reconstruir la legitimidad de los partidos pasa por validar sus decisiones de manera participativa y abierta a la ciudadanía. La forma como hagamos hoy la política es parte del fondo, porque manifiesta nuestra manera de entender la relación entre el partido y la ciudadanía.

En esta materia compartimos una visión y una sensibilidad común. En su análisis de la derrota de la Nueva Mayoría en las pasadas elecciones municipales, usted declaró el 24 de octubre: “creo que fallamos en no haber hecho más primarias”. En la misma dirección apuntaba el proyecto de ley que presentó, en mayo de 2016, junto a otros parlamentarios, para hacer obligatorias las primarias, oportunidad en la que señaló: “el sistema más democrático, transparente y participa vo son las elecciones primarias”. Estas afirmaciones, que compartimos para la nominación de los cargos de elección popular en general, son más fuertes y valederas cuando se trata de un precandidato presidencial.

Existen otras consideraciones que avalan la misma conclusión. En esta etapa es importante dotar al Partido de un mecanismo institucional, de reglas claras para todos, para elegir su candidato. Ello, como parte de un proceso aún más importante: proporcionar al Partido una vía para que este pueda debatir y concordar un programa propio, que incluya un diagnóstico de la actual situación del país, del modelo de sociedad que los socialistas impulsan, así como para definir propuestas más específicas para el horizonte de un próximo gobierno de 4 años.

Un Partido con la densidad histórica y doctrinaria como el nuestro no puede guiarse simplemente por lo que dicen las encuestas. Ellas muestran la envergadura de desafío de cambio al que debemos responder, y por eso no pueden inmovilizarnos. Hoy lo principal es movilizar al Partido en torno a la construcción de una visión y de un programa propio con el cual dialogar con la sociedad y con eventuales otras candidaturas presidenciales.

Al respecto, quisiera sumarme a quienes han sugerido que la “consulta ciudadana” que defina el precandidato presidencial socialista se realice conjuntamente con la elección de la dirección del Partido el próximo 26 de marzo. Ello permitiría racionalizar recursos y esfuerzos, y podríamos hacer de ese día un gran momento de democracia socialista, abriendo las puertas del partido a la sociedad. Es razonable anticipar que dicho acto electoral sería mucho más concurrido que una elección interna realizada después que la cuestión presidencial ha quedado zanjada por un acuerdo del Comité Central. Esa mayor participación tendría varios efectos benéficos: mostraría un Partido vivo y movilizado en un año de elección parlamentaria y presidencial, permitiría aumentar la tasa de refichaje de los militantes del partido, y sobretodo constituiría una potente señal hacia la ciudadanía, especialmente hacia los jóvenes, de que el Partido Socialista está abierto nuevamente para construir en diálogo con la sociedad su proyecto de país.

A todos nos interesa construir una opción de mayoría para derrotar a la derecha; pero debe interesarnos también que en ese proceso podamos prevalecer frente a los sectores conservadores que, desde dentro de la propia Nueva Mayoría, se oponen a la transformación del modelo neoliberal. No podemos desconocer que el programa transformador de la Presidenta Bachelet se vio obstaculizado de manera importante desde su propia coalición. Para este segundo propósito es fundamental que el Partido se defina en torno a un programa antineoliberal, para lo cual un proceso de debate y participación militante es imprescindible. Solo de ese modo puede construirse la fuerza que requeriremos para asegurar el sentido progresista y transformador de la próxima etapa.

Confiamos en que el Partido Socialista ratificará el camino institucional y participativo de primarias abiertas y ciudadanas en su próximo Pleno de Comité Central. Por lo demás, en esa misma dirección se han pronunciado casi la unanimidad de las asambleas y direcciones regionales y comunales del país, así como la Juventud Socialista. Es, por tanto, el camino que mejor asegura la unidad y la institucionalidad partidaria.

Con aprecio y respeto, se despide fraternalmente.

Fernando Atria
Profesor y militante socialista Precandidato presidencial del PS

Enero, 2017.

Matanza en la Mina de El Salvador, la primera de las tres masacres con que Frei Montalva comenzó a escribir la historia de la Democracia Cristiana

HISTORIA VIVA DEL MOVIMIENTO OBRERO:

 

La Democracia Cristiana es una organización de la burguesía, en cuya formación y financiamiento participó directamente la CIA norteamericana. Este partido, desde sus orígenes, ha tenido una clara estrategia contrarrevolucionaria sustentada en la concepción socialcristiana que busca penetrar en las organizaciones de masas, disputando el espacio político al comunismo.

A nivel mundial la Democracia Cristiana comparte filas con el franquismo español (Partido Popular) y el genocida salvadoreño José Napoleón Duarte, masacrador de campesinos en este país centroemericano y guaripola del imperialismo en la lucha antisubersiva en centroamérica.

Conocido es el papel desempeñado por la DC durante la Unidad Popular: articulador del CODE y principal instigador de la sedición imperialista que desembocara en el fascismo en septiembre de 1973.

Sin embargo, por una estudiada operación de lavado de imagen, el Gobierno de Frei Montalva (64-70) es considerado, incluso por sus actuales socios en la Nueva Mayoría, el PS y el PC, como un gobierno democrático. Parapetados detrás de un pequeño grupo de DC que rechazaron el golpe (Grupo de los 13), se ha pretendido ocultar que Frei Montalva y la DC como cuerpo, se fue a abrazar en televisión con los golpistas, brindando con champaña mientras en las calles de Santiago y todo Chile se fusilaba a los obreros en las calles.

Es más, destacados cuadros de la DC fungieron como autoridades de la Dictadura. Aylwin y Frei, hasta 1976 siguieron defendiendo a Pinochet en el exterior.

El Partido Comunista, que hoy alegremente se dispone a gobernar junto a la Democracia Cristiana en la Nueva Mayoría de Bachelet, ha concurrido también a este lavado de imagen que supone sepultar a los caídos en El Salvador el 11.03.66, en Santiago el 23.11.67 y en Puerto Montt el 9.03.69. Gobernar con la DC es hacerlo, finalmente, con los responsables de las primeras asonadas y razias en contra de la izquierda y las organizaciones obreras, los creadores del Grupo Móvil (antepasado de las FFEE de Carabineros). En una palabra gobernar con la DC es hacerlo con genocidas y declarados enemigos de la clase obrera y el conjunto de la nación oprimida.

Esta es la historia:

MATANZA EN LA MINA EL SALVADOR, ORDENADA POR FREI.

La región chilena, a lo largo de su historia y territorio, ha tenido una serie de hechos sangrientos, donde las relaciones entre el Estado y el Movimiento Obrero han sido complejas, cada vez que este se levanta o exige alguna reivindicación o derecho organizadamente. En el caso del movimiento obrero tales roces con el Estado pueden clasificarse en tres periodos: el primero durante los comienzos del siglo XX, culminando en 1907 con la matanza de la Escuela Santa María de Iquique. El segundo periodo de esta trágica historia se registra en los fines de la segunda década del siglo y la década del 30, donde nuevamente los obreros, pobladores y campesinos son asesinados por el estado chileno. Finalmente encontramos el último ciclo de matanzas, el cual comienza con la masacre de El Salvador y culmina con la de Puerto Montt el año 1969, donde por parte del gobierno de Frei, esta práctica se hace bastante cotidiana.

La coyuntura ocurrida en los años 1965 y 1966 en los diversos campamentos mineros cupríferos de Chile es un tema ausente en el estudio historiográfico y la memoria colectiva, esto debido a que en las diversas investigaciones que existen sobre la época, ninguna trata específicamente de estos hechos, centrándose mayoritariamente, en el ampliación que existía del movimiento social a nivel de pobladores, campesinos y obreros de los grandes polos industriales del Chile central. Además, la mayor parte de las veces que son mencionados los sucesos de El Salvador, se les trata de distintas formas, con errores en las fechas o en los protagonistas, como así también en la cantidad de víctimas que se señalan.

La historia que llevó a la masacre comenzó en octubre de 1965 con un paro indefinido de la Gran minería del Cobre, éste fue acogido por el personal de la Andes Copper Minning y de la Potrerillos Railway Company, entrando a las movilizaciones los campamentos de Sewell, El Salvador, Potrerillos y Chuquicamata, entre otros. El paro tenía por objetivo mejoras salariales para los trabajadores.

La movilización fue calificada por parte del gobierno como “huelga ilegal”, siendo caracterizada como un conflicto de carácter político, el cual había sido generado, en palabras del ministro de Minería, por parte de los enemigos del gobierno (La Izquierda). Pero no fue hasta el mes de noviembre que la huelga comenzó a tener un carácter más conflictivo, primero fueron los enfrentamientos entre obreros y krumiros, en las afueras de las faenas de producción, seguidos prontamente éstos, por enfrentamientos con carabineros. Es debido a esta situación, que el gobierno decide declarar “Zona de Emergencia” a los departamentos que se veían afectados por la huelga, El Loa, Chañaral, Tocopilla y Rancagua. Esto debido a que la movilización afectaba directamente un sector estratégico de la economía, sumándose a esto que dicho movimiento era ilegal frente a las autoridades.

Se detuvo a gran cantidad de dirigentes de los diversos sindicatos implicados en la huelga, por lo que finalmente durante la noche del día 30 de noviembre, al cumplirse 37 días de huelga, se decide poner fin a la paralización, esto debido a un acuerdo al que llegaron los mineros con el Partido Demócrata Cristiano (PDC), el cual se comprometió a desistir en las demandas contra los dirigentes que se encontraban presos, pacto que fue secreto. Entre los triunfos de los obreros y empleados se pueden señalar que se finalizó con las “zonas de emergencia” y se incluyó el veto presidencial al proyecto del cobre, lográndose bonificaciones compensatorias, gratificaciones extraordinarias y participación de las utilidades.

Comienza el año 1966 y el 3 de enero, mientras en el parlamento se discute la ley de Chilenización del cobre, se inicia una huelga legal en el sindicato de El Teniente, con ella la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC) hace un llamado a las demás mineras a la solidaridad con esta lucha, la cual pedía mejoras salariales de un 283,9%, muy por sobre lo que la compañía proponía que era un 125,5% y también bastante distante de la propuesta del gobierno de un 147,7%.

Los primeros dos meses de la huelga trascurrieron sin mayores hechos relevantes, no fue hasta el día 57 de la huelga, cuando los campamentos mineros de Potrerillos, El Salvador, Llanta y Barquito, paralizaron sus faenas en apoyo a sus compañeros de El Teniente (1 de Marzo), siendo este hecho calificado como una muestra de solidaridad de clase por parte de los diversos sectores obreros y mineros.

El mismo día en que se inicio el Paro en el norte, se declaró el estado de emergencia en el departamento de Chañaral, produciéndose gran cantidad de allanamientos de casas, ordenados por el Gobernador subrogante Coronel Roberto Viaux Marambio, respaldado por el Intendente Joaquín Vial, en los cuales se detuvieron a los dirigentes sindicales Julio Arancibia (Secretario del Sindicato de Potrerillos), Carlos Gómez (Presidente del sindicato de El Salvador), Jaime Sotelo (Secretario del sindicato de El Salvador), Pablo Gutiérrez y Hernán Carranza (Ambos dirigentes de los trabajadores de Barquito), los cuales fueron enviados a la cárcel de La Serena, donde también llegarían algunos dirigentes de Rancagua.

Al día siguiente de la detención de los dirigentes se realizarían las votaciones, por lo que esta acción del gobierno tenía el claro objetivo de descabezar el movimiento para que este perdiera fuerza y se votara en contra de la movilización. Además el gobierno toma otras medidas tales como allanar casas de trabajadores y expulsarlos de los campamentos. Tal fue el caso de El Salvador donde se expulsó a 300 trabajadores, los cuales fueron enviados a Pueblo Hundido (Actual Diego de Almagro), siendo obligados a dejar todos sus enseres en el campamento, además de ser separados de sus familias, las cuales quedaron en El Salvador. Y eran éstas las que principalmente acudían al local del sindicato, el cual funcionaba las 24 horas del día, para dar alimentación en ollas comunes y además para distraer a los obreros que ocupaban el local, con juegos tales como billar, cartas y dominó. Cabe mencionar que las medidas de presión no fueron efectivas, ya que el resultado de la votación fue un rotundo apoyo a la huelga, por lo que esta continuó.

Con el pasar de los días la situación se torna cada vez más tensa, hasta que el día 8 de marzo, los militares a cargo de la zona de emergencia de Chañaral, emiten la orden arbitraria de la reanudación de las faenas de El Salvador, Potrerillos y el puerto de Barquito, colocando a cargo de esta al Coronel del Ejercito Manuel Pinochet Sepúlveda. La orden fue escasamente acatada, en El Salvador llegan 30 obreros mientras que en Potrerillos llegan solo 10. Ante esta situación, la autoridad militar, al día siguiente, el 8 de marzo, intenta allanar el sindicato de obreros de Potrerillos, el cual se ve rodeado de militares con armamento de guerra, incluyendo una ametralladora, a muy temprana hora (5 AM), para de esta forma causar sorpresa a sus ocupantes y evitar apoyo de quienes no se encontraban en el local sindical. Ya estaba amaneciendo y fuera del sindicato, se encontraban militares y carabineros, formados y fuertemente armados con fusiles automáticos, la pieza de ametralladora fue ubicada frente a la puerta del sindicato, los 40 obreros que estaban dentro al ver el peligro, cerraron las puertas y esperaron, la situación fue vista por algunas mujeres la cuales comenzaron a correr la voz en todo el campamento, “Van a llevarse a los hombres del pueblo”“A lo mejor los van a balear”, repetían por cada rincón. En pocos minutos gran cantidad de mujeres y obreros llegaban a las cercanías del sindicato, acercándose cautelosamente, comprendiendo que cualquier movimiento mal pensado podría generar la balacera. Fue de esa forma hasta que un grupo de mujeres valientemente toma una bandera chilena y se coloca entre la tropa y el sindicato, éstas comenzaron a caminar lentamente hacia los militares, llegando hasta el frente de la ametralladora, rodeándola con la bandera. En este momento algunos carabineros y militares se abalanzan sobre la puerta del local e intentan derribarla, generándose una situación de completo pánico entre los obreros que estaban dentro y aquellos que observaban junto a sus mujeres y las de sus compañeros. El oficial a cargo conscientemente mide la situación y se acerca a las mujeres iniciándose un dialogo entre ambas partes, de no ser por esto en cosa de segundos se hubiese producido el choque entre militares y obreros. De la negociación se decide que las mujeres entrarían al local, pero en medio de toda la tensión una de estas pide que se lea la orden de allanamiento, ante lo cual el oficial procede y la lee en voz alta, diciendo al finalizar “bueno ¿y ahora?”, la mujer en medio de su temor y rabia le da la más insólita respuesta de acorde al momento, “Bueno ahora te la metís… esas son puras mentiras de ustedes. Es para llevarnos los hombres a Pueblo”(Hundido). El oficial comienza a hablar nuevamente con las mujeres, generando un nuevo dialogo, ante lo cual los militares allanaron el local de forma pacífica, no encontrando en este nada comprometedor. Una vez cumplida la orden se retiraron y las mujeres quedaron a cargo del sindicato, generando un sistema de turno para realizar las guardias.

