Editorial: Las Lecciones del 2016

El año que termina resultó siendo decisivo. La crisis de los partidos patronales, especialmente aquellos agrupados en la Nueva Mayoría, terminaron por quebrar su capacidad electoral y se abrió una grieta en el régimen por donde comienza a expresarse el descontento de las masas. Son las masas y no los actos electorales, los verdaderos protagonistas de este año.

Lo dijimos en nuestra primera editorial, un día antes del triunfo de Sharp en Valparaíso: no vamos a hacer análisis electoral ni mucho menos a hacer pronósticos. Para eso están los grandes consorcios periodísticos y las multinacionales de las encuestas. Resulta penoso observar cómo la prensa del régimen obsesivamente esconde la cabeza en la arena electoral, cuando lo que se derrumba son las ilusiones en la democracia, la legitimidad institucional y la capacidad de los partidos burgueses para controlar la crisis permanente en que se hunde el capitalismo.

Los medios oficiales nos presentan la realidad política –no pueden hacer otra cosa- como todo aquello que circunda las elecciones y están empeñados, a muerte, en hacernos creer que los grandes problemas nacionales pasan por Piñera, Lagos, Guillier u Ossandón. En la izquierda aparecen los nombres de Atria (IS), Claude (TALM) y otros de aún menor visibilidad, pensamos en Artés (UP), cuyas candidaturas responden a la necesidad de agrupar militancia, de diferenciarse y de hacer este proceso en referencia, también, a las elecciones. Los grandes candidatos de la burguesía están condenados al mismo fracaso del régimen al que expresan; los pequeños candidatos de la izquierda, han tomado el camino de la intrascendencia.

Si hay un rasgo distintivo en lo que nos deja el 2016, es el protagonismo que recuperan las masas y que desde el 2011, caracterizan la emergencia de un soterrado, sostenido e incontenible ascenso. Si el 2011 fueron los estudiantes, en un ascenso con muchas similitudes al de los últimos 5 años de la Dictadura, el 2016 fueron ya los trabajadores. Movilizados en la calle contra las AFP, en centenares de huelgas dispersas (ayer Sodimac, hoy Banco del Estado) y dando cuerpo y continuidad a levantamientos populares como los de Aysén, Punta Arenas, Freirina y este año, la Marea Roja de Chiloé.

Pero aún más, lo verdaderamente significativo de este ascenso lo conforman el proceso de cambio de las direcciones obreras. La CUT se encuentra paralizada por la descomposición de la burocracia oficialista y amarilla que usurpa su dirección desde 1990; la ANEF puso término al reinado oficialista de De la Puente; el Colegio de Profesores renueva su directiva, más que por contenido, en rechazo a la conducción oficialista de Gajardo.

En todos estos casos, hay más pero son lo más representativo, la dirección tradicional colapsa y se abre espacio a una nueva dirección que no se presenta acabada, pero que expresa el descontento de las bases. Con los mismos fraudes electorales con que se mantuvieron todos estos años, ahora ya no es suficiente porque las bases reclaman intervención directa y el proceso de asambleas resolutivas viene estrangulando a una burocracia acostumbrada a liquidar los movimientos “por arriba”.

Esta es la conclusión más nítida que nos deja el 2016. Nos deja la alcaldía de Sharp en Valparaíso que nos parece defendible porque expresa un movimiento de las bases como el Pacto Urbano la Matriz; nos deja la nueva dirección del Colegio de Profesores; nos deja el campo abierto para pelear por una nueva dirección en la ANEF y en la CUT.

No nos equivoquemos. Estas nuevas direcciones son importantes porque expresan un fenómeno popular de bases movilizadas (es lo que aterra a los fascistas de la UDI), pero son direcciones en formación. Lo saben los autonomistas que realizan su Congreso en este mes, lo saben en general los que aparecen disponibles para un frente amplio, lo saben los militantes revolucionarios que hay en la Izquierda Socialista del PS, lo sabe la directiva de No+AFP: lo sabemos todos, es necesaria la formación de una nueva dirección política que exprese el poderoso movimiento de masas que tiene en jaque al orden establecido.

Por lo mismo, la formación de esta nueva dirección política de lo menos que necesita es de candidatos presidenciales. Lo que necesitamos es un programa, una teoría y una estrategia. La proa en dirección a la revolución socialista y los remos sobre las aguas en las que hoy navegamos, dando respuesta a los problemas desde dentro de este movimiento sin estridencias ni autoproclamaciones, pero sin oportunismo. La respuesta es confiar en el ímpetu de combate de las bases de trabajadores, la respuesta es la unidad en la movilización y la lucha implacable en contra de los patrones y su régimen.

En el Comité Editorial de este periódico -sin ir más lejos- tenemos profundas diferencias programáticas, teóricas, sobre la caracterización del período, el tipo de revolución que propugnamos, la valorización de la democracia, la dictadura del proletariado, pero tenemos un acuerdo mínimo que nos permite existir: se caen la direcciones tradicionales, implosionan, y se presenta un extenso espacio político que es necesario expresar en concreto en términos de lucha y darle una perspectiva de clase, revolucionaria. Somos una expresión más de esta transitoria bolsa de gatos que está siendo la izquierda chilena en el día de hoy.

Nos acercamos al centenario de la primera revolución obrera triunfante de la historia –la primera, no la última como desean nuestros enemigos-, la gloriosa Revolución Rusa. Qué mejor que citar a Trotsky, junto a Lenin, uno de los máximos exponentes de este proceso revolucionario, que en 1932 hacía referencia a las tareas de los revolucionarios en un proceso convulsivo en los EE.UU. que tenía muchas similitudes con lo que vivimos hoy: “Considerar al partido laborista como una serie integrada de frentes únicos significa no comprender el concepto del frente único ni el del partido. El frente único está determinado por circunstancias y objetivos concretos. El partido es permanente. En un frente único mantenemos las manos libres para romper con nuestros aliados circunstanciales. Estar en un mismo partido con estos aliados implica atarse a la disciplina e incluso al hecho mismo del partido. Hay que comprender bien la experiencia del Kuomintang y la del Comité Anglo-Ruso. La línea estratégica determinada por la falta de independencia del Partido Comunista y el deseo de entrar al partido “grande” (Kuomintang, Partido Laborista) produjeron inevitablemente todas las consecuencias propias de la adaptación oportunista a la voluntad de los aliados y, por intermedio de éstos, a la del enemigo. Tenemos que educar a nuestros cuadros en la certeza de que la idea comunista es invencible y en la fe en el futuro del partido revolucionario. La lucha paralela por otro partido provoca inevitablemente una dualidad en sus mentes y los vuelca hacia el oportunismo”.

 

(Fotografía, Peña de la CUT, Valdivia, 1965)

La Clase Media y la Revolución Socialista

por Gustavo Burgos

 

El jueves pasado, en su temperado estilo oficialista, The Clinic, el portavoz de la pequeña burguesía educada, visualiza la perspectiva del fascismo. “Furia y fascismo”, anticipa la editorial, son los elementos que erosionan el diálogo político republicano y preparan el terreno para liderazgos antidemocráticos. Con su impotencia proverbial nos propone la necesidad de que “todos juntos” podamos superar este momento.

En una columna también del jueves pasado, el crítico Daniel Matamala (CNN) lamenta el reconocimiento que por distintas vías están recibiendo los Angelini, Ponce Lerou y Antonio Moreno (el Canciller de Bancard), por parte de los grandes organismos empresariales, a pesar de que estos mismos señores están implicados en casos de financiamiento ilegal de la política, y que tienen formalizadas  investigaciones criminales en contra de sus principales empresas (CORPESCA, SQM, PENTA) y ejecutivos, en un proceso que de conjunto ha sacudido al régimen y ha puesto el prestigio de la institucionalidad burguesa por los suelos.

Matamala y el Clinic –en sus particulares estilos-  coinciden en reprochar la inmoralidad y apelan al civismo republicano que –imaginan- en algún momento de la historia del país habría caracterizado al Estado chileno. En la misma línea se inscribe Camila Vallejo censurando a los ambientalistas detractores de Andrónico Luksic quienes, a la salida de una audiencia judicial lanzaron una piedra que golpeó al oligarca. “Estas no son las formas adecuadas en democracia”, aseguró.

No es el ambiente navideño y de fin de año. La moralidad, desde hace ya un tiempo, se ha tomado la escena política. En las elecciones del 99 un esperpéntico Frei Bolívar planteaba “reencantar” la política. Con diversas ópticas estos sectores expresan genuinamente sus aprehensiones. En efecto, la intelectualidad, la clase media acomodada, la pequeñaburguesía atenazadas –como están- por el conflicto entre las clases fundamentales en toda sociedad capitalista –la burguesía y el proletariado- cuando el orden social empieza a crujir corren a refugiarse en las madrigueras (cuando no en las cavernas) de la ética y la moral.

El viernes pasado, en una incomprensible y vergonzosa capitulación (que preferimos atribuir a senilidad) el cura Mariano Puga prestó su nombre como luchador antidictatorial para legitimar el acto de “perdón” que los gorilas de Punta Peuco realizoron, con la calculada finalidad de abrir una puerta para la impunidad, la misma que usara exitosamente dos veces Pinochet en Inglaterra y luego en Chile: las consabidas razones humanitarias fundadas en la demencia senil de los genocidas.

Sobre este punto, al contundente rechazo que esta iniciativa ha merecido por los organismos de DDHH, sólo podemos agregar dos observaciones. Sepan estos católicos asesinos, si de verdad quieren honrar la lúgubre institución en cuyas letrinas hoy se amontonan, que deben cumplir su condena íntegramente, no hay otro acto de reparación posible. Segundo, si fueron incapaces de tomar un arma en defensa de la patria, tengan el mínimo decoro de morir en silencio tras las rejas. Si lo que buscan es redimirse, así lo habrán logrado. Pero sabemos que nada de eso les interesa ni a quienes penosamente ofician de sacerdotes ni a los grotescos arrepentidos: su búsqueda es la impunidad, no otra cosa.

Todos estos devaneos morales son la expresión más clara de la enorme influencia que ejerce en nuestro país, la llamada clase media o pequeña burguesía. ¿Por qué se expresa de este modo la pequeñaburguesía?. Intentaremos dar respuesta a esta pregunta.

Siendo claro que es clase social aquél sector de a sociedad que se define por su común relación con la propiedad de los medios de producción, es sabido que Marx dejó al menos inconclusa su teoría sobre las clases sociales. Pero el ulterior desarrollo del marxismo, en particular el producido por la Revolución Rusa, permitió establecer que siendo las clases fundamentales en el capitalismo, la burguesía y el proletariado, la lucha de revolución y contrarrevolución se desenvuelve en gran medida por la capacidad que tengan estas clases de arrastrar al conjunto de las restantes clases sociales bajo su liderazgo. El concepto de dictadura del proletariado y su expresión popular, el gobierno obrero-campesino, encarnan la idea de que en países atrasados el proletariado ha de arrastrar a la mayoría nacional no proletaria, bajo su liderazgo.

En efecto, la democracia burguesa representativa es la forma más elevada y sofisticada que ha desarrollado la burguesía para ejercer su dominación, como minoría explotadora sobre el conjunto de la sociedad. A través de ella, de la fantasía que bajo su dominación los hombres somos “libres e iguales en dignidad y derechos” y de la intangible propiedad privada de los medios de producción, la burguesía crea la apariencia de un pacto social, de un ordenamiento jurídico en tanto sistema de derechos. De esta forma todo el debate político en una república burguesa, por lo mismo, se reduce a la disputa de las distintas facciones políticas que compiten por preservar y legitimar este orden social. Sobre este tema los posmodernistas han escrito bibliotecas, desde Foucault hasta Byung-Chul Han.

Por el contrario, el proletariado, privado del poder, no dispone ni del parlamento, ni de los medios de comunicación ni de las campañas electorales para expresarse políticamente. Sin embargo, en cada movilización de masas, en cada huelga, en cada lucha callejera estamos presenciando –de forma directa- la capacidad de las masas explotadas para imponerse en la arena política. Aún sin su propio partido revolucionario, aún sin las armas en las manos, los trabajadores no enseñan, con sus métodos de acción directa cuál es el camino para la emancipación social de la explotación y el capitalismo.

Como anticipábamos, en países de capitalismo atrasado y sometido semicolonialmente, el incipiente desarrollo de las fuerzas productivas –como ocurre en Chile, en toda América Latina y ocurrió en la Rusia zarista- condiciona que el proletariado trabajador sea una minoría. Esta condición minoritaria del proletariado lo obliga –si realmente quiere acceder al poder- a erigirse como caudillo de la nación oprimida. Esto significa que la clase obrera, el proletariado, la masa de trabajadores asalariados, han de alzar no sólo las banderas del socialismo, sino que además todas aquellas reivindicaciones democráticas que la burguesía criolla ha sido incapaz de cumplir, desde que se frustrara el desarrollo capitalista en la guerra de Independencia de la Corona española.

Esto supone que la revolución chilena será proletaria en sus métodos (insurrecional) y socialista y democrática por su contenido, porque ha de apoyarse en la inmensa masa de explotados del campo y la ciudad que forman la heterogénea pequeñaburguesía en sus más diversas formas desde campesinos, pescadores, pequeños comerciantes, hasta profesionales independientes e intelectuales. Este enorme conglomerado social –no asalariado- junto a la moderna clase media urbana y a las nacionalidades originarias oprimidas, conforman un mosaico de colosal amplitud que da cuerpo a la mayoría nacional en cuyo liderazgo debe empeñarse el proletariado y quienes aspiramos a la revolución, los auténticos socialistas.