Situación parecida se viviría días después en El Salvador, pero con un final muy distinto. Los trabajadores y sus familias, como era ya de costumbre, mientras estaban en huelga, se reunían en el sindicato de obreros, en el conversaban, hacían asambleas para evaluar la huelga y también ollas comunes. La detención el día 10 de marzo de varios periodistas y camarógrafos que se encontraban en el campamento cubriendo el conflicto, hacía presagiar que algo sucedería, ese mismo día “subieron” los militares que se encontraban en Pueblo Hundido, llegando a reforzar los que ya estaban en el campamento.

El día 11 de marzo, los obreros y sus familias se encontraban como de costumbre en el sindicato, a punto de almorzar cuando llega el rumor de que los camiones que se encontraban en la escuela pública, se estaban preparando para bajar a desalojar el sindicato. Los militares no tardaron en llegar a la comisaría que se encontraba a pocos metros del local, los obreros esperaban expectantes mirando desde dentro. A los pocos minutos baja el Teniente de Carabineros Luís Hald, en una camioneta militar, acompañado por el Suboficial Luís Abarzúa y un grupo de Militares, Carabineros y Detectives, que sumaban aproximadamente 85 hombres en tres camiones. Los trabajadores, pensaron que se realizaría algún tipo de dialogo, debido a que muchos conocían al uniformado a cargo, ya que compartían con él en diversas actividades deportivas que se llevaban a cabo en la ciudad, pero no fue así, al momento de estar ya cerca de la puerta, Hald lanza con su mano una bomba lacrimógena dentro del sindicato, generando gran caos y temor dentro, donde se encontraban mujeres y niños, además de los huelguistas. La lacrimógena golpea a uno de los trabajadores en la garganta, y comienza el escape de dentro del sindicato, a esta bomba la siguieron prontamente otras, las cuales hicieron aun más irrespirable el ambiente. Los obreros en su desesperación, rompieron una puerta en la partes posterior del sindicato y llegaron a un pasadizo que se encontraba entre este y el estadio, ahí algunos rompieron las calaminas escapando hacia dentro del recinto deportivo.

Muchos obreros corrieron hacia el lado norte del sindicato, siendo atacados por la ultima bomba lacrimógena, para posteriormente producirse en este momento la primera ráfaga de disparos, estos fueron de fogueo, por lo que muchos obreros al notarlo gritan que son armas de fogueo, por lo que se acercan hacia las fuerzas represoras con palos, sillas y piedras, ante lo cual los militares responden con balas de guerra, produciéndose los primeros caídos. En el momento de los disparos de fogueo, comenzó a bajar desde el campamento gran cantidad de gente la cual corría por las calles con banderas y gritando, llegando hasta la plaza y las cercanías del sindicato, donde se aglomeraron. Cuando comienza la primera ráfaga de balas de guerra, una mujer que corría con una bandera chilena gritando “`¡no los maten!”, es ametrallada, y según cuentan testimonios, “casi partida en dos”, la caída resulto ser Osvaldina Chaparro Castillo, ama de casa de 30 años de edad, quien era pareja de uno de los huelguistas y además tenía tres meses de embarazo, su causa de muerte fue una anemia aguda, ruptura del bazo y varias fracturas, al mismo tiempo se generaban disparos hacia el sindicato donde cae muerto Francisco Monárdez Monárdez, quien fallece por estallido de cráneo, producido por un disparo de grueso calibre en la cabeza, el cual le entró por la nuca, constatándose de esta forma que fue asesinado por la espalda. El tercer caído por esta ráfaga fue Mauricio Dubó Bórquez, un obrero soltero de 25 años, el cual fallece por anemia aguda, desgarro del hígado y fractura medular, producidos por 6 disparos en la región del abdomen, en el lugar quedan tendidos también gran cantidad de heridos. Durante esta primera ráfaga fue herido además, el Teniente de carabineros Luís Hald, quien recibió una pedrada en la cara, lo que le provoco sólo una herida leve, por lo que se reincorporó rápidamente a la represión.

El ruido que provocó la primera ráfaga de disparos, hizo que la gente que se encontraba a esa hora en el cine, saliera de este a ver qué sucedía, el cine se encontraba a poco menos de 30 metros de la comisaría y a unos 50 del sindicato, por lo que al salir de este los pobladores se encontraron de frente con la dantesca escena, corrieron muchos a ayudar a los heridos, los que también estaban siendo socorridos por sus mismos compañeros y mujeres que estaban dentro del sindicato, además de personas que habían bajado desde el campamento. Al ver que comenzaba a aglomerarse gran cantidad de gente, los militares disparan una segunda ráfaga, unos 15 minutos después de la primera, produciendo nuevamente gran cantidad de heridos, entre estos Manuel Contreras Castillo, obrero de 54 años, quien cae a pocos metros de la plaza, mientras observaba los hechos, debido a una anemia aguda, generado por una bala que le llega en el cuello. A pocos metros de él cae una segunda mujer Marta Egurrola Riquelme, dueña de casa de 39 años, quien muere por anemia aguda, rotura del bazo izquierdo y fractura de fémur, generadas por las fatídicas descargas. Mientras se generaba esta segunda balacera, se produce un hecho que generará una tercera ráfaga de disparos, y que será la más cruenta de todas: el capitán del ejército Alejandro Alvarado Gamboa, había caído herido por un disparo, el juicio ante este hecho es casi unánime, ya que sólo el gobierno (ni siquiera los militares), atribuye a que la bala salió de los trabajadores, debido al calibre de ésta. Incluso el médico que atendió al capitán cuando llegó al hospital, menciona en su relato que la herida correspondería a una munición de guerra. Concluyéndose de esta forma que la bala podría haber sido dispara accidentalmente por él mismo mientras resbaló y cayó debido a lo irregular del terreno donde yacía herido. Fuese cual fuese el motivo del balazo en la pierna del capitán, este tuvo una consecuencia muy clara, la acción descontrolada de la fuerza pública, la cual comenzó a disparar en todas direcciones.

La tercera ráfaga se disparó, generando nuevos heridos y tres nuevos trabajadores asesinados, Luís Alvarado Tabilo, obrero de 43 años, muerto por diversas lesiones en el tórax además de un impacto en el corazón. Ramón Contreras Pizarro, obrero de 22 años, fallecido por una anemia aguda y una lesión múltiple en el intestino y Delfín Galaz Duque, obrero de 37 años, con estallido del encéfalo. La masacre se interrumpió con la intervención de un médico del hospital salvadoreño de nombre Samuel Pantoja, además del sacerdote del campamento Jesús Oyarzábal, el cual dio la extremaunción a los muertos en medio de la balacera. Cabe mencionar que existió un militar que se negó a disparar, el fue Luís Covarrubias, un joven que se encontraba haciendo el servicio militar, en el regimiento de La Serena, oriundo de El Salvador, no aceptó la orden de disparar contra sus propios amigos y conocidos, entre los cuales incluso podría haberse encontrado su padre que era obrero en la mina.

Los cuerpos de los muertos (Monárdez y Dubó) quedaron ahí tendidos, a la espera de que llegase el Juez de Chañaral, el cual podía dar la orden para levantarlos, esto se produjo recién en horas de la noche, por lo que ambos cuerpos estuvieron durante toda la tarde tendidos fuera del sindicato, donde fueron cubiertos por las mismas calaminas que habían sido arrancadas del estadio. Fueron acompañados por sus compañeros y familiares, quienes les llenaron de flores y les encendieron velas, a lo largo de todo el día.

Los heridos mientras tanto fueron trasladados al hospital, en el murieron 5 de las victimas mas graves durante el transcurso del día, mientras que Luis Alvarado murió al día siguiente. El director del hospital, convocó a todos los médicos de Potrerillos y El Salvador, debido a que el hospital en ningún caso estaba preparado para recibir la gran cantidad de heridos que llegó. A cargo de esta misión estuvo el doctor Manuel Vidal, el cual designó 7 médicos para que hicieran las autopsias, junto con los restantes operó a 26 de los 37 heridos, intentando que el sistema no colapsara, dio de alta a variados pacientes que estaban de antes en el recinto, pidió donantes de sangre, ordenó que las ambulancias estuvieran en alerta y dispuso las salas del hospital para pacientes graves, menos graves y para intervenciones.

Al día siguiente, el médico pidió que aterrizara un avión para llevarse a los militares, con el objetivo de calmar los ánimos y por miedo a una nueva matanza. Esto fue llevado a cabo y, además, con ellos se fue el capitán herido de bala y algunos de los heridos de mayor gravedad (civiles). Los uniformados, a excepción de los militares con rango, que eran jóvenes que cumplían el servicio militar, se trasladaron a Copiapó, llegando al Regimiento de dicha ciudad, ahí se pudieron ver las caras desfiguradas de los jóvenes, los cuales en ningún momento estaban preparados para cometer tan asqueroso crimen, el cual fueron obligados a perpetrar.

Las reacciones ante la masacre no se hicieron esperar durante la tarde del día 12 en Santiago, un grupo de jóvenes se reunieron en las afuera de la oficina de El Mercurio, para protestar por la masacre, el mismo día luego de la sesión extraordinaria del Senado, a las afueras del Congreso Nacional, se registran protestas contra los senadores democratacristianos, los que son atacado verbalmente por jóvenes los cuales les adjudican culpabilidad en los sangrientos hechos del norte. Además desde el mismo 11 en la noche se registraron diversos rayados en las paredes de Santiago, en alusión a la masacre, culpabilizando a Frei de la violenta represión, pero fue durante el día 15 que se registraron diversas detenciones de parte de carabineros y detectives: se detuvo a 10 personas realizando rayados contra el Presidente y, además, apedreando la casa de un destacado político de la Democracia Cristiana (no se señala el nombre). Misma situación se registró en la Plaza Perú de Concepción, donde se detuvo a secundarios y universitarios, haciendo menciones a las acciones de Frei en las paredes. Finalmente el último caso de protesta espontánea que se encontró, fue el ocurrido en El Salvador, durante los primeros días de Abril. Los militares, pocos días antes de irse dejaron grandes bandera chilenas, en los principales cerros del campamento, estas sufrieron el “atentado” de ser rasgadas y destruidas, en memoria de los mineros y mujeres que habían sido asesinados por los mismos uniformados que las dejaron allí, viéndose de esta forma como se identifica al estado como el culpable, el que hacía gala de su nacionalismo, pero que ante esa misma bandera, asesinaba a trabajadores y mujeres.

Posteriormente a la masacre, la Central Única de Trabajadores de Chile, convocó a paro nacional para el día 15 de marzo, contando con los mineros de El Teniente, El Salvador y Potrerillos, aun paralizados (El Puerto de Barquito había vuelto a trabajar) y con una serie de gremios y organización las cuales día a día iban comprometiendo su participación en la movilización llamada a modo de solidaridad, con los obreros y mujeres asesinados, además de la larga huelga que los obreros del cobre llevaban a cabo.

El paro se separó en dos días, el primero el 14 de marzo donde detuvo sus faenas la minería a nivel nacional. Además de los campamentos que ya estaban paralizados, se sumaron la Disputada de la Condes, la pequeña y mediana minería del cobre, casi todos los Salitreros y los mineros del carbón de Lota y Schwager, el gran ausente de esta y la posterior jornada sería Chuquicamata, donde no se paralizara ni se emitirá declaración alguna durante los dos días de la manifestación solidaria.

El paro nacional, si bien fue mirado en menos y denostado por el gobierno y la prensa de derecha (El Mercurio, Las Últimas Noticias, El Sur, Etc.), fue bastante exitoso, pero no logró paralizar el país, ya que gran cantidad de gremios importantes, no acudió al llamado. Los que si paralizaron sus actividades de forma efectiva fueron los Profesores del Estado y de las universidades de Chile y Técnica, los obreros municipales, los obreros ferroviarios, los del cuero y el calzado, los de la construcción, los textiles, los de la Compañía Chilena de Electricidad, los cerveceros, los de Loza Penco, los lancheros de Tocopilla, los de la fábrica de explosivos de Calama, algunos panaderos, los de Licores Mitjans, los de la Compañía de Fósforos, los de Chiprodal, los de la Compañía de Acero del Pacifico (CAP) Huachipato, casi todos los salitreros, los mineros del carbón de las provincias de Concepción y Arauco, la pequeña y mediana minería, y naturalmente los de El Teniente, El Salvador y Potrerillos. Llegando gran cantidad de obreros y familias a la concentración de la Plaza de los Artesanos, donde se reunieron alrededor de 35.000 personas, cifra bastante más alta que la que reunió Frei en su acto el día anterior (3.500 personas).

Si bien no pudieron paralizar sus faenas, algunos gremios entregaron su solidaridad con los compañeros de El Salvador y El Teniente, estos fueron los trabajadores Bancarios y los de la salud que paralizaron parcialmente algunas horas y los de la Empresa de Transportes Colectivos del Estado, quienes enviaron una suma de dinero a las familias de las víctimas.
Para el día 16 de marzo, se reanudan las conversaciones en El Teniente, sin lograr frutos. En El Salvador mientras tanto, se produce un nuevo hecho de tensión cuando la empresa dejó a disposición del Coronel Pinochet, la contratación de nuevos trabajadores, esto debido a que el paro era acatado mayoritariamente. Este hecho generó gran resistencia en los trabajadores, quienes se opusieron tajantemente a la medida.
Finalmente fueron despedidos alrededor de 350 obreros al momento de finalizar la huelga.El fin de la huelga de El Salvador, seguía dependiendo del fin de la de El Teniente, a la cual se había sumado como nuevo requerimiento la liberación de los dirigente Salvadoreños, demanda que se sumó en agradecimiento a los compañeros por su valentía en esta batalla que ahora estaban peleando juntos.