Este choque sordo, irreconciliable, entre burguesía y proletariado constituye el pulso de la lucha de clases. En torno a los movimientos de estas clases girarán las clases restantes dependiendo de la capacidad de liderazgo que aquellas desplieguen. En períodos como los últimos 25 años, de estabilidad institucional, este liderazgo lo ha ejercido la burguesía casi sin contrapeso por la vía de la democracia burguesa, potenciado por el entorno internacional y logrando la disciplina de la pequeñaburguesía. En períodos revolucionarios la pequeñaburguesía se quiebra y tiende a adoptar posturas extremas, buscando que la tormenta social los encuentre a buen resguardo. Es lo explica la polarización social y la radicalización de derecha e izquierda que se observó en Chile desde los 60 hasta el Golpe del 73.

La radicalización o polarización guarda estrecha relación con la impotencia de la pequeñaburguesía o clase media, es su única forma de sobrevivir en medio de la tormenta social y es lo que da cuerpo a su tragedia política. La clase media -aún cuando sea umbilicalmente- se encuentra conectada con la gran burguesía a través de su pequeña propiedad que teme perder en las garras de los bancos o de los obreros movilizados, esto lo vuelca hacia el fascismo. Por otro lado, los sectores intelectuales de esta clase media, tienden a verificar sus aspiraciones de libertad y de igualdad de la mano de la lucha de los trabajadores.

De esta forma la pequeñaburguesía se conecta con la revolución. Estamos mal acostumbrados a escuchar esta categoría política y traducirla como un agravio. No es así, cuando hablamos de la pequeñaburguesía hablamos de una clase social con cuerpo histórico y rasgos distintivos cuya conducta política es perfectamente discernible de la de la burguesía o de la del proletariado. Cuando no se es dueño de los medios de producción como la burguesía, ni cuando se produce social y colectivamente como hace el proletariado, lo único que queda al pequeñoburgués, repetimos no es un anatema, es la idea, sus propias ideas, su moral.

Francisco Bilbao, el célebre romántico de la Sociedad de la Igualdad, masón y latinoamericanista, en 1856, al presentar su Iniciativa de la América del Sur, una  especie de Junta de Coordinación Revolucionaria de la época, califica  “este momento sagrado de la historia, por medio de la iniciación que nosotros emprendemos para que se manifieste la creación moral del nuevo continente”. Edwards Bello, cronista, poeta e incisivo cronista, dedicó toda su extensa y diversa obra a poner de relieve la decadencia de la moral y las costumbres en nuestro país. Sus textos pueden ser leídos hoy y, si cambiamos algunos nombres y fechas, serían de una actualidad y pertinencia totales en el debate político de hoy.

No queremos extendernos más en este punto, pero la formación del Partido Radical, del Partido Demócrata, el discurso de los propios Frentes Populares, la actividad de buena parte de nuestros intelectuales, desde hace más de un siglo viene planteando las mismas ideas: que el país está en decadencia, que la democracia no es participativa, que el ordenamiento jurídico legitima la inequidad y que los problemas sociales se resuelven con mejor educación y mayor participación democrática. Es el mismo discurso que escuchamos hoy desde distintas trincheras como Revolución Democrática o los autonomistas y que –obviamente- se nos presenta como un discurso innovador, juvenil, extra sistema etc.

A modo de conclusión

Compañeros, la unidad de la izquierda pasa por el esclarecimiento de estas cuestiones. Quienes nos reclamamos de izquierda, militantes de la revolución socialista y de la clase trabajadora, debemos dejar en claro que la reivindicación del socialismo importa la destrucción del Estado burgués, la expropiación de la burguesía y la instauración de un régimen de poder asentado en los órganos de poder de las masas, una auténtica democracia obrera. Mientras subsista el Estado burgués, aún pletórico de derechos económico sociales, será siempre una organización criminal al servicio de la minoría explotadora; por más extensa que se nos presente la democracia burguesa representativa, será siempre un instrumento de legitimación de la dictadura del gran capital sobre  la mayoría nacional. Esta es la lucha en que ha de inscribirse la clase media pues no tiene un camino propio. Es revolución o contrarrevolución.

Los graves problemas sociales que arrastran a nuestra sociedad al abismo de la barbarie no serán resueltos en la arena institucional o electoral. Ni aún la más espléndida de las Asambleas Constituyentes será capaz de conjurar el ímpetu contrarrevolucionario de la burguesía.

Las masas ya nos han marcado el camino. El multitudinario movimiento de trabajadores que se han en encolumnado tras la consigna de NO+AFP, han abierto una brecha, una trinchera de lucha contra el corazón del aparato financiero del gran capital. En efecto, la simple reivindicación de un sistema de seguridad social –que en Chile no existe- ha puesto en jaque a los poderosos y cuestiona las bases en las que se ha sustentado la reproducción ampliada del capital desde 1981.

Ayer lo fue la Educación Gratuita. Mañana lo será la Salud Pública o el Derecho a la Vivienda. Todas y cada una de estas elementales reivindicaciones, si son sostenidas consecuentemente, serán suficiente para poner en entredicho la dominación capitalista. Nos van a responder, llorando como Luksic, que no se puede, que es irracional, que más adelante. La respuesta socialista es clara: no hay más tiempo, si no pueden garantizar las elementales condiciones de vida de sus esclavos, los explotadores deben ser expulsados del poder. Así de simple, se van del poder al basurero de la historia con su parlamento, tribunales y con su Constitución y principios democráticos.

Si los trabajadores no toman el poder en Chile, nuestro país estará condenado a la miseria y al fascismo. Se es yunque o se es martillo. Para dar esta lucha debemos construir nuestro propio partido revolucionario, un verdadero partido socialista, el partido de la revolución socialista.

(Ilustración: La caída de los ángeles rebeldes es un óleo del pintor renacentista flamenco-holandés Pieter Brueghel el Viejo, realizado en 1562.)

Los cuatro tercios de la Izquierda en Chile

por Ibán de Rementería

El primer tercio de la izquierda es el conjunto de partidos y movimientos que intentan formar el Frente Amplio, conformado por Revolución Democrática, Partido Humanista, Izquierda Autónoma, Movimiento Autonomista, Izquierda Libertaria, Nueva Democracia, Convergencia de Izquierdas, PoderIgualdadEcologista VerdePaís y el Partido Liberal, cuya principal caracterización es definirse como autónoma de la Nueva Mayoría, tercio al  que por ahora prefiero llamar la otra izquierda; el segundo tercio de la izquierda es el Partido Comunista que hace maromas para estar en el Gobierno y la calle al mismo tiempo, el tercer tercio es la Izquierda Socialista tendencia del Partido Socialista que con la candidatura presidencial de Fernando Atria y su programa anti neoliberal trata que el Partido Socialista vuelva a ser socialista; finalmente, el cuarto tercio, la centro izquierda,  son los sectores liberal demócratas, que se visten de social demócratas  para defender el progresismo neoliberal y constituyen la mayoría de las direcciones de los partidos de la Nueva Mayoría y detentan los principales cargos de la administración del Estado: ministros, subsecretarios, jefes de servicios, intendentes, diputados y senadores, consejeros regionales, alcaldes y concejales. Normalmente después de cumplir con sus servicios públicos esos funcionarios  se van a los consejos de administración de las empresas privadas, es más muchos van y vienen.

Las elecciones municipales en Valparaíso y Pedro Aguirre Cerda muestran que el triunfo de la otra izquierda “si es posible”, mientras que las de Santiago y Providencia muestran el abandono que los vecinos están haciendo de la Nueva Mayoría, la abstención de los sectores de izquierda y progresista le  terminaron dando el triunfo a la derecha, cuya clientela es leal, disciplinada y siempre va a votar. Las recientes elecciones en el Colegio de Profesores y la ANEF han sido otra demostración contundente del rechazo social al cuarto tercio de la izquierda. La Democracia Cristiana y el Partido Socialista fueron barridos de la ANEF donde se impuso un Partido Comunista con un nuevo liderazgo, pero ellos fueron barridos del Colegio de Profesores por una alianza de la otra izquierda con un sector socialista. Como en las elecciones municipales, con un 65% de abstención, en las organizaciones sociales el fantasma del abstencionismo que las recorre superó  el 75%. Y seamos claros, el abstencionismo es una opción y una  conducta política consciente, como lo dijo el cantante Alberto Plaza: “La mala noticia es que ganó Trump, la buena es que perdió Clinton”.  

Lo claro es que el cuarto tercio de la izquierda chilena se ha quedado fuera de ella y del espacio político que quiere representar, no tan solo por razones matemáticas; dos han sido las razones del abstencionismo creciente desde los años 90 por los electores de la Concertación y luego de la  Nueva Mayoría: primero, la incapacidad durante los gobiernos de la Concertación de producir un programa económico, social y político alternativo al neoliberalismo instaurado por la Dictadura Militar y ahora por no haber concretado el programa de la Nueva Mayoría pese a serlo en el parlamento, ésta es la desafección de la ciudadanía por los partidos de esa coalición ; segundo, el conocimiento público del contubernio ilícito y clandestino entre los partidos políticos y el empresariado nacional e internacional, la corrupción de la política, este es el rechazo de la ciudadanía por este conglomerado político. Desafección y rechazo que se expresa como abstención de los votantes de izquierda y progresistas, que se va convirtiendo en el trasvasije de votos de la Nueva Mayoría hacia la otra izquierda, eso fue lo que pasó en las municipales de Valparaíso,  Pedro Aguirre Cerda y Arica.

La inquietante situación electoral presidencial, para no decir lúgubre,  sin candidatos que prendan en las encuestas, con un Piñera estancado y sin competencias significativas que lo puedan sustituir, pese a que su ética de negocios y política se muestra cada vez más dudosa de sostener en la opinión nacional; mientras que por la centro izquierda Alejandro Guillier parece llevárselo todo, pone los temores e incertidumbres  de las elites políticas tradicionales de la NM y  CHV, incluido aquel mismo, al más alto nivel ya que no se sabe que puede hacer ese señor, al parecer él tampoco.

Las tendencias actuales señalan una próxima confrontación presidencial entre  Piñera y Guillier, pero la polarización de la otra izquierda y la Izquierda Socialista puede cuajar en una candidatura presidencial única para enfrentar el neoiliberalismo, continuar y completar las reformas prometidas por la Nueva Mayoría, lo cual a no dudarlo puede producir un pánico político, como en 1964 cuando la derecha abandonó a su candidato Julio Durán para apoyar a Eduardo Frei y así impedir el triunfo de Salvador Allende, entonces, bien puede suceder que Guillier sea el candidato para parar al que lidere la otra izquierda.

21 de diciembre de 1907. La Masacre de Santa María

por Humberto Valenzuela

«En 1907, los obreros pampinos de la Provincia de Tarapacá solicitaron de los salitreros que sus salarios fueran pagados en oro, ya que éste se hacía en papel moneda y fichas, en circunstancias que el salitre se cotizaba en oro esterlino y el pago de los artículos de primera necesidad se hacía al cambio de nuestra moneda. Pidieron también que se estableciera el libre comercio en las oficinas, ya que existía el monopolio por parte de los salitreros, quienes eran a la vez dueños de las Pulperías, únicos centros de abastecimiento existentes. Solicitaron además, que se establecieran balanzas en las pulperías, pues las ventas eran “al reverendo lote”, y la abolición de las fichas, con las cuales se pagaba el trabajo de los obreros. Además, este sistema tenía el inconveniente de que las fichas de una determinada firma salitrera no tenían ningún valor en las oficinas de otras firmas y cuando los obreros debían ir a un pueblo cualquiera, o bajar al puerto, estas fichas no poseían ningún valor; entonces, los obreros tenían que verse en la necesidad de cambiar éstas fichas por dinero, en los mismas oficinas, con un cincuenta por ciento de descuento sobre su monto total, robándoles así la mitad de sus dineros. Los pampinos pedían también que cuando no se pagare una carretada de caliche por estimarla de baja Ley, ésta no fuera utilizada en la elaboración de salitre, como se estaba haciendo por parte de los administradores. Pedían además, que no se despidiera a los obreros que participaran en la huelga, o que se les indemnizara como corresponde, y que todos los acuerdos a los que se llegara fueran reducidos a Escritura Pública, firmada por los delegados obreros y los patrones. ¡¡ Y pensar que por pedir y defender todo esto, los mataron!!

Como de costumbre, los patrones rechazaron de plano estas peticiones; y los obreros decidieron la huelga. Esta se inició de inmediato en las oficinas San Lorenzo y en Jaspampa, extendiéndose rápidamente a toda la Pampa del Tamarugal y a los cantones Norte y Sur Lagunas. Paralizaron cerca de treinta oficinas con un total aproximado de 12 mil obreros. Era el día 10 de Diciembre de 1907.

El día 13, se realizó una concentración en el alto de San Antonio, un pueblito salitrero. Se había dicho que a ella concurría el Intendente, pero no fue así. Los obreros decidieron bajar al puerto, muchos alcanzaron a irse en tren, pero el resto tuvo que hacerlo a pie, por cuanto no cabía más gente en los carros. El día 15 aparecieron en los cerros de Iquique los primeros contingentes de huelguistas que formaban parte de la caravana que marchaba a pampa traviesa, la cual se había ido engrosando, ya que los patrones en un esfuerzo por impedir la bajada de los pampinos, había suspendido el tráfico ferroviario.

El día 15, habían en el puerto más de 16 mil huelguistas, pues a los pampinos se empezaron a sumar los gremios del puerto. La burguesía porteña y las autoridades estaban presas del pánico y hacían esfuerzos desesperados para que los pampinos no se juntaran con sus hermanos de clase del puerto, pues temían una acción de conjunto; a los pampinos los concentraron en el Sporting Club, lugar que abandonaron en una imponente columna, rodeados por los soldados de caballería e infantería. Los pampinos seguían invadiendo el puerto; nuevas columnas compuestas por hombres, mujeres y niños seguían llegando desde la pampa después de haber caminado kilómetros y kilómetros, durante más de 1 día.

Las autoridades trataron de hacer regresar a los pampinos, colocando varios carros planos para su vuelta. Algunos alcanzaron a subir, muy pocos, pero la gran muchedumbre logró persuadirlos y bajaron de nuevo. El Intendente subrogante les ofreció, como alojamiento, el Convento de San Francisco para los hombres y la Casa Correccional para las mujeres. Los huelguistas rechazaron de plano la oferta. Se les ofreció entonces, el cuartel del Regimiento Húsares, lo que también fue rechazado; finalmente, aceptaron la Escuela Santa María, en la cual días después serían masacrados.

El puerto estaba abarrotado no sólo de huelguistas sino también de soldados y marineros que habían desembarcado del Crucero Esmeralda y del Zenteno. Los huelguistas habían organizado piquetes que se turnaban en resguardo del orden; había que impedir la venta de vino y otras bebidas alcohólicas. El Ejército, había facilitado algunas cocinas y los huelguistas habían organizado el rancho; desayuno de 7 a 8, almuerzo de 12 a 1 y comida de 6 a 7. El Comité de Huelga estaba compuesto de la siguiente forma: Presidente José Brigg, vice‑presidente Manuel Altamirado, tesorero José Santos Morales, secretario Nicanor Rodriguez, delegados: José Santos Paz, Ignacio Monarde, Pedro Sotomayor, Juan Ordoñez, Francisco Sanchez, Luis Muñoz, Manuel Cáceres, Víctor Cerda, Manuel Toro, Manuel González y Luis Córdova. Además integraban este comando los compañeros Luis Olea y Manuel Aguirre. Los salitreros y las autoridades solicitaron ayuda al Gobierno y éste, que estaba presidido por Pedro Montt, quién también era salitrero, teniendo como Ministro del interior a Rafael Sotomayor, que andaba en amoríos con una viuda dueña de una oficina salitrera, respondió enviando más barcos de guerra y nuevos regimientos y designó como Jefe de Plaza al general Silva Renard. Por su parte, los huelguistas realizaron un plebiscito, cuyo resultado fue pedir al gobierno que los trasladaran al sur junto con sus familiares.

El día 20, se decretó el Estado de Sitio y Silva Renard, personalmente, dio a los huelguistas un plazo de 24 horas para abandonar la Escuela y regresar a la pampa. Los Cónsules de Argentina, Bolivia y Perú, pidieron a sus connacionales que hicieran abandono de la Escuela, pues el general iba a cumplir la orden de desalojo y querían evitar futuras reclamaciones diplomáticas, por las consecuencias que pudiera acarrear dicho acto. Nadie se movió, ni un solo hombre abandonó la Escuela. Mientras tanto en la pampa, en el Cantón de Negreiros, se había producido el primer choque entre los huelguistas y el regimiento Carampangue; la noticia llegó al puerto junto con los heridos; esto creó un clima de efervescencia entre los huelguistas. Se ordenó el desembarco de la marinería y del grupo de Artillería de Costa. Tropas del Ejército y Marinería rodearon estratégicamente la Escuela Santa María, procediéndose a emplazar ametralladoras. Las familias ricachonas pedían a las autoridades les permitieran refugiarse en los barcos surtos en la bahía. Tal era el clima el día 20 de Diciembre de 1907. El Sábado 21 de Diciembre a las 3.30 de la tarde el general Silva Renard se acercó de nuevo a la Escuela, acompañado del Corneta y dio un plazo de 5 minutos para que los obreros la abandonaran y se concentraran en el Sporting Club; cumplido el plazo, iba a proceder a desalojarla. Los obreros se mantuvieron firmes en sus posiciones y vino la primera descarga de fusilería, la que fue contestada por los obreros con algunos tiros de revólver. Se ordenó entonces, cargar a la bayoneta y como esto tampoco fuera suficiente para aplastar a los bravos pampinos, entraron en acción las ametralladoras, entonando una sinfonía trágica, cuyos acordes se dejaron sentir por espacio de cinco minutos. Terminado el fuego y entre doble fila de lanceros a caballo, se empujó a los que quedaron con vida hacia el Hipódromo, lugar hacia donde apuntaban los cañones de los barcos de guerra.

Al día siguiente, el gobierno y los salitreros, pusieron trenes para llevar de retorno a los huelguistas hacia la pampa, tratando de ésta manera de obligarlos a volver al trabajo.

Pero la masacre no había terminado. Faltaba la segunda parte de ella. Había que dar un duro escarmiento a los obreros; la burguesía y el gobierno no vaciló en hacerlo.

La mayor parte de los carros que se pusieron fueron los llamados carros planos, sin barandas, en los que se cargaban los sacos de salitre; allí iban hacinados hombres, mujeres y niños. La “pijería” del puerto, “los hijos de su papá”, habían organizado una milicia armada para ayudar a mantener el “orden”; cuando el tren iba saliendo del puerto rumbo a la pampa, los “pijes”, atrincherados en las calicheras abandonadas dispararon a mansalva sobre los obreros y sus familiares. A éste nuevo crimen, “los pijes” lo llamaron, “Palomear Rotos”. Muchos obreros que se negaron a ir en el tren, quizás presintiendo la nueva masacre, y los que abandonaron el tren sobre la marcha cuando eran baleados, emprendieron el camino de retorno a pie, con lo que quedaba de los suyos.

Hay que conocer la pampa para tener una idea aproximada de lo que significó el regreso de los pampinos junto con sus compañeras e hijos. Sin agua, a pleno sol y ¡como quema el sol en la pampa!, caminando kilómetros y kilómetros a pampa traviesa, por la arena, subiendo y bajando cerros, hasta llegar al puerto y luego el regreso, derrotados en sus aspiraciones, con el recuerdo de dos masacres mordiéndoles el corazón, con los puños apretados y las lágrimas corriéndoles por sus mejillas, como expresión de ira impotente, frente a la injusticia, al crimen contra ellos cometido.

Así fue la matanza de Santa María, cantada después en los versos de la canción “La Pampa” por Francisco Pezoa y en la que se cubrieron de “gloria” el presidente Montt, su ministro Sotomayor, el general Silva Renard y el Intendente Eastman.

El 28 de Diciembre, Rafael Sotomayor dirigía al Intendente Eastman la siguiente comunicación: “Señor Intendente, en estos momentos me percibo que no se ha enviado a Ud. el telegrama acordado, tan pronto como se tomó conocimiento del desenlace de la huelga, o mejor dicho, del motín, aprobando a nombre del gobierno sus procedimientos y la actitud del señor Silva Renard y demás jefes que cooperaron a su obra. La opinión pública comprende que el extremo ha sido doloroso, pero que lo imponía la necesidad ineludible de cumplir con el deber primordial de afianzar el orden y la tranquilidad pública. Hágalo así presente al señor General, a nombre del gobierno. Las voces aisladas de protesta que se han levantado, no han tenido eco como puede Ud. verlo por las apreciaciones de toda la prensa seria”.

Pero las banderas ensangrentadas de la Mancomunal Obrera y de las Asociaciones en Resistencia no se iban a arriar tan fácilmente. No, ellas siguieron flameando al viento de las luchas reivindicativas de las masas, empuñadas cada vez con mayor firmeza por las manos callosas de los trabajadores. Sin embargo, años más tarde, la agudización de la lucha interna entre las corrientes del “radicalismo obrero” y la “democracia proletaria”, fue minando poco a poco la existencia misma de la Mancomunal, extinguiéndose ésta a fines de 1912.

Al desaparecer la Mancomunal Obrera, desapareció con ella una de las más poderosas centrales sindicales que hayan tenido los trabajadores chilenos. Su trayectoria marca brillantes páginas de la historia del movimiento obrero. Junto con ser la primera central sindical de los trabajadores chilenos, y a pesar de la falta de principios doctrinarios definidos, supo imprimir a los movimientos reivindicativos un carácter centralizado y un accionar combatiente, a través de la acción directa, herencia que recogerán más tarde los cuadros de la Gran Federación Obrera de Chile, la Federación Obrera de Chile (F.O.CH.) y en cierta medida, los cuadros de la I.W.W. y la C.G.T.»

(de Historia del Movimiento Obrero Chileno).

[Imagen: Obreros dirigiéndose a la Escuela Santa María]

El obsceno regalo de ASEXMA

La palabra obsceno proviene del latín Obscenus, cuyo significado más antiguo era siniestro, funesto, de mal augurio, algo terrible y que, por tanto, no es grato de ver, se relaciona con la visión de sucias impurezas en los sacrificios y ritos augurales. Con el tiempo este adjetivo llegó a significar algo vergonzoso, inmoral o sucio, que no debe ser contemplado.

Por Zenón Pereyra

 

Calificar al regalo de una muñeca inflable con un cartel pegado en la boca con el mensaje “para estimular la economía”, hecho por el “progresista” empresario y presidente de ASEXMA, Roberto Fantuzzi, al ministro de Economía Luis Felipe Céspedes; de obsceno resulta completamente adecuado.

Y lo es, no solo por el hecho simbólico evidente de mostrar la reducción del cuerpo de una mujer –el 50% de la población- a la condición de objeto, mostrando clara y evidentemente los rasgos sexistas de la gran burguesía, sino también porque se trataba de un ritual, ejecutado en uno de los templos del poder de la burguesía nacional, donde se reúne periódicamente ASEXMA -uno de los más poderosos gremios empresariales del país-  donde dos de los probables candidatos del oficialismo  José Miguel Insulza y Alejandro Guillier, debían cumplir con el rito de mostrar su obsecuencia con el empresariado nacional.

En medio de este rito y entre las risotadas de los oficiantes, el ministro Céspedes y los candidatos, no logran observar el mal augurio, el presagio funesto que acababan de contemplar. Solo se percatan de él cuándo el hecho privado de ofrendar un cuerpo – objeto de placer sexual, simbolizando el objeto – sujeto de placer económico. Se trasmuta, medios sociales mediante, en un escándalo nacional, que concita la reprobación del cuerpo social.

De lo que se trata, y aun no aquilatan adecuadamente lo ocurrido es que el mal augurio consiste en que su visión de la realidad choca cada vez más violentamente, con la visión del conjunto de la sociedad. Cada vez es más claro que su visión del mundo es contraria a la del conjunto de la sociedad. Ellos, los empresarios y sus esbirros políticos están comprometidos con la cosificación no solo de la mujer, sino de los trabajadores, mientras fetichizan la economía y el mercado.

Claro que al día siguiente se deshicieron en excusas, algunas impresentables como la del propio Roberto Fantuzzi quien dijera “están exagerando, hay cosas peores” o de la flamante presidenta de la UDI Jacqueline Van Rysselberghe quien exclamo; “Me parece de un mal gusto increíble frivolizar con la economía”. Mostrando que ser mujer no tiene ninguna relevancia a la hora de mostrar conciencia de género. Mientras Guiller e Insulza mantienen un cauto silencio.

Una primera consecuencia de la obscenidad realizada; Roberto Fantuzzi debió renunciar a la presidencia de ASEXMA, entretanto el mal augurio ronda las candidaturas de la Nueva Mayoría. Pero los malos augurios para los poderosos siempre son buenos augurios para los trabajadores.

Breviario de Valparaíso

Por Historiador

 Este breviario de Valparaíso no tiene la pretensión de ser docto, de ahí que las crónicas son simples y lo único que procuran ser fáciles en su lectura. “Para quienes deseen investigar con más detenimiento mis fuentes y los temas tratados, he agregado una copiosa bibliografía al final”[1].

 

Antes de la llegada de Diego de Almagro, ya residía un español en nuestra región, y era Gonzalo Calvo de Barrientos[2], quien había entrado en conflicto por hurto con uno de los hermanos Pizarro, por lo que se vio afrentado con Francisco Pizarro, haciéndole cortar las orejas para escarnio público, motivo por el cual se le llamó el desorejado. En la prisión se hizo amigo y confidente de Atahualpa, cuyas órdenes eran obedecidas en todo su imperio, en los tambos y templos, Atahualpa dio a Calvo su insignia imperial, el alkamari, la borla y una malla de metal que le dio fama de inmortal y que no se sacaría ni para dormir, y le pidió que le enviase a la parte más remota de su reino. El Inca lo enviaba a la parte más retirada y escondida de sus dominios de lo que actualmente es Chile.

Así se internó por el desierto atacameño hacia el sur, esto ocurría en 1533. Calvo llegaba hasta Los Vilos y prosiguió su viaje, siguiendo la línea costera hasta Concón, donde gobernaban los caciques Tangalonco y Michimalonco[3], quienes lo acogieron y le cambiaron su nombre a Gasco. Gonzalo Calvo se radicó en la zona de Quillota, en el valle de Aconcagua y adoptó la forma de vida indígena de la zona.

Pasarían tres años y en los primeros días de septiembre de 1536, bajaba por las tierras de Aliamapu[4] un grupo de aproximadamente 30 jinetes al mando del capitán Juan de Saavedra[5], era una avanzada enviada por Diego de Almagro, al encuentro de tres barcos que venían desde el Perú, como complemento a la expedición que por tierra había salido tras las riquezas, de ese país que iba a llamarse Chile.

Desde los altos de los cerros Saavedra y sus hombres avistaron en el medio de la bahía, como se balanceaba tranquilamente solo uno el “Santiaguillo”, llamado así por su pequeñez. De los otros, el “San Cristóbal” regresó al Perú y el “Santiago” zozobro en el norte. Junto con bajar al encuentro del barco, que traía víveres, equipo y herraje para los caballos de la expedición de Almagro. Saavedra descubría la caleta llamada Quintil[6] por los pescadores changos que la habitaban, y a la cual le pondría Valparaíso, en recuerdo a su pueblo natal de Castilla.