Para el día 20 de marzo, al cumplirse 77 días de huelga en El Teniente, se comienzan a dar las primeras luces para finalizar el conflicto, llegando a un acuerdo económico los obreros con la empresa Braden Copper, sin embargo, pusieron como condición que para que este se llevara a cabo se debía cumplir por parte del gobierno la liberación de los dirigentes. Solo fue una semana después, el día 28, que se supo que la Corte de Apelaciones de La Serena había liberado bajo fianza a los dirigentes presos, culminando de esta forma los paros solidarios de El Salvador y Potrerillos. Pero aún continuaba en pie la huelga de El Teniente, la cual se solucionó el 31 de marzo, al día 87 de huelga, ganando por parte de los trabajadores y trabajadoras gran cantidad de demandas.

Las Zonas de Emergencia se mantuvieron hasta el día 17 de abril, cuando fueron derogadas, volviendo la tranquilidad nuevamente a los campamentos mineros. La huelga dejó pérdidas millonarias para el Estado chileno, 2 millones 737 mil dólares, en la huelgas solidarias del norte, mientras que la de El Teniente dejo perdidas por 27 millones 330 mil dólares. Además de las irreparables e incalculables pérdidas humanas que ocurrieron en El Salvador.
La masacre de El Salvador, entre el año 1966 y 1973 trajo consigo una serie de consecuencias, éstas fueron principalmente desilusiones respecto a varios ámbitos políticos y a vías que tomarán distintas organizaciones políticas en los años siguientes. Estas situaciones se vieron posteriormente confirmadas con los siguientes hechos sangrientos que ocurrirían durante el periodo de Frei, con la masacre en Santiago en 1967 durante una manifestación de la CUT, con 7 muertos y con la de Pampa Irigoin, Puerto Montt, con 11 pobladores muertos.

Rubricamos estas líneas con las palabras de Amador Ahumada, uno de los sobrevivientes de la masacre:

“Esto no es un hecho aislado corresponde a los mecanismos de un gobierno burgués que desea aplacar el avance de los explotados. Es bueno que todos los trabajadores entiendan que lo que hoy tenemos, lo hemos logrado con sacrificios y a costa de estos dolorosos hechos. Pero que sepan ahora estos señores de capa y balas que jamás volveremos atrás, nunca entregaremos el pedazo de historia que hemos recobrado para nuestro pueblo. Lo único que estamos decididos a lograr es el poder para nosotros los mineros, los obreros y campesinos”

2016: La Muerte del Centro Político y el Colapso del Reformismo

 

por Alan Woods

El año 2016 terminó con dos nuevos sucesos dramáticos y sangrientos: el asesinato del embajador ruso en Estambul y el brutal asesinato de personas en Berlín que estaban disfrutando tranquilamente de los preparativos para la Navidad. Estos acontecimientos estaban vinculados a la ciénaga sangrienta de Oriente Medio y más específicamente a Siria.

La caída de Alepo representó un giro decisivo en la situación. Rusia, que se supone había quedado aislada y humillada por la “comunidad internacional” (léase Washington) ahora controla Siria y decide lo que sucede allí. Se convocó una conferencia de paz en Kazajistán a la que no fueron invitados ni los estadounidenses ni los europeos, seguida de un acuerdo de alto el fuego dictado según los términos de Rusia.

De diferentes maneras estos desarrollos expresaban el mismo fenómeno: el viejo orden mundial está muerto y en su lugar nos encontramos ante un futuro de inestabilidad y conflicto, cuyo resultado nadie puede predecir. El año 2016 representó, por tanto, un punto de inflexión en la historia. Ha sido un año marcado por la crisis y la turbulencia a una escala global.

Hace veinticinco años, después de la caída de la Unión Soviética, los defensores del capitalismo estaban eufóricos. Hablaban de la muerte del socialismo y del comunismo, y hasta del final de la historia. Nos prometieron un futuro de paz y prosperidad gracias al triunfo de la economía de libre mercado y de la democracia.

El Liberalismo había triunfado y por lo tanto la historia había llegado a su expresión final en el capitalismo. Ese era el significado esencial de la frase, ahora notoria, de Francis Fukuyama. Pero ahora la rueda de la historia ha dado una vuelta completa. Hoy en día, no queda piedra sobre piedra de aquéllas confiadas predicciones de los estrategas del capital. La historia ha regresado con venganza.

De repente, el mundo parece estar afectado por fenómenos extraños y sin precedentes que desafían todos los intentos de los expertos políticos para explicarlos. El 23 de junio el pueblo de Gran Bretaña votó en un referéndum salir de la Unión Europea –un resultado que nadie esperaba, lo que provocó una conmoción a escala internacional. Pero esto no fue nada en comparación con el tsunami provocado por el resultado de las elecciones presidenciales estadounidenses –un resultado que nadie esperaba, incluyendo el hombre que ganó.

A las pocas horas de la elección de Donald Trump, las calles de las ciudades en todos los Estados Unidos se llenaron de manifestantes. Estos acontecimientos son la confirmación dramática de la inestabilidad que ha afectado al mundo entero. De la noche a la mañana han desaparecido las viejas certezas. Hay un fermento general en la sociedad y una sensación extendida de incertidumbre, que llena a la clase dominante y a sus ideólogos de una profunda aprensión.

Los defensores del liberalismo capitalista se quejan amargamente del auge de políticos como Donald Trump, que representan la antítesis de lo que se conoce como “valores liberales”. Para estas personas el año 2016 parece una pesadilla. Tienen la esperanza de que van a despertar y descubrir que todo fue un sueño, que el ayer retornará y que mañana verán un día mejor. Sin embargo, no habrá un redespertar para el liberalismo burgués ni ningún mañana.

Los comentaristas políticos hablan con pavor del auge de algo que llaman “populismo”, una palabra que es tan elástica que carece de cualquier significado. El uso de una terminología tan amorfa significa simplemente que los que la usan no tienen ni idea de lo que están hablando. En términos etimológicos estrictos, “populismo” no es más que una traducción latina de la palabra griega “demagogia”. El término se aplica con el mismo gusto con que un mal pintor revoca una pared con una gruesa capa de pintura para cubrir sus errores. Se lo utiliza para describir tal amplia variedad de fenómenos políticos que está completamente desprovisto de cualquier contenido real.

Los dirigentes de Podemos y Geert Wilders, Jaroslaw Kaczynski y Evo Morales, Rodrigo Duterte y Hugo Chávez, Jeremy Corbyn y Marine Le Pen –todos son barnizados con la misma brocha populista. Es suficiente comparar el contenido real de estos movimientos, que no son sólo diferentes sino radicalmente antagónicos, para darse cuenta de la futilidad de tal lenguaje. No está calculado para aclarar, sino para confundir, o más correctamente para encubrir la confusión de los estúpidos comentaristas políticos burgueses.

La muerte del liberalismo

En su editorial del 24 de diciembre de 2016 The Economist cantaba un himno de alabanza a su amado liberalismo. Los liberales, nos dice, “creen en las economías y sociedades abiertas, donde se fomenta el libre intercambio de bienes, capitales, personas e ideas y donde las libertades universales están protegidas contra el abuso del Estado por el imperio de la ley”. A tal bella imagen realmente se le debería poner música.

Pero a continuación, el artículo concluye con tristeza que 2016 “ha sido un año de reveses. No sólo por el Brexit y la elección de Donald Trump, sino también por la tragedia de Siria, abandonada a su sufrimiento, y el apoyo generalizado –en Hungría, Polonia y más allá– a la “democracia intolerante”. A medida que la globalización se ha convertido en un agravio, el nacionalismo, e incluso el autoritarismo, han florecido. En Turquía el alivio ante el fracaso de un golpe de estado fue superado por represalias salvajes (y populares). En Filipinas, los votantes eligieron a un presidente que no sólo desplegó escuadrones de la muerte, sino que se jactaba de apretar el gatillo. A la vez que Rusia, que dio de hachazos a la democracia occidental, y China, que justo la semana pasada se burló de EEUU al apoderarse de uno de sus drones marítimos, insisten en que el liberalismo no es más que una tapadera para la expansión occidental”.

El hermoso canto de alabanza a los valores occidentales y al liberalismo ha terminado con una nota agria. The Economist concluye con amargura: “Frente a esta letanía, muchos liberales (del tipo de libre mercado) han perdido los nervios. Algunos han escrito epitafios para el orden liberal y emitido advertencias sobre la amenaza a la democracia. Otros sostienen que, con un pellizco tímido a la ley de inmigración o con un arancel adicional, la vida simplemente volverá a la normalidad”.

Pero la vida no “retornará a la normalidad” simplemente –sino que, más correctamente, entraremos en una nueva etapa de lo que The Economist se refiere como una “nueva normalidad”: Un período sinfín de recortes, austeridad y caída de los niveles de vida. En realidad, hemos estado viviendo en esta nueva normalidad desde hace bastante tiempo. Y de esto se derivan consecuencias muy serias.

La crisis mundial del capitalismo ha creado condiciones que son completamente diferentes a las condiciones que existían (al menos para un puñado de países privilegiados) cuatro décadas después de la Segunda Guerra Mundial. Ese período fue testigo de la mayor fase de expansión de las fuerzas productivas del capitalismo desde la Revolución Industrial. Este fue el suelo sobre el que pudieron florecer los tan cacareados “valores liberales”. El auge económico proporcionó a los capitalistas ganancias suficientes para otorgar concesiones a la clase obrera.

Esa fue la época dorada del reformismo. Pero el actual período es la época, no de las reformas, sino de las contra-reformas. Esto no es el resultado de prejuicios ideológicos, como imaginan algunos tontos reformistas. Es la consecuencia necesaria de la crisis del sistema capitalista que ha alcanzado sus límites. Todo el proceso que se desarrolló durante un período de seis décadas está ahora desenrollándose.

En lugar de las reformas y del aumento de los niveles de vida, la clase obrera de todo el mundo se enfrenta a los recortes, a la austeridad, al desempleo y al empobrecimiento. La degradación de las condiciones de trabajo, de los salarios, de los derechos laborales y de las pensiones recae sobre todo en los sectores más pobres y vulnerables de la sociedad. La idea de la igualdad de la mujer está siendo erosionada por la búsqueda implacable de una mayor rentabilidad. A toda una generación de jóvenes se la está privando de un futuro. Esa es la esencia del presente periodo.

El momento María Antonieta de la élite

A la clase dominante y a sus estrategas les resulta difícil aceptar la realidad de la situación actual y son completamente ciegos a las consecuencias políticas que se derivan de ella. La misma ceguera se puede observar en cada clase dirigente que se enfrenta a la extinción y que se niega a aceptarlo. Como observó correctamente Lenin, un hombre que permanece al borde de un precipicio no razona.

El Financial Times publicó un interesante artículo de Wolfgang Münchau titulado “El momento María Antonieta de la élite”. Comienza como sigue:

“Algunas revoluciones podrían haberse evitado si la vieja guardia sólo se hubiera abstenido de la provocación. No hay ninguna prueba de un incidente del tipo “que coman tarta”.  Parece que esto lo dijo María Antonieta [La leyenda dice que ese fue el comentario de Maria Antonieta cuando le informaron que el pueblo salió a la calle exigiendo pan, NdT]. Suena real. Los Borbones eran difíciles de superar como la quintaesencia del establishment fuera de contacto con la realidad.

“Ellos tienen competencia ahora”.

“Nuestro Establishment democrático liberal mundial se comporta de la misma manera. En un momento en que Gran Bretaña ha votado salir de la UE, en que Donald Trump ha sido elegido presidente de Estados Unidos, y Marine Le Pen está marchando hacia el Palacio del Elíseo, nosotros –los guardianes del orden liberal mundial– seguimos poniendo todo en riesgo”.

La comparación con la Revolución Francesa es muy instructiva. En todas partes la clase dominante y sus “expertos” han demostrado estar completamente fuera de contacto con la situación real de la sociedad. Ellos asumían que el orden de las cosas que surgió del auge económico posterior a la guerra continuaría para siempre. La economía de mercado y la “democracia” burguesa eran los paradigmas incuestionables de la época.

Su complacencia petulante recordaba precisamente a la desafortunada María Antonieta, la reina de Francia. No es en absoluto cierto que su famosa frase fuera pronunciada alguna vez, pero refleja con precisión la mentalidad de una clase dirigente degenerada que no tiene interés en los sufrimientos de la gente común ni en las inevitables consecuencias que se derivan de ellos.

Al final María Antonieta perdió la cabeza y ahora la clase dominante y sus representantes políticos están perdiendo la suya. El artículo del Financial Times sigue:

“¿Por qué está pasando esto? Los macroeconomistas creen que nadie se atrevería a desafiar su autoridad. Los políticos italianos han estado desplegando juegos de poder desde siempre. Y el trabajo de los funcionarios de la UE es encontrar maneras ingeniosas de animar legislaciones y tratados políticamente complicados en las legislaturas nacionales pasadas. A pesar de la apetencia por el poder de la señora Le Pen, del Sr. Grillo y de Geert Wilders del partido de extrema derecha holandés Libertad, el establishment sigue actuando de esta manera. Un regente Borbón, en un momento inusitado de reflexión, se habría echado atrás. Nuestro orden capitalista liberal, con sus instituciones competentes, es constitucionalmente incapaz de hacer eso. Está programado para arriesgarlo todo.

“El curso de acción correcto sería dejar de insultar a los votantes y, más importante, resolver los problemas de un sector financiero fuera de control, de los flujos incontrolados de personas y capitales, y de la distribución desigual de los ingresos. En la zona euro, los líderes políticos encontraron apropiado improvisar con la crisis bancaria y luego con una crisis de la deuda soberana –sólo para encontrarse con que la deuda griega es insostenible y que el sistema bancario italiano está en serios problemas. Ocho años después, todavía hay por ahí inversores que apuestan a un colapso de la zona euro como la conocemos”.

En 1938, Trotsky escribió que la clase dominante se deslizaba por un tobogán hacia el desastre con los ojos cerrados. Las líneas anteriores son una ilustración gráfica de este hecho. Y el Sr. Münchau saca la siguiente conclusión:

“Pero si esto está sucediendo es por la misma razón por la que sucedió en la Francia revolucionaria. Los guardianes del capitalismo occidental, como los Borbones antes que ellos, no han aprendido nada, ni han olvidado nada”.