  1. Mercancías Internadas

Las primeras mercancías que se internaban a Chile, arribaban a Valparaíso siete años después de su descubrimiento y las portaba el “Santiaguillo”, barquichuelo viejo y desmedrado de unas cuarenta toneladas, que pertenecía a un marino siciliano, conocido por el nombre de Juan Alberto, y que transportó socorro para la ciudad de Santiago, destruida por el cacique Michimalonco.

Había sido fletado en Perú por el acaudalado comerciante Francisco Martínez, quien hizo, un gran negocio, vendiéndole a Pedro de Valdivia, las partidas de ropas, armas y víveres. Venía a cargo del capitán Diego García de Villalón, echaba anclas en la bahía en septiembre de 1543, en el surgidero que actualmente ocupa el edificio de la Aduana de Valparaíso. Además traía el primer cargamento de vino, un cronista consignaba: “Tal había sido la penuria que hacía cuatro meses que no se decía misa por falta de vino”. Ante esta situación Pedro de Valdivia envía una carta al rey Carlos V, fechada el 4 de septiembre de 1545, en que solicita “vides y vinos para evangelizar Chile”.

[1] Jacomet Pierre, Lucidez del Abismo, Editorial Universidad de Valparaíso, julio 2015.

[2] Gonzalo Calvo de Barrientos, “El Desorejado”. Nacido en Sevilla, España, soldado español, el primer  español  en pisar el territorio de Chile huyendo de un conflicto por robo, motivo por el cual le cortaron las orejas , y que antecedió con su presencia en el país a la expedición del adelantado Diego de Almagro quien, sin embargo, es reconocido oficialmente como el Descubridor del Reyno de Chile. Mencionado en las Crónicas de Jerónimo de Vivar, a Gonzalo Calvo de Barrientos se le conoce como el patriarca del mestizaje. Fallecido en Las Salinas, Perú, en abril de 1538.

[3] Michimalonco. En mapudungún “cabeza de antorcha”, de muchuy, “tizón”; ma, “ardiente”, y longko, “cabeza”, o “jefe de los mitimaes” de michima longko, nacido alrededor de 1500 y muerto en 1550, fue un cacique picunche.

[4] Voz araucana compuesta de ali = muy seco, caliente, quemado y mapu = tierra, país.

[5] Juan de Saavedra. Nacido en Valparaíso de Arribo (Campos del Paraíso), España, participó en la conquista del Perú y es el descubridor de Valparaíso. Regresó a España y está sepultado en la iglesia de San Miguel Arcángel de Valparaíso de Arriba. Fallecido en Cuenca, España.

[6] Quintil = designa a la planta bálsamo carpon brevifolium Clos, conocida vulgarmente con los nombres quintril, algarrobito, algarobillo.

Significado de la muerte del rock


por Gustavo Burgos //

“Soy una imagen de piedra. Sícilo me puso aquí,
donde soy por siempre, el símbolo de la evocación eterna”.

Epitafio de Sícilo para Euterpe, año 100 de nuestra era.

La reciente muerte, durante este año, de David Bowie, Prince, hoy de Greg Lake, y pronto no se sabe de quién, ha puesto en los medios de comunicación la cuestión de la muerte del rock, particularmente de la generación dorada de los 60/70, período en que esta forma de música popular adquirió sus más elevadas expresiones. Por una cuestión puramente biológica esta década y la próxima, será aquella en la que morirán Paul Maccartney, Mick Jagger, Pete Townshend, David Gilmour, Bob Dylan y Jimmy Page, por mencionar algunos. Es un hecho que esta generación morirá y que no hay recambio. No se trata solamente de la transformación de la industria discográfica, del desplazamiento de esta industria a la de los recitales en vivo, se trata en realidad de que el rock y su estética de rebelión popular se ha agotado como fenómeno de masas. La imagen de los Beatles aullando Don`t let me down en la azotea, deviene en evanescente.

Este hecho, que puede corroborarse simplemente escuchando la música que bailan hoy los adolescentes en sus fiestas, por su trascendencia, no puede ser observado únicamente como un cambio de modas. El Rock nace en la postguerra, década del 50, y se transforma en un instrumento normalizador y uniformador de la rebeldía juvenil no sólo en los EEUU e Inglaterra, sino que por primera vez en el mundo entero. No hay expresión popular en la historia de la humanidad que tenga estas características, de la misma forma que nunca hubo –después de Roma- un imperio tan poderoso, universal y totalitario como el norteamericano.

Responder la interrogante de la muerte del Rock supone interrogarse en primer lugar, sobre qué es la música y qué papel ha jugado ella en la historia de la humanidad.

La música es una sonoridad organizada, intencionada colectivamente, un lenguaje específico. Su desarrollo en la sociedad humana está ligado a su productividad y aquella a su turno posibilitará estructurar esta sonoridad al servicio de las más acuciantes necesidades del grupo humano que la produce. En sus orígenes, la música conjura los temores del pensamiento mítico y produce el temor en la guerra, el temor del combatiente y el del propio enemigo. Esa sonoridad, consecuencialmente, es un significante histórico, es la dimensión auditiva de la cultura.

Nos resulta imposible reconstruir la sonoridad de la antigüedad. Sólo podemos inferirla de los instrumentos y de su ritualidad. ¿Qué podemos suponer de la música paleolítica? Suponemos cantos, baile y percusión, algún tipo de flauta de hueso o caña. Aún en aquél período cavernario, se han descubierto vestigios de musicalidad inclusive en el Sapiens Neanderthal. La música tendría dos funciones primarias, comunes a todo lenguaje: la aprehensión de la realidad y la creación de algo nuevo, la idea, la percepción de lo observado. En estas sociedades comunistas primitivas, aquellas cuyo nivel productivo imposibilitaba el plus producto y su consecuente división de clases, la música se encontraba ligada directamente a la magia, a la percepción mágica, mítica del entorno del hombre. El objeto de la sonoridad musical era el control de la naturaleza y la preparación para la guerra.

El desarrollo de las castas sacerdotales y posteriormente de las clases propietarias, fue paulatinamente separando la producción musical de su origen comunitario, para transformarse –como toda superestructura- en un instrumento de dominación. El arte en general y la música en particular, pasó a transformarse en una expresión concentrada del espíritu de la élite y de sus necesidades para afirmar su particular forma de gobierno. Hablamos de música para sí.

El paso de las formas vocales de producción musical, a las percusivas, a los vientos y a las cuerdas, dio cuenta inexorablemente del proceso de desarrollo de las fuerzas productivas, de sus herramientas aún más rudimentarias y alcanzó su mayor desarrollo con la revolución neolítica. La música, como sonido organizado y como objeto cultural, dejó de ser un simple soporte comunitario y pasó a transformarse en una actividad diferenciada e identitaria, con un claro origen religioso.

Este paso, que como hemos dicho da cuenta de la transición del paleolítico al neolítico, ubica a la música como parte integrante de la ritualidad religiosa. Ya no se trata de conjurar míticamente los peligros del hombre frente la naturaleza, sino que de explicar –ahora religiosamente- la relación de la mayoría explotada con la minoría gobernante, encarnada en la figura de los dioses.

De lo expuesto se sigue que la producción musical, de manera dominante, se mantuvo ligada y constreñida por la religión. Este fenómeno se presenta al menos en Occidente de forma continua hasta el Renacimiento y la emergencia de la burguesía. Sin embargo esta especie de alienación de la música por parte de la religión, nunca fue completa. La actividad musical, por su propia naturaleza, por su indisoluble vinculación a la fisiología humana, nunca pudo ser expropiada del todo a los esclavos del sistema, quienes la conservaron “en sí”.

Un orden social opresivo como el esclavista, el feudal y el capitalista, pueden –en mayor o menor medida- privar al oprimido del acceso a la cultura y a las condiciones de vida de los dueños del régimen, pero lo que no pueden bajo ningún respecto es privar al oprimido de la base de la música, su propia voz. Es más, los romanos acuñaron la expresión instrumentum vocale, para designar al esclavo: herramienta con voz. Aún en su condición de herramienta, el esclavo tiene voz, nosotros diremos que el esclavo tiene en consecuencia voz, lo que distingue al esclavo es –mutatis mutandis- su música.

Esto es así por cuanto desde la surgimiento de la sociedad clasista, ha existido una música religiosa, docta o de academia, en cuya producción visualizamos a una sonoridad que es para sí misma, una particularizada porción de la cultura de aquellos que dominan. La separación del músico –como del artista en general- del entorno social y su enclaustramiento en el templo o la academia, surgió como una necesidad material de dar a esa música el sentido sobrenatural de la misma, el sentido de trascendencia a través del refinamiento y la sofisticación. La música como llama sagrada y tangible expresión o inclusive vehículo divino, repetimos para sí.

Lo indicado se perpetró con la música y con toda la producción artística en general. Sin embargo, ello nunca fue completo ni total. La música acompañó al esclavo en sus faenas en el campo y las canteras, la música dio cuerpo a las fiestas y bacanales de los medios populares, la música como elemental expresión de júbilo permaneció en los recintos y lugares de la mano de obra analfabeta. La música bailable y el ritual funerario, en todas las culturas, se encuentra impregnado del indeleble sello del esclavo, del plebeyo.

En el medioevo, mientras la música sacra y la cultura greco-latina en general, era preservada en los monasterios, la música juglar y aborigen (celta, gala, germánica u oriental) pervivía como genuina expresión del sentir de los siervos y villanos. Asociada al desorden, al malentretenimiento, a la ebriedad y a la vida licenciosa y prostibularia, la música de los bajos fondos de la sociedad logró pervivir como una elemental trinchera de la dignidad humana.

Si bien es cierto la comunicación entre ambas formas musicales o de sonoridad, se mantuvieron separadas, no es menos cierto que entre ambas siempre existió una relación dialéctica. La utilización no sólo de instrumentos comunes sino que de escalas sonoras, bases rítmicas, timbres, modos y, ya en el renacimiento, el bajo continuo y el contrapunto, constituyeron un espacio común que nos permite reconocer hoy en día a determinadas sonoridades como propias de una época. Por eso al escuchar una flauta dulce, violas y panderetas, tendemos a reconocer en ella una sonoridad “medieval”.

En resumen, lo que tratamos de dejar de manifiesto, es que la música en tanto expresión cultural, se encuentra sometida al proceso histórico de la misma forma como lo están las artes en general. Pero que tal sometimiento obedece a reglas específicas y connaturales de la música, que a diferencia de la mayor parte de las expresiones artísticas, no ha logrado ser alienada por completo a los oprimidos. Consecuencia de este aserto, la historia de la música es de alguna forma, la historia de la relación entre las formas doctas y las formas populares.

El Renacimiento y luego el Barroco tienen lugar en el período de acumulación originaria del capital. Es en las ciudades, los burgos, en que comienza a acentuarse la separación entre trabajo material e intelectual, dando lugar al desarrollo del artesanado y los gremios. Reconocemos en este período las formas básicas de producción de arte tal y como la reconocemos en la actualidad. Así como aparece el herrero, el sastre o el mueblista, también surge el músico, el cantante, bailarín o instrumentista.

En esta época la música docta comienza a salir de los templos cristianos y comienza su lento e inexorable peregrinar hacia las cámaras y salones palaciegos. Viva manifestación de este aserto es que los grandes músicos de la época desde Palestrina, Vivaldi, Monteverdi, hasta el propio Bach, hicieron su obra con un pie en el templo y el otro en las cortes. Paulatinamente la música docta pasa transformarse en espectáculo y desde el siglo XV en adelante, los nobles y magnates comienzan a competir por los genios musicales, dando origen a los mecenazgos que forman parte del proceso de mercantilización de la producción musical, que obviamente hacía referencia de modo exclusivo a las formas doctas de ella, lo que hoy conocemos como música de cámara.

El proceso de las revoluciones burguesas, la Reforma, el hundimiento del Imperio Español, la independencia de los EEUU y la Toma de la Bastilla, acentúa estas tendencias. La música, se comienza a hablar de la música grande, se hace laica de forma preponderante. Nacen las grandes orquestas sinfónicas, la ópera y los teatros nacionales, espacios que conectan a la música docta con el pueblo como nunca antes en la historia. Los clasicistas Haendel, Mozart y Beethoven, alzan obras imponentes como las pirámides de Egipto. La obra del período clásico se hace cada vez más política, el propio Beethoven –se arrepiente después- dedicó a Napoleón su Sinfonía Nº3, “El Emperador”. El eje de la producción musical pasa de Italia a Alemania, siguiendo el curso de las profundas y dinámicas transformaciones sociales a que va dando cuerpo el capitalismo europeo. La complejidad de las composiciones prácticamente agotan el espacio armónico y tienen a alejarlo de la estructura melódica.

Será difícil, probablemente acompañará el triunfo de la revolución proletaria, que la música vuelva adquirir la magnificencia y significación social que tuvo la música docta del siglo XVIII y primera mitad del XIX. El llamado Romanticismo que le postcede, con Schumann como teórico y demiurgo y con Schubert y Brahms como estrellas imborrables, regresa al clasicismo, lo tributa, lo estudia y expande conceptualmente. En su mayor extremo encontramos la figura todopoderosa de Mahler y en su obra las cúspides de su segunda Sinfonía, “La Resurrección” y el adagio de su décima sinfonía inconclusa que parece ser el último oleaje de las tectónicas transformaciones experimentadas por la música.

En las puertas del siglo XX, el desarrollo tecnológico posibilitó la creación como objeto público de la música popular. La vitrola o tocadiscos, la posibilidad de grabar y distribuir la música, permitió ahora la mercantilización de todo tipo de música, docta y popular. A las masas se les abrió la posibilidad de escuchar la música en un contexto distinto del de su producción, lo que transformó el acto auditivo en algo personal e íntimo. Este cambio tecnológico es probablemente la mayor revolución, no requiere de mayores explicaciones y contribuyó de forma cualitativa en la transformación de la música en una mercancía, autónoma de su producción.