El colapso del centro

Contrariamente al antiguo prejuicio de los liberales, la conciencia humana no es progresista, sino profundamente conservadora. A la mayoría de las personas no les gusta el cambio. Se aferran obstinadamente a las viejas ideas, prejuicios, religión y moralidad con las que están familiarizadas, y lo que es familiar siempre es más reconfortante que lo que no lo es. La idea del cambio es alarmante, ya que es desconocido. Estos temores están profundamente arraigados en la psique humana y han existido desde tiempo inmemorial.

Sin embargo, el cambio es tan necesario para la supervivencia de la raza humana como lo es para la supervivencia del individuo. La ausencia de cambio es la muerte. El cuerpo humano cambia constantemente desde el momento del nacimiento; todas las células se descomponen, mueren y son reemplazadas por células nuevas. El niño debe desaparecer para que el adulto pueda nacer.

Sin embargo, no es difícil entender la aversión de la gente a cambiar. El hábito, la rutina, la tradición –todas estas cosas son necesarias para el mantenimiento de las normas sociales que sustentan el funcionamiento de la sociedad. Durante un largo período arraigan, condicionando las actividades diarias de millones de hombres y mujeres. Son universalmente aceptadas, al igual que el respeto de las leyes y costumbres, las reglas de la vida política y las instituciones existentes: en una palabra, el status quo.

Existe algo similar en la ciencia. En su profundo y penetrante estudio de La estructura de las revoluciones científicas, Thomas S. Kuhn explica cómo cada periodo en el desarrollo de la ciencia se basa en un modelo existente que es generalmente aceptado y que proporciona un marco necesario para el trabajo científico. Durante mucho tiempo este paradigma responde a un propósito útil. Pero finalmente las pequeñas contradicciones, aparentemente insignificantes, que aparecen conducen eventualmente a la caída del viejo paradigma y a su sustitución por otro nuevo. Esto, según Kuhn, constituye la esencia de una revolución científica.

Exactamente, el mismo proceso dialéctico se produce en la sociedad. Las ideas que han existido durante tanto tiempo y se han endurecido en prejuicios, entran finalmente en conflicto con la realidad existente. En ese momento, una revolución en la conciencia comienza a tener lugar. La gente comienza a cuestionar lo que parecía ser incuestionable. Ideas que eran cómodas porque proporcionaban certezas se hacen añicos sobre la roca de la dura realidad. Por primera vez, la gente comienza a sacudirse las viejas y cómodas ilusiones y a mirar la realidad de frente.

La verdadera causa de los temores de la clase dominante es el colapso del centro político. Lo que estamos viendo en Gran Bretaña, Estados Unidos, España y muchos otros países es una aguda y creciente polarización entre la izquierda y la derecha en la política, que a su vez es simplemente un reflejo de una creciente polarización entre las clases. Esto a su vez es un reflejo de la crisis más profunda que ha habido en la historia del capitalismo.

Durante los últimos cien años, el sistema político de los EE.UU. se basó en dos partidos –los Demócratas y los Republicanos– en el que ambos defendían el mantenimiento del capitalismo y representaban los intereses de los bancos y de las grandes empresas. Esto fue muy bien expresado por Gore Vidal quien escribió que “nuestra República tiene un partido, el partido de la propiedad, con dos alas de derechas”.

Esta fue la sólida base para la estabilidad y la longevidad de lo que los estadounidenses consideraban como “democracia”. En realidad, esta democracia burguesa no era más que una hoja de parra para ocultar la realidad de la dictadura de los banqueros y capitalistas. Ahora bien, este práctico dispositivo está siendo cuestionado y sacudido hasta la médula. Millones de personas están despertando a la realidad de la podredumbre del establishment político y al hecho de que están siendo engañados por aquellos que dicen representarlos. Esta es la condición previa para una revolución social.

Crisis del reformismo

Vemos una situación similar en Gran Bretaña, donde desde hace 100 años los Laboristas y Conservadores se alternaban en el poder, proporcionando el mismo tipo de estabilidad para la clase dominante. El Partido Laborista y el partido Conservador eran dirigidos por sólidos hombres y mujeres respetables en los que se podía confiar para manejar la sociedad en interés de los banqueros y capitalistas de la city de Londres. Pero la elección de Jeremy Corbyn lo ha puesto todo patas arriba.

La clase dominante teme que la llegada masiva de nuevos miembros al Partido Laborista pueda romper el dominio del ala derecha sobre el Laborismo. Eso explica el pánico de la clase dominante y el carácter virulento de la campaña contra Corbyn.

La crisis del capitalismo es también la crisis del reformismo. Los estrategas del capital se asemejan a los Borbones, pero los líderes reformistas son sólo una pobre imitación de los primeros. Ellos son los más ciegos de entre los ciegos. Los reformistas, tanto de las variedades de derechas como de izquierdas, no comprenden nada de la situación real. A pesar de que se enorgullecen de ser grandes realistas, son el peor tipo de utópicos.

Al igual que los liberales de los cuales no son más que un pálido reflejo, están suspirando por el pasado que ha desaparecido más allá de cualquier regreso. Se quejan amargamente de la injusticia del capitalismo, sin darse cuenta de que las políticas de la burguesía son dictadas por la necesidad económica del capitalismo mismo.

Es una ironía suprema de la historia que los reformistas hayan adoptado totalmente la economía de mercado, precisamente en un momento en el que se está desmoronando ante nuestros propios ojos. Habían aceptado el capitalismo como algo que está dado de una vez para siempre, que no puede ser cuestionado ni, ciertamente, derrocado. El presunto realismo de los reformistas es el realismo de un hombre que trata de persuadir a un tigre de que coma ensaladas en lugar de carne humana. Naturalmente, el realista que ha intentado realizar esta hazaña loable no tuvo éxito en convencer al tigre y terminó el interior de su estómago.

Lo que los reformistas no entienden es que si se acepta el capitalismo también deben aceptarse las leyes del capitalismo. Y en las condiciones modernas eso significa aceptar los recortes y la austeridad. En ninguna parte está la bancarrota del reformismo más claramente expresada que en el hecho de que ya no hablan de socialismo. Ni tampoco hablan de capitalismo. En su lugar, se quejan de los males del “neoliberalismo”, es decir, que no se oponen al capitalismo en sí, sino solamente a un modelo particular de capitalismo. Pero el llamado neoliberalismo no es más que un eufemismo para el capitalismo en el período de crisis.

Los reformistas que imaginan ser grandes realistas están soñando con un retorno a las condiciones del pasado, cuando ese pasado ya ha retrocedido en la historia. El período que ahora se abre será completamente diferente. En las décadas que siguieron a 1945, la lucha de clases en los países capitalistas avanzados se atenuó en cierta medida como consecuencia de las reformas logradas por la clase trabajadora a través de la lucha.

Trotsky explicó hace tiempo que la traición está implícita en el reformismo en todas sus variedades. Con esto no quería decir que los reformistas traicionaran conscientemente a la clase obrera. Hay muchos reformistas honestos, así como un buen número de arribistas corruptos. Pero el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones. Si acepta el sistema capitalista –como lo hacen todos los reformistas, ya sean de derechas o de izquierdas– seguidamente deben obedecerse las leyes del sistema capitalista. En un período de crisis capitalista, esto significa la inevitabilidad de los recortes y ataques a los niveles de vida.

Esta lección tuvo que ser aprendida por Tsipras y Varoufakis en Grecia. Ellos llegaron al poder con un enorme apoyo popular con un programa anti-austeridad, pero muy rápidamente se les hizo comprender por Merkel y Schäuble que esto no estaba en la agenda. Al final capitularon y dócilmente llevaron a cabo el programa de austeridad dictado por Berlín y Bruselas. Vimos una situación similar en Francia, donde Hollande consiguió una masiva victoria prometiendo un programa anti-austeridad, y a continuación dio un giro de 180º y llevó a cabo recortes aún más profundos que el anterior gobierno de la derecha. El resultado inevitable ha sido el auge de Marine Le Pen y del Frente Nacional.

El capitalismo en un callejón sin salida

En países como los Estados Unidos cada generación desde la Segunda Guerra Mundial podía esperar una mejor calidad de vida que la que tenían sus padres. En las décadas de boom económico los trabajadores se acostumbraron a victorias relativamente fáciles. Los líderes sindicales no tenían que luchar mucho para obtener mejoras económicas. Las reformas fueron consideradas la norma. Hoy fue mejor que ayer y mañana sería mejor que hoy.

En el largo período de auge capitalista, la conciencia de clase de los trabajadores estuvo un tanto mitigada. En lugar de políticas socialistas de clase bien definidas, el movimiento obrero ha sido infectado con ideas extrañas a través de la correa de transmisión de la pequeña burguesía que ha apartado a un lado a los trabajadores y ahogado su voz con las declamaciones estridentes del radicalismo de la clase media.

La llamada corrección política con su mezcolanza de ideas a medio cocinar sacadas de la basura del liberalismo burgués, poco a poco ha sido aceptada incluso en los sindicatos, donde los dirigentes reformistas de derechas se aferran ansiosamente a ella como un sustituto de las políticas de clase y de las ideas socialistas. Los reformistas de izquierdas en particular, han jugado un papel nefasto en este sentido. Se necesitarán los golpes de martillo de los acontecimientos para demoler estos prejuicios que tienen un efecto corrosivo sobre la conciencia.

Pero la crisis del capitalismo no permite tales lujos. La generación actual de jóvenes se enfrentará por primera vez a peores condiciones de vida que las que disfrutaron sus padres. Gradualmente, esta nueva realidad está abriéndose paso en la conciencia de las masas. Esa es la razón del actual fermento de descontento que existe en todos los países y que está adquiriendo un carácter explosivo. Esta es la explicación de los terremotos políticos que han tenido lugar en Gran Bretaña, España, Grecia, Italia, Estados Unidos y muchos otros países. Es un aviso de que se están preparando acontecimientos revolucionarios.

Es cierto que en esta etapa el movimiento se caracteriza por una tremenda confusión ¿Cómo podía ser de otra manera, cuando esas organizaciones y partidos que deberían colocarse a la cabeza de un movimiento para transformar la sociedad, se han transformado en cambio en monstruosos obstáculos en el camino de la clase obrera? Las masas están buscando una manera de salir de la crisis, poniendo a prueba los partidos políticos, los líderes y los programas. Los que no pasan la prueba son arrojados a un lado sin piedad. Hay giros violentos en el frente electoral, tanto a la izquierda como a la derecha. Todo esto es el presagio de un cambio revolucionario.

En retrospectiva, el período de medio siglo que siguió a la Segunda Guerra Mundial será visto como una excepción histórica. Con toda probabilidad, nunca volverá a repetirse la concatenación de circunstancias peculiares que produjeron esa situación. Lo que nos enfrentamos ahora es precisamente a una vuelta al capitalismo normal. La cara sonriente del liberalismo, del reformismo y de la democracia va a ser echada a un lado para revelar la única fisonomía que tiene el capitalismo realmente.

¡Hacia un nuevo Octubre!

Un nuevo período se abre ante nosotros –un periodo de tormenta y tensión que será mucho más similar a la década de 1930 que al período posterior a 1945. Todas las ilusiones del pasado quedarán consumidas en la conciencia de las masas como en una plancha caliente. En un período como éste, la clase obrera tendrá que luchar duro para defender las conquistas del pasado, y en el curso de esta amarga lucha llegará a entender la necesidad de un programa revolucionario cabal. O el capitalismo es derrocado, o un terrible destino le espera a la humanidad. Esa es la única alternativa. Cualquier otro curso de acción es una mentira y un engaño. Es hora de mirar la verdad cara a cara.

Sobre la base del capitalismo enfermo no puede haber salida para la clase obrera y la juventud. Los liberales y reformistas están tratando con todas sus fuerzas de apuntalarlo. Ellos lloriquean sobre la amenaza a la democracia, ocultando el hecho de que la llamada democracia burguesa no es más que una hoja de parra tras la que se esconde la cruda realidad de la dictadura de los bancos y de las grandes empresas. Van a tratar de atraer a la clase obrera a alianzas para “defender la democracia”, pero esto es una farsa hipócrita.

La única fuerza que tiene un interés real en la democracia es la clase obrera misma. La llamada burguesía liberal es incapaz de reacción de combate, lo que se deriva directamente del sistema capitalista en el que basan sus riquezas y privilegios. Fue Obama quien pavimentó el camino para la victoria de Trump, tal como fue Hollande quien ha allanado el camino para el ascenso de Le Pen.

En realidad, el viejo sistema ya está descomponiéndose ante nuestros propios ojos. Los síntomas de su decadencia son evidentes para todos. En todas partes vemos las crisis económicas, la descomposición social, transtornos, guerras, destrucción y caos. Es una imagen terrible, pero se deriva del hecho de que el capitalismo ha llevado a la humanidad a un callejón sin salida.

No es la primera vez que hemos visto este tipo de cosas. Los mismos síntomas se pueden ver en el período de la decadencia y caída del Imperio Romano y en el período de decadencia de la sociedad feudal. No es casualidad que los hombres y las mujeres en esos días se imaginaran que el fin del mundo se acercaba. Pero lo que se acercaba no era el fin del mundo, sino sólo al final de un sistema económico social particular que había agotado su potencial y se había convertido en un monstruoso obstáculo en el camino del progreso humano.

Lenin dijo una vez que el capitalismo es horror sin fin. Ahora vemos la verdad literal de esta afirmación. Pero junto a los horrores producidos por un sistema decadente y reaccionario hay otra cara de la moneda. Nuestra época es un tiempo de nacimiento, y un período de transición de un período histórico a otro. Dichos períodos se caracterizan siempre por los dolores, que son los dolores de una nueva sociedad que está luchando por nacer, mientras que la vieja sociedad se esfuerza por preservarse estrangulando al niño en el vientre materno.

El viejo mundo se está desplomando. Que está tambaleándose para caer lo indican síntomas inequívocos. La podredumbre se está extendiendo en el orden establecido de las cosas, sus instituciones están colapsando. Los defensores del viejo orden están atrapados por un presentimiento indefinido de algo desconocido. Todas estas cosas presagian que hay algo más que se aproxima.

Este desmoronamiento gradual a pedazos se acelerará por la erupción de la clase obrera en la escena de la historia. Aquellos escépticos que descartaron a la clase trabajadora se verán obligados a comerse sus palabras. Están acumulándose fuerzas volcánicas debajo de la superficie de la sociedad. Las contradicciones se están acumulando hasta el punto que no pueden aguantarse mucho más.