Es en América donde surgen dos de las primeras corrientes de música popular que alcanzan el carácter canónico y universal que le estaba reservada a la música docta. Son el jazz y en menor medida, el tango. Ambos surgen de los bajos fondos y de la mixtura inmigrante que caracteriza a la clase obrera de las grandes ciudades de nuestro continente. Ambos emergen ligados a los más humildes, desposeídos y despreciados de la sociedad. Ambas corrientes expresan el espíritu de su pueblo, el exultante entusiasmo norteamericano y la intensa y expresiva amargura rioplatense.

En este punto llegamos a lo que caracteriza el estado de la producción musical hasta nuestros días. La música docta se interna en el minimalismo y la dodecafonía y su forma extrema, el serialismo, prescindiendo cada vez más del gran público. Encontramos aquí a Schöenberg, Webern, a un gigante como Xenakis. Lo docto, a excepción de Stravinsky y Shostakovic, abandona el espectáculo y sigue el camino inverso del que alguna vez proclamó el minimalista Erick Satie, quien afirmó que soñaba con que su música pudiese escucharse en los ascensores, almacenes y en las casas de sus oyentes. El genio francés, quien además componía música para cabarets y un magnífico vals como el Je te veux, era consciente del ostracismo y del experimentalismo que dominaba la escena de la composición musical a comienzos del siglo XX.

Prisioneros del experimentalismo y luego del estructuralismo, la crítica marxista no logra captar el contenido de clase que caracteriza este complejo proceso social. El marxista británico Alan Woods, se refiere a este problema en los siguientes términos: “En una sociedad clasista, el arte está diseñado para excluir a las masas, relegarlas a una existencia empobrecida, no sólo en el sentido material, también en el espiritual. El arte comercial que se reduce el mínimo común denominador, es con frecuencia una droga soporífera útil, destinada a mantener a las masa en un estado de contenimiento, mientras que al mismo tiempo enriquece a un puñado de capitalistas”… “Al reducir al mínimo el nivel artístico de la sociedad, y alienar cada vez más el “arte serio” de la realidad social, el capitalismo garantiza la degeneración y pauperización del arte”.

Esta percepción, antidialéctica e idealista, descansa en la idea de que la música no es un lenguaje sino que un simple objeto categorizable. Que su producción es meramente individual y un fenómeno espiritual. La clase dominante priva del acceso a la gran música como lo hace con la carne roja o el transporte público, se trata en consecuencia de una cuestión puramente democrática. La música, para Woods, comparece como un éter carente de toda significación histórica y de clase.

En este punto nos enfrentamos al Rock como música popular. Woods nos dirá que el Rock, el Jazz y el Tango son una porquería burguesa destinada a perpetuar la alienación de los explotados. En un sentido general podemos encontrarle razón, pero lo que dice es aplicable a la música en general, la docta incluida, por cuanto ambos música docta y popular son un producto social de la sociedad capitalista. De esta forma, lo que se predica en definitiva es la imputación de la existencia –como decíamos- de la música en sí, no como lenguaje.

Por lo indicado la muerte de la música popular, ocurrió con el jazz al elitizarse y hacerse cool, algo similar ocurrió con el tango de Piazzolla, no es otra cosa que su transformación en música de élite. Hoy es un lugar común atribuir connotaciones elitistas, sectarias y de sofisticación a los cultores del jazz, y esto es cierto, porque ha dejado de cumplir la función festiva que caracterizó a esta corriente musical hasta las big bands y desde el sexteto Miles Davis y el Kind of Blue se vuelca “para sí misma”.

Hoy ocurre lo mismo con el Rock. La mercancía agotó su mercado y se transforma –como ya hemos indicado- de una música en sí, en una música para sí. Es verdad el Rock expresa un proceso histórico que se apaga: la del dominio y la fortaleza invencible del imperio norteamericano. Desde los años cincuenta, hasta bien entrados los 90, el Rock se desarrolló como la música popular, diríamos, oficial de la juventud rebelde. El Rock creó la fantasía de que fue con Woodstock y las rebeliones universitarias del 68, que los jóvenes rompieron el entramado social victoriano, con la divisa de sexo drogas y rocanrol. Durante ese proceso que encabezaran indubitados héroes populares como Elvis Presley, Bill Haley y Chuck Berry, el rock comenzó a sofisticarse, a hacerse beatle y luego progresivo e incluso sinfónico. El Rock nació en la calle y ha emigrado a las basílicas, por eso ha perdido la frescura de los 50 y es una música “seria” que paulatinamente dejará también los escenarios.

Comenzábamos esta nota rindiendo tributo a David Bowie y los grandes del rock que “han emprendido el vuelo”. Comenzábamos mencionando a los grandes que sobreviven y que de aquí al año 30 estarán todos indefectiblemente muertos. Señalábamos que no hay recambio y ahora agrego que ni Beck Hansen en su momento, ni Porcupine Tree, ni Jack White ni que se yo cuántos de los talentosos rockeros contemporáneos, le corresponderá decorar el altar de la música popular.

No se trata de una frase provocativa, se trata de una realidad. El Rock como música popular en sí, ha dejado de existir y lo vivimos hoy. Lo vivimos y aún seguimos con nuestras chaquetas de mezclilla y no lo podemos entender. No lo hacemos, porque
en esta atmósfera enrarecida, donde el arte tiene que alimentarse igual que las vacas o pollos en granjas donde se alimentan de cadáveres de otros animales y desarrollan un cerebro enfermo, el arte cada vez es más estéril, vacío y carente de significado, tanto, que incluso los artistas empiezan también a sentir la decadencia y cada vez están más inquietos y descontentos.

Pero su descontento, no les puede llevar a ninguna parte si no lo vinculan con la lucha por una forma alternativa de sociedad, en la que el arte encuentre el camino de vuelta a la humanidad. La solución a los problemas de arte no se encuentra en el arte, sino en la sociedad. Es esta la que ha creado la sonoridad organizada e intencionada, no otra cosa es la música y porque el sonido, la música es lo último que pueden quitarnos, será también de seguro uno de los primeros ámbitos en que podremos percibir, oir, respirar la estructura de una nueva sociedad.

Pero ello no será el resultado del arrebato del algún genio. Trotsky, en su formidable trabajo “Sobre Arte y Cultura” hipotetiza sobre cuántos Aristóteles o Beethoven estarán hoy día, bajo el capitalismo, trabajando al cuidado de una porqueriza. Esto es expresivo de la insalvable descomposición del orden capitalista que arrastra a la humanidad a la barbarie, a pasos agigantados.

No nos corresponde arriscar la nariz cuando escuchamos una cumbia o un reguetón, a pretexto de que se trata de música basura, misógina y alienada. No, no nos corresponde esa actitud frente a ningún tipo de música o sonido, porque toda la música humana –no se conoce otra- es ante todo comunicación. Dependerá de nosotros que esa comunicación se materialice y lo haga en un entorno social libre de prejuicios y antagonismos de clase. Dependerá de nosotros que esa sociedad, una sociedad de productores libres asociados, de hombres universales, capaces de hacerlo todo y de interesarse por todo, libere a la música de las cadenas de la explotación. Para eso debemos hacer nuestra, la historia y la historia de la música en particular. Sobre los hombros de los grandes creadores y su tradición, nos paramos para escuchar la sonoridad de un mundo nuevo y combatir por él.

¡¡¡Ha muerto el Rock, que viva el Rock!!!!!

La propuesta programática presidencial de Fernando Atria Lemaitre

 

 

El pasado 26 de noviembre ante el Comité Central del  Partido Socialista el abogado y profesor universitario Fernando Atria, precandidato presidencial por dicho partido en representación de la Izquierda Socialista, hizo presentación de su propuesta programática. Las ideas centrales planteadas fuero: destacar que nos encontramos en una encrucijada nacional entre profundizar o revocar las reformas propuestas por el actual gobierno de la Nueva Mayoría,  marcando el carácter anti neoliberal que estas deben tener, para lo cual se propone  la redistribución del poder político mediante una Asamblea Constituyente, también es necesario  pasar de la igualdad política a la equidad económica y social de todas y todos los chilenos, además, para esto se debe  terminar con el modelo  de desarrollo nacional extractivista y rentista e instaurar la industrialización del país.  A continuación se entrega una edición de textos seleccionados de esa exposición a la cual solo se le han antepuesto  algunos sub títulos de referencia.

[La  coyuntura histórica]

“Para el presente más inmediato, la primera cuestión es asumir sin ambigüedades una posición en la disyuntiva fundamental que enfrentará el país en la próxima elección. Ella se refiere a la significación política [de] lo que ya se vislumbra como el legado de este gobierno. ¿Ha sido un modo imperfecto de iniciar un camino correcto de transformaciones estructurales, o ha sido un camino errado, un paréntesis que debe ser cerrado para volver a formas de gobierno y de gobernabilidad propias del periodo transicional?”

“El Partido Socialista no puede ignorar la decisiva coyuntura histórica de 2017. Tiene que hacerlo con una precandidatura propia, con un Programa y con un mecanismo que abra nuevamente sus puertas a la sociedad chilena y al pueblo socialista”.

[El carácter del Programa Socialista]

“El programa del Partido Socialista debe ser inequívocamente antineoliberal. Sin complejos. No debemos inhibirnos ni temer a una confrontación ideológica con el neoliberalismo. Lo que la sociedad y el pueblo espera del partido no es contemporizar ni hacer las paces con el neoliberalismo sino confrontarlo con decisión. No saldremos fácil ni rápidamente del neoliberalismo, de sus lógicas e instituciones, pero los próximos 4 años deben ser claves en la construcción progresiva de un modelo económico, social y cultural alternativo. Esa debe ser la orientación estratégica de los y las socialistas chilenos en la próxima etapa histórica”.

[Los Ejes Programáticos]

“En primer lugar, Chile necesita una Nueva Constitución Política, elaborada por una Asamblea Constituyente”.

 

 

[La nueva constitución tiene que redistribuir el poder no concentrarlo]

“La nueva constitución no es solo un nuevo conjunto de reglas constitucionales: es una nueva política, una política legitimada porque supone una genuina transferencia de poder hacia la ciudadanía, hacia el pueblo de Chile. Esta transferencia de poder debe manifestarse en el mecanismo mismo de cambio constitucional pero también en una institucionalidad diseñada para dar poder, y no neutralizar, la política democrática. Parte ineludible de esta nueva política habrá de ser el reconocimiento de nuestra realidad multicultural y diversa. Este reconocimiento no puede ser solo una cuestión de palabras: implica una regionalización profunda y efectiva, una regionalización que sea asumida no como una cuestión administrativa sino como una cuestión de descentralizar el poder político”.

[De la igualdad política a la equidad económica y social]

“En segundo lugar, debemos continuar la instalación de una noción de derechos sociales universales que dé contenido a la ciudadanía, de modo que la igualdad que nos caracteriza en tanto ciudadanos sea algo más que el igual derecho formal a votar y ser elegido y se proyecte a la educación, a la salud, a la seguridad social, a la distribución del poder en la empresa, a las relaciones entre hombres y mujeres”.

[Del modelo extractivista a la industrialización nacional]

“El tercer eje es la superación del actual modelo extractivista y rentista por un modelo en que el Estado asume una función de guía y orientación, mediante una política industrial moderna y vigorosa. Sabemos que este, por lo demás, ha sido el camino de todos los países que han llegado al desarrollo sin recurrir a la explotación colonial”.

 

Edición: Ibán de Rementería, diciembre 2016/ Fotografía: Sergio Larrain

Inmigrantes, las otras víctimas del negocio de las ISAPRES y AFPs

Por Marco González Pizarro

Abogado

Magister Ciencias Sociales

DEA Unión Europea U Salamanca

En las últimas semanas se ha politizado el debate sobre la inmigración en Chile, y sus efectos en la “seguridad social” del país. Señalan las voces políticas ultramontanas de la derecha y la Nueva Mayoría, en línea con el muro de Trump y del apartheid en Palestina, que este fenómeno requiere “regulación”, desde que importa “abusos” de los trabajadores inmigrantes, especialmente de los beneficios de prestaciones de salud. Nada más alejado de la realidad, y propio de una demagogia huera, que busca el enemigo interno, para generar distinciones de clase en el país, atacando ahora a los trabajadores inmigrantes.

 

Primero que todo, debemos decir que el tema está regulado. Para que un inmigrante obtenga residencia en Chile, requiere Visa de Trabajo lo que significa que el trabajador inmigrante debe acreditar ante la autoridad de inmigración del Ministerio del Interior, que ha sido contratado para trabajar, acompañando al efecto un contrato de trabajo, con sus respectivas afiliaciones al sistema de ahorro forzoso de AFP y de cotizaciones de salud a Fonasa o Isapre.

De este modo, para que un trabajador inmigrante pueda obtener asistencia de salud en los consultorios y derivaciones a la red pública de salud, debe cotizar de su sueldo a Fonasa o Isapre. Vale decir, el trabajador extranjero tiene exactamente el mismo estatus que el nacional, y soporta el mismo gravamen para tener acceso a la salud. Misma cosa ocurre con la ley de protección por accidentes del trabajo y enfermedades profesionales, ley 16744, en que el empleador debe cotizar a las mutuales respectivas, por cierto administradas por los mismos empresarios, para que el trabajador pueda ser atendido en los hospitales del trabajo si tiene algún accidente o enfermedad de carácter laboral.

Sobre este aspecto, debemos decir que la responsabilidad de descontar del salario del trabajador el monto a enterar en las Isapres, Fonasa y Mutuales, es del empleador, cuestión de la que el visado de trabajo no da cuenta, sino las entidades fiscalizadoras de seguridad social, que analizaremos respecto al otro fenómeno de “seguridad social del país”, las cotizaciones de AFP, que se realizan en forma conjunta con las del sistema de salud.

Esto, porque es en las cotizaciones de ahorro forzoso de las AFP, donde se produce el efecto de mayor complejidad de la “seguridad social” chilena, donde la masa de trabajadores inmigrantes entra en la lógica de todo trabajador en el territorio nacional, y en que, como los trabajadores chilenos, está significando una masa importante de cotizaciones al sistema, de las que difícilmente vayan a disfrutar alguna vez, y que por ende, son contribuciones que van derechamente a incrementar el aparato financiero de ahorro forzoso, y sus inversiones, que aprovechan de este esfuerzo de los trabajadores. Así, debemos notar que esta masa laboral inmigrante se inscribe dentro del fenómeno general de fuerza de trabajo nacional, que según las estadísticas que revisamos a continuación, donde verificaremos que la masa del trabajador inmigrante no termina siendo significativa, sino precisamente parte del sistema general.

Tomaremos como punto de partida el año 2102, para verificar como se inscribe el dato inmigrante en la masa total cotizante de fuerza de trabajo del país, que se ha incrementado según se expresa en el siguiente cuadro:

 CUADRO N° 1: TOTAL COTIZANTES Y AFILIADOS SISTEMA AFP1

cotizantes (diferencia) Afiliados
oct-12 4.777.298 (4.461.628) 9.238.886
sep-16 5.161.074 (4.987.811) 10.148.885
Incremento 484.816 (415.185) 909.999

Podemos colegir del cuadro precedente, que la masa de trabajadores que efectivamente cotiza en el país, incluidos los extranjeros, se incrementa desde 2012 a 2016, en 484.816 trabajadores, mientras que la masa de afiliados, se incrementa en 909.999 trabajadores.

Donde verificamos que en los guarismos del sistema de AFP, la incidencia de la inmigración se disuelve en el contexto general del sistema. Por ende nos ocuparemos en forma general en adelante del artículo, sin distinción de nacionalidad, para explicar sus efectos sobre trabajadores chilenos y extranjeros sin distinción.

Tenemos pues que la diferencia entre los segmentos de afiliados versus cotizantes, sean chilenos o extranjeros, es de 415.185 trabajadores, que notamos entre paréntesis en el cuadro, que se sumaron a una AFP (afiliados). La pregunta obvia es ¿Qué pasa con estos trabajadores afiliados que figuran sin cotizar?

Desde luego se debe decir que este no es un fenómeno nuevo en el sistema privado de previsión. La sumatoria total de trabajadores que están afiliados y no cotizan se generó por la competencia desenfrenada por la captación de afiliados, que poco a poco generó este efecto perverso en el que la cifra de afiliados es del doble de cotizantes. Por cierto en Chile no existen diez millones de trabajadores, La cifra la que representa el mercado de trabajo se acerca a la de cotizantes efectivos2.

Por ende la existencia del doble de afiliados, se constituye de lo que especialistas muy comprometidos incluso con la previsión privada, como Carmelo Mesa Lago, han llamado el efecto estadístico imposible del sistema, del que sin embargo todos hacen vista gorda en la fiscalización general.3

Tras esta estructura perversa, se esconden los fenómenos de la Evasión de cotizaciones, es decir, lo que se descuenta de cotización al trabajador y no se entera en la AFP, y además, los llamados Rezagos, que consisten en los montos retenidos en una AFP, que no lo entera en otra a que el trabajador se cambie, generando así una doble afiliación, que lleva a que exista el doble de afiliados respecto de los cotizantes efectivos.

La Superintendencia de Pensiones frente a este fenómeno, sanciona con multas irrisorias de unos cuantos cientos de UF, casos de centenares de miles de trabajadores rezagados, que simplemente pierden sus fondos, debido a esta maraña de cambios irregulares de una AFP a otra. 4

De modo que en este contexto de doble afiliación y de estadísticas imposibles, la existencia de 415.185 trabajadores afiliados sin cotización en el país, es de lo más normal para el sistema privado.

Pero el problema recién empieza.

Si llevamos a cifras este “fenómeno” tan particular de la previsión privada, la cuestión toma tono escalofriante. En efecto, si tenemos que 415.185 trabajadores afiliados no cotizan, en primer lugar se trata del fenómeno de la Evasión, vale decir, que se le descuenta su cotización, pero no se le entera en su cuenta de capitalización.

Si consideramos cotizando a estos trabajadores con el ingreso mínimo actual, realidad de la gran mayoría de inmigrantes de este país, asumiendo una cotización del 10% de dicho salario a esta fecha, ascendente a $257.500 pesos, tenemos que cada trabajador contribuye mensualmente con $ 27.500 pesos mensuales a las AFP. Pues multiplicado este monto por 415.185 trabajadores, nos da la no despreciable suma de $ 10.644.544.500.-, poco más de 16 millones de dólares, que multiplicado por los doce meses del año, alcanza la no despreciable suma de US$ 196 millones de dólares americanos.

¿Dónde está esa plata? Pues en las cuentas de empresarios que descuentas esos fondos de trabajadores y no los enteran en sus cuentas de ahorro forzoso. Entonces ya tenemos un primer tema claro en esta maraña. Los empresarios dejan de cotizar los dineros de los trabajadores que ingresan al sistema, nacionales o extranjeros, asumiendo, por cierto, en el último tiempo que una parte muy importante de ellos son inmigrantes.

Luego, nos queda un universo de 4.987.811 trabajadores –la diferencia entre el total de cotizantes y afiliados al sistema, que están bajo doble afiliación y /o evasión. ¿Cuántos de ellos son inmigrantes que dejaron fondos cotizados en el país por volver a su país de origen? ¿Cuántos de ellos son flujos de afiliados inmigrantes de años anteriores a esta muestra, que no les cotizan por años y que aún trabajan en el país?

Ya podemos entender entonces mejor porqué existe un total acumulado, de más de 150 mil millones de dólares, en el sistema, y tan bajas pensiones. La verdad es que muchas cotizaciones de trabajadores son evadidas y rezagadas, sean nacionales o extranjeros, por el sistema. Entonces es falaz el pretendido abuso de trabajadores inmigrantes en Chile.

De modo tal, que lejos de lo planteado por la derecha y su coro de la NM, el sistema de “seguridad social” chileno, está lejos de ser dañado por los inmigrantes.

La verdad es que tanto estos trabajadores, como los chilenos, están siendo estafados sistemáticamente por el perverso modelo de previsión privada de salud y pensiones en Chile, del que se intenta torpemente tratar de seguir ocultando y evitar que se conozcan sus reales distorsiones y maniobras de daño a los trabajadores, desviando la atención a la afluencia de migrantes como fuerza de trabajo a este país, que está siendo, como nuestros propios trabajadores, golpeados con toda la fuerza por este oprobioso modelo de super explotación.

La burguesía chilena, obediente a la línea de Trump, así, busca someter con total impunidad a la fuerza de trabajo migrante, para mostrarla como delincuente y perversa, escondiendo con ello los abusos patronales más deleznables, como los descritos. Nosotros desde el Porteño, somos claros en denunciar esta maniobra de apartheid racial y político, que solo busca potenciar la explotación de la clase trabajadoras mundial, para seguir tratando de sostener el capitalismo neoliberal a ultranza, en decadencia total, siendo nuestra responsabilidad social y política, mantenernos firmes frente a este neo apartheid de la derecha racista y xenófoba.

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1 http://www.safp.cl/portal/informes/581/articles-8669_recurso_1.pdf p. 1

2 Para ver Fuerza de Trabajo real en el país, vid:  http://www.ine.cl/canales/chile_estadistico/mercado_del_trabajo/nene/series_trimestrales_2011.php

3 MESA LAGO, Carmelo (2008) Protección social en Chile: Reformas para mejorar la equidad. Revista Internacional del Trabajo, vol. 127 (2008), núm. 4. EN  http://www.mesa-lago.com/uploads/2/7/3/1/27312653/proteccion_social_en_chile.pdf. P.19

4 La Superintendencia constata estos problemas bajo las siguientes modalidades. Las AFP retienen fondos de un afiliado traspasado, cambiando el número de RUT en un dígito, con lo que informáticamente se pierde su rastro, haciendo imposible su detección y quedando en consecuencia un afiliado NN, con un RUT falso, del cual se genera una afiliación doble. Así el sistema estadístico de las AFP soportan la existencia de afiliados sobre el doble de la auténtica cifra de trabajadores del país. VID: http://www.spensiones.cl/apps/sanciones/imag_2007/resolucion_09_2007.pdf LETRAS E ) Y G)

Huelga de Homecenter derrotada: a formar nueva dirección

En la madrugada del lunes 5 de diciembre se llevó a cabo la última negociación entre los representantes de los trabajadores del Sindicato Nacional de Homecenter Sodimac y los representantes del grupo Solari, los dueños de la empresa, uno de los grupos más ricos de Chile, que ostentó ganancias de más de 89 mil millones el 2015.

por Osvaldo Costa

En una dura reunión, la empresa planteó a los trabajadores su posición de no negociar más y ofreció solo un 2% de reajuste, menos que el ofrecido antes de la huelga (el 7 de noviembre) que había sido de un 5% de reajuste por sobre el IPC, el que había sido rechazado por el Sindicato que exigía un 7% por sobre el IPC.

La empresa, apeló al desgaste, al término de la huelga legal (de 15 días ya terminados) y a la amenaza de aumentar los despidos y contratar nueva gente, de modo que el Sindicato perdiera lo que le quedaba de fuerza. Las alternativas para los trabajadores no eran muchas tras 26 días de huelga; podían aceptar la oferta de la empresa o bien esperar el 50+1 para dar paso al descuelgue de la huelga de forma indefinida.

De esta forma y tras la serie de presiones, que incluyeron la exclusión de los hijos/as de los trabajadores/as en Huelga de la fiesta de navidad, reiteradas prácticas anti-sindicales, entre otros, la huelga, que inició oficialmente el pasado 9 de octubre, llegaba a su fin. Con la derrota de los trabajadores.

La firma del acuerdo generó desazón en los trabajadores, que resintieron el desgaste y las prácticas anti sindicales constantes de la empresa, además se ha manifestado la decepción por la forma en que el Sindicato llevó adelante la negociación.

Las causas fundamentales de esta lamentable derrota de los trabajadores a manos de uno de los principales grupos económicos de chile –el grupo Solari- que además de ser dueños de Homecenter son dueños de Falabella, Tottus, Mall Plaza, Mega, Latam, Isapre Colmena y Clínica Las Condes entre otras. Se debió principalmente a que la heroica lucha de los trabajadores de Homecenter careció de la necesaria solidaridad de los restantes gremios, los que dirigidos mayoritariamente por burócratas adscritos a la Nueva Mayoría, encabezados por la podrida dirigencia de la CUT, guardaron silencio durante toda la extensión de la lucha.

Por otra parte, como se mencionaba, trabajadores de base han cuestionado a los dirigentes sindicales por su complicidad con la empresa, en particular a Luis Ortega, cercano a la corriente PS de Arturo Martínez en la CUT.

Una de las lecciones que los trabajadores extraen de este proceso de lucha es la importancia de la organización y unidad de las bases, y lo fundamental que es recuperar los organismos sindicales para la conquista de demandas y reivindicaciones. Los trabajadores de Homecenter Sodimac aseguran estar firmes y seguros de fortalecer la organización interna del Sindicato, preparándose para futuras luchas.

Resulta imprescindible, en estos momentos de derrota, defender la organización sindical y atrincherarse en las asambleas de base que impidan a los burócratas de siempre traicionar la lucha desplegada.

 

El misterio de la Asamblea Constituyente

por Gustavo Burgos//

El misterio como tal, es un instrumento de civilización. Etimológicamente, aunque no está del todo despejado, proviene del griego y está ligado al acto de cerrar de ojos y murmurar. El reconocimiento de lo misterioso parece entonces, desde la antigua Grecia, al “decir” sobre algo que no puede conocerse o –lo que es lo mismo- se encuentra reservado para los iniciados, otro de los conceptos ligados a la etimología del misterio.

En efecto, el pensamiento religioso y particularmente el judeocristiano, descansa sobre bases conceptuales también misteriosas, algunas absurdas como la idea de la trinidad y otras sobrecogedoras como el de la transubstanciación. Más adelante, en el desarrollo del pensamiento burgués, que es el de la subjetividad, Kant teoriza sobre la incapacidad humana del conocimiento de lo real, de lo que él llama “la cosa en sí” y reduce el conocimiento al formalismo, al fenómeno que el individuo puede percibir, tras cuyos muros se encuentra aquello que es.

Lo característico de la noción de misterio –por lo tanto- es la idea de que existe algo en la realidad, algo con vida propia, relevante para nuestra existencia, que no somos capaces de conocer. Freud llama a esto el inconsciente, el “ello”, el mundo ingobernable de los instintos.

Traemos a colación la idea del misterio y de la impotencia, porque parece expresivo de uno de los conceptos políticos más utilizados en la actualidad, el de Asamblea Constituyente. En ella parecen confluir todos los miedos de la pequeñaburguesía frente al capitalismo, transformándose a estas alturas en la piedra filosofal, el Santo Grial de quienes aspiran a cambios sociales por vías pacíficas.

La Asamblea Constituyente es un concepto en extremo utilizado hoy en día. Desde trincheras opuestas y contiguas, haciéndose su contenido indiscernible y por tanto, a estas alturas, misterioso. Desde los sectores liberal democráticos de la Nueva Mayoría, aquellos comprometidos con el cumplimiento del programa bacheletista -aún atemperado con el penoso mote de “Proceso Constituyente” como Atria y Martner- se pontifica sobre la capacidad de este instrumento político para conjurar las injusticias del capitalismo y tornarlo en uno participativo, “social” y de rostro humano. Pastan en estos parajes, más por oportunismo que por convicción, diversos sectores de lo que fuera el Foro de Sao Paulo y el PC.