Nuestra tarea es acortar este proceso doloroso y asegurar que el nacimiento se lleve a cabo con el menor sufrimiento posible. Con el fin de hacer esto, es necesario lograr el derrocamiento del actual sistema que se ha convertido en una terrible barrera para el desarrollo de la raza humana y una amenaza para su futuro.

Todos aquellos que están tratando de preservar el viejo orden, de ponerle parches, de reformarlo, para dotarlo de muletas que le permitan renquear durante unos años o décadas más, juegan el papel más reaccionario. Están impidiendo el nacimiento de una nueva sociedad, la única que puede ofrecer un futuro a la humanidad y poner fin a la pesadilla del capitalismo existente.

El Nuevo Mundo que está luchando por nacer se llama socialismo. Es nuestro trabajo asegurar que este nacimiento se lleve a cabo tan pronto como sea posible y con el mínimo posible de dolor y sufrimiento. La manera de lograr este objetivo es construir una fuerte corriente marxista en todo el mundo con cuadros formados y con fuertes vínculos con la clase obrera.

Hace cien años tuvo lugar un acontecimiento que cambió el curso de la historia mundial. En un país semifeudal atrasado en los confines de Europa, la clase obrera se movió para cambiar la sociedad. Nadie esperaba esto, sin embargo. Las condiciones objetivas para una revolución socialista en Rusia parecían ser inexistentes.

Europa estaba en las garras de una terrible guerra. Los trabajadores de Gran Bretaña, Francia, Alemania y Rusia estaban matándose entre sí en nombre del imperialismo. En tal contexto la consigna: “¡Proletarios de todos los países, uníos!” debía parecer una expresión de amargo sarcasmo. La propia Rusia estaba gobernada por un poderoso régimen autocrático con un gran ejército, una fuerza policial y una policía secreta cuyos tentáculos se extendían a todos los partidos políticos –incluyendo los bolcheviques.

Y, sin embargo, en esta situación aparentemente imposible los obreros de Rusia se movieron para tomar el poder en sus propias manos. Ellos derrocaron al zar y establecieron organismos de poder democráticos, los soviets. Sólo nueve meses después el Partido Bolchevique, que al comienzo de la revolución era una pequeña fuerza de no más de 8.000 miembros, llegó al poder.

Cien años más tarde, los marxistas se enfrentan a la misma tarea que Lenin y Trotsky se enfrentaron en 1917. Nuestras fuerzas son pequeñas y nuestros recursos son escasos, pero estamos armados con el arma más poderosa: el arma de las ideas. Marx decía que las ideas se convierten en una fuerza material cuando se apoderan de la mente de las masas. Durante mucho tiempo, estuvimos luchando contra una poderosa corriente. Pero la marea de la historia fluye ahora firmemente en nuestra dirección.

Ideas que son escuchadas por unos pocos hoy serán recibidas con entusiasmo por millones en el período que ahora se abre. Grandes acontecimientos pueden tener lugar con extrema rapidez, transformando toda la situación. La conciencia de la clase obrera puede cambiar en cuestión de días u horas. Nuestra tarea es preparar a los cuadros para los grandes acontecimientos que se ciernen. Nuestra bandera es la bandera de Octubre. Nuestras ideas son las ideas de Lenin y Trotsky. Esa es la máxima garantía de nuestro éxito.

Londres 5 de enero de 2017/tomado de Lucha de Clases.org, título original “La muerte del liberalismo”

(Fotografía: Juegos Mundiales del Nomad, Kirguistán)

En defensa del plagio

por Juan García Brun

 

La autoría es uno de los fetiches que con mayor intensidad caracteriza al arte bajo el capitalismo. La idea de la obra como propiedad “intelectual”, en el sentido burgués, mercantil, es algo que sólo aparece en el Renacimiento y es expresivo del aburguesamiento de la sociedad europea, acompañando el lento acceso al poder de los propietarios de los medios de producción. Jurídicamente la propiedad comienza a ejercerse sobre derechos, en este caso los de autoría.

 

Los mecenas florentinos, por ejemplo, desempeñaron –guardando las debidas distancias- el mismo papel que en la actualidad desempeñan las fundaciones y ministerios, como el CNCA, como formadores y “productores” de arte. A los Médici, a los Rockefeller y a los Ministerios modernos, los impulsaba e impulsa un instinto común: apropiarse de la producción artística y mercantilizarla. Hacer negocios con ella y ganar respetabilidad.

 

De alguna forma, en este sentido y bajo sacrosantas consideraciones “académicas”, la creación sin autor definido es considerada espúrea, ruin y sospechosa. El fetiche burgués consiste en objetivar la creación artística y vulgarizarla, como una condición necesaria para apropiarse de ella como mercancía. La única forma de materializar este proceso, que requiere de la incorporación de plusvalía al objeto, es individualizando al autor, catalogándolo, normando su producción.

 

Esta es la base productiva sobre la que descansa la gran “industria” de la propiedad intelectual. Este proceso condiciona la alienación del productor, del artista, quien es transformado en un bufón, en función del cual –y sólo bajo esa premisa- puede ser apreciada su creación.

 

La realidad es que Beethoven fue un gigante a pesar de su sordera, Schumann un romántico de primera magnitud a pesar de su locura, Baudelaire el padre del surrealismo a pesar de su ebriedad sempiterna, Van Gogh con o sin oreja un transformador de la pintura, Hendrix el creador de la guitarra eléctrica a pesar de las drogas que lo llevaron a la muerte. Pero el capitalismo, para reforzar el concepto de propiedad, quiere hacernos creer que lo importante son las anécdotas, las particularidades del creador, sus excentricidades. Sobre esa base una pintura de Van Gogh puede llegar a valer mil millones de dólares.

 

 

Con anterioridad y estamos seguros que en el futuro, la autoría de una obra sólo puede tener un valor histórico, epistemológico. En efecto, las más grandes creaciones literarias antigüedad fueron el fruto de la intervención colectiva de diversos creadores. Se habla por ejemplo de la tribu de los Homeros como responsable de la creación de la Ilíada y la Odisea, textos religiosos, gigantescas construcciones y esculturas eran el producto “anónimo” del trabajo social.

 

En ese sentido el plagio, en su dimensión expropiatoria pude hacer las veces de una anticipación del fin de la propiedad intelectual. El Adagio de Albinoni o Adagio en sol menor es una obra para orquesta de cuerdas y órgano en sol menor, compuesta en 1945 por el musicólogo italiano Remo Giazotto, constituye una formidable referencia de reivindicación del plagio como concepto liberador.

 

Publicado por primera vez en 1958 por la editorial Casa Ricordi, el editor lanzó como argumento de venta que el autor se había basado en unos fragmentos de un movimiento lento de una sonata a trío de Tomaso Albinoni presumiblemente encontrados en las ruinas de la Biblioteca de Dresden, tras los bombardeos de la ciudad acaecidos en la Segunda Guerra Mundial, pero nunca se ha encontrado una prueba seria de la existencia de tales fragmentos; por el contrario, la «Staatsbibliothek Dresden» ha desmentido formalmente tenerlas en su colección de partituras.

 

El fragmento supuestamente encontrado sólo disponía del pentagrama del bajo y de seis compases de la melodía, y se supone que era el movimiento lento de una sonata de trío. Giazotto compuso pues el famoso Adagio en 1945 y fue publicado por primera vez en 1958.

 

Se trata de una composición extraordinariamente popular, utilizada en muchas películas, inolvidable en El Proceso de Orson Wells. Utilizada también como base de canciones de Sarah Brigthman, Camilo Sesto e incluso Tormenta.

 

La completa disociación entre la creación artística y su autor es una condición necesaria para la liberación del arte de las garras del capital.

 

Lo que escuchamos en este enlace es la magnífica versión de Karajan y de los músicos de la orquesta que dirige, por supuesto.

 

Desarrollo cientifico tecnológico y explotación del trabajo

por Ibán de Rementería

 

Al realizase en estos días el Congreso Futuro, auspiciado por el Parlamento, el Gobierno, las más importantes universidades, destacadas empresas privadas y los medios de comunicación más prestigiados, evento que se vienen ocupando de los impactos positivos y negativos de la ciencia y la tecnología en la sociedad actual desde el año 2011; sin embargo, se destaca que sus análisis han sido esquivos para tratar el tema del empleo de la ciencia y la tecnología en la producción, así como de sus impactos en la jornada laboral de los trabajadores y sus remuneraciones, es decir, el tema de la productividad del trabajo y su participación en la riqueza nacional.

En una sociedad capitalista como la nuestra la explotación del trabajo consiste en la producción de la plusvalía por el trabajador y de su apropiación por el empleador capitalista. La plusvalía es valor agregado al conjunto de valores necesarios para: i) retribuir el empleo de los recursos naturales –las materias primas- , ii) pagar por los equipos e instalaciones necesarias a la producción y iii) retribuir mediante el salario al trabajo empleado. Las maneras de obtener este valor agregado, este plus valor, son dos: uno, aumentando la jornada de trabajo manteniendo fijo los salarios o disminuyéndolos, esto es la plusvalía absoluta, y dos, mejorando la productividad del trabajo empleando tecnologías que permitan producir una cantidad mayor de bienes y servicios en un tiempo igual, esto es la plusvalía relativa. Este paso de la obtención de la plusvalía absoluta a la plusvalía relativa se le llama el progreso. Vistas las cosas desde la perspectiva de la economía general la plusvalía es equivalente a la diferencia entre todos los bienes y servicios producidos en relación a los consumidos en la producción y la satisfacción de las necesidades y gratificación de los deseos personales del conjunto de la población, esa diferencia es la riqueza nacional. Según Marx solo la naturaleza y el trabajo producen valor, es decir solo ellos pueden generar riqueza.

El capitalismo primitivo se apropiaba de la riqueza mediante la plusvalía absoluta por eso la característica laboral y social de esas época histórica –siglos XVII, XVIII y XIX- en Europa y América del Norte son las jornadas laborales de 12 y 14 horas, seis días a la semana, la incorporación de trabajo femenino y el infantil; pero al mismo tiempo la pauperización de la clase trabajadora asalariada va generando procesos de reivindicación y lucha por jornada laborales más cortas, mejores salarios, condiciones laborales dignas, vacaciones anuales, etc., demandas que van estructurando procesos organizativos sociales, como las mutuales, los sindicatos, las escuelas de trabajadores, etc. y partidos políticos comprometidos con esos intereses y las luchas por esos derechos. La cacareada innovación científico tecnológica aplicada a la producción es el resultado de las luchas de los trabajadores, ya que de suyo los empresarios no prefieren invertir en tecnología, siempre preferirán aumentar jornadas laborales y recortar salarios.

Desde el siglo XVIII la respuesta represiva tradicional a las revindicaciones de los trabajadores va siendo sustituida por la incorporación de la tecnología al proceso productivo, a la organización de la producción y el trabajo, también al producto mismo; el paso de la artesanía a la manufactura, que caracteriza al capitalismo primitivo, es caracterizado ahora por el paso de la manufactura a la producción industrial, del taller a la fábrica. La culminación del paso de la apropiación de la plusvalía absoluta a la plusvalía relativa culminó al terminar el siglo XIX con la Revolución Industrial, el gran hito de ese proceso histórico está señalado porque en 1886 los mineros ingleses fue el primer movimiento de los trabajadores organizados que lograron la jornada laboral de 8 horas, el primer gran triunfo de la negociación por ramas.

Veamos que ha pasado en el mundo durante estos 130 años en términos de desarrollo de las fuerzas productivas, de revolución científico técnica, de innovación: con la tecnificación de la producción hemos desarrollado la automatización de los procesos productivos y de trabajo hasta llegar a la robótica aplicada –de los telares a los computadores-; hemos descubierto la energía eléctrica y la de los hidrocarburos para sustituir a la energía humana y animal, hemos electrificado el planeta, hemos universalizado el uso versátil de la energía fósil acumulada en los hidrocarburos, difundido todo tipo de motores eléctricos y a hidrocarburos, hemos mundializado los medios de transporte terrestres, marítimos y aéreos; hemos desarrollado la universalización de la comunicación inalámbrica –radio y tv-; hemos desarrollado el procesamiento electrónico de datos, la computación, procesando billones de billones de datos; con la popularización las técnicas de información y comunicación (TIC) hemos puesto todo el universo en nuestros hogares o lugares de trabajo o de recreación y , sobre todo, en la privacidad de nuestros bolsillos.

Tanto progreso también nos ha servido para producir grandes destrucciones materiales y humanas nunca antes vistas con la I Guerra Mundial (1914-1918), que más bien fue una guerra europea y Atlántica, y la II Guerra Mundial (1939-1945) que si tuvo un carácter planetario. Hemos intervenido la estructura intima de la materia y desarrollado la energía atómica y nuclear, junto con ello hemos llegado a garantizar la “destrucción mutua asegurada” en una guerra mundial – que hasta ahora no se ha producido, pero que Putin y Trump de igual manera en que no creen en el calentamiento global también pueden pensar que la destrucción mutua asegurada es una exageración de izquierdistas y espíritus débiles. Pero, también hemos desarrollado la aplicación de las energías alternativas limpias –solar, eólica, geotérmica, mareomotriz, etc. Hemos salido a espacio exterior, hemos ido a la luna, hemos enviado sondas a marte y otros lugares del sistema solar. Al mismo tiempo hemos empleado un modelo de desarrollo productivo que consume a la naturaleza a una velocidad mayor a su capacidad de reproducción, la depredación, y arrojamos a ella desechos a una velocidad mayor que su capacidad de procesarlos, la contaminación, cuya manifestación universal es el calentamiento global.

Pues bien pese a todo esta revolución científico técnica y a su aplicación a la producción, a la innovación, a la satisfacción de las necesidades y deseos humanos, al progreso, y también a sus efectos colaterales negativos soslayados al momento de decidir políticamente, 130 años después del triunfo de los mineros ingleses seguimos pensando que debemos trabajar 8 horas diarias, 44 horas a la semana. Muchos países desarrollados están llegando a la jornada laboral de 30 horas semanales, nosotros seguimos trabajando 43 en ese período. Es obvio que cualquier cálculo económico bien hecho demostraría que la apropiación de plusvalía absoluta por el gran capital, principalmente el financiero, se ha multiplicado miles de veces desde 1886, la reapropiación colectiva de esa plusvalía absoluta permitiría disminuir la jornada laboral, pagar salarios que cubran plenamente las necesidades y deseos de los trabadores manuales e intelectuales y financiar pensiones dignas a partir de edades en plenitud de vida. Es decir, redistribuir el ingreso aquí y en todo el planeta, hacer que ese 50% del PIB mundial que se apropia el 1% de la población sea redistribuido de manera más justa, igualitaria y equitativa.

El desarrollo científico tecnológico y la innovación productiva no depende para nada de la creación de un ministerio de ciencia y tecnología o de ciencia tecnología e innovación –lo público privado-, depende sustancialmente de la capacidad negociadora de los trabajadores, es decir, depende mucho más de las reformas laborales que fortalezcan la capacidad negociadora de los trabajadores que de las reformas científico técnicas.

 

(Fotografía: Ahumada con Agustinas, Santiago, 1955)

Enrique Espinoza y la Revista Babel. Del sincretismo ideológico al trotskismo intelectual. Recepción de la ideología trotskista en Chile (1936-1945)

 

 

por Sebastián Hernández

Aquí se confunde el tropel -de los que a lo infinito tienden- y se edifica Babel -en donde todos se comprenden.

Revista Babel, mayo 1939.

 

La presente investigación se centra en la figura de Enrique Espinoza, su entorno intelectual como lo es la revista Babel y –en menor medida- su precedente, la revista SECH. Aquí observaremos cómo este escritor a través de sus diferentes trabajos logró encasillarse como un intelectual de renombre en el país y en el continente, generando una atmósfera intelectual como pocas, las cuales trajeron consigo respuestas ideológicas e intelectuales, como muy escasas veces se ha dado en nuestro territorio.

 

Samuel Glusberg, verdadero nombre de Enrique Espinoza, nació en Kischinev Rusia, en Junio de 1898. Llegó a Buenos Aires en 1905 a los siete años, ya que su padre, el rabino Ben Sión Glusberg, tuvo que emigrar con su familia huyendo de los Progroms.1 Desde muy pequeño Glusberg mostró su talento y habilidades en las letras, a los 16 años ya leía a literatos de renombre como Tolstoi, Turguenev, Heinrich Heine y Baruch Espinoza, de los cuales construyó su seudónimo en la creación de las letras de Enrique Espinoza2.

 

En 1921, todavía en Argentina, Espinoza publicó Babel, la revista de arte y crítica donde se unieron escritores muy destacados como Augusto D ́Halmar, Pedro Prado, Juan Marinello, Jorge Basadre, Horacio Quiroga, Gabriela Mistral, José Carlos Mariátegui, entre otros. Este elemento hace que a su corta edad, Espinoza ya lograse conformar una relación intelectual con grandes escritores de nuestro país y el continente, erigiendo un entorno intelectual importante. Esta situación hará que su trabajo desde muy joven, se legitimase gracias a las relaciones y críticas que recibió por sus pares de mucho mayor renombre.

 

Posteriormente, entre 1932 y 1935, Enrique Espinoza intentará editar la nueva revista Trapalanda. Un colectivo porteño, la cual tuvo una existencia casi insignificante. Seguido a esto crea su libro “Trinchera”, el cual intentó resumir su política cultural y definirse como un animador de esta índole4. De esta manera, circunstancias de época tales como la muerte de Mariátegui, la explosión de la Guerra Civil Española, la crisis económica, la irrupción de distintas dictaduras en nuestro continente y el desplazamiento de la intelectualidad de izquierda en Argentina por el viraje fascista de Lugones, fueron hechos que paulatinamente hacen que Enrique Espinoza vaya politizando su actuar y reestructure políticamente su “proyecto creador”, el cual se ve representado a través de SECH y la revista Babel en Chile.

 

Desde los parámetros metodológicos propuestos por la Historia Intelectual se desarrollara nuestra investigación. Ésta se centra en la siguiente hipótesis: la percepción intelectual trotskista se representó a través de Enrique Espinoza y la publicación de la revista Babel, en donde la relación personal de Espinoza con Trotsky, el apego a sus posturas y la muerte de éste último, provocaron un giro ideológico y una nueva línea editorial en la revista, reestructurando su atmósfera intelectual.

 

Finalmente, la cronología de estudio se centrará en el periodo comprendido entre 1936 y 1945, en 1936 las primeras publicaciones de Enrique Espinoza en Chile muestran sus planteamientos ideológicos sobre su postura política y el comportamiento de los intelectuales. A esto seguiremos desde 1939 con las primeras publicaciones de la revista Babel, en donde distinguiremos el explícito sincretismo ideológico que propone

entre las ideas libertarias y el trotskismo. Finalmente concluiremos entre 1941 a 1945, donde ya se puede observar de manifiesto la reestructuración de todos los intelectuales del equipo editorial de Babel en torno a las ideas trotskistas.

 

  1. a) Espinoza en la SECH y la conformación del espacio intelectual. Sus primeros atisbos ideológicos en Chile (1935-1939).

En 1935, Enrique Espinoza se radicó en Santiago, escribiendo breves ensayos a través de la revista de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH). A partir de esta publicación, el autor comenzó a conformar un proyecto creador donde mostró un planteamiento intelectual revolucionario. A través de sus artículos, Espinoza resaltó la actitud ejemplar de diferentes intelectuales en el mundo, los cuales son capaces de mostrar una autonomía legitimada al seguir una línea trotskista revolucionaria y crítica a la URSS.

 

De este modo, Espinoza mostrando parte de su pensar, le restó importancia a las figuras políticas y sus proyectos organizacionales, ya que según él lo que realmente cobra importancia, es la dificultad de ser intelectualmente revolucionario al interior de la sociedad porque “…los auténticos pensadores revolucionarios, no pierden en ningún momento su independencia de juicio”, haciendo mucho más complejo la expresión de sus creaciones en una sociedad adversa políticamente.

 

En los primeros escritos de Espinoza en la SECH, podemos observar un inicial atisbo ideológico del autor conducido hacia el trotskismo. Resaltando en diferentes artículos su propia figura de revolucionario o comparando diferentes actitudes intelectuales con las acciones desarrolladas por él, logrando apreciar el giro crítico de Espinoza. Así, temprana y explícitamente en relación a la situación de nuestro país, Espinoza comenzó a recepcionar las posturas ideológicas de Trotsky y a enaltecer su figura en Chile, en forma paralela y sin ningún nexo político con la alicaída Izquierda Comunista chilena. Ejemplo de los componentes ideológicos marxistas, se puede ver expresado a través de las siguientes líneas:

“En la práctica de la dictadura del proletariado, antídoto invitable impuesto por la resistencia armada de la burguesía internacional y que expresa la barbarie del pasado antes que la cultura del porvenir –los nombres de Lenin y Trotsky se hacen pronto para los revolucionarios del mundo entero tan inseparables como los de Marx y Engels en la teoría.”

 

Espinoza dio a entender a través de su obra, la ideología y cultura política que éste poseía, donde muestra su aprecio por las ideas representadas por Trotsky en una época en que el estalinismo calaba fuerte en nuestro país y el Partido Comunista cada vez se bolchevizaba en mayor medida, mientras que alero político trotskista se desarticulaba con la desintegración de la Izquierda Comunista y la incorporación de sus miembros al Partido Socialista de Chile.

 

Sin embargo, el punto de mayor importancia en relación de los ideales trotskistas con Espinoza, es la visita del autor en 1938 a Trotsky en Coyoacán, México. Fue esta visita la que repercutió fuerte en la ideología de Enrique Espinoza, ya que junto con entregarle mucha literatura política de su autoría, Espinoza se convirtió en su agente literario en Chile, fortaleciendo sus posturas ideológicas con mucha más fuerza hacia el trotskismo.

Su relación con otros intelectuales de nuestro país que también poseían un enfoque similar en cuanto a lo revolucionario, generó una nueva atmósfera intelectual. Esta atmósfera se nutrió de diferentes escritores capaces de criticar sin tapujos el sistema y mostrar una adhesión similar por la revolución y el objetivo de la sociedad comunista.

 

Es así, como Espinoza entabló una relación de amistad, ideológica e intelectual con los autores Manuel Rojas, Ernesto Montenegro y González Vera, instaurando una unidad intelectual capaz de expresar posturas ideológicas a través de las letras y la literatura como muy pocas veces se ha representado en Chile. Esta vinculación de amistad e intelectualidad pudo haberse desarrollado, por lo común que se presentaban los temas tratados por estos autores. Tal como Espinoza generaba artículos referentes a las posturas de Trotsky respecto a los referentes del marxismo y la actitud revolucionaria de algunos intelectuales, Manuel Rojas expuso trabajos como “José Martí y el espíritu revolucionario en los pueblos” y Ernesto Montenegro por su parte escribía artículos como “Horacio Quiroga visto del extranjero”, donde no sólo se analizaba y adulaba la misma figura de Espinoza, sino que también se le veía como un revolucionario intelectual.

 

De esta forma se comenzó a conformar el grupo intelectual que integró Babel. Muchos de ellos, aun cuando no poseyeron las mismas posturas ideológicas, conformaron una amistad y un equipo, con un “proyecto creador” capaz de enarbolar ciertos enfoques intelectuales -como el anarquismo y el trotskismo- muy importantes en relación a la estructuración ideológica política nacional y la instauración de un nuevo imaginario literario para nuestro país.

 

Así, a través de los diferentes artículos presentados por Espinoza en la revista SECH, podemos apreciar los primeros planteamientos ideológicos del autor en relación a su postura política y, sumado a ello, el comportamiento de los intelectuales, quienes logrando entablar un círculo cercano de pensamiento, comenzaron a generarse fama por medio de sus trabajos literarios. Esta situación les otorgó una legitimación para expresarse libremente y con argumentos “de sobra” acerca de sus posturas políticas. Sus enfoques, tuvieron vida a través de sus críticas y creaciones inclusive en periodos posteriores a la revista Babel.

 

  1. b) El sincretismo ideológico en la reanudación de Babel (1939-1940).

En 1939, ya teniendo distintas publicaciones de sus artículos en Chile, Espinoza reanudó en forma mensual el tiraje de Babel en Santiago, organizando un soporte crítico con los artículos extraídos de otras revistas internacionales. A partir de esta instancia es que podemos observar en Babel un sincretismo ideológico representado por el equipo editor de la revista.

 

Esta heterodoxia ideológica presente en Babel, se representó a través de las distintas posturas políticas defendidas por sus integrantes intelectuales. El trotskismo representado por el mismo Espinoza o las ideas libertarias representadas por Rojas, Montenegro y González Vera, forman parte central de este bagaje intelectual.

 

Estos distintos enfoques ideológicos podían verse en explícito en los primeros números de la revista. Allí Enrique Espinoza tradujo y editó artículos contra el fascismo y el antiestalinismo como “Stalin como ícono” de Edmun Wilson o “Posteriptum a Mussolini” de Emil Ludwig; por su parte, los demás colaboradores de la publicación como Manuel Rojas, produjeron trabajos literarios con alusión al Anarquismo, como “Deshecha rosa”.

 

Es de esta manera como se va afirmando en nuestra palestra literaria, una revista con diferentes matices ideológicos, la que, sin embargo, poseía objetivos claros en los que concordaban los principales colaboradores de la revista. Estos elementos eran:

 

  1. a) el hecho de mostrar las diferentes posturas libremente, “Libres de prejuicios, como buenos americanos, haremos naturalmente lugar a la polémica esclarecedora, seguros que para tener razón no es preciso de ningún modo cortar la cabeza al adversario.”
  2. b) la dirección de la revista enfocada hacia un solo sector de la población; la población inteligente y cercana, capaz de comprender sus posturas, “bajo el signo de tan alta esperanza y sin ningún principio mezquino, pues, en este día consagrado a los trabajadores de todos los países para brindar a los mas cercanos e inteligentes una serie de periódicos de ensayos, artículos y narraciones de valor permanente documental.”

 

Y por último,

 

  1. c) la apreciación -bajo cada uno de sus distintos parámetros ideológicos- de la Revolución como la única manera de llegar a la sociedad comunista. Esto lo podemos observar por medio de la edición de divergentes números en Babel referidos a la Revolución, como el número de los últimos meses de 1940 el cual se titulaba “de la poesía a la Revolución”.

 

De esta manera, se ve representada una heterodoxia ideológica en la cual sus diferentes posturas no se observan relacionadas a la ideología trotskista y libertaria, ya que al enfocar la revista hacia una dirección intelectual, lo único que logra es desenvolverse en un ámbito elitista y sectario. Sin embargo, esta postura se genera porque en la reanudación mensual de Babel se ofrece un horizonte de reflexión fundamentalmente a una elite citadina, en donde pueda ser leída por “opinantes de relieve”, según González Vera, que no pertenezcan al mundo popular para que pueda informar sobre la cultura del trabajador, la que siempre es permeada por la burguesía. De este modo, en Babel los estudiantes se transforman en el nexo difusivo entre intelectuales y trabajadores, gracias a la entrega de todos los números de la revista a las universidades y federaciones de las casas de estudio más importantes del país.

 

Sin embargo, y a pesar de esta heterodoxia ideológica representada por el círculo de colaboradores más cercanos de la revista Babel, es necesario distinguir que este equipo intelectual se preocupó de mantener un “crítica positiva” en torno a los artículos editados por su revista. Este mecanismo permitió que las ideas políticas expresadas, alcanzaran importancia a través de la aprobación de sus pares en el campo intelectual en el que estuvo inmerso.

 

Para que este elemento sucediese, los diferentes colaboradores -como Espinoza- publicaban entero o parte de sus artículos en distintos diarios del país, exponiendo sus creaciones a una especie de prueba, en donde de pasar sus artículos las críticas de sus pares y del público, estos textos podrían ser publicados en Babel. Este hecho lo podemos ver manifestado en el diario La Hora de Santiago, donde Espinoza escribió en el primer párrafo de su artículo lo siguiente:

“En este tiempo de guerra y traición, todos los días nos sorprende una noticia amarga que, contra nuestra costumbre, nos empuja a improvisar un artículo, sin acordarnos la demora de una cuantas semanas para traducir después para “Babel”, sobre el mismo tema, uno más autorizado a los ojos del público.”

Claramente, elementos como estos son lo que permitieron hacer que la revista Babel, a pesar de su sincretismo ideológico y su temprana edición en nuestro país, se enarbole como una de las revistas literarias intelectuales más importantes de nuestro territorio. Distinguida por sus mismos pares y por los estudiantes, la revista logró un lugar importante dentro de la estructura del campo intelectual de nuestro país y del continente.

 

La consagración de Babel y el giro ideológico de sus colaboradores centrales (1941, 1943-1945).