Para este sector, la preocupación fundamental es la preservación de la institucionalidad por la vía de su legitimación. Los defensores del “proceso constituyente”, reclaman la participación ciudadana, desafían a quienes se abstienen y son muy cuidadosos a la hora de aclarar de que por esta vía no se atentará en contra de la propiedad privada y muy por el contrario, se afirmará la seguridad jurídica mediante un nuevo pacto social.

El propio Martner subraya esta idea indicando explícitamente que “La nueva Constitución no debe consagrar ningún modelo económico-social particular –que debe ser materia de deliberación periódica y ser definido en el ámbito de la ley y de la gestión pública- y en cambio debe consagrar un Estado democrático y social de derecho, en el que los derechos básicos y las libertades fundamentales sean considerados inherentes a todos los seres humanos, inalienables y aplicables en igual medida a todas las personas, en concordancia con la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948” (El Mostrador, 13.11.16) Bachelet también lo anunciaba: “daremos inicio al Proceso Constituyente abierto a la ciudadanía, a través de diálogos, debates, consultas y cabildos, que deberá desembocar en la Nueva Carta Fundamental, plenamente democrática y ciudadana, que todos nos merecemos”.(La Tercera, 28 de abril de 2015)

Sin embargo, existe otra concepción de la Asamblea Constituyente, que supera la versión “legitimadora” de los liberales, es la versión “revolucionaria”. Mediante ella se busca significar la revolución y la ruptura con el régimen capitalista y el imperialismo. Esta es una concepción en extremo desarrollada en grupos centristas del trotskismo como el PTR, stalinistas como el PC-AP, Igualdad, por mencionar a aquellos que han hecho un mayor desarrollo de esta política.

En Clase contra Clase (PTR), en abril de 2014 podemos leer: “una asamblea constituyente libre y soberana basada en la movilización para terminar con todas las herencias de la dictadura, en el camino de un Gobierno de los trabajadores y el pueblo basado en sus organismos de auto-organización”. A su turno, el PC-AP nos propone una

Asamblea Constituyente Auto-convocada construida desde las demandas concretas de los trabajadores y pueblos de Chile,paso necesario para un Estado, para un Estado Independiente, Democrático Popular y Socialista”.

Se trata, esta versión “revolucionaria” de la Constituyente, del opuesto a la concepción “legitimadora” liberal-socialdemócrata. Desde esta perspectiva, lo central es que la Asamblea Constituyente se autoconvoca y se conforma, apoyándose en los órganos de masas, sustentándose en la movilización, con independencia de la institucionalidad del régimen. En largos pasajes, estos grupos refieren la necesidad de barrer con el régimen pinochetista mediante este expediente.

Nos permitimos disentir de ambas concepciones. La concepción burguesa, “legitimadora” que impulsan sectores de la NM, que se plantea inclusive en una versión erosionada como “proceso constituyente”, enuncia por sí misma su carácter conservador del régimen y neutralizador de la lucha democrática. En realidad esa versión de la Asamblea Constituyente, en boca de sus sostenedores y parafraseando al propio Atria, es una trampa, una política tramposa, porque se persigue encauzar el reclamo democrático y estirilizarlo de forma de preservar los intereses que se afirman en la gran propiedad de los medios de producción. Resulta autoevidente, no merece mayor análisis.

Pero es en su versión de izquierda, como decíamos “revolucionaria”, en la que es necesario detenerse porque en su confusión impide ver con claridad la mecánica de clase que subyace a esta Constituyente. En efecto, sus defensores, nos presentan a la Asamblea Constituyente, autoconvocada, sustentada en la movilización, revolucionaria, como un órgano extraño al Estado burgués y que por lo mismo procedería a ejecutar las tareas democráticas, nacionales y socialistas que Chile requiere para terminar con el capitalismo, valiéndose de su propia institucionalidad.

Para ellos entonces, la Constituyente sería un sucedáneo de la toma del poder, en los mismos términos que el gobierno de la Unidad Popular se presentaba a sí mismo, como una etapa del proceso revolucionario, una etapa institucional en un camino pacífico al socialismo, el que tenía por especificidad la vía electoral. Esto último es lo que hace inviable la Constituyente revolucionaria, su ambigüedad de clase y su carácter frentepopulista.

Sostenemos esto porque la Asamblea Constituyente es un instrumento en la lucha revolucionaria de primera magnitud, a condición de que se utilice para fortalecer la lucha de clases, afirmar la identidad política de los explotados y permita a éstos superar sus ilusiones en la democracia burguesa. Los bolcheviques se valieron de esta consigna hasta el final y sólo la dieron por agotada una vez que los explotados se habían afirmado en el poder mediante los soviets o concejos (asambleas con poder resolutivo), porque entendían que la Asamblea Constituyente es, en esencia, un parlamento burgués, elegido por sufragio universal y que se convoca para “decir”, no para ejecutar medidas ni transformaciones sociales.

Sostenían esto por cuanto toda Asamblea Constituyente se reduce a un acto electoral en que se eligen representantes o diputados, quienes discutirán y votarán el régimen legal, constitutivo del Estado burgués. Vale decir, la Constituyente ayuda a los trabajadores a superar sus ilusiones en la democracia burguesa, le permite a los explotados desprenderse de su condición subordinada a la institucionalidad patronal.

No hacemos acá un alegato terminológico o doctrinario. No se trata de eso. De lo que se trata es de darle a la Asamblea Constituyente el sentido que las masas y el proceso social le han dado, en Chile y el mundo, a esta instancia. El incisivo historiador Sergio Grez, nos recuerda en un interesante trabajo sobre la desconocida “Asamblea Constituyente de Asalariados e Intelectuales de Chile” en 1925 -que se desarrolla en paralelo por la FOCH y el PC a la Asamblea oficial de Alessandri (de esta última surge plebiscitariamente la Constitución del 25)- que aquella Asamblea se autoconvocó y sesionó con la expresa voluntad de materializar sus acuerdos. En la misma concurrieron lo más granado de esa gloriosa generación que nos diera a Recabarren. Lo interesante es que habiendo concurrido y representado formidables organizaciones como la FOCH y el naciente Partido Comunista, apoyada en poderosas movilizaciones, la misma no tuvo ninguna significación. Alessandri hizo su Constituyente, aprobó su Constitución y la gesta –también llamada Constituyente Chica- pareció olvidada especialmente por los historiadores de izquierda.

Creemos que la Constituyente Chica, es un modelo de Asamblea “revolucionaria”. Es un modelo y lo revela su propio desarrollo: organizar a los trabajadores, autoconvocarlos, movilizarlos, para votar leyes que modifiquen el Estado burgués, deviene invariablemente en intrascendencia. Resulta intrascendente para los trabajadores –y los chilenos lo aprendimos trágicamente el 73- plantearse transformaciones sociales por medio de la vía institucional, y esto último es lo esencial de la variante “revolucionaria” de la Constituyente.

No puede colegirse de lo indicado que estamos con esto renegando de la lucha parlamentaria y del combate por las reformas. Muy por el contrario, es necesario ir al parlamento burgués, es necesario desplegar lucha por las reformas, pero esta lucha debe orientarse a la superación de las ilusiones democráticas y –como hemos dicho- a afirmar la identidad de clase de los explotados frente a los patrones, en definitiva a la construcción del partido revolucionario, la dirección política de los explotados.

En ese sentido, la Asamblea Constituyente sólo puede plantearse en esta vía, con la finalidad de contribuir al proceso revolucionario superando toda forma de pacifismo y electoralismo, por ese camino no se va al socialismo. En este proceso son los propios trabajadores los que irán construyendo su propia democracia, la que ejercen en sus órganos de lucha, la que proviene de las asambleas y aquella que se desarrolla con la explícita voluntad de construir el poder obrero contra el poder burgués. A esto los rusos llamaron “poder soviético” (asambleario, de concejo).

Este proceso se verifica como acción directa, como lucha de clases, como enfrentamiento directo entre trabajadores y patrones. La victoria obrera es –desde esta perspectiva- la única garantía de democracia efectiva, de libertad y autodeterminación nacional. De esto hablamos cuando hablamos de Asamblea Constituyente, siendo este un debate fundamental a estas horas en que la formación de una nueva dirección de izquierda y los trabajadores, en buena forma, se resolverá en la medida de que tengamos capacidad de dar respuesta a los problemas democráticos que están hoy en juego en el país.

Invitamos, en este sentido, a la izquierda que defiende la autorganización obrera a plantearla en términos de poder, no en términos de Asamblea Constituyente. Un ejemplo desastroso de los efectos de esta política se vivió en Argentina el 2001: el régimen en el suelo, el Congreso cercado por las masas, el surgimiento de asambleas en barrios, fábricas y lugares de trabajo. La izquierda fue incapaz de articular una política de poder y en un acto penoso se limitó a pedir la convocatoria a una Constituyente.

A todos estos problemas aludimos cuando hablamos del misterio que nos plantea la Asamblea Constituyente. Para terminar, parece oportuno citar a Trotsky, junto a Lenin, uno de los forjadores de la primera revolución obrera triunfante de la historia. El revolucionario ruso, en polémica con la burocracia stalinista en 1930, sostiene que: “Es un hecho histórico plenamente establecido y absolutamente indiscutible que en septiembre, octubre y noviembre de 1917, en virtud de una serie de condiciones particulares, la clase obrera de las ciudades, los soldados y los campesinos de Rusia estaban preparados de un modo excepcional para aceptar el régimen soviético y disolver el Parlamento burgués más democrático. Y pese a ello, los bolcheviques no boicotearon la Asamblea Constituyente, sino que participaron en las elecciones, tanto antes como después de la conquista del poder político por el proletariado… …incluso unas semanas antes de la victoria de la República Soviética, e incluso después de esta victoria, la participación en un Parlamento democrático burgués, lejos de perjudicar al proletariado revolucionario, le permite demostrar con mayor facilidad a las masas atrasadas por qué semejantes parlamentos merecen ser disueltos, facilita el éxito de su disolución, facilita “la caducidad política” del parlamentarismo burgués.

Las tareas pendientes de los Trabajadores Públicos

Por Dionisio Escobar

Partido Socialista de los Trabajadores

Los trabajadores fiscales son el sector más organizado de la clase trabajadora chilena, más del 80% se encuentra afiliado a sus gremios, en comparación al exiguo 10% que lo está en el sector privado. Además los trabajadores públicos negocian todos juntos a lo largo del país, constituyéndose en la única negociación ramal en Chile, la cual, paradojalmente es ilegal. Mientras en el sector privado cada sindicato negocia en forma individual –por empresa- aunque formen parte de un mismo holding, incluso en una sola empresa pueden coexistir varios sindicatos, los que negocian por separado, para beneficio, por supuesto, de los empresarios. Pese a lo anterior el gobierno de Bachelet, el más débil e impopular de los últimos 26 años, cruzado por múltiples escándalos de corrupción, logro derrotar a los trabajadores públicos. La pregunta que surge es ¿Cómo pudo suceder esto en un contexto de ascenso de las luchas sociales y con el conglomerado Nueva Mayoría dividido en fracciones?

 

La respuesta no es simple, surge de una serie de elementos desigualmente desarrollados que se combinan de un modo particular. En primer lugar, el gobierno proimperialista de Bachelet, pese a su creciente debilidad, tiene una orientación estratégica clara, servir fielmente a los intereses del imperialismo y de la gran burguesía nacional. Y está dispuesto a sacrificarlo todo en función de cumplir su objetivo. Y con esto queremos señalar que está dispuesto a seguir bajando en las encuestas de opinión, a perder las elecciones parlamentarias y presidenciales del próximo año, a destrozar su conglomerado, a profundizar aún más el abismo que lo separa de los trabajadores y las masas que dice representar. Para ello utilizó toda la artillería legal de la que disponía, para servir fielmente los intereses de sus verdaderos representados la gran burguesía chilena.

Es importante señalar que la lucha por el reajuste fiscal, ritual que se repite anualmente en los meses de octubre y noviembre, es un referente para las negociaciones de reajuste salarial en el sector privado. Los empresarios usan este reajuste para fijar el techo del reajuste a los trabajadores del sector privado. Por ello presiona al gobierno por diversas vías para disminuirlo al máximo. Ahora los grupos económicos pueden respirar tranquilos, porque su gobierno cumplió con sus expectativas.

Pero hay otro factor que incide negativamente en el curso de la lucha que dieron los trabajadores públicos. Su dirigencia. Es público y notorio que la casi totalidad de los dirigentes de la ANEF y de la Mesa del Sector Publico son conspicuos militantes de los partidos que conforman la Nueva Mayoría. Y que aunque vociferen por la traición del gobierno y ejecuten un verdadero show en las graderías del Congreso, están cooptados por los partidos políticos que administran el Estado neoliberal. y, el dato no es menor, estos dirigentes deben su cargo al apoyo de sus aparatos políticos, por lo que su conducta está, a lo menos influida por estos. Y reciben una serie de prebendas por el hecho de ser dirigentes nacionales, el caso emblemático es el del ex tesorero nacional de la ANEF, Pedro Hernández (DC), quien fue denunciado por Gendarmería por recibir sobre-sueldos, y por marginar a su organización (Anfup) de una movilización de funcionarios en octubre del 2015. Quien, finalmente por presión de la base debió renunciar.

Si analizamos lo obrado por estos dirigentes, hay múltiples cuestionamientos. La negociación se llevó a cabo en el segundo semestre, cuando la movilización ya estaba encuadrada por la ley de reajuste, donde los márgenes de acción eran mínimos, en vez de negociar en una fecha en que efectivamente se pueda influir en el presupuesto de la nación. Así llevaron por segundo año consecutivo a los trabajadores públicos a un fracaso, al repetir la misma estrategia de comenzar a movilizar a los trabajadores en forma tardía.

Estos dirigentes generaron un petitorio a espaldas de sus propias organizaciones gremiales de bases, sin realizar ni la más mínima consulta con los trabajadores mostrando una conducta burocrática y cupular; inicialmente se planteó un 7,5% de reajuste, el que termino reduciéndose a un 3,5. En el origen de esos guarismos no hay ningún proceso de discusión y consulta con las bases implicadas. Lo que sí hay, y en abundancia, son reuniones a puerta cerrada con representantes de los partidos de la nueva mayoría y con el gobierno, antes y durante el conflicto. Esto explica que el gobierno durante todo el proceso, conozca con antelación cuáles serán los movimientos de los trabajadores. Es decir los dirigentes no representan a los trabajadores sino a sus partidos, y al gobierno los que de conjunto e individualmente han demostrado hasta la saciedad que defienden el modelo neoliberal imperante, y al sistema capitalista.

Los trabajadores sabe­mos que tratando de lograr me­joras a nuestro nivel de vida, chocamos contra la legislación y los planes económicos del gobierno, diseñados por el FMI para garantizar las ganan­cias de los patrones. Con la or­ganización y la movilización podemos enfrentar con éxito es­tos obstáculos. Esta gran ver­dad es la que ha llevado histó­ricamente a los trabajado­res a organizarse para combatir a los patrones y sus leyes. Pero una organización sólo es eficaz si es democráti­ca e independiente del gobierno de turno, y la dirección de la ANEF no lo es: ningún trabajador de base decidió en la elaboración del plan para enfrentar al gobierno,  ni tuvo participación en la definición de la cifra propuesta de reajuste, ni  mucho menos en su modificación.

Es tarea de los mismos trabajadores públicos limpiar nuestras organizaciones de esos dirigentes, como desde hace unos años lo ha hecho el movimiento estudiantil, ellos son parte fundamental de esta derrota porque contienen la capacidad de lucha de los trabajadores e impiden el desarrollo de su organizaciones, pues en definitiva, solo obedecen las ordenes de sus respectivos partidos políticos, entregados al poder económico. La imposición del 3,2% en el reajuste de salarios del sector público, es el mejor ejemplo de la profundización de las políticas neoliberales y con ello, de la desigualdad social durante el gobierno de la Nueva Mayoría.

La ANEF y las organizaciones de la Mesa del Sector Publico son una conquista colosal de la clase trabajadora y es necesario arrancar­la de las manos de los burócra­tas de la Nueva Mayoría. Hoy, luego de la derrota, en la que tienen directa responsabilidad los dirigentes de la Nueva mayoría enquistados en las directivas de la MSP, se hace indispensable sacudirnos de los hombros a todos los dirigentes que no cumplen con uno de los principios esenciales del sindicalismo de clase, ser independientes del gobierno. Es el único camino para cum­plir con su rol de de­fender los intereses de los tra­bajadores. Los dirigentes que, elegidos por las bases, conducen las luchas de los trabajadores, son los in­dicados para ocupar la direc­ción de la organización de los trabajadores chilenos.

No por mucho madrugar se amanece más temprano

por Ibán de Rementería

Núcleo Valparaiso Socialista

Izquierda Socialista

La crisis política generalizada intentó ser resuelta  por las elites políticas adelantando la elección presidencial.  La crisis actual se ha debido tanto a la explicitación de la colusión corrupta entre la política y los negocios, como a la suma cero (empate) entre el  Gobierno y las oposiciones, tanto la de Chile Vamos como de la Nueva Mayoría, en contra del intento de la Presidenta Bachelet por avanzar en las reformas  tributaria, educativa, laboral y constitucional.

La expresión más clara del fracaso de las elites políticas es la pérdida creciente de representación  que  están padeciendo los partidos políticos –“crisis de representación”- en articular la expresión ideológica y ejercer las prácticas políticas –de poder- para defender los intereses de las diversas clases sociales que en el país se diferencian y  pugnan por apropiarse de partes  del excedente económico que la nación produce colectivamente. Por lo general, los partidos de derecha o, eufemísticamente, de centro derecha representan a los terratenientes,  a los empresarios, agrícolas, comerciales, industriales y mineros, a los bancos y corporaciones financieras, también a los empresarios mineros, pesqueros y forestales etc., aquí en Chile eso fueron el Partido Conservador y el Partido Liberal, ahora lo son Unión Democrática Independiente (UDI) y Renovación Nacional (RN), también aparecen algunas disidencias que más afloran mientras mayor sea la crisis de representación.    Los sectores medios de empleados, trabajadores  independientes, profesionales, medianos y pequeños empresarios etc. han sido representados en Chile por los partidos Radical y la Democracia Cristiana y últimamente por  el Partido por la Democracia (PPD). Los trabajadores del campo y la ciudad, los trabajadores manuales e intelectuales, los profesionales asalariados, los cuentapropistas, los trabajadores ocasionales, los comerciantes callejeros, los campesinos y pequeños empresarios agrícolas, etc. son representados por los partidos de izquierda, o ya no tan eufemísticamente dicho por los partidos de centro izquierda, tales como el Partido Comunista, el Partido Socialista o el PPD, también debido a la crisis de representación afloran otras organizaciones políticas cuya característica principal, su criterio de diferenciación es declarar enfáticamente su autonomía de las anteriores, eso son Revolución Democrática, Izquierda Autónoma, Movimiento Autonomista y otras organizaciones que han surgido en estos años desde los partidos tradicionales de izquierda y, sobre todo, de la politización del movimiento social, en particular de los estudiantes y los profesionales.

Es de destacarse que la crisis de representación no tan solo ha afectado al conjunto de los partidos políticos tradicionales, también a las grandes organizaciones sociales representativas de los trabajadores  tales como Asociación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF), el Magisterio y la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) que agrupa a la mayor parte de las federaciones de trabajadores del país, sus crisis internas son expresión de sus crisis de representación política, pero  las manifestaciones  nacionales masivas “no + AFP” que para la defensa del derecho a una pensión digna moviliza a cientos de miles de personas por las calles de toda la nación muestra la crisis profunda de representación  de los partidos políticos y las organizaciones sociales tradicionales. Aquí,  lo más sintomático es que los organizadores de “no+ AFP”  no son recibidos por ninguna autoridad del Gobierno, ni con ellos se constituye ninguna instancia de conversación y negociación.

Más aún, en lo local y lo regional las organizaciones sociales salen a disputarle los derechos de acceso al agua a las grandes compañías mineras e hidroeléctricas sin la mediación ni de los partidos políticos ni de las grandes organizaciones sociales. Las comunidades salen en defensa de sus medios ambientes contaminado por las mineras, las industrias agroalimentarias, la generación  y transmisión eléctrica, la petroquímica, etc. como un derecho  a vivir en un entorno sano y bello, es más, judicializan la defensa de sus derechos ante los tribunales de justicia. También judicializan los cobros indebidos  y los pagos insuficientes en la financiación y prestación  de la salud y la seguridad social, etc. No olvidar que  la actual crisis política se inicia en el año 2011 por la negativa de los estudiantes y sus familias a seguir financiando la educación pública y privada básica, media, técnica profesional y superior que es un derecho constitucionalmente garantizado, como sabemos, esa crisis aún hoy no se ha resuelto. En fin, los partidos políticos ya no median entre el trabajo y el capital, ni entre el pueblo y el gobierno, ni entre los ciudadanos y  el estado, ni entre los trabajadores y sus patrones, ni entre los vecinos y sus municipios, etc. Los instrumentos de medición de esta crisis política son el constante crecimiento del abstencionismo electoral  y simétrico crecimiento del movimiento social que lo acompaña.

La anunciación de lo que se viene surge en Valparaíso donde se ha producido la transformación  efectiva y práctica del movimiento social en poder político, movimiento social que reúne la demanda  variopinta de quienes enfrentan a las inmobiliarias por su derecho de vista o a vivir en paz, o que  defiende el derecho urbano de acceso al borde costero, o que reclama por una participación de la ciudad y sus habitantes a la renta portuaria que se la apropia en su integridad la empresa privada y el estado centralista, o que lucha por defender una ciudad patrimonio de la humanidad de la depredación por la industria turística, también los vecinos y vecinas que solo quieren que les retiren la basura,  o sentirse protegidos de los incendios de  los bosques que los rodean – no de la basura en las quebradas-, etc.  El triunfo del Movimiento Valparaíso Ciudadano conducido por el Jorge Sharp el Alcalde electo de la ciudad puerto, es la primera manifestación de que “si se puede” esa transformación  del movimiento social en poder político. Disculpen la comparación exagerada,  pero eso fueron la Revolución Francesa y la Revolución Rusa.

Esta autonomía política del movimiento social causa pánico entre las elites políticas y sus plumarios –escribidores a sueldo o escribientes y comentaristas paniaguados- quienes  prestos lanzan la estrategia de adelantar la campaña presidencial.  El mal desempeño del Gobierno Bachelet es visto por CHV como una oportunidad para validar su propuesta alternativa que se reduce a un casi candidato único con experiencia presidencial, Sebastian Piñera, cuya propuesta programática se limita a desmontar lo hecho por el gobierno actual en las reformas tributaria, laboral, educativa y pretensiones constitucionales, sin embargo, el candidato no se muestra muy entusiasmado y luego de quedar en evidencia sus trapacerías fiduciarias internacionales –él  es de los que debe ser protegido de su propia riqueza-,  si bien está en la punta de las encuestas ya ha perdido cinco puntos porcentuales, y bien sabemos que los triunfadores para nada arriesgan derrotas, y como es sabido la derecha, o la centro derecha, es en el país minoría. Entonces, Piñera y su equipo deciden “trumpear” la campaña presidencial, ahora guerra a las y los inmigrantes ilegales que se convierten en delincuentes es la doctrina, dijo: “hay que tener una política dura con los delincuentes que están llegando. Hay que expulsarlos”.  El éxito del populismo penal es contagioso.

En la Nueva Mayoría  Ricardo Lagos, el otro ex Presidente presidenciable, no logra levanta vuelo, primero se quiere diferenciar del actual Gobierno lo cual es visto como deslealtad, luego se vuelve autocrítico  con el Crédito con Aval del Estado (CAE) y el “transantiago”, que antes utilizó críticamente en contra del primer gobierno de Michelle Bachelet, y así empatar en el imaginario popular.

La reunión del pleno del Comité Central del Partido Socialista, el pasado 26 de noviembre,  mostró que  no por mucho madrugar amanece más temprano. Como sabemos Ricardo Lagos Escobar después  de haber rempujado a Isabel Allende de la precandidatura presidencial,  pretendió imponerle al CC la ratificación de un candidato presidencial.  En ausencia de la Presidenta del Partido, por razones de salud, José Miguel Insulza aprovecha la oportunidad para lanzar su precandidatura presidencial, sin decir para nada en que consiste su propuesta programática, él simplemente sabe cómo hacer las cosas y, claro está, tienen muchos amigos en el Partido.

Lo importante del pleno del Comité Central del PS es que mostró a Fernando Atria con una propuesta presidencial concreta y un liderazgo consistente para conducirlas. Primero, se compromete con una reforma política que pasa por una Asamblea Constituyente que le devuelva los ciudadanos el derecho a decidir democráticamente sus asuntos públicos, lo que, entre otras cosas: “implica una regionalización profunda y efectiva, una regionalización que sea asumida no como una cuestión administrativa sino como una cuestión de descentralizar el poder político”;  agregó Atria, “en segundo lugar, debemos continuar la instalación de una noción de derechos sociales universales que dé contenido a la ciudadanía”… que “se proyecte a la educación, a la salud, a la seguridad social, a la distribución del poder en la empresa, a las relaciones entre hombres y mujeres”, es decir, que pase de la igualdad política a la equidad económica y social, a la aplicación del principio de la reciprocidad, donde cada cual espera de la sociedad lo que a ella le ha dado. “El tercer eje es la superación del actual modelo extractivista y rentista por un modelo en que el Estado asume una función de guía y orientación, mediante una política industrial moderna y vigorosa”. Finalmente, Atria interpela: “El programa del Partido Socialista debe ser  inequívocamente antineoliberal. Sin complejos. No debemos inhibirnos ni temer a una confrontación ideológica con el neoliberalismo. Lo que la sociedad y el pueblo espera del partido no es contemporizar ni hacer las paces con el neoliberalismo sino confrontarlo con decisión”.

Entonces,  se presenta a la reunión del Comité Central, con retraso y sin escuchar a sus oponentes, Ricardo Lagos para pedir, entre pifias, la ratificación de un candidato a precandidato presidencial, además de recomendarse a sí mismo, para lo cual no hizo propuesta programática alguna, solo se trata de derrotar a la derecha y “escuchar a gente”, a las “clases medias ascendentes”  que  quiere acabar con la delincuencia y tener “entradas de autos en las casas”… de “viviendas sociales del año ’94”.

La promesa de Lagos como candidato es pobre sólo tienen un 4% de respaldo ciudadano, cayó del 5%, la quinta parte de su  contendor  también ex presidente  presidenciable, entretanto,  Alejandro Guillier con 17% de respaldo y en ascenso  le pisa los talones a Piñera que cayó de 28% a 22% de respaldo ciudadano. Como es sabido las encuestas sirven para dos cosas: para aprobarlas cuando te va bien y rechazarlas cuando te va mal. La nominación de Lagos como pre candidato presidencial  no es aprobada por el CC,  señalándose que la cortesía de la “doble  militancia” de la cual disfruta no la reconocía el SERVEL.

Las tendencias del PS fueron claras en declarar su moratoria hasta tener claro de quien tiene aspecto consistente de ganador, “amanecerá y veremos” dicen los cautos. Mientras entretanto le preguntan al SERVEL si son posibles las primarias abiertas y ciudadanas para escoger internamente  a los candidatos del Partido, tal cual lo aprobó el XXX  Congreso del Partido Socialista en enero de este año, además esa modalidad de participación democrática es lo que han propuesto los regionales y comunales del Partido que se han manifestado sobre las precandidaturas presidenciales.