A raíz de la muerte de León Trotsky en 1940, la revista Babel sufrió un giro ideológico explícito hacia el trotskismo. En dicho giro –en sus últimos números antes del primer cese de publicaciones en julio de 1941- la revista desarrolló un número exclusivo en homenaje a Trotsky y sus postulados ideológicos, sin encontrar críticas por partes de los emblemas libertarios de la revista.

 

En este sentido, más que exponer el trabajo realizado por el siempre trotskista Enrique Espinoza, se hace necesario mostrar los trabajos realizados por sus pares, quienes aún siendo defensores de postulados anarquistas, también se adscribieron al giro ideológico, dando cuenta de la recepción de estos postulados en la realización de este número homenaje. Es así como a través de Manuel Rojas, podemos observar la relación que poseyó este intelectual con los distintos elementos trotskistas, en las siguientes líneas:

 

“La muerte de León Trotsky pone punto final a la historia del partido bolchevique ruso. Un gran partido muere con el gran hombre que era su último combatiente. Con el partido y con el hombre termina, de una vez y para siempre, en todos sus aspectos vitales inmediatos, el movimiento social y político que ese partido y los hombres que lo formaban promovieron en Rusia y que tanto alcance y trascendencia ha tenido en el mundo. Definitivamente,porque lo que queda, aquello que en el terreno social y político fue realizado por ese partido y esos hombres, es un organismo que está muy lejos de esos hombres y de ese partido: un Estado Obrero degenerado, como el mismo Trotsky decía.”
Claramente, estas líneas recién expuestas ponen en evidencia la incoherencia ideológica de Manuel Rojas en su postura como anarquista. En estas líneas, Rojas no hace otra cosa que enaltecer a un líder político y a su partido, otorgando posturas positivas a estructuras burocráticas a las que se supone que cualquier anarquista aborrece.

 

Una vez ya presentados los últimos números de Babel en 1941, la revista cesó sus publicaciones para reanudarlas en 1943, donde incorporó nuevos colaboradores intelectuales comenzando a editarla de forma bimestral. Esta reanudación trajo consigo dos elementos centrales alrededor de Babel. Primero que todo, generó una perspectiva ideológica más clara y concreta, donde los colaboradores intelectuales se alinearon hacia un ideario pacifista humanista vinculado a la resistencia contra el fascismo y el nacional socialismo de las décadas del 30 ́ y 40 ́, propio de las posturas trotskistas más generales adoptadas en la fundación de la IV Internacional, aunque sin desarrollar alguna conexión con partidos de esta índole como el POR. Seguido de esto, la revista logró consagrarse en el campo intelectual a través de su “proyecto creador autónomo”, legitimado por sus propios pares.

 

El hecho de que Babel lograra consolidarse en sus posturas ideológicas, comenzó con el liderazgo efectuado por Enrique Espinoza quien, al establecer como editor hacer un número en homenaje a Trotsky, moldeó la ideología presente en sus colaboradores. Es así como desde 1943, el autor comenzó a adherirse de manera mucho más fuerte a los postulados de Marx y Engels al igual que de los referentes de la Revolución Rusa como lo eran Lenin y Trotsky, generando así, una consolidación ideológica de la recepción trotskista a nivel intelectual en nuestro país a través de su persona y la revista Babel.

 

Seguido a esto, también no hay que dejar de mencionar que junto con la consolidación ideológica que obtuvo la revista Babel a partir de 1943, también se logró su consagración a nivel intelectual. La revista, por medio de la integración de distintos personajes de renombre tales como el diseñador Mauricio Amster (1944) y, junto con ello, una gran selección de ensayos en donde podemos encontrar a Gabriela Mistral, Ciro Alegría, Thomas Mann, Hannah Arendt, Albert Camus, Mc Donald, entre otros, permite su reconocimiento a un mayor nivel en el espacio de la intelectualidad chilena. De lo anterior es que podemos afirmar que con la consagración intelectual que vivió Babel desde 1943, se logró dar la unión perfecta entorno a un círculo intelectual concreto. Con esta afirmación, la revista se proveyó de una crítica positiva y legitimación otorgada por sus pares y el público, permitiendo el desarrollo de grandes figuras del pensamiento nacional en un “proyecto creador” respecto del trotskismo y sus elementos fundamentales apegados al marxismo. Así podremos ver a lo largo de la revista artículos como “Depauperación y concentración de capital” de Laín Diez, “Heine y Marx” de Enrique Espinoza, “España otra vez” de Manuel Rojas, “La iglesia católica y el fascismo” de Guido Piovene, entre otros; todos ellos, muestra de la inclinación de la revista hacia el trotskismo-marxismo.

 

Conclusiones

Enrique Espinoza es un referente de la recepción trotskista en Chile. A través de sus posturas ideológicas expresadas en sus creaciones literarias, logró representar los elementos centrales del trotskismo intelectual. Las cuales se pueden ver encarnadas en la acción de generar una propuesta intelectual antes que una organizacional, una férrea contraposición a Stalin, apoyar la idea del americanismo y no el socialismo en un solo país y la similitud a la Izquierda Comunista al proponer ideas realistas y poco dogmáticas.

 

A esto debemos añadir que a través de la revista Babel y su número en homenaje a Trotsky junto con su reanudación de su edición en 1943, logró provocar un vuelco ideológico en los intelectuales libertarios que comprendía el grupo más importante de esta revista, ya que a través de su consagración intelectual, también trajo consigo una consolidación ideológica en donde sus mayores referentes desarrollaron una crítica positiva y hasta aduladora de las temáticas planteadas por este personaje revolucionario intelectual marxista.

 

Es a través de este hecho que podemos comprender que el liderazgo político e influencia ideológica que poseyó Espinoza frente a su equipo editor, deja entrever la heterodoxia ideológica que tuvieron estos escritores con arraigo libertario, sintiéndose incentivados por propuestas sobre el “bien común”, sin importar la prosecución dogmática de una línea política. Esto nos muestra, en un nivel de análisis mucho más amplio, cómo los diferentes personajes de corte ácrata en nuestro país, poseyeron un bagaje ideológico mucho menor a diferencia de las teorías y reflexiones marxistas que llegaron a Chile. Esto lo notamos como resultado de la adhesión anarquista hacia las proclamas trotskistas, por el apoyo en difundir las diferentes ideas en las bases intelectuales que eran representadas en parte por Samuel Glusberg.

 

Por último, es preciso destacar como Enrique Espinoza y la revista Babel forman parte importante del campo intelectual chileno. Babel y Espinoza, a través de sus varias publicaciones fueron capaces de generar un nuevo imaginario literario en nuestro país, compuesto de una crítica cultural estricta en relación a las letras y a un repensar en la política de Chile, basado en ideologías fuertemente argumentadas en beneficio de nuestra sociedad. Es por esto que, sin lugar a dudas, Espinoza y Babel marcan “un antes y un después” en la escena de las letras chilenas y en el rol del intelectual en nuestra sociedad.

 

(Universidad Diego Portales:

http://www.udp.cl/descargas/facultades_carreras/historia/revista/hernandez_3.pdf)

Libertad para Jorge Díaz y Álvaro León, luchadores de Puertas Negras

 

A las 10:30 de hoy un grupo de pobladores de la quebrada adyacente a Puertas Negras, Playa Ancha, Valparaíso, cortaron la ruta de acceso al puerto. Llevan 10 días desde el incendio y las autoridades les han comunicado que ellos no recibirán apoyo del Gobierno, porque la suya es zona de emergencia y no de catástrofe. Han perdido sus viviendas, están viviendo en carpas en lo que fueron sus sitios y las autoridades les tratan con indolencia. El Gobierno central niega el problema y el Alcalde Sharp señala tener las manos atadas frente al problema.

Lo concreto es que en la refriega con la policía los compañeros Jorge Díaz y Álvaro León fueron apresados por Carabineros y actualmente se encentran detenidos, esperando pasar a control de detención en el Juzgado de Garantía de Valparaíso. Jorge es imputado por maltrato de obra a Carabineros y Álvaro por homicidio frustrado, el Ministerio Público de seguro va a instar por la prisión preventiva como una forma de criminalizar la protesta.

Es importante estar mañana en el Juzgado de Garantía e ir a la audiencia a hacer efectivo el apoyo a la lucha de los pobladores exigiendo inmeadiata libertad y solución a sus demandas. Esperamos que el Alcalde Sharp, en ejercicio de su mandato ciudadano tome partido por los pobladores e inste por su defensa. Esto no es un problema criminal, es la miseria de los cerros que reclama solución.

EP

Hannah Arendt y el castigo penal como expresión de poder político de clase

 

 

 

por Juan García Brun 

 

Roberto Arlt cuenta en sus memorias que su padre le anunciaba que el día de mañana a primera hora, lo iba a castigar. Recuerda este hecho porque sentía que el castigo anunciado es la peor tortura, que dormirse esperando la mañana del castigo es, en sí mismo, una pena superlativa.

Nadie como Arlt, un explotado célebre y preclaro, para sintetizar esta experiencia y patetizar uno de los rasgos más intensos del poder, el poder de castigar, de someter, de inferir sufrimiento y dolor a aquél que ha infringido una norma. No es casual ni banal, que en los alzamientos insurreccionales uno de los blancos privilegiados son las cárceles y mazmorras, porque éstas corporizan el poder político y lo simbolizan.

En la actualidad, el culto a la democracia burguesa, esa mascarada política que aspira a edulcorar la explotación capitalista, tiene como divisa distintiva la afirmación de un sistema judicial punitivo, objetivo e impersonal. Ascético, como si los tribunales al pronunciar sus condenas no estuviesen ejerciendo un acto político, sino que materializando el ideal de justicia. En Chile, la implacable persecución al movimiento de liberación nacional mapuche, con sus montajes, agentes encubiertos y testigos protegidos, constituye una clara demostración de que el accionar del llamado Poder Judicial es –ante todo- Poder Político.

Paradigma de este problema es el llamado juicio de Nüremberg, que pretendió ajusticiar a los máximos responsables del genocidio del III Reich.

En efecto, cuando Hannah Arendt comenzó la publicación de los textos que luego serían su “Eichmann en Jerusalén” la quisieron quemar. Había dicho que Adolf Eichmann era un imbécil, un ser humano sin más atributos que su “incapacidad de pensar” o cuyo pensamiento se construía mediante el encadenamiento de un número limitado de “topoi”, de fórmulas lingüísticas, de tópicos, es decir, un idiota normal y corriente de los paridos por el siglo XX, un “hombre masa”. No era ni siquiera uno de esos bohemios en armas, un lumpen de los que había producido la Gran Guerra y que Hitler encarnó mejor que nadie. Tampoco era un jovial delincuente como Göring o un sádico pervertido como Reinhard Heydrich; sólo era un zafio oficinista que cumplía diligentemente con sus obligaciones, un hombre normal; y esto, para la jauría de los otros imbéciles, era intolerable pues el “nazi” tenía que ser un monstruo, una anomalía, una aberración, un psicópata sanguinolento.

Los sionistas que se ensañaron contra la Arendt por esta afirmación, no repararon en la identidad de argumento y propósito de sus diatribas, con la forma en que Alemania -un país en el que después de 1945 nadie había sido nazi y todos decían haber sido emigrantes interiores- eludía su responsabilidad por el exterminio. Tampoco repararon en la coincidencia de lo que decían con la historiografía general sobre la Segunda Guerra Mundial, una historia que, por sistema, considera el universo concentracionario como una extravagancia en la racionalidad que la economía, el gobierno y la propia guerra, imponían en todas partes, también al tirano.

Sin embargo sí hubo nazis en Alemania, sí hubo complicidad de los alemanes con el exterminio, y el sistema concentracionario, como experimento de un modo de dominio total, no fue una anomalía inducida por un psicótico y sus secuaces, sino la manifestación central, contrarevolucionaria (en el sentido de hecho, sin precedentes que desmenuzaba e invertía cualquier acto y relación humana) de una novísima forma de poder.

Hoy en día esto no debería estar en discusión, después del libro de Christopher R. Browning, Ordinary Men (“Aquellos hombres grises”) o incluso, después del muy criticado texto de Daniel Goldhagen: “Los verdugos voluntarios de Hitler”, pero, por lo que se ve, lo está y la jauría de los idiotas se revela contra la posibilidad de convivir con la fría normalidad del mal absoluto, con el hecho de que en su normal idiotez exista la posibilidad del mal absoluto, con el hecho de que ese mal nazca de la opción que todos ellos tienen entre saber e ignorar y de que, ante esa elección, ellos prefieran la confortable y banal templanza en la que viven los ignorantes.

Pero lo que hizo que los detractores de Arendt dejaran de ladrar para ponerse a aullar, fue otra cosa, a saber: que los órganos administrativos judíos creados por los nazis en los guetos colaboraron activamente en el exterminio. Se gritó que, en esta apoteosis de su traición de renegada, la judía Hannah Arendt equiparaba a las víctimas con los verdugos, a los hombres buenos con los monstruos, a los sometidos a una compulsión radical, con los asesinos.

En realidad, culpaban a Hannah Arendt de un descubrimiento que no era suyo y que ella nunca quiso atribuirse, porque el libro es profusamente citado en el “Eichmann”. El colaboracionismo diligente de los Judenräte (Consejos Judíos) con el exterminio está detalladamente documentado en la monumental, exhaustiva e irrebatible obra de Raul Hilberg: “La destrucción de los judíos de Europa”, pero no pueden aceptar que la condición de víctima no santifique, que los canallas, los cobardes, los tontos, los serviles, los malvados, los parásitos, los ventajistas, los sinvergüenzas, los depredadores o las alimañas, también pueden ser víctimas y que en las situaciones límite en las que las condiciones más elementales de la vida se rarifican hasta el extremo, esta miseria humana emerge y envenena más que en ninguna otra situación. Sin embargo la compulsión no es bastante como para negar la existencia real, verbigracia, de un individuo como Mordechai Chaim Rumkowski, que estaba al frente del Consejo Judío del gueto de Lodz.

Es verdad que el caso de Rumkowski es extraordinario en su grotesca pompa, pero también es cierto que a los nazis nunca les faltaron “administradores” judíos, policías judíos, soplones judíos, canallas judíos. La víctima es pura en su condición de víctima, no en su condición humana, sin embargo esta distinción parece excesiva para quienes siempre es mejor negar los hechos si así su virtud prevalece.

También se escupió veneno contra Hannah Arendt a causa de las cuestiones jurídicas planteadas, cuestiones que siguen vivas en la dogmática penal y que aparecieron, por primera vez, con los procesos de Nüremberg: la posibilidad de la aplicación retroactiva de un derecho penal nuevo, la obligación de castigar hechos no tipificados en ninguna ley, porque eran hechos sin precedentes, pero de tal condición que hacían imposible la impunidad, la definición de la autoría en un contexto en el que, por sistema, esa autoría del delito se diluía en múltiples hechos, la mayoría de ellos inocuos, cometidos por distintos sujetos dentro de una cadena administrativa organizada al modo de las modernas fábricas capitalistas, la contradicción entre un delito en el que, cuanto más cerca se está de la víctima, menor es la responsabilidad del autor, el derecho de Israel a secuestrar y a ejecutar a Eichmann en tanto que Estado judío, o la causa de la que los jueces de Eichmann disponían para mandarlo a la horca, la causa de su condena.

Al plantear todas esta preguntas, todas estas cosas que estaban en cuestión, Hannah Arendt sólo resumió los problemas jurídicos a que nos sigue enfrentando el exterminio, problemas que están abiertos y siguen buscando una solución. El punto de partida, ineludible, y es aquello en lo que Arendt falla al moralizar el problema, es en dilucidar una cuestión previa: el carácter de clase del Estado y la Justicia que éste administra.

La justicia burguesa, justicia de clase para preservar los intereses y el orden social de la clase que la sustenta, puede llegar al extremo de encarcelar al Mamo Contreras de por vida o a a Corbalán o a Krassnoff. Todos, contradictoriamente, son distinguidos sirvientes del orden capitalista y no obstante ello, están tras las rejas.

El régimen y sus escribas y paniaguados, pretenderán señalar que tales condenas son un signo inequívoco de la imparcialidad de los tribunales, de su objetividad y racionalidad. Como si lo que estuviese en juego fueran bienes jurídicos abstractos y que su operatoria se desarrollara en el procedimiento penal y en sus laberintos procesales de pruebas y alegaciones.

El Tribunal Oral y lo que hagan las Cortes y demás intervinientes en estos procesos, como en todo proceso penal, es la materialización –en el sentido de justicia material- de los intereses de la propia burguesía, la que persigue con esta escenificación dotar a su propio poder de un aura moral, democrática y constitucional, a lo que en realidad es su mero arbitrio.

La Justicia –con mayúsucula como se dice, no sin ironía- no es otra cosa que una dimensión del poder político y el castigo es su epítome: es la advertencia que realiza el régimen, al conjunto de la nación oprimida, sobre lo ilimitado que es su propio poder.

En este último sentido las condenas a los genocidas, sólo en una mínima medida constituyen conquistas democráticas. Lo que domina en ellas, políticamente, es el constituir actos de poder político, el aporte de Hannah Arendt en esta materia es de gran valor y contribuye a la desmistificación de la justicia.

En este curso de ideas se enfrentan los intereses de clase antagónicos, no se trata de la superficialidad procesal o de la dimensión del garantismo. Se trata del choque programático entre el aparato burocrático del Poder Judicial y el desafío de hacer Justicia con Tribunales Populares. Aquí no hablamos de otra cosa más que del poder.

(Fotografía: Hannah Arendt, de su archivo privado)

¿Quiénes son los Luchsinger?

Un trabajo del historiador Martín Correa señala que Adán Luchsinger Martí y sus hijos no sólo compraron terrenos que habían sido arrebatados a los mapuches en Vilcún. También acusa que corrieron deslindes y cobraron en suelos las deudas que los comuneros adquirían en la pulpería de los patrones. Los fundos de la familia Luchsinger en Vilcún, cinco en total, se remontan a 1906, cuando el colono suizo Adán Luchsinger Martí compró 60 humildes hectáreas a un inmigrante alemán. Más de cien años después, las tierras del clan en esa zona suman 1.200 hectáreas, las que son reclamadas por las comunidades mapuches vecinas.

Son los mismos predios donde murió baleado el joven Matías Catrileo. Porque ni en los agitados años de la Unidad Popular esta familia había visto peligrar, como ahora, sus extensas propiedades. El último atentado al fundo Santa Rosa motivó que, por primera vez en cien años, un ministro del Interior visitara a este clan. ¿Cómo llegó esta familia a Chile? ¿Cuáles son sus orígenes? ¿Es cierto que usurpó las tierras, como reclaman las comunidades mapuches aledañas?

El historiador Martín Correa Cabrera, investigador del Observatorio de los Derechos Indígenas, hoy Observatorio Ciudadano, publicó este año un estudio sobre los inicios de los Luchsinger en Chile y su relación con los mapuches. Jorge Luchsinger, dueño del Santa Margarita, ha repetido una y otra vez que los campos de la familia están “saneados, oleados y sacramentados”, y que ellos dan trabajo a los mapuches vecinos, con quienes no tendrían conflictos, porque los “agitadores son foráneos”. En su investigación, Correa aporta antecedentes distintos.

EL PRIMER LUCHSINGER
El clan desciende de Adán Luchsinger Martí, quien nació el 22 de noviembre de 1868 en la ciudad de Engi, cantón suizo de Glarus. Llegó a Chile en 1883 y, antes de Vilcún, se asentó en Quechereguas, actual comuna de Traiguén, 70 kilómetros al norte de Temuco. El 10 de mayo de 1893 se casó con la inmigrante alemana Margaretha Rüff Studer. Al igual que cientos de otros colonos italianos, franceses, suizos y alemanes, Adán Luchsinger fue “enganchado” en Europa por la Agencia de Colonización. Arribó a Talcahuano, puerta de entrada a la “Mesopotamia” de América del Sur. Con ese nombre se difundía en el viejo continente, en aquella época, a la recién pacificada Araucanía.

En Quechereguas, Adán Luchsinger recibió una concesión territorial de 60 hectáreas del fisco chileno, más una yunta de bueyes, una vaca parida, semillas y madera, entre otros bienes. En esta sencilla hijuela nacieron sus hijos Conrado, Enrique, Carlos y Melchor. En 1906, la familia Luchsinger se trasladó a Vilcún, a 20 kilómetros al oriente de Temuco. Ese año, Adán compró 60 hectáreas al colono alemán Emilio Quepe y, según consta en el Conservador de Bienes Raíces de Temuco (CBRT), a partir de 1909 el patriarca del clan no paró de adquirir terrenos, hasta totalizar más de mil hectáreas. A su muerte, en 1936, la herencia se dividió entre los cuatro hijos.

De acuerdo al Registro de Propiedades del CBRT, en la actualidad los descendientes de estos cuatro vástagos tienen cinco predios: el mencionado fundo Santa Margarita, de Jorge Luchsinger Villiger; el fundo Santa Rosa Lote 1, de Rodolfo Luchsinger Schiferli; el fundo Santa Rosa Lote 2, de Enrique Luchsinger Schiferli; el fundo Santa Rosa, de Eduardo Luchsinger Schiferli, y otro fundo Santa Rosa, también a nombre de Enrique Luchsinger Schiferli.

CASTIGO A LOS MAPUCHE
También de 1908 y 1909 datan los títulos de merced concedidos a las diez comunidades mapuches de Vilcún que rodean los terrenos de los Luchsinger. Se trata de numerosas familias que han denunciado una historia de despojos y usurpaciones, primero de parte del Gobierno chileno de esa época, y a manos de los Luchsinger después. En efecto, tras la “pacificación”, el fisco consideró que los terrenos de los mapuches sin trabajar eran sitios baldíos y los requisó. Si las comunidades acreditaban la posesión de su tierra por el tiempo que la ley exigía, se podían quedar en la “reducción” o “reserva”. En eso consistía el título de merced, en un terreno reducido y reservado para indígenas.

En cambio, a las familias de colonos europeos el Estado chileno les entregaba hijuelas de 70 cuadras, más otras 30 por cada hijo varón mayor de 10 años. También recibían los pasajes gratis hasta Chile, tablas, clavos, una yunta de bueyes, una vaca con cría, arado, carreta, máquina destroncadora, pensión mensual durante un año y asistencia médica por dos. Aquí está la raíz del problema, según el historiador Martín Correa: “Mientras a los mapuches se les castiga y reduce por carecer de medios de trabajo, a los colonos el Estado chileno los apoya, subvenciona y les entrega medios de trabajo”.

El problema, asegura, se agravó cuando los colonos demarcaron los terrenos con líneas rectas. Las posesiones mapuches explica Correa siempre se han deslindado a través de accidentes naturales, como ríos, quebradas y alturas máximas. En cambio, las líneas rectas dibujadas en un plano poco o nada tienen que ver con la ocupación real y efectiva de un terreno. De ahí, entonces, las denuncias que recogió el investigador acerca de deslindes corridos “a la mala”.

HORA DE COBRAR
El comunero Moisés Quidel entregó a Correa un relato que viene de sus abuelos: “Antes estaba Adán Luchsinger, Conrado después… La cosa es que antiguamente había poca gente y cerco no había; entonces, como ellos eran de plata hicieron cercos y marcaban donde se les antojaba no más, ¿Y qué iban a hacer los peñis, si no había medios? Y después que cercaron llegó la mensura, hicieron todos los documentos”. Quidel también le contó que Conrado Luchsinger “se instaló con una pulpería y los viejos decían que fue tanto el proceso de reducción, fue tan violento el proceso de poscolonización, que hubo gente que quedó totalmente empobrecida, quedó sin tierras, sin animales, les quitaron todos sus sembrados y ya no podían sembrar nada“.

“Entonces, los peñis antiguos prosigue el relato iban a buscar harina para sobrevivir, trigo, sobre todo en las épocas de noviembre y diciembre, de grandes hambrunas. Mucha gente murió de hambre, y ahí Conrado Luchsinger abría libretas y la gente iba hipotecando sus corderos, sus animalitos y sus tierras. Y cuando llegaba la época [de cobrar] salía con carabineros, corría los cercos y así fue ampliando sus tierras, cobrando toda la plata de las deudas de la gente que compraba para sobrevivir. Al tiempo, él llegaba: ‘Tanto me debe usted, y como no tiene con qué pagarme, me paga en tierra’. Eso lo hacía en todas las comunidades”.

Jorge Luchsinger, hijo de Conrado, contó en una entrevista a la revista “Qué Pasa” que “nosotros teníamos una pulpería en el fundo. Cada sábado la gente pedía, se le anotaba en el libro y a fin de mes se le hacía la liquidación y se le pagaba el saldo. Empezaron a decir que cobrábamos mucho por la mercadería, que no eran productos de calidad. Después reclamaban que la comida que les dábamos era mala, que tenía gusanos. Tiraban los platos al piso. Fueron las primeras protestas”.

DEVOLUCIÓN DE TIERRAS
Con estas “primeras protestas”, el hijo de Conrado Luchsinger se refería a los años de Eduardo Frei Montalva y la reforma agraria, entre 1964 y 1970. Si bien a ninguno de los Luchsinger se les expropiaron terrenos, Jorge devolvió “voluntariamente” algunas tierras a los mapuches. Éstos dicen que fueron pedazos de cuatro o seis hectáreas, nada importante. Sin embargo, las demandas territoriales tuvieron un gran auge en el Gobierno de Salvador Allende. En 1971, después de cuatro juicios, Jorge Luchsinger debió restituir 56 hectáreas a las comunidades Pedro Tori, Juan Cuyanao, Antonio Canío y Santos Marihueque.

Después del golpe de 1973 muchos latifundistas aprovecharon de “pasar la cuenta” a los activistas de sus fundos, hay detenidos desaparecidos de ese pueblo, pero las familias de las víctimas no hicieron gestiones judiciales o de otro tipo. Según el Informe Rettig, las causas de esta pasividad pueden haber sido el temor, el desconocimiento de cómo proceder, y una fundamental desconfianza en las instituciones del Estado.
Como sea, la familia Luchsinger estuvo tranquila hasta 1999, cuando la organización Ayjarewe Wenteche, de Truf Truf, sector ubicado al sur del fundo Santa Margarita, protagonizó la primera ocupación permanente de ese predio. Luego, en 2000, vinieron los atentados incendiarios, y a partir de 2005, el predio cuenta con vigilancia permanente de carabineros.

DEMANDA EN CONADI
La investigación de Martín Correa también estableció que sí hay una reclamación por las tierras de los Luchsinger. Ellos insistían en que no había una demanda territorial. Sin embargo, en un catastro de la Conadi, aparece la comunidad Antonio Caniu en proceso de reclamación del fundo Santa Margarita. El informe de Correa termina con otro mentís a la supuesta buena relación de los Luchsinger con sus vecinos mapuches. Se trata de un canal de tres metros de ancho por tres de profundidad que Jorge Luchsinger construyó en parte del perímetro de su predio. Tiene casi cinco kilómetros de largo y, según el agricultor, lo hizo para defenderse, porque “no me quedó otra alternativa”.
Los mapuche están indignados. “Hizo un tremendo canal con máquina, ¿y qué no se muere ahí? Vacunos, un caballo se nos cayó, conejos, todo cae ahí. Y la veta de agua la rompió en la parte de arriba, nos dejó secos, y en esta parte de acá nos inunda (…)”, señalan los comuneros que colindan con el fundo Santa Margarita.

“Es un tremendo daño agregan , echó abajo todo el bosque nativo, había como dos mil hualles grandes, arrasó con todo; así que ése sí que es un gran destructor. En ese canal se llega a caer uno en tiempo de invierno, lleno de agua, hasta ahí no más llega. Pa’l 18 [de septiembre] se cayó uno, Antonio Namuncura, murió ese hombre (…) No vamos a decir que es un gringo buena persona (…) Además, eso que dice de que da trabajo, más de cinco trabajadores no tendrá. ¿Y cuánto les paga? Una miseria. Entonces, él en la televisión lo cuenta bonito, en la prensa, pero no es así”.

 

Resulta importante volver sobre estos hechos para mejor comprender el contexto en que tiene lugar la huelga de hambre de la machi Francisca Linconao, que entera 15 días en huelga de hambre en demanda de un proceso justo que le permita enfrentar el juicio que se sigue en su contra en su domicilio. Detrás de la querella antiterrorista sostenida por el Estado y el gobierno de Bachelet, se esconde el inveterado integracionismo genocida que pretende acallar el reclamo de autodeterminación mapuche, mediante su aplastamiento. El historial de los Luchsinger es el historial particularizado de la burguesía chilena en la ocupación del wallmapu, es el historial del saqueo, del racismo y la opresión nacional en que se sustenta el Estado chileno.

 

(Fotografía: Enfrentamiento de integrantes del clan Luchsinger-Mackay, julio de 2013)